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11 mayo 2013 6 11 /05 /mayo /2013 07:11

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 La comparación de culturas siempre ha tenido un buen reflejo en el cine. Es el tópico literario, filosófico, antropológico del extraño. El que viene de fuera y contempla con ojos críticos y asombrados las costumbres de los del lugar. A menudo da lugar a una visión demoledora, a veces racista (aunque se disimule con la broma y el supuesto humor) siempre o casi siempre llena de tópicos y lugares comunes. En pocas veces hay una reflexión humanista, amable y comprensiva, hay incluso una cierta aceptación, pero queda claro la superioridad o la inferioridad de las distintas culturas que enfrentan sus modos de vivir la vida. En nuestro país hemos sido víctimas de esa visión sesgada y poco comprensiva, aunque generalmente suavizadas con el humor y una superioridad amable y paternal. Incluso ha dado lugar a películas memorables, "Bienvenido Mr. Marshall", por ejemplo. En cine foráneo la comedia ha alcanzado aciertos de autocrítica como "Bienvenidos al Norte" (aunque fastidia, y mucho, a los naturales de la zona) o "¿Qué pasó entre mi padre y tu madre" ("Avanti") del gran Billy Wilder.

Pero en el caso que nos ocupa, "Noche de vino y copas", la cosa va de una cultura nórdica europea, la danesa, y la meridional argentina. Un individuo amable y buena persona, Christian, que regenta una vinoteca en Copenhague y se arruina por la mala gestión resultante del abandono de su mujer, Anna, que se marcha a Argentina y quiere casarse con un idolo del futbol, Juan Díaz, cliente suyo como representante deportivo. Este es el meollo del argumento de la película y el pretexto que lleva a Christian en un viaje etílico y emocional hasta las calles de Buenos Aires.

No les contaré el desenlace del viaje (desea recuperar a su esposa y lleva consigo a su hijo de 16 años) y las vicisitudes del danés entre la fauna bonaerense, con romance juvenil incluído del hijo de la pareja y una damisela porteña. Lo cierto es que el juguete semicómico, en el fondo bastante crítico y tópico, entretiene, en algunos momentos divierte y en otros provoca una cierta verguenza ajena, entre el drama medio apuntado y el despropósito algo patético y poco realista.

Ole Christian Madsen, el director, juega aquí la baza de la comedia costumbrista comparativa y no lo hace con acritud o mala uva. Hay incluso un intento poético de mostrarnos el primer amor del joven hijo de la pareja dividida y una moraleja optimista que tiene que ver con la aceptación. Bien rodada, sacando punta a la fotografía de la entrañable ciudad del Plata (las secuencias del gran cementerio son magníficas) el director muestra una elegancia de estilo y trato de los personajes que reconcilia a uno con la dudosa imagen comparativa que el tema provoca. No hay pedantería ni prepotencia, se filma con naturalidad y los actores elevan el listón de una película sin demasiadas ambiciones. Un "pero": los episodios de fútbol están tan mal y rutinariamente filmados que deja claro que lo del futbol es solo el "mcguffin ", el pretexto, para dar entrada al resto de la historia: la historia de un amor que termina y otro que nace, las batallas que salpican el final del primero y los enredos que vaticinan el segundo. Vayan a verla, lo pasarán bien.

 

 

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9 mayo 2013 4 09 /05 /mayo /2013 09:11

iron-man-3-cartel-9.jpg  

 

 Para hablarles con conocimiento de causa de esta tercera entrega de la franquicia "Iron Man", he visionado la primera de todas, dirigida por Jon Favreau y he constatado algo que suele suceder en el cine: segundas y terceras partes no son tan buenas. Siempre hay excepciones, claro está: en "El Padrino", la segunda supera a las otras dos y hay un descenso de fuerza de la primera a la tercera. Pero en "El señor de los anillos", las tres partes mantenían una fuerza semejante mientras en "El hobbit" todo se va al traste y aparece con claridad el impulso mercantilista de Jackson que es lo que impulsa esta trilogía (seguramente también la anterior, pero en esta no la enmascara la calidad cinematográfica).

En fin, aclaremos el mensaje: "Iron Man 3" pierde el equilibrio magnífico que en la primera justificaba acción y emoción, dinamismo y humor, imaginación y vigor para hacer que los héroes de Marvel, cientos de historias ilustradas, sean "remasterizados" por el cine, ganando en el cambio.

El divertido y prepotente millonario de corazón de cristal nuclear y vistoso cuerpo de bruñido acero, Tony Stark, nos muestra la génesis de su conversión esquizoide en dos personajes en una sola persona, como el también millonario alter ego de Batman o el mítico "Zorro", ridículo y superficial, incluso cobarde y rimorato en su aspecto "normal" y desfacedor de entuertos generoso y osado con su vestimenta de héroe.

