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29 mayo 2013 3 29 /05 /mayo /2013 07:57

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 No entiendo cómo el director Andrew Niccol, que nos ofreció las interesantes"Gattaca" o "El señor de la guerra" ha podido filmar "The host", siguiendo los cantos de sirena de Stephanie Meyer (la autora de la serie "Crepúsculo") y rindiéndose a la simpleza y superficialidad argumental y humana de las historias de la bestsellerista norteamericana. Película floja, irrelevante, en la que volvemos a vivir las historias de bellos especímenes (vampiros en la famosa saga y alienígenas de ojos azules en ésta) que encandilan a adolescentes y jóvenes y aburren soberanamente a los adultos (no sólo cronológicos).

La Tierra ha llegado a vivir en completa paz. ¿Maravilloso? No. Siniestro, ya que es una paz ficticia que está manipulada por una civilización alienígena colonialista que va apoderándose de cuerpos y mentes de los terrícolas. Queda una minoría de terrestres resistente que trata de iniciar la reconquista y Meyer mete elementos amorosos entre medio para darle sal y pimienta a la cosa. Como en "La invasión de los ladrones de cuerpos" de la era clásica de la ciencia ficción, pero con menos intensidad y fuerza cinematográfica (a pesar del color, el montaje excelente y los paisajes bien filmados). Aburre y lo hace de forma completa y soberana, a no ser que tengas las hormonas en ebullición y sueñes con el primer amor. Y si además te has de enfrentar a una bipolaridad tan extrema como la de Gollum-Smeagol en "El señor de los anillos" en la persona de una damisela mentalmente anoréxica, pues bueno todo se desarbola y acaba irritando un poco. Película de relleno que hace unos años hubiera sido candidata para los populares programas dobles de los cines de barrio, ay, tan añorados.

 

       

 

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27 mayo 2013 1 27 /05 /mayo /2013 08:26

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Uno de los circuitos más hermosos y originales de los Puertos, por su variedad paisajística y por los panoramas aéreos que proporciona, es el que conduce a esa soberbia atalaya de piedra blanca que tiene el lindo nombre de La Miranda y se alza como la orgullosa proa de un barco de marmol sobre el valle del rio Algars y el macizo de Els Ports.

Para llegar a ella es posible seguir dos caminos muy diferenciados y cuya elección depende de si se dispone de un todoterreno o no, dado que la pista forestal que podemos utilizar en uno de los accesos posibles sólo es viable con ese tipo de vehículos (y últimamente aún más, dado el deterioro que han provocado las recientes lluvias). El circuito es poco recomendable en verano, no sólo por el calor de la zona y algunos tramos de pista a pleno sol, sino principalmente por la presencia en esa época de toros pastando en la alta planicie de  Terranyes.

El recorrido habitual se inicia en Arnes y es un largo paseo en automóvil por pistas estrechas, que tiene la ventaja de permitirnos hacernos una idea del valle del Algars, el río-frontera entre Cataluña (la Terra Alta) y Aragón (el Matarraña). Salimos del pueblo en dirección al Toll del Vidre, un soberbio rincón lleno de encanto donde el río forma una honda poza que se convierte en piscina para los caminantes en época veraniega. Poco después del Toll debemos dejar el coche y caminar por una pista en mal estado (para las cuatro ruedas). Pasaremos por el Mas de Damià que el Ayuntamiento de Arnes ha convertido en un excelente refugio libre. Media hora más de caminata y llegamos al bellísimo Mas del Pau. Hace años se podía llegar hasta el remozado edificio situado en un idílico rincón rodeado de montañas y bosques, pero las riadas del año 2000 destrozaron la pista en algunos tramos y se aconsejó prohibir el tránsito rodado (gracias a Dios). Unos 45 minutos de pista para llegar al Mas desde donde parte, encaramándose, el sendero señalizado que nos llevará al semiderruido mas de Llobero y desde allí al collado de Monfort y la Punta de la Miranda.

excursiones-4295.JPGEn esta ocasión, vamos a probar un camino distinto que nos llevará con el 4x4 directamente hasta el Collado de Miralles, situado entre el de Monfort y la Punta de la Miranda. Con esta opción nos ahorramos casi dos horas de pista y no nos perdemos ninguno de los panoramas arrebatadores que nos depara la altura sobre el valle del Algars y las planicies   formidables de Terranyes. Salimos del área recretaiva de La Franqueta a la que, como ya sabrán de sobras mis lectores habituales, se accede desde la pista de Los Ports que sale de las afueras de Horta de San Juan.

En La Franqueta tomamos la pista que lleva al Coll de Pellnegra, pasando por el desvío de la Cova de Picasso y al menos tres masías abandonadas. Una vez pasado el Coll bajamos hacia la font de Aixa y volvemos a subir hasta el Mas de Tou y enseguida el Coll de Miralles. La pista sigue hacia el Coll de Monfort que también tiene su sendero hacia la Miranda que se une al que seguiremos nosotros en el coll de la Ereta. En el de Miralles, junto a una balsa de incendios dejamos el coche y cogemos una senda señalizada hacia el sureste  que nos lleva hacia dos árboles singulares, protegidos, que son llamados "Lo Pimpoll" y "lo Pi Ramut". Se trata de dos pinos gigantescos de gran envergadura, cuyo tronco apenas pueden rodear dos personas adultas.

excursiones-4183.JPGSeguimos la senda que sube abruptamente hacia el coll del Ereta (dejamos a mano derecha el camino que viene de Monfort) y nos tropezamos con un tramo de camino de herradura que es un resto del que existía hace un siglo y que unía Arnes con las planicies de Terranyes, donde se cultivaban las famosas patatas de ese nombre. Volvemos a subir fuertemente hasta una bifurcación: dos caminos que llevan al mismlo lugar.

