Creo que la desaparición física de Antonio Tabucchi casi coincidió con la primera edición por Anagrama de este libro que no es más que una recopilación de escritos del novelista italiano-portugués sobre los viajes que realizó o que imaginó. o que vivió primero en los libros y luego quiso vivirlos con los sentidos y los ojos bien abiertos. Una bellísima recopilación, por cierto. Ya en uno de sus primeros libros, Dama de Porto Pim, el entrañable autor italo-luso nos habla de retazos de libros de viaje, diálogos compartidos o escuchados a bordo de un barco o sabrosos trazos sobre las ballenas que cruzan por el mar de las Azores. En este que comentamos, como en otros de sus libros, Tabucchi va perfilando su obra bajo la influencia de dos conceptos o vivencias, el viaje como extrañamiento de uno mismo respecto al Otro o la otredad y el mundo onírico, donde tampoco es posible controlar la propia identidad o la confluencia del otro en nuestra vida.
No importa pues que Tabucchi nos regale experiencias vividas por él en sus viajes imaginarios, o vivencias imaginadas en viajes reales, el escritor camina o hace caminar a sus personajes los espacios que él mismo transitó viviendo experiencias imaginadas y, quizá, nunca vividas. En cuanto a los espacios soñados, permiten al autor hacer otras singladuras que se realizan desde la inmovilidad. Y asi a menudo algunos personajes aparecen en sus sueños para narrarle sus propias historias que luego él pasará al papel (caso de Pereira, por ejemplo).
Los viajes que se nos cuentan en este libro, pasan desde el ensueño de la memoria propia (ese familiar que llevaba al niño Tabucchi a Florencia en un gozoso descubrimiento de Giotto), el hallazgo en la Provenza de un pueblo, Mougins, donde la belleza se ha instalado. O se pierde por Hernani en el Pais Vasco en la casa museo de Chillida (en estos tiempos, cerrada, por desavenencias entre autoridades y la familia del artista) o nos habla de su pequeña patria adoptada, Lisboa, ciudad legendaria en la que uno puede tomar un cafe junto a Pessoa, en efigie, o puede perderse en una calle maravillosa que nadie visita, la Rua da Saudade. Para concluir, hablándonos de Goa en la India, de Grecia y su Cabo Sunion, de Brasil y sus personajes historicos legendarios, de Paul Valery ante el Mediterraneo o Cortázar en Paris. Y tambien nos narrará de viajes realizados a ciudades imaginarias gracias a personas interpuestas, los escritores que crearon un mundo propio, como Proust o Faulkner. Para concluir diciéndonos al oido: "tal vez falten los viajes mas extraordinarios. Son los que no he hecho, los que nunca podré hacer. Que permanecen sin escribir, o encerrados en su propio alfabeto secreto bajo los párpados, por las noches. Después nos quedamos dormidos, y levamos anclas."
Y así, como en "La Hispaniola", acompañando a Jim Hawkins y a John Silver el Largo, Antonio Tabucchi logra con su libro de viajes hacernos añorar los imposibles viajes de los libros de aventuras de Strevenson, London o Poe. Esa inquietud creativa que nos hace levar anclas de la realidad y surcar el ancho mar de los Sargazos de la imaginación leída.
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Hoy ha sido un dia perfecto. Sendero matinal por la Mola Tosca, a un paso de Fuentespalda, una meseta trapezoidal de poco mas de mil metros que se extiende por las alturas, llaneando, frente a las moles de la Picossa y de La Caixa. Ha sido un paseo hermoso, una pista en medio de un bosque que cubre la alargada cima mesetaria. Silencio total, nubes bajas que han ido dejando resquicios de sol, un poco de frio vitalizador. Casi tres horas de paseo sin desniveles apreciables, una vez se está arriba. Caminar vivo, rápido sin ser extenuante, parando de vez en cuando para ver el paisaje, un árbol hermoso, una cortada de rocas sobre el valle, el horizonte tormentoso que luego queda en nada. Asi es esta tierra. Sigo amando los caprichosos dibujos de sus gigantescas nubes. Tengo mas de mil fotos de nubes evanescentes, dramáticas, sutiles, poéticas, rotundas, amenazantes, bucólicas, tiernas, esponjosas...En casa me espera un paquete de libros. De mis amigos de Siruela. Una de mis editoriales preferidas. Me envían el "Héroes" de Bruce Meyer. "Los grandes personajes del imaginario de nuestra literatura". Y el clásico de George Steiner, "Los libros que nunca he escrito". Aún ahora, después de tantos decenios de trato con los libros, de amor profundo o de relación casquivana y frívola, de afecto al primer vistazo o de trabajosa amistad, me sigue emocionando el primer contacto. Casi tan virgen, ingenuo y esperanzado como cuando recién entrado en la adolescencia vibraba con la portada de "La isla del tesoro" o "Las aventuras de Guillermo" o "20.000 leguas de viaje submarino" o "Estudio en escarlata" o "Don Quijote" o "Los tres mosqueteros"...
