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11 diciembre 2013 3 11 /12 /diciembre /2013 13:42

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Una película prometedora que no cumple los pronósticos, quebrada en su realización, llena de claro oscuros y elipsis forzadas y un final apresurado e insatisfactorio, donde parece diluirse el empuje y la tensión dramática de la que ha dado muestras en bastantes secuencias. Una vez conocemos el purgatorio de cuatro o cinco años que costó que viera la luz en los cines, sin nombre de director y con un final rodado con prisas y sin demasiada coherencia, "La mula" deja un ambivalente sabor de boca: el de una buena película que se ha quedado disminuida por ocultas circunstancias.

Basada en la novela que el escritor Juan Eslava Galán escribiera sobre la vida de su propio padre y con guión del mismo novelista, empezó siendo dirigida, algo más de las dos terceras partes de su metraje, por el director inglés Michael Radford, el mismo de "El cartero y Pablo Neruda" o de la versión de "1984" sobre la obra de Orwell. Después, una serie de problemas legales hizo que el director se apeara  de la película, que acabó siendo rodada por otra persona , ese "Anónimo" que firma la dirección.

En realidad, por azares del destino, "Anónimo" es el punto de vista del protagonista de esta cinta sobre la guerra incivil española: un cabo del bando nacional, Juan (Mario Casas, espléndido), que se encuentra una mula cerca de las trincheras republicanas y se la queda, escondiéndola entre las mulas de su regimiento, aprovechando su cometido de mulero. La historia se nos cuenta desde un punto de vista anónimo, humilde, el de un cabo jienense "nacional" cuya familia está "en el bando contrario" y él vive una guerra cotidiana, sin otra ideología que la de la supervivencia, como tantos miles de españoles enclaustrados por las circunstancias en bandos opuestos.

La película. con los defectos apuntados, goza de unas interpretaciones frescas y espontáneas ,con María Valverde como la joven de la que se enamora Juan y unos secundarios magníficos, Secun de la Rosa, Pepa Rus, Luis Callejo o Maite Sandoval. A pesar de que son inevitables las pinceladas--mejor brochazos-- sobre cuestiones políticas, es la vida de cada día en las trincheras y en sus alrededores donde se nos muestra el cariz tenso, crítico y dramático o trágico a menudo, de la situación. Secuencias como la "batalla" de insultos trinchera a trinchera del comienzo, el abuelo recitando poesías en un autobús en el que se mastica el miedo y la represión, la muerte del hermano del amigo del protagonista o el encuentro pacífico de soldados de los dos bandos en un rincón aislado del frente donde compran e intercambian objetos con los moros depredadores, muestran la fuerza de lo que pudo haber sido y no fue: una película bastante honesta y sincera sobre una guerra fratricida y absurda.. 

 

 

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10 diciembre 2013 2 10 /12 /diciembre /2013 08:36
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Una propuesta absoluta y divertidamente amoral del franco-americano Luc Benson, siempre distinto, original y provocador, como un Ridley Scott menos ampuloso y trascendente (¿recuerdan la magnífica "El Quinto elemento" o "Juana de Arco"?), un divertimento que es a las películas de gangsteres y de la mafia lo que "Don Quijote" a los libros de caballerías. Se trata de un vehículo idóneo para el lucimiento personal de Robert de Niro, con sus tics faciales y su mirada implacable. Un De Niro que se autoparodia.
La trama recuerda un poco el principio vertebrador de "Una terapia peligrosa" la excelente comedia con Billy Christal como compañero de fatigas, es decir un "capo" de la mafia sometido a unas experiencias que están fuera de su medio ambiente habitual: en el caso de "Terapia..." un psicoanálisis por depresión y en de "Malavita" una vida anónima como una familia "normal" en un contexto urbano distinto, siguiendo el programa de protección de testigos por una traición cometida por De Niro al resto de la comunidad mafiosa italiana. Michele Pfeiffer, con su belleza y su muy buena adaptación a las exigencias  de la comedia, es la esposa y madre de familia, con dos retoños, Diana Agron y John de Leo, precoces psicóticos agresivos que aumentan y mejoran la dureza homicida del padre.
"Malavita" es la adaptación de la novela de Tonino Benacquista, con un tono de desvarío psicológico y una ambientación y traducción en imágenes de una efectividad muy lograda. Cuatro sádicos en el círculo de una familia que pretende pasar por una más del pueblo francés donde tratan de empezar una nueva vida. Nota alta para los gags críticos relacionados con la idiosincracia tópica de franceses y de norteamericanos. Sartenazos por doquier de lo más divertidos. Pero todo se complica cuando un cúmulo de casualidades muy cinematográficas hace que el capo que de Niro envió a la cárcel conozca el paradero del huido traidor. Y se desencadena el trepidante final. Todo ello con la impagable ayuda del oficial del FBI encargado de la custodia del gangster supuestamente redimido, el genial Tommy Lee Jones. Para ver este despiporre cómico-sangriento hay que entender que se trata de una broma hacia el cine de género y hacia una figura emblemática, De Niro. El ritmo está muy bien mantenido y los gags funcionan batsante bien, con un De Niro pletórico, bien consciente de  que toda la película es un regalo para su carrera de actor y el reconocimiento a su valía (Martin Scorsese ha producido el evento, enternece su homenaje a la pelicula "Uno de los nuestros"). El tono general de exceso acentúa el aire de comedia irreverente y caricaturesca y a un paso de parecer "gore". Película divertida que no engaña a nadie: es una broma y un guiño para cinéfilos..
     
