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10 septiembre 2011 6 10 /09 /septiembre /2011 20:02

hlawrence.jpgControvertido, considerado un hombre de dudosa moralidad, convertido en piedra de escándalo de la sociedad aún victoriana en las formas por su manera libre y sumamente erótica de considerar las relaciones entre hombres y mujeres, David Herbert Lawrence, (1885-1930) impenitente viajero y novelista con fuerza y brío literario, fue considerado ya en vida y sobre todo tras su prematura muerte (a los 44 años, de tuberculosis) una de las cumbres literarias de la novela británica de principios del siglo XX. Uno de las indiscutibles maestros de su generación E.M. Forster, el autor de "Habitación con vistas" y "Las alas de la Paloma" o "Maurice", excelente critico además, escribió de él: "fue el novelista imaginativo más grande de nuestra generación".

En "Mujeres enamoradas", una de sus noevlas más duramente criticadas por sus descripciones amorosas y sexuales, logró soliviantar al recién aparecido movimiento feminista, pero pocas personas, tras el velo del escándalo, percibieron la demoledora critica que el autor realizaba de la sociedad de su tiempo, de su hipocresía e inmoralidad esencial, escrita con brillantez, rigor y una fina ironía que revelaba a un pensador de altos vuelos. Siempre he pensado que D.H. Lawrence fue un visionario intelectual, dotado de una exquisita sensibilidad, que vio más claro y más lejos que sus contemporáneos, un hombre adelantado a su tiempo que padeció toda su vida la hipócrita animadversión de  la sociedad y vivió practicamente en el exilio voluntario toda su vida.

Viajes por Australia, Italia, Ceilán (la actual Sri Lanka), Estados Unidos, México, Francia, hasta recalar en Nuevo Mexico donde formó parte de un intento utópico de convivencia en comunidad (lo que en los 60 fueron las "comunas"). Su literatura fue bebiendo de todos esos lugares y esas gentes sin abandonar nunca su raiz británica. Sus obras se multiplicaban, "La serpiente emplumada", "La mujer cabalgante", "Hijos y amantes", "El arco iris", "La vara de Arón", "El amante de Lady Chatterley", además de colecciones de artículos, reportajes de viajes y ensayo (curiosamente uno "Pornografía y obscenidad" que era una defensa de su talante literario en esos temas y un irónico ataque contra la pacata e hipócrita censura de su país.

La escritora y crítica Catherine Carswell salió en defensa, (junto con Aldous Huxley) del anatematizado escritor con unas líneas realistas:

 

"Frente a las grandes desventajas iniciales y su siempre delicada vida, la pobreza en que se mantuvo durante las tres cuartas partes de su vida y la hostilidad que sobrevive a su muerte, él no hizo nada que realmente no quisiera hacer, y todo lo que más quiso hacer lo hizo. Viajó por todo el mundo, fue dueño de un rancho, vivió en los rincones más hermosos de Europa, y conoció a quien quería conocer y les dijo que estaban equivocados y que él estaba en lo correcto. Pintó e hizo cosas, y cantó, y cabalgó. Escribió alrededor de tres docenas de libros, de los cuales incluso la peor página baila con una vida que podría ser equivocada para cualquier otro hombre, mientras que las mejores son reconocidas, incluso por aquellos que lo odian, como insuperables. Sin vicios, con muchas virtudes humanas, el marido de una mujer, escrupulosamente honesto, este estimable ciudadano aun así consiguió ser libre de los grilletes de la civilización y del no de las camarillas literarias. Se hubiera reído suavemente y maldecido vehemente al pasar por los búhos solemnes - uno tras otro por su propio pie - que ahora lo investigan. Para hacer su trabajo y llevar adelante su vida a pesar de que le supusieron algún esfuerzo, lo hizo, y tiempo después de que sean olvidadas, la gente sensible e inocente - si queda alguna - volverá a las páginas de Lawrence y sabrá a partir de ellas qué tipo de hombre excepcional fue"

 

En estos tiempos en los que triunfa un cierto aire híbrido y sincrético en la novela, donde se mezcla la evasión o la aventura, con la psicología y el ensayo, Lawrence fue sin duda un innovador y un precursor. Su obra "La serpiente emplumada", que transcurre en México, es un ambicioso y apasionante tratado sobre la feminidad,  sensible y receptiva, abierta al conocimiento y la masculinidad invasiva, fuerte y creativa. Todo ello en un intenso argumento de cultos ancestrales mexicanos y de simbolismo azteca. Siempre presente esa dicotomía entre el hombre y la mujer en la que ésta se convierte en la auténtica fuerza oculta, el misterio ancestral  que un homosexual no confeso como D.H.L. --estuvo toda su corta vida casado con la misma mujer, que le acompañó siempre, aunque se le conocieron varios amantes masculinos-- tuvo la sensibilidad y la valentía de analizar. No es de extrañar pues la admiración y la defensa de Forster, que solo despues de su muerte se atrevió a permitir la publicación de "Maurice", una de las primeras novelas  en defensa de la homosexualidad.

