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1 agosto 2011 1 01 /08 /agosto /2011 09:52

Auden.jpgMás cercano  a nuestro tiempo y a los problemas de nuestro siglo y la sociedad occidental que el resto del grupo de Oxford, que deslumbraron a partir de los años 30 del siglo XX), Wystan Hugh Auden (1907-73) destacó en una cosecha de poetas ingleses del talante de Yeats, Elliot, o Stephen Spender.  Su confesada ideología de izquierdas le hizo acercarse con su poesía a los más débiles, pese a que su pluma imponía una cierta ironía y el suave clasismo intelectual de sus imágenes, metáforas y vocabulario.

Me gusta de él su coherencia personal, social y política, de la que nunca abjuró y la fuerza de su convicción de que la poesía debería reflejar la verdad por encima de todo. Viajó y trabajó en la Alemania de anteguerra con su amigo Christopher Isherwood, (el de "Adios a Berlin" -1939- que refleja la película "Cabaret") donde, por cierto, dio muestra de su compromiso político al desposarse con Erika Mann (hija del novelista, Premio Nobel,Thomas Mann) para que lograra la nacionalidad británica y pudiera huir del pais ya dominado por los nazis siendo, como era notorio, homosexual.

Estuvo también en la guerra civil española, como tantos otros literatos y artistas de su generación y escribió el poema "Spain", donde huye de tonos panfletarios y se ocupa de la imágenes humanas de la guerra, de las que se desprende un tono de irónica crítica a los propios compañeros  y sobre todo a los mandos de las brigadas por "el desgaste de energías, el asesinato necesario, el torpe panfleto efímero y el mitin aburrido", sin que a pesar de ello su poesía permitiera ser manipulada por los fascistas. Tanto Orwell como Graves, disintieron de esa imagen, muy probablemente cierta, de la innegable torpeza de los republicanos entre la hoz de los anarquistas y el martillo de Stalin.

En 1946 se hace ciudadano americano y comienza la relación amorosa de su vida con Chester Kallman. Murió en Viena.

En sus poemas brilla su insobornable individualidad, su desapego de los encasillamientos sociales o históricos, su prurito en ser considerado alguien diferente, un expatriado de las naciones y los pueblos, fiel a la voz auténtica de las personas, a sus afanes, miedos y deseos. Pero no individuos aislados de la realidad, de las fuerzas de la historia, sino gente dentro de la dinámica política de su tiempo, gente que no logra comprender el alcance de su soledad y la naturaleza del mundo en el que viven, con sus contradicciones y su cosmica trascendencia. El amor, la culpa, las ataduras morales, la muerte, la vejez y la decadencia fisica, la redención, la expiación de la culpa, la imposibilidad de la satisfacción plena, son tratados  en textos fragmentados, inconclusos a veces, inconexos aparentemente, donde de pronto estalla una imagen hermosa o un detalle doméstico y vulgar que nos hace cómplices del poeta.

De la edición que la coleccion Visor de poesía ha realizado de su obra "Poemas", traducidos por Margarita Ardanaz, he espigado algunos que fueron mi deleite y que anoto aqui para el placer del lector.

 

En Breves,

 

Entabla una pelea, vete a la guerra,

deja al heroe en el bar.

caza al leon, escala la cumbre,

nadie imagina que eres debil.

 

 

En Escolares

 

Pero la tirania es asi de facil. Una palabra impropia

garabateada en una fuente, +es esa toda la rebelion

una tormenta de lagrimas vertidas en un rincon

+son estas las semillas de una nueva vida

 

 

 

En Oxford

 

Y sobre esta charlatana ciudad, como sobre cualquier otra,

lloran los angeles indiferentes. Aqui tambien

el conocimiento de la muerte

es un amor que consume y el corazon natural rechaza

una voz baja no halaguea

que no duerme hasta que encuentre un oido.

 

En  El novelista

 

Pueden avanzar como husares, pero el

debe luchar contra su don juvenil y aprender

como ser sencillo y dificil, como ser

alguien tras el cual nadie piensa que vale la pena

volver la mirada.

 

En En memoria de Yeats

 

El desaparecio en lo muerto del invierno,

los arroyos estaban congelados, los aeropuertos casi desiertos,

y la nieve desfiguraba las estatuas publicas,

el mercurio se hundia en la boca del dia agonizante.

Los instrumentos de que disponemos estan de acuerdo

em que el dia de su muerte fue un dia frio y oscuro.

 

Sigue poeta, sigue recto,

hasta el fondo de la noche.

Con tu voz sin ataduras que

todavia nos persuade para el regocijo. 

