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22 enero 2014 3 22 /01 /enero /2014 08:14

lector-bagdad.jpg

 

Jabbar Yassin Hussin es un escritor iraquí nacido en 1954 en Bagdad que se exilió en Francia y actualmente vive en La Rochelle dedicado a la jardinería y la literatura. En "El lector de Bagdad" (ed. Siruela) se recogen algunos de los relatos que ha escrito con el desarraigo del exilio y la memoria unidos a algunas visitas esporádicas (a partir de 2003) a su país, ya destruido por la guerra, las invasiones extranjeras y las luchas interiores. Enriquecido por un prólogo magnífico de Alberto Menguel, el libro, editado en 2004, ha llegado a mis manos tras una búsqueda casual entre los libros amontonados en un quiosco de venta de libros usados del Mercado de San Antonio barcelonés. Ya estaba leido y subrayado por un lector anónimo que también dejó curiosos comentarios escritos en los márgenes. Menguel nos recuerda uno de los datos que más me atrae de estos escritores de los países arábes: su acrisolada pertenencia a la "comu hidad literaria más antigua del mundo". Pues aquí nació la escritura, unos signos rudimentarios sobre una tableta de arcilla que indicaban algun tipo de transaccción comerical. Y miles de años después esos signos darían lugar a los cuentos de las Mil y una Noches, a la epopeya de Gilgamesh, a Macbeth o a Sancho Panza, a Kafka y a los cuentos que componen "El lector de Bagdad".

Ya en el mismo comienzo del libro uno cree estar escuchando a uno de esos contadores de cuentos que solían mostrar su arte en los cafetines del barrio sur de Bagdad, junto al perezoso curso de las aguas ocres del Tigris. En uno de estos cafetines tuve la fortuna de escuchar a uno de ellos que, con gran picardía, nos incluyó a los occidentales que lo escuchábamos en el relato. De tal forma que aunque no sabíamos qué decía, sí comprobamos el efecto cómico que producía en los iraquíes que nos rodeaban. Pero volviendo al relato de Jabbar Yasin, nos habla de los tiempos remotos (el año 1258) en que los mogoles entraron en Bagdad a sangre y fuego y cómo construyeron sobre el Tigris un puente para invadir la ciudad. El puente estaba hecho de libros amontonados de la Biblioteca de Bagdad, casi totalmente expoliada. Y dicen que las aguas del Tigris corrieron negras durante algunas semanas  por efecto de la tinta de los libros  y manuscritos que formaban el puente. Encontraremos en las historias del libro, una biblioteca semejante a la de Borges, con libros en blanco que describe el viejo bibliotecario asegurando que "cada uno de estos libros es una gota de nuestra desgracia, de la desgracia de los hombres". En otro relato encontraremos el árbol del santo espino, que crecía junto a la isla de Simbad, en el lugar donde se abrazan el Tigris y el Eufrates. Al parecer el arbusto fue plantado por Adán. En babilónico se le llamó kishkanu y tenía la virtud de curar enfermedades y alargar la vida. Jabbar nos comenta secamente que el arbol se secó durante la dictadura de Saddam Hussein. Los cuentos de  Jabbar juegan con la realidad y la ficción, el hoy, el ayer y las leyendas, un tiempo fuera de la historia, mezclando lugares aunque casi siempre Bagdad es el centro, el ómphalos de todo, aunque a veces parezca Buenos Aires y nos crucemos con un bibliotecario ciego que se llama Borges. O, quizá el propio autor se encuentre en la orilla del Tigris a un muchacho que le recita un párrafo del primer cuento del libro "El lector de Bagdad". Un aire mágico rodea estos cuentos de lectura fácil y emocionante.

FICHA

EL LECTOR DE BAGDAD.-Jabbar Yassin Hussin.-ED. SIRUELA.-104 págs.

