El día ha amanecido resplandeciente y, como ayer, se ha ido decantando hacia el cielo nuboso y el viento frío. Nos hemos desplazado hasta la estación de esquí de Arinsal y tras pasar el túnel que lleva a las ultimas edificaciones del pueblo hemos aparcado en la entrada a la pista que desde allí mismo sube empinada hacia las montañas que rodean la zona.
Es una forma de empezar a calentar músculos bastante brusca. Unos treinta minutos de subida y 200 m de desnivel acumulados, casi nada si lo comparamos con los más de 1400m que habremos de superar caso de que podamos subir al Pico de Comapedrosa (2939m) la montaña más alta de Andorra enclavada en uno de los parques naturales de este país con mayor renombre.
La pista nos lleva a un cruce de senderos, el GR11 que se interna en el bosque en una momentánea bajada (luego será subida constante) y un GRP que lleva al refugi del Pla del Estany y al PIc de Baiau. Dejamos este último a la derecha y seguimos el camino al Comapedrosa que cruza por puentes de madera el rio de ese nombre y el del Pla del Estany. Enseguida comienza a ascender fuertemente en lazadas por la Obaga (umbría) hasta el Grau. Allí sale del bosque (entre cascadas del rio que se precipita del Cap de Canals de Ribanelles). Cruzamos el torrente que baja del cercano estany de las Truitas y por una pequeña canal llegamos al Collet de Coma pedrosa.
Allí se abre ante nosotros todo el circo del Valle, con sus lejanas montañas en la cabecera, tras el velo de la niebla.
Atravesamos la enorme pleta, cruzada por torrrentes y con algunas construcciones tradicionales bien remozadas de ganado y pastoreo y dejamos sobre nosotros a la izquierda el refugio de Comapedrosa, amplio y confortable y guardado por tres damas maduras, francesas y andorranas. Seguimos por la orilla derecha del rio que cruza la pleta y lo recorremos hasta la base de la monstruosa tartera del Pic de Safont que se levanta a la izquierda
A la derecha el camino sube haciendo lazadas hasta un rellano donde hay un estany pequeño (Les Canyorques) cuyas aguas reflejan la antecima esquistosa que nos llevará a la cima, aunque antes hemos de pasar junto al Estany Negre (donde segun dicen, jamas tocan los rayos de sol). Son dos subidas considerables entre bancales de yerba y un suelo quebtradizo y a veces accidentado, con piedras de tartera.
La entrada a la garganta del Estany está cubierta de nieve y es por donde se desvia el GR11. Preferimos subir por el camino que lleva a la cima del Coma Pedrosa para obtener una vista mejor del Estany., El tiempo ha ido empeorando y le señalo a Jaime al norte y arriba el telón de niebla "Ahí está la cima", le digo. Un viento frío nos hace buscar refugio detras de las rocas. El Estany Negro es bellísimo, oscuro como su nombre idnica, y es el fondo del embudo que forman esos monstruos de roca que son las montañas de Baiau, Agulla de Baiau, Sanfons, Roca Entrevesada y el gigante Comapedrosa, todos cercanos a los tres mil.
Para llegar al Pic hay que subir un desnivel de más de trescientos metros (calculamos unos 50 minutos) sobre roca esquitosa y arriba superar varias crestas, toda una carena, algunas aéreas, aunque sin ninguna dificultad técnica o peligro, hasta llegar a la cima propiamente dicha del coloso. Sin embargo esta vez no va a poder ser. La visibilidad es bastante escasa (será imposible ver, si subimos, el Maladeta, la Pica e incluso el Canigó) y las nubes amenazan tormenta (aunque el viento acabará dos horas mas tarde por lanzarlas hacia el valle y los pueblos del norte andorrano). Decidimos dar por terminada la subida en ese punto y tras una mirada nostálgica en dirección de la oculta cima, bajamos hacia el refugio y después hacia Arinsal. Habran sido en total, unas siete horas y media de excursión, de una belleza que quita el hipo y un cierta prueba física de resistencia tras las más de tres horas de subida hasta el Lac Negre).
Al llegar al primer puente del rio Comapedrosa, nos descalzamos y cumplimos el ritual de meter los pies en el agua helada, que los deja en perfecto estado para dar el empellón final a la excursión.
Tras las lluvias de anoche, una tormenta con mucho aparato eléctrico y el retumbar de los truenos, amanece un miércoles de cielo azul, soleado. Son las siete de la mañana. Preparamos la mochila y bajamos a desayunar. Cuando salimos a buscar el coche y acercarnos a la ruta elegida, el azul del cielo ha desaparecido entre algodonosas nubes blancas que, muy pronto, son desplazadas por nubes oscuras y bajas, niebla bajando de las cumbres y un viento cada vez más frío que nos obliga a ponernos el polar.

