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25 octubre 2011 2 25 /10 /octubre /2011 07:26

llueve en Barcelona. Un mundo gris con brillos de azogue se desparrama por la ciudad. Anhelo que las nubes negras, el cielo plomizo, la lluvia casi siempre benéfica, viaje al Matarraña, mi otra patria, en donde las montañas, los valles, los campos, los árboles, las cosechas viven una sed casi secular y en estos días son pasto del polvo y la sequedad, un paisaje castrado de verdes desvaidos y piedras calcinadas. El agua es vida, aunque a veces irrumpa como una plaga bíblica en las tierras devastadas por el sol y el viento seco. No es bueno transitar entre excesos opuestos.

Leo "Donde se guardan los libros" de Jesús Marchamalo, que edita Siruela. Un viaje a las bibliotecas personales de escritores como Vargas Llosa, Pérez Reverte, Savater, Mateo Díez, Javier Marías...Reconforta la fraternidad que crea estas páginas, el mundo gozoso y cálido de los "lletraferits".

Lola Masana me dedica, cariñosa, el libro póstumo de su marido, Carlos Nadal, gestionado por esa mujer entusiasmada con la obra desconocida que ha heredado. La obra de un poeta oculto, secreto, discreto y humilde. Muchos de los poemas publicados los leí hace años, compartiendo casi en exclusiva la vocación oculta de un periodista sabio y profundamente humano.

Rodeado del sonido jubiloso de la lluvia, en soledad, leo ambos libros, intercalando al canto a los libros con el susurro del poeta. Placer de dioses.

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24 octubre 2011 1 24 /10 /octubre /2011 07:09

Regreso a Barcelona al filo del mediodia para aprovechar la escasez de circulación que suele haber en los festivos a esa hora. Pienso en la secuencia inicial de "Somewhere", la pelicula de Sofia Coppola que vimos ayer. Un ferrari negro parece dar vueltas sin sentido en un circuito pequeño ante una cámara estática en una toma única. Una y otra vez el ferrari pasa atronador frente a la cámara. Es un comienzo desconcertante que adquiere sentido cuando uno acaba de ver la película y reflexiona un poco ante la propuesta de la joven Coppola. Las vueltas sin sentido y sin destino que da un actor joven --con un cierto renombre-- pasivamente atractivo, montado en el lujo, el vacío y la soledad.

Creo que el éxito es más difícil de gestionar que el fracaso. Aunque no te lo acabes de creer del todo. Sobre todo si aún no has aprendido a bucear en tu alma y confundes el sentido de la vida como ese loco que se pavonea en el escenario entre el ruido y la furia de sus emociones y deseos, de sus carencias y sus frustraciones. Al final Shakespeare, siempre.

 

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23 octubre 2011 7 23 /10 /octubre /2011 09:36

excursiones-8482.JPGViajo a Castellote (Maeztrazgo) con Anna. Nos impresiona el castillo templario como en guardia permanente sobre la roca desnuda, alto y soberbio, resplandeciendo dorado al sol de la mañana, cerniéndose en un vuelo inmóvil sobre el pueblo, casas de tejados rojos arracimadas en torno a la base del enorme risco. El túnel que da acceso al pueblo parece el conducto tubular de un mundo a otro. A un lado, un mundo de brutales desniveles de roca plana desnuda y lisa, en cuya ladera parece habrese congelado la figura amable de una ermita junto a un salto de agua que solo deja caer gotas incesantes, con un nombre poético y lógico, el Llovedor. Al otro, el golpe de sol destelleante sobre la roca en la que se alza la fábrica torturada del castillo. Mi máquina de fotos, una entrañable Canon que lleva mas de un año subiendo montañas en mi bolsillo, ha pagado un despiste mio en un salto entre rocas.

Durante la larga caminata por los aledaños del pueblo fortificado pienso en mi novela, work in progress, a la que aún no he encontrado título y en las múltiples personalidades que va adoptando el portagonista forzado por unas circunstancias sobre las que no tiene ningún control -- nadie lo tiene-- y recuerdo los planteamientos esquizoides de Pessoa el poeta portugués, cuyos alters egos , Bernardo Soares, Ricardo Reis, Alvaro de Campos y Alberto Caeiro, vivieron todas las vidas que Pessoa no pudo vivir por sí mismo. Un desdoblamiento voluntario e inteligente que sólo en su pluralidad se asemeja al de mi personaje central, involuntario y sin memoria de cada uno de ellos.

Cincuenta años despues de la muerte de Pessoa  --en 1985-- su cuerpo fue exhumado a fin de cambiar su ubicación y enterrarlo con todos los honores en el Monasterio de los Jerónimos lisboeta. Su cuerpo se mantenía incólume, impoluto, sereno y firme como su hubiera fallecido la semana anterior. Esa victoria corporal sobre la muerte y la disolución es un misterio que aún no se ha podido explicar. Emiliano Monge lo contaba en "Babelia". Curiosa coincidencia.

