Una novela que no es propiamente una novela, pese a lo que diga la editorial, la prensa y el propio autor. Eso no le quita valor alguno a este mezcla de narración familiar, investigación periodística y reflexiones literarias y de otro tipo.
Cercas es un escritor serio, concienzudo, amante de pulir los textos, nada descuidado, en el fondo más que un creador es un investigador de periodismo de altura. Su manera de enfocar la literatura es plenamente válida y de hecho, en algunos de sus libros, la ficción argumental se logra bien afianzada en lugares y hechos reales.
Aquí, como en otras de sus novelas, lo que prima es una suerte de diálogo sutil entre el autor y el lector, una especie de referencias cruzadas, en las que Cercas muestra al lector un escenario donde se cruzan elementos que surgen de otros libros suyos, sus propias reflexiones, sus relaciones con otras personas (en este libro es fundamental la presencia del cineasta David Trueba), el pueblo y los vecinos, su propia familia (su madre, sobrina del protagonista de la novela, es el "deus ex machina" del libro ya que todo se plantea como una especie de exvoto a la madre) y principalmente a "Soldados de Salamina" del que esta novela, dice el autor, es "el verdadero final" ya que " Se escribe para saber más, entender, no juzgar…, porque las novelas son como sueños o pesadillas que no se acaban nunca”. Por tanto "El monarca de las sombras" (referencia a una frase de Aquiles en "La Odisea" donde dice que prefiere ser un modesto campesino a un monarca en el reino de la muerte) es un "work in progress", un relato que se va haciendo a sí mismo o la metáfora del cocinero japonés que prepara la comida a la vista del cliente.
El protagonista de la narración es un tío abuelo del autor: un joven falangista, Manuel Mena, que moriría con 19 años en la batalla del Ebro, como alférez de un tabor de Tiradores de Ifni, a resultas de cinco heridas. Como me contaba mi padre, estudiante de Ingeniería en la época, que estuvo a punto de ser enrolado para los cursillos de oficiales provisionales (de los que salían oficiales con escasa preparación), "De todos es sabido, alférez provisional, cadáver efectivo". Aquí asistimos a la pesquisa, a la búsqueda de recuerdos, escasos elementos documentales y más que endebles referencias en torno a la vida del joven alférez. Cercas busca tanta fidelidad y neutralidad en su trabajo ("a mí las fantasías me están vedadas" que hasta cuando se refiere a sí mismo utiliza un escueto "Javier Cercas", con lo cual el punto gravitatorio de la narración se escora más hacia la investigación y los investigadores en sí mismos, sus pretensiones, las causas, sus objetivos, sus herramientas, que a la forzosamente desdibujada figura de Manuel Mena.
La minuciosidad y entrega de la labor de este autor es encomiable e incluso conmovedora en algunos puntos donde el estilo, la voluntad de estilo, de Cercas se permite cierta emoción. La parte, digamos, de investigación periodística, es ecuánime, certera y ágil. Todo el entramado de creencias, costumbres e ideas morales de los vecinos de Ibahernando y los que ayudan a Cercas a reconstruir la vaga historia de su tío abuelo parecen confluir en el final, en la visita que el autor hace al pueblo de Bot, en la Terra Alta, donde se instaló el hospital de sangre, cerca de los escenarios donde se batalló en firme y de forma particularmente sangrienta, las sierras de Cavalls y de Pandols, Gandesa y Corbera de Ebre. Allí Cercas encuentra a un vecino que sabe bastante sobre lo ocurrido en los días en que llevan al pueblo a un joven oficial herido de muerte. También vive todavía una anciana que, adolescente, fue ayudante de enfermería en el mismo hospital.
Parece que la búsqueda llega a su fin y Cercas ha logrado cumplir con su exvoto personal-filial (por la madre) de dar un sentido a una breve existencia y una muerte de soldado en una guerra infausta (¿hay alguna fausta?) . Rafael Sánchez Mazas, el protagonista de "Soldados de Salamina" tiene mucho en común, simbólicamente hablando, con Antonio Mena, ese "monarca de las sombras" al que metieron en una guerra absurdamente inútil. No es ficción y realidad juntas, sino una realidad narrada por un novelista. Casi al final de su libro Cercas dice: "Pensé que hay mil formas de contar una historia, pero sólo una buena...para contar la historia de Manuel Mena...debía desdoblarme: debía contar por una lado esa historia y contarla...con desapego y distancia y el escrúpulo de veracidad de un historiador, ateniéndome a los hechos y desdeñando la leyenda y el fantaseo y la libertad del literato...y por otro lado debía contar la historia de una historia, la historia de cómo y por qué llegué a contar la historia de Manuel Mena a pesar de que no quería contarla ni asumirla ni airearla, a pesar de que durante toda mi vida creí haberme hecho escritor precisamente para no escribir la historia de Manuel Mena" (pág.273)
Quizá uno de los aciertos de este libro sea la intervención de David Trueba, por lo que añade de punto de referencia contrastada, un hábil hallazgo que permite mantener las distancias, emotivas y literarias, entre Cercas y el asunto que le empuja a escribir y a buscar. Lo hace bien y lo hace honestamente. ¿Qué más se puede pedir? ….
FICHA
El monarca de las sombras. Javier Cercas. Literatura Random House, 2017. 288 páginas. 20,90 euros.
