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3 marzo 2019 7 03 /03 /marzo /2019 10:21

Leer al neurólogo Oliver Sacks es un placer, que el libro sea póstumo ya no lo es tanto. Es como despedirnos de un buen amigo, un erudito  jovial, motero, deportista, escalador de montañas (tuvo un accidente practicando ese deporte que además de dañarle severamente una pierna le produjo una serie de fenómenos que le dieron material para uno de sus libros) divulgador de la ciencia desde la primera fila del asunto: siendo él mismo un investigador dotado con muchos aciertos: Si recuerdan la película "Despertares", con  Robin Williams encarnando al Dr. Sacks,   verán uno de sus experimentos (desgraciadamente fallido a la larga) en el que suministró un medicamento a unos veinte enfermos  afectados por una epidemia de encefalitis letárgica (una especie de catatónia) en los años sesenta, haciéndolos despertar durante unos meses, aunque luego casi todos volvieron al estado lamentable en el que vivían.

Sacks, que había nacido en Londres en 1933, emigró en los años sesenta a los Estados Unidos y trabajó como neurólogo en un hospital de Nueva York (donde tuvieron lugar los hechos que narra la película. Su afición a llevar registro literario de sus casos clínicos, sus investigaciones y sus estudios, le eocnvirtieron en un autor de referencia para los aficionados a la literatura médica de calidad, con éxitos de ventas para cada uno de sus títulos: "En movimiento" y "El tío Tugsteno" como biográficos, "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", "Un antropólogo en Marte" "Alucinaciones", "Migrañas", "Veo una voz" y otras, así como su propia Biografía terminada poco antes de morir a causa de la metástasis de un cáncer de ojo, supuestamente curado muchos años antes y que se le declaró en febrero de 2015- y que le afectó de forma fulminante el hígado, muriendo en agosto de ese año.

"El río de la conciencia" fue el último legado de Sacks. Es una colección de diez trabajos sobre distintos temas, desde Darwin y las plantas, Freud neurólogo, la memoria y su escasa fiabilidad, el yo creativo, el sistema nervioso autónomo, la conciencia (que encabeza con una cita de Borges) y el delicioso final con un título intrigante "El escotoma de la ciencia", es decir los puntos ciegos, los olvidos, distracciones y equivocaciones valorativas de la ciencia, pues como Sacks escribe: "el escotoma, sorprentemente común en todos los campos de la ciencia, implica algo más que la prematuridad; implica  una pérdida de conocimiento, un olvido de las ideas que antaño parecían firmemente establecidas y, en ocasiones, una regresión a explicaciones menos perceptivas".

Sus estudios clínicos de personas con trastornos neurológicos tenían una calidad literaria excelente y por todas partes se notaban los extensos conocimientos culturales del autor, desde la poesía, hasta los clásicos literarios.  Sin  olvida una característica muy peculiar, el protagonismo, nada narcisista, de muchos de sus libros, ya que se convertía en muchas ocasiones él mismo en el objeto de su observación clínica, indagando en sus experiencias, trastornos, pasiones y procesos de pensamiento, con tal honestidad y clarividencia que sólo eran posibles en un hombre profundamente entregado a su inagotable curiosidad científica  y su entrega absoluta a la tarea que le comprometía con sus pacientes presentes o futuros. mentales con el mismo asombro y la misma agudeza con que estudiaba a sus pacientes.

Los escritos poco conocidos de Darwin sobre las plantas y las flores o los trabajos iniciales de Freud como neurobiólogo (luego abandonados a favor del psicoanálisis) con intuiciones y trabajos tan sorprendentes como su concepción de la memoria como un "proceso de transformación y reorganización" lo cual era pura ciencia-ficción en 1890 y adelantaba en más de 50  años el concepto neurológico actual de la memoria como "un proceso esencialmente creativo en el que los recuerdos se revisan y se vuelven a categorizar permanentemente para conformar la identidad y fomentar la sensación de continuidad como individuo"..." que nuestra salud psicológica depende de nuestra capacidad de revisar y reconfigurar constantemente la memoria para permitir el crecimiento y el cambio".
Pero la memoria es falible y no se puede confiar en ella. Sacks lo comprobó tras la publicación del libro autobiográfico El tío Tungsteno, por la transcripción en primera persona de un episodio infantil durante la guerra que, en realidad, le había sido relatado por uno de sus hermanos. Y argumenta: “al parecer no existe ningún mecanismo en la mente o en el cerebro que asegure la verdad. (...) Nuestra única verdad es la verdad narrativa, las historias que nos contamos entre nosotros y a nosotros mismos".

Para terminar este breve repaso de un libro del todo aconsejable, me ha encantado sus reflexiones sobre la creatividad, la imitación y el plagio: "Todos nos apropiamos de elementos procedentes de los demás y de la cultura que nos rodea". Lo importante no es "tomar prestado" o imitar, sino lo que haces con lo que has tomado. Los libros de Sacks están cargados de referencias y citas, pero el uso que él les daba los enriquecía, y nos enriquecía a todos.

De hecho, como símbolo de lo que Sacks hacía con sus libros podría adjuntar la cita de Einstein que aparece en la página 198 del libro: "...podríamos decir que crear una nueva teoría no es como destruir un viejo granero y erigir en su lugar un rascacielos. Es más bien como subir una montaña, tener unas vistas nuevas y más amplias, descubrir conexiones inesperadas entre nuestro punto de partida y su rico entorno...pero el punto de partida sigue existiendo y aun se puede ver, aunque parece más pequeño y forma una parte diminuta de la amplia visión a la que hemos accedido...". 

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1 marzo 2019 5 01 /03 /marzo /2019 09:35

 

 

Fue la "Viena fin-de siglo", la "Viena 1900", una ciudad cosmopolita y burguesa donde   florecieron los genios como las margaritas en el campo, una capital que simbolizaba como ninguna otra en Europa el término de una época, la decadencia abrupta de una cultura y de un estilo de vida y anunciaba tras dolores de parto como jamás se habían dado en la historia humana , el caos inconcebible que sumió al mundo tras las dos guerras mundiales, pero también una nueva forma de concebir la vida, el arte, la filosofía, la literatura, la ciencia: en suma la existencia compleja del ser humano en occidente y todo ese entramado de conocimientos y belleza, de tragedia, comedia y sufrimiento, al que llamamos cultura, palabra que perdería su sentido  habitual tras la barbarie nazi.  En esta Viena y en aquélla época se forjaron las oscilantes estructuras de nuestro hoy, tan inseguro y cambiante como la tecnología que la ciencia ha brindado a unos hombres y mujeres que se desnaturalizan a la velocidad que marcan los prepotentes bits que sólo sabemos usar pero cuyo alcance y poder no alcanzamos a comprender. Pero eso es otra historia. En la Viena finisecular se plantaron las cañas que hoy ya se han convertido en lanzas.

En esa ciudad bullente donde se extinguía un imperio (al austro húngaro), genios como Nietszche, Wittgenstein, Freud o Kraus daban los aldabonazos a las puertas de un futuro desolador y al mismo tiempo  redoblaban las campanas que anunciaban los cambios, muchos de ellos asombrosos, que traían en sus alforjas los despiadados caballos de la guerra. Para el Imperio que se desmoronaba, la cuestión lingüistica y la de la identidad nacional serían, vinculadas estrechamente, no sólo el acicate de la caída sino el impulso creativo que renovaría la literatura, la filosofía  y el arte.

He escogido tres libros emblemáticos para analizar ese poderoso nido cultural, científico y político-bélico que se estaba fraguando: un clásico, "La Viena de Wittgenstein", que se publicó en inglés en 1973 y diez años después se tradujo al castellano. Sus autores, Allan Janik y Stephen Toulmin, norteamericano e inglés respectivamente, ambos conocedores a fondo de esa Viena (el segundo fue alumno de Wittgenstein en Cambridge) y de sus protagonistas. Y los otros dos, están dedicados a la figura de Karl Kraus, para mí el símbolo humano de las dinámicas y combativas contradicciones y fuerzas antagónicas que se dieron cita en la Viena de fin de siglo y de la I Gran Guerra hasta desfondarse en la II GM."Contra los periodistas y otros contras" un libro de aforismos del agresivo Kraus y "El laberinto de la palabra" de Sandra Santana, que es un trabajo excelente en el que se unen muchos de los elementos que los dos libros anteriores nos han resaltado. La lectura secuencial de estos tres libros dará al lector una idea compleja pero bastante completa de la importancia y la naturaleza de aquella Viena histórica de la que hoy apenas queda el recuerdo de su testimonio histórico.

Sesenta y dos años tenía uno de los más significados (y difíciles) filósofos nacidos a caballo entre los siglos XIX y XX, el austríaco Ludwig Wittgenstein, cuando murió en Cambridge debido a una gripe mal tratada. Su originalidad corre pareja con su influencia en la marcha de la filosofía, la ciencia y la lingüística hasta hoy en día donde sus proposiciones y hallazgos (y dudas y problemas planteados, pero no resueltos) aún forman parte del bagaje cultural dinámico de nuestra época. Su obra capital, el "Tractatus lógico-Philosophicus"  es una de las claves básicas para entender la situación actual de la relación entre la filosofía y la ciencia, dentro del pensamiento racionalista-lógico que forma parte del paradigma del pensamiento vigente.

La formación de W. es científica (ingeniería y arquitectura) y volcada en la epistemología y la linguística (bajo la dirección de Bertrand Russell en Cambridge). Pero justamente lo que interesa al lector de este libro es el "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una determinada época y en un lugar determinado) vienés que formó y fundamentó no solo la obra de W. sino su propia existencia (con los saltos habidos entre el "Tractatus" y sus dos obras posteriores "Investigaciones filosóficas" y "Notas sobre el fundamento de la matemática" (publicadas póstumamente en 1953 y 1956). El primero marca el "sello" de W. con la fuerza de una frase de Sócrates o un argumento de Descartes o Kant:  “El libro – escribe en el prefacio – trata de problemas filosóficos y muestra, según creo, que la formulación de los mismos se funda en la mala comprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Todo el sentido del libro podría resumirse en las siguientes palabras: todo cuanto puede decirse se puede decir con claridad; y sobre aquello de lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”. 

El largo camino del libro es esclarecedor y tiene un doble misión: por un lado nos muestran autores y movimientos, ideas y actitudes filosóficas o psicológicas que de alguna forma nos ayudan a comprender lo que Wittgenstein nos trataba de mostrar ya que le inspiraban y al mismo tiempo ello nos permite que sepamos cómo la música, la pintura y el pensamiento de la Viena de aquellos tiempos se enriquecía con las aportaciones de W. O como nos dicen los autores en el libro: “Los productos culturales del ambiente kakanio tenían en común ciertos aspectos característicos que hablan y pueden arrojar luz sobre el contexto social, político y ético de su producción” . El propio W. afirma en "Cultura y valor" "no haber tenido una idea original y haber desarrollado su filosofía a través de hombres (del Circulo vienés y aledaños) como Loos, Kraus, Weininger, Boltzman, Hertz, Schopenhauer, Spengler, Gottlob Frege, Rusell, Piero Srakka", aunque W. deja fuera del tintero a Nietzche (que como bien escribe Isidoro Reguera, "el ánimo nietzscheano que más cerca o al menos tanto como el de esos diez grandes pensadores de los que hablan los autores de este libro.

En lo estructural, el libro, dividido en nueve partes (junto a un prólogo de Carla Carmona, la excelente introducción del especialista en W. Isidoro Reguera, una nota de Allan Janik, la bibliografía y el índice onomástico) hacen de este libro una joya para entender no sólo las interacciones entre el W. filósofo y su obra con el temperamento y las actitudes y comportamientos del W. persona, sino la influencia de la sociedad y la política de ese momento histórico: La descomposición del imperio austro-húngaro, radicalizado brutalmente por la Primera Guerra Mundial. Y el papel que las ideas científicas, filosóficas y artísticas, de las actitudes éticas tendrían en el fin de una manera de entender la vida y la sociedad para dejar campo libre al caos tenebroso del siglo  XX.

En el prodigioso caldo de cultivo de las ideas que fluían por aquella sociedad se sumerge ese individuo  inteligente y refinado para producir su obra: en el fin de siglo vienés nacieron gran parte de los movimientos culturales e intelectuales que han conformado la historia de Europa del siglo XX.  Desde Karl Kraus: " el laboratorio de investigación para la destrucción del mundo", al sionismo/nazismo, Freud y su Psicoanálisis, Schönberg y la música atonal... todo bullendo en un estado de orden policial, la Viena de los Habsburgo, donde todos los ciudadanos eran iguales, pero no todos eran ciudadanos, bajo una censura rígida y operativa que imponía el principio: o eres del los mío o eres un enemigo a exterminar. Una sociedad `patriarcal, burguesa, estrictamente organizada en el sistema de clases, con un general  rechazo a toda conducta  o idea que se saliera lo más mínimo de las severas reglas de educación y conducta severamente reprimida. Y, naturalmente, esto se aplicaba a las relaciones sociales, pero sobre todo, de una forma hipócrita y mezquina, al sexo. Como escribió Stefan Zweig, "Viena era una sociedad enteramente preocupada por el sexo, pero nunca se hablaba o discutía sobre esa actividad tabú y pecaminosa, lo que generaba todo tipo de aberraciones cuidadosamente ocultas".
En ese ambiente surgen y triunfan ideas, tendencias y escuelas filosóficas y artísticas lanzadas al rechazo de lo escondido y vergonzante: el neo empirismo de Ernst Mach, el análisis de la representación por Kant y Schopenhauer, las alternativas éticas de Kierkergaard, la filosofía rompedora de Nietzche y las novelas revolucionarias de Tolstoi o Musil. Los filósofos llegan a la conclusión de que todos los problemas filosóficos son problemas relativos al lenguaje, auténtico supuesto creador de la realidad a través de las palabras...el terreno estaba propicio para W. Karl Kraus publica "Sexo y carácter" que constituye un símbolo de las tensiones intelectuales y morales del fin de siglo en que creció Wittgenstein.

En suma, un libro apasionante que fascinará por igual a lectores de historia como a los de filosofía. Y será una fuente de información (y gratificación) para el lector que pretende ampliar su visión de la cultura de este siglo.

Pasemos a ese Karl Kraus, ensayista, filósofo, lingüista y periodista con cuyas iniciales K.K.  juegan los adeptos a llamarse "kakanios" en homenaje a otro grande del momento Robert Musil, cuyo inconcluso "Hombre sin atributos" transcurre en un lugar llamado "Kakania". Karl Kraus es un polemista, un provocador nato que odia las imposturas del lenguaje y muchas otras cosas censurables de una ciudad que es testigo angustiado del fin de un imperio y el comienzo de un período estremecedor de inseguridad, muerte y horror. Busca la autenticidad, la sencillez, una cierta verdad. Y así Kraus ataca a los intelectuales de su ciudad con ironía: "Como no tenemos tiempo, no les queda a los autores otro remedio que decirnos con todo género de detalles lo que se hubiese podido expresar brevemente". Y para que no quede lugar a dudas de las maneras de K.K., sus intenciones, sarcasmo y mala uva, a veces irónico, a veces brillante o lúdico, quizá grosero e insultante cuando quiere, en otro lugar, asevera: "Quien sea capaz de escribir aforismos no debiera desparramarse en artículos".

Leer este libro del insigne Karl Kraus (1874-1936) es un ejercicio de paciencia, asombro, admiración, irritación y rechazo. Es una especie de Ramón Gómez de la Serna, pero menos divertido e ingenioso, más duro y más inteligente...y al contrario del gran Ramón con sus "greguerías", dispuesto a indignar , a veces hasta la respuesta violenta, a propios y extraños. Algo parecido a un Cioran, lúcido y depresivo.

Prescindamos del capítulo 3, dedicado a la mujer y a la moral: es de una misoginia vulgar y de fastidioso mal gusto, de puro machismo tabernario y violento, poco justificado por la excusa de la época que vivió, donde esas actitudes eran moneda corriente, dada la evidente inteligencia y cultura de K.K. De la que sin duda deja ejemplos suficientes en esta colección de aforismos, que goza del privilegio de ser prologados por un irónico Miguel Angel Aguilar (¿qué tal viejo amigo y compañero?) y editado y traducido  por el ya desaparecido, erudito y áspero, Jesús Aguirre.

Kraus, judío checo converso de lengua alemana,  fue una deslumbrante aunque incómoda personalidad  intelectual en la Viena de entreguerras(en el índice onomástico del soberbio libro "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, es el nombre más citado) y su revista "Die Fackel" (La antorcha) editada y escrita casi en su totalidad por él mismo durante 37 años,  era leída con devoción, asombro, irritación y denuncias por todo los que la amaban (Schömberg, Musil, Zweig, Canetti, Adorno y el mismo Wittgenstein) y muchísimos que la detestaban (aunque no dejaban de leerla) y los que solían ser blanco de los ataques inclementes, ingeniosos e inteligentes del autor.

A poco más de un mes de la guerra civil española, moría Karl Kraus, evitándose la considerable incomodidad de intentar huir de los nazis a los que les hubiera importado muy poco acabar con una inteligencia superior...pero judía de origen (se convirtió al catolicismo). Su obra, bastante extensa, es en España poco conocida, con algunas excepciones minoritarias de  la República, la Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Estudiantes de Madrid. Después de la guerra, silencio, ya en los ochenta, se publica una primera versión de este  libro de aforismos preparada por Jesús Aguirre y bautizada también Contra los periodistas. El resto de su obra, 17 volúmenes, más los 39 de su revista, más una larga correspondencia, que la guerra y los descuidos diezmaron considerablemente. 

Artículos, ocurrencias aforísticas al modo de las greguerías de don Ramón, o los "propos" de Alain, panfletos variados y polémicos, bastante poesía, algo de teatro fantástico y, en el fondo, uno de los periodistas más aclamados y destruídos por la profesión, de la historia del periodismo escrito. También se especializó en lecturas pública de poesía, comedias, operetas, auxiliado por un pianista y una puesta en escena minimalista, en plan hombre-orquesta, demiurgo mágico de un surrealismo "avant la lettre". Fue un modelo inalcanzable de periodista honesto y batallador. Y al margen de su a veces excesiva contundencia verbal, luchó contra el belicismo, la corrupción, la hipocresía sexual  y la violencia en todas sus formas

Era la Viena de Freud , Klimt y su expresionismo, Schönberg y su atonalismo, Wittgenstein y su formalismo lógico, Schnitzler y Hofmannsthal, Mahler y Kokoschka, Adolf Loos y Rainer María Rilke...y Adolf Hitler.  Pero también una época que ya preludiaba el salvajismo nazi-soviético, belicismo y exterminio de  la inteligencia, el arte y el humanismo. Kraus y su activa lucha contra todo ese huracán de odio y maldad que ya asomaba su feo rostro, influyó en gente  como Benjamin, Adorno, Horkheimer o Löwenthal, que lo consideraban como "el mayor satírico en lengua alemana del siglo XX".

