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9 febrero 2012 4 09 /02 /febrero /2012 08:12

ninos-feroces-pack-exclusivo-casa-del-libro-8432715050162.jpgNuevo libro del escritor madrileño Lorenzo Silva, editada por Destino. Una novela en forma de muñeca rusa (nunca mejor empleada la metáfora dada la temática de la narración). Una "matriuska" que va desvelando, conforme avanza la lectura, los componentes clásicos de novela dentro de la novela, dentro de la novela (hasta tres puntos de vista narrativos diferentes) que nos habla una vez más de la creciente habilidad técnica de Silva, de su amplia documentación, de su compromiso con la historia y de su amor a los personajes más injustamente tratados por la sociedad y el destino, el drama de los seres más débiles sometidos a los horrores de las guerras con especial mención a las del espantoso siglo XX que muchos han sufrido de forma terrible con especial mención a las mujeres y sobre todo los niños y los muy jóvenes (de ahí el título; por cierto, qué portada más anodina y poco apropiada).

En otro nivel de análisis se trata de una "bindungsroman" es decir una "novela de formación", al estilo de "Los años de aprendizaje de Wilhem Meister" de Goethe o "El guardián en el centeno" de Salinger. Aquí Silva nos ofrece las vivencias y esfuerzos literarios de un aprendiz de escritor que participa en un taller de escritura y recibe la generosa e inestimable ayuda (escasamente probable) de su maestro para que escriba una novela. A tal fin no sólo le proporciona el tema y el protagonista, sino que, convertido en una especie de genio áulico sabio y protector, le pone en contacto con personajes secundarios, lugares donde se desarrolla la accción, libros, películas, documentales y entrevistas con personajes reales que le darán información complementaria y/o formativa.

Los lectores de Silva ya están acostumbrados a esta participación casi mágica (por lo providencial) de mentores y gentes generosas que ayudan a sus protagonistas y en "Los niños feroces" la estructura de novela formativa es singularmente rica en elementos de ayuda. No obstante la ligera artificiosidad de la técnica no desmerece el impacto global de la novela, bien escrita como era de esperar en este autor.

La vida del voluntario de la División Azul que movido por un drama familiar adopta sin más cierta ideología y se lanza a las lejanas y heladas trincheras de Rusia bajo la bandera de la cruz gamada y las órdenes nazis, narrada en primera persona  a finales de los 80, por el anciano protagonista al maestro literario, (un novelista que, curiosamente, teniendo todo el material a su antojo no hace ningún uso de él sino que lo pasa a su alumno) durante varias mañanas en unas citas en un parque madrileño y éste se lo cuenta al alumno añadiendo material variado relacionado directa o indirectamente con la guerra.

Con gran eficacia narrativa y un estilo directo, Silva nos lleva a los cuarteles nazis que preparan a los voluntarios españoles llegados bajo la égida de Franco y sus interesados manejos con el Tercer Reich, nos cuenta las vicesitudes del joven voluntario y un compañero maduro, un legionario adicto a la guerra y el peligro, que le servirá de guía y apoyo. Más tarde, obligado a regresar a España cuando la guerra comienza a torcerse para Hitler y Franco coquetea con el apoyo a los aliados, regresarán ambos a Alemania para vivir en primera persona las jornadas más duras: el cerco de Stalingrado, donde Silva se esmera en contarnos las páginas de horror que se escribieron en aquellos aciagos días.

La novela sigue este curso temático, aunque se alimenta también de recursos periodisticos como la entrevista con soldados españoles actuales en funciones de "apoyo" en países como Irak (donde se trasluce la sabida admiracion de Silva por los militares y la guardia civil españolas), recomendaciones de libros y películas al alcance de cualquiera que aportan visiones complementarias y, para redondear la oferta, las citas a escritores como Walter Benjamin (cuyo paso por Portbou es seguido en peregrinación literaria por el escritor y su pupilo), Semprún o Gunter Grass.

La novela se lee bien, con algunos momentos poco explicitados o reiterativos y con el exceso retórico de las últimas páginas donde parece que el autor justifica su novela (innecesariamente), abonándose a la descripción de los jóvenes indignados como corolario de su alegato contra las guerras y los jóvenes que van o se ven inmersos en ellas.