Nuevamemnte Robert Downey Jr. se hace con el personaje y nos lo hace simpático y atractivo, aunque yo comienzo a no distnguir muy bien las diferencias que hay , por ejemplo, entre el Tony Stark de Downey Jr. y su caracterización de Sherlock Holmes. Pero dejando al margen ese detalle, lo cierto es que la tercera entrega de Iron Man se muestra algo coja, reiterativa y previsible. El "malo" de turno es un personaje del pasado de Tony Stark, humillado por éste y que busca venganza casi edípica contra el millonario. Menos atractiva que en "Los vengadores" una cinta coral de héroes en el que Iron Man es uno más, pero tiene una potencia cercana a su primera aparición. Esa fuerza queda sustancialmente disminuida en la tercera parte, casi tan olvidable como la segunda. Gwyneth Paltrow y Don Cheadle repiten papel, aunque la primera, la incondicional secretaria, tiene una relación paradójica con el héroe,  que uno no acaba de entender (ni siquiera los actores parecen entender lo que les exige el guión).

Hay novedades claro está, pero son de relleno, aunque vistosas. Por ejemplo la mejora de la armadura, que ahora se coloca a sí misma en el cuerpo del héroe y obedece a simples ordenes mentales. Personalmente me gustan más las escasas novedades argumentales, más sutiles y menos perceptibles. Así, el derroche de humor e ironía en el tono casi psicoanalítico con el que se nos muestran los ataques de pánico, ansiedad e inseguridad del héroe, que lo humanizan y nos lo acerca empáticamente. Una vez más, lógico en estas películas de género, prima el aspecto circense y aparatoso de la imagen (la batalla final de monstruos de acero en grupos es confusa y algo ridícula). Aunque incluso esto queda disculpado en cierta manera por el final, que no desvelamos al lector pero que redunda en torno al psicoanálisis.

Shane Black es el director de esta tercera entrega y se ha mostrado con humor e ironía respecto al héroe pero incapaz de evitar o controlar las explosiones (en sentido real y figurado) de argumento e imágenes, fuegos artificiales de cara al gran público palomitero.

La aparición de otro supermuñeco de acero, Iron Patriot, pilotado por el amigo militar de Stark, el coronel Rhodes y el recargo en las tintas azules y blancas de la bandera estrellada y el patrioterismo tópico norteamericano hacen un torcido favor a la película. Un acierto notable es el "malo" de la función, un histriónico Ben Kingsley, que da vida al "Mandarín", el monarca absoluto de los terroristas tipo Bin Laden, con secuencias que banalizan un poco el horror real que tanto hemos visto y buscan la justificación moral de la respuesta violenta.

Hay más suspense en un telefilme de "Perdidos" o de "Erase una vez" que en esta producción de millones de dólares, donde todo es absolutamente previsible y uno no pestañea ante los apuros del héroe, de la damisela o del presidente de la nación, ya que, ave fenix de mil destrucciones, Iron Man regresa siempre, más brillante y letal que la vez anterior y el malo pagará con lu vida sus fechorías. Un poco deudora de "Los vengadores", la película de Black cumple su cometido: será -es- un exito de taquilla y abonará un poco más la fama y el carisma del resucitado Rober Downey Jr., simpático, descarado y oportunista que parece reirse un poco de sí mismo y un mucho del mismo héroe que encarna (y ahí estriba su indudable gancho interpretativo).

Excelente diseño de producción como cabe esperar del dineral invertido y de la cada vez más eficaz industria de los efectos especiales (impresionantes la destrucción de la residencia de Stark, el ataque al Air Force 1 y la ya citada batalla final, ésta un poco excesiva). En resumen, "Iron Man 3" es una película para no pensar, dejar en suspenso el sentido crítico y rodearse de palomitas y un buen refresco.

 

    

 

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7 mayo 2013 2 07 /05 /mayo /2013 06:28

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Una película de Steven Soderbergh siempre es, de entrada, un acicate para pagar la entrada y sentarse en la bustaca ante la pantalla. El autor de "Sexo, mentiras y cintas de video" , de la magnífica "Solaris" o de aquella cinta que aunaba denuncia con espectáculo, "Contagio", ha prometido dejar el cine con esta película. Uno desearía que no fuese así. Soderbergh es un director inteligente y con oficio, sobreado de olfato para el espectáculo, buenas dirección de actores y sensibilidad hacia la fuerza de los guiones y la eficacia de una imagen siempre acertada y sugestiva. Aunque a veces, como en esta ocasión, apunte con cañones de acorazado hacia la denuncia valiente y acabe lanzando el proyectil con un tirachinas.

"Efectos secundarios", aparece como un filme denuncia hacia el difícil y complejo mundo de las terapias psiquiátricas, el uso y abuso de las sustancias psicoactivas y los excesos de las compañías farmacéuticas en la lucha por colocar sus productos-"milagro" en el mercado carísimo de los psicofármacos. Pero casi inmediatamente (ya nos lo anuncia al principio, obsequiándonos una secuencia-adelanto que volveremos a ver y a explicarnos a mitad de la proyección) gira hacia un thriller un poco salido de cauce, que se extralimita en los actos morbosos violentos y exagerados de algunos personajes, incluida una relación lésbica sorprendente entre Catherine Zeta-Jones y Rooney Mara. No se explica demasiado bien el origen o el motivo del exceso pasional que viven las dos mujeres y que lleva hasta el asesinato del marido de Mara (Channing Tatum, en un patético y breve papel).

