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12 febrero 2013 2 12 /02 /febrero /2013 08:42

Uno de los caminos tradicionales más interesantes de esta bellísima zona del Matarraña y los Puertos es el que une el final de La Pesquera, en el río Ulldemó, pasando por Mas Gantxo y uniéndose al GR-8 en los altos de la Portella del Perot (1179m) y el barranco de las Marrades hasta llegar a medio camino de la pista asfaltada que lleva desde Beceite hasta el largo cañón, piedra y agua, que ha labrado el Mataraña en el Parrisal. Para quien no conozca esta zona privilegiada en belleza y soledades, se trata de un recorrido magnífico y sugestivo pues permite disfrutar de la zona de baños del Ulldemó en La Pataquera y después de más de tres horas de subidas y bajadas de gran desnivel (de 400 a 500 m), terminar la jornada con las sorpresas estéticas que esconde la garganta excavada por el Matarraña, con sus bellísimas pozas y pasarelas de madera fijadas a la roca sobre el agua esmeralda, sus pináculos surrealistas de roca y sus profundas cuevas y baumas. ¿Epocas preferibles?: primavera y otoño. En verano hay demasiada gente y en invierno hay que estar atentos a la meteorología. Es zona de vientos duros y de considerable frío. Dado que esta excursión no es circular, hay que acordar el uso de dos vehículos. Uno se deja en La Pataquera, el final del recorrido de la pista de Las Pesqueras, y el otro en la pista del Parrisal, ambas con origen en Beceite.

Empezamos la excursión en la pista asfaltada que va desde Beceite a El Parrisal (aunque podemos hacer el recorrido al revés y comenzar en el GR8 del Parrisal). Vamos paralelos al río, pasamos el recodo cementado donde comienza la abrupta subida al Fortín del general Cabrera, el "Tigre del Maeztrazgo", en ruinas, a 877 m. un buen lugar de vigilancia y hostigamiento, y un centenar de metros adelante, tras una bajada vemos el amplísimo estuario seco de roca desmenuzada del Barranco de las Marrades. Allí podemos dejar el coche. Unos metros antes a mano izquierda de la carretera, la senda señalizada del GR 8 se lanza monte arriba.

Caminamos un rato paralelos al lecho del barranco y luego habremos de cruzarlo y buscar la continuación pues las riadas han devastado el trazado original del GR. Haremos una subida por los restos de un camino medieval empedrado hasta llegar a un abierto valle donde, en pleno prado rodeado de colinas, está el Mas de García (desde allí tenemos una vista hermosa del fortin de Cabrera coronando la cima del monte). Seguimos paralelos a otro barranco, el Racó d'en Guera y dejamos a mano izquierda el acceso a la fuente de ese nombre y más adentro, el Salt. Cuando llegamos a la abrupta subida de la Costa de Baixeres y antes de comenzar el trabajoso ascenso por la tartera, una inclinadísima  pendiente de roca desmenuzada, veremos a la derecha la Mola de San Miguel (119 m) y a la izquierda el Tossal de Travesses (1151m). Son mas de 200 m. de desnivel que habremos de superar en una subida incesante que requiere paciencia y buen aliento.

De una hora y media a dos horas nos costará llegar al collado del Gantxo, tras cruzar lo que queda de las amplias ruinas del Mas de ese nombre. En el collado abandonamos las señales rojas y blancas del GR8 (que siguen al sureste hacia la Balanguera). Estamos en la Portella de Perot (hay una masía abandonada con unas vistas formidables sobre el valle del Ulldemó, muy abajo y encajonado entre brutales anticlinales de roca). Hay que estar atento a la corriola que surge a mano izquierda, desviandose del GR8, lanzándose hacia abajo.

Comienza la segunda parte del recorrido. El camino es estrecho y  con un fuerte desnivel de descenso. Las vistas sobre las formaciones rocosas de las Caragoles del Tall de Polí son formidables y pasaremos junto a las ruinas de otra gran masía. Cruzamos la Preseguera por un camino sin pérdida pero con frecuentes lazadas para suavizar el brutal desnivel (unos 400 m. hasta el río). Parte de la bajada la hacemos con las dentadas rocas de las Puntas de Mena (1054m) como fondo roqueño a nuestra izquierda, los humedales llenos de cañas de la fuente de las Carboneres y tras  casi una hora de descenso, el Mas de les Oliveres ya muy cerca del río Ulldemó. El lugar es bellísimo y el Mas conserva una seride de grandes árboles, entre ellos una encina gigantesca que da sombra a toda la edificación en ruinas. Caminamos paralelos al rio, que no vemos pero sí oímos, hasta llegar a una zona llana, terreno arado aunque no cultivado, desde donde hemos de cruzar, como podamos, la corriente de agua para llegar a la explanada de La Pataquera.

Allí mismo está el parking. Entre 4 o cinco horas de recorrido según los descansos, toma de fotos o paseos añadidos.

