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11 octubre 2021 1 11 /10 /octubre /2021 17:41

(Trabajo publicado en la revista "Compromiso y Cultura")

Los intelectuales europeos ante la eclosión de las dictaduras fascistas

 

“La tradición de los oprimidos nos enseña que el “estado de excepción” en el cual vivimos es la regla. Debemos ajustarnos a un concepto de historia que se corresponda con este hecho”. Walter Benjamin (Berlín 1892-Porbou 1940) escribe esa frase en la primera mitad del más sangriento siglo de la historia, el XX, pocos meses antes de suicidarse en España y unas horas antes de recibir el permiso de estancia en el país. Un siglo en el que tantas cosas, costumbres, ideas, formas de vida, empezarían a desaparecer. A la espera de la misma época del siglo actual, donde quedarían barridas para no volver jamás.

La hipótesis que planteo en el presente artículo es que la serpiente de los totalitarismos, los fascismos, los racismos y la intolerancia agresiva  alimentó su huevo mefítico en esa época y ha eclosionado nuevamente en la nuestra. Estamos viviendo unos tiempos sombríos en los que las diversas crisis sistémicas, de las que luego hablaremos, se ha unido a otra crisis moral sin precedentes en nuestra civilización: un individualismo feroz carcomido por una identidad personal cada vez más diluida, vigilada y manipulada. Situación que ya se apuntaba desde el final de los años veinte del pasado siglo y ahora agravada por la inseguridad que crea el nuevo mundo digital y las tecnologías emergentes. Creo que de aquellas tempestades vienen los huracanes de hoy y las amenazas contra un mañana cada vez más indeterminado y azaroso. Y lo refrendo con dos libros fascinantes escritos por el mismo autor: Wolfram Eilenberger, filósofo y escritor alemán que hizo sus estudios en Heidelberg y Zúrich. Columnista del “Die Zei” berlinés, autor de varios libros de filosofía e historia cultural, entre los que han destacado “Tiempo de magos”  y “El fuego de la libertad”, traducidos en todo occidente.

¿Conocen la paradoja de que las épocas de violencia global y crisis económica generan avances  y logros culturales más valiosos que en los tiempos de prosperidad y paz? El ejemplo que más se cita es el de la República de Weimar, un polvorín con esplendores culturales que acabó arrasado entre la I y la II Guerra mundial, generando una violencia jamás vista. De la lectura de las citadas obras de Eilenberger, no se desprende una certificación de la paradoja sino una prueba clara de que casi todos los filósofos, escritores y analistas importantes de la época, denunciaban directa o indirectamente en sus obras que se estaba fraguando el triunfo de la barbarie fascista con hechos y elementos sociales, políticos y económicos que favorecían la expansión de un pensamiento hegemónico basado en la represión, el adoctrinamiento, el racismo y el hundimiento de la ética, la solidaridad y la dignidad humanas. Weimar, la República española derrotada, los surgimientos de dictaduras y líderes como Hitler, Mussolini, Stalin, surgieron de las condiciones socioeconómicas y políticas de entre los años 20 y los 30 del siglo XX y causaron desastres que se extendieron años más tarde con otros como Mao, Idi Amin, o Pol Pot.  A partir del 2008 hasta el momento,  podría parecer que las crisis habidas no tienen semejanza alguna con las actuales, pero obedecen a la misma trágica dinámica del deterioro constante de los principios y valores que mantienen a la serpiente dormida en su huevo. Hasta que llega el chispazo que rompe la cáscara y permite, en poco tiempo, a la serpiente de la degradación humana volver a imperar.

Tanto en “Tiempo de Magos” (La gran década de la Filosofía 1919-1929) como en “El fuego de la libertad” (El refugio de la filosofía en tiempos sombríos, 1933-1943), Eilenberger nos dibuja a través de la vidas y obras de los ocho pensadores  que ha escogido como analistas de esos momentos históricos, en los que casi todo el mundo podía ver a través de la membrana transparente del huevo de  serpiente, a una indefensa culebrilla, sin prever que una vez eclosione el huevo, la pequeña criatura se transforma en un monstruo capaz de devorar el mundo. El paralelismo existente entre los parámetros negativos éticos de aquéllas épocas con las actuales es lo que la lectura de estos libros nos permite comprobar. Existe un patrón que se repite a través de la historia y que genera violencia, destrucción y sufrimiento: cuando las penurias de unos y la codicia de otros causan el envilecimiento del hombre por el hombre, se olvida la igualdad entre los humanos y renace la fatal dialéctica del amo y el esclavo.

Dividido en ocho  partes y un epílogo, las 383 págs. de “Tiempo de magos”, nos llevan en cortos y enigmáticos y siempre atractivos epígrafes de “mago” a “mago” de la filosofía,  empezando por el misterioso “Ha llegado Dios” que es como califica John Maynard Keines su encuentro con Ludwig Wittgenstein en el Cambridge de 1929. Un genio nacido en Viena, dado a repentinos accesos de ira y con una mente especulativa  y un carácter duro,  desdeñoso, depresivo y distante que se había adueñado del “Círculo de los Apóstoles”, un club estudiantil, al que pertenecían por ejemplo Russell, Moore y otros, deslumbrando a todas esas grandes mentes. “Lo místico no es cómo sea el mundo, sino que el mundo sea” o “De lo que no se puede hablar es mejor callar”.

El “Tractatus lógico-philosoficus” se consideraba a la altura de la Ética demostrada según el orden geométrico” de Spinoza, la “Investigación sobre  el entendimiento humano” de Hume o la “Crítica de la razón pura” de Kant.

Los cuatro pensadores analizados en este libro, Luwig Wittgenstein,  Walter Benjamin, Martin  Heidegger  y Ernst Cassirer, son altamente creativos, impertinentes y revolucionarios. Forman una extraña conjunción mágica del pensamiento especulativo. Son centroeuropeos, tres alemanes y un austríaco y han vivido una época convulsa con la  República de Weimar, la I Guerra Mundial, la llegada del nazismo y la II Guerra mundial. Nuestro autor va intercalando las cuatro historias separadas en capítulos donde de forma simpática e ilustrativa nos define las posturas y actividades de sus biografiados. Por ejemplo empieza en 1919, el año en que "el doctor Benjamin huye de su padre, el subteniente Wittgenstein comete un suicidio económico, el profesor auxiliar Heidegger abandona la fe y monsieur  Cassirer trabaja en el tranvía para inspirarse".

Los cuatro pensadores parecen buscar una respuesta adecuada y moderna a la pregunta de Kant, ¿Qué es el hombre"  y llegar en su análisis a muy distintas conclusiones. Y es aquí en lo que Eilenberger logra su mejor acierto: hacernos inteligibles las difíciles ideas y planteamientos del oscuro Heiddeger, del místico Wittgenstein o del brillante pero enigmático Benjamin y, por supuesto, del casi olvidado Cassirer que tuvo la genialidad apenas reconocida de usar el lenguaje y los símbolos para dar su versión de lo que es la naturaleza humana.

Pero cuando el lector acaba el libro esas cuatro figuras con sus trayectorias vitales tan distintas y sus caracteres antagónicos comparten una terrible sensación: la de la futilidad de la pregunta kantiana en los tiempos convulsos en los que viven, que debe plantearse de otra manera: ¿Por qué lo que hace el hombre no define al hombre sino lo destruye? La tragedia de Benjamin, los errores culpables de Heidegger, el hermetismo acusador de Wittgenstein y el refugio erudito en el silencio de Cassirer, prefiguran la denuncia no escrita de todos hacia el huevo de la serpiente donde se cuestiona la versión humana del hombre.

Todo ese mensaje queda más estructurado en “El fuego de la libertad”, libro en el que Eilenberger sigue el esquema argumental y estilístico de su libro anterior y nos narra la vida, trabajos, sufrimientos y fortaleza de cuatro grandes pensadoras ante el horror de otra de las épocas más lamentables de la historia de la Humanidad, el decenio de 1933 a 1943: Simone de Beauvoir, Simone Veil, la norteamericana Ayn Rand y Hanna Arendt, combatientes de la resistencia, refugiadas judías, mujeres comprometidas con la dignidad del ser humano por encima de su sexo, su religión o sus ideas políticas. En ellas, a pesar de las diferencias,  reluce el principio de la filosofía como compañera vital, una decisión que acarrea muchos sinsabores en un mundo donde el pensar ha sido reducido a obedecer, callar y ocultarse, bajo el caos de la agresividad del fascismo, nazismo y comunismo.

Junto a tanta desesperanza y temores, las cuatro mujeres dan prueba de una energía y una enorme combatividad, incluso la novelista  judía nacionalizada norteamericana Ayn Rand, autora de “El manantial”, cuyo mensaje roza el individualismo más feroz y una crítica al altruismo– una moral de esclavos-- y el patriotismo, como las lacras que permiten los fascismos, se empeña en luchar por la dignidad del hombre, su libertad y su resiliencia  indomable. Y Hanna Arendt cita a su maestro Jaspers para contraponer al estado oscuro de los tiempos, la potencialidad del ser humano en la busca de una vida más digna y libre, en particular a base de la relación y el cuidado a los demás.

En la sugestiva narración de la agitada existencia cotidiana de esas cuatro mujeres, tres de ellas judías - por tanto con la triple marginación de ser mujer, judía e intelectual-, vuelve a surgir en el ánimo del fascinado lector una sensación semejante a la que producía la lectura del otro libro. Ese extraño “dejà vu” en el que la angustia, inseguridad, falta de esperanza en un cambio positivo, la percepción de la tragedia como algo posible e incluso inmediato, la acritud enorme por tener que callar cuando uno quiere gritar a pleno pulmón su indignación (y su miedo), la miseria, falta de recursos y sobre todo la total indefensión y la ausencia absoluta de principios y valores de la civilización humana, presupone un espejo en el que, aún no, pero quizá en un tiempo relativamente corto, nos veamos reflejados. Es la eclosión del huevo de la serpiente que se está incubando por fuerzas muy conscientes de su poder bárbaramente hegemónico y despiadado.

