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1 agosto 2013 4 01 /08 /agosto /2013 07:50

La-verdad-sobre-el-caso-Harry-Quebert-1.jpg

 

Uno tiene la tentación de titular este artículo "La verdad sobre el caso Joël Dicker". Eso, además de pretencioso me parecería alarmista. Puesto que se trata de "deconstruir a Harry" al estilo de Woody Allen, seguramente lector del filósofo francés Jacques Derrida. La novela del joven escritor suizo, que aún no cumplió la treintena, ha sido glorificada en exceso y está viviendo una apoteosis que, irónica y singularmente, había profetizado el mismo Dicker en la novela que nos ocupa. Lo cierto es que mi amigo Serret me pasó la novela en cuanto le llegó a su librería. "Parece que está teniendo mucho éxito", me dijo. Con cierta renuencia acepté el libro y el encargo de leerlo para ustedes: demasiadas páginas y demasiado éxito instantáneo. Pero lo abrí al azar y leí:"...La vida tiene poco sentido...Y escribir da sentido a la vida" (pág.271).Y un poco antes (pag.255): "Los escritores que se pasan la noche escribiendo, enfermos de cafeina y fumando, son un  mito, Marcus. Debe ser disciplinado, exactamente igual que los entrenamientos de boxeo. Hay horarios que respetar. Ejercicios que repetir. Conservar el ritmo, ser tenaz y respetar un orden impecable en sus asuntos...". Se trata también de una novela sobre escritores --una disección del oficio realizada con bastante agudeza--, editores y libros. Ya me sentía ganado por su lectura.

El primer elemento a tener en cuenta es la capacidad de fagocitación y de mimesis del jovencísimo narrador. La novela --escrita en francés y traducida por Juan Carlos Durán Romero con sobrada habilidad-- es un habilidoso calco del estilo y el tipo sociológico y ambiental de la narrativa norteamericana semiurbana del siglo XX. Es un thriller psicológico que debería poder optar --si Joël hubiese nacido en New Hampshire-- a ese cíclico y poco creíble galardón de "La Gran Novela Americana". Pero no es sólo eso, un thriller sobre el asesinato de una joven de quince años y el baile de personajes de un pequeño pueblo norteamericano que podrían ser los autores, a pesar de que desde el principio el narrador de la novela trata de demostrar que el famoso escritor Harry Quebert, el principal sospechoso, es inocente. No, es algo más.

Se trata también de una novela iniciática, la historia de la relación de dos hombres de distinta edad, uno el propio narrador --que ha escrito un best seller y tras una etapa de sequedad, se da de boca con "el caso", en el que se involucra a su mentor-- y éste, Harry Quebert, hombre maduro que se hizo famoso con su libro sobre la muchacha asesinada. Y quizá ese elemento, los consejos y observaciones literarias sobre el oficio de escribir que ambos hombres comparten, es el que da un toque de calidad a la novela. Aumentado por una gran pericia técnica literaria de Dicker en la forma de desarrollar la trama e ir atrapando al lector de forma adictiva durante ¡¡660 páginas!!.

Personajes bastante sólidos, un argumento endiabladamente bien desarrollado, tensión sabiamente graduada, algún brote de humor socarrón e irónico: "El amor es un truco que se inventaron los hombres para no tener que lavar la ropa" (pag.431). La novela, a pesar de su excesiva extensión se lee muy bien, gracias a una rara habilidad para dosificar sus puntas de interés. Pero hay un punto que a mi parecer resta ese empujoncito de calidad que convierte a un best seller en una buena o gran novela: todo el esencial asunto de los sentimientos amorosos, clave en el argumento de "La verdad...", chirría de puro adocenamiento, una cierta cursilería y olor a tópico. Quizá sea debido, creo yo, a la corta edad del autor, o a su exceso de lecturas de los románticos de la literatura popular francesa, inglesa y norteamericana. Principalmente dos. Aunque hay muchísimo de  John Irving (incluso ambos escogen New Hampshire como localización, cosa que en Irving es lo adecuado ya que es de allí), y por eso he hablado de "fagocitación" al principio, Dicker no consigue imitar la habilidad  sarcástica de Irving para tratar los temas amorosos y sentimentales, esa mordacidad sin escarnio, una ironía más socarrona que cínica. Y ahí es donde pincha nuestro "genio literario" en ciernes. Lo demás está muy bien  aunque uno sigue viendo la alargada sombra de Irving, incluso en la afición por el deporte del protagonista y su mentor (boxeo y correr, como en Irving la lucha grecoromana y correr). Por tanto ¿en quién se basa Joël para describir esos momentos sentimentales y románticos? Es casi de cajón. ¿No les dice nada "Lolita"? ¿Qué es Nola Kellergan sino una Lolita cortejada por un escritor que tambien ha sido profesor? Así tenemos al segundo autor fagocitado con indudable talento: Vladimir Nabokov. Si vuelven a leer la obra magnífica del ruso que escribía en inglés, reconocerán los quejumbrosos y lúbricos sentimientos de Humbert-Humbert hacia Lolita en los de Harry hacia Nola.

