A los 200 años del nacimiento de Henry David Thoreau, 1817/1862, un pensador inclasificable al que se considera padre de la ecología y que se ufanaba de ser un "inspector de diluvios y ventiscas", uno de los más aclamados autores dentro de la literatura norteamericana, figura polémica y fundacional, defensor de la desobediencia civil en pro de la libertad del hombre y un radical entusiasta del "pensamiento salvaje"...en suma, una de las figuras más atractivas del Olimpo cultural occidental pese a su escasa obra escrita, se merece que le dediquemos un recuerdo y le dediquemos un rinconcito en nuestro Valhalla particular de personajes históricos dignos de ser recordados.
Errata Naturae ha editado una notable edición ilustrada del "Walden" (con los grabados originales de Michael Mac Curdy)para conmemorar la efemérides con un travieso e iconoclasta prólogo del "filosofe terrible" Michel Onfray que pone los puntos de su ironía en las íes de la historia personal e intelectual de Thoreau (y , aprovechando el envite, de Emerson, el "amigo" del autor, quizá una figura más señera que el propio Thoreau).
Walden se convierte en un documento de primera mano, una forma de entender y vivir la vida buena que es el sueño filosófico por excelencia y Thoreau la entiende a través de una existencia autónoma, libre e independiente fundamentada en la vida natural, en la soledad de una cabaña construida al borde de la laguna Walden a partir de 1845, el Día de la Independencia, durante dos años. Un desafío contra la alienación del trabajo y la sociedad basada en el capitalismo de mercad. Una denuncia (en aquellos tiempos sonaba original, en estos, Thoreau volvería a la tumba con gusto al ver en qué hemos convertido sus sueños de defensa de la tierra) de la explotación innecesaria de nuestro planeta y de la contaminación y devastación de la "civilización" moderna.
Paro no es sólo un teórico de salón o un ecologista "avant la letre", es un hombre de acción que transforma en hechos y actitudes sus pensamientos y sus ideas. Por alguna de estas ideas, en concreto la guerra contra México y la existencia de la esclavitud en estaos Unidos, es encarcelado. De la cárcel -un sólo día- nacería su libro "Desobediencia civil" donde propone la desobediencia y la insurrección frente a un Estado injusto e inicuo, sin abandonar los criterios de no violencia, ya defendida por Tolstoi en Rusia (una idea, la ahimsa, que Mahatma Gandhi utilizaría con éxito frente a la Gran Bretaña en la India). Particularmente sugerente es su rechazo a la fútil banalidad de los eruditos universitarios (de él es la demoledora frase: "hoy en día uno se encuentra con profesores de filosofía no con filósofos"). Con semejante talante combativo e intransigente, Thoreau no era un dechado de virtudes sociales e incluso su "gran amigo" el filósofo Emerson dijo de él:" Tengo en mucha estima a Henry, pero pocas veces me resulta agradable; en cuanto a tomarlo de un brazo, preferiría asir el de un olmo".
Como resume Onfray, para Thoreau "la naturaleza es un fin en sí misma y no un medio para lograr algo más que ella. Comparar a este indómito pensador-hombre de acción con Spinoza es más insólito que considerarlo un "nuevo Diógenes" (el filósofo griego que vivía en un barril). En cuanto a su estancia en la cabaña, durante 26 meses, en realidad, según el irreverente Onfray, fueron unas "vacaciones semisalvajes" mitigadas por la ayuda de su familia que vivía no muy lejos de ella. En esa superficie de trece metros cuadrados de superficie, Thoreau dispone de una cama y una mesa y sólo tiene tres sillas para no poder recibir a más de dos personas a la vez, ya que las visitas que recibe son constantes y numerosas. El mito, no obstante, fue eficaz y se ha convertido en un símbolo de la búsqueda del bienestar y la felicidad, la voluntad de goce, en suma hacer de la propia vida una fiesta, rechazando la mezquindad y los valores falsos que todo el mundo parece adorar: el dinero, el prestigio, el poder, la propiedad o la reputación. Ecos pues de venerables filosofías, como el epicureísmo, el cinismo o el estoicismo. ¿Cuál es su aportación a la filosofía? Una y muy importante: no se es filósofo hasta que uno no implementa en su propia existencia aquéllas ideas y principios que dice defender. Algo que, sin duda, nuestro hombre cumple a rajatabla, con sus excesos y sus pequeños compromisos y cautelas.
Un libro excelente y aleccionador especialmente en esta época nuestra donde abunda más el fariseísmo militante que la honestidad y la coherencia.
FICHA
WALDEN.- Henry David Thoreau.- Prólogo de Michel Onfray.-Trad. Marcos Nava García.- Ed. Errata Naturae.- 369 páginas.- ISBN: 9788416544424
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Novelar la vida de Antoine de Saint-Exupéry es un reto delicado, no sólo por la complejidad emotiva y sentimental (y también intelectual) del escritor francés que ha encantado a medio mundo con su "Pequeño Príncipe", sino por la dificultad de mostrar al hombre tal como fue, con sus contradicciones, sus controvertidas actitudes políticas y la ambigüedad de su figura pública (en la época en que acabó prematuramente su existencia, derribado en su avión de reconocimiento por un caza alemán en aguas del Mediterráneo).
Brillante y entretenido libro sobre un hecho real ocurrido en Tombuctú, Mali, en el 2012. Años antes, en los ochenta, el librero, historiador y bibliotecario Abdel Kader Haidara (hijo de un célebre profesor que mantenía en la ciudad una escuela universitaria libre, según la tradición del siglo XVI en Tombuctú) acepta el encargo de la Unesco de buscar y rescatar decenas de miles de manuscritos antiguos de un valor cultural e histórico incalculable. Con la entrada de miles de militantes de Al Qaeda en Mali y el control que imponen, en la mayor parte del país, de brutalidad y salvajismo "sagrado", esa labor es obstaculizada y los manuscritos corren peligro de ser localizados y destruidos por los fanáticos.
