Del todo innecesaria. Una revisitación fílmica en el abusivo 3D de moda, del mito literario de Drácula. El italiano Darío Argento, rey de la serie B de terror al estilo de la vieja productora británica Hammer, tiene la osadía de aportar una nueva versión del clásico de cine de terror. Tras la maravilla de Coppola, esta no deja de ser una banal y cutre copia más o menos cercana al original de Bram Stoker, con personajes planos y argumento no muy coherente que olvida elementos fundamentales de la historia que sí supo respetar el realizador norteamericano. La película tiene las hechuras de un telefilme con pretensiones que resalta y ni se acerca a la magnífica película que hace más de veinte años entusiasmó al público. Mejor pasar de ella y si acaso contentarse con visionar de nuevo la pelicula de Coppola. Uno se pregunta cuál puede ser la intención de Argento para presentar este remake poco habilidoso --los efectos especiales son de risa nostálgica-- que no aporta nada al imaginario del temible conde. "Inferno" o "Suspiria", son dos de las mejores películas del realizador italiano, encasillado en el género fantástico y de terror, que aquí regresa a la gran pantalla con una obra poco menos que olvidable y con un estilo cinematográfico que contentará a los viejos incondicionales de la Hammer pero que parece tan obsoleta en esta época como aquellas producciones de los sesenta.
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