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29 octubre 2020 4 29 /10 /octubre /2020 19:21

En la recepción que Jorge Marco Bergoglio, más conocido como el Papa Francisco, dio a Pedro Sánchez y señora, el Pontífice tomó la palabra para hacer una clara advertencia a los políticos españoles. Más o menos les dijo “vayan con cuidado, el país se les está yendo de las manos” y pidió a todos que rebajaran la fratricida tensión ideológica que se estaba apoderando del escenario político español. Citó el “resurgir de nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos”, aseguró que la hegemonía social del egoísmo y el individualismo más insolidario, las “fantasías tradicionalistas” y las tensiones territoriales estaban abocando a las democracias, no sólo en España sino en todo Occidente, a una regresión autoritaria cada vez más evidente. Este lúcido Papa hizo una referencia sutil a la degradación de la República alemana de Weimar, hace ahora cien años, que supuso el triunfo del nazismo y la pesadilla hitleriana que anegó el mundo.

El Papa pidió a Sánchez que transmitiera a todas las fuerzas políticas españolas la necesidad de optar por el camino de concordia, colaboración y solidaridad que reflejaba su reciente encíclica “Fratilli tutti” (“Todos hermanos”). Quizá la sutileza de Francisco, más interesante para nuestro país, fuese su uso de tres conceptos para definir una misma realidad necesaria: País, Nación y Patria. Mejorar el primero, consolidar la segunda y hacer progresar la tercera. Y ninguno de los tres pertenece a una ideología en exclusiva. Territorio, política y símbolo histórico común, asaltados por separado por los partidos y las ideologías, en un rifirrafe donde pierden su naturaleza y se convierten en “herramientas” ofensivas y disgregadoras. Ni la izquierda, ni la derecha, ni los extremos de ambas, ni nacionalistas obcecados o separatistas visionarios, tienen en sus respectivas manos las medidas para evitar (o traer) otro Weimar en España. Pero los ataques extremistas por todos los flancos a esta España asolada por la pandemia y la crisis económica y la falta de respuesta unitaria de los políticos democráticos, constituyen un peligro cierto y real de regresión a las dictaduras. El Papa Francisco estuvo acertado.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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20 octubre 2020 2 20 /10 /octubre /2020 09:17

LOGOI 171

IRA DEORUM

Los antiguos griegos (los abuelos de la civilización europea, los romanos fueron los padres) solían  tener un gran respeto por la "ira de los dioses", aunque también temblaban ante sus defectos, como la lujuria, la vanidad o la crueldad gratuita.Muchos creían que la guerra de Troya la provocaron los del Olimpo porque estaban hartos del griterío, el desequilibrio y el bullicio de los mortales. Era una manera de disminuir la población, cuyo exceso causaba los mayores males. Para los babilónicos el Diluvio fue cosa de los dioses ante el aumento de la población humana y su mal comportamiento. Casi todas las mitologías conocidas, desde la asiria, a las nórdicas o a las hindúes o las aborígenes australianas  o norteamericana (incluso el cristianismo y el judaísmo con el Diluvio) califican de “castigo divino” las hambrunas, la peste y otras epidemias que diezmaban la población ya sea a causa de las vidas licenciosas, impías y desordenadas de los humanos o por los daños que éstos infligían a los bosques, los ríos o las montañas. El catolicismo no le fue a la zaga. En España hacíamos rogativas populares en las calles, tras el párroco y su cruz, para atajar las sequías.

