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29 mayo 2012 2 29 /05 /mayo /2012 17:53

Pues tal como adelantamos ayer, la última etapa, la llegada a Santiago es paisajistica y culturalmente decepcionante, y aunque parte del personal andariego mostraba ciertos sintomas de histerismo entre religioso y deportivo, la mayoría de los caminantes oscilaba entre el ensimismamiento que produce el cansancio de muchas jornadas de desollarse los pies o la alegre y ruidosa inconsciencia de los que esperan una jornada más de cuchipandas e ingestas etílicas de mayor o menor grado, que de todo hay en las viñas de mi señor Santiago Matamoros.

En algo más de dos horas, entre un trasiego incesante de peregrinos, algunos ciertamente tocados, como dos chicas inglesas bastante jovenes que se sentaron en la acera y miraban tristemente a quienes pasaban, caminamos por carreteras secundarias, entre casas mas o menos normalitas y de una calidad estandard junto a verdaderos palacios rurales o casonas en las que el lujo es evidente, edificios como los de la television gallega y los RTVE, muy cercanos, fabricas de diversas caracteristicas o el enorme campi ng de San Marcos, bastante vacio para lo que es habitual e n el Camino. Como nos dijo el hotelero de ayer, la crisis también se nota, las estancias son menos abundantes, los hoteles con cierta categoría, y precio, estan medio vacios y bares y restaurantes han bajado o mantenido los precios (lo normal es un menu diario de 7 a 10 euros). 

El ambiente es decididamente premioso y con expectativas del muy cercano final. La gente, no se sabe por qué, pone el turbo (los que pueden) y pasan presurosos como si Santiago se les fuera a escapar trotando monte arriba. Se empieza a barruntar la excitación del apoteosis aunque aun no se  vislumbra ninguno de los grandes edificios de la ciudad o las torres de la catedral.

Aun hay que subir, por una empedrada carretera el Monte do Gozo, desde cuya vertiente occidental antaño se distinguía perfectamente el caserío de la ciudad y las torres catedralicias. Subimos por una pista asfaltada hasta llegar a las monstruosas instalaciones construidas en 1992 con  ocasión de la  visita del Papa y el año compostelano jubilar. Pasamos por la cancela sin husmear y subimos hasta la cima donde, a mano izquierda, se levanta el pretencioso mojón gigante del monumento al Papa y al Camino. Los peregrinos se fotografían ante él y nosotros buscamos la robada vista de la ciudad, ahora ya apenas visible a causa de los arboles replantados y los edificios que, un poco mas abajo, comienzan a sugir entre bosques esquilmados.

Cruzamos por un puente con piso de madera la autovía, el rio Sar y la via férrea. Cruzaremos el barrio de dos Concheiros (hace cientos de años se instalaban allí los comerciantes que vendían conchas, simbolo del Apostol y objetos piadosos a los que entraban en entonces  amurallada ciudad. Llegamos a la Porta del Camiño (donde estuvo la puerta de entrada del Camino Francés, (hoy simbolizada por una tasca-pulpería con ese nombre) y por la Rua das Casas Reais y das Animas (donde está la iglesia de ese nombre, con un delirante frontispicio donde se nos muestran varios personajes desnudos (muy disimulados) entre llamas coloreadas de rojo) hasta la Plaza de Cervantes. De allí por la Rua de Azabachería (donde vendian los dijes de azabache con la imagen del Santo) y la Via Sacra hasta entrar por la entrada lateral trasera de la Catedral y por una rua con arco a la inmensa planicie del Obradoiro.

Un  gaitero ameniza la continua arribada de peregrinos, las masas de turistas trotando tras un sujeto o sujeta con una pertiga con banderola o los ciclistas pertrechados que acaban allí su pedalear. Todo el parque temático de la religión católica se despliega ante los asombrados ojos  del caminante. Hay abrazos en grupo, gente mohina con una rara sonrisa en los labios, jovenes que expresan sus emociones de forma estentórea aunque algo contenida y una legión de bien alimentados pedigueños de carnet que montan guardan sedente junto a todas las puertas de entrada de la catedral. Todos piden de forma mas o menos vehemente que les auxilies con tu dinero y algunos presentan carteles con sus necesidades escritas...en varios idiomas.

Tras una somera visita al Santo y la frustracion por no poder extasiarme --como siempre habia hecho en la media docena de ocasiones anteriores en que fui a la bella ciudad-- ante el Portico de la Gloria del maestro Mateo, hoy rodeado de lonas y andamios. Hay una version virtual de pago que me negué a ver por coherencia personal. NI siquiera pude darme un coscorrón con el "Santo dos croques" o meter los brazos por los agujeros ad hoc que rodean su busto, ni pasar los dedos de mi mano por la desgastada y pulimentada huella de millones de manos anteriores aplicadas en el mismo lugar por los siglos de los siglos. Amen.

En la Oficina del Peregrino, unos metros mas abajo, la cola de caminantes comenzaba en el patio interior y subia por las escaleras hasta el piso donde media docena de funcionarios del Obispado sellaban y garantizaban con la "Compostela" que habias cumplido los requisitos de la larguísima peregrinación de casi ochocientos kms. o su modalidades mas cortas, con tal de que superes los 300 kms. Con ella en la mochila (antiguamente era un pergamino co n sello episcopal, hoy es un titulillo a dos colores preimpreso donde te ponen a mano (y, la verdad, el burocrata que me tocó la tenía vacilante y deficiente como la de un niño de preescolar y creo que aun peor) tu nomb re y apellidos --"en latín" asegura muy ufano el currinche del que sospecho no tiene ni pajolera idea de ese idioma bastante muerto pero aún vivo para un estudiante del bachiller antiguo de letras como este comentarista-- y te despiden tras hacerte rellenar un formulario con datos de tu viaje, incluida la motivación, "religiosa", "religiosa y otras", "otras". El. cachondo que fue atendido antes que yo, había escrito en letra  menuda, "y bueno, tenia unos dias y no sabia qué hacer".

