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10 julio 2011 7 10 /07 /julio /2011 13:49

 

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Lo primero que llama la atención del lector es el nombre de Spinoza en el título. Después el sustantivo que le acompaña, la herida. El impresionante pensador judío, expulsado de la sinagoga de Amsterdam por sus teorías y planteamientos filosóficos,  es un punto de referencia de calidad, de cualidad, la de la honestidad pensante, la certeza y las dudas de una mente privilegiada volcada en cuestiones tan asombrosamente actuales como la felicidad, en qué consiste, cómo lograrla, cuáles son sus formas y sus obstáculos. ¿Les parece un tema baladí? Pero que nadie piense que estamos ante un libro de autoayuda. No. Es filosofía aplicada a los sentimientos y las emociones que definen al ser humano, esos elementos que envidiaban los replicantes en Blade Runner, esa característica que nos hace humanos y nos hacen seres sufrientes y seres felices.

Para introducirnos en el tema, Vicente Serrano, el autor de este ensayo que premió la editorial Anagrama, nos remite a un libro previo que uno tuvo el placer de leer hace unos años y cuyo autor es el neurobiólogo americano de origen portugués Antonio Damasio, "En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos" que editó Cátedra. De aquél libro me sorprendió algo que también sorprendió a Vicente Serrano y que le dio título y tema para el libro que hoy comentamos, la "herida" que Spinoza inflige a quienes le leen y que admite una interpretación filosófica poco agradable para un cientifico positivista como Damasio: la felicidad humana no es posible sin el reconocimiento de la limitación de la existencia, esa "tranquila certeza con la que Spinoza se enfrenta a un conflicto que la humanidad aún no ha resuelto: el conflicto entre la opinión de que el sufrimiento y la muerte son fenómenos biológicos naturales que hemos de aceptar con ecuanimidad y la inclinación de la mente humana a sentirse descontento y rechazar dicha sabiduría". Ya que segun Spinoza el reconocimiento de la finitud humana es lo que da sentido a la búsqueda de la felicidad.

Sólo los que vivimos y bebemos de algunas fuentes orientales, el budismo, la filosofia vedanta, el zen, podemos aceptar la certeza de Spinoza y buscamos esa ecuanimidad.

Pero Serrano hace una lectura y un desarrollo critico filosófico, a veces complejo en demasía o reiterativo pero siempre honesto y combativo, en el que vincula esa búsqueda de la felicidad con el momento socio politico actual, las dificultades que nos impone una sociedad alienante, la "impotencia de la omnipotencia" que resulta de esta época, la nuestra, en la que el horror emana en forma de guerras, terrorismo, violencia, haciendo poco menos que iluso e idealista el discurso de Spinoza y no pertinente el planteamiento de una felicidad que se ha convertido en un concepto plurisemántico que se encierra en la inmediatez de lo "espiritual" entendido como objetivo humano poco real. Para Heiddeger la existencia humana "es para la muerte", mientras que Spinoza minimiza a la muerte como un fenómeno necesario e irrelevante,  para cantar la vida y afirmarla. Pero Serrano nos recuerda que la esencia de la modernidad es la autoafirmación de lo humano, de su fuerza y autonomía, un poder que no reconoce limites pues continuamente los supera con la invención, la búsqueda sin fin, la avidez y la prepotencia. Y eso no es más que la realización de lo contrario que Spinoza propugna. Y ahí está la herida que Spinoza infiere a Serrano, la imposibilidad en nuestro actual momento histórico de asumir la ecuanimidad que propone el pensador judío. Y para elllo nos invita a un viaje por la historia de la filosofía, desde Rousseau a Giordano Bruno, Descartes, Bacon, Fichte, Hobbes, Schelling, Kant, Hume, en el que Serrano aborda la imposibilidad de aceptar la tesis de Spinoza: la aceptación del dolor como una realidad irremediable de nuestros límites que nos llevaría hacia la felicidad. En nuestra época "el único pecado es el límite" como decía Emerson y el dolor y la muerte quedan fuera de la ecuación. En tal falacia está fundamentada la actual cultura humana, nos dice Serrano. Las pasiones destructivas del humano, el odio, la envidia , la crueldad, forman parte de los valores dominantes en la biopolítica de hoy que convierte a nuestro mundo, desde un punto de vista ético, en una especie de organización mafiosa, con sus leyes, normas y tabúes, un universo paralelo donde rige esencialmente la pasión de poder y el deseo de omnipotencia. Y esa voluntad de poder transgresora es la que permite, como una forma de autoperpetuarse, los afectos simples y positivos que la gente cree que son los vigentes.

La visión que Serrano propone es de una dureza enorme y encierra una critica total a la estructura social, política y ética de nuestra cultura del momento. Quizá la única esperanza estribaría en volver a Spinoza y superar la herida que Damasio denuncia.

