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26 septiembre 2011 1 26 /09 /septiembre /2011 09:40

conversaciones_lamas.jpg

Ahí es nada, más de treinta años de charlas mas o menos informales con lamas budistas y sabios orientales sobre el sentido de la vida, las técnicas de meditación y, en una palabra, la mejora espiritual que en esos lares siempre está unida a una perfecta forma física y un control asombroso de nuestros recursos de fuerza, resistencia y flexibilidad. Una mezcla de yoga intenso y de filosofía espirtual, una especie de terapia del cuerpo y el alma, al alcance de todos sólo por el mísero importe de una entrada de cine o de una cañita con tapas. Editorial Kairós, esa benemérita editorial que nos ha hecho mejores a muchos de los que leemos sus libros con fidelidad, edita el último libro del orientalista Ramiro A. Calle, un meditador y maestro de yoga con toda una vida de ejercicio. Hablo de "Conversaciones con lamas y sabios budistas".

Ramiro es una especie rara en el variopinto mundo de los autores de la temática digamos filosófico-espiritual-autoayuda, donde hay mucho menos oro del que reluce. Se niega sistemáticamente a dar datos biográficos y mantiene una actitud combativa y exigente tanto en sus libros como en sus apariciones públicas. Su mensaje es claro aunque no original. Refleja bien las ambiguedades y tópicos de la espiritualidad libresca al uso, pero al mismo tiempo su mensaje operativo es claro y contundente, sus consejos, dentro de la ortodoxia de las técnicas zen y theravada (vipassana) , son correctos y nada exagerados y la sensación que da es de honestidad y afán de servicio. Y todo ello además del magnífico montaje mediático que se ha diseñado a través de los años convirtiéndose en una especie de leyenda viva de los ambientes del yoga hispano.

En esta obra, Ramiro Calle  nos narra sus encuentros con lamas y monjes, sabios que forman parte de la historia del budismo de hoy. Entre ellos, el Dalai Lama, Dudjom Rimponché, Sakya Trenzin, Trangu Rimponché, Chantral, Gurú Kunzan Grizing, Geshe Jampel Shangle o Akong Rimponché. Ramiro ha ido a buscarlos a Bhutan, Nepal,  Darjeeling, Kalimpong, Sikkim, Simla, Lebong o la ciudad santa de Almora Y no sólo nos narra los sistemas de meditación, los accesos espirituales de estos maestros sino ese mundo oculto de la superstición, la hechicería, los fraudes y supercherías de algunos, la esperanza de otros.

Es este un libro digno, interesante y lleno de ideas y sugerencias. Un poco especializado a los ámbitos de pro-budistas, se lee no obstante con interés y curiosidad crecientes. Para la gente joven es un libro que podría abrirles los ojos hacia ese sector de las enseñanzas budistas que no choca contra ninguna religión (incluso hay monjes y monjas y maestros budistas entre los católicos, con dispensa y apoyo de la propia jerarquía de la Iglesia) y aporta calma, serenidad mental, recursos para solventar los problemas cotidianos y una inmejorable salud si se siguen los parámetros físicos de las disciplinas que se citan en el libro. Un libro, pues, de lectura recomendable para la gente joven y para los muy maduros que tienen el alma joven.

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19 septiembre 2011 1 19 /09 /septiembre /2011 07:55

balmary_260x346.jpgFragmenta editorial vuelve a ofrecernos una de esas joyas filosófico-espirituales (también interesante desde un punto de vista puramente religioso o psicoanalista, en el otro polo de percepción, no tan alejado como se presupone). Precisamente en mi calidad de modesto profesional de lo segundo leí, o más bien debería decir "bebí" literalmente,  "El monje y la psiconanalista" y ahora he disfrutado de "Freud hasta Dios" de la misma autora, Marie Balmary, esa brillante exégeta de una nueva y profunda re- lectura de la Biblia en clave psicoanalítica que brinda una plausible forma de terapia más cerca de lo espiritual que de la estructura del psicoanálisis (con lo que podría entrar en el campo de la psicología profunda, la humanista y la psicología trascendental.

En este nuevo libro, de fácil lectura y pocas páginas (83) ocurre como con las buenas semillas, permanecen activos desde el tiempo en que los saboreamos hasta que dan fruto en un futuro impreciso pero cierto e imprevisible. Nace el opúsculo de una pregunta-aseveración que no hay psicoanalista que no haya escuchado alguna vez: ¿Es un lujo el psicoanálisis? Marie Balmary responde tajantemente: "Sí, es un lujo. Como toda vida espiritual". Los huesos de los freudianos ortodoxos deben haberse removido por todo el orbe psicoanalítico.

Balmary nos recuerda que la dirección espiritual y el psicoanális son dos experiencias de la palabra, "una perdonaba sin curar y la otra curaba sin perdonar".

El viaje no ha hecho más que empezar. La autora, hacidendo gala de una erudición y una sensibilidad lectora poco comunes, nos lleva a interesarnos por detalles tan significativos como la manipulación realizada por los discipulos de Freud  (mas freudianos que el propio Freud) de algunas de las palabras de este solía decir y que fueron borradas de sus escritos ya que resultaban "incoherentes" con el mensaje del divinizado pensador, así  la palabra "alma" , o la necesidad de Dios: Freud es un ateo que teme a Dios; la proyección que en ocultación de Dios se hace sobre las artes donde se busca el Aliento espiritual que todos, lo creamos o no, necesitamos.

