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15 marzo 2011 2 15 /03 /marzo /2011 12:13

Destino_oculto-716611-full.jpgVer a Matt Damion correr desesperadamente, perseguido por alguien, en la selva urbana, comienza a ser algo muy frecuente en este actor que cada vez se especializa más en papeles de acción (aunque le vimos muy contenido en la ultima de Clint Eastwood , "Más allá de la vida" y un poco menos en "Valor de ley" de los Cohen). En esta ocasión Matt es perseguido por unos misteriosos hombres con sombrero que parecen vigilar que la vida de las personas se ajusten milimétricamente a un guión preescrito en el que todo está consignado y que suele diseñar el Director, un ser superior que lo controla todo. "Ustedes le dan muchos nombres", dice uno de los supuestos "ángeles" a Matt, cuando nuestro héroe descubre accidentalmente el pastel y pregunta quién está detrás.

Pues bien, "Destino oculto",  dirigida por George Nolfi (que también dirigió a Damon en la ultima entrega de Bourne) con una Emily Blunt en estado de gracia y un acartonado Terence Stamp que conoció tiempos mejores, pero aún  sigue intranquilizando con la mirada fria de sus ojos y el gesto pétreo, nos cuenta una historia basada en el relato de Philipp K. Dick, el gran maestro de la ciencia ficción, "Equipo de ajuste".

La película trrata pues de la inexistencia del libre albedrío, pero no profundiza mucho en eso, lo deja a nivel anecdótico. Porque tiene otro componente más importante: le fuerza del amor, capaz de desvirtuar de una forma decisiva los guiones que vivimos (base del llamado "Análisis Transaccional" en psicología) y vencer todos los obstáculos. Aunque uno se pregunta, una vez el amor une a la parejita Damon-Bhunt con el debido reajuste de su guión, ¿donde queda la libertad de esos individuos que vuelven a estar sujetos al nuevo guión?destinooculto--253x350.jpg

La película tiene un dinamismo brillante, la música es excelente y aunque a uno le sobran tantas puertas - parece una película de Lubitch- en este caso siempre llevan a sitios insólitos, truquito de montaje que acaba siendo previsible, el espectador cinéfilo acaba notando un sabor conocido en las neuronas: desde "El show de Truman" a "Blade runner", "Matrix" o "Desafío total". Con una diferencia, todas las películas citadas supusieron un aldabonazo de originalidad y eficacia narrativa en el género, alguna incluso ha pasado al rango de clásico, como "Blade Runner" o "Matrix", mientras que esta se ve con cierto placer pero no dejará huella en la memoria selectiva del cinéfilo.

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15 marzo 2011 2 15 /03 /marzo /2011 08:35

Aunque no lo crea, lector, esto nos afecta a todos. Afectará el poder adquisitivo de sus euros, quizá a su empleo, a los precios y a sus deudas. Lea y tiemble después de haber leído, como decía La Codorniz. El jueves pasado, la agencia de calificación Moody’s rebajó en un peldaño la solvencia de la deuda española, desde AA1 a AA2, pues asegura que la recapitalización de las cajas de ahorro costará al menos 50.000 millones, anticipándose en unas horas a un informe del Banco de España (una entidad bastante fiable internacionalmente por la seriedad de sus apreciaciones) que estimaba que el fondo que necesitaba ese sector de la banca española como garantía para su recuperación era de muchísimo menos, 15.143 millones. Por su parte, la agencia Fitch, lo cifró en 38.000 millones. ¿Cuáles son los baremos, los análisis, las estimaciones en las que se basan Moody’s o Fitch, para emitir un dictamen de futuro que tiene tan graves consecuencias sobre un país y, en definitiva, sus ciudadanos? No se sabe, no se contesta. Un inversor serio e imparcial que analizara las fuentes del Banco de España y las comparara con las de Moody’s, seguramente se asombraría de la diferencia cualitativa que existe a favor del Banco español.

 Moody’s fue creada a comienzos del siglo XX y su ámbito de actuación era el mercado de bonos financieros norteamericano. A partir de los 50 comenzó a expandirse junto con el colonialismo económico y cultural de la gran potencia. En este siglo, más de cien países dependen de su humor (siempre interesado) y sus decisiones (no siempre interesantes y acertadas, caso Canadá y la crisis asiática en los 90 o las subprime y bonos basura hace unos años y otros asuntos poco claros que ahora no recuerdo). Estas firmas de rating trabajan en la calificación de la fiabilidad de entidades comerciales y gubernamentales. Estas calificaciones que son reflejadas por un código de tres letras no siempre son acertadas, alguna vez están amañadas o desvirtuadas, siempre obedecen a intereses financieros, comerciales o políticos de difícil categorización. Tres A mayúsculas, es la calificación de máxima seguridad, mínimo riesgo, para un Gobierno o una entidad (en los setenta la triple A era una organización terrorista de extrema derecha, -la Alianza Anticomunista Argentina-qué cómica coincidencia).

