...y el mundo no deja de parir guerras. La revista “The Lancet” ha publicado un estudio multidisciplinar en el que, consultando estadísticas de población en todo el mundo, se ha llegado a la conclusión de que para el 2050 (dentro de 26 años) más del 75% de los países del planeta no podrá mantener el tamaño actual de su población. Decrecemos a un ritmo como no se había visto en la historia de estas mediciones. Solo seis países mantendrán tasas superiores a 2,1 hijos por mujer y posiblemente más de la mitad de los bebés nacerán en África. Parece ser que en un futuro próximo de baja fecundidad dependeremos de la cuna prehistórica de la Humanidad. Esa tendencia demográfica provocará cambios lentos pero evidentes en la economía del planeta y en el equilibrio geopolítico del poder. Y así mientras el rico occidente va reduciendo su población activa y aumentando la de ancianos, en casi todos los países del hemisferio el número de muertos superará con creces el de nacimientos. En España, se compensa ese fenómeno con un mayor número de inmigrantes, ya que el índice de fecundidad de las españolas ha bajado de 2,47 hijos por mujer en 1950 a 1,23 en 2021.
Pero a esta situación crítica, añadida a las que ya existen, hay que oponer un razonamiento lógico: ¿de verdad en las sociedades y países de nuestra actualidad histórica se pueden aplicar estimaciones objetivas de proyecciones estadísticas, cuando no podemos, en rigor, ni siquiera imaginar por donde nos llevarán mañana los cambios que se producen a una velocidad casi imposible de evitar? Tampoco se puede caer en el optimismo de los que piensan que este “invierno demográfico” puede ser una oportunidad para establecer un equilibrio sostenible en la población. En 2022 se alcanzó la cifra récord de 8.000 millones y parece que ese será el pico y pronto comenzará la bajada, gracias al efecto guillotina de las víctimas de las guerras, hambrunas y catástrofes, unido a la tendencia en muchos países de parejas jóvenes sin hijos o con uno o dos a lo sumo.
También en China y en Rusia el envejecimiento de la población y la merma de nacimientos alterará el equilibrio de los dos gigantescos países, ya que el declive demográfico tiene efectos negativos sobre el mundo laboral y económico. En los últimos tres años Rusia ha perdido dos millones de habitantes más de los que ordinariamente hubiera perdido a causa de la guerra, las enfermedades y la emigración o el exilio.
En conclusión, no estaría de más que, en España, los partidos políticos en lugar de pelearse como energúmenos por el poder, establecieran una política consensuada de apoyo económico y sanitario a la natalidad. Es un problema real y será acuciante.-Alberto Díaz Rueda