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19 enero 2014 7 19 /01 /enero /2014 16:15

agustinsaz.jpg

 

De pronto, en un puesto de libros viejos, entre cientos de volúmenes, encuentro uno ("Antología poética moderna" Poetas españoles e iberoamericanos. Editado por Editorial Barna, posiblemente en los años 40)cuyo autor me llama la atención. Al conjuro de ese nombre, como un relámpago, vienen imágenes inconexas de mi infancia, algo se remueve en un añejo rincón de mi mente. Agustín del Saz, catedrático del Instituto "Ausias March" de Barcelona. Abruptamente aparecen imágenes del pasado a mi cabeza. Son los días remotos en los que, moviendo algún resorte burocrático oficial, mi padre me ha conseguido una plaza en un instituto de enseñanza media. Acabamos de llegar a Barcelona. El curso ya lleva dos meses comenzado. La familia viene de Marruecos, donde mi padre ostentaba un cargo oficial. Es el año 1960. El instituto está en un enorme y ajado palacio de la calle Aribau. Cada mañana debo coger un tren en Premiá de Mar, donde vivimos, para ir al instituto. Estudio 4º de Bachiller y es un curso importante pues habré de enfrentarme a la Reválida Elemental. Sin embargo es un curso doblemente difícil pues he cursado el comienzo en un Colegio de Maristas en Tetuán y debo seguirlo en un ambiente totalmente distinto: un instituto de enseñanza pública y una ciudad desconocida y gigantesca para un niño de 14 años. A trancas y barrancas trato de superar el desafío escolar. Todo es ligeramente hostil y extraño. Sin embargo me encuentro con un  profesor que me atrae. Ama la materia que imparte y ese amor resuena en mí, que ya llevo algunos años, desde el final de mi primera década, fascinado por los libros y la lectura. Es el catedrático de Literatura, Agustín del Saz. Ese irregular y complejo cuarto curso de Bachiller se salda con grandes dificultades con un suspenso en Matemáticas, aprobados por doquier y un sobresaliente en Literatura. Don Agustín se convierte en mi mentor. Me proporciona libros de lectura y me guía en el fascinante mundo literario. Una redacción mía gana el Premio del Instituto a la mejor narración. Don Agustin me entrega el premio: cuatro volúmenes de la editorial Juventud. Julio Verne (De la Tierra a la Luna) Salgari (Sandokán), Herman Melville (Moby Dick) y Dumas (Los tres mosqueteros). Aún los conservo en algún lugar de mi caótica biblioteca. En un aparte, don Agustín me dice: "Sigue así, chico. Te veré publicar y quizá algún día te pueda incluir en una de mis antologías y presumir de alumno." No he olvidado esas palabras. Al curso siguiente me cambiaron de centro y le perdí la pista a don Agustín. Y con esa inconsciencia ingrata de la juventud no volví a saber nada de él. Hasta ayer. Esté donde esté, --quizá como empleado en alguna Bibilioteca celestial o tal vez en la que dirige Borges, subiendo al Cielo a mano derecha,-- me gustaría que le llegara mi saludo afectuoso. No le he olvidado. Solo necesitaba un guiño libresco. Gracias, don Agustín. No he llegado tan lejos como usted, tan generosamente, proyectó para mí, pero no he dejado, ni un solo dia en mi vida, de respirar literatura, de existir para y por los libros. Y de eso, usted tiene bastante mérito. Algún día nos veremos, nuevamente entre libros, en el Séptimo Cielo donde residen los "lletraferits".

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16 enero 2014 4 16 /01 /enero /2014 10:09

mar interior

 

Philip Hoare pertenece a esa estirpe de escritores aventureros y eruditos que Inglaterra regala al mundo, desde T.E. Lawrence a Patrick Leigh Fermor, pasando por Lawrence Durrell o Robert Louis Stevenson. Cantante y musico punk en los setenta, comenzó a publicar libros en los noventa, biografías o analisis de autores como Noel Coward o Wilde, libros de historia o sobre lugares insólitos. Viajero impenitente y biólogo de vocación, Hoare despegó en su faceta de escritor de culto con el libro "Leviatán o la ballena", en el 2010, que mereció la crítica entusiasta de un buen grupo de exquisitos de la literatura y hace unos meses, también bajo el sello de "Ático de los libros", nos ofreció "El mar interior" donde insiste en un tipo de libro inclasificable que oscila entre los géneros de la autobiografía, el libro de viajes y aventuras o el ensayo científico. En este caso Philipp nos muestra su amorosa erudición sobre determinados animales, desde los marinos, ballenas y delfines o focas, hasta los pájaros, con una formidable descripción de los cuervos o referencias a escritores como Alfred Tennysson, fotógrafas míticas como Julia Margert Cameron  o fascinantes antepasados del escritor, todos arrullados por los "gemidos del vagabundo mar" que es el auténtico protagonista de este libro peculiar y fascinante.