Al final, pues, Lorenzo Silva reincide sobre los "niños feroces", concepto que ya habia comentado y analizado en diversos momentos de la novela: "Tiendo a pensar que unos y otros, los hombres ambiciosos y los niños feroces son, en definitva, dos de los mas poderosos instrumentos del mal sobre la tierra y que ninguno de ellos merece alabanza ni protagoniza epopeya digna de ser celebrada". Y no le falta razón, aunque en el desarrollo de la narración, si parece admirar --y compadecer-- las acciones de niños enfrentados a la guerra, con armas de combate en las manos, ya sea en Irak contra los legionarios españoles o en las ruinas de Berlín contra los rusos.

La subtrama ideológica no está bien anudada a los personajes y sus comportamientos (ya sea Jorge Garcia Vallejo, el viejo divisionario o su compañero el legionario irredento Laureano Grau) y Silva resuelve de un carpetazo las contradicciones en su afán de que soimpaticemos a los dos camaradas.

Los personajes principales, el maestro literario, su joven aprendiz, el falangista y el legionario, raramente abandonan su categoría casi de arquetipos, aunque el bien hacer de Silva logra que nos sintamos atraidos por ellos. Novela apreciable, excelentemente documentada y llena de guiños para el lector avezado. Vale la pena perderse en sus páginas (y puestos a ello seguir las recomendaciones de libros,peliculas y webs que nos hace Silva, vía Lázaro, el profesor casi omnisciente).

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4 febrero 2012 6 04 /02 /febrero /2012 09:27

 

 dickensEl martes próximo, día 7 de febrero, de hace doscientos años, nació en Londres Charles Dickens, uno de los grandes de la literatura de todos los tiempos. Autor de catorce novelas (quince si contamos "El misterio de Edwin Drood", que no llegó a acabar), centenares de artículos, libros de viajes y de relatos, llegó a crear más de 2000 personajes, entre los cuales hay figuras que se han convertido en auténticos arquetipos literarios que ya forman parte de la memoria de generaciones de lectores. ¿Quién no ha oído hablar de Oliver Twist o de David Copperfield? ¿Quién no se siente lleno de humor con el señor Pickwick o conmovido con Mr. Scrooge y sus fantasmas navideños?

 

 

En honor de este segundo centenario, el mundo literarrio anglosajón se ha lucido no sólo reeditando muchos de los títulos del novelista sino enalteciendo las vinculaciones esenciales entre Dickens y su Londres victoriano, dos nuevas biografías (a añadir al centenar publicadas desde la muerte del escritor en 1872) y en España la edición de la monumental obra dedicada por Peter Ackroyd al emblemático autor, "Dickens, el observador solitario", que aunque ya tiene algunos años acaba de ser traducida por Edhasa (firmada por Gregorio Cantera) en una versión acortada (la inglesa en dos volúmenes tiene el doble de páginas).

Para sumarnos a este homenaje internacional a Dickens, esta semana les propongo no sólo la biografía magnífica de Ackroyd, también la edición que Mondadori hizo en 2004 en su colección Grandes clásicos de "Los papeles póstumos del Club Pickwick", la divertida y entrañable novela de humor con la que el escritor londinense logró hacerse un nombre literario y empezar a ganarse la vida con su pluma, aparcando en cierta forma su labor de periodista (1836). En España hay más de cuatrocientos títulos de las obras de Dickens editadas por diversas editoriales y en todas las lenguas de nuestro país.

En la biografía citada vamos acompañando a Dickens desde su nacimiento y desolada infancia hasta los enormes esfuerzos juveniles para ganarse la vida empleando un talento fuera de lo común y unas dotes de observación que sembrarían el germen de su obra. El hecho de tener que trabajar en los menesteres más duros (a los doce años entró a trabajar en una fábrica de betún a las orillas del Támesis en jornadas de diez horas por un salario de seis o siete chelines a la semana (unos 30 euros actuales) para ayudar a su familia, mientras el padre estaba encarcelado por deudas. ¿No vemos en esta historia la semilla de David Copperfield o de Oliver Twist? ¿No comprendemos la presencia de tantos personajes duros, inhumanos o la de sujetos dotados de una enorme humanidad, de una alegría inexplicable o de una bondad sorprendente? Todos esos personajes rezuman realidad por los cuatro costados, son clones de la humanidad que caminaba por la fangosas calles londinenses sumergidas en la niebla y se ganaban la vida en la precariedad de los oficios más humildes y las exigencias de la miseria y la extrema necesidad.

