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25 septiembre 2011 7 25 /09 /septiembre /2011 09:29

excursiones-6969.JPGEl camino que lleva al pico de la Espina desde La Franqueta es un sendero circular que entra en uno de los lugares más sorprendentes de Els Ports. Un paisaje desértico, de roca resplandeciente al sol, solitario y salvaje, en donde es posible admirar uno de los ejemplos de desplegamientos isoclinales en paredes calcáreas más geométricamente hermosos que he visto. Y con la sorpresa inesperada de una cueva dotada de inauténticas pinturas rupestres, realizadas con tal habilidad que sobrecoge al montañero no informado que logre llegar al lugar.
Salimos del área de La Franqueta que ya conocemos de anteriores excursiones, por la pista que surge a la izquierda y va paralela al rio de los Estrets. En la confluencia del  Barranco del Carrer Ample con el rio, nos encontramos un camino bien arreglado que lleva a una antigua cantera de mármol. Vale la pena detenerse allí, pero ahora sigamos el lecho del barranco, de caminar incómodo por el gran número de piedras, aunque  conviene seguir las fitas, ya que el sendero va dejando de vez en cuando el lecho del barranco, donde encontraremos la Fuente de las Figuerases (seca el dia que fui).

Hay que pasar el Estret de Palanquetes, algo empinado, entre grandes rocas, mientras sigue la subida por lugares estrechos y muchos zarzales, hasta encontrar una confluencia con el barranco del rio Sec, seguimos por la derecha para llegar  a la Fuente de las Baranes donde hay un abrevadero con agua y una surgencia no muy generosa (la sequía hace estragos en estas corrientes subterráneas).excursiones-6952.JPG

El sendero, muy pedregoso, sigue su permanente subida con tramos que fueron tallados en la roca, restos de un antiguo camino de paso de ganado seguramente devastado por las inclemencias del tiempo y el desuso.

Pasamos por un bosque de pinos y encinas, arbustos de boj y helechos que brillan con un verde luminoso bajo la luz del sol, con su mensaje de supervivencia (es uno de los matorrales más arcaicos que existen). Después de cruzar el bosque, el camino entra en un ensanchamiento del barranco donde aparece la primera de las sorpresas estéticas y geológicas anunciadas. A mano izquierda, en el estrecho que se forma, las paredes toman una estructura isoclinal, como muros inclinados que parecen de mármol blanco destelleando al sol, inclinados remedos de una serie de ondas de la superficie del mar que han quedado estratificadas, convertidas en piedra, monumento bellísimo a la madre naturaleza.

Seguimos el sendero que llega a una amplia confluencia de barrancos. Y, ojo, aquí hay otra sorpresa: en el barranco de la izquierda se abre la cueva del Frare, una enorme boca oscura, protegida con muretes de piedras. Entramos en ella y justo cerca de la boca, en la pared de la izquierda se nos encoge el corazón ante lo que vemos: pinturas ruprestes, ejecutadas con gracia, con los típicos colores de marrón rojizo, estilizadas, llenas de vida: escenas de caza, animales, personas, rituales. Es impensable que esto no sea conocido, ergo son falsas. (Cuando regreso a casa consulto en internet y certifico su inautenticidad. No obstante "chapeaux" al anónimo falsario).

A continuacion viene un tramo que parece sacado de una película de ciencia ficción. Es como un escenario mineral, solitario, grandioso, austero y duro. Pero un poco más adelante vemos a nuestra derecha la cresta desnuda de los Rasos del Maraco y el fin del barranco. Nos cruzamos con el GR 7 y hay dos opciones en ese punto: seguir por la izquierda el sendero que nos lleva al Mas de Maraco con los corrales de reses (en verano es posible encontrarse con toros, prudencia) y al collado de Alfara. A la izquierda tenemos la cima de la Espina (1181m). Gran panoramica de las cimas que la rodean, el Caro, las Rocas de Benet, la Mola de Camps y otras, en las dos verttientes de Els Ports.excursiones-7022.JPG

La otra opción es seguir el GR7 de bajada y comenzar el descenso cresteando por los pelados Rasos del Maraco, con una vista impresionante del barranco que hemos subido, a la derecha, y unos collados que nos permiten ver el lado opuesto, el valle del Toscar y el Monte Caro. A partir de ahí entramos en un bello bosque de pino en intermitentes bajadas y pequeñas subidas hasta llegar a una bajada empinadísima que nos lleva al valle de Les Clotes (donde dejamos a la izquierda el sendero que lleva al refugio de ese nombre). Después ya llegamos a la  pista de la Vall de Uxó que hace un pronunciado descenso hasia el lugar de comienzo, La Franqueta. Se trata de más de cuarenta  minutos de fatigosa pista que sólo tiene destacable el panorama cambiante que nos va ofreciendo.

