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22 septiembre 2023 5 22 /09 /septiembre /2023 18:32

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

Este artículo ha sido publicado en "La Comarca" el 220923

Más cerca de la nostalgia de Albert Camus que del colonialismo de la baronesa Karen Blixen en Kenia, yo también tuve desde niño el “Sueño de África” (título de un excelente libro de mi colega, Javier Reverte). Vivíamos en el norte del continente, en Marruecos, durante el “Protectorado” español y hasta la Independencia del reino alauita. A finales de los 50, España tuvo que irse y, al contrario que Francia en Argelia, lo hizo en paz, sin derramamiento de sangre. La dictadura franquista y el rey Mohamed V, abuelo del actual rey, se llevaban más o menos bien aunque con desconfianza mutua. En todo caso mejor que con su hijo y sucesor Hassan II, una especie de astuto Maquiavelo oriental que hizo bailar al son de su flauta de intereses a los Gobiernos españoles, hasta el chantaje popular de la “Marcha verde”. De entonces se nutría mi nostalgia de los soles inmisericordes y las noches estrelladas de África. Como periodista volvería varias veces a Marruecos y también a Argelia, Túnez, Mauritania, todo Oriente Medio, Egipto, Sudán, Guinea…y sería testigo más adelante –aunque ya no en persona- de las secuelas de la colonización, de la descolonización, de las hambrunas y las sequías, de la miseria ancestral, los conflictos bélicos permanentes, los señores feudales de la metralleta, el petróleo, los diamantes y los metales estratégicos, los genocidios de tribus enteras, la corrupción y la violencia como forma de vida. África –sobre todo la llamada “negra” o central- se ha convertido  en una “aporía”, un sinsentido sin futuro y casi sin presente viable, un camino lleno de incertidumbre, ruido y furia. Y para Europa –para Occidente -  el “sueño de África” que alimentó la furia expansionista de la Europa del siglo XIX, se ha convertido en una pesadilla real en forma de pateras o de conflictos bélicos. Europa está a punto de perder su última oportunidad, si es que no la ha perdido ya, de convertir África en el sueño  de colaboración e igualdad que debía haber sido,  si el complejo de superioridad de los europeos no hubiera  convertido a una parte del continente africano en el escenario de pesadilla  que describe Joseph Conrad en “El corazón de las tinieblas”.

Dos lamentables desastres naturales ocurridos en estos días, el terremoto de Marruecos –con una ausencia de reacción oficial adecuada que refleja la indiferencia sátrapa del rey por su pueblo y el rechazo de ayuda internacional, con alguna excepción- y los destrozos y víctimas del ciclón “Daniel” sobre la dividida Libia (más de 2000 muertos y de 10.000 desaparecidos) muestran de una forma clara el esquema político-social de esos países que es una constante en los Estados del desdichado continente, casi sin excepciones y con pocas variaciones:

1.- Gobiernos bunkerizados que no gobiernan, muchos militarizados y casi todos corruptos; 2.-poblaciones con problemas elementales de subsistencia, opresión y ausencia de derechos pero, paradójicamente, auténticas “bombas demográficas”;3.- infraestructuras sociales subdesarrolladas, comercio, vivienda, inseguridad…sujetos a hambrunas, enfermedades  y sequías; 4.- Crisis económica y social permanentes con escasa ayuda internacional o desviada ésta a los poderes fácticos; 5.- proliferación de “asonadas” militares (“epidemia putschista “ la  llama el secretario general de la ONU, Antonio Guterres), pandillismo armado, abusos y matanzas de los “señores de la guerra” locales contra la población ;6.- explotación de los recursos naturales del territorio a favor de una minoría del país o de grupos internacionales respaldados por sus propios Gobiernos, que se mantienen tibios o renuentes a una ayuda verdadera; 7.- flujo creciente emigratorio causado tanto por desastres naturales y epidemias  -está por hacer un estudio serio de los efectos del Covid  y otras pandemias en África- agravados por la falta de condiciones económicas, sociales y estructurales  del territorio y la de gobiernos adecuados: hambre, sequía, falta de trabajo, vivienda, seguridad, como por la busca legítima de un horizonte de vida posible en otros países, principalmente Europa…eso supone no sólo una sangría humana del país sino un agobio mal gestionado en los países que, miopemente, se niegan a acogerlos y los rechazan a veces de forma violenta e inhumana…Y podríamos seguir desmenuzando la atroz problemática que ha convertido el siglo XXI en el epítome de la “errancia sin fin” de los desposeídos en pos de los “paraísos” del occidente rico y egoísta (que cada vez son menos ricos, por el efecto “boomerang” de su falta de humanismo y de su racismo).

Lo cierto es que, con algunas excepciones,  los dirigentes y los pueblos de Occidente – principalmente Europa- no somos conscientes del peligro disgregador y de fatales consecuencias que nos llega del continente vecino, separado por unos pocos kilómetros de las costas europeas. No se trata tan sólo de un puñado de pateras, sino del contagio por proximidad  que conlleva la desestabilización terrorista de los países del Sahel y del centro africano, de la inseguridad y la obcecación de los golpes de Estado que ya lleva seis ejemplos en los últimos meses , cada uno de ellos más imprevisible, oscuro y violento. Según Josep Borrell, representante de la UE en cuestiones de Asuntos Exteriores y Seguridad, “está en juego el futuro de la democracia en toda la región” y apoya “soluciones africanas a los problemas africanos” aun reconociendo que la UE se ha centrado demasiado en problemas de seguridad y en mantener una “paciencia estratégica” con las diversas juntas militares, “maestras en manipulación y desinformación”. La autocrítica de Borrell sobre el papel de la UE, no aclara qué tipo de medidas hay que tomar. Precisamente respecto a Libia, conviene recordar que cuando en 2016 le preguntaron a Obama cual había sido el peor error de sus dos mandatos como presidente, respondió: “Probablemente no programar el día después  de lo que creo fue la decisión correcta de intervenir en Libia”. Eso ha sido el defecto de la  intervención occidental en África: no afianzar y asegurar la vida y gobierno  de esos países una vez expulsados los dictadores, sátrapas y uniformados del poder. Y eso ocurre en demasiados países africanos, incluida  Sudáfrica y su crisis social y energética debida a la corrupción. Mandela debe estar removiéndose en su tumba.

 El efecto multiplicador  que estas situaciones causa en la población de algunos de esos países convierte la emigración en una única y desesperada salida, que es sofocada a base de disparos de armas de fuego, palizas, naufragios o repatriaciones forzosas por parte de un continente miope y avejentado que todavía no ha sabido superar la falacia de su presunta “superioridad”. Un problema de tal calibre no se resuelve negándose a aceptarlo y rechazándolo con brutalidad sino analizando los componentes fácticos de la situación y tomando las medidas oportunas contra sus causantes directos o indirectos y mejorando sustancialmente  la vida de las poblaciones. Una inversión en medios, personas, fuerza y economía –desde el respeto y la igualdad-  que redundará  no sólo  en la resolución del problema inmigratorio sino en el propio futuro de Europa, revitalizado con savia joven, no de esclavos, sino de conciudadanos del mundo. Más de medio millón de peticiones de asilo este año, hasta junio, en Alemania, España, Francia y otros países de la UE. Y sin contar a los miles que no llegan a ese paso legal.

Pero, o Europa y occidente se “africanizan”, borrando su complejo de superioridad e injustificado “endiosamiento”, o la próxima generación vivirá en un mundo aun más conflictivo, multi polarizado política y económicamente, en el que África sufrirá su segunda y definitiva expoliación, esta vez no por Europa, sino por el oriente asiático y el ruso que ya toman posiciones en las zonas más caóticas del “continente negro”.

Hagamos un somero viaje por los lugares que se convierten, debido a su condición de “aporías” estatales -paradojas sin sentido y sin futuro-,  en objetivos para naciones desaprensivas con el síndrome expansionista heredado de un pasado colonial o dictatorial. Golpes de Estado en Níger, Burkina, Gabón (el pasado 30 de agosto), Mali, Guinea-Conakry y Chad… con actividades yihadistas crecientes aprovechando el caos reinante en la zona central africana y el golfo de Guinea. El reciente golpe de Estado en Sudán que ha terminado con la transición democrática del país iniciada en 2019 debido al ansia de poder militar del general golpista Abdel Fattah al Burhan.

Las injerencias militares contra el poder civil en Africa vivió cuatro décadas ominosas hasta el nuevo siglo, pero parece volver a recrudecerse en los años 20 de este. Le debilidad de la democracia, los conflictos étnicos y la corrupción con sus secuelas de desigualdad económica, ha ayudado a los uniformados a volver a las andadas. Sin contar los  casos de los “golpes blandos” es decir cuando los que están en el poder de forma legítima  amplían los límites y prerrogativas de sus poderes en beneficio propio, como el presidente tunecino Kais Saied.

La “epidemia de golpes de Estado” en Africa,  (diez asonadas militares en los últimos cuatro años) nos recuerdan a los que tenemos edad para ello el caudal que no cesa de los golpes uniformados entre los sesenta y los ochenta del nefasto siglo XX. Y en este siglo, tras el de Sudán (2019), vino el de Chad (2021) y el rosario continuo de los sufridos países del Sahel: Niger, Mali, Burkina Faso (dos en el mismo año, 2022), los tres a causa de la amenaza yihadista, así como –en el caso de Mali- la intervención rusa con los mercenarios de Wagner y el rechazo ante la presencia francesa. Cosa que ya ocurrió también en Burkina Fasso y la República Centroafricana. Y en Gabón, la caída de la familia Bongo, tras 57 años en el poder. En Níger los franceses se van y dejan vía libre a una lucha antiterrorista sin control alguno. Según asegura el historiador nigerino Idrissa, “Francia no ha renovado su política en África y no sabe qué hacer porque el marco neocolonial ha desaparecido”.  Precisamente en el norte de Mali hace una semana, 64 personas murieron  a causa de una serie de atentados terroristas provocados por un ramal yihadista de Al Qaeda. En agosto los destacamentos de las Naciones Unidas han comenzado su retirada del país, que se cumplirá en diciembre próximo, mientras los mercenarios de Wagner  (es decir los rusos) se van haciendo fuertes.

En  Guinea Conakry los “libertadores” de la dictadura del presidente Alpha Condé (en 2021), saludados como tales por la población civil, han logrado ya instaurar un régimen de terror y control militar que ha terminado con las esperanzas democráticas del país. Constituyen un ejemplo más de nación africana sometida a la férrea ley de las armas, los cuarteles y la corrupción.  Y no debemos olvidar que es uno de los países africanos con mayores riquezas en recursos naturales y, al tiempo, una de las poblaciones más miserables y necesitadas del mundo, diezmada por el ébola y el Covid, con un índice del 50 % de la ciudadanía por debajo del umbral de la pobreza.

El diagnóstico del historiador nigeriano es vinculable no sólo a Francia sino al resto de potencias colonizadoras en África, incluida por supuesto la española. Y este desconcierto e inmovilismo conceptual político neocolonizador en África es el responsable de la falta de criterio político unificado de Europa –y occidente- hacia los países africanos. Seguimos comportándonos como gendarmes de categoría superior con poblaciones de “nativos” a los que se puede asustar y esquilmar de sus riquezas naturales  -manganeso y uranio, por ejemplo-  a cambio de abalorios o colocando a servidores armados y políticos nativos corruptos de la etnia dominante. Ese es el marco neocolonial que aún no hemos desterrado de la mente europea. Y así nos van las cosas. Los africanos no se fían de occidente y hacen bien porque el colonialismo –y el racismo- se mantienen emboscados en nuestros genes y surge en los programas de nuestras ultraderechas. Y el efecto dominó puede volcar parte del continente en las “comprensivas” manos de rusos y chinos. Como ha ocurrido en países de Asia e Hispanoamérica, Oriente Medio, Irak o Siria.

Mientras tanto Putin ha celebrado una cumbre en San Petersburgo con dos decenas de países africanos para anunciarles que en los próximos meses Rusia enviará gratuitamente entre 25mil y 50 mil toneladas de cereales a Burkina Faso, Zimbabwe, Mali, Somalia, Eritrea y República Centroafricana.  Y, por su parte, Estados Unidos y Europa se muestran reacios a permitir que su influencia en la zona africana sea anulada. Y la envejecida Europa necesitará 60 millones de inmigrantes en los próximos años, para mantener su estilo de vida. ¡Hagan juego señores, la partida acaba de empezar!

