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31 julio 2013 3 31 /07 /julio /2013 10:30
excursiones-6100.JPG
A partir de mañana, 1 de agosto, el autor de este blog cambia de registro. No habrá entradas críticas sobre películas, tampoco reseñas literarias o reportajes de senderismo, contenido habitual de estas páginas durante todo el año. Y sin embargo seguiré hablando de esas cosas, quizá porque forman parte de mi vida, como mi nombre, mis costumbres y rutinas, mi talante o ese conjunto de características psicológicas escasamente cambiables (pero sí sujetas a una cierta evolución, gracias a Dios, con intencionalidad positiva) que integran lo que llamamos "la personalidad". Por eso estas notas agosteñas tendrán un cariz contemplativo y reflexivo. Tal vez cuente alguna impresión o sensación durante un paseo montañero, la visita a una humilde iglesia románica del Pirineo, el detalle revelador de una película recien vista, los comentarios que me suscita la lectura en la que estoy inmerso o una reflexión clarificante sobre un tema desgranado en una conversación con mi esposa, en una terraza al aire libre, junto al río. Seguramente pequeños detalles sobre cosas sin importancia, alimento ligero del espíritu, aquellas naderías repletas de humanidad que cantaba León Felipe en uno de sus imperecederos poemas. 
 
!Que lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa…
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!
Foto: El solitario y abandonado Monasterio cisterciense del Desierto de Calanda, interior de la nave principal de la Iglesia. Un lugar mágico lleno de resonancias históricas y literarias.   
 
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28 julio 2013 7 28 /07 /julio /2013 07:45

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Hay que reconocer que nuestros vecinos tienen buena  mano para la comedia. Desde "Intocable" a las pelis de la empalagosa Toutou o de "La cena de los idiotas" a "Los seductores", pasando por la divertida "Bienvenidos al Norte". Nos hacen reir y ellos ganan dinero. Excelente. Eso provoca que a veces se columpien en el desatino y la verguenza ajena pero se lo perdonamos y seguimos acudiendo al reclamo de la "comedie" como si fuera una garantía el adjetivo "française". En esta ocasión partíamos de tres elementos que abonaban la posibilidad del éxito: la presencia del incombustible Dany Boon con su cara de pardillo buena persona, el hecho de que el director Pascal Chaumeil había dirigido antes "Los seductores" y que los productores habian producido "Intocable".

Todo presagiaba una buena comedia más, pero en cine las cosas no son matemáticamente certeras: dos más dos a veces no suman cuatro sino dos y medio. Y eso ha pasado esta vez.

¿De qué va? De Una damisela hermosa (Diane Kruger) enamorada de su novio (Robert Plagnol) y de su resuelta vida de pareja, milimitrada y organizada como un cuartel, que se enfrenta a una risible pero molesta leyenda familiar: las mujeres de su familia nunca aciertan con el primer marido, sino con el segundo. Y la joven Isabel no quiere enfrentarse a la posibilidad de fracaso. Así que intenta hacer un matrimonio de conveniencia. Pero por diversos incidentes la persona que habia sido contratada para ello no aparece y el tiempo apremia, así que hay que escoger al primero que se presente. Y ahí entra Jean (Dany Boon) que resulta ser alguien imprevisible, pesadísimo, mal educado pero bonachón y nada convencional. Ya está servido el menú.

Aquí se podía haber recurrido a la finura de Howard Hawks, a la mala uva desternillante de Willy Wilder, a la ironía de Sturges, pero no. Se mantiene un tono de sal gorda, patetismo y gags que debe hacer reir mucho a ciertas personas pero que dejan un regusto incómodo y a veces amargo en muchos espectadores. Suecia, Kenia, Paris o Moscú son los escenarios del periplo que la Kruger sigue en pos del huidizo y simple Dany. Con algunos gags bien logrados como el encuentro de la pareja con el león en plena sabana africana o el ritual de la boda masai, se nos brindan otros, como el de la crema depiladora que rozan el escarnio.

En fin, no es una mala película. Solo precisa un poco más de sutileza, un poco menos de exceso: no todo está permitido para lograr las risas del espectador. Si se  te va la mano es posible que logres un efecto de repulsa o de verguenza ajena. Y esto ocurre varias veces en esta comedia.

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26 julio 2013 5 26 /07 /julio /2013 07:30

quintoendiscordia.jpg

 

El verano, con sus resplandecientes y largos días, con sus noches plácidas y el tiempo de ocio tan ansiosamente esperado durante todo el año es una ocasión ideal para recuperar algún clásico moderno, de esos que circulan por circuitos alejados del bestsellerismo ambiental y que van viviendo una trayectoria de éxito incesante con aroma elitista, delicias para gourmets de la literatura o para pacíficos fanáticos del libro, devotos de algunos autores, pocos. De vez en cuando me permito dar la espalda al anaquel de lecturas actuales, aún con olor de imprenta y desempolvo uno de esos libros que jamás abandonan su sitio en la biblioteca permanente y que fueron leidos con asombro y deleite hace un número variable de años.

En esta ocasión voy a mencionarles la obra de un escritor canadiense, muerto en 1995, llamado Robertson Davies, cuyo aspecto físico, si ven alguna fotografía, es un cruce entre Charles Darwin, Julio Verne y Leon Tolstoi. Lo más impresionante de este tipo es que sus novelas tienen el talante científico y las raras erudiciones del primero, la fantasía sin límites del segundo y la fuerza literaria en personajes e ideas del genio ruso. Su novela se titula "El quinto en discordia", editada por libros del Asteroide en 2006, traducida por Natalia Cervera, publicada en el mundo anglosajón en 1970 y primera parte de una trilogía llamada "de Deptford" (práctica habitual en Davies, que escribió cuatro trilogías con nombres de ciudad, aunque las novelas se pueden leer independientemente). A petición de mi librero, Serret, que quería saber algo de este escritor, les voy a contar de qué va esta novela magnífica.