En total hablamos de un circuito de más de seis horas si subimos a la Espina y de cuatro horas pasadas si regresamos desde el punto del GR7 junto a los Rasos del Maraco. Es una excursión muy variada y con rincones asombrosos. En mi caso tuve la suerte de tener un inesperado encuentro: un macho de cabra montés, poderosamente armado, que compartió conmigo en el silencio absoluto del bosque, un par de minutos de arrobada contemplación mutua, entre el respeto (por mi parte) y la curiosidad (por la de él).

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24 septiembre 2011 6 24 /09 /septiembre /2011 07:01

ironclad-cartel2.jpg

 

 

  De vez en cuando en las películas de la serie B aparece una que nos reconcilia con el cine, a pesar de sus limitaciones y su falta de ambición artística. Esta es una de ellas, "Templario". Dirigida por Jonathan English e intrepretada por James Purefoy, que da muy bien el rol de caballero templario, estoico, silencioso, contenido y atormentado por las atrocidades cometidas en nombre de la fe durante las Cruzadas. Un soberbio, como siempre, Derek Jacobi, como el discreto conde de Cornhill, Kate Mara como su esposa lady Isabel que robará el corazón del templario y un inesperado y habitual robaescenas Paul Giamatti como el  malvado rey Juan de Inglaterra.

En el 1215 el rey Juan se ve obligado a firmar la Carta Magna que resta su poder en favor de las Cámaras formada por los nobles barones. El monarca no acepta de buen grado la imposición y recluta un ejército mercenario danés que arrasa el país para restaurar la monarquía absoluta "por la gracia de Dios", (¿les suena esto?).

Un grupo de caballeros al mando del baron Albany, entre ellos el templario Marshall, se hacen fuertes en el castillo de Rochester, enclave estratégico  importantisimo para el despliegue militar del rey Juan y sus mercenarios. La pelicula nos narra la historia del asedio y la intervención final de obispo de Canterbury aliado con los franceses para derrocar al rey Juan. Durante ese brutal asedio, el templario y la señora del castillo inician una historia de amor, ante la inapetencia permanente del conde, vaya por Dios.

Lo que hace interesante esta cinta muy poco respetuosa con la historia real es la dinámica feroz de los combates, el ritmo de la historia que no decae ni durante las secuencias de amor y un aire general de dignidad y credibilidad que desprenden actores y dirección (algo semejante a lo que ocurre con otra cinta del momento, "Centurión"). Sana, salvaje y apasionante distracción, ataques bien diseñados, secuencias de una crueldad muy a tono con la época pero narrada con desenvoltura y sin complejos y por último pero no menos importante, unos diálogos con cabeza, razonados y sugestivos, en los que se cuestionan las guerras, sus motivaciones y las creencias irracionales que lo hacen posible.

El protagonista James Purefoy, consigue dar profundidad y respeto a su personaje, un caballero templario silencioso y malhumorado, corroido por la culpa y luchando por resistirse a la tentación de Kate Mara (un poco sosa) ante un Derek Jacobi claudicante y temeroso y  un Paul Giamatti que compone un histriónico, maquiavélico, cruel y agresivo monarca, que suele ser asociado al caballero de las mallas verdes, el mítico Robin y que aquí se limita a ofrecernos un retrato seguramente muy real de lo que era un rey de la época, nada estúpido pero muy creído de su papel semidivino.

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23 septiembre 2011 5 23 /09 /septiembre /2011 07:12

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Es la primera película en inglés del realizador Lajos Koltai y para ello recurrió a un best seller de Susan Minot (adaptada a la pantalla por ella misma con la ayuda de Michael Cunningham, el autor de "Las horas"). Lo primero que llama la atención de esta cinta es la belleza y perfección técnica de la fotografía (Lajos Koltai es un soberbio y acreditado realizador fotográfico) y lo segundo el reparto, verdaderamente espectacular dado el escaso nombre como director de Koltai. Sumar en un mismo reparto a Vanesa Redgrave (más su hija en la vida real, Natasha Richardson) a Meryl Streep (y a su hija real Mamie Gummer) ambas interpretando papeles de madre-hija en la ficción, y añádase a Glem Close, Patrick Wilson y Hugh Dancy, entre otros.

La Redgrave borda su papel de anciana en sus últimos momentos, invadida por los recuerdos que vive, las vidas paralelas de presente y pasado ante sus dos hijas, Constance (la Richardson) y Nina (Toni Collette). La sorpresa y las dudas que las confesiones de su madre sobre su pasado despiertan en las dos jóvenes van complicando una trama que navega airosamente por el tiempo. El principal misterio es la referencia continua al amor de la vida de la anciana, un tal Harris, del que ninguna de sus hijas tenía noticia, así como de su misterioso final que asusta a las dos chicas.