Pero no es una admiración de erudito o científico, sino de hombre de acción. Hoare busca la comunión entre su cuerpo y el mar, continuamente, de forma cotidiana y alborozada. Si nos habla de las ballenas es porque ha buceado entre ellas, porque ha nadado entre delfines, porque busca continuamente el contacto con esos animales que admira y respeta, sin importarle el tiempo, ni la temperatura o el peligro. Sus ensoñaciones casi oníricas del mar, las costas, el agua cristalina, las olas furiosas siempre creándose a sí mismas, recuerdan un poco las paradojas de Chesterton y las arrobadas descripciones de otro Durrell, no Lawrence, sino su hermano Gerald, biólogo entusiasta que une a su amor por el mundo animal un humor sutil.

Ese entusiasmo es que brilla con luz propia en las páginas de Hoare, que incluso nos asegura que "el mar nos da sustento y nos amenaza, pero también es nuestro lugar de origen" (pag.57) y nos recuerda las teorías de Callum Roberts, Desmond Morris y Elaine Morgan que sostienen que somos "simios acuáticos" y que estando formados por un 50% de agua, "todos tenemos nuestro mar interior" y estamos más dotados para la natación y el buceo que para las carreras o el volar. Sin solución de continuidad, ese amor acuático impregna las historias que se van desarrollando de forma aparentemente espontánea sobre inmersiones y viajes en las Azores, Sri Lanka o Nueva Zelanda, sin olvidar las aguas de su país.

Y de vez en cuando, de forma inesperada, su foco de atención deja de ser marino para ocuparse, como dijimos, de los cuervos o del tilacín o Tigre de Tasmania, dejando entrever una dura y dolorida crítica a la actuación depredadora humana respecto a especies que se han extinguido o están en peligro de ello.

Las observaciones y juicios de Hoare toman a menudo un sesgo poético o reflexivo de enorme calado. Aún me hace reflexionar el comentario metafísico con el que acaba uno de sus capítulos; "Nuestro primer temor es el abandono; nuestro último miedo también. Todos dejamos nuestro hogar para encontrarlo y corremos el riesgo de perdernos para siempre" (pag.67). Pero la enseñanza implícita en "El mar interior" no nos habla de pérdida sino de hallazgo. El de un hogar difícil y variable pero cuya belelleza y pertenencia es indiscutible: el mundo en que vivimos, que exige respeto y ofrece gratificaciones vitales sin cesar.

 

Amenizado con dibujos y fotografías, el libro de Hoare es un placer y un reto. No sólo nos informa y atrae nuestra curiosidad e interés, también  nos alecciona y nos reclama amor y respeto a la naturaleza. A través de sus "mares" diversos, el suburbano, el del sur, el del vagabundo, el interior, Hoare despliega una prosa austera pero brillante y unos conocimientos enclopédicos pero mostrados con la gracia y el encanto de un prestidigitador, y lo hace de tal manera que uno comprende que se trata de un convencido, de un fanático amante de la vida natural y su defensa a ultranza.  Y acaba: "Mi cuaderno de notas descansa en la mesita de noche de mi habitación. Allí está todo, invertido entre sus páginas: las postales y las hojas secas y los recibos que guardo, los pedazos de piel de ballena, los esbozos de plantas y animales desconocidos. En ausencia de todo lo demás, esto es mi hogar, mi vida entre espirales y tapas de cartón negro, el ancla que suelto en los mares por los que navego...Es hora de volver a casa "(pag 308).

