Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
14 marzo 2011 1 14 /03 /marzo /2011 18:01

_joaquin_ibarz-_en_una_tranquila_plaza_de_huesca_b066582b.jpgComo del rayo se me ha muerto Quim Ibarz, a quien tanto quería. Bueno, uno va acumulando años y en ese recorrido, cuando es largo y nutrido, se acumulan amigos, enemigos, amores, desencuentros, hallazgos rutilantes y decepciones tristes. Quim fue un hallazgo . Le  conocí nada más entrar en La Vanguardia, pues fue nombrado corresponsal en América Latina siendo yo jefe de sección de Internacional. Viejo Quim, compañero del alma, compañero, cuántas veces hablamos por teléfono, tu siempre al quite de la noticia, yo muy a menudo teniendo que hacer el incómodo papel de administrador de espacios. "Quim, muchacho, no tengo más hueco que dos columnitas en la tres". Protestabas, Quim. " Alberto, ésto es importante, créeme" y es que para ti todo tu trabajo, ese amor profundo por la profesión, por la verdad, por la justicia, era importante. Y en todo caso, tu lo hacías importante.

En verano aparecías por la redacción y Miriam preparaba una comida fraternal donde todos escuchábamos tu palabra apasionada, siempre apasionada,  aunque disfrazada bajo un tono de voz ligeramente nasal, amable y como indiferente, con destellos de un sentido del humor seco y honesto.

No formaba parte yo de tu grupo más íntimo. Ambos nos respetábamos y había afecto y simpatía, me hablabas de tus colecciones y de tu casa en México, de tus hoteles preferidos en Nicaragua o El Salvador (donde fui con la APE en una comisión de vigilancia de las elecciones) y de que no tenías pensado jubilarte jamás porque el periodismo (como para otro clásico, Tomás Alcoverro) era tu vida y el sentido de tu existencia, como la carrera de las armas y la clerical, "imprime carácter". Me fascinaba tu energía explosiva, paradójicamente calmosa al estilo más "cuate" y viví con angustia algunos de los episodios negativos en los que te obligaron a meterte.

Para mi, Quim, eres -siempre lo serás- un periodista de referencia, un gran amigo y una mejor persona todavía, cosa que escondías con una retranca y un pudor personal que te alejaba de los muchas vedettes que hay en nuestro "oficio de cafres", en definición de otros dos clásicos desaparecidos, José Casán y el gran Carrero, "Barin", maño como tu.

Ahora te dejo, Quim, ya te veo inquieto por marchar. Se que estás deseoso de pulsar tu nuevo destino entre las buenas almas de la buena gente. Afilas tus dotes de observación, esa mirada mitad guasona y mitad analizadora, lúcida y libre de compromisos con nada y con nadie, vas a prepararte para enviarnos tu primera crónica desde el cielo. Y llegará antes de la hora de cierre. Tal vez en forma de puesta de sol, de flor fuera de temporada, de lluvia en el desierto, de buena acción anónima. Estoy seguro de que descansas en paz.

Compartir este post
Repost0
8 marzo 2011 2 08 /03 /marzo /2011 18:43

"La Pastora" fue un personaje real, hijo/a de estas tierras, un fruto circunstancial de épocas de opresión y miseria, un drama humano que se convirtió en tragedia violenta, enquistada en las sombras y claros de una contienda fratricida y cruel. Un personaje digno de encarnar en la serie goyesca de los desastres de la guerra. La escritora Alicia Giménez Bartlett la ha llevado a la actualidad literaria más candente. "Donde nadie te encuentre", título del último premio Nadal, nos cuenta la vida compleja de este hombre/mujer, patético hermafrodita que perteneció al maquis en la postguerra empujada por la violencia ciega que arrasó aquél tiempo y este país.

A través de la peripecia investigadora de un psiquiatra francés y un periodista barcelonés, entreverada la acción con un monólogo de la propia Teresa Pla Meseguer, llamada "La Pastora" como nom de guerre, (y Florenci, al final, convertida en hombre), se nos muestra de una forma ágil y eficaz el pasado y la existencia real del personaje, complejo, contradictorio y vulnerable a pesar de su brutalidad defensiva. Es en ese retrato íntimo que rezuma dolor, inocencia y soledad, donde está la baza principal de la novela de Gimenez Bartlett. dondenadieteencuentre.jpg

Dedica la escritora su libro a José Calvo, cuyo "La Pastora, del monte al mito" (siete ediciones lleva desde su aparición en julio de 2009) es el mejor estudio existente sobre la vida y obra de la popular maquis, tan temida en otros tiempos y tan perseguida en aquellos y hasta hace poco.

.

 Pero, sin embargo, hay otro precedente literario, además del de Calvo. Se trata de la novela de Manuel Villar Raso "La Pastora, el maquis hermafrodita", publicada en 1977, en editorial Albia,  por el novelista soriano afincado en Granada. Y en 2003 reeditada por una editorial granadina con el título "La bella hermafrodita".

El trabajo de Manuel Villar, escritor de más de 50 títulos, con varios premios en su haber, provocó en su día bastantes problemas a los herederos de La Pastora que incluso llegaron a denunciarlo por falsedad (juicio sobreseído por el juez al estimar que el trabajo de Villar Raso era una novela y no un tratado de historia). La sobrina nieta de La Pastora me ha escrito para denunciar el trabajo de Villar Raso y calificar el de José Calvo como el más veraz y mejor documentado.

 

Compartir este post
Repost0
22 febrero 2011 2 22 /02 /febrero /2011 12:16

Conocí a Fernando Martínez Laínez en Madrid, en la sede de la agencia Efe por los años setenta cumpliditos, él un treintañero inquieto, que volvía o iba como delegado de la Agencia  a Cuba. Nos encontramos gracias a mi compañera de entonces, Nana de Juan, que trabajaba en la Agencia también y que me anunció a su compañero con estas palabras o parecidas: "Sois bastante parecidos, él un poco mayor que tú, y también loco por la literatura y experto en política internacional".  Simpatizamos de inmediato, incluso nos parecíamos un poco físicamente, para gran regodeo de Nana. Hablamos y pronto surgió el tema de la literatura. Yo acababa de publicar un par de novelas y él sacaba a la luz una novela negra. Supo que me dedicaba también a la crítica literaria y me prometió enviarme un ejemplar de "Carne de trueque" para su reseña. Autor_lainez.jpg

Leí su novela y saludé con ella la aparición de uno de los primeros escritores españoles que escribía novela negra bastante genuina (en la época lo máximo que recuerdo en ese género eran las novelas de Plinio, jefe de la Guardia municipal de Tomelloso, que firmaba el castizo García Pavón).