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31 julio 2011 7 31 /07 /julio /2011 08:40

tranvia.jpgPobre Blanche Du Bois, con su miserable y patética vida, prendida de los sueños de una grandeza imaginaria, paloma herida en un vuelo improbable, entre la exigencia de su sensualidad desbordada y la decadencia no aceptada de su cuerpo anclado en la juventud como una quimera imposible. Nuevamente el personaje complejo y castigado de Blanche pisa los escenarios, donde se debate con la trágica convicción de un payaso que se agita en la escena, entre el ruido y la furia y el miedo.

En el teatro Tívoli, dentro del programa del Grec 2011, el director Mario Gas presenta su particular visión de "Un tranvía llamado deseo" el clásico de Tennessee Williams, el caballero del sur que cantaba a las desarraigadas  marionetas de la clase media baja o la alta caida en desgracia,  con un verbo descarnado y poético. Nuevamente la brutalidad salvaje y agresiva de Stanley Kowalski, el "polaco" de la clase baja que sólo se redime por su amor sin barreras, exigente y primario, por su esposa Stella,  mientras sus gritos viscerales de animal herido atruenan el patio de butacas, mostrando su descarnado drama frente al intocable armazón de sueños de Blanche.

La historia es simple, Blanche llega al hogar humilde de los Kowalski, con su pernicioso baúl de sueños de grandeza, clase y una ética señorial y algo pacata, todo ello tan falso y pretencioso como sus pieles falsas y su quincallería de piedras preciosas sin valor y dorados sin oro. A pesar de sus exigencias y su pretenciosidad, es bien recibida por su hermana Stella, que se plega por pura bondad ante las infantiles demandas, el evidente alcoholismo  y la oscura y turbia presencia de un pasado vergonzante de la hermana mayor.tranvia3.jpg

Pero el marido de Stella, Stanley, no se deja intimidar por las apariencias de Blanche y deja que se instale una brutal exigencia de verdad en la casa. El choque será inevitable y dañino. No para Stanley, pero si para Blanche y Stella. El "polaco", un bull dozer moral que todo lo arrasa en su demanda de veracidad y claridad, acabará con todas las esperanzas de redención que Blanche alentaba por su relación con Mitch, un amigo sometido a la brutalidad visceral de Stanley.

Pero su dolorosa victoria en la destrucción total de Blanche, obligada a golpes a aceptar la realidad, es una victoria pírrica. En la última escena, Blanche se marcha al olvido de la mano de un médico perspicaz que le da a la pobre mujer lo que más anhela, respeto y apariencia. Y allí se queda el drama instaurado definitivamente en la casa de los Kowalski: antes de ser mandada a un asilo para enfermos mentales, Stanley ha violado a Blanche y esta se lo ha contado a su hermana. Aunque la vecina de Stella le recomienda que viva con eso si quiere seguir viviendo con el brutal y destructivo Stanley, algo sugiere en el final de la obra que Stella no va a perdonar, que su bondad excesiva y de otro mundo no va a claudicar ante esa humillación final que el desclasado Stanley inflige a las dos Du Bois, en el fondo tan parecidas. Lo que en Blanche es puro oropel de grandezas pasadas y fingimientos actuales, en Stella es olvido neurótico del pasado y enmascaramiento bondadoso del presente en aquello que debería ser. Lo que en una se desborda, el fingimiento y la impostura del sueño, en la otra es fingimiento e impostura de la bondad, donde todo está bien. ¿Quién es más nociva consigo misma?tranvia2.jpg

Mario Gas ha recuperado la auténtica proporción dramática de la obra. Aquí ya no se sobrepone el glamour de un Brando con camiseta imperio desgarrada y una Blanche delicada como una florecita y una Stella algo estúpida en su bovina aceptación, aquí vuelve el protagonismo a Blanche, a la que da vida Vicky Peña, un tanto declamativa, quizá voluntariamente (quizá para dar mayor impresión de teatralidad del personaje), a la que da réplica ese actorazo, Roberto Álamo, al que admiramos en aquella joya teatral que fue "Urtain" y que encarna un Stanley convincentemente brutal pero algo acartonado, Ariadna Gil nos muestra una Stella magnífica, contenida, con una lucidez desencantada pero obsesiva (qué gran Blanche dará dentro de unos años) y Alex Casanovas a un Mitch que no logra ser creíble y que sobreactúa en su pasividad. Aplausos generosos de la concurrencia, como siempre en Barcelona, hambrienta de teatro y nada renuente a que sea en castellano (tomen nota, señores de la Generalitat).

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30 julio 2011 6 30 /07 /julio /2011 09:00

200px-Jorgeluisborges1.jpgEl 14 de junio de 1986, en Ginebra (para evitar que el Estado argentino convirtiera sus exequias en fiesta nacional) moría de un cáncer devastador y fulminante Jorge Luís Borges, supongo que al menos un poco satisfecho (dada su conocido sentido surrealista del humor)  porque igualaba con su edad, 86 años, los últimos guarismos del siglo que le vio nacer.

