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21 julio 2011 4 21 /07 /julio /2011 09:08

una-mujer-en-africa-cartel.jpg

No es "Memorias de Africa", desde luego, está más cerca de "Diamantes de sangre", por ejemplo o de "Hotel Ruanda", y constituye un acercamiento más a la historia postcolonial de Africa, cuando el hombre blanco, "basura blanca" como reza el auténtico título de esta película de la francesa Claire Denis, se retira más o menos con el rabo entre las piernas y deja el caos tras él, los abusos, el genocidio, la guerra permanente, las violaciones de mujeres en masa, los asesinatos gratuitos, brutales e innecesarios y el afianzamiento de una casta de tiranos genocidas que han emprobecido por décadas un continente maravilloso y tristemente empobrecido y esquilmado.

Denis, vinculada al parecer personalmente con la historia que cuenta, con un guión escrito por ella y Marie N'Daye, narra de una forma algo desordenada con flash back continuos, el final de una familia blanca propietaria de una plantación de café que vive  la destrucción del orden establecido tras la retirada de las tropas francesas, tratando de defender contra toda evidencia, la permanencia en el país gozando de sus privilegios tradicionales. Un poco como la colonia francesa en Vietnam que nos presenta Coppola en un tramo cortado y luego enmendado de su fabulosa "Apocalipsys Now".

La violencia entre ejército local y rebeldes castiga como es uso a la población civil, en secuencias cuidadosamente laterales, creando un clima de amenaza y peligro que constituye el ambiente inamovible de la narración, entre niños que son armados y cuya violencia es aún más gratuita si cabe, la presencia de un lider guerrillero que agoniza escondido en la plantación y la omnipresencia, del rostro de Isabelle Huppert, la protagonista, fuerte y firme mujer que se enfrenta al caos con valentía, determinación y una máscara de dolorida incredulidad y no aceptación de lo que ocurre.

Y es que esta es una película de máscaras rituales africanas, desde el rostro del guerrillero muerto en la primeras secuencias, hasta el rostro de la Rupert, delicado y expresivo, encerrado en sí mismo, desmoronándose a la par que sus esperanzas y su obsesivo amor por una tierra que la expulsa, con la que se cierra la película.

La presencia decadente del otrora Tarzán, Christopher Lambert, añade indeterminación a una trama que muy a menudo camina por terrenos vagos y poco definidos, así el personaje del hijo de la Huppert, la razón del empecinamiento de la mujer en oponerse a la realidad, el papel del agónico guerrillero... Esta es la crónica de un desastre que todo el mundo esperaba y nadie evitó: la descolonización africana, pero sin llegar a involucrarse directamente en su crítica. Denis transita el terreno personal, enigmático y trágico de una mujer fuerte que lo pierde todo por una guerra que no comprende en ningún momento. Africa para ella  es paisaje, trabajo, propiedad y poder. Los africanos solo cuentan como mano de obra y en un nivel utilitario, sin mezcla o comprensión. En una secuencia inicial un oficial negro del ejército local le dice a la Huppert: "en realidad ustedes son los culpables de todo lo que ocurre, de la corrupción y la violencia que está acabando con este país". No es del todo verdad, pero se acerca mucho a ella. Por eso el resultado final no puede ser otro: la mujer blanca, enloquecida, con los ojos anegados en lágrimas, que ve como desaparece de su vida su propiedad, su familia y el mítico país que ella amaba por encima de todo.

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20 julio 2011 3 20 /07 /julio /2011 10:03

Paul_cartel_peli.jpgBien, al fin una película realmente divertida y un poco gamberra sobre alienígenas. Dos "frikis" ingleses, fanáticos de la ciencia ficción, viajan a Estados Unidos a una feria de comics y con la pretensión de visitar los lugares clásicos y tópicos de la mitomanía de alienígenas y aparición de ovnis. Cuando llegan a la célebre base militar ultrasecreta "Área 51" en pleno desierto y por supuesto inencontrable --pero colocada en un lugar del mapa por la afición yanqui por la nostalgia literaria o cinematográfica y la corriente subterránea de teorías conspirativas que alimentan el subconsciente de la gran nación-- los dos amigos, Simon Pegg y Clive Collins, dos actores con buena vis cómica, se encuentran con Paul de una forma muy espectacular.

¿Quién es Paul? Pues un alienígena de grandes ojos azules que se velan con cortinillas y que, en un excelente ejercicio de animación, tiene un lejano parentesco con ET y demás hombrecillos verdes del espacio. Pero este además en un cachondo integral, tiene un vocabulario desternillante y un sentido común y ganas de divertirse por toneladas. Lleva sesenta años en la base secreta y ha logrado escaparse cuando va a ser diseccionado para robarle sus poderes telepáticos, de invisibilidad y curativos.