La relectura de la tragedia de Edipo, unida al análisis de la correspondencia de Freud con Fliess y al rechazo tardío del maestro sobre su famoso "complejo", nos recuerda que el resorte de la tragedia no es el deseo de Edipo de matar a su padre y acostarse con su madre, sino las faltas remotas de Layo, su padre, que abusó del hijo de su anfitrion y provocó su suicidio. La maldición subsiguiente prohibía que Layo tuviera hijos. Pero nació Edipo...

El viaje continúa por la esencia del fanatismo como una abdicación de la propia libertad en una experiencia semihipnótica y cuasireligiosa, una sumisión que tiene su raiz en el miedo profundo a ser abandonado, herencia filogenética del animal débil y vulnerable que somos cuando nacemos y durante muchos años más. Después y como concepto paralelo, la presencia en la mente del ser humano de esa voz que Freud llamó superyo y que es como un parásito negativo y perseguidor, que nos juzga y condena continuamente, nos infravalora y nos aboca a la desdicha. No hay persona alguna que en muchos momentos de su vida (y los más desdichados-y enfermos- continuamente) no haya escuchado el sonsonete maligno de esa voz que algunos llaman también "conciencia", acercándose peligrosamente a la patología de la idea de que esas voces provienen de "fuera". Balmary nos recuerda que no pertenecen a los "malos espíritus", ni provienen de una instancia superyoica (otra forma de llamar a lo mismo), sino que se pueden rastrear en nuestro pasado dentro de las creencias que hemos heredado, de los miedos paternos o maternos, de ciertas experiencias tempranas.

Y por fin nos avisa, cerrando el círculo con las primeras páginas donde nos hablaba del ateísmo   de Darwin, el autor del "Origen de las Especies" y su funeral popular y religioso, de la diferencia entre el dios arcaico que clama cruelmente por una sumisión con sangre y el Dios festivo que resplandece en la Naturaleza y en la alegría. Nos recuerda la frase de Nietzche: "Yo no creería más que en un dios que supiese bailar".

El pequeño pero denso opúsculo filosófico queda completado con el texto de la conferencia dada por la autora en Barcelona en 2008 sobre "Religiones para servirlas o para que nos sirvan".

Título,pues, doblemente recomendable, para el lector común, porque acrecentará su interés por la psicología profunda y también para los menos comunes de los lectores, los filósofos y psicólogos (-analistas), por lo que supone de desafío intelectual.

 

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14 septiembre 2011 3 14 /09 /septiembre /2011 23:00

dequehablocuandohablodecorrer_big.jpgTenía verdadera curiosidad por leer "De qué hablo cuando hablo de correr" (Tusquets Editores, colección Andanzas, 11ª edición, julio, 2011) de Haruki Murakami, el poco convencional escritor japonés, dotado de una enorme capacidad para crear mundos de una fuerza considerable con el auxilio de un lenguaje natural, divertido, escueto y muy gráfico. Una especie de Hemingway nipón, autor de obras tan rompedoras, originales y aparentemente espontáneas (sin jamás parecer descuidadas) como "Tokio blues", "Kafka en la orilla" o "After Dark". Dado que también es el traductor al japonés de las obras de Raymond Carver, no es de sorprender que la viuda de éste le permitiera utilizar  una variación del célebre título del americano, "De qué hablamos cuando hablamos de amor" (que, por cierto, creo haber leido en alguna parte que no es producto de la mente del este escritor sino de su prepotente editor), aunque el delicioso libro de Haruki Murakami pertenece a una galaxia distinta del famoso "realismo sucio" de Carver. por tanto ahí acaban las semejanzas.

Cuando habla de correr, Haruki habla de correr. Y también de escribir, claro. Pero para este autor correr y escribir pertenecen al mismo grado de imperativo categórico que respirar o comer, por tanto las confesiones literarias o biográficas del escritor están teñidas de esa condición esencial que, como dice en una de sus páginas, hizo que se hiciera escritor de una forma espontánea y para ver lo que pasaba y se dedicara a correr maratones y a practicar carreras de triatlón por medio mundo, no sólo sin que esas actividades se molestaran la una a la otra, sino que lograra una especie de simbiosis creativa en la que, como vasos comunicantes, la energía de correr se transformara en la creación literaria.

El libro de Murakami se lee con la enorme fluidez que parece sello de la casa y que uno experimenta en la lectura de sus novelas y relatos. Hay sinceridad, espontaneidad, sentido común y mucho sentido del humor en este libro y en el resto de la obra del japonés.

Cualquier persona, escriba o no y corra o no, podrá disfrutar de las confesiones del sexagenario escritor, pero sin duda los practicantes de jogging o cualquier modalidad atlética que implique correr, nadar o ir en bici, disfrutarán como locos de este texto valiente y divertido. Y, por supuesto, los escritores, más o menos en ciernes o consagrados, los periodistas y los "lletraferits" de cualquier modalidad lectora o plumífera, devorarán como adictos las reflexiones literarias de un escritor que está en la cumbre de la ola de su capacidad creativa (y que dure muchos años más).

Como él mismo escribe (pagina 110) en su libro: ...para vivir una vida plena..."yo pienso que correr me ayuda a conseguirlo. Ir consumiéndose a uno mismo, con cierta eficiencia y dentro de las limitaciones que nos han sido impuestas a cada uno, es la esencia del correr y, al mismo tiempo una metáfora del vivir (y para mí también del escribir)".