La importancia y supuesta credibilidad de esta agencia hace que un simple anuncio sobre una rebaja futura o real de su calificación provoca un gran impacto político y económico, hace tambalear las Bolsas, sacude los Gobiernos y entierra a las entidades (o las salva). Y para complicar las cosas no está solo ella en el ámbito financiero de occidente, también meten su cuchara en el puchero revuelto Fitch Ratings y Standard& Poor’s. En octubre de 2010 se apeó a España de su triple A, el reconocimiento a la seriedad de los cambios que estaba haciendo el Gobierno (con bastante pesar de la sociedad española, que es quien suele pagar los platos rotos y la cuenta) con lo que agudiza por contagio la falta de confianza en el sistema monetario europeo y encarece la financiación de la deuda. No soy un experto en economía, desde luego, pero llevo muchas décadas analizando cuestiones que atañen a la política internacional y los problemas de macropolítica financiera y económica no me son ajenos. La experiencia me dicta que en estos casos de oscura racionalidad, recuerde la tragedia de Eurípides, Medea, cuando tras viéndose forzada ésta a asesinar a sus hijos, exclama en su defensa: "Quid prodest scelus, is fecit". Es decir: "Aquel al que favorece el crimen es quien lo ha cometido". Pues eso, cuando leo las actuaciones de Moody’s, y de las otras agencias me pregunto lo mismo siguiendo a Medea, ¿a quién favorecen las calificaciones negativas –a veces también las positivas que no son realistas- de estas agencias de opinión con tan poderosos efectos?

 En tiempos de euforia económica no se apuren, avalarán las aventuras financieras (con resultados a veces devastadores) y en tiempo de penuria se ensañan con los países más débiles y afectados. En el caso de España, en plena sequía crediticia, las decisiones y opiniones de Moody´s podrían favorecer la especulación de ciertos fondos y retardar gravosamente la recuperación española, debilitar el euro y afectar a países con dificultades más serias como Grecia, Portugal e Irlanda. ¿A quién favorece esa prepotencia calificadora de Moody’s? ¿Ciertos Gobiernos, grupos de presión, empresas especulativas? En vísperas de la reunión de ministros de economía de la UE y de la visita de la ministra Salgado a la reserva federal de Estados Unidos, la decisión –opinión- de Moody’s ha hecho un flaco favor a la economía española, ya que con peor rating la deuda será más cara y más difícil de refinanciar y se dificultará la concesión de créditos, eso sin mencionar en el daño a la confianza de los mercados en España. Y para ampliar la campaña de descrédito, la agencia ha rebajado también la solvencia de Cataluña (la peor nota de todas) Castilla-La Mancha, Murcia y Valencia y también la de la ciudad de Barcelona. Lo dicho, “Quid prodest?”.

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14 marzo 2011 1 14 /03 /marzo /2011 18:01

_joaquin_ibarz-_en_una_tranquila_plaza_de_huesca_b066582b.jpgComo del rayo se me ha muerto Quim Ibarz, a quien tanto quería. Bueno, uno va acumulando años y en ese recorrido, cuando es largo y nutrido, se acumulan amigos, enemigos, amores, desencuentros, hallazgos rutilantes y decepciones tristes. Quim fue un hallazgo . Le  conocí nada más entrar en La Vanguardia, pues fue nombrado corresponsal en América Latina siendo yo jefe de sección de Internacional. Viejo Quim, compañero del alma, compañero, cuántas veces hablamos por teléfono, tu siempre al quite de la noticia, yo muy a menudo teniendo que hacer el incómodo papel de administrador de espacios. "Quim, muchacho, no tengo más hueco que dos columnitas en la tres". Protestabas, Quim. " Alberto, ésto es importante, créeme" y es que para ti todo tu trabajo, ese amor profundo por la profesión, por la verdad, por la justicia, era importante. Y en todo caso, tu lo hacías importante.