¿Saben qué es el quinto en discordia? Es una expresión del mundo de la ópera que designa "al elemento ajeno... el que conoce el secreto del héroe, ayuda a la heroína o puede provocar la muerte de alguien que resuelva el argumento, pero esta fuera de la atracción de los opuestos, el héroe, la heroína, el villano y la bruja. Es un solitario, el que mira, el observador que trata de no implicarse aunque siempre acaba haciéndolo. Y sin su presencia, la trama no llegaría a su fin" (pág.289).

Y esta es la historia de la vida de Dunstan Ramsay, narrada por él mismo para explicar su papel en la vida del magnate canadiense Boy Staunton, asesinado en circunstancias misteriosas. Ramsay es el "quinto en discordia" de una trama que se desarrolla como una compleja y fascinante caja de sorpresas, que cubre toda la existencia de este hombre peculiar, desde su infancia donde ocurre el hecho capital que condicionará su vida y la de los otros, un acto fortuito protagonizado por su amigo-rival Staunton: lanza una bola de nieve con piedra dentro hacia Ramsay pero da con una víctima inesperada, la embarazada señora Dempster, que perderá la razón a causa del golpe. Ese accidente fortuito marcará la vida de los personajes principales de esta novela... Bien, sólo déjenme decirles que estos personajes siguen destinos novelescos --y muy reales-- interesantes e inesperados o sorprendentes y que van empujando sus diferentes vidas hasta puntos de encuentro que dan un maravilloso sentido total a la novela.

El ceremonioso, irónico y sarcástico estilo de Davies, rebosante de melancolía y humor, pródigo en referencias cultas y en curiosos conocimientos tratados con habilidad y respeto, desde el psicoanálisis a la hagiografía sagrada de santos católicos, desde la historia de las religiones a la economía y los negocios, desde la historia a la filosofía o la ópera, desde la magia al mundo del circo o las trincheras de la primera guerra mundial, hacen de la novela un verdadero --y mágico--cajón de sastre literario donde acaba perfilándose con claridad el ovillo de la trama.

De esta forma conoceremos a un autor que ha influenciado las novelas de  John Irving o Paul Auster entre otros. lleno de buen gusto literario y una forma de contar tradicional que suena un poco a épocas pasadas pero que supera la nostalgia al estilo de Dickens o de Stefan Zweig, con un soberbio dominio de la escritura y una esmerada atención al retrato de personajes y la solidez de la trama. No sólo los protagonistas son magníficos, también surgen secundarios con una fuerza y un poder de sugestión formidables, como el jesuita padre Blazon o la socia del mago Eisengrim. 

La trilogía de Deptford se compone de "El quinto en discordia" que protagoniza  Ramsay, amigo de Staunton, el cual --su hijo-- coge el relevo en "Mantícora", la segunda y acaba con "Mundo prodigioso", en la que el protagonista es Paul Dempster, el hijo de la víctima de la bola de nieve, Mary Dempster --por cierto qué personaje éste tan intensamente bello--, cuyo golpe provoca un parto prematuro y es el motor que influirá en las  vidas de los tres muchachos, hasta su final.

Esta primera novela cierra el misterio de la muerte del magnate (ahogado en el río con una piedra metida en la boca y aferrado al volante de su coche) con una enigmática frase que abre la puerta a buscar las otras dos novelas: "Fue asesinado por la conspiración de siempre: por sí mismo, en primer lugar; por la mujer que conocía; por la mujer que no conocía; por el hombre que le concedió su mas intimo deseo y por el inevitable quinto personaje, guardián de su conciencia y guardián de la piedra" (¿aprecian el regusto de las paradojas y el estilo de Chesterton en este cultísimo autor  canadiense que nos está dando las claves de la solución por si no queremos aceptar su invitación a leer las otras dos novelas de la trilogía?).

Háganse un regalo importante: encarguen este libro o búsquenlo en una buena librería y se harán miembros de esa fraternidad cada vez más amplia pero siempre escogida que es la de devotos de Davies.

 

FICHA.  

EL QUINTO EN DISCORDIA.-Robertson Davies.- Traducida por Natalia Cervera. Libros del Asteroide.- 339 páginas. 18,95 euros.  

 

 

 

 

 

 

 

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19 julio 2013 5 19 /07 /julio /2013 19:41

excursiones-7316.JPGUno de los grandes privilegios de caminar por la montaña es la posibilidad más o menos cierta de toparse con algún animal salvaje de la zona. Generalmente suelen ser encuentros a distancia, entrevistos escorzos huidizos o ejemplares de cabras, corzos o jabalíes como relámpagos de vitalidad surgiendo y desapareciendo en unos segundos. En contadas ocasiones se produce el milagro, un macho cabrío bien astado se cruza contigo en un camino solitario o pasta tranquilo con el viento en contra y no se percata de tu presencia hasta que un ruido minúsculo lo pone en tensión y se dispara entre la maleza desapareciendo con una postrera mirada de reproche. En esta ocasión, también con el viento a mi favor y mi inmovilidad absoluta al divisarla tan cerca, permitió que pudiera admirar y al fin fotografiar a una marmota que tomaba el sol tranquilamente en un roquedal pirenaico. excursiones-7270.JPGEstaba bajando del Vallibierna, un tres mil cercano al macizo de la Maladeta y al Aneto. Bajaba ensimismado y concentrado en el sendero estrecho y en fuerte pendiente. La ví a unos cincuenta metros. Extremé la precaución de bajar muy lentamente y sin hacer ruido. Me detuve a unos tres metros sin que me oyera o le llegara mi olor. Durante unos minutos disfruté del animal en  su paz, los bracitos a lo largo del cuerpo, apoyada en la roca, tomando el sol con un aspecto placentero y casi humano. Sin hacer gestos bruscos saqué la pequeña camara que siempre llevo en el bolsillo. Le hice varias fotos. Entonces me senté en una roca y me dediqué a mirarla. Había un silencio total en la difícil ladera de la montaña. Se estaba cubiendo el cielo rápidamente con un manto gris oscuro. De pronto el sol desapareció y un trueno cercano alertó al animal que se irguió como un lemur. Miró a su alrededor. Me vio y se quedó unos segundos observándome con interés. Un nuevo trueno, más cercano, la puso en tensión. Comenzaron a  caer gotas. Tras otro vistazo hacia mí, se dio la vuelta y con tres ágiles saltos desapareció entre las rocas. No se muy bien porqué, pero me sentí feliz. Me negué a analizar la sensación de plenitud. Simplemente la disfruté. La lluvia complicaría el descenso. En ese momento no me importó.