La película atrae formalmente, las interpretaciones son, como cabía esperar del elenco, buenas, pero al conjunto narrativo, a la dinámica de misterio y revelación, le falta aliento, fuerza, vigor. La película deviene discursiva, los grandes temas que plantea, la muerte cercana, el miedo, el remordimiento, la culpa, se quedan desvaidos y conceptuales, los personajes se desdibujan, no nos conmueven, hay momentos en que nos empieza a importar un bledo lo que nos cuentan, o mejor, cómo lo cuentan. Es un melodrama de folletín o telenovela magnificado por el reparto y la puesta en escena majestuosa de Lajos Koltai, empeñado en seducirnos con el personaje crepuscular de la Redgrave, pero incapaz de sacar más brillo a Glenn Close y Meryl Streep.

No me extraña que la película no acabara de arrancar en Estados Unidos y que aquí esté teniendo una vida mortecina que acabará en los videoclubs convertida en una opción más o menos romántica para pasar un domingo por la noche. Lo cual demuestra  algo curioso respecto al cine y a las películas: a veces aunque se echen sobre la mesa los mejores ingredientes, grandes actores, un buen guión, fotografía superior, localizaciones inmejorables, música excelente, ocurre que el producto resultante está muy por debajo de la excelencia de los componentes. A menudo no se puede identificar qué es lo que falla:  un ritmo inadecuado, un montaje deficiente, cierta frialdad o un exceso de pasión que roza el ridículo. Nada nos llama especialmente la atención crítica. Pero no sentimos esa sensación inexpresable que rodea las grandes peliculas. Todo es correcto, pero... ese "algo" que falla condena irremediablemente al conjunto. Algo así pasa con "Atardecer"

 

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22 septiembre 2011 4 22 /09 /septiembre /2011 09:14

excursiones-6692.jpgEl Monte Perdido se había convertido en una obsesión montañera para el que esto suscribe. En dos ocasiones, dos, habia montado una excursión con amigos diferentes para tratar de llegar a su cumbre. En las dos ocasiones el mal tiempo nos echó atrás. En la primera, hace más de diez años, una ventisca de nieve y lluvia nos dejó colapsados en el lago Helado, justamente a punto de emprender la subida de la Escupidera. En la segunda, hace unos cinco años, volvimos grupas en pleno ascenso de la Pradera de Ordesa al refugio de Góritz. Cuando llegamos al parking donde esperaba el bus estábamos mojados hasta lo más recóndito, helados, tiritando y despotricando al mismo ritmo que el viento que soplaba como un fuelle accionado por un gigante.

Esta tercera ocasión, hace unos días, los pronósticos eran muy buenos y salvo que el tiempo girara como una peonza --cosa que suele hacer en estos lares-- podíamos confiar en que esta vez lograríamos el empeño.

Para hacer esta excursión con cierta comodidad recomiendo una jornada de acercamiento a la zona desde el lugar de partida, ya sea Barcelona o el sur de Teruel, para llegar a Aínsa y después a Torla. Desde este pueblo (sólo entre julio y mediados de sertiembre, el resto del año se permite el acceso a coches particulares)) dejar los coches y en el  mismo parking en las afueras de la población coger un autobús que nos lleva a la Pradera de Ordesa, justo en el inicio. Desde allí nos espera una caminata de casi dos horas por la bellísima Pradera (no se pierdan un rato de sosiego junto a las gradas de Soaso, las pequeñas cascadas que van surgiendo en el descenso del rio Arazas) entre bosques de hayas y escarpadas paredes por los dos lados en cuyas alturas se esconden dos caminos de una belleza majestuosa, la faja de Pelay a la derecha en el sentido de la marcha y la de las Flores, mucho mas escondida y dificil , a la izquierda. 

Al final del reglamentado --y sobrepoblado-- camino de la Pradera encontramos la caida majestuosa de la Cola de Caballo, al lado izquierdo del bellísimo anfiteatro dominado por la presencia de las Tres Sororres, con el Monte Perdido en el centro, una de las vistas más espectaculares del Pirineo.excursiones-6623.jpg

A la derecha de la Cola de Caballo, al otro lado del valle, se distingue un empinado sendero que va zigzagueando hacia las paredes previas al Monte Perdido, es el camino de las zetas o de los mulos que lleva al refugio de Goritz como alternativa si a alguien se le atraganta el paso por las clavijas de Soaso. Las clavijas, una instalación en la roca con cadenas y agarraderas de metal, unos 80 metros de trepada sin especial dificultad pero respetable para quienes sufran de mal de alturas, es el camino más directo y menos cansado. Una vez en los altos de las clavijas comienza el sendero de subida a los llanos de Goritz donde está el refugio. Hay un par de grimpadas leves y  el camino, bien señalado, va subiendo, un par de horas más, entre vistas magníficas del cañón de Ordesa y a su izquierda el de Añisclo. El refugio, en obras de ampliación, está situado en un lugar memorable.

Esa noche sugiero pernoctar en el refugio (mejor reservar plaza con tiempo, hay fechas en que hay exceso de montañeros) o, si se dispone de ganas y material, plantar la tienda en los alredores (está permitido).