 

NO SE PIERDA

Antes de iniciar el sendero, en el Parrisal, conviene una breve excursión hasta el fortín de Cabrera. Un par de instalaciones militares en ruinas que hablan de épocas muy violentas y de la sombra trágica de un personaje de estas tierras, el general Cabrera, con toda su leyenda de batallas, emboscadas, venganzas y ajusticiamientos sumarios de civiles y militares. La vista de aguila desde las ruinas, con sus muros de defensa medio derrumbados, sobre las zonas circundantes y la población de  Beceite es formidable. La subida, excavada sobre la roca, es dificultosa pero vale la pena.

En cuanto al otro origen-llegada de esta excursión, La Pataquera, podemos seguir un estrecho camino paralelo al río (antes de cruzarlo, donde está el sendero de la excursión) y nos llevará, tras un paso con grimpada, excavado en la roca, hasta la Cova del Cinto. Una enorme cueva con muros y recinto interior, donde pernoctaban los pastores y ahora es un buen sitio para hacer vivac o resguardarnos de la lluvia.

 

DOCUMENTACION

Provéase de los mapas del MTN50 de Beceite (521) de 1:50.000 o los de 1:25.000 de la zona (el librero Serret tiene un buen acopio de estos útiles mapas) así como del mapa excursionista de "El Port", editado por Piolet o el de "Estels del sud" de 1:25.000 también de Piolet. Para completar informaciones, los "Itinerarios por los puertos de Beceite" de Jordi Bustos (Prames) y "Lo Port. 52 rutes de senderisme" de Joan J. Tirón (de Piolet)..

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11 febrero 2013 1 11 /02 /febrero /2013 09:30

el-nombre-cartel1.jpg

 

Magnífica comedia a "la francesa" que recuerda muchísimo a "Un dios salvaje" según la obra de Yasmina Reza, dirigida por Polanski y también otra obra de la misma autora, creo que fue la primera y un éxito enorme, "Arte" que aquí vimos en teatro con un reparto de campanillas, el gran Jose Maria Pou, Flotats y Carlos Hipólito. En las tres obras, es decir, "El nombre", "Arte" y "Un dios salvaje" se hace una crítica empozoñada a la sociedad actual, a las hipocresías al uso, a la prepotencia de los especialistas, al fraude de la moda y a la pátina endeble de la educación que apenas resiste un desafío cara a cara con la vulgaridad o la violencia. En los tres casos una causa nimia, un motivo endeble, rompe una reunión pacifica y divertida de amigos o vecinos o padres de alumnos para provocar que cada uno saque lo peor de si mismo y lo arrojen unos contra otros, con la mayor inquina.

Si en "Arte" era un cuadro blanco con una simple linea negra (poniendo en cuestión toda la simpleza absurda de un tipo de arte o de especialistas en que suena más a fraude y tomadura de pelo) lo que provocaba una lucha inclemente y cruel entre tres amigos, en "Un dios salvaje" era un amistoso encuentro de dos matrimonios para solucionar una pelea infantil en el cole, que acaba como el rosario de la aurora.

"El nombre", como las otras dos, es una obra de teatro (aún se representa en una sala barcelonesa) escrita y dirigida por Matthieu Delaporte y Alexandre de Patellière e interpretada por Patrick Bruel como Vincent, Valerie Benguigui como Elisabeth, Charles Bering como Pierre, Guillaume de Tonquedec como Claude y Judhit El Zein como Anna. En ella, una agradable cena de amigos intimos, dos matrimonios y un supuesto soltero, en la que se comunica que una de las parejas va a tener un hijo, se convierte en un cafarnaum de acusaciones cruzadas, mezquindades y crueldades gratuitas, sólo porque el futuro padre afirma ante sus amigos que piensa ponerle el nombre "Adolf" a su futuro hijo (imaginen las connotaciones históricas y bélicas que el nombrecito provoca en otra de las parejas --la tercera pareja no lo es propiamente cuando comienza la acción y es parte de la sorpresa de una reunión llena de ellas--.

No les cuento nada más. Vale la pena entrar a la sala de cine, sentarse en una butaca y disponerse a disfrutar con hora y pico de sarcasmos, ironía, mala uva y algun retazo de ternura o de amor. Y tambiém a reconocer en ese progre frustrado, en el conservador triunfador y embrutecido, de humor pesado y narcisista, la tristeza y el acomodo de otros, la represión y el miedo del de más allá. Lo terapéutico de estas comedias de salón estriba más bien en el hecho de que podemos reconocer-nos en muchas de las actitudes y palabras de esos maduros adolescentes emocionales de la clase media, que aun no han sabido encontrar un asidero a la propia dignidad.

Algunos excesos histriónicos, cierta desmesura en los diálogos, una pedantería con poca autocrítica, no son defectos suficientemente graves para entorpecer la marcha dinámica y efectista de una comedia que funciona a la velocidad de un tren expreso, mezclando risas con estupor, verguenza ajena con indignación ante la crueldad o la zafiedad y en suma, una simpatía global por esas cinco personas que se convierten en victimas y verdugos de los demás, en una noche de celebración. En algún momento parece que la cinta va a resbalar desde "Un  dios salvaje" a "La cena de los idiotas" (Francis Veber, 1998), es decir desde la inteligencia tensa al histrionismo cruel, pero la propia labor de los cinco intérpretes y el colofón de la obra, deja las cosas en su sitio. 