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18 julio 2013 4 18 /07 /julio /2013 09:30

la-vida-cuando-era-nuestra-9788426421807.jpg

 

 "Lee siempre que puedas. Eso te salvará", dice uno de los personajes de "La vida cuando era nuestra", la amable y nostálgica novela de Marian Izaguirre. En todo caso, los libros, la lectura, los escritores y los libreros (de ahí la sonrisa cómplice con la que Octavi Serret, el librero de Valderrobres, me entregó el libro) forman el epicentro emocional de esta novela en el que se entrecruzan dos historias, dos novelas en una: la que nos habla del hoy --Madrid en 1951 bajo el sórdido sello de la postguerra-- y las que nos cuenta la vida de una mujer cosmopolita a principios del siglo XX en escenarios múltiples entre el lujo y la cultura que a veces facilita la riqueza. En ambas existe un hilo conductor, el amor y junto a él la amistad, el espiritu de sacrificio, la valentía y el temor, la lucha por los ideales y la injusticia entronizada en un régimen dictatorial. Todo ello narrado con la pasión por el detalle y los sentimientos de una mujer, la autora, que parece amar la amabilidad y el decoro, la amistad entre mujeres y las sabias posturas femeninas de resistencia pasiva y arrojo en las dificultades. Marian no es de esas escritoras que cuando nos llevan a la solución de un problema surgido en su narración nos meten de matute otro problema mayor. Su actitud ante el lector es honesta y clara, no hay subterfugios ni trampas literarias, todo, incluso la misma complejidad de los cambios de punto de vista narrativo, se nos presenta de una forma comprensible. Es como si una vieja amiga nos contara una historia buscando más nuestro placer que nuestra sorpresa, con las cartas sobre la mesa, sin amagar detalles, atenta unicamente a conmovernos.

La implicación de las dos corrientes narrativas  está muy bien conseguida en su gradual descubrimiento. Seguimos a dos narradoras en primera persona, Alice, la mujer madura inglesa que vive en Madrid envuelta en su pasado y Rose la desconocida autora de una novela "La chica de los cabellos de oro", que comparten un estilo romántico, sentimental y dinámico.  Una narradora omnisciente revela el romántico y amenazado pequeño mundo de una pareja, Lola y Matías (éste con un pasado republicano que le ha costado casi la vida) que tratan de sobrevivir penosamente con una pequeña librería de lance donde también se venden lápices y amterial de papelería o se prestan libros. El proceso narrativo nos revela el elemento dinamizador de la historia: Matias, el librero, coloca en el escaparate de su modesto negocio, el libro de memorias de Rose, aparecido misteriosamente entre los libros por vender, en un atril y abierto cada dia por una página distinta y correlativa  para estimular a los viandantes a que se detengan y lean pues ha prometido que al que acabe la lectura le regalará el libro. Pero esta idea publicitaria cumplirá otra función inesperada: unir en estrecho lazo de amistad y afecto a la joven esposa del librero, Lola y a la extranjera, ya que serán ellas las que lean conjuntamente las presuntas memorias.

No es difícil percibir por dónde nos lleva Marian, pero no importa. Su dibujo del Madrid que sale timidamente de la oscura postguerra y de los "felices" principios de siglo en Paris, Londres o la Riviera, le permite ofrecernos una estampa bien conocida por muchos lectores, las "apariciones estelares" de personajes que "suenan" a Hemingway, Faulkner, Dos Passos, Gertrude Stein, Scott Fitzgerald y su esposa Zelda. Un guiño al lector que la autora desvela al final para los que no se percataron.

Escritores, libros, citas, desde Katherine Mansfield a Emily Dickinson, Sartre, Camus, Carmen Laforet recién premiada  por "Nada" como nota hispana y sin descuidar referencias musicales (quizá un contagio de la temática de la novela anterior de Marian) ya que toma como titulo de la novela "leída" por las dos mujeres, una pieza de Debussy; o de tipo artístico, Picasso por ejemplo.

Novela que deja un buen sabor de boca y cuyas páginas finales deberían ser leídas, preferiblemente por las lectoras --los guiños descriptivos de trajes, peinados y actitudes amorosas de las mujeres que protagonizan la obra están sabiamente dedicados a ellas -- mientras escuchen el adagietto de la Sinfonía nº5 de Mahler. Los lectores varones apreciarán también la inteligente e irónica visión femenina del comportamiento masculino, no exenta de ternura y pasión, por supuesto. Una lectura apacible y con encanto.  

 

FICHA

LA VIDA CUANDO ERA NUESTRA.-Marian Izaguirre.-Ed. Lumen.-409 págs. 