 

 

 

Lavacolla-Santiago

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27 mayo 2012 7 27 /05 /mayo /2012 15:51

Salimos de Palas del Rei por la ermita de San Tirso, de escaso interés artístico y bajamos las escaleras que llevan hasta la carretera N-547 a la que acompañamos unos 100m y nos desviamos a la derecha, cruzamos el rio Ruxian y pasamos por Carballal hasta pasar por una corredoira bajo el palio de los árboles y llegar a San Xulian del Camiño. El día amenaza lluvia y el camino va pasando de corredoiras umbrías o andaderos protegidos por setos de la carretera, a pistas de cemento o  barro endurecido entre sembrados y casas humildes en aldeas pequeñas y solitarias.

En Leboreiro dejamos la provincia de Lugo y entramos en la de A Coruña. Santiago está como quien dice a la vuelta de la esquina, que en términos de caminante es bastante más trabajoso.

En Casanova decidimos buscar un lugar para desayunar (hemos salido del hotel antes de la siete y no hemos tomado nada). Llevamos dos horas y pico de caminata, caen gotas aisladas y nos apetece comer algo. Desechamos un figon aleman por exceso de caminantes y nos aposentamos en un albergue de muy buen aspecto llamado Somoza. Un camarero de media edad y aspecto nervioso nos canta las excelencias y categoría del establecimiento ante la pregunta inocente de Jaime sobre si el pan es de ayer (hoy es domingo) que provoca una respuesta casi indigmada del personaje, herido nen su honrilla profesional. Luego trata de ser demasiado amable y nos srive unos huevos con panceta y a la hora del cafe nos obsequia con sendos trozos de tarta de santiago.

Algo repuestos llegamos a Leboreiro donde disfrutamos del portico romanico de la Iglesia de la Virgen de las Nieves y el original cabeceiro, hórreo con forma de cesta de mimbre, hechos con ramas. Despues pasaremos junto a un poligono industrial, con unas curiosas placas de roca con nombres grabados en bronce de los caballeros de la Orden de Santiago y sus capítulos celebrados en los últimos dos siglos, hasta bajar hacia el rio Furelos que atravesamod sobre un bellísimo puente romanico de cuatro ojos, que nos llevará a Melide.

Despues deberemos atravesar un bosque de pinos, robles y eucaliptos, hasta cruzar el rio Barreiros. Castañeda,Doroñas y Ribadioso, entre carreteras y tajos, hasta llegar a Arzúa, nuestro final de etapa. Han transcurrido más de ocho horas, treinta y un km, de los cuales más de dos gastados en cruzar el pueblo bajo una lluvia fina y persistente, porque el hotel escogido está muy a las afueras de un pueblo particularmente extenso. Llegamos empapados y bastante cansados.

La jornada ha sido agotadora pero interesante desde un punto de vista historico y artistico. (hemos pasado a pocos kilometros del famoso Pazo de Ulloa, inmortalizado por la novela de Emilia Pardo Bazán) pateado las venerables losas romanas de la calzada de Cornixa, y en Boente vemos en la iglesia una imagen de Santiago en majestad, lo cual solo acontece en Compostela. El camino ha oscilado entre desneveles no excesivos pero si continuos y nos ha dado ocasión de atesorar en el desván de la memoria a personajes como el hospedero de Boente, Mariano Dios, escalador, fotrógrafo y aventurero (conocido por los montañeros del Pirineo con su sobrenombre escrito en los libros de casi todas las cumbres: "El Yeti") que vino a hacer el Camino y quedóse en él. El hombre pàrece un motorista de Harley de los sesenta, de la banda de Brando, reciclado en orondo y feliz hotelero. Y la otra imagen, la de una anónima mujer madura con la cabeza canosa y aspecto y figura de gran dignidad que, sentada en una roca junto al rio Iso, con los pies descalzos sumergidos en el agua, parecía absorta en la contemplación del bello recodo del puente romanico, una bella estampa bucólica llena de delicadeza y poesía, y que cuando se dio cuenta de que la mirabamos nos sonrió y  agitó la mano diciendo; "buen camino". Claro que aún quedaba el paso bajo la lluvia de Arzúa con 31 kms en las piernas. Por cierto, el famoso LIber sancti Jacobi, cuenta que en este pueblo apareció un peregrino que se detuvo frente a una casa del pueblo en la que una mujer tenía pan  en el horno. El olor era magnifico y el peregrino pidió a la mujer que le diera algo de su pan cuando estuviera. La señora contestó que se equivocaba que su horno estaba vacío. Que debia ser de alguna vecina.El peregrino se lavantó y al marcharse dijo: "Espero que tu pan sea como una piedra". Cuando la mujer estimó que el pan ya estaba horneado fue a buscarlo y encontrro en su lugar una piedra. Salio espantada a buscar al peregrino pero no lo encontró. Cosas de nuestra madre Iglesia que se preocupaba por espantar al pueblo y así convencerlño de que tratara bien a los peregrinos. El negocio espiritual.

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23 mayo 2012 3 23 /05 /mayo /2012 15:47

A las siete y media de la mañana el tren hotel de Renfe, un modelo Avant aerodinámico nos deja en la dormida estación de Ponferrada. Debemos dejar las maletas en un pequeño hotel del centro de la ciudad para que un taxista las lleve al lugar donde dormiremos esta noche, un poblado insertado en la sierra do Rañadoiro, llamado Fonfria.

Cogemos un autobús que nos lleva hasta La Portela, un caserío en las faldas del O Cebreiro, allí comenzamos nuestra caminada hacia Las Herrerías, donde comienza el largo ascenso hacia el  cima ventosa del monte desde el que Galicia da la bienvenida al peregrino, la puerta del cielo como se llamaba en la edad media. Hogaño, aquí Galicia se abre, valles, bosques, cimas peladas y rojizas, perfiles redondeados en los que el verde estalla con fruición. Aldeas de piedra, desperdigadas, en un paisaje rural, ensimismado, silencioso, sin servicios, ni bullicio, ni gente. Una Galicia que se escribe en la rutina de los trabajos y los días como soñara Hesiodo, una tierra milenaria de relieves suaves.

