Después de "Amsterdam", "Expiación" o "Chesil Beach", el escritor inglés Ian McEwan publica "Solar", novela galardonada con el premio Wodehouse. Es este un galardón que destaca la mejor novela de humor del año, en honor a P.G Wodehouse, un escritor de entre guerras que constituye en sí mismo uno de los más solidos bastiones del humor británico, un tipo de humor genial, cínico, austero e ingenioso y, sobre todo, inteligente.
Esos adjetivos podrían colocarse sin dudarlo en una reseña crítica sobre "Solar". Es esta una novela de más de trescientas páginas, editada por Anagrama, sólida y bien construída, que nos narra en tres apartados cronológicos la vida y obra de un físico teórico Michael Beard, "uno de esos hombres vagamente anodinos, a menudo calvos, bajos, gordos e inteligentes que atraen a determinadas mujeres hermosas", que además de haberse granjeado el premio Nobel de física, por sus primeros -y únicos- trabajos en su especialidad, vive en la cincuentena (cuando le conocemos) de las sinecuras y apaños que le reporta su premio, languidece en empleos oficiales bien remunerados y nada exigentes y se dedica a malvivir una vida personal más bien deleznable, entre sus matrimonios -cinco-- que se estrellan e incontables y compulsivas aventuras patético-amorosas o sexuales, mientras su cuerpo y su carácter van cayendo cada vez más bajo. Pero eso sí, sin abandonar una cierta osadía, una buena dinámica de trabajo (interesado) y una coherencia profesional muy desaprovechada pero latente.
Este patético antihéroe que toca demasiadas teclas a un tiempo se enfrenta a una serie de hechos que lo convierten en un personaje especular de nuestro tiempo, con sus bajezas, su mezquindad, sus canalladas y su vitalidad de superviviente. La novela empieza al final de su quinto matrimonio, en el que se convierte de engañador en cornudo apaleado, la entrada al escenario de un prometedor fisico joven --segundo amante de su mujer-- con una idea capital sobre el uso de la fotosíntesis para terminar con la crisis energética y el calentamiento global (ahí es nada), que por un accidente mortal -arteramente manipulado por Beard en su provecho-- daría la idea clave a Beard para que,años más tarde, este lidere un proyecto de alcance mundial que podría arreglar los problemas planetarios apuntados.
Todo se desarrolla con la precisión de una crónica en la que no faltan apuntes psicológicos muy certeros, descripciones del mundillo académico realmente jugosas, con sus miserias y sus golpes bajos, retratos de nuestra época a base de una crítica exacta, certera y desternillante, formando todo ello una gran farsa canallesca que lo tiene todo, humor, excelente documentación científica bien urdida en la trama, ritmo novelesco adecuado, una técnica literaria magistral y algunos momentos antológicos dignos de la pluma de un Dickens o un Chesterton.
Al lector le anticipo un estupendo jolgorio con algunas escenas memorables: la competición tras una bolsa de patatas fritas entre el orondo físico y un anónimo joven en un vagón de tren, las maniobras de ese egoista trapacero con sus líos de faldas y sus mujeres, el soberbio semicapitulo dedicado a la expedición ártica, las observaciones del personaje en su viaje a Estados Unidos y muchos más que dejo a la percepción del lector.
Quizá el único "pero" que cabría oponer a tan conseguida novela sea su final, en la que el lector se queda con dos palmos de narices enfrentado --el personaje y por tanto el lector, que acaba simpatizando en cierta forma con ese desastre ambulante-- a una caótica serie de problemas sin resolver que le están estallando en pleno rostro al protagonista cuando acontece el final. Bueno, se podría pedir a Ian McEwan que publique una separata a "Solar" adjuntando dos o tres posibles finales. Les aseguro que habría colas para comprarla, como si fuera un Harry Potter para adultos con sentido del humor.
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Película bienintencionada, divertida, a ratos poética o surrealista, bastante ecológica, ligeramente poco creíble, bien fotografiada y magnificamente interpretada. Dos hermanos, uno biólogo y otro zoólogo, comparten un mismo amor por la naturaleza y visiones distintas pero al final coincidentes de cómo afrontar los problemas que genera el mal uso que hacemos de nuestromplaneta. El biólogo tira la toalla de su lucha ecológica cuando comprueba cómo en la antártida, en pleno desierto de hielo, nace una planta (signo de calentamiento polar) y el otro se pasa la película entera viviendo en un bosque, sobre los árboles, esperando infructuosamente que aparezca un oso de loqe que poblaron los Picos de Europa y las bellísimas montañas de la Asturia interior, antes de que la codicia destructiva del hombre llene el bosque virgen de casas pareadas.
Un escritor novel, el barcelonés Jorge Navarro (nacido en 1962 en la cercana población costera de Castelldefels) que une a unas buenas dotes de narrador, caracteristicas ciertas de historiador y el estilo pedagógico debido a ejercer de profesor de secundaria, ha abundado en la reciente moda de elevar a Barcelona -y en este caso a Castelldefels también-- a la categoría de ciudad literaria. Los beneficios económicos y promocionales son abundantes, la lista de pretendidos best sellers comienza a ser apabullante, y es una moda que no hace daño a nadie y a veces. como en esta ocasión, redunda en buena literatura.
Bien, al fin una película realmente divertida y un poco gamberra sobre alienígenas. Dos "frikis" ingleses, fanáticos de la ciencia ficción, viajan a Estados Unidos a una feria de comics y con la pretensión de visitar los lugares clásicos y tópicos de la mitomanía de alienígenas y aparición de ovnis. Cuando llegan a la célebre base militar ultrasecreta "Área 51" en pleno desierto y por supuesto inencontrable --pero colocada en un lugar del mapa por la afición yanqui por la nostalgia literaria o cinematográfica y la corriente subterránea de teorías conspirativas que alimentan el subconsciente de la gran nación-- los dos amigos, Simon Pegg y Clive Collins, dos actores con buena vis cómica, se encuentran con Paul de una forma muy espectacular.

He aquí un ejemplo de obra de teatro ejemplar, tratada de una forma poco ejemplar por el director e interpretada poco ejemplarmente (con una digna excepción) y acogida con hambre de teatro y un considerable -y escasamente ejemplar- despiste textual por el respetable público, que me merece todos los respetos, pues no es fácil descubrir cuando nos venden gato por liebre..
Daniel Glattauer es un vienés de 51 años, periodista y escritor que
Nos despedimos hoy viernes de Andorra. Antes de cruzar el Principado para entrar de nuevo a España y volver a la normalidad, Jaime y yo decidimos despedir estos dias magníficos de montañismo haciéndolo a lo grande: Subiendo al Casamanya Sur (2740 m), esa cima redondeada y pelada, con dos hermanas que la acompañan y que forman la triada central andorrana, el corazón montañero del país, desde cuya cumbre es posible disfrutar una visión panorámica de parte del entorno abrumador de montañas y valles andorranos desde España a Francia.
pero debido al poco tiempo esa la dejamos para otro día (yo la visité hace tres años y es una especie de decorado pétreo de un sueño de Dalí. Fastuoso y lleno de misterio).