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12 julio 2013 5 12 /07 /julio /2013 07:44
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 Hace tiempo que quería hablarles sobre un escritor atípico, minoritario, salvaje, inteligente y minoritario, Mauro Corona, pero cuya valía literaria y humanaes tan enorme que a uno se le desgastan los adjetivos para recomendarlo: esta coincidencia de valores resulta muy escasa en este mundo de la literatura, donde suele haber buenos escritores que son personas menos buenas y buenas personas que suelen ser escritores mediocres, aunque a veces no se cumple este determinismo, gracias  al dios de la estadistica.
El libro que hoy les aconsejo (vivamente), editado por Altair en 2006, "Fantasmas de piedra" ("Cuando una aldea era el mundo") es una narración ficticia, imaginativa, basada en un hecho luctuoso real, presentada en un suculento envoltorio literario. Concierne a la historia de un pueblecito engastado en el corazón de los Alpes italianos, Erto, situado justo debajo del embalse del Vajont. La noche del 9 de octubre de 1963, el monte Toc se derrumbó sobre las aguas del embalse  --300 millones de metros cubicos de roca-- formando una ola gigantesca, una especie de sunami indonesio, que saltó hacia el valle y arrasó la aldea, matando a casi dos mil personas. Uno de los supervivientes, un niño de trece años, Mauro Corona-- que más tarde se haría montañero experto, escultor en madera y después de 1997, escritor de éxito moderado. Pero este plumífero ha creado un estilo y una categoría literaria propios que lo convierten en uno de esos grandes escritores "subterráneos" que viven de la fidelidad y la admiración de numerosos círculos de "entendidos", como una masonería literaria dedicada a un escritor casi misterioso que vive aislado en una casa remozada de una aldea de los Alpes destruida por una ola gigantesca.
En Italia Mauro Corona no es tan "subterráneo". Ha publicado unos 20 libros de los que ha publicado millones de ejemplares. Pero solo con "Fantasmas de piedra" este escritor ya merece que los buenos lectores corran a una buena librería (Serret de Vallderrobres tiene a este autor en las atestadas baldas de su local) y disfruten con la recreación literaria que hace de los habitantes y las casas y calles, el ambiente de su aldea, antes de aquel ominoso 9 de octubre y, naturalmente, desde el "ahora", cuando la vida vuelve a florecer gracias a la imaginación y llena las calles de la aldea de "fantasmas de piedra".
Corona revive Erto con la habilidad de un Rulfo, la justeza de un Onetti y el misterio de Borges. Un amplio abanico de las gentes de la aldea y sus risas, llantos o impecraciones, los susurros que acompañan la existencia, son descritos de una forma genial (magnífica la traducción de Alida Ares) y estremecedora, con un encanto que va abrazando al lector con la persistencia gratificante de un Tolstoi pero también la caricia de un intimista Chejov. Hay algo de contador de cuentos tradicional en este italiano de pelo y barba largos y encrespadamente blancos, de aspecto enjuto y fibroso, con movimientos de deportista en forma a pesar de su edad. Sus historias sobre las gentes de Erto son magníficas, respiran vida y forman esa amalgama poco habitual de experiencia vivida, imaginación y dotes poco comunes de observación, que unido a una hipnotizante capacidad de relatar, crean un libro de los que dejan huella y uno conserva siempre en el eaaquel de los libros indispensables.
Que nadie suponga que estamos hablando de un autor al estilo de Giovanni Guareschi, el de "Don Camilo y Peppone", de un costumbrismo anacrónico disuelto en el pasado, no. Estamos hablando de un artista, de un tallador de madera valorado en Italia y un escritor valorado en toda Europa por las gentes que entienden de qué va eso de la calidad literaria. Un hombre que se ha recluido en la aldea destruida junto con un grupo de amigos, casi todos ejercitantes de las más diversas disciplinas artísticas y que confiesa que lo hace porque "cuando seamos viejos, desde las calles de la Erto muerta nos observará nuestra infancia, nos sonreirá nuestra adolescencia. Ambas vendrán a recordarnos los tiempos felices, cuando el pueblo estaba vivo y bullía de gente y vivíamos en paz con nuestro trabajo y nuestras fiestas, y nosotros éramos jóvenes, llenos de exuberancia y entusiasmo". Y, atentos, nada de visiones idílicas, de rusticidad poética, olvídense de eso. No hay complacencia en la memoria de Corona, sino humanidad. Pura y dura. La sobriedad y el estoicismo con el que habla de las durezas, sinsabores y crueldades de esa rememorada existencia, la suya y la de otros, ponen los pelos de punta. Estructurado en cuatro partes como las estaciones del año y su efecto en las gentes y las calles de la aldea, revividas en la epoca actual a partir de elementos o lugares concretos que Corona nos describe hoy, en ruinas y el lejano ayer, llenos de vida. La lectura sigue una misteriosa cadencia que tiene ritmo y un endiablado encanto. Es seguir los detalles de un gran fresco a través de la memoria y la imaginación. 
Este hombre, que nació en un carromato, sus padres eran vendedores ambulantes, este escritor tardío, escultor y escalador que confiesa que las tres actividades tienen un punto común: "la destreza de eliminar lo superfluo", es una auténtica sorpresa y provoca un reto en el crítico: hacer que su libro se lea lo más posible, para bien del lector, por supuesto. Y, de ahí este artículo.
 
FICHA
FANTASMAS DE PIEDRA.-Mauro  Corona.- Ed.Altaïr.- Clásicos heterodoxos.- Traducción: Álida Ares.- 292 págs.                    
         