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21 octubre 2011 5 21 /10 /octubre /2011 14:57

excursiones-8420.JPGDia soleado aunque frío, el viento soplaba con fuerza y en el collado de Eres, junto a las Rocas Cambretes, paso obligado para llegar al paso de la Mala Dona, vertical acceso al Montsagre, las rachas frías y ululantes comprometían el equilibrio, en ese lugar, básico. Ha sido una mañana hermosa, recorriendo el PR que atraviesa la cordillera, con Horta de San Juan a la derecha, Cretas en el centro, Arnes a la izquierda y allá a los lejos Vallderrobres.

A medio día, bajo el sol, buscando su calor en la planicie interior del Montsagre, mientras comía un par de piezas de fruta y las cabras salvajes cruzaban a menudo sobre el barrancal frontero, pensaba en la vacuidad, ese enorme silencio interior buscado por la mayoría de las disciplinas espirituales, y comprendía que la brecha absoluta que se crea en la mente del meditador apunta de forma directa e inevitable hacia la conexión más íntima con todo lo que existe. Cuando se logra esa sensación de vacío, nos sentimos en contacto de forma esencial con la existencia, no sólo lo más cercano, también lo lejano e incluso lo que rechazaríamos por ser contrario a nosotros.

Octavi Serret, mi librero, me ha enviado el libro "Libertad" de Jonathan Franzen, una novela que está levantando de entusiasmo a la crítica norteamericana e inglesa. De momento sigo con el "Yo confieso" de Jaume Cabré. Dos volúmenes especialmente generosos en número de páginas. Deberé dedicarles tiempo y espacio. Resulta chocante después de tanto reflexionar sobre la vacuidad. carlos-copia-1

Se publica un poemario póstumo de mi entrañable amigo Carlos Nadal. Le echo de menos. Era un alma libre, de inteligencia y sensibilidad poco comunes. Hubiera disfrutado con mis aventuras. Todas ellas. Vivía las montañas y los senderos por delegación. Cuando le contaba mis caminatas, las externas y las internas -espirituales o psicológicas- , le brillaban los ojos y rejuvenecía veinte años. Entonces parecíamos gemelos.

Fue uno de los personajes reales pero "disfrazados" de mi novela "La mujer de arena" y, años antes, también salió como personaje entrañable pero secundario en "Cualquier dia en la ciudad". Fue mi jefe respetado y carismático durante casi treinta años en la sección de política internacional de mi periódico. Mentor y sabio protector de quien esto suscribe, ha dejado una huella imperecedera en mi corazón. Te adivino en charla eterna y sosegada, siempre profunda pero atravesada de las chispas de tu humor, rodeado de ángeles que escuchan y debaten al anciano irónico y tierno en que te habías convertido, Carlos, mi amigo, mi hermano...

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21 octubre 2011 5 21 /10 /octubre /2011 09:35

 

 La_esquina_frontal.jpg

 

Desde Truman Capote y Sinclair Lewis, pasando por la mayoría de los "grandes" en la novela negra norteamericana o algunos de los genios literarios de ese país, estoy pensando en Faulkner o Hemingway por ejemplo, la literatura realista que toma como motivo el crimen, la droga o los delincuentes, ha proporcionado una curiosa y fructífera simbiosis entre las dos artes: el cine (o la televisión) y la novela o el reportaje entreverado de ficción. Tomando como referencias  literarias "La canción del verdugo" de Norman Mailer o "A sangre fría" de Truman Capote, el reportaje novelado "La esquina" de David Simon y Ed Burns, que publica en España "Principal de los Libros", alcanza en sus 681 páginas cotas de parecida excelencia.

Para el lector televidente y aficionado a las grandes series norteamericanas, el nombre de David Simon, e incluso el de su coautor, les resultará muy familiar, ya que Simon es el creador de "The wire" la mitica serie sobre el mundo de la droga en Baltimore y Ed Burns, que vive y trabaja en esa ciudad tan conflictiva, fue policía y es uno de los personajes reales del anterior libro de Simon, "Homicidio", que ganó varios premios destinados a la mejor obra sobre hechos reales.

Al igual que en "The Wire" la serie de culto de la que es creador, David Simon extiende en "La esquina" una característica que hace de este libro lo que fue la serie (que en Estados Unidos acabó en marzo de 2008 y aquí aún se está viendo y se vende en DVD), uno de los mejores diagnósticos que se han hecho sobre el fracaso del sistema capitalista en la sociedad postindustrial. ¿Tan profundo es el libro? Aparentemente sólo nos habla de las vidas que giran en torno a la esquina de las calles Fayette y Monroe, en una ciudad de segunda fila, Baltimore. Unas vidas destruidas por la droga, cuyo mercado más amplio y eficaz se gesta en esa esquina. El centro de interés argumental es la familia McCullough, una pareja de drogadictos y un hijo joven e inteligente que se gana la vida comerciando con la droga.