En el Collado de La Grassada encontramos un poste metálico indicador de la dirección del refugio de Terranyes. A partir de ese punto y tras atravesar un pequeño bosque de pinos vemos a nuestra izquierda la planicie de Terranyes, un extenso altiplano, que permite ver a nuestra izquierda, a lo lejos, la cima del Monte Caro con sus antenas. Dejamos a la izquierda el camino que lleva al refugio hacia el suroeste (podemos ver el pequeño edificio) y giramos hacia la derecha cresteando por uunas rocas calizas muy dentadas. En el collado podemos ver una pista secundaria al suroeste que nos lleva en ascenso por el centro de un bosque. Unos mintuos de agradable paseo y encontramos un sendero a la izquierda que nos levará hasta la Punta de la Miranda.

Desde ese punto privilegiado (1192m) vemos la enorme hondonada del Algars y el arriscado barranco de la Paridora en su cabecera. El valle del rio de Les Valls a continuación con la Sierra Ballestera que forma unos impresionantes muros de conglomerado. Desde nuestra cima se desprende una afilada cresta que se desliza aérea hasta un precipicio que cae vertical hacia el Algars.

En el camino de regreso podemos bajar hacia los Clots, el Coll dels Bots, dejar un sendero a la izquierda que nos llevaría con un par de puntos delicados, hasta el collado de Monfort. Una vez allí seguimos la pista hasta el coll de Miralles donde tenemos el coche  Otra opción es seguir el camino de subida hacia el Coll de la Ereta y subir a L'escala y bajar junto a los pinos singulares citados hacia el coll de Miralles donde espera el coche.

Entre  la excursión desde el Toll del Vidre (que nos llevará algo más de seis horas) y la del Coll de Miralles (apenas cuatro) podemos escoger con la seguridad de que ambas, con el mismo destino y el mismo recorrido desde un punto determinado, nos complaceran. Y mucho.

 

 

NO SE PIERDA

Los dos pinos monumentales cercanos al Coll de Miralles merecen una visita con niños y abuelos. Desde el Coll tendrá acceso fácil tras un agradable aunque algo empinado paseo hasta el lugar donde se alza primero el Pimpoll. Se trata de un "pinus Nigra" que tiene más de 500 años de edad, 31 m de altura y un  perímetro de tronco de 3,20m.. Un poco más arriba encontramos, junto a un tramo del antiguo camino de herradura, el Pi Ramut, que tiene 22 m de altura y 3,15 m de diametro. Los que sigan el camino de las pistas del Toll del Vidre, también tienen la posibilidad de ver rincones bellísimos sin esfuerzo. Así, además del Toll que merece una visita (y un baño) el paseo, no muy largo (dos horas de ida y vuelta a lo suma desde el coche hasta el final) nos llevará a ver el Mas de Damià, hoy refugio, y disfrutar de su bello entorno y sobre todo, el Mas de Pau, restaurado en un lugar de ensueño, a la sombra de un gigantesco roble y junto a una fuente. Los más decididos pueden echar un vistazo al Mas de Llosero, simplemente cruzando el rio y subiendo cinco minutos siguiendo las señales amarillas. Es éste un mas antiguo semiderruido (aunque he visto señales de restauración) que está situado en un paraje verdaderamente hermoso, entre montañas, bosques y el valle por donde baja el Algars.

 

DOCUMÉNTESE

Para hacer este recorrido doble aconsejo el magnífico (no me cansaré de repetirlo) libro de Jordi Bustos Bernús "Itinerarios por los puertos de Beceite" de Editorial Prames o el de Joan J.Tirón Ferré "Lo Port, 52 rutes de senderisme", editado por Piolet. Con cualquiera de estos libros y el mapa "Port d'Arnes" de Piolet a escala 1:15.000  no hay temor alguno de extravío, aunque no lleve brújula. Todo este material lo tienen a su disposición, como es habitual, en la Librería Serret de Vallderrobres y en librerias especializadas en montaña y senderismo.

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25 mayo 2013 6 25 /05 /mayo /2013 08:14

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No acaban de hacerle justicia a la magnífica y peculiar novela de Francis Scott Fitzgerald. Cinco versiones, cinco, de "El gran Gatsby" una obra icónica de la tópica "Gran novela americana" el sueño de realización literaria de todos los que escriben narrativa en el gran país americano del norte. La última que pude ver, la de 1974, dirigida por Jack Clayton e interpretada por un elegantísimo Robert Redford y Mia Farrow (mucho antes de casarse con el gran Woody), tuvo un enorme efecto de resonancia en la sociedad de aquellos lejanos años resucitando una "moda Gatsby" y provocando un "revival" de la música de los alocados años 20, principalmente del jazz. Recuerdo que en aquellos años me fastidió la manipulación que Clayton hacía de la novela, aunque en términos generales respetaba (como no podía ser menos) las líneas melodramáticas principales. La primera versión de la popular obra se hizo en 1926, un año después de publicarse la novela, fue dirigida por Warner Baxter, era muda y se ha perdido, excepto algunos fotogramas. La siguiente fue dirigida en 1949 por Elliot Nuggent, interpretada por Alan Ladd. La siguió la mencionada de Clayton y hace doce años, en 2001, se rodó una versión para televisión de la que no tengo noticia, hasta llegar a la actual.

La psicodélica versión de 2013 la dirige Baz Luhrmann, responsable de éxitos de taquilla (y alguno de crítica) como la versión de "Romeo y Julieta, de Skhakespeare" de 1996 protagonizada por un jovencísimo Leonardo di Carpio, "Australia" y "Moulin Rouge" (un asombroso musical sobre el famoso teatro de variedades parisino, trufado con canciones de los Beatles, Madonna, Nirvana y Queen).

Vuelve Leonardo di Caprio a ponerse a las órdenes de Baz y lo hace con esa gran calidad interpretativa que suele derrochar este actor de rostro aniñado y magnetismo y fuerza inesperadas. Él es el gran Gatsby y logra adueñarse de la pantalla desde su tardía aparición hasta el final. La versión sigue más o menos fielmente la novela, aunque se inventa la trasposición Nick Carraway (un ajustado Tobey Maguire, siempre eficaz en sus papeles de hombre sencillo, honesto y curioso) el narrador de lo que ocurre, con el supuesto autor de la novela, con una innecesari fórmula de confesión ante un psicoanalista como guión de la trama. Algunos cambios menores en el argumento ( en la película, Nick confiesa su admiración por Gatsby desde el principio, en la novela la cosa es distinta y más compleja) y desaparición de personajes secundarios (como el padre de Gatsby) no afectan esa linea de respeto que apuntábamos.