Los momentos de humor se suceden con un talante corrosivo y critico que no desdeña la inteligencia y no es un mero amontonamiento de gags. El viaje en la autocaravana, con el añadido de una chica llena de sorpresas y toda la parefernalia de perseguidores tópicos, los hombres de negro, el FBI, la policía, el padre de la chica y dos descerebrados cazadores, es un divertido ejercicio de humor y guiños a los aficionados de la ciencia ficción. paul2.jpg

Se trata de encontrar el lugar para que Paul sea rescatado por sus congéneres y, ¿cuál puede ser? Pues naturalmente la montaña truncada de "Encuentros en la Tercera Fase", con la intervención del mismisimo Spielberg (solo su voz, que nos perderemos en el doblaje) y de la teniente Ripley de "Alien", Sigourney Weaver, que es ya una madura y divertida señora que hace de mala, para variar.

La persecución por los agentes federales y el fanático padre de la chica, la lógica narrativa de la clásica pelicula de colegas un poco pasados de rosca, la presencia activa de un alienígena, suena a conjunto de tópicos del cine más ramplón, pero créanme en "Paul" todo se sale de los caminos previstos, empezando por la manera de hablar y de comportarse del alienígena. Quizá la vuelta de tuerca argumental del final sea un poco excesiva pero bueno, a esas alturas se lo perdonamos todo a Greg Mottola, el director, que sigue un guión irónico, burlón y bastante inteligente, escrito justamente por el par de supuestos tontos del haba que protagonizan la película.

Bueno, vayan a verla si quieren divertirse y más si son aficionados al género. Es una parodia con gracia. Y eso, vaya por Dios, casi es una novedad.

 

 

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19 julio 2011 2 19 /07 /julio /2011 17:24

lucesdebohemia.jpg

Don Ramón del Valle Inclán escribió "Luces de Bohemia" en 1920 y la revisó y reeditó cuatro años más tarde. No subiría al escenario hasta 1970. Está considerada como una de sus obras más interesantes, entronada en  el "esperpento", un género teatral definido en la propia obra por su protagonista Max Estrella, como "una forma de mirar el mundo".

Se dice que don Ramón, que solía aprovecharlo todo en la vida para tratar de ganar dinero con su escritura, se basó en la figura del bohemio Alejandro Sawa, un escritor fracasado, pobre de solemnidad. Cuando este murió, don Ramón es cribió esta carta a su amigo el poeta Rubén Darío: " Querido Darío: Vengo a verle después de haber estado en casa de nuestro pobre Alejandro Sawa. He llorado delante del muerto, por él, por mí y por todos los pobres poetas. Yo no puedo hacer nada, usted tampoco, pero si nos juntamos unos cuantos, algo podríamos hacer. Alejandro deja un libro inédito. Lo mejor que ha escrito. Un diario de esperanzas y tribulaciones. El fracaso de todos sus intentos para publicarlo y una carta donde le retiraban la colaboración de sesenta pesetas que tenía en El Liberal, le volvieron loco en sus últimos días. Una locura desesperada. Quería matarse. Tuvo el final de un rey de tragedia: loco, ciego y furioso".

Pues bien, esto es lo que nos narra Valle Inclán en "Luces de Bohemia", donde Max se enfurece por la carta del Buey Apis anulándole la colaboración. También Max, como Sawa, está casado con una mujer francesa y tiene una hija. Max Estrella, escritor bohemio ciego y mísero pasa su última noche, recorriendo el Madrid de las tascas con su amigo Don Latino de Hispalis, un truhán indigno y aprovechado, cínico y cruel. Max acaba en la cárcel y es liberado esa misma noche en la que la fortuna parece apiadarse de él en la persona del ministro del Interior, antiguo condiscípulo. Pero ya es tarde y el corto camino hacia la noche final se reanuda hasta la muerte en plena calle (donde es robado por su propio amigo don Latino, que se queda un décimo de lotería que resultará premiado y que el granuja aprovechará, olvidando a la viuda y la huérfana (que acabarán suicidándose).

La versión que nos ofrece el Festival, Grec, en la Biblioteca de Catalunya, dirigida por Oriol Broggi y solventemente interpretada por Luis Soler, no alcanza la dignidad y la grandeza de la versión de José Tamayo, en los 70, con un José María Rodero espléndido, "estupendo", como diría el villano de don Latino. Con un Agustín Gonzalez en el papel del "amigo" que ponía los pelos de punta. Lluis Pascual volvió a dirigirla en 1984, también con el enorme Rodero en el papel de Max. Fue llevada al cine por Miguel Angel Díez en 1985.

Es la primera vez que una compañía catalana, La Perla 29, lleva al escritor de barbas de chivo en su más glorioso esperpento al escenario, en este caso las antiguas cuadras del palacio donde se asienta la Biblioteca. Max se convierte en la versión de Broggi en el paradigma del hombre lúcido que en su ceguera ve con claridad el desastre cultural que era --¿es?-- la España del principio del siglo XX, aunque trata de extrapolarla, en su propias palabras y hacer un "repaso de la actualidad política y social española, y una profunda reflexión sobre la cultura española y, a la vez, sobre la existencia".