 
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4 julio 2013 4 04 /07 /julio /2013 09:13

 

 

señor foxHelen Oyeyemi es británica de origen nigeriano. Tiene cuatro novelas editadas y ésta, "El señor Fox", es la segunda que publica en castellano, con el sello de calidad de Acantilado y una excelente traducción de María Belmonte. Mi librero, Serret, me proporcionó el volumen con un misterioso "No sé de qué va, pero el duende de la librería me ha susurrado que es buena". No siempre acierta nuestro duende, cosa disculpable dado el volumen de publicaciones, manantial que no cesa, pero cuando se digna intervenir conviene tenerle en cuenta. En esta ocasión no se equivocó y he disfrutado de unas horas de encantamiento, sonrisas y diversión ante una inventiva --la de la autora-- llena de ironía, desenfado y un saludable sentido surrealista de la vida y de las relaciones entre sexos. Oyeyemi da una curiosa sensación de madurez, aunque aún  no ha cumplido los treinta años. Hay dominio del lenguaje (dentro de lo relativo de esta afirmación, ya que no olvidemos que se trata de una traducción), una visión original de la realidad, que parece descoyuntarse y cambiar de perspectiva como en un sueño, a caballo de la ironía, un cierto humor muy "british" y una vocación de ruptura, disgresión y desafío. Un universo propio que recuerda al mejor Auster, pero menos intelectualizado, más a flor de piel, más atrevida, con una sensibilidad hacia lo cotidiano que suena al Murakami de los primeros libros..

Como Martin Amis o Zadie Smith, Oyeyemi ha sido incluida en la lista Granta, que se confecciona cada diez años y recoge a los escritores británicos de menos de 40 años cuya calidad hace esperar poco menos que milagros editoriales. Con toda la desconfianza que me merecen esos "canon" tan queridos por los departamentos de promoción de las editoriales, lo cierto es que en algunas ocasiones el tiempo les ha dado la razón. En esta novela, Oyeyemi despliega una trama que ya hemos  encontrado en otros autores: la experiencia de un escritor que se debate entre su musa, un personaje de ficción (o no) y su esposa, precisamente un tipo de escritor que en sus ficciones resulta ser una especie de don Juan o de Barba Azul, aficionado a eliminar violentamente a sus personajes femeninos. Su musa (amante, segun su esposa)  discute con él, por esa tendencia homicida, y le invita a explorar --"conjuntamente"-- otras ficciones y otras posibilidades. Como una especie de Sherezade, la autora nos lleva a un divertidísimo viaje por los espacios de la imaginación, donde sus protagonistas danzan en la linea divisoria de la ficción y la "realidad", adoptando papeles e historias que mantienen al lector pegado al libro, respirando historia tras historia de una forma suculentamente divertida, sorprendente a menudo, ingenua en ocasiones y siempre muy inteligente y osada. Una especie de "Mil y una noches" de nuestra época y en esta sociedad desorientada del siglo XXI, en la que todos lo armarios guardan un secreto feroz y una sorpresa, narrados con una femenina -que no feminista- conciencia de género (bajo la batuta de la musa del señor Fox). ¿Realidad? ¿Ficción? Oyeyemi juega con nosotros a mezclarlos, de forma tan sabia e intrincada, que no sabemos muy bien dónde estamos pero tampoco nos importa, mientras sigamos la voz de la narradora.

La pluralidad de "yos" que forman una personalidad determinada, por muy equilibrada que esté, sirve de acicate para la escritora y es el motivo central del argumento. Literatura del absurdo disfrazada de realista, en la que va surgiendo un aspecto mágico del mundo que nos rodea, ya sea en la cabina de un avión o en una escuela dictatorial encargada de educar a jovenes varones disolutos para que sean dignos maridos de esposas que los compran. El amigo imaginario, la musa que se encarna como en la leyenda de Pigmalión, van estructurando el relato que, como un detalle original que entronca con los cuentos de hadas, no rehúye la violencia extrema, instantánea y casi inocente (todas las mujeres de los relatos de Fox suelen acabar descabezadas de una forma como casual y sin darle más importancia).

Esta imaginativa revisión del mito de Barba Azul, mezclado con Pygmalión , se lee realmente como un revolucionario cuento de hadas, con la gracia "destroyer" de un cuento de Lovecraft o de Roald Dahl, rondando lo macabro y lo mágico, con unos diálogos excelentes y una divertida versión de la clásica lucha de sexos, en la que al estilo del "Orlando" de Virginia Woolf, los dos protagonistas, el escritor y su musa parecen confundirse de sexo. y llegar a ser la misma persona. Esa perversidad inherente a la narración es uno de sus encantos más picantes. En resumen: no se la pierda.

 

FICHA

EL SEÑOR FOX.- Helen Oyeyemi. Traducción de María Belmonte. Editorial Acantilado.292 págs..

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28 junio 2013 5 28 /06 /junio /2013 07:21

el-problema-de-spinoza-9788423346141.jpg

Una nueva novela de Irvin D. Yalom es una tentación irresistible. Octavi Serret me invita a escribir sobre ella y en correspondencia le obsequio un ejemplar de la edición sudamericana de "El día que Nietzche lloró", asegurándole "es una de las novelas que debería figurar en el Canon de las novelas del siglo XX". Dicho libro me descubrió a este escritor-psiquiatra norteamericano, profesor de la Universidad de Stanford. Después publicaría "La cura Schopenhauer" que también devoré, ya que comparto con Yalom la fascinación por la filosofía (curiosamente Spinoza, Nietzche y en menos medida Schopenhauer, forman un triunvirato inexcusable para cualquier estudioso de la filosofía). Yalom es un intelectual judío que rebosa la sutileza, cultura y profundidad habituales en los pensadores de su raza y que aplica con habilidad las técnicas y conceptos de la psiquiatría analítica a unos argumentos novelescos interesantes y llenos de dinamismo, sentido de la intriga y fuerza literaria en  el diseño de personajes, diálogos y acción.