El problema viene del exceso de secuencias e imágenes del circo social desenfrenado y enloquecido que monta el director para contarnos las descocadas fiestas que Gatsby monta en su mansión y el clima de derroche, corrupción, adulterios, lucha social y pura superviviencia amoral que es propio de aquéllos años veinte en los que como decía Gertrude Stein "América había pasado de la barbarie a la decadencia sin conocer la civilización". Demasiada filigrana visual que recuerda los picados increíbles de cámara de "Moulin Rouge" y una fantasmagórica Nueva York entrevista por virtualidades de ordenador, unidos a la terrible miseria gris de los barrios pobres, presididos por un par de ojos de un gigantesco anuncio de una óptica, que uno de los personajes de la película llama "los ojos de Dios".

Luzhrmann nos muestra la desvergonzada ascensión de una forma de vida plena de superficialidad y apariencias que en unos pocos años terminaría en el estallido terrible del crack de 1929. Pero lo hace fiándose más de la imagen que del mensaje, de la desmesura de las fiestas, el vestuario y los ambientes que del profundo sinsentido de una forma de vida opulenta a espaldas de una creciente sociedad de la miseria. Rozando lo grotesco, se nos propone una visión exaltada de aquellos hombres y mujeres pero se nos hurta lo que el novelista sí hace, magistralmente, en su obra: mostrarnos la inercia moral, el vacío existencial, la desorientación anímica de unos personajes entre los que solo se salva la inocencia sentimental y emocional de Gatsby, que suena a algo abrumador y absurdo. Es como el Heathclift de "Cumbres borrascosas", menos violento pero igualmente obsesionado hasta la muerte.

Y además está otro exceso, el de la duración. Dos horas y media de opereta ruidosa, de melodrama un poco desfasado y anacrónico, no se pueden sustentar sólo en las buenas interpretaciones de Tobey y Leonardo y el resto del elenco, incluida la bella y lánguida Carey Mulligan y el austero Joel Edgerton.

Por esta razón, la brillante inanidad de esta película, les recomiendo en esta misma página, la novela en que se basa. Después de ir al cine, dénse el placer de leerla. La cosa mejora sustancialmente.

 

 

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23 mayo 2013 4 23 /05 /mayo /2013 07:55

 

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"Gatsby creía en el...orgiástico futuro que año tras año retrocede ante nosotros. Se nos escapa en el momento presente, pero !qué importa!: mañana correremos más deprisa, nuestros brazos extendidos llegarán más lejos...Y así seguimos adelante, botes (bogando, dicen otros traductores) contra la corriente, empujados sin descanso hacia el pasado". De esta forma magistral acaba su novela "El gran Gatsby" el escritor Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) que murió prematuramente, seguramente dañado por los excesos en los que convirtió su vida. Mi amigo, el librero Serret me ha puesto una nueva edición de la imperecedera novela en las manos: "A los que vean la película les puede interesar". 

 Y es que Fitzgerald nos contó de una bella e inolvidable manera la historia de un amor imposible, una romántica y azarosa narración en la que un hombre misterioso y equívoco que nada en dinero y tiene un origen oscuro (que conoceremos conforme vamos adelantando en la lectura) vive únicamente en función de un sueño obsesivo por una mujer de una clase social superior, inalcanzable cuando la conoció. Es la historia de "Cumbres borrascosas" que nos contó Emily Bronte menos de un siglo antes de que se publicara "El Gran Gatsby". Heathcliff es Gatsby. Pero el segundo es aún más romántico que el primero, aunque los dos amen tan salvajemente que morirán por ello.

El gran hallazgo de Fitzgerald es Nick Carraway, el joven narrador de la historia de Gatsby que abarca cronológicamente un sólo verano pero se extiende a través de los comentarios y las confesiones desde la infancia hasta el momento presente en la novela, los años 20 en Nueva York. Nick vive en una humilde casucha junto al palacio de Gatsby y nada hubiera ocurrido si no se diera la coincidencia de que una prima lejana de Nick, Daisy, es la amada secreta y eterna de Gatsby, que monta un inmenso carnaval de fiestas abiertas a todo el mundo en su propia casa (escogida por estar justamente enfrente de la mansión del marido de Daisy, al otro lado de la bahía) sólo con la oculta esperanza de que ella acabe apareciendo algún día por allí, atraida por la fama social desmesurada de las orgiásticas fiestas. Así que la casual presencia de Nick como vecino convierte a éste en un ser excepcional y Gatsby posee todas las cualidades para fascinar al joven y humilde Nick que se gana la vida vendiendo bonos a pesar de ser de una familia acomodada. Como nos cuenta Nick, Gatsby poseía "una de esas raras sonrisas con inagotable capacidad para tranquilizar que solo se encuentran cuatro cinco veces en toda una vida", aunque tenía "una forma de hablar que aunque era esmeradamente cortés, bordeaba lo absurdo"..."tenía yo una clara conciencia de que iba ecogiendo las palabras con mucho cuidado". (pág. 67). Doble mensaje: encantador pero posiblemente fraudulento.

Fitzgerald nos mete en situación de una forma elegante y magnífica, su bellísimo estilo, lleno de observaciones inteligentes y críticamente duras, parece conmoverse ante la inconsciente doblez misteriosa que presenta el brillante Gatsby y hasta Nick que desconfía de él y no cree ni una palabra de las grandezas del pasado que Gatsby le cuenta pero tampoco los infundios que se extienden sobre el origen de su fortuna, acaba rindiéndose ante el desvalido encanto de ese hombre. Un tipo algo ingenuo sentimentalmente que ha dedicado su vida al sueño de amor por una mujer que, en realidad, está muy por debajo de la imagen que él ha alimentado durante cinco años de ausencia.