Película interesante y a ratos divertida y siempre aleccionadora que hace temer un desastre en los primeros minutos del filme (innecesarios) y acaba dejando un grato sabor entre dulce y amargo en el espíritu.  Como detalle final apuntar que de los cinco personajes de la obra los únicos que se salvan por su generosidad y sesatez son los de Elisabeth y Anna, especialmente la primera que resulta un modelo de abnegación. Los varones, el irritante, cargante Pierre, pedante profesor de literatura, el complaciente y en el fondo pusilánime Claude, trombón en una orquesta sinfónica, y el insoportable narcisista y bromista deleznable Vincent, enaltecen por comparación las figuras de las dos mujeres. El toque de maestría consiste en que con tales ejemplares humanos la comedia tontorrona debería terminar en drama y sin embargo la comedia se hace drama para al final --gracias al toque de autocrítica y la facultad de reirse de uno mismo-- convertirse en una comedia inteligente.

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10 febrero 2013 7 10 /02 /febrero /2013 08:47

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  Deliciosa película en la que la sabiduría cinéfila de Tim Burton da una de sus flores más exquisitas, (en forma de cine de stop-motion), heredera sin duda de aquella maravilla que fue "La novia cadáver". Ahora, al igual que hiciera con "Ed Wood", hace un homenaje genial a las películas del cine de terror clásico. Y recoge el testigo de "Frankenstein" ofreciendo una versión "infantil" en la que el ingenio, el humor y la ternura van de la mano para confeccionar un producto redondo, enternecedor, divertido e ingenioso.

Burton recoge un cortometraje realizado por él mismo en 1984, con el mismo título, y lo convierte en una obra maestra (como anécdota, el cortometraje fue financiado por los de Disney que, al ver la película, la rechazaron y despidieron a Burton del equipo). Ya en el mismo comienzo, con la proyección familiar de ese mismo  corto protagonizado por el perrito Sparky y realizado con la escasez de medios y el ingenio de un niño espabilado con una cámara de 16 mm. es de una frescura, ingenuidad y brillantez desbordantes.   La relación íntima y deliciosa entre el niño y el perro logra momentos de ternura dificilmente superables. El mundo infantil descrito en las relaciones entre el pequeño y sus compañeros de escuela (recuerda mucho esa otra maravilla de la animación que fue "El alucinante mundo de Norman") brinda momentos de un sano humor crítico que van creando el climax de la película que nos llevará a momentos aparentemente dramáticos que aqui se resolverán  de modo positivo.

El pequeño Victor (el nombre del Dr. Frankenstein en la novela y las multiples peliculas que se realizaron en los años 50 y 60 del pasado siglo) logra resucitar a su perro Sparky, atropellado por un automovil, usando la misma parafernalia "científica" de su ilustre predecesor literario, pero evidentemente a "tamaño" infantil. La cinta brinda también un homenaje genial a la figura de Vincent Price el añorado actor de las películas de terror clásicas (¿Quien no recuerda al "Dr. Phibes" o "Los crímenes del Museo de cera" o al enterrado vivo de "La caida de la casa Usher"?). Pura electricidad, chispazos y relámpagos, rayos y humo, llamas en el molino asediado por la chusma, las imágenes que poblaron el imaginario cinéfilo de todo aficionado que se precie, vuelven a ser presentadas con maravilloso sentido del juego y el humor mezclado a la ternura y al corazón inmenso de este director "rarito" que destila cine por todos los poros y que se refleja en un protagonista igualmente "distinto" a los demása y que reivindica su derecho a ser diferente y a ser respetado pese a ello.

El ritmo de la larga secuencia coral de la búsqueda del perro y la serie de historias paralelas de los restantes personajes del filme muestra un hábil conocimiento de la tensión cinematográfica, sin olvidar en ningún momento el sentido del humor, la ingenuidad infantil y el sentido crítico social que dibuja como en "Norman" una sociedad "normal" que guarda en su interior rupturas y quiebros que superan en "anormalidad" y violencia las manifestaciones de los considerados "raros". No hay moraleja ejemplarizante y la película trata de pasar con un cuidado exquisito por consideraciones éticas o religiosas y se queda sólo en la anécdota argumental sin entrar en cuestiones científicas. La creación de vida sobre un organismo muerto es, simplemente un emotivo guiño literario a la irrealidad e imposibilidad del hecho. No hay que darle más vueltas. Solo disfrutar de lo que nos propone Burton. Y logra que esa propuesta roce lo fascinante.

En una palabra: talento. Aunque nos deparó algunas películas olvidables, "El planeta de los simios", por ejemplo, o "Dark Shadows" más recientemente, Burton quizá se ha percatado que su camino va más por el lado de "Frankenweenie" o de "Sleepy Hollow". No logrará altas cotas de taquilla pero para los aficionados al cine de verdad ha logrado un nuevo filme de culto, al estilo de "Ed Wood". Cine arriesgado que fia mucho de la inteligencia del espectador, honesto en sus pretensiones y modélico en su realización. Un titulo más a unir a la lista de obras maestras creadas por Burton.