Dicho esto, comprenderán que la lectura de la novela "El problema de Spinoza" pasó a primer plano desbancando otros libros en proceso de lectura. Y bien, como sucede alguna vez con casi todos los autores a los que admiramos, en mi opinión esta novela no está a la altura de sus dos precedentes. Hasta me irritaron demasiado las erratas (esos presentes verbales convertidos en pasado por el absurdo añadido de un acento o, pag 293, un "gran error tenerlo hay " --ahí--) por supuesto no imputables al autor sino a la editorial, pero que da una medida a mi decepción, ya que uno por desgracia ya empieza a habituarse al desaliño con el que se publica.

Yalom, que rozó la perfección con su libro sobre Nietzche y llegó a un buen nivel con Schopenhauer, precisamente con Spinoza, el genuino representante de su propia tradición judía en el mundo de la filosofía, no consigue hacerlo un personaje literario creíble. Sin duda la labor es bastante delicada y poco menos que imposible dado el talante del pensador holandés del siglo XVII y lo complejo y oscuro de muchas de sus ideas y textos (que le valieron la excomunión de la comunidad judia de Amsterdam). La imbricación de esos conceptos en la trama, en los diálogos y en los personajes es excelente aunque reiterativa, así como los escasos hechos históricos documentados que existen sobre la vida del filósofo. La trama sigue dos direcciones paralelas, una en el siglo XX, en Alemania, con un jerarca nazi Rosemberg y su amigo psicoanalista Fiedrich Pfister y la otra en tiempo de Spinoza, con su amigo Franco, judío como él, cuyo proceso de cambio está excesivamente forzado por el novelista que lo transforma en un trasunto de Pfister, casi con el mismo estilo de pensar (cosa muy improbable) y de hablar.

El elemento argumental generador de la novela (que el autor confiesa en el prólogo) es un hecho histórico confirmado: tras la ocupación nazi de Holanda en 1940, el encargado del expolio de obras de arte en los territorios sometidos a la cruz gamada, Alfred Rosemberg (que sería juzgado y ahorcado en Nuremberg) haría confiscar los libros y enseres que contenía la casa donde vivió Spinoza, convertida en museo, en el pueblecito de Rijnsburg, cercano a Amsterdam. Los libros de Spinoza no eran los originales --que habian sido subastados para pagar las deudas del filósofo a su muerte-- sino otros volúmenes semejantes publicados en la misma época. Fueron almacenados por los nazis en un depósito de miles de libros incautados improvisado en unas minas de sal en Alemania esperando el final de la guerra. Ahora han vuelto al museo de Spinoza en Rijnsburg. 

Nuestro novelista imagina cúal fue el motivo de ese extraño interés nazi por un pensador judío y lo refleja en su sugestivo análisis psicológico y literario de la personalidad de Rosemberg, un jerarca nazi detestado y despreciado por el resto de los gerifaltes del régimen, incluído Hitler. En un informe real, firmado por Rosemberg, se afirma que esos libros eran "de gran importancia para la investigación del problema de Spinoza". Así que ya tenemos el elemento causal literario que inflamó la creatividad de Yalom, aunque ni en la novela ni en ningún otro sitio sepamos cuál fue tal "problema", por lo menos para los nazis, cuya táctica habitual de tratar los problemas judíos terminaba en la incineración.

Creo que hay un poco de precipitación en el autor de esta novela y en su interés por explicitar todos los elementos de la trama. Hay momentos en que parece que Yalom ha disparado una flecha argumental de gran calado u luego ha ido hacia el lugar donde se ha clavado la flecha y ha pintado una diana a su alrededor. A pesar de la metáfora algo maliciosa, lo cierto es que Yalom conjuga bien sus habilidades como escritor, hombre de ideas y reflexión y profesional de la psicología. Pero no logra convencer a través de sus personajes, ni de las vivencias que nos cuenta. Es como si el exceso de temas y el alcance de su profundidad hubiesen desconcertado al escritor, que nos comunica a través de su texto esa incomodidad.

Baruch --Bento, Benedictus-- Spinoza no acaba de parecernos real a pesar de la enorme aportación de sus ideas, creencias y actitudes (muchas de ellas contradictorias según Yalom). Rosemberg, sin embargo,es analizado con maestría aunque como personaje activo acaba pareciendo poco coherente (interesante la figura de este supuesto ideólogo de los nazis, un sujeto escasamente dotado y un fanático casi patológico: inexplicable su fascinación por Spinoza). Los dos secundarios, el judio Franco y el psiquiatra alemán Pfister, son dos versiones del mismo personaje en épocas distintas, pero ambos están bien fundamentados y son creíbles., aunque uno no puede dejar de pensar que tras ellos, en las sombras, mueve sus hilos nuestro autor y se refleja en ellos.

Por tanto, novela apreciable, pero a un nivel más bajo que las anteriores de este psiquiatra inteligente que aquí ha descuidado un poco la  apariencia externa de la trama --que, en esencia, prefigura la obra literaria--, y no ha podido impedir que las costuras e hilvanes queden a la vista.

 

FICHA

EL PROBLEMA SPINOZA.- Irvin D. Yalom.- Traducción de José Manuel Álvarez-Flórez.- Ed. Destino.460 págs. 19,50 euros 

     
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22 junio 2013 6 22 /06 /junio /2013 07:14

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Ramón Andreu Anglada es un joven psiquiatra de 76 años con una larga vida profesional (es médico desde el año 67 y psiquiatra desde el 71) y, en lo que nos concierne en este momento, un autor imaginativo, sencillo, con ganas de hacerse entender y simplificar los conceptos y la jerga profesional psiquiatrica y psicoanalítica. Así pues, esta obra que hoy recomiendo está dirigida y destinada al gran público y para ello se despoja voluntariamente de tecnicismos y complejidades conceptuales para entrar de lleno en el cada día de cualquiera de nosotros, con nuestro bagaje de ansiedad, temores, carencias y desorientación. No tenemos enfrente (tras las páginas) a un maestro ensorberbecido por su ciencia y su prestigio, sino a un amable y comprensivo doctor de toda la vida, ese que antes se llamaba "de familia" que, con un estilo amigable y coloquial --despues de escuchar pacientemente todo lo que tengamos que decir sobre nuestro problema-- se pone a nuestra altura y deja surgir, como el que no quiere la cosa, más que ciencia y conocimientos (que también los hay) ese ingrediente tan escaso y difícil de encontrar que se llama "sabiduría".