Cincuenta y cuatro obras publicadas, una fama –justificada- de ser un divo de la literatura, a la manera desafiante que Dalí o Picasso lo fueron en la pintura, un estilo provocador y sumamente inteligente, Borges constituyó en sí mismo todo un planeta singular cuyos territorios aún guardan confines remotos y apenas hollados, las fronteras están por definir y faltan los cosmógrafos  que dibujen el mapa completo de su obra.

Pero por otro lado hay un “complejo Borges”. El de haber sido un escritor poco visitado literariamente, excepto en media docena de sus libros más populares y el de haber sido escasamente comprendido (aunque es citado y copiado como si fuera uno de los clásicos que como Pascal, Cervantes o Shakespeare constituyen el supermercado de ideas de escritores, ensayistas y demás grey, con la salvedad de que raramente se le  reconoce la influencia o el préstamo).

Pero Borges requiere una lectura generosa y una reivindicación constante. Aprovechemos este aniversario luctuoso, no para enterrarle una vez más tras los panegíricos de rigor, sino para hacer llamamientos populares a su lectura. Desafío cordialmente al lector de estas líneas a que lea uno solo de sus libros, “El Aleph”, “El libro de arena”, “Ficciones”, “Inquisiciones” o algún otro, y declare con sinceridad si no se ha sentido fascinado por la hipnótica prosa de este escritor. Que no busque claridad de género, Borges mezclaba, borraba fronteras, redactaba cuentos que eran ensayos y ensayos que se tornaban poemas, pero todo lo que surgía de su pluma despierta el interés, la admiración o una fascinada polémica con el autor. Su ingenio corrosivo sembrado en su obra muestra que su pretendida animadversión hacia los clásicos castellanos –decía que habia leido el Quijote por primera vez en una traducción al inglés--era una postura provocadora, que uno encuentra también en Quevedo o Gracián (prueba de ello es que uno de los relatos más jocosamente pro cervantinos, es el conocido “Pierre Menard, autor del Quijote”) .

Lejos de él todo tipo de moralina o de mensaje, el lector desafiado puede estar tranquilo, Borges es literatura pura. Por eso escribió de sí mismo:  “No soy pensador ni moralista, sino simplemente un hombre de letras que convierte sus propias perplejidades y el respetable  sistema de perplejidades que llamamos filosofía, en formas de literatura”.

En su obra hay constantes referencias  a la mitología, coqueteos con la cábala,  guiños con el material y el estilo de Stevenson y Whitman, sus mentores literarios, muestras de su punzante ironía, ejercicio de un individualismo feroz al servicio de  un lenguaje ajustado, sugerente, fantasioso, poético, de una lucidez  sin compromisos. Esto es Borges. Hay que olvidar sus desafortunados y poco entendidos coqueteos políticos, corramos un tupido velo sobre ciertas hirientes  y políticamente incorrectas declaraciones, o analizarlas bajo la óptica de uno de sus escritores predilectos, Jonathan Swift , el de “Los viajes de Gulliver”, una crítica feroz contra la política, la sociedad, la inmoralidad y los abusos de la naturaleza humana, disfrazada de cuento infantil. Hay muchos Borges en Borges y  a veces alguno de ellos utilizaba máscaras poco convenientes. Quedémonos con los Borges literarios. Después de eso, solo me queda decir:

En resumen, lean a Borges. Es un consejo terapéutico para estos desnortados tiempos.

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29 julio 2011 5 29 /07 /julio /2011 09:47

excursiones-5018.jpgDesde el Matarraña la puntiaguda figura del Tossal de Horta, que atrajo el interés pictórico de Picasso (de todos es sabida la frase que el pintor dedicó a esta tierra, "Tot el que sé ho he aprés a Horta"), llama la atención por la abrupta verticalidad de sus laderas empinadas, sembradas de pinos, con una cima de roca conglomerada adornada por cipreses y abetos y las ruinas de una ermita (datada en el siglo XIII) en lo más alto, junto a una cruz que resalta contra el azul del cielo. En la ladera, engastada como una joya entre los árboles, se levanta el convento de Santa María de los Ángeles o de San Salvador, santo que estuvo en la zona en el siglo XVI y al que se atribuyen numerosos milagros. En la subida hacia la cima de la montaña, el sendero pasa junto a una cueva donde se venera una imagen del santo, que está relacionada con ciertas leyendas religiosas.