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9 julio 2011 6 09 /07 /julio /2011 09:55

blitz.jpgJason Statham, no es Clint Eastwood. Ni Los Angeles de los setenta el Londres de hoy en día. El inexpresivo Clint de la primera década de los dos mil se llama Jason, al que no le falta presencia y contundencia interpretativa. En esta nueva entrega de filme de acción, policíaco, dirigida con solvencia ajustada al género por Elliot Lester, se nos dibuja un sargento de métodos violentos y decisivos que recuerda a Harry el Sucio, con maneras de matón y presencia atlética y austera. La trama es algo habitual en el género: un asesino en serie que se dedica a matar policías londinenses en venganza de un encuentro salvaje con, precisamente,  nuestro "héroe". Tampoco  falta el "colega", el policía amigo, un superior jerárquico de Statham, homosexual y refinado, que también guarda en la trastienda una acción al borde de la ilegalidad y el ajuste de cuentas, (magnificamente interpretado por Paddy Considine), hermanándose de esta guisa con su colega, descaradamente homófobo ). Y, claro está, el malo, un psicópata sanguinario que borda Aidan Guillen.resizer.jpg

Con un sentido del humor muy británico, la prensa londinense apoda "Blitz" al asesino, recordando el famoso bombardeo sostenido de la Luftwafe sobre Londres desde setiembre de 1940 hasta mayo del 41. La traducción literal de la palabra Blitz es relámpago y es una contracción del término alemán Blitzkrieg, es decir guerra relámpago. Se supone que el malo malísimo de esta película es apodado así por su eficacia letal.

La historia nos habla también de ese terreno de nadie en el que la policía y los delincuentes se enfrentan a la ausencia de ética y a la dictadura de la "utilidad", cuando resulta "justificable" que un policía ajusticie, o asesine más bien, a un delincuente peligroso al que la maquinaria legal dejará libre por falta de pruebas. Y si el tipo es además asesino de policías y se ha cargado a los amigos del protagonista, pues eso.

Supongo que habrá secuelas. La película se basa en la primera entrega de una serie de novelas escrita por Ken Bruen. Volveremos seguramente a ver al eficaz Jason repartiendo golpes con todo lo que tenga a mano, casi sin despeinarse (aunque el muchacho no tiene mucho pelo) y logrando que nos caiga bien pese a su careto impasible y sus maneras de matón irredento, cuya zafiedad moral se salva gracias a oportunos guiños a la entereza y honestidad del policía en otros asuntos.

Pelicula ambigua basada en la ley del Talión, con críticas inclementes a la prensa y a algunos estamentos oficiales, desde abogados, a drogatas "legales", pasando naturalmente por la propia policía. No es una película de acción-brutalidad-psciopatía cercana a lo habitual en el subgénero, tiene personalidad y obviando su descarnada violencia, trata de ampararse en una cierta dignidad (posiblemente gracias a la complejidad que puede, no suele, emanar de la obra literaria en la que se basa).

 

 

 

 

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8 julio 2011 5 08 /07 /julio /2011 10:00

barba2.jpgBarba Azul y sus mujeres en el Liceo con el habitual público entregado a la voz potente de Katarina Karnéus y su presencia sólida, con Un Barba Azul (José van Dam), que no logra imponer su presencia amenazadora y también vulnerable y el resto de la mujeres sometidas, encerradas en las cavernas del castillo, con sus vestimentas blancas y su gesticulación rabiosamente patética (cómo se echa de menos un director de actores que sepa superar la dicotomía cantante-actriz en la ópera). Momentos muy bellos musicalmente hablando, una música que atrae con la eficacia que Paul Dukas ("El aprendiz de brujo") suele imprimir a sus partituras. Murió en 1935 con 69 años. Se suicidó no sin antes quemar parte de su obra. Un auto de fe destructivo que nos habla de un hombre atormentado incapaz de dominar las fuerzas internas que asolaron su vida, marcada por una autoexigencia que rozaba la patología.

"Ariane et Barbe-Bleue", texto de  Maurice Meterlinck, la única ópera del autor, desarrolla la figura mítica del tirano misógino que Perrault rescató de un turbio personaje histórico Gilles de Rais, un asesino en serie. Aquí la esposa liberadora, Ariane, logra derrotarle pero se enfrenta a una edición siniestra del "síndrome de Estocolmo" elevado a pretexto ¿romántico? por el cual las cinco liberadas desdeñan la libertad para entregarse de nuevo al cuidado del ídolo ¿caído? .  De nuevo uno echa en falta mayor enjundia literaria y psicológica en los libretos de las óperas. Las voces, la música, salvan la función y hay que enfrentarse a la lógica del género.

La partitura de Dukas es densa y exigente, sobre todo para la cantante que asuma el papel de Ariane, en constante duelo complementario con la orquesta, en este caso,  a mi parecer, bastante bien resuelto por  Katarina Karnéus.barbazul.jpg

La puesta en escena es sugestiva y refleja bien la claustrofobia y el horror del encierro de las mujeres, aunque comienza con un juego de puertas y luces que no logra rebasar la impresión penosa de casa de los horrores estilo new age. Y que sólo se salva por la voz de Ariane repasando las piedras preciosas de las joyas que encierra el recinto de cada una de las puertas de llave de plata que sí puede visitar y que ella desdeña, pues busca el contenido de la puerta de la llave de oro, donde deberá encontrar a las esposas desaparecidas.  Cada una de las piedras evocadas, amatistas, zafiros, perlas, esmeraldas, diamantes y rubíes tiene su textura musical propia y ahí brilla la música de nuestro autor.

