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2 mayo 2014 5 02 /05 /mayo /2014 11:38

Estoy leyendo una novela de Ignacio Martínez de Pisón, "La buena reputación". La trama se refiere a aquella generación de españoles que vivían en el antiguo Protectorado en Marruecos. Una especie de "pied noirs" a la española, es decir más cutres y desasistidos, sin fuerzas para oponerse a las razones de un Gobierno que presumía de mano dura y prepotencia, sobre todo con sus ciudadanos de a pie. Así que cuando los vientos descolonizadores de finales de los cincuenta comenzaron a soplar como vendavales, la parte española de Marruecos volvió a los marroquíes (cosa justa, desde luego), pero nadie se preocupó de lo que ocurría con los españoles que habían vivido y trabajado en Tetuán, Larache, Alcázarquivir, Nador, ni del futuro de sus pocas o muchas posesiones. La mayoría de repatriados fueron a vivir a Andalucía, otros a Canarias y otros a Ceuta o Melilla. Los más decididos, a Madrid o Barcelona. Martínez de Pisón nos cuenta la historia de una de aquellas familias. Y así mientras leía la novela no paraba de pensar "esto le va a encantar a la mami: solía pasarle a mi madre los libros que yo juzgaba que podrían interesarle, era una gran lectora. Muchas de esas vivencias las vivió mi propia familia y mi madre como protagonista especial. Pero, claro, en un momento dado me quedé absorto, con el libro cerrado en mi regazo, mirando, sin verlas, las atestadas baldas de mi biblioteca. La mami ya no podrá disfrutar con las evocaciones que el libro despierta en quienes hemos vivido situaciones semejantes. La mamuchka falleció dulcemente el lunes 21 de abril. Pensé en ese íntimo tiempo colapsado, como el capullo de una mariposa, donde quedan ciertos momentos congelados que encierran una rara y profunda emotividad. Creo que casi todos guardamos en algún rincon especial de su mente, dos o tres de esos instantes, difícilmente más, una fracción de tiempo colapsado en el que perviven de una forma compleja ciertos momentos vividos, con una gran precisión de detalle --a veces los acompañas un determinado perfume, un sonido o música breve, una armonía placentera, un temblor sutil, un rostro amado en escorzo súbito y leve, el eco de una risa-- que se asemeja a un sueño pero no lo es y que te deja una limpia herida de nostalgia que es efímera y desaparece sin dejar huella, hasta que otra incidencia cualquiera vuelve a despertarla. Eso ha ocurrido en mi mente al conjuro de las imágenes que describía el novelista. La evocación me ha dejado con una de esas tristezas suaves pero profundas, que no son deprimentes, ese ambiguo placer de percibir en todo tu cuerpo la vibración de una época, un tiempo, que ya ha pasado y nunca podrá volver.

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1 mayo 2014 4 01 /05 /mayo /2014 07:38

tren-de-noche-a-lisboa-cartel1.jpg

 

Después de "Pelle el conquistador" y "Las mejores intenciones", el director Bille August no ha logrado nada realmente bueno o deslumbrante. Todo se mueve en un escenario de corrección y casi siempre de mercadotecnia cinematográfica, productos manufacturados e "industriales" casi como en literatura se realizan los best-sellers, buscando de manera evidente y a veces escandalosa la aprobación y el encanto del espectador. "Tren de noche a Lisboa" basada en la novela del suizo de cultura alemana Pascal Mercier (pseudónimo de Peter Bieri, profesor de filosofía) en cuyo título se cambia "de noche" por "nocturno", es una película que se ve con agrado aunque resulta un producto banal si uno decide leerse la novela primero (cosa tan recomendable que casi aconsejo que los buenos lectores pasen de ver la película y lean la novela: los cambios y cortes que August propina a la novela para hilvanar su película son casi de juzgado de guardia).

