Con 77 años cumplidos, Rosa Regás se mira al espejo de la vida y nos muestra sus reflexiones sobre algo tan inevitable como la vejez y la cercanía de la muerte. Para ello, agudiza la mirada, repasa a los clásicos que han tratado el tema, calma su verbo apasionado y nos regala comentarios, ideas y vivencias que aunque raramente levantan el vuelo filosófico –ni tiene por qué hacerlo, la Regás es escritora y política, no filósofa ni pensadora—si dejan en el lector un poso de calma y sensatez, de aceptación plácida de algo inevitable, de análisis de un periodo que no tiene porqué ser negativo o simplemente nostálgico y sobre todo de que una actitud activa y optimista enriquece la vida en esos años.
La idea recurrente de Rosa en su "Mirada a la vejez", es que la edad avanzada no tiene que ser el límite de nada, que aceptando las inevitables carencias y realidades físicas, si todo va bien en el ya resbaladizo terreno de la salud orgánica y psíquica, tener años, como en el pasado, es un signo positivo que indica experiencia y algunas veces sabiduría.
La autora de títulos como "Azul", "Luna lunera", "la canción de Dorotea", directora de la Biblioteca nacional de 2004 a 2007, cargo del que dimitió abruptamente tras una acusación del recién entrado ministro de Cultura, el poeta y escritor César Antonio Molina de que no había hecho nada en su cargo, aunque logró realizar cosas como la creación de la Biblioteca digital hispánica, el Museo de la Biblioteca, una política de apertura al público con inusitado éxito, aunque también como correlato hubo que lamentar unos oscuros hechos delictivos, como los robos de dos mapamundis del incunable de la Cosmografia de Ptolomeo (1482) y una hoja del incunable de Isidoro Santo, arzobispo de Sevilla, de 1472.
Pero volvamos a la escritora, en 1991 publicó Memoria de Almator, su primera novela, una especie de Casa de muñecas de Ibsen, en la en la cual una mujer extremadamente protegida por su padre, su marido y su amante acaba tomando las riendas de su vida. Tres años mas tarde ganó el Nadal con Azul una historia de amor y de ambiente marino. Al año siguiente, 1995, el Viaje a la luz del Cham narración de la estancia de la escritora en Siria, y Luna Lunera (1999), novela de estilo autobiográfico que transcurre en Barcelona durante la postguerra, que recibió el Premio Ciudad de Barcelona.
En 2001 se llevó el Planeta con La Canción de Dorotea, una novela de intriga científica. Más tarde acometería su Diario de una abuela de verano, que fue adaptada a televisión.
He podido observar que Rosa Regás nunca escribe con más convicción que cuando habla de sí misma, más o menos veladamente. Supongo que es algo natural y le ocurre a muchos escritores. El protagonismo de Rosa, su adscripción a la movida de la transición y a la célebre "gauche divine" barcelonesa, su fino olfato en las cosas políticas y sociales, la convierten en un personaje atractivo que levanta iguales dosis de simpatía y rechazo. En "La hora de la verdad" Rosa se vuelve intima y entrañable, es una abuela muy vivida y bastante inteligente que nos regala sus pensamientos sobre la época que está viviendo y su denodada lucha personal por aprovechar y sacar punta de los años que le queden, a pesar de que como ella misma dice "estamos en una sociedad que desprestigia la vejez y la experiencia". Nos habla de los aspectos positivos y negativos que tiene este época de la vida que los más afortunados pueden llegar a vivir (ella misma cuenta en "Adios a mis muertos", un libro inconcluso, que son treinta las personas muy cercanas que ya no están en este mundo –a los que hay que añadir Oriol Regas, su célebre hermano, que murió hace poco--).
Honestamente Regás advierte al lector que no busque estudios sesudos en su libro, ni aspectos sociológicos, es consciente de que va a reflexionar sobre la vejez pero a través del cristal de la suya, bastante privilegiada y activa (incluso está en las listas de la candidatura para el equipo de Hereu a la alcaldía de Barcelona).
Lo bueno de la vejez, dice, "es vivir y hacer lo que te da la gana y para ello hay que tener una vida intelectual y físicamente activa".