Fuerzas, las del poder capitalista neoliberal, ciego ante las consecuencias de su codicia desmedida, que en esta ocasión tienen mayor alcance y letalidad que las del fascismo, nazismo  y estalinismo de los 30, 40 y 50 del pasado siglo: en esta ocasión también está comprometido el futuro del planeta. Y eso no lo advirtieron, ni siquiera previeron, los ocho grandes pensadores, hombres y mujeres, que analiza Eilenberger en sus dos buenos libros.

Ninguno de ellos vaticinó que habría una época en que se darían los elementos para una “tormenta perfecta” planetaria, la colusión de ocho crisis al mismo tiempo, entrelazadas entre sí: la climática, la energética, la de materias primas, la del agua y los alimentos, la de la bio-diversidad  y su consecuencia, la liberación de plagas y la sobrepoblación y su resultado, las emigraciones desatadas de personas desesperadas en trance de sobrevivir. ¿Comprenden por qué  hay que evitar que la serpiente salga del huevo? Un pensamiento hegemónico de signo totalitario y fascista sería en esta situación como tratar de apagar las llamas de un incendio con chorros de petróleo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

TIEMPO DE MAGOS.- Wolfram Eilenberger - Ed. Taurus.- 383 págs.- 22,90 EUROS.- ISBN 9788430622085

 EL FUEGO DE LA LIBERTAD.- Wolfram Eilenberger Trad. ambos por Joaquín Chamorro.- 377 págs.-Ed Taurus. 22,90 euros.ISBN 9788430623884

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24 septiembre 2021 5 24 /09 /septiembre /2021 16:51

LA VERGÜENZA DE EOLO

Si Eolo, el dormido Señor de los Vientos, levantara la cabeza y viera lo que, en tierras aragonesas del río Matarraña, ciertas empresas pretenden perpetrar, volvería a encerrar a sus vientos –los ‘anemoi’-- en la cueva donde los gobierna como caballos alados. Ahí es nada, pretender coronar los montes de la comarca con altísimas torres de largos brazos giratorios, cual Briareos encolerizados. Ni un soplo de viento para ellos.

Muchos Ayuntamientos, empresas, instituciones culturales y turísticas, vecinos, claman en desierto. Algunas Administraciones apoyan el negocio de las eólicas en estas tierras, justificándose con leyes y con plazos abusivos para la parte que protesta y a la que se daña, a pesar del dudoso respeto de los proyectos básicos o anteproyectos de las empresas a dichas exigencias legales. Da la impresión, por las prisas, de que todo está aprobado de antemano. Los proyectos presentados están afectados de improvisaciones, desajustes, falsedades, defectos técnicos y de forma, pero es tal la seguridad sospechosa que los ampara que incluso se reconoce con desfachatez que aún no hay un estudio fiable de los vientos de las zonas afectadas y valoran en un 25 % la incertidumbre de los datos utilizados (a falta de datos de medición utilizan “mástiles virtuales” y aplican la misma incertidumbre a los 4 parques), sin garantías de que los modelos de aerogeneradores sean los adecuados.

En la trinchera de enfrente, los preocupados vecinos tratan de organizarse, afrontar el vía crucis de las alegaciones, apremiadas por un plazo abusivamente corto (el día 8 de octubre, fecha máxima), tratar de que se respete su “Carta del Paisaje”, documento comarcal que comprometía a todos en defender la pureza de estos lugares que van a ser mancillados,  causando la pérdida irreparable de un paisaje extraordinario, la fauna  (muchos elementos de ella protegidos por ley), la  vegetación, sembrados y caminos. Y los daños a personas, que no han sido evaluados en su totalidad (ruidos, campos de alta tensión).

La táctica ha sido elemental: divide y vencerás. Despierta la codicia de unos pocos y promete mucho aunque falsamente: puestos de trabajo, regalías municipales o descuentos en las facturas de la luz. Siguen la dinámica de plantear, impulsar, cobrar beneficios y después… ya veremos. Hay una alta probabilidad incumplir las directivas europeas contrarias a un desarrollo a costa del medio ambiente.

¿Qué es preciso para despertar al señor de los vientos (símbolo del Estado) para que imponga una amplia moratoria con estudios serios, participación de técnicos, científicos y Universidades, en los que se analicen los proyectos básicos de esas empresas, constatando que se cumplen las más elementales exigencias del principio de la Prudencia: si el despliegue es necesario y para quién; si son inevitables o sustituibles por otras energías alternativas menos dañinas a este territorio; si se cumplen los requisitos técnicos exigibles en proyectos de tales magnitudes; si no se conculcan instrumentos jurídicos locales (plenos municipales en contra), nacionales o directrices europeas que defienden los elementos singulares y patrimoniales propios del territorio; implementar otro estudio de impacto medioambiental que refrende (o no) al que ya existe y que tenga en cuenta los daños turísticos y humanos que estos desmesurados despliegues de parques eólicos pueden causar, y causan. Y no como en otras zonas del país donde se aplicó la norma de primero actúa y luego que protesten. Es decir, lo que se llama la desvergüenza inadmisible de los intereses creados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 septiembre 2021 6 18 /09 /septiembre /2021 08:59
  

 Lo cierto es que es el primer libro que leo de Santiago Alba (aunque adoro sus artículos en la revista digital CTXT) y me ha sorprendido no tanto la erudición que muestra sin exageraciones y de manera atinada, sino la frescura y el garbo de su estilo (en la carrera de larga duración de un ensayo voluminoso), que comienza siendo un poco dramático e incluso trágico y poco a poco va dejando percibir su irónico sentido del humor que equilibra la balanza. Su autodisciplina de lectura del librote intenso y desmesurado (del antropólogo Stephen Jay Gould) y su sillón de orejas, tiene ecos en la sensibilidad de cualquier lector que se precie (yo mismo sin ir más lejos) y el armazón que ingenia para usarlo como estructura operativa de su propio libro, es de una calidad  de muy alto nivel. Oigan, les confieso que he disfrutado con su lectura. Y, además, he aprendido.

En nuestra hiper tecnificada y digitalizada sociedad estamos perdiendo la conciencia de tener un cuerpo (excepto cuando las necesidades cotidianas, una enfermedad o un  accidente nos lo recuerda dolorosamente) pero aún así,  la estrafalaria vida cotidiana y nuestras costumbres nuevas de relacionarnos, móvil, ordenador, teletrabajo, enseñanza virtual, están sitiando el sentido de la corporalidad, con lo que, de una forma u otra, nos dice Santiago, estamos constantemente huyendo de nuestro propio cuerpo.

Pero el libro que les recomiendo no se queda en lo obvio, en una queja razonable sobre algo nefasto, sino que ahonda en algo más profundo: la delgada linea que separa nuestra percepción del cuerpo como algo desnudo, debil y vulnerable, como carne, un regreso a los tiempos en que eramos la comida preferida de ciertos depredadores. El concepto de ciertas religiones, prefiero no señalar, a que el cuerpo es algo sucio, frágil, problemático (ellas dirían pecaminoso)  y la presa inevitable de ese horror siempre negado al que llamamos muerte ( a no ser que se convierta "milagrosamente" en la puerta a una "vida mejor") han configurado un rechazo que parece sintonizar perfectamente con el doble mensaje de nuestra civilización:  el cuerpo sólo como consumo deseable aunque efímero y el cuerpo como problema. Dos obsesiones  lo complementan: la velocidad, todo más rápido, más huidizo  y la salud como negocio global para los pudientes. El resto del mundo, inmigrantes, pobres, multitudes castigadas por los jinetes del Apocalipsis, son dígitos, imágenes olvidadas tras el último telediario, "vita nuda", cuerpos sin derechos, desnudos y olvidados de inmediato.

El bagaje de referencias bibliográficas, de lecturas y reflexiones a su estímulo  es abrumador (lea el lector la "Bibliografía caprichosamente razonada" que se nos ofrece al finalizar la lectura y se descubre que el sardónico humor, le erudición, la ironía, el sarcasmo y la inteligencia del autor corre parejas a su honestidad como pensador y su habilidad, casi mágica, de estimular las neuronas el lector hasta límites notables. Cito para ello a un colega  que resume en su opinión sobre el libro muy semejantes parámetros a los que yo he disfrutado. En homenaje a mi colega y al autor del libro, añado esta nota  ajena pero que suscribo como propia: " Veremos temas como esa ya referida obsesión por clasificar y etiquetar, la velocidad, el dolor, la vergüenza, la compasión, el tratamiento de la metamorfosis como rebelión ante las etiquetas… la permanente huida de nosotros mismos, la expansión al universo de Internet sin la que ya parece que no se sostiene nuestra civilización, la prevalencia de la imagen sobre la realidad y lo material. Muy interesante también esa digresión entre imaginación y fantasía, el significado del mito de Ícaro, la fantasía del mundo “masculino” en contraposición a la corporalidad e imaginación del mundo “femenino”… ciencia, política, psicología, historia, mitología… este ensayo filosófico es un “batiburrillo” donde parece caber cualquier cosa y donde se puede apreciar una y otra vez la capacidad de la filosofía para extenderse como una ameba por los más dispares temas, sin perder de vista naturalmente el motivo principal del libro." 

El estilo, insisto, coloquial pero ameno, correcto y enjundioso, como siguiendo el célebre consejo (entre periodistas) de un personaje de El Quijote, "llaneza muchacho, no te encumbres que toda afectación es mala" . Y para terminar una cita del libro:"Relatamos con el cuerpo, queremos con el cuerpo, cuidamos con el cuerpo y por eso es tan peligrosa la huida hacia la velocidad y la imagen. Pero relatamos con la nacionalidad, odiamos y matamos con la nacionalidad (o con la identidad religiosa) y por eso son también peligrosos los relatos encarnados en los Plurales Comunes". -Pues eso, adelante Santiago, !y abre España!