Una vez escrito esto, pasemos a esta "operación nostalgia" que este director se monta con la Lisboa prerevolucionaria, la obsesión de un profesor suizo por un escritor portugués victima y artífice del movimiento militar y civil que gestionaría la modélica "Revolución de los claveles", y el gesto intimo y rebelde de un viejo profesor que lo abandona todo en busca de un fantasma literario y filosófico y una mujer.  Lejos de la honestidad y el gancho de "Sostiene Pereira", su inconfeso modelo, Bille August nos habla de libros, poetas, ajedrez, textos filosóficos, pero todo queda desdibujado y caprichoso. La enorme carga dramática de los personajes y las situaciones, la solidez de diálogos y textos, la belleza de las reflexiones de esta novela quedan obviadas en la película. Incluso un actor magnífico como Jeremy Irons no acaba de mostrarse convincente (como si lo hiciera el deslumbrante Marcello Mastroianni en su papel de Pereira). Tom Courtenay, Bruno Ganz, Lemna Olin, Charlotte Rampling e incluso un soberbio y sorprendente Christopher Lee, están tan desaprovechados como ese "marco incomparable" (como canta el tópico) que es la ciudad de Lisboa. Todo suena a "operación euro- pa", una desvergonzada y patética maniobra para que todos nos sintamos nostálgicos y europeos y dejemos nuestros euros en taquilla.






 

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30 abril 2014 3 30 /04 /abril /2014 07:01

 

mis-dias-felices-cartel.jpg

Parece que el hecho de que la pirámide de edad comience a invertirse y los ancianos se vayan convirtiendo en un colectivo cada vez más amplio (y aún productivo económicamente) está provocando la aparición de películas donde se nos presentan gente mayor (eso sí de muy buen ver, como ésta Fanny Ardant) a las que un Destino muy manipualdo da alguna nueva oportunidad de felicidad sentimental y afectiva. Y así se nos ovrecen cintas donde los mayores se divierten, donde tienen historias de amor profundo (caso de "La mirada del amor" con Annette Begin, "El viaje de Bettie" con la Deneuve o de la pelicula que nos ocupa "Mis días felices").

Fanny (o su personaje Caroline) vive una existencia de horas bajas y edades altas, con lo que la desaparición de su amigo, la jubilación forzada o la presión de los elementos mas jovenes de la familia, deseosos de darle ocupación y entretenimiento y que no fastidie a los que aún trabajan, la llevan a un taller ocupacional para la tercera edad donde da, qué cosas, con un joven profe de informática al que le atraen las mayores de buen ver y enamoramiento fácil. El centro tiene un nombre equívoco y abusivo, "Mis días felices" con el que juega el guionista de esta película amable pero sólo pasable.

La directora Marion Vernoux, adapta la novela de Fanny Chesnelt  ("La joven de cabellos blancos", ese es un buen titulo) y encarga a la efectiva Fanny Ardant que enamore, es un decir, a Laurent Lafitte que hace de galán de serie B y calme el enfado mayúsculo de Patrick Chesnais en el papel del esposo burlado por la juguetona Ardant. En realidad película de y para mujeres, con el mejor de los sentidos. Los hombres hacen de floreros o de tontos útiles y los planteamientos éticos o sociales guardan las formas y la deliciosa complicidad femenina triunfa por doquier, incluso propiciando el reencuentro de esposos y el adios al casposo amante ocasional.

Disfrutable con reparos.




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29 abril 2014 2 29 /04 /abril /2014 09:03

