Acción en Copenhague. Época: 2008. Noche. Interior de un piso. Un tipo joven, Nicolaj, brutal, destructivo, un tarado con pintas y ribetes de psicópata, se despierta y sorprende a un desconocido en su casa, en plena noche, y le estampa un cenicero bien sólido en la cabeza. "CATAPUM, en toda la nuca". (pag. 92). El desconocido sigue en pie y lo reduce con un apretón de sus manos y la mirada. "Su mirada me fulmina y su voz me atruena" (pág. 93). Cuando le pregunta "¿Quién eres?", el sujeto "demasiado grande y brutote" le contesta "Soy Jesucristo y he venido a hacer de tí una persona mejor" (página 94).
A partir de aquí, Lars Husum, guionista y dramaturgo danés que al parecer trabajó con el grupo cinematográfico "Dogma" de Lars von Triers (el director de "Melancolía", de la que ya les hablé), pergeña un libreto en el que ese individuo desquiciado y violento busca hacer las paces con sus víctimas y hacerse perdonar sus brutalidades convirtiéndose en mejor persona, con la ayuda de algunos amigos sobrevenidos y la inspiración del hombrón que se hace llamar Jesucristo. Éste solo aparece en diálogo con el taradete, con lo que queda por dilucidar si se trata de una alucinación de éste o una aparición mística a tenor con el salvajismo ilustrado (más o menos) de la cultura del joven danés.
La historia comienza con un adolescente masturbándose pensando en una condiscípula y a partir de esa comienzo escatológico no se nos ahorra nada de nada. La historia familiar del joven se complica muchísimo ya que su madre, una célebre cantante flok que tiene un gran éxito en los tres paises nordicos (y cuya fortuna, aumentada por su muerte, vuelve ricos a los dos hermanos), y su padre, mueren en un accidente de automóvil dejándolo al cuidado de su hermana unos años mayor. Sólo se relaciona el joven con su hermana y es una relación de absoluta dependencia que se convierte en posesividad agresiva y en manipulación perversa y cruel del cariño que le profesa.
El indeseable personajillo logra con sus dislates que su hermana acabe suicidándose y entonces tras un periodo mayor de violencia y autodestrucción, interviene "Jesucristo" (en ningún sitio de la novela se dice, como he leido en algunos articulos, que es un motero) y la trama va encarrilándose hacia un final en el que, para no faltar al signo del individuo, se abre la posibilidad de un nuevo desastre sentimental de la criaturita, a pesar de las mejoras.
Más que una novela (que nadie confunda a Lars Husum con Knut Hamsum) aquí nos las vemos con una especie de guión novelado, repleto de diálogos semejantes a los que oímos en cualquier grupo de amiguetes tomando birras en un bar, un subsuelo verbal que no esconde su dinámica popular de serie de la tele o película de bajo presupuesto. Los hechos que se nos cuentan, sobre todo antes de la intervención de "Jesús" son de una dureza, gratuidad y crueldad rayana, o decididamente, psicopáticas.
Al angelito Nikolaj no hay por donde cogerlo. El sexo, vulgar y grosero, el humor brutal, los excesos --desde patear la cabeza de un niño de 10 años a destrozar el rostro de la novia a puñetazos porque sí-- hacen que el cambio que provoca "Jesús" nos resulte muy peliculero y en la segunda parte (donde no cambia el lenguaje y siguen abundando los sonitos onomatopéyicos con mayúsculas, ZAS, BUMMM) el autor nos endilgue con su peculiar sentido del humor un proceso buenista que debe llevar al individuo en cuestión a "ser mejor persona".
Como dijo en una entrevista el autor, refiriéndose a las declaraciones de Lars von Triers sobre su comprensión hacia Hitler, "el humor danés es cruel, muy rudo y algo ofensivo". Pues vaya por Dios.
No hay estilo literario en "Mi amistad con Jesucristo", pero se lee con soltura y a veces con cierto enganche (no en vano el autor es un reputado guionista y dramaturgo). Particularmente me ha gustado el recurso argumental de intercalar entrevistas, articulos y reportajes periodisticos en la trama, que cumplen excelentemente la finalidad de resumir el recorrido argumental y darnos puntos de vista variables de lo que acontece.
Además y creo que nadie se ha atrevido a tanto, el autor pone su numero de telefono (real) en el texto de la narración y para mayor confusión pone su foto mostrando al supuestpo aspecto de su personaje.
Novela, pues, que calificaríamos como a ciertas películas en tiempos de la dictadura: "para mayores con reparos", a pesar de lo dicho por el autor de su novela: "en realidad todo es una historia de amor y de redención, sólo que expresada de una forma distinta". Pero en literatura como en otras muchas cosas, la forma es importante. Y a veces lo es todo.
FICHA: "MI AMISTAD CON JESUCRISTO".- Lars Husum.- Ed. Alba. Contemporánea. 303 págs.
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Quizá la diferencia estribe en una especie de amable suavidad en las formas con las que se nos describen las pasiones y sentimientos de las jóvenes protagonistas. Irene, Laura y Silvia, o sus respectivos trasuntos masculinos, que transitan un camino casi siempre un poco maniqueo, en el que el romanticismo, los sueños , los problemas y las acciones suelen encadenarse en un continuum donde el lector va recibiendo de vez en cuando mensajes subliminales de lo que es bueno o malo, belleza o fealdad, valor o miedo, renuncia y sacrificio. En la historia de "Algún día, cuando puede llevbarte a Varsovia" se nos habla de la sugestión de la palabra y la aventura. Es una suerte de Sherezade al revés, unido al candente tema del racismo urbano, los inmigrantes ilegales y el despertar a la atracción amorosa (sujeta a los límites de un pudoroso Silva ante las edades de sus chicas). En la segunda novela de la trilogía "El cazador del desierto", el elemento de aventura, exotismo (tan querido por este autor) y amor se entremezclan y si en la primera novela era Josep Conrad el guiño literario, aquí será una figura legendaria Lawrence de Arabia quien evocará el elemento vertebrador de la novela, el desierto y el amor a los duros y fascinantes océanos de arena y roca (que solo son amados por algunos locos románticos occidentales, no por los beduinos, como nos recuerda amablemente el Principe Feisal--Alec Guinnes en la mítica película "Lawrence de Arabia"). Y en la tercera "La lluvia de París", ese cinéfilo oculto que parece ser Lorenzo Silva se deja embrujar y de paso nos embruja con la aventura de la tercera de las amigas juveniles de Getafe, la bella Silvia, la pequeña de los anuncios en la primera novela, que aquí ya florece con su espléndida belleza y llega a Paris para perseguir su sueño y enfrentarse a esa melancólica supuesta derrota que se llama realidad, también tropezando con el amor, las dificultades y la superación personal que suponen éstas si son bien elaboradas. Y esa es otra de las caracteristicas que parecen emerger del género juvenil: el empeño de Silva de proponernos una ética de la maduración. Lo que nos cuentan Laura, Irene y Silvia lleva implícito en el discursos, tras los recovecos y contradicciones de rigor, un mensaje agridulce pero inequívocamente positivo: la madurez, en el mejor de los casos, es una empresa personal enfocada a la superación de las dificultades y errores, a la aceptación de las diferencias y a la disponibilidad para levantarse y seguir hacia lo que Pascal llamaba la optimización de tu propia vida.