 

   
   
   

 

 

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9 febrero 2013 6 09 /02 /febrero /2013 10:34

Narra el lama Anagarika Govinda en su libro "El camino de las nubes blancas: un peregrino budista en el Tibet (Ed.Eyras)" su encuentro con un "lung-gom-pa", un hombre que es capaz de caminar en trance meditativo y lo hace a paso vivo "con levedad aérea", logra no diferenciarse  de su propio paso, haciéndose uno con su caminar. No mira en torno suyo, va rápido, absolutamente seguro, equilibrado de una forma esencial, respirando controladamente, ajustando su respirar a la cadencia de sus pasos, concentrados de forma total en el camino, las piedras, los obstáculos, en sintonía todo el cuerpo con el movimiento y éste con el camino en sí. Es una disciplina tántrica que ejercitan algunos monjes del Tibet y está basada en el control pranayámico de la respiración.

Pues bien, ayer caminaba por el collado de la roca de las Almenas, una especie de gigantesco castillo de roca blanca que se recorta contra el cielo como un relieve almenado, entre los valles del Ulldemó y del Matarraña, los dos ríos que nacen en los Puertos y desembocan en la planicie del Bajo Aragón para unirse mucho más abajo a la corriente del Ebro. Habían anunciado vientos de fuerza 7 en la zona y el cierzo parecía concentrarse contra el collado. Yo venía de Beceite y buscaba el sendero que va al otro valle y desemboca en La Pataquera, en el Ulldemó. Comprendí que debía dar media vuelta y regresar. El cielo se había cubierto en segundos y unas nubes grises de vientre negruzco cruzaban a toda velocidad. El frío, aumentado por el viento, escocía sobre los ojos y la cara. Me tapé orejas y nariz con el pañuelo de cuello y calé la gorra de lana hasta los ojos. Había estado pensando, mientras ascendía al collado (unas dos horas desde el Parrisal, donde había dejado el coche) y reflexionaba sobre los "lung-gom-pa". Pensé que para bajar en esas condiciones climáticas podía intentar aplicar el principio meditativo del zen en movimiento, el "kinin", del que se alguna cosa y tengo cierta experiencia. Algo muy alejado por supuesto de la perfección técnica y el esfuerzo meditativo del tantra tibetano. Y además el "kinin" está pensado para un caminar lento en el dojo. Yo trataba de aplicarlo al más rápido y más complejo y exigente caminar por la montaña. Fue una bajada activa --ni lenta, ni rápida, me olvidé del tiempo y me atuve radicalmente al paso a paso consciente y concentrado-- de una hora y media, con dos lugares delicados, uno por una cornisa junto a un precipicio y otro por una tartera de piedras pequeñas y resbaladizas en un grado de inclinación bastante acusado. Me olvidé del disfrute del paisaje, de los árboles y de las rocas decoradas con el verde brillante de los hongos y la hiedra, del panorama de los picos y las agujas...sólo existía el caminar. Lento en ocasiones, más rápido en otras, con la vista prendida de mis pies y del terreno que pisaba y el que me esperaba a continuación, en un radio escaso de medio metro. Concentración profunda, respiración tranquila, pasos seguros, con el cerebro funcionando plenamente de una forma rapidísima, conectado a la imagen que tenía delante, a la sensación física del cuerpo desplazándose, en un equilibrio magnífico e impremeditado, casi en estado de automatismo con un ligero control de la mente sobre el movimiento, pero de una parte de mi mente que no parecía depender de mi voluntad o de mis deseos o de mis temores. Bajaba en una especie de trance que no se disipó hasta llegar a la explanada del barranco donde había dejado el coche. Supongo que nada parecido al arte del "lung-gom-pa", algo mucho más modesto, pero me sentía feliz. Ha sido una experiencia enriquecedora. Caían las primeras gotas.

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8 febrero 2013 5 08 /02 /febrero /2013 08:16

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    Esa bendita suerte del "filobiblos", el amigo de los libros, que tantas delicias lectoras me ha ido deparando a lo largo de mi vida, ha vuelto a brindarme uno   de sus relámpagos intuitivos: el encuentro con "Elogio del caminar" de David Le Breton. Dos días más tarde sorprendo en la librería de Serret en Valderrobres el "Caminar",  pequeño volúmen del poeta y ensayista Thoreau, que edita el sello Árdora en su colección Expres. Una semana después  "aflora" en mi biblioteca (término con el que designo esos instantes imprevisibles y mágicos en los que , de entre un montón informe de títulos o es condido tras otros en un anaquel atestado o caído casualmente al mover varios libros, aparece un título inesperado que no sabíamos que teníamos) "El arte de caminar", dos ensayos breves en un solo librito, uno debido a la pluma de William Hazlitt y otro a la del admirado y admirable Robert Louis Stevenson, editado en formato muy pequeño por la Universidad Nacional Autónoma de México en la colección "Pequeños Grandes ensayos". Tres libros, tres, sobre una de mis aficiones más sólidas, el senderismo y justo cuando preparo un libro sobre caminatas por el Matarraña. ¿Casualidad?¿Coincidencia? ¿Sincronicidad?