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 septiembre 2023 6 02 /09 /septiembre /2023 10:46

 ESTE TEXTO HA SIDO PUBLICADO EN EL NUMERO DE SETIEMBRE 2023 DE LA REVISTA "COMPROMISO Y CULTURA"

El pasado 11 de julio murió en París, donde residía, el escritor checo Milan Kundera, a los 94 años de edad. Como Joyce, Nabokov, Mann, Rilke, Walter Benjamín, Zweig, Leon Felipe, Hanna Arendt, Salman Rushdie y tantos otros, Kundera se vio obligado a buscar un lugar donde poder vivir en paz –y morir, sin pistola intermedia-  ya que en su país de origen estaba proscrito. Al poder político absoluto le fastidia absolutamente que  escritores y pensadores, poetas y artistas se atrevan a opinar libremente sobre ellos. El comunismo de raíz estalinista no solía aceptar de buen grado a los intelectuales críticos. Estaban destinados a ser carne de “gulag” o a “desaparecer” de la forma más discreta posible. Como en la novela de John Le Carré, resultaba incómodo en ambos lados del Telón de Acero, ya fuese espía o intelectual. En los tiempos de la “guerra fría” los intelectuales no tenían buena prensa en general (recuerden la “caza de brujas” en Estados Unidos).

En 1979 las autoridades checas le retiraron la nacionalidad a Kundera y lo convirtieron en uno de los cientos de miles de apátridas que desbordaban las fronteras. En su libro “La vida está en otra parte” el escritor checo reivindicó la libertad como uno de los frutos de la rebeldía vital que caracterizó su existencia. En 2019 Checoslovaquia devolvió la nacionalidad a Kundera, que recibió la noticia con complacida indiferencia. Cincuenta años de exilio le habían blindado contra cualquier veleidad nacionalista. Como Pirron o Epicuro, Kundera se consideraba ciudadano del mundo, un “átopos”, un individuo de ninguna parte y por tanto de todas ellas. En su obra “La inmortalidad”, publicada en 1990, el escritor discurre sobre la identidad, como un proceso más que como una adscripción. Especialmente compleja si la persona vive en un régimen autoritario donde se proclama de igualdad supuesta y aparente de todos bajo la consigna unitaria –a la fuerza- de un régimen político que exige obediencia absoluta y usa de la violencia y la intimidación para lograrla. El novelista conocía la contradicción esencial de los totalitarismos: prometen un paraíso pero imponen un infierno, donde todo el aparato propagandistico del régimen está enfocado en disolver al individuo en una amalgama de ideas homogéneas, primarias y de una simpleza sonrojante en pos de la unidad de las mentes en un objetivo común: el que emana del privilegiado aparato directivo del partido y sus sirvientes más directos. Es decir una sociedad jerarquizada, con una cúpula que disfruta de todos los privilegios, un cinturón de servidores policiales y militares dispuestos a todo y la ingente masa de todos los demás ciudadanos del país sometidos  a los caprichos y directrices –a menudo demenciales- del poder. Es decir el reino del terror de Stalin o Hitler, Mao, Idi Amin, los khemeres rojos del Pol Pot, Ceausescu y tantos otros polichinelas del terror político, ahora encarnados en Trump, Bolsonaro o Putin, sin ir más lejos.

En otras novelas, como “La fiesta de la insignificancia” o “La ignorancia”, Kundera  analiza esa imposibilidad de conocer nuestro propio yo debido a la influencia enajenadora y falaz que tienen los demás o los medios de comunicación influidos por el poder y, proféticamente, las redes sociales y la tecnología social en todas sus manifestaciones. Es la soberanía absoluta de la imagen, de las pantallas, como indicativo de la ausencia de intimidad para propiciar la creación de “yos” que solo son avatares, muñequitos,“likes” o emoticones que conforman personalidades fulgurantes, simples, esquemáticas, efímeras y vulnerables hasta el suicidio.

En cierta forma todo esto daría sentido al perfil-cero social que Kundera adoptó en los últimos años de su vida. Lejos de la voracidad de los medios, centrado en su propia existencia y en su obra, el escritor checo renunció voluntariamente a cualquier atisbo de vida pública. Tanto es así que muchos de los que amamos su obra pensábamos que había fallecido en secreto, como una versión muy paradójica y sarcástica de su primera novela “La broma” en la que un simple chiste acaba arruinando la vida de un hombre (en el régimen estalinista checo, los chistes estaban oficialmente prohibidos y castigados).

Esa es una constante de la obra de este autor, el juego perverso que el humor mantiene con el horror, el pesimismo con la ironía, la carcajada liberadora con las lágrimas de frustración, la rigidez de lo autoritario y lo fanático con  la salida ingeniosa y ridícula del hombrecillo asustado que busca una aceptación del otro que nunca es atendida. La fuerza liberadora del humor, la carcajada, estaba presente en la narrativa y los ensayos de Kundera, como una confirmación de aquella frase, creo que era de la Arendt o de Simone Weil, dos víctimas directas o indirectas de los nazis: lo primero que desaparece de las calles en un régimen  totalitario es la risa, la jovialidad, el trato amable. Los sustituye el miedo, la desconfianza, la inseguridad, la tristeza y el silencio. Ese es el trasfondo de la huida de un desengañado Kundera de su país tras la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968.

Para poder trabajar en esa dialéctica entre el horror y el humor, Kundera echa  mano de la filosofía, no sólo del existencialismo de Sastre o de la fenomenología de Heidegger, también del Nietzsche de la angustia del yo o el Kafka del absurdo, del Musil del hombre sin atributos o del Hermann Broch (el de “La muerte de Virgilio”) que bucea en la inconsistencia de las motivaciones de las acciones humanas. Sin olvidar a un Rabelais o un Diderot. Por tanto Kundera acaba reconociendo que sus novelas “no examinan la realidad, sino la existencia”, es decir la variabilidad y absurdo de las actitudes humanas que muchas veces se enfrentan auto destructivamente a la realidad. Lo cual nos lleva a “La insoportable levedad del ser”, la novela best-seller de Kundera, donde el escritor nos apunta que la única salida posible y digna a esa situación es el ejercicio de la ironía y el humor, única arma para afrontar la unamuniana condición o “sentimiento trágico de la vida” y la naturaleza del desarraigo vital que instauró el siglo XX, espíritu de una época que hoy padecemos aún más, en el declive de las ideas y los valores de vigencia universal. Ese es el nihilismo y la negatividad del siglo XXI, un malestar existencial que Kundera trata de sobrellevar con su narrativa y su ironía dura y sarcástica.

Para un amante de la novela cervantina, Kundera es como un efecto lógico del realismo desengañado y pleno de humor irónico de don Miguel trasplantado al siglo del Gran Hundimiento Humanista, el XX, con sus dos guerras mundiales y más de un centenar de conflictos armados y genocidios en el resto del mundo. Quizá por eso no le importó demasiado que se le negara la opción al Nobel por una supuesta delación cometida en su juventud contra un compañero escritor durante la época estanilista dura. Kundera negó siempre esa noticia y la  atribuyó a maniobras de desprestigio orquestadas por el comunismo activo en Occidente contra un “traidor” de la Causa.

Lo cierto es  que Kundera al final de su vida trató de aceptar el reconocimiento de su país natal sin acritud o amargura. Recibió el Premio Nacional de Literatura checo en 2008 y el Premio Kafka en 2021. Como muestra de reconciliación, Kundera donó su biblioteca y sus archivos personales a la Fundación que lleva su nombre en la ciudad de Brno, donde nació. Siempre había dejado bien claro que él era un escritor no un político o ideólogo: “No me siento cómodo en el papel del disidente. No me gusta reducir la literatura y el arte a una lectura política. La palabra disidente significa suponerle a uno una literatura de tesis, y si algo detesto es precisamente la literatura de tesis. Lo que me interesa es el valor estético. Para mí, la literatura pro comunista o la anticomunista es, en ese sentido, lo mismo. Por eso no me gusta verme como un disidente”, declaró a “El País” en 1982, en una de sus últimas entrevistas, tras su rechazo total al “despotismo” manipulador de los medios de comunicación. A partir de 1986 el escritor checo exiliado en Paris decidió “beckettizarse”, es decir, seguir el ejemplo de Samuel Beckett y dar por cerrados sus contactos con los medios. La respuesta no se hizo esperar. Muchos rechazados empezaron a buscar la forma de desacreditarle. En el “cafarnaum” de los medios negarse a hablar y aparecer se convierte en una ofensa de lesa majestad: el público y el ruido lo es todo. Dejamos el tema. La picota pública es demasiado visible en las redes y ha realizado auténticas canalladas y provocado incluso el suicidio de algunas personas.

Pero pasemos a su obra y dejemos al escritor celoso de su privacidad y su libertad. Un rápido paseo por algunas de sus novelas y luego nos detendremos en una en particular “La fiesta de la insignificancia”. No porque sea la mejor, pero si es la que, de alguna forma, resume en cierta forma el personal ideario social y ético, estético y literario de Kundera. Es una carcajada triste que resume nuestra época mejor que un ensayo político. Su humor, como en Rabelais, como en Cervantes, arranca de la profunda desdicha, la ignorancia, la insoportable levedad del ser…como en Don Quijote, la tozuda y mezquina realidad mostrenca convierte a los gigantes en molinos, al bálsamo de Fierabrás en un brebaje inmundo, a los ejércitos en rebaños de ovejas y corderos, a un palacio almenado en una venta miserable, a una doncella en Maritornes, una puta del partido, al caballero de la Blanca Luna en el vengativo Sansón Carrasco, a los Duques señoriales en nobles burlones, despiadados, ignorantes y mezquinos y, ay, a la sin par Dulcinea del Toboso en una aldeana sin encanto alguno, zafia y despreciativa. Kundera a través de su obra, empezando por “La broma”, juega ese mismo -burlón, pero triste y a veces patético- juego cervantino (no en vano es un fanático de don Miguel) y lo hará en casi todos sus libros, navegando entre la sátira, el ridículo, el humor grotesco, el absurdo, el realismo mágico, la humillación, el esperpento y el erotismo desmadrado y un poco sórdido. En esa novela, Kundera revela el aciago destino  que puede tener un simple chiste o frase ingeniosa escrita imprudentemente en una postal en la Chescoslovaquia comunista. La frase era “El optimismo es el opio del pueblo” y  le cuesta la ruina en vida a su protagonista. La sensibilidad ante la crítica, aunque sea una simple chispa de ingenio, es una de las debilidades vengativas ridículas de los regímenes totalitarios.

El libro de la risa y del olvido

En 1979 sale a  la luz un libro cajón-de-sastre: nuestro autor era muy aficionado a las digresiones, reflexiones, autocríticas, relatos caprichosos y textos entre el ensayo y el guiño social. Le encantaba despistar al lector con su búsqueda incesante de nuevos cauces narrativos y fórmulas literarias con afán de novedad. En muchos de estos textos ya se vislumbra con cierta claridad el pensamiento y la mirada crítica del escritor en torno a la sociedad en la que vive. Era jugar con fuego.

La insoportable levedad del ser

En 1984 se publica la que muchos consideran mejor obra de Kundera. Hubo versión cinematográfica de gran éxito y quedó establecido el talante irredento y mordaz del escritor, así como su visión lúdica, trágica y sensual de la existencia. La Praga del 68 (un año histórico para el país) la visión que de ella tiene el autor, con todas las connotaciones críticas  sociales y políticas, la represión y la estupidez de la burocracia oficial comunista, son los ingredientes de una novela existencial excelente, en muchos momentos rozando el absurdo de Kafka o el ridículo surrealista y sexualmente procaz de “Tristram Shandy”.

El arte de la novela 

En 1986, Kundera, escribe uno de los textos más logrados y felices sobre la novela como género literario. Ya desde su definición “La novela es un arte nacido de la risa de Dios”, como una especie de territorio mágico imaginativo y de conocimiento cuyo proceso continuo a través de los tiempos es el epitome y el curso caudaloso de todas las grandes novelas de todos los tiempos que se van enriqueciendo en cada nueva aportación. Para quien esto escribe, el capítulo dedicado  a “La desprestigiada herencia de Cervantes” es uno de los textos más interesantes que he leído dedicado al inabarcable Cervantes.

Los testamentos traicionados 

En 1992 da una vuelta de tuerca a la obra anterior y escribe un ensayo sobre la novela como si fuera en sí mismo otra novela. Utiliza la música como vehículo comparativo y las obras y presencia de otros autores, como Hemigway o Kafka y aprovecha para lanzar su cuarto de espadas sobre la mesa de la naturaleza del autor y de los peligros que le acechan. Eso se convertiría en una de las “bestias negras” de Kundera, por su temor a ser mal interpretado o manipulado (en las traducciones era casi patológica la firmeza y cuidado con la que sometía a sus textos y a los traductores). La cuestión de confundir al autor con sus criaturas y vivencias novelescas se estaba convirtiendo en un complejo de rechazo que le duraría hasta el final de su vida.