Seguí más tarde la profusa y prolífica carrera literaria de Fernando,  (más de 50 libros), aunque no nos volvimos ni a ver ni a relacionarnos, a pesar de habernos cruzado, me consta, por esos mundos de Dios en labores periodísticas. Ahora por mediación del gran Octavi Serret (el Señor de los Libros en el Matarraña) recibo y leo "Los libros  de Plomo" que edita Martínez Roca. Y ha sido un buen reencuentro.

Se trata de un excelente thriller, sujeto a las reglas y convenciones del género. Se lee como si asistieras a una filmación mental de una novela de acción, pero con los añadidos extraliterales que surgen de una mente observadora y vivida y que hacen tan superior la lectura de una buena novela a la mayoría de los productos fílmicos, ya que la fuerza y la esencia de lo escrito sugiere elementos interesantes a tu propia mente en varios niveles más de los que activa la imagen y el sonido.

La historia que se nos cuenta, la existencia y el robo de unos Libros de Plomo con mensajes apocalípticos en una Granada llevada hasta el paroxismo y el caos por un terremoto inicial y por la toma de la Alhambra por un comando yihadista y la aparición de un "Mesías" del desastre con toda su tropa de fanáticos, crea una bipolaridad cristianos-musulmanes que se muestra tan  activa como en la época de las Cruzadas y también tan irremediablemente violenta. A todo esto añádase las sangrientas actividades de una especie de Jack el Destripador que va matando a diestro y siniestro con extrapolaciones pseudomísticas...Y ya tenemos un escenario en el que todo es posible.

La maestría de Fernando consiste en hilvanar con eficacia esa sopa atronadora y hacernos vivir dentro de la propia Granada, calle por calle, plaza por plaza, detalle a detalle (suculentas descripciones de lugares, bares típicos bien conocidos por los que bien conocen la ciudad, o rincones llenos de encanto, todos ellos atravesados por la vena de locura que infecta la ciudad.) La perfección de la trama, ya bastante compleja por si misma, se enriquece con la documentada habilidad del viejo periodista que es FML para ofrecernos datos sobre armamento nuclear ilegal, mafias rusas, agentes del CNI y todo el confuso pandemonium de la guerra oculta que libran los servicios secretos (llamados de inteligencia) con la plasticidad de un Le Carré, a la española y dicho sea esto sin juicios de valor negativos.

Los momentos dedicados a la profesión periodística, el delegado de la agencia Efe en Granada, o los usos y manías de la profesión en la central de Madrid, me han despertado una sonrisa de reconocimiento y, in mente, un ¡bravo Fernando!, por su cariñosa ironía y su estoica descripción del mundo de la "tribu" en palabras de un amigo común, el añorado Manu Leguineche.

El ritmo de la acción no desmaya, a pesar de la periodística aparición de "informes" oficiales o personales de jefes de policía o miembros del CNI, con los que se resume la situación de vez en cuando.

Los personajes, descritos con desparpajo y de forma clara y aséptica, de sus interrelaciones y sus intimidades, se ajustan a la estructura del género y permiten al lector situarse ante ellos y la acción, sin perder la pista.

La ambición temática de FML es enorme y sale de su cometido de forma brillante: aunar varias tramas paralelas y luego convergentes, en una novela donde se mezcla habilidosamente una trama de espías y de policías, con asesino ritual en marcha, una bellísima ciudad trastonada por el miedo y la violencia, un mensaje religioso que provoca el enfrentamiento fanático, la sombra ominosa de un estallido nuclear y en un mismo pote elementos -- a veces descritos de una forma hilarante-- de tipo político (hasta las mas altas instancias) social, religioso y profesional...crean en suma un libro que seduce y te obliga a marchar con él hasta la última página.

Enhorabuena, Fernando. Se nota además tu categoría y experiencia como guionista. ¿Para cuando una versión cinematográfica de tu novela? 

 

Compartir este post
Repost0
20 febrero 2011 7 20 /02 /febrero /2011 11:14

Jaime Balmes, filósofo, teólogo, periodista, “príncipe de los apologistas modernos” según Pio XII, escribió en una de sus obras, “El criterio”, que  "lo más preciso de la razón humana es el sentido común" , a lo que habría que añadir (no sé si lo dijo el buen clérigo, pero se suele pensar que sí)  que resulta ser el menos común de los sentidos. Esto no sólo es  observable en la vida cotidiana de las buenas gentes sino sobre todo en los asuntos de Estado y Gobierno donde cabría esperar mayores dosis de ese sentido de la proporción, la eficacia y el equilibrio entre lo que hay que hacer y lo que se puede o no se debe hacer.

Viene esto a cuento con el llamado vicio de fumar al que médicos, intereses y modas han condenado a lo prohibido, lo censurable y lo mal visto. La demonización del pitillo, la pipa y el puro bajo el dictado de la salud y su prevención y defensa ha movido más tinta y papel, chats y discursos, tertulias y muestras de humor, talento, estupidez, procacidad y mala pata que el que más y el que menos comienza a estar hasta el colodrillo de tantas  memeces y exageraciones. Partiendo de la base poco discutible de sus aspectos sanitarios y médicos, confinando el uso a espacios privados o públicos autorizados, bajo una vigilancia éstos que no parezca el abuso de las brigadas de la Inquisición, se podría dejar el asunto reducido a sus justos límites,  sin desembocar en más excesos de los que se pretendía evitar.                                         

Desde la sugerencia de que cualquier ciudadano debe, DEBE, denunciar a la autoridad competente cualquier violación de la ley antitabaco en los lugares públicos (pronto también en casa, bajo la admonición de la comunidad de vecinos: ocurre ya en algunos edificios “modélicos” en Estados Unidos) hasta la idea peregrina de eliminar o manipular secuencias de películas clásicas donde alguien fume (para empezar, todo el cine negro norteamericano a hacer puñetas, así como muchas de las grandes películas clásicas de la historia del cine).