Pero no es sólo ese drama lacerante, que conocemos también aquí en versiones más o menos parecidas, sino el contexto social, político y policial en el que se mueven. Como escribe el autor, "estamos en un mundo en el que las reglas y los valores del libre mercado y el beneficio maximizado se confunden y diluyen en el marco social, un mundo en el que las instituciones pesan cada día más y los seres humanos menos".

Esta es la sensación que queda en el ánimo del lector cuando avanza en la lectura de estas trepidantes y angustiosas 688 páginas del volumen que edita "Principal de los libros", una especie de malestar profundo que nos confunde porque sabemos que no estamos tan lejos de las conclusiones, una debacle que afecta a la mayoría de la población de aquel pais --y de éste, y de muchos-- sin posibilidad visible de mejora, con una crisis que parece cebarse con los débiles mientras los politicos dan palos de ciego y salvaguardan los intereses de la  banca primordialmente, mientras difunden diagnósticos alarmantes  -que enriquecen a los especuladores- y no acaban de encontrar el remedio.

Y ¿saben lo más duro que nos cuenta el libro? Pues...que es verdad. No es una novela. Es un reportaje novelado cuyos personajes son seres reales, de carne y hueso, inmersos en un sistema que parece regirse por las fuerzas caprichosas e interesadas de los dioses corruptos de la tragedia griega, sin posibilidad de apelación, sin recursos para juzgarles y condenarles, sin capacidad de hacer pagar a los responsables de este desaguisado porque nadie en el "Olimpo" de las multinacionales, los politicos corruptos o las instituciones ineficaces, se hace responsable de nada.

Este es el asunto que flota en la narración de la vida rota de una familia de Baltimore, en la que el trapicheo de drogas encubre el drama  general de los desfavorecidos del sistema, cada vez más numerosos en todas partes. No hay pretensión en Simon y Burns de hacer un libro de denuncia social, se contentan con mostrarnos la saga de la familia Mc Cullough y el ambiente de la ciudad y su esquina negra. Pero en un segundo nivel asistimos a la degeneración de un sistema que no sabe como ayudar a esa gente o de unas instancias policiales que van directamente a la represión, la detención y la eliminación del problema por la via de cortar el síntoma. Cosa imposible de hacer. La droga es el síntoma, el paro, la violencia, los robos, los asesinatos la consecuencia de una enfermedad que requiere más tratamiento que cirugía.

Los hechos que se nos cuentan tuvieron lugar en 1993 y  ambos autores hicieron un excelente trabajo de campo durante tres años, en el lugar de los hechos y con las personas que más tarde formarían parte del libro. Un libro que es un grito, sin aspavientos, sin dramatismos inncesarios (lo que se cuenta ya es suficientemente dramático), una llamada de atención hacia la ineficacia de un sistema rígido incapaz de mitigar la desesperación de seres humanos empobrecidos en niveles de miseria, una denuncia indirecta a la sociedad que los cobija, a su sistema educativo, sus leyes y su forma de aplicarlas, el reflejo de una gran parte de la población de uno de los paises más ricos del mundo, masa de marginados que forman un caldo de cultivo donde toda barbarie es posible

"La esquina" es un libro duro y honesto, un reportaje vivo que nos muestra una cara de la moneda occidental que se encuentra ya en todas partes: Inglaterra, Italia, España...En suma, de lectura obligada.

 

FICHA: "La Esquina", David Simon y Ed Burns. Proincipal de los Libros. Barcelona 2011. 688 páginas. 27 euros.

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20 octubre 2011 4 20 /10 /octubre /2011 13:23

Hace un año comencé este blog. Hace un año dejé mi trabajo de periodista en La Vanguardia. Hace un año me prometí cambiar y mejorar mi estilo de vida. Hace un año opté por renunciar a la práctica de la psicología y fui despidiendo a mis pacientes. Hace un año comencé una novela y decidí dedicar parte de mi tiempo a reanudar mi carrera literaria. Hace un año quise implementar la disciplina espiritual del zen y la meditación cotidiana, que como un rio Guadiana aparece y desaparece en mi vida desde hace cuarenta años. Hace un año me exigí escribir sólo aquello que mi mente, mi corazón y mi deseo me sugirieran e impulsaran. Hace un año me vine a vivir a un pueblecito encantador del Matarraña. Hace un año repetí mi único compromiso vital permanente: ser vulnerable al amor y a la persona que me lo ofrece con total generosidad. Hace un año volví a darme cuenta de que era un hombre afortunado. Aunque ahora, un año después, me percato de que no he avanzado gran cosa en mis proyectos. 

Esta mañana, junto a la cascada del Ventador, en Els Ports, en plena soledad, acunado por el sonido del agua, entre las rocas de la angosta garganta donde sólo las cabras salvajes y algunos montañeros se acercan, he renovado todos mis compromisos. Y he adquirido uno nuevo: escribir en este "corazón de tinta", durante todo un año.