Creo que Lawrence, que tuvo un éxito enorme desde los cuarenta a los  setenta del pasado siglo, volverá a gozar de fama renovada en cuanto a alguien se le ocurra la honrosa idea de llevar al cine, por ejemplo, "La serpiente emplumada", o mejor a la televisión, una de esas series de culto que han devuelto a la vida de las librerías a más de un autor olvidado. Esperémoslo por el bien de la literatura.



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9 septiembre 2011 5 09 /09 /septiembre /2011 15:56

la-ultima-estacion-cartel.jpgHoy voy a sugeriros una doble propuesta, realmente atractiva. Os recomiendo una novela del escritor norteamericano Jay Parini titulada "La última estación" (1999), editada por RBA, y una película que conserva ese mismo titulo. Tanto la novela como la película en la que se basa, analiza el último año de vida de León Tolstoi, dentro de la propia familia haciendo hincapié en la figura de Sofía, la esposa del escritor durante casi cincuenta años de matrimonio, que se mantiene siendo una esposa devota, amante enamorada a pesar de la edad y las diferencias. Precisamente cuando Sofía descubre que en nombre de la nueva religión que acaba de crear, el gran novelista ruso renuncia a su título nobiliario, a sus propiedades e incluso a su familia en favor de la pobreza, el vegetarianismo y el celibato, la condesa decide tomar cartas en el asunto y se opone frontalmente al envejecido escritor y a sus discípulos. Uno de ellos, Vladimir Chertkov, a quien ella desprecia, parece haber convencido a su marido para que haga un nuevo testamento. El documento le daría los derechos de sus obras al pueblo ruso en vez de a su propia familia. Sofía lucha por lo que ella cree que le corresponde. El conflicto se vuelve tan intenso que Tolstói, a los 82 años, abandona su casa en mitad de la noche y trata de huir en tren hasta un lugar sin relieve donde su malestar se agrava y debe tratar de reponer fuerzas en la casa del jefe de estación. Sofía alquila un tren para seguirle por toda Rusia. Y los periodistas, los fieles y los curiosos se citan en aquella olvidada estación para asistir al fin del egregio escritor y los choques familiares.LA-ULTIMA-ESTACION-i0n1408615.jpg

Dirigida por Michael Hoffman, la película, que adapta la novela de Jay Parini, se despliega majestuosamente, como lo es el tema que trata, en torno a la residencia campestre de Tolstoi. La trama se complica no sólo con las intrigas familiares y de Chertkov, que mete en la casa a un joven como espía y secretario del escritor, sino también con los amores del joven con una  muchacha de la comuna tolstoiana, todo ello con un ritmo desigual que parece en momentos contagiarse de la placidez de la campiña rusa y termina trepidando con los movimientos humanos en torno a Astapovo, la ultima estación donde Tolstoi morirá.

Y es que el viaje del joven Bulgakov ─ muy bien interpretado por James McAvoy─ dará via libre a ese final de opereta, que parece un epígono del alma rusa, tan apasionada, rudimentaria y dramática como el gran escritor que se acerca a su final. Gran recital de interpretaciones, no sólo un maravilloso y expresivo Christopher Plummer como Tolstoi, sino la inmesa Helen Miller como su esposa.

Su papel es de una complejidad, diversidad y hondura sorprendente, que muestra la fascinación de lo humano en toda su completud, con sus servidumbres y su grandeza. A pesar de sus pequeñas maldades, sus astucias femeninas y su dureza cuando le convenía, el personaje merecía mejor trato que el que le han dado algunos exégetas de su esposo, empezando por Chertkov. Muy adecuadamente el complejo y atormentado discípulo es interpretado por ese ladrón de escenas que se llama Paul Giamatti.

Jay Parini nos recuerda un episodio que tendría una importancia clave en la relación de Tolstoi con su mujer y que permite a Parini orquestar su novela como una dinámica coral de primeras voces que se van turnando dando cada una de ellas sus versiones de los hechos. Poco antes de su boda, movido por una voluptuosa exaltación de sinceridad, Tolstoi confió a su novia de 18 años frente a los 34 del autor)  el diario que venía escribiendo, y en el que se reflejaban sus ambiciones literarias, sus absurdas teorías de la vida, la pirotecnia de su brillantez intelectual a pesar de las inevitables contradicciones, todas las mezquindades de la vida íntima del enorme y descontrolado personaje, desde sus achaques fisicos --incluidos los mas miserables y dignos de discreción-- hasta sus fantasías eróticas y sus encuentros sexuales ocasionales con con gitanas zíngaras y campesinas. La pobre muchacha se horrorizó de la imagen que le brindaba el desmesurado escritor y ella misma comenzó a escribir su propio diario, que permitió leer a su marido. Con lo cual la lectura mutua de los diarios pasó de convertirse de un original instrumento comunicativo a ser un arsenal peligroso de reproches, vejaciones y miserías que acabó endureciendo la relación, aunque no logró acabar con ella hasta el episodio de la huida nocturna del escritor, acompañado de su joven secretario.