Ackroyd, que es novelista también, nos ofrece una biografía muy bien escrita en la que siguiendo su talante novelesco va entrecruzando la obra de Dickens con los avatares de su vida y nos lleva a caballo de una cita novelesca a la experiencia vital concreta que seguramente fue el germen vivencial del reflejo literario. Nos habla de sus notables y agotadores esfuerzos por ganar dinero a fin de mantener a su amplia familia (diez hijos y algunos de ellos se constituyeron en verdaderos problemas para el padre) y comprar tiempo parta escribir. Complementaba la publicación de sus novelas, primero en forma de serial periodístico o entregas y luego en libro, con conferencias públicas que, sobre todo en Estados Unidos (donde entonces no pagaban derechos de autor a los extranjeros), sanearon mucho su economía pero le fatigaron extraordinariamente.

Dickens murió, tras una gira de conferencias, agotado, a los 58 años, en junio de 1870. Dejaba varias de las joyas literarias que dignifican la literatura inglesa y constituyen parte del acervo cultural de occidente. Como escribió Carlos Marx refiriendose a la importancia social y política de las novelas de Dickens, "ha proclamado más verdades de calado social y político que todos los discursos de profesionales de la política, agitadores y moralistas juntos". De hecho muchos de los cambios sociolaborales a favor de los niños trabajadores y en contra de la explotación inhumana de la infancia o la violencia contra los huérfanos y abandonados, fueron indirectamente provocados por la popularidad de personajes como Oliver Twist, David Copperfield o Nicholas Nickleby.pickwick

En cuanto a "Los papeles póstumos del club Picwick", no se pierdan las ilustraciones realizadas por dos artistas de la época Robert Seymour y Phiz y reproducidas en la edición de Mondadori, de los personajes y escenas de los compañeros del señor Pickwick, un grupo pintoresco de "aventureros" en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX. Fue la primera novela de Dickens y una de las más populares, editada por entregas por el diario Evening Chronicle a partir de 1836. La importancia de esta novela es tal que en la literatura anglosajona se la considera a la misma altura, sino superior al Tom Jones, Joseph Andrews o Tristam Sandhy y en la literatura universal, cercana al mismísmo Don Quijote. Pickwick es un personaje capital en el imaginario anglosajón y se le pone al nivel de, por ejemplo, el Fasltaff de Shakespeare. Lo cierto es que su lectura es un placer y nos deja en la memoria el encanto de unos personajes y unas situaciones que nos evocan siempre buen humor, una sonrisa permanente y a veces alguna que otra carcajada.

 

 

 

FICHAS

DICKENS, El observador solitario.-Peter Ackroyd.- EDHASA, nov.2011.-700 págs.

LOS PAPELES POSTUMOS DEL CLUB PICKWICK.-Charles Dickens. Clásicos Mondadori. 2004. 1031 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

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28 enero 2012 6 28 /01 /enero /2012 08:29

portada-leer-mente_med-copia-1.jpgDamos por hecho que sabemos qué es leer y cómo lo hacemos. La lectura consiste en ejercer activamente una técnica fisica y mental obtenida por la educación y descifrar los grafismos de las letras, unir éstas en palabras y distinguir y entender las frases y, lo que es aún más difícil, comprender el mensaje que se nos comunica a través del texto.

Bueno, pues intuyendo que se trata de un proceso muy complejo, la verdad es aún más complicada e interesante. Para ayudarme a investigar esta cuestión, he leido para ustedes --y puedo recomendar su lectura a todos lo que se sientan atraidos por el tema-- dos libros: "Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción" del novelista mexicano Jorge Volpi (autor de la magnífica "En busca de Klingsor") editado por Alfaguara y  "Los ojos de la mente" del  neurólogo y escritor Oliver Sacks, autor de libros tan sorprendentes como "Migraña" o "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero" o la autobiográfica "Despertares" (de la que se hizo una película célebre protagonizada por Robert de Niro y Robin Williams, en los 90), publicadas todas por Anagrama.