Lo cierto es que la esperpéntica obra, un drama excesivo y a veces redundante y reiterativo, no ha envejecido bien. La versión trata de mantener la dignidad de un personaje al que se le escapa la lucidez por las costuras de los tópicos y el griterío. No satisface las comparaciones con las otras versiones y aunque Soler es un buen actor y la puesta en escena es hábil y minimalista, uno sale del polvoriento escenario, un espacio rodeado de publico por todas partes menos por una, pensando que quizá es preciso más imaginación y energía creativa para dar a la historia de Max Estrella una garra que la haga más actual.


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18 julio 2011 1 18 /07 /julio /2011 10:18

Todos-eran-mis-hijos_listad.jpgHe aquí un ejemplo de obra de teatro ejemplar, tratada de una forma poco ejemplar por el director e interpretada poco ejemplarmente (con una digna excepción) y acogida con hambre de teatro y un considerable -y escasamente ejemplar- despiste textual por el respetable público, que me merece todos los respetos, pues no es fácil descubrir cuando nos venden gato por liebre..

Claudio Tolcachir ha debido entender que la densa, profunda y dolorosa tragedia que nos narra Arthur Miller en "Todos eran mis hijos", merecía una lectura más, digamos, amable, incluso divertida, para atenuar un tanto la dureza del asunto con la que el ex esposo de Marilyn Monroe pretendió fustigar las conciencias de sus conciudadanos tras la segunda guerra mundial. Así que para un no conocedor de las numerosas versiones, en teatro y en cine, que se han hecho de esta obra, la cosa resulta muy llevadera. Incluso para mi bochorno, el director de esta versión que el festival Grec de Barcelona ofrece en el teatro Poliorama, logra que algunos personajes y algunas salidas de tono o comentarios o miradas innecesariamente cómicas hagan surgir algunas risas en el patio de butacas.

Muchos espectadores, entre los que me encuentro, no podíamos dar crédito a esos momentos que atenuaban artificialmente el angustioso tempo de acción de la historia tal como la creara el gran AM. Dejando aparte que ha habido un cercenamiento considerable del texto, con la notable excepción del actor Carlos Hipólito, contenido y austero en su digno trabajo, el resto del elenco sólo roza el aprobado y alguno de ellos suspende en toda regla (aunque tal vez sea un daño colateral de la dirección).

La vida de  esa familia que espera el regreso de un hijo desaparecido en la guerra, el segundo hijo que desea casarse con la novia de su hermano ante el rechazo de la obsesionada madre, el oscuro comportamiento del padre de familia durante la guerra, la culpa, el silencio, el miedo, la verguenza, la ira con la que se rodea a esa familia por su vinculación con la fabricación de unas piezas defectuosas de aviación que costara la vida a muchos pilotos... toda esa compleja historia de terribles responsabilidades, de mentiras y ocultaciones, de sospechas y de odio y rechazo social, forman una historia que como en "La muerte de un viajante" suscitan todo tipo de emociones menos  una relajada diversión y comicidad.

Ramón Olivé, en "La Vanguardia" condena sin paliativos el montaje. Me adhiero. Hay que respetar a los clásicos o nadie respetará al teatro y a su esforzada gente.

Y aun así, señor, que sigan llegando clásicos. Más vale una versión discutible que un erial sin clásicos.

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17 julio 2011 7 17 /07 /julio /2011 17:30

Cada-siete-olas.jpgDaniel Glattauer es un vienés de 51 años, periodista y escritor que logró el pasado año quedar finalista en el premio German Book Price con una novela "Contra el viento del norte" (publicada en Alfaguara) con un éxito más que mediano y que poco a poco se ha convertido en un best seller, sobre todo para los jóvenes comprendidos en el arco de los veinte y algo y treinta y muchos, jóvenes adictos a la red de redes, mileuristas o no, pero eso sí, irremediablemente románticos, medianamente cultos y sentimentalmente descontentos. En esa primera novela sobre los amores emailescos entre  Emmy Rother y Leo  Leike, este tipo de amores epistolares basados en un cierto ingenio expresivo y en el confort relativo y audacia emocional que emanan de la caracteristica del medio: el anonimato e invulnerabilidad relativos de internet, asistimos a la presentación, muy hábil y eficaz, de los dos protagonistas a los que llegamos a distinguir simplemente por el tono de sus respuestas y preguntas. Esa primera novela nos deja con la miel en los labios. El hombre y la mujer que se confiesan amor pero no se atreven a conocerse físicamente, que nos han encantado con la versatilidad, el humor, la ternura y las triquiñuelas sentimentales que emanaban de sus emails, vuelven a cruzarse en sus pantallas y nos devuelven a los lectores sus presencias a través de una nueva novela "Cada siete olas", también editada por Alfaguara.