Durante la trabajosa subida al O Cebreiro los peregirnos van quedándose rezagados, hay personas de edad que resuellan sonoramente y se detienen cada diez pasos, gente joven que camina presurosa con resoplidos poderosos, la mayoria gente de media edad que sube poco a poco pero sin detenerse, con la vista en el suelo, perdiendose por momentos en la contemplación del ancho paisaje de lomas y bosques que se despliega desde lo alto, una teoría de valles verdes y brochazos de amarillo y cardeno de las flores y las copas de los carvallos (robles) y el verde brillante de árboles de ribera, o los jaspeados colores de hayas, robles y encinas.

En lo alto de O Cebreiro, azotados por los vientos, hay una ermita sencilla y hermosa y casas de piedra con fondas y bares, ademas de los pequeños edificios circulares con tejado cónico de paja, las antiguas viviendas rurales. Es un lugar turistico declarado de interés cultural, histórico y artistico.

Salimos de O Cebreiro por detras del refugio, entre los tendederos de la ropa recien lavada por los peregrinos. Caminamos por una senda que se desliza entre las laderas del Monte Pozo de Area hacia Liñares, cuatro casas, un bar y naves industriales al filo de la carretera. El sol cae de justicia. Seguimos hacia el alto de San Roque (1270m) donde destaca por su dura y exigente figura el monumento al peregrino, una estatua de hierro oscuro de un fornido caminante azotado por el viento y ofreciendo una épica resistencia fisica al vendaval, echado hacia delante con ferrea determinación.

Desde allí comienza otro de los andaderos, paralelos a la carretera, autentica cruz para los caminantes, monotonos, de piso duro que castiga las rodillas y acompañados por el ruido de coches y camiones, afortunadamente no muy abundantes por esta zona.

Pasamos por Hospital, que debe su nombre a un antiguo hospital fundado en el siglo IX por una condesa, hoy dia inexistente. Desde allí seguimos cada vez más empinada la caminata hacia el caserío de Podornelo, donde Jaime y yo nos regalamos con el agua de una fuente, helada, deliciosa, que nos libra del agobio del calor y el esfuerzo. Al final de la gran cuesta nos espera el Alto do Poio, una antigua encomienda de los caballeros de San Juan, con bares y restaurantes a ambos lados de la carretera.

Desde allí, nuevamente por el andadero, jun to a la carretera que serpentea por el valle y las verdes colinas, bajamos hacia Fonfria, destino de la jornada.

En total han sido 26, 8  kms, lo que con algunas paradas breves, han supuesto casi ocho horas en total. Llegamos cansados a Fonfría donde nos espera un pequeño y embarrado pueblo sin encanto alguno,rodeado de pastizales de vacas, calles sucias y un solo meson-fonda, donde nos alojamos. En los cielos las grandes nubes pasean morosamente. Quizá mañana probemos el chirimiri, el corballo de aquí, agua lenta y menuda quie cala hasta los huesos gracias al viento. Pero eso, en todo caso, nos preocupará mañana. Hoy basta con una ducha, una buena cama y una cena sencilla y nutritiva.

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22 mayo 2012 2 22 /05 /mayo /2012 15:44

excursiones-3409.jpgVuelta al Camino francés. Hace casi exactamente un año el amigo Jaime y yo nos echamos al Camino en busca de la cruz de Santiago y lo abandonamos en Ponferrada, con una pequeña incursión al lugar de O Cebreiro, el célebre monte que es la frontera y el anuncio de la última etapa del Camino. Quedan unos 170 kilómetros para besar la Pedra os Croques o abrazarse al hombro del Santo, mientras el Botafumeiro realiza su gigantesca danza fumígera.

En esta ocasión me llevo un pequeño ordenador portátil con un pen de Movistar, con la intención de no tener que indagar en cada etapa desde dónde puedo escribir mis pequeñas crónicas del Camino. Me pregunto sobre la utilidad de esa actividad que convierto en obligatoria quizá en recuerdo de mi pasado periodístico itinerante, mis añoradas experiencias de corresponsal.

Lo cierto es que las personas, amigos y conocidos, que siguen mi blog, me leyeron cada día cuando el año pasado, por primera vez, fui escribiendo las crónicas de lo que acontecía en el Camino. Eso por sí solo, en pago a tal fidelidad lectora, justifica hasta cierto punto mis desvelos. Pero es que hay otra razón, más poderosa y de índole íntima: no puedo evitarlo. Necesito poner negro sobre blanco los aconteceres de mi vida, sobre todo cuando se trata de situaciones en cierta forma excepcionales. He sido autor de diarios y crónicas personales, reflexiones por escrito y planteamientos literarios vitales desde que tengo uso del oficio de escribir y de pensar. Aun conservo alguna libreta de mi infancia con páginas garrapateadas con la sencilla caligrafía infantil narrando pequeños y elementales comentarios sobre hechos sin importancia, pero que de una forma u otra me afectaban o incluso un mero apuntar lo que hacía, lo que deseaba o lo que me frustraba.

De ahí, el paso natural sería a la escritura para el Otro, es decir cuando ya cuentas con un Lector ajeno a tí mismo, un Otro cuyo juicio positivo, complicidad o placer buscas. Y nace la literatura. Primero muy personal y testimonial, casi notarial, despues, un día mágico, interviene la imaginación. Un día fascinante alguien publica alguno de tus escritos, un cuento, un artículo. Y un día para recordar, alguien te paga por lo que te publica y te conviertes en profesional. A partir de ese momento, generalmente, oscilando con la magnitud de tu compromiso, de cuánto de tí mismo vendes, son más bien días y trabajos para olvidar. Hasta que, de pronto, inopinadamente, empiezas a escribir lo que deseas escribir, nuevamente como al principio, sin tener en cuenta al Otro (esto nunca de una forma total y pura, siempre está la sombra del Otro interfiriendo, quieras o no). En ese momento ya eres un artista, un escritor de verdad (te paguen o no por lo que escribes).  Usualmente pocos llegan a ese punto. La mayoría se quedan en la tierra de nadie que existe entre la pureza absoluta del outsider literario y los asalariados de las editoriales o de su fama y demás mercenarios de la pluma.

Una vez dilucidadas la sombras y realidades de mi pulsión de escribir, volvamos al Caminoo. 

Salimos de Barcelona en tren, con la anochecida. Hace un día nublado y frío. Serán siete días de ruta a una media de veintipocos kilómetros por jornada. Mañana por la mañana comenzamos la caminada desde antes de subir al O Cebreiro hasta Fonfría, lo que configura una jornada de unos 26 kms.

