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5 abril 2013 5 05 /04 /abril /2013 12:00

paco elviraQuerido Paco, hace unos días me enteré de tu muerte. En acción, como cabía esperar. Conozco la zona donde tuviste el accidente de montaña. He caminado mucho por el Garraf. La noticia me la dio mi mujer, Anna (que no sabía que nos conocíamos) pues por los datos biográficos que publicaba "La Vanguardia" imaginó que nos habíamos cruzado. La verdad es que bastantes veces. No sólo por mi trabajo en el periódico. Nos conocimos cuando ambos estudiábamos 5º o 6º del bachillerato de antes. Los dos vivíamos fuera de Barcelona y nos quedábamos a comer en un barucho de Gracia, cerca del colegio al que íbamos (que no tenía servicio de comedor). Luego nos encontramos a menudo por cuestiones profesionales y siempre salía a relucir el colegio, nuestras comidas y esa inquietud por hacer cosas, conocer mundos y experimentar la vida. Siempre hubo entre los dos un tácito reconocimiento a la valía del otro y una cortesía amable y sincera en el trato. Ambos nos relacionamos con modestia y con afecto. Yo escribía novelas y reportajes y tú viajabas por el mundo con tu cámara notarial y poética. Ahora pienso que siendo tan parecidos en la manera de enfocar la vida debíamos habernos permitido conocernos mejor. Pero la discreción y una cierta timidez nos mantuvo sin dar el paso. Conservo una bella memoria de tí. Hasta la vista, amigo.

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5 abril 2013 5 05 /04 /abril /2013 05:56

Un paseo  de exploración por la Sierra de la Escalera, entre Beceite y el Ulldemó, el río encajonado por las paredes de la Pesquera y la Peña Galera. He dejado el sendero balizado y he seguido trochas y sendas con una dirección sureste hacia una mole cuadrada que se levanta inhóspita enfrente mío. El camino se pierde. Hay arboles caidos por las recientes nevadas y todo está lleno de zarzas y matorrales espinosos. Imposible avanzar. En ese lugar perdido oligo ruidos acercándose de maleza  tronchada y me preparo para un encuentro con una cabra o un jabalí, lo que sería sorprendente a estas horas de la mañana, rozando el mediodía. Pero es una persona. Un hombre vestido con el uniforme verde de los forestales. Se acerca esquivando ramas. Es Ángel, el forestal de Beceite. Está buscando un lugar de observación para comprobar el estado de los árboles caídos y la cercana pista que baja al Ulldemó. Me disuade de la subida a la mola. "Por este lado no hay modo de escalar esas paredes. Puedes intentarlo por la ladera opuesta, donde el fortín del general Cabrera. A esa meseta le llamamos la Muela carlista." Hablamos de estos montes, flores, bichos, plantas medicinales y antiguos pobladores. Anónimos lugareños que durante siglos se rompieron el espinazo labrando estas difíciles tierras montaraces. Nadie en especial, no han dejado historia. De regreso a Beceite, en las soledades silenciosas de mi caminar, pienso que llevo años entrenándome para ser nadie en especial, como enfatiza el zen. Y que cada vez, a pesar del ruido infernal de nuestros tiempos y nuestras variadas crisis, cada vez me siento más cerca de ser "nadie en especial". Y eso me hace feliz.

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31 marzo 2013 7 31 /03 /marzo /2013 07:36

la-trama-broken-city-cartel-2.jpg

 

Parece que el lado oscuro de la política, la corrupción, el abuso de la ley, el poder del dinero, los negocios sucios y las traiciones, son un buen caldo de cultivo para los guionistas. No hay temporada en la que al menos una docena de filmes no nos relaten por activa y por pasiva esas corruptelas del poder. Ahora es Allen Hugues el que dirige "La Trama" (Broken City) en el que el alcalde de Nueva York (Russell Crowe) contrata a un ex agente de policía apartado del cuerpo por presunto asesinato ( Mark Wahlberg) para que haga una investigación en torno a su propia esposa ( Catherine Zeta-Jones) a la que acusa de infidelidad y descubra quién es su amante.

En realidad hay mucho más que un asunto amoroso. Todo coincide con las elecciones municipales y el alcalde se enfrenta a un rival que pone en peligro su reelección. La elección del expolicía, convertido en investigador privado, es la clave de ese "más" que se juega en un guión inteligente aunque algo confuso llevado con buen ritmo y excelente producción por este director, arropado por unos actores bastante creíbles en sus respectivos papeles.

El panorama podrido de la alta política, en este caso municipal, y las corrupciones que acarrea son descritos de forma bastante plausible. El tema inmobiliario como trasfondo resulta desgraciaamente muy actual y familiar para este país, así que la trama se puede seguir con bastante interés, dados los muchos paralelismos que un espectador avisado puede establecer. El Nueva York que vemos está fotografiado muy al margen de las imágenes pretenciosas habituales y allí vemos un mundo turbio que no debe estar muy lejos de la realidad, que se nos muestra con frialdad y una sobriedad ejemplar. Los secundarios, Jeffrey Wrigth, Barry Pepper, hacen su labor con la eficacia habitual en este tipo de cine que desdeña la brutalidad directa de la imagen violenta y se centra en las tensiones que la trama provoca en los protagonistas. Y lo hace manteniendo la tensión narrativa y ofreciéndonos un final plausible con su aspecto redentor incluido.

