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19 junio 2012 2 19 /06 /junio /2012 07:56

  tocar libros

 

 De Jesús Marchamalo leí y comenté aquella linda obra sobre las bibliotecas de escritores conocidos que habia salido en forma de reportajes dominicales creo que en el ABC cultural. Marchamalo es periodista en activo y sumamente relacionado e interesado en el mundo del libro, desde los escritores pasando por editores, libreros, bilbiotecarios y lectores en general.

Ahora reedita (por tercera vez) un pequeño opúsculo "Tocar los libros" (en esta ocasión edita Fórcola) y cualquier miembro de los estamentos librescos antes mencionados se sentirá irremediablemente atraido por esta obrita de 78 páginas que destila amor a la letra impresa, a la novela y a esos objetos maravillosos llamados libros (apasionados del ebook, abstenerse) que crean una variadísima tipología de personas adictas. Se trata pues de un homenaje sentimental y emocional a la literatura en general y al objeto libro en particular, narrado como una confesión íntima o como un pliego de descargos sobre las patologías que engendra la afición demedida a los libros y a la lectura.

Jesús Marchamalo sabe bien de lo que escribe y uno otea rapidamente  que ese "lletraferit" se ha enfrentado a las mismas perplejidades que todo amante de los libros tiene que afontar en algún momento de su trayectoria vital, paralela a la de su bilbioteca.

Desde la forma de ordenarlos, alfabetica, por autores o titulos, temas, escuelas, epocas, tamaños, géneros, editoriales, siglos, paises (sea cual fuere la fórmula, conlleva multiples problemas de coherencia) hasta el hecho amenazador de su cantidad creciente que va colonizando nuestro hogar creando problemas insolubles, hasta su destino final cuando nos sobrevivan y seamos incapaces de adivinar su destino. Marchamalo también nos habla del sindrome del espejo que muchos libros tienen en relación a sus dueños. Y así uno puede saber bastante sobre la peripecia vital del dueño de la biblioteca observando qué libros tiene, en donde están los más preciados, cómo lee o qué autores son los más leidos.

Si uno de nuestros amigos presume de cínico y antisentimental pero atesora "Los versos del capitán" de Neruda desde la adolescencia, creo que estamos en disposición de dudar de la careta que se pone.  Por otro lado Marchamalo nos recuerda la disposición "gatuna" de algunos libros: esos que uno acaricia, lleva consigo a la isla desierta, los lee una y otra vez, acaricia sus páginas y mira con nostalgia su portada o su lomo, como si el objeto latiera cálidamente y ronroneara cuando pasamos la vista por su interior.

El volumen va ilustrado con fotografías de diversas bibliotecas personales, entre los muchos amigos y entrevistados ilustres que Marchamalo ha coleccionado tras más de 30 años de ejercer el periodismo literario. Su confesa bibliofilia le acerca a esos autores y le hermana con todos los que amamos los libros.

Vemos rincones de las "cuevas de las maravillas" o bibliotecas, de Savater, Mateo Díez, Gastón Baquero (el hombre-biblioteca, un borgiano excesivo), Vila Matas, Sergio Pitol,Trapiello o  Luis Alberto de Cuenca, pero por encima de todo encanta el tono relajado, irónico y confidencial de Marchamalo, algunas de cuyas preguntas al lector, nada retóricas, constituyen un enigma sin respuesta posible. "¿Para qué conservar libros que sabemos que nunca vamos a volver a leer, que probablemente nunca vamos a volver a necesitar?"(pag.43) o mencionar de pasada algo que compartimos los de su generación: "años de educación y respeto reverencial a la letra impresa han determinado la aparición de un gen que nos impide tirar libros, no digo ya romperlos o quemarlos", (pag.50) . Y acaba con un canto a lo imposible, a la quimera del lector incansable, destinado a ser derrotado: "La humanidad publica un nuevo titulo cada treinta segundos, ciento veinte a la hora, dos mil ochocientos al dia, ochenta y seis mil al mes. Luego un lector medio lee en toda su vida lo que el mercado editorial produce en menos de ocho horas" (pag.55). Dios mio, qué mareo...

 

 

 

 

 

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17 junio 2012 7 17 /06 /junio /2012 07:32

Sacame_del_paraiso-914660333-large.jpg

 

El director David Wain (que en 2008 realizó la película "Mal ejemplo", una cinta que no fue valorada justamente) nos ofrece una comedia con mensaje envenenado en un recipiente de risas y excesos cómicos. Las experiencias de un matrimonio joven y encantador, George (Paul Rudd) y Linda (Jennifer Aniston) desde su aparentemente enrollada vida con empleos y un "microloft" en el West Village neoyorquino, pasando por el fracaso laboral de ella y el despido de él, hasta caer en una comuna hippy de vida aparentemente idílica y desenfrenada sexualmente (no se asusten es una película más casta que obscena, excepto en el dialogo), es un vivero de gags divertidos y algo excesivos y de una crítica feroz envuelta en papelines de colores.