La subida a los poco más de 1400 m de ese monte legendario no es demasiado empinada y se hace con cierta comodidad. Desde allí el Camino va serpenteando por los pinares del Monte Pozo de Area, hay trozos de pista forestal hasta llegar a la carretera y marchar en paralelo hasta el Alto de San Roque, donde ya se coge sendero, gracias a Dios, hasta Hospital de Condesa. Nuevamente trozos de asfalto y alguno de sendero hasta divisar la torre de la Iglesia de Padornelo.

En ese pequeño pueblo se comienza la subida hacia el Alto de Poio y vuelta al asfalto, pero llegaremos a nuestro destino, Fonfría, tras dos kilometros y medio de sendero. De esta guisa cumplimos la primera jornada.

 

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21 mayo 2012 1 21 /05 /mayo /2012 07:53

excursiones-3265.JPGSalida senderista por el Montsant. El dia ha sido mal elegido: el tiempo no acompaña, en principio. Una niebla espesa se va enseñoreando de las cumbres rocosas de la Montaña Santa, refugio de eremitas, de cenobios religiosos, de oradores y frailes milagreros, de lugares que han santificado siglos de rituales y romerías, presencia religiosa y espiritual entre cipreses, inmensas rocas peladas, lugares píos escondidos, cuevas con fama y leyendas. El viento es frio, invernal, la sensación es de que van a caer chuzos de punta. Dudas. Cuando llegamos a Albarca, comienzo de la expedición, decidimos seguir y a ver qué pasa con el tiempo. Vamos bien pertrechados, goretex, buenas botas, chubasquero y pantalones largos impermeables. Salimos del solitario pueblo por el GR 171. A la altura del Grau Gran nos desviamos por una dresera empinadísima hacia el GR 174 que está doscientos metros más abajo, que nos llevará entre carenas hasta Sant Joan del Codolar, donde espero encontrar a mi amiga la monja Montserrat (setenta y pico de años con una lozanía y una energía espiritual sorprendentes: está al cargo del mantenimiento de la ermita). Hay un cartel en la puerta de su casita, adjunta a la ermita: "Estoy en Cornudella". Así que me quedo sin los consejos expertos de esta montañera espiritual. Nos preguntábamos si era adecuado subir por el Grau dels Tres Esglaons para llegar a a la Roca Corbatera, con el tiempo que hace, llovizna intermitente, rocas mojadas, niebla y amenaza de tormenta. Conciábulo montañero. Decidimos probar. Subida empinadísima por un terreno gradualmente más resbaladizo, conforme se va mojando. Llegamos a la via ferrata. El primer escalón, lo subimos sin problemas. El segundo es un poco mas enrevesado, pero lo pasamos. En el tercero pinchamos. Las clavijas están demasiado alejadas unas de otras y cuando intentamos subir buscando apoyo en la roca, ya hace rato que llovizna y están chorreando. Las suelas de las botas resbalan como si fuera hielo. Sopesamos la situación. Bajar es peligroso. El ultimo tramo de la ferrata no se deja atacar por la roca mojada. No llevamos cuerdas. Miramos altrededor e incluso tratamos de buscar una via distinta para superar las enormes rocas. Por fin se impone la prudencia. Es mucho mas peligroso intentar la subida por la ferrata o por una -seguramente inexistente-- via distinta (hemos resbalado varias veces y nos hemos arañado por todos lados). Así que nos queda la opción más razonable: volver a bajar por el empinado canal pedregoso y los dos escalones con ganchos de hierro (de bajada la cosa se pone inquietante si uno no logra superar la impresión de vértigo de la caída). Poco a poco y buena letra, nos decimos. Y así es. Bajamos extremando precauciones y cuando llegamos a la ermita, la niebla ha sumergido totalmente la montaña en un puré de guisantes a la londinense. Volvemos por el GR 171 hacia Albarca. La niebla se está retirando de las cumbres y sale el sol. En total, con el tiempo gastado en subir y volver a bajar por la dura dresera de los Tres Esglaons, cinco horitas de marcha con cuatro desniveles importantes de subidas y bajadas. La prudencia en la montaña es una de las pocas garantías de un regreso feliz.

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17 mayo 2012 4 17 /05 /mayo /2012 07:18

excursiones-2953.JPGMañana sosegada en la montaña. Subo a las Rocas de Benet, el soberbio macizo de conglomerado rojo, con paredes verticales de 300 m, aves rapaces surcando sus cielos como pequeños navíos dorados y negros, lentos, majestuosos. Desde la carretera que une Horta de San Juan con las primeras tierras de Aragón, el viajero las tiene a su izquierda, como una inmensa nave de piedra varada en el comienzo de los Puertos, una especie de enorme caja de angulos redondeados y precipicios que parecen cortados con el hacha de un gigante, una fortaleza natural aparentemente inexpugnable. La via de acceso es una torrentera en elevado ángulo de desnivel, una hendidura angosta entre dos roquedales, un corte de garganta, llena de vegetación, con un suelo desgastado de grandes pedruscos y gravilla resbaladiza entre árboies torturados y matorrales espinosos. Se requiere mucha atención en la subida y redoblada prudencia en la bajada. El premio es una gran planicie engastada entre los picos de cada una de las gigantescas torres de este castillo de piedra y vegetación, rodeada por todos lados por caidas de más de doscientos metros y un panorama a vista de pájaro de la planicie del Matarraña extendiéndose hacia el azul, los cercanos puertos que separan la zona del mar, donde a la altura de Alfara de Carles o Pauls hoy parecía extenderse un fuego forestal de considerables dimensiones. Esa es la maldición de las Tierras del Ebro y el Matarraña. raro es el año en que no hay que lamentar varios incendios.