Aun así, resulta interesante recordar a Mickey Mouse metiéndose en líos bajo la música trepidante, casi hipnotizante, del aprendiz de brujo. Dukas ha sido siempre relacionado popularmente con el filme de Walt Disney, cuando tanto su vida como su música provocan una intranquilidad y una sugestión muy poco alegres. Hay otra versión de este personaje siniestro, "El castillo de Barba Azul" de Béla Bartok. Pero en la de Dukas, la música sugiere una tensión y un horror cotidiano que es muy difícil de reflejar en las desvaidas actuaciones operísticas.

La obra de Dukas tiene un subtítulo bastante claro, "La inútil liberación", obviado en la presentación escrita de la ópera y que nos habla bien a las claras del nudo argumental que cierra la función y que requeriría un tratamiento psico-literario más profundo que desbordaría estas líneas. La ópera no nos habla de lucha de sexos, la sumisión femenina frente a la brutalidad masculina. Es otra cosa. Nos habla de la fortaleza de una mujer, que logra triunfar sobre el malvado, pero  que se convierte en fracaso por sus propias compañeras. Opera de mujeres con un mensaje contradictorio aparentemente: una mujer es el simbolo de la liberación, mientras que las otras cinco lo son de la sumisión y de la renuncia a ser libres y ellas mismas.

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7 julio 2011 4 07 /07 /julio /2011 12:30

 

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Dirigida por Hu Mei e interpretada por el magnífico Chow Yun-Fat como el pensador chino y Yi Lu y Jian Bin Chen en los papeles del rey-amigo del filósofo y la sensual reina de uno de los reinos enfrentados, "Confucio" tiene todo el esplendor visual y la belleza natural de las películas chinas.

En esta ocasión hay algunos peros, a pesar de mi admiración y entusiasmo por la fuerza visual, el color y la dinámica de masas  a las que nos tienen acostumbrados algunos grandes directores chinos.

Todo se contagia, dicen, excepto la hermosura...o la inteligencia. El bio pic del gran Confucio, paradigma de la filosofía social y política china, que hasta la revolución cultural de Mao fue el punto de referencia de la educación y la erudición de ese gran país, parece haberse contagiado de los excesos de la hermana gran industria del cine de las barras y las estrellas. A pesar de la fuerza de ese gran actor Chow Yun-Fat, la figura de Confucio se nos presenta más como un hombre de estado, un político hábil y un estratega militar (que lo fue, pero no sólo eso) que en el aspecto que realmente le hizo destacar sobre todos sus contemporáneos y lo convirtió en una referencia filosófica de oriente primero y de todo el mundo, después.

La película nos introduce, un poco confusamente, en el desorden reinante en ese hervidero de estados dirigidos por príncipes ambiciosos y ruines que constituían el gran imperio chino 400 años antes de Cristo. Una especie de conglomerado caótico de reinos de taifas en los que no existían los valores morales y el pueblo sufría vejaciones, miseria y terror.

Ya era un hombre maduro Confucio, más de 50 años, cuando fue llamado a ejercer funciones de magistrado y luego de ministro en el reino de Lu. Logró establecer una justicia recta e imparcial y con ello la erradicación del crimen, observando modelos de conducta recta y bondadosa con el pueblo, evitando la esclavitud y distribuyendo trabajo y riqueza. Las diferencia y rivalidades entre los reinos vecinos acabaron con la vida pública de Confucio y este se dedicó a un modelo de enseñanza itinerante seguido por un grupo de discípulos. Sus ultimos años los pasó dedicado a la enseñanza y la escritura de los "Analectas", conversaciones con los discipulos, (a partir del 484 antes de Cristo). Murió en el 479 a.C. y su figura se mitificó. Su filosofía fue el patrimonio de la clase poderosa, la nobleza y los principes pero también influyó en la ordenación de la familia, el trabajo y los rituales de toda la sociedad china, practicamente hasta nuestros días.

La película trata de reflejar esa biografía compleja pero no logra acercarnos al ser humano, con sus contradicciones, sus temores y sus dudas. Es como "La historia más grande jamás contada" en versión china y  con Confucio como figura santificada en lugar de Cristo. Lo cual es asombroso viniendo de donde viene. Habra que esperar con los ojos vigilantes la anunciada pelicula sobre Mao.

Esta es apreciable como película de entretenimiento y de ese esparcimiento gozoso que dan las peliculas chinas de gran presupuesto, masas enfervorizadas y combatientes, palacios majestuosos y naturaleza en estado de casi perfrección. Pero para saber realmente quién fue Confucio, la pelicula solo es un aperitivo.

 

  

 

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5 julio 2011 2 05 /07 /julio /2011 09:25

los-dias-del-arcoiris 9788408092759El cinco de octubre de 1988 se celebró en Chile un plebiscito convocado por el Gobierno militar del general Pinochet por el que el dictador pretendía seguir en el poder hasta el año 1997. Los chilenos se echaron a la calle y la votación superó el 95 % de votantes. Para gran sorpresa del mundo y en primer lugar de los propios chilenos, el "No" a Pinochet ganó por 55,99 de los votos contra el "si" del 44,01. Diecisiete partidos de la oosición, ilegales y clandestinos, sumaron sus fuerzas en una campaña bajo el signo del arcoiris y una canción pegadiza que incitaba a la libertad y a la concordia y muy inteligentemente no  reflejaba el terror, el dolor, la brutalidad y la corrupción de un régimen impuesto tras un golpe de estado contra el Gobierno de Salvador Allende.