FICHA

SER (O NO SER) UN CUERPO.- Santiago Alba Rico.- Ed. Seix Barral





 

 
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5 septiembre 2021 7 05 /09 /septiembre /2021 16:07

ALEGACIONES  EÓLICAS

(ARTICULO PUBLICADO EN LA COMARCA 030921)

Parece que la batalla de don Quijote contra los molinos ha sido ganada por esos “gigantes” con la fea y ávida cara del capital y los fondos buitre. Se exigen unas alegaciones que, después de todas las campañas habidas en nuestra tierra, suena a tomadura de pelo. Pero es una norma jurídica que no se puede ignorar, aunque nos lanza un doble mensaje: el proceso legal de adjudicación está en marcha; y, como suele suceder, el efecto de tales alegaciones está en relación inversa con la importancia de los que se lucrarán con los parques eólicos. Cuanto más poder tienen los que proponen, menos valor tienen las alegaciones. ¿Y los poderes públicos y políticos? Actuarán como puedan y quieran, pero son gestos retóricos de cara a la galería, vacíos de operatividad. Habrá molinos en el horizonte. O no. Aún no estamos  vencidos.

Las empresas energéticas se ajustan al síndrome neoliberal del beneficio a cualquier precio, las falacias informativas y el consumismo desatado. Naomi  Klein decía que “el mercado alimenta su avidez insaciable de crecimiento, redefiniendo como “productos comerciales”, susceptibles de compraventa, sectores enteros que siempre se consideraron parte del dominio público, como el aire sano, el viento, el sol, el agua, la tierra, la fauna y la flora, los bosques y los ríos, en suma, el paisaje, el entorno natural. Para ello lanza mensajes demagógicos cubriendo su piel de lobo con el disfraz del ecologismo y la lucha contra el cambio climático.

Llegados a este punto, la pregunta es: ¿Qué debemos hacer? Hay que evitar que, como en tantos otros asuntos, la lógica depredadora del capital (“Capital Energy” se llama la empresa) se imponga a los intereses de los ciudadanos, ante la impotencia o la complicidad política. Parafraseo una cita de Lenin a nuestro caso. “La conciencia política de la lucha antiproyectos eólicos en la Comarca no se le puede proponer al ciudadano más que desde el exterior, desde fuera de los intereses económicos y las relaciones entre cierto sector público y el capital”. Propongamos  una respuesta activa:

El hecho: el BOE somete el 27 de agosto (en pleno periodo estival en la Administración) a información pública, los parques eólicos Arlo: el Argestes de 96 MW en La Fresneda, Fórnoles, La Portellada y Ráfales y su infraestructura de evacuación que afecta también a Valdetormo, Valjunquera y Mazaleon;  el Arlo de 102MW en Maella, Valdeagorfa; el Paucali en Maella y Mazaleón; el Céfiro de 196 MW en Mazaleon, Valdetormo, Valjunquera, La Fresneda y Fórnoles, cuyas infaestructuras de evacuación se ubica también en Calaceite, Maella y pueblos de Tarragona.

En total 84 aerogeneradores de 6 MW de potencia nominal, 115 m. de altura de buje y 176 m. de diámetro de rotor. Torres de más de 200 m. emplazadas en las zonas más elevadas y visibles del Matarraña y Bajo Aragón.  Plazo de alegaciones hasta el 5 de octubre.

La respuesta: Movilizar en una acción común a la Plataforma en Defensa de los Paisajes de Teruel, a todos los municipios afectados, más los solidarios, y a los agentes y empresarios locales.

--Promover la firma de los ciudadanos a las alegaciones, en todos los pueblos y ciudades de la zona: recordando a los interesados que las promesas empresariales de puestos de trabajo, repercusión positiva en el coste de la energía y tecnología y estructuras no dañinas con el territorio, no se sostienen. Se ha visto  en otros territorios. Aportar datos.

--Usar la pionera “Carta del paisaje” (surgida de la Universidad de Zaragoza), las exigencias de la Red Natura 2000  y otras figuras de protección ambiental como los planes de protección de especies protegidas (águila, azor, perdicera), como base de un apoyo universitario y científico que respalde la negativa contra esos proyectos.

--Exponer la inexactitud en temas como la topografía inadecuada utilizada - 1.5000-, el destino de la energía –se cita a Cataluña—, la falta de precisión en la definición de elementos del proyecto como son las zanjas de evacuación para la media tensión que suponen una agresión enorme al territorio y el superávit existente en energía en estos momentos en Aragón, que hace inexplicable tales proyectos, a no ser que se pretenda especular con ellos.

Conclusión: vamos a alegar en el mísero plazo que se ha dado (30 días hábiles) que se detenga el cómputo operativo de instalación de los parques por masiva y unánime oposición de personas y entidades que viven y trabajan en el territorio.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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2 septiembre 2021 4 02 /09 /septiembre /2021 15:55

Entérense ustedes: vivimos en el Antropoceno, nombrecito popularizado – que no creado-  por el holandés Paul Crutzen, Nobel de Química a principios del 2000, con el que definía la época en la que las actividades y la codicia del hombre comenzaron a provocar cambios geofísicos, climáticos y ecológicos a nivel planetario.

Cada vez hay más voces de científicos, periodistas, biólogos, ingenieros, expertos en geología, botánica, filósofos y políticos honestos, asociaciones de defensa de la naturaleza, bioquímicos, incluso expertos en biotecnología, medicina, geógrafos, paleontólogos, biocientíficos en zoología terrestre y marina, ornitología, climatólogos y economistas no abducidos por el sistema o personas de diversos oficios y profesiones que ansían un mundo sostenible, que consideran que nuestra especie ha alterado el planeta desde su atmósfera al espacio exterior más próximo, desde la corteza terráquea hasta el fondo de los mares existentes y dañado ríos, lagunas y hábitats marinos en toda nuestra superficie e incluso sectores explotados de las profundidades de la tierra. El Antropoceno (de “antropos”, hombre y “kainos”, actual) debería ser conocido como “Antropoidioceno”  ya que la especie más abundante de homínidos vivientes siguen los pasos de sus congéneres más activos desde el principio de los tiempos: los idiotas. Es un tipo de naturaleza humana proclive a hacer consciente o inconscientemente todo el daño posible a sus semejantes, al entorno y  a sí mismos, pudorosamente investidos de “principios” religiosos, económico-codiciosos, tradiciones absurdas cuajadas de hipocresía y prejuicios, intereses bastardos o nacionalistas, “progresismo” mal entendido, fanatismos varios y pura y supina estupidez, a veces con el sello de la “ciencia” reinante, que conjuntamente han causado una tendencia progresiva e imparable de acumulación de desastres progresivos  con efectos dañinos para el equilibrio climático y la salud de cuanto vive sobre la tierra, así como el irreversible daño que el consumo irresponsable de los recursos naturales está provocando en el hábitat natural. El Antropoidioceno podría ser la última era de la especie humana, aunque seguramente no del planeta, que podrá recuperarse con el tiempo como lo hizo en las cinco extinciones globales del pasado remoto.

Para ilustrar este duro y punzante discurso y sin ánimo de ser apocalíptico, de entre la abundancia pesimista de libros científicos o de divulgación publicados desde los años 90, les recomiendo la lectura de dos libros actuales, ambos de la misma autora: “LA SEXTA EXTINCIÓN” Y “BAJO UN CIELO BLANCO”, debidos a la pluma de una periodista norteamericana especializada en temas científicos, Elizabeth Kolbert. Lo hago no sólo con el ánimo de mostrarles una vez más la peligrosa deriva de estos asuntos que a todos nos conciernen- de la que tienen abundantes pruebas en artículos y filmaciones en diarios y televisión o internet- sino porque la Kolbert nos da “una de cal y otra de arena” en estos libros. El primero es demoledor por su denuncia histórica y el segundo es una búsqueda periodística, honesta y valiente, de razones por las que cabe un rayo de esperanza en este negro futuro que nos devora de forma progresiva.

Los científicos definen las extinciones en masa  como eventos que eliminan “una fracción significativa de la biota (biosfera) del mundo en un periodo de tiempo geológicamente insignificante” (desde un punto de vista de la existencia humana).  Como dice Michael Benton, un paleontólogo que ha estudiado algunas de las cinco extinciones  globales anteriores, “la historia de la vida  consiste en largos periodos de aburrimiento ocasionalmente interrumpidos por el pánico”. Según el último informe de la Plataforma Intergubernamental de la ONU sobre el Cambio Climático (IPCC), estamos navegando a plena vela hacia uno de esos momentos de pánico, el sexto para ser exactos. En las “Cinco Grandes” extinciones anteriores, desaparecieron casi todas las especies vivas del planeta, animales, vegetales, desde el más humilde escarabajo hasta los diplodocus o mastodonte. El hombre no había aparecido, lo cual fue de agradecer, ya que en lugar de durar cada era millones de años en el sistema de conteo humano, con el hombre y a las vistas de esta presumible sexta extinción que nos amenaza y la velocidad de crucero que lleva, el planeta habría contabilizado mucho más de seis o, simplemente, no existiría como lugar habitable.

La característica más notable de esta Sexta extinción, nos dice Kolbert es que el hombre es el único y casi total responsable Lo que constituye un aporte de humildad y pesar es el conteo de especies que la autora nos pone sobre la mesa, aniquiladas por el depredador progreso humano, principalmente desde el siglo XVIII. A finales de ese siglo James Watt diseña una nueva máquina de vapor que abre las puertas a la era de la industrialización, al uso abusivo de los combustibles sólidos y la emisión de dióxido de carbono (CO2) unido a la destrucción del mundo vegetal causado por la cadena “producción excesiva-consumo irresponsable”, que provoca la ruina de ecosistemas vegetales (uno de los factores que reducían el índice de calentamiento global). En cada capítulo de su primer libro, Kolbert, nos habla de la desaparición de alguna especie emblemática como el alce gigante, el mastodonte americano, los dinosaurios, los corales de la Gran Barrera (un mundo de especies en sí mismo): en total, para finales de este siglo,  el 50% de la especies que existían en el planeta (en un pronóstico optimista, dados los últimos datos sobre la situación de la emergencia climática). Como dijo el ecólogo Paul Ehrlich: “al empujar a otras especies a la extinción, la Humanidad está cortando la rama que la sostiene”.