Pero volvamos a la planicie de la cima de las Rocas de Benet. Habitualmente es fácil encontrar rebaños de cabras salvajes, compitiendo con las rapaces en el dominio del lugar, casi siempre sin presencia humana y profundamente silencioso. En esta ocasión, sin embargo, no veía ninguna. Durante un rato, apostado sobre unos relieves rocosos al sol, sacudido por un viento frío que barría las cimas de las peladas rocas, dediqué varios minutos a la silenciosa contemplación del paisaje, sin pensamientos, sin la cháchara mental que nos suele acompañar, relajado y feliz. De pronto, frente a mí, entre unos arbustos, muy lentamente, apareció una cabra  muy joven, casi una cria. Miró en mi dirección sin alarma alguna. Yo extremé mi quietud. La cabra me miró intensamente con sus grandes ojos atónitos. Después giró la cabeza como si hubiera perdido todo interés por mí. Se dio la vuelta y siguió su paseo mordisqueando las hierbas que alfombran el suelo o algunos arbustos tiernos.

excursiones-2968.JPGLa contemplé hasta que desapareció de mi vista. Me había llegado su fuerte olor, por lo que dada la dirección del viento, seguramente ella no me había olfateado.Tras unos minutos de silenciosa oración de amor a la Naturaleza, me levanté para iniciar la bajada. De pronto  de una balma o covacha bajo un reborde de roca, la cabra apareció subitamente. Nos miramos unos segundos. Ella dio un espectadular salto lateral y desapareció en un quiebro hacia lo más alto. Iba a comenzar una divertida experiencia entre la pequeña cabra y el humano: el animal parecía seguirme, como si jugara al gato y al ratón, al escondite, a ver si te pillo, me adelantaba dando saltos increíbles junto al abismo, desaparecía entre unos arbustos, mostraba la cabeza triangular junto a un recodo o insinuaba su cuerpo entre los arbustos salteados por el peligroso pedregal del descenso: los casi treinta minutos que dura la lenta y trabajosa bajada, el animal me acompañó desde las cortadas laterales. Cuando llegué al fondo de la garganta, donde sigue el sendero que lleva hasta la pista de subida, la cabra apareció sobre mí, en un picacho puntiagudo sin vias de acceso visibles. Asomó la cabeza y me miro largamente. Allí estuve un par de minutos, con la cara alzada hacia la roca, mirándonos. Luego, de im- proviso, desapareció y ya no la ví mas. Bajé hasta la pista donde estacioné el coche. El todoterreno de los forestales se detuvo para saludarme. "¿Qué tal allá arriba?", me preguntaron. "De fábula", dije. "Un poco solitario, ¿no?". Contesté: "He venido varias veces y nunca me he encontrado a nadie...excepto cabras y buitres" Los forestales añadieron: "Hoy desde luego, está más solitario que de costumbre. No nos hemos cruzado con coches en toda la mañana." Me despedí: "Yo he tenido mas suerte, he estado jugando al escondite con una cabra muy joven".

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16 mayo 2012 3 16 /05 /mayo /2012 07:05

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Sandor Márai (su verdadero apellido es Grosschmied) escritor húngaro de entreguerras, nació en 1900 y huyó de su país a Norteamerica en 1947, al ver las dificultades para escribir y trabajar que conllevaba el régimen comunista. Viejo y cansado, después de escribir un diario espeluznante sobre sus últimos días (“Diarios, 1984-1989″) se suicidó en San Diego, California, muy poco antes del derrumbe del imperio soviético que le hubiera abierto las puertas para volver a su tierra, y acaso asistir al renacimiento de su gran literatura. Mantiene en su obra una visión desencantada pero lúcida y elegante de la vida y la sociedad, la politica y la historia de su tiempo. Prohibida su obra por el régimen comunista (no llegó a vivir, por unos meses, la caida del muro de Berlín que seguramente le hubiera confortado) cayó en un largo periodo de olvido. Editado en España en los 50 y 60 por Destino, no alcanzó un éxito profundo y persistente de autor de culto, hasta la publicación por Salamandra de "El último encuentro" en 1999.

Desde el momento de su aparición en el mercado literario español, empezamos a ser legión los que descubrimos a un autor con la fuerza, el saber, la convicción y la potencia narrativa de un Thomas Mann o un Stefan Zweig por citar dos de los autores contemporáneos suyos con los que fue comparado (con el segundo comparte la depresión de raiz politica y humana que llevó a ambos al suicidio)

Después de su aparición en 1999, la editorial "Salamandra" ha publicado el resto de su obra, "La herencia de Eszter", "Divorcio en Buda", "La amante de Bolzano", "La mujer justa", "La hermana", "Las "Confesiones de un burgués" o los patéticos y duros "Diarios 1984-1989", entre otras. La publicación de "Liberación" ha alertado de inmediato a los admiradores de este escritor excepcional. Y no defrauda.

"Liberación" fue escrita entre julio y setiembre de 1945 poco después de la ocupación nazi de Budapest, cuando la Gestapo y los fascistas de la Cruz Flechada húngara, persiguen a cualquier simpatizante con otras ideas más liberales que las que convenían al régimen de encefalograma plano de nazis y adláteres. Unos dias antes de la Navidad de 1944, la joven Erzsébet trata de buscar un refugio para su padre, un destacado intelectual perseguido por la Gestapo y otro para ella misma, entre bombardeos, miserias de supervivencia y razzias de la siniestra policia politica hungara. Encuentra un misero refugio en los sotanos de un vecino bloque de viviendas, hacinada con otros ciudadanos hungaros, mientras el Ejército Rojo asedia la ciudad y comienza a ganarla calle a calle.

Esa espera angustiosa y llena de privaciones de la "liberación" --que todos aspiran a que los rusos traigan-- va perfilando la novela, que se concentra en la descripción dura y nada complaciente de los comportamientos humanos en situaciones de privación y peligro...hasta que en la madrugada del 19 de enero, el primer soldado ruso aparece a las puertas del refugio y se desencadena un angustioso relato íntimo en el que la joven comprueba cómo el escenario deseado e imahginado dista mucho de parecerse al real. Pero la prueba será superada y asumida. La chica está dispuesta a sobrevivir, a luchar por un mundo mejor, aunque no tenga nada que ver con lo que el presuntamente traerían los soviéticos.