Esa sobrecarga de sinceridad puede cortocircuitar la relación más sólida. Por eso no es de extrañar que la figura de Tostoi sea tan complicada de analizar y conocer por la sobreabundancia de datos, opiniones y juicios emanados de los diarios que llevaron no solo la pareja protagonista sino los de su hija, su secretario, su medico, sus amigos, todos ellos influenciados por el virus literario que emanaba a raudales del escritor (que llevaba tres diarios paralelos, una de las pesadillas de su esposa que intrigaba en la pesquisa de los diarios y de lo que en ellos decía).

En suma, una oferta tentadora: lean la novela de Parini y visionen la película de Hoffman. De este festival sobre Tolstoi podéis pasar a un festival propiamente de Tolstoi: la lectura, por ejemplo, de "Guerra y Paz" y de "Ana Karerina", dos cumbres de la literatura de todos los tiempos.


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8 septiembre 2011 4 08 /09 /septiembre /2011 12:05

Se llama David Hyde Pierce y era el desternillante hermano psiquiatra de Fraser, aquel individuo insuperablemente humano, también psiquiatra, que tenía un espacio de ayuda psicológice en la radio, un padre policía retirado con un agrio sentido del humor y unas aventuras urbanitas dotadas de guiones impecables, diálogos inteligentes y un humor de una finura, mala baba y elegancia realmente extraordinarios.

Pues bien, años depués de hacerse famoso, relativamente, con su personaje timorato, remilgado, un poco ridículo, sentimental y divertidísimo, el director Nick Tomnay lo recupera para la pantalla grande y en "El perfecto anfitrión", lo convierte en un convincente psicópata, un perturbado mental que da el pego a propios y extraños y que es el anfitrión "perfecto" al que alude el título de la película. ¿Y el invitado?  Un también convincente, pero menos, Clayne Crawford, ladrón de bancos, aparentemente violento y brutal, con su historia sentimental a cuestas, que se nos cuenta paralelamente a los hechos, en flash back y que resulta ser lo más endeble de una película redonda. Y  a partir de la llegada del falso "invitado" al perfecto hogar de David Hyde Pierce, las vueltas y revueltas del guión se hace con el espectador. Un festival de dos actores, secundados por los demás "invitados" que sólo existen en la mente del anfitrión pero que el espectador puede ver. ¿Drama psicopático? No. Solo lo parece.

1657_el_perfecto.jpg¿Se acuerdan ustedes de aquella maravilla de Manckievicz que se tituló "La huella", con Michael Caine y Laurence Olivier (mas tarde copiada --no demasiado briillantemente-  por Kennet Branagh, con Jude Law en el papel de Caine y el mismo Michael Caine haciendo el papel del fallecido Olivier, más acorde con sus edades actuales)? Bueno, pues la pelicula que les comento es una heredera brillante de "La huella" sin llegar a parecerse en ningún momento en la letra del guión. Es el juego de las apariencias, de lo que parece que es y luego no es, de las vueltas de un guión endiablado, dirigida con habilidad circense por Nick Tomany, que se convierte en prestidigitador, ofreciéndonos en tomas alternadas la visión subjetiva del anfitrión y la objetiva del ladrón convertido en víctima.

No hay histrionismo en el protagonista, que parece la versión malévola --pero coherente y ahí está el mérito-- del personaje que interpretó durante más de un decenio en la serie de televisión. Sin aspavientos, este actor logra conferir tal verosimilitud a su personaje que hay escenas en las que provoca escalofríos y bordea el terror.Y todo ello con su aspecto vulnerable y poquita cosa, con su mirada de pez y su sonrisa bobalicona, su amaneramiento y una cierta cursilería expresiva. No se la pierdan. Es una película crítica y dura en un envoltorio de comedia negra que parece una y otra vez convertirse en sangrienta psicopatía, al estilo de Anibal Lecter y otros individuos "gore".

Pero el final se desvela que todo es un juego, ¿o quizá no?

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7 septiembre 2011 3 07 /09 /septiembre /2011 16:51

largo2.jpgHace unos meses cayó en mis manos un dvd  con la película de Jerôme Salle, sobre el personaje de comic Largo Winch, creado por Jean Van Hamme y Philippe Francq. El hecho de compaginar ambas aficiones, el comic y el cine, hace que me sienta atraido, de entrada, hacia las películas basadas en esos héroes de papel cuyo encanto es difícil de explicar a quien no los comparte. Pero, en fin, en esta ocasión nuevamente la versión del interesante personaje, primo hermano del estilizado Corso Maltés, era un producto discreto pero dinámico y con algunos valores, imagen, ambientación, argumentos, que lo mantenían por encima de la media de las películas con héroes del comic. Sin embargo ya entonces advertí un pequeño defecto qoe podía ser muy grande: el actor que encarna a Largo, Tomer Sisley, no logra con su estolidez granítica y su falta de expresividad dar el peso conveniente (aunque sí en su tipo físico y en la contundencia de su actuación..."física"). La roma emocionalidad del sujeto, metido en pleno asesinato de su familia, como si fuera un pequeño incidente, pone los pelos de punta.