El escritor Antonio Skármeta vuelve a seducirnos con su prosa certera, su humor humanísimo aun en las peores circunstancias, su amor a la dignidad y su austero control de las emociones que evoca para el lector.  Editada por Planeta, premio Iberoamericano de Narrativa en 2010, el autor de "El cartero y Pablo  Neruda" o "El baile de la victoria" (ambas llevadas al cine) echa mano de la historia trágica de su país en una de sus épocas más oscuras y a través de la peripecia personal de un joven  y de su padre, profesor de filosofía, secuestrado y "desaparecido" un cualquiera de las carceles ocultas de los militares, nos lleva a un Santiago de Chile en el que todos "caminan rapido y con la cabeza gacha". El miedo a una violencia arbitraria que golpea donde y a quien quiere, como una espada de Damocles sobre la cabeza de los chilenos, se masca en una ciudad que trata de olvidar y sobrevivir.

La gestación de la campaña del "no" que se pone en manos de un publicista represaliado (al que tratan de encargar la campaña del si, pero este se niega) va ocupando la dinámica argumental de una novela que se lee sin descanso, sabedores de que la materia prima que usa es el escritor es la realidad, el recuerdo de la historia negra, el dolor de una memoria secuestrada.

Vemos a unos chilenos de espaldas a la política, que tratan de sobrevivir en un ambiente regido por "una vida cotidiana  exhausta de esperanza...en la que ya no les concernía su propia vida" y asistimos al sufrimiento de un jovcen que cree que no volvera a ver a su padre, encarcelado y quiza torturado por el solo hecho de amar la cultura y la libertad.

La escena de la representación escolar de la cervantina "Cueva de Salamanca" en honor de un profesor recien asesinado por matones de la policia secreta y del valiente parlamento del joven protagonista en inglés, justamente evocando las palabras de Marco Antonio ante el cadáver masacrado de Julio César, ("pondría una lengua en cada herida de César que llamaría hasta a las piedras de Roma al motin  y a la insurrección")en homenaje al profesor y a su propio padre, es emotiva y está descrita con la eficacia literaria de un escritor magnifico.

Desánimo en la población, hábito a la dictadura, desesperanza confundida con tedio, actos aislados de una resistencia pulverizada por el régimen...uno recoge las palabras de Skármeta con especial simpatía: en este país también hemos vividos un ambiente popular no tan lejano y mucho más duradero que el de los hermanos chilenos.

Una buena novela que se lee de un tirón y a muchos de nosotros, los que tenemos le edad suficiente para acordarnos de cuarenta años de franquismo, doblemente atractiva.

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4 julio 2011 1 04 /07 /julio /2011 10:16

 

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José Luis Sampedro, al que le faltan seis años para ser centenario, es un escritor admirable, una gran persona y un intelectual comprometido. Vaya esto por delante. "La sonrisa etrusca", "Octubre, octubre" o "Congreso en Estocolmo" colmaron en su día momentos literarios de una calidad bastante alta. Ahora, de la mano de Plaza Janés y con la colaboración de Olga Lucas, otra persona involucrada en el progreso y desarrollo de la cultura y del amor a la literatura y los libros, han escrito "Cuarteto para un solista".

Los avatares intelectuales de un anciano recluido en un sanatorio donde mantiene una relación  imaginaria, poética y simbólica con arquetipos como el Aire, el Agua, la Tierra y el Fuego, entre charlas con el médico que le atiende y la descripción de las reuniones de esos elementos arquetípicos y de sus preocupaciones por el planeta y su futuro, resultan conformar un producto, una obra, en la que el crítico debe poner en suspenso su admiración por la trayectoria del autor y su merecida respetabilidad y solvencia y tratar de ofrecer una visión, que no juicio, que informe al lector de estas lineas sobre la calidad y naturaleza del libro que comento.

Pues bien, digamos que José Luis Sampedro y Olga Lucas han escrito un híbrido literario donde se aúna el ensayo, la poesía, la ecología, la economía y un esfuerzo literario de conjunción que no acaba de funcionar. Claro está que aquí debemos poner en la balanza los elementos criticos sobre la obra en sí y evitar añadir demasiada pimienta de lo que cabría esperar de Sampedro dada su trayectoria y el producto que en definitiva analizamos.

"Cuarteto para un solista" es una novela de ideas, como dice la discutible contraportada o un "ensayo novelado". Con lo que en ningún momento llega  a ser una verdadera novela y como ensayo se queda corto y tópico. Ni el anciano protagonista (un trasunto del autor), ni el doctor, ni, por supuesto, los grandes arquetipos evocados tienen más enjundia literaria que fuerza o energía como personajes, la trama es confusa e irrelevante y las argumentaciones no pasan de la critica y los razonamientos habituales en la literatura ecológica al uso.