No es necesario ser escritor para comprobar que cuando uno se lanza a los caminos, el simple ejercicio de andar se convierte en una experiencia que, si uno está atento a sí mismo, provoca emociones, reflexiones, sensaciones, todas espoleadas por el paisaje, el silencio, la luz y el color, el sano ejercicio físico, el cansancio o el asombro y la belleza que la Naturaleza nos regala a manos llenas. La fascinacion que provocan los libros de viajeros, montañeros y caminantes, no es otra que la posibilidad de revivir en uno mismo las emociones que a aquellas personas les causó su viajar.

El libro de Le Breton, editado por la sensacional Siruela (es raro no dar con algo interesante cada vez que uno mira el catálogo de esa editorial) es un tratado filosófico, literario y poético del arte de andar por los caminos. No nos propone rutas, simplemente nos hace vivir un sendero fascinante de la mano de viajeros ilustres, filósofos peripatéticos y poetas iluminados por ese "caminar sin fin para no llegar a ninguna parte, para olvidar simplemente el paso del tiempo".

Desde el poeta japonés Basho, tan implicado en el zen, hasta Stevenson, Baudelaire, Walter Benjamin, el gran explorador Richard Burton o nuestro Cabeza de Vaca, el célebre Bruce Chatwin, paradigma del viajero moderno o el ínclito Camilo José Cela, cuyo "Viaje a la Alcarria", seguí paso por paso caminando por los mismos lugares cuando cumplí los 18 años, Régis Debray, el director visionario de cine Werner Herzog, Patrick Leigh Fermor que recorrió toda Europa andando desde Holanda a Constantinopla, o terminar citando al mismisimo Rousseau y a Nietzche o a Walt Whitman y Thoreau.

El camino como reto personal, "el caminar es a menudo un rodeo para reencontrarse con uno mismo" y como ejercicio mental y sensitivo "una forma activa de meditación que requiere una sensorialidad plena" (pag.15) son dos de los muchos aspectos que  Le Breton, profesor y antropólogo y, evidentemente, del gremio de los caminantes, refleja en un enriquecedor  texto que más que leer, degustamos.

En el librito "Caminar" de Henry D. Thoreau, --lectura obligada para cuantos aman la naturaleza: su "Walden o la vida en los bosques" iluminó al mundo--, leemos: "Creo que no podría mantener la salud y el ánimo sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más, a deambular por bosques, colinas y praderas, linbre por completo de toda atadura mundana". En cuanto al autor de "La isla del tesoro" , Robert Louis Stevenson, sugiere que caminemos siempre que podamos en soledad ya que solo asi se puede "estar abierto a todas las impresiones y permitir que nuestros pensamientos adopten el color de lo que vemos; se debe ser como una flauta para cualquier viento". ¿Han leido ustedes antes una descripción tan bella del talante que un buen caminante debe adoptar cuando pasea por bosques y montañas?

Cuando uno se aficiona al placer de caminar comprende la frase de Stevenson, "Parece como si una caminata a paso vivo nos purgara, mas que  ninguna otra cosa, de toda mezquindad y orgullo". Thoreau propone una Orden de los Caminantes Andantes y una filosofía un poco radical: "Si te sientes dispuesto a abandonar padre y madre, esposa, hijo y amigos ...si has pagado tus deudas, hecho testamento, puesto en orden todos tus asuntos y eres un hombre libre; si es así, estás listo para una caminata". Tampoco hay que tomárselo así, pero bueno, da una idea de la pasión que puede envolver al andariego una vez que le encuentra el encanto a ese ejercicio que deviene, casi, una forma de vida. Que un filósofo como Rousseau escribiera "Nunca he pensado tanto, existido y vivido, ni he sido tan yo mismo, si se me permite la frase, como en los viajes que he hecho a pie". O como afirma Le Breton en su magnífico libro, "El sendero, el camino, son una memoria grabada en la tierra, el trazo en las nervaduras del suelo de los incontables caminantes que por alli han pasado a lo largo de los años, en una especie de solidaridad intergeneracional inscrita en el paisaje". Una forma bella de decir lo que todos o casi todos los montañeros hemos pensado al seguir un camino.

Háganse un favor, compren estos tres libros y salgan al campo con una mochila, buen calzado y ropa adecuada. Descubrirán un mundo fascinante.

 

FICHA:

ELOGIO DEL CAMINAR,.David Le Breton. Editorial Siruela.Traducción de Hugo Castignani.171 páginas.- CAMINAR.-H.D.Thoreau.-Ed. Ardora, 60 págs.- EL ARTE DE CAMINAR.-W. Hazlitt y R.L. Stevenson.-Ed-Univ.Auton. México. 54 págs.