una-familia-de-tokio-cartel.jpg

Me encanta el tono de sosiego, paz y amabilidad (siempre un poco tensa, como forzada) del cine japonés que trata de reflejar las contradicciones y las tradiciones vigentes en la compleja cultura de ese país asombroso y paradójico. En esta caso, la película de Yôji Yamada es un respetuoso remake de un clásico de 1953, "Los cuentos de Tokio" de Yasujiro Ozu. Se trata de una cinta de ambición modesta y logros superiores, la vida cotidiana de una familia japonesa que vive en Tokio y recibe la visita de un par de abuelos que proceden de un remota isla del sur del archipiélago.
Desde el primer momento simpatizamos con el anciano matrimonio que visita a sus hijos y nietos. Los dos actores hacen unas interpretaciones absolutamente convincentes. Isao Hashizume y Kazuko Yoshiyuki nos brindan unos retratos tiernos y vulnerables y vamos asisitiendo al despliegue de los egoísmos de los jóvenes, de las nueras y los yernos, absolutamente agobiados por mantener el ritmo de sus vidas cotidianas y al mismo tiempo dar un cierto acomodo a los abuelos. Algunas escenas dotadas de un amable patetismo, una crítica suave y nada ácida a las actitudes escapistas y autocomplacientes de los jóvenes y la paciencia sonriente y amable de los abuelos. No hay una critica acerba, ni dogmatismos éticos, ni pretensiones filosóficas, todo se desarrolla con una gracia y una naturalidad --casi siempre del lado de la pareja de ancianos-- que logra dar un sello de ternura a actitudes que podrían ser irritantes e inadmisibles. Pero poco a poco la amargura de la reflexión ante lo que va ocurriendo va retratando la mezquindad y la miseria moral de algunos personajes y la bella aceptación sosegada de otros, hacia un final tan sereno y sólido como se nos sugiere con el principio. Algo más de hora y media de imágenes que nos llevan a una reflexión crítica sobre el deterioro ético de nuestra sociedad y la necesidad de preservar los valores esenciales del amor, la amabilidad, la generosidad y la solidaridad, si no más, al menos en los ámbitos familiares.

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27 abril 2014 7 27 /04 /abril /2014 15:31

el-poder-del-dinero-cartel-1.jpg

Bueno, lo único que funciona en esta película es el duelo de dos actores de primera en papeles de segunda. Harrison Ford y Gary Oldman. La trama va de la zona oscura y corrupta de las grandes corporaciones y el espionaje industrial, dos de las cuales, rivales a muerte, están comandadas por los dos actores citados. El protagonismo, es un decir, es para un guapo juvenil Liam Hemsworth y Amber Headh una guapa con algo más de nervio. La cosa, dirigida por Robert Luketic no acaba de funcionar (me entero de que tampoco lo hizo cuando fue estrenada en Estados Unidos en 2013). Los diálogos son esterotipados y todo suena a rutina y falta de nervio, emoción y ritmo. Nuevamente son otros actores, los secundarios "B", entre ellos Richard Dreyfuss y Josh Holloway, los que dan cierta calidad interpretativa al conjunto.La verdad, película desechable..

 

 

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26 abril 2014 6 26 /04 /abril /2014 07:07

 

No suele ser habitual que un mismo autor saque dos libros en un sello editorial diferente cada uno. Se trata de David Foenkinos, el joven escritor francés que logró un éxito sorprendente con una novela simpática pero nada sorprendente, "La delicadeza" (cuya versión cinematográfica dirigió el mismo junto a su hermano). Ahora nos ofrece "Estoy mucho mejor"  con Seix Barral y una biografía novelada de John Lennon (sí, el ex Beatle, asesinado por un descerebrado del que jamás he escrito su nombre, ni lo haré, y eso deberían hacer todos los que escriben de Lennon: ningunear a ese cretino patológico).

 "Estaba por cumplir cuarenta años, tenía ganas de volver (a Inglaterra) Extrañaba todo lo que había rechazado. ¿No es eso el ciclo incesante de la vida? Del rechazo al deseo" (pág.188) escribe al prematuro y violento final de su vida. Lennon nos ha contado su vida en primera persona. Foenkinos nos ha dicho al principio de su libro "...no sé que pienso de John Lennon. Sólo se que me conmueve, que su música me acompaña todo el tiempo y que lo admiro infinitamente. Sé que está en mi vida". Y su libro, un excelente trabajo de investigación biográfica y de imaginación creativa, se lee entre la fascinación y la curiosidad. Traduce nada menos que César Aira. Y entre líneas el aficionado a Foenkinos percibe el humor irónico e inteligente de este autor "en boca" de Lennon. Pienso que el autor y el cantante hubieran simpatizado.

Precisamente esta es la nota, el estilo destacable de "Estoy mucho mejor", novela traducida por Isabel González-Gallarza, en la que Foenkinos siguiendo la intuición creativa de Perec, ("Historia de mi cuerpo"), nos habla de los bloqueos y tensiones anímicos que pueden convertirse en acuciante e intimidante dolor corporal, en la ocasión para dar un vuelco copernicano a la manera en cómo percibimos y gestionamos la propia vida. El humor y la habilidad literaria alejan a esta novela de la tentación del manual de autoayuda y la convierten en una novela ingeniosa y divertida con personajes que evocan las historias de Chesterton o los personajes de Auster.