En verano aparecías por la redacción y Miriam preparaba una comida fraternal donde todos escuchábamos tu palabra apasionada, siempre apasionada,  aunque disfrazada bajo un tono de voz ligeramente nasal, amable y como indiferente, con destellos de un sentido del humor seco y honesto.

No formaba parte yo de tu grupo más íntimo. Ambos nos respetábamos y había afecto y simpatía, me hablabas de tus colecciones y de tu casa en México, de tus hoteles preferidos en Nicaragua o El Salvador (donde fui con la APE en una comisión de vigilancia de las elecciones) y de que no tenías pensado jubilarte jamás porque el periodismo (como para otro clásico, Tomás Alcoverro) era tu vida y el sentido de tu existencia, como la carrera de las armas y la clerical, "imprime carácter". Me fascinaba tu energía explosiva, paradójicamente calmosa al estilo más "cuate" y viví con angustia algunos de los episodios negativos en los que te obligaron a meterte.

Para mi, Quim, eres -siempre lo serás- un periodista de referencia, un gran amigo y una mejor persona todavía, cosa que escondías con una retranca y un pudor personal que te alejaba de los muchas vedettes que hay en nuestro "oficio de cafres", en definición de otros dos clásicos desaparecidos, José Casán y el gran Carrero, "Barin", maño como tu.

Ahora te dejo, Quim, ya te veo inquieto por marchar. Se que estás deseoso de pulsar tu nuevo destino entre las buenas almas de la buena gente. Afilas tus dotes de observación, esa mirada mitad guasona y mitad analizadora, lúcida y libre de compromisos con nada y con nadie, vas a prepararte para enviarnos tu primera crónica desde el cielo. Y llegará antes de la hora de cierre. Tal vez en forma de puesta de sol, de flor fuera de temporada, de lluvia en el desierto, de buena acción anónima. Estoy seguro de que descansas en paz.

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12 marzo 2011 6 12 /03 /marzo /2011 12:19

Un_mes_al_camp_639x756.jpg

Silvia Bel compone una magnífica Natalia en la versión que Josep María Mestres presenta en el TNC barcelonés del clásico de Turgueniev "Un mes en el campo". Todas las contradicciones, la perplejidad interior, la locura emocional que embarga a esa aún joven aristócrata rural rusa, casada, con un hijo, pero enredada en una semiplatónica relación (por parte de ella) con un amigo de su marido, el intelectual Rakitin (un contenido y excelente Josep Manel Casany) y al fin enamorada por primera vez del joven profesor de su hijo, un hombre de extracción humilde,  Beliaiev (Robert González), resulta un embriagador catálogo de las emociones amorosas humanas, con toda su carga de celos, tristeza, desconciertos, crueldad y dolorosa vulnerabilidad.

Desde una de las primeras filas pude asistir emocionado a un recital sorprendente sobre todo de la protagonista y de su zarandeado cortejador Rakitin. En uno de los momentos clave de la obra, cuando Natalia se siente perdida antes las emociones que la invaden y la desequilibran, sin saber qué es lo que le ocurre y su amigo Rakitin le aclara, con dolor contenido, que todo ese océano de emociones se debe a que está enamorada por primera vez, y no de él, de un joven de otra clase social y mucho más joven que ella (doble escándalo social en la Rusia zarista, en un medio rural de una rigidez social medieval), en ese momento, el rostro que Silvia Bel dirige al espectador, hurtando la mirada de su despreciado amante nunca real, es un rostro donde anidan emociones contradictorias y un dolor tan sincero que sus lágrimas conmueven a quien logra verlas.

Hay que felicitar al TNC que ha reducido el aforo de su Sala Gran para acercar a todos los espectadores el detalle de las actuaciones.

La obra está ilustrada musicalmente por Lluis Llach, tiene una escenografía y vertuario acorde con la época en que se escribió,1872 (gracias aDios en esta ocasión no ha llegado la maldita moda de la "contemporanización"), y los actores cumplen en general con sus papeles de un forma muy aceptable, con las dos excepciones perfectas que apunto.200px-Turgenev_by_Repin_1879.jpg

Se dice que Turgueniev escribió "Un mes en el campo" evocando su propia experiencia personal, amante de una mujer casada, la cantante de ópera de origen español Paulina Viardot García, también casada con un amigo del escritor. En la obra se diseccionan los sentimientos humanos con la habilidad del escalpelo de un cirujano, principalmente en aquéllos que provoca y remueve uno de los temas predilectos de Turgueniev, sino el principal: el amor, en una visión nada idílica, realista y lúcida, pero también pesimista.