 

La subida a esta montaña emblemática, situada enfrente y a la derecha del pueblo blanco de Horta de San Juan, que se arracima sobre una colina, se puede iniciar en el mismo pueblo, de donde parte el sendero que a través de campos de labor lleva en una media hora hasta el Convento. A un lado de la construcción, cuya hermosa escalinata de acceso a la puerta principal tiene una estética espectacular, comienza el sendero de subida a partir de un poste de señalización. El camino, en este punto y durante unos minutos bastante liso y descansado, va subiendo poco a poco rodeando la montaña a fin de atacarla por el lado norte. Pasamos junto a paredes de conglomerados y agujas apreciadas, y bautizadas, por los escaladores. Una vez superada la citada cueva, donde hay una fuente que fue, según la tradición, abierta por el mismísimo San Salvador dando tres golpes con el cordón del hábito, el camino se hace más abrupto y empinado y va ganando altura de una forma bastante directa, en continuas lazadas, con tramos que han sido arreglados y otros que discurren entre rocas.

La subida va deparando vistas hermosísimas sobre la Terra Alta y en una media hora se llega a las ruinas de la ermita de San Antonio, dejando atrás el lado oeste y cambiando de vertiente, abriéndose una amplia vista sobre el valle de Canaletes, con los Ports al fondo y como pétreos vigilantes las rojizas Rocas de Benet que ofrecen su inconfundible y ciclópea presencia al sureste del caminante. A los pies, la cinta azul de la nueva carretera que une el Matarraña con Cataluña. excursiones-4992.jpg

Cerca de allí, tras unos minutos de sendero planeante encontramos, aprovechando una grieta en las paredes de conglomerado, un antiguo refugio de la guerra civil. A partir de ese punto el sendero vuelve a enfilarse abruptamente hacia la derecha y encontramos un replano sembrado de grandes cipreses (uno de los lugares más hermosos de la excursión, donde vale la pena sentarse y gozar de las vistas y la paz). Aquí se bifurcan el sendero, un ramal desciende (es el que luego seguiremos para bajar de la montaña) y el otro vuelve a enfilarse montaña arriba.

Llegamos a la cima superando un último altozano sembrado de pinos, hasta la roca pelada donde se levantan las ruinas de Santa Bárbara. A partir de allí tendremos unas generosas panorámicas sobre los Ports, el Matarraña y el arracimado pueblo de Horta. Desde la ermita se puede acceder a un promontorio rocoso donde se levanta la cruz, acceso que tiene un paso delicado para llegar a él y que según los de Horta es uno de los retos que los jóvenes quintos asumían en el día de su celebración (es una cornisa estrecha de roca, abierta a los dos lados, que hay que pasar a horcajadas o a pie los que tengan buen equilibrio.

La bajada se hace desde el punto que mencionamos, el replano de los cipreses, y es un sendero muy directo e inclinadol, con terreno descompuesto y resbaladizo. Mucho cuidado en la bajada, que se hace entre rocas y tierra pulverizada. Despacito y buena letra, se aconseja.

Llegamos de forma directa al convento por la parte de atrás, pasando junto a la ermita de San Onofre y un poco mas abajo, ya tocando las lindes conventuales, a la de San Pablo. (Lugar de apariciones divinas según la tradición). El camino nos deja justamente al pie de la escalinata y la fuente que allí mana. Solo queda volver por el camino mencionado hasta el pueblo. Pero antes de dejar el camino, deben ver el punto exacto escogido por Picasso para hacer una de sus pinturas, la del convento, ingeniosamente preparado para que el visitante pueda ver la perspectiva exacta.

Habremos dedicado entre tres y cuatro horas según el tiempo destinado a reposar o a hacer fotos. Una excursión breve, empinada y de una belleza paisajística de primer orden.

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28 julio 2011 4 28 /07 /julio /2011 09:25

pinguinos.jpgYa estamos con Jim Carrey en acción gesticulante y excesos varios. ¿Nadie le ha dicho a este actor que si se moderara un poco, si aparcara el histrionismo alguna vez, tiene capacidad y atractivo suficientes para subir un escalón de calidad en su carrera? En "Los pinguinos del señor Poper", adaptación de una novela infantil de Richard y Florence Atwater, publicada en 1938, que se ha convertido en un clásico para los niños de habla inglesa, Carrey nos ofrece una versión amansada y un poco avejentada de sus papeles habituales: es un ejecutivo inmobiliario de éxito a punto de conseguir hacerse socio de su empresa. Divorciado y con dos hijos adolescentes, el señor Poper vive solo en un pulido apratamento de lujo de Manhattan. Un dia recibe un regalo proviniente de la Antártida, es de su fallecido padre y le envía una caja hermética en cuyo interior hay...un pingüino.  Comienzan los desastres hogareños que cabe imaginar y Poper decide devolver el regalo a la Antartida, antes de que su trabajo se resienta demasiado. No se entiende  con su interlocutor y dias despues recibe otra caja, con otros cinco pingüinos. Aqui la historia se lanza al vacío del surrealismo facilón de este tipo de películas de género: padre ausente al que sacude una crisis que le cambia la vida, primero para mal y más tarde para bien, al tiempo que recobra el amor de sus hijos y ex esposa y--como consecuencia gratuita y poco realista-también triunfa en su trabajo y todos felices comieron perdices. Naturalmente Poper no puede deshacerse de esos seis pinguinos que le complican prodigiosamente la vida porque, ¿alguien esperaba otra cosa?, los niños de Poper se encariñan con los animales y a consecuencia de ello van aceptando a su padre ex ausente.