Pues nada, para los que opinamos que el ejercicio fisico intenso, ya sea correr, ir en bici, nadar o subir montañas, no sólo no entorpece la vida intelectual creativa sino que la estimula, el libro de Murakami es un saludable guiño de un camarada que a pesar del éxito mediático nunca ha dejado de sudar la camiseta y de considerarse una persona sencilla y normal, sin creerse o admitir que otros lo crean, un genio en nada.

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12 septiembre 2011 1 12 /09 /septiembre /2011 07:21

ladron_tiempo.jpgEs el responsable de millones de lágrimas derramadas al conjuro de una historia fenomenal, inquietante y llena de congoja que se tituló "El niño del pijama a rayas", llevada posteriormente al cine por Mark Herman, donde se multiplicaron las lágrimas y las emociones desatadas. El irlandés John Boyne logró seducirnos con su patética y trágica historia infantil en un campo de concentración nazi. Años antes  (2000) ya había surgido al mundo de la novela con "El ladrón de tiempo", que ahora se publica en España (Salamandra editorial) al amparo de su bien ganada fama literaria. Posteriormente escribiría otra novela sobre el motín de la Bounty.

Boyne se vale de un subterfugio fantástico-literario para contarnos la historia de Matthieu Zéla, un parisino contemporáneo de la revolución francesa (nació en 1743) y que vivirá hasta nuestros días aquejado por una misteriosa caracteristica: se queda desde sus cincuenta años sin envejecer, a través de los siglos. Con esa condición de supervivencia anómala y antinatural, Boyne ingresa en la lista de los creadores fantástico-utópicos, al estilo de Swift, su paisano, que ideó en "Los viajes de Gulliver" un país donde la gente llegaba a vieja pero no moría. Ese país de inmortales no era, ni de lejos, un país de sabios y credores, sino de gentes amargadas, ignorantes y embrutecidas que no sabían aprovechar su longevidad y deseaban la muerte. En el caso de Matthieu, Boyne le ha hecho bastante sabio, curioso y encantado con su naturaleza inmortal.

Y así lo hace testigo y notario de algunos de los más importantes eventos de la historia, desde la Revolución, al Hollywood de los años 20 con el cine mudo --Chaplin se cuenta entre los conocidos de Matthieu--, la caza de brujas, la crisis del 29, los primeros Juegos Olímpicos de Atenas y los avatares y adelantos de nuestra época. Por todos ellos pasa Matthieu, rodeado de amores forzadamente limitados, pérdidas sentimentales, negocios y proyectos a los que da vida con su privilegiada visión del tiempo. Como contrapeso, Boyne, crea la figura de un sobrino, que va generacinalmente ocupando su lugar manteniendo una constante de malicia o maldad, de disipación o incluso delito, toda una saga de granujas que acaban siempre junto al insólito tío secular, exactamente como su hermano Tomás, único testigo del gran amor de la vida de Matthieu, Dominique Sauvet. .

Nadie pregunte las razones de tal longevidad o la del capricho de que sea precisamente la cincuentena la fecha que el fenómeno escoge para manifestarse y para mantenerla. No se trata de una historia de fantaciencia sino de algo histórico-literario que nos permite ver cómo un hombre inteligente y dotado navega a través de años y años de acontecimientos (aunque de poco serviría como manual de autoayuda, Matthieu es como es gracias a su longevidad, principalmente, no es un superdotado y sus ambicons no pasan mas allá de conseguirse poder y unavida regalada).

Es una primera novela y ya da atisbos de que el autor tiene un fuerte aliento creativo, --como se verá--, pero nadie pida mas que entretenimiento de ella (lo que según como se mire, es mucho). Con estas aventuras a través del tiempo,como buen discípulo de Wells, Conan Doyle, Swift, Stevenson, Boyne escribe un cuento --que podría extenderse por varios volúmenes, Dios quiera que no acoja esta idea-- no exento de ironía crítica, aunque un poco reiterativo y con la virtud de irnos novelando la historia desde un punto de vista alejado del protagonista, a veces casi de una de las víctimas colaterales (que recuerdan, perdónenme, las historias de las  sagas de vampiros y una en concreto, la celebérrima "Entrevista con el vampiro"). Dejen pues la credibilidad en suspenso y navegen por los mares de la historia en la Hispaniola, al mando de un pirata con pata de palo, sin importarles más que la aventura por la aventura, dejando todos los cabos sueltos que sean precisos a fin de hacer marchar dinámicamente una naración que como la de "Las mil y una noches" no importa lo que se cuenta sino cómo se cuenta.

Y así, de salto en salto, se nos narra desde el hilo conductor del presente: cuando Matthieu es accionista de una cadena de televisión en la que su perenne sobrino, a traves de sucesivas encarnaciones todas prematuramente eliminadas, es una figura famosa de una serie. A partir de los acontecimientos de ese presente, el reloj del envejecimiento de Matthieu se pone en movimiento y su sobrino muere sin dejar descendencia, la saga queda truncada y nace la amenaza del fin del protagonista. No digamos más. Lo cierto es que la novela de Boyne deja una serie de ideas en sazón, desde la decadencia de la historia, el fracaso del sentido común y la sensatez (no hemos aprendido nada) el horror y la violencia como revulsivo para el "progreso" --como si no existieran métodos mas seguros y adecuados--, en resumen, la tremenda enseñanza de la historia: mientras el hombre no sea capaz de encauzar sus emociones y sus sentimientos, de primar el bienestar común, la honestidad y el respeto a los semejantes como normas básicas, la naturaleza humana destrozará cualquier sistema que sea vulnerable a la maldad, la codicia, la vanidad y la ignorancia violenta. Por eso los sucesivos Tommy, el sobrino del protagonista, encarnan al hombre corriente de cada época y Matthieu, un fenómeno humano, al poseedor de la razón que termina siendo fagocitado por un tiempo que, a pesar de lo que apunta Boyne, es más padre de la entropía, de la destrucción, que del progreso, la estabilidad y la sabiduría (no confundir con conocimientos).