La conclusión, realista, desencantada pero esperanzada, brutal pero renovadora, aunque duramente irónica queda reflejada en las últimas palabras de la muchacha con la que acaba la novela: "Bueno , parece que al fin soy libre". Esas palabras son musitadas por la joven ante el cadáver del hombre que la ha violado, el representante primero de ese ejército ruso que habría de traer la justicia y la paz. La escena de la violación resulta una de las descripciones sobre ese tipo de salvajada realizada con más eficacia dramática, menos sentimentalismo y más naturalidad, delicadeza  y maestría a la que me he enfrentado en mi larga vida de lector.

Esta excelente novela de Márai, ha tardado 67 años en publicarse (en otros paises europeos se publicó el año 2000, centenario del nacimiento del autor), ¿por qué? Lo ignoro. Hay autores de gran calidad que tienen una especie de mal fario editor. Y Márai es uno de ellos. La novela tiene páginas descriptivas que parecen reportajes periodisticos (él era un gran periodista) y recuerdan al soberbio Ivo Andric o al Vasili Grossman de "Vida y Destino", pero también muestran que la devastación moral de la guerra no era sólo de una de las partes, la nazi, sino que concierne a todos los implicados, desde los soviéticos a los propios húngaros, incluyendo los perseguidos. Y eso puede ser una razón que justifica el silencio impuesto a Márai. Ni vencedores ni vencidos llevaban la bandera de la paz y la justicia. Eran los mismos perros con diferentes collares. Y esa es una visión que no agrada a los vencedores.

Al contrario que los escritores antes citados, Márai no se empecina en describirnos la situación militar, sino que se concentra en la vida, las rutinas miserables, privaciones, penurias y temores, en el hacinamiento del refugio, en las acttitudes de los refugiados, tan acobardados ante las arbitrariedades de sus autoridades y de los nazis como confuamente desesperados ante la posibilidad de que las cosas con los rusos no mejoren. Algo que la historia se encargaría de mostrar como inevitable, hermanando a todas las dictaduras con el mismo rasero de horror, destrucción, ignominia y crueldad.

FICHA DEL LIBRO: "Liberación".- Sándor Márai.Ediciones Salamandra.Traducción:Mária Szijj.Núm. páginas:160

 

  

 

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14 mayo 2012 1 14 /05 /mayo /2012 07:35

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 Seguramente el director Tim Burton está envejeciendo mal.  Esta historia,"Sombras tenebrosas", basada en una serie de televisión de los años 60, realizada con el típico uso y disfrute de la perfecta dimensión técnica de las películas de Burton, es decir, música, montaje, efectos especiales, intérpretes, diseño de producción, todos ellos modélicos, rozando la excelencia en cada plano...no logra que el espectador supere sin impaciencia las dos horas largas de proyección, en las que todo tiene un cansino aire de "dejà vu", algo visto y paladeado en otras ocasiones, con o sin Burton.

Incluso los aficionados al cine que hemos vibrado con muchas películas del desmelenado Tim, en ésta su última producción sólo hemos gustado aquí y allá de algunos momentos  y detalles muy en la linea barroca y oscura, irónicamente siniestra y bastante gamberra y visionaria del realizador, pero sin llegar en ningun momento a deslumbrarnos o simplemente a apelar a nuestra complicidad de cinéfilos, hijos de aquellas peliculas de la serie B de la Universal, todo el gótico horror, sin maldad o retorcimiento ético, de los monstruos entrañables que conformaron nuestra adolescencia, prontamente horrorizada ante otros monstruos bien reales que viven y medran entre nosotros y que se realizan entre Hiroshimas y crisis financieras que empobrecen a naciones enteras.

Pero Tim Burton aun juega en la división de honor de los de antes y la historia que nos cuenta, la del vampiro Barnabás Collins (Johnny Depp, menos histriónico de lo habitual, pero siempre dentro de las caricaturas deliciosas que pergeña para su amigo Burton) y los habitantes de la tétrica mansión Collinwood (una delicia para los amantes de las mansiones tenebrosas)  nos divierte hasta cierto punto, nos atrae un poco menos, nos fascina poquísimo y acaba           haciéndonos mover la cabeza con cierto pesar para murmurar: no es esto, no es esto. Lo intentas, amigo Burton, pero parece que no lo haces con la debida energía (o sabiduría).

Se saca partido de un elenco excelente, desde la recuperada Michele Pfeiffer (lejos de la juguetona y letal Cat Woman del magnifico "Batman" de este director), Jackie Earle Haley, Helena Bonham Carter, menos truculenta que de costumbre en las peliculas de su marido, la chica Bond, Eva Green, que está muy convincente como la malvada bruja (la secuencia del acto amoroso entre Depp y ella, con grandes destrozos incluidos, resulta divertida) o Clöe Grace Moretz, con un sorprendente papel doble de adolescente pasada de vueltas y de... ya lo verán, sorpresa, hacen su cometido con bastante acierto. Quizá Bella Heathcote, como la angelical y oscura institutriz Victoria, no logra dar el tono preciso a su complejo papel, aunque quizá por eso mismo se perfile paradójicamente como el reflejo del defecto principal de esta película: falta de nervio y convicción. Todo está narrado con una cierta desgana, con alejamiento y frialdad.

Uno echa de menos la poesía implícita e imaginativa en "Big Fish", el gamberrismo crítico y demoledor de "Mars attack", el humor surrealista y transgresor de "Bitelchus", la siniestra eficacia de "Eduardo Manostijeras", patrón de los "freakes", la sentimental  y magistral "Ed Woods" donde Burton nos desnudó su alma de cinéfilo, su carácter de "raro" ya entonces en sintonía con su actor fetiche Johnny Depp, al que en "Sleepy Hollow" logró convertir en un paradigma del oscuro y entrañable héroe burtoniano, superando entre épicas difitcultades el atroz oscurantismo de la magia y el horror humano y sobrenatural, cosa que repetiría desde otro orden con su "Barbero diabólico  de Fleet Street".

Los forofos del universo Burton, tan diferente, inusual, distinto, encerrado en sí mismo, no acabarían de degustar las rarezas de su "Alicia", en el que pondria a prueba sin mucho éxito su fórmula de buscar siempre un equilibrio entre el horror y el humor, ni mucho menos las de "Charlie y la fábrica de chocolate".

En resumen: Tim Burton no ha logrado sacudirse  en "Sombras tenebrosas" el halo de escasa energía y poca convicción de sus últimas películas, en las que repite los excesos, marca de la casa. Pero aun acentuando las dosis de horror y de humor, no logra una dinámica que nos haga salir de la proyección con secuencias y personajes que se nos queden dentro. La última película de Burton que lo logró, en mi mente cinéfila personal, fue en "Big Fish" o en su sentida biografía del director mítico "Ed Woods", brillante retrato de un director medio sonado con sus películas artesanas de nulo presupuesto y su desverguenza supina, en el tiempo heroico del cine.

El universo personal de Tim, con todas sus carencias, problemas, sentimientos y emociones, ese niño grande que se sentía infeliz y raro, puede obtener ricas proyecciones artisticas, pero quizá es hora que Burton madure y supere, dandole otra forma, a su personal mundo del dislate y el asombro.

 

 

 

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10 mayo 2012 4 10 /05 /mayo /2012 07:15

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He aquí un libro para biblioerotómanos. Dícese de personas que aman los libros, los leen, los guardan y atesoran, los coleccionan, sienten extrañas afinidades con ellos, los convierten en objetos eróticos o se erotizan con su lectura o su posesión, los que rozan la psicopatología benigna del lector compulsivo, pero que no los suelen robar (bibliocleptomanía), no matan a nadie por ellos, no se los comen (bibliofagia), no sienten horror por el exceso, no son víctimas de la biblioclastia (irrefrenable pulsión de destruirlos en autos de fe o por insanía mental, a la manera nazi) y no padecen esa detestable pero generalizada manía de no devolver los libros que nos han prestado los amigos (conozco algún miserable carota que se jacta de tener una surtida biblioteca con "donaciones" involuntarias de amigos y conocidos)

 

 Jacques Bonnet es uj escritor y traductor que ha pasado, como él mismo confiesa, toda su vida enfrascado en los libros, las bibliotecas y toda esa sintomatología gozosa que configura a un lletraferit. En su ensayo Bibliotecas llenas de fantasmas (Anagrama), juega con el doble sentido de la palabra. En francés los fantasmas de biblioteca son las cartulinas que se ponen con los datos del libro, en lugar del libro --que se ha prestado, por ejemplo-- en el correspondiente anaquel de la estantería. Esos huecos que indican la presencia fantasmal del libro con su ausencia.  Pero aun analizando la casuística que rodea a la desaparición de volúmenes, ya sea por préstamo, robo o destrucción, Bonnet se ocupa también de la cuestión contraria: cómo llegan los libros a nuestro poder, como se agrupan muchas veces por extrañas afinidades, cuáles son las circunstancias que los ha llevado a nuestra biblioteca..

El libro que les comentamos es una atractiva cita de amigos para el lector aficionado. Incluso se nos habla de los libros electrónicos y el extraño tiempo de mudanza que se avecina. O no. La lectura tiene una justificación muy por encima de las modas que la facilitan. Bonnet crea una agradable complicidad con los lectores que poseen muchos libros, con los amantes de las bibliotecas, con los que pierden la cuenta de los libros que tienen y aun asi siguen cayendo dia a dia en la tentación de adquirir más. Y por eso las célebres preguntas que todos hemos sufrido, después de los consabidos "Oooh" y la mirada bovina dirigida a los atestados anaqueles, ¿cuántos tienes?, ¿los has leidos todos? ¿como encuentras un titulo determinado entre tantos? ,¿los tienes ordenados de alguna  manera? ¿Cómo? ¿Por fechas de publicación, por géneros, por autores, en orden alfabético, por tamaño, por afinidades de tiempo, tema, escuela, siglo?¿no te agobian tantos libros? ¿cómo sabes a simple vista los que has leido y los que no? ¿te acuerdas de todos? Y así "ad nauseam".

 Uno siempre regresa al "Laberinto" de Borges, a las bibliotecas míticas, a los autores endemoniados por los libros, al "Auto de fe" de Canetti, a las perversas bibliotecas de los Mitos de Culthu, al aposento fantasmal de Don Quijote tapiado por un muro de mampostería por el Cura, la Sobrina y el Barbero, a la de la "Casa de los Libros" del autor uruguayo Carlos María Dominguez, a las maravillas ordenadas de Vargas Llosa, a todos esos laberintos personales donde la personalidad del bibliómano va reflejándose  en la estructura de su biblioteca que siempre acaba ocupando la casa a la manera de Cortázar.

Por ello uno simpatiza con Bonnet y acaba entendiendo la frase de Charles Nodier: "Despues del placer de poseer los libros pocas cosas hay mas dulces  que hablar de ellos ". O la frase antológica de Borges: "La lectura de un libro de Cervantes,  Flaubert, Shopenhauer, Dickens, Stevenson o Spinoza,  es una experiencia tan fuerte como viajar o estar enamorado".

También nos habla este autor de los libreros, esa benémerita raza de seres que tratan de ganarse la vida vendiendo libros y algunos de ellos, los que cuentan, también los aman y respetan a los autores y los cuidan. Borges, García Márquez, Auster, Chesterton, Mailer, Hemingway, Faulkner, han dedicado páginas preciosas a los que ellos conocieron y respetaron. Muchos de nosotros, los bibliofilos y escritores, hemos tenido la suerte de dar con algún especímen de librero especial. Yo he disfrutado de cuatro ejemplares: en mi juventud, Claudia, la encargada de la Librería Bosch, don Ramiro, el dueño de la Carroggio en Paseo de Gracia, el librero de viejo de Tarrades, don Luis (en el Mercado de Sant Antoni) y ahora, el amigo Octavi Serret en Valderrobres. Loor y gloria a todos ellos.