 

FICHA

EL MAR INTERIOR.-Philip Hoare.-Traducción Joan Eloy Roca.-Ed. Ático de los  Libros.333 pags 

 

 

 

 

 

 

 

 

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15 enero 2014 3 15 /01 /enero /2014 08:20

de-cine.jpg

 

Que un filósofo como Eugenio Trías, recientemente fallecido, se dedicara en algún momento a reflejar en un libro su amor por el cine es algo muy sugestivo no sólo para los filósofos, también para los cinéfilos. Para los primeros porque aplicar una mente lúcida pertrechada en el hábito del análisis a ese séptimo arte que es la primera actividad artística que mezcla narrativa, pintura, fotografía y música, poesía y ciencia, es una fuente de inteligentes sugerencias. Y para los segundos porque recibirán de una mente notable la visión intensa de un placer compartido que despertará sensibilidades y observaciones distintas, una forma diferente de completar el círculo artístico que emana de la visión de una película.Evidentemente como él mismo reconoce en su prólogo, la selección adoptada  por Trías es absolutamente subjetiva, es una selección correcta aunque incompleta y en algún punto discutible. Como decía Quevedo, "ni están todos los que son, ni son todos los que están". Pero referirse a las películas más importantes de Hitchcock, de Stanley Kubrick, de Orson Welles, de Coppola, de Tarkovsky, de Fritz Lang o de Bergman y David Lynch, no es precisamente una mala elección. Trías vehicula sus comentarios mostrando un concepto, una idea o un simbolismo como si estos formaran en las obras de esos directores una especie de corriente subterránea que emana aquí y allá en una secuencia o un plano, en el desarrollo del argumento. Y así nos habla de "La inteligencia y sus fantasmas" cuando comenta las peliculas de Kubrick, desde "Atraco perfecto" a "Eyes wide shut". De "catastrofes y contratiempos" sobre Ingmar Bergman y su "Fresas salvajes" o "Gritos y susurros". De "mundo aparte" a Coppola y la trilogías de "El padrino" o su "Drácula" . De "Grandes mansiones e historias de amor" sobre Hitchcock y "Rebeca", "Recuerda" o "Vértigo". Para terminar su interesantísima, aunque no demasiado original exposición, Trías nos ofrece su propio "canon" sobre la diez mejores películas de la historia del cine. Pero él rechaza la limitación numérica para proponer diez "constelaciones" es decir diez directores con sus obras más emblemáticas. Como he escrito antes: un libro para amantes del cine, en todo caso.

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FICHA

DE CINE.-Aventuras y extravíos.-Eugenio Trías.-Galaxia Gutenberg. 366 págs. 23 euros 

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14 enero 2014 2 14 /01 /enero /2014 08:03

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Es una buena noticia que en estos dias se haya abierto una nueva librería. En unos tiempos en los que menudean las tristes nuevas de cierres de editoriales y librerías en Barcelona (en la foto, el embujador espacio de la desaparecida Librería Canuda) y en otros lugares de este país deprimido, el hecho de que alguien abra las puertas a ese lugar sugestivo y sugerente que es el espacio de los libros, me reconforta el ánimo y me hace pensar que quizá aun podamos tener algo de esperanza en un futuro menos atribulado. En plena Gran Vía barcelonesa, frente a los cines Dorado (otro espacio cultural que corre peligro) la encantadora Carolina Zendrera, de una conocida familia de editores y ahora libreros, nos presenta su oferta de libros de segunda mano (al estilo de Canuda) a unos precios más que razonables. Reconozco que me he pasado la vida visitando librerías, no sólo en Barcelona y Madrid, sino en todos los países donde mi pasada profesión de periodista me llevaba. Siempre he tenido una rara fascinación por esos lugares (a veces rodeado de libros en idiomas que no entendía) y por la muda compañía de los volúmenes. Descubrir que en el lugar que quizá ocupaba una sucursal de Banco, una tienda de electromésticos o un almacén chino de "todo a un euro" existe una librería me llena de ilusión. Los normal es lo contrario. Los libros de "Re-Read" están ordenados por géneros y dentro de ellos, por orden alfabético de autor. Las estanterías están bastante nutridas,  pero aun así Carolina asegura que la oferta va a crecer. Me he agenciado una serie de clásicos de la filosofía en ediciones ya agotadas hace años, pero he visto baldas repletas de narrativa, no solo en castellano y catalán sino en francés e inglés. Bienvenida sea esta nueva despensa de alimentos de la mente y el alma.