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10 septiembre 2011 6 10 /09 /septiembre /2011 20:02

hlawrence.jpgControvertido, considerado un hombre de dudosa moralidad, convertido en piedra de escándalo de la sociedad aún victoriana en las formas por su manera libre y sumamente erótica de considerar las relaciones entre hombres y mujeres, David Herbert Lawrence, (1885-1930) impenitente viajero y novelista con fuerza y brío literario, fue considerado ya en vida y sobre todo tras su prematura muerte (a los 44 años, de tuberculosis) una de las cumbres literarias de la novela británica de principios del siglo XX. Uno de las indiscutibles maestros de su generación E.M. Forster, el autor de "Habitación con vistas" y "Las alas de la Paloma" o "Maurice", excelente critico además, escribió de él: "fue el novelista imaginativo más grande de nuestra generación".

En "Mujeres enamoradas", una de sus noevlas más duramente criticadas por sus descripciones amorosas y sexuales, logró soliviantar al recién aparecido movimiento feminista, pero pocas personas, tras el velo del escándalo, percibieron la demoledora critica que el autor realizaba de la sociedad de su tiempo, de su hipocresía e inmoralidad esencial, escrita con brillantez, rigor y una fina ironía que revelaba a un pensador de altos vuelos. Siempre he pensado que D.H. Lawrence fue un visionario intelectual, dotado de una exquisita sensibilidad, que vio más claro y más lejos que sus contemporáneos, un hombre adelantado a su tiempo que padeció toda su vida la hipócrita animadversión de  la sociedad y vivió practicamente en el exilio voluntario toda su vida.

Viajes por Australia, Italia, Ceilán (la actual Sri Lanka), Estados Unidos, México, Francia, hasta recalar en Nuevo Mexico donde formó parte de un intento utópico de convivencia en comunidad (lo que en los 60 fueron las "comunas"). Su literatura fue bebiendo de todos esos lugares y esas gentes sin abandonar nunca su raiz británica. Sus obras se multiplicaban, "La serpiente emplumada", "La mujer cabalgante", "Hijos y amantes", "El arco iris", "La vara de Arón", "El amante de Lady Chatterley", además de colecciones de artículos, reportajes de viajes y ensayo (curiosamente uno "Pornografía y obscenidad" que era una defensa de su talante literario en esos temas y un irónico ataque contra la pacata e hipócrita censura de su país.

La escritora y crítica Catherine Carswell salió en defensa, (junto con Aldous Huxley) del anatematizado escritor con unas líneas realistas:

 

"Frente a las grandes desventajas iniciales y su siempre delicada vida, la pobreza en que se mantuvo durante las tres cuartas partes de su vida y la hostilidad que sobrevive a su muerte, él no hizo nada que realmente no quisiera hacer, y todo lo que más quiso hacer lo hizo. Viajó por todo el mundo, fue dueño de un rancho, vivió en los rincones más hermosos de Europa, y conoció a quien quería conocer y les dijo que estaban equivocados y que él estaba en lo correcto. Pintó e hizo cosas, y cantó, y cabalgó. Escribió alrededor de tres docenas de libros, de los cuales incluso la peor página baila con una vida que podría ser equivocada para cualquier otro hombre, mientras que las mejores son reconocidas, incluso por aquellos que lo odian, como insuperables. Sin vicios, con muchas virtudes humanas, el marido de una mujer, escrupulosamente honesto, este estimable ciudadano aun así consiguió ser libre de los grilletes de la civilización y del no de las camarillas literarias. Se hubiera reído suavemente y maldecido vehemente al pasar por los búhos solemnes - uno tras otro por su propio pie - que ahora lo investigan. Para hacer su trabajo y llevar adelante su vida a pesar de que le supusieron algún esfuerzo, lo hizo, y tiempo después de que sean olvidadas, la gente sensible e inocente - si queda alguna - volverá a las páginas de Lawrence y sabrá a partir de ellas qué tipo de hombre excepcional fue"

 

En estos tiempos en los que triunfa un cierto aire híbrido y sincrético en la novela, donde se mezcla la evasión o la aventura, con la psicología y el ensayo, Lawrence fue sin duda un innovador y un precursor. Su obra "La serpiente emplumada", que transcurre en México, es un ambicioso y apasionante tratado sobre la feminidad,  sensible y receptiva, abierta al conocimiento y la masculinidad invasiva, fuerte y creativa. Todo ello en un intenso argumento de cultos ancestrales mexicanos y de simbolismo azteca. Siempre presente esa dicotomía entre el hombre y la mujer en la que ésta se convierte en la auténtica fuerza oculta, el misterio ancestral  que un homosexual no confeso como D.H.L. --estuvo toda su corta vida casado con la misma mujer, que le acompañó siempre, aunque se le conocieron varios amantes masculinos-- tuvo la sensibilidad y la valentía de analizar. No es de extrañar pues la admiración y la defensa de Forster, que solo despues de su muerte se atrevió a permitir la publicación de "Maurice", una de las primeras novelas  en defensa de la homosexualidad.