En el fondo, las metáforas mitológicas esconden grandes verdades naturales: la ruptura del equilibrio de la naturaleza, en algunos de sus aspectos, por la labor codiciosa, depredadora, mezquina y abusiva, del hombre. En realidad hay una constante en los males que la Naturaleza nos inflige de una u otra manera: todos son respuestas directas o indirectas a esa falta primordial de respeto que el ser humano sigue manteniendo hacia la Naturaleza, a la que no considera un sujeto de derechos cuya violación redunde a la larga –o a la corta- en el propio bienestar humano y que está equilibrado con unas obligaciones y normas a la recíproca. Nos consideramos, sin ninguna razón que lo avale, el ser supremo de la creación. Vamos, el monarca absoluto para  el que los mares, ríos, lagos, montañas, bosques y la flora y fauna que existen en el planeta están a nuestro servicio y son el objeto de nuestras necesidades, caprichos y estupidez destructiva.En clave mitológica de la vida, el virus que nos aflige y de la manera globalizadora que se extiende y actúa, tiene todo el aspecto de ser debido a la “ira deorum”, una respuesta planetaria, ecológica, a nuestra desconsiderada explotación y desmedido consumo.

Si hacemos caso a Spinoza, el filósofo que sigue una tradición que empieza con Tales de Mileto (“todo está lleno de dioses”) y se extiende a Leibniz, Wittgenstein o a Russell entre otros, si acaso hubiera algo divino en este planeta, es la propia Naturaleza en todas sus manifestaciones. Incluido, entre ellas, al peor virus que existe para su supervivencia: el ser humano, ese animal dañino capaz de las mayores grandezas y las mayores ruindades.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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6 octubre 2020 2 06 /10 /octubre /2020 07:02

¿Escapismo cultural? Así juzgaba un amigo el texto que están leyendo. Quizá sí. Los lectores que sigan estas reflexiones semanales han visto, tal vez ensombrecidos, cómo el tono general, crítico, realista y apoyado en el actual momento mundial, ya sea en política, ecología, sanidad, economía, violencia, pedagogía, no brillaba de optimismo, precisamente. Este fin de semana, agobiado por la deriva de las circunstancias, he archivado periódicos, evitado telediarios y emisoras, cerrado el ordenador y me he dado un par de días de descanso. Caminatas por los montes, excelentes comidas caseras y algún que otro vinillo de calidad (esta tierra los tiene excelentes). Como alimento intelectual único: el señor William Shakespeare. Los “Apuntes” sobre su obra de Jan Kott (un clásico que publicó Seix y Barral en 1969), lectura de algunas de sus obras, visionado de películas sobre otras y, como señuelo investigativo, la presencia de los vinos españoles en los textos del Bardo, al que llaman el “Cisne de Avon”.

Será el orondo, irónico, amoral, festivo y cómico-dramático personaje llamado sir John Falstaff, tanto en “Las alegres comadres de Windsor” como en la “Segunda Parte del Rey Enrique IV”, el que haga el más universal elogio a las bondades del vino de Jerez, diciendo que  “limpia los cerebros de vapores necios, los hace perspicaces, despiertos e imaginativos, dan ingenio a la lengua, calienta la sangre” y, para terminar, asegura que “si mil hijos tuviera, el primer principio humano que les enseñaría sería renunciar a cualquier bebida que no fuera el jerez”.

Tanto es así que Shakespeare, que lo cita repetidamente como “sherry o “sack”, en “Noche de Epifanía o Como gustéis”, hace que uno de sus personajes,  sir Tobías, lo recete como tranquilizante para antes de ir a dormir. En “La tempestad”  Calibán y Stephano juran por él como símbolo de valor por la honestidad y cumplimiento de sus decisiones

Shakespeare hace beber vinos españoles a muchos de sus personajes –lo que indica una afición muy extendida entre la población inglesa de la época- y aunque algunos se inclinaban por las jarras de cerveza, desde los altos palacios a las más ruines tabernas la mayoría solían exigir caldos como el “malvasía, el bastardo, el charneco, el canarias o el jerez”, vinos españoles populares entre los británicos del siglo XIV al XVII. De ellos se habla en “Trabajos de amor perdidos” o en “Ricardo III” en donde el asesinato del duque de Clarence ordenado por el despiadado Ricardo, se efectúa ahogándolo en un tonel de malvasía. El “bastardo”, parecido al moscatel, es citado en “Medida por medida” y “Enrique IV”. El “canarias”, parecido al madeira y procedente de la Islas, se cita en “Las alegres comadres”.