Por tanto ocurrió l.o que me temía, la película pasó sin pena ni gloria, pese a contar con Kristin Scott Thomas como coprotagonista y un vaivén de dinámicos cambios de escenario, desde el Amazonas a Hong Kong o Nueva York. Los malos no convencen y sus presuntas razones para ser malos, tampoco. Así que uno se divierte con el juguete y poco más.

Sin embargo las aventuras de Largo, el huérfano bosnio adoptado por el dueño del imperio Winch, el millonario Nerio Winch, asesinado por sus socios, vuelven a aparecer en la pantalla. Y así, entramos en "Largo Winch, tomo 2: "La conspiración birmana", la película que entro a comentar.

Nuevamente interpretada por el inexpresivo actor y dirigida por su voluntarioso director, Jerome Salle, nos propone una vuelta atrás en la historia para contarnos una salvajada que ocurrió en Birmania y que la voluntariosa e improbable fiscal del Tribunal internacional de La Haya, interpretada por Sharon Stone responsabiliza al millonario y por complicidad largo1.jpga Largo. Por ello se nos invita a volver al presente y asistir a la defensa que se monta Largo, que cree en la inocencia de su padre, mas el permanente acoso de los numerosos y poderosos enemigos que el joven se ha buscado desde que decide desmantelar el imperio heredado para dar el dinero a las pobres ONG o crear una él mismo.

Ya tenemos formado el lío en el que asistimos al acostumbrado derroche de peleas, enfrentamientos, traiciones, alguna que otra escena nada tórrida de sexo amoroso y de insospechado interes paternal del pétreo Largo, amén de las apariciones de la rubia Stone a la que el espectador admira por su absoluta y divertida desenvoltura a años luz de lo que cualquiera espera que sea y se comporte toda una fiscal  del tribunal de las N.U.

Trepidantes secuencias de acción, cada vez más James Bond y menos auténtico Largo, con un malo que parece sacado de un guiñol y alguna secuencia antológica como el  salto en caida libre de un avión, la pelea en el aire con uno de los malos, y al final, milagrosamente, cómo Largo salva a su amigo Simón de hacerse una  tortilla, en la misma secuencia (si hacemos caso del tiempo que dura, no es creíble el salto).

Pero si les gusta el personaje y hacen abstracción de todo lo dicho -y también del sentido común--, pueden pasar un distraido y emocionante rato.


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6 septiembre 2011 2 06 /09 /septiembre /2011 09:09

Dirigida por Adrian Vitoria, con una solvencia que fascina al espectador, ofreciéndonos una muestra de cine bélico a la altura de los clásicos, "La gran escapada", "Doce del patíbulo" "Ha llegado el águila" y tantas otras. La trepidante puesta en escena, el desarrollo argumental, el dibujo de ,los personajes, la ambientación, nada hace envidiar aquellas películas de los setenta y ochenta en las que el cine bélico se convirtió en una mina de la historia épica en la que el honor, el valor y la habilidad, la formación militar y guerrera, lograban mostrarnos la cara menos repugnante de las guerras, incluso para los amantes del cine que odian las guerras y los uniformes y modos militares. ¿Por qué? Creo que trascendían los defectos innegables de ese universo de la fuerza, la violencia y la brutalidad, para hablarnos de gestas humanas en las que el valor y el sacrificio de unos pocos buscaban la victoria de los más, por tanto sin superar la dicotomía básica de ese tipo de historias: los buenos, muy humanos y los malos muy bestias, una justificación elemental y no muy real destinada a acallar nuestros reparos y abrirnos al mensaje formal de la película: la edad, el tiempo de los héroes, la heroicidad, el encomio del valor, el orgullo de una clase -la militar--a pesar de sus defectos y limitaciones y el sacrificio personal en aras de algo mayor, colectivo...

Al margen pues de consideraciones filosóficas o éticas, hay películas de este género que logran arrebatarnos y hacernos olvidar por un momento nuestros abundantes y radicales "peros". Y esta es una de ellas.

Se trata de la historia del nacimiento en plena II guerra mundial de las unidades de comandos especiales, bajo la batuta de un joven Ian Fleming (si, el creador del OO7, James Bond), como comandante de una unidad de la inteligencia británica, que crea un grupo de guerreros de elite que han de entrar en la Noruega ocupada por los nazis para hacerse con uno de los secretos militares mejor guardados en esa contienda mundial: los nuevos radares nazis que permitían el control y descubrimiento con antelación de los movimientos del enemigo.

