Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
12 octubre 2021 2 12 /10 /octubre /2021 18:49

 No abundan los estudios sobre la gran amenaza oculta que se mantiene y progresa fuera del foco de la información, antes, durante y tras la pandemia. Quizá porque se trata de un problema tan viejo como la humanidad: la salud mental. Se ha escrito mucho sobre las consecuencias negativas que el virus y las restricciones de movimiento han causado en las personas con desarreglos mentales. Desde el aumento de divorcios, violencia sexista, suicidios, depresiones y excesos compensatorios (de los que los botellones son un lamentable ejemplo). Pero, curiosa y significativamente se ha escrito y hablado muy poco sobre los efectos que el exceso de trabajo, la falta de reposo y la carga de la responsabilidad ha tenido sobre los hombres y mujeres que integran el mundo sanitario, la primera trinchera de la brutal batalla vírica. ¿Creen ustedes que con nuestros aplausos en las oscuras jornadas de internamiento, la sociedad ya “ha cumplido” con esas personas? ¿Hay algún estudio oficial que evalúe los devastadores efectos que la pandemia –al margen del virus en sí- ha tenido sobre las mentes de muchos de esos profesionales? No me consta.

Pero si se dispone de información suficiente para inferir que el problema puede ser gravísimo en el  caso de que se reproduzcan las olas de contagios. Resulta insólito, vergonzoso y alarmante de que a estas alturas no dispongamos de cifras siquiera aproximadas del número de sanitarios que están de baja o en tratamiento psiquiátrico y psicológico por estrés post traumático (TEPT). Médicos, enfermeras-os, auxiliares de clínica, celadores. Muchos dieron su vida, enfermaron o contagiaron a sus familias. No hay cifras. Recuerdo la dura frase de Tzvetan Todorov, durante las purgas de Stalin, “Un muerto es una tragedia; un millón de muertos es un dato, una información”. Es difícil imaginar la amargura interior de esos profesionales dañados psicológicamente de forma grave. No hay cifras de suicidios o de estados incapacitantes de ninguna de las dos partes del frente de batalla covidesco: las trincheras, UCIs, y la retaguardia, salas. Resulta más difícil aún suponer la profunda desazón que les debe invadir cuando ven y oyen a los negacionistas y a los que priman, sobre cualquier otra consideración, sus “necesidades” de placer, de emborracharse juntos o de destrozar lo que sea como forma de “sentirse vivos y sanos” tras el supuesto paso de la peste.-

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
10 octubre 2021 7 10 /10 /octubre /2021 17:40

(Publicado en La Comarca, 051021)

En Japón y en Corea los singularizan con una expresión. La japonesa es “hikikomori”. Son personas, casi siempre jóvenes, que viven al margen de la sociedad, encerrados en una habitación, delante de la pantalla de un ordenador. Sus relaciones son mayoritariamente digitales, así como sus actividades, referencias, distracciones y ocio y, a menudo, su mundo laboral o estudiantil. La pandemia les ha venido como un apoyo inesperado.

También en occidente los hay, aunque nadie habla de ellos ya que entran en el sector de lo “ocultable”, algo de lo que sus familias se avergüenzan o directamente se juzga como patología psicológica y se acude a los psiquiatras en busca del remedio de los fármacos. Por cierto en la estadística (inexistente o no publicada) de los suicidios juveniles en alarmante alza, sería muy significativo ver cuántos “hikikomoris” la engrosan.

Ya empiezan los especialistas en salud mental, sociólogos y expertos multidisciplinares a estudiar y tratar de paliar esa tendencia que favorece la actual sociedad digital. Más que los diagnósticos, preocupan las causas visibles, o no, de esa anormalidad del aspecto relacional del ser humano, mucho más frecuente de lo que parece. Depresión, conflictos familiares, TEA (Trastorno del espectro autista), TDAH (Trastorno por déficit de atención e hiperactividad), TAG (trastorno de ansiedad generalizada) Síndrome de Asperger, trastorno de estrés postraumático, fobia social, agorafobia, trastornos de evitación, timidez extrema o experiencias de abusos sociales o familiares. Como ven la lista de posibles causas es extensa.