El puso de un nuevo fármaco en experimentación que Jude Law --en la piel de un perplejo psiquiatra (uno de las menos convincentes interpretaciones que he visto en este tan buen actor: lo prefiero como Watson)-- receta a Rooney, es el elemento desencadenante de la trama que Soderbergh utiliza y que queda sin desarrollar convertido en un McGuffin (pretexto a lo Hitchcock) transformando una película que despertaba un tema candente y espinoso en un telefilme de Perry Mason. Y es que tratar el tema de las prácticas médicas poco ortodoxas en el contexto de las presiones y tejemanejes de las grandes farmacéuticas en el mundo de las dolencias psíquicas, tenía todos los números para interesar a un amplio sector de público.

Quizá esta calidad tirando a fallida de la película haga reflexionar a Soderbergh para pensarse lo de la retirada que, por cierto, no es la primera vez en ser anunciada...

 

 

 

 

 

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5 mayo 2013 7 05 /05 /mayo /2013 07:48

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Hortense Laborie era una prestigiosa chef del Perigord cuando el presidente francés Francois Mitterrand decidió contratarla como cocinera particular en el Palacio del Elíseo y responsable de las comidas presidenciales por encima del chef de la gran cocina del palacio. Por tanto tenemos historia del tipo que encandila a los franceses y a los norteamericanos (dos regímenes políticos de ejecutivos presidenciales) y suelen dejar más bien fríos a los que vivimos en monarquías o gobiernos democráticos parlamentarios con presidentes poco menos que honorarios. Es decir la de la lucha de clases o sexos en las que la parte débil, el pobre o la mujer, logran escalar hasta ponerse a la altura del "príncipe" presidente librando batallas contra poderosos establecidos y más bien clasistas o misóginos que forman parte de la clase poderosa vecina al presidente.

Diseñada como un flash back cronológico visto desde un presente que es futuro de los hechos narrados, la cosa resulta un poco confusa ya que no se nos aclara bien el comienzo y las secuencias de uno y otro tiempo no están debidamente separadas. La presentación de recetas y platos hacen salivar al espectador pero no se crean conciencia de estar viendo una buena película, cuyos momentos más interesantes--los que atañen a la cocinera y un presidente que se humaniza a través de la cocina familiar recordada y revivida por la eficaz cocinera-- quedan desvaidos y faltos de profundidad y consistencia.

Un juguete intrascendente, con ligeros toques de humor y un "actor", el ensayista literario, novelista y académico Jean d'Ormesson haciendo de presidente que seguramente encandilará a los franceses pero que aqui nos deja fríos, aunque no está nada mal su actuación para un actor improvisado. Christian Vincent, el director, no es un novato (esta es su octava película) pero no se eleva más que un buen director de serie para televisión y en definitiva eso parece la película. Catherine Frot hace un buen uso de su complejo papel, engañosamente atractivo, la cocinera ruda pero tierna, excelente profesional y llena de fuerza y energía. Punto y aparte para la música, firmada por Gabriel Yared, responsable de maravillas como las BS de "El paciente inglés" o "El talento de Mr. Ripley".

 

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3 mayo 2013 5 03 /05 /mayo /2013 07:28

de-benedicto.jpg

 

Un libro sobre el inesperado cambio de Papa es, de por sí, un documento interesante para todos los observadores de los complejos intríngulis de la política vaticana, ya sea por ser fieles a la Iglesia católica como por ser críticos con su historia y su ejecutoria. Precisamente el valor del libro del periodista Arturo San Agustín "De Benedicto a Francisco" no sólo estriba en su carácter de crónica candente e inmediata del trascendental cambio de papado, sino también en la de ser un lúcido análisis de los poderes que aparecen en el seno del Vaticano y la dinámica sutil de sus movimientos y estrategias, todo ello sujeto al nervioso y dinámico estilo de la crónica periodística.

Desde el 12 de febrero de este año, día en el que el papa Benedicto XVI sorprendió al mundo con el anuncio de su dimisión hasta el martes dia 19 de marzo en el que el nuevo Papa, Francisco, se reunía en solemne acto pontificio con los arzobispos y patriarcas de las Iglesias orientales en presencia de jefes de Estado y diplomáticos, San Agustín nos envuelve a sus lectores con una pormenorizada y documentadísima crónica cotidiana de los momentos y sucesos más relevantes de esa dramática transición que nos lleva "de Benedicto a Francisco", sin olvidar informarnos de los principales problemas del papado del primero, de las presiones, críticas y rumores  que se despliegan hacia los cardenales electores y de las informaciones y declaraciones que van desplegándose por el Vaticano y por Roma y rodea todo ese corpus informativo con una serie de datos, entrevistas, retratos a vuela pluma y detalles curiosos que conciernen a los lugares romanos y vaticanos, a las gentes que asisten a ese momento histórico y a los estratégicos conocidos y amigos del periodista que le facilitan su labor y le enriquecen con sus opiniones.