Aquí tenéis el lugar donde he meditado:

excursiones-8289.JPGmientras caminaba de regreso, apenas una hora pero con un desnivel brutal, reflexionaba sobre el contenido de este dietario que, como veis, se centra sobre todo en la disciplina de la escritura, es decir, en el reflejo --negro sobre blanco-- de todo aquello que en ese día ha merecido mi interés y mi atención, con especial hincapié en las tareas de reflexión, análisis, lectura y estudio que forman parte del espinazo operativo de mis días y parte de mis noches. No hay una estructura de espacio ni de estilo prefijados. Puede ser un simple apunte o una corta reflexión o una observación puntual. Puede ser mínimo como un haiku o largo como un artículo. Pero siempre será sincero y limpio, con una cierta exigencia intelectual de probidad y honestidad.

Ahora escribiré sobre el libro-reportaje "La esquina" de David Simon y Ed Burns. Me agobian un poco estos enormes mamotretos montados en la técnica del best seller, muy americanos y con ambición exhaustiva. Este, sin embargo, justifica su amplitud y algo de su fama y gancho popular. Espera el libro de Jaume Cabré "Yo confieso", extenso y prolijo, también. Y la película "Somewhere" de Sofia Coppola, la hija más inteligente del genio Francis Ford. Si, el de "El Padrino".

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16 octubre 2011 7 16 /10 /octubre /2011 15:17

el-fin-es-mi-principio.jpgHace un par de meses, el 7 de agosto, día de mi santo publiqué en este blog un trabajo sobre la película "El fin es mi principio", protagonizada por ese enorme pedazo de actor alemán llamado Bruno Ganz (al que hemos visto mostrando un Hitler desvalido y patético en "El hundimiento") y dirigida por Jo Baier. En la editorial Maeva y la colección EMBolsillo podéis encontrar esta obra y con ella la constatación de que a veces las memorias personales son una revelación y un placer (a condición de que el personaje sea realmente digno de ese efecto, cosa que Tiziano Terzani es, sin ninguna duda).

Se trata de un libro de pensamientos y reflexión, de un diálogo permanente entre un padre, Tiziano y su hijo Folco, donde se desgranan recuerdos y la vida interesantísima de ese gran periodista de "Der Spiegel", testigo de algunos de los más históricos acontecimientos del siglo XX, pero también reflejando sentimientos y emociones íntimas, en sordina, de una sensibilidad grande y una belleza humana y natural sin paliativos.

La historia que vemos pasar en el diálogo entre el anciano moribundo y su hijo, no sólo atañe al testigo de excepción que es un periodista culto y bien informado, sino una persona con una enorme humanidad y que nos cuenta el trayecto paralelo de su maduración como persona, su búsqueda espiritual y las convicciones éticas que tal desarrollo psicológico conlleva. Para cualquier curioso de los avatares históricos del siglo XX (de aquellos polvos, estos lodos) este libro es una lección de historia.

 

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Tiziano Terzani (1938-2004)  es uno de los más conocidos, hábiles y conspicuos corresponsales de guerra, un periodista de elite con un background impresionante y una bien ganada fama de hombre comprometido con su tiempo, de testigo notarial y comprometido de todas las grandes calamidades que asolaron la segunda mitad del siglo XX, desde la guerra fría y sus excesos, hasta la guerra de Vietnam, el horror de Camboya, la revolución china de Mao, las iniquidades del apartheid en Sudafrica...Un hombre que lo deja todo y se encierra en un ashram de la India, viaja al Himalaya y busca la espiritualidad y al fin se vuelve a Italia a morir, en una casa cerca de las montañas, un pueblo diminuto llamado Orsigna, donde se aisla para meditar en una habitación pequeña de madera -un gompa tibetano- construida en su jardín..

Es allí donde pide a su hijo que le acompañe en sus últimos días, junto a su esposa, haciendo de sus charlas con el joven, Folco Terzani (Nueva York,1969) --realizador cinematográfico, autor del último documental sobre la Madre Teresa de Calcuta y de otro sobre una comunidad asceta del Himalaya -- un verdadero testamento intelectual y espiritual que nos muestra al hombre tal como es a través de los grandes temas que son, en definitiva, la esencia del por qué y para qué de nuestra existencia. Desde la muerte, su sentido o su necesidad hasta la belleza del mundo y la no menos acuciante necesidad de la vida, del vivir.

Asistimos sobrecogidos a un  paseo por la vida de un hombre extraordinario, que se hizo singular no solo por su postura de denuncia de las cosas que van mal en el mundo y de las que él era testigo privilegiado, sino de su propio camino interior, lleno de dificultades y problemas. Habla a su hijo y a nosotros de su primera gran decepción. la caida del comunismo y antes de eso lo que los regímenes habían hecho del comunismo primordial que él soñó y que fue traicionado y bastardeado en Rusia, China, Camboya o Cuba. "Tantas muertes, tantas, ¿para qué?".