Datos, curiosidades y un repaso a la mitología griega, pero sin la espontánea ingenuidad de Hesíodo o la profundidad poética e intelectual platónica, van abonando una acción que, lamentablemente, no aporta nada original a un tema ya de por sí necesario y preocupante, el estado de la naturaleza, el futuro de un mundo esquilmado por la ceguera y la insaciable avidez humana. Esta obra resulta una alegoría para jóvenes o para personas que comienzan a  preocuparse por el estado del mundo natural y el sombrío futuro que estamos construyendo. Pero lectores del Sampedro clásico y buscadores de delicattessen literarias, abstenerse. Es un libro-apertitivo, ni siquiera un primer plato en un menú literario de los que alimentan esa insaciable hambre que muchos padecemos por la creación literaria de fuste.

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3 julio 2011 7 03 /07 /julio /2011 19:27

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Bueno no llega a la infatuada tontería polícroma de "Vicky Cristina BARCELONA", esa postal juguetona e irrelevante que el gran Woody se sacó de la manga para ayudar a llenar el bolsillo, pero "Midnight in Paris" es como un juguete juvenil dedicado a otra ciudad-postal en el que además se nos juega con el tiempo y las grandes hombres del pasado reciente en torno a una cultura específicamente americana en París.

Me declaro admirador de W.A., aunque no fanático de su cine. Me parece entrañable ese hombrecito acomplejado e inteligente capaz de reirse de sí mismo mientras se cuestiona los grandes temas de la humanidad con la sonrisa traviesa y el ingenio de Groucho, el más inteligente y divertido de los Marx (incluído don Carlos y que me perdonen los puristas). Pero W.A. comienza a tener unnos años y como todo el mundo comienza a repetirse, a autoplagiarse y, lo que es peor, a tomarse en serio. Ya se que la edad no perdona y este Peter Pan judío debería dejar de mirarse en el espejo tramposo de su nostalgia y ponerse a la tarea de hacer algo distinto y no un poco más de lo mismo y un poco peor de lo habitual.

Hay un juego de desfachatez juvenil en esta última película de Woody. Sí juvenil, mi octogenario amigo. Una comedia romántica, con una pareja de norteamericanos que deambulan, sobre todo él, por el Paris de postal nostálgica de los años 2o y toda la parafernalia cultural de esa época, los desencuentros amorosos que esa actiutud escapista provoca y la presencia de los padres de ellas y unos amigos ridiculos, no acaba de interesarnos en ingún momento. Su rejuego cachondo con sus figuras literarias y artísticas de cartón-piedra, desde un improbable Hemingway que trata de hablar como sus libros y solo hace el ridículo, unos Zelda y Fitzgerald patéticos o un Lautrec y Gauguin que te sonrojan de verguenza ajena o una Gertrude Stein que te hace aullar de banalidad, tienen la desverguenza osada de un alumno de primera de una escuela de cine de segunda. Vamos, don Woody, déjese de pendejadas y no se hunda en lo fácil. Déjese de viajes turísticos, por ciudades hermosas, de personajes nacidos de su propio yo de hace unos decenios, con sus gestos y su verborrea sincopada e ingeniosa, haga una película que nos reconcilie con el autor de Manhattan, Anna y sus hermanas y tantas otras que siempre tenían una forma distinta y divertida de decirnos siempre lo mismo.

Esta película, interpretada por un Owen Wilson que nunca acaba de creerse que es Woody Allen, no nos convence de nada, ni siquiera de que es divertida. Y eso que hay que ser mucho Woody Allen para hacer que las cortas intervenciones de la bella Carla Bruni, la esposa del presidente Zarkozy, no nos resulten peligrosamente innecesarias y postizas. Oigan, si necesitan una dosis de W.A. recurran a la filmoteca de ese genio incomprendido en Estados Unidos que comienza a ser demasiado comprendido en Europa. Woody, estrújate las neuronas un poquito. Tu puedes.

 

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1 julio 2011 5 01 /07 /julio /2011 19:41

 

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Suena a chocolatina adolescente y parece un producto cutre manufacturado para amantes de lo "freake", algo comercial con poco gusto y ninguna pretensión. Pues se equivocan. A pesar del desafortunado título y el póster confuso y una promoción no demasiado atractiva, esta película francesa, interpretada por el Dani Boon de "Bienvenidos al norte" o "Nada que declarar", es una cinta divertida, bien realizada, imaginativa, llena de corrosivo humor y con una acttiud critica ante el armamentismo y los traficantes de armas en la estela de un comic con mala baba o una de esas diatribas humorísticas de buena ley pese a la factura aparentemente  casposa y exagerada, de trazo gordo y vulgar pero con segundas lecturas bastante ejemplares. "Micmacs, a tire-larigot", de Jean Pierre Jeunet ha tardado dos años en llegar a nuestras pantallas y lo ha hecho con discreción y como con mala conciencia de subproducto de serie b. Oigan, nada de eso. No se la pierdan, con su vestimenta de tebeo tremendista y estrafalario nos dice más verdades que nuestros periódicos más serios en forma de imagenes surrealistas y llenas de ingenio y humor.