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"La atención plena en un mundo ruidoso", es el subtítulo genérico de este pequeño ensayo, modesto y sin pretensiones en el que se nos cuentan las virtudes física, mentales y orgánicas del silencio, se nos muestra un anecdotario de algunos personajes que lo convirtieron en un estilo de vida y se citan algunas de las obras clásicas o modernas donde se hace un elogio, encomio, lisonja y panegírico de lo que es y significa el silencio para el ser humano.
Excelente ensayo filosófico de la novelista Iris Murdoch, una de las mujeres más lúcidas y controvertidas de la primera mitad del siglo XX (con un dramático final a los 80 años debido a un Alzheimer).
Empecemos afirmando que este no es un libro de Zygmunt Bauman. Es un ensayo del psicoanalista argentino Gustavo Dessai que mantuvo una breve correspondencia "on line" a través de emails con el gran pensador y sociólogo polaco, creador del afortunado concepto de la "vida líquida". Este conjunto de correspondencia trata sobre la vigencia de ciertos conceptos freudianos que estimularon a Bauman y hacia los que aporta una serie de consideraciones de alguna forma bajo la insistencia socrática aunque humilde y respetuosa de Gustavo Desai.
Pero el núcleo del libro se centra en los temas liberales que defendía Unamuno y en los grandes asuntos de su tiempo que Unamuno trató de forma apasionada y a menudo contradictoria: Castilla y lo castellano, las relaciones Iglesia-Estado, la heterodoxia y Europa. Creo que en estos tiempos desnortados es buen momento para rescatar un poco al ese gran sujeto que fue Unamuno, junto con Ortega (aunque más bien ellos dos estuvieron bastante alejados), la presencia filosófica más llamativa. Para Marichal, Unamuno fue "el individuo más representativo tanto de la tragedia de España del primer tercio del siglo XX, como del extraordinario florecimiento intelectual, literario y científico que se produjo en este país en esas espléndidas y conflictivas décadas".
En esta novela Almudena nos da su visión llana, simple y emotiva de los efectos de la contundente crisis socioeconómica que aún padecemos en las gentes variadas de los barrios populares de Madrid. Una versión postmoderna de la famosa "novela social española" de los años sesenta y setenta del pasado siglo. Si la novela es el espejo que refleja lo que ocurre a lo largo del camino de la vida en un determinado lugar y una época determinada, la Grandes ha colocado su espejo multifacetal en el Madrid popular de un año escogido entre los últimos tres o cuatro y nos cuenta las vivencias y pequeños desastres de unas personas que pertenecen a estamentos muy variados pero que responden como pueden a los efectos brutales de una crisis económica encenagada por una clase política y financiera irresponsable y corrupta.
Había oído hablar de las "Misceláneas" de Ben Schott alguna vez. Y siempre al mismo tipo de personas: amigos dotados de una singular cultura literaria, filosófica o científica, con un amplio, curioso y paradójico sentido del humor, degustadores selectos de los "nonsense" de Lewis Carroll, el ingenio desmadrado de Wilde, el humor inteligente de Chesterton, la ironía despiadada pero humanista de Swift, seguidores cuando niños de los "Proscritos" del inmortal Guillermo Brown de Richmal Crompton, fanáticos de Sherlock Holmes y...ya de adultos amigos del ajedrez, las charlas filosóficas, la alegría de vivir, los paseos por las montañas y las serenas y aromáticas fumadas de pipa al abrigo de una buena chimenea.
"Como un sueño que se desvanece al despertarnos, la biblioteca, creada con tanto amor durante setenta y cinco años, estaba a punto de dispersarse a los cuatro vientos...(como la) Atlántida se hundió en el mar, tan completamente que por momentos dudé que hubiera existido. Las puertas del salón de tertulias se cerraron por última vez. La Casa de los Libros ya no existía" (pág. 344).
Me ha parecido apreciar los ecos de "Las mil y una noches" en la novela de Kader Abdolah. La historia de Aga Akbar, reparador de alfombras en una remota villa iraní, junto a la Montaña del Azafrán, es una delicia. Uno de esos homenajes legendarios al arte de la escritura, de las palabras y su significado, del lenguaje y su poder mágico. La sencillez aparente de la historia rural y su encuadramiento en el enorme tapiz de la historia del Irán contemporáneo, es de una magistral eficacia literaria.
En principio a uno le sorprende la osadía del postmoderno Btun-Chul Han, un filósofo coreano formado en Alemania y especialista en Heidegger: Poner en una balanza filosófica el budismo zen por un lado y la filosofía más clásica, desde Leibniz a Platón, Schopenhauer, Fichte, Hegel o el mismo Heidegger por otro, suena a esa osadía algo traviesa pero puntillosa, sería e innovadora que el filósofo coreano imprime a sus estudios y trabajos sobre la sociedad moderna del cansancio, la transparencia, el agobio del enjambre humano, el paso del tiempo o el significado del amor en nuestras costumbres actuales. Sorprende sin duda ese paso dialéctico en este pensador de lo externo de la persona, lo social, lo relacional, a algo tan íntimo y difícil de conceptualizar como el ser y la nada, la espiritualidad humana, el silencio, la conciencia y el lenguaje. ¡Y más tratándose del budismo zen, conocido por su uso del silencio, su desconfianza hacia el lenguaje, el carácter enigmático y críptico de los koan, su escasa gestualidad y sus planteamientos presuntamente nihilistas!