Lo último ha sido la posibilidad de denunciar a la compañía que está reponiendo el musical Hair en Barcelona, porque en escena los jóvenes airados de la revolución de las flores y el amor, se marcan unos supuestos “porros” como era tradicional en aquellos lejanos finales de los sesenta.

Oigan, ¿no les parece un poco salido de madre todo este asunto? ¿Por qué no establecer brigadas de defensores de las costumbres como esa iniciativa municipal de Lleida que ha reciclado a muchos jóvenes parados para formar unas brigadas de agentes especiales que deben denunciar los actos incívicos (de momento solo advierten,  pero no tardarán en aplicar sanciones, sino al tiempo)? tati2.jpg

Sugiero seria y  amablemente a los munícipes de nuestros pueblos y ciudades que armen brigadillas de salvadores del orden cívico y amonesten y sancionen a los que mean por cualquier esquina, pública y notoriamente, a  los que escupen en la calle, los que tiran papeles evitando pudorosamente las papeleras, los canes cagones enardecidos por sus amos, los que destrozan mobiliario urbano porque es divertido, los que gritan desaforadamente en las madrugadas porque están muy contentos y muy bebidos, los que rayan el coche para fastidiar al que lo ha comprado solo porque suponen que quizá tiene más dinero que ellos, los que queman rastrojos sin controlar dónde y cómo lo hacen y provocan incendios… y la lista da para mucho más de lo que sería prudente alargar.

Siguiendo con el absurdo desproporcionado entre lo que se pretende defender –la salud de todos—y lo que se lleva   a cabo –el exceso prohibitivo que se sale de las coordenadas del sentido común—podríamos prohibir también todas las películas y obras de teatro en las que hay crímenes, malos tratos, bebedores, drogadictos, jugadores y locos de furor y maldad (pobre Shakespeare, reducido a las bibliotecas secretas por ser declarado malhechor de la humanidad)…

Hay quien trató de borrarle a las imágenes del cómico francés Tati  (el de “Mi tio”) la pipa que invariablemente llevaba entre los labios, o eliminar el cigarrillo de Sartre o cambiar el pitillo del vaquero de comic Lucky Luke por una ramita, y tuvo que intervenir la Asamblea Nacional Francesa para evitar semejantes dislates. ¿Le  quitamos  la pipa a Sherlock Holmes o a Maigret, el puro a Churchill, el habano a Groucho, la fumata de la paz con los sioux a Gary Cooper, el narguilé al califa de Sherezade o al cienpies azul de Alicia?

Insisto, no estoy en contra de la prohibición de fumar en público y de lanzar ciertos anatemas contra ese vicio (por cierto,  quizá no tan dañino como el alcohol, ¿para cuándo una nueva ley seca, olvidándonos de lo que ocurrió en Estados Unidos?), pero, por favor, apliquemos un poco de sentido común a la prohibición…tati.jpg

Como muestra un botón: el Tribunal Supremo de la India revocó la prohibición de fumar en películas y programas de televisión y argumentó: “Es una realidad de la vida y cualquier tipo de censura en su representación violaría el derecho fundamental de la libertad de expresión”. Pues eso…

Compartir este post
Repost0
8 febrero 2011 2 08 /02 /febrero /2011 16:07

1001-nightsTodo comenzó en el café de Al Nofara (que algunos escriben Náufara) que es fácil de encontrar junto a la puerta este de la Gran Mezquita en Damasco. Bajo una gran cubierta de parra los hombres fuman parsimoniosos y concentrados su narguilé, emanando perfumadas volutas de humo azul entre el burbujeo insomne del agua de las pipas y el acre residuo del carbón sobre la cazoleta. Algunos turistas languidecen consumiendo café espeso o refrescos. Corrían los años 90 y yo descansaba de una dura labor de reportero político en un viaje que giraba en torno al poder omnímodo del presidente Affed El Assad. Sin embargo mi visita al apacible café popular tenía un objetivo concreto: quería ver en acción a Raheed el Hallack, un "hakawati", un cuenta cuentos (story teller, en inglés) que tocado con un fez rojo, la amplia hopalanda blanca con lineas horizontales, su bigote marxista (de Groucho más que de Karl) y sus gafas de montura metálica cabalgándole en precario equilibrio sobre la nariz, reunía en torno suyo a una multitud de fieles y curiosos y algunos turistas, que no entendían nada de lo que decía con voz cambiante, pero se sentían fascinados por los gestos y la pantomima gestual y oral que adornaba los pasajes del cuento (incluso esgrimía una espada de latón con la que ensartaba dios sabé qué demonios o infieles). La experiencia fue gratificante. Tomé mis notas  y dejé en barbecho el recuerdo hasta que la lectura del libro "La princesa de jade", de Coia Valls, me lo devolvió tan fresco como aquél lejano día de junio de 199o y pocos.

¿Es que Coia habla de cuentacuentos en su libro? Solo de pasada. Los menciona en dos o tres ocasiones, en un mercado o en una caravaanar (lugar de reposo de las caravanas que hacían el legendario recorrido de la Ruta de la Seda. Es el estilo narrativo, el ritmo, los excursos que se permite, el tipo de lenguaje utilizado, los diálogos muy literarios o filosóficos a veces, la descripción de los personajes, la trama. La petición de una moribunda Teodora de Bizancio  justifica el motor de desarrollo literario con el objetivo de la búsqueda del secreto de la seda, tras armar una expédición dirigida por un militar, un tejedor y un monje nestoriano y las vicisetudes de tal empresa por los difíciles caminos de la Ruta de la Seda´.

Es un viaje iniciático para todos los protagonistas, como suele suceder y es tradición en el género y también como suele suceder, el camino es lo que realmente importa, no la búsqueda del misterio de la seda para fabricar el preciado tejido y evitar los abusos de los persas, que monopolizan su comercio. Hay que averiguar cómo se hace la seda. Y ese es el onjetivo marcado. En ese proceso se genera el cambio de los personajes, su maduración, a veces la consecución de deseos ocultos que justifican a la postre toda la aventura.

