Ciudad libre desde un ancestral 1076, según consta en un pergamino en forma de rollo jurisdiccional. Aunque antes daría cuna al orador Quintiliano y a un pensador judío al que veneraba Spinoza, el rabí Abraham Ben Mair Ben Ezra. El casco antiguo de Calahorra ofrece toda una gama de estilos artísticos bien conservados, desde los romanos o medievales (como la catedral de Santa María, siglos XIV y XV) renacentista, barroca, modernista, neomudéjar. Aquí se respira historia, aunque cuando llegamos, en un coche sobrecalentado, sólo se respiraba y mal, un calor de horno seco. Aquí comenzará mañana la caminata, por la margen derecha del Ebro, un camino natural restaurado que permite el sistema de conocimiento del paisaje y el medio humano más tradicional que existe. El caminar sosegado y atento, el lento deambular del hombre sobre sus propios pies, es la primordial fuente de conocimiento y sabiduría de ese bípedo absurdo que es la persona. El afán andariego, sin competencia, al ritmo de los latidos del corazón, con los ojos abiertos al lento cambiar del entorno, es delicia sorprendente para cuerpo y espíritu. Todo funciona al ritmo que le es propio y la Naturaleza se despliega con su inconsciente y arrebatadora belleza para encantar al paseante, ya embriagado por el hipnótico movimiento de sus propios pies, la cabeza alta y flexible, atento a lo que acontece minimamente, con el espíritu abierto y sensible. Mañana, con la amanecida, iniciaremos la singladura. Hoy descansamos mientras aprieta la calor y luego patearemos la pequeña ciudad.
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