Logra la película hacernos simpático al perennemente enfurruñado Wahlberg, que se define como "católico y estúpido" cuando la alcaldesa le reprocha su inocencia ante las actitudes de su marido ante la corrupción, la falta de moral y la especulación inmobiliaria que acarreará ruina a muchas familias modestas. Es un poli que compagina adustez y rectitud, defectos asumidos y valor, y todo bajo un manto de ingenuidad (excesiva en el trato con su novia actriz), que lo llevará a asumir sus responsabilidades aunque le caigan sobre la cabeza a cambio de desgranar una pizca de justicia en un entorno especialmente corrompido. La mirada hosca pero candorosa y honesta del actor contrasta fuertemente ante ese dictador de salón que compone el maquiavélico Russell, personaje mucho más plano que el del comisario, Jeffrey Wrigth, otro de esos secundarios que roba cámara cuando aparece en escena y que mantiene al espectador confundido ante su verdadero papel en la trama.

Algo confuso el argumento en sus idas y revueltas y con un final que no parece muy realista aunque sí aleccionador, la película no logra dar consistencia a dos atractivas subtramas, la de las dos mujeres importantes en la película, la esposa del alcalde y la novia actriz del policía. Lo importante para este director es dibujar los entresijos de los corrompidos hilos del poder y para ello permite que se manipule más de los creíble al personaje del policía. Película para  despertar el interés y olvidar pronto.

 

 

 

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29 marzo 2013 5 29 /03 /marzo /2013 08:36

las-torres-del-cielo.jpg

 

Cuando hace un par de años saludé la publicación de "La princesa de Jade" de Coia Valls destacando la cualidad "oral" de la narradora, decía que Coia es una "contadora de cuentos" a la vieja usanza, una narradora omnisciente que trataba de deleitarnos con historias de aventuras y emociones, sin más, sin meterse en estructuras novelescas complejas o en aportaciones linguisticas y literarias exigentes. Es decir, muy a tono con los tiempos, primaba la eficacia del cuento sobre la estructura de la narración, la verosimilitud del lenguaje de los personajes o la belleza ortodoxa o revolucionaria de la expresión literaria.

Después, esta escritora, publicó "El mercader" y ahora llega a las librerías con una nueva propuesta "Las torres del cielo", una más elaborada historia basada en las circunstancias y los personajes reales o míticos que rodearon la fundación del Monasterio de Montserrat en el siglo XI. Es indudable que Coia posee en alto grado un olfato literario de primer orden para buscar temas y aconteceres históricos rodeados de gran fuerza y algo de misterio y leyenda. Territorios del mito, la epopeya y el símbolo, en el que esta escritora reusense  navega con la velas desplegadas de su imaginación. Pero también con un aire poético y telúrico semejante al que barre con fuerza las cumbres desoladas de la montaña de Montserrat, hervidero eremítico saturado de historias y leyendas enraizadas en esa tierra tan misteriosa y fascinante como esas montañas que dibujan un "sky line" prodigioso de crestas redondeadas y picachos enhiestos que parecen desafiar a los cielos. Los mismos bajo cuya evocación religiosa y espiritual se ha cincelado la amplia historia del macizo y sus habitantes, entre las diferencias y celos de las órdenes religiosas, el poder omnímodo de la Iglesia de la época y las ambiciones de las casas nobiliarias que rivalizaban en el dominio sobre la zona.

He leido "Las torres del cielo" con un interés doble: no sólo por la historia en sí. También por el lugar, el escenario de la novela, el macizo de Montserrat y sus tierras circundantes, a los que amo como montañero y conozco tras más de treinta años de patear sus esquivos y empinados senderos, perderme por sus valles ocultos o sus sendas imposibles o tratar de superar los pasos complicados que ofrece a cualquier amante de las montañas un poco osado.

Se trata de seguir la compleja trayectoria espiritual y religiosa de Dalmau Savarés, un ex soldado con una durísima historia secreta personal detrás, convertido en monje benedictino por el dolor y el arrepentimiento, enviado especial del mítico Abad Oliba, con el fin de fundar un monasterio en Montserrat. Coia nos lleva con las alas de la literatura al oscuro siglo XI, en pleno hervor de una edad media aún plena de sombras y sufrimiento, violencia y desigualdades y miseria de un pueblo llano formado por agricultores, pastores y artesanos, esquilmado por los dos poderes en permanente búsqueda de la supremacía, la nobleza y la Iglesia.

La  autora tiene nervio narrativo y mantiene su voz de narrador omnisciente, perfilando a sus personajes con trazos gruesos y emblemáticos. Los monjes, un grupo de doce, a los que se unen jovenes del lugar a lo largo de la narración, quedan bastante desdibujados como individuos diferentes excepto el mismo Dalmau y el ermitaño Basili (tal vez la perspicaz Coia ya sabía que el último ermitaño, ya fallecido, de Montserrat, se llamaba Padre Basili, un experto traductor con erudición enciclopédica con el que medité cada vez que subía a su cueva a visitarle). Tanto Oliba como los nobles, son estereotipos que forman un fondo dramático casi simbólico.

La expresividad de cuenta cuentos da una cierta artificiosidad al relato en detalles como el poco verosímil lenguaje culto --a veces salpicado de expresiones demasiado actuales-- que tienen los personajes, referencias a detalles psicológicos que eran imposibles en la época y el hecho inocente --pero revelador del caracter "oral" del estilo de Coia-- de expresiones coloquiales emocionales usadas por el narrador, (al ser omnisciente debe ser neutral), no por un personaje. Tampoco los personajes femeninos, dos hermanas agresivas y un poco histéricas, salen muy bien parados en la novela, que es, sin duda, un libro de hombres. Por ello, el escaso fundamento de los "amores" entre Dalmau y Magda, suena un poco a añadido innecesario, el tan  manido "toque amoroso". Sin embargo los capítulos dedicados a la rivalidad entre los monjes de Santa Cecilia y los de Santa María o la llegada y proceder de nuevo Prior enviado por el abad de Ripoll, sostienen los aspectos más inquietantes y dinámicos del libro.