El comando, reclutado y entrenado a la manera de "Doce del patíbulo" y con parecidas motivaciones y desarrollos psicológicos (aunque éstos muchísimo menos extremados y marginales que los  soldados de la película americana), es lanzado en paracaidas sobre las nevadas montañas noruegas y comienza el folklore de explosiones, tiros, muertes y sacrificios heroicos y salvajadas nazis. Con un magnifico Sean Bean como mayor al mando y el atildado James DÁrcy como comandante Fleming, la trama, esquemática y no demasiado compleja nos narra la sangrienta aventura del comando, hasta su final con éxito y con sólo dos supervivientes, dos comandos y una bella espía noruega y cinco bajas con finales muy dramatizados.

La película, que presume de basarse en un suceso real, es un buen logro cinematográfico, siempre dentro de los cánones de cine bélico sin pretensiones, y una manipulación histórica considerable. Según mis datos, el comandante Fleming realmente llegó a imaginar una operación semejante, a la que llamó "Sin Piedad" muy melodramáticamente y un "comando 30", que sería la plantilla de uso para las posteriores unidades especiales. Su objetivo age-ofheros.jpgeran las máquinas Enigma del sistema de claves nazis. Hasta aqui bien. Lo malo es que , segun parece, la operación "Sin piedad" nunca tuvo lugar. La idea del autor de OO7 fue rechazada aunque si se aprovechó su  brillante aportación de unidades militares de elite para trabajos especiales. Los aficionados a este tipo de cine harán bien en no perdérsela.

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5 septiembre 2011 1 05 /09 /septiembre /2011 09:57

excursiones-5986.JPGLa ermita de Sant Miquel de Espinalva (topónimo, se deriva de espino blanco, arbusto abundante en estos parajes) está situada a más de mil metros de altura y domina un paisaje extraordinario. El sendero que nos lleva a ella compone un itinerario circular, con el mismo origen y final y recorridos distintos pero ambos bellos. El desnivel que se supera no pasa de los 500 metros ya que partimos del extremo superior del embalse de Pena, el puente sobre el rio del mismo nombre que está a unos 600 metros de altura. Llegamos allí tras haber recorrido toda la margen del embalse por una pista (se llega a ese punto viniendo desde Beceite por la pista asfaltada del Olivers o desde la carretera de Vallderrobres a Fuentespalda, a unos trescientos metros tras salir de la capital del Matarraña, desvío señalizado a la izquierda). 

En el puente se puede dejar el coche o seguir por la pista forestal que se interna en el bosque, paralela al barranco del rio Pena (sólo en el caso de ir con un todoterreno) con lo que se evita casi media hora de caminar por ella. Hay un punto en el que la pista se bifurca, con un cartel de paso prohibido y un espacio suficiente para dejar el coche. A partir de ahí se sigue a  pie por la pista de la izquierda, durante unos 15 minutos, hasta llegar a una nueva confluencia  entre el barranco del Pena y el del Racó del Patorrat. Abandonamos la pista (que es por donde llegaremos a la vuelta) y nos internamos a la izquierda por un sendero señalizado que ya de entrada va ganando altura entre boj, matorral y pinos, manteniendo a l aizquierda el barranco de Patorrat.

La subida es laboriosa pero interesante y pasamos por varios tramos empedrados que deben tener un par de cientos de años y que recuerdan que la ermita era lugar de peregrinación  y mercado de la gente de Vallderrobres, Beceite y los mases abundantes de los alrededores. El lugar llamado Caragolet de Crespo por su lazadas de subida, acaba en un collado con magnificas vistas sobre el barranco del Pena (por donde bajaremos después).

Seguimos subiendo tras unos minutos de llanear por el bosque y llegamos a otro collado, este con vistas impresionantes sobre los roquedales del agreste valle del Raco de Patorrat. En la vertiente opuesta distinguimos un  par de mases muy bien situados, con sus campos de labor y sus aplanamientos para las eras. Cambiamos de vertiente y comenzamos a crestear hacia la ermita, que ya distinguimos a lo lejos, en la cima más alta de los alrededores. Por debajo del camino vemos las ruinas de otra masía, el Mas de la Mançanera que da nombre al collado al que llegamos en diez minutos y ya supera los mil metros de altitud. Salimos del bosque y entramos en una zona pelada. Sobre nosotros se yergue la ermita y los masos que la rodean. Junto al camino se abre una gran poza de agua donde suelen abrevar los buitres de la zona. El sendero abandona las pistas (tres) que se cruzan abajo y sube en diagonal empinadamente hacia la planicie superior donde se asienta la ermita.