         
         
 
 
   
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8 diciembre 2013 7 08 /12 /diciembre /2013 08:09

 

frozen-el-reino-del-hielo-cartel-2.jpg

Deliciosa película de la factoría Disney, mejorando en lo posible los aciertos de "Rompe Ralph" y "Enredados" y a la altura de "Gru 2:Mi villano favorito" y un poco por debajo de "Los Croods". Con "Frozen, el reino de hielo" Disney trata de sacarse de encima las espinitas que "Turbo" o "Aviones" dejaron en el público, incluso al muy sensible a los productos disneynianos.

Como en otras célebres producciones de esta firma, "Frozen" (que versiona un relato de Hans Cristian Andersen) integra números musicales con acierto y bastante economía de tiempo. La trama sigue el esquema obligado: presentación-problemas y  dificultades--enfrentamiento y peligros-resolución feliz en el último minuto, gracias a la amistad, al amor o a la bondad, o a una suma de todo eso. Los poderes (ocultados hasta la mitad de metraje) de la princesa y luego reina, Elsa, unas facultades potencialmente muy peligrosas que la condenan a la soledad, diseñan un personaje de una rara complejidad en este tipo de filmes.

El argumento nos brinda una historia de magia y sufrimiento, amor y amistad, traición y doblez, que logran interesar por su dinámica de hechos y acción a un espectador entregado, sin que las canciones molesten o frenen demasiado la acción.

La evolución técnica del dibujo animado ya no asombra a nadie, aunque aquí parece darse prioridad a la acción y al desarrollo de los personajes principales (el comerciante en hielo Olaf, Anna, la divertida princesa hermana de Elsa, heroína de la película, el príncipe artero, el monigote de nieve Oscar o el reno Olaf, forman un elenco atractivo cuyas aventuras encantará por igual a los pequeñuelos y a sus padres.Y por fin es una película que no persigue, unicamente, llenarse el bolsillo con el dinero de los papás. Les devuelve a cambio una historia divertida, en algunos momentos apasionante. Ah, y sospecho que el reno Olaf puede llegar a convertirse en un regalo buscadísmo para los Reyes de los más pequeños. 

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6 diciembre 2013 5 06 /12 /diciembre /2013 17:32

 

 

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 Hace algo más de ocho años murió Jesús Moncada, uno de los escritores aragoneses de lengua catalana que ha dado esta Franja, a caballo de dos comunidades hermanas separadas por artificiales fronteras políticas (que no humanas, geográficas o de costumbres). De entre sus obras, brillan con luz propia "Camí de sirga" o "Estremida memòria", una intensa crónica literaria de la desaparición de un pueblo bajo las aguas de un embalse, ambas bajo la temática de la fábula literaria basada en ese hecho. Evidentemente Cataluña y Aragón se disputan algo tan irónico como la adscripción de un escritor que toda su vida ejerció de catalano-aragonés con la mayor naturalidad y el menor conflicto. La Creu de Sant Jordi de 2001 y el Premio de las Letras Aragonesas unos meses antes de fallecer (un tardío, pero al menos necesario, reconocimiento de su valía), reflejan claramente la situación político-cultural respecto al escritor.
Pero eso no nos importa aquí. Nos importa la calidad innegable de su obra y su relación esencial con estas tierras, que es la de todos nosotros. En "Estremida memòria" no sólo encontramos la hábil mirada de un buen narrador sino la maestría estructural de un escritor con dominio de su oficio, a la altura de un Faulkner o un Galdos, dos ejemplos que parecen antagónicos pero que muestran dos perfiles integrados en Moncada y visibles en esta obra: el dominio técnico estructural de la narración y, por otro lado, el conocimiento -y su reflejo visible en el texto- de un idioma propio del lugar y de los usos y costumbres de ese lugar. La edición de "Estremida memòria" que nos ocupa (edicions 62 y Prames, con el apoyo del Gobierno de Aragón), en catalán, se enriquece con los dibujos originales de Moncada realizados para esta obra. Podemos, con referencia al especto artístico de ilustrador y dibujante de nuestro escritor, añadir otro volumen para contemplar la oferta: "L'univers visual. Llapis, tinta i oli" de Jesús Moncada, editado también por Prames con el apoyo del Gobierno de Aragón. Extraordinarios ambos.
 