El telón. Ensayo en siete partes 

En el nuevo siglo, Kundera vuelve a la historia de la novela y comienza con la revolución narrativa que supuso “El Quijote” y todos los temas y cuestiones relacionados con la creatividad y las grandes figuras de la literatura mundial.

Y tras este apresurado y selectivo, por tanto no completo,  paseo por la obra del escritor checo, nos detenemos un poco más en su último libro publicado:

La fiesta de la insignificancia

En 2014 sale a la palestra pública esta novela  donde se juega, en uno de sus capítulos, con el cuento metafórico del nuevo traje del rey, supuestamente realizado en telas tan sutiles que parece que el rey va desnudo (lo que en verdad ocurre). Es el engaño, la broma que deja de ser algo cómico para convertirse en tragedia. El “rey” del cuento de Kundera se llama Joseph Stalin. El siniestro dictador, al final de su vida, ya irremediablemente delirante, cuenta un relato que parece cómico. Tiene que ver con la caza de unas perdices. ¿Qué hacer? Si te ríes y no era cómico para Stalin, te cuesta la vida. Si, por el contrario, trataba de que soltaras la carcajada y no lo haces, es un insulto para el monstruoso ego del dictador. Y también lo pagas claro. Parafraseando, apropiadamente,  a Lenin, uno se pregunta una y otra vez “¿Qué hacer?”. Nuevamente transitamos por el resbaladizo terreno de la broma, el chiste, el sarcasmo surrealista, donde se recurre constantemente al destino dramático del ser humano, entre el absurdo, lo erótico (siempre rozando lo escatológico) y la sordidez y el miedo enquistado como una lepra en el cuerpo social.

Con momentos de absurdo surrealista, como el episodio de la pluma que sobrevuela una reunión mundana y se pasea en torno al dedo levantado de una de las invitadas con más glamour,  entre los aplausos de los aburridos asistentes o el juego retórico que se llevan tres amigos sobre la moda juvenil femenina de pasearse mostrando el  ombligo y la sabia disquisición sobre los elementos más atractivos de las mujeres, las caderas, los pechos o las piernas. “La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento.” Dice uno de los cuatro protagonistas. El testamento literario de Kundera me recuerda el talante desafiante, subversivo e iconoclasta de otro grande, éste del cine, don Luis Buñuel. Leyendo “La fiesta de la insignificancia” me parecía estar viendo en una pantalla las escenas que narra Kundera con un Fernando Rey o un Francisco Rabal o una Silvia Pinal interpretando a los personajes del escritor checo.

Decididamente, y que los incondicionales de Kundera me perdonen, me quedo con sus ensayos “El arte de la novela”, “Los testamentos traicionados” y “El Telón”. Y, claro, su novela paradigmática, “La insoportable levedad del ser”.

FICHA

Todas sus novelas y ensayos  están al alcance de todos los españoles –como el NODO-  en cualquier buena librería. Están editados por Tusquets, con excelentes traducciones, revisadas por el autor.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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2 septiembre 2023 6 02 /09 /septiembre /2023 10:41

LOGOI 317

“MACHO” HISPÁNICO

Me han alarmado  las reacciones del mundo del futbol – y la falta de ellas en los estamentos políticos- al suceso del directivo  Rubiales y la jugadora del equipo nacional femenino de ese deporte a la que sometió, a causa del entusiasmo victorioso, a un beso en los labios no solicitado y por tanto ultrajante, inadecuado y, no rechazado por su carácter público, el cargo oficial del sujeto y la circunstancias excepcionales en el que se produce. El episodio resulta bochornoso, infame y grotesco.

Algunos dirán que lo que antecede es excesivo, sesgado de moralina y poco comprensivo con el supuesto ardor hispánico deportivo o futbolero. Miren ustedes, yo creo que todos  entendemos lo que se dilucida en el fondo de la cuestión: ni el lugar (ante las cámaras de medio mundo), ni el acto, ni el directivo involucrado, ni la educación, elegancia o cortesía que se le exige como personaje público que es, fueron las adecuadas o  correctas.

Ha habido un clamor de peticiones de medidas punitivas contra Rubiales, incluso algún remedo de disculpa del cuitado (que sólo ha añadido más leña al fuego). El petulante sujeto, como aquellos “machos” hispánicos de triste memoria en otros tiempos, no sólo se atrinchera en la Federación futbolera,  sino que se manifiesta como víctima  de “una cacería humana” y recibe -con ataques feroces al ‘falso feminismo’- la medida de ser apartado durante 90 días de su puesto directivo, mientras se tramita el expediente disciplinario incoado contra él, incluso por la FIFA. Con gestos  físicos  y verbales que recuerdan los de personajes tan ilustres y ejemplares como Mussolini, Bolsonaro o Trump (en uno de esos gestos incluso los supera: el de agarrarse ostensiblemente en público ciertas partes anatómicas masculinas que son consideradas el símbolo del poder por una determinada clase de individuos) el citado Rubiales muestra la acrisolada educación de la que hace ostentación “viril”.

Pero, ¿cuántos adolescentes, jóvenes y maduros ciudadanos “libres de toda sospecha”, incluidas algunas, pocas, mujeres, aplauden los gestos machistas y obscenos del individuo, su contumacia agresiva y su “superioridad  de género” (masculino)? Luego, no es sólo un insulto a la dignidad femenina sino un ejemplo de hasta dónde puede llegar en una sociedad tal actitud abusiva, sin justificación legal, biológica o social. La mentalidad sexual y el respeto obligado a las mujeres, desde los niños a los adultos, se deforma a base de ejemplos nefastos como el de Rubiales. Se requiere una condena explícita de los hombres de este país.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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27 agosto 2023 7 27 /08 /agosto /2023 18:32

MILAN KUNDERA , EL AUTOR QUE SURGIÓ DEL FRÍO

 

El pasado 11 de julio murió en París, donde residía, el escritor checo Milan Kundera, a los 94 años de edad. Como Joyce, Nabokov, Mann, Rilke, Walter Benjamín, Zweig, Leon Felipe, Hanna Arendt, Salman Rushdie y tantos otros, Kundera se vio obligado a buscar un lugar donde poder vivir en paz –y morir, sin pistola intermedia-  ya que en su país de origen estaba proscrito. Al poder político absoluto le fastidia absolutamente que  escritores y pensadores, poetas y artistas se atrevan a opinar libremente sobre ellos. El comunismo de raíz estalinista no solía aceptar de buen grado a los intelectuales críticos. Estaban destinados a ser carne de “gulag” o a “desaparecer” de la forma más discreta posible. Como en la novela de John Le Carré, resultaba incómodo en ambos lados del Telón de Acero, ya fuese espía o intelectual. En los tiempos de la “guerra fría” los intelectuales no tenían buena prensa en general (recuerden la “caza de brujas” en Estados Unidos).

En 1979 las autoridades checas le retiraron la nacionalidad a Kundera y lo convirtieron en uno de los cientos de miles de apátridas que desbordaban las fronteras. En su libro “La vida está en otra parte” el escritor checo reivindicó la libertad como uno de los frutos de la rebeldía vital que caracterizó su existencia. En 2019 Checoslovaquia devolvió la nacionalidad a Kundera, que recibió la noticia con complacida indiferencia. Cincuenta años de exilio le habían blindado contra cualquier veleidad nacionalista. Como Pirron o Epicuro, Kundera se consideraba ciudadano del mundo, un “átopos”, un individuo de ninguna parte y por tanto de todas ellas. En su obra “La inmortalidad”, publicada en 1990, el escritor discurre sobre la identidad, como un proceso más que como una adscripción. Especialmente compleja si la persona vive en un régimen autoritario donde se proclama de igualdad supuesta y aparente de todos bajo la consigna unitaria –a la fuerza- de un régimen político que exige obediencia absoluta y usa de la violencia y la intimidación para lograrla. El novelista conocía la contradicción esencial de los totalitarismos: prometen un paraíso pero imponen un infierno, donde todo el aparato propagandistico del régimen está enfocado en disolver al individuo en una amalgama de ideas homogéneas, primarias y de una simpleza sonrojante en pos de la unidad de las mentes en un objetivo común: el que emana del privilegiado aparato directivo del partido y sus sirvientes más directos. Es decir una sociedad jerarquizada, con una cúpula que disfruta de todos los privilegios, un cinturón de servidores policiales y militares dispuestos a todo y la ingente masa de todos los demás ciudadanos del país sometidos  a los caprichos y directrices –a menudo demenciales- del poder. Es decir el reino del terror de Stalin o Hitler, Mao, Idi Amin, los khemeres rojos del Pol Pot, Ceausescu y tantos otros polichinelas del terror político, ahora encarnados en Trump, Bolsonaro o Putin, sin ir más lejos.

En otras novelas, como “La fiesta de la insignificancia” o “La ignorancia”, Kundera  analiza esa imposibilidad de conocer nuestro propio yo debido a la influencia enajenadora y falaz que tienen los demás o los medios de comunicación influidos por el poder y, proféticamente, las redes sociales y la tecnología social en todas sus manifestaciones. Es la soberanía absoluta de la imagen, de las pantallas, como indicativo de la ausencia de intimidad para propiciar la creación de “yos” que solo son avatares, muñequitos,“likes” o emoticones que conforman personalidades fulgurantes, simples, esquemáticas, efímeras y vulnerables hasta el suicidio.

En cierta forma todo esto daría sentido al perfil-cero social que Kundera adoptó en los últimos años de su vida. Lejos de la voracidad de los medios, centrado en su propia existencia y en su obra, el escritor checo renunció voluntariamente a cualquier atisbo de vida pública. Tanto es así que muchos de los que amamos su obra pensábamos que había fallecido en secreto, como una versión muy paradójica y sarcástica de su primera novela “La broma” en la que un simple chiste acaba arruinando la vida de un hombre (en el régimen estalinista checo, los chistes estaban oficialmente prohibidos y castigados).

Esa es una constante de la obra de este autor, el juego perverso que el humor mantiene con el horror, el pesimismo con la ironía, la carcajada liberadora con las lágrimas de frustración, la rigidez de lo autoritario y lo fanático con  la salida ingeniosa y ridícula del hombrecillo asustado que busca una aceptación del otro que nunca es atendida. La fuerza liberadora del humor, la carcajada, estaba presente en la narrativa y los ensayos de Kundera, como una confirmación de aquella frase, creo que era de la Arendt o de Simone Weil, dos víctimas directas o indirectas de los nazis: lo primero que desaparece de las calles en un régimen  totalitario es la risa, la jovialidad, el trato amable. Los sustituye el miedo, la desconfianza, la inseguridad, la tristeza y el silencio. Ese es el trasfondo de la huida de un desengañado Kundera de su país tras la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968.

Para poder trabajar en esa dialéctica entre el horror y el humor, Kundera echa  mano de la filosofía, no sólo del existencialismo de Sastre o de la fenomenología de Heidegger, también del Nietzsche de la angustia del yo o el Kafka del absurdo, del Musil del hombre sin atributos o del Hermann Broch (el de “La muerte de Virgilio”) que bucea en la inconsistencia de las motivaciones de las acciones humanas. Sin olvidar a un Rabelais o un Diderot. Por tanto Kundera acaba reconociendo que sus novelas “no examinan la realidad, sino la existencia”, es decir la variabilidad y absurdo de las actitudes humanas que muchas veces se enfrentan auto destructivamente a la realidad. Lo cual nos lleva a “La insoportable levedad del ser”, la novela best-seller de Kundera, donde el escritor nos apunta que la única salida posible y digna a esa situación es el ejercicio de la ironía y el humor, única arma para afrontar la unamuniana condición o “sentimiento trágico de la vida” y la naturaleza del desarraigo vital que instauró el siglo XX, espíritu de una época que hoy padecemos aún más, en el declive de las ideas y los valores de vigencia universal. Ese es el nihilismo y la negatividad del siglo XXI, un malestar existencial que Kundera trata de sobrellevar con su narrativa y su ironía dura y sarcástica.

Para un amante de la novela cervantina, Kundera es como un efecto lógico del realismo desengañado y pleno de humor irónico de don Miguel trasplantado al siglo del Gran Hundimiento Humanista, el XX, con sus dos guerras mundiales y más de un centenar de conflictos armados y genocidios en el resto del mundo. Quizá por eso no le importó demasiado que se le negara la opción al Nobel por una supuesta delación cometida en su juventud contra un compañero escritor durante la época estanilista dura. Kundera negó siempre esa noticia y la  atribuyó a maniobras de desprestigio orquestadas por el comunismo activo en Occidente contra un “traidor” de la Causa.