La ermita (del siglo XIV) está en estado calamitoso. Es lamentable el abandono. Tambien los mases que la rodean  ofrecen un aspecto de deterioro penoso. Ha desaparecido el panel que contaba la historia de la ermita y veo que los destrozos (¿por mano humana?) han crecido mucho desde la ultima vez que vine aquí, hace un año. Un lugar tan hermoso debería ser cuidado. Desde aqui hago un llamamiento a la Comarca y al Ayuntamiento de Vallderrobres para que cuiden este extraordinario patrimonio, más valioso por el lugar donde está que por la calidad artística y arquitectónica, ya irremediablemente perdida.

excursiones-6053.JPG

Tendremos un pequeño paseo, quizá húmedo, pues el sendero sigue por el lecho del río. En ocasiones lo he pasado con chanclas de agua y las botas al cuello, pero este año se puede pasar dando saltitos de seco en seco, evitando bien la corriente infima de las aguas del Pena y renuncio a hacer el chsite fácil) , que en algunos momentos crea pequeñas pozas, cuando el caudal se estrecha entre rocas y pequeños desfiladeros angostos. El camino va jugando al gato y al ratón con el pequeño rio y entramos en el Barranco de les Pubilles y el Estret de Panisello, un tramo pavimentado que puede criuzarse si el rio no tiene una crecida (cosa dificil en verano y ultimamente en casi todo el año). En caso de agua abundante, mejor coger el camino que surge a la derecha y evita el rio.

Unos quince minutos  más de pista y llegamos al punto de confluencia desde donde partimos y de allí, al coche. Habrán sido de cuatro a cinco horas de excursión (segun las paradas) que nos habrá ilustrado sobre las feraces tierras que conformaban antaño el Matarraña, lugar que los antiguos conocían como "la tierra del agua" (un sueño inaccesible en nuestros días, aunque la belleza natural se mantiene, se lo aseguro a usted, amigo lector).

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4 septiembre 2011 7 04 /09 /septiembre /2011 10:39

sniper.jpgLos "shooter" (francotiradores) comienzan a tener una cierta tradición en el cine de acción. "Sniper reloaded" nos cuenta la historia de un marine, el sargento Brandon Becket (Michael Collins) que trabaja con los "cascos azules",  las fuerzas especiales de la ONU, en la República Democrática del Congo. Se le asigna una misión, rescatar a un agricultor blanco atrapado en mitad de territorio hostil. Cuando él y sus hombres llegan a la granja, un francotirador les tiende una emboscada, hiriendo a Becket y matando a todos los demás. Con la ayuda del antiguo protegido de su padre, el instructor de francotiradores Richard Miller (Billy Zane), Beckett deberá aprender a pensar y a actuar como un francotirador, aprendiendo todos los trucos del oficio, a fin de localizar al asesino y terminar con él antes de que éste vuelva para acabar el trabajo del que logró sobrevivir.

Con una primera secuencia impactante, de una sobriedad y una eficacia cinematográfica exquisitas, el director Claudio Faeh, se deja llevar por un cierto ritmo rutinario, eso si apoyado en una excelente fortografía, la belleza de las localizaciones (en Africa) y una cierta novedad en el guión, que tiene coherencia y sugiere algo poco tratado en el cine, la corrupción dentro de las filas de las tropas de paz y de intervención de las Naciones Unidas.

Con una historia de amor lineal y solo apuntada (cosa de agradecer) la historia de esta venganza y las actividades y modos de hacer de los francotiradores, consiguen distraernos y en ocasiones vibrar con la dinamica eficacia de las imágenes.

Pero hay un aire de encargo rutinario, de secuela (los personajes centrales son los mismos de otra cinta  de los noventa, donde sale el instructor Miller bajo las ordenes del padre de nuestro protagonista, interpretado por Tom Berenguer, dato que se comenta en la película en varias ocasiones) y eso hace que la película (pasada al mercado del DVD casi recién estrenada) siendo como es una película entretenida y correcta, haya pasado sin pena ni gloria. Yo la recomiendo para una tarde de domingo en una sesión de cine-palomitas, cosa desengrasante de vez en cuando.

Puede complementarse con el "Shooter" de Mark Wahlberg, de 2007, o el "Sniper" de 2003 que glosa una historia real acaecida en Washington un año antes, en la que un francotirador tuvo en jake a la policía durante 23 días en los que no dejó de matar a víctimas anónimas e inocentes con un rifle Sniper de alta precisión (Sniper SVD Dragonov 7.62mm). Para redondear la sesión vean otra película (basada en hechos históricos) sobre un francotirador: "Enemigo a las puertas", sobre el cerco a Stalingrado. Comparen.

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3 septiembre 2011 6 03 /09 /septiembre /2011 09:49

el-blog-de-lola-pons2.jpgTeresa Roig tiene 36 años y nació en Igualada, ha escrito novelas históricas "L'herència de Horst", "Pa amb xocolata" o "El primer dia de les nostres vides" y pertenece a esa nómina numerosas de jóvenes escritores en lengua catalana que aportan viento fresco, dinamismo y originalidad a la literatura del país. Su última propuesta "El blog de Lola Pons" que edita Columna, supone un cambio de registro en su narrativa personal y una agradable sorpresa para este crítico.