Una de las razones del exito impresionante de "El Gran Gatsby" radica en el carácter de paradigma de ese personaje, un hombre nacido de la nada y la miseria que se hace a sí mismo (esbozo clave del llamado "sueño americano"), consigue una gran fortuna y la pone a los pies de la mujer que ama para terminar siendo despreciado y pagar con su vida (debido a una concatenación de hechos dramáticos y casuales y a la falta de  escrúpulos de los poderosos que rodean como aves de presa al joven advenedizo de riqueza sospechosa). Gatsby acabará muriendo asesinado por el marido de la amante del detestableTom Buchanan, que es el esposo de Daisy, que ha convencido al asesino que Gatsby es el hombre que mató a su mujer en un accidente de coche. Horas antes, Nick, que ya está al tanto de todo, le confiesa a su amigo "Son mala gente...vale mas usted que todos ellos juntos".

El ascenso y caída de Gatsby fue un certero reflejo literario del hundimiento de una forma alegre, desconsiderada y falaz de vivir, sobre todo en las clases altas norteamericanas de la década de los veinte y del afán de acceder a ese supuesto paraíso de toda una población pobre que creía en el "sueño americano". Pero la genialidad de Firtzgerald no nos empalaga con esos oropeles sino que nos presenta al mismo tiempo la siniestra zona industrial entre Nueva York y Long Island, una faja gris, cenicienta y árida, en la que reinan los gigantescos ojos de una valla publicitaria de un oculista de la ciudad. Es el adecuado contrapeso al brillo enloquecedor de las fiestas de Gatsby y la placentera, inmoral y ridícula forma de vida de la clase alta. Toda la decadencia del mundo que rodea a Gatsby no esconde una dureza implacable, la violencia y el engaño, detrás del escenario brillante. y en este mundo, concluye Fitzgerald y la novela, nadie está seguro y hasta el más inocente paga por algo que no ha hecho.

Este gran novelista, siempre a la sombra de Faulkner y Hemingway, comparte con el primero su amor por el lenguaje y la exactitud narrativa y con el segundo la fuerza de los personajes y el talante derrotista que los convierte en marionetas de sus deseos o del destino aciago. Y con los dos, la tendencia a reflejar cuestiones y aspectos personales en sus novelas. Dicen que Fitzgerald noveló con destreza los frecuentes problemas que tenía con su esposa Zelda, también escritora y pintora, reflejandose ora en Tom, ora en Nick y haciendo de Zelda una Daisy caprichosa, mentirosa e infiel. Como él mismo dijo: "A veces no se si Zelda es un personaje que yo mismo he creado". Ambos alcohólicos y promiscuos, Zelda  pagó con su salud mental y Firgerald con el ostracismo y la soledad. Murió el 21 de diciembre de 1940 por oclusión coronaria (aunque estaba prácticamente destruido por el alcohol). Pero su obra prevalecerá.

 

FICHA

EL GRAN GATSBY.-Francis Scott Fitzgerald.- Ed. Alfaguara. Traducción de José Luis López Muñoz.-226 págs. 17,50 euros

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22 mayo 2013 3 22 /05 /mayo /2013 09:19

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Excelente melodrama costumbrista de la danesa Susanne Bier donde destaca la fina mirada de esta realizadora que gustó al mundo con su  "En un mundo mejor" (oscar 2011 a la mejor pelicula extranjera), que ya hemos comentado en estas páginas y que narraba el drama interior de una familia danesa desestructurada por la muerte de la madre, con un padre médico en una ONG africana y los problemas de éste con su hijo adolescente en Copenhague y el desequilibrio emocional del chico en el ambiente conflictivo del colegio. Aqui se planteaban temas de hondo calado como el verdadero valor, la violencia, la capacidad de empatizar, la atroz posibilidad cotidiana del terrorismo, la inocencia y el desencanto de la madurez.

En "Amor es todo lo que necesitas" (un título innecesariamente tópico que  resta fuerza a las previsiones sobre la película) la Bier juega con cartas seguras y no sólo en el aspecto tematico: las relaciones matrimoniales fallidas por una u otra causa, los corazones rotos con dífícil solución, el cáncer como reto de superación personal y los tópicos de las bodas como evento social y revolución personal (con tomas de posición vitales inesperadas  que fuerzan elecciones precisas y poco cómodas, pero necesarias y valientes).

Podríamos definir  de "tierno y empático " el carácter de la mirada de esta directora hacia sus intérpretes principales, tres parejas en diferentes momentos de su trayectoria, los jóvenes novios, los padres de ella  y el padre de él, Philip, un ingles resabiado interpretado con su habitual contención por el ex James Bond, Pierce Brosnan (que en todo momento parece remitir a un papel extrañamente semejante en " Mamma mía, la película", cinta delirante con más elementos de comedia loca que la que comentamos, mucho más ácida y melodramática).

La escritura argumental es clara y decidida desde el principio cuando vemos en e, jhogar danés de los padres de la novia, la infidelidad del marido a su esposa, Ida, que acaba de terminar el tratamiento de un cáncer de mama que ha obligado a una mastectomía) y el arrojo personal y carácter positivo que ésta muestra en todo momento. Inmediatamente, en el aeropuerto para coger el vuelo a Italia, se produce el choque casual (y no es un término inadecuado) entre Ida y Philip, que comienzan con mal pie la  relación a pesar de descubrir que son los padres de los novios, que se casan en Italia donde Philip posee una hermosa finca. A partir de ahí asistimos a los preparativos de la boda, en la que aparece el marido de Ida con una joven que no deja de proclamar que es la prometida del padre de la novia. Con este desabarajuste casi vodevilesco la película entra en un terreno costumbrista crítico y bastante duro: descubrimos todas las miserias que flotan y se entrecruzan entre los asistentes principales, pero al mismo tiempo va despejándose la relación entre Ida y Philipp, ya que ambos descubren el otro aspectos de humanidad, empatía, fuerza y honestidad, alegría y humor que no sospechaban.