En “Bajo un cielo blanco”, Kolbert da un giro copernicano a su trabajo y nos habla de los esfuerzos que los hombres y su alta tecnología están haciendo no sólo para preservar ciertas especies en peligro de extinción sino para tratar de frenar o incluso revertir el proceso suicida en el que estamos metidos.

A pesar de ese planteamiento optimista, la autora tiene una visión realista de la situación: los 8.000 millones de humanos sobre la Tierra no sólo somos demasiados, en términos de equilibrio vital ecológico, sino que somos una enorme fuerza destructiva para cualquier otra especie que habita el planeta y el propio ecosistema de éste, con lo cual se está produciendo una respuesta tan o más destructiva que la nuestra y que nos afectará de lleno.

Sin embargo el libro es una narración periodística de los viajes y entrevistas que la autora ha realizado por todo el mundo, en los ámbitos científicos, para hablarnos de las especies que tratamos de preservar por todos los medios cuando ya están a punto de extinguirse. Y así nos habla del pez más raro del mundo que sólo existe en pleno desierto de Mojave; de la Gran Barrera de los corales, arrecifes que están muriendo y cuya desaparición alterará brutalmente la vida en los océanos; de la labor titánica de unos ingenieros islandeses que están convirtiendo el CO2 en piedras, mineralizándolo al inyectarlo en rocas volcánicas submarinas; O un estudio sobre la plantación en todo el planeta de billones de árboles. Un billón de árboles logra absorber doscientos gigatones (una gigatonelada son mil millones de toneladas) de carbono de la atmósfera; la geoingeniería solar que propone esparcir en la estratosfera una cantidad inimaginable de partículas reflectivas de diamante que cubrirían la tierra, provocando no sólo que llegara menos luz a la tierra y mucho menos calor, lo que bajaría las temperaturas en el planeta y nos rodearía un cielo blanco: se acabarían los maravillosos amaneceres y puestas de sol. Un mundo de sombras permanentes, como en “Blade Runner” o en “Matrix”; Y en fin experimentos de ingeniería genética para manipular el mundo a favor de la supervivencia, en un paradójico ciclo que trataría de recomponer todo aquello que hemos destruido.

La pregunta clave, a pesar de la cada vez más precaria postura de los negacionistas contra el cambio climático, es: ¿Por qué seguimos negándonos a ver y apreciar lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir? ¿Por qué en el fondo de nuestra mente lo seguimos considerando una exageración, casi una “fake news” creada por una ciencia conspiratoria y vendida a ocultos intereses? Paradójicamente es que en el fondo de nuestra mente tenemos una fe ciega en unas fuerzas, héroes o descubrimientos, en una tecnología capaz de revertir los errores cometidos con el toque mágico de un invento salvador y que nos permitiría seguir en la senda del progreso y el desarrollo que no cesan de prometer los muchos demagogos populistas que están actuando en el mundo.

Somos incapaces de ver los intereses que sacan ganancias ingentes de esta situación aplicando grandes presiones mediáticas para adormecer nuestro espíritu crítico, colonizando nuestras mentalidades con promesas de consumo incesante, comodidades y distracciones.

No nos creemos a los expertos que nos advierten que la huella ecológica humana (huella es sinónimo de destrucción) ya sobrepasa en un 50% la capacidad regenerativa y de absorción del planeta y que el 80 % de la población mundial vive en países donde se ha roto el equilibrio ecológico y la huella supera a la capacidad de regeneración. Y si esto es a nivel individual, la situación no mejora al nivel de los Estados y las sociedades del mundo. Aún no se ha declarado el estado de urgencia mundial en el que todos los países estén obligados a trabajar juntos para salvar el planeta, nuestro hábitat de vida. Y nadie ha pensado y propuesto tal cosa. Seguimos, globalmente creyendo en el hada madrina de la Tecnología. En que su varita mágica va a detener los huracanes, las inundaciones, los fuegos, las sequías, el hambre, la sed, las grandes inmigraciones, la violencia de guerras y levantamientos populares en un mundo cada vez más clasista, insolidario, racista y violento.

En nuestra época los humanos hemos transformado de manera directa más de la mitad de las tierras emergidas y no heladas del planeta (unos 70 millones de km2) y de manera indirecta el resto. Hemos embalsado o desviado la mayoría de los ríos, otros se han secado. Nuestros sistemas de megacultivos y abonos globales, han fijado más nitrógeno que todos los ecosistemas y los aviones, coches y plantas de energía emiten unas cien veces más dióxido de carbono que todos los volcanes juntos. Hay veintidos veces más biomasa en forma de seres humanos y animales domesticados que todo el resto de los vertebrados de la Tierra. Y en cuanto a los mares, el calentamiento de las aguas, la acidificación de los océanos (por la emisión de combustibles sólidos), los deshielos, las subidas del nivel de las aguas y la paradójica desertificación están agudizándose día a día. Desde los tiempos de Watt la temperatura media global ha subido a 1,1ºc. La fusión de los hielos de la Antártida se ha multiplicado por tres desde 1990. El umbral de la catástrofe planetaria es que la temperatura media global suba a 2º. Y esto puede ocurrir a finales de los 30 de este siglo.

 Deberíamos recordar la frase de Einstein: “”No podemos resolver nuestros problemas con la misma forma de pensar que usamos para crearlos”. Hay que cambiar el paradigma. Si seguirnos actuando como si el mundo fuera de nuestra propiedad y sus recursos inextinguibles, la lectura de lo que nos ocurre no tiene ningún valor práctico. Parece que no absorbemos realidades como que en nuestros días las tasas de de extinción de especies son cientos o miles de veces más rápidas que las denominadas del tiempo geológico. Las pérdidas se extienden por todos los continentes, los océanos y todos los grupos taxonómicos. De hecho es mucho más fácil arruinar un ecosistema que mantenerlo.

En las últimas palabras de su libro sobre la Sexta Extinción, nuestra autora deja esta sensata, y me temo que premonitoria, frase: “En este momento estamos decidiendo, sin realmente quererlo,  qué vías evolutivas permanecerán abiertas y cuáles se cerrarán para siempre. Ninguna otra criatura ha conseguido algo así y por desgracia este será nuestro legado más duradero. La Sexta Extinción seguirá determinando el curso de la vida mucho tiempo después de que todo lo que alguna vez alguien haya escrito o pintado o esculpido o construido haya sido reducido a polvo y una ratas gigantes (los animales posiblemente más preparados para sobrevivir, a base de ingenio y crueldad) hayan heredado (o no) la Tierra”.

ALBERTO DIAZ RUEDA

 

FICHAS

LA SEXTA EXTINCIÓN. Una historia nada natural. Ed Crítica,  337 págs. //BAJO UN CIELO BLANCO. Cómo los humanos estamos creando la Naturaleza del futuro. Ed. Crítica.-212 págs.- Ambas de la misma autora, Elizabeth Kolbert y el mismo traductor Joan Lluís Riera

 

 

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30 julio 2021 5 30 /07 /julio /2021 17:22

UN NEGACIONISTA EN MI TÉ

Publicado en La Comarca el 30-07-21

Es difícil de creer: el sábado en Barcelona me cayó un negacionista en mi té. Quiero decir que estaba tomándome un té en una terraza cuando me invadió una manifestación antivacunas y un joven bien vestido con melena, sombrero blanco con un ancla dorada bordada y barbas bien cuidadas se acercó a darme unos panfletos, tropezó con la acera y vino a aterrizar sobre mi mesa derribando mi té.

-Usted perdone, caballero. ¡Qué torpeza!-me sonrió con elegante aplomo.

En mis oídos retumbaba la voz de un tipo armado con megáfono: “¡Vacunas, Genocidio, Libertad!”, lo cual era vociferado coral y desafinadamente por una muchedumbre no muy numerosa pero enérgica y festiva. “¡Dejen en paz a nuestros hijos! No les llenen de miedo a sus compañeros, les están traumatizando. Tienen que jugar juntos. ¡Dictadura, no! ¡No a la especulación sanitaria! No hay pandemia, es la dictadura de la razón y de la ciencia vendida. ¡No al golpe de Estado 3.0!”. El negacionista invasor sonreía y me tendía amablemente un par de hojas impresas.

--Oiga, usted parece un joven educado. ¿Se cree todo lo que grita ese individuo?

--Oh, sí, naturalmente. ¿Usted, no? –con un  gesto me pidió permiso para sentarse frente a mí, mirando con visible ironía mi mascarilla.

--Pues no mucho, ¿sabe? Acabo de leer que los contagios en residencias de mayores se disparan y ya llevan 600 casos en esta semana, la mayoría en Cataluña y Aragón. Que se aleja la posibilidad de conseguir la inmunidad  de grupo. Que China y Rusia niegan la efectividad de las vacunas que no proceden de ellos. Que en Francia protestan contra la vacunación… ¿no ha habido ya suficientes víctimas?

Miró con desprecio mi  periódico. “La mayoría de la prensa y la tele y la radio, forman parte del complot: el del sacrosanto imperio de la razón, la ciencia y sus expertos, la nueva religión”.

--¿El imperio de la razón? Ojalá fuera verdad. Perdóneme, pero a mí me parece bastante irracional todo lo que están diciendo todos ustedes.