Quizá también hay que destacar la enorme y bromista honestidad de Dicker. Parece saber perfectamente cuál es la calidad de lo que hace y por qué lo hace. En la página 389, el narrador, Marcus Goldman, habla con su agente, que le compara con Harry Quebert, el acusado del asesinato de la joven de quince años. "Harry es un escritor magnífico" . ¿Y yo qué?, dice Marcus --personaje trasunto del autor, Joël Dicker; ¿quizá Harry lo sea de Irving? --. "Tu eres un escritor, digamos...moderno. Gustas porque eres joven y dinámico...Y estás de moda. Eres un escritor de moda. Eso es. La gente no espera que ganes el Pulitzer, les gustan tus libros porque estás en boga, porque les entretienen y eso también está muy bien". Pues bueno, pues eso.

 

FICHA.-

LA VERDAD SOBRE EL CASO HARRY QUEBERT.- Joël Dicker.-Editorial Alfaguara. Traducida por Juan Carlos Durán Romero.- 663 págs.

 

 

 

 

   
 

 

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31 julio 2013 3 31 /07 /julio /2013 10:30
excursiones-6100.JPG
A partir de mañana, 1 de agosto, el autor de este blog cambia de registro. No habrá entradas críticas sobre películas, tampoco reseñas literarias o reportajes de senderismo, contenido habitual de estas páginas durante todo el año. Y sin embargo seguiré hablando de esas cosas, quizá porque forman parte de mi vida, como mi nombre, mis costumbres y rutinas, mi talante o ese conjunto de características psicológicas escasamente cambiables (pero sí sujetas a una cierta evolución, gracias a Dios, con intencionalidad positiva) que integran lo que llamamos "la personalidad". Por eso estas notas agosteñas tendrán un cariz contemplativo y reflexivo. Tal vez cuente alguna impresión o sensación durante un paseo montañero, la visita a una humilde iglesia románica del Pirineo, el detalle revelador de una película recien vista, los comentarios que me suscita la lectura en la que estoy inmerso o una reflexión clarificante sobre un tema desgranado en una conversación con mi esposa, en una terraza al aire libre, junto al río. Seguramente pequeños detalles sobre cosas sin importancia, alimento ligero del espíritu, aquellas naderías repletas de humanidad que cantaba León Felipe en uno de sus imperecederos poemas. 
 
!Que lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa…
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!
Foto: El solitario y abandonado Monasterio cisterciense del Desierto de Calanda, interior de la nave principal de la Iglesia. Un lugar mágico lleno de resonancias históricas y literarias.   
 
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30 julio 2013 2 30 /07 /julio /2013 07:30

antes-del-anochecer-cartel-1.jpg

 

Si el lector es capaz de buscarse en los dvdclubs las dos películas anteriores de esta trilogía del director Richard Linklater, es decir, "Antes del amanecer" (de 1995) y "Antes del atardecer"  (de 2004) y después ir al cine para ver la última recién estrenada "Antes del anochecer", tendrá el privilegio de asistir a un proceso creativo brillante y sugestivo, cuya característica principal, el transcurso de la vida en una pareja, un joven norteamericano y una muchacha francesa está tan magistralmente presentado que convierte a las tres películas en un documento humano y psicológico de primer orden.

La maestría de Linklater está bada en un cine discursivo y dialogante, férreamente negado al tópico, con una cámara casi permanentemente enfocada a sus dos protagonistas y que juega sus bazas de realismo --diálogos interesantes, divertidos y agudos-- con el romanticismo de unas imágenes y una música que dan el contrapunto a la narración. Un estilo cinematográfico que bordea el sentimentalismo, la agresividad, el sarcasmo, la nostalgia depresiva o los excesos sin caer jamás en ellos, superándolos con un guiño dirigido al espectador y con los gestos y miradas de dos actores en estado de gracia, sobre todo Ethan Hawke, con una algo histriónica respuesta de Julie Delpy.

La posibilidad de ver las tres seguidas nos ofrece un magnífico ejemplo de coherencia fílmica y literaria: desde la vitalidad y el encanto romántico de dos jóvenes de veinte años, pasando por el pesar nostálgico de los mismos con algo más de treinta, pero aún con algunos sueños pendientes y un hijo de él con matrimonio-obstáculo, hasta configurar en la última,a los dos cuarentones, ya formando pareja y con dos hijas, en ese espacio difícil y peligroso que amenaza las relaciones, la agónica llamada de lo posible, del cambio, antes de la renuncia de la madurez excesiva. La crisis de los cuarenta como desafío irónico afrontado por dos personas aún jóvenes que comienzan a sentir el aliento en la nuca de lo irremediable, del fin de los sueños y la posibilidad inocente de equivocarse.

Todo esto a través de conversaciones de los protagomnistas, entre sí y con terceras personas, en las que ambos se desnudan con humor e ironía, con sus contradicciones y sus temores, con sus asignaturas pendientes y sus carencias. Buen elenco de secundarios en las tres películas y la elección acertada de sus lugares de acción: Viena en la primera, Paris en la segunda y Grecia en la tercera. Lugares emblemáticos para ofrecernos un auténtico tratado en formato de comedia de los avatares, intereses, encuentros, pérdidas, hallazgos y contradicciones entre una pareja rabiosamente actual.

Evidentemente las películas pueden verse por separado y "Antes de anochecer" tiene entidad y valía suficiente para ser disfrutada sin ocuparse de las dos anteriores (de hecho, en estas tercera --cosa que no ocurre en la segunda, que usa imágenes de la primera-- las referencias al pasado son sólo dialogadas y bastante vagas, como si se hubiera producido un relativo olvido de lo ocurrido. La sensación de fresca autenticidad en todo cuanto dicen o hacen esas dos personas, es el valor que comparten y destilan por igual las tres cintas. Y ese detalle es sólo privativo de grandes directores (como Howard Hawks, Allen, Leo McCarey o Lubitsch, cuyas sombras se adivinan en muchas secuencias de esta trilogía). Tanto es así que cuando Julie Delpy ha dirigido varias de sus películas a imitación de Linklater (sobre todo "Dos días en París" y "Dos días en Nueva York") el resultado, partiendo de idénticos presupuestos argumentales y de estilo, resulta de lo más banal, irritante y aburrido.