Como escribe él mismo en su presentación, Ramón Andreu  nos ofrece un "ensayo divulgativo" y entra en materia inmediatamente presentando una propuesta que  es una metáfora feliz sobre la mente. "Igual que un GPS nuestro inconsciente recibe señales de una constelación de satélites: la constelación familiar  (el "grupo original") ... con la que se establece una triangulación, padres-hijo o padres-hermanos-hijo". Todo lo basa Andreu en la "crianza", de ella depende que el inconsciente tenga el armazón preciso y reciba bien las señales adecuadas...con ellas armamos nuestra vida a traves de una hoja de ruta, que nos permita desplazarnos adecuadamente a los largo de los cuatro puntos cardinales: el Norte (la relación con nosotros mismos, la autoestima); el Sur (la relación con los otros, familia, amigos, compañeros de trabajo); el Este, la relación con el dinero y el Oeste (la relación con el tiempo).

Y empezamos con la figura clave de la madre, de su mirada, de su afecto o su rechazo, de su presencia o de su carencia, que es la que marcará, principalmente,  la relación con nosotros mismos. Con una indiscutible estructura psicoanalítica freudiana, nuestro autor va siguiendo paso a paso la casuística del crecimiento, la influencia de las figuras parentales y para aclararnos conceptos y que no pensemos que todo es, al final, literatura, da entrada a una serie de figuras reales, ex pacientes, a los que pidió permiso para ejemplarizar los conceptos con sus historiales (por supuesto cambiando todo aquello que pudiera propiciar una identificación).

Psicología aplicada, empatía personal, conocimientos confirmados por la experiencia son los instrumentos de este autor y a ellos se suman los ejemplos claros y vivos, auténticas historias de personas que han  sufrido y cómo se les ha ayudado, qué vía de conocimiento propio y sobre todo de aceptación han tenido que recorrer para superar el obstáculo que arruinaba sus vidas. La sencillez de las explicaciones de los casos narrados se ve abonada por el lenguaje coloquial, a veces con rasgos de humor que el autor se permite. Y asi puede decirnos: "la imagen de sí mismo que el hijo capta en el espejo materno, se impone siempre por goleada a su realidad auténtica, por apabullante que esta pueda parecer y ser" (pág. 33).

Uno de los elementos que más me han atraido de este autor es su insobornable y festiva honestidad profesional que le lleva, por ejemplo a afirmar cuando habla sobre la "toma de conciencia", el "insigth" analítico, en el que el paciente descubre la liberadora y dolorosa razón de su bloqueo o de su problema: "Es falsa la creencia, muy difundida...por ciertas películas...de que el descubrimiento o toma de conciencia tiene un poder curativo por si solo. Como si fuera mágico".  Y después pone en la picota a los gurús que prometen mejoras intelectuales elevadísimas siguiendo tal o cual método: "El grado de inteligencia cognitiva... es innato. Se nace con él no se adquiere" y con mucho esfuerzo podemos llegar al máximo potencial que hemos recibido, pero no más. Y si nuestro potencial es bajo...pues no lo superaremos aunque eso si, aprenderemos a aplicarlo mejor.

Educación de los hijos (interesantes los estímulos precisos para conseguir que el GPS les funcione bien, (pag 50 y sgtes) relaciones responsables con los demás, con el dinero y con nuestro tiempo (capitulo particularmente interesante, suele ser un tema descuidado en la psicoterapia) van siendo expuestos con numerosos ejemplos (en las mismas personas cuyo historial se nos presentó al principio) que, al final, nobleza obliga, el autor nos volverá a traer a escena para contarnos cómo les fué con la terapia y en qué situación están.

Explicación detallada de conceptos, figuras, ideas, palabras técnicas y definiciones clasicas de los problemas y dolencias psicológicos que padecen las personas, todo ello con un lenguaje cercano que aclaran las expresiones psicoanalíticas y psiquiatricas que uno oye por doquier pero, a no ser que sea un profesional de la salud, no sabe muy bien qué significan o cual es su contenido, desde la diferencia entre neurosis y psicosis o qué es el "complejo de Edipo".  Con alguna divertida perla, como "el adulterio es psicopatólogico por definición y por esencia "aunque muchos psiquiatras no lo crean...". (pag.87) .

Y asi podríamos seguir, pero prefiero dejarles que "descubran" este libro excelente escrito con pundonor profesional, gracia y una aptitud hacia la claridad y la pedagogía que acaba con una frase ilustrativa de ese tono humano y humanista que sostiene el autor: "...he intentado transmitir un mensaje de esperanza: nuestra vida y nuestro futuro está en nuestras manos y no en las del "destino". Este podemos cambiarlo". Y una humilde confesión: "Al describir todo lo escrito...no pretendo haber descubierto nada nuevo ni original. En su dia fue descubierto por Sigmund Freud". (pag.285). Bueno, disiento de esta última frase. Freud diseñó la estructura básica del psicoanálisis (ni siquiera fue el inventor de todas esas ideas, sino el "arquitecto" que las ensambló) pero lo que Ramon Andreu nos ha contado recoge un corpus de conocimientos, conceptos e ideas que ya han superado de largo a Freud y han perfeccionado algunas de sus intuiciones aún relevantes, pero eso es otra historia. 

 

FICHA

El GPS secreto de nuestra mente.- Nuestros cuatro puntos cardinales.-Ramón Andre Anglada. Ed. Octaedro.- 294 págs.- 23,80 euros.