El joven Úrian, fascinado con su sueño de amor, encarnado por la princesa Yu, su padre, Xenos, el tejedor, Lysippos el militar, el monje nestoriano Rashnaw y las dos mujeres, Najaah y Yu que a mitad de la novela una y otra practicamente al final, dan el contrapunto femenino a una historia de hombres, forman un entramado de personajes que se hacen familiares al lector durante el ameno y peligroso viaje. Y este acabará con el héroe disponiéndose a partir de nuevo, ya liberado de la sombra del padre, libre y disponible para nuevas aventuras.

Coia ha realizado una obra bien documentada que trata de sugerir muchas cosas, entre la historia, la filosofía, la mística, las leyendas y los mitos.

Y como los "halaiquíes" de Jemaa el Fna en Marraquech, nos deja su historia casi como un relato oral. Ese "hasta luego" o "mañana más" que desde el califa Haroun el Raschid y  Sherezade, la bella narradora de "Las mil y una noches", ha fascinado a sus oyentes (y a los lectores).

Como complemento a esta lectura sugiero la novela de Baricco, "Seda".

 

 

Compartir este post
Repost0
5 febrero 2011 6 05 /02 /febrero /2011 21:56

yoes-1192.JPGA finales de los noventa, hace pues más de diez años, escribí una novela "El árbol de los condenados" que suponía una variación sustancial de estilo y temática en mi novelística. Fue un parto largo e inquieto. En contra de mis precipitaciones literarias habituales, en esta ocasión mi oficio como periodista habia sido dejado a un lado. Por primera vez buceaba en lo más profundo de mi psique, sacaba el limo que protegia el fondo y analizaba y proyectaba sentimientos, vivencias, reflexiones, en una trama novelística en la que también se reflejaban historias y caracteres de gentes conocidas e imaginadas, posos de lecturas, inquietudes intelectuales, grandes dudas y pocas certezas, momentos brillantes y frustraciones y dolores que la vida proporciona a todo el que la trata de vivir sin mirar mucho lo límites.

Mi vida profesional me habia llevado a conocer gentes y paises que fueron, una vez condensados y aquilatados por la reflexión --y la imaginación literaria que todo lo aprovecha-- a una decantación que se hacía relato y nutría las páginas de esa novela intimista y bastante despiadada.

En el interín llevaba años estudiando psicología y psicoanálisis, me había sometido a un psicoanálisis didáctico con una profesional junguiana y preparaba mi tesis doctoral sobre el análisis lacaniano.

Cuando terminé la novela, puse el ansiado "fin" sobre la última página y revisé el volumen mecanoescrito, me entró una desazón inusual. En mis anteriores obras, al fin le sucedía un rápido envío a una editorial, los contactos pertinentes y la publicación, casi sin  solución de continuidad. En este caso, "El árbol de los condenados", en los que se vertía parte de mi ser y se extrapolaba el dolor de muchas personas y la desorientación y los errores de mis personajes (espejo y reflejo de los propios) había una cierta desgana en seguir el proceso anteriormente descrito. Quería trascender el deseo de verla publicada con el más legítimo objetivo de descubrir de qué se trataba: si era una novela importante para mi desarrollo como escritor y persona,  o era otra coartada de la vanidad, la facilidad creativa y el sentido de la oportunidad (heredado de mi condición de periodista).

Lo mejor, pensé, es buscar un  editor al que respete por su capacidad intelectual, su trayectoria personal y su prestigio en  el mundo de los libros. Escogí a Mario Muchnik. Me entrevisté con él (había escrito algún articulo sobre sus libros y eso me sirvió de carta de presentación) y le hablé de mi novela y de mi deseo que la publicara él si le parecía digna de ello.

Comenzó entonces una relación epistolar en la que ambos hablábamos de los pormenores de la novela, personajes, situaciones, filosofía y estilo. Jamás antes me había sentido tan cómodo y tan sorprendido al tiempo, de encontrar un interlocutor cuya inteligencia estaba hermanada por la agudeza y el instinto.

La cosa quedó frenada en un momento dado y terminó colapsándose de mutuo acuerdo. Hubo un intercambio de posiciones encontradas sobre temas éticos y decidimos por el momento dejar en suspenso la publicación . Yo no insistí y acepté la postura de Mario. Debía analizar lo ocurrido y plantear una revisión acorde con nuestras posturas divergentes. Pero no lo hice. Me asaltó ese demonio inquietante llamado "duda", tan poco operativo cuando va encima de un falso orgullo. Guardé la novela en un cajón y me dejé llevar por las exigencias de las dos profesiones que ejercía, el periodismo y la psicología. Avatares personales de distinto signo me ocuparon durante mucho tiempo y olvidé la novela y la frustración de no haber peleado por ella.

Ahora, años después, de una forma casual, fortuita, ha entrado de nuevo en  mi vida. La novela apareció, polvorienta, pero incólume, en uno de mis cajones de originales. La tengo junto a mí y he decidido volver a ella.

He sentido la necesidad acuciante de volver a ella, tras meditar un tiempo sobre las razones ocultas que me llevaron en su día a guardar mi novela más prometedora bajo las siete llaves del sepulcro del Cid. Una vez aclarado este escenario, ay, tan poco halagueño para mi propia inteligencia, sólo queda el reto de entrar en ella con el buril y el martillo dispuesto a tirar lo que no sirva y adecentar lo que se mantenga. La estructura y los cimientos están bien, creo recordar, y eso es lo que hace viable una construcción. Todo lo demás es cuestión de tabiques. Mientras respete las paredes maestras y la cimentación, todo lo demás puede ser cambiado, alterado, remozado. Vamos, pues, a ello. 

Compartir este post
Repost0
30 enero 2011 7 30 /01 /enero /2011 11:55

 

trenvz2.png--¿Está seguro de que no tendría mejor acomodo en el museo de Renfe?

Antonio torció el gesto, se ajustó la corbata en un gesto maquinal y revisó que la chaqueta de Armani no le hiciera ninguna arruga.

--Vamos, Ortiz. Ya sabe usted que lo que nos sobran son locomotoras viejas. Y esta ni siquiera es un modelo único. Ya hay otra semejante que estuvo en servicio en una línea de  las minas del Pirineo leridano, en Sant Maurici.