Posteriormente otros autores ingleses desde Oscar Wilde a Arthur Conan Doyle, Dickens, Virginia Woolf, Forster o Lawrence Durrell, también citan vinos españoles como criterio de calidad, de cortesía o de prestigio social. En suma, leer y escribir sobre ello ha sido una excelente cura antiagobio.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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29 septiembre 2020 2 29 /09 /septiembre /2020 10:40

EL “JUEGO DEL PRISIONERO”

Ya son demasiados casos de insensatez y aparente locura en el mundo, ¿no les parece? Eso se debe a que los políticos y el poder  juegan, sin saberlo, al “juego del prisionero”. Es uno de los dilemas sin solución de la teoría de juegos, lúcida idea cultivada por aquél científico esquizofrénico paranoico (John Nash) que describe el libro (y la película) “Una mente maravillosa” y que acabó recibiendo el Premio Nobel de Economía en 1994, a pesar de su enfermedad.

Escojamos sólo dos casos: el empecinamiento del dañino Torra en Cataluña y el de la no menos obcecada presidenta de la Comunidad de Madrid con el jefe de Gobierno por el Covid. El juego del prisionero demuestra matemáticamente cuándo dos personas no logran cooperar aunque ello vaya contra el interés de ambas. Los intentos fracasan siempre porque la codicia y las estrategias de dominio de las dos partes impiden que usen la razón y el sentido común. La resolución se aplaza “sine die”, unida a una conclusión falsa de suma no cero (sin ganador). Se podría superar el nudo, paradójicamente, con un acuerdo que suponga ceder algo por las dos partes para perder menos cada uno, pero ello presupone contradecir la premisa básica del juego.

En la política española se sigue continuamente el “juego del prisionero”. No hay ni ganador ni perdedor absoluto, pero siempre hay un perdedor permanente: el pueblo español y su bienestar social y económico. Deberíamos internar a ciertos políticos españoles en un retiro monacal con expertos, neurólogos, psicólogos y economistas para que les demostraran cómo la cooperación, la solidaridad y el altruismo son las herramientas adecuadas para desembrollar la situación del país: el juego del prisionero se anula cuando esas personas obcecadas deciden aplicar criterios basados en una evidencia científica: cada vez que obramos de forma altruista, generosa, compasiva y solidaria se activa un área del cerebro conocida como “unión temporoparietal” que, a su vez, activa el núcleo estriado, que es el elemento cerebral del que dependen los circuitos de recompensa y motivación, cuya acción mejora nuestra salud, baja la tensión arterial, produce bienestar físico profundo y aumenta la empatía y el atractivo de las personas. Y, como consecuencia aparecen soluciones realistas y eficientes a los problemas planteados. Debería extenderse a nivel planetario.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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22 septiembre 2020 2 22 /09 /septiembre /2020 09:40

LOGOI 167: CONSPIRACIÓN

Hegel escribió que la historia suele repetirse a sí misma y el agudo Marx añadió a eso de que la historia ocurre dos veces, “la primera como gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”. Conforme nos acercamos a las elecciones norteamericanas, algunos analistas políticos comienzan a hacer sonar las alarmas. Una victoria real o manipulada de Trump supondría un revés histórico de descomunales efectos negativos a la causa del progreso humano, a la solidaridad, cooperación, y desarrollo de los países del mundo. El asombroso acercamiento de las tesis conspiratorias de la extrema derecha y de los ideales de la “New Age” ha alarmado a algunos pensadores que vaticinan la repetición de la tragedia mundial que supuso Hitler en forma de la miserable farsa (aunque sumamente peligrosa) que supone la permanencia de Trump en el poder.

