Ahí es nada, más de treinta años de charlas mas o menos informales con lamas budistas y sabios orientales sobre el sentido de la vida, las técnicas de meditación y, en una palabra, la mejora espiritual que en esos lares siempre está unida a una perfecta forma física y un control asombroso de nuestros recursos de fuerza, resistencia y flexibilidad. Una mezcla de yoga intenso y de filosofía espirtual, una especie de terapia del cuerpo y el alma, al alcance de todos sólo por el mísero importe de una entrada de cine o de una cañita con tapas. Editorial Kairós, esa benemérita editorial que nos ha hecho mejores a muchos de los que leemos sus libros con fidelidad, edita el último libro del orientalista Ramiro A. Calle, un meditador y maestro de yoga con toda una vida de ejercicio. Hablo de "Conversaciones con lamas y sabios budistas".
Ramiro es una especie rara en el variopinto mundo de los autores de la temática digamos filosófico-espiritual-autoayuda, donde hay mucho menos oro del que reluce. Se niega sistemáticamente a dar datos biográficos y mantiene una actitud combativa y exigente tanto en sus libros como en sus apariciones públicas. Su mensaje es claro aunque no original. Refleja bien las ambiguedades y tópicos de la espiritualidad libresca al uso, pero al mismo tiempo su mensaje operativo es claro y contundente, sus consejos, dentro de la ortodoxia de las técnicas zen y theravada (vipassana) , son correctos y nada exagerados y la sensación que da es de honestidad y afán de servicio. Y todo ello además del magnífico montaje mediático que se ha diseñado a través de los años convirtiéndose en una especie de leyenda viva de los ambientes del yoga hispano.
En esta obra, Ramiro Calle nos narra sus encuentros con lamas y monjes, sabios que forman parte de la historia del budismo de hoy. Entre ellos, el Dalai Lama, Dudjom Rimponché, Sakya Trenzin, Trangu Rimponché, Chantral, Gurú Kunzan Grizing, Geshe Jampel Shangle o Akong Rimponché. Ramiro ha ido a buscarlos a Bhutan, Nepal, Darjeeling, Kalimpong, Sikkim, Simla, Lebong o la ciudad santa de Almora Y no sólo nos narra los sistemas de meditación, los accesos espirituales de estos maestros sino ese mundo oculto de la superstición, la hechicería, los fraudes y supercherías de algunos, la esperanza de otros.
Es este un libro digno, interesante y lleno de ideas y sugerencias. Un poco especializado a los ámbitos de pro-budistas, se lee no obstante con interés y curiosidad crecientes. Para la gente joven es un libro que podría abrirles los ojos hacia ese sector de las enseñanzas budistas que no choca contra ninguna religión (incluso hay monjes y monjas y maestros budistas entre los católicos, con dispensa y apoyo de la propia jerarquía de la Iglesia) y aporta calma, serenidad mental, recursos para solventar los problemas cotidianos y una inmejorable salud si se siguen los parámetros físicos de las disciplinas que se citan en el libro. Un libro, pues, de lectura recomendable para la gente joven y para los muy maduros que tienen el alma joven.
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Fragmenta editorial vuelve a ofrecernos una de esas joyas filosófico-espirituales (también interesante desde un punto de vista puramente religioso o psicoanalista, en el otro polo de percepción, no tan alejado como se presupone). Precisamente en mi calidad de modesto profesional de lo segundo leí, o más bien debería decir "bebí" literalmente, "El monje y la psiconanalista" y ahora he disfrutado de "Freud hasta Dios" de la misma autora, Marie Balmary, esa brillante exégeta de una nueva y profunda re- lectura de la Biblia en clave psicoanalítica que brinda una plausible forma de terapia más cerca de lo espiritual que de la estructura del psicoanálisis (con lo que podría entrar en el campo de la psicología profunda, la humanista y la psicología trascendental.