--Ya, señor ingeniero, pero ésta tiene una historia muy especial, estuvo sirviendo la línea del  famoso  tren “sarmentero”  desde 1939 hasta 1971 entre Alcañiz y Tortosa. Ha visto mucha historia este trasto. Y además…

Antonio se envaró, a la defensiva,  y clavó en el funcionario una mirada helada. “Y además qué?”.

--Bueno, señor…el otro día estuvo por aquí el padre de usted, don  Rafael . Me contó que había sido el maquinista precisamente de…

--Si, ya sé –Antonio arrastraba las palabras con cierto sarcasmo-- ¿Y cree usted que porque mi padre hubiera sido maquinista y este trasto como usted  dice, fuera su instrumento de trabajo, debemos cargar a la Compañía con él? Ese detalle es irrelevante, Ortiz. No estoy en el puesto que estoy para tomar decisiones sentimentales y arbitrarias.

--Perdone, señor ingeniero. Lo que usted diga. Yo solo pensé…

--Ortiz, déjenos a nosotros la tarea de pensar.  Ahora vaya a la oficina y haga las gestiones para que se tomen las medidas adecuadas para sacar este trasto de aquí. No tiene ningún valor. No perdamos más tiempo. Me esperan en la dirección general en Zaragoza. Y estamos en el culo del mundo –se percató del gesto de enojo y contrariedad de su subordinado, que lo miraba con ojos vidriosos y un gesto duro en los labios—vaya, perdone Ortiz. No quiero ofenderles. Ya sabe que pasé toda mi infancia aquí. Me gusta mucho la zona, pero ahora la vida sigue y debo atender mi trabajo en escenarios más lejanos y seguramente más estresantes.

--Desde luego, señor Foz. No hay color en la comparación. Aquí sólo somos unos provincianos. –y Ortiz dio media vuelta y salió del hangar sin aguardar respuesta.

Antonio se encogió de hombros, miró con disgusto la pátina de polvo  que cubría sus brillantes mocasines Dumas y consultó el reloj de pulsera, Supont, oroblanco y acero, que le ofreció su imagen confortable y plena de seguridades y estatus.

Cuando se disponía a salir del hangar los grandes focos del lejano techo se apagaron con un ruidoso chasquido. Eran las seis de la tarde de un día frío de invierno y un manto de neblina y obscuridad parecía caer desde el cielo. Por los altos ventanales entraba una claridad difusa que iba desapareciendo poco a poco. Antonio maldijo a Ortiz y se prometió a si mismo que le pondría en dificultades por haber tenido la desconsideración y la falta de respeto de apagar las luces generales del hangar antes de que saliera él. En algún rincón de la enorme nave entraba una luz indirecta por unos ventanales pequeños  que apenas iluminaban un reducido círculo cercano y parecían acentuar las sombras a su alrededor.tren-vz-copia-2.png

La indignación que sentía  fue subiendo de nivel y el maduro ingeniero se dispuso a salir con precipitación y con tan mal pie que tropezó con una traviesa de la vía de servicio y cayó al suelo. Mientras lo hacía se percató que las gafas habían saltado del puente de su nariz y se precipitaban hacia el cemento sucio. Antonio hizo un gesto brusco con los hombros para tratar de alcanzarlas, lo que aumentó su inestabilidad e hizo que su cuerpo diera media vuelta para caer de espaldas. En unas décimas de segundo, como en una secuencia  cinematográfica a cámara lenta, el hombre sintió el golpe en sus caderas al impactar contra el suelo, su mano derecha alcanzar y cerrarse en torno a las gafas y al tiempo, la izquierda  fallar en un intento de disminuir la  fuerza del impacto agarrándose a un estribo de la locomotora. Justamente la  máquina que acababa de condenar al desguace,  y por tanto recibir en la espalda el doloroso contacto con el suelo de cemento y  a continuación un brusco  tirón de su cuello y su cabeza hacia la  izquierda, golpeándose  ésta contra el estribo enrejado que corría a lo largo del flanco de la locomotora.  Sintió un dolor agudo en alguna parte de su cabeza, un silencio abrupto que se imponía en su mente, envolviéndole como un sudario, y un salobre gusto amargo y metálico en la boca. Respiró profundamente y con un gemido se dejó caer por una pendiente absurdamente iluminada de rojo, como si las calderas oxidadas de la locomotora se hubieran encendido mágicamente y le envolvieran en el calor y el color de su vientre incandescente.

--Ay, Antonio, hijo, parece que tu memoria es tan mala como tu equilibrio.— el tono guasón de la voz de su padre, le molestó profundamente. Como de costumbre en los últimos años.

--Papá, déjame en paz. ¿No pretenderás que me acusen en Zaragoza y en Madrid de que tomo decisiones porque mi padre me manipula, ¿no?

--Quiá, chico, ni lo pienses. A todo le llega su hora. Hombres y máquinas. Yo ya estoy a punto y ésta, mi vieja amiga, la Lola, pues también. Sólo que te has vuelto muy especial con tanto estudio y tanta capital. Parece que ya no te acuerdas de que cuando eras un chaval no hacías más que pedirme que te llevara conmigo a conducir a la Lola. Y cómo te reías cuando pasábamos por los túneles y todos acabábamos ennegrecidos y cuando me decías que la Lola era como una mujer vieja, toda gemidos y toses. O cuando me hacías bajar la marcha cerca de Torre del Compte para ir a darte un baño en  el Matarraña, ¿Cómo has podido olvidarlo? ¿Qué tienes, 50, 55 años? Yo tengo  86 y me acuerdo de todo como si fuera ayer. El hundimiento del túnel entre Prat del Compte y Pinell de Bray, el 19 de setiembre del 71, creo. Los  fastidiosos viajes en autobús para salvar la distancia que no podía hacer el  tren, durante dos años más. Y, sobre todo, me acuerdo del mal día en que recibí el comunicado de que se cerraba la línea, cuando todos confiábamos que se tenderían las vías sobre el trazado ya aplanado de Tortosa a San Carlos de la Rápita… dándole más vida a este tren. Llevándolo al mar…