Me miró con actitud condescendiente, como el que habla a un niño pequeño, obcecado y algo tonto. “Vamos a ver”, puso los codos sobre la mesa y se inclinó para que le oyera bien. Me ajusté la mascarilla. Tras un leve carraspeo, comenzó:

-No me negará que hay una deriva autoritaria del Estado, desde que se declaró el supuesto coronavirus. Confinamientos, toques de queda, control policial, desinformación, tests y vacunas obligatorias: esto es como el franquismo, el maoísmo camboyano, el estalinismo, el nazismo. Y todos como borregos aceptando el nuevo golpe de estado 3.0. Es una conspiración global del capital,  emboscado en el sector de la salud y la enfermedad, frente al que estamos alienados y aislados: la supuesta pandemia es una enfermedad creada por ese Capital que recoge los beneficios de la industria farmacéutica. Como ocurrió con los bancos en 2008. – se inclinó hacia mí con gesto conspirativo - “Es la estructuración del Imaginario occidental alrededor del principio de la abstracción racional y especulativa”.

--¿El Imaginario?-balbuceé, mientras se me bajaba la mascarilla por el estupor. Ante mi evidente ignorancia el joven me miró compasivamente.

--La Ciencia es la religión hegemónica, la cúspide del pensamiento racional y la supuesta poseedora de la Verdad: vivimos la cristalización de la ciencia, el capitalismo termoindustrial y los estados-nación. La pandemia es el pensamiento racional y el Imaginario occidental en acción. Nos tienen hipnotizados con datos de contagios, estadísticas, opiniones de expertos. Somos como animales de granja. Estamos sufriendo terrorismo psicológico de Estado.

Las primeras farolas se encendieron. Las calles eran un pandemónium de gritos coreados, bocinas, silbatos de policías de tráfico: la Ronda de San Pedro estaba colapsada. La gente observaba aburrida la marcha cansina de los manifestantes y proliferaba una cierta indiferencia, si acaso, gestos de indignado fastidio por “otra manifestación más”, y algunas expresiones de estupor o incomprensión. Mi interlocutor sonreía seráficamente, seguro de haber conquistado el bastión de la razón en su hipnotizado oyente, yo.

-¿Me ha entendido? –preguntó.

--Pues sí, le he entendido y estoy horrorizado.

--¿Verdad que es para estar preocupado?

--Pues, francamente, sí. Oiga, preciso una dosis urgente de sentido común y sensatez. Después de escuchar lo que me ha dicho, necesito neutralizar esas barbaridades. ¿No tiene inconveniente en dejarme solo?

Me miró con desprecio, se caló el sombrero náutico, levantóse y no hubo nada.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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13 junio 2021 7 13 /06 /junio /2021 16:05

La palabra ecosofía nos remite a las palabras griegas "oikos", casa, y "sophia", sabiduría. El término sugiere que debemos reconocer una sabiduría presente en nuestro oikos. Esta sabiduría, en nuestro tiempo y nuestra cultura capitalista ya nos es extraña pero se encuentra vigente en las cosmovisiones de pueblos indígenas escondidos en selvas y lugares lejanos y poco atractivos de momento para el turismo o la explotación de recursos. Esas cosmovisiones hoy toman fuerza como nuevos paradigmas de convivencia con la Tierra. En un transparente y sabio librito, editado por Fragmenta, el escritor y pensador Jordi Pigem nos presenta los textos que su mentor y amigo Raimon Panikkar (que no necesita presentación) escribió sobre la ecosofía, un término que une dos facetas del pensamiento básico humano hacia la excelencia: la sabiduría y la ecología. Se definió como LA MANERA DE CONOCER, ENTENDER Y CONVIVIR CON LA COMPLEJA RED INTERACTIVA DE VIDA QUE CUBRE LA TIERRA.

Nuestra cultura individualista y de ensalzamiento del sujeto nos ha arrastrado a la considerar el mundo como un objeto, un instrumento o una fuente de recursos explotables hasta la saciedad o la ruina. Con ello hemos provocado la trágica escisión
entre sujeto y objeto. Cualquier ciudadano de nuestros países ha perdido la noción del mundo como algo vivo y al que pertenecemos en régimen de igualdad. Como dice el filósofo germano-coreano Byung-Chul Han "uno solo se tiene a sí mismo, al pequeño, desamparado y pretencioso yo".

La ecosofía, según Panikkar, es la sabiduría del equilibrio entre los mundos de los dioses -lo trascendente- el de los hombres y el del Cosmos, tres dimensiones de la realidad. Y muy sabiamente propone: "Hay un habitar en el mundo que se caracteriza más en una actitud de pasividad que en una actividad de producir. Es un dejar-se-afectar. Este habitar propio de la consciencia temporal del ritmo del ser nos lleva a experimentar la relación sujeto-objeto de manera diferente a la escisión interno/externo que es como comúnmente
percibimos la realidad: El ritmo está fuera de mí, yo no lo invento. Sólo he de escuchar los latidos de lo real, y para escuchar debo callar, tengo que silenciar
mis egocentrismos. Más aún, tengo que ser puro. Además, el
ritmo también está dentro de mí. La recepción por parte mía es indispensable y mi
identificación es un requisito. No me es superpuesto
...De esta manera, la sabiduría es el ritmo natural de la vida y como tal, no se hace efectivo por la voluntad del ser humano, por el contrario hay que dejar que el fenómeno de la vida se haga sí mismo".

Y se hace en un momento irrepetible del tiempo, que no es circular o lineal, sino un instante radicalmente nuevo. La experiencia de tiempo presente tiene una gran fuerza simbólica para la ecosofía, pues significa cultivar la vida contemplativa.La vida contemplativa permite experimentar un tiempo de duración que nos sitúa en una habitar temporal en el mundo muy diferente a la vida agitada que llevamos hoy en día donde nos falta tiempo y nos falta ser. A esto se une el delito de la «sordera
del espíritu», que es «esta incapacidad para disfrutar del silencio, de la ausencia,
o incluso de la monotonía". Como como por ejemplo la incapacidad de experimentar
aquellos momentos contemplativos que surgen en nuestra relación con la naturaleza.

Para Panikkar no puede haber experiencia de sabiduría sin tomar consciencia que la Tierra es nuestra morada:: «Mientras no contemple cada pedazo de tierra como mi cuerpo, no sólo menosprecio a la tierra, sino que también menosprecio a mi cuerpo. ¡Aquí comienza el conocimiento!" Y para llegar a él no sólo es preciso el  diálogo disciplinar, pero, sobre todo, el diálogo intercultural e interreligioso.

Sugiero, pues, la lectura del libro “Ecosofía” que nos recuerda que formamos parte de una red de vida que nos rodea y alimenta de múltiples formas: la naturaleza, la biosfera. Como dice el prologuista Jordi Pigem, “si la célula sabe lo que hace, ¿qué nos impide ver que la Tierra sabe lo que hace”. Y es que “si queremos seguir en este mundo, tenemos que aprender  a hacer y ser de manera sostenible…no habrá verdadera sostenibilidad sin una transformación de la conciencia”.

 Spinoza y Panikkar comparten la misma manera de ver el mundo: “Deus sive Natura” (Dios o la naturaleza). Por tanto el respeto que los creyentes y los ateos inteligentes sienten por Dios, como símbolo o realidad espiritual, es exactamente el mismo que muchos profesamos por la Naturaleza, su conservación y preservación ante las atrocidades que nuestro sistema de vida  está cometiendo contra ella y sus cada vez más limitados recursos. La ecosofía es una “filosofía de la armonía o el equilibrio ecológicos”.

De ahí esta recomendación final: nuestra búsqueda del equilibrio personal no tiene sentido sin encuadrarla dentro de una filosofía que nos enseñe a “escuchar la Tierra” como decía Panikkar. Sostenemos que existe una “psique del cosmos” (tou pantos psyché) como ya proclamaba Plotino desde la Grecia clásica y que en el renacimiento se llamará “anima mundi” y arrebatará a los románticos. Hasta llegar a nuestros descreídos días en los que triunfa un tecno capitalismo que impulsa una nueva forma de explotar a las personas y al planeta. Panikkar cree que ese sistema depredador no llegará muy lejos. Si seguimos  contaminando el aire, el agua, la tierra y causando el desequilibrio climático.  La Tierra sobrevivirá y repondrá su equilibrio, pero el sistema - y quizá los humanos -no.”En la lucha contra la Tierra el hombre perderá, “ dice Panikkar.

Jordi Pigem recuerda el mensaje que un pueblo indígena de Canadá –posiblemente exterminado- envió  a los orgullosos conquistadores: “Solo cuando hayáis talado el último árbol, contaminado el último río y extinguido el último pez, os daréis cuenta de que el dinero no se puede comer”. Nuestra civilización podría ser como el rey Midas de la mitología griega que, gracias al dios Dionisios , adquirió el poder de convertir en oro cualquier cosa que tocara. Cuando Midas se dio cuenta que moriría de hambre y de sed y en absoluta soledad, ya que todo se transformaba en oro a su alrededor, rogó al dios que le librara de ese don. ¿Será tan sabio el sistema capitalista neoliberal? ¿O esperará a convertir en fuente de ganancias todo lo que en la Tierra nos permite vivir, hasta que sólo queden los fajos de billetes de banco, oro,  piedras preciosas, yates lujosos y palacios vacíos?