Un exceso de postales, puestas de sol, calas maravillosas, rincones llenos de encanto, frivolizan demasiado el tono dramático de los críticos momentos que nos narran (que no vamos a contar para dejar que el factor sorpresa no deje de existir) en los que hay estampas amargas y momentos patéticos, agresividades verbales y secuencias que rozan lo patético o el ridículo. Pero todo ello muestra sin ambages la dureza del drama familiar que se vive en el idílico lugar y la frescura espontánea y amable del amor que está naciendo en dos personas devastadas emocionaomente pero con maneras distintas de afrontarlo.

Tópicos arquetípicos en la narración, como la cuñada grosera, mal educada y pesadísima o el joven "amor" del maduro marido de Ida, una joven toda inconsistencia, frivolidad y vulgaridad a tope, acompañados de elementos de relleno como el hijo militar de Ida o la hija paranoica de la cuñada de Philip. 

Pierce me convencía más como James Bond o en la citada "Mamma mía" y quizá lo que me parece prematura y mal explicada sea su evolución de mísántropo despótico y antipático a amante virtuoso (mientras que el marido de Ida, su rival, es auténtico en su vulgaridad). Quizá la mejor baza de Susanne Bier sea la protagonsita elegida. Trine Dyrholm es un prodigio de sencillez, frescura, humor y fuerza interior (que parece desbordar en la ingenua mirada de sus grandes ojos azules). Me ha parecido una interpretación modélica que desde el principio logran meterse al espectador en el bolsillo y llena de humanidad y emoción todas las secuencias donde interviene, merendándose sin problemas la carismática presencia de Brosnan y de cualquier otro que se  pone junto a ella.

Hay tanta ternura en Trine Dyrholm (y en su directota por supuesto) que la película se convierte en un paradigma gozoso de cine realizado e interpretado por mujeres. La película deja un regusto amable en la boca y en el espírtu. Y eso es algo que difícilmente nos suele proporcionar el cine actual. Por tanto, bienvenida esta película .Y no se la pierdan.

 

 

 

 

 

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20 mayo 2013 1 20 /05 /mayo /2013 07:28

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El director de "Tierra prometida", Gus Van Sant, tiene calidad intrínseca, nervio narrativo y conocimiento profundo del cine, acierte o no acierte en sus propuestas. En esta película se apoya en el cada vez más sólido bagaje interpretativo, escueto y austero en su gestualidad, de Matt Damon, un todoterreno que ya ha demostrado que es muy capaz de hacer cine de calidad intelectual y ética enfundado en su sólido cuerpo del incombustible agente Bourne. Aquí, Matt transita por los difíciles y emocionales caminos de un Frank Capra, encarnando un personaje de una bondad visible y sincera, una especie de referencia a las películas memorables de ese director, como "Qué bello es vivir", "Caballero sin espada", "Horizontes perdidos" "Juan Nadie" o "Vive como quieras". Cuestiones éticas servidas generalmente con humor y una fina ironía y siempre con el drama enroscado en la vida de sus personajes, como otro clásico, King Vidor, en "Y el mundo marcha".

Como en Capra y Vidor estamos ante un personaje íntegro que roza el mal y cambia para superarse a sí mismos dentro de la fragilidad de la condición humana, servido el mensaje casi siempre optimista con una perfección narrativa considerable y una calidad técnica sin mácula. La historia es un ataque, no demasiado vitriólico, contra el mundo de las grandes corporaciones, multinacionales y holdings que juegan con el poder financiero haciendo gala de una ausencia de ética proverbial e indignante. El provecho propio es lo primero y la vida y hacienda de los ciudadanos, sómo material de especulación sin límites. Aquí nos llevan a un mundo rural, un pueblo, que será la víctima propiciatoria de una gran empresa petrolera que desea esquilmar sus tierras en pro de un supuesto futuro mejor y en realidad de una ruina ecológica bastante probable. Aquí el héroe está alienado con los "malos" pero vendrá el momento clave en que cambia su visión de las cosas y debe tomar partido. Y lo hace por el bien aunque ello le cueste su cargo y su seguridad profesional.

Dos actores de primera, Matt Damon y Frances Mc Dormand, forman el equipo de comerciales que debe "conquistar" las tierras del pueblo para su empresa a través de la embaucación del dólar fácil. John Krasinski hace el papel del ecologista joven que quiere frenar a la petrolera con medios tan poco éticos como los empleados por ésta. Este joven actor y Damon firman el guión de la película (sobre una novela de Dave Eggers), que reserva una sorpresa en su desarrollo que será la causa del cambio en la conciencia del héroe. Bien arropados por secundarios excelentes como Hal Holbrook (soberbia la  secuencia del alegato del viejo profesor ante el pueblo reunido para escuchar las promesas vacuas de Matt) o Rosemarie De Witt, la película que no deja de tener unas estructura de telefilme pero alza el vuelo gracias al director, para convertirse en mucho más que una cinta para ver en el sofá ante el televisor. De todos los actores, un poco por encima del mismisimo Matt, sorprende una vez más la apabullante naturalidad y encanto de Frances McDormand. Pelicula apreciable, por encima de la media.   