Y entonces llega al punto medular de su larga charla, "Mientras que el hombre no cambie, nada cambiará, esa es la verdadera revolución que hay que hacer". No es nada original, antes que él lo dijeron Gandhi, Cristo, Chrishnamurti, el zen o el taoísmo, pero nos convence dicho por este anciando que se está muriendo, en el estropicio de un cuerpo que falla por todos lados y con el que él no se identifica, Una suerte de Tostoi de hoy, rodeado de iconos budistas y de la hermosa realidad que le rodea, su cómoda casa de montaña, la naturaleza, su esposa y sus dos hijos (la hija, Saskia,  trae a su pequeño para que esté con el abuelo). Folco, el hijo, transcribe la larga conversación con momentos en los que nos cuenta las triviliadidaes de la vida cotidiana, los dolores de su padre, sus dificultades digestivas, las ocasionales charlas con su esposa, Ángela --el libro es un canto de amor a "mamá" por parte de Tiziano-. Folco se muestra fascinado, a veces a su pesar por la fuerza y la sensibilidad de su padre.

La última parte del libro se centra en el viaje interior de Tiziano, en su  búqueda de la verdad espiritual, a través de una estancia en la India y también de un retiro en el Himalaya, de esa "iluminación" que ha tenido algunas veces al alcance de sus dedos, pero que con gran lucidez acaba definiéndola de "ilusión". Entonces habla de la identidad, ese engaño de máscaras y roles, de su logro personal de avanzar hacia el estado de "sin nombre", el estado de unión con todo, la revelación de que todo es uno y de que "al final no hay nada y no eres nada". Leeremos conmovidos la frase que dedica al hijo, aunque habla de sí mismo, "Debes vivir una vida en la que te reconozcas, no importa lo que hagas, simplemente se tu".

El libro acaba con el testimonio de una muerte ejemplar, llena de paz, de sosiego y de dignidad, relata a través del dialogo entre los que están alrededor del ancaiano, su hijo Folco, su hija, su esposa Angela, con una enorme economía de medios, rozando la trrivialidad más enternecedora y esa petición ultima de Tiziano de que lo lleven a su pequeña casita del jardín-el gompa- y que lo acuesten allí. Y el final descrito por el hijo: "Se tiende en la cama. Se oye su respiración, como el viento que viene y va..."

En la película y para el recuerdo, la imagen de los dos, padre e hijo, en la cima de una montaña y la del hijo, en ese mismo lugar, aventando las cenizas de su padre. Otra ocasión en que sería aconsejable leer el libro y ver la película, aunque en esta ocasión debe ser con el orden cambiado: vea la película y después lea el libro.

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8 octubre 2011 6 08 /10 /octubre /2011 09:05

 

mapayter.jpg

 

  Este autor de apellido impronunciable, producto cultural francés hasta la médula, con toda la fascinación, el exhibicionismo, la vanidad, la pedante complejidad y la feroz crítica generalizada sin piedad que es marca de la casa en los buenos escritores, Michel Houllebecq, vuelve a buscar ser piedra de escándalo en su última novela, "El mapa y el territorio", con la que recibió, merecidamente, el premio Goncourt, uno de los más prestigiosos del mundo literario.

Este escritor vedette, pagado de sí mismo, con un punto de histrionismo que le crea enemigos encarnizados y admiradores fanáticos, ya asombró, irritó y fastidió al universo lector con obras como "Plataforma", "Ampliación del campo de batalla", "Las partículas elementales", todas ellas pluripremiadas, jaleadas y anatematizadas generosamente por una sociedad internacional de lectores que son sistemáticamente arrastrados a la polémica por un escritor inclasificable, provocativo, presumido y tan complejo como transgresor, una especie de Balzac postmoderno trufado con la sofisticación de Proust, la vulgaridad de Simenon y la patología de un voyeur un poco psicógeno que se usa a sí mismo como material de ensayo.

En esta novela asistimos al nacimiento, esplendor y decadencia de un tipo bastante pasivo y desdibujado, un "artista" que cuestiona con su solo trabajo y su figura el concepto de lo que es el arte, la cultura y la inteligencia, no sólo en Francia, de la que es una genial y cáustica crítica constante, sino de los parámetros de la cultura occidental de nuestro siglo XXI. La vida de Jed Martin, sus intuiciones, sus aficiones, sus amores, su éxito, es como una opereta de Bertolt Brecht manipulada por Jonathan Swift, en ella vivimos toda la riqueza exagerada, superficial, bobalicona de una cultura autoreferencial, la francesa en su aspecto menos sólido y más mercantilista. M.H. (perdonen las siglas, pero es más cómodo que repetir el apellido del escritor) juega con el papanatismo de una cierta concepción del arte (destripado irónicamente por una compatriota suya, Yasmina Reza, en su célebre obra teatral "Arte") haciendo que su triunfo inicial correspondiera a una serie de fotografías de los mapas de la guía Michelin y el definitivo, tras un periodo de sequedad, una serie de cuadros dedicados a los oficios con títulos rimbombantes e irónicos dignos de la pluma del escritor más que de su personaje.