Y no por la originalidad del tema, que no lo es: una joven cumple 33 años y comprueba por enésima vez lo que ha ido arrastrando en su relativamente corta existencia: no se gusta, ni su aspecto físico, ni su manera de vivir, ni su vida emocional, ni su trabajo, ni las expectativas de futuro, es decir nada. Por tanto aprovechando la ocasión decide cambiar y quiere hacerlo creándose una personalidad ideal en el ciberespacio, con la ayuda de sus dos amigas. Pues bien, hasta aquí todo es previsible. Pero de pronto el lenguaje, la manera de presentarnos los hechos que acontecen, los personajes, el uso hábil de internet y sus instrumentos sociales, facebook, messenger y otros, los diálogos fulgurantes (muy en el estilo hoy en boga de la Red) te hacen entrar en esa vorágine existencial de una joven urbanita, no muy inteligente ni trascendental,  pero dotada de un gran sentido del humor y de un ansia de vivir y tratar de encontrar la felicidad (esa sombra) que acaba conmoviéndonos y nos hace interesarnos por la deriva de su aventura de vivir.

Hay humor, desenfado y apuntes ingeinosos e inteligentes sobre personas, relaciones, familia (magníficos retratos de la abuela, la madre y el paciente padre de la protagonista) y las precariedades de la vida de los jóvenes de este tiempo.

La caracteristica de la novela hace pensar que la autora no dejará que se seque el asunto y como en otros libros recientemente leidos, (pienso en "Cada siete olas", por ejemplo, una segunda parte) el filón y la novedad de la literatura generada por el ciberespacio atrae a muchos autores y se dejan seducir por la secuencialidad implícita en un género tan dinámico. Asi que pòsiblemente tendremos Lola para rato. Como ella misma  dice cuando toma la decisión de cambiar su vida:

"Havia decidit fer-ho, fer-ho de veritat! Expandir horizons.Créixer, evolucionar. Convertir-me en una nova versió millorada de mi mateixa. En definitiva: renéixer". Y así, como los vampiros, los personajes de la nueva literatura de la Red, están siempre dispuestos a renacer en nuevos libros. Uno recomendaría mesura.

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2 septiembre 2011 5 02 /09 /septiembre /2011 09:03

El-mundo-segun-Barney_cartel_peli.jpgSe puede disfrutar mucho con esta tragedia de un pobre infeliz, destinado a pifiarla en los peores momentos, alguien mediocre rodeado por seres mucho más interesantes que él, pero al mismo tiempo un indiscutible y enternecedor ejemplo de la apabullante normalidad del urbanita moderno de media edad. Es como usted y como yo, nada extraordinario y aunque semejante en la superficie a todos, un ser complejo y enternecedor, lleno de debilidades y de secretas generosidades con el que el destino juega a los dados sin ningún miramiento, solo arrancándole una media sonrisa dolorida y timida. La tragedia, el melodrama, golpean con sus alas pegajosas al pobre Barney, pero él se recompone y acaba saliendo magullado pero indemne del asunto. Las víctimas definitivas siempre son los demás, a Barney hasta sus tragedias personales acaban siéndole fieles: así al final de la vida el alzheimer le evita tener que sufrir con el recuerdo de sus ocasiones perdidas, sus errores y la estúpida tontería que le privó de la mujer única, a la que recupera en cierta forma por via de la compasión, sin que llegue a ser consciente de ello.

Esto es "El mundo según Barney", una película hecha a la medida de un gran, grandísimo actor, Paul Giamatti que presta su mirada inteligente e irónica, su aspecto de persona sencilla y no muy agraciada, --gordito, entrado en carnes, no muy alto-- a la persona pasiva, irrelevante y mediocre que configura un antihéroe decididamente sugestivo, incluso en sus peores momentos.

Dirigida por Richard J. Lewis con impresionante habilidad (el envejecimiento de más de treinta años de Giamatti, sólo a base de maquillaje y pelucas, sin que en ningún momento la cosa chirrie o el actor sobreactúe, es un ejemplo de bien hacer)  y basada en la novela de M. Richler "La  versión de Barney", la vida estereotipada de Barney se despliega a a base de flash back ante nuestros ojos seducidos  (a pesar de un cierto exceso de metraje), vemos a Barney en los sesenta viviendo la vida hippie, o casi, en Roma, conocemos a sus tres mejores amigos, a la histérica novia con quien va a casarse porque cree que es el causante de su embarazo, su posterior aficamiento en Canadá como guionista de éxito en una productora de televisión, tras el suicidio de su esposa. Más tarde, su segundo matrimonio con una rica heredera, forzado y absurdo desde el principio,  la desaparición de su mejor amigo --el ideal de lo que Barney hubiera querido ser-- y, por fin, el tercer matrimonio con el amor de su vida, una magnífica Rosamund Pike, que presta una dignidad y belleza enormes a su personaje, la creación de una familia y el estúpido fin de esa familia que él mismo facilita, como suele suceder, de una manera gratuita y absurda.

La película es ágil, está bien contada y goza de secuencias y diálogos de una gran brillantez. Sin duda es uno de los filmes que pueden constituirse en la mente del espectador como parte de su personal bagaje cinematográfico, que no siempre es de grandes películas de la historia del cine, sino de películas como esta, que sin ser magistrales, tienen un poso de humanidad ten certero que las rescata del olvido. 