Quizá el problema de esta película sea su evidente vocación comercial. Desde la elección de los protagonistas o los secundarios, hasta las situaciones que crea el guión y el lenguaje que se emplea, con una contundencia que busca sin frenos la complicidad y la diversión del público, incluso recurriendo a la escatología, el ridículo y la verguenza ajena.

Pero a pesar de esta vestimenta exterior que recurre al humor como un carnicero recurre al hacha para desmembrar una pieza de carne, lo que se nos ofrece es un retrato duro y sin concesiones de la mezquindad, el egoísmo, la rijosidad, los engaños y las miserias de todos, porque no hay ni un solo personaje que se salve, incluso los menos dañinos rozan la estupidez o la simpleza más bobalicona. Eso si, todo rodado en clave de humor. Hay secuencias como el monólogo autoterapéutico de Paul Rudd ante el espejo para convencerse de que debe hacer el amor con una despampanante hippy rubia, que produce verguenza ajena (supongo que el actor lamentará haber rodado semejante estupidez bochornosa) o la descampada de los miembros nudistas del club de los aficionados al vino, que lleva al espectador a reflexiones serias sobre la vejez y el ridiculo. Estas escenas hacen de contrapeso a frases tan memorables como la de Rudd al despertarse con el escritor nudista junto a la cabecera de su cama y dice "en esta casa uno siempre acba por tener un pene delante de la cara". Obscenidades a gogó y un final tipo "todo es maravilloso" absolutamente artificial, hacen de esta película un producto contradictorio y dificil de catalogar.

Los secundarios hacen un trabajo formidable, desde el increible Justin Theroux, como el líder de la tribu, Karthryn Hahn, la hippy angelical, Joe lo Truglio (magnífico nudista) y un Alan Alda que parece lleva muy bien su vejez y mantiene la chispa y la ironía en su papel de anciano santón fundador de la comuna (es el que mas parece haberse divertido en esta película en la que todos, sin excepción, parecen haberlo pasado requetebien, pasados de vueltas).

Las secuencias de la comuna son las mas lisergicas, divertidas y excesivas, pero donde al director se le va la mano es en las que transcurren con el hermano de Rudd, su familia y su trabajo y mansión. Aquí ya se destapa un poco el humor malvado que ha caminado disfrazado durante todo el metraje de la cinta. En el descerebrado, mezquino, absurdo y cruel hermano ya no hay disfraz y es dificil reirse ya con estas escenas.

No es una pelicula más de Jennifer Aniston, edulcorada, semiprovocativa y en el fondo moderada y convencional...es una broma, a menudo de mal gusto, en la que se nos escapan algunas risas entre rachas de verguenza ajena y sorpresa ante el vitriolo critico que el director esparce aquí y allá. Y aun así, vale la pena verla.

 

 

 

 

 

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15 junio 2012 5 15 /06 /junio /2012 07:19

libreria n.oport.

Imaginaos una librería vieja,entrañable, polvorienta, donde se acumulan los libros, todos dotados de una extraña vida propia, libros amados, pero dejados a su aire, envueltos en un ambiente ligeramente perfumado, con muebles viejos, puertas que se cierran o ventanas imposibles de abrir, todo ello en un pequeño pueblo de una diminuta isla cerca de la costa oeste norteamericana, una isla húmeda, llena de musgo, lluvia y vientos, un lugar que parece haber surgido de un relato de Melville, Poe o Irving. Si a todo ello añadimos que la protagonista y su tia, la dueña de la librería, son de origen hindú y han llevado a su tierra de promisión sus costumbres, sus dioses y sus historias, la cosa promete.

Pues bien, Anjali Banerjee, nacida en la India y educada en Canadá y Estados Unidos, la autora de "La librería de las nuevas oportunidades" (editada por Lumen) que reside en la costa oeste del Pacífico, no muy lejos del lugar donde radica su novela, ha escrito una obra deliciosa en la que a partir de una historia de desamor, un divorcio y un abandono con traición incluida, la protagonista, una analista financiera, Jasmine, encontrará un nuevo sentido a su vida, "una nueva oportunidad" en una vetusta librería, propiedad de su tía.

A partir del primer capitulo donde se nos presenta a Jasmine, su dolor y frustración emorosa y el lugar donde todo va a cambiar, la isla de Shelter "una mota de verde oscuridad empapada por la lluvia" en el estrecho de Puget, todo va desencadenándose con un ritmo bien llevado, una algo excesiva reiteración en las secuelas emotivas del desengaño de Jasmine, la aparición misteriosa del doctor Connor Hunt, pero sobre todo la dinámica interna de la librería.