 

 

 

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7 febrero 2013 4 07 /02 /febrero /2013 08:55

excursiones-9554.JPGEl caminar es una travesía por el paisaje y las palabras. Y por el  cierzo enconado de picos helados. Ayer amaneció nublado y con un viento exigente que amainaba de pronto y renacía con estallidos breves pero contundentes. No era cosa de hacer senderos de mucha altura y aún menos que se alargaran en el tiempo. Debía ser algo breve, dos o tres horas a lo sumo, por zona no muy agreste, arbolada y en valle o planicie. Verlaine llamaba a Rimbaud, el caminante irredento, el "hombre de las suelas de viento". Ayer yo merecía ese calificativo. Conduje hasta La Portellada y me desvié hacie El Salt, el telúrico entramado de rocas erosionadas por el río Tastavins con su cascada casi siempre huérfana de agua. Con las últimas tormentas, en esta ocasión El Salt brillaba con un esplendor de aguas de plata y espumas de coral que se precipitaban hacia un lecho verde esmeralda. Desde la cascada caminé hacia el nordeste, dirección Vallderrobres, hacia las colinas. Cogí un sendero que subía lentamente, paralelo a un cañón, con el fondo cubierto de arbustos, espinos, boj y las florecidas matas de erikas con sus brotes de color rosa violáceo. Como dice William Hazlitt, "denme el claro azul del cielo sobre la cabeza y el prado verde bajo los pies, un camino sinuoso y una caminata de dos o tres horas" como una forma asequible de ser feliz. El sendero, muy estrecho y abandonado, debía ser senda de cazadores y cruzaba antiguos bancales de labor, ruinas de casas o cubiertas de ganado, entre un bosque de coníferas y boj, con alguna encina o carrasca aislada. Un silencio absoluto, en el que el ulular del viento entre las ramas de los árboles y los setos no hacían más que destacar la hondura de esa ausencia de ruidos. Ni siquiera un piar o aleteo de pájaros o ese murmullo quebradizo de algun animal pequeño escabulléndose por el montebajo. Siguiendo por instinto la dirección del barranco llegué a dar con una pista forestal de tierra, que por su  trazado debía ser el viejo camino tradicional que une Fuentespalda con Vallderrobres. Por tanto sólo tuve que dirigirme hacia la dirección de donde procedía, para llegar una hora y pico más tarde al punto de salida. Dos horas y media de caminata, con retazos de sol, muchas nubes pastoreando en el cielo y un viento que se hacía más intenso por momentos. Vuelvo a casa con la mente llena de luz, color, silencio y paz.

En otro plano de beneficio, la caminata también ha sido fructífera. He decidido escribir un artículo sobre varios libros que analizaban el hecho de caminar desde puntos de vista tan variados como la literatura, la poesía, la salud, la psicología o la antropología. Recordaba especialmente un librito de Stevenson sobre "El arte de caminar" que ya cuando lo leí, hace muchos años, me reconfortó, pues el creador de "La isla del tesoro" era un caminante consumado --a pesar de su escasa salud-- y amaba ese elemental ejercicio que consiste en dar un paso tras otro en una dirección, con los ojos abiertos al paisaje, los oidos encantados con el silencio o los ruidos de la montaña, el olfato aspirando aire puro y el perfume de flores y plantas y el tacto acariciando árboles o sujetándose a rocas. Como nos ocurre a todos los que amamos esa actividad, a todo lo anterior se añaden efectos positivos en el espíritu y en la mente. ¿Hay quien de más por menos? 

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6 febrero 2013 3 06 /02 /febrero /2013 08:17

 

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Bueno, se trata de Clint Eastwood, uno de los actores más endiabladamente pertinaces de la historia del cine. Dotado de un rostro de roca, unos ojos malignos llenos de ironía y frialdad y la gesticularidad de un Buster Keaton con mala leche, ha logrado convencernos a todos de que es un buen actor, incluso un gran actor. Nadie daba por él ni un dolar en los tiempos del spaguetti western, dolar y medio en los de Harry el Sucio y por fin, una fortuna, desde "Los puentes de Madison" hasta hoy. Pero es que además el chico no sólo roba cámara como lo haría Orson Welles o Sean Connery, sino que es un director inteligente, sensible a menudo y casi siempre furiosamente comercial.

Por tanto, que volvamos a verle como un viejo desabrido, maleducado, duro e insensato, al estilo del racista de "Gran Torino", provoca una extraña atracción, aunque esta vez no se dirija a sí mismo, sino que actúa a las órdenes de Robert Lorenz, su ayudante de dirección en tantos éxitos dirigidos por Clint. Lorenz debe ser un amigo fiel de Clint (aunque es fama de que éste tiene pocos amigos, es tan cascarrabias en la vida real como en sus películas) o le deberá algún favor, ya que desde la divertida "En la linea de fuego", Clint no habia permitido que nadie le dirigiera.