En sus principales obras: Primer amor, Torrente de primavera, La vispera, Humo, Padres e hijos, Relatos de un cazador, Turgueniev siempre tiene una lucidez emocional brillante y una exposición bellisima llena de elegancia y de hallazgos expresivos. Es el precedente de Chejov, quizá menos profundo que éste, pero también más divertido y cercano. Para mí es unos de los más atractivos exponentes de los dramaturgos que analizan el amor, sentimiento complejo que, como él mismo dice, "aunque lleve o no, a la bondad, limpie la piel y la haga resplandecer o gratifique la propia vanidad, no suele conducir a la felicidad".

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9 marzo 2011 3 09 /03 /marzo /2011 15:57

-GaddafiEn 1926, don Ramón del Valle Inclán dio a luz su novela “Tirano Banderas” donde nos muestra la faz de un tirano, un dictador cruel, codicioso e inhumano al que, harto de sus tropelías, acaba derrocando su pueblo. En 1993 Luis Garcia Sanchez estrena una película sobre la novela, con Gian Maria Volonté como protagonista. Al recordar el rostro impasible, duro, animalizado del dictador Banderas, me ha venido a la mente Muamar el Gadafi, el déspota libio atrincherado en Trípoli, imagen acartonada y brutal de todos los excesos del poder (con la tolerancia y el vasallaje, hasta hace muy poco, de los gobiernos de los países más “desarrollados” de occidente, para nuestra histórica vergüenza).

Los sátrapas del poder absoluto, de la brutalidad omnímoda, han florecido en la historia como las setas venenosas. Y la literatura, espejo de la vida, se ha hecho eco de esas personalidades patológicas en las que toda crueldad y abuso están presentes.  A bote pronto uno recuerda a Roa Bastos y a su “Yo, el Supremo”, “El otoño del patriarca” de García Márquez, “La fiesta del chivo” de Vargas Llosa, “El recurso del método”  y “El reino de este mundo” de Alejo Carpentier, los retratos esbozados por Carlos Fuentes en “Terra Nostra”, “El señor presidente” de Miguel Ángel Asturias, “La novela de Perón” de Tomás Eloy Martínez, “Autobiografía del general Franco” del gran Manolo Vázquez Montalbán, “Dinossauri excelentíssimo” (sobre Salazar) de José Cardoso Pires, “El General” de Severo Sarduy o “La brizna de paja en el viento” de Rómulo Gallegos… Y esto solo con personajes que hablan castellano o portugués. No abundemos en los que desde el terror y la vergüenza han narrado vidas semejantes a las de Amin, Mubarak, Ben Alí, Stalin, Hitler, Mussolini, los sanguinarios tiranos africanos, asiáticos, chinos…

Juan Goytisolo se preguntaba en un artículo reciente sobre el proceso mental de uno de esos especímenes a la hora de la caída, del derrocamiento, de su muerte por la furia vindicativa de su propio pueblo.

Yo creo que la emoción más poderosa que debe atenazar esos cerebros (alguno brillante, aunque herido por la maldad) es la sorpresa, la punzante sensación de “injusticia”, la de “inocencia” vejada, el despecho, la incredulidad, el ansia de venganza sobre los desagradecidos súbditos... Les puede parecer increíble, pero posiblemente se acerca a la realidad.

 

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9 marzo 2011 3 09 /03 /marzo /2011 12:29

NATALIE-BLACK-SWAN_galeriaBig.jpgSi le gusta Tchaikovsky, si le emociona el ballet, si le van las películas donde se juega con elementos oscuros y primordiales, con símbolos, con juegos de la mente torturada, si tolera que utilizando las mentiras de la mente obsesionada le engañen visualmente...le gustará "Cisne negro". La película de Davren Aronojsky tiene todos los ingredientes para hacer de ella una muestra brillante y fascinante de un viaje psicodélico a las profundidades del alma de una muchacha obsesionada por el éxito hasta extremos patológicos.

La historia de esa bailarina (portentosa Natalie Portman) delicada, sensible y vulnerable como el cisne blanco que aspira a danzar, que debe pagar un precio altísimo para ser capaz de convertirse en el cisne negro que supondrá su muerte, es una historia que sobrecoge, a la que sobran algunos efectismos baratos de película de terror y faltan otros de compasión y profundidad psicológica.