FICHA

LENNON.-David Foenkinos.-E. Alfaguara.- Trad.Cesar Aira.-192 págs.-ESTOY MUCHO MEJOR. D.Foenkinos. Ed. Seix Barral.-334 págs.Trad.Isabel González-Gallarza.portada-lennon_grande.jpg

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25 abril 2014 5 25 /04 /abril /2014 07:40

intemperie-9788432214721.jpg

 

Nuevamente he de vencer mis recelos hacia una primera novela de la que se escribe: "'Intemperie' se ha consagrado como uno de los debuts más deslumbrantes del panorama literario internacional". En el último año he tratado de lidiar con cinco, CINCO, "debuts deslumbrantes" y apenas se salva uno y éste con algunos "peros" y bastante esperanza en que no será la flor de un día. Leeré sin acritud y hasta con entusiasmo al autor que no permita esas exageraciones y confiese paladinamente que es su primera novela, que está seguro que es mejorable y que sólo aspira a ganarse la benevolencia de sus lectores. Pero eso es utópico en esta sociedad literaria vendida a la mercadotecnica..

Así que leo "Intemperie" bajo la entusiasta recomendación de un par de amigos, de mi librero y de los plumíferos que han publicado reseñas sobre ella. ¿Cómo oponerse a esa corriente de halagüeños pareceres? Pero he de reconocer que, sin llegar a lo hiperbólico acostumbrado, la novela me parece una muy buena novela. He disfrutado con ella, me ha gustado la eficacia narrativa, el empleo de voces, términos y palabras del mundo rural con una brillante ejecutoria literaria, el trasiego de personajes sólidos, bien descritos, la trama dura, sin pretensiones, lineal y afilada como una navaja, la sencillez y justeza de las descripciones, la eficaz nervadura de la tensión hacia un final abierto. He comprobado cierta bisoñez --tal vez lo más débil de un conjunto bastante equilibrado-- en el diseño de los diálogos y algunos detalles argumentales no demasiado coherentes con el tono y la andadura de los hechos. Pero todo ello defectos menores de un conjunto asombrosamente sugestivo.

Es el tipo de novela que abre un paréntesis de atención hacia un autor al que uno, ya de entrada, pone en un listón alto de exigencia. Lo cual es un arma de doble filo, un desafío y un interrogante. "Intemperie" tiene una inesperada solidez, precisamente debido a la sencillez del encuadre que nos propone. Esa violenta metáfora de la crueldad, de la pérdida de la inocencia, del miedo pero también de la entereza, del valor, de la bondad, de la rectitud, de los personajes de una pieza --quizá demasiado, lo que los convierte en símbolos-- como el cabrero o el alguacil, toma caracteres trágicos de corte clásico, como en "Los santos inocentes" de Delibes, por citar un drama rural en la línea del que nos cuenta Jesús Carrasco. Un niño abandona su hogar y se escapa. No sabemos por qué. Hay un secreto ominoso que se nos revelará más adelante. El niño huye y se esconde. "Notó que los hombres ya estaban cerca y se dispuso para el sigilo. Escuchó su nombre multiplicándose entre los árboles como gotas sobre una lámina de agua. Agazapado en su escondrijo, pensó que esta sería toda su recompensa: oir como le llamaban una y otra vez entre los olivos al despuntar la mañana" (pág. 11). Con esa prosa tensa con secos tonos poéticos avanza una historia que parece una emanación de una tierra mísera, ancestral, "Delante de él, el llano se sacudía el sufrimiento que el sol le habia causado durante el día, desprendiendo un olor a tierra quemada y pasto seco". Una tierra tan dura e inclemente como las normas bajo las que vivían sus míseros oradores "En su casa, las piedras de las paredes imponían una ley ancestral que dictaba que los niños debían mirar al suelo cuando eran sorprendidos haciendo algo inconveniente. Debían mostrar la nuca, dóciles como ofrendas o víctimas propiciatorias" (pág.27). Para acentuar esa dureza existencial no conoceremos los nombres de ninguno de los protagonistas de la historia. El viejo, el niño, el alguacil, los guardias. Y deleita la brillantez narrativa de algunas páginas, como las que dedica (111 y sgtes.) a contarnos los apuros del niño para tratar de ordeñar a una cabra. 