FICHA
"Estremida memòria".- Jsús Moncada. Edicions 62. y Prames.- 177 págs.- "L'univers visual de Jesús Moncada.- Ed. Prames.-150 págs.
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5 diciembre 2013 4 05 /12 /diciembre /2013 08:06

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 Algo totalmente distinto, inesperado, desconcertante y extrañamente atractivo ha salido de la cocina literaria del sudafricano premio Nobel, John Maxwell Coetzee. Lejos de las broncas, escarpadas y fascinantes memorias noveladas de "Infancia", "Juventud" y "Verano", publicadas en 2001,  2002 y 2010 (reunidas y publicadas este año por Mondadori en un sólo volúmen, "Escenas de una vida de provincias"), "La infancia de Jesús" es una metáfora literaria que parece compartir la visión ucrónica de los relatos de Ballard o el ambiente psicológico-social de las novelas de Kafka y ha provocado extrañeza y reacciones encontradas en la crítica de todo el mundo anglosajón.

En contra de lo que opinan muchos de mis ilustres colegas, creo que esta novela no es una  muestra de decadencia literaria del setentón autor, o una frivolidad pseudo intelectual, sino una casi juvenil, enérgica y chispeante prueba de que Coetzee no solo tiene  intacto su vigor creativo sino que se ha atrevido a escribir algo distinto a su trayectoria anterior, aunque aquí y allá se deja ver el oficio, la ironía y el sentido crítico acostumbrados en su obra, con su innegable estilo de corte clásico y sus diálogos secos y directos. Ese ambiente vaga e inexplicablemente post apocalíptico, la ironía de ser un mundo nuevo de respetuosa acogida que pertenece a una tradición y cultura hispanas, unido a los personajes discursivos y analíticos, dan un sorprendente fondo de parábola espiritual, en el que abundan las preguntas, los misterios no dilucidados y una filosofía de lo esencial que desconciertan al lector, pero le impulsan a la lectura, atraídos por el misterio de una trama que, como en las novelas de McCarthy (sobre todo en "La carretera") va empujando un estado de cosas y unas situaciones que podrían poblar nuestras elucubraciones de final agónico de nuestra época y cultura.

Hay un paralelismo evidente entre la figura del Jesús cristiano, las historias de su infancia y esa extraña aventura vital del niño David y el adulto Simón que llegan a una tierra extraña donde deben sobrevivir penosamente, donde solo se habla español y reina una actitud de aceptación primaria de las difcultades y la miseria, unida a la amabilidad y a un estoicismo que congela las ambiciones o deseos de los habitantes de esa supuesta Tierra Prometida, ajenos a cualquier veleidad de cambio o progreso. La busca de la madre de David y la inquietud de Simón ante una sociedad que no comprende van creando situaiciones en las que de forma inusitada se plantean preguntas filosóficas que evitan dar un sentido coherente y lógico a lo que ocurre, ya que todos comparten un idéntico esquema psicológico: el olvido y rechazo del pasado.

Ese nuevo mundo donde Simón busca no sólo a la madre del niño, sino permanentes respuestas a su inquietud, la continua alegoría acaba por despistar al lector que no logra adivinar cuál es el objetivo del autor, qué es lo que quiere señalar con la fábula, cuál es el mundo y la sociedad a los que Coetzee se refiere por comparación. Hay un continuo reflejo especular negativo en la vida, el trabajo y las  actitudes de la sociedad que se nos muestra. Es la referencia a una sociedad postcapitalista en la que todos los valores y principios de la lógica del capitalismo avanzado han sido subvertidas de raíz: ni el tiempo, ni la ganancia o el provecho tienen un lugar preponderante. Pero tampoco hay un estilo de fábula, simbólico o alegórico (no siquiera crítico referencial) en la narración, sino una visión de una sociedad preindustrial, con ciudadanos extrañamente concienciados en la ayuda mutua y el servicio, unidos a una lasitud y aceptación casi evangélicas.

Ni la "madre" del niño, quizá perteneciente a una elite que no duda en abandonarla para cuidar al niño (sin que le una a él más que la obcecada intuición de Simón de que ella "podría" ser la madre perdida en forma que no se nos explica) ni la postura inquisitiva e incómoda de Simón o las conversaciones con los personajes que van surgiendo, facilitan al lector una comprensión que siempre camina por el filo de la incongruencia.