Resalta la investigación realizada por la autora en torno a la fundación del monasterio, en cuanto a personajes reales y hechos documentados seguramente. La suma de elementos de ambiente, los lugares de la montaña que tienen papel en la narración, detalles como el órgano de agua instalado en el centro de la famosa gruta de Salnitre o los caminos que unen la antigua Monistrol o Collbató con los monasterios, destilan detalles de realismo que habla seguramente de los paseos que la autora hizo por el lugar y su conocimiento del territorio.

En suma una novela que atraerá al lector aficionado a la ficción histórica. Y especialmente a los que desean conocer el fascinante pasado de la bien llamada "Montaña mágica".

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23 marzo 2013 6 23 /03 /marzo /2013 00:00

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Desde "El mundo según Garp" y "Oración por Owen" mi fascinación por John Irving (New Hampshire, 1942) se ha mantenido incólume a pesar de algunas memorables y discutibles complicaciones literarias como me parecieron "Hasta que te encuentre" y, en menor medida, pero también, "La última noche en Twisteds River", donde la decadencia del vigor narrativo, el bizantinismo de personajes y situaciones y las reiteraciones de clichés y esquemas, me hacían temer lo peor. Es decir, el estancamiento y la decadencia de un gran escritor.

Con "Personas como yo" el diagnóstico se complica. Iriving no parece --hoy tampoco-- un escritor corriente en el aspecto concreto del proceso creativo habitual, es decir, no sólo no se ha atenuado esa continua línea hacia la disminución de brillantez y originalidad, sino que ha dado un brusco giro temático y psicológico y se ha decidido al parecer a "salir del armario" con todas las connotacuones que ustedes quieran dar a la frase coloquial: no sólo hablo en el sentido metafórico sexual, sino también en el literario: Se ha salido de su propio "armario" argumental --muy influido siempre por su propia biografía-- y se ha lanzado al vacío con todos los pertrechos que guardaba en ese armario: personajes, conceptos, imágenes, anécdotas, retratos y sensualidades.

Y así en esta larga--unos cincuenta años-- historia biográfica del joven Billy Dean, volvemos al paisaje de New Hampshire, sus pequeños pueblos, las mujeres poderosas al estilo de la mamá de "Garp", las anécdotas de la vida de escuela y universidad, las originales relaciones familiares como en el "Hotel New Hampshire", las escapadas por Europa que forman parte de esas dos novelas citadas, los personajes maduros entrañables, el aborto y las infancias desvalidas y adolescencias problemáticas como en "Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglatrerra" (Dios, qué hermosa novela), los personaes aferrados a la bebida, la droga, la violencia o el sexo, pero siempre sin patetismo, como "La epopeya del bebedor de agua" u "Oración por Owen" (de donde sale también una figura de papá sustitutorio para adolescentes huérfamos o abandonados, siempre a la busca del padre), las mujeres casadas insatisfechas pero inteligentes y poderosas como en "Una mujer difícil" o "La cuarta mano",  los ritos de paso de los adolescentes y jóvenes hacia una madurez inteligente aunque desencantada, la afición por la lucha libre como deporte viril (Garp es un profesor de lucha grecorromana) o por el fútbol o por el beisbol, forman constantes de referencia en casi todas las novelas irvinguianas.

Como en algunas de ellas, el narrador  es el protagonista y establece a menudo relación con el lector (a la manera de "Tristham Sandy", le avisa y prepara sobre lo que va a pasar y se disculpa por entremeterse demasiado, va y viene en la narración sin hacer mucho caso de una coherencia cronológica aunque va hilando las anécdotas de una forma magistral, a través de objetos, citas, palabras o personajes. En realidad, dada la lucidez que nunca falta a John Irving, él mismo nos aclara todo en la pág. 96 de la novela, cuando su atractivo padrastro, Richard Abbot, le dice al joven Bill ante un comentario de éste sobre "La tempestad", si acaso se propone reescribir a Shakespeare y otro de los personajes clave de la novela, Kittredge, un apuesto joven deseado por Bill y que tendrá mucho peso futuro en la trama, le grita como mote e insulto: "Reescritor".. Bill comenta para el lector, "más tarde me llamó "Ninfa", aunque yo hubiera preferido el mote de "Reescritor", al menos se correspondía con la clase de escritor que un día llegaría a ser". Y eso es exactamente lo que Irving parece compendiar en esta su última novela: la reescritura de todo su universo narrativo. su pulso literario, su amor por la sensualidad y el sexo (aquí más explícito y descarnado que nunca), sus personajes desolados, crueles o enternecedores, la inteligencia, la enorme cultura clásica (hay comentarios sobre Ibsen, Shakespeare o Dickens (otra referencia común con "Príncipes de Maine..." que parecen surgidos de la pluma de Bloom), el dibujo de la mezquindad, falta de compasión o estupidez del ser humano, sobre el que nunca falta un toque de conmiseración y humor. Y como acicate complementario, esa permanente búsqueda del padre en su obra (quizá el motivo literario menos conseguido en la que comentamos) y el reencuentro paterno poco memorable --lo cual no deja de ser muy realista-- en Madrid, donde el mito amado-odiado  de la figura queda resuelto en un capítulo patético y triste, aunque con una cierta placidez irónica.