La prevalencia de esos casos en el mundo juvenil puede ser abrumadora de aquí a unos años y extenderse a la franja de edad que en Estados Unidos llaman “tweens” (de 8 a 12 años), Facebook parece que ya está a la greña con TikTok y Snap, tratando de ampliar su clientela (y con ello, como efecto directo, la vulnerabilidad de esos adolescentes a los cantos de sirena digitales) con la amplia, caprichosa y contagiosa técnica de absorción y seducción visual.

La oferta estará vestida con ropajes atractivos y con una fraseología que tranquilice a los padres: juegos creativos, consejos para madurar, palancas de crecimiento a través de relaciones “on line” con compañeros de edades semejantes. Pero no se trata de una “paideia” griega plena de valores y principios éticos, sino de un negocio que trata de ajustarse a la sociedad “líquida” en que esos niños viven, atrayéndolos a una existencia basada en el egoísmo, la soledad y la atomización social. No dejemos solos a los niños.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

.

.

.

.

 

 

Compartir este post
Repost0
28 septiembre 2021 2 28 /09 /septiembre /2021 16:22

LOGOI 220

TARADOFILIA

La teoría de partículas demuestra que los individuos que se comportan de manera aleatoria e impredecible pueden llegar a afectar  al sistema en su conjunto, es decir a la muchedumbre. El llamado “movimiento browniano”, teoría que explica el movimiento de las partículas, sugiere que debemos observar los acontecimientos a menor escala para comprender el cómo y el porqué de los cambios que se producen. La aleatoriedad de los individuos sometidos a una determinada dinámica agresiva puede dar paso a un patrón inesperado. Que, gracias a la segunda ley de Newton (fuerza=masa x aceleración) nos permite comprender la nefasta aparición del vandalismo a gran escala: por ejemplo, la brutal celebración del último día de las Fiestas de la Merced en Barcelona. La barbarie es igual a una masa de individuos con la fuerza destructiva acelerada por unos pocos tarados. Y en menor escala, las gamberradas que se producen en ciudades pequeñas o en pueblos.

Basta un tanto por ciento casi ridículo, un 1 o 2%, de tarados (lo son en un  amplio espectro, desde la psicopatología hasta los de signo político o socioeconómico) sumergidos en un fluido compuesto de muchedumbre + alcohol+ permisividad indirecta + vecinos asustados que esconden la cabeza para no ser puestos en la picota de las redes del chismorreo vecinal (en los pueblos), para observar la eficaz pertinencia de la teoría de partículas. La taradofilia se expande como un virus o como unas partículas aleatorias que van generando movimientos masivos y contagian su feroz agresividad a personas generalmente moderadas. Esos sujetos  podrían detectarse con un buen algoritmo aplicado a las filmaciones de los actos vandálicos. Allí se detectarían los pocos pero eficaces tarados que inician actos bárbaros, gratuitos, innecesarios que, precisamente por esas características, activan el pequeño núcleo de salvajismo que los humanos llevamos dentro y que raramente dejamos emerger.

Un colega se lamenta: “No sé si somos del todo conscientes de la gravedad de haber asumido que no actuar (dicen que para evitar males mayores) es la mejor manera de actuar en estos casos”. Pues no. Con nuestra tecnología, deberíamos aplicar la teoría de partículas a una busca de los elementos que generan y precipitan el vandalismo. Eso en las  grandes ciudades. En los pueblos, terminar con la falsedad de una “solidaridad” mal entendida entre vecinos. Siempre se acaba reconociendo al vándalo que complica la  vida a la comunidad.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
21 septiembre 2021 2 21 /09 /septiembre /2021 17:50