La voz de don Rafael se había ido apagando y también  su figura, con la inseparable boina negra sobre los ralos cabellos blancos y el pitillo asomando perezosamente de sus labios, emanando humo gris  sobre las mejillas mal afeitadas. Antonio hizo un gesto para levantarse y así mejor escuchar  la voz de su padre y un inesperado sentimiento de tristeza y soledad le invadió.  Tuvo ganas de gritarle que no se marchara, que se quedara junto a él, que siguiera hablando, pero pensó que eso era una chiquillada y que el viejo era un tostón reiterativo y cansino. Inmediatamente un dolor en su costado le advirtió que sus pensamientos eran falsos, que no reflejaban ninguno de sus auténticos pensamientos y  dejó aflorar una sensación antigua que había tenido toda su infancia y que sofocó desde que fue a estudiar al internado de Zaragoza y luego a la Escuela Superior de Ingenieros  en Madrid. Comprendió que había dejado sin resolver algo, un dolor antiguo, muy profundo que lo ligaba a su padre y a su hogar en Alcañiz, a su familia y a sus viejos amigos. Todos encerrados en un baúl de los recuerdos cuya llave había perdido voluntariamente desde su juventud.

Así que cuando la vio, sentada tranquilamente en el estribo, mirándolo con ojos húmedos, inteligentes, sabios y algo irónicos, aceptó su presencia como algo natural, algo esperado. “Es como la visita de los fantasmas de la Navidad al avaro viejo Scrooge  del libro de Dickens”, se dijo a sí mismo, admitiendo sin  más la realidad de lo que estaba ocurriendo. “Si es un sueño, se dijo con lucidez, mejor que sepa de qué va todo esto. Si no lo es, aún es más interesante. Al fin y al cabo no tengo otra cosa  que hacer” Y no analizó nada más, mientras contemplaba tranquilamente su cuerpo desmadejado sobre las vías, sin temor y sin aprensión, como si fuera un objeto más y mucho menos real que aquella anciana sonriente que le miraba con atención y una pizca de humor.

--Bueno y usted quien es –preguntó con amabilidad, asombrándose de que se encontrara  tan bien y tan tranquilo en la extraña y curiosa circunstancia que vivía-- ¿Es amiga de mi padre? Debe ser de su época, ¿no?

--Oh, no, pequeño. Yo soy mucho más vieja. Y sí, soy amiga de tu padre. En realidad nos hemos querido mucho. Me bautizó él, si así puede decirse. Me llamó Lola, aunque mi nombre real es mucho más complicado, letras y números, y soy inglesa, creo, ya todo se me borra y más desde que me he enterado que mi acta de defunción ya se ha decidido. –sonrió con ironía—y si no me equivoco, tú has tenido algo que ver. –hizo un gesto con las manos—oh, no creas que te lo reprocho. En realidad estoy de acuerdo contigo. ¿Para qué seguir con esta existencia ya tan aburrida? Los viejos hemos de desaparecer. Tu padre, yo…-- señaló delicadamente a Antonio—y dentro de unos pocos años, tu. Es ley de vida. Los viejos no gustamos a los jóvenes y menos aún a los adultos pre-ancianos. Y yo tengo demasiados sueños y pesadillas en la cabeza. Mejor olvidar y pasar a la fundición para luego formar parte de otras máquinas y otros sueños.

--¿De qué sueños me habla usted, señora? Usted era…. —iba a decir “una simple”pero          comprendió que además de insultante, sería algo falso—una locomotora. Una más en una línea que  nunca fue rentable, que llevó a la ruina a la compañía que inició el servicio en 1887 desde La Puebla de Hijar a Alcañiz,  se llamaba Compañía de los ferrocarriles de Zaragoza al Mediterráneo. A esa sucedió  desde 1899  la empresa  de Explotación de Ferrocarriles del Estado que se hizo cargo de ella durante la Dictadura de Primo de Rivera.  Todo bajo pérdidas económicas.  Eso sí, sirvió como lanzadera logística durante la guerra civil. Ya ve qué honor más sonrojante. Y después, con Franco…

La anciana suspiró tan profunda y dolorosamente que Antonio guardó silencio y miró con renovado interés a la mujer, que había sacado un pañuelo de batista y secaba dos lágrimas que empezaron a correr por las mejillas enjutas, aunquealgo iluminadas por una sonrosada luz propia, como esas muñecas de porcelana de antaño.

--En aquellos años oscuros, fríos, me trajeron a estas vías de mis recuerdos. Y me dijeron, “ahora vas a ser feliz, vas a volver a ver el mar “ ¿Sabes?  Ese era mi sueño. Sentía nostalgia de cuando era más joven, cuando corría por una línea que paseaba junto a la orilla del mar. Era una línea muy antigua y unía Barcelona y Mataró. Entonces me enamoré del Mediterráneo. Y me dijeron: en 1939 llegarás a Bot. Y en 1941 a Tortosa. Y después a disfrutar junto a tus amadas olas en San Carlos de la Rápita. Ya estamos allanando el trazado, me aseguraron.  Pero eso nunca se cumplió. Un mal día las tierras arrasaron el túnel de Pinell de Bray.  Y cuando ocurrió comprendí que jamás volvería a jugar con la arena y las olas, a lanzar mi humo en cascada sobre la dorada línea festoneada de esmeralda.

--Tiene que comprenderlo señora…--Antonio supo antes de seguir que sus argumentos eran un pobre consuelo—era una línea sin resultados económicos viables, continuas pérdidas para un trazado irregular sobre terreno inestable que provocaba muchos problemas, una población pobre y necesitada que se iba marchando del país poco a poco. –Se calló incómodo al observar que la anciana seguía llorando mansamente. Su vocecita decaída fue surgiendo cada vez más debilitada:

--Aquellos pobres hombres, los prisioneros, obligados a tender las vías en condiciones terribles…luego tanta miseria…--la voz volvió a sonar con vigor inusitado—pero trato de olvidar esas tristezas con el recuerdo de las gentes que montaban en mis vagones, los gritos de los niños, las canciones de los jóvenes, algunas historias de amor y otras de odio o rechazo, en fin, lo que es la vida más palpitante. Todo esto no se debería perder, ¿verdad?