Quizá para muchos lectores de Irving esta novela no sea una sorpresa o la consideren a la altura del corpus literario de este magnífico escritor. Lo siento pero no es mi caso. Me tiene sin cuidado que un escritor sea gay o que escriba novelas de esa tendencia sexual, por tanto no se trata de que me escandalice por ello y creo que cualquier persona está en su derecho si decide escribir y vivir su sexualidad como le parezca adecuado. Lo único que no me ha gustado en Irving es que en muchos momentos parece hacer ostentación de su bisexualidad en el lenguaje y las reiteraciones (suena a veces a las famosas "Memorias  de un caballero inglés" que es un catálogo obsceno y aburrido heterosexual de coitos continuos). Hay algo "postizo" en esos fragmentos y aunque no añaden nada original ni positivo, ni son excesivos, tiñen de forma extraña el conjunto de la novela que, repito, resulta un magnífico compendio de las obsesiones literarias de Irving, que podría tener en sí mismo el valor de la coherencia intima del escritor a su mundo y no necesitaba tanta insistencia en la desbocada sexualidad de Billy.

Medio siglo de vida con un expresivo apunte a sus hechos más destacados en la esfera norteamericana (por ejemplo, Billy vive el asesinato de J.F. Kennedy en Viena mientras su novia se prepara para debutar como soprano en la ópera) trufados con los vaivenes de la compleja vida sentimental  y sexual del protagonista, dividido por su atracción indistinta hacia hombres y mujeres. Con una estructura narrativa clásica, a la manera de Dickens --el gran amor literario confeso de Irving-- o Sterne, el estilo lleno de humanidad, humor, critica cruda pero saludable y respeto  a la libertad y la tolerancia, y una temática sexual desenfrenada donde abundan las violaciones, el incesto, el aborto y algunas otras variantes. A pesar de ello, Irving se ha ganado un lugar destacado en la narrativa norteamericana de hoy. Muchos de sus personajes vivirán, como los de Dickens, por derecho propio en la memoria de sus lectores (¿quién ha podido olvidar al doctor abortista de "Píncipes de Maine..." interpretado por un genial Michael Caine en la versión para el cine, "Las normas de la casa de la sidra"?).

Obra crepuscular y antológica, pero discutible e irregular, de un escritor admirable, John Irving. De lectura obligada, sea usted gay o no.

 

 

FICHA

"PERSONAS COMO YO".- John Irving. Tusquets Editores. 467 págs. 22,50 euros 

 

 

 

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16 marzo 2013 6 16 /03 /marzo /2013 08:40

zen.jpgDos excelentes editoriales, Fragmenta y Kairós, acaban de sacar a la palestra pública librera sendos volúmenes sobre dos de las disciplinas espirituales más fascinantes y al tiempo pragmáticas que ha creado el ansia de absoluto del ser humano, el Zen y el Tao. Como estos dos libros están diseñados por sus autores, Raquel Bouso y J.M. Romero, respectivamente, como instrumentos básicos, claros y sencillos de las disciplinas que parecen conocer muy bien, los recomiendo esta semana en la seguridad de que, además de glosar dos tipos de sabiduría práctica que aún siguen siendo demasiado poco conocidas y llenas de tópicos, estoy haciendo un señalado favor a mis lectores si tengo la suerte de que confíen en mi criterio, ya que entrarán en un mundo donde la práctica provoca y causa cambios positivos de tipo físico y psicológico en la mayoría de los practicantes, sin mencionar los puramente espirituales o sociales. Por tanto, apresúrense a buscar los títulos en la librería más cercana o, los de la zona de influencia de "La Comarca" ,acudan a la Librería Serret de Vallderrobres que, me consta, los tiene. 

La profesora de la UPF Raquel Bouso no es una recién llegada al zen pero la visión que muestra en su texto es la de una persona que ha ahondado profundamente no sólo en la erudición de los orígenes de la disciplina sino en la práctica personal, ya que como escribe (pág 13): "para comprender realmente algo, debe ser experimentado por uno mismo, no bastan las explicaciones de segunda mano o las ideas preconcebidas". Como sabemos todos los que tratamos de acercarnos a un modo zen de concebir la vida, "el zen se constituye fundamentalmente alrededor de una experiencia peculiar de la realidad...la propia búsqueda existencial de cada uno".

Bouso, coherente con su mensaje, empieza su libro hablándonos de la práctica del zen, de lo más básico, el zazén o meditación sentada. Y desde ahí desgrana la escueta, clara y sencilla gama de componentes de dicha práctica, enemiga de demasiados rituales y de adoraciones y boatos ("Si encuentras a un Buda, mátalo", dice un maestro metafórica y significativamente).

Cuando ya el estoico, austero, marco práctico del zen ha quedado claro, la autora nos lleva a un apasionante viaje de cincuenta páginas por la historia del zen desde sus inicios en la India, China y el Japón. Complementa esa erudita exégesis con un análisis de la "visión zen del mundo" (pag.87), con especial hincapié en el desarrollo del zen en occidente (pag. 111) desde mediados del siglo XX y su enorme éxito mediático y socio-religioso.