Seguimos siendo testigos de esa diálogo intenso, ritualista, a veces rutinario, y vemos como los personajes comienzan a comprometerse entre ellos. Hay una primera cita y somos testigos de las dudas, los temores, los reproches, los desafíos que cada uno expone en un sendero de acercamiento que lleva al final, quizá ya sin posibilidad de reanudación.

 Glattauer ha abierto la puerta a un nuevo género: la novela compuesta de emails. Ya habia visto antes algun timido intento más o menos pasable, pero hay que reconocer la calidad literaria de este autor vienés, su atrevimiento técnico, la habilidad con la que sortea las dificultades expresivas del medio utilizado, la capacidad de mostrar con un lenguaje de hoy los sentimientos y las emociones que hacen vibrar a los seres humanos.

Emmi y Leo se han sentado a la orilla del mar de la vida, a través de internet, para propiciar y esperar que tras seis holas calmosas, rítimicas y monótonas, llegue una séptima que permita romper con todo, renovar la propia vida y dejar espacio al amor. El mayor acierto de este autor es lograr que no nos aburrran los emails que fisgoneamos en la novela y también hacer que nos involucremos en la trama y deseemos que esas  dos personas, tan bien descritas a través de sus propias palabras y emociones reflejadas, lleguen a unirse. Nota bene: a pesar de lo que diga la publicidad, las dos novelas no tienen porqué leerse en orden secuencial. Forman unidades separadas y bien cerradas en si mismas. A fuer de sincero, me convence más el final de la primera novela que el de la segunda,  que a pesar de los placeres que depara al lector es un poco más de lo mismo. Eso sí, muy hábilmente presentado.

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15 julio 2011 5 15 /07 /julio /2011 17:39

excursiones-4904.jpgNos despedimos hoy viernes de Andorra. Antes de cruzar el Principado para entrar de nuevo a España y volver a la normalidad, Jaime y yo decidimos despedir estos dias magníficos de montañismo haciéndolo a lo grande: Subiendo al Casamanya Sur (2740 m), esa cima redondeada y pelada, con dos hermanas que la acompañan y que forman la triada central andorrana, el corazón montañero del país, desde cuya cumbre es posible disfrutar una visión panorámica de parte del entorno abrumador de montañas y valles andorranos desde España a Francia.

El itinerario de subida es sencillo, aunque muy empinado (han de superarse mas de  800 metros de desnivel) está orientado a mediodía y suele ser muy frecuentado. De las tres cumbres, la tercera, (norte) es la mas interesante debido a las formaciones kársticas realizadas por viento y agua en las rocas, excursiones-4917.jpgpero debido al poco tiempo esa la dejamos para otro día (yo la visité hace tres años y es una especie de decorado pétreo de un sueño de Dalí. Fastuoso y lleno de misterio).

En esta ocasión subimos a la primera, pico sur, desde el Coll o Puerto de Ordino (1983m), muy bien señalizado en plena carretera comarcal que une los valles de Ordino y Canillo con una pista transversal que va zigzagueando montaña arriba desde Ordino y luego desciende vertiginosamente hacia Canillo.

Dejamos el coche en el Coll, (este año han dispuesto una zona de aparcamiento) y comenzamos la subida hacia el norte, bajo un bosque tupido que apenas deja entrever el valle de Canillo al fondo, en  un sendero muy bien marcado que ha sido y es muy transitado. La pendiente es aqui suave pero constante y uno va por la umbría sobre una superficie tupida de hierba y raices de los árboles que se ciernen sobre ella.excursiones-4940.jpg

Unos veinte minutos bastan para dejar atrás el bosque (ya superamos los 2000m) y comenzamos a pleno sol la subida por el lomo herboso de la cresta que debe llevarnos hasta la cima. A la derecha, vemos al fondo el valle del rio Urina, y la pendiente empiza a ser exigente. Desde el sendero el caminante suele equivocarse al creer que se acerca a la cima, cuando primero ha de superar cuatro antecimas antes de llegar a divisar el monolito de piedras y la barra señalizadora encima de él, que indican la cima del Casamanya sur.

Tras la collada de las vacas, llegamos a una zona pedregosa llamada "Llosers de Naudí" donde el sendero va haciendo lazadas, en un piso de piedras esquistadas y terreno descompuesto, en un intento de aliviar la inclinación enorme de la pendiente que solo se atenúa al llegar al lomo calcáreo que ya antecede a la cumbre. Aún habrá otra lomita pero ya divisando la cima, mientras el sendero se encresta y casi parece volar sobre las profundidades de la serra de Sauvata, con

 

 

pendientes que a la derecha se precipitan hacia el valle desde las tres cimas casamanyeras.

Fotos de rigor de la cima y del soberbio panorama en el que distinguimos, majestuoso, el Comapedrosa, la Roca Entrevesada, el Pic del Estanyo, el de la Cabaneta, el de Ransol y Mil Minut, Arcalis, de la Serrera, el Anrodat en la frontera con Francia, en fin una especie de telón de fondo de montañas azules, un sky line de angulosas y recortadas cimas que provocan en cualquiera la admiración y el deseo de llegar a ellas.