FICHA

ECOSOFÍA.-Raimon Panikkar. Ed. Jordi Pigem.- Fragmenta Editorial.93 págs

 

 

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2 mayo 2021 7 02 /05 /mayo /2021 11:44

                                                             Si tuviera un presente diferente

                                                             Tendría las llaves de mi pasado

                                                            Si mi pasado estuviera conmigo

                                                           Sería dueño de todo mi mañana

                                           (Mahmoud Darwish, refugiado palestino)

 

De vez en cuando, desde hace años, visito dos tumbas cercanas entre sí, en mi corazón, y relativamente en el territorio. A los dos lados de la frontera franco-española: la de Antonio Machado en Colliure y la de Walter Benjamin en Port Bou. Ambos símbolos culturales del exilio, como Annah Arendt, María Zambrano, Max Aub, Stefan Zweig, Nabokov, Leon Felipe, Buñuel, Sénder, Ayala, Bertold Brecht, Thomas Mann, Freud, Musil, Emil Ludwig y  otros muchos. Ellos integran la cara más notoria –pero más “glamurosa”-  de un drama que se extendió por todo el siglo XX como una marea trágica, la relevante “cresta” de una ola que devastó culturalmente a Europa.  Pero lo más angustioso, censurable y difícilmente comprensible es que el exilio, la inmigración, las oleadas incesantes de refugiados de cientos de miles de personas acuciadas por las necesidades más básicas y usando medios de transporte inadecuados y peligrosos, o jugándoselo todo al cruce ilegal de fronteras, han convertido el siglo XXI en el epítome de una trágica realidad: la errancia sin fin (título del libro de García Ponce) del mundo desposeído, hambriento y desesperanzado (y enojado) al “otro” mundo, calificado como “rico y poderoso”, aunque comienza  a ser más un espejismo que una realidad, gracias al sistema capitalista salvaje y neoliberal que está hundiéndonos a todos.

Aquí trataremos menos el esquema psicológico de los exiliados y refugiados culturales (que han dejado observaciones valiosas  sobre sus penurias y sufrimientos), que el análisis del aluvión brutal de las grandes masas que asaltan fronteras, desafían océanos y son explotados por mafias sin conciencia. Opino que en todos los casos, al margen de la formación cultural o la particularidad política de unos, el desarraigo, la amargura, el desconcierto y el miedo e inseguridad es el contenido básico de las  maletas o los hatillos de todos los que comparten el binomio básico: 1) imposibilidad de quedarse en el propio país por miedo, necesidad e indefensión y  2) huída en precario a otro país en busca de una posibilidad de sobrevivir.

Quizá nunca como ahora en tiempos de un “estado de excepción” ocasionado por la pandemia y de tan difícil gestión jurídico-política y con la incomprensión y rechazo de una parte de la ciudadanía, el estado anímico del refugiado o del exiliado muestran un espejo o vínculo que nos permite entender a estas personas reducidas  en sus derechos (a pesar de la distancia conceptual y situacional entre ellos y nosotros) y comprender la estructura y dinámica de la experiencia de ese “otro” que procede de otro país del que ha sido expulsado y viene al nuestro de mala manera y con una demanda imposible de satisfacer, aunque sí de paliar. ¿No nos resultan familiares esa indisponibilidad absoluta del refugiado sometido a una dinámica de amenazas, exclusiones e inquietudes, con la del ciudadano constreñido a la inmovilidad y a la vigilancia por motivos racionales pero difíciles de asumir? Y si tienen dificultad para ver el paralelismo, no piensen en el ciudadano con hogar, recursos económicos, salud, sino en el indigente, el subproletariado de las grandes ciudades, los parados y los sometidos a las disolventes mutaciones del bienestar en la actual hegemonía hipercapitalista.

Como en ese caso ya corriente en nuestros días, esa subclase de desocupados y marginados de la actual sociedad se asemejan al refugiado en que ambos en virtud de la naturaleza que se les endosa, van perdiendo su identidad, se convierten en seres en permanente proceso de des-subjetivación, no son ciudadanos sino entes fuera de la categoría de sujetos legales, nuda vida, cuerpos biológicos, sin derechos reconocidos, al margen no solo de la comunidad sino de la naturaleza, mantenerse alejados no sólo del orden que emana del oikos, el hogar  establecido, la comunidad, sino objeto de una cultura de la violencia y el odio que, singularmente, proviene de las instituciones del Estado,  que rechaza a ese ser sin territorio propio y lo coloca en un umbral de indiferencia cuando no de negación y confinamiento.

 

Considero que un enfoque cultural  del exilio está constreñido a ser una faceta del amplísimo y demoledor tema de los refugiados en el mundo, por ello quiero dejar constancia de ciertos datos que muestran la amenazadora tendencia al alza del problema que, sin duda, va a constituir uno más, y no el menos importante, de los desafíos que el mundo tiene planteados en nuestro tiempo. Según los últimos datos publicados por la ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados) unos 80 millones de personas han sido desplazadas de sus hogares o han huido de ellos, por miseria, guerras locales, sequía, epidemias o hambre, lo que supone un 1% de la población mundial. De esos millones, el 40 % son niños y  jóvenes menores de 18 años. Un 85% de estos son acogidos por países en desarrollo, lo cual no mejora demasiado la situación de los refugiados y empeora la de los países de acogida. Para agravar las cosas se anuncia una hambruna en países donde se espera que este año la plaga de la langosta migratoria” afecte a los países del sur africano y  los fenómenos asociados al fenómeno climático de “La Niña” a los países del arco de Yemen, Sudan, Siria o Libia. La hambruna, junto con la inseguridad crónica, la  Covid y la falta de recursos completan un panorama desolador que aumentará el flujo migratorio de desplazados.

Pero volvamos al “interior” de nuestra pesquisa. Hablemos del extranjero que viene a nuestro país, al que miramos siempre desde la “otredad” y exigimos que se adapte a nuestras costumbres e idioma. Aún así el diálogo y la negociación son siempre desde la “superioridad”, la dialéctica del amo y el esclavo. Y eso en el mejor de los casos, cuando no es la negación absoluta, el desprecio, el ninguneo y el insulto de los “patriotas” reaccionarios. La psicología señala atinadamente el atávico miedo al otro, al extraño, como sustrato emocional agresivo en esos individuos (y la presunta carga económica fraudulenta que la extrema derecha suele asociar sin fundamento a los refugiados). La dignidad del refugiado debería estar por encima del “choque cultural” o las obligaciones que genera lo que entendemos por integración, lo cual suele estar sesgado por creencias y opiniones.

Como escribe María Zambrano: “La figura del exiliado o del refugiado representa a la perfección la amenaza del desconocido, del radicalmente Otro. No se puede sucumbir al miedo sino trascender la inquietud, planificando un mundo, un espacio mejorado y diáfano, surcado de puentes y ventanas para recibir al recién llegado, que puede llevar en sus alforjas la mejora de un cambio”

Esa visión positiva hacia el que viene en busca de ayuda, de una vida mejor y aporta su fuerza, sus conocimientos y su voluntad de integración, debe estar sustentada en la comprensión de la diversidad y en la busca del punto de integración a partir del cual ambas culturas, la que viene y la que está se enriquecen mutuamente. ¿Utópico? No lo creo. Hay ejemplos en la historia en que eso fue posible, siquiera sea por algún tiempo.

Arendt define la causa del salto abismático a lo desconocido enfocando al elemental miedo a la extinción. Y describe la situación de ese Otro como un “estado total de desarraigo, de cercenadura de sus raíces (que ahora lleva al aire, incapaz de ocultarlas para protegerlas), de vaciamiento de todo lo superfluo hasta quedar reducido a lo esencial, a la “nuda vida”, pura vida biológica, cuerpo desnudo, sin leyes que lo amparen, sin ni siquiera una norma que lo reconozca en su inapelable humanidad.

El exiliado, el refugiado llega al lugar del desprendimiento, desde la patera o escalando vallas metálicas o atravesando ríos y desiertos, con la esperanza ciega y sorda de que es posible pensar el mundo de una forma distinta. Una especie de patria, sigue argumentando Arendt, que no es física, que está libre de límites y que crece junto a la que se truncó. Una patria interior que no coincide jamás con el lugar real donde la persona busca el espacio habitable.

A partir de ahí empieza un calvario interior que  Czeslaw Milosz describe en su libro “Sobre el exilio”: “La pérdida de armonía con el espacio circundante, la incapacidad de sentirse cómodo en el mundo, tan angustiosa para el expatriado, el refugiado y el inmigrante”,  y que paradójicamente lo integra en la sociedad en forma de  una nueva esclavitud, con un desarraigo brutal que nace tras haber vivido una odisea que no envidiaría el mismísimo Ulises. El filósofo Slavoj Zizek lo encuadra a la perfección: “hoy en día, en esta época de capitalismo global resurgen nuevas formas de esclavitud que se nutren de los refugiados e inmigrantes: millones de trabajadores privados de los derechos y libertades civiles más elementales, en fábricas, en los campos, en talleres desde Asia hasta Arabia Saudí o el Congo, donde la estructura de los campos de trabajo son una reedición de las campos de concentración nazis”.

A otro nivel, Isaac Bashevis Singer nos cuenta su percepción de su propio exilio: “Cambiar de país, emigrar, es como una especie de crisis. Tenía la sensación de que mi lengua estaba desubicada. Perdí mis imágenes. Veía miles de cosas para los que no había nombre en mi lengua. Tenía la impresión de que mi lengua materna había perdido su capacidad expresiva y yo, mi sensibilidad para percibir el entorno. Y por supuesto había que ganarse la vida, adaptarse a una nueva realidad.”

Zizek critica la idealización simplista de la izquierda europea que va a los refugiados como un proletariado nómada que podría actuar como núcleo de un nuevo movimiento revolucionario. Es ignorar la esencia del problema: hoy los refugiados “sueñan” con ser proletarios, pero saben que no son “nada”, no ocupan ningún lugar dentro de la jerarquía social del país que los acoge. Por eso existe un antagonismo pseudo cultural entre los  refugiados y la población local de la clase baja. En realidad es una lucha por los puestos de trabajo, no un choque de civilizaciones, sino por el hecho puro y simple que el patrón prefiere emplear a un refugiado sin derecho alguno que a un obrero local que está protegido por leyes y normas. La flagrante falta de humanidad que esto supone no parece preocupar a la política de izquierdas y da carburante agresivo a la ultraderecha. Es uno de los efectos del Nuevo Desorden Mundial. Y Zizek añade:  “En lugar de constituir un frente unido entre las clases bajas y los inmigrantes, se instaura un rechazo por el que los inmigrantes se refugian en el fundamentalismo, mientras que los sindicatos muy a menudo combaten por el bienestar de aquellos a los que representan en contra de esos otros sectores de la clase trabajadora, olvidando que el verdadero enemigo de todos es el capitalismo…Y así se da la curiosa circunstancia de que los trabajadores consideran a los inmigrantes títeres del gran capital, que los ha traído al país a erosionar su fuera y competir con ellos, puesto que su salario es menor, y los inmigrantes ven a los trabajadores, por pobres que sean, como parte integrante del orden occidental que los marginan. No es fácil predicar que sería eficaz que estuvieran en el mismo bando en una situación en la que la competencia es real.”

Lo cierto es que en los flujos humanos migratorios que van desbordando las fronteras de Europa –y aumentará más-siempre reconocemos un signo que comparten con los indigentes urbanos: el de los “muertos en vida”, aquellas personas expuestas a las organizaciones del crimen organizado,- ya sea laboral o sexual- y a las actividades del Poder en contra de las mafias, los narcos o el terrorismo, donde terminan engrosando filas. Explotados por los comerciantes de humanos y rechazados violentamente por ciertos sectores políticos y ciudadanos que ven en ellos una amenaza y un peligro, un síntoma (más) de intranquilidad en un sistema postcapitalista y neoliberal que se deteriora por momentos.

En el otro lado del espectro, para Arendt y Zambrano los exiliados no vienen a recibir sino a dar. La cita de la “Tumba de  Antígona” de la malagueña, debería hacernos pensar: “nosotros pedíamos que no dejaran dar. Porque llevábamos algo que allí, allá, donde fuera, no tenían: algo que no tienen los habitantes de ninguna ciudad, los establecidos; algo que sólo tiene el que ha sido arrancado de raíz, el errante”

Personalmente opino que, como dice el filósofo italiano Franco Bifo, en Europa estamos perdiendo una oportunidad única, histórica, de cambiar la faz de rechazo a los inmigrantes, al otro, por un acogimiento abierto a la diversidad para lograr redirigir la crisis europea ya que “nunca en nuestra  vida nos hemos enfrentado a una situación tan cargada de oportunidades revolucionarias. Pero nunca en nuestra vida hemos sido tan impotentes. Los intelectuales nunca han estado tan callados, nunca han sido tan incapaces de encontrar un camino que muestre una nueva dirección posible”. La joven fuerza que nos viene del “exterior” debe recibir dignidad, comprensión, apertura, trabajo y respeto. No se trata de caridad sino de intercambio en un modelo de justicia e igualdad. El pensamiento que se opone al Sistema actual no ha dado aún el paso hacia delante que obligue a replantear el futuro y a aunar fuerzas. Me viene a la mente aquella película de King Vidor de los años 30, en plena Depresión norteamericana, “El pan nuestro de cada día” en el que un centenar de míseros desplazados, condenados a la humillación y el hambre, se unen para crear una nueva existencia con el sacrificio y el trabajo, la solidaridad y la cooperación. ¿Creen ustedes que estamos mucho mejor en estos días que en aquélla crisis? No se equivoquen. Las apariencias confunden.

Hace sólo tres años el ensayista David Wallace-Wells publicó un libre preocupante: “La tierra inhabitable” y en él de una manera clara, sistemática y aportando datos irrefutables describe toda una gama de problemas actuales y en progresión, que amenazan nuestra supervivencia, calentamiento global, hambrunas, pandemias, falta de agua, guerras localizadas pero frecuentes por alimentos y materias primas, zonas devastadas …y hacía hincapié en un fenómeno que ya comenzaba a inquietar a todo el mundo: cientos de millones de refugiados producidos por la suma de estos desastres ante los cuales se empleará la violencia y que, sin duda, crearán violencia. En esa misma época el líder ultra de Hungría, Orban, pedía que se declarara a Europa Central y Oriental (ECO) “zona sin inmigrantes”, una descarada copia del la nazi “Zona sin judíos”. Un genocidio de proporciones gigantescas se está preparando.

Cada vez que leo que una madre que buscaba refugio a bordo de una zodiac mafiosa se ha ahogado con su bebé en el Estrecho cerca de las playas andaluzas siento que se ha hundido un poco más la esperanza de Europa y se ha dañado la dignidad del ser humano como tal. El Mediterráneo volvió a ser la ruta migratoria más mortífera del planeta, con 1885 muertes verificadas en 2019 y, si bien el apoyo creciente a Marruecos en el control migratorio logró reducir a la mitad las llegadas de migrantes a las costas españolas, al mismo tiempo reactivó la ruta atlántica hacia Canarias, como vemos en 2021  a pesar de la Covid. Las llegadas por el Estrecho de Gibraltar y el Mar de Alborán hacia las costas andaluzas y en menor medida hacia las de Levante y Baleares representan algo más del 25% de las que se produjeron en el conjunto de rutas que se dirigen por el Mediterráneo hacia la UE. En definitiva, las tendencias tanto de llegadas como de fallecimientos en el marco de los flujos migratorios varían de manera significativa en espacios de tiempo próximos

Sin olvidar el doloroso problema de los famosos MENAS (menores extranjeros no acompañados), chicos y chicas menores de 18 años, migrantes, que se encuentran separados/as de sus padres y que tampoco están bajo el cuidado de ningún otro adulto. La deshumanización que sufren esos adolescentes y niños desde el primer momento en situación de extrema vulnerabilidad, y la criminalización después (recordemos el cartel que Vox colgó en una estación de metro de Madrid del que se hizo eco, avergonzados, todo el país) están convirtiendo un problema que debería ser educativo, social y económico, en una amenaza radical de futuro. Hay informes que muestran como esos Menas son postergados en los estudios y desviados a educaciones básicas sin aprovechar las capacidades de formación superior que muchos de ellos poseen en sí mismos: condenados a un submundo de necesidades y con ello a una radicalización que casi siempre es fanáticamente religiosa. El reasentamiento en un tercer país es una de las principales vías legales y seguras para obtener protección internacional y uno de los objetivos centrales del Pacto Mundial sobre Refugiados, aunque por el momento –agravado por la pandemia- los resultados son escasos, debido a la complejidad operativa, económica y social que supone a los países afectados. La principal nacionalidad de las personas reasentadas en la mayoría de los países fue la siria. Solo Suecia, Noruega, Francia, Alemania, Reino Unido y Portugal reasentaron un número considerable de personas refugiadas originarias de otros países, entre los que se incluyen Sudán, República Democrática del Congo, Somalia, Sudán del Sur, Eritrea e Irak.

Para la comprensión realista de este problema, España- que es lugar de llegada preferente en la zona mediterránea- es uno de los países de la Unión Europea en los que más han crecido la pobreza y las desigualdades sociales: las tasas de precariedad laboral se sitúan en los últimos años en el 40% -aumentada exponencialmente por los ERES y las irregularidades creadas por la Covid -- y existe el lógico desequilibrio en el acceso a derechos sociales tales como la vivienda, la sanidad, la participación ciudadana... Como es fácilmente comprensible el escenario en el que los refugiados es poco favorable a los procesos de inclusión de las personas solicitantes de protección internacional que, por motivos diversos, se han visto obligadas a huir de sus países para buscar un sitio seguro donde reiniciar sus vidas. Por tanto, es imprescindible un mayor reconocimiento de los derechos sociales para las personas solicitantes de protección internacional en las políticas de nuestro país. Lo cual es una cuestión que, en una España bajo una crisis económica y social sin precedentes, acaba siendo un problema insoluble a corto y medio plazo.

Los datos expuestos afrontan además una evidencia paradójica: en el año en que España registró el mayor número de solicitantes también crecieron las dificultades de acceso al procedimiento. A pesar de que la normativa comunitaria, y en concreto la Directiva de Procedimientos, define un plazo ordinario de solo tres días, que puede ampliarse a seis, para el registro de las solicitudes de protección internacional formuladas, en ciudades como Barcelona este trámite se realizó con un retraso de hasta siete meses y en Madrid el registro de la solicitud no se concretó hasta su formalización. Por el momento, el Gobierno español ha aumentado el presupuesto destinado a la acogida de los refugiados. Pero su acceso a los derechos sociales más básicos y esenciales (pensiones, vivienda, empleo, educación –principalmente en los grados superiores-, salud o participación comunitaria) es un camino plagado de obstáculos difíciles de remover.

Quizá solo nos queda pedir a las personas del futuro que, cuando miren a los siglos XX y XXI, recuerden el poema de Bertold Brecht:

“Vosotros, que surgiréis del marasmo/ en el que nosotros nos hemos hundido/cuando habléis de nuestros errores y debilidades/ pensad también en los tiempos sombríos/ de los que os habéis escapado…./Desgraciadamente, nosotros/ que queríamos preparar el camino para la amabilidad/ no pudimos ser amables./ Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos/ en que el hombre sea amigo del hombre/pensad en nosotros con indulgencia”.

Eso en el caso de que no llegue esa época de igualdad y solidaridad entre los hombres, se cumplirá la irónica profecía de un escritor francés “No venimos del mono, vamos hacia él”. Que conecta con la frase de otro visionario del futuro: “La próxima guerra global no será con armas modernas sino con garrotes y piedras”. Y nos extinguiremos o, en el mejor de los casos, el ser humano volverá a empezar desde cero.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor y periodista

Bibliografía

UNA POÉTICA DEL EXILIO.- Hannah Arendt y María Zambrano.-Olga Amaris Duarte.- Ed Herder. 317 págs.

COMO UN LADRÓN EN PLENO DÍA.- Slavoj Zizek.- Trad. Damià Alou.-Anagrama. 286 págs. ACONTECIMIENTO. Ed. Sexto Piso. Mismo autor y Raquel Vicedo, traductora.180 págs.