Lo verdaderamente notable de la película no es ese guión sujeto a los cánones, sino el tratamiento, entre real y digital, de los seis pinguinos, insertados muy bien en la trama y con un comportamiento desternillante. Esos animales son los auténticos protagonistas de la película: Capitán, Mimoso, Mordisco, Ceporro, Mofeta y Bocazas, ajustándose a lo que indican sus nombres, consiguen los momentos más interesantes de la cinta (en la que hay un homenaje claro a Mary Poppins, cuando el deshollinador que interpreta Van Dyque baila con pingüinos dibujados en una de las secuencias animación-persona real, que distinguieron aquella memorable película de Disney). Los de Poper son pinguinos de la especie Gentoo, una de los 17 que existen y se caracterizan por su facilidad en ser adiestrados.

Mark Waters ha dirigido el asunto con corrección aunque sin poner algun freno a Carrey y apoyándose en unos buenos secundarios como Carla Cugino (la ex esposa de Poper) y la sólida Angela Lansbury como la propietaria del viejo y encantador restaurante de Central Park que ambiciona la empresa de Carrey para especular. Los efectos especiales, muy efectivos y discretos convierten esta comedia familiar, loa a los valores de la familia, el amor padres e hijos y la bondad y diversión inherentes al mundo animal, en una apuesta firme para las clásicas películas que llenan los cines los fines de semana de gente menuda y sus resignados padres. Un festival de risas y gritos infantiles.

 

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27 julio 2011 3 27 /07 /julio /2011 08:41

solar.jpgDespués de "Amsterdam", "Expiación" o "Chesil Beach", el escritor inglés Ian McEwan publica "Solar", novela galardonada con el premio Wodehouse. Es este un galardón que destaca la mejor novela de humor del año, en honor a P.G Wodehouse, un escritor de entre guerras que constituye en sí mismo uno de los más solidos bastiones del humor británico, un tipo de humor genial, cínico, austero e ingenioso y, sobre todo, inteligente.

Esos adjetivos podrían colocarse sin dudarlo en una reseña crítica sobre "Solar". Es esta una novela de más de trescientas páginas, editada por Anagrama, sólida y bien construída, que nos narra en tres apartados cronológicos la vida y obra de un físico teórico Michael Beard, "uno de esos hombres vagamente anodinos, a menudo calvos, bajos, gordos e inteligentes que atraen a determinadas mujeres hermosas", que además de haberse granjeado el premio Nobel de física, por sus primeros -y únicos- trabajos en su especialidad, vive en la cincuentena (cuando le conocemos) de las sinecuras y apaños que le reporta su premio, languidece en empleos oficiales bien remunerados y nada exigentes y se dedica a malvivir una vida personal más bien deleznable, entre sus matrimonios -cinco-- que se estrellan e incontables y compulsivas aventuras patético-amorosas o sexuales, mientras su cuerpo y su carácter van cayendo cada vez más bajo. Pero eso sí, sin abandonar una cierta osadía, una buena dinámica de trabajo (interesado) y una coherencia profesional muy desaprovechada pero latente.

Este patético antihéroe que toca demasiadas teclas a un tiempo se enfrenta a una serie de hechos que lo convierten en un personaje especular de nuestro tiempo, con sus bajezas, su mezquindad, sus canalladas y su vitalidad de superviviente. La novela empieza al final de su quinto matrimonio, en el que se convierte de engañador en cornudo apaleado, la entrada al escenario de un prometedor fisico joven --segundo amante de su mujer-- con una idea capital sobre el uso de la fotosíntesis para terminar con la crisis energética y el calentamiento global (ahí es nada), que por un accidente mortal -arteramente manipulado por Beard en su provecho-- daría la idea clave a Beard para que,años más tarde, este lidere un proyecto de alcance mundial que podría arreglar los problemas planetarios apuntados.

Todo se desarrolla con la precisión de una crónica en la que no faltan apuntes psicológicos muy certeros, descripciones del mundillo académico realmente jugosas, con sus miserias y sus golpes bajos, retratos de nuestra época a base de una crítica exacta, certera y desternillante, formando todo ello una gran farsa canallesca que lo tiene todo, humor, excelente documentación científica bien urdida en la trama, ritmo novelesco adecuado, una técnica literaria magistral y algunos momentos antológicos dignos de la pluma de un Dickens o un Chesterton.