En su biografía Arthur Koestler, el novelista húngaro de origen judío, autor de “El cero y el infinito”, periodista y activista político, menciona una leyenda del Talmud sobre “los treinta y seis hombres justos”. La leyenda asegura que la existencia de los 36 hombres justos en cada generación ha sido la garantía de que la Humanidad no se extraviara nunca del todo, que se alzara después de cada estrepitosa caída.  Esas 36 personas no son reyes o líderes políticos, trabajan anónimamente en sus quehaceres y ayudan a los demás de forma silenciosa, continua y altruista. Un observador atento reconocería a alguno en aquellas personas que cuando uno está desesperado o no encuentra razón para vivir, nos infunden fuerzas, nos convencen de que vale la pena vivir y también ayudar a los que están peor que nosotros. Crean, alrededor de ellos, pequeñas islas de orden y dignidad en un mundo de caos, absurdo,  iniquidad y egoísmo.

Esos hombres no son héroes, ni santos, ni grandes científicos. Son leales y solidarios en un mundo donde la lealtad y la ayuda mutua son valores degradados. Brillan por su discreción, su sentido del honor y su insobornable dignidad. Son personas enérgicas, no parecen tener miedo a nada, gozan de una gran energía y desaparecen con discreción cuando han cumplido su labor. No los distingues a simple vista, parecen iguales a los demás, puesto que han recibido la misma –mala- educación, pero hay algo en ellos, algo cordial, profundo, que ha superado los inconvenientes de un estilo de vivir que valora lo que tienes no lo que eres y tiende progresivamente a la deshumanización de la tecnología triunfante. Suelen ser las primeras víctimas del fanatismo, el nacionalismo exacerbado, los fascistas, los totalitarismos o la simple codicia estúpida. Pero cada generación tiene sus 36 hombres justos (iba a añadir mujeres, que deben formar parte de esa mítica cantidad, pero el Talmud es de una época en que ellas no eran consideradas) y aunque no son capaces de cambiar la deriva de una civilización sí salvan a muchas personas de la desesperación. ¿Se ha encontrado usted, amigo lector, con alguna de esas treinta y seis personas justas? Yo sí.  Y es reconfortante.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
14 septiembre 2021 2 14 /09 /septiembre /2021 11:28

(publicado en La comarca, 140921)

Vivimos la catarsis social del insulto, el improperio y la descalificación. Y no sólo en los diversos niveles de la política, también en la sociedad, la enseñanza o el mundo laboral. Es como si la “hybris” griega, la locura que envían los dioses, se adueñara de los ciudadanos inyectándoles cada día la desmesura del odio y la soberbia: transgreden todos los límites, corrompe instituciones y símbolos, costumbres, moral, moderación, sentido común, sobriedad, cortesía y respeto. El odio es un virus que se apodera de todos, por contagio, por intereses, por racismo, por sexismo, por estupidez o por ignorancia.  Es un factor ambiental más, un signo caracterológico social. Circula entre los grupos de adolescentes que apalean a un hombre bebido porque “es divertido”, o entre los jóvenes “embotellados” que arrasan todo aquello que es objeto de su violencia: desde una muchacha, al mobiliario urbano, las farolas, un policía, un coche aparcado, una hilera de motos, un jardín, o las ventanas de un banco, una comisaría o un hospital. Es el mismo odio, amplio y pegajoso, que se respira en las redes contra un presunto culpable de algo, antes de ser juzgado, contra alguien por ser negro, gay, o de alguno de los colectivos de diversidad sexual (LGTBI), por ser mujer o por ser hombre, que montan fulgurantes campañas persecutorias capaces de hundir a una persona hasta el suicidio. El odio irrazonable y caprichoso que se mastica en las tertulias de cualquier medio. El que se disfraza de intolerancia, nacionalismo o separatismo, se adjudica un “anti” algo y trata de demolerlo en vez de analizar o argumentar. Todo multiplicado de forma vil pero efectiva por algoritmos sin alma que buscan beneficios económicos a corto plazo y que tienden una alfombra roja al paso de los populismos más encanallados, en busca de la desestabilización de la ya herida democracia.