Volvemos a bajar y la amabilidad del sendero (sin grandes piedras que esquivar o rebasar, sin tarteras resbaladizas y llenas de grietas, o terrenos desmenuzados) en muchos lugares rodeados de bancales de hierba, me permiten una despedida personal más especial: bajo corriendo, lo que transforma la bajada de hora y media en los sesenta minutos exactos. Como dijo el general Mc Arthur en ocasión muy diferente: "Volveremos".

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14 julio 2011 4 14 /07 /julio /2011 17:01

excursiones-4842.jpgEl día ha amanecido resplandeciente y, como ayer, se ha ido decantando hacia el cielo nuboso y el viento frío. Nos hemos desplazado hasta la estación de esquí de Arinsal y tras pasar el túnel que lleva a las ultimas edificaciones del pueblo hemos aparcado en la entrada a la pista que desde allí mismo sube empinada hacia las montañas que rodean la zona.

Es una forma de empezar a calentar músculos bastante brusca. Unos treinta minutos de subida y 200 m de desnivel acumulados, casi nada si lo comparamos con los más de 1400m que habremos de superar caso de que podamos subir al Pico de Comapedrosa (2939m) la montaña más alta de Andorra enclavada en uno de los parques naturales de este país con mayor renombre.

excursiones-4840.jpgLa pista nos lleva a un cruce de senderos, el GR11 que se interna en el bosque en una momentánea bajada (luego será subida constante) y un GRP que lleva al refugi del Pla del Estany y al PIc de Baiau. Dejamos este último a la derecha y seguimos el camino al Comapedrosa que cruza por puentes de madera el rio de ese nombre y el del Pla del Estany. Enseguida comienza a ascender fuertemente en lazadas por la Obaga (umbría) hasta el Grau. Allí sale del bosque (entre cascadas del rio que se precipita del Cap de Canals de Ribanelles). Cruzamos el torrente que baja del cercano estany de las Truitas y por una pequeña canal llegamos al Collet de Coma pedrosa.

Allí se abre ante nosotros todo el circo del Valle, con sus lejanas montañas en la cabecera,  tras el velo de la niebla.

Atravesamos la enorme pleta, cruzada por torrrentes y con algunas construcciones tradicionales bien remozadas de ganado y pastoreo y dejamos sobre nosotros a la izquierda el refugio de Comapedrosa, amplio y confortable y guardado por tres damas maduras, francesas y andorranas. Seguimos por la orilla derecha del rio que cruza la pleta y lo recorremos hasta la base de la monstruosa tartera del Pic de Safont que se levanta a la izquierdaexcursiones-4783.jpg

A la derecha el camino sube haciendo lazadas hasta un rellano donde hay  un  estany pequeño (Les Canyorques) cuyas aguas reflejan la antecima esquistosa que nos llevará a la cima, aunque antes hemos de pasar junto al Estany Negre (donde segun  dicen, jamas tocan los rayos de sol). Son dos subidas considerables entre bancales de yerba y un suelo quebtradizo y a veces accidentado, con piedras de tartera.

La entrada a la garganta del Estany está cubierta de nieve y es por donde se desvia el GR11. Preferimos subir por el camino que lleva a la cima del Coma Pedrosa para obtener una vista mejor del Estany., El tiempo ha ido empeorando y le señalo a Jaime al norte y arriba el telón de niebla "Ahí está la cima", le digo. Un viento frío nos hace buscar refugio detras de las rocas.  El Estany Negro es bellísimo, oscuro como su nombre idnica, y es el fondo del embudo que forman esos monstruos de roca que son las montañas de Baiau, Agulla de Baiau, Sanfons, Roca Entrevesada y el gigante Comapedrosa, todos cercanos a los tres mil.

Para llegar al Pic hay que subir un desnivel de más de trescientos metros (calculamos unos 50 minutos) sobre roca esquitosa y arriba superar varias crestas, toda una carena,  algunas aéreas, aunque sin ninguna dificultad técnica o peligro, hasta llegar a la cima propiamente dicha del coloso. Sin embargo esta vez no va a poder ser. La visibilidad es bastante escasa (será imposible ver, si subimos, el Maladeta, la Pica e incluso el Canigó) y las nubes amenazan tormenta (aunque el viento acabará dos horas mas tarde por lanzarlas hacia el valle y los pueblos del norte andorrano). Decidimos dar por terminada la subida en ese punto y tras una mirada nostálgica en dirección de la oculta cima, bajamos hacia el refugio y después hacia Arinsal. Habran sido en total, unas siete horas y media de excursión, de una belleza que quita el hipo y un cierta prueba física de resistencia tras las más de tres horas de subida hasta el Lac Negre).