Al lector le anticipo un estupendo jolgorio con algunas escenas memorables: la competición tras una bolsa de patatas fritas entre el orondo físico y un anónimo joven en un vagón de tren, las maniobras de ese egoista trapacero con sus líos de faldas y sus mujeres, el soberbio semicapitulo dedicado a la expedición ártica, las observaciones del personaje en su viaje a Estados Unidos y muchos más que dejo a la percepción del lector.

Quizá el único "pero" que cabría oponer a tan conseguida novela sea su final, en la que el lector se queda con dos palmos de narices enfrentado --el personaje y por tanto el lector, que acaba simpatizando en cierta forma con ese desastre ambulante-- a una caótica serie de problemas sin resolver que le están estallando en pleno rostro al protagonista cuando acontece el final. Bueno, se podría pedir a Ian McEwan que publique una separata a "Solar" adjuntando dos o tres posibles finales. Les aseguro que habría colas para comprarla, como si fuera un Harry Potter para adultos con sentido del humor.

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26 julio 2011 2 26 /07 /julio /2011 13:12

Película bienintencionada, divertida, a ratos poética o surrealista, bastante ecológica, ligeramente poco creíble, bien fotografiada y magnificamente interpretada. Dos hermanos, uno biólogo y otro zoólogo, comparten un mismo amor por la naturaleza y visiones distintas pero al final coincidentes de cómo afrontar los problemas que genera el mal uso que hacemos de nuestromplaneta. El biólogo tira la toalla de su lucha ecológica cuando comprueba cómo en la antártida, en pleno desierto de hielo, nace una planta (signo de calentamiento polar) y el otro se pasa la película entera viviendo en un bosque, sobre los árboles, esperando infructuosamente que aparezca un oso de loqe que poblaron los Picos de Europa y las bellísimas montañas de la Asturia interior, antes de que la codicia destructiva del hombre llene el bosque virgen de casas pareadas.

Tras "La torre de Suso", Tom Fernández dirige con no muy buena mano y un criterio poco mantenido esta comedia que protagonizan un soberbio Javier Cámara y un no menos excelente Gonzalo de Castro. Completan el reparto Emma Suárez, Geraldine Chaplin y su hija Oona, Sira García y el americano Josse Johnson, que no deslucen demasiado una comedia coral que se resiente de un ritmo poco firme y un guión que no acaba de redondearse con el dibujo de los personajes y las anécdotas.

 Punto y aparte a la niña Sira García, cuya naturalidad y combativo encanto es uno de los haberes de esta película que puede verse como un canto a los bosques y las montañas (de Asturias, en este caso) al que se le ha añadido una trama a ratos divertida que ensalza el amor, la fraternidad y la ecología en todas sus facetas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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24 julio 2011 7 24 /07 /julio /2011 08:07

He asistido perplejo a la sorprendente historia de la vida y obras de un "santo" de nuestros días, san Francisco Camps. Ascenso, esplendor y decadencia de un chorizo bien trajeado y con moral de Pitecantropus erectus. Edificante muestra de que una no diagnosticada patología política se ha enquistado en la cultura sociopolítica de nuestro siglo XXI, ansioso por igualar e incluso mejorar la iniquidad del anterior, el vergonzante siglo XX.

Lo grave de todo esto no es la existencia y prepotencia vital de especímenes como Camps o Berlusconi, por citar dos de los más descarados, sino que ambos tengan legiones de votantes que parecen huérfanos de los más elementales principios de ética y responsabilidad políticas. ¿Sólo se trata de clientelismo? ¿De miedo? ¿De simple compraventa? Creo que hay algo más profundo que huele mal, que huele a podrido en occidente. Es la desaparición del límite, de la frontera, de los hitos que señalan la zona peligrosa donde no existe la honestidad (o, peor, se considera una debilidad de tontos), se sostiene que los atajos tramposos son más rentables que el camino del trabajo y se admira y premia al descerebrado que ostenta la desverguenza, el abuso y el enriquecimiento fácil como banderas.

Ateniéndonos al caso Camps y al refrendo electoral recibido hace algo más de un mes, uno siente crujirle los soportes del alma cuando lee en los periódicos que el presidente de las Cortes valencianas, Juan Cotino, califica al "prohombre" dimisionario, o dimisionado, de Galileo Galilei que "aun teniendo razón, fue acusado, obligado a confesar y condenado a arresto domiciliario de por vida". Dios santo, ¿Camps tildado de parecerse a Galileo, una de las figuras señeras de la honestidad y el auto sacrificio valiente? ¿En qué tiene razón, en las tragicómicas secuelas de sus corruptelas? ¿No le supura al señor Cotino la verguenza por entre las escasas neuronas que le funcionan?

¿Cómo puede un partido político y su dirigente orquestar un coro de suplicantes en honor de ese héroe, Camps,  que se "ha sacrificado" por Rajoy y por España? ¿Hemos perdido la razón? ¿Qué clase de cultura política estamos edificando para las generaciones por venir?