En "Antes del anochecer", Linklater lleva su sabio equilibrio a los extremos más osados. Demuestra su dominio de la cámara en los diálogos, la de tipo coral en secuencias de grupo, la del pausado movimiento del paseo o la algaraza de un juego, y siempre logra resolver la secuencia sin que se produzca ningún momento de desmayo, de vacío, de banalidad. Todo nos interesa y sabe hilar secuencias como una tejedora prodigiosa que nos ofrece al final un fresco que engloba tres modestas obras de arte de la comedia romántica y realista. No se la pierdan. O mejor, no renuncien a la pequeña travesura de ver las tres seguidas. 

 

 

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28 julio 2013 7 28 /07 /julio /2013 07:45

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Hay que reconocer que nuestros vecinos tienen buena  mano para la comedia. Desde "Intocable" a las pelis de la empalagosa Toutou o de "La cena de los idiotas" a "Los seductores", pasando por la divertida "Bienvenidos al Norte". Nos hacen reir y ellos ganan dinero. Excelente. Eso provoca que a veces se columpien en el desatino y la verguenza ajena pero se lo perdonamos y seguimos acudiendo al reclamo de la "comedie" como si fuera una garantía el adjetivo "française". En esta ocasión partíamos de tres elementos que abonaban la posibilidad del éxito: la presencia del incombustible Dany Boon con su cara de pardillo buena persona, el hecho de que el director Pascal Chaumeil había dirigido antes "Los seductores" y que los productores habian producido "Intocable".

Todo presagiaba una buena comedia más, pero en cine las cosas no son matemáticamente certeras: dos más dos a veces no suman cuatro sino dos y medio. Y eso ha pasado esta vez.

¿De qué va? De Una damisela hermosa (Diane Kruger) enamorada de su novio (Robert Plagnol) y de su resuelta vida de pareja, milimitrada y organizada como un cuartel, que se enfrenta a una risible pero molesta leyenda familiar: las mujeres de su familia nunca aciertan con el primer marido, sino con el segundo. Y la joven Isabel no quiere enfrentarse a la posibilidad de fracaso. Así que intenta hacer un matrimonio de conveniencia. Pero por diversos incidentes la persona que habia sido contratada para ello no aparece y el tiempo apremia, así que hay que escoger al primero que se presente. Y ahí entra Jean (Dany Boon) que resulta ser alguien imprevisible, pesadísimo, mal educado pero bonachón y nada convencional. Ya está servido el menú.

Aquí se podía haber recurrido a la finura de Howard Hawks, a la mala uva desternillante de Willy Wilder, a la ironía de Sturges, pero no. Se mantiene un tono de sal gorda, patetismo y gags que debe hacer reir mucho a ciertas personas pero que dejan un regusto incómodo y a veces amargo en muchos espectadores. Suecia, Kenia, Paris o Moscú son los escenarios del periplo que la Kruger sigue en pos del huidizo y simple Dany. Con algunos gags bien logrados como el encuentro de la pareja con el león en plena sabana africana o el ritual de la boda masai, se nos brindan otros, como el de la crema depiladora que rozan el escarnio.

En fin, no es una mala película. Solo precisa un poco más de sutileza, un poco menos de exceso: no todo está permitido para lograr las risas del espectador. Si se  te va la mano es posible que logres un efecto de repulsa o de verguenza ajena. Y esto ocurre varias veces en esta comedia.

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26 julio 2013 5 26 /07 /julio /2013 07:30

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El verano, con sus resplandecientes y largos días, con sus noches plácidas y el tiempo de ocio tan ansiosamente esperado durante todo el año es una ocasión ideal para recuperar algún clásico moderno, de esos que circulan por circuitos alejados del bestsellerismo ambiental y que van viviendo una trayectoria de éxito incesante con aroma elitista, delicias para gourmets de la literatura o para pacíficos fanáticos del libro, devotos de algunos autores, pocos. De vez en cuando me permito dar la espalda al anaquel de lecturas actuales, aún con olor de imprenta y desempolvo uno de esos libros que jamás abandonan su sitio en la biblioteca permanente y que fueron leidos con asombro y deleite hace un número variable de años.

En esta ocasión voy a mencionarles la obra de un escritor canadiense, muerto en 1995, llamado Robertson Davies, cuyo aspecto físico, si ven alguna fotografía, es un cruce entre Charles Darwin, Julio Verne y Leon Tolstoi. Lo más impresionante de este tipo es que sus novelas tienen el talante científico y las raras erudiciones del primero, la fantasía sin límites del segundo y la fuerza literaria en personajes e ideas del genio ruso. Su novela se titula "El quinto en discordia", editada por libros del Asteroide en 2006, traducida por Natalia Cervera, publicada en el mundo anglosajón en 1970 y primera parte de una trilogía llamada "de Deptford" (práctica habitual en Davies, que escribió cuatro trilogías con nombres de ciudad, aunque las novelas se pueden leer independientemente). A petición de mi librero, Serret, que quería saber algo de este escritor, les voy a contar de qué va esta novela magnífica.