A la mañana siguiente, a primera hora, en nuestro caso a las 7, comienza el rosario de montañeros que ascienden, trabajosamente, en dirección este-noreste hacia una pared rocosa que hay que superar para llegar a otro llano. Allí tenemos otra gran pared a la derecha, parte del espolón de la Punta de Escaleras, que hay que superar empinadísimamente y  en el tramo final ayudarse con las manos. En el siguiente llano encontramos  la "ciudad de las piedras" un caos de grandes rocas que hay que trepar y desrtrepar, bordeando la zona por la izquierda, rebasando una explanada con un  arroyo y volviendo a subir un pequeño collado que ya nos permite ver el Lago Helado, la antesala de la Escupidera.

En ese punto el sendero mira a la derecha en dirección sur-sureste y nos da la primera visión del estrecho corredor empinadísimo que ha de llevarnos a la cumbre. Primero hay que superar dos resaltes rocosos, y después comenzar una cuesta infernal de piedra suelta (360 m de desnivel desde el lago Helado) que conviene avanzar por la izquierda con mucho cuidado, ya que la canal termina a modo de embudo hacia el vacío. Una caida en este tramo puede ser peligrosa (la Escupidera está considerado uno de los puntos de más siniestralidad del Pirineo). Haciendo de tripas corazón y extremando las precauciones se alcanza un pequeño collado, el hombro del Perdido, desde donde queda una breve cuesta para la cima.excursiones-6582.jpg

Allí está el pilón o vértice geodésico "de los abrazos", pues no son pocos los montañeros que cuando llegan allí reparten abrazos con sus amigos por haber superado la prueba (pese a que aún queda lo más difícil, el descenso). Eso hicimos los miembros de nuestro pequeño grupo, Alfred, Miguel, Jaime y yo mismo. Para luego quedarnos todos extasiados ante el panorama.

El panorama desde los 3355 m de la cumbre es soberbio, inenarrable. El dia, despejado, permitía lanzar la mirada por los cuatro puntos cardinales. El gran Cilindro y el Pico  del Marmoré a la izquierda (que nos oculta la Brecha de Rolando), el Pico de Añisclo, la Punta de las Escaleras, Pineta al otro lado, el macizo del Aneto y el Maladeta, muy al fondo la silueta Pica de Estats, la Punta de las Olas, el Comapedrosa...

Regreso pues a Goritz, despacio y con cuidado. Todo ello supondrá, subida y bajada, en total, algo más de seis horas. Y de Goritz a la Pradera, tres horas y pico. A eso de las cinco y pico de la tarde se puede coger el autobús en el Puente de los Navarros y en Torla optar por descansar en uno de los abundantes hoteles, hostales y pensiones de Torla o Broto o renanudar viaje de vuelta al lugar de origen (unas cuatro horas aproximadamente desde Barna y algo menos desde el sur deTeruel). Una gran excursión muy recomendable a montañeros en buena forma física.

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21 septiembre 2011 3 21 /09 /septiembre /2011 09:21

animals.jpgLos alemanes también han entrado al trapo de los dibujos animados para toda la familia que inauguró con gran acierto la factoría Pixar desbancando al sentimentalismo dulzón de Disney para siempre jamás. Su producto, "Animals United" se adscribe a la moda de los animales enrrollados, tipo "Madagascar", y la verdad es que no lo hacen nada mal. Esa unión de todos los animales de la estepa africana en pos del agua y contra la brutal intromisión de los humanos, se convierte en una parábola que conmueve, divierte y hace pensar.

Basada en la novela para niños, "La conferencia de los animales" de Erich Kästner, los directores de esta película Reinhard Kloos y Holger Tappe, hacen una apuesta por una divertida pero contundente defensa ecológica de los espacios teóricamente libres de Africa y, por extensión, de todo el orbe terráqueo, como tan maravillosamente define el discurso de la multicentenaria tortuga en una de las secuencias más emotivas de la película.

Sin embargo a pesar de las buenas intenciones y de algunos detalles de eficacia hilarante, "Animals United" se muestra algo torpe en la descripción de la lacra humana medioambiental y no logra dar cierta trascendencia, como pedía el objetivo argumental, a las historias que nos cuentan, infantilizando de alguna manera el resultado. Un repaso a "Upp" o a "Walle-e", el viejo de los globos y el niño o el robotito enamorado de una robot ultramoderna, hubiera quizá inspirado un poco más de sutileza, un poco más de ternura.

Billy, el suricato histérico y Sócrates, el león filosófico y nada carnívoro, intentan averiguar porqué no llega el agua de las montañas a su lugar de residencia, el delta del Okavango. En su viaje se les unen otros animales que han debido huir de sus hogares por la acción devastadora del hombre, dos sabias tortugas centenarias, un demonio de Tasmania pedorro y gesticulante, un canguro, una osa polar y un gallo francés absolutamente improbable. El rio ha sido represado para construir un hotel de lujo en sus orillas, donde paradójicamente, se celebra una conferencia internacional sobre el cambio climático. El cazador del hotel --una copia descarada del aventurero de "Upp"-- logra apresar al león Socrates y los animales deciden reunirse en asamblea global, elefantes, rinocerontes, iñús, jirafas y todo tipo de pájaros para liberarlo y hacer saber a los humanos que están hartos y muy indignados.