Recetas: vivir inmersos en la inspiración, tener proyectos, propósitos, ideales, intenciones, mantener viva la llama de la curiosidad. El libro se estructura en el análisis de lo que es la vejez, la constatación de que la vejez mental no existe, cuales son los enemigos de esa fortaleza de la mente y un capítulo sugestivo, "Nunca es tarde para las vocaciones ocultas", casi un tratado de autoayuda en el que se especula con las variadas posibilidades de vida que da la curiosidad y el no rechazar cualquier alternativa de trabajo personal y se recuerda al lector que tampoco es tarde para el amor y el sexo. "Hay que aceptar el paso del tiempo, que corre para nosotros igual que para los demás" dice, reconociendo ella misma que tenemos tendencia a engañarnos y pensar que estamos al margen de esa verdad.
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La escritora y periodista Rosa Montero (60 años) hace una segunda incursión literaria en el género de la ciencia ficción, ("Temblor" fue la primera) con "Lágrimas en la lluvia" donde nos lleva al Madrid del año 2109 de la mano de una detective Bruna Husky que es pendenciera, solitaria, carencial, dura aparentemente y profundamente necesitada de afecto y amor. Tiene además otra característica, es una "rep", es decir una replicante. Un androide, modelo de combate, que comparte con todos sus hermanos el mismo angustioso temor: conocen su exacta fecha de caducidad, de muerte. Son "nacidos" cuando tienen el aspecto de 25 años y diez años más tarde mueren por una especie de cáncer tecnológico. Mientras, viven su intimidad psíquica a base de recuerdos falsos estándar grabados en tarjetas de memoria. Sus relaciones con los humanos pueden ser sentimentales si ambos aceptan su precariedad. La sociedad en la que viven, los Estados Unidos de la Tierra, está desmoronándose por múltiples razones, en la que las secuelas de guerras universales, destrucción, caos ecológico, crisis política, social y económica, hace pensar inevitablemente en una cierta coherencia de raíz y causa con la situación que ahora vivimos en la realidad. Como si de los polvos actuales hubiéramos esperar lodos como los que asfixian al mundo "feliz" de Rosa Montero.
Este manresano nacido en 1983 es periodista de tv, radio y prensa escrita. Catalunya Radio, RAC1, TVE, Canal 33 y Barcelona TV, El Periódico de Catalunya, Avui, región 7 y Público, han sido testigo de sus reportajes y trabajos. Con 25 años abandona todo y se marcha a hacer ese viaje pleno de simbolismos y comparte sus aventuras, desde el primer día, a través de la web lavueltadelos25.com. Este Julio Verne que no se encierra en ninguna biblioteca, comparte con nosotros el misterio de sus motivaciones reales, como Kavafis caminó por medio mundo para descubrir que lo importante no es dónde se va y cómo se vuelve, sino disfrutar del viaje en sí. Itaca para Marc Serena es este libro y el recuerdo imperecedero de sus experiencias.

Esta mañana, en la radio, he titulado mi análisis de "La estrategia del agua" de Lorenzo Silva como una muestra de la "estrategia de la cebolla" aplicada a la novela policíaca. Este autor, uno de los más coherentes y habilidosos en el panorama español de la novela negra, sigue en su nueva obra un procedimiento táctico similar al que va despojando las capas de una cebolla, para llegar a su corazón. Silva nos dice desde el principio que lo que su personaje central, el brigada Bevilacqua, de la Guardia Civil (y su compañera incombustible, la cabo y próxima sargento Virginia Chamorro, tienen entre manos, es un asesinato, aparentemente inexplicable: un hombre sin relieves públicos ni conflictos privados en la zona oscura de la sociedad --quitando un divorcio difícil-- despachado de dos tiros en la nuca por un evidente profesional. Inexplicable, a no ser...y aqui Silva comienza a sacar, capa tras capa, las complejidades que rodean el caso, paseándonos por un magnificamente narrado escenario técnico policial de las investigaciones, el mundo no menos complejo de los jueces y los técnicos judiciales que rodean estos casos luctuosos (magnifico retrato de una psicóloga) y todo ello aderezado por un golpe de efecto: sabemos o sospechamos desde el principio de la novela quién puede ser el asesino, no el material, pero si quien está detrás. Pero Lorenzo Silva logra que no nos despeguemos de sus páginas, simplemente fascinados con la dinámica que se establece entre el brigada y la futura sargento, su pareja via Benemérita y un guardia nuevo, Juan, Joan, Arnau (la guasa autonómica es levemente impertinente) que ha sido asignado al equipo.