¿Saben qué es el quinto en discordia? Es una expresión del mundo de la ópera que designa "al elemento ajeno... el que conoce el secreto del héroe, ayuda a la heroína o puede provocar la muerte de alguien que resuelva el argumento, pero esta fuera de la atracción de los opuestos, el héroe, la heroína, el villano y la bruja. Es un solitario, el que mira, el observador que trata de no implicarse aunque siempre acaba haciéndolo. Y sin su presencia, la trama no llegaría a su fin" (pág.289).

Y esta es la historia de la vida de Dunstan Ramsay, narrada por él mismo para explicar su papel en la vida del magnate canadiense Boy Staunton, asesinado en circunstancias misteriosas. Ramsay es el "quinto en discordia" de una trama que se desarrolla como una compleja y fascinante caja de sorpresas, que cubre toda la existencia de este hombre peculiar, desde su infancia donde ocurre el hecho capital que condicionará su vida y la de los otros, un acto fortuito protagonizado por su amigo-rival Staunton: lanza una bola de nieve con piedra dentro hacia Ramsay pero da con una víctima inesperada, la embarazada señora Dempster, que perderá la razón a causa del golpe. Ese accidente fortuito marcará la vida de los personajes principales de esta novela... Bien, sólo déjenme decirles que estos personajes siguen destinos novelescos --y muy reales-- interesantes e inesperados o sorprendentes y que van empujando sus diferentes vidas hasta puntos de encuentro que dan un maravilloso sentido total a la novela.

El ceremonioso, irónico y sarcástico estilo de Davies, rebosante de melancolía y humor, pródigo en referencias cultas y en curiosos conocimientos tratados con habilidad y respeto, desde el psicoanálisis a la hagiografía sagrada de santos católicos, desde la historia de las religiones a la economía y los negocios, desde la historia a la filosofía o la ópera, desde la magia al mundo del circo o las trincheras de la primera guerra mundial, hacen de la novela un verdadero --y mágico--cajón de sastre literario donde acaba perfilándose con claridad el ovillo de la trama.

De esta forma conoceremos a un autor que ha influenciado las novelas de  John Irving o Paul Auster entre otros. lleno de buen gusto literario y una forma de contar tradicional que suena un poco a épocas pasadas pero que supera la nostalgia al estilo de Dickens o de Stefan Zweig, con un soberbio dominio de la escritura y una esmerada atención al retrato de personajes y la solidez de la trama. No sólo los protagonistas son magníficos, también surgen secundarios con una fuerza y un poder de sugestión formidables, como el jesuita padre Blazon o la socia del mago Eisengrim. 

La trilogía de Deptford se compone de "El quinto en discordia" que protagoniza  Ramsay, amigo de Staunton, el cual --su hijo-- coge el relevo en "Mantícora", la segunda y acaba con "Mundo prodigioso", en la que el protagonista es Paul Dempster, el hijo de la víctima de la bola de nieve, Mary Dempster --por cierto qué personaje éste tan intensamente bello--, cuyo golpe provoca un parto prematuro y es el motor que influirá en las  vidas de los tres muchachos, hasta su final.

Esta primera novela cierra el misterio de la muerte del magnate (ahogado en el río con una piedra metida en la boca y aferrado al volante de su coche) con una enigmática frase que abre la puerta a buscar las otras dos novelas: "Fue asesinado por la conspiración de siempre: por sí mismo, en primer lugar; por la mujer que conocía; por la mujer que no conocía; por el hombre que le concedió su mas intimo deseo y por el inevitable quinto personaje, guardián de su conciencia y guardián de la piedra" (¿aprecian el regusto de las paradojas y el estilo de Chesterton en este cultísimo autor  canadiense que nos está dando las claves de la solución por si no queremos aceptar su invitación a leer las otras dos novelas de la trilogía?).

Háganse un regalo importante: encarguen este libro o búsquenlo en una buena librería y se harán miembros de esa fraternidad cada vez más amplia pero siempre escogida que es la de devotos de Davies.

 

FICHA.  

EL QUINTO EN DISCORDIA.-Robertson Davies.- Traducida por Natalia Cervera. Libros del Asteroide.- 339 páginas. 18,95 euros.  

 

 

 

 

 

 

 

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24 julio 2013 3 24 /07 /julio /2013 08:16

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Por los alrededores de Corbera se multiplicaron los enfrentamientos  sangrientos entre uno y otro bando. Los ataques fascistas del 19 de agosto de 1938 contra las posiciones republicanas que controlaban el vital cruce de Cuatro Caminos terminaron en un baño de sangre en el que más de doscientos soldados y oficiales del Tercio de Montserrat, carlistas fieles a Franco, fueron muertos o heridos. Una masacre que fue bastante innecesaria y acabó con la prepotencia con la que se habia planteado e iniciado el ataque. Una dura lección que fue bien aprendida por unos mandos --de las dos banderas-- que no se distinguieron durante toda la guerra  precisamente por su habilidad y eficacia, sino más bien por su improvisación, tozudez e ignorancia. Pero volvamos a caminar por el sendero de la Paz, nuestra motivación principal. En esta ocasión vamos a seguir dos senderos que tienen su origen y final en Corbera, el que lleva a Cuatro Caminos y el que se adentra en el Valle de la Torre, conocido durante la guerra como el "Valle de la muerte".