Aunque supongo que mi admirado maestro de la crítica, Víctor Moreno, despotricaría sobre los argumentos de Volpi sobre la necesidad "ontológica" de la lectura (llega a sostener el mexicano que las novelas y los cuentos han sido elementos esenciales para la evolución de la especie humana) para mí el recorrido de Volpi sobre el papel que las célebres "neuronas espejo" (las que reproducen en nuestra mente cualquier acto ajeno como si fuera propio, lo que ha permitido al ser humano evolucionar y prever actos futuros) tienen en la formación de la conciencia y la gestión de las emociones, y la influencia relevante que la lectura tiene en el proceso de cultivo de la inteligencia, me ha parecido altamente sugestivo. Sostiene Volpi que "el arte, y en especial el arte de la ficción, nos ayuda a adivinar los  comportamientos de los otros y a conocernos a nosotros mismos".  Para él y apoyándose en recientes descubrimientos neurológicos "los mecanismos cerebrales con los que nos acercamos a la realidad son básicamente idénticos a los que empleamos a la hora de crear o apreciar una ficción", pues "reconocer el mundo o inventarlo son mecanismos paralelos".  Por un fenómeno de empatía y gracias a las neuronas-espejo  localizadas en las  areas motoras del cerebro, las ficciones que leemos ensanchan nuestra idea de nosotros mismos y nos hacen comprender mejor a los demás. Por eso, dice Volpi, "leer es tan fecundo y tan cansado como vivir". Aunque nuestra mente es capaz también de producir ideas que paralizan la empatía: el racismo, la xenofobia, el nacionalismo, "todas esas perversas exaltaciones de las pequeñas diferencias". Y añade, "leer cuentos y novelas no nos hace por fuerza mejores personas... pero los que no leen tienen menos posibilidades de comprender el mundo o  a sí mismos".

El recorrido de Volpi nos lleva desde el hombre primitivo y el famoso "gen egoísta", pasando por Descartes y Spinoza, hasta el contenido de la conciencia, el yo como ficción autoreferencial de la mente, el "flujo de la conciencia (reflejado en las obras de Joyce, Virginia Woolf o Freud) o la función cerebral de la memoria, con sus trampas y vacilaciones y el papel de la ficción en la gestión de las emociones. 

Por su parte, Oliver Sacks incide indirectamente en el tema de la lectura desde un nivel más específico y biológico: el del órgano de la visión y la imaginación visual ("los ojos de la mente"), su correlato cerebral y las curiosas patologías neurofisiológicas que entorpecen, dificultan o anulan la capacidad del cerebro para convertir las imágenes que captan los ojos, no sólo la lectura, sino el simple reconocimiento de los rostros familiares (prosopagnosia), o los colores, o el movimiento, o la existencia de objetos y miembros corporales propios que desaparecen de nuestro universo cotidiano por efectos de patologías traumáticas cerebrales.

El neurólogo-escritor nos habla de la fuerza de voluntad, la dedicación, el esfuerzo heroico de esas personas dañadas para recuperar lo que la generalidad de las personas apenas valoran (hasta que los accidentes o las circunstancias los limitan o anulan) esas funciones de la visión que nos permiten conectarnos con el mundo.Para ello nos cuenta historias de pacientes --y de él mismo, sujeto a algunas patologías orgánicas limitativas-- como un escritor de novelas policiacas o una concertista de piano que un buen día, de forma trágica y súbita, dejan de reconocer las palabras o las pautas musicales y su enorme odisea para recuperar de alguna forma esas funciones que daban sentido a su vida. En este sentido, la necesidad empática de relación con las personas, los cuadros,la música o las personas, es donde estriba la pertinencia de hablar de este libro aquí.

Sacks nos habla de la plasticidad del cerebro, que busca de forma casi simpre eficaz compensar los déficits usando otros circuitos cerebrales, no espacializados, en recuperar la función perdida.

El recorrido del neurólogo por esas discapacidades sobrevenidas que afectan a la visión o alteran sustancialmente actos como leer (alexia: no reconocemos las palabras o las letras de nuestro idioma) debido a apoplejías o lesiones cerebrales o encontrar las palabras (anomia) en el habla cotidiana o, simplemente, entender el habla de los demás y expresar los propios pensamientos (afasia), logra por la via indirecta incidir en la valoración que Volpi hace del acto de leer, con todas las cautelas que queramos poner a las afirmaciones a veces excesivas de este autor.

 

FICHAS:

"Leer la mente",.Jorge Volpi. Ed. Alfaguara.163 págs.

"Los ojos de la mente".-Oliver Sacks. Anagrama. 286 págs.

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27 enero 2012 5 27 /01 /enero /2012 10:17

carlos-copia-1Han pasado dos años. Tal dia como hoy, en 2010, Carlos Nadal (1923-2010), licenciado en Filosofía y Letras, periodista de "La Vanguardia", profesor de la Escuela de periodismo, experto en política internacional, nos dejaba. Y a mí, concretamente, me creaba un vacío imposible de llenar. El de una hermandad intelectual y afectiva que constituyó uno de los grandes regalos que me ha donado la existencia y la suerte. Carlos, era un poeta secreto. Solo su esposa y algunos familiares cercanos y algunos, pocos, amigos, uno de ellos yo mismo, sabíamos de su vocación íntima, de la fuerza y calidad de sus poemas, de ese impulso creativo que era su Grial, la fuerza equilibradora en la vida cotidiana, no siempre serena o bucólica. Poeta pues, no solo de los momentos dulces de la vida, del apasionamiento amoroso, de la serena profundidad filosófica, sino también --y sobre todo-- de las dudas y los desconciertos, de la amargura, de los sueños idos, de las carencias, del desafecto y el humor sombrío, todos ellos con una nota en común, una suerte de distanciamiento socrático, una elegancia de la expresión que mostraba la finura de un pensamiento lleno de nobleza, de autocrítica y de comprensión hacia los demás.