La economía narrativa y sencillez de medios de los que se vale este joven autor  extremeño (nació en 1972) logra una profundidad de foco que eleva a mítico el ambiente que nos describe y los personajes que viven o malviven en él, mientras que la falta voluntaria de datos geográficos, temporales o políticos, elevan el nivel de leyenda a lo general, a lo simbólico. Aunque es un niño el protagonista de una historia narrada en tercera persona o narrador omnisciente, con lo que no se despega el autor de los modos clásicos de novelar, la historia no se narra en clave de novela de aprendizaje, "bildungsroman", o de itinerancia picaresca de la miseria tipo "Lazarillo de Tormes", sino que se acerca más a la visión trágica demoledora de una narrativa del abuso sexual, la ofuscación de la crueldad y el desatino violento.

Hay calidad profunda en esta narrativa que nos ofrece Carrasco con una sencillez y falta de pretensiones intelectuales o estéticas que sorprende en un autor primerizo.

 

FICHA

INTEMPERIE.- Jesús Carrasco.- Seix Barral.223 págs. 16,50 euros

 

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24 abril 2014 4 24 /04 /abril /2014 20:08

 

 

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Lo siento pero no acabo de encontrarle demasiada gracia a las últimas comedias francesas, con alguna noble y aislada excepción. "Quay d'Orsay" o "Crónicas diplomáticas" en título español poco afortunado, ha sido dirigida por el mismísimo Bertrand Tavernier, que siempre es una garantía de calidad (aunque no de humor, cosa más sutil).

Desde luego hay mucho chiste corrosivo, bastante caricatura socarrona, ácida y a menudo excesiva de la vida política francesa, en sus niveles más altos, lo cual podría contentar a los fanáticos de la sátira del vergonzante mundo de los políticos (en casi todos los paises, desgraciadamente: habría que exigir certificados de moralidad a los que pretendan hacer carrera política).  Tavernier podría haber seguido su talante de crítico acérrimo de las basuras políticas de su país, pero ha querido hacerlo en plan de charada burlesca y aquí, pese al premio al mejor guión en San Sebastián, es donde no acabo de sentirme cómodo. Es como escribir "La Cartuja de Parma" en plan de greguería de Gómez de la Serna. Levantará nuestras sonrisas y alguna carcajada, pero no es eso, creo yo. Quizá esperaba demasiado de Tavernier (aún recuerdo su maravillosa "Alrededor de la medianoche" o "La vida y nada más") y aunque he identificado algunas de las claves histórico-políticas de los personajes que caricaturiza (¿quién no evoca al ex ministro francés de Exteriores, Dominique de Villepin?) ese bienvenido tono de acoso derribo de la estulticia, el burocratismo, las mezquindades y las fragilidades del sistema político pseudo democrático, se diluye en la vocación cómica. Quizá venga todo el dislate de ese afán por llevar a la pantalla el tono general del cómic en el que se inspira la película, sin percatarse de que son dos géneros con lenguaje parecido pero sutilmente distinto.

 

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23 abril 2014 3 23 /04 /abril /2014 07:14

 

Después del merecido Oscar por "Una separación" el iraní Asghar Farhadi ha rodado una película intimista, tensa, en ocasiones histriónica o un poco excesiva, pero emocional y llena de sentimientos a flor de piel. Las contradicciones, carencias, frustraciones y violencia interior, rabia y pasión de los elementos femeninos de la película las convierte en las auténticas protagonistas, en activo o en potencia --la mujer en coma cerebral del nuevo novio de la joven divorciada-- y deja a los hombres en un segundo plano emocional, pese a la presencia madura y equilibradora de Ahmad. el exmarido que vuelve de Irán a París para el divorcio. Los niños son los otros grandes protagonistas de la cinta, principalmente la pareja formada por el niño de la nueva pareja y la adolescente hija de un anterior matrimonio de la protagonista.