 

 

 

 

 

 

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13 junio 2013 4 13 /06 /junio /2013 07:05

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Como es sabido, Luís Mateo Díaz es uno de los más conocidos cultivadores de la novela corta de este país. En la buena tradición de los narradores anglosajones --Conrad, Kipling, Woolf, Carver-- y los  europeos (Camus, Kafka, Tosltoi-- y la no menos rica pero escasa tradición de los grandes escritores de corta distancia en castellano. En España somos más dados al novelón de largo aliento --con algunas honorables excepciones en el XIX, Pereda, Pardo Bazán, Juan Valera-- y sólo en el siglo pasado, al amparo de los multiples premios literarios, comenzó a surgir una bastante rica muestra de escritores breves y enjundiosos, que quedaban de inmediato encerrados en el Purgatorio de este tipo de narrativa, desgraciadamente poco valorada por el público lector en estos lares.

El leonés, miembro de la Real Academia, es un escritor de aliento tradicional, largo recorrido narrativo, estilo formal, lento, algo rebuscado, de perífrasis largas y comentarios complejos pero precisos en los que, de pronto, estalla un fulgor poético o una frase de humor austero. No es un escritor fácil y hay que acostumbrarse a la solidez recia y castellana de su estilo. Todo ello se corresponde con un mundo narrativo propio, cerrado en sí mismo, un mundo geográfico, nominalmente imaginario. Personajes con nombres que huelen a pueblo o capital de provincia de los cincuenta del siglo pasado y a historias donde transita un tiempo ido donde las emociones y pasiones humanas parecen recién surgidas del armario de un ayer que quizá nunca fue, dotadas de un aire entre fantástico y nostálgico.

En este libro, compendio de narraciones cortas que su autor convierte en fábulas de la vida y el destino humanos, hay una voluntad poderosa de reflejar el,encanto y las contradicciones, las mezquindades, la soledad, el orgullo, la búsqueda y el desasosiego de una serie de personajes que deambulan por los relatos  buscando algo, quizá un sentido a la existencia. En muchas ocasiones el relato transita como por zonas de sueño, se alarga morosamente sin llegar a clarificar o concretar cuál es la moraleja de la historia o la fuerza disgregadora de su desenlace y queda en una tierra de nadie en la que todo es posible y al tiempo no parece que vaya a cambiar nada.

Sentencioso y lleno de sabiduría tradicional, Mateo Díaz suele invocar en algunos de sus personajes esas consejas llenas de sentido común que resultan evocadoras para lectores maduros e hijos de esos pueblos y ciudades pequeñas donde  el idioma aun tiene marchamo de clasicismo y enjundia gramatical. Como dice el abuelo Honorio en el relato "El fulgor de la pobreza",  "La dignidad del que calla cuando debe es la que pide Dios. Cualquier palabra resulta vana si no es necesaria y pocas lo son" (pag.52). Y así sus personajes no suelen ser parlachines y compensan con un monólogo interior que fluye con la maestría técnica de nuestro autor. Escueto y austero en el fondo, los relatos se extienden por las páginas en un florecimiento a veces excesivo.

Durante diez años Mateo Díaz ha ido pergeñando estos relatos que aunque salieron en principio en distintos volúmenes, publicados de tres en tres, ahora los ha reunido en uno solo siguiendo el diseño de una obra específica que debía ser  su"comedia humana", una suerte de laberinto de espejos incrustrado en su peculiar mundo propio narrativo (como Faulkner o Benet, este es un  autor con escenario novelistico creado literariamente por él)  en el que sus personajes daban una vuelta de tuerca a ese mundo terrenal para permitir la incursión de lo inesperado, lo inexplicable, el caos de lo casual, la magia de las coincidencias, las "sincronicidades" que decía Jung. Como el maestro alemán del psiconalisis, Mateo Díez sostiene el tenso edificio de sus novelas con un andamiaje en el que la moralidad, huyendo de la moraleja, muestra sus perfiles ya sean positivos o carenciales. Por eso sus fábulas son "del sentimiento", ya que "implican esa orientación de las emociones que revela la fragilidad e intensidad de lo que se vive" (pág.10), sin olvidar también "lo más oscuro y misterioso de nuestras conmociones y comportamientos".

Doce fábulas independientes pero, por voluntad del autor, con un Guadiana interior común en el que surgen, --y se integran en la corriente oculta--, cuestiones (apuntadas por él mismo en un clarificador prólogo intitulado "Vidas, secretos, conmociones") como el desarraigo, el aprendizaje subliminal del odio, el amor como fuerza repadora pero también disgregadora, los secretos como "deus et maquina" de muchos comportamientos, la adolescencia como campo de batalla interior (en el relato "Los príncipes del olvido"), las deudas imperecederas, la subterránea violencia que subyace en las familias, los amigos, uno mismo, los vicios profundos que engendra el deseo y la soledad. Personajes sólidos, unas tramas interesantes que se desarrollan con cierta morosidad y que suelen ofrecer finales abiertos.

He aquí un honorable intento de Luis Mateo Díaz por lograr aquello que él busca en toda su obra, el reto de la perfección. Asombra la multiplicidad de sus recursos narrativos, primera persona, perspectivismo de la memoria, narrador omnisciente, discurso interior, diálogos.  "Fabulas del sentimiento" es una obra insoslayable para el seguidor o el conocedor de este escritor. Y una oportunidad interesante para el que quiera acercarse a él. Aunque estos lectores deberían empezar por una obra previa: "La fuente de la edad" (1986) que se llevó entonces el Premio nacional del Literatura y el de la critica.

 

 

FICHA

FÁBULAS DEL SENTIMIENTO.- Luis Mateo Díez. Editorial Alfaguara. 549 págs..

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