Creo que Lawrence, que tuvo un éxito enorme desde los cuarenta a los  setenta del pasado siglo, volverá a gozar de fama renovada en cuanto a alguien se le ocurra la honrosa idea de llevar al cine, por ejemplo, "La serpiente emplumada", o mejor a la televisión, una de esas series de culto que han devuelto a la vida de las librerías a más de un autor olvidado. Esperémoslo por el bien de la literatura.



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9 septiembre 2011 5 09 /09 /septiembre /2011 15:56

la-ultima-estacion-cartel.jpgHoy voy a sugeriros una doble propuesta, realmente atractiva. Os recomiendo una novela del escritor norteamericano Jay Parini titulada "La última estación" (1999), editada por RBA, y una película que conserva ese mismo titulo. Tanto la novela como la película en la que se basa, analiza el último año de vida de León Tolstoi, dentro de la propia familia haciendo hincapié en la figura de Sofía, la esposa del escritor durante casi cincuenta años de matrimonio, que se mantiene siendo una esposa devota, amante enamorada a pesar de la edad y las diferencias. Precisamente cuando Sofía descubre que en nombre de la nueva religión que acaba de crear, el gran novelista ruso renuncia a su título nobiliario, a sus propiedades e incluso a su familia en favor de la pobreza, el vegetarianismo y el celibato, la condesa decide tomar cartas en el asunto y se opone frontalmente al envejecido escritor y a sus discípulos. Uno de ellos, Vladimir Chertkov, a quien ella desprecia, parece haber convencido a su marido para que haga un nuevo testamento. El documento le daría los derechos de sus obras al pueblo ruso en vez de a su propia familia. Sofía lucha por lo que ella cree que le corresponde. El conflicto se vuelve tan intenso que Tolstói, a los 82 años, abandona su casa en mitad de la noche y trata de huir en tren hasta un lugar sin relieve donde su malestar se agrava y debe tratar de reponer fuerzas en la casa del jefe de estación. Sofía alquila un tren para seguirle por toda Rusia. Y los periodistas, los fieles y los curiosos se citan en aquella olvidada estación para asistir al fin del egregio escritor y los choques familiares.LA-ULTIMA-ESTACION-i0n1408615.jpg

Dirigida por Michael Hoffman, la película, que adapta la novela de Jay Parini, se despliega majestuosamente, como lo es el tema que trata, en torno a la residencia campestre de Tolstoi. La trama se complica no sólo con las intrigas familiares y de Chertkov, que mete en la casa a un joven como espía y secretario del escritor, sino también con los amores del joven con una  muchacha de la comuna tolstoiana, todo ello con un ritmo desigual que parece en momentos contagiarse de la placidez de la campiña rusa y termina trepidando con los movimientos humanos en torno a Astapovo, la ultima estación donde Tolstoi morirá.

Y es que el viaje del joven Bulgakov ─ muy bien interpretado por James McAvoy─ dará via libre a ese final de opereta, que parece un epígono del alma rusa, tan apasionada, rudimentaria y dramática como el gran escritor que se acerca a su final. Gran recital de interpretaciones, no sólo un maravilloso y expresivo Christopher Plummer como Tolstoi, sino la inmesa Helen Miller como su esposa.

Su papel es de una complejidad, diversidad y hondura sorprendente, que muestra la fascinación de lo humano en toda su completud, con sus servidumbres y su grandeza. A pesar de sus pequeñas maldades, sus astucias femeninas y su dureza cuando le convenía, el personaje merecía mejor trato que el que le han dado algunos exégetas de su esposo, empezando por Chertkov. Muy adecuadamente el complejo y atormentado discípulo es interpretado por ese ladrón de escenas que se llama Paul Giamatti.

Jay Parini nos recuerda un episodio que tendría una importancia clave en la relación de Tolstoi con su mujer y que permite a Parini orquestar su novela como una dinámica coral de primeras voces que se van turnando dando cada una de ellas sus versiones de los hechos. Poco antes de su boda, movido por una voluptuosa exaltación de sinceridad, Tolstoi confió a su novia de 18 años frente a los 34 del autor)  el diario que venía escribiendo, y en el que se reflejaban sus ambiciones literarias, sus absurdas teorías de la vida, la pirotecnia de su brillantez intelectual a pesar de las inevitables contradicciones, todas las mezquindades de la vida íntima del enorme y descontrolado personaje, desde sus achaques fisicos --incluidos los mas miserables y dignos de discreción-- hasta sus fantasías eróticas y sus encuentros sexuales ocasionales con con gitanas zíngaras y campesinas. La pobre muchacha se horrorizó de la imagen que le brindaba el desmesurado escritor y ella misma comenzó a escribir su propio diario, que permitió leer a su marido. Con lo cual la lectura mutua de los diarios pasó de convertirse de un original instrumento comunicativo a ser un arsenal peligroso de reproches, vejaciones y miserías que acabó endureciendo la relación, aunque no logró acabar con ella hasta el episodio de la huida nocturna del escritor, acompañado de su joven secretario.

Esa sobrecarga de sinceridad puede cortocircuitar la relación más sólida. Por eso no es de extrañar que la figura de Tostoi sea tan complicada de analizar y conocer por la sobreabundancia de datos, opiniones y juicios emanados de los diarios que llevaron no solo la pareja protagonista sino los de su hija, su secretario, su medico, sus amigos, todos ellos influenciados por el virus literario que emanaba a raudales del escritor (que llevaba tres diarios paralelos, una de las pesadillas de su esposa que intrigaba en la pesquisa de los diarios y de lo que en ellos decía).