Lo cierto es  que Kundera al final de su vida trató de aceptar el reconocimiento de su país natal sin acritud o amargura. Recibió el Premio Nacional de Literatura checo en 2008 y el Premio Kafka en 2021. Como muestra de reconciliación, Kundera donó su biblioteca y sus archivos personales a la Fundación que lleva su nombre en la ciudad de Brno, donde nació. Siempre había dejado bien claro que él era un escritor no un político o ideólogo: “No me siento cómodo en el papel del disidente. No me gusta reducir la literatura y el arte a una lectura política. La palabra disidente significa suponerle a uno una literatura de tesis, y si algo detesto es precisamente la literatura de tesis. Lo que me interesa es el valor estético. Para mí, la literatura pro comunista o la anticomunista es, en ese sentido, lo mismo. Por eso no me gusta verme como un disidente”, declaró a “El País” en 1982, en una de sus últimas entrevistas, tras su rechazo total al “despotismo” manipulador de los medios de comunicación. A partir de 1986 el escritor checo exiliado en Paris decidió “beckettizarse”, es decir, seguir el ejemplo de Samuel Beckett y dar por cerrados sus contactos con los medios. La respuesta no se hizo esperar. Muchos rechazados empezaron a buscar la forma de desacreditarle. En el “cafarnaum” de los medios negarse a hablar y aparecer se convierte en una ofensa de lesa majestad: el público y el ruido lo es todo. Dejamos el tema. La picota pública es demasiado visible en las redes y ha realizado auténticas canalladas y provocado incluso el suicidio de algunas personas.

Pero pasemos a su obra y dejemos al escritor celoso de su privacidad y su libertad. Un rápido paseo por algunas de sus novelas y luego nos detendremos en una en particular “La fiesta de la insignificancia”. No porque sea la mejor, pero si es la que, de alguna forma, resume en cierta forma el personal ideario social y ético, estético y literario de Kundera. Es una carcajada triste que resume nuestra época mejor que un ensayo político. Su humor, como en Rabelais, como en Cervantes, arranca de la profunda desdicha, la ignorancia, la insoportable levedad del ser…como en Don Quijote, la tozuda y mezquina realidad mostrenca convierte a los gigantes en molinos, al bálsamo de Fierabrás en un brebaje inmundo, a los ejércitos en rebaños de ovejas y corderos, a un palacio almenado en una venta miserable, a una doncella en Maritornes, una puta del partido, al caballero de la Blanca Luna en el vengativo Sansón Carrasco, a los Duques señoriales en nobles burlones, despiadados, ignorantes y mezquinos y, ay, a la sin par Dulcinea del Toboso en una aldeana sin encanto alguno, zafia y despreciativa. Kundera a través de su obra, empezando por “La broma”, juega ese mismo -burlón, pero triste y a veces patético- juego cervantino (no en vano es un fanático de don Miguel) y lo hará en casi todos sus libros, navegando entre la sátira, el ridículo, el humor grotesco, el absurdo, el realismo mágico, la humillación, el esperpento y el erotismo desmadrado y un poco sórdido. En esa novela, Kundera revela el aciago destino  que puede tener un simple chiste o frase ingeniosa escrita imprudentemente en una postal en la Chescoslovaquia comunista. La frase era “El optimismo es el opio del pueblo” y  le cuesta la ruina en vida a su protagonista. La sensibilidad ante la crítica, aunque sea una simple chispa de ingenio, es una de las debilidades vengativas ridículas de los regímenes totalitarios.

El libro de la risa y del olvido

En 1979 sale a  la luz un libro cajón-de-sastre: nuestro autor era muy aficionado a las digresiones, reflexiones, autocríticas, relatos caprichosos y textos entre el ensayo y el guiño social. Le encantaba despistar al lector con su búsqueda incesante de nuevos cauces narrativos y fórmulas literarias con afán de novedad. En muchos de estos textos ya se vislumbra con cierta claridad el pensamiento y la mirada crítica del escritor en torno a la sociedad en la que vive. Era jugar con fuego.

La insoportable levedad del ser

En 1984 se publica la que muchos consideran mejor obra de Kundera. Hubo versión cinematográfica de gran éxito y quedó establecido el talante irredento y mordaz del escritor, así como su visión lúdica, trágica y sensual de la existencia. La Praga del 68 (un año histórico para el país) la visión que de ella tiene el autor, con todas las connotaciones críticas  sociales y políticas, la represión y la estupidez de la burocracia oficial comunista, son los ingredientes de una novela existencial excelente, en muchos momentos rozando el absurdo de Kafka o el ridículo surrealista y sexualmente procaz de “Tristram Shandy”.

El arte de la novela 

En 1986, Kundera, escribe uno de los textos más logrados y felices sobre la novela como género literario. Ya desde su definición “La novela es un arte nacido de la risa de Dios”, como una especie de territorio mágico imaginativo y de conocimiento cuyo proceso continuo a través de los tiempos es el epitome y el curso caudaloso de todas las grandes novelas de todos los tiempos que se van enriqueciendo en cada nueva aportación. Para quien esto escribe, el capítulo dedicado  a “La desprestigiada herencia de Cervantes” es uno de los textos más interesantes que he leído dedicado al inabarcable Cervantes.

Los testamentos traicionados 

En 1992 da una vuelta de tuerca a la obra anterior y escribe un ensayo sobre la novela como si fuera en sí mismo otra novela. Utiliza la música como vehículo comparativo y las obras y presencia de otros autores, como Hemigway o Kafka y aprovecha para lanzar su cuarto de espadas sobre la mesa de la naturaleza del autor y de los peligros que le acechan. Eso se convertiría en una de las “bestias negras” de Kundera, por su temor a ser mal interpretado o manipulado (en las traducciones era casi patológica la firmeza y cuidado con la que sometía a sus textos y a los traductores). La cuestión de confundir al autor con sus criaturas y vivencias novelescas se estaba convirtiendo en un complejo de rechazo que le duraría hasta el final de su vida.

El telón. Ensayo en siete partes 

En el nuevo siglo, Kundera vuelve a la historia de la novela y comienza con la revolución narrativa que supuso “El Quijote” y todos los temas y cuestiones relacionados con la creatividad y las grandes figuras de la literatura mundial.

Y tras este apresurado y selectivo, por tanto no completo,  paseo por la obra del escritor checo, nos detenemos un poco más en su último libro publicado:

La fiesta de la insignificancia

En 2014 sale a la palestra pública esta novela  donde se juega, en uno de sus capítulos, con el cuento metafórico del nuevo traje del rey, supuestamente realizado en telas tan sutiles que parece que el rey va desnudo (lo que en verdad ocurre). Es el engaño, la broma que deja de ser algo cómico para convertirse en tragedia. El “rey” del cuento de Kundera se llama Joseph Stalin. El siniestro dictador, al final de su vida, ya irremediablemente delirante, cuenta un relato que parece cómico. Tiene que ver con la caza de unas perdices. ¿Qué hacer? Si te ríes y no era cómico para Stalin, te cuesta la vida. Si, por el contrario, trataba de que soltaras la carcajada y no lo haces, es un insulto para el monstruoso ego del dictador. Y también lo pagas claro. Parafraseando, apropiadamente,  a Lenin, uno se pregunta una y otra vez “¿Qué hacer?”. Nuevamente transitamos por el resbaladizo terreno de la broma, el chiste, el sarcasmo surrealista, donde se recurre constantemente al destino dramático del ser humano, entre el absurdo, lo erótico (siempre rozando lo escatológico) y la sordidez y el miedo enquistado como una lepra en el cuerpo social.

Con momentos de absurdo surrealista, como el episodio de la pluma que sobrevuela una reunión mundana y se pasea en torno al dedo levantado de una de las invitadas con más glamour,  entre los aplausos de los aburridos asistentes o el juego retórico que se llevan tres amigos sobre la moda juvenil femenina de pasearse mostrando el  ombligo y la sabia disquisición sobre los elementos más atractivos de las mujeres, las caderas, los pechos o las piernas. “La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento.” Dice uno de los cuatro protagonistas. El testamento literario de Kundera me recuerda el talante desafiante, subversivo e iconoclasta de otro grande, éste del cine, don Luis Buñuel. Leyendo “La fiesta de la insignificancia” me parecía estar viendo en una pantalla las escenas que narra Kundera con un Fernando Rey o un Francisco Rabal o una Silvia Pinal interpretando a los personajes del escritor checo.

Decididamente, y que los incondicionales de Kundera me perdonen, me quedo con sus ensayos “El arte de la novela”, “Los testamentos traicionados” y “El Telón”. Y, claro, su novela paradigmática, “La insoportable levedad del ser”.

FICHA

Todas sus novelas y ensayos  están al alcance de todos los españoles –como el NODO-  en cualquier buena librería. Están editados por Tusquets, con excelentes traducciones, revisadas por el autor.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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6 agosto 2023 7 06 /08 /agosto /2023 18:28

EL FUTURO QUE LLEGA: “TERRITORIO DESCONOCIDO”

Este artículo fue publicado en La Comarca el 040823

La expresión que acaban de leer no ha sido utilizada por un redactor  de reportajes apocalípticos o un escritor de ciencia ficción, sino que pertenece a un informe oficial de una de las agencias de la ONU  (Copernicus) que estudian el cambio climático. Se informó –para noticia de pocos y alarma de los menos- que este mes de julio, el más caluroso que se conoce, se  rebasó el límite del calentamiento global de los 1,5 grados centígrados de aumento global en comparación con los niveles preindustriales, establecido en el Acuerdo de París de 2015.Antonio Guterres, secretario general de la ONU, lo dejó bien claro: “para los científicos no hay duda, los seres humanos y nuestro estilo de vida somos responsables de ello”. Tanto las temperaturas globales como la de los mares han batido records y eso lleva al planeta a un “territorio desconocido”.

Justamente, el pasado 2 de agosto, se dio la noticia de que el planeta entraba en “déficit ecológico”. Es decir que estamos consumiendo más recursos naturales de los que el planeta es capaz de renovar. Este año ya hemos agotado el presupuesto de que disponemos para no tener que hipotecar la capacidad de los ecosistemas de regenerarse. Se trata de un contador digital que la sociedad Global Footprint Network ha diseñado para visualizar la deuda creciente que los humanos tenemos con el planeta, a fin de concienciar a los poderes económicos  para que respeten los límites naturales de la Tierra. El ordenador baraja los datos actuales de la huella ecológica (demanda de recursos) y la capacidad regenerativa de los sistemas (biocapacidad)  --gracias a los datos de180 países monitorizados-- sobre un calendario, a fin de señalar el día en que hemos consumido los recursos de los que disponíamos para todo el año. Cada país entra en déficit en fechas diferentes, oscilando entre un Qatar, en febrero, Estados Unidos en marzo o España en mayo. La media aritmética de todos los países nos da la fecha del 2 de agosto.

El calentamiento extremo captado en el hemisferio norte,  ha causado olas de calor en América del norte, Asia, África y Europa, impactando en la salud de las personas, la economía y la epidemia de incendios que ha arrasado zonas del Mediterráneo y ha causado efectos en el fenómeno de calentamiento cíclico del Niño, que nace en el Pacífico Ecuatorial e impacta en el resto del planeta.  Los científicos destacan un factor lógico  aunque inesperado: la velocidad del cambio. La subida de temperaturas en el Atlántico norte está alarmando  de manera especial: en la Antártida  el área cubierta por hielo marino ha disminuido  en una superficie comparable a 10 veces el tamaño del Reino Unido.

Dos investigaciones independientes han coincidido con un  informe de expertos de la ONU:  la principal corriente oceánica que regula el clima, el sistema circulatorio del planeta, un conjunto de corrientes oceánicas que lleva inmensas cantidades de agua de los mares tropicales a los de norte, la llamada circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC en siglas en inglés) se está debilitando, debido al aumento de la cantidad de agua dulce creada por el deshielo, (al ser menos densa que la salada se hunde menos, por lo que interfiere en el circuito). La AMOC es la responsable del trasporte de calor casi a escala planetaria, así que la corriente enfriaría la mayor parte del hemisferio norte y calentaría la ya de por si calientes aguas ecuatoriales.

Otro informe consultado (publicado en la revista científica Nature) que establece los limites climáticos, naturales y de contaminación que permitiría la supervivencia, asegura que ya han sido vulnerados siete de los nueve umbrales que permiten la vida humana sobre el planeta. Destaco una frase del informe: “los seres humanos somos parte del sistema Tierra, somos gran parte del problema y debemos ser gran parte de la solución. Pero los problemas y las soluciones no afectan a todos por igual y unos pocos generan problemas para muchos y suelen ser los únicos que se benefician”. Eso es insertar un concepto ético, la justicia, en una cuestión científica. Las emisiones de gases de efecto invernadero proceden del 10% más rico de la población. Igualdad y justicia distributiva se dan la mano en el planteamiento de un problema cuya solución nos concierne a todos.