La bailarina, sometida a la presión de un duro director (Vincent Cassel), manipulador y egoísta (todo por el espectáculo) y de una madre absorbente que pretende vivir el éxito (que no tuvo en su propia juventud, también fue bailarina) a través de su hija con una sobreprotección mezquina, son dos elementos activos de una fuerza destructiva excesiva para la tierna protagonista.

Es la historia de un  viaje iniciático, desde la inocencia hasta la incierta maldad que produce el uso de cualquier medio para conseguir un fin, una renuncia trágica al equilibrio personal para lograr el éxito. La bailarina es un ser  herido desde el principio, en la que afloran comportamientos y actitudes que evocan un problema psicológico serio, una patología psíquica que roza la esquizofrenia y, al fin, permite que la domine.

El juego permanente del espejo como puerta al otro, al lado oscuro de la mente de cualquier persona, tiene un efecto desolador y destructivo en la de la muchacha. Recuerda las obsesiones de "El doble", la novela de Dostoievsky, el asesino escindido de "Las manos de Orlac", es decir, la eclosión simultánea de una subpersonalidad perversa que acaba dominando a la que llamaremos "normal". Los continuos desdoblamientos de la psique de la bailarina, las escenas violentas o de fuerte contenido sexual (los dos centros desequilibradores, fuertemente reprimidos por ella) nos son mostradas como acciones reales (que sin duda lo parecen para la protagonista) y sin ningún detalle que permita al espectador comprender que todo el juego narrativo tiene lugar en la ficción psíquica, hasta el final del filme.Las-zapatillas-rojas1_cartel_peli.jpg

La factura visual de "Cisne negro" es impresionante. Tanto el comienzo, austero y bellísimo, trasunto en imagen de la maravillosa música de "El lago de los cisnes" (donde ya se nos muestra la inquietante presencia del mal y la vulnerabilidad de la bailarina), como las secuencias de ballet e incluso la fórmula utilizada como fondo de los titulos de crédito finales (ese fondo blanco de plumas que va siendo invadido por las negras plumas del mal hasta cubrir la pentalla, en la que solo queda una pequeña pluma blanca solitaria) son de un refinamiento y una sensibilidad visual muy eficaces.

El Oscar a Natalie Portman, es el premio a un trabajo bien hecho. La bellísima actriz convence y conmueve. La película un poco menos...y nada que ver con "Las zapatillas rojas", el clásico de Michael Powell  (1948) que despertó el amor al ballet de toda una generación.

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8 marzo 2011 2 08 /03 /marzo /2011 18:43

"La Pastora" fue un personaje real, hijo/a de estas tierras, un fruto circunstancial de épocas de opresión y miseria, un drama humano que se convirtió en tragedia violenta, enquistada en las sombras y claros de una contienda fratricida y cruel. Un personaje digno de encarnar en la serie goyesca de los desastres de la guerra. La escritora Alicia Giménez Bartlett la ha llevado a la actualidad literaria más candente. "Donde nadie te encuentre", título del último premio Nadal, nos cuenta la vida compleja de este hombre/mujer, patético hermafrodita que perteneció al maquis en la postguerra empujada por la violencia ciega que arrasó aquél tiempo y este país.

A través de la peripecia investigadora de un psiquiatra francés y un periodista barcelonés, entreverada la acción con un monólogo de la propia Teresa Pla Meseguer, llamada "La Pastora" como nom de guerre, (y Florenci, al final, convertida en hombre), se nos muestra de una forma ágil y eficaz el pasado y la existencia real del personaje, complejo, contradictorio y vulnerable a pesar de su brutalidad defensiva. Es en ese retrato íntimo que rezuma dolor, inocencia y soledad, donde está la baza principal de la novela de Gimenez Bartlett. dondenadieteencuentre.jpg

Dedica la escritora su libro a José Calvo, cuyo "La Pastora, del monte al mito" (siete ediciones lleva desde su aparición en julio de 2009) es el mejor estudio existente sobre la vida y obra de la popular maquis, tan temida en otros tiempos y tan perseguida en aquellos y hasta hace poco.

.

 Pero, sin embargo, hay otro precedente literario, además del de Calvo. Se trata de la novela de Manuel Villar Raso "La Pastora, el maquis hermafrodita", publicada en 1977, en editorial Albia,  por el novelista soriano afincado en Granada. Y en 2003 reeditada por una editorial granadina con el título "La bella hermafrodita".