El virus del odio ha infestado el ecosistema de las redes sociales, y se derrama en las calles en cuanto hay una “excusa”. Es un virus que se alimenta del desprestigio de la razón, la política y la ciencia y provoca inseguridad y miedo. Es un ruido permanente que impide el diálogo, única forma de resolver los problemas.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
7 septiembre 2021 2 07 /09 /septiembre /2021 16:22

Publicado en diario La Comarca 070921

Tiene el chispeante nombre de unas patatas fritas o el de un entrañable profesor de colegio inglés, CHIPS. Pero también es el apelativo de un componente diminuto e indispensable cuya escasez puede poner en jaque a gran parte de la industria tecnológica y provocar una carga de los jinetes del Apocalipsis económico. Ya se van acercando a trote ligero al mercado occidental y aún más  al europeo. La ecuación capitalista básica  de los excesos: Demanda-Producción-Consumo,  ha sido herida en su centro neurálgico: la producción de chips y ciertas materias primas de las que escasean en Occidente. En consecuencia el delicado equilibrio se ha roto y aumenta la demanda y, por carestía, disminuye el consumo: ergo, alza de precios e inflación a las puertas de una depauperada economía global postpandémica.

Estamos hablando de móviles, ordenadores, baterías,   electrodomésticos y componentes  electrónicos de coches, maquinaria y aviones, energías renovables, sector aeroespacial y Defensa.

Planteemos el  “Qui prodest” de Cicerón  ¿A quién beneficia la situación? La lógica de los hechos y las cifras apuntan al mundo asiático, un poco al africano y Sudamérica. Es una paradoja ética que nos hace reflexionar: muchas de esas materias primas dependen de países del llamado Tercer Mundo, enquistados en la miseria y en dictaduras oligárquicas. La UE ha comenzado a tomar cartas en el asunto un poco a destiempo, cuando ya Rusia, China o Australia llevan tiempo controlando no sólo la producción y extracción, sino el procesado y las cadenas de suministros.  La lógica de la geopolítica premia a los países –China es la principal muestra- que han sabido implementar estratégicamente su producción  de minerales como el litio, el manganeso o el níquel entre otros, relacionados con eso tan vital en nuestra vida actual que se llaman baterías. O chips.

Ahora resulta que cerrar las minas de minerales ha sido un mal negocio. Mientras en Bolivia, Kazajistán o Mongolia  y regiones remotas de China se afanaban en aumentar su producción y tratamientos de minerales estratégicos, en casi todos los países de Europa y Estados Unidos se lavaban las manos y dejaban que esos “sucios” menesteres los hicieran los países subdesarrollados… Tonto el último.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
31 agosto 2021 2 31 /08 /agosto /2021 09:50

Cuando desaparecen los gestos rituales y se menosprecian la cortesía y los modales, se imponen las pasiones más elementales  y se disparan las emociones, sin contención y sin medida. No es tiempo de rituales, expulsados de las costumbres sociales por “caducos e innecesarios”, porque no se pliegan a las exigencias de consumo y aceleración de la sociedad neoliberal. Los rituales son procesos narrativos, no aditivos. Siguen un ritmo propio, no permiten aceleración ni individuación. A través del ritual se produce la identificación con algo colectivo, con una fuerza superior que rebasa el narcisismo del yo. En el rito, el auténtico sujeto es la comunidad abierta a todos y forma una unidad superior al individuo.