En cuanto al libro de J.M. Romero, "Tao, Las enseñanzas del sabio oculto", publicado por Kairós (139 págs.), nos ofrece una visión de las ideas clásicas y tradicionales del taoísmo, analizadas desde el punto de vista de su enorme vigencia actual. Los clásicos textos taoístas (los maestros son más difíciles de encontrar, sobre todo después de la revolución maoista en que fueron perseguidos y casi exterminados) el Tao Te Ching, el Zhuan-zi y el Liezi, son venturosamente asequibles en España y constituyen un corpus filosófico-práctico especialmente útil en estos tiempos de crisis (no en vano el taoísmo surgió de una crisis en la China de los siglos IV y V antes de Cristo). Las consultas al I Ching o Libro de las Mutaciones complementa las herramientas que los aforismos, consejos y análisis taoístas ofrecen. Todo ello conforma --como en el zen, que le debe una nada pequeña parte de su teoría filosófica-- un estilo de vida que tiene una característica fundamental: no se pierde en abstracciones o conceptos, sino que baja al dia a dia y nos ilustra sobre las mejores actitudes para superar las dificultades y gestionar el éxito o el fracaso, sujetos ambos a una mutación permanente. Y es ese cambio el que el taoísmo enseña a conocer y usar en nuestro provecho (siempre que ese provecho sea limpio, no dañino, no egoísta). "La humildad, la inclinación natural, el fluir, el mantener una perspectiva tan amplia y profunda como sea posible. Con ese soporte, ¿qué necesidad hay de definir la Virtud?", nos dice Romero (pág 33).

¿Se imaginan qué interesante sería que nuestros jueces condenaran a esos políticos y financieros corruptos que nos rodean por doquier a estudiar y practicar taoísmo y zen durante al menos cinco años de reclusión?.

Nuestro autor no se pierde en teorías, sino que va espigando en los textos taoístas ofreciendo comentarios aplicados a los problemas y tribulaciones de nuestra vida actual. Y así sus capítulos responden a titulos como ""Nadie llegó para quedarse, pero todo permanece", "Qué  hacer con el Bien y el Mal", "Esa falacia de la igualdad que nos pierde", "El efecto nocivo de las palabras" o "Quédese el poder para usted, gracias". Un  libro lleno de sabiduría práctica, por lo que cuesta una entrada de cine. ¿Alguien da más por menos".

 

FICHA.-

ZEN.- Raquel Bouso.- Fragmenta Editorial.-154 págs.- TAO.-J.M. Romero.- Ed. Kairós.-139 págs.

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8 marzo 2013 5 08 /03 /marzo /2013 10:26

ayer-no-mas

 

 

  "Siempre la jodía guerra incivil", dice Lillo,(pág.231) uno de los múltiples personajes de la nueva novela de Andés Trapiello, "Ayer no más". Pues sí, la guerra incivil sigue dando materia para acercarnos a través de la literatura a ese infausto acontecimiento histórico que ha destrozado e influido en la vida de al menos tres generaciones de españoles. Lo cierto es que este libro abunda en una especie de sobresaturación temática que inunda las librerías de productos que abarcan toda la gradación posible de calidad, desde el oportunismo más desaforado a la inconsistencia o la reiteración. La guerra civil sigue estando de moda. Hace varios años salió otro libro sobre la guerra con el provocador título de "¡Otra maldita novela  sobre la guerra civil!", de Isaac Rosa, desternillante narración donde el escritor sevillano destripa su primera novela con la ayuda de un lector-alter ego y ya entonces advertía sobre la saturación bélica fratricida. Desde el 2007 al presente esta agónica guerra cuyos actores y testigos ya empiezan a ser historia en sí mismos, literariamente parece ir en relación inversa a la lógica desaparición de testigos.

Pero vayamos a Trapiello, que pergeña una narración coral donde a través de las vivencias de un profesor de Universidad, José Pestaña, hijo de un significado falangista con un sospechoso pasado de violencia y sangre durante la guerra civil, se nos cuenta el desarrollo de una investigación en torno a un asesinato brutal cometido en los primeros años de la guerra en una comarca de León. La dedicación del protagonista a la historia y en concreto a la guerra en su comarca natal nos habla de una suerte de obsesión personal y social --las asociaciones de memoria histórica, los interesados en el tema por razones profesionales o académicas-- que desfiguran un poco la realidad social española, cada vez más ajena y apartada de esa temática.

Trapiello nos mete en un ambiente donde aún el miedo y el oscurantismo político relacionados con la guerra y sus secuelas está candente. Quizá lo cierto es que no es más que un escenario literario con escasa relevancia social en estos tiempos en los que la omnipresente crisis economica y social y la verguenza pública de corrupciones y un mundo politico degradado hasta la caricatura, convierten la guerra civil en un recuerdo bochornoso para algunos,  lamentable para otros y apenas una referencia ancestral para la mayoría.

El encuentro entre una víctima de la guerra y un presunto victimario, ambos ancianos, abre la caja de los truenos. En medio, un hijo que sigue con su particular guerra contra su padre, fascista irredento, como presunto asesino, un ambiente profesoral lleno de "profesionales" de la guerra civil  como oportunidad de medro personal, una historia confusa que trata de ahondar en esa "verdad histórica" que se nos escapa de entre los dedos y que jamás tendrá una definición nítida e incontestable.

Los personajes están bien dibujados, aunque sin demasiado afán de profundizar por debajo del tópico y algunas de las escenas muestran un brío narrativo, un poco acartonado y libresco, cosa disculpable en un hombre de letras visceral como Trapiello. Tanto es así que, cosa a apreciar, Trapiello se nombra a sí mismo como tercera persena en un comentario del personaje del catedrático univesitario en León (pág,127) que cita un artículo del escritor en "Opinión", "Es de León, no le conozco...no he leido "Las armas y las letras"...dicen que es el libro de un pedante". Ese guiño metaliterario nos confirma que hay algo de la propia biografía de Trapiello en esta novela y eso podría explicar cierta implicación emocional que se percibe en muchos comentarios y notas de la narración.