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4 enero 2014 6 04 /01 /enero /2014 09:27

escribir-stevenson-factor-critico-final

 

En la página 30 de este delicioso libro de Robert Louis Stevenson (el autor de obras tan singulares como las imperecederas "La isla del Tesoro", "El doctor Jeckill y Mister Hyde", "El señor de Ballantrae", "Las aventuras de David Balfour", "La flecha negra") habla de las características del "verdadero quehacer del artista literario" y enumera. "cada frase ha de ser atractiva en si misma...debe existir un equilibrio musical en las oraciones que resulte satisfactorio al oído... pues la norma es interesar, decepcionar, sorprender y aún asi resultar gratificante, siempre cambiante, súbito como una punzada que, sin embargo, causa un efecto equiparable al de una ingeniosa pulcritud". Y así es exactamente como nos sentimos al leer sus novelas y, especialmente al leer este ensayo, que no es solo una divertida preceptiva literaria sino también una confesión amena de cuáles son los autores preferidos de Strevenson y el secreto de la gestación de muchos de sus propios libros y cómo y por qué los compuso (principalmente de "La isla del Tesoro" y "El señor de Ballantrae"). El gran "Tusitala" (narrador de historias) nombre con el que conocían a Stevenson en las islas de la Polinesia donde acabó su breve vida--44 años--) logra que este ensayo se lea como una de sus novelas, con la misma alegría profunda y satisfacción intelectual. Resulta fascinante comprobar una vez más la interrelación de los opuestos: un escritor que ha creado las mejores y más dinámicas historias de acción  y al mismo tiempo ser una persona enfermiza que moriría prematuramente agostado por la tuberculosis. Dedicado a la escritura desde muy joven, admirador de Defoe, Swift, Stendhal, Fielding y Henry James, logró crear personajes aventureros dotados de una humanidad prodigiosa y una ambivalencia moral de una gran hondura psicilogica.

Magnificamente editado por "Páginas de espuma" y traducido por Amelia Perez de Villar, estos "Ensayos sobre literatura" forman una recopilación poco unitaria pero fascinante por sí misma y preocedente de muy diversos orígenes (el editor nos aporta un apéndice donde nos informa de la procedencia de cada uno de los ensayos). Está dividido en tres partes. La primera analiza la escritura en sí como oficio, con descripción de sus "aspectos técnicos". La segunda entra en algo sumamente interesante, los libros que han influido en Stevenson y la historia oculta del acto de escribir sus propias novelas o las referencias a las obras de Edgard Allan Poe, Julio Verne o Lord Lytton. Y acaba con "Los escritores" donde nos habla de Victor Hugo, Robert Burns, Walt Whitman, Henry David Thoreau o el admirado "François Villon, estudiante, poeta y ladrón" (cuyas fotografías acompañan los textos). En resumen un volúmen gratificante que no debe faltar en ninguna biblioteca.

 

FICHA

ESCRIBIR, Ensayos sobre Literatura.-Robert Louis Stevenson.-Trad.Amelia Pérez.- Ed. Páginas de Espuma.- 443 págs..

 

 

   

 

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2 enero 2014 4 02 /01 /enero /2014 09:25

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Alice Munro, escritora canadiense que recibió el Premio Nobel de Literatura este año que acaba de finalizar, era una asignatura pendiente para quien esto escribe. Siempre he sentido una especie de simpatía profunda por los escritores de ese país del que se dice "Es como Estados Unidos, pero sin armas y con seguridad social". Precisamente uno de los escritores que más leo, releo y sigo admirando es ese canadiense con aspecto de profeta bíblico que fue Robertson Davies (sin olvidar al gran Michael Ondaatje o a Margaret Atwood). Hay muchas diferencias entre Davies y Munro. El primero es un narrador de largo aliento, aficionado a las extensas trilogías, canadiense hasta la médula y un admirable creador de personajes e historias complejas. Munro es una escritora más concentrada y sutil, de una concisión magistral y un aliento poético indesmayable. Es una delicada orfebre de relatos de media extensión, un tipo de narrativa breve a la que los escritores anglosajones son muy aficionados . Unh género muy leido y respetado en esos países. Viene  a ser lo que son en castellano los Borges, Cortázar, Pereda, Medardo Fraile, Garcia Pavon. Jose Maria Guelbenzu, Jose Maria Merino, Leopoldo Alas Clarin, la Pardo Bazán, Luis Mateo Diez, Javier Marías, Manuel Rivas y otros muchos.