En suma, una oferta tentadora: lean la novela de Parini y visionen la película de Hoffman. De este festival sobre Tolstoi podéis pasar a un festival propiamente de Tolstoi: la lectura, por ejemplo, de "Guerra y Paz" y de "Ana Karerina", dos cumbres de la literatura de todos los tiempos.


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3 septiembre 2011 6 03 /09 /septiembre /2011 09:49

el-blog-de-lola-pons2.jpgTeresa Roig tiene 36 años y nació en Igualada, ha escrito novelas históricas "L'herència de Horst", "Pa amb xocolata" o "El primer dia de les nostres vides" y pertenece a esa nómina numerosas de jóvenes escritores en lengua catalana que aportan viento fresco, dinamismo y originalidad a la literatura del país. Su última propuesta "El blog de Lola Pons" que edita Columna, supone un cambio de registro en su narrativa personal y una agradable sorpresa para este crítico.

Y no por la originalidad del tema, que no lo es: una joven cumple 33 años y comprueba por enésima vez lo que ha ido arrastrando en su relativamente corta existencia: no se gusta, ni su aspecto físico, ni su manera de vivir, ni su vida emocional, ni su trabajo, ni las expectativas de futuro, es decir nada. Por tanto aprovechando la ocasión decide cambiar y quiere hacerlo creándose una personalidad ideal en el ciberespacio, con la ayuda de sus dos amigas. Pues bien, hasta aquí todo es previsible. Pero de pronto el lenguaje, la manera de presentarnos los hechos que acontecen, los personajes, el uso hábil de internet y sus instrumentos sociales, facebook, messenger y otros, los diálogos fulgurantes (muy en el estilo hoy en boga de la Red) te hacen entrar en esa vorágine existencial de una joven urbanita, no muy inteligente ni trascendental,  pero dotada de un gran sentido del humor y de un ansia de vivir y tratar de encontrar la felicidad (esa sombra) que acaba conmoviéndonos y nos hace interesarnos por la deriva de su aventura de vivir.

Hay humor, desenfado y apuntes ingeinosos e inteligentes sobre personas, relaciones, familia (magníficos retratos de la abuela, la madre y el paciente padre de la protagonista) y las precariedades de la vida de los jóvenes de este tiempo.

La caracteristica de la novela hace pensar que la autora no dejará que se seque el asunto y como en otros libros recientemente leidos, (pienso en "Cada siete olas", por ejemplo, una segunda parte) el filón y la novedad de la literatura generada por el ciberespacio atrae a muchos autores y se dejan seducir por la secuencialidad implícita en un género tan dinámico. Asi que pòsiblemente tendremos Lola para rato. Como ella misma  dice cuando toma la decisión de cambiar su vida:

"Havia decidit fer-ho, fer-ho de veritat! Expandir horizons.Créixer, evolucionar. Convertir-me en una nova versió millorada de mi mateixa. En definitiva: renéixer". Y así, como los vampiros, los personajes de la nueva literatura de la Red, están siempre dispuestos a renacer en nuevos libros. Uno recomendaría mesura.

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1 septiembre 2011 4 01 /09 /septiembre /2011 07:43

7334-1311-_visd_0000jpg002wa.jpgMarie Balmary es una psicoanalista francesa, en activo, que en los años setenta se atrevió a enfrentarse con el "establishment" freudiano (y supongo que lacaniano, como ella misma cuenta en su prólogo) de la Sorbona, proponiendo una relectura del mito de Edipo (tan fundamental en el corpus freudiano) y una forma diferente  de ejercer la famosa escucha activa o atención flotante que une al psicoanalista y su paciente en el ejercicio de la transferencia y la terapia. Naturalmente, años setenta, la propuesta fue rechazada, con cierta virulencia supongo, y la incansable Marie publica su tesis sobre los fundamentos del psicoanálisis en forma de libro y se convierte en piedra de escándalo entre los ortodoxos del psicoanalisis oficial.

A partir de ahí, la trayectoria de Marie se orienta a la práctica de una técnica psicoanalística de lectura en grupo de textos específicos, una suerte de análisis dialogante, abierto, intuitivo y sin cortapisas frente a textos de importancia capital en nuestra cultura: los libros fundacionales de nuestra civilización, entre otros, la Biblia. A través de pasajes y personajes del libro sagrado, Marie explicita los hallazgos psicoanalíticos y fomenta la cura de sus clientes o al menos la claridad en la percepción y las ideas, luchando contra el pensamiento cautivo por las doctrinas y los dogmas.

El libro que hoy nos ocupa, "El monje y la psicoanalista", fue publicado en francés en 2005 y traducido recientemente por Julia Argemí en la edición que presenta Fragmenta Editorial. En él, Marie Balmary utiliza la ficción narrativa para recrear su encuentro y amistad con el monje Marc-François, hermano de Jacques Lacan. A través de sus charlas, Balmary analiza las relaciones entre religión y psicoanálisis. Y las afronta proponiendo una búsqueda personal y profesional no tanto de lo que cura, sino de lo que salva. A  través de un dialogo realizado durante varias jornadas, entre los dos personajes cuya profesión da título a la obra, la autora nos ofrece una suerte de resumen de su método, sus análisis, sus dudas, sus descubrimientos y sus proyectos.