El carácter coral de la novela, un conjunto de voces que se van alternando en la descripción de hechos --a veces el mismo hecho desde dos o mas puntos de vista-- está bien logrado y muestra una habilidad narrativa considerable. Amante de la metaliteratura, Trapiello nos habla de una novela que escribe su protagonista, titulada "Ayer no más" y que no parece tener nada que ver con la que tenemos en las manos. Al final lo que queda es la irrelevancia del intento de aclarar los papeles de la victima y el asesino, la futilidad de ahondar en un crimen que, a pesar de que su inhumanidad no ha prescrito, ya forma parte de la letrina de una historia que no vale la pena remover. La memoria es una función limitada y poco fiable, crecientemente falseada por sí misma que convierte a la verdad, como siempre se ha dicho, en la primera víctima de la historia. Trapiello reparte sartenazos contra los que tratan de sacar beneficio de ese remover dañino y cada vez menos útil y eficaz, incluido su protagonista. Como dice Nietzche, citado por Trapiello, pag 141: "en relacion a la memoria no hay hechos, solo interpretaciones".

    Y así, asegura el protagonista de la novela (pag 51): "El error en el que hemos incurrido...los historiadores a la hora de abordar la Guerra Civil...es interpretar los hechos a partir de la idea de dos bandos, buenos y malos, de dos posiciones, una progresiva y otra reaccionaria. Solo asi se comprende que la conducta criminal... se justificara o se condenara dependiendo del bando...Ya no es legitimo concebir la historia como el movimiento que necesita del mal para lograr el bien".

La historia de Trapiello trata de no caer en ese defecto y esa es una de sus aportaciones a la narrativa de ese tema. Nos cuenta a través de las múltiples voces de sus protagonistas o testigos una historia que logra interesarnos y nos sentimos implicados en las emociones que suscitan y viven. Por ello, a pesar de ser "otra maldita novela sobre la guerra civil", su lectura es recomendable y la postura que refleja el autor es honesta y valiente. Y además, valor esperabledado el autor, está muy bien escrita. Léanla.

 

FICHA

 

AYER NO MÁS. Andrés Trapiello. Ed. Destino. Áncora y Delfín.310 págs. 20 euros.

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1 marzo 2013 5 01 /03 /marzo /2013 08:55

Ayer fue un día frío, con  nubes que iban ocultando el sol de vez en cuando y un viento no muy fuerte (no era el cierzo, que sopla del norte, sino un garbí levantino, educado y un poco rebelde, como un adolescente que se dispone a hacer trastadas) y en Herbés, el primer pueblo de Castellón junto a los Puertos, no circulaba ni un alma. De las chimeneas de las casas brotaba el humo blanco de la leña de pino y su olor caracteristico impregnaba las calles. He seguido el sendero montañoso que lleva a la ermita de Nuestra Señora del Salgar, erigida en un lugar muy apartado, a casi una hora del pueblo. Me he buscado en el monte un lugar rocoso resguardado del viento y cara al sureste donde el sol calentaba cuando las nubes se lo permitían. LLevaba en la mochila el "Consuelo de la Filosofía" de Boecio. Lecturas filosóficas y caminatas a diario. Un programa prometedor. En  mi caso, además, las herramientas precisas para el libro que he empezado a escribir. Eso tendrá un efecto secundario: mis criticas literarias y de cine cambiarán su periodicidad.

Mientras, las nubes fueron ganando la batalla y en menos de media hora habían cubierto totalmente el espacio de cielo visible desde la colina donde estaba. Por el suroeste avanzaba una especie de muro negro de nubes compactas y el cielo sobre mí adquiría una coloración grisácea, sucia. Cielo de nieve, pensé, "panza de burra". El viento arreció de pronto y era aún más frío. Volví al coche. Al llegar a casa, lloviznaba. Me senté frente al ordenador y escribí una reseña sobre un libro apasionante, "El leopardo de las nieves". Durante un tiempo  estas críticas dejarán de ser cotidianas. Quizá un par a la semana. Quedáis informados, amigos de mi blog.

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27 febrero 2013 3 27 /02 /febrero /2013 08:49

leopardonieves.jpg

Me vais a permitir que esta semana abandone las exigencias habituales de actualidad editorial y os hable de un libro clásico, una de las reediciones múltiples de una de esas historias que constituyen una fascinación y un aliciente para un determinado tipo de lectores (aunque es igualmente gratificante para todo tipo de lector). Hablo de las personas amantes de las montañas, de los caminos, senderos y cumbres, para los que el montañismo (no necesariamente de escalada) constituye algo mucho más complejo y esencial que un hobby, casi un especial estilo de vida al que uno dedica todo el tiempo que el trabajo le deja libre.

 Se trata del mítico "El leopardo de las nieves" del neoyorquino Peter Matthiessen (debe ser un octogenario en estos días). En la cuidada reedición que Siruela realizó hace poco, cuando ya había cambiado la portada del Himalaya desde el espacio en imagen de la NASA (edición de 2008) y colocaba una foto del techo del mundo desde el punto de vista del caminante que veis en el grabado, el lector abre el libro para encontrarse con una cita de Rilke que es como el lema de las páginas que siguen: "ese es...el único valor que se nos pide: tenerlo para lo más extraño, lo más singular y lo más inexplicable que podamos encontrar".