Me propongo escribir de sus poemas más extensamente. Pero hoy sólo tengo ánimos para volver el rostro hacia mi interior y verlo allí, aposentado para siempre, con su sonrisa levemente triste y sus pequeños ojos que parecían saberlo todo y comprenderlo todo.

Te añoro hermano.

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23 enero 2012 1 23 /01 /enero /2012 10:12

Había leído alguna cosa sobre él, de pasada, en reseñas literarias globalizadoras o en libros de textos. Se trata de un personaje de novela, Pedro Zaputo. Del siglo XIX, novela aragonesa enraizada en el país, retrato picaresco y realista de un individuo de la época. Un documento antropológico e histórico devenido en novela más o menos costumbrista. Fue creado por la mente de un pedagogo liberal aragonés, Braulio Foz, que nació en Fórnoles, localidad del Bajo Aragón, actualmente en la frontera entre la comarca del Matarraña y el Maeztrazgo. Corría el año de 1791, a caballo entre dos siglos. Don Braulio luchó en la guerra de la Independencia, estuvo estudiando en Paris, como prisionero de guerra, y las pasó canutas en el tobogán histórico violento entre liberales y conservadores de nuestro endogámico sistema político (que, por cierto no ha cambiado mucho en los dos siglos y pico que median). Durante un exilio interior en su casa natal, por motivos políticos, dio en dar a luz su obra máxima. El amigo Octavi Serret, librero imperial del Matarraña, se enteró que preparaba un reportaje de senderismo sobre el camino que une Ráfales con Fórnoles y me facilitó un ejemplar de "La vida de Pedro Zaputo". Empecé una lectura rápida en diagonal y el libro me enganchó. Así que lo volví a empezar, con placentera morosidad. Ya escribiré sobre él in extenso. De momento  he disfrutado con los paisajes de Fórnoles, su patria chica.

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19 enero 2012 4 19 /01 /enero /2012 08:51

1q84-libro-.jpg

 

 Ya tenemos aquí el tercer libro del "1Q84" de Haruki Murakami. Cerca de un millón de copias en papel, aparte de la venta en internet y eso sólo en Japón (donde constituye un fenómeno ambivalente: detractores que lo consideran demasiado "occidentalizado" junto a fanáticos que devoran sus libros: casi tres millones de ejemplares de los dos primeros libros, que ya reseñamos aquí) y con una presencia en Europa y Estados Unidos que lo convierten en un serio fenómeno literario.

Me confieso un seguidor impenitente de Murakami del que disfruté su "Tokio Blues", "Kafka en la orilla" y del atractivo volumen sobre el arte de correr. Los dos primeros libros de "1Q84" nos muestran una historia enigmática, mágica, desconcertante y rabiosamente sugestiva, con capítulos alternados desde una joven asesina y un profesor, escritor aficionado, amigos de la infancia que no han vuelto a verse pero que están destinados a vivir una sorprendente historia de amor. En este tercer libro las voces de Aomame y la de Tengo son complementadas por la de otro personaje, el detective Ushikawa, responsable de que Aomame fuese escogida para tratar con una terapia de masaje a un visionario líder de la secta que está en el seno de la intriga que mueve la novela. Ella lo asesina al final del libro anterior y ahora el detective debe encontrarla.

Y aquí entra en funcionamiento la magia del estilo de Murakami, claro, directo, minucioso y detallista. Sabemos lo que comen, visten, la musica que escuchan y los pequeños hábitos y placeres, miedos y rechazos de los tres personajes principales, viendo como sus vidas van entrecruzándose entre la violencia, el erotismo, la poesía y los rituales peligrosos de un mundo parecido a éste, pero que no es el 1984 (guiño a Orwell) que hemos vivido aunque se le parezca, menos en que tiene dos lunas en el cielo nocturno.