Con un sentido de la narrativa cinematográfica que para si quisieran muchos directores más consagrados, Jeunett  ("Amelie" o la genial "Delicatessen") nos habla de u n pringado con mala suerte que debe sus desgracias a la explosión de una mina antipersona (en su padre) y de una bala perdida (en él) y se encuentra un día enfrente de los edificios de las corporaciones que fabrican las armas que le han deshecho la vida. Si al pringado (magnifico Dani Boon) se le junta toda una compañía de seres estrafalarios, marginales y entrañables que viven en y de los residuos de la gran ciudad (literalmente) y están dotados de habilidades sorprendentes y desternillantes, pues ya tenemos la comedia construida, gags magníficos, un ritmo sabiamente mantenido y una realización que borda el preciosismo. Oigan, me lo he pasado de rechupete. Parece una película surgida de la Ealing de los cincuenta, sólo nos falta Alec Guinnes, o una secuela de los Monthy Python con tanta  o más cómica agresividad.

La venganza del bueno de Boon, con su bala alojada en el cerebro y sus compañeros inenarrables contra los fabricantes de la mina que le dejó huérfano y de la bala que tiene en su cabeza, es de lo más cachondo e imaginativo que he visto en mucho tiempo. Por supuesto dentro de las limitaciones del género y sin pedir peras al olmo. Es una pelicula de humor y de critica cómica de una realidad nada divertida y cumple perfectamente su función: divertir, entretener y dejar un cierto poso de crítica humanística al patético  y trágico absurdo armamentista. Nada más y nada menos. El reparto, impecable, y el rejuego del director con la realidad francesa del momento incluido Sarkozy, implacable. Vayan a verla antes de que desaparezca de las carteleras.

 

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29 junio 2011 3 29 /06 /junio /2011 18:37

 

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Dirigida por Alex Provas, uno de los grandes innovadores del cine con  el denostado (injustamente) "estilo MTV" en los ochenta y noventa, muestra en esta película que el avanzadísimo estilo cinematográfico de la televisión no sólo producía videoclips con valores planos que no fueran los de la imagen, sino que eran capaces de vestir un argumento con imágenes de impacto, llenas de imaginación y sensibilidad.

El "Dark City", una película que quedó lamentablemente relegada a la serie B, Provas es capaz de alertar nuestra inteligencia y proponer dentro del género de la ciencia ficción una historia y unas ideas que no desmerecen el de otras joyas como "Blade Runner" o "2001, una odisea espacial", por citar solo dos de ese género, es decir una película con poca prensa y mejor respeto de los que aman el cine. Eso ya lo consiguió con una obra anterior "The Crow" ("El Cuervo" a la que aupó la muerte prematura de su intérprete Brandon Lee, pero que aparte de eso tenía suficientes merecimientos para ser aplaudida y formar parte de las ell cine de primera categoría.

Cuatro años después, en 1998, Provas da a luz esta "Dark City" donde no sólo mejora el tratamiento de la atmósfera gótico-orínica de la anterior sino que nos sumerge en una historia obsesiva y estremecedora que el espectador haría bien en disfrutar al menos dos veces para empaparse de lo que dice y de lo que sugiere entre lineas, ambas cosas servidas con unas imágenes impactantes, (a las que sin duda deben mucho la serie de los Matrix).

¿Cual es la idea fuente de la que surge la apasionante historia que nos cuenta?: ¿qué es lo que forma nuestra personalidad? ¿Son los recuerdos los que nos hacen ser como somos? Si se fijan hay una relación directa con la novela de Philip S.Dick, "Sueñan los androides con ovejas eléctricas" que todo el mundo conoce como Blade Runner. Son los recuerdos -falsos, injertados- lo más preciado de los replicantes, eso les da una sensación y un sentido a su corta e intensa vida. Pues bien en Dark City, los "malos" buscan la esencia de los seres humanos, la razón de su diferencia, de su capacidad de sobrevivencia y para ello usan los recuerdos. Y no les digo más.Un ambiente de novela negra americana es el inicio sombrío de la película, un asesinato, un presunto asesino que no recuerda nada y un misterioro doctor que le dice que hay mucho más de lo que parece y que todos están en peligro. El actor Rufus Sewell con su inquietate estrabismo y Kieffer Sutterland apenas reconocible en su papel de un doctor Mengele atenazado entre el miedo a los extraños y el deseo de ayudar a los humanos, verdaderas marionetas de los extraterrestres, forman una pareja eficaz, que se unirán para desbaratar los manipuladores planes de los extraños en la aún más extraña ciudad, cuyas transformaciones a voluntad de los dominadores resultan de una plasticidad inolvidable (copiadas hasta la saciedad en el cine y la publicidad más recientes). John Hurt en un sobrio y matizado papel de policía y Jennifer Connely como esposa de Murdoch, completan un elenco en estado de gracia, dando una calidad extra a una película que debió tener mejor recorrido.

El cliché de cine de detectives en una trama negra, en una ciudad oscura y amenazadora dan idea de la calidad del diseño de producción, muy superior al elogiado de Gotam City, con un uso moderado de efectos especiales que en ningun momento se hacen inecesarios o gratuitos.

Aunque parezca una redundacia, Dark City no es solo una buena pelicula de ciencia ficción, es una pelicula de ideas y se centra en algo tan esencial como qué cosa es la identidad humana y cuales son los elementos que la conforman.