 

 

 

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18 mayo 2013 6 18 /05 /mayo /2013 08:00

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    Hay que saludar la llegada a nuestras librerías de un escritor de raza. Pablo Martin Sánchez lo es, con su desparpajo, sus voluntarios desaliños y su audacia. Es un joven treintañero con experiencia en el mundo editorial y estudios humanísticos y de literatura, cosa que se percibe en su dominio del estilo y en la naturalidad llena de seguridad y goce con la que se dirige al lector y expone sus cartas. Con "El anarquista que se llamaba como yo", primera novela, Pablo Martin me ha hecho disfrutar de la lectura, desde el prólogo donde nos cuenta de qué manera supo de la existencia de un personaje real que se llamaba exactamente como él, nombre y apellidos, sin formar parte de su familia y además, dotado de una historia personal apuntalada en una convulsa época de la historia de este país. Vemos secuencias de la vida de este país de finales del siglo XIX a principios del XX. Pero no es un libro de historia. Hay un fondo sumamente literario en este libro que parece rezumar ecos de estilos y presencias que van desde Pio Baroja (una de cuyas novelas "La familia de Errotacho" ya había narrado los sucesos de 1924), Galdós, Blasco Ibáñez y Unamuno a Ortega (los tres últimos convertidos en personajes circunstanciales de la novela).
El narrador omnisciente que va contándonos la historia tiene referencias de estilo de la gente del 98 y como en aquellas novelas inolvidables se reproduce el encanto de una voz inteligente, osada, divertida, irónica y un poco ingenua que se salta a la torera las limitaciones ortodoxas y entabla razonamientos, juicios o advertencias con su protagonista, se ensarza en comentarios al lector o nos advierte de que las cosas van a empeorar o que los cambios estan a punto de sobrevenir, sin que en ningun momento uno se resienta del artificio. Pablo logra crear una complicidad con el lector que nunca es desde el lugar prepotente del que sabe más, sino del que comparte contigo amistosamente de igual a igual sus emociones ante lo que sucede.-
Como él mismo escribe en su epílogo: "Yo me daré por satisfecho, paciente lector, si he logrado traerte hasta la última pagina y has disfrutado del paseo, pues escribir no es sino salir a dar una vuelta con alguien que aun no se conoce" (pág.609). A fe mía que lo consigue.
Y menudo paseo nos propone Pablo Martín.  Realiza un ejercicio de ilusionista avezado. Amparado en un trabajo de documentación realmente riguroso, el autor nos mete en el mundo del protagonista, Pablo Martin Sánchez, desde su nacimiento a finales del XIX, hasta su niñez, su juventud, su amor por Ángela, una mujer  que le será prohibida, a la que conoce siendo niña (una historia complementaria de aire folletinesco que encanta por su ingenuidad y su pasión), su trabajo como cajista, sus amigos, sus contactos con el pujante anarquismo de los primeros años del siglo XX, en  una convulsa  y mísera España regida por un rey Alfonso XIII y los abusos de una clase politica corrupta y aliada a una Iglesia y un poder rural a la misma altura...un escenario cambiante que nos lleva a la Barcelona de la semana Tragica, al Madrid chulesco y desesperado del atentado de Mateo Morral contra la pareja real el dia de sus esponsales, a la preparación en Paris de la  fracasada rebelión anarquista y de los grupos de izquierda contra la dictadura de Primo de Rivera. Todo presentado con un enorme esfuerzo documental que da sosten real a los personajes y a la trama.
Pero no se crean que estamos hablando de una ficción histórica al uso. Pablo Martin pulveriza la estructura del género. Crea ficción sobre un entramado  real y muchas veces documental. Los nombres de los personajes implicados en la intentona son reales (como lo es el del protagonista) y muchos de los sucesos personales entreverados con los históricos, también lo son. A esta compleja urdimbre de realidad y ficción, el autor tiene el acierto de incluir eventos personales del protagonista que dan medida de la época que se nos trata de describir. Y así vemos como en los dos viales de la narración que constituyen la historia, el del pasado de Pablo y el de su presente aciago donde formará parte casi sin quererlo en la intentona anarquista que le llevará a la muerte (o no, esa es la carta oculta jugada por el autor), va incluyendo, por ejemplo, la aparición del cine en la vida social madrileña (Pablo logra ver una proyección de las primeras peliculas comercializadas por los Lumiere) o el dramático episodio del duelo --amañado por su rival-- a causa  de la oposición del padre de Ángela a esa relación.
Novela extensa (más de 600 páginas) que se lee sin esfuerzo, con placer y diversión y que acaba con una "adenda" donde el autor pone la guinda al enorme pastel que nos ha ofrecido, cuestionando de una manera elegante todo el planteamiento historia-ficción, realidad-imaginación, que constituye el entramado de la novela.
Sinceramente, no dejen de leerla, pasarán un buen rato.
 
FICHA
EL ANARQUISTA QUE SE LLAMABA COMO YO.-Pablo Martín Sánchez.- Editorial Acantilado.614 págs. 

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17 mayo 2013 5 17 /05 /mayo /2013 14:42

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Película palomitera a tope. Prácticamente una copia de la serie de "La jungla de cristal" (cinco peliculas hasta el momento) que protagoniza Bruce Willis como el incombustible inspector John Mc Clane, sólo que cambiando los rehenes de una empresa japonesa, o de un avión en vuelo, una serie de bombas en Nueva York o un atentado al sistema informático mundial por un ataque terrorista norcoreano a la Casa Blanca y el presidente de los Estados Unidos, Aaron Eckhart, como rehenes masacrados (excepto el presidente, claro está) y la paz mundial en peligro de colapso sangriento. En este caso McLane toma el rostro de un agente del Servicio Secreto norteamericano (en el pasado de la escolta presidencial y separado de ese servicio), Gerard Butler, que, como Clint Eastwood en "En la linea de fuego" arrastra un injusta culpabilidad por haber perdido a la primera dama en un accidente (intento de dotar al plano personaje invicto del agente de una psicología más compleja).

Nuevamente el héroe solitario capaz de desbaratar las maquinaciones de un grupo violento y bien preparado dentro de la Casa Blanca, salavr al hijo del presidente y luego al augusto padre del niño, con un poco de efusión de sangre sin gravedad en éste héroe habitual. ¿Poco verosímil? Qué mas da. El cine palomitero norteamericano nos ha proporcionado mil y un ejemplos de ese tipo de héroe (desde el Gary Cooper de "Solo ante el peligro") que sufre y combate de manera prodigiosa y logra vencerlos a todos y desbaratar la destrucción del país y la paz del mundo libre

El director, Antoni Fuqua, hace posible, con gran despliegue de medios y una realización impecable, una dinámica de acción vertiginosa y numerosas secuencias de destrucción, muertes y acción disparatada, un tebeo de máxima intensidad que se ve con agrado (al que le gusten estas cintas) y un estado de suspensión del sentido común y la lógica realista para que el espectador derroche adrenalina en pequeñas dosis y se una a los aplausos que, inveteradamente, saludan el final. Sin  que falte como guinda el discurso presidencial de rigor y la modesta sonrisa magullada del héroe (aquí muy poco magullado).