Para el primero salimos del aparcamiento para coches del Poble Vell de Corbera (que también merece una visita y caminar en silencio por un escenario bélico real)y nos dirigimos hacia el norte por el Camino de l'Aubatar, entre almendros, con una gigantesca antena, dejando el cementerio y sus cipreses a la derecha. Llegamos a una colina y aqui los más curiosos pueden  subir a la cima, triscando mpues no hay camino, donde quedan restos muy invadidos por maleza de dos pozos de tirador y un par de trincheras. El camino sigue a la izquierda y un rato mas tarde gira a la derecha para ir subiendo otra colina que nos dejará admirar una espléndida panorámica de las dos sierras emblemáticas de la Batalla del Ebro, las de Pándols y Cavalls. Allí una piedra rotulada en rojo nos avisa que entramos en la Cota 402 en la que se han conservado mucho mejor las trincheras y puestos de tiradores y ametralladoras, con el pueblecito de Corbera al fondo (que los combatientes llamaban "La Montera", el tradicional gorro de los toreros y el parecido es más evidente desde el lado opuesto a donde estamos, es decir, las susodichas sierras). Pasamos una torre eléctrica y a la derecha seguimos una pista en la que vamos encontrándonos con obras de arte más o mnenos referenciales a la guerra, que han sido cedidas por la agrupación Art al Ras. Junto a una de estas "esculturas", que aprovecha el tronco de un pino, seguimos por la derecha y ya vamos a coronar las Capçades de l' Aubatar, preñada de molinos de viento, con su monocorde runruneo de motor de aviación que aleja de la zona hasta a las ardillas. La pista llega a su fin y nos encontramos con un cruce de carreteras, el famoso Cuatro Caminos, donde se produjo la masacre de una buena parte del Tercio de Montserrat. Sobre un campo yermo vemos el monumento a los soldados republicanos y un poco más adelante por las carreteras que van a Villalba (que se despereza frente a nosotros) y a La Fatarella),  una elevación de terreno que ostenta, oculta entre arboles, la gran cruz dedicada al Tercio --y a los republicanos-- y un via crucis de cruces y monolitos, con los nombres de los muertos. Volviendo hacia la carretra de Gandesa, unos cien metros a nuestra derecha hay otro montículo arbolado con más cruces y un gran monolito estilo "2001, una odisea espacial", pero de piedra,  dedicado a los requetés caidos en agosto del 38. En esta zona regada con la sangre de tantos jóvenes de ambos bandos se produjo un cortés hecho que no repetiría en ningún otro escenario de la Batalla: el comisario republicano, Josep Portal (oriundo de Falset), concedió un alto el fuego de cuatro horas para que los requetés recogieran sus muertos y heridos. Y vuelta a Corbera.

excursiones-6913.JPGEl segundo sendero que podemos seguir (pueden hacerse ambos en un día completo, pero también en dos jornadas para disfrutar mejor la caminata) nos llevará a la "Vall de la Torre",  (llamado por los de Gandesa, Vall de Salvatierra) en cuya elevación máxima,  se situaba el ejército republicano para desde allí impedir el avance franquista hacia Camposines, lugar donde en la época se dominaba el nudo estratégico de carreteras y pistas que permitía o impedía el avance enemigo. El Ejército rebelde avanzó por ese hoy idílico valle y pagó un alto coste en vidas de los dos bandos, ganándose  el apelativo conjunto de "Valle de la muerte".

Saldremos del "Centro de Interpretación 115 días" (la suma de los dias de combate de la Batalla), situado en una calle paralela a la carretera nacional, en pleno centro de Corbera y podemos dejar el coche en una explanada junto al campo de fútbol. Atravesamos el cauce del rio Sec por un pequeño puente, tras dejar atrás los típicos lavaderos del pueblo en dirección sur. Hay un cruce de pistas, seguimos por la derecha (por la de la izquierda, volveremos) y acompañados de campos de almendros y viñas, encontramos la carretera asfaltada que lleva a la ermita de Santa Magdalena. Es una zona de esparcimiento, con mesas y bancos de piedra, lugares para cocinar y mucha sombra y fuentes de agua. También hay una cueva sin mucho interés que es conocida como la de San Març.

Debemos subir, dejando la ermita a la izquierda, por un camino montaraz y estrecho, muy erosionado por el agua, bajo el bosque de pinos, por el barranco Tancat. El empinado sendero nos lleva a una elevación cesde donde se domina el valle del rio Sec, comenzamos a carenar sobre la sierra de santa Magdalena y con la sierra del Pebrer a nuestra derecha. Subida muy fuerte por una pista de BTT y más carena con todo el valle de Corbera y Gandesa a los pies.  Estamos en las cimas de la Sierra de la Vall donde la artillería republicana causaba  destrozos a las fuerzas rebeldes y a su vez sufrían los ataques de la artillería y aviación "nacionales".  Cruce con el sendero GR171.3 y optamos por seguir subiendo por otro estrecho camino a nuestra izquierda. Nos lleva hacia el valle, que no será dominados por los rebeldes hasta el dia 30 de octubre de 1938 y empezamos una bajada bastante resbaladiza, interminable, que las BTT han convertido en estrechas pistas de patinaje. Tras ese paso complicado encontramos ya en el valle la Caseta del Corbera y el sendero se hace pista. A partir  de ahí vamos pasando por sembrados, arboledas y cruces de pista (siempre siguiendo la principal que parece alejarnos de Corbera hasta que comenzamos a ver una airosa torre de vigilancia medieval de color amarillo-rojizo bao la luz del sol, a nuestra izquierda.  El camino dará un giro brusco  hacia la Torre, que merece una vsiita dado su pasado templario (la orden la alzó en 1248 para dominar el entonces concurrido camino de Gandesa a Miravet) y la poética historia de la creación frustrada de un pueblo que había de llamarse Gandesola.