El trabajo de Manuel Villar, escritor de más de 50 títulos, con varios premios en su haber, provocó en su día bastantes problemas a los herederos de La Pastora que incluso llegaron a denunciarlo por falsedad (juicio sobreseído por el juez al estimar que el trabajo de Villar Raso era una novela y no un tratado de historia). La sobrina nieta de La Pastora me ha escrito para denunciar el trabajo de Villar Raso y calificar el de José Calvo como el más veraz y mejor documentado.

 

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8 marzo 2011 2 08 /03 /marzo /2011 11:06

panegre-jordi-1.jpgSe ha llevado nueve Goyas, trece premios Gaudi, uno en San Sebastián y ha devuelto al cine catalán, miunusvalorado en el resto del país, una frescura y un potencial de obra bien hecha y de gran capacidad sugestiva. "Pa negre" (Pan negro) de  Agustín Villaronga es una cinta digna de verse que conmueve e irrita, que hace pensar. Basada en una novela de Emili Teixidor (2004), Premio Lletra d'Or, es el relato duro y angustioso del camino iniciático de un niño, Andreu, un adolescente sensible e inteligente, metido en el asfixiante y mezquino ambiente rural de una Catalunya tras el reciente fin de la guerra civil, con toda la carga de odios soterrados, represión, ajustes de cuentas, violencias primarias y sórdidas historias de dinero, sexo y poder. En fin, lo de siempre, pero con la pátina horrible de aquellos horrores en blanco y negro de la postguerra española.

La acción se desarrolla en un pequeño pueblo de la comarca de Osona (Girona), entre las montañas. La secuencia inicial, el ataque a la carreta y el asesinato y posterior despeñamiento de caballo y carro, con el padre muerto y su hijo vivio en el interior, es absolutamente desoladora e impactante, por su crudeza, su sencillez expositiva y la trágica belleza de la escena de la caida de caballo y carro por los cingles, un precipicio, de Tavertet.

A partir de ese momento terrible se desencadena la historia, bien enmarcada en ese mundo oscuro y primario, donde asistimos al periplo iniciático de un adolescente desde la inocencia hasta el temor, la mentura, el compromiso y el derrumbe moral que terminarán por contagiarle.

El niño, Andreu, interpretado por Francesc Colomer,3569880253.jpg que comienza pareciendo algo alelado y poco expresivo, termina conquistando su derecho a encarnar con vitalidad y vericidad a un personaje sumamente complejo que va oscilando a través de los golpes del conocimiento entre mentiras, ocultaciones y medias verdades. En un ambiente tan opresivo y oscuramente primario, florecen los monstruos ocultos, como ese personaje fantasmal que vive en una cueva y al que nunca veremos, que arrastra propósitos de venganza por una terrible historia de violencia y sexo prohibido. Pero los peores monstruos anidan en la mente y los corazones de los vecinos y en la propia familia del niño.

Las secuencias efectivas se suceden, desde las angustias de las carceles franquistas, a los momentos de desvelamiento sexual que la pequeña manca establece con el niño, la escuela con el maestro borracho y desencantado que se une al desierto moral de los vencedores y al desprecio a los vencidos, la vecina enloquecida por el asesinato de su marido y los secretos que esconde, la elección del niño entre la dureza de una vida centrada en la verdad y la aceptación de su propia mezquindad para seguir una moral de supervivencia a costa de sus sentimientos y su dolor.

También es una película de mujeres, niñas y adultas engranan un plantel de complejidades, dureza y abusos que tienen sacude al espectador, que contempla aterrado la sentina moral de una sociedad desgraciada, mísera e hipócrita.

Mención aparte a un Sergi López en el papel del brutal alcalde fascista, prepotente, casi calcado del oficial franquista de "El laberinto del fauno" y a Roger Casamajor, cuyo papel de padre de Andreu, sorprende por su ductil ambiguedad y su convicción: las miradas magnéticas del actor son como espejos negros donde se reflejan con total veracidad todo tipo de sentimientos y emociones. Genial.

Como último apunte y no por ello menos importante: la glorificación en el discurso de la película del papel de la palabra, de la importancia y el valor de las palabras, del lenguaje con el que se expresan todos, ante la mirada y el espíritu devorador del niño. El aprendizaje de la enorme significación de lo que se dice y de cómo se dice, de lo que se calla y de lo que se oculta, siempre con las palabras como nexo de unión entre lo que es y lo que queremos que sea, con toda su enorme potencial de manpulación y violencia. Precisamente en esas mentiras, ocultaciones, se mueve el desamparo del niño que le llevará a asumir la mezquindad y la negación de sus sentimientos como propios, engendrando otro monstruo a imagen de los que le rodean y él ha rechazado. Doloroso ese final con la madre despreciada caminando por el pasillo del colegio, avejentada, humillada, mientras el niño la contempla enmarcada en el vaho del aliento que ha lanzado sobre el cristal.