Y aquí está el mejor acierto de esta autora que, sin este adimento, solo hubiera escrito una novela sentimental de mucho menos valor literario: los libros caen y se unen o cambian de lugar seguiendo unas pautas muy misteriosas, hay voces y presencias de viejos autores que interactúan con la protagonista, la casa misma, uin caserón muy viejo que parece que se va a caer en algún momento, pero que guarda un inmenso encanto, toma a menudo el protagonismo y se convierte en un interlocutor anímico de Jasmine. No hay sensación de miedo o truculencias de casa encantada, todo se desarrolla con una sorprendente naturalidad. Puertas,ventanas, libros y presencias fantasmales están acompasadas en ofrecer a Jasmine la oportunidad de rehacer su vida y conectar con la parte mas libre y bella de su personalidad.

Los libros se comportan como intimos amigos, terapeutas emocionales, vivero de nuevas oportunidades, sin llegar a ser, gracias a Dios, elementos manipulados para dar consejos o directrices tipo libros de autoayuda. Evidentemente la trama de esta novela es algo que no nos ocurre cuando lo necesitamos (si la vida real fuera así, la profesión de psicólogo habría desaparecido de las universidades). Por tanto, la sigladura de Jasmine en la isla y su relación con la librería de "tía Ruma" (cuya extraña "enfermedad" que motiva la llregada de Jasmine a la isla, se aclara al final), que propicia una interacción liberadora y gratificante de la protagonista con los niños y los adultos de la isla, conforman una novela iniciática con un mensaje positivo evidente a favor de los sentimientos, la fuerza creativa de los libros y la necesidad de abrirse a la vida aunque la experiencia anterior que hemos vivido nos haya arruinado el alma.

Quizá uno recela un poco de la insistencia y reiteración con la que Anjali Banerjee nos alecciona sobre el desengaño y las esperanzas amorosas de Jasmine. Es demasiado evidente y visible el objetivo emocional que persigue la autora. Pero la referencia a los libros, los autores y los placeres que evoca la lectura, dan peso específico a esta novela irregular pero deliciosa de leer. Como dice la entrañable tía Ruma, "vender libros es un estilo de vida, no solo un  modo de ganarse el pan". Y el estilo de vida que crean los libros y su presencia salvan, en definitiva, la calidad evocadora de esta novela.

Quizá las referencias a la lectura, a los clásicos ("quizá alguien no quiere que los clásicos caigan en el olvido", pág.25), a la cocina bengalí tan especiada, a las cualidades del buen librero ("paciencia, cortesia, entusiasmo,compasión", pag 85) a lo que ofrecen los libros ("son más que meras mercancías.Contienen nuestra cultura, nuestro pasado, otros mundos, el antidoto contra la tristeza", pág 86) hacen que la novela se recupere de los excesos sentimentales de la autora. En resumen: una novela entretenida que supera las simpleza emotivas de la novela rosa y sabe crear un mundo propio con encanto para los amantes de los libros.

 

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14 junio 2012 4 14 /06 /junio /2012 09:57

carlos-copia-1Bueno, amigo, hermano, mi querido Carlos, indispensable, añorado, se te brinda  homenaje público y notorio en el Ateneo barcelonés. Detrás de todo, esa potencia energética en forma de mujer, tu esposa, Lola, Lolilla, que trae a la luz el Guadiana de tus evocaciones, sentimientos, sensibilidades, los trabajos y los días de una vida doble, o triple, material bastante valioso que tu habías compartido con contadísimas personas y que, según alguna vez me habías confesado, eran "material de aluvión literario", una forma de equilibrar literaria y filosóficamente los vendavales y las tormentas interiores que la vida iba creando en torno a tu aparentemente frágil esquife (en el que, no obstante, emprendías singladuras que hubieran hecho estremecer las cuadernas de bajeles más sólidos y mejor armados).Textos que nacían de tu enorme sensibilidad y que no estaban destinados a ser conocidos por nadie o quizá por alguna persona muy especial y entre ellos algunos --muy escogidos-- poemas que, quizá, podrían aspirar a ser publicados algún día (en vida tuya, pensábamos). 

Estés donde estés, te supongo distraido y nada perdido en la imposible biblioteca borgiana de los senderos que se cruzan en el infinito, me pido la vez: voy a escribir sobre ti una vez más, una forma compensatoria de mi inapreciable ausencia en ese gran acto honorífico que se dedica a tu memoria. Mi memoria de tí pide intimidad y sosiego, nada de focos y aplausos, una musica suave que mitigue el fragor de las palabras laudatorias, quizá un narguilé de tabaco aromático fumado en la calma de la tarde de este pueblo aragonés que, por muy poco, no tuve ocasión de enseñarte. Disculpa, amigo, hermano, por no acudir a tu merecidísimo homenaje, ya comprendes que no preciso de sello de asistencia para sentirme partícipe de tu memoria.

Seguramente me pierdo la posibilidad de encontrarte en el Ateneo, quizá de pie tras la última fila  de asientos de la sala Oriol Bohigas, mirando con un punto casi indescifrable de sana ironía las palabras que los ponentes te dedican. Era la única posibilidad que me hubiera llevado a la calle Canuda y, claro está, era tan lejana e irrealizable, que he preferido optar por simultanear mi tímido y diminuto homenaje personal, unas enormes minucias, con el que se desarrolla en estos mismos momentos en el Ateneo.