Antonio asintió. “No se perderá. Desde hace unos años se están remozando los trazados de su tren, se vuelven a limpiar los recorridos, los túneles, los  puentes, el de Torre del Compte da gozo verlo, y se reconvierten en Vías Verdes, para que nuevamente los jóvenes rían  y disfruten por estos lugares tan hermosos…” El ingeniero guardó silencio. La vieja estaba desapareciendo,  pero él no se reconocía a sí mismo. “¿Qué me pasa?”, pensó, sin demasiada alarma. Y mientras se tendía junto a su propio cuerpo, contempló ensimismado la silueta de la vieja locomotora y puedo entrever la figura de su padre, todavía joven, al mando de su humeante máquina, dominando la vida de la traqueteante Lola, ensuciando de hollín rostros y vestimentas de gentes diversas, entre las cuales, vio a un niño que entonces era feliz, contemplando con  indisimulado orgullo la máquina “de su padre”.

Entonces oyó claramente junto a su oído:

“Señor ingeniero, ¿se encuentra bien? Ya hemos llamado al médico. Saltaron los fusibles de los focos de este viejo hangar y se quedó a oscuras. Seguramente eso provocó que usted tropezara, ¿no? Se ha dado un buen golpe”.

Antonio hizo un gesto para tranquilizar a Ortiz. Se puso las gafas y le sonrió: “Estoy bien. No se preocupe. Sí que me he dado un buen golpe. Miró la locomotora con una expresión extraña en el rostro: “Quizá ustedes tengan razón, amigo Ortiz. Miraré que puedo hacer… sería una pena que desguazaran una máquina tan llena de historias, ¿verdad?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0
27 enero 2011 4 27 /01 /enero /2011 10:32

carlos-copia-1.jpg

Carlos, amigo mio, hermano, hace un año ya. Te fuiste de la forma y manera que te era grata, con discreción, en silencio, casi sin avisar. Estábamos tan acostumbrados a que salieras de todos los males y deterioros, entero, incólume. Esta vez, hace un año justo, nos equivocamos. Durante mucho tiempo estuve esperando una llamada y tu voz, cada vez más tenue pero,exacta y clara, bromeando sobre tus males inextinguibles. Y durante meses estuve esperando sin elaborarlo, otra cita para comer y hablar, donde aparecerías quizá con la mirada más sabia y ese fondo de tristeza que anidaba en tus ojos y que se levantaba como la bruma cuando charlábamos, ajenos a todos los relojes y a todas las edades, de "nuestras cosas".

Hace unos años me escribías:

 

¡Qué cansado estoy,

querido Alberto,

de hacer como que si!

Quedan pocos nudos

por desatar. Y en las manos

me vienen a encontrar

recogimiento las últimas brisas.

Tenues y sinceras. Tan mías aún,

tan hermanadas en la cercanía del

silencio.

 

Habíamos hablado esos días, como tantos otros, del bagaje moral que era preciso para navegar en estos procelosos mares de lo cotidiano, rodeados e infectados de emociones y sentimientos, de agresiones y de invasiones. Nuestros mundos, tan diferentes y tan semejantes en lo esencial, nos sometían al asedio incondicional de lo mínimo, esa ofensiva inmisericorde que no obliga a grandes gestos ni siquiera a decisiones muy visibles, el mundo mínimo que nos impedía el austero y casi monacal disfrute de lo que realmente nos motivaba a ambos: los libros, la reflexión pausada y profunda, el pensamiento alzando el vuelo como un gavilán, la charla osada en bucear por las últimas fronteras de la psique, allí donde todo se desnuda y anidan las primeras verdades.

Los esquemas y técnicas psicológicas nos servían como referencia para encauzar al vuelo libre de tu inteligencia, de esa sabiduría que pasa por encima de los conceptos y las palabras y muestra de un trazo, enérgico y suave, la esencia de los hechos, las personas y las motivaciones. Yo aprendía junto a tí y tu me brindabas, con esa difícil generosidad del sabio, tu apoyo para recorrer juntos el camino del insigth clarificador y a veces salvador.

Ese "como sí" nació en una de nuestras charlas, como una técnica, una herramienta psicológica que nos blindaba para superar las dificultades que nos creaba la vida, sentimentales las mías, filosóficas las tuyas. Ambos buscábamos nuestro lugar correcto, ese espacio (en palabras de Castaneda) en el que uno no debe nada a nadie y a nada porque se encuentra en el lugar óptimo, en la posición certera donde la ética personal nos coloca, indiscutible e imposible de censurar. El lugar impecable.

Pero muchas veces la filosofía y la ética no lograban blindarnos lo suficiente y un cansancio de las celulas, de las entrañas, nos invadía. Entonces concertábamos otra cita. Comíamos en cualquier figón, sin prisas, cerrando el local casi. Después la charla se mantenía durante un largo paseo interrumpido por innumerables paradas en las que, ajenos a todos, en mitad de la acera, debatíamos nuestros pensamientos, nuestras intuiciones...

¿Tienes idea, querido Carlos, de cuánto y cómo te echo de menos?

Seguiremos juntos, amigo, hermano.

Compartir este post
Repost0
24 enero 2011 1 24 /01 /enero /2011 19:06

Si  nos  observamos a nosotros  mismos podremos llegar a conocer la realidad directamente y podremos aprender a manejarla, a gestionarla, de una manera positiva y creativa para desarrollar nuestro autentico potencial y canalizarlo en provecho propio y ajeno. Esa es la esencia operativa de la meditación Vipassana que significa en pali, “visión cabal”.

  5384158692_633c0a67d2.jpg

¿Cómo se articula esta técnica meditativa? No es difícil ni requiere nada especial, ni cánticos, ni mantras, ni difíciles sentadas meditativas en silencio y en perfecto no-movimiento, ni largas oraciones o jaculatorias. Aunque nada de esto le es ajeno. Pero para empezar hay un punto clave que aparentemente no cuesta nada. Hay que estar atento a cómo estás y a lo que haces. Generalmente, sin darnos cuenta,  repartimos nuestro sufrimiento, nuestra tensión, nuestro agobio, nuestra impaciencia entre los demás. Y asi observamos que alrededor de cada persona infeliz la atmósfera se va cargando de inquietud, de tal forma que todo el que se aproxima a ese entorno  termina también sintiéndose agitado e infeliz.