No vamos a entrar en los paralelismos entre los usos y costumbres del III Reich, desde los años 20 y 30 del siglo pasado, y los de una Norteamérica que afronta la pandemia con brebajes “mágicos” casi letales en sí mismos  sugeridos por el presidente, que contempla indiferente la enormidad de muertes que provoca, que instiga al ejército contra el pueblo, que demoniza a los negros, que apoya unidades paramilitares que ejercen la “justicia trumpera” (una copia de los “camisas pardas”, los SA, milicia estatal que auparon a Hitler al poder) y sólo les falta obligar a negros y latinos a llevar una estrella amarilla (¿o tal vez roja?).

Como Hitler, Trump está buscando destrozar la solidaridad internacional y no tiene empacho alguno en anunciar guerras con China o con cualquier otro país que le provoque malestar personal y cada vez se vuelve más osado e irresponsable.

También como Hitler, Trump es un fanático de las teorías de conspiración, de hecho supera al alemán, la tecnología se lo permite, y se preocupa de difundirlas por los medios de que dispone (todos) justificando su negacionismo y sugiriendo medidas irracionales o apoyando indirectamente a la QAnon, una instancia “unfluencer” muy activa en la Red –que surge de Q, una supuesta fuente secreta del Gobierno Trump- que advierte de una malévola y demencial conjura de las fuerzas progresistas y personajes públicos (como Tom Hanks, Bill Gates o Hillary Clinton) que debe ser desarticulada –destruida con violencia-  para instaurar en nueva Era. Goebbels, Hess y Himmler secundaron y alimentaron el afán mesiánico y astrológico de Hitler como en Trump se dan influencias semejantes con respecto a la medicina alternativa y a un extraño holismo medioambiental que ignora la contaminación y en eco-bio-política la igualdad entre las razas humanas y cree en una teosofía con líderes divinizados como Trump. Según QAnon, Trump derrotará a la “élite satánica oculta” tras suspender  las democracias, instaurar un régimen dictatorial y arrasar con todos los disidentes a base de sangre y fuego. Según parece alguien preguntó públicamente a TRump sobre QAnon y respondió: “Son unos patriotas”. El ocultismo y la conspiración han encontrado su Profeta en Internet. Que Dios nos coja confesados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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15 septiembre 2020 2 15 /09 /septiembre /2020 08:52

El maestro Emilio Lledó escribe “educar es crear libertad, dar posibilidades, hacer pensar”. A la vista del caos operativo que la pandemia ha insuflado a la educación española, uno relee la “Misión de la Universidad” de Ortega y Gasset, publicada en 1930 y la combativa “Sobre la educación” del citado Lledó, de 2018. Los dos citan la profética frase de Kant: “El hombre sólo puede  ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él”. Y Ortega apostilla con respecto a la Universidad: “es ineludible crear (en la enseñanza) el amor a la cultura o sistema de las ideas vivas que el tiempo posee”. Se refiere al “zeitgeist” de nuestra época, el espíritu cultural que todos respiramos.. Es decir la implicación de  la cultura como expresión de la vida ya que “para andar con acierto en la selva de la vida hay que ser culto, es decir, conocer la topografía vital, sus rutas y métodos, tener idea del espacio y del tiempo en que se vive”. Y esta falta de conexión de la enseñanza a todos los niveles con las necesidades de la existencia y la falta de orientación en ella (por eso resulta suicida el desecho de las Humanidades, principalmente de la filosofía) hace que la deriva social utilitarista que se impone en estos tiempos, desvirtúe la enseñanza en su aspecto más primigenio: enseñar a ser persona, sus valores y prioridades, priorizar el ser sobre el tener, etc., lo cual afecta seriamente la preparación de los futuros profesionales.

Esta perspectiva de la educación (la antigua “paideia” de los griegos la tenía muy en cuenta)  no se ha evaluado de forma correcta, ni por el sistema educativo ni por la familia, la tercera pata del trípode: sistema, profesores y alumnos, padres. La visión asignatural y el chantaje ritual del examen siguen siendo las pautas firmes desde la enseñanza media a la universidad. ¿No sería fructífera la creación de comisiones transversales de expertos, ideólogos y profesores, alumnos y padres curtidos en sus profesiones, para hacer la tan urgente revolución en la enseñanza? Hay ejemplos “fuera” que podrían servir como guía. Y la pandemia es una ocasión revolucionaria.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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25 agosto 2020 2 25 /08 /agosto /2020 17:17

(PUBLICADA EN LA COMARCA EL 250020)

Todos los seres humanos son idiotas en ciertos momentos de sus vidas,  pero la mayoría lo son más que otros y durante mucho más tiempo. Esta es una teoría bastante plausible. Según Popper, no existen las teorías verdaderas, sino aquellas que han sido contrastadas sin poder ser falseadas. Pero aunque esta fuera falseada (que nadie lo ha logrado), tampoco se abandona, salvo que encontremos una alternativa mejor.

Y si están ustedes bien informados (y no desinformados o saturados) verán múltiples pruebas de esa teoría sobre el virus de la idiotez aplicada a la actual pandemia y a otros enigmas más o menos letales: desde los fanáticos seguidores de un agricultor inspirado, Josep Pamies, que aconseja la ingesta de un producto (el clorito de sodio) parecido a la solución de lejía que preconizaba Trump o Bolsonaro en algunos de sus dislates, a los feroces enemigos de las mascarillas que se reúnen en multitudes bien apretujadas riéndose de las multas y las amenazas, a los reincidentes jóvenes de sacrosantos derechos a la juerga, las fiestas patronales y los botellones: todo es mentira, paranoia conspirativa, intereses económicos ocultos y perversos. Y si viene la vacuna hay que hacer frente común: el Gobierno, o la Internacional Capitalista, nos quieren implantar con la vacuna chips para dominarnos mejor y controlarnos a todos. Y esos "todos" son, por ejemplo los antisistema que viven del sistema, los okupas que viven de la estafa y la extorsión vistiéndose de nuevos samaritanos, provocando situaciones de desamparo y vejación que son el asombro y la incredulidad para el resto de Europa, (leyes inicuas al servicio de pretensiones humanitarias), algunos -no todos- de los clientes del buenismo de nuestra desorientada izquierda que reciben una ayuda indiscriminada sin la debida contraprestación de servicios, todos estos a la altura de los terraplanistas o de los que creen que la llegada del hombre a la Luna fue un truco de Hollywood y la Casa Blanca.  La abundancia de los idiotas ocultaría la luz del sol dejando al orbe en tinieblas. Y no olvidemos a los mini-idiotas: los que se cuelan en las colas, el que se salta las normas de circulación porque cree que nadie lo va a ver, el que tira las mascarillas usadas en las aceras o se cisca en las normas de higiene pública o en las de buena vecindad porque le conviene en un momento dado, o algunos que huyen de la ciudad y llegan a los pueblos para cometer impunemente los agravios que su egoísmo o descuido les sugiere, desde aparcar mal a no dejar dormir a los vecinos con sus gritos y bromas o actuar como si el virus no fuera con ellos. La semana que viene más.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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16 agosto 2020 7 16 /08 /agosto /2020 16:07

Los griegos llamaban idiota al tipo que sólo se ocupaba de sus asuntos propios y despreciaba  los problemas de la ciudad o de sus vecinos. En latín se le da el significado de “ignorante” o “estúpido”.  No se trata de algo banal. El "idiotavirus" es uno de los cánceres más dañinos y costosos de la historia. Tres son las leyes que rigen el idiotismo, según el filósofo Carlo Cipolla y lo convierte en "una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana”: 1) siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de idiotas que circulan por el mundo; 2) la posibilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma; 3) las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de los idiotas.

En cualquier lugar, a cualquier hora, en la más inofensiva de las circunstancias topas con un idiota. Hombre o mujer, joven o viejo, esa persona te dice, te hace o instaura algo que provoca que tu propia inteligencia y comprensión decaiga, se desvanezca. Entras en una situación en la que tu ansia de comprender lo que ocurre, lo que te dice el idiota o sus argumentos, se convierte en una labor imposible, anula tu capacidad de análisis y razonamiento y por un extraño sortilegio te escuchas tratando de balbucear en su propio lenguaje y plegarte a su peculiar modo de comportarse. Hasta el punto que el idiota, triunfante en su pegajosa y a veces agresiva estupidez, piensa que el idiota eres tú. No importa que lo que tratas de hacer le beneficie directa o indirectamente, el idiota tratará de obstaculizarlo y como decía el profesor  francés  Maxime Rovere, "intentará ahogar tus argumentos con razonamientos sin fin, responderá a tu benevolencia con amenazas,  tu afabilidad con violencia y tu busca del bien común la ridiculizará aunque con ello dañe su propio interés individual". Por ello el refranero popular es tajante: "el idiota es más peligroso que el malvado".

Decía Schopenhauer  que en la historia hay dos elementos permanentes: la maldad y la estupidez de los hombres. O como decía otro autor: "el ser verdaderamente idiota es aquel que confunde su razón con la razón universal; quien cree saberlo todo, quien se queda pasmado ante su inteligencia y no necesita moverse de ese punto, quien viaja con la inercia de su propio pensamiento sin contemplar el del resto". Y es que la idiotez es algo evidente para casi todos, excepto para el que la sufre. Por eso es tan dañino ser estúpido como creer estar exento de la idiotez. Lo cierto es que todos tenemos algunos momentos en que nos comportamos como idiotas. Pero eso no es ningún consuelo. El idiotavirus es aún más peligroso que el Covid19. Seguiremos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

 

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11 agosto 2020 2 11 /08 /agosto /2020 09:45

Los griegos llamaban "hybris" a la desmesura, un impulso, soberbio y sin límites. a hacer el mal por codicia, ambición o prepotencia. Se apoderaba de los poderosos, proclives al narcisismo y la impulsividad, la presunción de invulnerabilidad y la abyecta seguridad de ser intocable. En aquella época era un asunto que se relacionaba con reyes y dioses y solía acabar trágicamente. En estos tiempos pseudo democráticos, la hybris se apodera del pueblo llano o de sus planos gobernantes y los resultados son igualmente catastróficos para todos. Cada país tiene su particular forma de "hybris". España, a imagen y semejanza de sus políticos, "elegidos" democráticamente, se corrompe rápidamente por una "hybris" casera, vulgar, codiciosa, insolidaria e irresponsable.

La "hybris", ese impulso reactivo y demoledor se ha apoderado del país a consecuencia del Covid y la tardía y confusa gestión global -gobierno, autoridades y administrados, plebe- porque se ha entronizado el miedo y la imposición por un  lado y la rebeldía sistémica y la simple idiotez egoísta por el otro. A estas alturas ha quedado claro que no hay nada claro en la gestión de la pandemia y del  coronavirus omnipresente. Ni el confinamiento de todo el país deja de ser una medida discutible y onerosa, ni es cierto que no existieran medidas urgentes que de haberse tomado en su momento hubieran evitado la desmesura en las consecuencias económicas, humanas y sociales, ni está surtiendo efecto el panel de medidas sanitarias obligatorias generalizadas, tal vez porque una parte de la población no las sigue, otra no sabe hacerlo y los que cumplen tienen complejo de tontos asustados en el mejor de los casos y de jueces vengativos vociferantes en el peor.