Bueno, pero si pasamos a la película (otro de esos filmes presuntamente deportivos sobre el beisbol, juego que a los españoles más bien les suele provocar bostezos) el juicio no mejora demasiado. Es una película hecha a mayor lucimiento de Eastwood, realizada como un agradable telefilme para la tarde de los domingos. Moraleja incluida, amor juvenil y lo más destacable, la lucha del increíble viejo con los achaques de su edad, donde no falta el humor (divertido el monólogo de Clint, al principio de la cinta, dirigiéndose a su propio pene, remiso a la hora de orinar). Todo es la mar de previsible, algo tontorrón y decididamente soso. Y eso a pesar de tener a un siempre apreciable John Goodman como amigo y jefe del protagonista (haciendo la vista gorda ante la vista poco fiable de Clint, que paradójicamente trabaja de "ojeador" de talentos de beisbol), Amy Adams como la hija de Clint y a Justin Timberlake haciendo de Justin Timberlake con gran profesionalidad y talento. No es suficiente, el guión es flojo y todo se salva por Clint, al que deseariamos que no fuese este su canto del cisne interpretativo. Me parece tan deleznable como la película de despedida del gran Cary Grant (aquella "Escala en Tokio" tontorrona). Clint se merece algo mejor que esta película amable e insulsa.

 

 

 

 

 

 

 

 

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5 febrero 2013 2 05 /02 /febrero /2013 08:17

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 Doce años después de dirigir "Náufragos" con Tom Hanks, y de pasar por peliculas de animación con movimientos captados como "Polar Express" o "Cuento de Navidad", Robert Zemeckis se descuelga con una vibrante película dramática sobre un piloto alcohólico (Denzel Washington, realmente espléndido) que tiene un trágico accidente con su avión en estado etílico y con varias rayas de cocaína en el cuerpo. Con la misma dureza y verismo de "Días sin huella" o "Días de vino y rosas" o "El hombre del brazo de oro", Zemeckis nos muestra a un sujeto desarbolado por el alcohol y las drogas, que logra comportarse como un héroe y un gran profesional a pesar de su estado y salva a la mayoría del pasaje de su avión siniestrado.

A pesar de la evidencia  del excelente trabajo del piloto, la investigación oficial y sobre todo la empresa que construyó el avión (se cree que ha sido un fallo técnico) se desarrolla un combate de feurzas, el sindicato de pilotos por un lado y las empresas aeronáuticas por el otro, para convertir el asunto en un fallo personal del piloto por su estado inaceptable. Un abogado (magnífico Don Cheadle) logra descartar el culpabilizante analisis de sangre del piloto por unas triquiñuelas técnicas y todo queda listo para sentencia absolutoria, sólo en el caso de que el piloto consiga mantenerse sereno, sin beber alcohol y sin drogarse , hasta el día en la vista pública ante una comisión técnica.

La marcha del argumento va jugando al gato y al ratón con el espectador haciendole creer que todo va a salir bien, que el chico encuentra a una chica adecuada (Denzel está tormentosamente divorciado por causa del alcohol) y que va salir exonerado de culpa del accidente. Pero... bueno, vayan  a verla. El realismo es una prueba de honestidad en este caso. Y quien conozca un poco los parámetros de comportamiento de los alcohólicos o de los drogadictos sabrán de qué hablo.

Un gran melodrama está servido. Lástima de final improbable (cosas de las exigencias de la industria del cine) con moraleja al 50 % desdramatizada. No importa, porque la película se ve con el alma acongojada ante la dureza autodestructiva del personaje que, en ningun momento, deja de atraernos humanamente a pesar de sus evidentes y lamentables limitaciones (no es lo mismo ser un borracho en un contexto hogareño --como en las grandes películas citadas al principio--, que serlo como responsable de un avión con dos centenares de personas a bordo, a varios kilómetros de altura.

Tampoco hay complacencia alguna en el personaje femenino (interpretado con su habitual finura por la pelirroja Kelly Reilly), también drogadicta que malvive haciendo películas porno. La guinda es el inmenso (en todos los aspectos) John Goodman, en su papel satánico de suministrador de paraisos artificiales, muy en la línea de los personajes que ha interpretado para los hermanos Cohen y siempre robando cámara a sus compañeros con su aspecto desbordante y lleno de vitalidad y malicia. Puro humor negro con fondo musical de los Rolling y su canto a Satán. 

Para la colección de secuencias magníficas de nuestra videoteca, los quince minutos iniciales de la cinta, todo lo que tiene que ver con el accidente del avión. Uno se queda literalmente fagocitado por la pantalla y las brutales e hipnóticas imágenes del avión y su pasaje en un viaje hasta el desastre. Sencillamente genial, Zemeckis. Y como contrapeso, igualmente brillante, pero desde el punto de vista intimista, atentos a la declaración final del piloto Washington ante el tribunal que ha de declararle inocente, con todos los honores, o condenarle.

 

 

 

 

 

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4 febrero 2013 1 04 /02 /febrero /2013 10:04

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 El agente 007, James Bond, con licencia para matar (cosa que hace muy a menudo) tiene al parecer licencia para envejecer. Es difícil que un mito envejezca. No así los héroes. Y James Bond ha pasado de mito (con diferentes rostros, que le daban la ficción de inmortalidad: siempre joven, siempre enérgico, siempre seductor) a héroe, a un héroe con aspecto de estar cansado y de envejecer. Y eso le humaniza y eso le da mucho más encanto.

