Comenta este artículo …
Creo que esta nuestra tierra, lo he escrito ya varias veces, tiene una dinámica cultural sobresaliente. Aquí nacen los narradores, los poetas y los ensayistas como las setas en otoño. Y si además hay libreros a los que reconocerían como pares otros míticos del gremio, estamos de enhorabuena. Esta sección, complementaria de la crítica, nace con el afán de informar al lector de novedades editoriales que conciernen, directa o indirectamente, al Matarraña y a todo el bajo Aragón. Aunque, de vez en cuando, me permitiré hablarles de algun clásico que merece ser revisitado o ese evento literario que no debemos olvidar.
Hoy lo estrenamos con dos libros de ese género tan en boga, la novela negra. El primero de ellos "Los perros y los cuchillos", de Alicia Estopiñá, nacida en Valderrobres, lo edita SBe&Books. Y el segundo, Tráfico de deudas" de Isidro Garrigo, al que ya conocemos por haber publicado "Los crímenes del Matarraña", lo edita GB serie negra. Seguimos en esta novela los casos del brigada Silva de la Guardia Civil (¿un guiño corporativo -gremio literario- del autor a otro conocido autor?) que tras haber resuelto los misterios del Matarraña criminal investiga en Barcelona el asesinato de un anticuario francés.
En cuanto a Alicia Estopiñá, que es una docente que ha ejercido en el Maeztrazgo, usa su conocimiento de estas tierras para hilvanar el escenario de su novela. Y así "Los perros y los cuchillos", una historia híbrida entre la novela negra y las de misterio tipo "Codigo Da Vinci", es decir tramas en las que hay muertos, persecuciones y objetos de valor artistico y cultural elevadísimo y a veces míticos (¿el Arca Perdida?), se desarrolla en Valderrobres que, por cierto, que yo sepa no pertenece a la comarca del Maeztrazgo, como dice la contraportada del libro, sino a la del Matarraña. El asunto va de una colección de obras de arte irreverentes que durante la guerra de la Independencia un grupo de afrancesados llamados "Dertosa sine episcopum" escondió en un laberinto de túneles bajo el suelo pacífico del bello pueblo.
FICHAS:
Los perros y los cuchillos.-Alicia Estopiñá.-SBbooks.265 págs.
Trafico de deudas.-Isidro garrido- GB, serie negra.317 págs..
Ramón Acín es de Piedrafita de Jaca, Huesca, y catedrático de Lengua y Literatura. Con estos antecedentes se le presuponen dos cosas, humor afilado como buen maño y conocimiento del instrumento que usa, la lengua castellana. De ambas cosas doy fe tras haber leído su recopilación de relatos "Abrir la puerta" que ha publicado con Ediciones Traspiés. No podemos hablar de un recién llegado a la narrativa, bien lo saben los de esta tierra. Acín lo ha transitado todo, desde los libros de relatos (este es el sexto, si no voy errado), la novela (cuatro) o el ensayo (cinco). Además se ha metido en el mundo editorial y en el de la promoción de ese insigne y necesario vicio llamado lectura. Por tanto, es uno de los nuestros, frase peliculera que nació en el alto mundo político anglosajón.
Resulta interesante leer a Ramon Acín. Alguien le llamó "agitador cultural", con todas las beneméritas connotaciones del título. Y hay algo de esa dinámica desafiante que los de antes llamaban "èpater le bourgois" en muchas estampas de su libro, como en "Cioconda, la Radiante", un retrato goyesco de una "reina del Paralelo" barcelonés, o el de "El santo bebedor" un retrato a lo Bowle de un tipo estrafalario, escritor, sablista, eremita forzado, un tipo que "llevó siempre vida de fugitivo (de la justicia...pero también de sí mismo" (pag.64).
Acín logra interesarnos por su indudable voluntad de romper el género y nos ofrece una contundente mezcla de imaginación, realidad documental (sea cierta o no), esperpento y una cierta erudición. En "Héroes 'inmolados' " juega con la historia y nos habla de un suicida en la plaza Venezuela de Caracas, vinculado tras una vida azarosa con los refugiados republicanos de la guerra civil española. Con "Lobo solitario" da una nueva vuelta de tuerca y nos habla del fanático obsesionado con Greta Garbo, para volver en "Del entierro de Estanis, el abacero" a nuestra guerra incivil, con una historia buñuelesca sobre el almadiero segado por una bala perdida al final de la batalla del Ebro. Y la historia la trufa con una deliciosa lista de hierbas con las que el cadáver insepulto pero enferetrado de Estanis desemboca en el Mediterráneo para una singladura sin fin (los hermanos Cohen harían una buena película con este guión).
Con "Make-up, make-up, make-up" Acín ya roza la broma surrealista y nos relata la historia de un político peculiar que entre sus aficiones pregona la de "experto en ácaros e insectos propios de la fauna de las tumbas" (pag.50). En "Amores locos" nos habla de un amor con mal final desde el punto de vista del tercero en discordia, donde Acín nos deja testimonio de un cierto lirismo dentro del estilo rimbombante, y guasón en el fondo, que el escritor practica con sorna pero sin mala leche.
En otros relatos del pequeño pero jugoso libro juega con el tremendismo como la historia de un don Juan peculiar "enano contrahecho y con una verga descomunal" pag.85, o con un humor irónico y burlón vestido de articulo periodístico en "Un espacio llamado El Ocaso" o el juego literario de "Y al final, como todos, él dijo GUAU", en el que el humor guarda su sorpresa al terminar de leer.
El libro de Acín me recuerda esas muñecas rusas de diferentes tamaños que se contienen unas a otras. En estos relatos el lector se presta con agrado al juego del narrador, el comienzo nos extravía, el desarrollo nos confunde y al final todo cobra un sentido. Y en cada uno de los relatos se contiene algo de lo anterior. Y ese algo es ese humor que nace con una sonrisa, no busca la carcajada y deja una sensación de divertida extrañeza. Vamos, humor aragonés con sus goticas de retranca gallega y formulación austera castellana. Y, por encima de todo, la evidencia de que Ramón Acín ha escrito exactamente lo que le venía en gana. Pero como nos divierte, pues miel sobre hojuelas.
FICHA
ABRIR LA PUERTA.- Ramón Acín.- ED. Traspiés. 122 págs.
".
Leo con enorme placer una recopilación de tres pequeños ensayos de Stefan Zweig, "Tres maestros: Balzac, Dickens, Dostoievski" que acaba de reeditar la editorial Acantilado. Como colofón a un mes vacacional en el que ha primado el ejercicio físico y las lecturas de Davidson, no está nada mal. El austríaco Zwieg es dueño de uno de los estilos más brillantes de la novela y el ensayo europeos. Se suicidó en la cumbre de su fama literaria e intelectual cuando recién cumplía 61 años. ¿Por qué? Miedo. Pánico. ¿A qué? A la violencia institucionalizada e irracional de los nazis. Pero estaba a salvo en Brasil...Sí, pero se declaró incapaz de aceptar el fin del mundo que había conocido, la desaparición de todos los que le importaban personalmente, el temor a padecer las privaciones y miserias que conlleva una guerra total...Hace falta entrar en una mente tan sensible como una flor, una mirada tan aguda y compasiva como la de un maestro zen y un talante de caballero erudito para tratar de entender la terrible decisión. Y no lo conseguiríamos. Nos faltan conocer las variables. Quizá ni él mismo lo sabía, aparte del pánico a perder cuanto le importaba conservar. Pero leyendo sus libros eso deja de ser un tema esencial. Lo importante es sumergirse en tan sabia y elegante escritura. Acantilado sigue en su apuesta magnífica de editar todos los libros de este pensador y literato. Quizá un poco caros para ser ediciones sin notas explicativas sobre autor y obra, pero con la calidad habitual. El mal tiempo en la zona de los Ports donde vivo facilita la lectura. Aunque la nostalgia de la caminada me hace arriesgarme a veces a terminar empapado y lleno de barro. Pero también vale la pena. Pocos conocen el placer de caminar por un bosque bajo la lluvia, rodeado del olor embriagador que emana de árboles y tierra, todo brillante y lozano.
Hemos caminado durante más de seis horas entre Laguna de Cameros y San Román, en el sur de La Rioja, rozando las provincias de Soria, Zaragoza y Burgos. Se trata de un tramo del GR93 que discurre plácidamente entre grandes solanas, barrancos y mágicos bosques de hayas y enormes robles centenarios. Casi 20 kms de senderos bien balizados, aunque en ocasiones algo confusos, totalmente solitarios salvando la presencia ocasional de vacas que, sobre todo en los riachuelos, crean dificultades añadidas para el senderista que a menudo se ve obligado a embarrarse o termina, como el que esto escribe, metiendo el pie en un lodazal aromatizado por el trasiego bovino. Pecata minuta si consideramos la belleza de los bosques y las límpidas panorámicas que se nos ofrece de una zona tan bella como poco conocida. En la foto de arriba, la iglesia de Laguna el XVII, con el pueblo a sus pies, en el comienzo del sendero. A primeras horas de la mañana, aún dormido. Nos ha complacido la limpieza y cuidado de los pueblos de la zona. En la foto de abajo, Anna camina bajo el sol hacia el collado de Argayo con la sierra de Cameros Viejo a su espalda.
Los momentos mágicos de la ruta han aparecido bajo los árboles,muchos milenarios, del hayedo, cercanos al lugar de la batalla de Clavijo, en la que se distinguió el señor de Tejada, que obtuvo su título del rey Alfonso tras distinguirse en la lucha de una forma heroica: perdió la espada combatiendo contra los sarracenos y la sustituyó por una fornida rama de un tejo con la que al parecer abrió las cabezas a un gran número de enemigos. Nos enteramos de estas y otras especies al pasar por el Solar de Tejada, donde se conserva una casona propiedad de los descendientes de tan linajuda familia que, al parecer, hasta hoy siguen reuniéndose en una especie de Orden cuyos cofrades guardan cada uno de ellos las llaves de los archivos históricos de la familia desde el siglo XII. Tierras de historia viva.
Empezó casi veinte minutos después de la hora anunciada. Debían esperar la llegada del preboste de turno. El público, demasiado bien educado, aguantó sin dar muestras de impaciencia. Al fin y al cabo se trataba del "mestre" Jordi Savall y su excelso grupo de músicos, en esta ocasión acompañados de dos grandes actores como recitantes y todo ello en el "marco incomparable" (según reza el tópico periodístico) de las murallas exteriores de Poblet, en plena Plaza de la Cruz. Antes de entrar en los vericuetos danzantes de la música prometida, el Abad de Poblet haría una breve y algo nerviosa presentación del Festival, del maestro Savall y de la importancia de la música como elemento de salvaguarda del alma humana. Cuando las primeras notas de la viola de gamba de Savall extremecieron al público que ocupaba toda la explanada incómodamente sentado en sillas de madera, ya habían dado las diez de la noche y un aire fresquito circulaba ante las murallas iluminadas del gran monasterio cisterciense de la Terra Alta. Se trataba de ilustrar con música barroca los recitativos que Josep Maria Pou y Silvia Bel realizaban de los magníficos versos shakespearianos de "El sueño de una noche de verano" y de "La Tempestad". Las piezas que Savall interpretó, como concertista y más frecuentemente como director al frente de Le concert des Nations, fueron la "Music for the Tempest" de Mattehiew Locke (1764), "The Fairy Queen" de Henry Purcell (1692) y "Jacobean Masque&Stage Music de Robert Johnson (1600-1612). Difrutamos considerablemente del concierto, a pesar de la incomodidad de los asientos y la irritante burocracia del acceso a la plaza monacal. Pecata minuta.
"Una mantícora es un animal fabuloso, con cuerpo de león, cabeza de hombre y un aguijón en la cola". Lo cuenta el canadiense Robertson Davies en su novela del mismo título, que ha editado "Libros del asteroide" en traducción de Miguel Martínez-Lage.
El protagonista de la novela es un abogado penalista de éxito, hijo de un conocido industrial millonario canadiense, exministro, mujeriego, coprotagonista de la novela anterior "El quinto en discordia" y que al final de esa primera entrega de la trilogía aparece muerto en extrañas circunstancias que hacen pensar en un asesinato. David Staunton viaja a Zurich para psicoanalizarse en el instituto Jung. Esta es la novela de un psicoanálisis en la que Davies vuelve a embrujar al lector con su cultura enciclopédica, su profesionalidad --es impresionante el conocimiento que destila del mundo de la abogacía y del psicoanálisis-- y la autoridad y belleza de su estilo literario. Los personajes son complejos, contradictorios, inteligentes y profundamente humanos. En puridad no son "personajes", sino retratos de seres humanos completos. Me quedo con un poema de Ibsen que cita la doctora von Haller, la psiquiatra suiza que psicoanaliza al retorcido David:
Vivir es batallar con los trasgos
en las criptas del corazón y el cerebro.
Escribir es en cambio sentarse
y juzgarse a uno mismo.
Creo que la historia de la vida de cada uno de nosotros, o al menos, de bastantes seres humanos es ese "batallar con los trasgos". Es decir la lucha constante y ese duro forcejeo que experimentamos cuando los arquetipos que llevamos en nuestro interior se encarnan, inopinadamente, en alguna persona con la que nos relacionamos en la vida cotidiana. La Sombra, el Amigo, el Ánima, el Protector, la Sibila, el Maestro. Y si no estás atento, como suele suceder por falta de conocimiento o información, el contacto puede llevarnos al fracaso, a la locura, a la pasión descontrolada, al odio o al falso amor de nuestras proyecciones y carencias. Y, alguna vez, rarísimas, a una cierta iluminación.
En "Mantícora", Robertson Davies,cede el testigo de la narración a David Stauton, el primogénito de Boy, cuya relación con Dunstan Ramsay conocimos en la primera novela. David, traumatizado por la muerte misteriosa y violenta de su padre, decide buscar ayuda, no sin muchas reticencias, en el psicoanálisis. Y aquí se nos ofrece un despliegue literario y psicológico de primera magnitud en un vehículo narrativo sencillo, exacto y sugerente. Las sesiones terapéuticas y las confesiones de David perfilan y dan magnitud a la figura de su padre que ya conocíamos desde el punto de vista de un amigo, Dunstan Ramsay. Ahora la figura gana en complejidad y en profundidad y nos damos cuenta de que la verdadera trama de las novelas de Davies en esta trilogía no son los avatares de los tres protagonistas de ellas, Ramsay, Staunton y Paul Dempster, el mago, sino la importancia insospechada de cualquier acción que hagamos y de su potencial para en definitiva cambiarnos la vida o activar nuestros demonios interiores.
Quizá solo podría apuntar como elementos mejorables la elección del hijo de Staunton como protagonista de "Mantícora", dada su escasa relevancia en el esquema general de las tres novelas, o ciertos momentos de pérdida de tensión narrativa que se producen sobre todo al final (cosa disculpable dado el enorme potencial que se despliega en las tres novelas y la fuerza pasmosa de personajes, diálogos o comentarios filosóficos, artísticos o psicológicos del mundo narrativo de Davies. Seguirá con "El mundo de los prodigios", que cierra la Trilogía de Deptford.
FICHA.
MANTICORA.- Robertson Davies.Libros del Asteroide.- Trad. Miguel Martínez-Lage.- 367 págs. 19 euros..
Había sido uno de los "jóvenes airados" de la filosofía alemana. Peter Sloterdijk sigue mostrándose airado con muchas cosas de nuestra cultura del desperdicio, la gratificación inmediata y la falta de rigor. Aunque ya no es tan joven, conserva su lacia melena contestataria, pero las bolsas bajo los ojos, la linea de caida de las mejillas, la boca de curva amarga, la nariz cada vez menos afilada y más poderosa y la mirada que fue orgullosa y desafiante, velada por la experiencia y el peso de la realidad obstinada. Todo ello conforma un gesto cansado, una gran cabeza con ligera tendencia física a la renuncia. El es el crítico constante de una cultura que ha rechazado los desafíos de la filosofía auténtica, ahogada en la verborrea autoreferencial de los comentadores de textos que nutren las facultades y después las elitistas revistas filosóficas. Sloterdijk, siempre un paso por delante, sigue practicamente en solitario una filosofía de la provocación que Michel Onfray en Francia y el discreto Antoni Mari en nuestros lares, siguen con gallardía, histriónica la del primero y discreta la de nuestro paisano. En estos tres autores, discúlpenme la reducción a todas vistas injusta por ser muy subjetiva, se da un punto que encuentra resonancias en mi talante y mi trayectoria: la ambición del pensamiento puro, la búsqueda de la propia claridad, la exigencia de un cierto método de análisis que debe mucho a la psicología, el psicoanálisis y les neurociencias.
Siruela, editorial providencial, publica un nuevo titulo del filósofo: "Muerte aparente en el pensar: sobre la filosofía y la ciencia como ejercicio", traducido por el gran Isidoro Reguera, un título que extiende la propuesta audaz de su "Has de cambiar tu vida. Sobre antropotécnica" (Ed. Pre-textos, Valencia 2012).
Contrapone la clásica distinción entre la "vida contemplativa" y la "vita activa" y sugiere una tercera vía, la "vida ejercitante". Que..."constituye un ámbito de mezcla del comportamiento humano: aparece como contemplativa sin renunciar por ello a rasgos de actividad; aparece como activa sin perder por ello la perspectiva contemplativa". Lo cual recuerda la "askesis" clásica, como los atletas griegos llamaba a su entrenamiento y Nietzche postulaba en su "ascesis de superación". Es decir "el modus vivendi" dominante en las subculturas occidentales que dicen si al esfuerzo y al rendimiento, un sistema de autotransformación ética: confirguración del ser humano mediante la acción ejercitante sobre sí mismo.
Seguiremos con ello. Entre caminatas, montañas y bosques, esfuerzo físico rodeado de la naturaleza, "primun vivere, deinde filosofare", que decía Hobbes. Es un programa vital privilegiado y tan obsoleto en nuestros días como la torre donde Montaigne se aislaba para filosofar.
Robertson Davies cierra con "El mundo de los prodigios" su trilogía de Deptford. En esta última entrega (no es ningún problema acercarse a este autor sin respetar demasiado el orden de la trilogía, las novelas pueden leerse independientemente) Davies nos cuenta la vida del hijo de la enloquecida muchacha que le dio a luz prematuramente a causa de una pedrada propinada por un niño, padre del protagonista de la segunda novela, "Manticora", que en realidad apuntaba a otro niño, Ramsay, que es el protagonista de la primera, "El quinto en discordia", y que en esta última es nuevamente el narrador, aunque deja la voz cantante al gran mago Magnus, el bebé prematuro que ya se ha hecho mayor y célebre, que cuenta a un grupo de personas los dramáticos avatares de su vida. Todo esto parece muy enrevesado, permítanme la broma, pero lo cierto es que no lo es en absoluto y los personajes, muchísimos, tienen tal fuerza y están tan magistralmente descritos que lo que podría haber sido un melodrama se convierte en una novela de tesis, con análisis sorprendentes sobre los hombres y las mujeres que pueblan las tres novelas y sus patéticos esfuerzos por ser felices o al menos por dejar de ser tan desgraciados, entre un pasado inaceptable y un futuro poco satisfactorio. El amor, la amistad, la inteligencia, la maldad, el sexo, la estupidez, la grosería más salvaje y la ternura más delicada, son tratadas en estas novelas con una ironía salvadora, un sentido del humor inteligente y un dominio de los recursos narrativos como contados autores suelen ofrecer a sus lectores. Ayer dediqué la tarde a terminar la lectura de esta novela. Por la mañana visitamos el Monasterio de Rueda, junto al Ebro, magnificamente remozado y convertido en un Parador aragonés de lujo. El paseo por las antiquísimas instalaciones del monasterio, si uno se abstrae de las reformas, es en sí mismo una lección de historia. Dudo mucho que el entorno inmediato del monasterio, el río, las majadas, el batán en forma de gigantesca rueda, las huertas fértiles de la orilla, la sequedad calcinada de los montes de alrededor, toda la austeridad del paisaje aragonés cuando no hay un río cerca, hayan variado mucho de los tiempos lejanos en que los monjes cistercienses lograron crear en este lugar una próspera comunidad religiosa y artesanal que pobló los alrededores de pueblos deudores de la riqueza natural del monasterio. Un sol de justicia nos hizo abreviar la visita y el encantamiento que el lugar produce. Fue el broche de oro de la semana de caminatas por el Ebro. Una caminata que es, en algunos momentos, un mundo prodigioso. Lástima que uno no tenga la maestría de Davies para contar las historias que imaginé durante los largos andares por el Camino.
Está sentado en un banco. Tiene la mano derecha apoyada en el muslo y la izquierda la lleva hacia la cara y el dedo índice casi toca la frente, la expresión concentrada del rostro, con los ojos cerrados, en la representación popular de la persona que piensa con esfuerzo. Es bronce o hierro pintado de verde y trata de prefigurar a un tosco labriego con ropajes finos en la azarosa tesitura de tener que pensar. Es Sancho Panza y está dando la espalda al Ebro en Alcalá del Ebro. Allí, en un meandro pronunciado del río, hay una isleta pequeña llena de arboles y vegetación con una playa blanca de cantos rodados que destellean al sol, en forma de media luna. Quiere la tradición de estas tierras, desde el siglo XVIII, que esa isleta fuese llamada la Isla Barataria, lugar mítico en el que Sancho fue nombrado gobernador por la burlona y desabrida voluntad de los Duques. Poderosos sin alma ni corazón que buscando la risa fácil con el paleto Sancho encontraron el sentido común, la bondad y la equidad de la que no gozaban ni ellos, con su alta cuna, ni los tribunales que impartían justicia en aquella España oscura, injusta e ignorante. Es la lección de humildad y recto sentido que Cervantes endilgó a la nobleza pedrestre de este país, como el que no quiere la cosa. En 1569 el escritor se hospedó en las propiedades de los Duques de Villahermosa en Pedrola, pueblo aledaño a Alcalá. Sus vivencias en esa zona aragonesa del Ebro ilustraron la estancia de Don Quijote en la comarca, que enriquecieron del capítulo XXV al XL de la Segunda parte de la magna obra quijotesca.
Hemos caminado por las "amenas orillas" de este tramo cervantino, Alcalá de Ebro, Cabañas, Alagón, en nuestra última etapa. Casi todo el tiempo en la fresca y umbría vecindad de las choperas extensas y los bosques susurrantes de álamos blancos.