Pero a través de este "artista" lo que se desmenuza usando como catapulta su biografía personal, el, amor, el sexo, las relaciones familiares, la figura del padre, la fama, la sociedad y sus antojos y modas, los gustos gastronómicos, la muerte, Francia como ombligo del mundo y meretriz de un turismo voraz y deslumbrado, la patología siniestra del crimen, la vanidad del nombre, todo con una salsa corrosiva e irónicamente cruel en la que M.H. se autocita constantemente, se hace personaje de su propia novela y se da en sacrificio cruento como un corderito al monstruo de la ambición literaria.

El exceso, la brillantez de la purpurina y la supuesta elegancia de este epítome de lo francés que es M.H. no debe ocultar la eficacia narrativa, el interés a vaces absorbente y la fuerza reflexiva de un texto, siempre sobreabundante y excesivo que consigue ofrecer al lector una imagen, distorsionada pero real, de lo que es nuestra sociedad, nuestros valores y nuestros defectos en este inicio del siglo XXI. No sólo Francia, modelo denigrado pero ensalzado también  de M.H., sino todo occidente. Su creatividad y dotes de observación de la dinámica del tiempo que vivimos le hace ser profético en sus obras, así en "Plataforma" (2001), un atentado islamista o las revueltas de la primavera árabe unos años antes de que se produjeran en "La posibilidad de una  isla" (2005). Sin embargo, nadie busque la profundidad de un análisis sociopolítico de un Tony Judt, no, M.H. es un novelista y no bucea en causas y consecuencias, en él todo tiene la superficialidad de la página literaria a la manera de Sthendal, un espejo a lo largo del camino. Son intuiciones certeras pero nacidas más de la brillantez de un payaso crítico muy hábil con la pluma y el sarcasmo, que del peso razonado de un pensador que sacrifica la forma por el fondo.

"El mapa y el territorio" es una vuelta de tuerca (que algunos tildarán de rettroceso a posiciones literarias más conservadoras) en la obra de M.H. Lo sociológico tipo Swift cede su lugar a un retrato, igualmente cáustico pero más reposado y juguetón de la sociedad del momento y sus vicios y virtudes (más lo primero). El tema central, el arte, es la diana más precisa. Como M.H. escribe en la página 94  de su libro: "ser artista es ante todo ser alguien sometido...a mensajes misteriosos, imprevisibles...que habria que calificar de intuiciones, mensajes imperiosos, categóricos...que no te dejan la menor posibilidad de escabullirte...a no ser que pierdas toda noción de integridad y respeto por tí mismo". Y M.H. da todas las muestras de ese sometimiento del que habla y se refiere a sí mismo, por supuesto, el escritor, más que a su personaje, que no deja de ser un pálido reflejo de su propia abarcadora y exigente personalidad que nos ofrece una visión del mundo que, indudablemente, es categóricamente la que le ofrece su particular visión de escritor de éxito indiscutible, inflado de sí mismo y autoreferencial, hasta el punto de convertirse a si mismo en un personaje nada casual de su propia novela, por primera vez con forma y ambición de novela tradicional, más que de sarta de provocaciones brillantes y demoledoras.

La trayectoria de Jed Martin con   su exito Michelin, su silencio de diez años y su arrebatadora serie de retratos de los oficios que caracterizan al siglo desde la escort-girl que le alegra el sexo desde la salida de escena de Olga, la rusa que es su primer amor y su lanzadera con el éxito, hasta el encuentro simbólico entre Steve Jobs y Bill Gates, el retrato de Dorian Grey en forma de Damien Hirts y Jeff Koons, gurús del mercado del arte, el de su padre o el del propio escritor, M.H. convertido en cliente y motor de una parte de la novela, asesinado irónico, parodia de un thriller. Una trayectoria que se remansa al final, en una decadencia fisica, artistica y psíquica que constituye uno de los mementos más nostálgicos y humanizados del personaje y una lenta degradación que consume la brillantez paródica de la novela.

M.H. no decepcionará  a sus fans y logrará irritar un poco más a sus detractores. Pero una cosa es segura, hay que leer "El mapa y el territorio", un titulo muy  zen, que le da la vuelta al estilo provocativo M.H.: para este no existe la confusión que denuncian los maestros zen: "no confundas el mapa con el territorio, ni el dedo que apunta a la luna con la luna". Para M.H. el mapa es más importante que el territorio. Muy acorde con la personalidad exhibicionista del escritor.

 

 

 

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29 septiembre 2011 4 29 /09 /septiembre /2011 10:41

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El profesor Amador Vega nos ofrece en su librito editado por Fragmenta Editorial, "Tres poetas del exceso: le hermenéutica imposible en Eckhart, Silesius y Celan" una obra forzadamente minoritaria pero de una sugestividad y precisión tal que la considero una obra de referencia para el lector que quiera entrar en la obra de los tres grandes pensadores citados.