Así que pasemos al ritual: enciendo el carbón de mi narguilé, aspiro el perfumado humo entre el gorgoteo del agua y pongo frente a mí la foto en la que estamos los dos, muy sonrientes, mirando la cámara que enfoca tu mujer. Estamos en la casita que poseíais en San Pedro de Ribes. Luego habrá un largo paseo, a solas los dos, una charla que acabará sentados a la fresca en la terraza. Según las notas de mi diario, hablamos de dos temas, la soledad como elemento dinamizador de la creatividad para el escritor, el poeta y el filósofo y la necesidad perentoria de un sentido ético de la vida, no sólo la pública, también la íntima y personal. Las ideas, las reflexiones, las vivencias, las bromas, la ironía y el humor, saltaban como truchas en la corriente del río de la charla. En un momento dado, tras una feliz metáfora de alguno de los dos, nos miramos muy serios y dijimos: "es una pena que todo esto se pierda, tantas ideas, tantas propuestas, tanto y tan sano humor". "Deberíamos escribir un libro al alimón"."Habría que establecer un día a la semana en el que compartir todo esto" Los dos jugábamos irreflexivamente con la idea de que teníamos tiempo. No había prisa. Eramos casi eternos. Y eramos sinceros. Inconscientes pero sinceros. Nos quedamos en silencio. "Es una pena" musitaste. Entonces te dije algo que me salía del fondo del alma. "Llevamos años, dije, comprobando que cuando estamos juntos, de nuestra charla salen conceptos, ideas, imágenes, estructuras de razonamientos y proyecciones reflexivas de cierto valor, originales, audaces, imaginativas. Creo que esto es algo que tu propicias -- (en mi anotación pone una sola palabra que me ha permitido recordarlo todo: Sócrates)-- y que se produce por una virtud tuya: tu generosa disponibilidad y por la audacia intelectual de los dos, cuando nos sentimos libres y podemos ser como somos en realidad, sin máscaras y sin armaduras. Con ninguna otra persona dejo volar tan libremente mis ideas. No me siento juzgado, ni me sujeto a ninguna pretensión ni presunción. Eres un partero de ideas, un comadrón del intelecto. Como Sócrates persigues la verdad como un lebrel a su pieza y cuando ésta da un salto hacia las estrellas, tú creas el armazón lógico, la estructura literaria o filosófica donde va a tomar forma y sentido". Sonreiste. "Deberíamos vernos más a menudo", dijiste. Tenías razón, hermano. Ahora ya "nos vemos" muy a menudo. Pero ya no tengo tu palabra.

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12 junio 2012 2 12 /06 /junio /2012 07:11

haiku.jpgDentro del universo zen (aunque no sólo pertenece a esta disciplina sino a la tradición literaria japonesa) existe un tipo de poema corto, el haiku, formado por tres cuerpos de cinco, siete, cinco sílabas en el que el poeta trata de reflejar la inmensidad del instante, el aquí y el ahora, la belleza de ese segundo de percepción en el que se esconde el aliento vital, la poderosa corriente del ki, invisible y permanente, en la que se puede condensar la fuerza creativa de la Naturaleza. Ha habido grandes maestros zen que eran expertos poetas de haikus y ha habido poetas, no solo japoneses, que han utilizado la fórmula del haiku para ofrecer imágenes de una profundidad y belleza asombrosas, siempre dentro del esquema del "aquí y el ahora", básico en el budismo en general y en el zen en particular (entre ellos, nuestro inabarcable Borges).

Ayer, en la Casa del Libro de la Rambla de Cataluña, se presentó el libro "Haiku Grafías" del fotógrafo Juan Carlos Valdovinos y el poeta José Antonio González, dos hombres vinculados a la Escuela que dirige con su amable sabiduría la maestra Berta Meneses. Ella misma ha escrito las presentaciones de las cuatro partes que componen el libro (haikus relacionados intimamente con imágenes captadas por la cámara sensible de Valdovinos).

El acto tuvo la sosegada intimidad cortés que suele emanar del zen y los ponentes, el cónsul de Japón en Barcelona, la traductora del castellano al japonés Yayoi Doho y el profesor Angel Ferrer, más de treinta años de estancia docente en Japón, fueron desgranando diversos aspectos del libro y de la implacable efectividad poética del haiku, su brevedad, su sencillez y su extraño misticismo seglar en torno al evasivo instante que ilumina al observador.

Escuché la intervención de mi maestra Berta con redoblado interés, no sólo por lo que siempre traslucen sus palabras sino por el guiño incesante que la maestra emite a los que la conocemos: la referencia a la no presencia sin ausencias, a la paradoja de la barrera sin puerta, a la identidad sugerente de "nadie", al sonido de la palmada de una sola mano, a la contundencia inacabable del "mu", al "mushin" o no pensamiento, a ese acertijo sin solución lógica que da el salto de fe hacia el infinito,  el koan. No habia referencia directa alguna a todo esto en las palabras de Berta, pero le bastó evocar la esencia de "nadie" para que todo resurgiera en mi mente. Nuevamente me vi, veinte años antes o más, sentado en zazen frente a ella, tratando de mostrarle qué es "mu". Y ella devolviéndome una mirada y una sonrisa envolvente, cálida, llena de ese duro afecto zen, tan compasivo y tan íntegro y poco sentimental, casi brusco, el sabor zen auténtico.