Pues bien, todo esto hasta el final previsible y en loor ecológico buenista. ¿Cuál es el problema? Un poco más de lo mismo. "Ice Age" y "Madagascar" nos han puesto el listón muy alto. Y en esas sobra lo que aqui falta: personajes con auténtico gancho y más sentido del humor, ironía y autoconcienciá -de los directores-- de que se trata de hacer una peli de dibujos para divertir y entretener a niños y adultos y, en segundo lugar, dar el mensaje ecológico. El problema es que han hecho una peli ecológica de denuncia usando a animalitos de reclamo. Y no era eso. Por eso no funciona ni como peli denuncia.

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20 septiembre 2011 2 20 /09 /septiembre /2011 07:58

guerrerro.jpgDirigida por el coreano Sngmoo Lee, en coproducción con Nueva Zelanda, e interpretada por Danny Huston, Kate Bosworth, el camaleónico Geoffrey Rush y Ashley Jones, "El camino del guerrero" usurpa el nombre del célebre libro homónimo en la tradición zen japonesa, que allí se llamó también el camino del Bushido o arte guerrero del samurai. Aunque basado ligeramente en las artes guerreras de larga tradición clásica nipona, el filme sigue la estela de las películas chinas y japonesas basadas en las artes marciales y fundamentalmente en el género de la espada samurai y los combates donde se retan y vencen las leyes de la gravedad y los guerreros ejecutan complicados saltos y figuras como si de un ballet aéreo y sanguinario se tratara.

Las peliculas de Zhang Yimou o John Woo han mostrado la altura del listón, aunando una belleza formal impresionante con una coreografía del combate a espada que hasta Tarantino intentó, con éxito. copiar en su célebre Kill Bill. Lee realiza una película ligeramente sarcástica, con un toque de humor (muy Tarantino) y un desenfado que sienta bien a condición de  que el espectador no se tome en serio lo que nos cuenta. El guerrero mejor del mundo, el más sanguinario, liquida a todo un clan y vacila cuando debe matar a un bebe, una niña, que sería la única superviviente de ese clan. Con ese gesto se busca la condena del propio clan del guerrero, que decide vengarse. El guerrero marcha a Estados Unidos para empezar una nueva vida y se dirige al lejano oeste en busca de un viejo familiar emigrado. Este ha muerto y el guerrero, retirado momentáneamente, se hace cargo de la lavandería que aquél regentara, con la ayuda de una misteriosa lanzadora de cuchillos. En el pueblucho destartalado y ruinoso, verdadera estampa jocosa del tópico, solo queda un circo y sus miembros (cosa que haría las delicias de Terry Gilliam y su "doctor Parnassus"). Allí terminará siendo acogido por el estrafalario pueblo, incluido un inenarrable director  del circo, siempre borracho, un pistolero retirado que tiene sospechosamente las facciones de Rush, bastante cerca del capitán Barbosa en los Piratas del Caribe.

Sinceramente, es una película divertida, con un malo, malísimo, al que no le falta un negrísimo sentido del humor y una historia de amor que acaba con coherencia con los personajes, en lugar del happy end al uso. He leido crirticas muy negativas y de ellas se refleja lo que antes avisé: el critico se ha tomado en serio la película. No debe ser así. Es una metáfora bufa, un cuento con guiños, una divertida parodia híbrida entre western (no se pierdan los guiños a "Solo ante el peligro") y película oriental de espadas y guerreros fantasmales que vuelan. Si la miran  así, se divertirán. Mucho más que con ese bodrio carísimo que se llamó "Cowboys y Aliens".

 

 

 

 

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19 septiembre 2011 1 19 /09 /septiembre /2011 07:55

balmary_260x346.jpgFragmenta editorial vuelve a ofrecernos una de esas joyas filosófico-espirituales (también interesante desde un punto de vista puramente religioso o psicoanalista, en el otro polo de percepción, no tan alejado como se presupone). Precisamente en mi calidad de modesto profesional de lo segundo leí, o más bien debería decir "bebí" literalmente,  "El monje y la psiconanalista" y ahora he disfrutado de "Freud hasta Dios" de la misma autora, Marie Balmary, esa brillante exégeta de una nueva y profunda re- lectura de la Biblia en clave psicoanalítica que brinda una plausible forma de terapia más cerca de lo espiritual que de la estructura del psicoanálisis (con lo que podría entrar en el campo de la psicología profunda, la humanista y la psicología trascendental.