Según Vega los tres tienen un punto en común, su texto, muy poético las más de las veces, circula por un universo comunicativo difícil de captar, polisémico, de interpretación aleatoria, con un mensaje de múltiples siginificados que transita por niveles místicos y simbólicos elevados.

Me atrajo en principio el hecho de la diversidad y aparente lejanía entre el Maestro Eckhart, un teólogo dominico alemán que cabalga los siglos XII y XIV y que fue juzgado herético por la autoridad eclesiástica del momento y posteriores, Angelus Silesius, un místico polaco que se expresa en alemán y que vivió en el siglo XVII y Paul Celan, un poeta rumano de lengua alemana, judío, que vivió el convulso siglo XX. Aparte de su origen geográfico y por tanto de una cultura con sus propias caracteristicas diferenciales, se me escapaba antes de leer el librito de Vega esa esencia común del lenguaje y su contenido enigmático.

Como dice Vega,  «Los tres autores aquí reunidos, a pesar de su distancia en el tiempo, parecen tener una misma vocación: crear un lenguaje que escape a toda pretensión interpretativa. Cuando leemos sus textos poéticos no podemos dejar de pensar que ninguna imagen puede ser extraída de su contexto de escritura sin que con ello caiga rota en pedazos en su resistencia a ser trasladada a conceptos". Ese lenguaje que les une, el verbo que se convierte en instrumento de acercamiento a Dios, no solo a la idea o el concepto, sino a la esencia de lo absoluto, de lo inconmovible, de la raiz de todo, es el medio que se eleva en un vuelo de águila en busca de una intuición perceptiva que se nos niega una y otra vez. En esos momentos los poetas evocan el absoluto de la nada, del vacío, hermanándose con las disciplinas espirituales orientales y también en algo que forma parte de nuestra cultura espiritual, la evocación de la unión de todos en todo, de la uniformidad de lo creado.

Amador Vega (1958, Barcelona) es filósofo doctorado en Alemania y catedrático de estética de la UPF y se dedica al estudio de la mistica occidental. Entre sus libros destaco "Maestro Eckhart, El fruto de la nada y otros escritos" (Siruela 2010) y "Zen, mística y abstracción" (Trotta 2002), por mi familiaridad con el zen y mi afición a esta temática.

La lectura de su libro (124  densas páginas en formato pequeño, menos de medio folio) resulta amena aunque hay algunos fragmentos que es preciso  leer dos veces para captar la profundidad de lo que evoca. Su gancho estriba en esa expresión de la transgresión que el mismo autor considera característica de la literatura espiritual. Y así nos habla de la conversión mediante el abandono, "un conocimiento cuyo modo carece de modo" de Eckhart, a la metanoia del amor como principio y fin de la sabiduría. Cita:

Hazte como un niño

hazte sordo y ciego.

Tu propio yo

ha de ser nonada,

atraviesa todo ser

y toda nada...

abandona el tiempo

y tambien la imagen.

 

Es difícil no percibir el talante zen en estas palabras.

Se pregunta Vega "¿Hasta que punto los excesos del lenguaje de los misticos no responden en toda epoca a un exceso de significado de sus imágenes?" y analiza la obra y el estilo de Johannes Schefler (1624-1677) conocido como Angelus Silesius, en el que se percibe  la "topología del desasimiento" en un lenguaje a menudo críptico y de tan alto lirismo que merece y exige una y otra revisitación reflexiva.

 

Como dice Silesius "Amigo ya basta, si quieres leer mas

ve y conviértete tu mismo en la escritura y la esencia.

¿hay algo más actual que ese estilo frente al lector?

Y en Paul Celan, ese cripticismo, esa enigmática oferta al lector (escribía: leer es recoger  "el mensaje lanzado al mar en una botella". Sus poemas exigen, también en este poeta, una atención continua, un "leer una y otra vez, la comprensión llegará por si sola" como dice él mismo. Una atención que es como una "oración natural del alma" y que no está tan lejos de la atención permanente que postula el zen.

También la nada se expresa en este poeta angustiado que termina sus dias en las aguas del Sena tras escribir poemas como este

"Negra leche del alba te bebemos de noche

te bebemos en la mañana y al mediodia te bebemos,

al atardecer

bebemos y bebemos"

Esa leche negra del alba que acompañará los ultimos días del poeta, judio en la Alemania nazi, pierde su significado circunstancial para ajustarse al poemario -y a la via-- del desdichado Celan.

En suma, una obra breve pero densa y evocadora, sugestiva y sugerente.