La historia está llena de esos malentendidos, manipulaciones, errores no asumidos y culpabilidades que suelen aflorar en las familias. Más de dos horas de tensión emocional bien llevados con pulso firme y pequeñas sorpesas de guión por el director con la ayuda de unos actores y actrices contenidos o pasionales según van desarrollándose la trama. Nuevamente no se deja títere con cabeza: el director iraní nos pone en el centro del nucleo del drama, la familia desestructurada que va entrando y saliendo de los conflictos con gran desgaste y sin soluciones definitivas.. tal como es la vida. Confusión de los adultos acompañando el sufrimiento, la desesperación y la rebeldía de niños y jóvenes que se ven constantemente implicados en los dramas de sus mayores. Todo ello con las formas de enfrentamiento cultural que suponen unas costumbres y formas de entender de la vida tradicionales por el lado iraní y el contagio rompedor con la cultura occidental francesa. El drama está servido, la falta de comunicación entre Ahmad y Marie (iraní y francesa-- por cierto la actriz es la argentina Berenice Benjo, la protagonista de "The Artist") va contagiando a las dos hijas de Marie (la adolescente Lucie y la pequeña Lea) al nuevo novio de Marie (el iraní Samir) y a su hijo,  el pequeño rebelde Fouad, cuyya madre está en coma por un intento de suicidio.

Pero la habilidad de este director hace que el supuesto motivo principal, el divorcio, quede en muy segundo plano ante la dinámica  feroz que supone la realidad que motivó el intento del sucidio y los papeles que jugaron diversas personas del entorno familiar y de fuera de él para complicar y llenar de desesperación y culpabilidad las relaciones.

 

En Teherán, la figura hegemónica, se llama Abbas Kiarostami, probablemente el último gran cineasta surgido en el ocaso del siglo XX. Su sombra es tan poderosa que durante dos décadas todo el cine iraní parecía estar hecho a su imagen y semejanza; cine de silencios y cadencias, de gestos hondos y significados largos; de realismo engañoso devenido en materia alegórica. Pero la evidencia era (y sigue siendo) que, aunque hay una buena relación de autores iraníes, algunos amordazados y casi todos bajo sospecha a ojos de un gobierno autoritario, Kiarostami ocupa un lugar en el que no admite comparación ni compañía. Pero hace cinco años, tras una serie de películas inéditas entre nosotros, Asghar Farhadi, presentó un filme de trama compleja y formas personales: A propósito de Elly (2009). Su núcleo argumental inspirada por y en La aventura (1960) y sus personajes de clase acomodada en un Irán poco representado, marcaban la diferencia.
Fue una feliz sorpresa refrendada poco después por la más directa y no menos compleja, Nader y Simin, una separación (2011). No había duda, Asghar Farhadi era capaz de practicar un cine adulto, con personajes complejos y en situaciones universales en las que era perceptible identificarnos con eso que denominamos la condición humana.
Conviene recordar que Farhadi veló sus primeras armas en la escena teatral, que es guionista además de director y que, sin duda, sabe del valor de la palabra, de la importancia del gesto y del deber de los autores de no juzgar a sus personajes, de dejar que estos crezcan. El pasado representa su primera incursión fuera de casa. Rodada en francés  -idioma que, según relata Ángel Quintana, no domina- y concebida en Francia, El pasado crece sobre un dilema moral: los indefinibles escalones de la culpa.
Desde el arranque, Farhadi mueve sus peones en torno al misterio, ese espacio de incertidumbre que, en su universo, insiste en dar corporeidad y voz a todos los personajes. En su cine no hay inocencia absoluta. Ni siquiera la de los niños, protagonistas muchas veces de ese cine iraní consagrado por los grandes festivales. En su lugar, Farhadi radiografía una y otra vez a sus criaturas. En cada nueva secuencia, nuevos pliegues salen a la luz. Nuevos datos que hacen reconsiderar la percepción que el observador se va haciendo de lo que, hasta ese momento, le ha ofrecido la película. Así, Farhadi, una y otra vez, descoloca al público, le rompe sus prejuicios y al hacerlo, pone en crisis la evidencia.
Farhadi arranca con una presentación contundente. Un reencuentro condenado a la incomunicación. Paso a paso, minuto a minuto, su película arroja luz sobre ese pasado que le da título, sobre esas sombras que condicionan lo que vemos. Hay una sólida estructura de guión y un abanico de personajes de una riqueza inusual en el cine contemporáneo. A Farhadi se le nota que algo sabe del cine de Bergman y de Antonioni; cine de la modernidad empeñado en asomarse a los dolores del alma. Pero esta vez, la rotundidad de sus anteriores películas, la penúltima le dio el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa, se desmorona por dos fisuras leves pero corrosivas. Una se debe a la propia escritura del guión, a una excesiva acumulación de recovecos y anécdotas. La otra cae en el debe actoral. No es que estén mal,  es que no alcanzan la excelencia que sí habitaba sus anteriores ci(n)tas.