Al llegar al primer puente del rio Comapedrosa, nos descalzamos y cumplimos el ritual de meter los pies en el agua helada, que los deja en perfecto estado para dar el empellón final a la excursión.

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13 julio 2011 3 13 /07 /julio /2011 17:31

excursiones-4650.jpgTras las lluvias de anoche, una tormenta con mucho aparato eléctrico y el retumbar de los truenos, amanece un miércoles de cielo azul, soleado. Son las siete de la mañana. Preparamos la mochila y bajamos a desayunar. Cuando salimos a buscar el coche y acercarnos a la ruta elegida, el azul del cielo ha desaparecido entre algodonosas nubes blancas que, muy pronto, son desplazadas por nubes oscuras y bajas, niebla  bajando de las cumbres y un viento cada vez más frío que nos obliga a ponernos el polar.

La subida hacia la estacion de esqui de Grau Roig, cerca del Pas de la Casa, frontera con Francia, donde se encuentran los estanys del Cercle dels Colells, desde el muy frecuentado Estany Primer dels Pessons, hasta los menos conocidos y mas hermosos de Coma d'Estremera y de Mes Amunt, el Gran o el del Mig. Ya la subida por la deteriorada pista que lleva al Pessons fue invadida por la niebla. Ese frio y soledad de la pista nos permitió gozar de la fugaz presencia de dos cervatillos que se quedaron mirando el todoterreno como si no se creyeran que con ese tiempo habia humanos tan locos para subir y de improviso, cuando hicimos gesto de parar y salir a fotografiarlos, salieron de estampida, dando saltos colina arriba con la belleza, la fortaleza y la agilidad de esos bellisimos animales.excursiones-4667.jpg

Decidimos bajar rapidamente del collado mientras una niebla espesa iba adueñándose de todo.

Como consuelo, nos fuimos al Valle de Incles, un poco más abajo, un bellisimo rincón andorrano, valle glaciar desde donde parten numerosos senderos hacia las dos vertientes del valle.

La entrada del valle, estrecha, solo cabe un vehículo y la pista subsiguiente hasta la cabecera del valle donde se encuentra el aparcamiento y comienzan los senderos, estaba cerrada a vehículos por obras y tuvimos que ir andando los tres kms y pico. Mientras caminábamos por la estrecha pista admirando el paisaje que nos rodeaba, la lluvia seguía cayendo poco a poco y el frio se intensificaba. Al llegar al solitario aparcamiento tuvimos que tratar de escoger entre subir al Estany de Siscaró o al de Canals Roges (a unos 2500 m) o a los más lejanos del Fontargenta, Estanyol o el racimo bellisimo de los lagos de Juclar. Todos los senderos nacen en el puente de la Baladosa, donde se juntan aguas del rio Manegor, del Juclar y del Siscaró.

Decidimos subir al estany del Juclar que pasa por el refuigio del mismo nombre y comenzamos el sendero con una suave inclinación, una pista empedrada y muy invadida por corrientes de agua que lleva a un lugar habilitado para picnic de los visitantes no muy dados a las caminatas. Al llegar al espacio de bancos y mesas, donde parten de verdad los caminos que llevan a las alturas, estrechos y muy empinados, la niebla volvía a aparecer y las nubes oscurecían el cielo sobre nuestras cabezas.

Vuelta de nuevo sobre nuestros pies y para cerrar la  frustrante mañana, investigamos el trozo de GR (recién habilitado y arreglado) que lleva desde el puente por el otro lado del rio y paralelo a la pista, hasta el pueblo. En total, tres horas de caminata, un poco mojados y algo decepcionados a causa del tiempo.excursiones-4680.jpg

Sin embargo el valle de Incles merecerá otra u otras visitas. Como decía Verdaguer, mosén Cinto, en su poema Canigó, "Les valles d'Orino  i d'INcles son mes plenes// d'harmonia, de somni i de misteri// als raigs que hi deixa caure l'hemisferi//a la serena de qui cova el mon".

Es un valle de extraordinaria belleza, con una vertiente este (umbría) cubierta de bosques de coníferas y la otra, oeste (solana) llena de matorral de codeso, el piornal o genista, enebros, genyuba, sembrado de flores como el narciso silvestre, el lirio pirenaico o el alazor, toques de amarillo, blanco, rosa, morado o azul, de tal viveza y gusto que uno no para de admirar la genial paleta de pintor de la naturaleza. Sólo la acuciante y creciente presencia de casas, bloques de pisos y chalets en los lugares más hermosos pero inoportunos e inadecuados desde un punto de vista ecológico y paisajístico, ensombrecen la visita a estos lugares andorranos donde la montaña es la reina indiscutible con toda su belleza singular.