Una vez más debemos centrar la mirada en un punto lamentable pero real: en tanto sostengamos una cultura social en la que los valores de la honestidad, el trabajo bien hecho, la dignidad y el encomio de la cultura y de los principios éticos son sustituidos por una moral de mafiosos, tolerancia y admiración hacia los sinverguenzas con éxito, comprensión del fraude y de las ganacias fáciles como algo deseable y entronización de la subversión del lenguaje y la moral al servicio del provecho bastardo y se hace de ello un espectáculo, no sólo no tenemos remedio y nos hundimos en la ciénaga de la vulgaridad y el despropósito sino que seremos, en el juicio de la historia, la generación que destruyó un sistema de vida y hundió a la sociedad de su época en una crisis que pagarán con creces nuestros descendientes.

¿Apocalíptico? Oigan, lean los periódicos, miren los telediarios y echen un vistazo fugaz a los programas de telebasura más conocidos. Después, MUY INDIGNADOS, busquemos una manera de cambiar de clase política, si es posible salvando a los hombres honestos, que haberlos haylos.

 

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22 julio 2011 5 22 /07 /julio /2011 08:05

las-cinco-muertes-del-baron-airado_9788432212994.jpgUn escritor novel, el barcelonés Jorge Navarro (nacido en 1962 en la cercana población costera de Castelldefels) que une a unas buenas dotes de narrador, caracteristicas ciertas de historiador y el estilo pedagógico debido a ejercer de profesor de secundaria, ha abundado en la reciente moda de elevar a Barcelona -y en este caso a Castelldefels también-- a la categoría de ciudad literaria. Los beneficios económicos y promocionales son abundantes, la lista de pretendidos best sellers comienza a ser apabullante, y es una moda que no hace daño a nadie y a veces. como en esta ocasión, redunda en buena literatura.

Si además el autor escoge un periodo tan convulso y litereaio como los finales del XIX, miel sobre hojuelas. Agitación política y desconcierto e inseguridad social, violencia anarquista, demagogia, enfrentamientos descarados de clases, insubordinación de los parias de la clase baja y el mundo obrero. Si a ello añadimos unas buenas dosis de documentación, ironía descriptiva, unas gotitas de mala leche crítica y un sentido del humor bien dosificado, tenemos un cóctel sumamente interesante que eleva "Las cinco muertes del barón airado" a la categoría de acontecimiento literario, con los defectos primerizos o los pocos excesos retóricos de una pluma que tiene soltura y descaro pero que aún resbala de vez en cuando en el tópico y la autocomplacencia creativa. 

Es una novela pseudohistórica construida sobre un asesinato larga y profusamente planeado, con aportación de elementos reales de la historia del momento, personajes o sucesos, convenientemente mezclados, deformados y manipulados (como es privilegio del novelista) como para hacernos creíbles la acción y el escenario. El personaje central, el barón de Castellfullit, descrito con técnica de esperpento y rodeado de guiños históricos, es el estereotipo de noble a la antigua usanza, prepotente, abusivo, rijoso, poderoso, manipulador y megalomaníaco que pretende cambiar la historia de España.  Hay cinco instancias desde donde puede surgir el asesino: su propio hijo, la esposa -magnífica creación de Eulalia Recasen, la desconcertante y divertida baronesa, aspirante a asesina por un malentendido provocado por Dorotea Chopitea, persona real creo que canonizada--, la joven obligada a prostituirse en beneficio del barón que es una secreta anarquista que se mueve por venganza, el secretario del barón y los matones enviados por el Gobierno de Sagasta. A todo esto el autor añade un suceso real ocurrido en Castelldefels en 1893, manipulado para ajustarlo a la trama, pero usando las informaciones periodisticas de la época.

 Logra Jorge Navarro una novela divertida, bien estructurada, con personajes creíbles y descripciones de los usos sociales y las costumbres de la época que van envolviendo al lector en un encantamiento pseudohistóritco realizado con humor e inteligencia.

Creo que esta novela ha tenido una gestión larga, de muchos años y muchos esfuerzos, hasta acabar publicada por Seix Barral, con valedores de primer orden, lo cual hace confiar un poco en que a veces las razones que mueven el mundo editorial pueden aliarse para permitir que surja una novela como esta. La labor de mezcla, alteración de datos históricos y el empleo de personajes que fueron reales, como el pintor Ramón Casas, casi un co-protagonista más de la acción novelesca, redondea el juego de historia-ficción que Navarro propone y que lleva a buen puerto, auxiliándose como  mencionamos antes de periodistas reales y sus crónicas publicadas, lo que presta un aire de veracidad muy conveniente a esta novela. Como antiguo redactor de "La Vanguardia", me ha encantado el uso -y abuso creativo- que Jorge Navarro hace de su hemeroteca.