 

Para ello hay que seguir una disciplina, pero no a cualquier maestro o técnica. Buda recomendó Vipassana y aseguró: “ sed cada uno de vosotros vuestra propia isla. Sed vuestro propio refugio, no hay ningún otro refugio. Haced que la verdad sea vuestra isla, que se vuestro refugio. No hay ningún otro”. Ya que el único refugio verdadero de la vida, el único terreno sólido sobre el que asentarse, la única autoridad que puede guiarnos y protegernos adecuadamente es la verdad, el Darmma, la ley de la naturaleza, experimentada y verificada por uno mismo.

 

Por eso la única forma de resolver nuestros problemas es viendo nuestra situación tal y como es realmente, aprendiendo a reconocer la realidad aparente y superficial y también yendo más allá de la apariencia para percibir realidades más sutiles: y sólo podemos hacerlo directamente  mirando hacia dentro, observándonos. En esa observación radica el descubrimiento de que somos juguetes de fuerzas internas que nos condicionan, reacciones y prejuicios, tensiones inconscientes (pero descubribles) que hemos ido acumulando y que nos hacen sentirnos inquietos y desdichados, por lo que renovamos constantemente  nuestros errores, sin percatarnos de que estamos obedeciendo y siguiendo plantillas de comportamientos equivocados, reacciones automatizadas que generan errores y sufrimiento..

El camino para llegar a descubrir esto no es difícil pero requiere un trabajo constante y un esfuerzo sostenido. Ese camino es el Damma, el arte de vivir, que aumentará nuestra felicidad y el bienestar de quienes nos rodean, creando relaciones armoniosas y serenas con ellos y sobre todo con nosotros mismos.

 

El camino de la meditación Vipassana es un proceso de descondicionamiento, ya que se elimina de la mente las cualidades perjudiciales y los automatismos del pasado  que agravan y mantienen las visiones erróneas de la realidad y la tendencia inherente al sufrimiento. Al ir eliminando de la mente lo que hay de negativo se va descubriendo la naturaleza básica de la mente pura. Por supuesto al ir eliminando esa fuente de tensión mental se produce una mejora por correlato de las enfermedades psicosomáticas que causa la tensión. Evidentemente hay una condición esencial: no se puede seguir el camino con el objetivo principal de lograr resultados de curación física. Las mejoras son  resultados secundarios y no buscados de la meditación.

 

Los interesados en este tema u otros de alcance espiritual-operativo podéis darme noticia de ello en los comentarios de este mismo blog. Es bueno mantener una red de buscadores. Nunca se sabe lo suficnete y las experiencias ajenas honestas sirven de guía y consuelo. Animo...

 

 

 

 

 

 

Compartir este post
Repost0
23 enero 2011 7 23 /01 /enero /2011 12:08

Primero hay una alteración en la carga genética del bebé. Puede ser una alteración en el cromosoma 15 o quizá que exista un cromosoma 47, uno más de los habituales 46. Según esa lotería terrible, el bebé puede presentar las características del síndrome de Prader-Willi o las del Down. Ese niño o niña crecerá con muchas limitaciones o discapacidades. Menos diferentes entre sí, que las diferencias existentes entre la mal llamada "normalidad" y ellos.

La editorial Milenio (Lleida) ha publicado el libro de relatos "La Nena y el Sol" con textos de Gaspar Arcís, Salvador Bolet, Célia Zurita, Jordi Balcells y Eduardo E.Rosenzvaig. En ellos las voces de sus autores nos hablan de un universo paralelo, el mundo y la existencia de personas que sufren esas discapacidades psíquicas y físicas y que  quizá para compensar, nos ofrecen un grado de sensibilidad, empatía y capacidad de amar que sorprende a los que no han convivido nunca con ellos. Y mucho más en el progresivo universo de discapacidad y minusvalía emocional en que vamos 1025_La-20nena-20y-20el-20sol.jpgconvirtiendo nuestro entorno. Los relatos son textos premiados en el Primer peremio Crisálida para personas con discapacidades del tipo citado.

En el relato "Tu" de Célia Zurita, el narrador, un joven gamberro que es obligado por su padre a hacer una suerte de servicio social en una asociación de ayuda a discapacitados, trata de ayudar a una chica con el sindrome de P-W. En el epílogo del emocional relato, el protagonista dice "Gracias Laura, porque me ayudaste a descubrir el amor", es decir la facultad de amar y la manera de ejercerla de verdad, por encima de las emociones baldías de enamoramientos y amores hormonales.

A través de vicisitudes, prosas filopoéticas, esa enternecedora retórica de quien no domina la técnica literaria pero es un puro nervio de autenticidad y emoción, lleva al lector ocasional a disfrutar más que de la galanura literaria de lo que lee, de la hondura psicológica y sentimental (más cerca del sentimiento que de la emoción) de esos seres cuya capacidad de amar y "entender" el alma es objeto de asombro para el que se acerca ex novo a ellos (vencida la primera y enevitable tendencia a colocarlos en los estantes perceptivos de lo distinto, lo diferente, que resulta siempre inconscientemente  amenazador).

El relato que da nombre al volúmen, "La Nena y el Sol", escrito por Eduardo Rosenzvaig, o el didáctico y entrañable "La superación de Flora", de  Arcís y Bolet, nos describen la vida de personas en diferentes grados de discapacidad pero unidas todas por un elemento común: la real capacidad de superación personal en aras no de un objetivo más o menos quimérico sino de un elemento esencial que está en sus vidas y que les mueve y conmueve: el amor, la enorme ternura que son capaces de irradiar.

Particularmente emotivo es el guión para cortometraje que cierra el volúmen,  "Yo tengo el sindrome de Down" que firma  Jordi Balcells. La autenticidad de esa voz que narra su experiencia vital, sus limitaciones, sus desafíos y sus temores y alegrías, resulta  emocionante. Se convierte en una suerte de aprendizaje emocional para quienes no conocen nada de ese mundo.. Y como dice el autor:  "La gente que no me aprecia es porque no sabe apreciar la vida".

La lectura de este libro es recomendable por razones que esta vez no conciernen al crítico literario sino a la persona que lee y siente. La persona que quiere conocer ese mundo paralelo y apenas conocido de esos seres humanos de excepción.

 

 

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens