Hemos recorrido el Cañón del Río Leza, desde sus inicios en Leza hasta su final en Soto de Cameros. Han sido cinco horas en total para recorrer las dos localizaciones. Impresiona el tajo que el río (en estos días el río es perceptible y hermoso en Leza, pero, como el Guadiana, discurre bajo tierra en el Cañón) ha creado entre los roquedales calizos de la zona, formando una tortuosa garganta rodeada de paredes de más de doscientos metros de caída en algunos puntos, con una vegetación lujuriosa invadiendo el lecho de grandes piedras blancas que refulgen al sol.
El sendero está muy cuidado y va pespunteando el lecho seco en cruces y más cruces por vados realizados con grandes piedras, útiles solo cuando el rio lleva agua. La caminata no resulta dificultosa y los lugares de sombra permiten descansar de vez en cuando de la solana inmisericorde que cae sobre la garganta, mientras en las alturas sobrevuelan diversos tipos de grandes aves, desde el buitre al alimoche o el halcón.
Es una especie de Gran Cañón en La Rioja que sorprende y atrae a los senderistas que, en esta tierra, tienen mucho donde escoger. Unos recorridos en los que se auna el atractivo puramente deportivo con el artístico (menudean las ermitas e iglesias de gran valor arquitectónico y paisajistico) y con el histórico ya que son lugares habitados por el hombre y sus culturas desde antes del año mil y el prehistórico por sus localizaciones de huellas de animales como el dinosaurio o los poblados iberos. Un broche de oro a nuestras vacaciones agosteñas.
En las dos fotos de encima vemos dos panorámicas del Cañón, desde el mirador de Leza y en la tercera Anna baja al lecho del río por una muy empinada senda, bastante fácil de salvar gracias a la ayuda de escalones realizados con piedras. A pesar de ello es precisa cierta forma
física para hacer el recorrido. Eso sí, sin duda vale la pena, Es bellisimo.
Hemos caminado durante más de seis horas entre Laguna de Cameros y San Román, en el sur de La Rioja, rozando las provincias de Soria, Zaragoza y Burgos. Se trata de un tramo del GR93 que discurre plácidamente entre grandes solanas, barrancos y mágicos bosques de hayas y enormes robles centenarios. Casi 20 kms de senderos bien balizados, aunque en ocasiones algo confusos, totalmente solitarios salvando la presencia ocasional de vacas que, sobre todo en los riachuelos, crean dificultades añadidas para el senderista que a menudo se ve obligado a embarrarse o termina, como el que esto escribe, metiendo el pie en un lodazal aromatizado por el trasiego bovino. Pecata minuta si consideramos la belleza de los bosques y las límpidas panorámicas que se nos ofrece de una zona tan bella como poco conocida. En la foto de arriba, la iglesia de Laguna el XVII, con el pueblo a sus pies, en el comienzo del sendero. A primeras horas de la mañana, aún dormido. Nos ha complacido la limpieza y cuidado de los pueblos de la zona. En la foto de abajo, Anna camina bajo el sol hacia el collado de Argayo con la sierra de Cameros Viejo a su espalda.
Los momentos mágicos de la ruta han aparecido bajo los árboles,muchos milenarios, del hayedo, cercanos al lugar de la batalla de Clavijo, en la que se distinguió el señor de Tejada, que obtuvo su título del rey Alfonso tras distinguirse en la lucha de una forma heroica: perdió la espada combatiendo contra los sarracenos y la sustituyó por una fornida rama de un tejo con la que al parecer abrió las cabezas a un gran número de enemigos. Nos enteramos de estas y otras especies al pasar por el Solar de Tejada, donde se conserva una casona propiedad de los descendientes de tan linajuda familia que, al parecer, hasta hoy siguen reuniéndose en una especie de Orden cuyos cofrades guardan cada uno de ellos las llaves de los archivos históricos de la familia desde el siglo XII. Tierras de historia viva.