Inteligente, irónica y un poco jactanciosa crónica personal, no forzosamente intimista (de hecho se mantiene una rigurosa objetividad, un a modo de alejamiento), que se ajusta al título pedagógico de estas memorias ligeramente noveladas, muy influída evidentemente por la exigente cultura de élite francesa y, como no podía ser menos, por el psicoanálisis. Agnés Desarthe es una mujer elegante y sofisticada de cuarenta y pico años, autora de casi una decena de novelas con bastante éxito además de libros para niños y traducciones de autoras británicas, como Virginia Woolf.
Sigo a Jon Kabat-Zinn desde que empezaron a salir sus libros en España, mediados los 90. Sentía curiosidad por rastrear la fuertes influencias de las disciplinas orientales, principalmente hindúes y japonesas en una aportación occidental y científica (con el sello norteamericano) que parecía beber intensamente del vipasana y del zen. La osadía de Kabat de llevar a la disciplina científica vía medicina, neurología y psicología una práctica tan consolidada (y poco conocida) como las citadas me satisfizo. Había seguido con curiosidad la moda del MT (Meditación trascendental) que era un producto mixto, con fuerte ambición proselitista y con dudosas derivaciones económicas y sectarias, pero con un fundamento práctico dinámico y atractivo para la sociedad occidental. No tardé en convencerme de que el Mindfulness seguía un camino muy distinto. Ya desde su origen, con Jon Kabat-Zinn (un profesor de medicina universitario, con talante científico), y su Clínica de Reducción de Estrés de la Universidad de Massachusetts, creada a finales de 1970. Me interesó profundamente el enfoque médico de investigación científica que se aplicaba en la clínica, con la práctica de venerables disciplinas de atención plena ajustadas a sencillos programas progresivos (el MBSR, Mindfulness Based Stress Reduction) y los inmediatos resultados médicos estadísticos positivos en patologías tan recurrentes e incapacitantes en nuestra sociedad actual como el dolor crónico, la reducción de la ansiedad y el estrés, los problemas del sueño y un tratamiento efectivo de la depresión, sin medicamentos, de tipo físico, orgánico y psicológico.
Para Oriol Quintana, profesor de filosofía, psicología y religión en enseñanza secundaria, los libros de autoayuda son una "anormalidad histórica". Bueno no le falta razón y se ocupa de demostrarlo con datos y reflexiones. Estoy plenamente de acuerdo con él y añadiría que son una sutil forma de estafa psicológica y de deshonesta argucia filosófica (sólo hay que recordar el corolario que dan a la pretensión desorbitada de que siempre se puede mejorar: si no lo haces es porque no te esfuerzas lo suficiente. No es un problema de la técnica que te proponen sino de ti, que eres un fracasado y te mereces que todo vaya mal. Pero para Oriol no se trata sólo de desmembrar las suposiciones burdas y prepotentes de los citados manuales sino de justificar el punto filosófico (y práctico)contrario: el pesimismo.
Con la aparición estos días en el sello Anagrama del libro "El cerebro. Nuestra historia" donde se abunda y se añaden cuestiones candentes al estudio del cerebro, me ha parecido pertinente hablarles primero del anterior del mismo autor: "Incógnito. Las vidas secretas del cerebro." Decía Woody Allen que el cerebro es su "segundo órgano favorito". Bromas aparte, el cerebro es, con distancia, el órgano esencial de nuestra vida como seres conscientes, a pesar de que la mayor parte de sus actividades no son accesibles a nuestra consciencia, ya que la mente (el sustrato de nuestro yo, de nuestra identidad, voluntad y memoria) no es más que la ínfima punta del iceberg. El neurocientífico David Eagleman ha escrito un libro fascinante, hipnótico desde la primera a la última página, en el que se nos desvela, con un estilo en el que se mezcla un saludable sentido del humor con una tensión informativa que recuerda al mejor thriller, la explicación de supuestos misterios de nuestra vida cotidiana que reflejan la paradoja más extraña del ser humano: estar regidos globalmente por un órgano que trabaja "de incógnito", es decir, cuyas funciones --que rigen absolutamente todo el funcionamiento de nuestro cuerpo, nuestro comportamiento y nuestros instintos-- no llegaremos jamás a controlar y en muchos casos ni a conocer dada la complejidad de elementos que se pone en funcionamiento de una forma automática, regida por la genética y la memoria de la especie. Y así nos enfrentamos a una verdad tan esencial y trascendente como la de que el hombre no es el centro del universo y la tierra no es el centro del espacio; la de que nuestra conciencia no es el centro y rector de nuestra mente, sino una "función limitada y ambivalente en un vasto circuito de funciones neurológicas incons
El irlandés Ian Gibson es uno de esos escritores o poetas o ensayistas de habla inglesa que han sentido muy dentro de él la atracción, el misterio y a menudo el engorro del "encanto" hispanófilo. Hay mucho de ingenuo, travieso e incluso estoico en ese declarado amor por lo bueno y comprensión por lo malo que emana de la vida e historia de esta Piel de Toro de nuestros desvelos. Me recuerda Gibson a la entereza, las contradicciones, la grandeza y la servidumbre, el poder y la gloria, la miseria y la nobleza en la visión de España de otro ardoroso hispano, don Miguel de Unamuno.