El libro ganó el National Book Award a mediados de los setenta y hay algo en el estilo del texto, las reflexiones del autor y el tono general de la narración que nos lleva  a la literatura de viajes de aquellos años de la psicodelia y las flores y el florecimiento del budismo en occidente. Lo importante y significativo es que sigue teniendo una rabiosa y candente actualidad: las preocupaciones del joven Peter no son muy diferentes a las que inquietan a los jóvenes de hoy. ¿Es posible eso en un mundo tan distinto? Si, porque hablamos de emociones, sentimientos y conceptos e ideas esenciales, que tienen que ver con los más profundo del ser humano.

Hace un par de semanas, cuando recibí el libro de Siruela, había visto en Internet la única filmación real del majestuoso leopardo de las nieves (especie practicamente extinguida ya hoy y por entonces bastante rara y difícil de ver) con su enorme cola suntuosa y su caminar y acecho de una elegancia mística. Pues bien, en busca de ese fabuloso animal fue nuestro autor acompañando al zoólogo George Schaller (otoño de 1973) en una expedición hacia la Montaña de Cristal, en el Tibet, aunque la razón científica era estudiar la forma de vida y apareamiento del bharal o cordero azul himalayo.

Y así comienza un viaje por tierras entonces poco holladas por los occidentales, aunque ya había turistas y buscadores espirituales por Nepal, en lo que la búsquedas de esos animales se convierte en un motivo secundario para Peter, cuyo viaje por tierras inhóspitas, entre gentes de culturas ancestrales y comportanientos exóticos para él, un viaje en  muchos momentos de pura supervivencia, es el complemento fáctico de un viaje mucho más esencial: el viaje hacia sí mismo, hacia una comunión con la naturaleza, la belleza y la magnífica violencia de unos lugares grandiosos, indiferentes y fascinantes, peligrosos y lejos de la medida humana de las cosas, lugares de dioses y diablos inclementes y dotados de una fuerza sugestiva casi hipnótica. El desafío a los limites de la propia resistencia física y psíquica, caminando por cumbres desoladas, con vientos huracados y congelantes, porteadores de los que no te puedes fiar demasiado, robos de material y comida, hambre, soledad y por encima de todo, la mirada maravillada, el alma conquistada, el encuentro con algo que nos trasciende y nos supera, la sutileza de algo divino en la estrecha cornisa que parece llamar a la muerte, la ladera agotadora, las ventiscas que enloquecen, el respiro en la cueva y el fuego miserable, la compañía del amigo o del sherpa avezado. Mientras en su mente se establece una dicotomía, el escritor nos narra con prosa nerviosa y precisa los lugares, los detalles, los animales, las personas, las aldeas y de pronto, muy de vez en cuando, surge una prosa poética, espiritual y aparece el buscador zen, el hombre que repasa su vida, sus errores y sus miedos y le surgen algunos momentos en los que todo se equilibra, la vida se relativiza, el pasado pierde su filo dañino.

A pesar de que, como he dicho antes, el aire zumbón con olor a pachulí, a hippie y a cantilenas de monjes budistas parece impregnar el relato, hay un plus de sinceridad, de esfuerzo paralelo al fisico y mental que se nos narra, que saca el texto de sus coordenadas históricas y culturales y lo mantienen con plena vigencia y vigor en nuestro siglo XXI descreído, materialista y huérfano de valores. Quizá por ello la decisión de Siruela de publicarlo en una colección de ensayos es clarividente. Es mucho más que un libro de viajes, de aventuras, de retos físicos.Es una autobiografía sentimental y física, el reflejo de un doble viaje, ambos espectaculares, el del joven viudo (la esposa de Peter hacia fallecido de cáncer un año antes de partir la expedición y deja un hijo pequeño en su país) atenazado por culpas del pasado, por pérdidas y por dudas, que va encontrando el equilibrio en el esfuerzo y sufrimiento que el duro viaje le causa. De ahí que el leopardo de las nieves, esa busca agónica sin éxito pero con señales, deviene el huidizo logro de la iluminación parcial, en el zen se llama satori, cuyas visiones y certezas son tan efímeras como la falta de cuidado y disciplina del buscador lo permita.

Quizá si el octogenario Matthiessen decidiera reescribir su libro tendríamos algo tan bello pero más fluido que el actual, dedicaría menos espacio a las descripciones científicas, aligeraría las consideraciones religiosas y espiritualistas y obviaría datos y notas sobre elementos innecesarios de compañeros, porteadores y lugareños. Mantendría la descripción de los lugares que atraviesa, la interrelación del texto descriptivo con el intimista, el fuerte acento romántico e idealista de sus reflexiones, la magnífica textura espiritual del Camino emprendido, para terminar, como Kavafis, haciéndonos comprender que lo importante no es encontrar al leopardo de las nieves, lo importante ha sido buscarlo con tanto esfuerzo, denuedo y fervor. Y más aún, el viaje paralelo por el interior de su mente hasta encontrar el sosiego y la paz del espíritu en pleno viaje exterior, aun sabiendo que habrá que seguir la búsqueda en otro tiempo y otro lugar. Es el "para siempre" de la vida espiritual. 

No es una obra maestra, es un libro profundo, sincero, honesto y fascinante sobre la capacidad de superación y supervivencia del hombre en condiciones extremas y sobre el elemento que nos ha distinguido como especie: la facultad de tener un sueño y luchar por alcanzarlo...se consiga o no. Como dice el propio Peter, "No he visto al leopardo de las nieves. ¿No es maravilloso?".