Este turbulento disparate, bien filmado y atronador, sumamente ingenuo y patriotero elemental, como en los buenos tiempos de la serie B, que tanto ha alegrado las tardes de domingo a los amantes del género, resucita el temor a la insania comunista (esta vez, Corea del norte) como en los fatigosos tiempos de la guerra fría.

Diversión a tope con muchos decibelios y una producción artística impecable. al servicio de un plantel de buenos actores (quizá el protagonista, Butler, sea el menos convincente) como Aaron Eckarth, un anciano Morgan Freeman siempre seguro en sus papeles, Rahda Mitchell, Angela Basset, Melissa Leo y Ashley Judd, tratando de hacernos creer que se toman en serio sus personajes estereotipados, dentro de la espectacular fiesta de fuegos artificales y panfletos militaristas y patrioteros que se nos sirve sin un ápice de humor o ironía.

A pesar de eso, entretenimiento de buena calidad cinematográfica y emociones a flor de piel. Tras los atentados de setiembre de 2001 la capacidad de los guionistas para imitar a la realidad se ha multiplicado por diez. Y eso es un "regalo" de nuestra deslabazada época. Ya no nos suena a disparate total y peliculero. Puede ocurrir y eso resta un poco de diversión a un espectador sensible a los males de nuestroi tiempo y a la trágica posibilidad de invención destructiva del terrorismo. Hay una extrema  y muy alejada posibilidad de que pueda ocurrir algo parecido a lo que nos cuentan y eso asusta un poco y da a las imágenes de "Objetivo la Casa Blanca" una pátina de verosimilitud adonde hasta hace  doce años sólo cabía el alejamiento de los imposible. Y, eso sí, el villano, Rick Yune, hace asoombrosamnte bien su odioso papel, aunque nos choca un poco la rapida y previsible manera de llegar a su esperado final.

 

 

 

 

 

 

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15 mayo 2013 3 15 /05 /mayo /2013 07:09

f4.jpgInteresante y algo delicado circuito que adolece de dos o tres pasos aéreos y de grimpada en roca que resultan desaconsejables para personas con vértigo, pero divertidísimo para montañeros medianamente entrenados y habituados a subidas algo expuestas. Me refiero al macizo de L'Ardenya en plena Costa Brava, en el Baix Empordà. Por tanto no nos enfrentamos a grandes alturas (el Montclar sube a 417) pero partimos desde nivel del mar y las laderas suelen ser abruptas y ascienden empinadamente.

Se trata de un conjunto de cúpulas graníticas de una altura imponente que parecen surgir de entre la masa forestal. Salimos del Mas de Can Llauradó, junto al golf de Solius (municipio de Santa Cristina de Aro). En total se trata de una excursión corta de unas tres o cuatro horas (según paradas) que requiere un esfuerzo entre medio y alto debido a las grimpadas por los castillos rocosos que hemos de escalar (excursión de unos 9 kms en total), sumando un desnivel de 630 m. El itinerario está bien señalizado y sigue el PR-C 102 y senderos locales al descenso. Los pasos difíciles están acompañados de cuerdas fijas, cadenas y grapas de hierro clavadas en la roca para ayudarmos a superarlos con seguridad.

En Can Llauradó hay un letrero indicativo con un mapa y es donde se bifurca el famoso GR-92 y el PR-C 102 (marcas blancas y amarillas) que es el que debemos seguir en dirección al Montclar y los Carcaixells. Al principio es una pista amplia (en estos días, inundada en muchos puntos debido a las lluvias de abril). Pasamos campos de cultivo y muy pronto entramos en el bosque de grandes pinos y eucaliptos, que ya no abandonaremos.

Nos encontramos con el Menhir de Can Llauradó, que dejamos a la izquierda y seguimos por el PR. Este monumento troglodítico es un menhir antropomorfo de granito de 2,18m de alto y medio metro de grosor, datado entre el 3000 y el 2500 aC. A continuación pasamos varios cruces con pistas y caminos que dejamos sin perder de vista las señales del PR. Nos encontramos con la riera de Panyella que cruzamos por jun pequeño puente de madera (el pas de Miloca). A partir de ese cruce empieza una fuerte subida por un sendero estrecho bajo un bosque de encinas que escala hacia una roca desnuda en cuya cima hay una capilla instalada por un club de montaña, dedicada a sant Francesc. Aquí comienza la escalada de los Carcaixells, pero antes nos regala una vista hermosa sobre el valle de Ridaura hasta el mar y el caserío de Sta. Cristina,  de un blanco deslumbrante bajo el sol, al fondo. Seguimos y comenzamos a subir las paredes de granito ayudándonos con cadenas y algunas cuerdas en lugares estratégicos. Las señales son ahora blancas y verdes (sendero local).

Tras varias subidas y bajadas, siempre ayudados por instalaciones de paso (una manera fácil de iniciarse en el paso de vías ferratas), llegamos al Pas de Aritjols, donde nos encontramos con un puente colgante que une dos rocas separadas por una garganta  o hendidura de unos veinte m de caída. El puente no presenta ninguna dificultad, está bien anclado y tiene unos cables pasamanos y una oscilación pequeña. Hemos de volver a subir hasta la carena de las rocas, con frecuentes altibajos. Seguimos, buscando una fuerte bajada a la derecha, protegida con una cuerda para ayudarte a desgrimpar y llegar al paso de la Canaleta. Vamos alternado alcornoques, madroños, brezos y enebros. Allí hay un cruce de tres caminos. Al bajar del Montclar debemos volver a este punto para dirigirnos a los Carcaixells inferiores y la Roca Rodona d'en Cama, a no ser que dedidamos bajar por la pista que, dando una vuelta generosa, nos llevará de nuevo a la riera de Panyella. Continuamos por la derecha hasta desembocar en una pista forestal junto a  una torre metálica. Hay que seguir la pista, con una fuerte subida, hasta llegar al collet del Montclar, un calvero con encrucijadas. Desde allí seguimos el camino hacia el norte, subiendo entre roquedales  hasta una grupa, la antecima, que nos lleva a la cima principal (417m).