Los umbrales violados van desde los que atañen directamente al cambio climático, hasta el de mantener mayores superficies del planeta sin ganadería, agricultura, minería y cualquier otra interferencia humana. También se han vulnerado los límites de nutrientes usadas en los cultivos, como el nitrógeno o el fósforo, que afecta la calidad y el uso del agua superficial o subterránea (éstas extraídas en exceso).

También se estudian los problemas de acidificación de los océanos, la acumulación de plásticos en gigantescas islas flotantes, los microplásticos, la presencia de productos químicos y antibióticos en las aguas, la pérdida de la biodiversidad. Se sabe que  superar los límites de esos ámbitos reduce la fuerza del planeta para hacer frente a las crisis que nos amenazan. Los océanos absorben y acumulan el calor, ya que la vida marina se encarga de recoger el carbono de la superficie y almacenarlo en las profundidades. Sin eso nuestra atmósfera contendría un 50 % más de dióxido de carbono lo cual eliminaría la vida en la Tierra.

 

Como muestra un botón: las aguas del Mediterráneo  llegaron a alcanzar los 30 º C. el pasado mes y está subiendo su temperatura un 20% más rápido de la media mundial. Eso tiene un efecto destructivo del ecosistema marino ya que las especies habituadas a unos rangos de temperatura migran de las zonas calentadas para poder sobrevivir. Cando no lo hacen, mueren, como ocurre con especies que viven en rocas o en arenas (navajas, almejas y mejillones). El proceso afecta a las aves marinas que pierden sus alimentos habituales. Incluso los bosques de posidonia del fondo del Mediterráneo - que almacenan un 20% más de CO2 que los terrestres-, están siendo afectados. Toda la cadena alimentaria se resiente, llegando hasta los humanos.

Las predicciones científicas evitan en lo posible el alarmismo apocalíptico, pero insisten en hacer lo necesario para evitar que esos picos de exceso se conviertan en tendencia y creen una nueva normalidad donde los desastres naturales sean la norma y no la excepción. Pero pasemos a otro de los elementos de la ecuación humanidad-planeta- supervivencia: la ignorancia del “bípedo implume” (el hombre según Platón), acompañada por la codicia, la agresividad y la estupidez.  Y no me estoy refiriendo sólo a los negacionistas climáticos ni a los terraplanistas, que se vuelven más agresivos en relación directa con la mayor idiotez de sus argumentos-  sino al ciudadano medio normal, aquellos que creen que todo esto “no va con ellos”.

Lo cierto es que el goteo incesante de informes científicos sobre el mundo causa sin duda brotes de “ecoansiedad”, es decir la desazón  y angustia  de cuantos nos preocupamos por un  mundo que amenaza en convertirse en un “territorio desconocido” debido a visibles y crecientes crisis climáticas y medioambientales, con efectos nocivos para los países y las personas, la economía y la supervivencia. ¿Cómo podemos afrontar de una forma útil y positiva un problema acuciante y global sin precedentes? Tal vez deberíamos empezar por enseñar en las escuelas y en todos los niveles de enseñanza a encarar y explorar el mundo que nos viene de una manera más reflexiva: un paso más de las modestas acciones de reciclar, consumir racionalmente o montar en bicicleta. Educar en clave sostenible, mostrar la necesidad de los pequeños detalles, controlar y no expandir las basuras y desechos,  ahorrar el agua potable, extremar precauciones para evitar los incendios, respetar las diversidades, cultivar la cortesía con el otro, racionalizar el uso de móviles, tv. y tablets, regresar a los juegos y relaciones presenciales entre niños y jóvenes, cuidar el cuerpo y rechazar los abusos, recuperar viejas tradiciones de trabajos manuales, reparar antes que tirar o sustituir, cuidar los espacios comunes como algo propio, revitalizar parques y jardines… en suma, no aceptar la fatalidad del “no podemos hacer nada”. Si se puede. Cada uno a su nivel personal puede contribuir a hacer un mundo más empático, cordial y austero. Y comprender que no nos queda más remedio que ajustarnos a las necesidades que vendrán. Crear, en suma, un estado de rebelión ciudadana contra un sistema de vivir erróneo. El “territorio desconocido” no es más que la casa común, okupada por los intereses en la sombra del capitalismo consumista salvaje que, como el rey Midas, acabará muriéndose –y matando-  de hambre, al convertir todo lo que nos rodea en supuesto oro.

La solución ya no consiste en levantar murallas y alambradas para evitar que nada ni nadie entre en nuestros países (como Europa frente a la creciente llegada de migrantes desesperados). Los muros no preservan nuestros cielos, nuestras aguas, las costas y los ríos. Afrontamos un problema global  que exige olvidar los egoísmos nacionalistas. Hay que estar ciegos de vanidad, soberbia y codicia, para no comprender que no tenemos capacidad alguna para evitar que la salud pública, la salud de los ciudadanos comience de una manera evidente pero ignorada a recibir los efectos nocivos de la crisis climática: el calor extremo, los rayos del sol poco filtrados, sequías o inundaciones y enfermedades con ambición de pandemia como el Covid. De momento no hay una búsqueda realista de soluciones que se adecúe al multiproblema. Ya que hay que diseñar un sistema de visión conjunta, global, poliédrica, que una a los expertos en ámbitos sanitarios y sociales, con economistas, educadores, legisladores, urbanistas, empresarios…pues todas esas facetas tiene la amenaza en ciernes. Unir a ello los informes de meteorología de Aemet, Protección Civil, el CSIC o los Centros de investigación sobre energía y medioambiente, sin olvidar los aportes de la Tecnología. En España se ha creado el Observatorio de Salud y Cambio Climático (OSCC) que se supone estará en comunicación fluida con otros centros semejantes en el mundo.

Pensemos, en fin, que el brutal incendio de los bosques de Canadá o los de Grecia, Argelia y Túnez y otros que han ensombrecido este verano, provocan inmensas corrientes de aire que dispersa cenizas microscópicas por todo el orbe. Ya no se trata de vivir acomodados en que “eso” es algo que les sucede a los otros. Nunca como hasta ahora lo “nuestro” es, el mundo que nos rodea. No hay fronteras para el mal, el sufrimiento y la peste. Y ahora el planeta nos recuerda que somos vulnerables, que tenemos que plantar cara, juntos, a una catástrofe global sin paliativos. ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

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12 julio 2023 3 12 /07 /julio /2023 17:38

NUCCIO ORDINE, DONDE  LO “INÚTIL” SE REVELA ÚTIL

Un autor indispensable para conocer la crisis de la  enseñanza en la sociedad capitalista tecnodependiente

El 10 de junio pasado murió Nuccio Ordine con 64 años, a causa de un derrame cerebral. Nació en un pequeño pueblo de Calabria que ni siquiera tenía librería. En una entrevista declaró: “Nacer en una casa sin libros y de padres sin estudios, vivir en una ciudad pequeña sin librerías ni bibliotecas, sin teatros ni espacios culturales, no significa estar condenado a la ignorancia”.  Ordine estudió,  fue a la Universidad y se hizo profesor e investigador  en temas de filología, literatura y filosofía. Vivía en Cosenza, en una casa de campo con más de 20.000 libros en su biblioteca personal. Era profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria y dictó clases en las universidades de Yale, la Sorbona,  Berlín y  Harvard, como profesor invitado. Era miembro de honor de la Academia rusa de ciencias.  Publicó eruditos trabajos sobre Giordano Bruno y el Renacimiento. En 2013 dio la campanada de la popularidad, fuera del mundo académico, con la publicación de un librito  (lo subtituló “Manifiesto”) de 170 enjundiosas páginas, llenas de pasión, sentido común y profundo conocimiento de la literatura y la filosofía:   “La utilidad de lo inútil”, que en un tiempo récord se publicó en más de veinte lenguas. En España fue publicado por la editorial Acantilado y ya lleva casi treinta reimpresiones. El ya desaparecido maestro del ensayo, George Steiner, dijo de este libro “Una pequeña obra maestra de la originalidad y la claridad”.

Su fallecimiento me entristeció, nadie está preparado para una noticia así. Le seguía fielmente desde que apareció ese libro. Por eso, aunque ya tenía medio preparado un trabajo sobre Murakami, decidí dejarlo para el mes próximo y dar a los lectores de C&C la oportunidad de conocer a este brillante ensayista –los que no tenían ese placer- o de recobrarle, los que ya lo habían leído. Ordine me parece uno de los pensadores más proféticos en torno al binomio interactivo sociedad-cultura. Precisamente en octubre próximo debía recoger el Premio Princesa de Asturias de  la Comunicación y Humanidades 2023.

Nunca como hasta el momento presente ha resultado más adecuado un título como “La utilidad de lo inútil” que está rozando los grandes titulares críticos de una actualidad  - en concreto de la educación y la enseñanza- , condicionada por las leyes del mercado, la prisa, la superficialidad y los efectos indeseables de las tecnologías bajo la hegemonía  dictatorial de las pantallas y el mundo digital. En España vendió más de 80.000 ejemplares de su inteligente libro.

Para complementar el mensaje del citado texto, recobré otro gran volumen de este pensador, comprometido con la “dignitas hominis”: “Clásicos para la vida”, también editado por Acantilado en 2017. En este libro Ordine nos lleva por un apasionante viaje por la literatura de todos los tiempos: acompañados por Shakespeare, Mann, Goethe, Zweig, Borges, su amado Giordano Bruno, Platon, Margaritte Yourcernar, Maquiavelo, Cervantes, Dickens, Rilke, Primo Levi, Boccaccio, Defoe, Rabelais, Saint Exupéry, Baltasar Gracián, García Márquez. Flaubert, Swift, Montaigne, Balzac, Rostand, Cavafis, Pessoa, Calvino, Einstein… en citas que precisamente nos conciernen directa y críticamente en la cuestión, no sólo ética, de saber comprender cuál es el auténtico fin de la enseñanza en escuelas y universidades: preparar a los hombres y las mujeres del mañana para vivir plena, correcta y satisfactoriamente en un mundo atenazado por la codicia, la prisa, la desorientación y la ausencia de valores, todo aquello que alegremente archivamos en el baúl de lo “no útil”.

Precisamente tras una lectura del libro, repleta de emociones literarias –su elección de la obra reseñada de cada uno de ellos, es aleatoria pero modélica-  se termina con una figura sorprendente: Albert Einstein. ¿Qué hace Einstein en un libro dedicado a genios de la literatura?  El Nobel alemán de física, un genio en otra órbita, la científica, hace unos razonamientos sobre la educación que, viniendo de él, resultan reveladores, por su adecuación al mensaje primordial de Ordine y de los autores a los que convoca. En su texto hace gala de su lógica racionalidad humanística y un sentido común fuera de lo corriente en la enrarecida atmósfera científica. “La escuela –escribe Einstein-  siempre debe plantearse como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armónica y no como un simple especialista. Incluso en la enseñanza técnica…lo primero debería ser siempre, desarrollar la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes y no la adquisición de conocimientos especializados”.

Señores funcionarios  del Ministerio de “Educación”, presten atención: es Einstein quien lo dice, no sólo el abrumador  muestrario de genios literarios que aporta Ordine. ¿Para cuándo unos “reformadores” de los planes educativos que se nieguen a ser la “voz de su amo” político? Basta de campañas denigratorias de las humanidades y los clásicos y el énfasis –suicida, a lo largo- en las salidas “profesionales”.

La buena escuela, escribe Ordine  no la hacen ni las pizarras interactivas, ni las tablets y ordenadores en las aulas en vez de libros, o los acuerdos cortoplacistas con empresas y centros profesionales para diseñar una enseñanza práctica a la carta, sino un personal docente respetado y respetable, por sus conocimientos,  y también por sus cualidades humanas e intelectuales. Y el objetivo, además del necesario bagaje técnico indispensable, es hacer de los alumnos  hombres y mujeres capaces  de saber vivir y de gestionar y reclamar su libertad, con espíritu crítico. ¿Suena utópico? Tal vez. Pero es posible.

Vivimos en una época  en la que, según denuncian los propios profesores , las competencias y las capacidades que son objeto de una certificación –indispensables para el mundo laboral y profesional-  son más relevantes que la básica operación de  promover un conocimiento, una actitud  y un enfoque críticos ante lo que se enseña y aprende (y cómo se realizan estas funciones).