Como ella misma escribe "Todo me separa de un monje católico. No creo en Dios, y es probable que él no crea en el inconsciente. Para él, la verdad es divina, se ha revelado a los hombres e incluso se ha encarnado en un hombre. Para mí, la verdad es humana, permanece oculta y solo nos llega a través de lo que no sabemos. La palabra le viene de fuera; a mí, de dentro. Él ha escogido vivir como si estuviera más allá de la condición humana, en ese celibato, esa pobreza, esa comunidad masculina, esa vida religiosa. En cambio, mi vida y mi trabajo están inmersos en la diferencia de sexos y de generaciones, en la sociedad de mi época y en la investigación científica".

La conversación entre la psicoanalista judía que convalece de una grave enfermedad que casi le cuesta la vida --en una villa de montaña, propiedad de una  pareja de amigos,cerca de un monasterio-- y un monje católico, amigo de sus anfitriones, va surgiendo de una forma sumamente atractiva, con la maestría secuencial semejante a la que muestra el anónimo escritor de "Las mil y una noches" (en versión freudiana, claro está). Es un diálogo denso pero no aburrido o desmesurado, con la habilidad de disimular la latente pedagogía y permitiendo como Platón en sus Diálogos socráticos, que la verdad aparezca como el desenlace de un buen trhiller, ajustado a la lógica de los acontecimientos y a la vez sorprendente.

El lector disfrutará de este libro, aunque no conozca nada --en estos tiempos eso es casi imposible-- o conozca poco del psicoanálisis, y aunque conozca poco o nada de los sagrados libros que forman la Biblia y toda la tradición religiosa y espiritual que encierran. Esos dos temas centrales son el acicate intelectual pero también espiritual y humano que los dos personajes van tejiendo en torno a una amistad que va consolidándose conforme pasan las páginas.

Es un libro de análisis, de cultura superior, de inquietud espiritual y de audacia intelectual, el que nos ofrece Marie Balmary. Les confieso que se lee como una novela y te queda en la  mente como un desafío. De todos los temas y subtemas que tratan los dos inteligentes amigos, me quedo con el capitulo dedicado al episodio de Abraham y de su hijo Isaac, al que va a sacrificar por mandato divino y cuyo brazo armado detiene un ángel por orden también de Dios. ¿Una prueba? ¿Un signo de crueldad divina? ¿Una muestra del talante fanático e inhumano de ciertas religiones que amparan el sacrificio y la muerte humana como algo del agrado de un dios? El diálogo del monje y la analista desbroza esas incógnitas y proponen una sorprendente relectura.

Pueden creerme, este libro no tiene desperdicio.

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29 agosto 2011 1 29 /08 /agosto /2011 19:15

El pare va morir ahir, vint-i-sis d’agost, a les 10.15 hores, després de tres dies d’agonitzar i administrar-li morfina. Tres dies i dues nits escoltant el ritme d’una respiració compassada i feixuga que el meu cervell registrava pendent del moment que es trencava per una apnea. Aleshores dirigia la meva mirada a l’abdomen esperant recuperar la imatge del moviment toràcic que empenyia la caixa amunt i l’enfonsava, mostrant una lluita aferrissada per la vida.

Els ulls tancats, la pell freda i insensible, la boca oberta. No reaccionava pas ni a les carícies ni a les paraules, i això donava lloc al gran enigma: Pot sentir alguna cosa? És conscient de la nostra presència? Pot escoltar el que diem? En Jaume i jo vam acostumar-nos al seu rostre de cera, al color morat blanquinós del cos, a la presència de la mort que rondava pacient i impassible sabent en tot moment que tenia la batalla guanyada.

Sentia els badalls de la dama de la daga, insultants. Només ella descansava, el pare guerrejava contra un fantasma invencible; nosaltres patíem conscients i impotents enfront del desequilibri de forces. El desànim ens envaïa: No hi ha res a fer. No lluitis, entrega’t, pare. Mostra-li la bandera blanca. La mort sabia que sense menjar ni sense beure aigua, era qüestió d’hores. Havia planificat un setge final que acabaria amb la seva porfidiosa resistència. I el va vèncer!

Diuen que les olors ens evoquen records. Mentre el pare no va entrar en coma, l’habitació i ell desprenien la flaire de les colònies de nens; però les darreres hores, el baf de l’alè mortuori envaïa la cambra. Malgrat tenir les finestres obertes, -i l’atenció de les infermeres que fins mitja hora abans d’expirar el van canviar, li van curar les nafres, el van afaitar i perfumar- el que va començar sent un efluvi premonitori es va anar fent dens i persistent, hora rere hora, fins arribar a atrofiar-me les pituïtàries; fent-me perdre la consciència d’aquella flaire que algun dia tornaré a identificar.

Els metges no entenien pas la resistència del pare. Un cervell que s’havia desconnectat del lligam de gairebé tots els òrgans vitals, i un cor que bombejava amb escassesa, però suficient per permetre una respiració continuada, difícil i esgotadora que s’entestava a viure. Què el retenia encara a preservar l’estat vegetatiu sense esperança? Vam saber-ho quan van arribar els dos fills del meu germà que faltaven. En el moment que el seu llit va estar envoltat per tots el qui ell volia, va deixar anar el darrer alè.