Tenía verdadera curiosidad por leer "De qué hablo cuando hablo de correr" (Tusquets Editores, colección Andanzas, 11ª edición, julio, 2011) de Haruki Murakami, el poco convencional escritor japonés, dotado de una enorme capacidad para crear mundos de una fuerza considerable con el auxilio de un lenguaje natural, divertido, escueto y muy gráfico. Una especie de Hemingway nipón, autor de obras tan rompedoras, originales y aparentemente espontáneas (sin jamás parecer descuidadas) como "Tokio blues", "Kafka en la orilla" o "After Dark". Dado que también es el traductor al japonés de las obras de Raymond Carver, no es de sorprender que la viuda de éste le permitiera utilizar una variación del célebre título del americano, "De qué hablamos cuando hablamos de amor" (que, por cierto, creo haber leido en alguna parte que no es producto de la mente del este escritor sino de su prepotente editor), aunque el delicioso libro de Haruki Murakami pertenece a una galaxia distinta del famoso "realismo sucio" de Carver. por tanto ahí acaban las semejanzas.
Es el
Hoy voy a sugeriros una doble propuesta, realmente atractiva. Os recomiendo una novela del escritor norteamericano Jay Parini titulada "La última estación" (1999), editada por RBA, y una película que conserva ese mismo titulo. Tanto la novela como la película en la que se basa, analiza el último año de vida de León Tolstoi, dentro de la propia familia haciendo hincapié en la figura de Sofía, la esposa del escritor durante casi
Teresa Roig tiene 36 años y nació en Igualada, ha escrito novelas históricas "L'herència de Horst", "Pa amb xocolata" o "El primer dia de les nostres vides" y pertenece a esa nómina numerosas de jóvenes escritores en lengua catalana que aportan viento fresco, dinamismo y originalidad a la literatura del país. Su última propuesta "El blog de Lola Pons" que edita Columna, supone un cambio de registro en su narrativa personal y una agradable sorpresa para este crítico.
Marie Balmary es una psicoanalista francesa, en activo, que en los años setenta se atrevió a enfrentarse con el "establishment" freudiano (y supongo que lacaniano, como ella misma cuenta en su prólogo) de la Sorbona, proponiendo una relectura del mito de Edipo (tan fundamental en el corpus freudiano) y una forma diferente de ejercer la famosa escucha activa o atención flotante que une al psicoanalista y su paciente en el ejercicio de la transferencia y la terapia. Naturalmente, años setenta, la propuesta fue rechazada, con cierta virulencia supongo, y la incansable Marie publica su tesis sobre los fundamentos del psicoanálisis en forma de libro y se convierte en piedra de escándalo entre los ortodoxos del psicoanalisis oficial.
De Joaquín Sabina, por supuesto, el cantautor desgarrado, algo canallita, entrañable, amado hasta el paroxismo por sus fieles y odiado con igual virulencia por quienes no tragan su castiza manera de ser, un malditismo cultural que oscila entre el aguardiente, el cigarrillo sempiterno y la granujería ligona permanente. Pero al mismo tiempo sus letras inteligentes, de una poesía a nivel de calle, es uno de los ejemplos de poesía musical popular más conectada a su tiempo. Joaquín Sabina es un hombre de su tiempo y sus canciones, muchas veces son tan poéticas como las de Serrat, pero quizá más cercanas a los niveles sociales medios y bajos, cuando no al lumpen. Sabina es un cantautor proletario, con aspecto y maneras de señorito andaluz o madrileño echado a perder. Un hombre ya maduro que parecer "habitar el país de la melancolía", como dice en sus canciones y en sus reflexiones : "la melancolía es un territorio donde caen las canciones, es una caída de la tarde, es una pareja que está perdiendo la pasión, son unas canas que aparecen, es el territorio de la poesía. No le tengo el menor miedo la melancolía, vivo ahí desde hace mucho tiempo. Si uno está muy alegre o muy triste, de ahí no crece casi nada poético. Si uno está muy contento tiene que ir a dar saltos al parque, y si uno está muy enamorado echa polvo tras polvo… pero la melancolía es el sentimiento húmedo con el que nacen versos en la cabeza”