Observen que hasta la UE dicta una recomendación sobre el aprendizaje permanente y la empleabilidad y un nuevo sistema de  “microcredenciales”,  poniendo el foco en la paridad práctica entre la enseñanza y la adquisición de  trabajo. Lo cual significa que lo que prima es el mercado y no la formación de ciudadanos instruidos, críticos y autónomos. La sociedad credencialista se impone  y pronto se exigirá un certificado de aptitud  para colgar un cuadro o cortar la rama de un árbol. Así la enseñanza se microparcela y los alumnos deberán esforzarse por objetivos mínimos –es una norma vigente: cada vez se exige menos- , mientras que multitudes  de supuestos enseñantes e instituciones ad hoc devaluarán todavía más las labores educativas y se convertirán en mercaderes de titulitis.

Ordine denunciaba hace unos meses el deterioro de los planes de estudio medios y superiores en la mayor parte de Europa. Las Universidades se han convertido en un mercado complejo que  es fagocitado por las empresas y las exigencias y necesidades de desarrollo de la sociedad de capitalismo avanzado.  De hecho dedicaba uno de sus libros, “Los hombres no son islas” (Acantilado) a “aquellas personas que dedican su vida a enseñar y cambian, silenciosamente, con su trabajo y su sacrificio, la vida de sus alumnos”.

Ordine denunciaba en su país, Italia, la engañosa “efectividad” de la Universidad que se ha convertido en una fábrica de titulados. Raramente se producen deserciones o abandonos de estudiantes y Ordine afirma que la razón está en que se ha bajado muchísimo el nivel de exigencia. No solo en la Universidad, en las escuelas e institutos también. Cita a Rilke con añoranza cuando aseguraba: “Sólo la dificultad te exige hacer el esfuerzo que te hace mejor”. Lo estamos viviendo también en España, donde los exámenes y pruebas acaban siendo un coladero.  Dice Martha Nussbaum que “En casi todos los países europeos parecen orientarse hacia el descenso de los niveles de exigencia para permitir que los estudiantes superen los exámenes con más facilidad”.

Y no solo se trata de materias educativas, también concierne a la formación humana, ética y social de los alumnos. No en vano, como pensaba Ordine, la calidad de ambos niveles esta esencialmente interrelacionadas. A ese respecto, en una entrevista concedida a “El País”, Ordine  señalaba a la tecnología y sus atajos y facilidades como uno de los factores responsables de la decadencia educativa y decía que afectaba también la vida personal de los alumnos: “Es evidente que la sociedad virtual crea nuevas formas de soledad, lo cual es una auténtica paradoja de nuestra época, porque estamos más conectados que nunca pero resulta que estamos solos. Tenemos la ilusión de estar relacionados, pero una relación virtual no puede ser una buena relación, es una forma de relación vacía”.

Para Ordine “escuelas y universidades no pueden ser empresas que se dedican a vender diplomas. Los estudiantes no pueden ser sólo clientes” y critica que la mayoría de los estudiantes acaban creyendo que el éxito en la profesión y la vida se mide por la cuenta bancaria, seducidos por la idea que lo importante es el crecimiento económico y que las universidades y escuelas deben estar al servicio del mercado y las empresas (que se refleja incluso en la terminología usada en la vida universitaria en base a “créditos y débitos”).

Ello no obsta para que reconozcamos que la gestión del conocimiento  a través de la educación y la investigación es un sector que promueve beneficios a corto y largo plazo, por lo que las escuelas y las universidades deben estar relacionadas  con el mundo empresarial, como un requisito básico de la estructura económica de un país. Lo que Ordine sugiere  es un ordenamiento de esa relación, en forma de mecenazgos o inversiones en la generación de conocimiento que luego revertirá en las empresas y el sector económico global. Es preciso un análisis serio del retorno de la inversión en educación y de medidas  que aumentaran su eficiencia y dinamizaría el mercado de trabajo restando preeminencia a la opción funcionarial que suele ser la salida ambicionada por los jóvenes licenciados.

Una de las perlas que se ofrecen a la lectura en los libros de Ordine son sus consideraciones sobre la bondad y necesidad de permitirse las “pérdidas de tiempo” e incluso integrarlas en la vida cotidiana de cada uno. “Reducir la velocidad, hoy en día, significa ‘perder tiempo’. Sin embargo, bien considerado, el conocimiento, las relaciones humanas y nuestro vínculo íntimo y personal con la existencia necesitan sobre todo de una ‘lentitud’ consciente, para mejor saborear lo que vivimos”. A  la larga descubriremos que lo placentero es más útil que lo útil.

 “En el universo del utilitarismo, -escribe Ordine- un martillo vale más que una sinfonía de Mozart, un cuchillo más que una poesía de Neruda, una llave inglesa más que un cuadro de Velázquez: porque es más fácil hacerse cargo de la utilidad de un utensilio, mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte”. Como decía Giordano Bruno: “La sabiduría y la justicia empezaron a abandonar la Tierra en el momento en que los doctos, organizados en sectas comenzaron a usar sus conocimientos con afán de lucro”. Kant y Lacan insisten en la idea: “Una vida  sin virtud y sin principios, no es vida”.

Incluso en el reino de la ciencia, la historia científica nos demuestra que muchas investigaciones científicas teóricas consideradas inútiles, por estar privadas de cualquier intención práctica, han favorecido de forma inesperada aplicaciones –desde las telecomunicaciones a la electricidad- que después se han revelado fundamentales para el género humano. Insiste Ordine en que “Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo ‘inútil’, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, solo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de  sí misma y de la vida”.

El filósofo Heidegger afirma tajante: “Lo más útil es lo inútil. Pero experienciar lo inútil es lo más difícil para el ser humano actual. Se entiende lo útil como lo usable prácticamente y de forma inmediata para fines técnicos, con lo que se consigue algún efecto del que pueda yo hacer negocios y provecho. Pero uno debería ver lo útil en el sentido de lo curativo, esto es, lo que lleva al ser humano  a sí mismo, a sus posibilidades y a su realización.”

Tocqueville aseguraba que “el impulso de lo útil y el envilecimiento de las actividades del espíritu podría tener como efecto que los hombres se deslicen hacia la barbarie” George Steiner critica la mala enseñanza, los docentes no motivados o excesivamente invadidos por la burocracia pedagógica que invade las instituciones educativas y escribe: “Una mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y metafóricamente un pecado. Son destructivas las maneras mediocres de enseñar, las rutinas pedagógicas faltas de imaginación y entusiasmo, una instrucción con cínicas metas simplemente utilitarias y siervas de la lógica mercantil del beneficio”. “Hay que resistir, dice Ordine,  a la disolución programada de la enseñanza, de la investigación científica libre, de los clásicos y de los bienes culturales. Porque sabotear la cultura y la enseñanza significa sabotear el futuro de la humanidad”

Y termina su apología citando una simple frase que él mismo descubrió  escrita en un tablón en una biblioteca de un perdido oasis del Sahara: “El conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse. Al contrario, enriquece a quien lo transmite y a quien lo recibe”. Y  afirma: la primera tarea de un buen profesor debería ser reconducir la escuela y la universidad a su función esencial: no la de producir hornadas de diplomados y graduados, sino la de formar ciudadanos libres, cultos, capaces de razonar de manera crítica y autónoma. Reducir al ser humano a una profesión o tecnología constituye un gravísimo error: en cualquier hombre hay algo esencial que va mucho más allá de su actividad como médico, abogado o ingeniero. Por eso Ordine lanza este mensaje: “Cuando el grado de dependencia de los instrumentos tecnológicos supera cualquier umbral sensato, ¿no sería oportuno convertir la escuela en un sano momento de desintoxicación?”  “¿No es la escuela o la universidad el lugar ideal para que los estudiantes sometan a debate si la amistad puede identificarse con un simple click en Facebook o Twiter o Tic Toc y si enorgullecerse de contar con más de mil “amigos” en un perfil significa tener una visión profunda de la amistad y de las relaciones humanas en general?”

Dejémoslo aquí. Insisto en que Nuccio Ordine ha dejado una obra breve pero llena de sugestivos valores. Su empeño en  promover la lectura de los clásicos , la defensa de las humanidades como algo esencialmente útil  y la mejora de la enseñanza a todos los niveles, me recuerda la frase de Giordano Bruno: “todo depende del primer botón: abrocharlo en el ojal equivocado significa, irremediablemente, seguir cometiendo error tras error”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHAS

LA UTILIDAD DE LO INÚTIL.-Manifiesto. 172 págs. Y, CLÁSICOS PARA LA VIDA. Una pequeña biblioteca ideal. 178 págs. Ambos traducidos por  Jordi Bayod. Publicados por Editorial Acantilado.

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28 abril 2023 5 28 /04 /abril /2023 18:10

OBSERVORIO POLITICO INTERNACIONAL (publicado en La Comarca el 280423)

Un proverbio político-histórico bien conocido viene a decir que si la necesidad estimula el ingenio, la guerra es la comadrona de la innovación tecnológica, del cambio de costumbres sociales y de la sustitución de los principios y los valores morales. Una prisa angustiosa y poco reflexiva impulsa esos cambios. Siempre hay quien cree que lo nuevo es mejor, sólo por ser distinto.

La guerra de Putin no rescatará a Rusia de su declive, ni cambiará el desconcierto político internacional en Europa, Asia. África y Estados Unidos. Las innovaciones en todos los aspectos marcarán la lucha por la hegemonía mundial (es decir, por el enorme negocio de sacar cada vez mayores beneficios al menor gasto posible). Uno de los muchos factores-incógnita en esta demencial ecuación global más económica que política, es la respuesta planetaria a la demencial carrera ciega hacia el desastre ecológico. La miopía de las naciones que cuentan y su renuencia a abandonar unos estilos de vida basados en el consumo sin freno, el desperdicio y el arrase de elementos naturales (calificados de “estratégicos”) llevan a la Naturaleza a un peligro de extinción.

Ucrania está sobreviviendo y afronta al poderoso oso ruso con cierta capacidad de neutralizarlo gracias a un aspecto del que se habla poco: la superioridad tecnológica de los ucranianos (y, sin duda, la ayuda militar occidental y las represalias económicas que van debilitando las arcas rusas, poco a poco) y, por supuesto, la inesperada debilidad del poderoso ejército ruso que se revela anticuado y con una jerarquía militar anquilosada y burocratizada. La sangría en vidas humanas está siendo una de las más horribles pesadillas de estos tiempos que provocará en un próximo futuro un brutal ajuste de cuentas. La consecuencia de esa “guerra” de innovaciones que acompaña la situación bélica, es que la situación de crisis sistémica que ha agudizado la guerra y sus secuelas financieras, bancarias, comerciales están propiciando un cambio profundo de paradigma, igualmente sistémico, en espejo con las crisis: el tecnológico, dotado de una potencia auto perpetuadora jamás vista. La IA no sólo abre puertas al nuevo conocimiento en todas las áreas, sino que multiplica la capacidad de los científicos e ingenieros para avanzar en innovación tecnológica y ello está cambiando y remodelando el mundo.

En relación con la sensación amarga y premonitoria que provoca la situación, reflexionaba sobre el desafío global que supone la alianza entre un estado de guerra en Europa y el asalto progresivo de las nuevas tecnologías. Ello provoca la impresión cada vez más acentuada de que la Humanidad se enfrenta por primera vez en la historia a un paradigma muy especial, diferente al de los anteriores cambios históricos, culturales, económicos y científicos (desde Copérnico, Newton, Freud, Einstein, la Revolución Francesa, la revolución industrial o la era digital). Eliot estaba fascinado por la violenta muerte de una época y de un sistema de valores y horrorizado por el ignoto futuro que vendría y cuyo motor había sido una guerra mundial devastadora. Las circunstancias del momento actual, tras una pandemia de la que no hemos aprendido nada, diseñan un escenario mundial amenazado y cuyos recursos y defensas han quedado obsoletos, así como su arrogancia. Pero es donde la fuerza innovadora de las nuevas tecnologías emiten cantos de sirena: resolveremos todos vuestros problemas si os ponéis en nuestras manos. Es la misma promesa envenenada y populista de los dictadores totalitarios de nuevo cuño, que nada tienen que envidiar a las de los líderes nazis o soviéticos en los 40 del pasado siglo.

El lingüista y filósofo Noam Chomsky reivindicaba en una entrevista reciente el “optimismo de la voluntad” ante lo que calificaba de “cuatro jinetes del apocalipsis actual: las pandemias, inevitables –no invencibles-  en un futuro próximo; la crisis climática, que nos supera por falta de voluntad económica; el exterminio nuclear, cuyo “border line” ha cruzado Putin; y la destrucción de las democracias por el populismo infiltrado en los Parlamentos, con el lamentable ejemplo norteamericano, el duelo Biden-Trump y la deriva protofascista, de gran parte de su sociedad. Y el escenario se complica si tenemos en cuenta el “poder chino”, emboscado pero activo, que se está desplegando poco a poco pero con firmeza por África, Asia y el Pacífico. Con un Trump en la Casa Blanca, las provocaciones a China, vía Taiwan, podrían desencadenar una guerra que se extendería como una mancha de petróleo.

¿Qué haría Europa ante esa posibilidad nada descartable? Lo más sensato sería no tomar una postura de apoyo a Estados Unidos y aplicar un “perfil cero” en esa situación, como sugiere el presidente francés, Macron. No en vano la “troika” europea, Alemania, Francia e Italia, son los principales socios comerciales de China en la UE. Con lo cual el escenario del cambio de paradigma en Europa y en el mundo se complica un poco más, ya que China no es precisamente una democracia ni va camino de serlo (aunque actualmente Estados Unidos comienza a desviarse hacia una democracia que, con un no descartable Trump, sería irreal o simplemente formal).

Una célebre novelista de ese país, Ursula K. Le Guin, escribía: “Vivimos en el capitalismo: su poder parece ineludible” y añadía: “También lo era el derecho divino de los reyes”. El mismo Chomsky, que empezaba un análisis con la frase “Me parece poco probable que la civilización pueda sobrevivir al capitalismo y la democracia debilitada que le acompaña. ¿Podría una democracia operativa cambiar la situación? Hay razones para pensar que sí:” Y cita: “hay que aumentar la conciencia y la reflexión y remodelar nuestras instituciones básicas. Y, por encima de todo, superar la crisis inmediata y urgente a la que nos enfrentamos, a través de unas acciones corporativas y organizaciones sociales que privilegien la educación y la información honesta, con medios de comunicación independientes sostenidos por instituciones populares”. Como decía Gramsci, el activista obrero italiano de izquierdas, “Frente al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad”. Hay que aprovechar todas las oportunidades disponibles para superar los síntomas malsanos del viejo mundo que se derrumba y avanzar hacia un mundo más justo y decente. No nos queda otra opción. Busquemos la forma de apoyar a esas grandes masas de seres humanos que viven en la más atroz supervivencia básica. Grupos de ayuda, de educación, de promoción, promover una revolución de los oprimidos por la vía del conocimiento y la información.

La realidad actual es testaruda. El mundo va a ser multipolar. Y en la anciana Europa –cada vez más con menos peso en el poder global—ni siquiera sostenemos el principio del humanismo con el que nacimos. Las políticas antiinmigración del continente, con el ejemplo sangrante de Italia y su gobernanta de extrema derecha, la señora Meloni, comienza a ser una evidencia de inhumanidad. Pero es que con una población europea crecientemente envejecida deberíamos volver al criterio tradicional de acogida. Es una cuestión de sentido común, haciendo salvedad de su talante ético. En cambio permitimos que el instinto xenófobo depredador de los populismos extremos, dé auge a una política de suicidio colectivo. O peor, ya que en Italia se ha abolido la llamada protección especial, que había permitido la acogida, la integración y,  el acceso a un empleo a millares de inmigrantes sin asilo político y en condiciones de grave vulnerabilidad. Anular esa protección convierte a esas personas en clandestinas e ilegales, lo que enriquecerá a las mafias, con todas sus secuelas de delitos, injusticias y opresiones.

Europa ha dejado de ser un lugar ansiado.  Hay odio contra nuestra sociedad y nuestras instituciones. Se criminaliza la solidaridad y las ayudas humanitarias, se multa y amenaza a los barcos de salvamento marítimo y las ONG. La sociedad comienza a “normalizar”  la inhumanidad, la falta de ética y la indiferencia ante los sufrimientos y las muertes en el mar y en las fronteras valladas. Se está produciendo un efecto contagio que las legitima, secunda y alimenta. Siembran el miedo y el odio hacia los diferentes. Y socavan los principios de humanidad que constituyen la base esencial de la democracia. ¿No ven la semejanza con el mecanismo diabólico que los nazis sembraron en la sociedad alemana de los años 30, que provocaría una cierta complicidad e ignorancia culpable hacia los campos de exterminio?

El cambio de paradigma lleva plomo en las alas. Porque los fallos éticos apuntados crean cierta desidia en el pensamiento crítico de las sociedades europeas y el mundo desarrollado. Hay una evidente  contradicción entre los principios constitucionales de libertad e igualdad de nuestras democracias y las políticas de exclusión de principios éticos en el comportamiento y actitudes, sociales o particulares, que son la clamorosa negación de tales principios. Eso nos puede llevar, cuando aparezcan las carestías y los problemas causados por las crisis sistémicas, a una relativización de los derechos humanos fundamentales, que son universales e indivisibles, o no son. ¿Vivirá nuestra generación la vergüenza de asistir al fin de los valores de Occidente, esa conquista de la Humanidad, en perjuicio de gran parte del género humano?

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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17 marzo 2023 5 17 /03 /marzo /2023 19:08

Publicado en "Heraldo de Aragón", 170323

En 1928 Stefan Zweig escribía: “Ya no cabe el mito en lo terreno, ni aún en las estrellas…es a sí mismo donde el espíritu siempre ansioso de saber tendrá que dirigirse: es a su propio misterio donde se verá arrastrado por la atracción de lo desconocido… así que el descubrimiento de sí  mismo, el propio conocimiento, ha de ser el tema del futuro…ahora, un enigma irresoluble para la humanidad”.  El yo ha sido un enigma que ha preocupado a. filósofos, psicólogos y pensadores espirituales de todas las disciplinas desde la antigüedad y siguen en ello con la ayuda de los neuro científicos de hoy.

Durante siglos, el Yo y la conciencia ha constituido para todos los que buscaban situarlos y definirlos,  una permanente pregunta, corrosiva e irresoluble, a pesar de aplicarse en la investigación secular todas las técnicas posibles, empeñados en la busca de una imagen sencilla y comprensible (y comunicable, claro está) de su naturaleza huidiza. Ha sido preciso dar con la nueva neurología –los años 20 del siglo XXI – para comprender que el Yo es una respuesta, no una pregunta. No “la” respuesta, sino “una”. Una corriente especulativa como el “pansiquismo”, trató de hallarla por un proceso de unión, considerando la conciencia, propiedad esencial del universo, como la velocidad de la luz o la fuerza gravitatoria. La conciencia, según dicen, está presente en todas las cosas,  en diferente medida y cualidad, por supuesto.

Parece que no nos movemos de la especulación, la física, la biología y el elemento espiritual y seguimos estancados. Pero no es así, puesto que las neurociencias han enriquecido radicalmente el escenario y aportan los elementos de una concepción nueva. Entre otras teorías, hipótesis y descubrimientos  asociados al redivivo paradigma de la relación profunda entre todos los seres vivos y la superación de la dicotomía cartesiana del cuerpo-mente en los humanos, he indagado en la bibliografía  de neurólogos y filósofos, desde un clásico como Daniel Dennet con “La conciencia explicada” (Paidós) o el reciente y clarificador texto de la neuróloga Nazareth Castellanos, “Neurociencia del cuerpo” (Kairós), o el fílósofo cognitivista del libre albedrío, John R. Searle, a las obras de Spinoza, Nietzsche, Hume o Epicuro.  El proceso de comprensión del yo y su naturaleza, es problemático. Como decía David Hume, “cada vez que penetro en lo que llamo ‘mí mismo’ tropiezo en todo momento con una u otra percepción física, orgánica…nunca puedo atraparme a mí mismo sin una percepción y nunca puedo observar otra cosa que la percepción”. ¡Y Hume nos decía esto en 1739, en su “Tratado de la naturaleza humana”! El pensador escocés se situó frente a Descartes e influyó en Kant con su empirismo lógico que sostenía que la experiencia es la fuente de todo conocimiento humano, ya sea a través de los sentidos o auto experiencia. El cuerpo pasaba a ser una vía cognitiva preferente, aunque Hume no llegó a sospechar los elementos que la actual neurociencia ha descubierto.

Empezar a comprender la naturaleza operativa del Yo, aislándolo de los fantasmas adheridos a él por la historia personal, la educación y la memoria, es un trabajo complejo que desborda el objetivo de este artículo. Pero es interesante señalar algunos datos que aportan los neurocientíficos,  que vienen a confirmar, gracias a las nuevas tecnologías, muchas intuiciones filosóficas. Digamos que el cerebro, la conciencia y el yo, de la mano de los neurólogos, aprovechan una vía amplia de comunicación neuronal, molecular, electroquímica y enzimática de dos direcciones, desde las vísceras, la piel, el estómago, los intestinos, los pulmones…subiendo a una velocidad de vértigo hacia el corazón y el cerebro y volviendo incesantemente a repetir los viajes, hasta cuando dormimos.

En esa maraña de autopistas, carreteras, pistas y senderos, que forman el Sistema Nervioso Autónomo, viajan los mensajes –en hormonas que son paquetes de información-  ante la ignorancia supina de la mente. Y el evasivo yo,  que cree saberlo todo y sólo conoce los efectos de lo que ocurre en la cocina del cuerpo, con un chef encaramado al piso superior, el cerebro y su gemelo en el corazón –a veces ayudando y  a veces estorbando- para que todo funcione bien. Recordemos que la serotonina, una de las llamadas “hormona de la felicidad” (junto a las dopaminas y oxitocinas), se sintetiza en su mayor  parte en el intestino, como también la histamina.

En el cerebro es donde “se produce” el fenómeno de la mente -y sus contenidos-: ambos son distinguibles…pero inseparables. Y sus conexiones, casi instantáneas, con el resto del cuerpo, estimulan o inhiben nuestras reacciones, nuestras actitudes, comportamientos y en otro orden o nivel, nuestras creencias, ideas o reflexiones. El yo y su esquiva sombra es, como decía Churchill de la Rusia de 1939, “un acertijo envuelto en un misterio, dentro de un enigma”. Pero hay algunas claves…

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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7 marzo 2023 2 07 /03 /marzo /2023 20:06

Este texto fue publicado en La Comarca, el martes 070323

El pasado sábado día 4 de marzo, en la madrugada del domingo, se ha firmado – ¡al fin!-  en la sede de la ONU en Nueva York, un tratado, conocido como el “30x30”, en el que se declara y promete cumplir con el objetivo de proteger al 30 % de los océanos del mundo, creando zonas de protección para especies marinas, para antes de llegar al 2030. Ha costado cerca de veinte años llegar a un acuerdo, dados los inmensos intereses económicos involucrados en la explotación –yo diría “arrase” y “depredación” – de los fondos marinos y las especies destruidas por técnicas invasivas de pesca, las búsquedas energéticas en el mar y en las zonas costeras y las agresiones de la minería submarina.

De todas formas, aunque es una gran noticia, debemos considerar que es un acuerdo o tratado que debe ser ratificado formalmente por los casi 200 países interesados, antes de entrar en vigor plenamente. Es preciso no dilatarlo y comenzar a trabajar en esa defensa, de forma justa y equitativa entre las naciones implicadas. Y detrás de esos Estados y Gobiernos está el Capital, los beneficios y la ceguera habitual y reiterada displicencia de los poderes económicos hacia las “amenazas” ecológicas que conlleva el cambio climático. En ese Tratado también se dirimirá el espinoso tema del reparto de beneficios de los recursos genéticos marinos futuros en esa zona internacional.

Las áreas protegidas serán creadas en zonas de los océanos que no pertenecen a ningún país (de ahí lo del 30%), es decir el espacio marino situado más allá de las 200 millas desde la costa que controla cada Estado (zonas económicas exclusivas). En esos espacios “nacionales” y que forma casi el 50 % de las aguas oceánicas del planeta, no hay normas internacionales que protejan la biodiversidad marina que actualmente está disminuyendo a un ritmo catastrófico, según los científicos. Las ONG (hay 40, entre ellas “Greenpeace”) unidas en la “Higs Seas Alliance”  han tenido un papel importante en el logro de este pre-tratado. Hasta el secretario general de la ONU, Antonio Guterres declaró en la Conferencia, “Ya no podemos ignorar más la situación de peligro del océano”.

Es un acuerdo histórico para proteger las aguas que no son de nadie porque son de todos, mientras que el 50m % restante de la superficie marina, aguas que son de algún país costero, siguen siendo explotadas  a una velocidad e intensidad depredadora que augura un futuro lastimoso.