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7 marzo 2011 1 07 /03 /marzo /2011 19:34

He vuelto a ver "Soylent green" la impresionante película de Richard Fleischer, realizada en 1973 e interpretada por Charlton Heston y Edward G. Robinson en los principales papeles. Está basada en una novela de 1966 del escritor Ray Harrison titulada "Make room !!, Make room!" ("¡¡Hagan sitio!! ¡¡Hagan sitio!!"), aunque en una antigua edición española la titulaban directamente con el nombre de la película, "Soylent green" que ha pasado a ser un icono popular de los alimentos realizados con elementos contaminados y nada adecuados.

La referencia de la película nace en mi mente a propósito de una columna semanal que escribo para "La Comarca", el diario del bajo Aragón, donde resido. En mi texto analizo la actual situación global en la que se dan cita una serie de elementos críticos muy conflictivos y peligrosos para la actual sociedad postindustrial del siglo XXI.

Se trata de la crisis energética (provocada por las revoluciones árabes del pan o de la dignidad, lo mismo da), la alimentaria, la ecológica, la sociolaboral, la financiera,  que parecen haber coincidido en este tiempo, llevando a occidente a una crisis global de imprevisibles consecuencias y por lo tanto de difícil solución o al menos, atenuación. ¿Por qué me ha venido a la memoria "Soylent Green"?

Examinemos el mundo del año 2022 que nos muestra la película. Circunscrita la acción a Nueva York, nos sirve como botón de muestra para un mundo que aún está peor. En la gran ciudad viven más de 40 millones de personas. Las calles están atestadas de gente (no de coches, hay crisis energética) que hacen su vida en las esquinas o en edificios destartalados y ocupados hasta el último rincón. La gente, multitudes de gente parada (no hay trabajo mas que para unos pocos) no tiene acceso a ninguna comodidad, beben agua de garrafa y comen unos alimentos sintéticos que reparte el Gobierno a un precio simbólico o lo entrega con cartillas de racionamiento: soylent rojo y soylent amarillo.

La película hace emerger una trama policiaca en la que se investiga el asesinato de un directivo de la empresa que fabrica los soylent. Charlton Heston es el policía encargado de la investigación y es ayudado en materia de documentación por el viejo Solomon Roth, un hombre enfermo que vive amargado por sus recuerdos de la época en que la vida era amable y habia de todo, agua, alimentos frescos, vivienda, trabajo, naturaleza no contaminada, verdes bosques, rios limpios, mares no degradados.

No les revelo el desarrollo de la película ya que lo que me interesaba es comparar aquélla situación mundial que refleja la novela con ésta, en la que nos estamos metiendo desde hace ya unos cuantos años, pero que ahora parece entrar en crisis de agravamiento.

El soylent verde es repartido a las multitudes asegurando que se trata de un alimento superenergético, superior a las otras dos variedades, y que ha sido extraido del placton de los océanos. Al final sabremos de que material superabundante lo extraen. Tiene tanto éxito que se producen disturbios violentos que la policía reprime con un método drástico y de una fuerza visual de pesadilla: grandes máquinas excavadoras son lanzadas entre la multitud para que con sus grandes palas recogan a la gente y las lance a los camiones de detenidos.

No les contaré como acaba, un desesperanzado final, pero les animo a buscar la película en su dvdclub. Hay otra secuencia que se ha quedado en mi memoria sensible: la del viejo Roth (inmenso Edward G. Robinson en el que, curiosamente, sería su último trabajo en el cine: moriría de cáncer diez días más tarde de rodar la última escena) que admite entrar en el departamento de "suicidio asistido" sólo por poder ver, en la gran pantalla frente a su lecho de muerte, cómo era el mundo que él había conocido y ello bajo la música de la Pastoral de Beethoven, la Patética de Tchaikovsky o 220px-Soylent greenla Peer Gynt Suite de Grieg.

Esperemos que la referencia a Soylent Green quede como una curiosidad cultural y no como una profecía. En mi artículo cito a Gandhi como recurso para evitar esa pesadilla global. Hay alguna posibilidad de salvarnos...pero hay que aplicarse a ello.