Adios en "gasho", maestra.

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9 junio 2012 6 09 /06 /junio /2012 07:48

libreria-ambulante.jpg

 He aquí un clásico de la literatura norteamericana que es, por propio mérito, un clásico de la literatura occidental, aunque haya pasado desapercibido para nosotros por esas ocultas razones que uno nunca acaba de comprender.  "La librería ambulante" fue publicada en 1917 y aquí nos llega gracias al buen olfato de la editorial Periférica, con traducción esmerada de Juan Sebastián Cárdenas y fecha de edición de 2012.

Si quieren pasar un buen rato entren en el mundo ya definitivamente muerto y nostálgico de unos Estados Unidos rurales donde los carromatos de caballos comparten los caminos y las carreteras comarcales con ruidosos automóviles, la gente vive el tiempo con las estaciones naturales y se ocupa de labores tradicionales entre el campo y la granja, hornear hogazas de pan, preparar pasteles de carne o postres de frambuesas.

Y así, la protagonista, Helen McGuill, una dama que roza la cuarentena y se encuentra a sí misma vieja y demasiado gorda, ama de casa que ha contabilizado seis mil hogazas de pan horneadas en los pocos años que lleva en esa labor viviendo con su hermano, un conocido escritor, decide liarse la manta a la cabeza, abandonar su hogar y comprarle su carromato a un vendedor ambulante de libros para vivir la aventura de los caminos y el placer de vivir entre libros (el carromato tiene dos grandes estanterías laterales que nse abren con un mecanismo) y el placer de darlos a conocer y venderlos.

Y aqui entra la magia de esta novela: el carromato Parnaso,--arrastrado por el caballo Pegaso (Peg) y acompañado por el perro Bock (de Bocaccio)--, una libreria ambulante, dirigida por un hombrecillo Roger Mifflin, cuyo amor por los libros y labia inteligente, gana el corazón del lector, forman un entramado literario con una fuerza espectacular.

De una sencillez aplastante, un humor limpio y unos personajes atractivos, la novela circula entre los títulos de los libros que vende Mifflin, el viaje que emprenden la dama y el librero por la rural Nueva Inglaterra, en la Norteamerica de principios del siglo XX y el desarrollo de una trama amorosa descrita con una delicadeza tan atractiva como la sinfonía de colores de los bosques, los aromas del campo o las copiosas comidas en las granjas. En la trama, en la que no faltarán problemas y elementos discordantes que son resueltos con mano firme y amable por el novelista. El autor, Christopher Morley (1890-1957) periodista y escritor, tiene un estilo que recuerda poderosamente al de O'Henry o Mark Twain. Fue considerado un escritor de éxito en las primeras deccadas del siglo XX y despues se convirtio en un escritor de culto. Es una buena noticia que los lectores españoles puedan acceder a la delicia de esta novela (en la que uno percibe el humor socarrón pero refinado de un Amis, un Barnes o un Wolfe).

La misión autotrascendental del librero Mifflin, que lleva y vende libros a personas sin apenas base cultural, haciendo que sientan ese amor y respeto por la buena lectura, convirtiendolos en lectores devotos, tiene un gancho enorme. Unase a ello la habil descripción de paisajes  y ambientes (aqui se ve la influencia de H.D.Thoreau en el autor) y las peripecias y problemas que se ven obligados a superar los protagonistas. Tal es el humor y la sencillez, la emotividad que desprenden estas páginas que uno acaba colocando este libro en su anaquel de libros que merecen visitas diversas a traves de los años. Fíjense en la portada y en la cuidada edición de Periférica y comprenderán el atractivo visual del libro (sin entrar en el de su interior). Lejos de las novelas de carretera de unos años más tarde como "On the road" y el movimiento "beat", esta se acerca más por la placidez y la poesía que emana a clásicos como el "Tom Jones" de Fielding, o nuestro Don Quijote. Como dice el locuaz Mifflin, "Ninguna criatura sobre la faz de la tierra tiene derecho a creerse un ser humano a menos que este en posesión de un buen libro" (pag.63) o "Cuando le vendes un libro a alguien no solamente le estas vendiendo dode onzas de papel, tinta y pegamento. Le estas vendiendo una vida totalmente nueva. Amor, amistad y humor y barcos que navegan en la noche" (pag42) o como dice y firma Morley en su prólogo-carta dirigida a un editor en el que le manda el manuscrito "escrito" por Helen McGuill (otra semejanza con "El Quijote" en el que Cervantes hace autor de la novela a un morisco Hamete Benenjelí): "la diversion mas celestial conocida por el hombre: vender libros" (pág.8). Tomen nota los libreros. Es refrescante aun en estos tiempos de crisis.