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1 septiembre 2011 4 01 /09 /septiembre /2011 07:43

7334-1311-_visd_0000jpg002wa.jpgMarie Balmary es una psicoanalista francesa, en activo, que en los años setenta se atrevió a enfrentarse con el "establishment" freudiano (y supongo que lacaniano, como ella misma cuenta en su prólogo) de la Sorbona, proponiendo una relectura del mito de Edipo (tan fundamental en el corpus freudiano) y una forma diferente  de ejercer la famosa escucha activa o atención flotante que une al psicoanalista y su paciente en el ejercicio de la transferencia y la terapia. Naturalmente, años setenta, la propuesta fue rechazada, con cierta virulencia supongo, y la incansable Marie publica su tesis sobre los fundamentos del psicoanálisis en forma de libro y se convierte en piedra de escándalo entre los ortodoxos del psicoanalisis oficial.

A partir de ahí, la trayectoria de Marie se orienta a la práctica de una técnica psicoanalística de lectura en grupo de textos específicos, una suerte de análisis dialogante, abierto, intuitivo y sin cortapisas frente a textos de importancia capital en nuestra cultura: los libros fundacionales de nuestra civilización, entre otros, la Biblia. A través de pasajes y personajes del libro sagrado, Marie explicita los hallazgos psicoanalíticos y fomenta la cura de sus clientes o al menos la claridad en la percepción y las ideas, luchando contra el pensamiento cautivo por las doctrinas y los dogmas.

El libro que hoy nos ocupa, "El monje y la psicoanalista", fue publicado en francés en 2005 y traducido recientemente por Julia Argemí en la edición que presenta Fragmenta Editorial. En él, Marie Balmary utiliza la ficción narrativa para recrear su encuentro y amistad con el monje Marc-François, hermano de Jacques Lacan. A través de sus charlas, Balmary analiza las relaciones entre religión y psicoanálisis. Y las afronta proponiendo una búsqueda personal y profesional no tanto de lo que cura, sino de lo que salva. A  través de un dialogo realizado durante varias jornadas, entre los dos personajes cuya profesión da título a la obra, la autora nos ofrece una suerte de resumen de su método, sus análisis, sus dudas, sus descubrimientos y sus proyectos.

Como ella misma escribe "Todo me separa de un monje católico. No creo en Dios, y es probable que él no crea en el inconsciente. Para él, la verdad es divina, se ha revelado a los hombres e incluso se ha encarnado en un hombre. Para mí, la verdad es humana, permanece oculta y solo nos llega a través de lo que no sabemos. La palabra le viene de fuera; a mí, de dentro. Él ha escogido vivir como si estuviera más allá de la condición humana, en ese celibato, esa pobreza, esa comunidad masculina, esa vida religiosa. En cambio, mi vida y mi trabajo están inmersos en la diferencia de sexos y de generaciones, en la sociedad de mi época y en la investigación científica".

La conversación entre la psicoanalista judía que convalece de una grave enfermedad que casi le cuesta la vida --en una villa de montaña, propiedad de una  pareja de amigos,cerca de un monasterio-- y un monje católico, amigo de sus anfitriones, va surgiendo de una forma sumamente atractiva, con la maestría secuencial semejante a la que muestra el anónimo escritor de "Las mil y una noches" (en versión freudiana, claro está). Es un diálogo denso pero no aburrido o desmesurado, con la habilidad de disimular la latente pedagogía y permitiendo como Platón en sus Diálogos socráticos, que la verdad aparezca como el desenlace de un buen trhiller, ajustado a la lógica de los acontecimientos y a la vez sorprendente.

El lector disfrutará de este libro, aunque no conozca nada --en estos tiempos eso es casi imposible-- o conozca poco del psicoanálisis, y aunque conozca poco o nada de los sagrados libros que forman la Biblia y toda la tradición religiosa y espiritual que encierran. Esos dos temas centrales son el acicate intelectual pero también espiritual y humano que los dos personajes van tejiendo en torno a una amistad que va consolidándose conforme pasan las páginas.

Es un libro de análisis, de cultura superior, de inquietud espiritual y de audacia intelectual, el que nos ofrece Marie Balmary. Les confieso que se lee como una novela y te queda en la  mente como un desafío. De todos los temas y subtemas que tratan los dos inteligentes amigos, me quedo con el capitulo dedicado al episodio de Abraham y de su hijo Isaac, al que va a sacrificar por mandato divino y cuyo brazo armado detiene un ángel por orden también de Dios. ¿Una prueba? ¿Un signo de crueldad divina? ¿Una muestra del talante fanático e inhumano de ciertas religiones que amparan el sacrificio y la muerte humana como algo del agrado de un dios? El diálogo del monje y la analista desbroza esas incógnitas y proponen una sorprendente relectura.

Pueden creerme, este libro no tiene desperdicio.

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