Los que se esperen al leer el título y lo que he escrito hasta el momento de que se trata de una colección de aforismos contra el periodismo, el mal periodismo y sus asuntos, van errados. Kraus carga contra todo lo que a su juicio va mal, desde la moral a las mujeres, al tándem  Viena-Berlín, a la tontería y los cretinos llenos de soberbia, los funcionarios, los políticos, los psicólogos, la corrupción, los malos artistas, los estetas,  músicos y actores, escritores, eruditos y, por supuesto, la tendencia generalizada hacia la guerra como la manera más rápida de resolver problemas que no tienen nada que ver con las armas.

Libro pues ineludible. Pero con una muy seria advertencia: si quiere disfrutarlo, incluso aprender de él, por favor, no se le ocurra leerlo seguido, con prisas, de una tacada, o dos, o tres. Es un libro para leer durante unos meses, ni siquiera página a página, sino pensamiento, aforismo, comentario de uno en uno, por solitario. En caso contrario, le vaticino una indigestión y que acabe en la papelera, lo cual sería además de una lástima algo peor, un error.

Algunas perlas: "Te perdonarán la bajeza que han perpetrado en contra suya, antes que el favor que de tí recibieron". "No tener una idea y poder expresarla, eso hace al periodista" "El nacionalismo es un hervidero en el que se incrusta cualquier otra idea" "La nueva psicología es una doctrina que contrae la personalidad tras haber ensanchado la irresponsabilidad" Sobre el psicoanálisis (aunque Kraus era muy respetado por Freud): "Tienen la prensa, tienen la bolsa y ahora tienen también el subconsciente". "Las buenas opiniones carecen de valor. Lo que vale es quién las tiene" "La educación es algo que reciben los más, que muchos transmiten y pocos tienen" "Las gentes que han bebido de las fuentes del saber más de la cuenta son una plaga social"."No hay otro arte de la palabra si no es la capacidad de poner en claro una opinión". "El periodista está estimulado por el plazo. Cuando tiene tiempo, escribe peor" "El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres". "Los místicos olvidan a veces que Dios lo es todo, salvo místico". "El que plagia debería copiar cien veces al autor" "El diagnóstico es una de las enfermedades más extendidas" "La vida es un esfuerzo digno de mejor causa". En fin, sírvanse. Pero con mesura.

Para terminar pasemos al ensayo de  la madrileña Sandra Santana, poeta y profesora de Filosofía de la Universidad zaragozana, dedicado a "Karl Kraus en la Viena de fin de siglo". Es aquí, preferentemente, donde se actualiza el mensaje conjunto de los dos libros anteriores. Complejo y exigente, el texto de la Santana, se centra en los dos ejes que moverían el entramado del cambio casi copernicamos que daría el mundo desde finales del siglo del convulso siglo XIX, al apocalipsis global que causarían las dos guerras mundiales y otras periféricas igualmente sanguinarias y bochornosas: la dinámica destructiva de los nacionalismos y la creativa pero igualmente destructivas de  las distintas lenguas enfrentadas (como signos de estatus y poder) y el lenguaje como elemento catalizador del ser humano y de su producto más valorado: la cultura y las prolijas manifestaciones de su ejercicio.

El libro se centra en la controvertida figura de Kark Kraus (Bohemia, 1874-Viena 1936), en sus influencias propias y ajenas, en la Viene de su época, caldo de cultivo de una rebelión masiva en el amplio campo de la cultura y en el cuestionamiento del lenguaje como motor del pensamiento, como célula de identidad, como fuerza creativa y, por último pero no menos decisivo, su enorme poder de separar, enclaustrar y destruir a las personas. A  través de Kraus y coronándose en Wittgenstein el lenguaje se convierte en uno de los paradigmas que hicieron gemir a la filosofía en un estertor de muerte: cuando sólo queda el silencio y lo único razonable es callar.

Los "dramatis personae" de esta tragedia de la Viena finisecular, el nido de la serpiente que arrasará Europa y parte del resto del mundo, son como tristes y desahuciados personajes de Esquilo, de Sófocles, Eurípides o del mismísimo Shakespeare que danzan cogidos de la mano en una larga hilera bajo la música y el ritmo que les marca la muerte, la violencia, el hambre y la peste.Empezando con Karl Kraus, una especie de fáustico notario de la época y siguiendo por seguidores,admiradores y contrarios: Adorno, Walter Benjamín, Rilke, Elias Canetti, el pintor Gustav Klimt, la arquitectura desafiante de Adolf Loos, la música atonal de Arnold Schönberg, los filósofos Fritz Mauthner o Ludwig Wittgenstein, los poetas Stefan George o Hugo von Hoffmansthal (que certificaría la muerte del lenguaje como había sido considerado hasta entonces en su "Carta de Lord Chandos", el mismísimo Freud, el gran Nietszche  o el científico Ernst Mach, el provocador Otto Weininger con su "Sexo y carácter", los escritores Herman Bahr (la "bestia negra" de Kraus) y el malogrado Robert Musil cuyo "Hombre sin atributos" glosaría al tipo paradigmático de ese fértil pero desafiante momento histórico...

Santana nos hace partícipes de las filias y fobias de Kraus, de su misoginia galopante pero, al tiempo, de su sacralizada simbología de la madre nutricia y protectora (la lengua) y su contrafigura, la prostituta, de la que defiende la claridad de su función y la hipocresía burguesa que la explota y envilece. También aclara ciertos puntos que aparecen en el libro de "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, contrastándolos con la bibliografía  posterior y estudios más recientes sobre Kraus y su época, incluída la relación temática con Wittgenstein en lo referente al lenguaje.

Tres libros de un interés muy variado e intenso que relaciona entre sí temas como la historia, la filosofía, el arte, la linguística, la narrativa y la poesía, la psicología, el periodismo, las lacras sociales, el capitalismo, las religiones, la ética, la política y la ciencia. Una extensa urdimbre de intereses y conocimientos que aclara cómo fuímos, por qué ocurrieron los desastres que casi nos destruyen y con que materiales comenzamos a edificar el siglo XXI, es decir, tal como somos.

FICHAS

LA VIENA DE WITTGENSTEIN.- Allan Janik y Stephen Toulmin.- Ed. Athenaica. Trad. I.Gómez de Liaño.-Introd. Isidoro Reguera. 400 págs. ISBN 9788416230952

CONTRA LOS PERIODISTAS Y OTROS CONTRAS.- Karl Kraus.- Prólogo M.Ángel Aguilar. Edición de Jesús Aguirre. Ed. Taurus. 14,90 euros. ISBN 9788430622382

EL LABERINTO DE LA PALABRA.- Sandra Santana.- Ed. Acantilado.-361 págs.-ISBN 9788492649914

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8 febrero 2019 5 08 /02 /febrero /2019 10:55

Leer a Emilio Lledó es un placer fructífero: no sólo alimenta tus ideas y te ofrece nuevos enfoques de las antiguas, sino que añade a la lucidez la elegancia expresiva. En esta ocasión voy a escribir de un libro con un subtítulo tan atractivo y actual como "La necesidad de la Literatura y la vigencia de la Filosofía". Se trata de una recopilación de antiguos artículos de Lledó - sorprendentemente actuales- de muy diversas fuentes pero con una temática común que enfoca la cultura con mayúsculas, los ataques y manipulaciones que debe sufrir por el poder y la política y, por último pero no menos importante, el papel que debe tener en la educación que impartimos a nuestros hijos desde la guardería a la Universidad. Estamos muy lejos de la noción griega de "padieia", pero no tanto del juicio de Kant sobre la cuestión que se resume en una frase antológica: "El hombre sólo puede ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él". Por favor, no confundir con titulitis crónica o con iletrados tecnológicos.

Las opiniones y percepciones de Lledó sobre todo lo que tiene que ver con la educación, habida cuenta de que se ha dedicado toda su vida (tiene 92 años y desde los veinte está involucrado activamente en la pedagogía) a la enseñanza y  a reflexionar y filosofar sobre los métodos y planes de estudio, sobre la política oficial de enseñanza superior y en torno a la deriva social utilitarista que va solidificándose en nuestros tiempos y está desvirtuando la enseñanza de las Humanidades y la preparación de los profesionales del futuro cercano. Y no hablamos sólo de España, también de Alemania, de universidades presenciales y de las virtuales.

Su compromiso personal con enseñanzas plenas empezando por los elementos de la "padieia" griega y formulando principios sobre la madurez y el amor al conocimiento en un compromiso honesto sobre el oficio de maestro y el respeto al alumno. Y ese compromiso encarna en la formación permanente, en la curiosidad científica que desde los primeros filosofos griegos marcaba la diferencia y en el mantenimiento de valores y principios que ennoblecen el trabajo y hacen del trabajador un ser digno y en proceso de buscar la excelencia como persona y la excelencia en su trabajo.

"Educar es crear libertad, dar posibilidades, hacer pensar". Es un proyecto que vincula la libertad al ejercicio de enseñar y al placer de aprender. ¿Se enseña esto en los institutos, en las escuelas, en la Universidad? Una fábrica de títulos, una visión "asignatural" de la enseñanza que ha convertido a la Universidad en un conglomerado de conocimientos «estancos e inútiles» y un sistema de exámenes ("chantaje ritual").  “El asignaturismo, hacer exámenes continuamente, es la muerte de la cultura” dice Lledó, es inapropiado y absurdo ya que que sólo exigen memoria y no ejercicio de la razón. En conjunto el sistema produce "el atontamiento, el fanatismo y la violencia de la competencia hacia uno mismo y hacia los demás". La globalización y la digitalización que es la marca del mundo actual, pone en circulación unas técnicas complejas de acceso engañosamente simple que van manipulado y sustituyendo el hábito de pensar y nos convierten en usuarios más que en personas libres. Ya que se nos enseña el pensamiento vigente  y   la obra de los pensadores, pero no lo más elemental y necesario: enseñar a pensar.

Los artículos y trabajos reunidos en este libro ya tienen  unos años aunque la lucidez del pensamiento de Lledó les mantiene de plena actualidad (o es que el mundo va progresando por un desvío que ya no tiene  en cuenta los derechos de libertad y autonomía del individuo ya que los convierte en secundarios). Eso podría explicar que la educación esté en manos de grupos politicos o económicos (o religiosos, aunque en franco declive) que privilegian la formación científico-técnica que va creando clases privilegiadas y una masa  ignorante pero satisfecha por el acceso infantilizado -simplemente de usuario- a las nuevas tecnologías. Esa minoría que asiste a escuelas privadas o instituciones para formar dirigentes de elite (muchas veces subvencionadas por el Estado) va creando una situación social más o menos visible de desigualdad y sigue siendo uno de los endémicos males de la educación en este país. Dice Lledó : "Los pueblos marcados por grandes diferencias entre sus clases sociales son los más amenazados por la destrucción y la aniquilación, los más vencidos".

El lector se siente atraido -e irritado por la falta de reacción oficial y académica- por la defensa que hace Lledó de la Filosofía y la Literatura como elementos educacionales del ser humano. Y cita a Bertrand Russell: "La Filosofía debe ser estudiada, no por las respuestas concretas a los problemas que plantee, puesto que, por lo general, ninguna respuesta precisa puede ser conocida como verdadera sino, más bien, por el valor de los problemas mismos; porque estos problemas amplían nuestra concepción de lo posible, enriquecen nuestra imaginación intelectual y disminuyen nuestra seguridad dogmática".

Los artículos destinados a la educación a distancia han quedado un poco obsoletos en su enfoque, no en su razonamiento,  aunque en su momento fueron puntales para el progreso de una enseñanza que daba una oportunidad a muchísimos estudiantes que debían conciliar el mundo del trabajo con el del estudio. Sin embargo la,lucidez de sus planteamientos y sus oportunas citas devuelven la adecuación a este trabajo, por el que desfilan citas de Platón, Aristóteles, Kant, Nietzsche, Wittgenstein, Russell, o el Juan de Mairena  de Machado, Schiller y Ortega.

En una entrevista que se le hizo al salir este libro, Lledó aseguró que "no es fácil especular hasta dónde aguantará la filosofía y la literatura, tan necesarias sin embargo, en los planes de estudio y en la sociedad. Yo no me encuentro muy cómodo en este presente. Es nuestro mundo, lo sé, aunque también sospecho que estamos cometiendo entre todos un grave error. Pensar que "las Humanidades son algo secundario de la vida humana. Es cierto que el aspecto utilitario en las Humanidades no parece tan inmediato como el de la tecnología, pero sin ellas no es posible nada. Nos aportan conocimiento y capacidad de reflexión crítica. La importancia y necesidad de los grandes conceptos (Justicia, Bien, Verdad) es algo que aprendemos de leer filosofía, de leer literatura".

 FICHA

SOBRE LA EDUCACIÓN.- Emilio Lledó.-  260 págs. Ed Taurus, 2018. 19,90 euros.- ISBN 9788430619269

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31 enero 2019 4 31 /01 /enero /2019 18:14

Este mes dedicamos este espacio de libros a un compromiso esencial que constituye en cierta forma la conexión más directa con la vida de todo cuanto alienta en este mundo: las plantas, los árboles, las flores, los bosques, los alimentos que  proceden de la tierra, la interacción no siempre positiva e inteligente con esos elementos naturales tan llenos de vida como los seres humanos y considerablemente más gratificantes, generosos y humildes en su conjunto. Para ello contamos con una revolucionaria mirada al mundo de las plantas desde la ciencia, la de Stefano Mancuso, uno de los más interesantes neurobiólogos vegetales con rara habilidad para contarnos desde un punto de vista científico la vital importancia del mundo vegetal. Para ello he leído  dos obras suyas, "Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal" escrito en colaboración con la periodista Alessandra Viola y "El futuro es vegetal". Las advertencias y proposiciones científicas que se nos brindan, me han convencido de que si el mundo no cambia su actitud ante el género vegetal en su conjunto , además de los horrores que vaticinan algunos sobre el cambio climático, la escasez de agua y alimentos y la deshumanización tecnológica, acabarán haciendo profética aquella película distópica de los ochenta que se llamó "Soylent Green", en la que una humanidad que ha acabado con los recursos naturales, sobrevive alimentándose de las galletas energéticas que llevan el nombre de la película y que proceden de una horrible e inesperada fuente "natural". Pero, si dejamos de lado el humor negro, los datos que se nos brindan caen de su propio peso y lo que más sorprende es que los gobiernos no hagan campañas bien diseñadas para informar y mentalizar a la población de que hemos de cambiar nuestra visión del mundo vegetal por simple cuestión, y esto no es broma, de supervivencia.

El estudio de la inteligencia vegetal  nos permite observar nuestra mente con otros ojos y aplicar lo que observamos a los déficits de nuestros comportamientos. Así por ejemplo, las plantas manifiestan los comportamientos "emergentes", es decir las "actitudes de rebaño o enjambre" en los que la individualidad no cuenta más que lo colectivo y éste trabaja en común y con una gran eficacia para conseguir determinados objetivos. El hecho básico es aceptar (y se puede desmostrar empíricamente) que las plantas son sensibles, tienen más sentidos que nosostros (por ejemplo miden la gravedad, analizan compuestos nutritivos, los saben localizar, etc.) se comunican entre ellas y con los insectos y otros animales, duermen, memorizan e incluso son capaces de manipular, dominar y explotar a otras especies. Por tanto, son organismos inteligentes a todos los efectos.

Por ejemplo, las raíces constituyen una avanzadilla de busca y captura de agua y nutrientes en permanente avance y como las plantas no están formadas como nosotros, en forma piramidal, con un centro de poder y gestión en el cerebro, sino  con con innumerables centros de mando en ramas, hojas y raíces, de suerte que está más dotada para sobrevivir en determinadas condiciones y no depende de un sólo órgano de decisión (con lo que el ataque de un depredador que devora una roma o unas hojas, no supone dificultad alguna para la planta (imaginen lo que nos ocurre a los humanos si nos dañan el cerebro). Ellas tienen un fina percepción de parámetros físicos y químicos,  eléctricos o magnéticos que muy pocos animales y humanos perciben. Parece demostrado que las raíces disponen de sensores que pueden percibir funciones de más de veinte  parámetros físicos y químicos. Ya que aunque carecen de órgano olfativo específico, esa percepción está presente en el propio tejido vegetal u son sensibles a moléculas volátiles que les dan toda la información que precisan.

Como dice Mancuso : "Los vegetales no tienen pulmones ni hígado ni estómago ni páncreas ni riñones, y aun así son capaces de llevar a cabo todas las funciones que estos órganos realizan en los animales. ¿Por qué, entonces, la ausencia de cerebro debería impedirles ser inteligentes? Fijémonos en el caso de la raíz, la parte de la planta a la que, como hemos visto, incluso Darwin otorgaba capacidad de decisión y guía (…) Darwin estaba convencido de que las diferencias entre el cerebro de un gusano o el de cualquier otro animal inferior y la punta de una raíz no son tan sustanciales ".

Si una de las definiciones más conocidas de la inteligencia es "la facultad de resolver problemas" y otra "la capacidad de adaptarse al medio" , nadie en su justo juicio piuede negar la inteligencia de las plantas ante el cúmulo de datos empíricos que nos ofrece la ciencia. En las raíces existen células muy parecidas a nuestras neuronas y cumplen la misma función en unos y otros: usar impulsos eléctricos para comunicarse entre sí y gestionar una cuestión compleja. Esos millones de células "neuronas", trabajan en red no sólo en la misma planta sino también comunicándose con el entorno y las otras plantas. En realidad qué mejor metáfora del sistema de comunicación de las plantas, en red, que internet .  Algunas escuelas de negocios están estudiando el modelo vegetal para diseñar nuevos modelos de gestión en las empresas sin jerarquías de mandos piramidales. Y si además nos dedicamos a mejorar la interacción del se humano con el mundo vegetal, creo que todos saldríamos ganando. 

Mancuso y su equipo de investigación han concluido a través del análisis de las posibilidades del mundo vegetal  que  "las plantas pueden calcular con precisión sus circunstancias, utilizar sofisticados análisis de costes y beneficios, así como adoptar acciones definidas para mitigar y controlar diversas agresiones ambientales. Son capaces de una percepción  auto gestionada y colectiva, exhibir comportamientos territoriales y complejas habilidades comunicativas....las plantas interactúan con los animales atrayéndolos con flores de colores o deliciosas frutas para asegurarse de que sus flores son polinizadas y sus semillas se dispersen. y entre ellas  tienen una rica vida social".

Desde un punto de vista práctico piensen que el ser humano conoce apenas el 5% o 10% de las especies vegetales del planeta y que de éstas se extrae el 95 por ciento de todos sus principios  activos medicinales. Pensando en ello recordé aquella película de los 80 "Medicinal Man" con Sean Connery como biólogo vegetal, que logra encontrar en el Amazonas una planta rara cuyos elementos analizados podrían haber eliminado bastantes clases de cánceres humanos. El avance de una empresa maderera devastando la selva amazónica destruye las plantas. Cada día desaparecen muchas especies, sin ni siquiera haberlas conocido y descrito científicamente, y con ellas se pierden casi seguro muchas soluciones a los problemas de la Humanidad. 

En el prólogo de "El futuro es vegetal" hay unos párrafos de una claridad y sencillez impresionantes: "...respiramos gracias al oxígeno que producen los vegetales y toda la cadena alimentaria, por consiguiente los alimentos que nutren a todos los animales de la tierra tiene su base en las plantas. Además el petróleo, el gas y el carbón, lo que llamamos "recursos energéticos no renovables",  no son más que energía solar almacenada por las plantas hace millones  de años. Los principios activos de nuestros medicamentos son de en gran parte de origen vegetal. La madera, aun hoy, es el material de construcción más utilizado en muchos lugares del mundo...más de 38.000 especies distintas tienen uso documentado... " y acaba asegurando, "las plantas encarnan un modelo mucho más resistente y moderno que el animal, son la representación viviente de cómo la solidez y la flexibilidad pueden conjugarse...sin centros de mando, capaz de resistor catástrofes sin perder la funcionalidad y con capacidad para poder adaptarse a gran velocidad a cambios ambientales drásticos".

Es preciso comprender la innovación vegetal en la vida del planeta Tierra. Aprender de su forma de generar energía gracias a la captación de la radiación solar,  fijar emisiones de carbono, copiar su diseño modular y replicativo incluso en su inteligencia. "Son una fuente de conocimiento para la ingeniería, el diseño y multitud de disciplinas”.  Mancuso nos recuerda también que nuestro planeta está cubierto en su mayor parte por agua, por tanto podemos aprender a  cultivar el mar y analicemos y apliquemos las desconocidas propiedades de las algas y las plantas acuáticas. 

Está comprobado que las plantas son capaces de aprender de la experiencia y, por  tanto, poseen mecanismos de memorización y los miles de apices de sus raíces  intercambian información no sólo entre los que forman parte de una planta, sino con las que la rodean. Los investigadores han comprobado  que en los bosques los ejemplares más sanos transportan alimentos a los más envejecidos y a los jóvenes. De  la eficacia de su planteamiento evolutivo, afirma Mancuso: “Todas las ideas novedosas que tenemos sobre la sociedad del siglo XXI y la era de la globalización y de internet, como la inteligencia distribuida, el conocimiento compartido, los contenidos subidos en la nube, la configuración de internet como una red sin centro definido... todas esas habilidades que demandamos para la sociedad del siglo XXI son la forma que tienen las plantas de funcionar”. En su laboratorio Mancuso ha desarrollado robots diseñados siguiendo el esquema de los vegetales, es decir, unos “robot plantoides”. Defiende que la exploración espacial se beneficiaría de usarlas como modelo. “No tiene sentido gastar enormes cantidades en un solo robot exploratorio, esos Rover marcianos que solo pueden explorar una pequeña parte de terreno y que funcionan según nuestras estructuras mentales. Mancuso defiende que sería más útil enviar cientos de pequeños robots y hacerlos llover sobre el planeta, que fueran capaces de abastecerse de energía y de extender sus ‘raíces’ robóticas en el subsuelo para medir y analizar el planeta y comunicarse entre ellos.

Mancuso se plantea como reto para el futuro la respuesta del mundo vegetal al cambio climático. Y asegura que "las plantas están sometidas a cambios rápidos en su entorno generados por el impacto humano sobre el clima. Están mostrando cierta elasticidad para adaptarse a la subida de CO2 y capturando más cuánto más hay; sufren con el aumento de temperatura y más todavía con las variaciones en las precipitaciones y el acceso al agua. En el contexto mediterráneo, como Italia o España, la suma de aumento de temperaturas y falta de agua es el factor que más las estresa. Cómo responderán estas maestras de la ingeniería al nuevo panorama es algo que veremos en las próximas décadas."

Realmente, "el futuro o es vegetal o no es".

FICHAS

SENSIBILIDAD E INTELIGENCIA EN EL MUNDO VEGETAL.- Stefano Mancuso y Alessandra Viola.- Trad, David Paradela.-140 págs. Galaxia Gutemberg.- ISBN 9788416252312

EL FUTURO ES VEGETAL.- Stefano Mancuso.- TRad. David Paradela.- 240 págs. Galaxia Gutemberg.- 19,50 euros. ISBN 9788417088170

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19 enero 2019 6 19 /01 /enero /2019 10:31

Los filósofos griegos, Platón, Aristóteles, Epicteto, Epicuro, Pirrón, lo prescribían de una manera u otra, con fines y planteamientos distintos, pero con similitudes de fondo bastante evidentes. Ahora lo canta como una panacea el "mind-fulness" y todas las escuelas y "maestros" del supermercado espiritual: hay que practicar la atención plena. Es un modo de percepción que exige exactamente lo que se titula. No es fácil cambiar el "chip" que encadena la mente a la dispersión, a ensimismamientos circunstanciales, a la agitación mental permanente entreverada con momentos de estolidez o de simple tontería evocada por cualquier imagen sugestiva o deseo, un escenario mental que varía constantemente con el fluir de las cosas y los eventos.

Se nos aconseja que mantengamos la mirada atenta, aunque sin fijeza o crispación, sin esperar nada, dispuesta a entrar en la demora de la reflexión, en el oasis de la contemplación. Recuperar un poco la mirada inocente y la aguda percepción de un niño sano de corta edad al que todavía no hemos programado bajo directrices de intereses o correcciones "educativas". Una mente que se está formando y todavía está libre de los automatismos que más tarde y pronto les inocularemos con el mejor de los propósitos sin duda. (Es lo que hicieron con nosotros cuando éramos bebés).

Eso es el "desideratum", pero pasemos al momento actual, ya adultos y casi irremediablemente estropeados por una cultura invasiva administrada desde la familia más cercana, a la sociedad y naturalmente al Estado. ¿Es posible recuperar la mirada inocente? A los que ya transitan por los senderos espirituales de la búsqueda, les diría que sí es posible, aunque no fácil y que es muy probable que se extravíen más de una vez. Pero creo que con conciencia clara de sí y con el afán de la excelencia como bandera, se puede uno acercar a esa sabiduría inaccesible en su totalidad pero visible en su propio proceso (que no tiene fin o mejor lo tiene en el fin del sujeto). 

Búscate en el vacío pleno y silencioso de tu propio cuerpo, la mente ensimismada, la respiración profunda (como dicen los maestros zen: hay que respirar "desde los talones"). Sin proyectos, esperanzas ni deseos. La atención plena te devuelve al silencio rítmico del corazón, como un anticipo de la sabiduría, entre la armonía y la serenidad, en el fiel de la balanza que oscila entre la oportunidad del estar y la disponibilidad del Ser, equilibrada la pulsión del Tener (eso de lo que Gabriel Marcel decía: "el tener  nos hace ser lo que no queremos ser", cercano a esa amabilidad sin cálculo que abre el camino a la ternura como tendencia natural hacia el Otro. No es necesario el discurso, la palabra, el Logos. De lo que no se puede hablar es mejor callar. Vive con la sutilidad de la excelencia como acicate: una linea roja vertical que atraviesa y une en un sólo ente a tu cerebro, tu mente, el cuerpo que lo acoge y se planta en la tierra apuntando hacia el Universo. Un ente esencial y inefable, invisible a nuestros ojos y a nuestra sofisticada tecnología. La puerta a las estrellas.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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15 enero 2019 2 15 /01 /enero /2019 18:52

 

 No es del tipo de libros que suelo comentar en estas páginas. Mi amigo Octavio Serret me recomendó que "echara un ojo, o mejor los dos" a la intencionalidad de la autora al escribir el libro y comprobaría que en determinados aspectos, ecología, amor a la Naturaleza, a la sencilla belleza de las legumbres, las verduras, las flores, la cocina natural, a esa decisión tan visible en Thoreau, Tolstoi, Emerson, Twain, Epicuro, Epicteto y otros de escoger la vida sencilla entre bosques y lagos, en las montañas...coincidiríamos de tal manera que, a pesar de no ser vegano y mantener un cierto escepticismo hacia las soluciones demasiado radicales en materia social, encontraría el libro interesante y, quizá, inspirador.

En realidad es un libro para aprender a comer de manera saludable. Paola Calasanz es la autora (para deleite mío, cervantista irredento, se hace llamar Dulcinea) y dedica casi cien páginas de las 189 que tiene el libro, profusamente ilustrado con dibujos y fotos deliciosamente pintorescas, a las recetas veganas que ofrece. "El cuaderno del bosque" está diseñado como si fuera un cuaderno de campo. La muchacha, es una mujer joven y En hermosa,  convence de la bondad de lo que predica ofreciéndonos múltiples imágenes de sí misma e imagino, si se me permite la broma, que si Don Quijote hubiera sabido que había una Dulcinea con tal aspecto hubiera redoblado su descomunal bravura con tal de servir a tal señora, pues haría verdadera la frase "nunca vióse caballero de dama tan bien servido como lo fuera don Quijote cuando de su aldea vino".

En fin,  Paola vive en un bosque, cultiva lo que come, dirige una ONG, la "Reserva Wild Forest" que protege a ciervos, jabalíes y animales de granja, es una conocida bloguera de cocina y escribe libros seriados por el título "El día que..." Ha publicado "El día que...sueñes con flores salvajes", ...el océano te mire a los ojos" y ..."sientas el latir de las estrellas". Considera el veganismo como "el futuro y la esperanza de nuestro planeta" y dedica el libro consecuentemente "A todas esas personas que no anteponen el placer de su paladar a la vida de alguien".

Adorna las bellas páginas de su libro con citas naturalistas y nos muestra su hogar levantado en un bosque,, una cabaña protegida por una mimosa que perfuma los atardeceres y nos brinda sus conocimientos de cocina vegana, aunque deja claro que no es nutricionista ni médico. Su cocina es "el reflejo de un estilo de vida" basado en "vivir de una manera saludable, ética y consciente". Las fotos de Dulcinea van adornando el "cuaderno" junto a dibujos de pájaros, árboles, adornos indígenas. La  autora nos confiesa que nació en un pueblo pequeño entre un río y una montaña, cerca de Barcelona, educada por la abuela Flora y la bisabuela Tomasa, un abuelo chef de cocina y un padre que dirige restaurantes. Estudió Psicología,  danza y dirección artística. Hasta que llegó el día en que descubrió el veganismo (a través de un video de YouTube de una conferencia contra la ingesta de carne)  y se tatuó una flor en el pecho y la fecha de la "conversión" en el brazo izquierdo, encima del codo. Y, desde ese día epifánico hasta hoy... Como dice un proverbio nativo americano: "Si quieres ser fuerte como el bisonte, no comas bisonte sino lo que él come". (Cosa curiosa ya que según las fuentes consultadas los nativos americanos comían bisonte, aunque sólo mataban los que necesitaban, no exterminándolos como los "otros" nativos americanos de origen inglés, sueco, irlandés, etc.).

La historia de la conversa vegana tiene sus altibajos, como suele suceder, pero nuestra Dulcinea supo seguir firme y amable y se ganó el respeto de sus amigos y su familia. Bien por ella. Dejando aparte sus consideraciones sobre el empleo del tiempo, la puntualidad y las relaciones sociales, Dulcinea cambia de tercio y nos cuenta la historia de Lucy, una ovejita de cuatro meses que iba a ser sacrificada para vender su carne. Fue comprada para evitarlo y vino a parar a la granja de nuestra autora, junto a cuatro gatos, un perro y varias gallinas. Lucy trajo a Tofu otro cordero rescatado de la muerte (se nos ofrece una simpática foto del cordero ya adulto juntando su cabeza bien armada con la suave cabeza de Dulcinea).

Mientras la "familia" animal fue creciendo, más gallinas, tres perros y Coffee y Chocolate, hijos de Lucy y Dakota, una cría de jabalí. Nuestra autora cambió  de residencia para tener más espacio y crear un hogar de acogida a animales en peligro (bajo la ONG ya referida, fundada en 2016).  Y en la entrada del sendero que lleva a su casa hay un cartel que reza: "Estás entrando en una zona libre de estrés".

A partir de la página 92 Dulcinea comienza a contarnos de qué va el veganismo y sus recetas, junto a unas "instrucciones para usar este recetario". Curiosamente la autora utiliza a profusión nombres en inglés para los dulces,  mermeladas, cereales, vainilla, zanahoria, chocolate, tortitas a la americana, salsas y aliños, cremas y quesos,ensaladas, chips, sandwichs, sopas, patatas, pizza, pasta, curry, pisto, etc.

En fin, un libro para disfrutar, si sois veganos y si no lo sois para informaros de la ideología que subyace en esa tendencia nutritiva que no es sólo gastronómica sino una elección vital.

FICHA

EL CUADERNO DEL BOSQUE.- pAOLA cALASANZ.- 189 PÁGS. rOCA EDITORIAL.- ISBN  9788417305024

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30 diciembre 2018 7 30 /12 /diciembre /2018 10:44

Una de las falacias pseudocientíficas que veo más repetidas en muchos ámbitos es el del supuesto uso máximo potencial del cerebro humano. Se habla de que sólo usamos, en el mejor de los casos, hasta algo más del 10% de la presumible capacidad operativa del cerebro. Cualquier neurólogo os dirá que bastaría enchufar vuestra cabeza a un escáner cerebral para comprobar cómo una actividad compleja que requiera dos o más sentidos, por ejemplo mantener una conversación con dos o más personas mientras consultáis libros o pantallas, o sea una interacción plural, enciende la imagen de vuestro cerebro como si fuera un árbol de navidad y si además, en lugar de en un despacho, vais caminando por la montaña, es decir una actividad motora, son escasas las zonas cerebrales que se mantienen "apagadas", aumentando mucho más si estáis inmersos en una tarea creativa o de aprendizaje.

En esto, como en otras cosas más banales, del quid está no tanto en la cantidad de espacio cerebral que se emplea sino en la cualidad de su uso. No es lo mismo ver una película en la tele que estudiar la resolución de problemas lógicos que nos plantea Lewis Carroll. La maleabilidad o plasticidad del cerebro es uno de las descubrimientos científicos más interesantes del siglo XX (cuando yo  estudiaba psicología en los 70, se decía que las neuronas cerebrales eran irremplazables y su muerte progresiva irremediable). Y el hecho comprobado, ya en este siglo, de que el ejercicio físico frecuente produce un enriquecimiento celular que afecta al hipocampo, una estructura cerebral responsable de la memoria  y por tanto del aprendizaje,   además de generar neurotransmisores como la dopamina y la serotonina que tienen mucho que ver con nuestras emociones y con su gestión, nos lleva a una curiosa conclusión: la clásica fórmula latina "mens sana in corpore sano" es más que un tópico para uso de escuelas y gimnasios. Era una intuición genial de un hecho científico que atañe a nuestro cerebro. Otra cosa es calibrar en qué consiste una mente sana y de qué sutiles maneras se interrelacionan el cerebro y el cuerpo. Pero eso merece otro espacio.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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8 diciembre 2018 6 08 /12 /diciembre /2018 10:30

José J. de Olañeta, ese editor que publica libritos deliciosos, de pequeño tamaño pero gran interés, ha sacado la segunda edición del ensayo que Harry Oldmeadow dedicó a analizar las figuras convergentes de Mircea Eliade, el rumano especializado en historia de las religiones y de Carl G. Jung, el psicólogo suizo, seguidor díscolo y rebelde de Sigmund Freud, en el que la psicología profunda se unía a un profundo espiritualismo que estaba en la raiz de los esenciales desacuerdos con el genio del psicoanálisis.

El librito se subtitula "Reflexiones sobre el lugar del mito, la religión y la ciencia en su obra". Nos ilustra sobre la vida y la obra de Eliade y su encuentro con Jung a partir de las conferencias Eranos, congresos de estudiosos y pensadores sobre la  psicología, las religiones y la espiritualidad, organizadas por Jung. Eliade acudió desde 1950 hasta 1962. Las inquietudes intelectuales y espirituales de ambos hombres eran muy coincidentes, principalmente en el análisis de la naturaleza de las experiencias místicas. Durante esas conversaciones Eliade destaca no sólo la deriva mística de Jung, sino el rechazo y la crítica hacia el establishment científico que le desautoriza e ironiza sobre su obra y su práctica espiritualista. Esoterismo, alquimia, misticismo oriental, chamanismo, los sueños y las  patologías de la civilización moderna, son algunos de los temas en los que los dos pensadores solían converger o se respetaban mutuamente en sus divergencias (sobre todo en lo que concernía a la preeminencia de la cultura europea de Jung sobre cualquier otra, mientras que Eliade se habia decantado casi desde el principio por oriente). Para Jung el "primitivismo" de Eliade era una cuestión antropológica aceptable, en tanto el suizo cultivaba un sincretismo en el que la base sólida, la cultura básica que "admitía" o se "enriquecía" de las orientales era la cultura europea y su  "firme y racional" identidad histórica.

.El autor nos muestra la ruptura de Jung y Freud (que aseguraba no poder aceptar la "indeferencia de Jung hacia la lógica científica") y la casi total toma de partido por el lado de Freud de la comunidad científica (que no tardaría tampoco en colocar a Freud en un cesto diferente pero en el mismo container de los "misticos, ocultistas, simbolistas" donde anteriormente colocaran a Jung).

Una vez colocadas ambas figuras en el contexto histórico intelectual que les corresponde, el autor acaba su análisis con una mirada en perspectiva de la importancia de ambos hombres, a los que se coloca en una suerte de "humanismo con atavíos cuasireligiosos", para terminar haciendo una encendida defensa de su importancia: "El hecho de que no puedan estar --ambos-- a la altura de las pretensiones de sus admiradores más exagerados no es ninguna razón para rechazar o ignorar su obra, que posee una riqueza y una profundidad que raras veces encontramos entre los autodenominados sabios de nuestro tiempo". Y añade: "Deberiamos estar agradecidos a Jung y Eliade por rescatar sus disciplinas respectivas de las garras de los materialistas y sus cómplices, y por sus intentos de salvar el aparente abismo que existe entre la religión tradicional y la ciencia moderna".

MIRCEA ELIADE Y CARL G.JUNG.-Harry Oldmeadow. Trad. Esteve Serra.José J. de Olañeta, Editor.85 págs. 9788497167772

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1 diciembre 2018 6 01 /12 /diciembre /2018 13:21

 No es una persona perteneciente a un género híbrido surgido de una leyenda náutica . No es un cruce mágico entre una sirena ("sireno" en este caso) y un profesor de Oxford, o un arquetipo procedente de un lío entre Neptuno y Minerva; no se le intuye ninguna psicopatología obsesiva: es un tipo que tiene el aspecto informal de la escuela punk londinense de los 70 y la curiosidad biológica poética y científica de un Darwin mezclado con Jonathan Swift y Daniel Defoe, Blake, Melville y Poe. Se llama Philip Hoare y está loco por el mar. Y su locura es contagiosa. Lo muestran sus tres libros, desde "Leviatán",  pasando por el "El mar interior" y ahora "El alma del mar". Y en conjunto me ha deslumbrado la trilogía. No por sus conocimientos científicos, ni sus  lecturas y citas literarias que rozan la erudición, sino por algo que como viejo psicólogo y  literato valoro mucho y no suelo  encontrar: una pasión tan profunda y fundamentada, tan activa y dinámica, que parece haber llenado la existencia de este hombre y darle un sentido esencial :  la conexión casi filogenética con el mar. 

Como ya escribí en mi reseña sobre "El mar interior", Philip Hoare pertenece a esa estirpe de escritores aventureros y eruditos que Inglaterra regala al mundo, desde T.E. Lawrence a Patrick Leigh Fermor, pasando por Lawrence Durrell o Robert Louis Stevenson. Tocado también por el "regalo de Pan" (la homosexualidad), característica que comparte con otros escritores y poetas ( y lo menciono sólo por el plus de sensibilidad y delicadeza personal que se suele reflejar en sus textos), desde Wilde a Lawrence de Arabia, T.S. Eliot, Forster, Foucault, Wilfred Owen, D.H.Lawrence  y algunos más de sus autores citados en su trilogía. Ya en "Leviatán", la primera de estas obras dedicadas al mar citaba en el prólogo la anécdota de su "casi" nacimiento bajo el agua (su mamá visitó un submarino de la Armada un día antes de dar a luz, aunque los dolores de parto le sobrevinieron mientras estaba "bajo la línea de flotación" del mar). Es una nota que repite en "El alma del mar" para enfatizar el hecho de que su "horror a las profundidades" y al agua, incluso de una bañera, ha sido convertido en una pasión tan absorbente que le hace bañarse cada día del año en el mar, con buen tiempo o en pleno invierno bajo cero.
Me parece verle reflejado en su referencia a Shelley, que murió ahogado al naufragar su barco "Ariel" (escritas por el amigo íntimo de éste, Trelawny): " Shelley nunca floreció lejos del agua. Cuando se vio obligado a vivir en una ciudad, cada mañana, empujado por el mismo instinto que guía a las aves acuáticas, huía hasta el lago, el río o la playa más cercana y no regresaba al hogar hasta bien entrada la noche " (pág. 239). o también en sus eruditas e intencionadas elucubraciones  sobre las "pistas evidentes " que Melville dejó en su última obra (tenía setenta años) sobre el "bello marinero",  "Billy Bud", que Britten convirtió en ópera años después y es un símbolo gay de una belleza poética y dramática incontestable. (págs  405 y sgtes.).

Tanto en su "Leviatán", en el que el amor a las ballenas florece en un texto asombroso y un recorrido fascinante por la obra de Melville  y de otros escritores (desde la mismísima Biblia y su Jonás hasta Conrad. Thoreau o Hawthorne)  como las dos obras que le siguen,  son un pretexto literario para entrar en las experiencias personales de Hoare, que aprendió a nadar a los 29 años en una piscina y veinte años después lo hace rodeado de ballenas en las Azores, mientras hoy con 60 años se mete en el mar cada día desde hace diez años para nadar aunque sea rodeado de medusas o en una playa devastada por un huracán (experiencia que describe en el primer capítulo de "El alma del mar" y relaciona con "La Tempestad" de Shakespeare).

Hay algo tiernamente trágico en este escritor delgado, juvenil, amable y sonriente que parece muy lejano de la edad que tiene y muestra a través de sus experiencias personales que cuajan en su trilogía, una inesperada y admirable fortaleza personal. Es un T.E. Lawrence del mar, un "rey sin corona" de las profundidades marinas, que desprecia el dolor físico y todo lo subordina a un ideal que tiene que ver con el respeto al mar y a sus criaturas. En la trilogía, "un artefacto literario sobre animales, ideas y todo lo que me gusta"  (así definió su "Mar interior")  nos habla de sí mismo como un ejemplo más de los personajes que el mundo del mar ha cambiado e inspirado. Hay algo onírico en este libro (ya anunciado por los dos anteriores) que se despliega como un gigantesco tapiz oriental lleno de referencias literarias de hondo calado, Keats,  Shelley, el inevitable y sugestivo Shakespeare (que se refiere al océano más de 200 veces en sus obras), T.S. Eliot, Auden, Stevenson, Elizabeth Barret Browning, Conrad, Huxley, Thoreau, Iris Murdoch ("El mar, el mar"), la Wharton, Silvia Plath o Jack London, todos flotando en un ambiente glauco surcado por medusas iridiscentes, ballenas, delfines, gaviotas y cormoranes, gigantescas olas como en los dibujos japoneses, marinos y pescadores ahogados en un flotar perpetuo entre restos de naufragios, el  cadáver del almirante Nelson en un barril de brandy y la vigorosa anciana Pat de Groot , con sus dibujos de pájaros- "ella  misma parece un pájaro, con su mata de pelo plateado, sus intensos ojos castaños y sus altos pómulos"- y marinas, donde el tiempo parece congelado en tonos pastel, veinte páginas apasionadas dedicadas a Stephen Tennant (el "más brillante de los jóvenes brillantes" aristócratas ingleses) al que  Hoare dedicó una biografía en 1990...un tapiz mágico de prosa brillante a veces hiperbólica y siempre imaginativa que arrastra al lector a menudo a preguntarse qué diablos está leyendo, para a continuación olvidar la pregunta y seguir embrujado por esa larga canción de cuna que habla de tormentas y tempestades que arrasan puertos, diques y playas  "como una bestia rugiente que exigía su alimento", mareas que al bajar se llevan la vida de la gente (como dicen en "David Copperfield"), los cormoranes de Cape Cod y Provincetown, el  Titanic y el bello fin  de Isidor e Ida, una pareja anciana, los abuelos de Pat, que decidió ahogarse junto a 800 almas en el desastre, por no separarse. También nos habla, como en sueños, del disco de Roger Payne (1970) "Songs oh the Humpback Whale", que recogía la música de las ballenas o del rodaje del "Moby Dick" de Huston y del simbolismo oceánico de Kubrick y su "2001". Y de la ferocidad nívea de Bass Rock, una diminuta isla habitada por miles de cormoranes y albatros en la costa escocesa Y de los "sekies" criaturas híbridas entre pez y hombre.

El entramado de referencias personales. literarias e históricas que están al dorso del tapiz y le dan sentido, va revelando detalles poco conocidos al lector, como la descripción de las tres levitas de marino que se conservan en un museo dedicado al almirante y a  su navío Victory en Porstmout. El texto circula como una corriente marina, una de esas gigantescas corrientes que atraviesan los océanos y los continentes, como la que aquí atraviesa tres libros que, en el fondo, son un solo libro, cuyo motivo central es el océano y sus criaturas. Esa corriente  está dirigida por una energía concreta, muy humana, algo narcisista, a veces histriónica, la del autor, que enfoca  su curiosa y ávida mirada hacia los variados aspectos de sus experiencias y lecturas sobre el tema central.  A veces la implicación entre ambas actividades es tan sutil que el lector puede desconcertarse, aunque la fuerza del texto le empuja inevitablemente más allá, página tras página, libro tras libro. Como cuando nos habla de su accidente con la bicicleta y su estancia en el hospital, "un lugar de transición: un estado suspendido entre máquinas que emiten pitidos y burocracia, en el que los cuerpos son más importantes que las personas" (incorregible narcisista, aporta fotos de una radiografía y de sus heridas junto a un ojo).

Capítulo aparte es el dedicado a la hambruna irlandesa (Hoare pertenece a una familia de origen irlandés que emigró para evitar esa tragedia nacional histórica minimizada por los ingleses) en la que el autor alcanza un brío narrativo dramático empeñado en imágenes biográficas de una gran plasticidad (como su interés por los vitrales de la iglesia -muy proustiano en el fondo- que narraban la pasión de Cristo y especialmente en la figura de un legionario romano dotado de unas "piernas morenas" que asomaban bajo su falda acorazada.)