Una labor de orfebre que San Agustin convierte en un relato pormenorizado al que no faltan detalles pintorescos y que envuelve al lector como si se tratara de un relato de ficción. Hay reiteraciones, ciertos descuidos estilísticos, esbozos o comentarios que se encadenan por las buenas y todo ello tiene el sabor de esa dinámica frenética del periodista investido de narrador omnisciente que nos encantó hace años en Tom Wolfe o en Kapucinsky.

San Agustín es un avezado periodista, ducho en entrevistas (a las que aporta un saludable sarcasmo y una ironía seca pero nunca maliciosa: le seguía cuando las hacía en "El Periódico" de Barcelona) que domina el arte de hacer interesantes sus crónicas incluso para el lector no avisado. Las cuñas informativas que van apareciendo en esta narración de treinta y siete días esenciales para entender la Iglesia de ayer y la de mañana a través del cambio de Papa, están bien administradas por este autor: desde la anécdota del rayo que impactó a las 19,30 del dia 12 en la cúpula de San Pedro haciendo profética la frase del decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sedano, sobre el anuncio papal: "ha sido como un rayo en un cielo sereno", al libro de Simone Venturillo que relaciona esa renuncia papal con el Tercer secreto de Fátima. O desde el famoso "Vatileaks", el robo y publicacion de papeles privados del Papa al cúmulo de informaciones que el autor nos facilita de diversas fuentes sobre el Informe secreto preparado por tres cardenales sobre las miserias que sufre en su seno la Iglesia, la pedofilia de sacerdotes y obispos y los lobbies  eclesiásticos, "Dietro le mura vaticane", que hacen negocios, cohechos y facilitan "material" a homosexuales y pedófilos de ese mundillo, para luego chantajearles. O nos informa del aparato periodístico mundial (5.600 profesionales acreditados) que se monta en torno a las fumatas --en este caso la tercera, a las 19,05 del miercoles 13 de marzo, fue la blanca--y la noria de los cardenales papables y, al tiempo, aprovecha para narrarnos las criticas que recibió Benedicto por renunciar, la herida que supone para la Iglesia el caso Maciel y los legionarios de Cristo, para divertirnos con comentarios sobre la película "El cardenal" de 1963, documentada por Ratzinger cuando aun no soñaba con ser Benedicto XVI o por "Las sandalias del Pescador" que ha motivado, segun San Agustin, muchas vocaciones religiosas y es una de las mejores descripciones periodísticas sobre una elección papal.

Si además nos cuenta cómo son los famosos y secretos Jardines Privados Vaticanos, pormenores de la capilla Paulina donde se reunen los 115 cardenales electores, qué productos químicos se queman en una de las dos estufas colocadas en la Capilla Sixtina para que salga el humo negro o blanco, el nombre del restaurante favorito de Ratzinger, los sastres y zapateros papales, la afición del nuevo Papa jesuita argentino, Francisco, a improvisar y a saltarse el protocolo, la estatua de Pasquino, una de las cinco estatuas "parlantes" de Roma (donde las ciudadanos cuelgan cuartillas denunciando cosas) o los nombres y cometidos de las cuatros monjas que cuidan a Benedicto y le acompañarán a su retiro...como ustedes comprenderán las 313 páginas de este libro se nos antojarán pocas y al llegar al final abrupto del libro que San Agustin nos depara, uno se queda a la espera de más. Si fuera una película, un critico diría: el director prepara una secuela. Arturo, yo hubiera puesto al final la frase del papa Francisco ante los cardenales: "Ah, cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres". Eso engancha a una nueva crónica papal.

 

 

FICHA: 

 

DE BENEDICTO A FRANCISCO.-Arturo San Agustín.-Fragmenta Editorial. 313 págs. 19,90 euros.

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2 mayo 2013 4 02 /05 /mayo /2013 07:09

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 Una película sumamente ambiciosa la que perpetran los hermanos Wachowski y su aliado, el alemánTykwer. Si ya rompieron moldes con las tres entregas de "Matrix", con "El atlas de las nubes" (en origen fue una composición musical, después una novela de David Mitchell y ahora una película mastodóntica plena de desafíos y originalidad) logran rizar el rizo: ahí es nada, seis historias distintas que se van turnando velozmente una y otra vez, con actores que repiten papeles distintos y acciones paralelas que discurren a través de varias épocas del pasado y del futuro. Como en la física cuántica, todo está interconectado. Un montaje veloz y sin concesiones que nos van mostrando dinámicamente las seis historias en su desarrollo, hilvanados todos los saltos de tema y acción por una urdimbre elegante de referencias. Un trabajo colosal que desafía al espectador y que sólo le recompensa si es capaz de plegarse a las exigencias del montaje y a los saltos argumentales de las difernetes historias que forman entre sí un rompecabezas que va adquiriendo sentido conforme nos acercamos al final.