La característica principal de Munro, aparte de su dedicación al relato corto, es la visión rompedora que nos ofrece del mundo femeninono sólo en su país sino como género. Nos suele presentar a sus heroínas inmersas en un mundo cotidiano, casi siempre bastante hostil o duro, un ambiente que parece pertenecer al mundo rural o al de las pequeñas ciudades remotas en la inmensidad del país norteamericano, un mundo propio parecido al que creó Faulkner, al de Coetzee o al de nuestrro Benet con Región. En esa vida con pocos alicientes y casi ningún sentido, las mujeres que protagonizan los relatos de Munro acaban dando un inesperado giro a sus vidas, un brusco movimiento de saturación propia, de cambio, de rebelión y de combativa lucidez.

Los cuentos de la obra que hoy les recomiendo, "Mi vida querida", editada por Lumen y traducida por Eugenia Vázquez Nacarin, son sensibles descripciones --no racionalizaciones-- de unos episodios puntuales en las vidas de esas mujeres. Unos hechos aparentemente banales que cambian de una forma brutal o leve la existencia de esas niñas, jóvenes o mujeres maduras que pueblan los relatos siempre intensos de Munro. La belleza sin juicios de algunos de los cuentos y su realismo escéptico, su naturalidad y su estoicismo sin emociones intensas o arrebatos, nos hacen seguir la lectura secuencial de esas historias con creciente interés y placer.

Son diez cuentos sobresalientes y un final inesperado y de fuerte sabor autobiográfico, cuatro relatos más --no exactamente ficción-- que son anunciados por la escritora diciendo : "Las cuatro últimas piezas de este libro no son exactamente cuentos. Forman una unidad distinta, que es autobiográfica de sentimiento, aunque a veces no llegue a serlo del todo. Creo que es lo primero y lo último -y lo más íntimo- de cuanto tengo que decir sobre mi propia vida" (pág. 269).

Aquí son elementos biográficos los que sirven de acicate y causa eficiente del relato en sí, como un comentario ficcionalizado de algo personal que la escritora comparte con nosotros con su habitual austeridad y desapego emocional. La sustancia argumental mínima que suele usar Munro en sus relatos adquiere caracteres de gran calado debido precisamente a su sencilla y austera descripción de sentimientos, realizada con gran economía de medios, en los que suelen aparecen briznas o destellos de dolor, la soledad, las dudas, los sueños rotos, la decepción o la tristeza, incluso el amor o la belleza. En fin, palabras en las que late la más íntima y desolada poesía.

Una de las cosas que más me atrae de esta escritora es su sencillo e insobornable alejamiento de los focos públicos, la gestión humilde de su presencia y su fidelidad a una forma de entender la literatura que le es propia, no sólo en cuanto a temática sino en cuanto a estilo: esa técnica que usa un fogonazo o un destello de algo especial en una vida corriente y a través de ese átomo de significado nos sugiere toda una vida entera. Como ella dijo hace tiempo: "Lo que quiero en un relato es un reconocimiento del caos", que siempre sucede de manera imprevista y banal. Los que descubran a Munro en este libro pueden acceder a cuatro más editados también por Lumen, "Demasiada felicidad", "La vida de las mujres", "Las lunas de Jíupiter" y "Amistad de juventud".

 

FICHA

"MI VIDA QUERIDA".-Alice Munro. Traducción:Eugenia Vázquez.- Editorial Lumen. 333 págs.-

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27 diciembre 2013 5 27 /12 /diciembre /2013 08:31

la-piedra-de-la-paciencia-cartel.jpg

 