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7 marzo 2011 1 07 /03 /marzo /2011 19:21

En 1973 el director Richard Fleischer elaboró una película que había de convertirse en un clásico de la mal llamada ciencia-ficción: “Soylent Green”, interpretada por Charlton Heston. Nos narraba una terrible historia ambientada en un futuro lejano entonces (2022) pero no tanto para nosotros. Transcurría en la ciudad de Nueva York azotada por una sobrepoblación angustiosa, escasez de alimentos, contaminación atmosférica y un cambio climático brutal, ausencia  de agua, sequía permanente, violencia social y falta de vivienda, de materias primas, y de empleo, toda una humanidad en estado de miseria bajo un estado omnipotente, férreo, policial, corrupto, incapaz de aliviar las necesidades, ocupado en la represión interna y la protección de una minoría poderosa –la cleptocracia de unos pocos, sustentada por las fuerzas del orden compradas a bajo precio y un funcionariado con algunos privilegios- que vive en los protegidos guettos amurallados.

Dejando a un lado las evidentes exageraciones literarias y pidiendo disculpas al lector por el tono apocalíptico, déjenme apuntarles ciertos hechos y datos muy actuales que evocan una lamentable familiaridad con la ficción que les he narrado.

Estamos en un momento crítico en el que el petróleo está en límites históricos de alza de precios y el BCE habla de subir los tipos de interés  para combatir la inflación (que produce ese aumento energético, vinculado a la geopolítica en Oriente Medio y Africa del norte) con lo que podemos apostar que la recuperación económica en países con problemas como España se frenará e incluso retrocederá. Además los alimentos se han encarecido y vivimos épocas de desajuste climático que llevan desde la pertinaz sequía a las inundaciones de proporciones bíblicas en Australia, por ejemplo, y otros países.

  mahatma-gandhi

¿Cuál es la situación general?  Estamos en medio de una crisis alimentaria mundial (la segunda desde 2006), otra de materias primas, una tercera energética y  otra de exceso de población (7.000 millones de habitantes del planeta, más del doble de personas que pisaban la tierra en los  “felices sesenta”). El mundo está alcanzando límites globales en el uso y abuso de recursos, el régimen de crecimiento de los países emergentes China, India y algunos de África, llega al 7% contra el 2% de los países desarrollados: en menos de 20 años se duplicará el crecimiento  (y el gasto subsiguiente) y está demostrado que, si no ponemos remedio, el planeta que nos sustenta no podrá, físicamente, tolerar ese crecimiento. Mientras tanto el cambio climático (tan manipulado como el lobo del pastor bromista, que acaba siendo profético, “que viene el lobo”),  inexistente para muchos,  está mostrando obstinadamente sus garras: sequías (como la de la antigua Unión Soviética y partes de China que están propiciando una crisis del trigo o, mucho más cerca, la que pone en peligro las cosechas de cereales de Aragón)  e inundaciones, como las de Brasil y Australia. Todo lo anterior está provocando un encarecimiento constante del precio de los alimentos (encarecimiento en torno al 30 % en 2010). Según un informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) en enero se alcanzó un máximo histórico en los precios alimentarios, por séptimo mes consecutivo. “Nos encontramos en los límites más altos desde que la FAO empezó a controlar los precios de los alimentos en 1990”, dice el informe.

Hace unas semanas llamé “la revolución del pan” a las revueltas árabes desde Túnez a Egipto en esta columna, otros la adjetivan “de la dignidad” o “de los jóvenes 2.0”. En realidad estamos hablando de lo mismo. El pan, el hambre, el empleo que compra ese pan, la dignidad del empleo y del pan ganado, no robado o donado.  La pregunta del millón no es por qué se han producido esas revueltas, sino por qué precisamente ahora.

Decía Gandhi que la Tierra tiene  suficientes recursos para alimentar a todos sus habitantes, pero no lo suficiente para satisfacer la avaricia de todos. Y este es el problema: no sabemos poner límites a la avaricia de unos pocos frente a la necesidad de la mayoría. Esto es lo que alimenta la desesperación y justifica la revolución. El primer mandamiento del siglo XXI es aprender – y enseñar - a combatir la codicia humana con el ejercicio de la cooperación. Y solo lo haremos cuando comprendamos que la barca que se hunde es la nuestra, la de todos, aunque nos creamos a salvo. Sin ánimo de ser agoreros, ¿estamos seguros que el desquiciado mundo de “Soylent Green” es sólo una ficción sin fundamento?

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