Esa megahistoria de historias --todas y cada una con su desafío implícito en actuación, ambiente, realización artística, música y attrezo-- se convierte pues en un desafío para el espectador que no debe asimilar los rostros conocidos de actores y actrices a un tronco común de historia sino que cada una de ellas tiene su propio sentido y desarrollo. Por eso "El atlas de las nubes" se convierte en un reto a escala total: no sólo frente al espectador, sino en relación con la historia del cine y sus posibilidades económicas como producto artístico-comercial. Preveo para esta magna obra de los Wachowski un fiasco económico de la grandeza de su realización. Y no por ser una película mala, sino por ser demasiado buena y distinta, para agradar a una buena parte del gran público. Una empresa mastodóntica a la altura de la "Cleopatra" de Joseph L. Mankiewicz, "Corazonada" de Coppola, "La puerta del cielo" de Cimino o "El árbol de la vida" de Terrence Malik. Es decir, películas cuyo presupuesto desbordó sus ingresos y constituyeron desastres financieros para las productoras.

Esra especie de gran y monstruoso collage defiende la tesis del encadenamiento a través de los siglos de las vidas humanas en un sentido kármico que ilustra la repetición de actores para distintos papeles a lo largo del tiempo. El amor que vence al tiempo y la maldad como constante a través de los siglos. Unos 172 minutos, casi tres horas, en los que la pantalla va destilando un mensaje absolutamente original, fascinante y algo perdedor en sus saltos de tiempo, acción e historia. Un fluir de caleidoscopio sobrecogedor, una visión metafísica de la existencia que vamos experimentando conforme se encadenan las historias y vemos a los personajes volver a vivir en historias diferentes y con aspectos a veces irreconocibles. La pretendida conexión de las historias entre sí y en un propósito final, está bastante bien lograda una vez se supera el desconcierto del principio. Como toda película compleja y ambiciosa, ésta exige al espectador un cierto esfuerzo pero lo gratifica de forma abundante al final (aunque, presumo, que a no todos: es una película que deben rechazar los palomiteros y los amantes de superproducciones estilo "Iron Man" y parecidas). No se trata de una pelicula de montaje clásico y ahí estriba su dificultad.

Por tanto, aviso para navegantes. Si logra superar la primera hora de proyección y acepta el montaje y la historia fraccionada que se le propone, disfrutará de una gran película. En caso contrario, absténgase. Resulta difícil ver en una misma película una historia de amor, un thriller futurista, un drama, un romance, una comedia de humor inglés (con momentos hilarantes) y todo ello mezclado de una forma no siempre conseguida, pero genial. Sumen a todo esto una puesta en escena maravillosa y con momentos visualmente fascinantes y, sobre todo, prepárense a gozar con interpretaciones de gran calado. Tom Hanks, sencillamente magistral, que da vida a seis personajes distintos. La bella Halle Berry con el mismo número de personajes diferentes y el gran Hugo Weaving, que ya vimos en las tres "Matrix", tambien en seis, entre ellos una enfermera. Quizá uno de los más brillantes sea mi admirado Jim Broadbent, cuatro personajes, entre ellos el más divertido de la película). Añadir a Susan Sarandon (cuatro), Jim Sturgess (seis), James D'Arcy (cuatro) y Hugh Grant (seis, entre ellos el irreconocible jefe de los asesinos indígenas de la historia principal con la que se inicia y acaba la película). Una cinta de culto para el futuro del cine y un fracaso en taquilla (y alguna crítica miope) en el cine de hoy mismo. No se la pierdan y cuando salga en dvd, colecciónenla. Es imprescindible.

 

 

 

 

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30 abril 2013 2 30 /04 /abril /2013 07:41

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"Un gran equipo" es una pequeña película. La megalomanía cultural insertada en los genes de la nacionalidad francesa ha etiquetado de "la mejor comedia de la nueva comedia francesa" a esta película desechable, al mismo tiempo que a "La cocinera del presidente" de la que hablaremos otro día. Dirige Olivier Dahan con cierta desgana y con el tópico bien aprendido: historia de superaciones personales en el ámbito del fútbol trasladada a un ambiente rural, una isla de la Bretaña francesa dedicada a la pesca. Un equipo de fútbol muy modesto se convierte en la única posibilidad de reunir el dinero suficiente para salvar la unica industria del pueblo, una conservera, que está a punto de pasar a las manos depredadoras de un banco que sólo desea cerrarla. Todo el pueblo se une a su equipo para lograr que éste supere las eliminatorias y pueda jugar contra un equipo gde primera división. Con el dinero de taquillaje y retransmisiones esperan poder quedarse con la industria y gestionarla en el pueblo.