Seguimos hacia el oeste, dejando a nuestra izquierda la hermosa finca de "Los Duendes". Minutos mas tarde nos encontramos con un tramo de pista cementada en subida fuerte y constante. Al llegar a la cima, el camino gira nuevamente a la izquierda y nos pasamos al lado sombrío de la sierra, en donde comienza la bajada hacia Corbera, que nos volverá a situar tras algo más de media hora de caminar entre sembrados, almendros y viñedos hasta el ya citado lavadero. Buen sitio para refrescarse.

 

NO SE PIERDA

Un buen rato de esparcimiento por la umbría zona de la ermita o santuario de Santa Magdalena. También es ilustrativo dedicar una visita al Centro de los 115 días y la exposición sobre las trincheras, en el pueblo de Corbera (y merece un recorrido el Poble Vell, sin dejar de entrar en la Iglesia de Sant Pere, que ha sido desacralizada y mantiene una exposición sobre la Batalla, libros, fotos y mapas.

 

DOCUMÉNTESE 

Como ya saben mis lectores de la zona, en can Serret  de Valderrobres pueden encontrar todo el material que he utilizado para estos caminos, desde el reciente y amplio "Restes i vestigis de la Guerra Civil" de  Oriol Miró Serra (Ed. Azimut), hasta  el interesantísimo "Indrets y camins de la Batalla de L'Ebre" de Estanislau Torres (Publicacions de l'Abadia de Montserrat), pasando por "Espais de la batalla de l'Ebre" de Juan Carlos Borrego Pérez (Ed. Piolet) y la clásica "Ruta de la Pau" (editado por el Consell Comarcal de la Terra Alta).

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23 julio 2013 2 23 /07 /julio /2013 07:42

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Floja película del  director indio-norteamericano --otrora muy destacable-- M.Night Shyamalan, que no acaba de levantar cabeza y filma cintas muy por debajo de aquellas primeras con las que encandilaba a los espectadores (y, lo que es igualmente importante, a los estudios). "After Earth" (ni siquiera se ha traducido al castellano y ni falta que le hace) es un producto de argumento flojito, ritmo irregular, interpretacion absurda, personajes poco convincentes, banalidades a gogó y un irrelevante y previsible final. Película de ciencia ficción que no tiene nada de ciencia y una ficción deslavazada, facturada para mayor honra (?) del caché y la economía familiar de Will Smith y de su hijo Jaden, al que el célebre padre está intentando convertir en estrella rutilante adolescente como lo fue él mismo.

Y así, tras un comienzo espectacular y confuso, se nos cuenta que los humanos han abandonado la Tierra hace generaciones y que ahora el famoso héroe, el ranger Cypher Raige y su acomplejado hijo Kitai (aspirante a ranger) han regresado por accidente al planeta y deben pasar por pruebas muy duras (sólo el hijo, el pobre Will está inmovilizado en los restos de la nave) para poder contarlo y ser rescatados. Todo así, simple, directo pero nada convincente. Podíamos haber visto lo mismo en un campus universitario o en el salvaje oeste o en tiempos de Roma: conflicto padre célebre -hijo celoso que busca mejorar al padre,  rodeado de militarismo de encefalograma plano y gritos "señor, sí señor". Una historia mil veces repetida, en el que el adolescente debe "matar" al famoso padre (psicoanalíticamente hablando) para crecer y llegar a ser adulto, si es posible superándolo  y salvándole el pellejo. ¿Les suena?

Pues esto es "After Earth", con un añadido de muy regulares y poco originales efectos especiales y algunos momentos de acción que dejan paso a un cierto aburrimiento..

Bueno, quizá esa es la razón por la que el nombre del director no sale en casi ninguna parte, ni siquiera en los trailers. Cosa que no ocurría en otros filmes de este relevante autor de cine fantástico: "El sexto sentido", "El incidente" o "El protegido". Uno cree ver la larga y codiciosa mano del gran Will (siempre me ha caido bien este actor descarado y de lo más divertido) y su ambición paternal de mostrar al mundo cómo inicia el proceso iniciático que convertirá a Jaden en WS-2. Y así confecciona con el asentimiento bien pagado de un director de campanillas (ahora un poco roncas) una ficción bastante blanda que termina olvidándose pese a esos pocos momentos de tensión bien llevada (a años luz de la reciente"Oblivion" con Cruise, que parte de una propuesta semejante en cuanto a la Tierra y sus habitantes).

Nada logra mejorar esta castaña fílmica, ni la música, ni el montaje, ni los pocos momentos de intimidad paternofilial que se nos ofrecen, todos lastrados por un ridículo comportamiento de los dos protagonistas que no acaban de convencer al público que son padre e hijo y les une algo parecido al afecto (y lo malo es que no tendrían que actuar, ya que lo son realmente). En fin, película para fanáticos de Will Smith, aunque se sorprenderán al ver que el gracioso y dinámico actor parece haberse tragado una tabla de planchar entera y pasarse la película intentando digerirla. Me quedo con el Will de "Los hombres de negro" o el de "Soy leyenda", qué le vamos a hacer.