Murakami nos envuelve en su humor surrealista, la fuerza literaria de sus personajes, el simbolismo (bastante junguiano) de sus propuestas, aunque se descontrola a menudo y no puede evitar excesos filosóficos que no vienen a cuento o obviedades socio políticas de bachillerato. Pero, en fin, no hablamos de un ensayo sino de una novela y ahí es donde Murakami se luce, con su imaginación desbordante y esa tendencia al juego como si mantuviera una partida de ajedrez con el lector, de tu a tu. Aunque, fuerza es decirlo, muy lejos todavía de la excelencia de "Kafka en la orilla". Esta trilogía me recuerda lejanamente a la célebre "Millenium", ahora de moda otra vez al estrenarse la versión en cine, made in Hollywood.

Los elementos que pone en juego Murakami, son reiterativos, las citas literarias y musicales, el sexo sin tapujos, Chéjov y Proust, jazz, conspiraciones y misterios, referencias políticas superficiales y maniqueas, metáforas sorprendentes, diálogos elementales pero vigorosos y una sensación general (muy lograda) de la soledad de los personajes, atenazados por miedos, ilusiones y esperanzas que los hacen, a pesar de su singularidad un poco arquetípica, cercanamente humanos.

Libro, pues, que nos dará buenos momentos de lectura siempre y cuando nos hallamos leído los dos anteriores. Eso sí, a mi parecer el esfuerzo vale la pena.

 

 

 


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18 enero 2012 3 18 /01 /enero /2012 10:12

Leo al profesor Víctor Moreno, iconoclasta, irónico, cáustico, príncipe del sentido común, derribador de falsedades, destripador de mitos literarios, caballero andante de la lectura y los buenos libros, desenmascarador de ídolos narrativos, azote de ensorbecidos escritores, látigo de pseudocríticos y feroz exégeta inclemente de religiosos mitrados dotados de prepotencia verbal. Es una especie de Dr. Moriarty, el archienemigo de Holmes, a la inversa. Es decir  comparte una de las mayores mentes críticas, insobornable y escurridiza, en abierta pugna contra los falsarios literarios, los pedantes y los cursis del mundo de la cultura, con una discreta presencia pública, casi escondiéndose de los focos. Y todo esto con sentido del humor. Disfruté como un loco su reparto de varazos a los críticos - y a algunos autores-- que proliferan por la prensa de nuestro país. Ahora me he agenciado, con ciertas dificultades (parece que Moreno es un escritor maldito, condenado a la oscuridad provincial) de su "Metáforas de la lectura" (Lengua de trapo, 2005) y "La manía de leer" (Caballo de Troya, 2009). Lo estoy pasando muy bien. Ya les hablaré de estos libros. Indispensables.

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15 enero 2012 7 15 /01 /enero /2012 08:33

manuscrit.jpgResulta reconfortante comprobar que esta zona privilegiada por muchos motivos (me refiero al triángulo de tierras aragonesas, catalanas y castellonenses que se extienden con el epicentro en la cordillera de Els Ports) tiene un elemento poco conocido popularmente pero con gran relevancia para su futuro: una enorme efervescencia cultural y concretamente literaria --aunque es lugar frecuentado y amado también por los artistas plásticos--. Escritores y poetas proliferan en estas tierras como si Calaceite, Valderrobres, Alcañiz, Horta de san Juan, Tortosa, Baix Ebre, Terra Alta, fueran un gigantesco caldo de cultivo que nutriera e hiciera nacer a ese especial individuo que se complace en imaginar cosas, bucear en el pasado, pasear la mirada por estas tierras y escribir sobre sus fantasías o las realidades que le envuelven, es decir los narradores.

Vamos a dar un pequeño y forzadamente parcial paseo por los anaqueles de actualidades literarias, de narrativa, libros publicados en los dos últimos meses que tienen como elemento común el hecho de que sus autores viven en esta zona o aledaños, ya sean nacidos aquí o que, procedentes de otros lugares --Zaragoza, Barcelona, la Rioja-- han asentado sus hogares en este triángulo del que les hablo o se han convertido en visitantes asiduos.

Así podemos empezar con Francisco Javier Aguirre, un riojano que se ha hecho aragonés de adopción y ha dedicado una trilogía al Mararraña, "La dama del Matarraña","Los follets del Matarranya" y "Los duendes del Matarraña"  editadas por UnaLuna. Ahora saca una novela negra, "Tirana memoria" (tembién en unaLuna) en la que desfilan estas tierras aragoneses y valencianas dando cobijo a una siniestra historia de mafias de abuso de menores, mudos, violaciones y venganzas, con un estilo muy directo, poco descriptivo pero dinámico, que te agarra hasta el final a pesar de su intenso melodramatismo. De este autor, (al alimón con Angélica Morales) y editada por Certeza, une deliciosa novela epistolar "Del Matarraña a New York".