El domingo asistí a una manifestación en un pueblo de poco más de cien habitantes. Llegué a contar casi 140 participantes, incluidos ancianos y ancianas y los niños en vacaciones familiares. Se pedía una actuación urbanística sobre la carretera de acceso, entre pancartas y eslóganes alusivos cantados a pleno pulmón por los chiquillos y coreados por los adultos. Analicé la estructura ritualista del acto. La dinámica emocional del rito devoró la individualidad y la diversidad de los participantes. Fui consciente  del sentimiento objetivo y colectivo que animaba a todos. Durante unos mágicos momentos sentí la emocionante unidad de lo comunitario y percibí una casi visible ligazón de todos entre sí, conformando un solo elemento, elevado a un fin superior. Noté el entusiasmo de los niños, que son muy sensibles a los rituales, y el brillo de la identidad colectiva, quizá nostálgico pero real, en los ojos de los mayores y de algunos jóvenes.  Los rituales crean ejes de resonancia socioculturales de tipo vertical (el cosmos, valores, el tiempo) horizontal (con los vecinos entre sí: la comunidad) y diagonal (con el objetivo: el arreglo de los accesos al pueblo) que configuran el respeto y el amor a lo “nuestro” a algo que nos define en sí mismo, las señas de identidad (cada vez más débiles en esta época líquida).

Un acto de pueblo pequeño, alentado por un objetivo que exige respeto, se convierte en un ejercicio de psicología social y en una ocasión para destacar la pérdida creciente de los rituales en nuestra sociedad. Algo que cada vez nos deja más desamparados y más fáciles de dirigir y manipular.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
30 agosto 2021 1 30 /08 /agosto /2021 14:44

LOGOI 215: ¿EXTINCIÓN?

Cada vez hay más voces de científicos, expertos en geología, botánica, bioquímica, biotecnología, zoología, climatólogos y economistas que claman por un mundo sostenible, ante la evidencia de que nuestra especie ha alterado el planeta desde su atmósfera al espacio exterior, desde la corteza terráquea hasta el fondo de los mares y dañado, ríos, lagunas y hábitats selváticas de especies. A finales del siglo XX se acuñó un término para esta era: Antropoceno. Características: una tendencia progresiva a la acumulación de gases de efecto invernadero que arrasa con el equilibrio climático y la salud de cuanto vive sobre la tierra, así como el consumo irresponsable de los recursos naturales. El Antropoceno podría ser la última era –la sexta extinción- de la especie humana, aunque quizá no del planeta, que se recuperará con el tiempo, como hizo en las cinco extinciones globales del pasado remoto.

Los limites de sostenibilidad del planeta enunciados por los científicos de todas las ramas interesadas han sido ampliamente rebasados: el equilibrio climático, la destrucción de la cobertura vegetal que garantizaba ese equilibrio, el aniquilamiento progresivo de la biodiversidad, la desaparición de ingentes cantidades de especies animales, la alteración de los flujos biogeoquímicos del fósforo y el nitrógeno, la aceleración del consumo de recursos primarios, el gasto de energía, crecimiento demográfico, deterioro de la biosfera y un capitalismo brutal atento al ciclo “consumo irresponsable-deterioro de la vida humana- beneficios crecientes”. ¿Cómo responde la humanidad y sus dirigentes a todo eso? Con una confianza ciega, suicida y estúpida en el redentor que nos salvará en el último minuto: la tecnología, la super heroína, vista de forma ilógica e irreal, que garantiza el progreso y el desarrollo incesante sin secuelas desagradables.

Mientras tanto, nadie admite que es un problema global que atañe a la supervivencia. Pocos parecen ver los nuevos caballos del apocalipsis: los Gobiernos,  manipulados por intereses económicos; la codicia de beneficios crecientes de una élite financiera; la ignorancia voluntaria de masas de población que o niegan los problemas reales o se resignan porque creen que no pueden hacer nada al respecto. ¿Cabe mayor desatino?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
17 agosto 2021 2 17 /08 /agosto /2021 18:16

LOGOI 214: CORTESÍA

Michel de Montaigne, decía que aprender a ser cortés es algo necesario en la vida social y familiar. Y añadía “al igual que la gracia y la virtud, engendra mutua simpatía”. A través de los años uno aprende a saborear la certeza de esas palabras y aún añadiría que también es muy gratificante aprender a ser cortés con uno mismo. ¿Cuántas veces se regaña usted por algún error o unas palabras inoportunas? O siente fastidio o  indignación  ante cualquier falta de cortesía que alguien tiene con nosotros o con otros, delante nuestro.