En este nuevo libro, de fácil lectura y pocas páginas (83) ocurre como con las buenas semillas, permanecen activos desde el tiempo en que los saboreamos hasta que dan fruto en un futuro impreciso pero cierto e imprevisible. Nace el opúsculo de una pregunta-aseveración que no hay psicoanalista que no haya escuchado alguna vez: ¿Es un lujo el psicoanálisis? Marie Balmary responde tajantemente: "Sí, es un lujo. Como toda vida espiritual". Los huesos de los freudianos ortodoxos deben haberse removido por todo el orbe psicoanalítico.

Balmary nos recuerda que la dirección espiritual y el psicoanális son dos experiencias de la palabra, "una perdonaba sin curar y la otra curaba sin perdonar".

El viaje no ha hecho más que empezar. La autora, hacidendo gala de una erudición y una sensibilidad lectora poco comunes, nos lleva a interesarnos por detalles tan significativos como la manipulación realizada por los discipulos de Freud  (mas freudianos que el propio Freud) de algunas de las palabras de este solía decir y que fueron borradas de sus escritos ya que resultaban "incoherentes" con el mensaje del divinizado pensador, así  la palabra "alma" , o la necesidad de Dios: Freud es un ateo que teme a Dios; la proyección que en ocultación de Dios se hace sobre las artes donde se busca el Aliento espiritual que todos, lo creamos o no, necesitamos.

La relectura de la tragedia de Edipo, unida al análisis de la correspondencia de Freud con Fliess y al rechazo tardío del maestro sobre su famoso "complejo", nos recuerda que el resorte de la tragedia no es el deseo de Edipo de matar a su padre y acostarse con su madre, sino las faltas remotas de Layo, su padre, que abusó del hijo de su anfitrion y provocó su suicidio. La maldición subsiguiente prohibía que Layo tuviera hijos. Pero nació Edipo...

El viaje continúa por la esencia del fanatismo como una abdicación de la propia libertad en una experiencia semihipnótica y cuasireligiosa, una sumisión que tiene su raiz en el miedo profundo a ser abandonado, herencia filogenética del animal débil y vulnerable que somos cuando nacemos y durante muchos años más. Después y como concepto paralelo, la presencia en la mente del ser humano de esa voz que Freud llamó superyo y que es como un parásito negativo y perseguidor, que nos juzga y condena continuamente, nos infravalora y nos aboca a la desdicha. No hay persona alguna que en muchos momentos de su vida (y los más desdichados-y enfermos- continuamente) no haya escuchado el sonsonete maligno de esa voz que algunos llaman también "conciencia", acercándose peligrosamente a la patología de la idea de que esas voces provienen de "fuera". Balmary nos recuerda que no pertenecen a los "malos espíritus", ni provienen de una instancia superyoica (otra forma de llamar a lo mismo), sino que se pueden rastrear en nuestro pasado dentro de las creencias que hemos heredado, de los miedos paternos o maternos, de ciertas experiencias tempranas.

Y por fin nos avisa, cerrando el círculo con las primeras páginas donde nos hablaba del ateísmo   de Darwin, el autor del "Origen de las Especies" y su funeral popular y religioso, de la diferencia entre el dios arcaico que clama cruelmente por una sumisión con sangre y el Dios festivo que resplandece en la Naturaleza y en la alegría. Nos recuerda la frase de Nietzche: "Yo no creería más que en un dios que supiese bailar".

El pequeño pero denso opúsculo filosófico queda completado con el texto de la conferencia dada por la autora en Barcelona en 2008 sobre "Religiones para servirlas o para que nos sirvan".

Título,pues, doblemente recomendable, para el lector común, porque acrecentará su interés por la psicología profunda y también para los menos comunes de los lectores, los filósofos y psicólogos (-analistas), por lo que supone de desafío intelectual.

 

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17 septiembre 2011 6 17 /09 /septiembre /2011 19:47

db_15767.jpgHe aquí una gran película. Dirigida por Michelangelo Frammartino en 2010, ha tenido una presencia casi testimonial en cines muy especializados y posiblemente pase pronto a las listas de DVD lastrada por una distribución de poca entidad. Pero búsquenla. Claro que hay que dedicarle una atención y abrirse a la sensibilidad de lo eterno, de la naturaleza, de nuestro papel en ella y del respeto a todo lo que existe. Amparada por imágenes muy bellas y una cámara de mirada limpia y a veces estática, de mirada ingenua pero no inocente, la película transcurre con la lentitud hermosa del paso de las estaciones.

No hay protagonistas, hay paisaje, pueblo, animales, algunas personas, eventos lentos presentados sin explicaciones, sin diálogos, con la música de los lugares, es decir el viento entre las ramas, las campanas de la iglesia, los gritos y risas de la fiesta popular, el silencio del campo, los sonidos de los animales. Se nos invita a vivir la vida, compleja y sencilla al tiempo, de un antiguo y pequeño pueblo de montaña en Calabria, el trabajo de un pastor enfermo que lleva a sus cabras por el monte y las recoge al anochecer, sus toses y el uso de un remedio mágico,pintoresco y superticioso, el polvo barrido y recogido en la nave de la iglesia, disuelto en un vaso de agua. No hay quien hable o diga alguna cosa, no hay más banda sonora que los ruidos de los actos humanos, los fenómenos naturales y los que producen las cabras en su triscar.