 

 

 

 

 

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19 julio 2013 5 19 /07 /julio /2013 19:41

excursiones-7316.JPGUno de los grandes privilegios de caminar por la montaña es la posibilidad más o menos cierta de toparse con algún animal salvaje de la zona. Generalmente suelen ser encuentros a distancia, entrevistos escorzos huidizos o ejemplares de cabras, corzos o jabalíes como relámpagos de vitalidad surgiendo y desapareciendo en unos segundos. En contadas ocasiones se produce el milagro, un macho cabrío bien astado se cruza contigo en un camino solitario o pasta tranquilo con el viento en contra y no se percata de tu presencia hasta que un ruido minúsculo lo pone en tensión y se dispara entre la maleza desapareciendo con una postrera mirada de reproche. En esta ocasión, también con el viento a mi favor y mi inmovilidad absoluta al divisarla tan cerca, permitió que pudiera admirar y al fin fotografiar a una marmota que tomaba el sol tranquilamente en un roquedal pirenaico. excursiones-7270.JPGEstaba bajando del Vallibierna, un tres mil cercano al macizo de la Maladeta y al Aneto. Bajaba ensimismado y concentrado en el sendero estrecho y en fuerte pendiente. La ví a unos cincuenta metros. Extremé la precaución de bajar muy lentamente y sin hacer ruido. Me detuve a unos tres metros sin que me oyera o le llegara mi olor. Durante unos minutos disfruté del animal en  su paz, los bracitos a lo largo del cuerpo, apoyada en la roca, tomando el sol con un aspecto placentero y casi humano. Sin hacer gestos bruscos saqué la pequeña camara que siempre llevo en el bolsillo. Le hice varias fotos. Entonces me senté en una roca y me dediqué a mirarla. Había un silencio total en la difícil ladera de la montaña. Se estaba cubiendo el cielo rápidamente con un manto gris oscuro. De pronto el sol desapareció y un trueno cercano alertó al animal que se irguió como un lemur. Miró a su alrededor. Me vio y se quedó unos segundos observándome con interés. Un nuevo trueno, más cercano, la puso en tensión. Comenzaron a  caer gotas. Tras otro vistazo hacia mí, se dio la vuelta y con tres ágiles saltos desapareció entre las rocas. No se muy bien porqué, pero me sentí feliz. Me negué a analizar la sensación de plenitud. Simplemente la disfruté. La lluvia complicaría el descenso. En ese momento no me importó.

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18 julio 2013 4 18 /07 /julio /2013 09:30

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 "Lee siempre que puedas. Eso te salvará", dice uno de los personajes de "La vida cuando era nuestra", la amable y nostálgica novela de Marian Izaguirre. En todo caso, los libros, la lectura, los escritores y los libreros (de ahí la sonrisa cómplice con la que Octavi Serret, el librero de Valderrobres, me entregó el libro) forman el epicentro emocional de esta novela en el que se entrecruzan dos historias, dos novelas en una: la que nos habla del hoy --Madrid en 1951 bajo el sórdido sello de la postguerra-- y las que nos cuenta la vida de una mujer cosmopolita a principios del siglo XX en escenarios múltiples entre el lujo y la cultura que a veces facilita la riqueza. En ambas existe un hilo conductor, el amor y junto a él la amistad, el espiritu de sacrificio, la valentía y el temor, la lucha por los ideales y la injusticia entronizada en un régimen dictatorial. Todo ello narrado con la pasión por el detalle y los sentimientos de una mujer, la autora, que parece amar la amabilidad y el decoro, la amistad entre mujeres y las sabias posturas femeninas de resistencia pasiva y arrojo en las dificultades. Marian no es de esas escritoras que cuando nos llevan a la solución de un problema surgido en su narración nos meten de matute otro problema mayor. Su actitud ante el lector es honesta y clara, no hay subterfugios ni trampas literarias, todo, incluso la misma complejidad de los cambios de punto de vista narrativo, se nos presenta de una forma comprensible. Es como si una vieja amiga nos contara una historia buscando más nuestro placer que nuestra sorpresa, con las cartas sobre la mesa, sin amagar detalles, atenta unicamente a conmovernos.

La implicación de las dos corrientes narrativas  está muy bien conseguida en su gradual descubrimiento. Seguimos a dos narradoras en primera persona, Alice, la mujer madura inglesa que vive en Madrid envuelta en su pasado y Rose la desconocida autora de una novela "La chica de los cabellos de oro", que comparten un estilo romántico, sentimental y dinámico.  Una narradora omnisciente revela el romántico y amenazado pequeño mundo de una pareja, Lola y Matías (éste con un pasado republicano que le ha costado casi la vida) que tratan de sobrevivir penosamente con una pequeña librería de lance donde también se venden lápices y amterial de papelería o se prestan libros. El proceso narrativo nos revela el elemento dinamizador de la historia: Matias, el librero, coloca en el escaparate de su modesto negocio, el libro de memorias de Rose, aparecido misteriosamente entre los libros por vender, en un atril y abierto cada dia por una página distinta y correlativa  para estimular a los viandantes a que se detengan y lean pues ha prometido que al que acabe la lectura le regalará el libro. Pero esta idea publicitaria cumplirá otra función inesperada: unir en estrecho lazo de amistad y afecto a la joven esposa del librero, Lola y a la extranjera, ya que serán ellas las que lean conjuntamente las presuntas memorias.