Amadeo, barón de Castellfullit y Marqués de Bagur, Senador Vitalicio del Reino, presidente del Banco de Crédito Agrícola, Industrial y Comercial de Barcelona, de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza, Barcelona y Francia, del Círculo del Liceo y de la Cámara de Comercio de la ciudad, se configura como un personaje magnífico con todos los colores que le prestan sus evidentes defectos y vicios. Como él dice "la única doctrina verdadera es la del dinero y la del poder"  y a ese principio y a cumplir su misión de salvador de la patria, dedica una vida marcada por vicios ocultos y públicas y falsas virtudes. Su proclama de "enderezar el rumbo de una historia de España marcada, no sólo por la decadencia territorial y económica, sino también por la política y moral" nos suena tanto a los españoles que es casi un tópico histórico: este es un país de iluminados dictatoriales.

 

Tras el cuadruple asesinato en el castillo del barón en Castelledefels, la novela toma un sesgo diferente, en el que abundan también los personajes reales insertados en la ficción, hasta culminar en un final mjuy novelesco que no les contaré (aunque a mi parecer no es lo mejor de esta novela que mantiene permanentemente un excelente nivel de calidad). Me ha encantado la apostilla del final del libro en la que el autor reconoce algunos de los aportes de la realidad en su ficción, es decir los ingredientes reales de una narración literaria cocinada con excelente gusto.

 

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21 julio 2011 4 21 /07 /julio /2011 09:08

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No es "Memorias de Africa", desde luego, está más cerca de "Diamantes de sangre", por ejemplo o de "Hotel Ruanda", y constituye un acercamiento más a la historia postcolonial de Africa, cuando el hombre blanco, "basura blanca" como reza el auténtico título de esta película de la francesa Claire Denis, se retira más o menos con el rabo entre las piernas y deja el caos tras él, los abusos, el genocidio, la guerra permanente, las violaciones de mujeres en masa, los asesinatos gratuitos, brutales e innecesarios y el afianzamiento de una casta de tiranos genocidas que han emprobecido por décadas un continente maravilloso y tristemente empobrecido y esquilmado.

Denis, vinculada al parecer personalmente con la historia que cuenta, con un guión escrito por ella y Marie N'Daye, narra de una forma algo desordenada con flash back continuos, el final de una familia blanca propietaria de una plantación de café que vive  la destrucción del orden establecido tras la retirada de las tropas francesas, tratando de defender contra toda evidencia, la permanencia en el país gozando de sus privilegios tradicionales. Un poco como la colonia francesa en Vietnam que nos presenta Coppola en un tramo cortado y luego enmendado de su fabulosa "Apocalipsys Now".

La violencia entre ejército local y rebeldes castiga como es uso a la población civil, en secuencias cuidadosamente laterales, creando un clima de amenaza y peligro que constituye el ambiente inamovible de la narración, entre niños que son armados y cuya violencia es aún más gratuita si cabe, la presencia de un lider guerrillero que agoniza escondido en la plantación y la omnipresencia, del rostro de Isabelle Huppert, la protagonista, fuerte y firme mujer que se enfrenta al caos con valentía, determinación y una máscara de dolorida incredulidad y no aceptación de lo que ocurre.

Y es que esta es una película de máscaras rituales africanas, desde el rostro del guerrillero muerto en la primeras secuencias, hasta el rostro de la Rupert, delicado y expresivo, encerrado en sí mismo, desmoronándose a la par que sus esperanzas y su obsesivo amor por una tierra que la expulsa, con la que se cierra la película.

La presencia decadente del otrora Tarzán, Christopher Lambert, añade indeterminación a una trama que muy a menudo camina por terrenos vagos y poco definidos, así el personaje del hijo de la Huppert, la razón del empecinamiento de la mujer en oponerse a la realidad, el papel del agónico guerrillero... Esta es la crónica de un desastre que todo el mundo esperaba y nadie evitó: la descolonización africana, pero sin llegar a involucrarse directamente en su crítica. Denis transita el terreno personal, enigmático y trágico de una mujer fuerte que lo pierde todo por una guerra que no comprende en ningún momento. Africa para ella  es paisaje, trabajo, propiedad y poder. Los africanos solo cuentan como mano de obra y en un nivel utilitario, sin mezcla o comprensión. En una secuencia inicial un oficial negro del ejército local le dice a la Huppert: "en realidad ustedes son los culpables de todo lo que ocurre, de la corrupción y la violencia que está acabando con este país". No es del todo verdad, pero se acerca mucho a ella. Por eso el resultado final no puede ser otro: la mujer blanca, enloquecida, con los ojos anegados en lágrimas, que ve como desaparece de su vida su propiedad, su familia y el mítico país que ella amaba por encima de todo.

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