A mi entender Dark City cumple la misión más necesaria  de la CF, la de constituir un espejo distorsionado pero real de nuestros problemas psicológicos y sociales mas acuciantes .

Sugiero una busca por los anaqueles de los mejores dvdclubs, hay una versión del director que podría ser definitiva. Una pelicula para que forme parte de nuestra videoteca más preciada.

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27 junio 2011 1 27 /06 /junio /2011 18:02

Asegura mi amigo que suele presentarse de forma sospechosamente leve, enmascarada, casual, como el que no quiere la cosa. Es un dolorcillo que aparece de pronto, timido y nada amenazante. Nos percatamos de su llegada, pero no le hacemos mucho caso. Dicen en mi tierra que a partir de los cincuenta años, si una mañana te despiertas y no te duele nada, harías mal en alegrarte, seguramente es que estás muerto.

En el caso de este buen amigo, ya hace tiempo que dejó atrás los cincuenta pero se esfuerza en parecer joven y sin duda lo es, la edad no está solo en los huesos y el organismo, también está en la mente, aportando ilusiones y alegría de vivir. Mientras los achaques te dejan en paz eso es fácil de hacer, otro gallo nos cantara si algo empieza a fallar o a mostrar la desvencijada y temible faz de una enfermedad.

Pero volvamos a mi amigo, el maduro devorador de kilómetros, facedor de cimas, ocupadísimo jubilado cuya actividad hace sonrojar a sus amigos "en activo" (aunque en el fondo, cuando no los mira, hacen a menudo el gesto universal de barrenarse la sien con el dedo índice pensando en él). Ha gozado mi amigo de una existencia razonablemente equilibrada desde el punto de vista de la salud: deportista hasta la médula desde niño, respetado por los dioses de la suerte clínica, apenas ha sumado un par de incidentes médicos de los que obligan a trsspasar las puertas de los hospitales y siempre "por sus pecados" es decir por algo que ha hecho mal durante demasiado tiempo y acaba surgiendo en forma de sintoma y más tarde estructurándose como una dolencia. Ambos episodios fueron resueltos de forma satisfactoria para el sujeto. Una artroscopia de la rodilla derecha por sus excesos tenísticos y  una infección grave de las llamadas nobles vías bajas por pretender usar la terapia de "aquí no pasa nada" en vez de avisar al urólogo de que algo iba mal a la hora de hacer pipí y pretender vivir en este mundo sin aceptar que los hombres tienen próstata y que conviene comprobar su estado regularmente a partir de cierta edad. Tratamiento y suerte. La temida "C" no se presentó.

¿Creéis que nuestro amigo aprendió de esas lecciones? Faltaría más. Siguió fiel a su norma no escrita de que "tipo que hace vida sana, come bien y equilibra su mente, no tiene por qué padecer de nada", saltándose alegremente más de treinta siglos de medicina y, mas recientes, las enseñanzas de eso llamado estadística. O aquello que sugiere el dicho popular: donde menos se espera salta la liebre.

Así que lo primero que hace nuestro sujeto cuando el dolor asoma su peluda oreja es ignorarlo. Incluso se le desprecia un poquito y a veces se piensa aquello de "no sabe usted con quién está hablando". Aquí el macho-man, defensor de causas perdidas, héroe de la insensatez andante: esto no es nada. Adelante con los faroles.

Bien, pues el dolor se comporta como quien es: un perfecto hideputa al que uno le parece ver como sonrie taimadamente y se frota las manos como el viejo Shilock y con las mismas malas intenciones. Así que nuestro desprevenido amigo sigue haciendo lo que le gusta: caminar horas bajo el sol, leer y escribir compulsivamente (siempre con una utilidad en mente, ¿donde quedó el amor per se a la lectura y a la escritura?), llenarse de obligaciones que nadie te ha solicitado y seguir contra todo pronóstico pensando que la abundacia de quehaceres borrará del mapa a ese dolor estúpido que se empeña en consolidarse.

El hombre empieza un timido ataque defensivo, un ibuprofeno por allí, una aspirina por allá, un paracetamol a los postres. Pero el dolor (que se va aposentando en la cabeza, en el hemisferio derecho) va tomando cuerpo, persistencia y rebeldía.

De pronto, una noche (como todos los malhechores, el dolor es amigo del sosiego nocturno pues es allí cuando su protagonismo no es discutido por ninguna otra actividad) el dolor se hace opresión angustiosa, latido obsesivo y doloroso, angustia por su origen y su feroz actividad. El uso de los medicamentos corrientes es como echar margaritas a los cerdos. Se ríe de ellos. El berbiquí de su inquina comienza a funcionar y la noche se convierte en una eterna, inacabable sinfonía del horror, donde nuestro amigo maldice en arameo, ruega a todos los santos, promete lo que sea y persigue avidamente cualquier instante en el que parece cesar (siempre es un engaño): el dolor es el rey y se comporta como una diva presumida y vengativa.