 

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12 julio 2011 2 12 /07 /julio /2011 19:18

excursiones-4610.jpgLa segunda jornada  senderista andorrana comienza con el país de Nunca Jamás y termina con un fiasco montañero: la pérdida del camino de subida del Pic de la Cabaneta. A las nueve de la mañana llegamos al acceso al Vall del Riu, un lugar poco evidente, situado en plena carretera -casi pista- comarcal de Ordino a Canillo. Se trata inicialmente de un circuito de enseñanza de naturaleza a escolares y turistas, una media hora de sendero muy bien preparado hasta el río y el puente que lo cruza y da via libre al sendero de verdad: más de setecientos metros de desnivel positivo hasta el Estany Gran donde nace el rio que da nombre al valle, con toda simpleza:Riu. E n ese breve lapso de senderismo didáctico se le muestra a los niños con carteles la flora y fauna del lugar en un ambiente de postal montañera, rodeados de flores naturales, montañas, prados y el río cantarino despeñándose ciento y pico metros más abajo por la estrecha garganta que ha ido labrando con  siglos de aguas lanzadas hacia el valle.

Pero a partir del puente hay que ajustarse las botas. Jaime y yo comenzamos una subida empinada que nos hace pasar fatigosamente ante derruidas cabañas o bordas de antiguos pobladores de la zona y se va lanzando hacia arriba buscando espacios libres y montañas lejanas. Una primera hora de subida entre bosques de abetos, pinos negros y algunas encinas y carrascas, por un sendero filamentoso que va haciendo lazadas en prados de hierba peinada por el viento y rocas como lajas, brotes de agua y el sonido de las esquilas del ganado caballar que veremos sobre todo en las alturas, pasados los dos mil metros, cuando ya los arboles dejan espacio a los prados, las extensiones herbosas y los riachuelos que van a nutrir al Riu de las escarpadas montañas que nos rodean.excursiones-4570.jpg

Hay una desviacion a la derecha que lleva a Les Plans y nosotros seguimos hacia arriba por el estrecho sendero que la hierba oculta a veces creando cierta confusión hasta que en lo alto del prado inclinado vemos un poste indicador que nos señala a la izquierda bordeando una casa amplia en la piedra del lugar, cerrada y con un gran prado delimitado por un murete de rocas negras.

Veinte minutos mas tarde, bordeando un pinar que va en brusco descenso hacia el rio, allá al fondo del valle, llegamos a un prado extenso en uno de cuyos extremos está el refugio de la Val del Riu, abierto y bien preparado como casi todos en este pais modelico para montañeros. Un poste indicador situado tras el refugio a la derecha, indica la dirección a seguir: para arriba por la ladera de la montaña hasta llegar a los pedregales de Les Fonts, media hora más tarde. Despues cruzaremos la Pleta de la Cabañeta, bordeando las escarpes esquitosos del Pic de les Fonts (nombre identico al pico que dejamos de subir ayer) por un sendero de inclinación constante que nos hace remontar en escalones del Passos dels Estanys, hasta un collado donde pasta una manada de caballos, abrevando en los cursos de agua que bajan de los Estanys. excursiones-4624.jpg

El sendero, marcas amarillas, nos lleva a la izquierda a superar una tartera de rocas medianas, pizarrosas, que hay que cruzar una y otra vez, en lazadas hasta llegar al lago propiamente dicho: el Estany Gran, de aguas oscuras en las que se reflejan las aristas empinadas del Pic del Estanyó, de casi tres mil metros.

Allí, junto a la orilla, Jaime y yo recuperamos fuerzas: fruta y agua y un rato mirando el cielo nublado en el silencio apenas roto por los lejanos canguilones del ganado que pasta ciento y pico metros mas abajo.

Hemos recorrido un paisaje digno del país de Nunca Jamás. Solo faltan los piratas y los indios. Pero uno mira a su alrededor buscando rastros de los Niños Perdidos o de Peter Pan (yo creo que hay un cierto Peter en el corazón animoso de cualquier montañero, sobre todo de los más maduros).

En todo caso este es un sendero que despierta el amor a la belleza natural, a la paz de las alturas, a ese cansancio optimista que nos cubre con su manto placentero cuando llegamos al punto de origen de la excursión, tras casi siete horas de caminata, descansos incluidos.

El único punto disfórico: ni Jaime ni yo logramos encontrar el sendero de subida al Pic de la Cabaneta (2862 m) con el que debíamos coronar la excursión. Ni señales, ni fitas. El mapa marcaba una linea que no sabiamos ver. Siguiendo sus indicaciones nos encontramos en una subida empinada, sin señales que nos llevaba a un collado desde donde veíamos cerca pero muy lejanos los picos de Estanyo y el de la Cabaneta, pero sin acceso visible. Frustrados nos volvimos al estany y de allí, a la bajada (unas dos horas y media), regalándonos un reconfortante y helado baño de pies junto al puente de inicio.

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11 julio 2011 1 11 /07 /julio /2011 16:48

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El primer sendero que he escogido para inaugurar estos cinco días de montañismo en Andorra con mi amigo Jaime ha sido el que nos lleva desde el pueblecito de Llorts por una empenadísima senda hasta la cabecera del valle de La Angonella donde hay tres lagos, cada uno a mayor altitud que su predecesor y un par de picos que tratar de asaltar.