 

ficha

 

"EL LEOPARDO DE LAS NIEVES".-Peter Matthiessen.- El Ojo del tiempo. Ed. Siruela.- Traducido por José Luís López Muñoz.-364 págs.- 22 euros. 

 

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23 febrero 2013 6 23 /02 /febrero /2013 15:25

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En los años 80 y 90 cuando amigos y compañeros de trabajo como Luís Bettonica, Giorgio della Roca, Horacio Sáenz Guerrero, Néstor Luján, Xavier Domingo o Baltasar Porcel, me hablaban de sus pantagruélicas citas en la Fonda Alcalá de Calaceite o de paseos a la luz de la Luna por las orillas del Matarraña o excursiones casi prehistóricas por el paisaje agreste y fantasmagórico de Los Puertos de Beceite, hicieron nacer un afán de curiosidad  primero y mi amor después por todas las tierras que desde la Terra Alta al Maeztrazgo compartían un paisaje común y unas características humanas y sociales muy peculiares. Viene el recuerdo al punto de uno de los ejemplares que mi librero de Valderrobres me hizo notar, "El Matarranya, crónica de viatge" de Joaquim Monclús i Esteban, escritor y periodista con el que, sin conocernos personalmente, habíamos compartido trabajos en "La Vanguardia".

Por una cuestión de lealtad y nostalgia al viejo periódico barcelonés al que dediqué toda mi vida laboral  y a los grandes profesionales con los que me crucé en el diario, algunos de los cuales he citado al comenzar este artículo, dedico este espacio literario a unos cuantos libros dedicados a la comarca que a todos nos subyugó, que capitaneados por el de Monclús, he examinado para incitar su lectura.

Monclús hace un detallado y documentado periplo por las poblaciones de la Comarca, ampliando el viaje a Aiguaviva, Bellmunt del Mesquí, La Codonyera, la Ginebrosa, Maella, Nonaspe y se regodea con sus recuerdos y conocidos en Calaceite, Beceite, Torre del Compte (donde reside quien firma estas lineas), La Fresneda, Vallderrobres y el resto de los pueblos del Matarraña. No es un viaje único, con una suerte de etapas siguiendo una ruta circular, sino una suma de pequeños reportajes dedicados a estos pueblos, su historia y su gentes, en un tono amable, con citas de sucesos históricos bien documentados y instantáneas del lugar y el paisaje en estos tiempos. No sustituye a una buena guía del territorio pero sí la complemmenta y la enriquece.

Otro cantar es el volumen "Garbinada, el viento del Matarraña", con textos de Miguel Ángel Pallarés y fotografías --excelentes-- de Montse de Vega Mas. Aquí prima la factura magnífica de las imágenes. El texto es una  crónica de la vida de un lugareño, Carmelo de Encanadé "sobrino de rico e hijo de nada ", que recorre las tierras del Matarraña con sus mulas, en una època pasada y de las gentes que viven y sufren en una economía de miseria y privaciones. Precisamente una de las últimas fotos de este libro, dedicada al Mas del Labrador, en un despoblado de Valljunquera, se cita al bandolero Pantxampla que tuvo allí su guarida.

Y es "Panxampla, bandoler o fugitiu" de Joan Josep Rovira Climent, el siguiente libro que recomiendo para este fin de semana. Es un volumen difícil de encontrar, aunque se de buena tinta que a Serret aún le quedan ejemplares. Un libro complejo, muy bien documentado. Como reconoce el mismo autor este libro es un híbrido entre historia y narrativa e incluso narración de viajes, ya que el amigo Rovira buscó  y viajó por los lugares donde se desarrolla la ajetreada vida de este curioso y fascinante personaje de la época carlista. Fue un hombre nacido en Alfara de Carles que camina y lucha por estas tierras, huye hacia Francia y acaba siendo fusilado en Tarragona. La aportación de fotografías y documentos es muy ilustrativa. La "novela" nos sitúa en una época y en un lugar que nos resulta a los de aquí muy familiares. 

Para terminar, de mi viejo amigo Francisco Javier Aguirre, autor prolífico y dedicado en muchas de sus obras a glosar las tierras del Matarraña, su "Remansos; el Matarraña y la Terra Alta". Se trata de un volumen de viajes con una particularidad, nos informa de una particular elección (que en hombre tan aficionado a la zona, es de respetar) de lugares  de sosiego y establecimientos de reposo y calidad por estas tierras. Los "remansos" del título es el nombre que Aguirre ha dado a ciertos hoteles, fondas, residencias, en los que el trato amable, la comida natural, el entorno sereno, la belleza del lugar constituyen alimentos para el cuerpo y solaz para el espíritu. Es éste un libro que se ajusta como una llave a su cerradura al objetivo de este artículo: facilitar al lector reseña de cuatro libros complementarios para todo aquél que quiera conocer o expandir el conocimiento que ya posea sobre estas tierras singulares.

 

FICHAS:

"El Matarranya. Crònica de viatge".-Joaquim Monclús i Esteban.-Editorial Galerada.-184 págs.

"Panxampla, ¿bandoler o fugitiu?.- Joan Josep Rovira.-Ed. Cinctorres Club.- 217 págs.

"Remansos. El Matarraña y la terra Alta. Crónica de un territorio mágico".- Francisco Javier Aguirre.- March Editor.-183 págs.

"Garbinada, el viento del Matarraña".- Miguel Ángel Pallarés y Montse de Vega Mas.- Editado por el Gobierno de Aragón y La Comarca del Matarraña.

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