INFORME ANUAL DE CEAR (Comisión española de ayuda al refugiado) 2020 e INFORME DE LA ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados) 2020

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16 abril 2021 5 16 /04 /abril /2021 18:21

“BLADE RUNNER” EN ESPAÑA

(Publicado en La Comarca el 160421)

En 1982 el director Ridley Scott estrenó una película, “Blade Runner”, basada en un relato corto de Philip K.Dick titulado “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. Fue un éxito mundial y forma parte de las obras de culto del 7º arte. En ella vemos cómo el protagonista (un joven Harrison Ford) usa un artilugio que analiza la retina del ojo de una joven a fin de averiguar si es humana o una “replicante”, un robot con apariencia humana. El test está basado en un tipo de preguntas cuya respuesta activa la empatía (capacidad de identificarse con alguien y compartir sus emociones y sentimientos). Esta reacción emocional a la pregunta, supuestamente, tiene el efecto reflejo de dilatar la pupila, sólo en los humanos, claro está. Si careces de empatía, sugiere la película, es que eres una máquina.

A tenor de lo que está pasando en el mundo sería interesante conocer el grado de humanización que nos queda. Para acotar la muestra de análisis propondríamos hacer el test en nuestro país. Sugerimos estas preguntas:

1.- ¿Quitaría importancia al clima turbulento y agresivo que se estila entre los políticos, algunos medios de comunicación y sobre todo en la Red y sus lugares de cita, Facebook, Twitter, etc. Lo calificaría de simple “jarabe democrático”?

2.- ¿Cree que se deberían exigir responsabilidades ante la preeminencia de intereses políticos o económicos sobre las vidas humanas que se han perdido por la covid y su mala gestión?

3.- ¿Le preocupa el contagio que supone para el resto del país que la Comunidad de la señora Ayuso, Madrid, la capital del Estado, sea una mala copia de “Sin City”, la ciudad del pecado, donde el capital y los negocios turbios están por encima de la protección, la sanidad y la seguridad de la población?

4.-¿Percibe que estemos llegando a no distinguir la mentira vociferada de la verdad que se musita; que se banalice la seriedad y la acción efectiva; que los insultos y la desmesura emocional impidan el diálogo; que se manipule la opinión; que se propicie el olvido de errores colosales; que se bromee sobre el conocimiento y que se apoye la ignorancia como si fuera un derecho; que el ensayo-error sea la norma de criterio de actuación en unos planes nunca bien diseñados; que llenemos de eslóganes vacíos y grandilocuentes un desierto social, político y económico de ideas serias y realistas; que el gesto teatral en política sustituya al trabajo concienzudo; que vivamos en términos de polaridad –si no estás conmigo, estás contra mí-- y sustituyamos el respeto por el sarcasmo, la mezquindad por la ecuanimidad, la aceptación de lo distinto por la glorificación del racismo…?

5.- ¿Que admitamos y mantengamos a políticos y altos funcionarios que nos ofrecen clichés resabiados y tópicos de taberna patriotera en  lugar de buscar y ofrecer salidas racionales a crisis enquistadas, dejando ver la nula preparación técnica, jurídica o ético-política de tales detentores del poder?

6.-Que toleremos que muchos de nuestros jóvenes se envenenen con la adicción a la violencia fácil, el sopor y la rabia que produce la falta de esperanza en un futuro cada vez más enturbiado y un ambiente falto de ética que premia públicamente al tramposo, oportunista, prevaricador o desvergonzado ignorante y se alimenta de memes, bulos, fakes news y un desprecio larvado hacia el trabajo serio, la responsabilidad, la honestidad y la decencia, como si fueran virtudes caducas e indicativas de debilidad de carácter, desconcierto y miedo.

7.- Que aceptemos un sistema educativo que, desde la infancia hasta la Universidad, carezca de aquellas materias y conocimientos que forman a las personas en principios y valores, sujetos a programas oportunistas que obedecen a una escala de motivación reducida al pragmatismo económico y a habilidades técnicas que faciliten el empleo y supongan una rentabilidad inmediata en el mercado de trabajo…

A estas alturas del test, ¿la mayoría de los españoles habría mostrado claros signos, por la aguda reacción emotiva de rechazo en las pupilas, de que no nos estamos convirtiendo en cyborgs, autómatas, “replicantes”?  O, por el contrario, estaríamos bostezando de aburrimiento, justificando que las cosas sigan ese curso o indignados porque creemos que se trata de justificar programas políticos que no creen en el ciego autoritarismo, la glorificación de “lo nuestro” y la necesidad de un líder carismático con mano dura que acabe con la “degradación de la raza”. ¿Qué opinan ustedes?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Periodista y escritor

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5 abril 2021 1 05 /04 /abril /2021 15:43

INQUISICIÓN 3.0

(Publicado en La Comarca el viernes 020321)

La pandemia ha dado un empujón colosal al mundo digitalizado, a la virtualidad existencial, a la conciencia informática de cuanto hacemos, pensamos o decimos. Nos pasamos en general, y como mínimo, cinco horas al día enganchados a algún tipo de pantalla y de teclado. Y como “España es diferente”, queda añadir que el “diferente” se inclina más hacia lo reprobable y/o simplemente malo, que hacia la excelencia en lo bueno. Y para redondear, estamos alcanzando la excelencia en lo malo. Si les sirve de consuelo (a mí, no) es una característica que compartimos con muchos otros países. Una particularidad nuestra es que, al contrario que en el resto de la UE, creo que somos el único país al que le falta regular los contenidos audiovisuales y controlar los mensajes de odio, racismo, sexismo y violencia en los medios y en la Red por un organismo independiente de Gobiernos y grupos de presión de todo tipo. Hubo un intento de controlarlos en 2010, con un Consejo Estatal de Medios Audiovisuales que nunca entró en vigor porque cambió el partido en el poder (y no señalo a ninguno). Me consta que hay sendos Consejos con cierto –poco al parecer- control en Cataluña y Andalucía. En España como totalidad, se incumple la legislación obligatoria europea sobre este crucial asunto: de ahí la sinfonía de los horrores de mala educación, insultos, amenazas y críticas desalmadas  en programas, aquelarres deformativos e incluso discursos políticos, en los que se hacen alabanzas a la violencia con la mayor impunidad.  La existencia de un supuesto control por la llamada Comisión Nacional de los Mercados y Competencia (CNMC) es un “saludo al sol” en la mayoría de los casos. Lo tristemente cierto es que no tenemos la legislación normativa adecuada y su  correspondiente organismo porque empresas y lobbies de lo audiovisual se negaron a ello en nombre de una supuestos “principios de la libertad de empresa”. Ni Jonathan Swift se hubiera inventado algo así.

Pero esto es sólo una de las caras del problema Inquisición 3.0. La otra es el uso que está haciendo –y sobre todo que se hará, si nadie lo remedia- de toda esa estructura comunicativa y relacional del mundo digital del que somos siervos  (y sin protección alguna). No sólo se ha instituido un sistema prácticamente incontrolado y dotado de alta inmunidad de insultar, zaherir, hundir, despellejar, levantar falsedades y dictar sentencias durísimas sin pruebas de unos ciudadanos contra otros (desde el anonimato a menudo) y crear campañas de desprestigio y condenas “a la picota” capaces en unas horas de destruir prestigios o carreras de políticos, actrices o actores, escritores, poetas, artistas plásticos, bailarines e incluso científicos en nombre del dogma “wake” (“despierto”) en los países anglosajones o de los defensores del purismo (“su” purismo) sexual, racial o político: autodesignados sumos sacerdotes de la ortodoxia. Es la Inquisición 3.0.

El problema que tenemos en estos tiempos enigmáticos y sorprendentes –una época puente entre dos culturas socioeconómicas, costumbres y estilos de vida tan diferentes entre sí como la noche y el día- es que el invento del mundo digital y sus facilidades y esclavitudes ha creado, bajo el manto protector de lo que llaman “la libertad de expresión”, el advenimiento de la Laica Inquisición. Ésta se ha revelado mucho más dañina que la medieval, ya que afecta a todo el planeta, a todas las personas y sin una Institución visible y determinada que la controle. En ésta también suele haber ganancia directa o indirecta de tipo económico a causa de los desafueros y persecuciones que se perpetran impunemente. En bastantes ocasiones es gratuita en todos los sentidos de la palabra.

Segunda faceta: control ciudadano de seguridad (dicotomía libertad-orden). La imitación del “paraíso” chino: seguridad comunitaria controlada por el poder. Sistemas de reconocimiento facial en todas partes que no sólo controlan físicamente a los ciudadanos. Están conectados a potentes ordenadores estatales que, a través de algoritmos en bucles de auto enriquecimiento de datos, no sólo dan noticia de quién es cada cual, sino de lo que posee, sus cuentas bancarias, negocios o propiedades. También de lo que hacen o pretenden hacer y, a través de gestos o actitudes, lo que “piensan” que está bien o mal (“mal” es aquello que se sale de la norma oficial de lo que “está bien”). Con la minuciosidad china por los detalles, el referido patrón de” big data” podrá puntuar a los ciudadanos, según sus actos se consideren positivos o desafectos al régimen. Una multa de circulación puede llevar al algoritmo correspondiente a sellar al culpable como irresponsable o  nocivo para el sistema, con lo que su libertad de movimiento, su posibilidad de tener un crédito o una vivienda quedará gravemente comprometida.

Ni Orwell imaginó algo así. Y nos les hablo de un argumento literario distópico. Esto es real y es nuestro presente. Un grupo de intelectuales y científicos españoles ha escrito una carta abierta al Gobierno pidiendo que se nombre una comisión de investigación para que se regule los sistemas de reconocimiento y análisis faciales ya existentes. Como ven no estamos tan lejos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor y periodista

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