Con "La piedra de la paciencia" he seguido el camino inverso al usual: he visto la película antes de leer la novela. Ambas pertenecen al mismo autor, Atiq Rahimi, afgano nacido en Kabul en 1962, refugiado en Francia, que escribe en francés y recibió el premio Goncourt en 2008 por esta novela. Escrita en un estilo pleno de acotaciones, como si se tratara de un guión de cine o una obra de teatro, con una verbalización directa y sencilla, en ocasiones poética en su esquematismo, con escasos adjetivos y observaciones agudas, tiene la facultad de crear una estructura ambiental que retrotrae a la narrativa esquemática, despojada de adornos y casi onírica de un Samuel Beckett al que le hubieran propuesto que describiera la "Cinco horas con Mario" de Delibes en versión musulmana, un "Esperando a Godot" con referencias constantes a Alá, el Corán y una historia de desamor trágico entre una mujer árabe y su marido, inmovilizado y catatónico por un balazo en la nuca que sólo respira, tendido en un  colchón, con los ojos abiertos y convertido en un vegetal que es puro silencio.

Es decir la simbología perfecta con la piedra a la que hace referencia el título: una piedra a la que la mujer va contando sus secretos, sus temores y sus deseos frustrados, su penosa vida de ser humano reprimido y maltratado por una cultura que las cosifica y las desprecia. Según una leyenda persa, la piedra de la paciencia "escucha" todos esos mensajes hasta que revienta y conduce a la liberación del pasado de la mujer que ha confesado sus fantasmas y de esta forma impide que la envenenen.

La mujer cuida el cuerpo de su marido, le cambia la ropa, le pone colirio en los ojos, le alimenta con suero en un gota a gota, mientras la guerra civil le rodea --disparos, bombas, combatientes que invaden la casita y buscan a la mujer, y con dos niñas pequeñas, sus hijas, que lloriquean de hambre y miedo en la habitación de al lado. Violencia, fanatismo, opresión, dureza ingente de una vida sin esperanzas. No importa qué ciudad es, ni siquiera qué pais, sólo que es musulmán y que la protagonista es una mujer, en la que toda la miseria de ese mundo toma caracteres aún más insidiosos y humillantes que para los hombres.

Entre esas cuatro paredes, como la mujer del Mario de Delibes, los secretos y temores del alma femenina van surgiendo y con las palabras, la rabia, el miedo, la humillación, los deseos...y los secretos más íntimos, los ecos de la sexualidad angustiante de la mujer y las historias que ha debido ocultar en el fondo de su corazón y que ahora se permite desvelar a ese cuerpo, el de su casi desconocido marido, que sólo respira y no vive.

Y aquí es donde la película --no lo olvidemos, dirigida por el mismo autor de la novela, Atiq Rahimi-- se despega y quizá obedeciendo a las "leyes" del mercado, se hace menos dura y radical, menos trágica. Permitiéndose un final que deja una puerta abierta frente al cierre abrupto y fatal de la novela. De esta forma se establece un interesante debate sobre las dos formas de narrativa y sus limitaciones. Y esos cambios nos parecen comprensibles pero también lamentables. En fín, quédense con la novela, pero no dejen de ver la película. Como casi siempre, el texto llega un paso más adentro, más profundo e impactante que la mejor de las películas posible sobre la misma obra. Son dos artes diferentes y en "La piedra de la paciencia" tenemos un ejemplo perfecto.

En la novela vivimos en primera persona la fuerza de los sentimientos arrasadores de la protagonista, la lucidez poética de sus emociones, la desgarradora humanidad de una mujer bella e inteligente que está rondando por las puertas del infierno desde la niñez. Y la serie de pequeños subterfugios, mentiras y ocultaciones de superviviente, los deseos cercenados, la violencia absurda, el sometimiento irracional que van tomando cuerpo a través de la confesión, en un recital escalofriante. Un mundo cerrado que supera en horror a los intelectualizados "huis clos" de Sartre o a las mujeres ardientes de García Lorca, encerradas entre las cuatro paredes de la ignorancia y el fanatismo religioso y social.

FICHA

"LA PIEDRA DE LA PACIENCIA".-Atiq Rahimi.- Ed.Siruela.-Traducción Elena García-Aranda.-114 págs.14,90 euros.