La segunda jornada senderista andorrana comienza con el país de Nunca Jamás y termina con un fiasco montañero: la pérdida del camino de subida del Pic de la Cabaneta. A las nueve de la mañana llegamos al acceso al Vall del Riu, un lugar poco evidente, situado en plena carretera -casi pista- comarcal de Ordino a Canillo. Se trata inicialmente de un circuito de enseñanza de naturaleza a escolares y turistas, una media hora de sendero muy bien preparado hasta el río y el puente que lo cruza y da via libre al sendero de verdad: más de setecientos metros de desnivel positivo hasta el Estany Gran donde nace el rio que da nombre al valle, con toda simpleza:Riu. E n ese breve lapso de senderismo didáctico se le muestra a los niños con carteles la flora y fauna del lugar en un ambiente de postal montañera, rodeados de flores naturales, montañas, prados y el río cantarino despeñándose ciento y pico metros más abajo por la estrecha garganta que ha ido labrando con siglos de aguas lanzadas hacia el valle.


Jason Statham, no es Clint Eastwood. Ni Los Angeles de los setenta el Londres de hoy en día. El inexpresivo Clint de la primera década de los dos mil se llama Jason, al que no le falta presencia y contundencia interpretativa. En esta nueva entrega de filme de acción, policíaco, dirigida con solvencia ajustada al género por Elliot Lester, se nos dibuja un sargento de métodos violentos y decisivos que recuerda a Harry el Sucio, con maneras de matón y presencia atlética y austera. La trama es algo habitual en el género: un asesino en serie que se dedica a matar policías londinenses en venganza de un encuentro salvaje con, precisamente, nuestro "héroe". Tampoco falta el "colega", el policía amigo, un superior jerárquico de Statham, homosexual y refinado, que también guarda en la trastienda una acción al borde de la ilegalidad y el ajuste de cuentas, (magnificamente interpretado por Paddy Considine), hermanándose de esta guisa con su colega, descaradamente homófobo ). Y, claro está, el malo, un psicópata sanguinario que borda Aidan Guillen.
Barba Azul y sus mujeres en el Liceo con el habitual público entregado a la voz potente de Katarina Karnéus y su presencia sólida, con Un Barba Azul (José van Dam), que no logra imponer su presencia amenazadora y también vulnerable y el resto de la mujeres sometidas, encerradas en las cavernas del castillo, con sus vestimentas blancas y su gesticulación rabiosamente patética (cómo se echa de menos un director de actores que sepa superar la dicotomía cantante-actriz en la ópera). Momentos muy bellos musicalmente hablando, una música que atrae con la eficacia que Paul Dukas ("El aprendiz de brujo") suele imprimir a sus partituras. Murió en 1935 con 69 años. Se suicidó no sin antes quemar parte de su obra. Un auto de fe destructivo que nos habla de un hombre atormentado incapaz de dominar las fuerzas internas que asolaron su vida, marcada por una autoexigencia que rozaba la patología.

El cinco de octubre de 1988 se celebró en Chile un plebiscito convocado por el Gobierno militar del general Pinochet por el que el dictador pretendía seguir en el poder hasta el año 1997. Los chilenos se echaron a la calle y la votación superó el 95 % de votantes. Para gran sorpresa del mundo y en primer lugar de los propios chilenos, el "No" a Pinochet ganó por 55,99 de los votos contra el "si" del 44,01. Diecisiete partidos de la oosición, ilegales y clandestinos, sumaron sus fuerzas en una campaña bajo el signo del arcoiris y una canción pegadiza que incitaba a la libertad y a la concordia y muy inteligentemente no reflejaba el terror, el dolor, la brutalidad y la corrupción de un régimen impuesto tras un golpe de estado contra el Gobierno de Salvador Allende.