No es difícil percibir por dónde nos lleva Marian, pero no importa. Su dibujo del Madrid que sale timidamente de la oscura postguerra y de los "felices" principios de siglo en Paris, Londres o la Riviera, le permite ofrecernos una estampa bien conocida por muchos lectores, las "apariciones estelares" de personajes que "suenan" a Hemingway, Faulkner, Dos Passos, Gertrude Stein, Scott Fitzgerald y su esposa Zelda. Un guiño al lector que la autora desvela al final para los que no se percataron.

Escritores, libros, citas, desde Katherine Mansfield a Emily Dickinson, Sartre, Camus, Carmen Laforet recién premiada  por "Nada" como nota hispana y sin descuidar referencias musicales (quizá un contagio de la temática de la novela anterior de Marian) ya que toma como titulo de la novela "leída" por las dos mujeres, una pieza de Debussy; o de tipo artístico, Picasso por ejemplo.

Novela que deja un buen sabor de boca y cuyas páginas finales deberían ser leídas, preferiblemente por las lectoras --los guiños descriptivos de trajes, peinados y actitudes amorosas de las mujeres que protagonizan la obra están sabiamente dedicados a ellas -- mientras escuchen el adagietto de la Sinfonía nº5 de Mahler. Los lectores varones apreciarán también la inteligente e irónica visión femenina del comportamiento masculino, no exenta de ternura y pasión, por supuesto. Una lectura apacible y con encanto.  

 

FICHA

LA VIDA CUANDO ERA NUESTRA.-Marian Izaguirre.-Ed. Lumen.-409 págs. 

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16 julio 2013 2 16 /07 /julio /2013 09:01

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Una película con una Nicole Kidman en sus mejores momentos que estuvo a punto de ser gratificada por un Oscar hace dos años (se lo llevó Natalie Portman por "Cisne negro") y que da la medida de su creciente madurez como actriz aunque, por uno de esos fenómenos que conciernen a las distribuidoras y a los cupos de exhibición ha estado a punto de quedarse en el limbo del mercado de dvd. Se trata de "Rabbit hole" que en España se titula "Los secretos del corazón" y que fue estrenada en 2011 y nombrada por Time mejor pelicula del año..

Se trata de un lacrimógeno drama familiar que tiene que ver con la traumática experiencia de un matrimonio joven cuyo hijo pequeño, de cuatro años, muere a consecuencia de un atropello fortuito y casi inevitable.

Toda la problemática psicológica que tal golpe produce en los padres se nos muestra a través de unas muy medidas secuencias en las que vemos cómo la pareja asiste a infructuosos y tópicos cursillos de apoyo a los padres que han perdido hijos y su diferente manera de ir siguiendo el duro proceso de duelo, muchas veces sin llegar a cerrarlos o viviendo a través de carencias y renuncias emotivas más mal que bien llevadas.

Las duras y sentimentales secuencias tópicas en este género de películas, el padre visionando una y otra vez los videos de epocas anteriores al accidente, la madre retirando los obejtos y las fotos del pequeñin, estrategias de autoocultación de los dos, absolutamente desgarrados por el dolor e incapaces de hallar consuelo en su entorno, la indiferencia de la vida que sigue  alrededor y en consecuencia la mayor incomunicabilidad en la pareja, las culpabilidades secretas, la imposibilidad de encontrar un resquicio de paz o de aceptación.

El punto original del guión estriba en el encuentro del joven autor del atropello y de la Kidman cuyo dolor no le impide comprender que fue un accidente y seguramente propiciado de forma inconsciente por el niño, que persigue a su perro huido y cruza una calle sin mirar. Tanto Nicole Kidman como ese magnifico actor perdido en filmes de acción, Aaron Eckhart, se muestran convincentes en su dolor y en su rabia y sobre todo en el alejamiento entre ellos que provoca su distinta manera de encarar la brutal pérdida. Realista, al margen de los excesos sentimentales, manteniendo una seria y austera visión neutral, sin entrar en juicios de valor o en éticas del comportamiento, la película se vive como lo que es, la desgarradora vivencia de una pareja joven sometida a una de las pérdidas menos comprensibles de la existencia, la muerte de un hijo. Como decía Shakespeare, "Ningún padre debería sobrevivir a la muerte de su hijo".

Película para cinéfilos que también gozarán todas las personas que comprende la hondura de ese drama  que produce tantos y tan fuertes reacciones que envuelven a las victimas en un estado en el que la rabia, la culpa, las recriminaciones, el dolor y la desesperación crean un ámbito familiar tan cruel que cualquier dislate es posible, incluso el fin de la relación de dos personas que se han amado hasta el aciago dia del accidente.

La solvencia con la que semejante escenario nos es narrada es fruto del excelente guión, basado en una obra de teatro de David Lindsay-Abaire, galardonada con el premio Pullitzer y la cuidadosa dirección de actores de John Cameron Mitchell (que hace unos años dirigió la divertida "Shortbus", una comedia coral sobre el sexo) , que rezuma respeto por el drama y ofrece un realismo sin sentimentalismos y unas gotas de humor que ennoblecen la película. Aparte de los dos protagonistas observen la magnifica y humana interpretación de Dianne West (¿recuerdan "Anna y sus hermanas"y "Balas sobre Broadway?, esta madura actriz se llevó dos Oscars)  y el actor joven que interpreta al conductor del coche que mató accidentalmente al chiquillo. Creo que se llama Tammy Blanchard. Es una película que merce la pena ver, si no en el cine, en los clubs de dvd o en las webs de pago por visión. 

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