En "Skyfall" (nombre de algo relacionado con la infancia del héroe, explicada por primera vez en una película de la larga, larguísima serie), 007 vuelve a morir (aparentemente) como en una de las de la época Sean Connery, desaparece la maravillosa "M" con una actriz muy superior en calidad interpretativa al resto del reparto (Judy Dench) y hasta el hombre de los trastos "Q" se pone al día con los tiempos y se nos presenta como un  joven cerebrin informático (tras el anodino paso del gran John Cleese, ex Monthy Pyton, que trataba de ingresar un poco de humor en el elenco).

Daniel Craig, tal vez el actor con más enjundia de todos los que conforman la larga lista de 007, el más dúctil y complejo (seguido por Sean Connery) se enfrenta esta vez a uno de los malos más inquietantes (aunque no tan retorcido como otros de la saga) de su carrera, un irreconocible Javier Bardem rubio que en algún momento trata de seducir sexualmente a Craig (esto también es nuevo). El "casus belli", una lista con las identidades reales de todos los agentes de la OTAN infiltrados en grupos terroristas. A partir de ahí el guión es endeble, demasiado lento en ocasiones y aunque las secuencias de acción siguen la tónica tópica en estos filmes, el director, Sam Mendes, se complace más en internarse en las tesituras psicológicas de los personaes, empezando por el mismo Bond, ahora vulnerable y nostálgico, y en "M", compleja y contradictoria o en el "malo" Bardem, que parece un modelo freudiano sometido a pulsiones patológicas.

En una època en la que el estreno de un nuevo Bond no despierta las pasiones y el interés de otras décadas (ahora parece más atractivo lo nuevo de Jason Bourne o del inacabable Cruise) Mendes ha tratado de insuflar profundidad psicológica y humana a un héroe en proceso de envejecimiento imparable. El resultado no es redondo, pero sí aceptable. Falta evitar una serie de tiempos muertos y adobar mejor las escenas de acción (cosa difícil dado el enorme alud de películas en las que la acción está super eficazmente tratada) e integrarlas en un discurso más inteligente y audaz. El agente 007 está tratando de pasar de nivel, dejar la ficción palomitera de las "Misión imposible" y buscar un territorio propio en el que un héroe de tan dilatada vida pueda llegar a una madurez especial y atractiva para el gran publico. De momento ha llegado la hora del relevo para Q y para Judi Dench ("M" será a partir de ahora el actor Ralph Fiennes) lo cual quiere decir que ya se baraja la vuelta de James Bond tras "Skyfall". Cincuenta años del personaje son muchos y sigue siendo un buen negocio, con lo que la Metro y los productores de toda la vida (o sus herederos, queda Albert R. Brocoli) se lo pensarán mucho antes de poner el RIP en la tumba de uno de los personajes más fructíferos de la historia del cine, que constituye como "Los Beatles", la Reina , Dickens, la libra o Sherlock Holmes, activos patrióticos de la Gran Bretaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 febrero 2013 7 03 /02 /febrero /2013 08:07

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 La verdad es que "Las aventuras de Tadeo Jones" de Enrique Gato, es un apreciable intento por parte de la animación española de subirse al carro de los renacidos nuevos dibujos animados, en los que reina sin apenas rivalidad el dibujo animado norteamericano. Maravillas como "Up" y "Wally, batallón de limpieza" o las recientes "El mundo de Norman", "Rompe Ralph" y los "Madagascar", "Hotel Transilvania" y otras, ponen el listón demasiado alto para los medios técnicos de los que disponemos en España.

Pero como en otra cinta animada  española, apreciable pero menor, "Planet 51", esta mezcla de referencias a las películas de Spielberg con un pletórico Indiana Jones y las sugestivas "Lara Croft", con una pizca de "Bolt" (por el perro) o el personaje que guarda el tesoro, una mezcla de Gollum y los espectros cachondos de "Cazafantasmas", no logran  elevar el vuelo de una película amable y familiar destinada a los pequeños y que apenas atrae alguna sonrisa de los adultos acompañantes.

Personajes sin demasiado calado, guiños y copias a peliculas, comics, leyendas populares y videojuegos, ni siquiera se trata de preservar un cierto apoyo a nuestra idiosincracia y todo acaece en Estados Unidos, se rueda en inglés y se proyecta hacia el mercado extranjero más que al nacional. Pero eso no importaría demasiado en tiempos de la aldea global, si no fuera por la poca consistencia del guión y los diálogos. Aunque su publico sea el infantil creo que es un error no cuidar esos detalles (solo han de fijarse en que los clasicos modernos de la animación respetan muchísimo el mensaje y la forma, de modo que son degustados con la misma fruición por adultos y niños). Pero bueno, tampoco les va mal del todo: sólo un dato, Tadeo ha derrotado en taquillaje a sus rivales de la  "majors", "Brave" y "Madagascar 3". Quizá la españolidad de Tadeo convenza a los peques, aparte de que la publicidad de Mediaset e Intereconomía, firmas que han financiado la película, ha sido oportuna e incesante. En fin,suerte (que falta le hace al cine español).

 

 

 

 

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