El límite del 30% protegido antes del 2030, deja fuera a más de un 20% que podría ser un objetivo adicional para después del 2030 (caso de que el acuerdo sea ratificado formal y operativamente). Paradójicamente si en ese 30 % los recursos genéticos marinos son justa y equitativamente distribuidos –y los “grandes” aceptan ese reparto- podría aparecer una posibilidad de salvación para los océanos. Pero la codicia es el primer motor de nuestro sistema económico global. Es difícil ser optimista.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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4 marzo 2023 6 04 /03 /marzo /2023 15:49

 

UN NUEVO PARADIGMA PARA SALVAR A LA TIERRA

 

(Publicado en la revista Compromiso y Cultura, marzo de 2023

En 2015 una escritora norteamericana llamada Elizabeth Kolbert, especializada en temas científicos, publicó un libro “La sexta extinción” (Ed. Crítica) por el que recibió el Premio Pulitzer. En él, Kolbert se hacía eco de una denuncia de los biólogos del mundo entero contra la extinción continua y masificada de un gran número de especies. Es la sexta gran extinción que está sufriendo el planeta según los científicos, biólogos, zoólogos, antropólogos y geólogos, pero ésta tiene dos características diferenciales: está ocurriendo ahora y la especie humana es la única responsable. Y no se trata de la desaparición de organismos diminutos, esporas o líquenes, sino de especies más complejas y fundamentales para el bio-equilibrio. Usando datos cruzados entre los diversos centros científicos, para finales del siglo XXI, Kolbert pronostica la desaparición de casi la tercera parte de todas las especies vivas que existían en la tierra. La lectura de este libro y también el de Bill Gates sobre “Cómo evitar un desastre climático” (Plaza Janés, 2021)  me han servido de contrapeso argumental para valorar una serie de libros publicados por Kairós, “Vivificar” -2022,2016) de Andreas Weber, “Así habla la Tierra”(2022) de Jordi Pigem, el venerable “Gaia” (1987-89) de un grupo de científicos (Lovelock, Bateson, Varela, Maturana…) y el clásico “Diálogos con científicos y sabios” (1986-90) de Renée Weber, en la editorial Libros de la liebre de marzo.

Se trata como habrán podido suponer ustedes de presentar unos análisis competentes de la gravedad del momento bio ecológico que vivimos, no sólo denunciando los múltiples problemas que pueden acabar con nuestro mundo, sino facilitando puntos de vista que trabajan en pro de encontrar soluciones o caminos alternativos, incluso de nuevos paradigmas…todos ellos remando en la misma dirección: la integración de las especies en el Todo al que pertenecen, sin preeminencia ética o vital de ningún tipo, sino abogando por la causa de la interelación como fundamento de una ecología integrada y en definitiva el único camino que tendría efectividad. Curiosamente un camino que nunca ha sido seguido más que por unas minorías marginadas de las sociedades económico-depredadoras que han usurpado el poder en el planeta desde la Revolución Industrial hasta el aciago siglo XX y mucho más acá (todos los conflictos bélicos actuales, desde África hasta Ucrania, tienen un vergonzoso y evidente componente de ansia hegemónica de poder económico y de ambición depredadora).

La multicrisis que afronta nuestro mundo en esta época decisiva han formado una especie de “tormenta perfecta” que incide en aspectos tan peculiares como la energía, la alimentación, la salud humana, las sequías, todas bajo un paraguas de cuestiones económicas, como si fuera el oro de Midas. Todas están conectadas y como pregona Gates “requiere una respuesta conjunta que dé prioridad a la cooperación, solidaridad e innovación mundiales”. La guerra en Europa está agravando los síntomas de la debacle mundial: encarecimiento de la energía y los alimentos (con hambrunas en África) y la pandemia de la covid no nos ha enseñado una verdad palmaria: ningún país en solitario puede resolver los problemas globales. El hambre, la sed, la sequía, la escasez de alimentos y energía, la potencial aparición de nuevos virus, deberían reforzar la idea de la solidaridad y la cooperación como el tejido de un nuevo orden mundial que afronte todas las amenazas que parecen esperarnos a la vuelta de la esquina. Pero el tiempo pasa y la tendencia es la contraria: exacerbación de los nacionalismos y las brechas de tipo racial, sexual, económico, sumadas a  ideologías fascistas que defienden la estrechez de fronteras, de ideas y de razas. Existe una tecnología suficiente y en dinámica de crecimiento-  para garantizar un futuro, pero hay fuerzas contrarias a ello y con la miopía necesaria para defender egoísmos nacionalistas o raciales.

Por todas estas razones los libros del biólogo y filósofo alemán, Andreas Weber, “Vivificar” y del filósofo español Jordi Pigem, “Así habla la Tierra”, inciden en un nuevo paradigma que defiende la integración de los seres vivientes como una forma de desarrollo equilibrado. Ambos proponen una poética  de la vitalidad, una suerte de “ecosofía” (escucha de la filosofía de la Tierra, en los árboles, las montañas, los ríos o el océano). Como dice Pigem, “no estamos solos. Cada forma de ser es una forma de sentir. Tendemos a ignorar eso, fascinados por la tecnología y las múltiples exigencias y supuestos “dones” de la existencia actual”. El medio natural, nos recuerda Weber, es parte de nosotros y deberíamos vivir en una permanente interconexión con él. El momento actual es un rotundo mentís a ese mensaje y estamos arrasando le Tierra con nuestro espíritu depredador y sus caballos de batalla: la economía y la falsa superioridad antropocéntrica. Weber propone un nuevo paradigma, una relación de simbiosis creativa del ser humano con la Naturaleza. Eso es “vivificar”. Noble término para un presente opuesto a él: estamos matando al planeta. El mensaje de Weber y Pigem suena utópico, pero también profundamente razonable. Debemos trascender el pensamiento racional, dice Weber, - -y evitar el pensamiento “nazional”, añado yo--, y reconsiderar  la vida y la vitalidad con una perspectiva diferente: considerarnos parte intrínseca de la naturaleza y actuar en consonancia con el Todo, reconciliándonos con el mundo natural, liberándonos de nuestro antropocentrismo y creando un sistema de valores en el que se integra todo lo que vive. El ser humano no es viable de una forma aislada  -nuestra identidad se construye a través de la relación con otros seres humanos- y debe superar la lucha de todos contra todos como forma de supervivencia, oponiendo la solidaridad de todos con todo, como la única forma de progreso. Como decía uno de los ecofilósofos pioneros, Aldo Leopold: “Hay que pensar como una montaña. Es decir no pensar desde el punto de vista del individuo, sino desde una forma de vida creativa y productiva; solo así podemos comprender lo que hay más allá de nuestra limitada imaginación”.

Weber nos recuerda que se han descubierto sentimientos en otros seres no humanos y hasta ahora poco considerados. La vida, nos dice, se encuentra en el núcleo íntimo de la experiencia emocional…las plantas cooperan entre sí, se comunican y sienten dolor…las abejas se deprimen y las arañas sueñan, los delfines tiene sentido del humor y capacidad de reírse, los orangutanes comparten un 95% de nuestro genoma, los perros y los gatos tienen emociones…vivimos en el seno de una biosfera sensible, ¿cómo sostener la presente, supuesta e irreal superioridad de la especie humana? Y Weber propone “tenemos que dejar de tratar al resto de los seres vivos como objetos”. Ya que, en sí mismo, el ser humano no es un individuo, somos ecosistemas formados de trillones de microbios y moviendo hilos que ni siquiera sabemos que existen y que se comunican y relacionan con otras colonias de seres vivientes. Ya sean personas o flores, árboles o animales. Pero ignoramos esta vitalidad entrelazada. “Vive tu vida de manera que nutra la vida”. Esa idea forma parte del nuevo paradigma que podría salvarnos a los humanos y de paso salvar al planeta y las miríadas de seres vivos que existen en él. “El intercambio metabólico es siempre significativo. Es una revelación poética del Todo a través de transacciones particulares”, añade Weber.

En el delicioso libro de Pigem, donde todas estas ideas está incluidas en los aportes poéticos de ríos, desiertos, montes, selvas y océanos que toman la palabra para  mostrar su mensaje al lector, hay una cita de Coleridge que resume un poco la ecosofía que anima a muchos de los autores citados: “Recuerda que todo lo que es, vive/ una cosa absolutamente inerte es inconcebible/ excepto como un pensamiento, imagen o fantasía/ en algún otro ser”. Y otra de su maestro, Raimon Panikkar: “La vida no es un accidente que se adhiere a la materia/ La Tierra es un ser vivo; el universo es un ser vivo/ el cosmos entero está vivo/…es decir, la realidad está viva”

 

Los últimos avances de la neurobiología y el estudio científico de la conciencia avalan de alguna manera las intuiciones y reflexiones de muchos de estos estudiosos y sabios, físicos y practicantes de la nueva biología que tratan desde hace años de ofrecer un enfoque diferente e integrador de la ecología, con otras disciplinas científicas y sociales.En 2015 se celebró en Tucson (Arizona) una Cumbre internacional sobre Ciencia postmaterialista, Espiritualidad y sociedad, en la que se consensuó un manifiesto que de alguna forma resume mucho de lo trabajado por los autores que hemos citado, el famoso Proyecto Gaia e investigaciones sobre “cuestiones cuánticas” formuladas  por clásicos de las ciencias físicas como Heisenberg, Einstein, Pauli, Schrodinger, Plank o Eddington. Los puntos esenciales de la teoría alternativa propuesta, eran:

. La mente es un aspecto de la realidad tan esencial como el mundo físico. No puede derivarse de la materia ya que sólo algunos aspectos de la mente son el resultado de procesos fisiológicos. La conciencia es causal y la realidad física es su manifestación. La conciencia se extiende más allá del cerebro, lo trasciende y es capaz de existir independientemente de él.

. Todas las cosas en el cosmos están interconectadas a nivel cuántico, de manera que se influyen unas a otras. Todas las cosas son una en la gran urdimbre de la creación. Existe una interconexión profunda entre la mente y el mundo  físico. Forman una red de vida a la que informa e influye y es informada e influida a su vez por dicha red.

. Algunos aspectos de la conciencia no están limitados por el continuo espacio-tiempo y tampoco se originan enteramente dentro de la neuroanatomía de un organismo.

. El bien de uno y el bien de los muchos son simbióticos: se trata de la afirmación de la antigua sabiduría que podemos ser tan fuertes como nuestro eslabón más débil.

Pero ese cambio de paradigma es una parte de la solución del problema.  Es preciso señalar con claridad y urgencia las posibles medidas que pueden evitar el desastre climático, como hace Bill Gates en su libro, de forma bien pragmática. Hay soluciones científicas y tecnológicas a las brutales amenazas que nos vienen encima. Pero no son varitas mágicas que las resuelven de golpe.  Es una tarea titánica y requiere de algo fundamental que es menos probable que logremos: un consenso global (que está lejos de existir) y unas medidas políticas que favorezcan esa transición (a un precio de responsabilidad individual y social más utópico aún: requiere sacrificios y alejarnos de ciertos lujos y comodidades). Escribe Gates: “necesitamos que el sistema energético prescinda de todo aquello que hace daño al planeta y conserve lo que nos interesa. Es la cuadratura del círculo: que el sistema energético cambie por completo y que a la vez las ventajas de su uso permanezcan parecidas.” Estamos lanzando 51.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero cada año. Eso nos lleva al suicidio colectivo, ante el que la ciencia y la tecnología tienen muy poco campo para gestionar. Se trata de cambiar un estilo de vida en  la sociedad opulenta. Y eso requiere un cambio de manera de pensar que el ciudadano de tales sociedades no está dispuesto a asumir. La cómica paradoja del asunto es que sólo a causa de una pandemia mundial como la COVID-19 se logró bajar sustancialmente dicha emisión.

Es obvio que nuestro género sólo aprende a base de jarabe de palo. ¿Estamos asistiendo al réquiem por un planeta difunto? Como saben ustedes, el mismo réquiem nos concierne a los seres humanos. Sólo una decidida apuesta por el paradigma unificador que hemos comentado podría añadir algo de esperanza al problema. Pero como escribió Thomas Kunh los paradigmas tienen la mala costumbre de luchar denodadamente entre sí, a través del paso de lustros y decenios, para permitir que el más nuevo prevalezca. Y, desgraciadamente, no nos queda mucho tiempo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Libros recomendados: “Vivificar” de Andreas Weber; “Así habla la Tierra” de Jordi Pigem; “GAIA” de varios autores; Todos ellos editados por Kairós. “Dialogos con científicos y sabios” de Renée Weber, Ed. Libros de la liebre de marzo; “Cómo evitar un desastre climático” de Bill Gates, Ed. Plaza Janés; “La sexta extinción” de Elizabeth Kolbert, Ed. Crítica

 

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