Es problema muy actual: la pérdida de la cortesía como virtud social, la creciente e imparable ausencia de buenos modales, el aumento de la grosería, las palabras soeces, los malos modos y la ausencia total de delicadeza en el trato, sin que la edad, el sexo u otros factores de indefensión, tengan algún efecto suavizador o “exculpatorio” para la persona que pierde los estribos o simplemente abusa de su supuesta “razón” o “superioridad”, buscando el aniquilamiento moral, la vergüenza o la burla sobre otra persona...

Vivimos una época en la que el “tú” se impone por costumbre, las galanterías con el otro sexo son desdeñadas y sujeto de sospecha, la vejez estorba y en el mejor de los casos es ninguneada, el otro, el extranjero o el menesteroso, son como el “hombre sacer” (sin derechos) de los romanos o reflejos de la “vita nula” (sólo cuerpo) de Giorgio Agamben o Hanna Arendt, puros seres humanos sin atributos.

Hoy,  la mutua tolerancia y el respeto que deberían regir una sociedad pluralista, variada y globalizada, brillan por su ausencia. Anthony Grayling define la cortesía como “conjunto de costumbres, etiqueta, educación y rituales informales que facilitan nuestra interacción y nos proporcionan un estilo de vida en paz y mutua consideración”.

La desaparición de la cortesía nos hace la vida tan incómoda, insegura y ultrajante, que uno se indigna con la hipocresía social que instaura “tribunales públicos digitales” de una beata moralidad (nauseabunda, porque solo obliga a los otros) o permite libertades agresivas y destructivas en nombre de la “tolerancia” a jóvenes y adultos porque es una muestra de “libertad”. La pregunta clave es: ¿en nombre de qué razón se ha dejado de enseñar –y exigir- cortesía y buenos modales a los ciudadanos?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0
10 agosto 2021 2 10 /08 /agosto /2021 10:27

Logoi 213

SOSIEGO VITAL

(Publicado en La Comarca el 100821)

Nietzsche, en su libro, “Humano, demasiado humano” nos aporta un párrafo profético (como tantos otros en la obra de este filósofo desdichado): “Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie… por tanto, entre las correcciones necesarias que debe hacerse al carácter humano está el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo”.

Byung-Chul Han, el filósofo germano-coreano, lo cita en su libro “La sociedad del cansancio”. En esencia ambos pensadores, el clásico y el  actual, a pesar de más de un siglo de diferencia, coinciden en dos puntos clave: la agudización de una “barbarie” sistémica que se pondría de manifiesto tras las dos guerras mundiales - y las incontables parciales - del siglo XX y en un estilo de vida humana que se ha ido degradando paralelamente a la del planeta (mostrando una vez más que formamos parte de un Todo) y al sistema capitalista neoliberal que nos asfixia a la mayoría (menos a una minoría privilegiada y hegemónica). Bajando (o subiendo) al “nivel” del ser humano y su vida cotidiana, Nietzsche no hubiera imaginado nunca una situación de neoesclavismo voluntario, en la que vivimos con nuestro paralelo e irreal mundo digital.

Pero aún así las “recetas” de Nietzsche y Han  son semejantes: Hay que decir NO a las exigencias permanentes  de obedecer a los impulsos que se nos envían por todo tipo de medios, desde el consumo al acto o la respuesta. La vileza nace de esa incapacidad a rechazar el acelerado ritmo en nuestra vida cotidiana, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones. La hiperactividad que nos exigen, paradójicamente, nos vuelve pasivos y acomodaticios a lo que se nos ordena. Hay que recurrir al sosiego, a la negatividad que implica detenerse y decir “ahora no”. Dejar un espacio a la reflexión, al silencio, a la meditación. Dice Nietzsche de los que no saben de sosiego: “su vida es rodar como una piedra sometida a la estupidez de la mecánica”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens