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8 abril 2012 7 08 /04 /abril /2012 07:44
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"Ceci n'est pas une pipe" es el título que puso el pintor Magritte a su famoso cuadro donde aparecía una pipa. Pues bien, en ese sentido metafórico e irónico, "Esto no es una crítica literaria". Tratar de analizar cuatro generosos volúmenes, "Recuento" (1973), "Los verdes de mayo hasta el mar" (1976), "La cólera de Aquiles" (1979) y "Teoría del conocimiento" (1981), que ahora edita Anagrama en un sólo tomo con el título original de la tetralogía "Antagonía" de Luis Goytisolo (Barcelona 1935), es una empresa francamente imposible de sintetizar en el breve espacio del que dispongo.
Añádase a ello que el recuerdo de mis lecturas previas de esas novelas (en las fechas en las que aparecieron) ha quedado casi anulado por el tiempo transcurrido y la visión integradora (en L.G., es un decir) que causa la lectura del indicado tomo de Anagrama.
Partiendo pues de la premisa de que nos hallamos ante una obra magna, cargada de significado literario e histórico, testigo de cargo de un lapso sociopolítico y cultural que cubre desde la posguerra española hasta los primeros años de la transisicón, con una localización geográfica muy concreta, Barcelona, Cataluña, Paris en algún momento... la gran novela de Luis Goytisolo no sólo es un documento de una época que muchos hemos vivido, sino un ambicioso tratado de preceptiva literaria que ahonda y bucea en la relación entre el autor y la creación literaria, el escritor y su lector, la realidad y la ficción. Es un monumento literario, al mismo tiempo, al solipsismo de la autoficción, el voyeurismo naturalista y un cierto autismo metaliterario  que no se congelan en el acto creativo sino que se expanden hacia el exterior y se alimentan de personajes, hechos y situaciones engarzadas en el transcurrir de nuestra tierra ,en ese lapso de tiempo de más de cuarenta años que hemos citado.
"Antagonía",  nació en mayo de 1960 como proyecto literario totalizador en un lugar que, como dijo Cervantes de donde engendró "El Quijote", la incomodidad y el desaliento tienen su natural asiento, es decir, la cárcel.  Concretamente la prisión madrileña de Carabanchel donde L.G. fue encerrado por razones politicas (pertenecer al PSUC, partido que habia abandonado poco antes de ser detenido)  en régimen de aislamiento durante cinco semanas. En ese tiempo escribió las lineas maestras de lo que habia de ser el conjunto de la tetralogía, incluidos los titulos de los cuatro volúmenes que la conforman. Afortunadamente le dejaron, quiza un descuido, la estilográfica y usó como hojas, el rollo de  papel higiénico que, junto a un catre o jergón, formaron sus únicas pertenencias en la celda.
Tardó 17 años y medio en dar cima y punto final a su obra (el 16 de junio de 1980). Como él mismo dice, "Antagonía" , "no es una saga, ni tiene que ver con la diversidad de perspectivas de "El cuarteto de Alejandría" de Durrell, la recuperación de un mundo a lo Marcel Proust ("En busca del tiempo perdido") o el encorsetamiento de un día en el Dublin de Joyce ("Ulises")".  Totalmente de acuerdo. Se trata, eso si, de una gran novela, en la que se da via libre a la creatividad de un autor que no admite reglas, que hace una suerte de implosión entre coordenadas tan sutiles como el tiempo, el cambio, la escritura, la lectura, la identidad, narrándonos a través de la existencia de sus personajes y de su persona, cediendo la palabras ora a uno, ora a otro, en un esfuerzo por mostrar de qué forma la vida se hace palabra y la palabra  narración y la narración crea una estructura "blanda" que intenta a su vez amoldarse a la vida, sus hechos y sus acciones, su desconcierto, su dolor y sufrimiento, su pasión y su alegría, para, en definitiva, condensarse en la convención obligada de la novela y del libro.
Lectura ambiciosa que sorprende, atrae, irrita y conmueve. Y a veces, cansa, agota, enfurece y desconcierta. Pero lectura interesante, aleccionadora y en cierta manera, formativa. No se trata de una "bindungsroman" o novela de aprendizaje, ni siquiera la primera, "Recuento" con el nacimiento como escritor de Raúl Ferrer, trasunto de L.G, como casi todos, incluido el anciano que dicta sus memorias al final y el mismo Ferrer, autor de "Teoría del conocmineto" la novela que presuntamente ha madurado en las tres anteriores, sino una obra que intenta mostrar el panorama de las edades del hombre como escritor, desde su infancia hasta su muerte, encarnado como tópico en diferentes personajes.
Recomiendo su paciente lectura, sin agobios, dándole su tiempo, plegándose a las exigencias del autor, a veces excesivas pero siempre interesantes, pues llega un momento en que el lector se siente parte de la novela. También debe hacerlo en la seguridad de que está leyendo una novela-paradigma, el de las relaciones confusas, parasitarias, entre el escritor y el arte de escribir. Y también, algo que produce cierta sorpresa: la importancia de las obras que nacieron contra una situación socio-politica (el franquismo), en plena lucha, para reflejar la vida con calidad literaria y la menor calidad de lo que esos mismos autores escribieron después. Es decir en Luis Goitysolo, como en muchos otros, (se me ocurre el gran Buero Vallejo o Vázquez Montalbán, autor de la frase)  "contra Franco escribíamos mejor".
No creo acertado comparar "Antagonía" con el monumento litetario de la "Recherche" de Proust o "El hombre sin atributos" de Musil, si no es por la cuenta de su extensión y eso me parece frívolo. El alcance y significado de estas obras están muy por encima de las de Goytisolo, aun aceptando el valor incomparable en el panorama de la literatura española de su época (incluidas las obras de su más mediático hermano, Juan Goytisolo). Así que dejémonos de comparaciones y simplemente recomendemos su lectura, por ella misma, si parecerse a ninguna otra,  --ni ganas-- por su osadía literaria, su sentido del humor, su certero reflejo de un tiempo y un país y su pedante honestidad.  
   
  FICHA: ANTAGONIA.-Luis Goytisolo.- Ed. Anagrama. 1120 páginas. 14x22 cm cartoné. 24.90 euros  .
   
    
   
 
     
 
 
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7 abril 2012 6 07 /04 /abril /2012 07:32

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Duelo de dos intérpretes maravillosos, dos monstruos de la pantalla, discretos pero implacables robaescenas de primera categoría. Las cámaras les idolatran. Basta que aparezca el careto de Tommy o la rotundad viril de Jackson para que el encuadre se haga seguro servidor de ellos en la pantalla, y eso, cualquiera sea el actor que comparta escena. Bien lo saben las estrellas que han trabajado con ellos. Ninguno de los dos va de divo, nada de grandes estrellas, son dos actores de esas "segundas filas"  norteamericanas que nos roban el corazón, casi siempre más que los presuntos reyes de star system. Samuel L. Jackson y Tommy Lee Jones, bajo la dirección del primero llevan a la pantalla en formato de teatro filmado "The Sunset Limited", de Cormac McCarthy, autor de "No es país para viejos" y "La carretera" por citar dos de sus novelas llevadas al cine con gran éxito.

La historia se desarrolla en un pequeño y humilde apartamento en un edificio de viviendas situado en un barrio marginal de Nueva York. Ante la mesa, frante a una ventana que da a una pared exterior (por donde llegan los ruidos de golpes ocasionales y algunos altercados de los vecinos y las sirenas de la policía), hay sentados dos hombres. Uno blanco y otro negro. Este es un ex convicto que tiene profundas convicciones religiosas. Frente a él, un hombre blanco mayor, profesor universitario, que intentó arrojarse al paso del tren Sunset Limited, acto que fue impedido por el negro que, casualmente se encontraba trabajando junto al suicida. Jackson confronta en un diálogo incesante su sentido religioso de la vida, su racionalidad y su equilibrio emocional , duramente ganado en un  existencia marginal bastante dura, frente a la absoluta desesperación íntima y emotiva, cargada de una enorme lógica nihilista y negativa que muestra Tommy Lee.

Estamos ante un debate filosófico de enorme calado a pesar de la diferencia de cultura y educación de los dos hombres. Los quiebros, argucias, estocadas dialécticas y defensas numantinas de las dos  personas, cada una tratando de convencer a la otra de estar en el lado correcto de la argumentación, conforman una de las obras más intensas y desasosegantes que he visto en mucho tiempo. ¿Qué significado tiene la vida? ¿Cuál es el papel de Dios en esta condenada sinrazón que suele ser la vida? ¿Qué importancia hay que dar a la muerte en este juego? ¿Es una opción admisible y correcta la decisión propia de acabar con la vida? ¿Cuál es la función del mal y el porqué de su inevitabilidad? Son los grandes temas que Cormac Mc Carthy suele plantear en sus obras (recuerden la apocalíptica "La carretera" o la cruel "No es país para viejos") y que en ésta los trae a colación para ayudarle a plantear algo distinto: ¿qué significa el silencio de Dios ante la maldad, la destrucción y la muerte? Y ese se convierte en el leith motiv de la obra: la existencia de un Dios callado que no se pronuncia ante el sufrimiento del hombre.

"White" y "Black", nombres que el novelista da a sus personajes, elevándolos a estereotipos humanos más que a personajes determinados por sus nombres --dándonos a entender que lo se nos muestra es una discusión de un alcance superior, que se puede proyectar a cualquier ser humano--, discuten sobre la acción de "Black", no solo de salvar la vida de "White", sino de llevárselo a su humilde casa y encerrarse con él bajo llave para tratar de convencerlo de que la vida es un don precioso y de que hay un Dios que nos protege.

Como Tommy Lee dice en su momento de su acre defensa del derecho al suicidio, tras la amargura y desesperación que le provoca su vida, "las cosas en las que creía ya no existen. Es estúpido fingir lo contrario. La civilización occidental se esfumó finalmente por las chimeneas de Dachau".  Para él no existe una razón que pueda dar sentido a su existencia. Jackson le habla de su estancia en la cárcel y de que estuvo a punto de morir asesinado y entonces encontró a Jesús que dio un sentido superior a todo lo que habia sufrido y hecho sufrir a otros, a sus propios errores. Pero en un momento clave de la discusión, Tommy pregunta "¿Escuchaste a Jesus en ese momento?", "Si", responde muy seguro el negro. "¿Como me escuchas a mi?", insiste el blanco. "No", confiesa Jackson. "Lo senti dentro de mí". "Pues pídele que te hable, ahora" .Y Jackson contesta que la presencia de "White" allí, tras salvarle la vida, es la prueba de la existencia y los designios de Dios y por eso debe salvarle de su pulsión suicida.

Cuando Tommy Lee se marcha del apartamento al final de  la película, Jackson le pide a Dios que le habla, que le muestre su existencia de cualquier manera, en ese momentpo de duda y dolor. Debe recurrir a su fe una vez más ante el silencio de Dios y ante la convicción de que el desesperado hombre blanco aprovechará la primera ocasión para llevar a cabo su suicidio. Y, acepta amargamente el negro, eso es algo que también debe quererlo Dios. Y él no es quién para preguntarse si hace bien o mal. Nuevamente la fe le salva de la desesperación. Pero la gran pregunta queda sin respuesta, o mejor, con una sola respuesta: el silencio. Solo le queda la fe.

 

 

 

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4 abril 2012 3 04 /04 /abril /2012 07:39

 

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Hay editores que hacen de sus libros unos objetos deliciosos. José J. de Olañeta, es uno de ellos. Tiene una colección, denominada "Centellas",  formada por libritos de 9x14 cm, que es toda una lección de cómo aportar textos interesantes en poco espacio, escaso precio y presentación sugestiva. He leido una recopilacion de textos breves de Edith Wharton (1862-1937) sobre "Construir una novela". El librito, con una portada  que reproduce "El retrato de una mujer" de Santiago Rusiñol y una contraportada con otra obra de ese autor,  "Novela romántica", excelentemente reproducidos, atraen la vista del futuro lector con una fuerza casi hipnótica. Se trata de un delicioso objeto que enriquece cualquier biblioteca pese a su exiguo tamaño. La impresión es clara y muy cuidada (resulta casi increíble la ausencia de erratas en el texto: sólo me he topado con una letra equivocada en un "momentos" de la página 26) y los textos elegidos (muchos pertenecientes al libro "The Writing of Fiction") son interesantes y, sin  ánimo de pedagogías ni de recetarios para futuros escritores, resultan aleccionadores y, en algunos casos y puntos, muy aprovechables para conocer las opiniones de la novelista sobre otros escritores y obras importantes de la literatura occidental, europea  y americana, entre ellos Goethe, Balzac, Tolstoi, Stendhal, Jane Austen, Sterne, Dumas, Melville, Henri James, Conrad, Flaubert, Stevenson o Thackeray. Cómo presentan sus personajes esos escritores o cómo estructuran sus novelas, los diálogos o temas de construcción literaria, el paso del tiempo en el argumento, la longitud de la novela o la dificultad de cerrar bien la historia. La última parte del librito es un deslumbrante breve trabajo sobre Marcel Proust y su "Recherche". Me ha encantado sobremanera su análisis sobre "los fallos morales" de Proust reflejados en su larguísima novela y esa observación genial sobre la existencia del miedo, el temor a todo, que impregna toda la gigantesca obra --y la vida-- del escritor francés.

No se pierdan este librito (solo cuesta 9 euros). No sólo aprenderán detalles interesantes sobre grandes escritores y su forma de trabajar, también disfrutarán de una prosa elegante y unos comentarios perspicaces.

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30 marzo 2012 5 30 /03 /marzo /2012 07:03

amorsiruela.jpgSe trata de un joven filósofo alemán, Richard David Precht (nacido en Sollingen en 1964), periodista y escritor que juega con la divulgación y las ideas con una irresistible lógica, un sentido del humor nada adocenado y una aportación de datos que en ningún momento llega a agobiar al lector.

Su andadura intelectual ha quedado reflejada en dos libros de divulgación filosófica que han coqueteado con envidiables niveles en las listas de best sellers de su país y del resto de Europa. "¿Quién soy y cuántos" (el problema de la identidad, clave en la psicología y en la mística y ahora también en la neurología) y "El arte de no ser egoísta" (ética y filosofía cogidas de la mano) que no tardará en ver la luz en castellano apadrinado también por Ediciones Siruela.

El libro, "Amor. Un sentimiento desordenado",  pulcramente editado por Siruela, ha sido traducido por el catedrático de filosofía de la Universidad de Extremadura, Isidoro Reguera, una de las mentes más claras de la filosofía de nuestro país y un auténtico lujo para este libro  (le debo páginas esenciales sobre Sloterdijk, Popper, Wittgenstein o Nietzche). Así que doble motivo para leerlo.

Por supuesto que lo primero que nos atrae del libro es su vocación analítica disgregadora. Nada de tópicos, nos dice, dejemos de alimentar caducos romanticismos o ideas falsas, "el amor responde a una contradicción interna" es un sentimiento desordenado al que hay que contemplar con "un gran angular" para evitar que se nos escape la percepción de los diversos -y contradictorios -elementos que lo conforman. Y para ello denuncia los novelones del siglo XVIII, las películas de Hollywood, las serie de la tele, las costumbres populares y las ideas machacadas y no digeridas por todos los medios de comunicación, incluidas las nuevas facilidades y cambios  que promueve internet).

El autor enfrenta esos tópicos históricos y actuales a la mirada desapasionada de la biología, la sociología, la psicología y la filosofía. No se trata, nos dice, de un sentimiento caótico, ilógico, sin sentido, un impulso ciego en el que mandan las hormonas sobre la razón. En las dos primeras partes del libro "Mujer y hombre" y "El amor" se realiza ese analisis comparativo pero sin aceptar el habitual rechazo contra lo incontrolable, sino aportando ideas y conclusiones parciales sobre cuestiones como las diferencias que existe en los sexos a la hora de afrontar y delimitar ese sentimiento, ola estructura amorosa y el papel del sexo en ella. Pero en todo momento respetando la inefabilidad del sentimiento, su fuerza, su potencial, su enorme carga enérgética...simplemente exigiendo que se eviten metodologías limitativas, que dejemos de tratar de encauzar estrechamente un sentimiento que, por definición, supera todos los límites y definiciones, categorías y domesticaciones.

En la tercera parte, "El amor hoy", el autor nos habla de la escurridiza lógica propia que tiene el proceso amoroso, lo que supone para sus protagonistas en coste real de cambios y exigencias y la necesidad de comprender lo que supone el amor para sus protagonistas, antes de que la sociedad lo siga convirtiendo en cualquier cosa  con precio y publicidad, es decir que llegue un momento en que el amor "muera de exito" y se transforme en cualquier cosa bien envuelta para vender... y comprar. O lo que es igual, que más que ser un instrumento para dos autorealizaciones, sea una forma más de que uno logre algo a costa de otro, que pierde algo a cambio de nada. Es decir, lo de siempre. 

"El amor es un arte del fracaso", concluye Precht. Hay un tiempo en el que se realiza (a su manera) pero es un tiempo limitado, después se transforma en otra cosa, camaradería, afecto, convivencia, o sus contrarios. El amor como fenómeno complejo con elementos fisicos, biológicos, psicológicos y sexuales, se disgrega en sus componentes y se transforma. Pero el autor incide en las diferencias entre enamoramiento y amor, ya que la  necesidad de un objeto del deseo del primero y el "estado interno sin objeto" del segundo, los hacen irreconciliables. En suma, no se trata de un sentimiento místico sino de algo que abarca el todo de la persona amada para la persona amante. En ese contexto, la infidelidad es imposible, pero también lo es el altruismo total, "a nadie le gusta amar sin ser amado". Tal vez por estas contradicciones, el amor no  suele durar más de tres años, dice Precht.

Pero ese estado interno que nos acomete alguna vez en el transcurso de la vida debe ser aceptado con un sentido realista y evitar que se contamine con los tópicos románticos o confundirlo con el enamoramiento o la simple atracción sexual. Lo cierto, segun Precht, es que el amor verdadero consiste en "dar todo y no esperar recibir nada" (aqui se acerca al tópico místico y se descuelga con que sólo el amor de Dios es así y nadie cree mucho en ello, idea con la que explica la decadencia de las religiones).

En resumen, Precht nos ofrece una batería de pensamientos, ideas y datos expuestos con gran claridad sobre un sentimiento que no es nada claro y nos reenvía no a una definición, que sería una traición a su texto, sino a un estado del ser, un estado interno con el que hay que vivir el  amor cuando nos llega. Asumiendo ya de entrada que no hay forma de explicarlo y que cada uno lo viva como pueda, pero siempre sin traicionar su esencia.

 .









 

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25 marzo 2012 7 25 /03 /marzo /2012 07:58

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Hace muchos años, en mi adolescencia, finalizaban los años 60, leí por primera vez "La historia de San Michele" de Axel Munthe. Para mi tuvo el valor inestimable de una lectura iniciática. Enraizó en mi el amor a la medicina y en concreto a la psiquiatría y la psicología. Conozco a muchos médicos, psiquiatras y psicólogos que han confesado alguna vez que sus vocaciones tiene mucho que ver con este libro.

En estos días "Libros de La Vanguardia" ha reeditado el clásico que difundió Editorial Juventud. No se trata de una obra maestra, desde luego, pero es un libro interesantísimo que nos habla de una época ya pasada, finales del XIX principios del XX,. Pero lo hace de la mano del doctor Munthe, un médico sueco con una apasionante vida dedicada al ejercicio de su profesión en los dos extremos del espectro social: tanto trataba las neurosis de la nobleza europea --fue medico personal de la reina de Suecia-- como, al mismo tiempo, curaba y cuidaba de los sectores más pobres y desfavorecidos de los lugares de Europa donde vivió, desplazándose para ayudar en las tragedias y desgracias naturales que provocaban numerosas vístimas, desde el terremoto de Mesina, a la peste de Nápoles o las trincheras de la primera guerra mundial.

Pero no es sólo la vida de un gran médico, es la historia de un visionario, amante del arte, de los animales y de los miserables que sucumbían en toda Europa a millones por los desastres de las guerras y las epidemias. Llevó a cabo uno de sus sueños --poseer y edificar la mansión de San Michelle-- y el libro es también la historia del sacrificio y el empeño de un hombre magnífico para lograr realizar aquello que mas amaba. Compró un rincón de la isla de Capri, las ruinas del antiguo palacio del perverso emperador romano Tiberio y la capilla de San Michelle , adjunta al lugar. Construyó él mismo con la ayuda de gentes del lugar, un edificio que tomó el nombre del santo de la ermita y se hizo famoso, casi legendario, en su época (ahora es propiedad del gobierno sueco, que ha dedicado ese lugar a un museo sobre la vida del doctor Munthe).

Se trata de un lugar maravilloso enclavado en lo alto de una altisima colina (más de setecientos escalones tiene la senda que llevaba al lugar: hoy en día hay una estrecha carretera asfaltada) con unas vistas increíbles sobre el Mediterráneo, Nápoles, Capri y el Vesubio. La historia de San Michele fue un libro muy leído por la generación de nuestros padres y abuelos y hoy vuelve a ser fácil de encontrar en las dos ediciones apuntadas aquí.

Fue publicado por primera vez en Estocolmo en 1929, y en España seis años después y es una obra que se resiste a la clasificación: ¿novela?,  ¿autobiografía? ¿libro de medicina o de historia? ¿Memorias de un médico famoso? Tiene todos esos elementos pero además está dotado de algo muy importante, un encanto especial, mágico, estimulante. No conozco a ningun joven de mi tiempo que le leyera sin sentirse hondamente conmovido y fascinado por la lectura. Y creo que los jovenes de hoy también encontrarán ese efecto en el libro de Axel Munthe (1857-1949). En sus páginas, el doctor Munthe logra mezclar fantasía y realidad de una forma creativa, honesta y humilde al tiempo, sin olvidar avisar al lector de esa mezcla y pedirle con gentileza que se quede con los sentimientos y emociones que subyacen: la de un hombre entregado a su profesión, al amor a sus semejantes, a los animales y la naturaleza, al estudio del arte y al ejercicio de una capacidad notable para conocer a las personas y ayudarles certeramente.

san-michel.gif A los 52 años Munthe se quedó ciego y cayó en una profunda depresión de la que sanó con la ayuda de la literatura y de su "Historia de San Michelle". En 1934 lograría recuperar   la vista tras una operación. Fue amigo de hombres de la talla del profesor Charcot (el maestro de Freud), los hermanos James, el escritor y el filósofo (autor de uno de los libros mas importantes de la psicología moderna), de Pasteur o del  escritor Guy de Maupassant, que fue también su paciente o la bailarina Eleonora Duse. Vivió y practicó su arte en Paris, Heidelberg, Londres, Messina, laponia, Roma, Nápoles y Capri. Y, a pesar de toda esa riqueza de personajes y acontecimientos, ese amor profundo a los animales y a los humanos que sufren, en 1936, en el prefacio a  la ujltima edición de su obra estando vivo, escribió: "Será muy solitario el estar muerto, pero no puede ser mas solitario que el estar vivo". Trece años mas tarde murió en Estocolmo, en la corte real, donde acudió llamado por el Rey sueco para que estuviera protegido ante los terribles acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Tenía 92 años. Y dejó un monumento literario a su valor y honestidad, al empuje irresistible por cultivar los propios sueños. No se lo pierdan.

 

 

     

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19 marzo 2012 1 19 /03 /marzo /2012 08:54

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Producido por Jacinto Santos se puso hace tiempo a la venta un dvd que recoge dos documentos inestimables: el "Don Quijote" inconcluso de Orson Welles y la pelicula de Ruiz Barrachina sobre las andanzas del director y actor norteamricano por la España de los 50, rodando secuencias personales que luego serán montadas y comparadas con las obras y las vivencias de Goya. El denominador común: el amor de Welles por España.   Y ese amor cristaliza en una muy particular visión que tiene Orson de lo español y de los españoles, ligeramente exótioco-fol.clórica y un pelín afectada de cierto complejo de superioridad que Welles imprimió a toda su obra y también a su vida. Nuestro país es sometido al escrutinio de unos atemporales, ingenuos y absurdos don Quijote y Sancho que viajan por la España de los sesenta con la tolerancia oficial ( a condicion de que Welles no hiciera declaraciones u opinara de asuntos políticos y sociales), por lo que la temática del filme incide en los sanfermines, las fiestas de moros y cristianos, la Semana Santa y otros eventos con escaso o nulo mensaje socio-político.

Welles filmaba cuando tenía dinero y eso era en contadas ocasiones dado su tren de vida y las dificultades que entrañaba ganarse la vida con el cine en una época en la que la industria norteamericana huía de Orson como de la peste por su bien ganada fama de incómodo e inteligente bufón. La película fue filmada por Welles a lo largo de catorce años y murió sin haber podido terminar su montaje. El original director español Jess Franco, amigo de Welles desde el rodaje de “Campanadas a Medianoche”, ha sido la "mano de Dios" en la recuperación y montaje de este filme inacabado ya que buscó los rollos de película que estaban diseminados por medio mundo para lograr rendir este controvertido homenaje fílmico a su buen amigo.

La película fue presentada en 1992 y tenía 116 minutos de duración, mantenía un ritmo irregular y habia secuencias reiterativas y con escasa relevancia, las exageraciones del guión y el argumento mostraban más un documento filmico de una España ya desaparecida que una gran labor de dirección de actores y de ambiente. Evidentemente los admiradores de Welles se sienten fascinados por este trabajo de valor irregular y donde la genialidad de Orson apenas es discernible en unos contrapicados y enfoques de primeros planos. 

Se trata pues de un producto híbrido, una mezcolanza con más buena intención que originalidad que deja bien claro que se trata de una suma mas o menos coherente de filmaciones propias de Orson con secuencias tomadas del NODO y de la serie "Nella terra di Don Chisciotte" producida por Welles para la RAI y que le permitió rodar con el equipo italiano secuencias que luego aprovecharía para su propia película. Poca calidad técnica ddaas las vicisitudes y el desorden temporal y aplazamientos con los que Welles rodaba cuando podía. No es pues posible admirar esta película como un producto genuino del talento de Orson, sino un filme montado con escasa habilidad (seguramenbte motivado por la heterogénea procedencia del material) y que Orson rechazaría de plano si pudiera verla por un agujerito del cielo, aunque agradeciera al bueno de Jess Franco su buena intención y pobre resultado.

Las secuencia salvadas muestran de una forma incoherente y a saltos escenas no muy afortunadas, como la carga del caballero contra las ovejas y los molinos de viesnto, una encantadora Morgana montada en una vespa, asalto a los penitentes en una procesion de semana santa (montada con escenas de procesiones, claramente del Nodo), la estancia del Caballero en Andalucía para ver como premian y condecoran a Orson Welles por su afición al vino de Jerez y el Caballero bañándose en una azotea rodeado por innumerables antenas de televisión, Sancho mirando a la luna con un catalejo y luego recorriendo Pamplona en busca de su amo para encontrarle prisionero (una secuencia larguisima y reiterativa que debía haber sido adelgazada y montada con mas brío: es una de las que hubiesen provocado la ira de Welles) .. mucho metraje para un caudal de imágenes que acaban cansando y quizá disminuyendo el valor del documento. 

A destacar las interpretaciones del genial Akim Tamniroff en el papel de Sancho y de Francisco Regueira como el Caballero de la Triste Figura. Solo recomendable para fanáticos de Welles y forofos de don Quijote.

 

  

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17 marzo 2012 6 17 /03 /marzo /2012 08:51

 

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 Reconozco que no me sentía muy atraído por Almudena Grandes. Su "Malena..." y el "Atlas de geografía humana" no acabaron de convencerme aun admitiendo su fuste de narradora de raza, su manera potente de transitar por la novela. Cuando apareció "Inés y la alegría" volví a leerla. Era la primera de una serie dedicada, al modo galdosiano, a unos "Episodios de una guerra interminable" (sería difícil encontrar a una novelista tan poco semejante a don Benito como Almudena) y me empezó a reconciliar con esta autora madrileña, cuya energía e indignación política, aún necesitaban un poco de encauzamiento.

Ahora, con "El lector de Julio Verne" que edita Tusquets, me confieso atraido por la fuerza narrativa, la convicción literaria y el oficio en el diseño de la estructura de la novela, el ritmo de lo narrado y la habilidad en pergeñar personajes, idear --o recopilar, como ella misma asegura-- motes y sobrenombres del pueblo llano,llenos de sarcasmo, humor y mala baba y, en fin, narrarnos con absoluta eficacia, unos hechos y unas acciones que dibujan con gran nitidez el horrible escenario humano lleno de crueldad, mezquindad, miedo y violencia que constituye la memoria aún viva de una España que sobrevivía a duras penas de una guerra fraticida para la que se nos han agotado los calificativos.

Nino, entrañable protagonista de la novela, es un niño de nueve o diez años, hijo de un guardia civil, que vive con su familia --entre 1947 y 1949-- en un pueblecito de la provincia de Jaén, en cuya sierra aún se refugian y hostigan a los guardias, un grupo de maquis capitaneado por un líder mítico llamado "El Cencerro" o, como en "El Zorro", la memoria de él resucitada en nombre y métodos por cualquier otro guerrillero. La vida del niño en la casa-cuartel con sus padres y sus dos hermanas, las noches en ls que deben cantar entre ellos para no escuchar los ruidos de golpes y los gritos y lloros de los detenidos interrogados, el clima de miedo, de ajustes de cuentas, de aplicación de la "ley de fugas", el rechazo social de muchos vecinos, los pequeños dramas del niño --al que llaman el "Canijo" porque crece poco-- y sobre todo la descripción de la amistad del niño con un joven recién llegado al pueblo, "El Portugués", que vive solo en medio del monte en un viejo molino y el descubrimiento gracias a él de la lectura --las novelas de Julio Verne  son su iniciación intelectual y vital-- conforman una suerte de "bildungsroman" (novela de formación, aprendizaje y crecimiento) insertada en el paisaje feroz y sangriento de los rescoldos trágicos de una guerra incivil recién acabada. Por lo que hay que aceptar como mal menor ciertos maniqueísmos que la autora no reprime y algunos golpes de efecto algo excesivos en uno y otro bando.

La conexión de la vida interior del niño, con sus lecturas de Verne y más tarde, aún más importante con Stevenson, "La isla del tesoro", es uno de los aciertos de Almudena Grandes. La traslación de lo leído y asimilado con la azarosa circunstancia política y vital que le rodea, llega a embrujar al lector con la misma fuerza que el niño revive los episodios de Jim Hawkins y "La Hispaniola" y su relación con Long John Silver, el pirata de pata de palo y loro en el hombro, haciendo que piratas y fascistas, amigos admirables y los guerrilleros de "El Cencerro", amigos nada admirables pero obligados a seguir las circunstancias, su padre y sus compañeros, la reducida comunidad mal vista que se encierra en la casa-cuartel, todos van entrando en un escenario en el que Nino madura a la fuerza representando un papel heroico a tenor con su edad.

Magnifica novela, pues, sobre nuestra postguerra vergonzante que se aleja del discurso habitual de este tipo de novelas, un género con caracteristicas propias bastante reiterativas, por el recurso excelente de hacerla una novela de aprendizaje infantil, al estilo de las que el maestro Delibes dedicó a esta temática, aunque con un aire distinto.

Nino y "El Portugués" --una figura batante previsible pero que conserva su encanto-- conforman unas figuras y una relación muy logradas literaria y psicológicamente que, por sí solas, colocan "El lector de Julio Verne" en un nivel bastante alto de calidad. Y me atrapa con más fuerza  por una caracteristica paradójica: su ternura.  Hay una gran contención, un hálito poético simple y llano, una humanidad sin sombras en la  trayectoria de la novela, pese a transitar por unos hechos de una crueldad y una dureza espeluznante. Ese es para mi el gran logro de esta novelista. Trascender aquella horrible pesadilla con la enorme esperanza que supone la bondadosa ingenuidad de Nono y la sabia y paciente honestidad de "El Portugués" como mentor, ambos inmersos en una tragedia llena de traiciones, violencia y humillaciones. La Grandes domina la tentación de idealizar a las ideologías de la resistencia (aqui se habla del partido comunista) y se limita a darnos cuenta de la presencia e ideales de aquellos pocos guerrilleros rurales, "un grave error estratégico" para el PCE, y de las convicciones que les animaban, sin más, como fondo de lo que de verdad importa en la novela: la formación de una mente joven desde el horror hasta la rebeldía dentro del equilibrio y la inteligencia.

En una nota final, Almudena Grandes revela al lector las claves reales de lo narrado y uno disfruta tanto de esas aclaraciones como de la novela . Todo redunda en la sensación placentera que deja una narración con un fondo tan duro y desdichado.

 

 

 

   
 

FICHA DEL LIBRO

Título: El lector de Julio Verne | Autor: Almudena Grandes  | Editorial:Tusquets| Precio: 20 € | Páginas: 424 |

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7 marzo 2012 3 07 /03 /marzo /2012 08:44

 auster

Un Paul Auster de nuevo en todo su esplendor. Tras las debilidades y sutilezas de las últimas obras, el autor norteamericano vuelve al reducto donde consigue reflejar todo su encanto como escritor y ser humano, la autobiografía. Como Miller, Auster brilla considerablemente más cuando fabula -o no, nunca lo sabremos-- en torno a sí mismo. Hemingway, Henry Miller, Proust o Roth nunca son nunca tan interesantes como cuando escriben de y sobre ellos mismos.

En "Diario de invierno" Auster nos cuenta algo de sí mismo que ya habíamos percibido tras la vieja lectura de su "A salto de mata" (la publicó en el 97) o "La invención de la soledad" (las relaciones con su padre) 1982, su vida es una continua y permanente batalla en la que hay unas constantes decisivas, su relación con el dinero como elemento que le permite dedicarse a escribir y a vivir con ciertas comodidades, su relación con su propio cuerpo establecida en términos jocosos pero con contenidos preocupantes en forma de enfermedades y/o accidentes y sus relaciones familiares, incluidos su tierno amor y admiración hacia su bella esposa Sirin y los traumáticos amores hacia sus padres.

En "Diario de invierno" nos hace partícipes de su propia historia interior --hasta el límite y el nivel que él considera oportunos, claro está-- y lo hace con su mejor prosa, su humor incombustible y su ironía combativa. Ya en la primera página escribe: "Habla ya antes de que sea demasiado tarde y confía luego en seguir hablando hasta que no haya más que decir. Después de todo se acaba el tiempo. Quizá ses mejor que de momento dejes tus historias a un lado y trates de indagar lo que ha sido vivir en el interior de tu cuerpo...una fenomenología de la respiración". Y aquí introduce Auster un nuevo elemento en su plantel de motivaciones literarias: la conciencia del paso del tiempo, la percepción angustiada  de su edad (65 años) y de la continua caida de granos de arena en la clepsidra de su vida. ¿Cuánto tiempo me queda? Y entonces se sienta ante su máquina de escribir y escribe mientras furma sus "Camel", uno tras otro.

En "Diario de invierno" asistimos al accidente de automóvil que en 2002 estuvo a punto de costarle la vida, junto a su esposa, su hija y su perro. En ese año ha enterrado a su madre, ha tenido percances serios con su salud y comprueba horrorizado que su cuerpo ya no tiene la resistencia y el vigor  de unos pocos años antes. "¿Cuantas mañanas me quedan?"  se dice tras un divertidísimo conteo de las actividades más comunes que ha repetido durante años. Eso es "Diario de invierno", la contabilidad desternillante de un hombre que repasa su vida y trata de imaginar, es imposible saberlo, el numero de veces que ha hecho actividades personales, como si ese debe y ese haber de detalles irrelevantes como cepillarse los dientes, ducharse o hacer el amor, le dieran la constatación de que su vida ha valido la pena.