La editora, Ático de los Libros, podría unir los tres volúmenes en uno de esos cofres de cartón de regalo para obras completas, como otros editores hicieron, por ejemplo, con el Cuarteto de Alejandría de Durrell o "El hombre sin atributos" de Musil o las novelas de Jeeves escritas por el inimitable Wodehouse . Un estuche dedicado al mar, quizá publicitado por una frase de Hoare en su último volumen: "La ubicuidad del mar...es en sí misma interplanetaria y nos conecta con las estrellas...es una nada llena de vida, hogar del 90 por ciento de la biomasa del planeta, que aporta el 60 por ciento del oxígeno que respiramos. Es nuestro sistema de soporte vital, nuestro gran útero. Siempre está rompiendo sus fronteras, dando y tomando constantemente. Es la encarnación de todas nuestras paradojas. Sin él no podríamos vivir, dentro de él moriríamos. Al mar no le importa". Y en otro lugar añade:  "El mar es también el lugar al que va a parar todo el mal que hacemos”.

En "El mar interior", también un libro inclasificable como sus dos hermanos,  donde oscila entre los géneros de la autobiografía, el libro de viajes y aventuras o el ensayo científico, Hoare nos muestra su amorosa erudición sobre ballenas, delfines, focas o todo tipo de pájaros, arrullados por los "gemidos del vagabundo mar" que siempre es el auténtico protagonista de sus libros. Hoare nos recuerda las teorías de Callum Roberts, Desmond Morris y Elaine Morgan que sostienen que somos "simios acuáticos" y que estando formados por un 50% de agua, "todos tenemos nuestro mar interior" y estamos más dotados para la natación y el buceo que para las carreras o el volar. Pero también deja espacio para una dura y dolorida crítica a la actuación depredadora humana respecto a especies que se han extinguido o están en peligro de ello.  Amenizados con dibujos y fotografías (muchas de ellas del propio autor como protagonista), los tres libros de Hoare  son un placer y un reto. No sólo nos informan y atrae nuestra curiosidad e interés, también nos alecciona y nos reclama amor y respeto a la naturaleza. 

El final de "El mar interior" podría cerrar el círculo entre los tres libros, cuando escribe: "Mi cuaderno de notas descansa en la mesita de noche de mi habitación. Allí está todo, invertido entre sus páginas: las postales y las hojas secas y los recibos que guardo, los pedazos de piel de ballena, los esbozos de plantas y animales desconocidos. En ausencia de todo lo demás, esto es mi hogar, mi vida entre espirales y tapas de cartón negro, el ancla que suelto en los mares por los que navego...Es hora de volver a casa "(pag 308).

FICHA

EL ALMA DEL MAR.- Philip Hoare. Traducción de Joan Eloi Roca. Ático de los Libros, 2018. 512 páginas. 22,50 euros

EL MAR INTERIOR.-Philip Hoare.-Traducción Joan Eloy Roca.-Ed. Ático de los Libros. 2013.-333 págs

LEVIATÁN.- Philip Hoare.- Trad. Joan Eloi Roca.-Ed. Ático de los libros, 2010.-510 págs.

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20 noviembre 2018 2 20 /11 /noviembre /2018 09:32

A partir del siglo XVIII surge un movimiento filosófico, social, político y humanista que barre radicalmente con el oscurantismo y el dogmatismo de raíz religiosa del pasado: es la Ilustración y sus ideales, la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. Hay quien considera que en el siglo XXI los ideales de la Ilustración han sido masacrados y tergiversados o manipulados por los medios de  pseudo comunicación tecnocrática y globalizada. El libro que hoy les comento y recomiendo encarecidamente: "Historia reciente de la verdad", apuesta y argumenta en ese sentido de forma convincente. El científico Steven Pinker, por el contrario hace una defensa optimista de un futuro regido de verdad por esos valores. Dejamos Pinker para otro día y analizamos el mensaje crítico, desolador y documentado de Roberto Blatt, un pensador uruguayo con formación filosófica y experto en medios de comunicación.

Como reacción a ese optimismo utópico de la Ilustración, una vez lograda la relativización de los dogmatismos religiosos, las situaciones políticas y sociales se mantenían tan lejos de los ideales ilustrados que los pensadores decidieron atenerse a la realidad objetiva común. Nacerían el utilitarismo inglés, el pragmatismo norteamericano y el racionalismo postkantiano hasta desembocar en Heidegger y el existencialismo. Triunfaba una posibilista  postura: el realismo que defendía la verdad supuestamente objetiva, profana, laica, universal y ponía en otro nivel aparte a la sagrada. De la degradación de la primera, nacería en nuestros días de los"post", la "posverdad" que es una forma "in" de llamar a una "casi mentira" circunstancial y sometida al dominio de los intereses de quienes la ostentan. Una entelequia que a través de los medios de comunicación globalizados (la Red  de redes) se convertía en la doctrina no de una élite iluminada, sino a representar la realidad de una mayoría social creciente.

La deformación y manipulación de la verdad tienen una larga historia pero a nivel estatal comenzó a ser conocida tras la Revolución rusa que dio un sesgo político  la "verdad" como instrumento del poder.En el siglo XX cualquier aficionado a la historia tiene un campo de investigación jugosamente amplio para seguirle la pista a los falsos rumores, noticias manipuladas, propaganda descaradamente errónea, desinformación en suma que hizo decir a alguien "en una guerra, la primera víctima suele ser la verdad". Ahora podríamos decir: en la supuesta "paz" del siglo XXI  la primera y más importante causa de desequilibrio y de conflicto se llama "posverdad". 

Pasen y vean, señores. Desde las elecciones norteamericanas a la absurda y ridícula fantasía nacionalista alicorta del "procés" en Cataluña, tienen la misma relación verdad-mentira, por ejemplo, que el famoso caso de Los Protocolos de los Sabios de Sión, cuyo origen es un libelo antinapoleónico de la policía secreta del zar de Rusia, que luego,sirvió de excusa para hilvanar un "complot mundial judío". Las "teorías de conspiración" son trágicamente el pan de cada día en el caos global de las redes, donde hay  "espacios" donde se niega la redondez de la tierra, el heliocentrismo, la matanza nazi de judíos o las verdades científicas más demostradas, incluida la llegada del hombre a la Luna, o las diferencias de inteligencia según el color de la piel o el sexo.

Paradójicamente,  la tecnología no ha facilitado la llegada de una democracia global  basada en información verídica y contrastada, universalmente accesible, con medios para comprobar las que evidencias existen y están al alcance de todos. Ha sido la puerta de entrada de una tendencia universal a la creación de falsedades y su inmediata difusión, a pesar de la falta de lógica o de simple sentido común de la mayoría de ellas.

Tampoco la práctica política ha salido ganando. Desde la elección de representantes a través de votaciones anónimas a los plebiscitos tipo l referéndum, "los votantes suelen expresar sus posiciones personales más extremas, subconscientes o secretas, con un regusto vengativo". Como dijo un clásico: Cuando un burro es votado por una mayoría para  el cargo de caballo de carreras, el triunfo electoral no le convierte en caballo de carreras".

Blatt advierte de que hemos entrado en un virtual libre mercado de la verdad en el que "la verdad, en lugar de ser el resultado de testimonios contrastados, se convierte en el veredicto de un referendo constante de audiencia" (resulta sugerente el párrafo que dedica a ciertas empresas que venden los "me gusta" de facebook  de manera que una determinada persona, un artista, un intelectual, un libro o una película, se puede convertir en un "fenómeno viral" por unos pocos cientos de euros).  Medios de comunicación y agencias de publicidad y promoción digital, van convirtiendo las mentiras o falsedades en verdades incontrastables según los intereses que convenga destacar. Las posibilidades de seguimiento y manipulación del individuo a través de algoritmos identificativos ya empieza a tener una literatura de denuncia aunque con poca proyección resolutiva (el caso del autor israelí Noah Yuval Harari, es un ejemplo de crítica que, de momento, solo queda en eso).

Tal vez uno de los elementos más indignantes de la crítica de Blatt sea el referente a la reciente crisis económica, una gran manipulación que sólo ha afectado a la las clases mas desfavorecidas y a la clase media, ya que a diferencia del crash del 29 , "ninguno de los cargos responsables la ha sufrido», más bien se han enriquecido aún más frente a una población que pierde el trabajo y los ahorros.  Una crisis que "nos ha conducido a  una conjunción de lo peor del capitalismo y del comunismo: se liberaliza lo que es rentable pero requiere una arriesgada inversión especulativa y, en caso de fracaso, se socializan las pérdidas».

Bien, léanlo. Pero antes, conviene recordar unas palabras de Blatt como resumen de su libro "Lo que está claro para mí es que estamos en un momento de transición y que no es un buen momento para la verdad en ninguna de sus versiones". Pero, "... ante el caos, la gente se siente desamparada y tiene la necesidad de, como mínimo, consolarse entendiendo que hay alguien que maneja todo esto. En función de las aversiones de cada cual, se le delega a un enemigo concreto la responsabilidad de todos los males del mundo... Hay muchos candidatos a ser el malo de la película, pero necesitamos un malo de la película, entre otras cosas para darle fuerza a la narrativa" que es la forma como percibimos la realidad, ya que si la percibiéramos en su totalidad no sabríamos cómo reaccionar, inundados por millones de  referencias sensoriales  al mismo tiempo. Por eso lo simplificamos todo en una narración, un conjunto de correlaciones que se generan en nuestra mente"...

FICHA

HISTORIA RECIENTE DE LA VERDAD.- Roberto Blatt.- Ed. Turner, Minor. 126 págs. 9,99 euros.- ISBN 9788417141639

 

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