Asistimos a la muerte silenciosa del pastor y al nacimiento simultáneo de una enternecedora cabra blanca y más tarde al crecimiento de esa cabra y a su muerte, perdida del rebaño, junto a un gran árbol. Después al corte de ese árbol --creo que es un enorme abeto-- a su transformación por las personas del pueblo en una cucaña para las fiestas, después a su abatimiento y el corto de su gran tronco para alimentar las cónicas montañas de fuego  y ceniza donde se hace la turba, emanando nubes de humo entre la tierra negra y al fin, convertida en carbón para alimentar los hogares de los vecinos del pueblo.

¿Cuales son esos cuatro estadios, estaciones de las que nos habla el título? Pues bien el lento discurrir de la vida a través de los cuatro reinos, el humano, el animal, el vegetal y el mineral. Pastor, cabra, árbol y carbón. Todo en imágenes sencillas y directas. Un canto incesante, lento, premioso, delicado, sutil y poético, al mero y fundamental hecho de existir. Y la poco observada relación de hermandad entre los cuatro estados. ¿Quieren un mensaje más bello y unitario, un mensaje donde se capta la fugacidad de lo permanente?. Pura filosofía poética, la fuerza evocadora y feliz de los detalles llenan la película de momentos inolvidables, el pastor desesperado porque ha perdido los polvos milagrosos que eran la garantía de su vida, la cacerola donde guarda los caracoles, su muerte en compañía de sus cabras que han asaltado su hogar, el parto seco, inmediato y brutal de la cabritilla y más tarde, la penosa llamada del animalito al quedarse sola en el monte, apartada del rebaño, su paciente muerte junto al gran árbol...La vida tal como es cuando apenas se separa de sus fundamentos, cuando las fronteras de lo localista, lo pueblerino, se funde en la vastedad de lo que es universal, lo que siempre será, lo esencial de la vida y la muerte y la conexión misteriosa entre todo lo creado...Hay una suerte de animismo vigoroso y sereno en esta aceptación de la muerte y la vida, en la conexión del hombre que vive y muere, en el animal que también nace y muere, en el árbol que acaba siendo carbón y vuelve para facilitar la vida de los hombres. Pitagórico y chamánico, el mensaje de la película nos concierne a todos. La vida y la muerte es la misma cosa, los hombres, los animales, los bosques, las flores y las piedras, el carbón, el hierro...todo son formas de lo mismo, de la misma esencia. Lo reconoce la fisica cuántica, lo dijeron los místicos, lo cantaron los poetas y lo razonaron los filósofos. Proyécten esta película en las escuelas. Apenas necesita explicación y ofrece sabiduría.

 

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16 septiembre 2011 5 16 /09 /septiembre /2011 07:08

Ver a Samuel L. Jackson, probablemente uno de los actores negros más sólidos del star sistem, convertido en un  torturador más o menos oficioso de la CIA, es una experiencia incómoda pero fascinante. Su discurso, pleno de la ambiguedad que rezuman los comportamientos humanos cuando se enfrentan los derechos individuales con el interés común, concretamente en el círculo demoníaco del terrorismo, es de lo más inquietante que nos ofrece el cine. "Amenazados" es un thriller psicológico que no ahorra dureza ni crueldad a las escenas pero que, principalmente, constituye un revulsivo moral que nos hace salir del agradable refugio que ofrecen las cuestiones morales en tiempos de paz.

El terrorismo urbano, en este caso, cómo no, de raiz islámica (con el 11-S gravitando permanentemente en el espectador y en la trama) enfrentan de manera brutal al terrorista --un norteamericano converso al islam, magnífica interpretación de Michael Seen-- al torturador sin aparente moral, un profesional que reivindica la necesidad de sus terribles metodos contra el miedo de los que protestan, cada vez más debilmente, de la crueldad exhibida, en defensa de un objetivo de índole superior: lograr ubicar tres bombas nucleares repartidas por todo el territorio norteamericano en grandes ciudades. ¿Hasta qué punto, qué limites puede tener la labor del torturador con tal de lograr saber la ubicación de las bombas antes de que estas estallen y hagan millones de víctimas?

La antagonista del torturador, una agente del FBI, convincentemente interpretada por Carrie-Anne Moss, representa la legalista y humana postura de quien abomina de la tortura y trata de lograr por la compasión y la comprensión que el terorrista colabore. La dualidad entre esos dos personajes, sus enfrentamientos y el papel del terrorista buscando la gloria y manipulando emocionalmente a la agente, crean un sofocante ambiente en el que asistimos a los cambios que la tensión dramática va propiciando en los tres elementos del drama. ¿Dónde está el límite que no se puede saltar cuando están en juego las vidas de millones de personas? La ambiguedad moral de la película la convierte en este sentido en un epígono ético del 11S y de la  prisión de Guantánamo y en la justificación vicaria de cualquier exceso cometido por el Estado en la defensa de sus ciudadanos.  No hay excusas, el dilema imposible planteado por la película se expone con claridad y valientemente.