La "hybris" española es una especie de "gripe española" del siglo XXI y como aquélla del XX, tampoco somos responsables de ella, sólo fieles servidores, gracias al descontrol y desmesura de nuestras reacciones, acciones y algarabías mediáticas. ¿Cuáles son los síntomas visibles de la "hybris" en nuestro país?. Coja el móvil, la tablet o el ordenador, conecte el televisor o, si es de otra generación, lea cualquier periódico o revista, preferiblemente los más partidistas. Simplemente escuche, vea o lea: hay una catarsis nacional en forma de sopa o caldo mefítico de insultos, descalificaciones, supuestos documentos secretos, noticias nada contrastadas pero escandalosas, irritación y frustración por doquier, un escándalo feroz de niños malcriados que creían poseerlo todo y ven que sus seguridades y comodidades se desvanecen como humo, no hay institución, poder o símbolo nacional que se salve de la quema (con todos sus defectos, es mejor tener algunos de ellos, aunque controlados, que derribarlos a todos) y en la hoguera también arde -como en las de los nazis- no sólo la cultura, la ecuanimidad, la honestidad y los conocimientos, sino el simple y valioso sentido común y peor aún, el sentido solidario de la humanidad. Estamos rebasando los límites. La "hybris" nos posee. Hay que cambiar de actitud. Pero si "los de arriba" no comprenden con humildad e inteligencia que están siendo rebasados, ¿cómo van a entenderlos y apoyarlos los ciudadanos?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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4 agosto 2020 2 04 /08 /agosto /2020 09:36

En el capítulo 16, versículo 16 del libro bíblico del "Apocalipsis" se nos anuncia el "fin de los tiempos" o del mundo que conocemos debido a guerras, catástrofes de todo tipo o plagas. Ese mito destructivo se ha evocado muchas veces en momentos puntuales de la historia, en épocas en los que las religiones  hegemónicas se disputaban el poder  contra monarcas autoritarios y  las identificaciones de los "malos"  dependía de cualquiera de las tres religiones monoteístas , cristianos, judíos y musulmanes. En nombre de esta amenaza global se han cometido las mayores barbaries, pero nunca ha llegado el fin del mundo. Eso no depende de nuestros actos como "los bichos más dañinos de la Naturaleza" (así nos llamaba Jonathan Swift; sí, el autor de "Gulliver") pero lo cierto es que podemos ayudar mucho y eficazmente, no a que llegue el fin del mundo, pero sí el exterminio del género humano. Lo cual sería una suerte para el planeta y los demás seres vivientes. Y una lamentable pérdida para la cultura y el arte, pero esos son bienes bastante devaluados.

Asumiendo el hecho de que hablamos de un libro "sagrado" y que eso lo convierte en asunto de creyentes y evidentemente  en una cuestión literaria y de fe y no en una hipótesis científica razonable, usamos el término "armagedón" de una forma simbólica, un tropo.  Nuestra existencia bajo el signo atroz de esta pandemia nos ha convertido en el escenario distópico de la mejor obra de ficción catastrofista que se ha escrito jamás, precisamente por su condición empírica mensurable y su imprevisibilidad pre y post factual. 

¿Podríamos justificar el uso de "Armagedón" para definir una situación como la presente, en la que se dan  elementos como éstos (sin aspirar a ser exhaustivos)?: a) falta de un liderazgo mundial y un exceso de líderes populistas y potencialmente destructivos a favor de fronteras y uso de la fuerza; b) no existe una información clara, unificada, fiable, eficaz, científica y real sobre la pandemia, sus efectos y la forma de luchar contra ella; c) respuesta popular: pesimismo, nihilismo, negacionismo, paranoia conspirativa servida por la Red, fake news interesadas y una incertidumbre creciente sobre las vacunas alimentada por grupúsculos marginales y el mimetismo gregario de los internautas; d)falta global de pensamiento crítico, la gente no piensa lo que cree; convencen los que hiper gesticulan y vociferan simplezas; e) la crisis económica no es una entelequia: es real y desorbitada y pocos gobiernos saben cómo afrontarla; f) la inconsciencia y falta de responsabilidad de líderes y pseudo políticos que persisten en sus "guerras particulares"  (por muy legítimas que sean) en lugar de hacer piña en lo que ahora importa... y se podría seguir hasta acabar con el abecedario..

 

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