El barcelonés Esteban Martín, también afincado en el triángulo citado, en Tortosa, ya nos interesó con su divertida "Cuando la muerte venía del cielo" una novela publicada por Ediciones B en la que asistimos a una trama que nos acerca al Hollywood de los años treinta y nos  lo relaciona con la España en plena guerra civil y la ayuda de ciertos actores a la República. Ahora, siguiendo en la tónica de la nostalgia del tiempo pasado y de mezclar personajes literarios con personajes históricos reales, publica en Rosa dels Vents la novela "El pintor d'ombres" en la que asistimos, boquiabiertos por tamaña osadía, al final del siglo XIX en una Barcelona donde el joven Picasso fortalece su genial vocación y mal vive en los barrios bajos barceloneses, pintando a las señoritas de un burdel. Sin embargo cada una de esas damas de la vida son asesinadas metódicamente. Así que Esteban Martin, ni corto ni perezoso, convierte a Picasso en sospechoso, pero también en un colaborador indispensable para  un detective británico llamado, ¿no lo adivinan? Sherlock Holmes, a fin de que éste desenmascare y neutralice a...Jack el destripador.

De otro nivel y calada, Marta Rojals, oriunda de Ribera del Ebre, nos ofrece una primera novela, "Primavera, estiu, etcétera" (edita La Magrana) en la que vibra, sin duda, el aliento de una narradora de fuste. Una crisis personal,-- un abandono sentimental--, y otra laboral (el cierre de su taller de arquitectura por la crisis), hace que la joven Elia regrese a su pueblo y  vuelva a sus raíces familiares con distinto espíritu, hay una voluntad de análisis, de encuentro con el pasado, de poner en claro muchos problemas, dificultades y silencios. Hay en estas páginas sensibilidad, ojo observador, una cierta poesía y un bello respeto por la autenticidad del lugar propio, que hacen de la novela un libro recomendable.

Dirigir un instituto de enseñanza secundaria en el Matarraña y al mismo tiempo ser un un novelista catalán en activo, hace de  Silvestre Hernández i Carné, un invitado indispensable en esta página.  Y lo tenemos por un doble motivo literario, su delicioso "El manuscrit de Wadi Al-Abmar" (Viena narrativa) en el que viajamos al Beceite actual, justamente al puente  viejo sobre el Matarraña, que da entrada al pueblo, para que se produzca el viejísimo motivo argumental del encuentro casual de un manuscrito que nos contará la verdadera acción del libro, que se desarrolla en los reinos de taifas del siglo XI justamente en estas tierras.  Calaceite, Valderrobres, monjes negros, calígrafos maravillosos, reyes, gobernadores o cadís, la Reconquista en marcha, forman el entramado de una historia trepidante donde, naturalmente, no falta la flor del amor "con olor de gessami". La segunda propuesta de Sivestre Herández es "Aigues Tèrboles",  que tiene como centro geográfico de su narración una antigua región natural ubicada en el centro del Matarraña llamada L'Escresola, desde Fuentespalda a Peñarroja de Tastavins y hasta el término de Castellón. Allí, el escritor recrea una urdimbre de masías, masoveros, gentes del lugar que crean una sociedad firme y bien ensamblada que actúan con acuerdos y logran una estabilidad prodigiosa. La apisonadora social y política del franquismo tras la guerra civil, termina con esa autonomía de las masías enlazadas a fin de evitar que sirvan de apoyo a los maquis. Se trata de una novela  que recoge la tradición de la "Bildungsroman" o "novela de formación" y como ellas trata de la maduración del joven protagonista a través de su actividad y relación con el mundo que les rodea. En este caso se trata además de un huérfano, Oriol Puig,  que hallará en L'Escresola  el sentido de su vida.

Para terminar unos apuntes: la zaragozana Asun Velilla dedica con su "Secretos del Matarraña" (March editor) un guiño a esta tierra a través de una fantasía que roza el esoterismo-ficción. De Manel Ollé i Albiols (del Montsiá) dos libros "Macianet, el ventallenc" y "MIcalet Verderol"  ambos de Pagés editors, en los que la literatura se alía con la antropología cultural y las costumbres y las tradiciones de las tierras del Ebro. Volveré con este autor en otra ocasión. De La Cava y Tortosa proviene, en fin, Baltasar Casanova i Giner que publica "Salabror de riu" (March editor) donde nos evoca la sencillez y miseria de los del terruño --en el Ebro-- frente a la dureza del "amo" que reside lejos, en la ciudad, con su odioso testaferro vigilando sus intereses. Nuevamente el sabor de la tierra y de la historia más o menos reciente. Algo que nos explica lo que ahora somos y vivimos.