El Puig Montclar está coronado por un túmulo de piedras y un mástil en el que ondea una senyera. Es la segunda cima del mazico de L'Ardenya. Allí mismo, un poco más abajo, hay una pequeña capilla dedicada a Sant Bernat Menthon que, al parecer, es el patrón protector de senderistas y montañeros excursionistas. Tiene una magnifica vista panorámica sobre todo el Espai Natural de Cadiretes-Ardenya. Al norte tenemos las Gavarres, el vall de Aro y el rio Ridaura, al sur nos brinda un paisaje de bosques y algunas masías hasta el azul del mar.

Desde la cima podemos seguir alguna de las dos opciones de bajada. Si escogemos el Coll de Ceps llegaremos a la Plana Basarda (donde se encuentra  Thueda, el poblado ibérico, oculto en la espesura) y conectaremos con el GR92 y bajando por el tupido boscaje alcanzamos Can Llauradó. Después es aconsejable llegarnos a Solius, un pueblo con una venerable antiguedad de once siglos y una fama de lugar de leyendas oscuras. En las cercanías se conservan vestigios del castillo de Solius (con tradición de burjería medieval) y la iglesia de Santa Agnés de Solius. Cerca del castillo de Solius se encuentra la Cueva de los Moros.

 

NO SE PIERDA

El derruido castell de Solius, al que llegamos desde el pueblo (está a unos quince minutos de camino) está documentado en el siglo XV, aunque se alza sobre restos de otras fortalezas de los siglos XII y XIII. Resulta un rincón misterioso y singular, ya que vemos los restos de los muros entre el follaje y los árboles que lo ocultan. Un sendero estrecho entre la vegetación nos lleva a la puerta de entrada que se abre en el centro de una pared fortificada que es lo mejor conservado del lugar. Subimos unas escaleras talladas en la roca hasta llegar a una cisterna medio tapada por un espeso follaje. Según la tradición, ese lugar parece haber vivido antiguos episodios de sitios y defensas muy violentos.

Tampoco pueden dejar de visitar el monasterio cisterciense de Santa María de Solius, fundado por cuatro monjes de Poblet en 1967. Forma parte de la Congregación Cirtenciense de Aragón (fundada en 1616), formada por Poblet, Vallbona de les Monjes, Casbas (Huesca), Cadins y Valldonzella (Barcelona). Su esbelto campanario es visible desde todo el valle y fue construido en el siglo XVIII sobre una iglesia románica del siglo X. Además de pasear por la iglesia (de 1773)  y los jardines, recomiendo visitar una colección de dioramas de pesebres realizados por el monje Gilbert Galcerán, un verdadero artista.

 

DOCUMENTACIÓN

Recomiendo la Guía Alpina dedicada a la Costa Brava, a Les gavarres y L'Ardenya y el libro "A peu pel Baix Empordà", "20 itineraris de senderismo entre garbí y tramuntana", editado por Cossetania Edicions y firmado por Daniel Punseti Puig y Daniel Sabater i Serà. Son volúmenes fáciles de encontrar en librerías especializadas y los lectores de esta zona en la librería Serret de Valderrobres..

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12 mayo 2013 7 12 /05 /mayo /2013 23:00

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Oscar Aibar es un director español de la nueva hornada, de esa que va buscando un lugar bajo el sol en un escenario practicamente dominado por el cine francés, italiano, alemán y, por supuesto, americano. Le hemos visto "Atolladero", "Platillos volantes" y "El gran Vázquez" un descacharrante "biopic" del dibujante de cómics "By Vázquez", retrato de una época y unos usos editoriales (la añorada Bruguera) que bordaba con su habitual desparpajo Santiago Segura. Todas ellas, propuestas realizadas con ambición e imaginación y con escasos medios.

Con "El bosque", basada en un relato de Alberto Sánchez Piñol, la idea motriz es interesante pero la realización, sobre todo al final deja mucho que desear, provocando involuntariamente que el espectador, por poco critico que sea, reaccione con risas o con rechazo a unas secuencias que pretenden todo lo contrario. Como cinta de género (lo fantástico tiene buena salud en este país), la película tiene un valor innegable: mezclar ese género de lo asombroso con un tiempo, la guerra civil en un pueblo catalán, pero inclinando la balanza contra --y eso es una novedad-- un sector de la izquierda republicana y dando una visión interesante y original de las brigadas internacionales. Se establece así una dicotomía algo artificial cuyo equilibro no se consigue en ningún momento: la historia de los habitantes de la masía y los del pueblo durante la hegemonía de la izquierda y la llegada de los nacionales y, como un pegote que no logra incrustarse en la narración, el fenómeno del acceso a otra realidad a través de las luces giratorias que aparecen en un bosquecillo diminuto en fechas muy señaladas ("Por San Lorenzo y San Blas de casa no saldrás"). Casi podriamos hablar de dos peliculas distintas y ni que decir tiene que es la primera la que nos interesa más. Además, la fantástica ofrece un final que roza el ridículo.

Es, resumiendo, un intento de crear algo parecido a "El laberinto del fauno", también con un "malo" tópico, en ésta un capitán sádico franquista y en la que nos ocupa, un jefecillo republicano supuestamente anarquista (un Pere Ponce muy seguro en su cabreado papel), mezquino, traidor y enamorado de la protagonista (una contenida y bella María Molins). Alex Brendemühl hace de masovero abducido y  el inglés Tom Sizemore creíble brigadista internacional.

A pesar de lo escrito y salvando ese final arriesgado --casi suicida-- la película de Aibar se ve con cariño y se aprecia sin duda el buen hacer técnico y la tensión mantenida por el director en una película fallida pero atractiva...

 

 

 

 

 

 

 

 

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