A las 8,30 dejábamos el hotel Marco Polo en La Massana tras un discreto desayuno y cogíamos la carretera que lleva a Ordino y del bellísimo pueblo (donde en verano se suelen celebrar veladas musicales de renombre internacional) la que pasando por La Cortinada (allí se debe visitar la iglesia románica de Sant Marti,  con un  campanario lombardo y unas reformas de los siglos XVII y XVIII, donde aun se pueden admirar un mural del siglo XII dedivcado a San Martin de Tours, amén de retablos barrocos del XVII y un carillón del XVIII) y seguir hasta Llorts, en cuya plaza de la iglesia (románica) arranca el sendero señalizado con barras rojas y blancas del GRP.

Desde el mismo comienzo, el camino se vuelve apriscado, bordea bancales verdes y sube incesantemente con un piso de lajas sueltas y piedras, bajo pinos gigantes, un bosque que va integrando otros árboles de altura como abetos, formando un dosel verde que acompaña y sombrea el sendero, mientras el rio Angonella, que acompañamos por la izquierda, compone un cántico líquido de enorme fuerza y brío, pues baja saltando entre las piedras y los árboles.

El sendero va ganando altura sobre el río, que se encajona en un desfiladero poco practicable, pero siempre presente con el fragor de la caida de sus aguas. A unos 45 minutos superamos las bordas de la Mollera, unas masías que no se ven hasta que ya estás muy encima de ellas, pero si pasamos junto a una cabaña de pastor en perfecto estado, realizada con gran maestria con las piedras planas que abundan en la montaña. El rio forma una serie de cascadas mientras a nuestra derecha vemos bajar las aguas del Aiguarebre que se une al Angonella aportándole sus aguas ferruginosas que dejan un paisaje rojo cobrizo en las piedras por donde pasa.

El sendero, que no abandona su fuerte desnivel en ningun momento sube haciendo lazadas entre rocas y terrazas de hierba, hasta el estrecho de la  Angonella, entre lajas enormes de piedras, una tartera que parece una cascada de gigantescos pedruscos, que nos da acceso - más o menos a las dos horas de estenuante subida - a la Plata de la Angonella, unos bancales de prados formando una gran explanada donde está la casita de piedra gris del refugio sin guarda (pero en un estado de limpieza y útiles que envidiarían todos los del resto de los Pirineos españoles (cosa frecuente en Andorra donde se cuidan mucho todo lo concerniente al senderismo y alta montaña) y la maravilla de los caballos que pastan durante todo el verano en la zona, libres y sin pastores, campando a su aire y ofreciendo al caminante una estampa de belleza natural emocionante. Los animales están relajados y van a lo suyo, entre cauces de aguas más serenas que abajo, que provienen de los lagos de la cabecera del valle, junto a algunas cascadas y retozando por prados de un verde luiminoso.andorra1angonella-078.jpg

A diez minutos estyá el primer lago, el Estany de Mes Avall, casi un aguamoll, donde dejamos el GRP a la izquierda que va a subir al Pic de les Fonts (una alternativa muy buena si el tiempo acompaña y no estás derrengado por los mil metros de desnivel superados en solo dos horitas), pero nosotros seguimos por la derecha bordeando el lago para subir al Estany del Mig, una masa azul rodeada de montañas que se alzan desde la orilla como murallas pétreas, y en un último esfuerzo, hasta el Estany de Mes Amunt, a 2.436  m, que muestra sus aguas trasparentes (y muy frias) en el centro de un circo de grandes cumbres, los picos de Arcalis, Cataperdis, L'Angonella y Les Fonts, todos acercandose muicho a los 3000 m, donde aun quedan manchas blanas de neveros no derretidos.

Alli, junto a la orilla, resguardados tras unas piedras grandes de un viento helado que azota el lugar, en un silencio casi sagrado, tomamos algo de fruta y agua para reponer fuerzas.

La bajada es preciso realizarla con cautela, dada la inclinación es fácil resbalar, pero en unas dos horas se puede volver al pueblo. Dejamos con un suspiro de fastidio la subida al Pic de les Fonts debido a la mala catadura de las nubes que avanzan desde el norte y muestran vientres casi negros (incluso los caballos parece que se van reuniendo en torno al refugio). Luego, como a veces sucede, se irá deshaciendo la amenaza y al llegar al pueblo reina el sol, aunque un aire fresco circula entre las viejas calles (estamos a 1430 m).

En total, contando paradas para hacer fotos y tomar algo, son seis horas de verdadero -y algo cansador-- asombro natural.- Ha sido un buen comienzo de semana y ante dos cervezas heladas en una terraza de Llorts, ambos susurramos al unisono "Esto es vida".

 

 

 

 

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