Por otro lado la figura del niño, David, dotado de una imaginación y una inteligencia sobresalientes, tampoco ofrece ninguna certeza evaluatoria al lector. Asiste a sus pequeñas genialidades sin ofrecer claves que nos ayuden a dilucidar de qué se trata en definitiva el absorbente texto que leemos. Y nos ofrece una visión del carácter despótico e irritante del niño que nos aleja de su supuesto modelo. Las dudas y preguntas se amontonan y el lector se pierde en el piélago de tales misterios que, en ningún momento, ofrece unas respuestas lógicas. Y ese es el misterio y el valor de esta novela. ¿Es una tomadura de pelo literario-filosófica del anciano autor sudafricano? No lo sabemos. Pero sí estamos seguros de una cosa: leemos de un tirón, fascinados por un texto irritante que nos desconcierta y nos atrae a partes iguales. Y, como alguien escribió en otro lugar, resulta admirable que un tipo con los antecedentes y la trayectoria de Coetzee haya publicado una novela como ésta. Es un desafío peligroso, incluso para un Nobel de Literatura. Y yo recomiendo su lectura, pese a ni siquiera rozar la excelencia a la que suele llegar Coetzee. Pero intrigará a los que gustan del Nobel sudafricano. Y también a los que aplauden y comprenden la independencia, humildad y laboriosa sensatez de un Nobel que jamás ha ejercido de tal.

 

FICHA

LA INFANCIA DE JESÚS.-J.M.Coetzee.- Ed. Mondadori.- Traducido por Miguel Temprano García.- 271 págs.17,90 euros.

 

   
   
   
   

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3 diciembre 2013 2 03 /12 /diciembre /2013 09:13

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Una vez en el bello pueblo de Belmonte de San José, podemos dejar el coche en la parte exterior de la muralla virtual formada por las casas del pueblo y buscar los carteles que indican el comienzo del PR-TE 13, hacia el norte, justo junto al Puente de Miranda en el cauce del Mezquin. Se trata de un pequeño puente de piedra medieval que hemos de cruzar para coger el sendero que nos llevará al barranco Fondo. Es el nombre que recibe la garganta que el pequeño rio Mezquín (apenas 20 kms de recorrido hasta el Guadalope y de allí al Ebro) ha labrado en épocas más crecidas sobre las piedras de arenisca y  arcilla y los conglomerados calcáreos, creando un prodigioso paisaje, en ocasiones de un caprichoso aspecto onírico y salvaje. El lecho puede ser muy estrecho, donde las aguas son más profundas o amplio, con aguas rápidas y superficiales formando pequeñas cascadas, según el tipo de roca que le aprisiona. Es un cauce rodeado en muchos tramos con bosque de ribera, con una gran biodiversidad. Abundan los fresnos y también los chopos negros y por encima del cauce, almeces, nogales, cerezos, olmos, sauces, pinos carrascos y olivos silvestres. En los pinares de la zona superior, sotobosque mediterráneo, enebro, coscoja, romero, tomillo y sabinas). Seguiremos el sendero balizado como PR y cerraremos el circular volviendo a Belmonte por la ermita de San José, por el PR-TE 11. Se puede hacer el recorrido total en cuatro a cinco horas. O seis si hacemos paradas frecuentes para hacer fotos o reponer fuerzas. Vale la pena no tomárselo con prisas y disfrutar de los rincones idílicos que nos prodiga el Barranco Fondo.

 

 Iremos alternando el camino por el cauce con el paso por la zona superior, sobre el barranco, habremos de vadear varias veces el río, raramente crecido y usar escaleras de piedra, márgenes de roca seca, pasos protegidos por barandillas de pilotes de madera y alambrada, algun paso de soga, cable, cadena o peldaños de hierro, sin mucha complicación, como un elemento mas de diversión del camino. Las señales de seguimiento son abundantes y menudean los carteles informativos sobre el medio natural que visitamos.

Antes de llegar al comienzo del Barranco pasamos por el Refugio, que es de propiedad privada y sólo abre a petición (el encargado es Daniel y se contacta con él en el pueblo) y de nuevo pasamos a la margen izquierda del rio por donde discurre el encajonado cauce, donde vamos encontrándonos con cascadas pequeñas y pozas según el nivel del agua (generalmente escaso). Lo mas notable es que bajo las paredes extraplomadas del conglomerado rocoso abundan las parideras, refugios y corrales, con muros de piedra seca y puertas de madera, limitando el espacio cerrado por la roca. También ha habido molinos, y azudes en el curso del Mezquín por el Barranco.

    El camino, a pesar de la mano del hombre que ha facilitado su acceso, tiene un aire salvaje y solitario, en el que solo se escuchan los pájaros y el rumor del viento entre los fresnos y los chopos.  