En fin una lectura amable, tierna, sentimental y llena de humor para el fin de semana, para toda la vikda.

 

FICHA:

"La libreria ambulante".- Christopher Morley.-Editorial Periférica. Traducido por Juan Sebastián Cárdenas.-182 pás. 17 euros..

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8 junio 2012 5 08 /06 /junio /2012 18:03

Desde la terraza, con la aguja tensa y elegante de la torre de la iglesia a mis espaldas, el valle que se extiende desde la Torre a Cretas, es como un tapiz irregular, plácido y verde, con las montañas de los Puertos al fondo, un telón de azules, más compacto y oscuro con el "sky line" de las cumbres recortadas, y más suaves tiñendo un cielo que comienza a oscurecerse amenazadoramente, nubes preñadas de agua. A mis pies, en la plaza de Aragón, con su solitario parque infantil y las vecinas sentadas a la puerta de sus casas tomando el fresco del atardecer, la paz del pueblo se turba con las voces de las mujeres, alguna risa, silencios breves en los que sólo se oye el piar de los pájaros, abundantes a esta hora.

Desde el salón me llega la voz del locutor que comenta el juego entre Federer y Djokovic. He estado ante la televisora disfrutando con Nadal y Ferrer. Después he visto un rato de la otra semifinal de Roland Garros. Me he ido cuando quedaba claro que mi favorito, Federer, iba a perder contra el serbio. El tenis sigue siendo el unico deporte que me atrae ver, cuando me he pasado decadas de mi vida en las que solo me atraía jugarlo. Un zig zag de plata atraviesa las nubes negras en la lejanía del horizonte de las montañas. Aqui aun brilla el tono dorado del sol de la tarde que confiere una calidad de color inusitada a los verdes del campo. Leo al escritor libanés de "El contador de cuentos". Habla del paso del tiempo y la nostalgia que nos invade cuando ya estamos más allá del "mezzo del caminno de la nostra vita". Las mujeres entran sus sillas de enea y se resguardan en sus casas. No hay niños en este pueblo, excepto los fines de semana y las vacaciones. Sus gritos suelen obligarme a cerrar los ventanales de la terraza. Las gentes de esta tierra aragonesa suelen tener voces recias y contundentes. Ahora todo queda en silencio. El cielo se vuelve paulatinamente oscuro. Un viento calido barre la plaza. Quizá este lloviendo en las montañas. Ojalá. Por aqui pasarán las nubes de largo, todo quedará en una amenaza. Es una tierra sedienta que no tiene suerte con el agua. Las campanas han sonado con su deje metálico y reverberante. Doblan a muerto. Pedro, el anciano vecino de la casa de enfrente, ha sido vencido por el cáncer. Solía pronosticar el tiempo con la pericia y el acierto del labrador que fue durante ochenta y pico años, cuando me veía con la mochila a punto de salir. Descanse en paz. Los pájaros han callado. Caen unas gotas. Muy pocas. Nada. Una lágrima del cielo.

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3 junio 2012 7 03 /06 /junio /2012 07:46

 454_arrecife.jpg

 

 El escritor mexicano de ascendencia española , concretamente aragonesa y creo que de estos pagos (Matarraña), Juan Villoro, nacido en 1956 en la capital mexicana, profesor universitario, ensayista y novelista multipremiado, gusta de aderezar sus libros con elementos que suponen una fuente de asombro para el lector, un desafío intelectual o una propuesta lúdica inteligente y sensorial que entretiene y a veces fascina. Las novelas "El testigo", "El disparo de argón", "Los culpables" o los ensayos "Efectos personales" y "De eso se trata", nos hablan de un escritor discreto e inteligente, con dominio de su arte, una técnica irreprochable (muy visual, es fácil "ver" la película de lo que nos narra) y un vocabulario ajustado a la narración como un guante, sin imágenes o metáforas excesivas, ordenado y ajustado como un metrónomo el ritmo de su relato.

En "Arrecife" (Anagrama), Villoro parece recoger el talante argumental de un gran escritor británico, injustamente olvidado (murió en 2009) James Graham Ballard, autor de obras tan magníficas como "El mundo sumergido", "La sequía","La isla de cemento","Crash" (adaptada por David Cronemberg al cine en una película memorable), "Fuga al paraíso" o "Super Cannes", en la que con un estilo deudor de la ciencia ficción de calidad literaria proponía unas narraciones al modo de distopías en las que diseccionaba la problemática del siglo, la destrucción medioambiental, la corrupción sensorial y ética del ser humano y los efectos de la evolución tecnológica en la mente y el comportamiento de las personas.

Villoro es en "Arrecife" un directo deudor de Ballard: partimos de un planteamiento básico, un ambiente cerrado artificialmente, claustrofóbico, un gran hotel en la costa mexicana, rodeado de miseria, historia decadente y corrupción. En ese circuito cerrado existen conexiones con el exterior relacionadas con la droga y la violencia, la corrupción politica y policial, aunque en todo momento se trata de preservar la comodidad y la diversión de los adinerados clientes del hotel (Ballard describió en "La isla de cemento" o "Super Cannes"  escenarios parecidos, lugares de excepción, cerrados y autónomos, donde se administra la violencia controlada como elemento de diversión y acicate para personas que pueden pagarlo, sin otra ética aplicable). En el gran resort hotelero de "Arrecife", "La Pirámide" , a los clientes se les proporciona elementos de diversión que entrañan un gran riesgo, aunque bastante controlado, desde los secuestros de una falsa "guerrilla" hasta inmersiones peligrosas o ataques inesperados en la selva o en expediciones a las ruinas y restos mayas (con una directa  crítica al abuso y explotación turística de esa ancestral cultura, tan banalizada).

La degradación moral de los clientes, la falta de ética y oportunismo de los que regentan el hotel, empezando por Mario Muller (un ex musico de rock de los setenta) que idea acciones para provocar ese miedo que resulta ser el reclamo más fascinante de su hotel. El protagonista, Tony Góngora, que perteneció a la misma banda de rock del gerente del hotel y al que éste protege en uso de una amistad inquebrantable pero abusiva, es un superviviente medio zumbado por las drogas y el alcohol que busca las claves de un presente que le supera en los elementos de un pasado que trata de olvidar.

Novela híbrida, con carga psicológica crítica y elementos de thriller --asesinato de un buzo fuera del agua con connotaciones sexuales perversas-- el narcotráfico y la corrupción del lavado de dinero, "Arrecife" no se ajusta a las simplicidades del género, sino que bucea en la descripción del ambiente enloquecido y banal de una costa superturística a la que va vaciando el cambio climático y en los sucesos que trufan la narración, contemplados por el protagonista en clave interior, buscando un cierto sentido o verosimilitud en una historia que parece vista desde dentro de un acuario, como si fuese un escenario lisérgico o una derivación en el tunel del tiempo de los años de la contracultura ("esa pomposa manera de convertir la rebeldía en un sistema de quejas mas o menos rentable"-pág.15-) y la revolución de las flores. Y ello vivido desde "La Piramide" el complejo turístico creado, como dice uno de los personajes, al igual que "el tercer mundo existe para salvar del aburrimiento a los europeos y a los gringos", donde los turistas son clasificados por criterios clasistas económicos a base de pulseritas de plastico de diferentes colores y donde se les proporciona sultos y sobresaltos para dotar de interés el aburrimiento dislocado de sus vidas : "un trópico de adrenalina, arañas venenosas, excursiones que creaban la ilusión de sobrevivir de milagro y la necesidad de celebrar en forma tempestuosa. El peligro es el mejor afrodisíaco". O como dice mas adelante, para crear "paranoia recreativa" (pag.63).

 El humor, otra de las marcas de estilo de Villoro, tiene el sabor cordial y directo de un Barnes, un Amis o un Auster, como cuando el protagonista dice de sí mismo "estaba tan excitado que podía sentir las agujetas de mis zapatos"-pag.19-. o se llena de poesía, "¿habrá un registro de hijos con madres que jamás lloraron?" -pág.24- o de sarcasmo, "crecer es olvidarse de las rodillas", -pág. 46- o, "el aire ardiente de la calle me golpeó como un insulto" -pág.128-.

Humor, ironía, desparpajo expresivo (inevitables los mexicanismos) personajes de novela negra de los sesenta, nostalgia de los viejos roqueros que nunca mueren, canciones para el recuerdo y melodías con el contrapunto de añoranzas y saudades de una juventud irremediablemente ida. Una buena novela para llevarse de fin de semana a una playa cualquiera. 

 

 

FICHA: "ARRECIFE", jUAN vILLORO. Anagrama editorial.- 239 páginas.

 

 


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31 mayo 2012 4 31 /05 /mayo /2012 07:50

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 Hace unos días escribí en mi dietario: "no hay amante de los libros que no se sienta aludido y hasta enfermizamente hermanado por las historias que emergen de este librito de poco más de cien páginas de letra generosa y tamaño de bolsillo, "La casa de papel". El argentino Carlos Maria Domínguez (residente en Uruguay) sacó a la luz esta pequeña joya que circula--poco-- en España desde 2004, aunque creo que yo la conocí muchos años antes en una edición sudamericana (o quizá lo soñé, contagiado por el ambiente onírico y fantasmal que suelen compartir los libros que hablan de la pasión de leer, de poseer y coleccionar libros, de formar bibliotecas imposibles y de soportar la silenciosa invasión de las letras en forma de su preciado continente, los libros. La actual edición en libro de bolsillo tiene unos cinco años (2007) y lleva el sello de la editorial Mondadori, en formato de pasta dura, guardas rojas, dibujos de Peter Sis y letra clara y grande, con la dedicatoria el "Gran Josep", es decir Conrad, cuya "Linea de sombra" tiene una esencial importancia en la narración.