El director Gregor Jordan, no intenta diseñar un dilema ético para resolverlo con ideas y conceptos, de forma intelectual. Opta por la simplicidad de los argumentos, directos y sin concesiones (con lo que roza un poco la sospecha de que podría ser una película financiada secretamente por el Departamento de Estado para aleccionar a los ciudadanos de la necesidad del antiterrorismo sin barreras) y naturalmente amenazados_38596_120.jpgdeja los extremos tan perfilados que no deja otra opción al espectador que tomar partido y aceptar lo que ocurre (en una gradación de límites que se van superando que desconcierta a la agente y al espectador). El recurso a elementos externos a la trágica trama que se desarrolla en el cubículo de torturas distrae un poco la tensión (un  buen director europeo hubiera eliminado esos excursos) pero la pelicula logra sus objetivos: atrae la atención del espedtador, lo inquieta sin piedad, le asquea y le provoca rechazo e indignación, pero al tiempo le crea dudas morales y le hace reflexionar. No se puede dudar que la película es oportuna en estos días.

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14 septiembre 2011 3 14 /09 /septiembre /2011 23:00

dequehablocuandohablodecorrer_big.jpgTenía verdadera curiosidad por leer "De qué hablo cuando hablo de correr" (Tusquets Editores, colección Andanzas, 11ª edición, julio, 2011) de Haruki Murakami, el poco convencional escritor japonés, dotado de una enorme capacidad para crear mundos de una fuerza considerable con el auxilio de un lenguaje natural, divertido, escueto y muy gráfico. Una especie de Hemingway nipón, autor de obras tan rompedoras, originales y aparentemente espontáneas (sin jamás parecer descuidadas) como "Tokio blues", "Kafka en la orilla" o "After Dark". Dado que también es el traductor al japonés de las obras de Raymond Carver, no es de sorprender que la viuda de éste le permitiera utilizar  una variación del célebre título del americano, "De qué hablamos cuando hablamos de amor" (que, por cierto, creo haber leido en alguna parte que no es producto de la mente del este escritor sino de su prepotente editor), aunque el delicioso libro de Haruki Murakami pertenece a una galaxia distinta del famoso "realismo sucio" de Carver. por tanto ahí acaban las semejanzas.

Cuando habla de correr, Haruki habla de correr. Y también de escribir, claro. Pero para este autor correr y escribir pertenecen al mismo grado de imperativo categórico que respirar o comer, por tanto las confesiones literarias o biográficas del escritor están teñidas de esa condición esencial que, como dice en una de sus páginas, hizo que se hiciera escritor de una forma espontánea y para ver lo que pasaba y se dedicara a correr maratones y a practicar carreras de triatlón por medio mundo, no sólo sin que esas actividades se molestaran la una a la otra, sino que lograra una especie de simbiosis creativa en la que, como vasos comunicantes, la energía de correr se transformara en la creación literaria.

El libro de Murakami se lee con la enorme fluidez que parece sello de la casa y que uno experimenta en la lectura de sus novelas y relatos. Hay sinceridad, espontaneidad, sentido común y mucho sentido del humor en este libro y en el resto de la obra del japonés.

Cualquier persona, escriba o no y corra o no, podrá disfrutar de las confesiones del sexagenario escritor, pero sin duda los practicantes de jogging o cualquier modalidad atlética que implique correr, nadar o ir en bici, disfrutarán como locos de este texto valiente y divertido. Y, por supuesto, los escritores, más o menos en ciernes o consagrados, los periodistas y los "lletraferits" de cualquier modalidad lectora o plumífera, devorarán como adictos las reflexiones literarias de un escritor que está en la cumbre de la ola de su capacidad creativa (y que dure muchos años más).

Como él mismo escribe (pagina 110) en su libro: ...para vivir una vida plena..."yo pienso que correr me ayuda a conseguirlo. Ir consumiéndose a uno mismo, con cierta eficiencia y dentro de las limitaciones que nos han sido impuestas a cada uno, es la esencia del correr y, al mismo tiempo una metáfora del vivir (y para mí también del escribir)".

Pues nada, para los que opinamos que el ejercicio fisico intenso, ya sea correr, ir en bici, nadar o subir montañas, no sólo no entorpece la vida intelectual creativa sino que la estimula, el libro de Murakami es un saludable guiño de un camarada que a pesar del éxito mediático nunca ha dejado de sudar la camiseta y de considerarse una persona sencilla y normal, sin creerse o admitir que otros lo crean, un genio en nada.

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