En "A salto de mata" es un hombre aún relativamente joven el que recuerda sus comienzos de escritor, su enorme fe en el arte de contar historias, sus dudas, sus errores y el principio de su carrera. Ahora en este libro, su mediada sesentena le hace rebobinar y plantearse la panorámica general de su vida, desde su azarosa vida sexual hasta sus tres matrimonios, dos fallidos y uno, el actual, longevo y feliz, los lugares unidos a su existencia, las casas y pisos habitados, sus charlas con su esposa, Siri, los libros que escriben cada uno, su manera de planificar la vida hogareña... todo esto se desprende, sin orden ni concierto, también a salto de mata, según su inspiración o los motivos o hechos que la mueven, en un texto nostálgico, valiente, creo que bastante sincero, lleno de humor y de condescendencia, el retrato del hombre que fue, narrado y descrito, sin acritud pero sin complacencia, por el hombre que es. Hay párrafos en los que esa acritud se vuelve bastante má dura, nos deja entrever un fondo de amargura, de rencor contra una vida que no siempre ha estado a la altura de lo que deseaba y un rechazo vehemente de "los problemas" que su organismo ha ido dándole en los momentos más inesperados.

El libro deja un regusto agrio a pesar de sus pinceladas de humor y ese detallismo original de Auster que saca punta a todo con una agilidad mental no exenta de cierta infantil ingenuidad, como cuando rememorando la inesperada muerte de su padre (hace mas de treinta años, lo sigue teniendo muy presente) escribe "cuando asumiste el hecho de su inesperada y subita muerte, te quedaste con una sensación de asunto inacabado, la hueca frustración de palabras no dichas, de oportunidades perdidas para siempre". (pág, 37) Y quizá sea eso lo que mueve al Auster actual a escribir esta especie de memorial testamentario, no dejarse pensamientos, palabras y vivencias en el gris purgatorio del olvido. Como escritor de raza que es, exige un reflejo literario de ello...quizá para vivir lo más posible en la memoria de los libros, quizá para sobrevivir a ese hombre de 65 años, "precario y dolido...que lleva una herida en su interior desde el principio...¿por qué sino, te has pasado toda tu vida adulta vertiendo palabras como sangre en una hoja de papel?" (pág. 21). Ya que está "siempre perdido, equivocándote siempre de dirección al tomar un camino, siempre sin llegar a parte alguna" (pag.64).

Es obvio que Auster al menos no se equivocó en una dirección: la de escribir. Y también lo es que ha llegado más o menos feliz y entero a una parte concreta: a sus 65 años, con todos los achaques que no ha podido evitar, fumando sus puritos y cigarrillos o bebiendo un buen vino de vez en cuando. Y con un nuevo libro en los anaqueles de éxitos de las librerías de medio mundo. Bueno...no está mal.

 

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2 marzo 2012 5 02 /03 /marzo /2012 08:44

castillos.jpgLuis Zueco es un historiador zaragozano fascinado por los castillos de su tierra (no en vano es vicepresidente de la Asociación de Amigos de los Castillos de Aragón) aunque también ha probado suerte en la narrativa con una novela sobre tema histórico, naturalmente, en concreto aquella cervantina "más alta ocasión que vieron los siglos", la batalla de Lepanto (editada por "Delibrumtremens", original nombre editorial, pleno de humor).

Pero ahora nos ocupamos del libro "Castillos de Aragón, 133 rutas" que saca a las librerías Mira editores y que puedo comentarles por gentileza de Librería Serret de Valderrobres).

Vaya por delante una constatación: es un libro muy bien  editado, excelente papel, buena impresión, limpia y clara, compaginación sin fallos, diseño de páginas (fotos a color, despieces informativos en cada ruta, recuadros de extensión documental, personajes pintorescos, consejos prácticos, etc). Se distribuyen las rutas por comarcas, bien definidas y acotadas, con datos prácticos del orden de los accesos, tiempos, estado de la construcción, curiosidades y direcciones de lugares para dormir y comer.

El texto es directo y periodístico, sin florituras literarias o poéticas, cosa de agradecer en este tipo de libros. Uno piensa con cierta envidia en las apasionantes jornadas que Luis Zueco ha debido vivir para patearse tanto lugar interesante, buscar los datos y ofrecernos todo con ese hálito identificable del que ha estado en el lugar que describe.

Para un caminante irredento como el que suscribe, el libro de Zueco es una inspiración y un reto. Aragonés de adopción como soy, me interesan todos los caminos, rincones, monumentos y paisajes de esta tierra. Ignoraba que hubiera tanta riqueza y número de estas épicas construcciones del pasado que son los castillos (517 están catalogados en Aragón) y el volumen de Zueco, que recoge una pequeña parte de ellos, tal vez los mejor conservados, me permitirá, estoy seguro, ahondar más en los entresijos misteriosos del pasado de esta tierra, en sus leyendas y misterios, en las huellas de unos tiempos idos que conforman, sin duda, la esencia actual de lo que es Aragón y de lo que son los aragoneses.

Recorremos con Zueco una intrincada y apasionante historia hecha piedra, desde los musulmanes de los siglos IX y X, la fortificada linea de castillos cristianos creados a partir del siglo XI, los castillos roqueros y monasterios o masias amuralladas del XII, las castillos refugio e iglesias fortaleza del XIV, los castillos palacio y los palacios fortificados de la nobleza del XV y XVI. Hay 20 diferentes tipos de castillos aragoneses, palacios, fortalezas, fuertes e Iglesias fortalezas y torres de vigilancia.

Un libro que podría ser el acompañante ideal para complementar muchos de nuestros paseos por estas tierras. Llévelo en el coche junto a la máquina fotográfica. Por lo que he podido ver y constatar (algunos de ellos ya los conozco y los he visitado) el aporte documental y los datos prácticos que ofrece el autor están a la orden del día. Un sólo "pero": ¿tanto hubiera costado que en las páginas a color donde se muestra la comarca y la localización de los castillos, de forma simbólica, se hubiese reproducido un mapa a escala, con las carreteras, caminos y senderos de acceso y ciudades o pueblos cercanos? El usuario lo agradecería.