Para conseguir semejante milagro (los jugadores son los pescadores del lugar) fichan a un ex jugador como entrenador, una vieja gloria que malvive con deudas, alborotos y problemas con el alcohol, al que una juez obliga a lograr un trabajo que le permita tener a su hija en casa de vez en cuando. ¿Lo reconocen? Es el esquema básico de uno de los incontestables éxitos de la comedia francesa (y esta vez de verdad), "Bienvenidos al Norte". Otra vez unos urbanitas pretenciosos y despreciativos --el entrenador y un grupo de ex grandes jugadores también llenos de problemas a los que convence para que le ayuden-- enfrentados a la sencillez y "veracidad" de la vida pueblerina en la Bretaña.

Tópicos a gogó servidos con un lenguaje más simple que sencillo, con su pequeña historia de amor y remisión y su lógico final feliz con ciertas complicaciones y recursos archiconocidos (el penalti del ultimo minuto y las jugadas filmadas a cámara lenta). No hay sutilezas de guión, actuaciones que eviten el exceso emocional y lo manido sentimental, humor grueso, algunas astracanadas y unos intérpretes que parecen surgidos realmente de un casting popular para una pelicula coral de poco presupuesto. Lo único que se salva es el largo travelling del principio, de la luz y los aplausos del éxito del futbolista protagonista hasta la oscuridad de un pasillo sin luz: símbolo de su recorrido vital y profesional (que, por cierto, está interpretado por un tal José García). Eso sí, a los que no busquen complicaciones y sean forofos del futbol les puede resultar entretenida. Y nada más. Los guionistas, Philippe y Marc de Chauveron, se han cubierto de gloria.

 

 

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29 abril 2013 1 29 /04 /abril /2013 07:23

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He disfrutado con la lectura de la novela de Víctor del Árbol "Respirar por la herida" (título ilustrativo, pero fácil, que desentona con la fuerza y el estilo de la novela: el uso del infinitivo en un titulo parece sugerir un libro de autoayuda) por tres razones: primera, porque es una buena novela, no una gran novela pero todo se andará a tenor del fuste de este novelista; segunda, porque es un autor español, con vocación y potencia para llegar a ser un sólido baluarte literario en nuestro país y fuera; tercera, porque no parece seguir modas historicistas o de novela negra de salón y plantilla: es un creador nato de personajes y situaciones.

No había leido a Víctor. Su novela anterior "La tristeza del samurai" (este es un buen título) había tenido un éxito notable (premiada por el Prix du Polar Européen, creado por la revista "Le Point") y había sido loada con esa desmesura que se prodiga en nuestro país, lo cual, paradójicamente, la incluía dentro de tantos "éxitos fulgurantes" que la equivocada estrategia de mercado editorial español crea, un día sí y otro también, para perplejidad del mundo de los lectores. Procuro mantenerme al margen de esos éxitos de campanillas de novelas primerizas hasta que aparece una segunda novela. En este caso, es obvio que rescataré "La tristeza del samurai" y ya les contaré cómo me fue.

Disculpando los excesos melodramáticos de la trama que crea Víctor, el caso es que la amplia visión que nos ofrece a través de varios personajes de las ramificaciones, consecuencias y antecedentes del suceso clave que estructura la novela en diferentes niveles e interpretaciones, sujeta al lector a las más de quinientas páginas con un dogal de interés, apasionamiento narrativo y originalidad. La muerte de una niña y un joven atropellados accidentalmente por el coche conducido por un hombre, capital en la novela, que estaba borracho y drogado en ese momento y la espiral de odio, venganza y tormentos interiores que crea están descritos con un dinamismo magnífico y una efectividad con pocas fisuras. Los personajes son sólidos, sus diálogos apropiados a cada uno y el estilo con el que se describen sus vivencias es directo, rápido y de una austera exactitud.