Fouad, el niño que es llevado de un lugar a otro sin consideración alguna, que está presente de continuo con su mirada triste, dolorida, rabiosa, es el protagonista en la sombra de esta película magnífica, junto a la adolescente Lucie. Viendo su dolorida indignación infantil y su desconcierto recordaba aquellas palabras de Paul Celan, el poeta francés, cuando afirmaba "que nadie diga que la infancia es siempre un lugar feliz". Por su parte, Lucie, resulta clave en la trama secundaria. moviendo conceptos tales como la verdad, la culpabilidad y el secreto, elementos que dan profundidad  a este filme, que deja un regusto amargo en el espectador pero también la satisfacción ante una obra responsable y valiosa.

 






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22 abril 2014 2 22 /04 /abril /2014 14:01

Adiós mamá. Tu magnífica discreción ha dado su última nota de calidad. Ayer por la mañana te marchaste en silencio, sin llamar la atención, sin sufrimiento, sin duelo. Un compasivo ataque al corazón o tal vez un ictus, como un relámpago bondadoso, sin nublar tu gesto relajado. Te dejaste caer blandamente. Antes de llegar al suelo, nos dijo el forense, seguramente ya estabas muerta. El domingo, el día anterior, habíamos estado a tu lado. Comimos juntos. Los tres hermanos y Anna. Hablamos del pasado, de papá, de nuestra infancia. Nos hiciste reir con tus ocurrencias y tus recuerdos, con ese amor de la vida y al placer, a la sensualidad y a las buenas cosas, a lo correcto, a lo bello y a lo compasivo. Incluso recitaste un poema popular y después nos cantaste una vieja tonada zarzuelera, mientras nos mirabas con los ojos chispeantes, desde la  pícara atalaya de tus noventa y tres años recién cumplidos, llena de gracia, de humor y de sentido lúdico y travieso de la vida.  Eras una gran mujer, una madre plena y una potencialidad permanente de ayuda, compañía y cariño que no paraba de ejercerse a sí misma para los demás y que ha presidido con presencia firme, segura e inigualable todo el escenario de nuestra vida infantil, adolescente y adulta. Por tanto, desde el amor, bienvenida mami.

En menos de treinta y seis horas todo se ha consumado. Tu cuerpo ya no está entre nosotros. Tres hijos, ocho nietos y catorce bizniestos, numerosos amigos, vecinos, familiares de uno y otro lado, todos han  mostrado, con una unaminidad no debida al tópico, su mensaje de cariño, dedicación, bondad y profunda humanidad de los que te hemos sido deudores. Las anécdotas de tu dilatada vida, tan plena y al final, tan cumplida y feliz, han florecido en sonrisas en todos cuantos formaban los corrillos de apenados pero también afortunados y agradecidos seres que te hemos disfrutado en muchos momentos. Ahora, mamá, mami, mamuschka, "ayi", abuela, viejita, vuelves al lugar más íntimo de cada uno de nosotros, de nuestra alma, nuestra memoria y nuestros sentimientos. Formas parte de cada uno de los que te quisimos. Por tanto, desde la complicidad, bienvenida mami... 

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