 

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16 febrero 2012 4 16 /02 /febrero /2012 10:25

dioses--creencias.png

He aquí un libro esclarecedor sobre las complejas relaciones entre la religión y, por extensión, el mundo espiritual (menos restrictivo que el religioso) y la ciencia, en concreto la neurología, la biología y la psiquiatría. Científicos y creyentes y sobre todo personas interesadas en la dimensión trascendente del ser humano aunada a una visión realista y científica de la realidad, encontrarán en la amplia, amena e informada exposición del escolapio, neurólogo y catedrático de la UAB,  Ramon María Nogués  (Barcelona, 1937) que editorial Fragmenta ha publicado con el llamativo título de "Dioses, creencias y religión" .

Me gusta de Nogués su independencia de criterio y su sensatez, que le hace tomar actitudes de equilibrio entre su propio mundo religioso, la tradición cultural a la que pertenece, y la postura no dogmática, investigadora, del ámbito científico al que también pertenece. La manipulacion que las religiones constituidas, la suya en primer lugar , han aplicado al desarrollo de la ciencia tratando de constreñirla a aspectos donde no chocara con la doctrina y, al tiempo, el rechazo del fenómeno religioso de una forma global y sin matices que la grey científica ha dedicado a la religión, son dos aspectos de la misma moneda, la realidad compleja de la cultura humana,  que Nogués trata de armonizar, dando a cada uno su palo -crítico- correspondiente (detalle que dice mucho a favor de la inteligencia independiente de este autor).

En 2007 Fragmenta editorial publicó la primera edicicón (en catalán) de este libro y a finales del pasado año la edición castellana, tras una labor de puesta al día en un tema, la neurología, que va avanzando sin cesar. Nogués deja bien claro en el prefacio cuál es su intención, realizar un homenaje a "la religión bien constituida y un antídoto contra la religión degradada", cosa que debe desprenderse de la estructura del libro: analizar de una forma bien informada y documental la relación, el maridaje que se forma entre el hecho religioso y su soporte biológico-cerebral,  a través de los últimos descubrimientos neurológicos, que logran demostrar el soporte biológico de las emociones, los sentimientos y las místicas intuiciones que integran el fenómeno de la espiritualidad (más que el religioso, creo, que es una cierta institucionalidad de la original casuística espiritual).  Y así emprendemos un interesantísimo y sorprendente viaje por el soporte cerebral en las experiencias numinosas del ser humano, las patologías religiosas y la posible confusión  entre experiencias místicas y patologías psicológicas o neurológicas, los valores evolutivos que se esconden tras las creencias, el pluralismo religioso y la institucionalización de lo sagrado, la creciente importancia de la "neuroreligión" y los contrastes que se mantienen en la vida religiosa con las exigencias espirituales de algunas personas, el papel del sexo en el hecho religioso y cómo no, la historia lamentable (y aún no resuelta) de la discriminación religiosa de las mujeres.

La religión pues, para Nogués, debe ser encuadrada en el estilo de vida moderno de nuestra cultura, como un fenómeno esencial en la historia del género humano, despojando el proceso de los absurdos y lamentables rifirrafes entre religiosos pagados en exceso de su estatus y científicos cerrados a la religión como si ésta fuera un epifenómeno desdeñable y subjetivo sin relevancia científica.

A partir de ahí, nuestro autor nos ofrece un amplio panorama sobre las correspondencias neurológicas de las experiencias religiosas y espirituales (por ejemplo el análisis científico de ciertos estilos meditativos, como los de los monjes zen y los meditadores cristianos, hindúes, chinos o sufíes) y analizando los cambios orgánicos percibidos en, por ejemplo, los niveles de cortisol, los ciclos respiratorios, la temperatura basal o electrocardiogramas y encefalogramas que muestran cambios muy apreciables en las actividades del cerebro y el resto del cuerpo no sólo en actividades meditativas sino en las llamadas "pic experiencies"  creadas por la oración o las reflexiones espirituales o actividades de entrega a los demás.

En el capítulo dedicado a "Sexo, género y religión", nuestro autor rompe una lanza a favor de las mujeres y contra su inicua situación en la mayoría de las religiones establecidas, con especial incidencia en la suya propia, el catolicismo. Nos recuerda Nogués que en los textos testamentarios de esta religión no se da esa discriminación contra las mujeres y añade que posiblemente esas actitudes nefastas vienen más bien de contaminaciones paganas y socioculturales, cuando no psicopatológicas de las figuras eclesiásticas que lo establecieron y difundieron (un aporte psicoanalítico muy de agradecer viniendo de un clérigo, precisamente).

En conclusión, el libro de Nogués no solo cubre una carencia cientifica informativa de primera magnitud, al aportarnos datos sobre la neuroreligión (disciplina que en otros países, Estados Unidos y Canadá por ejemplo,  ya está consolidada, aunque allí la llaman nauroteología, y que en España apenas sabemos que existe) sino que basándose en el principio del correlato demostrado entre actividad cerebral y experiencias religiosas y/o espirituales, nos informa detenidamente sobre los efectos en el cerebro, los sectores cerebrales que se activan o se desactivan (lóbulo frontal, sistema límbico, lóbulos parietales) y los neuromensajeros  que intervienen (dopamina, serotonina, endorfinas). .

Como dice el mismo Nogués en una entrevista: "Analizando con resonancia magnética la actividad cerebral durante la experiencia religiosa se ha visto que se activan los mismos centros que si se tiene una experiencia humana de calidad, amorosa o de relación. No parece que haya estructuras cerebrales específicas para lo religioso. sino que las estructuras normales de la madurez humana adquieren perspectiva religiosa".

Para que se cubra bien el escenario del tema tratado en el libro, también se nos advierte de esa" tierra de nadie" donde ciertas patologías dan lugar a experiencias visionarias, como la epilepsia, por ejemplo, que al parecer padecían en diversos grados Santa Teresa de Jesús, san Pablo o Mahoma. En todo caso, una lectura apasionante y necesaria la que nos brinda este sabio escolapio.

 

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