Dejamos la fuente de la Carrasca  a la derecha y seguimos por el sendero por unas piedras cuyo resbaladizo piso podemos cruzar gracias a unos cables tendidos como barandilla y a unas cercas de madera. Un cartel nos anuncia  el tipo de fauna que podriamos encontrar, con suerte, zorroos, ardillas, tejones o jabalíes. foto-8.Bellm.JPG 

Tal vez los grandes doseles de piedra y los refugios adosados bajo ellos sea lo más caracteristico de este bello y largo recorrido por el fondo y los bordes superiores del cañón. Un par de esas cuevas, como la Taulera  y la del Pastor, están preparadas como auténticos hogares  de campo, con espacios compartimentados, con muretes de piedra  y puertas de madera. Más o menos en dos horas y pico llegamos al Molino del Sicar, que estaba servido de agua por un airoso acueducto en ruinas que está a su vera. Es el final del tramo del Barranco Fondo que hemos de recorrer y comenzamos la subida, por un lecho de arenisca roja entre rocas grises, hasta una pìsta donde encontramos unas flechas de dirección en madera.

    foto9-ballm.JPG

Al norte dejamos La Codoñera, cuyo caserío vemos desde la pista y le damos la espalda siguiendo por la pista hacia el este que nos llevará hasta otra pista más ancha que es el PR-TE 11 y sin dejarla hacia la ermita de San José. Se trata de un largo tramo de mas de dos horas por pista entre campos de cultivo de cereal, almendros y olivares. Es un recorrido agradable y fácil (si no lo haces en pleno verano). En su transcurso nos cruzamos con curiosos monolitos redondeados de piedra con final en punta y con una especie de columna votiva, con un altarcito  en el extremo superior. En él a través de los barrotes se distingue una escena insólita: unos cuerpos ensangrentados de tres hombres en el suelo y una leyenda: "Aqui murieron alevosamente Francisco Bayot y sus dos hijos, Pedro y Sebastiián. 11/3/1879". Me quedo sobrecogido y respetuosamente les deseo la paz y sigo el camino. Cuando ya llegamos al promontorio montañoso donde se enclava la ermita, dejamos la pista y cogemos un sendero que sube fuertemente hacia  San José. Paramos primero en el Mirador de la Predicadora y tras contemplar las magnificas vistas sobre el valle del Mezquin y las tierras de La Codoñera, hacemos un último esfuerzo para llegar hasta la Ermita. Se trata de un edificio del Siglo XVII, con aire más civil que religioso, de mampostería y cantería. Tiene una nave con bóveda de medio cañón, testero recto y decoració mural del s. XIX. Son muy interesantes las baldosas formando mosaicos votivos y oraciones en las paredes de la entrada. Desde el amplio mirador de la ermita se contempla el pueblo de Belmonte rodeado de campos de olivos y de sembrado y la Sierra de Ginebrosa y la llanura hasta Alcañiz. 

Tras un buen descanso --el entorno del santuario está preparado como lugar de solaz y recreativo--, bajamos la carretera unos 200 metros y cogemos un sendero a mano derecha que nos lleva en fuerte bajada de trocha hasta el valle. Una vez en él se sigue una pista en dirección sur, pasamos una pequeña ermita y a la derecha bajamos al barranco del Mezquin , a los pies de núcleo medieval del pueblo. 

 

 

 

 

MONTEBELLO

 

Como su propio nombre indica, Belmonte, Montebello (a 661 m de altitut), se trata de uno de los pueblos más recoletos y encantadores de una zona, el Bajo Aragón, rica en esos rincones donde el tiempo parece haberse condensado en la piedra milenaria de las murallas urbanizadas, el sosiego de las calles silenciosas o la naturaleza de olivos secretos y sembrados pacíficos junto a pequeños pueblos blancos, encerrados en sí mismos, rodeando la torre de la iglesia, como rebaños  a su pastor. Toma el posesivo del nombre, "de San José"  desde 1979, en honor de la ermita que hay en las afueras del pueblo, cuyos habitantes aun conservan algunas de las cinco puertas de la población. Esta debe su carta Puebla a los Calatravos (año 1232) y es un pueblo que se ha empeñado a través del paso de los siglos en mantener el aire medieval de sus calles y el de las numerosas ermitas que la circundan. La carta de Población fue otorgada por el rey Jaime I. Es la villa que domina la cuenca del rio Mezquin 

 

NO SE PIERDAN

 

Un largo paseo por las calles medievales. También visiten el Ayuntamiento, edificio porticado del siglo XVI,  al que se accede a través de una lonja. En los bajos, una cárcel de la época, el ambiente siniestro, con un reo encademado dibujado en cartón y un grillete enmohecido. Frente al Ayuntamiento, la iglesia parroquial del Salvador (siglo XVIII). El párroco. que vive en una casita cercana se la enseñará, encantado, o puede delegar en Gloria, la propietaria de la tienda y panadería del pueblo, que me la enseñó a mí. Es de estilo barroco pilarista, con una amplia torre campanario. El interior fue devastado  durante la guerra incivil que por estos lares tuvo sonados y sangrientos episodios. El magnífico órgano del siglo XVIII, fue salvado in extremis por los vecinos y está siendo restaurado.  Visiten también la Nevera, una joya arquitectónica de ocho metros de diametro y nueve de altura, del siglo XVI. Y la calle Vicaría, una calle eclsiástica donde las haya o la casa Solá, majestuoso edificio de estilo aragonés. Hay siete  ermitas, entre ellas la citada de de San José con una vista espectacular, la del Calvario (s.XVIII) o la de Santa Bárbara (s.XVI).

 

MAPAS

 

Una visita a Serret de Vallderrobres, les proporcionará mapas del Servicio nacional Topográfico de la zona (MTN50, 495, Castelseras) y los correspondientes en 1:25.000. Pero también serán de gran ayuda los volúmenes dedicados al Bajo Aragón (Red natural del Aragón) o Rutas por el Bajo Aragón, editados por Prames y el Gobierno de Aragón.

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1 diciembre 2013 7 01 /12 /diciembre /2013 08:58

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 Un magnífico blanco y negro engalana una película intimista y morosa que Fernando Trueba propone como una reflexión sobre un escultor ya anciano que busca la inspiración y la encuentra en una joven huida de los campos de concentración de los españoles en el sur de Francia, cuando Franco ya ejerce su poder nefasto en la España que trata de superar el fin de la guerra civil. Con un veterano Jean Rochefort como el artista que ha perdido el dominio de "la idea", la fuerza creativa que se empeña obsesivamente en encontrar la belleza, la película es una pequeña joya tan imperfecta como la lucha del artista por lograr un atisbo que le acerque a lo inconcebible, la fuerza y el encanto de lo natural.

Lenta, reiterativa, a veces somnolienta y a veces absurdamente discursiva, en una visión distinta a la que nos ofrecía "Renoir" la pelicula francesa comentada hace unos días en esta misma página, pese a que en esencia se trata de lo mismo, el artista ya en el último estadio de su vida que encuentra el pequeño y leve respiro de la inspiración representada en una bella modelo. Aquí también importa, sobre todas las cosas, la experiencia artística, la realización de la obra. Pero Trueba también se pierde en los detalles accesorios. Quizá sea porque es imposible mostrar el ejercicio del arte, pintura, escultura, literatura, en sí mismo. El acto creativo, ese fulgor de Dios en las manos del hombre, es inasible, no se puede relatar.

Y Trueba acude a Claudia Cardinale para dar  la réplica y la protección sentimental al viejo Rochefort, enfrentado a la belleza juvenil de Aida Folch, que compone un papel de campesina-partisana que no acaba de convencer y que se descompone cada vez que rie a carcajadas. Para reordenar el pastel, Chus Lampreave haciendo de sí misma, con unas gafas que le dan un aspecto de personaje de cómic surrealista. A pesar de todo esto, "El artista y la modelo" es una película que se ve con agrado, en la que quizá suene a exceso el final, cuando no se nos han dado suficientes datos para conocer el talante del artista y mucho menos para ahondar en los personajes secundarios. Un guión demasiado ambicioso que no casa bien con el tratamiento de la película y sus aparentes objetivos artísticos (cosa que sí logra "Renoir"). Pero el resultado no decepciona, siquiera sea por el mimo y la sensualidad que respira la imagen de la cámara paseándose reflexiva por el cuerpo juvenil de la mujer y por las miradas cargadas de sentido y poder del escultor. La percepción de la belleza, tan jugosamente mostrada en las primeras secuencias de la película, durante el paseo del artista por la montaña, se explicita en el cuerpo de la modelo y la interacción de ese cuerpo --no de la actriz-- con la mirada del escultor. Por eso, a mi entender, es una película frustrada en su ambición, una historia mínima que pierde en el camino toda la trascendencia filosófica y artística que podía haber tenido.

 

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30 noviembre 2013 6 30 /11 /noviembre /2013 17:08

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Bueno, no se me escandalicen. "Nuevas maneras de matar a tu madre" no es lo que parece. Colm Tóibin es un excelente escritor, un ensayista notable y ha escogido un tema de análisis y reflexión algo concurrido en la ensayística actual: los problemas y dificultades en las relaciones familiares e íntimas de muchos escritores. Una especie de "Hola" de la alta literatura. Así que nada --o poco-- de madres vampíricas y castradoras que ejercen su deleznable función en las almas atormentadas de sus retoños literatos. Y Tóibin tampoco nos habla de las nuevas maneras de matar a tu propia madre, o al padre (es un lugar común del psicoanálisis: debes "matar" al padre para crecer como adulto, es decir superar la autoridad y el simbolo paterno) sino que se limita a apuntar en el primer capítulo la curiosa tendencia de ciertas novelas de los siglos XVIII y XIX  (Austen, James) a eliminar del argumento a las madres de las protagonistas para así resaltar la indefensión y vulnerabilidad de las heroínas, que deben sacar fuerzas de flaqueza y buscarse la vida, el marido o la fortuna sin la protección materna. Tóibin es, no cabe duda, un astuto vendedor de libros. El título es engañoso pero eficaz.

Pero volvamos a este feliz encuentro entre la obra y las miserias de la  propia vida en muchos escritores, editada por Lumen y traducida por Patricia Antón de Vez. Empecemos diciendo que no hay muchas novedades, la mayoría de los dislates biográficos de Thomas Mann, la homosexualidad reprimida de John Cheever, los problemas de Jane Austen o de Henry James,  los de Beckett con su mamá o los de Yeats con su papá, los fantasmas de Borges o el pequeño ensayo sobre Baldwin y Obama como seres en los que el padre es una presencia ausente. Todos ellos son temas íntimos de los que teníamos alguna noción, pero resulta interesante leerlos reunidos y disfrutar de alguna nueva aportación o, incluso, de reflexiones que el autor,Tóibin, se saca de su caletre de escritor y nos ofrece condimentada con guindas freudianas y psicoanalíticas demasiado obvias y no necesariamente verosímiles.

Hay, eso sí, un excelente --y a veces rozando el tedio-- aporte de documentación que nos abruma, pero redunda en beneficio de la credibilidad del esfuerzo de Toibín, con lo que la comparación con el "Hola" se me antoja un poco excesiva e injusta. El escritor nos presenta en una primera parte los miembros y figuras de la literatura irlandesa aquejados por las dificultades emotivas familiares y en la segunda, algunos representantes de la literatura universal, reafirmando aquella frase ingeniosa de Tolstoi que afirmaba "todas las familias felices se parecen y las desgraciadas lo son cada una a su manera". Y esa manera de desgracia distinta de las familias de los biografiados es, justamente, la fuente de donde manan mucha de las grandes obras de la literatura universal, solo cabe recordar a Kafka, Lowry, Joyce o  Proust. En realidad la vecindad entre el genio  literario y el sufrimiento ocasionado por la vida íntima desequilibrada de esas personas, está en curiosa relación directamente proporcional.

Los demonios titulares, los fantasmas familiares de muchos escritores merecen el esfuerzo que les dedica Toibin y uno echa en falta muchísimos más ejemplos. Cuatrocientas páginas repletas de amores frustrados, rarezas de comportamiento, abusos sexuales familiares, envidias, odios y traiciones, enfermedades psicosomáticas, drogas y bebida hasta enloquecer, pura y simple patología mental, no es mas que una pequeña muestra de ese mundo oscuro que se esconde en el armario cuando hablamos de muchas de esas grandes y desdichadas figuras.

Y dice Toibín, "Ellos son como todos nosotros" y tiene razón. Conozco pocos escritores felices y totalmente equilibrados. Hace unos años se publicó un excelente ensayo sobre la relación entre el genio literario y la locura. Cabría añadir entre la locura potencial y cualquier ser humano de esta sociedad disgregadora del siglo XXI. Conocer las debilidades biográficas de algunos grandes maestros los humaniza y nos hace valorar con distinta visión sus obras. Por ejemplo, saber los desastres de la familia de Thomas Mann, no mejora la obra del gran escritor alemán pero nos hace entender mejor a muchos de sus personajes y nos hace compadecer al genio literario que engendró semejante familia de personas atormentadas.

Una nota más: Colm Tóibin, un irlandés con cara de bull-dog y gran sensibilidad e inteligencia críticas, fue profesor de inglés en Barcelona, donde vive cuando no lo hace en su país natal. Entre sus obras está "El amor en tiempos oscuros" donde comenzó en esta senda de biografiar los famntasmas familiares e íntimos de escritores conocidos (Wilde, Mann o Baldwin) o "El maestro" sobre Henry James. En narrativa, publicó  "El Sur" sobre nuestra guerra civil y "Brooklyn".

 

 

FICHA

 

NUEVAS MANERAS DE MATAR A TU MADRE.- Colm Tóibin.-Ed. Lumen. Traducción dePatricia Antón de Vez.- 410 págs. 22,90 euros.

 

 

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29 noviembre 2013 5 29 /11 /noviembre /2013 15:10

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Se trata de uno de los mayores especialistas en els Ports, esa cadena montañesa, arriscada y sorprendente, nido de maravillas escondidas en un entorno grandioso de valles ocultos, cumbres, precipicios y hondonadas, rios y riachuelos que diseñan parajes llenos de magia y encanto, paredes inexpugnables, árboles fascinantes, fauna y flora de paraíso terrenal...y todo ello a menos de una hora de los núcleos habitados, Beceite, Horta de San Juan, Alfara de Carles, Arnes. De su autor, Vicent Pellicer, amo su estilo de rasgos poéticos, su prosa florida, la erudición naturalista, su sensibilidad fotográfica. He leído y seguido, con fe de discípulo, sus libros sobre senderismo y montañismo publicados por Cossetània (que suelo recomendar en mis páginas de senderismo) todos con el epicentro en los Ports y las Tierras del Ebro. Y he leído con placer sus libros de poemas y relatos. Vicent pertenece a esa hermandad que  afronta la existencia "solvitur ambulando", es decir, casi todos los problemas puedes minimizarse mientras se pasea, se camina, se hermana uno con la naturaleza. Ahora aún estoy bajo la impresión estética de su último libro "El massís del Port", ilustrado con fotografías suyas, donde Vicent recopila las imágenes, sensaciones y experiencias de muchas décadas de caminata y exploración por la ilustre cadena montañosa. "Belleza insólita" subtitula Pellicer (nacido en Valdeagorfa en 1956) este libro magnífico. Y realmente es insólito el atractivo. casi de otras épocas, de esa naturaleza que Vicent nos muestra con artística vehemencia. Pero también es insólito el amor y el respeto que refleja --y promueve-- este autor por la Naturaleza y su preservación. Para todos cuantos aman el noble deporte del caminar y subir montañas, "El massís del Port" es un libro indispensable para enriquecer el imaginario senderista en una de las zonas más bellas y poco conocidas de este país.

 

FICHA:

EL MASSÍS DEL PORT.-Vicent Pellicer.-Ed. Cossetània.-224 páginas. 155 fotografías. 24x32,5 cm. 38 euros

 

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28 noviembre 2013 4 28 /11 /noviembre /2013 10:30

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Película francesa de excelente factura visual y  puesta en escena, aunque algo menos notable guión y tratamiento histórico y documental. Se trata de los últimos tiempos de la vida ensimismada de un grande de la pintura, Auguste Renoir. La crónica de ese tiempo final, con los achaques físicos dolorosos del gran pintor y su relación con sus hijos y con una joven modelo pelirroja, pero sobre todo con su propia obra esplendorosa a pesar del declive físico, tiene momentos brillantes y otros cogidos por los pelos de la oportunidad. La fuerza del anciano Renoir (prodigioso Michel Bouquet), su lucidez y su sensualidad quedan suficientemente explícitos incluso en los trazos enérgicos y eficaces de sus pinceles, a pesar de que éstos están atados a sus manos, deformadas por la artritis que le produce fuertes dolores y le condena a una silla de ruedas. Quizá flaquea la película en esos dos elementos que distraen la atención y la dinámica artística del pintor: su hijo Jean (el futuro director de cine) interpretado con bastante convicción por Vincent Rottiers y la joven Christa Theret, la atractiva modelo que encandila al padre y al hijo por igual, aunque como es lógico dada la avanzada edad y estado del pintor, es el hijo quien más se acerca a ella. Pero tanto la relación de Jean con su augusto padre como la que mantiene con Andréé y la del pintor con las mujeres de la familia y con su otro hijo, un salvaje adolescente que no logra superar la poca simpatía de su papel, se perfilan demasiado como un relleno, no innecesario, pero no muy bien resuelto. Sobresaliente, sin duda, las etéreas secuencias del rincón de la Provenza donde el pintor tiene su hogar y su estudio y la morosidad poética de una cámara que acaricia  a quien o lo que muestra (quizá intentando rivalizar con la pintura de Renoir).

El director Gilles Bourdois logra mostrar una película bella visualmente pero flojea en la presentación y tratamiento de los personajes y en la dinámica de la acción (casi inexistente). Pero, en definitiva, lo que vale es la suma de momentos mágicos que imprega la película (la mirada casi infantil, aunque sabia y sensual, de Renoir paseandose por el cuerpo de la muchacha, la que intercambia con su hijo cuando se siente morir, o el gesto de la chica al abrazar a un anciano magnífico que está llegando a la muerte) y algunas frases del pintor que resumen en pocas palabras el genuino sabor de la genialidad; "me he pasado toda la vida tratando de pintar como un niño, sin pensar en nada, dejándome ir" o ante su hijo, que trata de consolarle en el dolor, "el sufrimiento pasa, la belleza permanece".

 

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