A pesar de que me sorprende y en cierta forma me incomoda la ilustración de la portada (un fragmento del cuadro de Lucian Freud "Reflection with Two Children") en la medida en que Freud me repele como pintor, he de reconocer que la elección está justificada. El mismo autor nos desvela las claves de esta elección de portada (pág. 117) cuando hace que el narrador omnisciente --punto de vista narrativo escogido por Víctor-- nos cuente los pensamientos de Eduardo, uno de los protagonistas de la novela, un pintor desolado y embrutecido por la muerte de su esposa y su hija en un accidente, respecto a los cuadros de Freud y en concreto el autoretrato de portada: "...aquellos cuadros..le habian inspirado para ser un pintor de almas, a  retratar las sombras que habitaban sus modelos...con miradas frias y despiadadas...aquél cuadro, su hermano inspirador...era su verdugo". Y esta es, en esencia, la marca del estilo reflejado en  "Respirar por la herida": retratos de personajes en profundidad, indagando en sus sombras, sus frustraciones y su amargura. Y la mirada del autor también es una mirada "fría y despiadada", no hay complacencia alguna en sus descripciones psicológicas y en todos los personajes aletea una sombra amarga y a veces cruel. El mundo que nos muestra Víctor es duro y amargo como lo son sus criaturas. El destino y las propias culpas se ha cebado en ellos y parece que no haya remisión posible, aunque muchas de las criaturas que se debaten en el sórdido mundo de la culpa y el odio tienen elementos de humanidad y ternura, huérfanos de amor pero no de sentimientos, devuelven al lector una mirada triste que a veces es más dulce que patética. Eduardo y Gloria ponen en marcha el "deus ex machina" de la novela: la segunda, madre del joven muerto en el accidente provocado por Arthur, el sombrío ejecutivo de origen argelino, encarga a Eduardo que haga el retrato del hombre que "asesinó" a su hijo. Este encargo abrirá la Caja de Pandora y las historias saldrán de ese caja, ligera o declaradamente ominosas, pero con algunos retazos de elementos positivos, el amor, la lealtad, la amistad, la ternura. No demasiados, pero suavizan la tensión de una existencia en la que el dolor y el mal hacen acto de presencia demasiado a menudo, trastocando la vida de las gentes. Exactamente como lo hace la vida en todos nosotros. El drama (a veces el melodrama)  y la tragedia a secas están a la vuelta de la esquina y Víctor del Árbol nos lo muestra con buen oficio, despertando nuestro interés y empatía.

No hay aquí recursos a la estructura habitual de la novela negra, ni detectives, ni policías y el ambiente carcelario es tratado con suma simplicidad: lo interesante de este escritor es que refleja una mirada a la existencia al estilo de Victor Hugo o Camus (aunque puede ser tan sórdido como Dickens, nunca es tan sentimental) y lo que nos ofrece es una elaboración --menos universal y ambiciosa que Hugo-- de  unos "miserables" anímicos arrastrados y condicionados por el dolor y la venganza. Seres comunes y familiares a los que la fuerza de un destino aciago les conduce a actitudes intransigentes y duras, unas venganzas más afines al dolor impotente que no se sabe afrontar o superar que a maquinaciones maquiavélicas o a acciones tipo thriller al uso. Es posible detectar esa pátina de estoicismo y sequedad en algunos de los personajes, esa dureza interior algo indifernete, que me recuerda a "La Peste" o "El extranjero". Y es que Víctor del Árbol es un narrador de personajes: nos cuenta su historia a través de los sentimientos, las dudas y las emociones de sus personajes. Creo que ahí radica su interés y su valía. El desequilibrio dinámico ético que se instala en los personajes, haciéndoles transitar entre la venganza, el dolor, el odio y el exceso, sin perder la coherencia profunda. Quizá la ausencia de humor del narrador es lo que lastra la tendencia suave al melodrama, pero eso no es un defecto. Supongo que es un elemento de estilo que suele desaparecer con la experiencia. La mirada realmente humana siempre tiene una chispa de humor. Y este autor desborda humanidad.

 

FICHA:  "RESPIRAR POR LA HERIDA", Víctor del Árbol.- Editorial Alrevés, 522 páginas. 20 euros. 

 

 

 

 

 

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28 abril 2013 7 28 /04 /abril /2013 10:37

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Buen thriller ecológico, con un par de actores magníficos, un guión interesante y una realización mediocre. Las escenas intimistas de culpa y redención son mas interesantes que las de acción, en las que la verosimilitud deja el paso a lo previsible (las armas de los heroes nunca agotan la munición ni se encasquillan y por cierto siempre aciertan a la primera, enfrentados con pistolas a militares entrenados con ametralladoras, vaya por Dios). Multinacionales voraces, el problema del agua, su escasez y su control por manos privadas sin escrúpulos (un tema que pronto dejará de ser ficción, ya lo verán para desgracia de todos) y héroes de una pieza que luchan por derechos básicos y hasta un asesino mercenario que a ultima hora cambia de bando. Lástima porque la pelicula tiene ritmo y dos interpretaciones de altura de Andy García y Forest Whitaker, con una Eva Longoria discreta que no desentona demasiado de sus dos grandes compañeros. El tono general de telefilme tampoco pone muy alto el listón de interpretaciones y así los dos actores pasan con nota y con poco esfuerzo.

Así pues argumento tópico de serie B, coln el habitual mnsaje ecologista en plan apocalipsis, las corporaciones criminales de rigor, héróes y antihéroes en plan redención de pecados del pasado y un recurso poco hábil a la acción. Dirige la cosa Damian Lee con regular esmero, seguramente sin creerse ni un pelo de lo que nos cuenta. Ademas el poco cuidado del equipo canadiense de producción confunde banderas y escudos del pais sudamericanos que supuestamente vemos en la acción, así que mejor no distribuyan la pelicula por Hispanoamérica o les quemarán los cines. Por cierto, la segunda película del actual james Bond abordaba una trama parecida con mucha más relevancia y seriedad cinematográfica.