 

 


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26 diciembre 2013 4 26 /12 /diciembre /2013 16:30

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Vamos a terminar el año con un apasionante libro del escritor y periodista norteamericano Carter Phipps, editado por Kairós, sobre el movimiento intelectual, literario, científico y poético que se está generando espontáneamente en torno a una de las ideas capitales de la cultura occidental, la evolución. Lo que en los 60 y 70 fue el libro de Marilyn Ferguson "La conspiración de Acuario"  (una conspiración desprovista de objetivos políticos, carente de programa y de proclamación, integrada por intelectuales de las más variadas disciplinas que se valen de estrategias pragmáticas, incluso científicas, con una perspectiva emparentada con la mística, para tratar de cambiar la percepción del mundo y nuestra postura frente a la naturaleza) y en esa misma época el libro de Thomas Khun sobre "La estructura de las revoluciones científicas" , con su aporte del término "paradigma" (designa todos los compromisos compartidos por una comunidad de científicos. Por un lado, los teóricos, ontológicos, y de creencias y, por otro, los que hacen referencia a la aplicación de la teoría y a los modelos de soluciones de problemas). Conformaban ambos libros un tipo distinto de paradigma científico-cultural. El libro de Phipps, "Evolucionarios", es a mi entender la propuesta de nuestros días a una empresa semejante, revolucionaria y fascinante que tiene la misma esencia de la Conspiración de Acuario y busca un cambio de paradigma tan radical como aquél, involucrando los trabajos y mensajes de científicos, filósofos y buscadores espirituales. Hablamos de personas de un arco que engloba desde Darwin, el padre de la evolución como doctrina, hasta filósofos con Teilhard de Chardin o Jean Gebser, maestros espirituales como Sri Aurobindo y tratadistas como Ken Wilber. Phipps sugiere que de una forma convergente y no intencional todas esas mentes lúcidas siguen un camino que lleva a una nueva visión de la realidad, en la que la ciencia y la espiritualidad se dan la mano en un paradigma que podría llegar a cambiar la relación humana con nuestro planeta. Para ello divide su libro en cuatro apartados: reexaminando la evolución, reinterpretando la ciencia, recontextualizando la cultura y reimaginando el espíritu. Una lectura imprescindible para empezar el nuevo año.

 

FICHA

"Evolucionarios. El potencial espiritual de la idea más importante de la ciencia".-Carter Phipps.- Editorial Kairós
Traducción: David González Raga.-PVP: 19,50 euros.-Páginas:    496

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21 diciembre 2013 6 21 /12 /diciembre /2013 10:24

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 Delicioso librito de la traductora Dolores Payás. Al tratarse de una experiencia personal, la obra tiene el encanto y la frescura de unas pequeñas memorias sobre algo inusual entre traductoras y autores, una efímera pero bella amistad entre Dolores y el escritor Patrick Leigh Fermor, el interesante autor de "El tiempo de los regalos", "Entre los bosques y el agua", "Tres cartas desde los Andes" o "Tiempo de callar" (que ya comenté en esta página), entre muchas otras obras. El tono amable, culto, lúcido y alegre de estas crónicas de las conversaciones y visitas entre Dolores y su autor, lo conviert en una lectura apacible y casi espiritual. Autor celebérrimo en los paises anglosajones como modelo de escritor viajero, los apuntes que Dolores deja caer sobre la apasionante vida de PLF, su insobornable independencia, humildad y lucidez, nos ofrece un retrato holístico de esa persona que, se me antoja, me recuerda a un T.E. Lawrence, al que le han injertado algo de Burton, unas gotas de Fitzgerald y un sabor al otro Lawrence, David Herbert, autor de culto y objeto de persecuciones por su "El amante de Lady Chatterley" pero gran viajero. Me ha encantado este librito de apenas cien páginas en formato de bolsillo. He gozado con la descripción del día a día de la vida de PLF y el testimonio de su mente brillante y sarcástica. Como dice Dolores Payás hablando del hogar de PLF y de sus libros, "era habitar dentro de un sueño elíseo cuyo tempo transcurría en otra dimensión: un paréntesis de poesía del que quedaba excluida toda sordidez". Eso ocurre con la lectura de este librito. De verdad, léanlo.

 

FICHA:

DRINK TIME!.-(EN COMPAÑÍA DE PATRICK LEIGH FERMOR).- Dolores Payás.-Ed. Acantilado. Cuadernos 59.- 110 págs. 

 

     

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