El metge va certificar la seva defunció i ens va dir que havia estat un malalt agraït, educat i fàcil de portar. Les infermeres abans ens havien facilitat poder passar els tres darrers dies amb ell, sense cap mena de limitació d’horari ni de nombre de persones. Cada nit ens vam quedar dues persones, i de dia, ens alternàvem, entre quatre o cinc. Tot va ser planer, regnaven les bones formes, l’aparent cordialitat i la serenor, però la processó anava per dintre.

Va arribar l’hora d’escollir el vestit, el taüt, els recordatoris, la cerimònia i les flors. Ara es desplegava davant nostre un món de fantasia, on tot era possible: Digui’m el que vol i li aconseguirem. Tot fet a mida. L’habilitat dels serveis funeraris està en aconseguir que facis la major despesa possible. I la de la família a mantenir-se serena i no perdre el seny.

El pare volia ser enterrat al Mallol, on reposen les despulles dels avis. La seva germana, la Margarida, l’única que resta viva, ha anat pagant el nínxol i ens el va oferir. El divendres començaven les festes de Sant Bartomeu, festa major del poble on el pare va néixer. El capellà va acceptar celebrar la cerimònia l’endemà mateix, a les quatre de la tarda. Ens va preguntar si havia rebut els darrers sagraments. En Jaume i jo ens vam mirar, ni se’ns havia passat pel cap. Vaig contestar al mossèn que no va ser pas possible perquè feia temps que havia caigut en demència..

El funeral va posar en evidència el poc esperit religiós de la família. Ningú no sabia seguir la missa. Només s’escoltava la veu del capellà que va optar per respondre ell mateix allò que suposadament havíem de dir nosaltres. El pare no era pas practicant però creia en Déu, un Déu particular, íntim i senzill que predicava una doctrina basada en una sola frase: "No facis mal a ningú".

Adossat al temple hi ha el cementiri. Un quadrat deliciós amb el terra encatifat d’herba. La vista des de la plaça de l’església s’obre a la Vall d’en Bas i a les muntanyes que l’envolten. Hi havia banderoles, guarniments i la tarima dels músics per fer xerinola. Ves per on, pare, als teus noranta-un anys tornes a la festa, escoltaràs la música i sentiràs el xivarri dels joves i no tan joves que ballen sota l’envelat. Mentrestant i en silenci jo m’acomiado llegint els versos del teu recordatori:

Em costa imaginar-te

absent per sempre,

tants de records de tu

se m’acumulen,

que ni deixen espai

a la tristesa,

i et visc intensament

sense tenir-te.

 

 

ANNA

 

 

 

 

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29 agosto 2011 1 29 /08 /agosto /2011 09:56

sabina.jpgDe Joaquín Sabina, por supuesto, el cantautor desgarrado, algo canallita, entrañable, amado hasta el paroxismo por sus fieles y odiado con igual virulencia por quienes no tragan su castiza manera de ser, un malditismo cultural que oscila entre el aguardiente, el cigarrillo sempiterno y la granujería ligona permanente. Pero al mismo tiempo sus letras inteligentes, de una poesía a nivel de calle, es uno de los ejemplos de poesía musical popular más conectada a su tiempo. Joaquín Sabina es un hombre de su tiempo y sus canciones, muchas veces son tan poéticas como las de Serrat, pero quizá más cercanas a los niveles sociales medios y bajos, cuando no al lumpen. Sabina es un cantautor proletario, con aspecto y maneras de señorito andaluz o madrileño echado a perder. Un hombre ya maduro que parecer "habitar el país de la melancolía", como dice en sus canciones y en sus reflexiones : "la melancolía es un territorio donde caen las canciones, es una caída de la tarde, es una pareja que está perdiendo la pasión, son unas canas que aparecen, es el territorio de la poesía. No le tengo el menor miedo la melancolía, vivo ahí desde hace mucho tiempo.  Si uno está muy alegre o muy triste, de ahí no crece casi nada poético. Si uno está muy contento tiene que ir a dar saltos al parque, y si uno está muy enamorado echa polvo tras polvo… pero la melancolía es el sentimiento húmedo con el que nacen versos en la cabeza”

 El libro de Joaquín Carbonell, “Pongamos que hablo de Joaquín”, editado por Ediciones B, pone bastante las cosas en su sitio. Es un retrato apasionado, personal y con ansias de objetividad  -imposible tratándose de un espécimen como Joaquín— que se lee como una novela y que a los amigos de la música de Sabina nos desvela  mucho sobre su pasada trayectoria que ahora han creado en carácter casi icónico que Sabina presenta con sólo escuchar su voz cascada y su estilo personalísimo. El aporte de documentación, testimonios y vivencias en el entorno de Sabina o en vivo y en directo es pasmosa y se comprende que Carbonell haya tardado tres años en concluir su libro.  Ni siquiera sus enemigos más acérrimos serían capaces de arruinar una figura tan compleja, controvertida y tan rica en facetas de todo tipo. Como dice el mismo Sabina: "Yo no tengo tiempo para los enemigos, hay demasiadas ciudades por ver, demasiadas mujeres por conocer, demasiados libros por leer y canciones por escribir como para pararme a pensar en mis enemigos. Eso crea odios, porque a los miserables les encanta que tu les contestes y también seas un miserable, y si ven que realmente no tienes tiempo les pareces muy pretencioso, y no es eso, es sólo respeto a uno mismo".

 El libro de Carbonell, cantautor bien conocido en estas tierras, es además de un documento elaborado por un “connesseur” sabinesco, una profesión de fe y admiración profesional. Léase con respeto (por favor).

 

 

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