A la mañana siguiente mi amigo comienza el viacrucis de médicos y especialistas. De pronto se le ha descabalgado de golpe de su rocín. Helo aquí, en el santo suelo, quebrantado, aunque aún dueño de sí, pero eso durará poco.No hay nada como las salas de espera, las consultas con los especialistas, las miradas friamente profesionales de las enfermeras que parecen preguntarse, "pero bueno ¿que habra hecho éste?" y la uniformadora inclusión en un colectivo al que se tutea de entrada y se le ordena que haga o deje de hacer cosas sin demasiadas explicaciones. "Si estas aquí es porque lo necesitas, asi que apechuga y haz lo que se te dice". El hombre ha perdido su apostura deportiva, se va comvirtiendo lentamente en un guiñapo al que, en el colmo de la degradación, en algún momento se le despoja de su vestimenta y se le embute en el unforme de la humanidad doliente: una espantosa y humillante bata con la parte trasera abierta por el que asoma la parte trasera del individuo. Patético instante en el que el sujeto es nombrado caballero de la insigne orden de los Pacientes.

A partir de ahí, solo hay que desearle suerte, nervio y paciencia a nuestro héroe.

El dolor se ha hecho dueño del individuo, de su presente, ha sepultado su pasado en el baúl de las siete llaves (y de paso no solo le quita cualquier mérito que pudiera tener, sino que le despersonaliza y le une a la grey de los sufrientes, donde la prioridad pertenece al que más sufre o mejor se queja) y solo ofrece un futuro imperfecto en el que reina un inmenso interrogante y en el que la esperanza tiene el nombre de una ausencia: cuando el dolor desaparezca.

En ese momento y durante el tiempo que dure esa batalla (la vida es una guerra permanente contra la falta de salud) se establece una curiosa relación entre el sujeto y su dolencia. Nunca hay una relación igual. Alguien debería escribir una fenomenología de ese tipo de relación un poco esquizoide entre la persona y el dolor que la agobia y desespera. Termina existiendo una suerte de antropomorfismo: el dolor toma casi una forma humana, un rostro al menos, pero también un carácter, unas intenciones (malignas por supuesto) y una forma de actuar cuya estrategia acaba perfilándose para el paciente como si correspondiera a un ser dotado de voluntad propia.

Nuestro amigo, dotado de una buena imaginación literaria, ha compuesto esa figura atrabiliaria, astuta y cruel. Mantiene con ella un trato cauto, cede en ocasiones, se enfrenta inutilmente en otras, siempre hace como si se rindiera y busca salidas continuamente. No entra en la pretensión ingenua de pactar, sabe que no hay pacto posible. El dolor tiene que hacer su papel está en su naturaleza, como la del alacrán salvado de ahogarse por la rana, a la que pica cuando están llegando a la orilla, ante el dolor y la sorpresa del batracio, "¿no me habias prometido que no picarías? ahora nos vamos a ahogar los dos", "lo siento, pero está en mi naturaleza". Pues bien, la naturaleza del dolor consiste en doler. Así que mi amigo, que ya lo ha aprendido, busca maneras para si no evitarlo, sí encauzarlo. Medita,se relaja, observa lo mas tranquilamente posible como se comporta, qué le irrita y qué le adormece, crea una rutina de aceptación, busca posturas y gestos que lo distraigan y, sobre todo, se niega a obedecer la insidiosa vocecita que se pierde en jeremiadas sin cuento, "¿qué he hecho yo para merecer esto?, "¿por qué a mí y no, por ejemplo, a mi mejor amigo" (que da la casualidad que soy yo, aunque no se lo tengo en cuenta, los sanos no lo confesamos pero siempre hay un vergonzante alivio en que se le toque a otro y no a nosotros, ergo...) "si te largas prometo ser más sensato, solo subire hasta montañas de 3000m, no mas", juro  abandonar la pipa de despues de cenar" "¿será todo esto el anuncio de un tumor, maldita sea?" "solo te pido que me dejes dormir un poco esta noche,¿maldito gilipollas tampoco puedes darme eso?", "se acabaron los trabajos extras, a partir de ahora vida de jubilata real, descanso y jolgorios montañeros leves, nada más"...

Evidentemente el doloso caballero de la cara pintada, el dolor, se rie de todo eso, hasta que un día, subita e inesperadamente, (y siempre que tengas suerte, claro está) pasa toda una hora en que el dolor no asoma su fea jeta. No te lo puedes creer, pero te comportas como un ladrón que pretende que nadie se percate que acabas de coger algo valioso. Disimulas, miras para otro lado, silbas una tonadilla mirando a la lejanía. Luego vuelve, pero más suave. Poco a poco en unos días, las visitas del maligno se van espaciando, su careto se desdibuja, sus inmensas pinzas se reblandecen, su presa se afloja. Una noche duermes de un tirón y te despiertas lleno de alegría. Poco a poco la normalidad comienza a cubrir con su manto de despropósitos su vida cotidiana. Vuelven las costumbres, los compromisos y los agobios.

No lo puedo creer: mi amigo parece haber olvidado su via crujsis. parece no comprender que ahí radica parte de la fuerza del dolor: el que nos olvidemos tan pronto de él. Mi amigo vuelve a sugerirme salidas montañeras y nada en su faz sonrosada y saludable recuerda al guiñapo que fue durante un tiempo, bajo la tiranía del dolor. Carpe diem...

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