La relectura de este titulo vino a abundar en una de esas deliciosas causalidades que aparecen en la vida de cualquier lector: sin saber cómo ni por qué hay momentos en los que una extraña fuerza ("sincronicidad" la llamó Jung) provoca casualidades y coincidencias que es dificil explicar por la lógica y la razón. En este caso, como una secuencia realmente inexplicable, varios libros vinieron a mis manos, todos movidos por un tema y propósito común, un empeño semejante: el de los diferentes autores con respecto a un objeto y una pulsión: el amor a los libros. Desde los "Fantasmas en la biblioteca" a "La librería ambulante" de Christopher Morley, "El novelista ingenuo y sentimental" de Pamuk, la "Bibliofrenia" de Joaquin Rodriguez, "Los libros que nunca he escrito" de Steiner, "Leer la mente" de Volpi, "La biblioteca de los libros perdidos" de Alexander Pechmann, "El vicio de la lectura" de Edith Wharton y algun otro que en este momento no recuerdo. Todos en torno a la mania lectora. ¿Causalidad o causalidad?

Habida cuenta que vivo semi-aislado en un pequeño pueblo aragonés a cientos de kilómetros de las dos grandes capitales que me rodean y mi único contacto con el mundo cultural libresco me viene de la deliciosa persona interpuesta de mi librero favorito, Octavi Serret, de Vallderrobres, el asunto tiene un cierto misterio añadido que solo cabe explicar como un ejemplo de las "afinidades electivas" que uno ha ido cultivando desde que comencé a degustar libros...y a coleccionarlos, es decir mi lejana infancia.

Pero volvamos a "La casa de papel", un libro breve de dilatado placer. Se trata de una especie de "trhiller" , una trama detectivesca que tiene como objeto básico un ejemplar de "La linea de sombra" de Josep Conrad, un libro con páginas dañadas por una especie de argamasa y destinado a una profesora de Universidad, compañera del protagonista --un escritor argentino, también profesor en Cambridge-- que ha muerto atropellada por un vehículo que se dio a la fuga, mientras cruzaba una calle leyendo a Emily Dickinson. El narrador comienza una labor detectivesca que le lleva  a un hombre, Carlos Brauer, un bibliófilo uruguayo cuya obsesión por los libros no sólo le transforma la vida sino que le provoca la ruina y tal vez la muerte, pero no sin antes dar en la experiencia más salvaje que cualquier lector pueda imaginar, como respuesta a una enfermiza preocupación por el futuro de su gran biblioteca cuando él desaparezca. Decenas de miles de ejemplares, primeras ediciones, incunables, ediciones raras, manuscritos.

Las preguntas que a todo bibliomano le asaltan son dolorosamente parecidas de unos a otros: ¿Cual será el destino de los libros que uno amó y atesoró durante toda su vida? ¿como ordenar una biblioteca de miles de ejemplares para saber dónde están los que uno busca? Las respuestas a estas preguntas si son muy variables y en ellas a veces se esconde cierta paranoia o cierta patología. Las respuestas de Carlos Brauer son descomunales. Pero no les voy a contar más. Lean este librito de pocas páginas, muchas sugerencias y bastante placer

 

Las descripciones de las bibliotecas de los personajes, de su obsesión, de su amor enfermizo por los volúmenes, las ideas que barajan para organizar sus bibliotecas, la dictadura de los libros, el placer sin nombre y sin techo que los libros provocan, se van compaginando con las descripciones casi psicoanaliticas del buscador y el buscado y todo culmina en las escenas delirantemente escritas de aquello que Goya llamaba "el sueño de la razón produce monstruos" aplicado a los libros y la pasión de atesorarlos.

La locura de don Quijote o las hogueras de Ray Bradbury en su "Farenheith 451" o el "Auto de fe" de Canetti, o las bibliotecas devora hombres de Cortázar o de Borges, las posibilidades de novelar esa manía, nada funesta, de la lectura, son muy variadas. Dominguez no abandona el humor y la ironía (muy al estilo de Montaigne), y eso quita filo a la bibliopatía que subyace. No se lo piensen más...Vayan y traten de habitar esa "casa de papel". Vale la pena. 

 

FICHA. "LA CASA DE PAPEL" .-Carlos María Dominguez.-Editorial Mondadori. 120 páginas.

 

    

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30 mayo 2012 3 30 /05 /mayo /2012 15:54

NOTA AL LECTOR; ESTA ULTIMA ETAPA, LA VISITA A FINIS-TERRAE, LOS PASEOS POR SANTIAGO Y EL REGRESO A BARCELONA, FORMAN PARTE DEL REPORTAJE QUE PUBLICARE EN  "LA COMARCA" Y QUE SE PODRA LEER PROXIMAMENTE EN ESTE BLOG.

GRACIAS POR VUESTRO INTERES

 

ALBERTO

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