 

  

 

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8 enero 2012 7 08 /01 /enero /2012 07:17

Aprecio la obra y la persona del escritor turco Orhan Pamuk, con ese look de Harrison Ford de tercera edad que se ha echado encima desde que se separó de su esposa de toda la vida y se involucró en una relación con una dama joven y de muy buen ver (segun creo recordar de una foto de la prensa de hace algunos meses, tengo mala memoria para detalles de chismorreo) cosa que ocurrió no mucho después de arrasar con el premio Nobel de Literatura de 2006 en las librerias de todo el mundo.  Es un  autor que siempre me ha infundido mucho respeto. He disfrutado con sus novelas y recuerdo con placer su visión del Estambul de su  infancia y juventud que coincidió con mis primeros paseos por esa ciudad en uno de los destinos inaugurales de mi profesión de periodista de politica internacional. Otra coincidencia curiosa: El titulo de su novela "Me llamo Rojo" coincide  exactamente con el del primer relato que publiqué en mi vida, allá por los años sesenta. Recuerdo que el director de la revista que lo publicaba, Pérez de Olaguer, me pidió que cambiara el nombre de Rojo del protagonista. "Me trae malos recuerdos", me dijo. Me negué y le expliqué las razones por las que prefería mantener ese nombre. El director aceptó mis razones y solo unos años mas tarde me enteré que unos facciosos republicanos ("rojos") habían asesinado a padre y a su madre en una de las muchas barbaries cometidas por ambos bandos durante la guerra civil.

Pero volviendo a Pamuk, leo "El novelista ingenuo y sentimental" (editado por Mondadori). En el libro Pamuk aplica la distinción que hiciera Schiller  "Sobre la poesía ingenua y la poesía sentimental", para hablarnos  de escritores que se enfrentan a la creación de sus obras con un talante ingenuo es decir, naturales, espontáneos, viscerales, comparándolos a los "sentimentales", que son reflexivos, emotivos, más artificiosos y especulativos.

Así acompañamos al "sentimental" Pamuk en un recorrido que nos acerca a los libros que forjaron su adolescencia y juventud, Tolstoi, Stendhal, Dostoievski, Mann, Proust o Flaubert. Y para ello Pamuk especula con el efecto que el texto imaginativo provoca en nuestra mente, el afán del recuerdo, la memoria y el tiempo.

Seguiremos con mayor detalle...

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7 enero 2012 6 07 /01 /enero /2012 08:35

"La palabra quebrada", "Ensayo sobre el ensayo" de subtítulo, es una de las dos obras escritas por Martín Cerda un intelectual chileno al que no tenía el privilegio de conocer, que nació en 1930 en esa maravilla de ciudad, empezando por el nombre, que se llama Antofagasta, y murió en 1991 de un ataque al corazón tras haber perdido en un desdichado incendio fortuito los originales de tres obras más y todas las notas y libros con los que nutría su labor. El librito editado por "Veintisieteletras", una pequeña editorial madrileña, es un primor desde todos los puntos de vista, aspecto exterior, cuidado editorial, guardas, papel, portadas y trasera en cartoné, impresión, claridad de tipos y, desde luego, calidad literaria e intelectual del texto. Es el primer ensayista que leo tan enamorado de su oficio como escaso de producción, poseedor de una visión lúcida y ajustada de su trabajo y su necesidad. Como él mismo escribe: "Me gustan los ensayos porque son el plato fuerte de las ideas". Con una erudición literaria y filosófica de primer orden  y unas dotes de observación y juicio poco comunes Martin Cerda va atravesando los nombres señeros de grandes autores y sus obras hilvanando un tejido global en el que graba una lúcida visión sobre el pensamiento y los defectos y grandezas de la inteligencia humana.

Hay un aura indescifrable pero emotiva en este autor de obra escasa y vida dramática que me llega cargado de un sentido oculto. Hay en sus páginas una fuerza indefinida y sugestiva que acrecienta la brevedad dramática de un mensaje lleno de inteligencia ysensibilidad. Volveremos a comentarlo. 

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