   Y como último detalle a destacar en el libro que comento y mi propia vida personal enfocada al uso y disfrute de los libros: A Jacques Bonnet y a mí nos une también una experiencia cinéfila traumática común. Ambos vimos en nuestra juventud, lógicamente en paises distintos, Francia y España, aunque en la misma  época, los setenta, un episodio de una serie de televisión llamada "The twiligth zone" ("La cuarta dimensión"), en el que un empleado de banca de media edad, furibundo lector obsesivo como nosotros, se encierra en una cámara acorazada para leer a gusto. Al cabo de un cierto tiempo logra salir, sorprendido de no haber sido interrumpido y se encuentra con que una catástrofe o una guerra nuclear ha devastado todo su mundo. Camina por una ciudad semi derruida. La gente ha desaparecido, Hay un silencio total. Los supermercados están llenos, las tiendas también. Llega a la gran biblioteca nacional. Miles y miles de libros le esperan. No le faltarán viveres ni tiempo para leer. Buscando un libro en un alto anaquel resbala y cae. Se da un golpe y rompe sus gafas. Sin ellas no puede leer. Rodeado de libros que ya no podrá gustar, el hombre llora amargamente. Solo ve sombras. Y no existe nadie que le pueda proporcionar otras gafas. Esa historia impresionó al autor de "Bibliotecas llenas de fantasmas". Y ese es el fantasma indeseado que pobló mis miedos más ocultos en la época en que vi la película. Olvidémos esa pesadilla. Y volvamos a este libro para los amantes de los libros.

 

 

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8 mayo 2012 2 08 /05 /mayo /2012 07:47

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Irregular novela de mi admirado Michael Ondaatje (canadiense nacido en Sri Lanka), en la que la narración basada parcialmente en circunstacias de su vida, atrapan y seducen al lector, y en la que sobran -por poco pertinentes e irregularmente resueltas- un par de historias laterales que no añaden mucho a la novela y quedan más o menos en el limbo de lo  fallido (siempre teniendo en cuenta el nivel de calidad al que nos tiene acostumbrados el autor de "El paciente inglés", "Divisadero" o "El fantasma de Anil").

En "El viaje de Mina", Ondaatje nos cuenta un largo viaje iniciático en barco, 21 dias, de un niño de once años (el propio autor, llamado "Mina", diminutivo de Michael) durante los años cincuenta entre Colombo, patria del escritor, hasta Inglaterra. El descubrimiento del mundo del amor, el deseo y la violencia de los adultos, los fingimientos, hipocresías, engaños y profundos miedos  que se despiertan en ese contacto, todo narrado magistralmente desde la mirada de un adulto que recupera al niño que fue, va perfilando el recinto cerrado de un buque, lugar mágico para las aventuras de tres niños, Michael y sus dos compañeros de parecida edad, Cassius y Rhamadin, a los que destierran junto a algunos adultos "especiales" (principalmente por el color de la piel y el "acento" que desprendía su inglés) a la llamada mesa de los gatos (The Cat's Table, titulo de este libro en inglés), es decir la más alejada de las mesas del capitán y los oficiales o los pasajeros con fortuna y "clase", las "mesas del poder" como las llama el autor cuando comenta la dinámica de fuerzas que se desarrolla en la nave.

Las costumbres del pasaje, las comidas, los juegos, los bailes, la presencia de un misterioso preso al que sacan a pasear por cubierta, encadenado, cuando todos los pasajeros reposan en sus camarotes, pero al que los niños espían fascinados por la fuerza y la violencia potencial del hombre, van nutriendo la infantil necesidad de asombro y aventura de los tres niños. Mina y sus dos amigos, encuentran en el  barco y su rutina, las escalas y el largo recorrido del navio por tres  mares, las personas a las que admiran, desean o temen que aportan su misterio y su destino a la narración, la mejor de las enseñanzas vitales posibles. Por tanto era previsible que las historias colaterales de tantos personanjes fueran una tentación para Ondaatje. Sin embargo los niveles de excelencia de su narración llega a altas cotas cuando se centra en los tres niños y en el sensual descubrimiento del sexo y el amor del protagonista hacia su prima, la encantadora y misteriosa Emily, las relaciones con algunos pasajeros excepcionales por sus conocimientos o su actuación, caso del Barón que desvalija camarotes, el profesor Fonseka enamorado del idioma, el especialista en plantas y flores, Ashunta la joven misteriosa amiga de Emily, el sastre silencioso, la presunta  debil y apocada damita,  señorita Lasqueti, de importancia clave en los acontecimientos dramáticos que se producirían casi al final del viaje...es decir Ondaatje tenía suficiente material para ahorarse el recurso de la larga carta explicativa de la señorita Lasqueti y algunos de los comentarios en los que nos ilustra de la deriva de algunos de los personajes muchos años después del viaje.

Con su elegante estilo, su técnica lenta, detallista, demorada, Ondatje logra envolvernos en una atmósfera propia, una gran habilidad para reflejar el estilo de una época o la historia de unas personas, engarzadas en la historia general de un determinado pais y una determinada época. Es fácilmente perceptible la formación de este autor en poesía por la contundencia y belleza de sus metáforas y descripciones de instantes o gestos, como si se tratara de haikus japonenes compuestas con gran sencillez y economía de medios.

La novela arranca con unas magnificas primeras páginas narradas en tercera persona, hasta que de inmediato pasa a la primera persona y nos va describiendo en un caprichoso ir y venir la historia de los dias de la travesía trufándola de referencias al presente y el pasado mas o menos inmediato (posterior al viaje) del protagonista y algunos de los personajes principales en su relación con él, que van configurando con su presencia --o la ausencia-- el carácter, los recuerdos y la realidad de Michael, que se ha convertido en un escritor adulto, que va a escribir "El viaje de Mina" para poner en orden su memoria y colocar a las peersonas que conoció en su verdadera dimensión, ya que dichas personas son importantes porque con su aportación nos hacen como somos. Como Ondaatje dice en su libro: "nuestras vidas podían crecer gracias a desconocidos interesantes con quienes nos cruzaríamos".

Hay un talento descriptivo casi cinematográfico en las páginas de Ondaatje y uno "puede ver" las escenas que nos narra como secuencias de una película, desde la descripción de una tempestad maritima que Mina y su amigo viven sobre la cubierta, atados con cuerdas, travesura que está a punto de costarles la vida, o la fantasmagórica proyección de "Las  cuatro plumas" sobre una sábana en plena cubierta del navio.

Novela apreciable, pese a sus defectos o al menos lo que yo he percibido como tales, que no me desencanta de la maestría narrativa de Ondaatje y reafirma la irregularidad dentro de la excelencia que le caracterizan. Como los objetos zen, las novelas de este autor de raíces asiáticas, siempre tienen alguna falla, alguna tara que hace más bello el resultado final.

 

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