 

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27 septiembre 2011 2 27 /09 /septiembre /2011 09:34

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  Lo primero que sorprende de esta escritora es su juventud (23 años) y el grado de madurez que ha alcanzado. Lo segundo, la calidad y vigor de su universo narrativo, tan propio y ajustado a una cosmovisión muy particular. Y lo tercero, que nadie haya evitado que surgieran en la novela tantos errores de estilo y tantos descuidos. Se sabe que una primera novela arrastra en sí misma defectos casi inevitables. Pero en el caso de "Belfondo" , los errores estilísticos y descuidos redaccionales hubieran sido subsanables con una buena corrección de estilo. Atentos pues a una nueva edición de la novela, amigos de la , por otra parte, excelente editorial "Principal de los Libros". Aquí no vale que lo achaquemos a un estilo rudimentario de primeriza: la fuerza y la potencia del universo creado por esta escritora justifica que el lector no reciba la negativa sorpresa de captar esos errores.

Y ahora pasemos a lo positivo de la novela de Jenn, que es mucho. Desde la habilidad en la creación de personajes, a la cadencia narrativa, voluntariamente demorada en detalles y sugerencias, pasando por el vigor en la composición de un espacio cerrado en sí mismo, repleto de elementos míticos, primitivos casi antropológicos, fuera de un tiempo y lugar identificables, una atmósfera que nos resulta familiar pero que mantiene sus propias dinámicas obedeciendo a leyes de comportamientos y actitudes que parecen surgidas del inconsciente colectivo de nuestro país.

La escritora logra comunicarnos la sensación de ahogo, de lugar sin salida, que padecen los personajes, un espacio mágico donde todos se encierran sin poder aspirar a visitar otros mundos, aunque estén a la vuelta de la esquina, sin saber con certeza qué es lo que les impide marcharse. Es como el salón de "El ángel exterminador" de Buñuel, ese grupo de personas que se ven encerradas en el salón de la casa, sin que nadie se atreva a salir aunque no hay nada ni nadie que se lo prohíba, reforzándose unos a otros el horror a eso desconocido que hay "fuera".

Los personajes paradigmáticos, encerrados en sus propias caracteristicas emblemáticas, el enterrador, el maestro, el falso "cura" ciego, la tocadora de campanas y "dueña" del tiempo, la fábrica y sus obreros, la viuda, la puta, van desplegando sus historias personales que son parte de una historia colectiva centrada en el "amo", el aglutinador de todo, el creador, el ¿dios? de una comunidad sin esperanzas, que crea un "dios" a su antojo, una diosa, su mujer, que dicta sus normas al "cura" ciego, pero que quedará cautiva de su engaño. Todos ellos hacia un final, un poco forzado, que queda abierto y en suspenso, como el despertar de una pesadilla. 

La novela, de  menos de doscientas páginas, engancha y sorprende.  Recuerda a uno los mundos propios, obsesivos, ambiciosos, de ciertos novelistas, Garcia Marquez, Roa Bastos, Alejo Carpentier, la Allende, mundos estrechos, cerrados en si mismos,  con una especie de universalidad que le dan sus personajes, la bravura literaria de una Región de Benet, la Vetusta de Clarín, o la terra ignota de Sanchez Piñol, pero "Belfondo" es sutilmente distinta, más primitiva, más elemental, diría que más banal, menos elaborada y al tiempo más entrañable. Es como si una niña nos contara un cuento. Detrás de lo narrado no está la voz poderosa, taumatúrgica de un creador omnisciente, sino la vocecita tímida pero sugestiva de una niña que nos narra un sueño.

No es una "obra maestra" como escriben algunos  en los panegíricos leidos en la red. Es una obra apreciable que hace evidente el surgimiento de una voz con fuerza y mérito en el mundo literario. Que tiene mucho camino por delante y muestra unos modos y maneras que, ciertamente, hacen esperar mayores alcances.

Los propios errores apuntados al principio hace que uno respete esa promesa de futuro que se desprende de "Belfondo". Es como el talante zen frente a los objetos. Sus pequeñas, casi inadvertidas, imperfecciones son las que dan la medida de su belleza.

Por eso, con cariño, Jenn, evitemos frases y construcciones como "no quería hacerle ningun tipo de cuestión a su mujer", "ola de aire calientisimo" (sic),"es la cuarta de cuatro hermanos que son", "no es que tuviera algo para merecer el puesto que el resto no","pero el amo ya no sabe de amar", "las veces que no se la ha hecho, la señal, ha sido...", "Arcadio aprovecha todas esas ausencias, que es que la mira y sabe que en ese momento no está, de su mujer para pensar en la lección que quiere darle a Monral" (pág.96) "Nadie podia arrancar de sus almas lo que Elpidio","Ella, que se basta de tantas cosas menos de analizar las cosas, que es tan así...tan que siempre parece muy viva, pues hay algo ahí que la frena".

Se me puede argumentar excusas de estilo propio, escasa importancia  de los errores y reiteraciones gramaticales o de estilo...sí, seguramente, pero una escritora como esta merece que el sendero de su narrativa esté limpio, o lo mas limpio posible, de esa broza o basurilla de estilo.

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