   
   
   
   
   
   
 

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27 abril 2013 6 27 /04 /abril /2013 07:37

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 Terrence Malik es un "outsider" de la gran industria del cine nortamericano. Es como un gurú respetado y poco comprendido en general que ha logrado con sólo tres películas rodadas durante 25 años, "Malas tierras", 1973, "Dias del cielo", 1978 y "La delgada línea roja", 1998, convertirse en un referente del cine inteligente de autor con el sello de Hollywood. En 2011 estrena "El árbol de la vida", una pretenciosa, ambiciosa, a ratos genial, irritante y mística película que aumentó su prestigio sin aumentar su valor instrínseco como cineasta. Ahora nos llega "To the wonder" en el que reincide en la cerrada filosofía vitalista y mística de su "Arbol"  sin aportar nada nuevo, como una extensión protoplásmica de las angustias y veleidades poéticas de un creador abismado en su perplejidad teosófica y sus presuntas vivencias sentimentales y emotivas.

Su largo paseo por el amor, el desamor y las dificultades de la fe y de la existencia de Dios están narrados con un lenguaje descontructivista que parece emanado de las ya lejanas y superadas maneras de aquel famoso "nouveau  cinema" francés o de los silencios y pasividades de los actores del Antonioni de "El eclipse", del Godard de "A bout de souffle" o el Resnais de "El año pasado en Marienbad". Según dicen los conocedores de Malick, el mínimo argumento que desgrana "To the wonder" tiene que ver con las propias experiencias del director en el pasado. Se trata de un episodio de amor y desamor interpretados por un silencioso y ausente Ben Affleck y la hermosa y emotiva Olga Kurilenko (que hace doblete en las pantalllas de estreno con "Oblivion"), ampliando el discurso sentimental con el estupor de un sacerdote que interpreta Javier Bardem, incapaz de componer otras expresión que la de sufrido aturdimiento, que se debate entre el silencio de Dios y la necesidad de un compromiso activo con su mensaje. ¿El resultado? Escaso y, como poco, confuso. Ni nos convence Affleck y su amor itinerante y superficial, ni Olga con su renuncia histérica a un discurso emocional inteligente, ni Rachel McAdams consigue dar apariencia y solidez a un personaje que parece episódico.
Pero creo que no estamos hablando de problemas y limitaciones de los actores, sino de falta de fuerza en la dirección y el argumento, aunque brille la perfección fotográfica y la belleza de los encuadres de un Malick que se lo sabe todo, pero no parece estar a la altura de su presunta genialidad. Esta tuvo su más alto nivel en "El árbol de la vida", donde se ignoraban las normas del discurso cinematográfico para proponer una visión poética que reflejara la lírica trascendente de la búsqueda de Dios y del sentido de la vida. En "To the wonder" se intenta apelar a esa dicotomía de estilo entre el ensayo, el documental, la ideas y la mistica del mundo, pero se reduce el foco y pasamos de lo macro a la visión microscópica de una relación amorosa, su nacimiento, su declive y su final, que hemos visto cientos de veces mejor explicadas y con mayor ambición  y capacidad de conmovernos.

Ni siquiera la bellísima e invernal secuencia del Monte Sant Michele en Francia y el surgir del amor, logra comunicar emoción alguna al espectador que asiste incrédulo a un pedante ejercicio de cine sentimental que ya explotó en su día "Anónimo veneciano" o "Un hombre y una mujer" (y hablo de los setenta). La soledad, el silencio y la frustración que emana de la ruina del amor humano es comparada con la que evoca el amor divino y la ausencia de fe en un sacerdote. Nada con la categoría y el potencial suficiente para crear en el espectador una inquietud, una sorpresa o un deseo de saber más.

Un discurso evocativo, ensimismado, pobre, reiterativo que trata de sustentarse en una musica bella y sugestiva y en  unas imágenes poéticas pero vacías.

El silencio de Dios (evocado con muchísima más precisión y maestría en "The Sunset Limited" dirigida e interpretada por el actor Tommy Lee Jones) y el dolor que emana del amor que huye y del odio y rechazo que deja en su lugar , son los dos elementos que conforman una película ambiciosa de un director que aquí se muestra perezoso y previsible, errático y reiterativo. Los paisajes, el mar, los atardeceres, las danzas de los dos personajes femeninos, la pasividad estática y perpleja de los dos personajes masculinos, el discurso inquisitivo, las preguntas sin respuesta, la melancolía y la soledad de todos ellos, formulan una historia que nos parece un epígono poco valioso de "El árbol de la vida". Quizá sea preciso que Malick espere unos años más para rodar su siguiente película. No le va muy bien ser tan productivo. Y escribo esto a conciencia de los elogios de una critica incondicionalmente pro Malick y de un reconocmiento en taquilla en algunos paises (pero menor que la anterior película).

 

 

 

 

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