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5 octubre 2011 3 05 /10 /octubre /2011 12:34

la-deuda-cartel-1.jpg

 

No he visto la película israelí sobre la que se basa "La Deuda", pero parece ser que es bastante mejor que esta copia o remake norteamericana. Se llamó "Ha-hov" y es de 2007. Cuenta un hecho que  sucedió en 1965, cuando tres agentes del Mossad están en Berlin oriental con la intención de secuestrar y llevar a Israel, para que sea juzgado, a un criminal de guerra nazi, el doctor Dieter Vogel (Jesper Christesen) conocido como "el cirujano de Birkenau". El director John Madden --"Shakespeare in love", "La verdad oculta" -- se queda corto pese a contar con tres jóvenes que trabajan bien Matthew Vaugn, Jane Goldman y Peter Straughan, pero que no consiguen generar la quimica esencial para ser emocionalmente creíbles, la presencia siempre brillante de Helen Mirrer como la agente israelí en nuestros días y un guión magnífico que deja pasar planteamientos morales e ideológicos de gran calado para convertirse en un thriller bien realizado pero frío, en el que los dilemas morales se convierten en elementos banales que no conmueven al espectador.

La cuestión es básica, a los tres agentes se les escapa el nazi y ellos dicen que han logrado matarlo cuando huía. Eso plantea dilemas morales que los tres asumen de distinto modo y por tanto una deuda no solo ética que contraen con el Estado israelí y con todos los que les apoyaron y premiaron por el exito de su misión. Ha sido un engaño y es difícil para algunas personas vivir con ese engaño. Es una pelicula que logra el objetivo de entretener pero que queda lejos del objetivo de hacer pensar, que se evade de planteamientos éticos más profundos e intranquilizantes, como si el fin justifica los medios, lo que hay de humano en los monstruos genocidas nazis, amén de todos los elementos ético-históricos que plantea la brutal matanza de judíos inermes por una autollamada "raza superior".

Muy en la linea de aquella soberbia cinta de  Roman Polanski, "La muerte y la doncella", pero sin asomo de su profundidad, sin conexión vibrante con el trasfondo politico y sociologico donde se desarrolla, con lo que queda en un ejercicio correcto en el que los avatares de los tres agentes a lo largo de los años no nos aportan nada del infierno de cada uno de ellos por vivir, y medrar, sobre una mentira.

La aparición de un supuesto doctor Vogel en un sanatorio mental de Ucrania dispara las dudas y las especulaciones y el miedo a la verdad descubierta. No se cómo resolvía la cuestión la pelicula israelí, pero la americana echa mano del ambiente thriller y bueno...mejor no os lo cuento.

La apuesta no logra cumplir sus objetivos, el horror del mal personificado en el doctor nazi queda a medias dibujado, a pesar de que hay momentos en los diálogos del nazi con dos de los agentes, la chica y el chico más radical y más vulnerable, en que se replantea la pregunta crucial que el mundo se hace desde entonces: ¿Cuál es la naturaleza del hombre capaz de cometer tales actos? Y a esta pregunta la película no logra responder, con lo que la deuda no queda saldada y todo queda en un thriller inquietante.

 

 

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4 octubre 2011 2 04 /10 /octubre /2011 15:50

colombiana-cartel-1.jpgUna película producida y escrita por Luc Benson es garantía a veces de pasarlo bien, mucho movimiento, acción trepidante, malos de catálogo, protagonista que va de colega en plan héroe, esfuerzos físicos a borbotones y algunas secuencias para la antología personal de lo descacharrante. Esta vez la dirección se la ha dejado a un tal Olivier Megatón, que podría ser un psiudónimo del mismo Luc.

La cosa va de heroína en plan venganza salvaje quince años después de los hechos luctuosos (el malo se cepilla a toda su familia) cuando era una niña angelical con nombre de flor amazónica, Cataleya, pero con arrestos suficientes para perforar la mano confiada de un Jordi Mollá, nuevamente encastillado en papel de drogata o esbirro (¿qué tendrá ese chico de ojos azules, qué tendrá?).

La actriz Zoe Saldana, cuya belleza, hermoso y estilizado cuerpo y dotes para  la violencia acrobática quedan de manifiesto desde la primera escena, se convierte por decisión propia (con la ayudita de haber visto como mataban a sus padres) en una asesina. No se pierdan la impresionante secuencia en la que su tío Emilio (Cliff Curtis) la convence de que debe estudiar primero para ser una buena asesina después. El argumento que le da a la niña, o mejor le muestra, está al nivel "filósofico-ético" de la película en su integridad manifiesta.

Tengo la sospecha de que el avispado Benson tiene en la mente una franquicia con la bella Zoe, al estilo de su "Nikita" o de "Transporter".

"Colombiana" se deja ver y también disfrutar, como buen producto de la factoría cine-palomitas. Algunas secuencias como la inicial del episodio carcelario o el ataque policía al piso de Zoe-Cataleya o el de ésta a la residencia de un financiero ladron y su asesinato con la ayudita de tiburones, logran que uno duplique su ingesta de palomitas.

La historia de amor de la letal asesina con el guaperas inocente es de lo más trivial y no logra que superemos las sospecha de que es puro relleno estratégico: unas gotitas de sexo ligth siempre dan buen sabor al cocido fílmico y Benson no se estruja las meninges para ofrecernos algo interesante.  Así que nos olvidamos del amor y nos sumergimos en la tremebunda venganza sangrienta de una niña que ya en tan tierna edad daba muestras y maneras de ser pelín psicótica.

 

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3 octubre 2011 1 03 /10 /octubre /2011 16:29

jefe.jpg

Es curioso cómo los directores y productores cinematográficos se sensibilizan con los tiempos en que vivimos. Llevamos varias películas que tratan de la crisis que nos aflige de forma directa o indirecta. En esta ocasión se trata de un incidente laboral que se repite más de lo que muchos creemos: el mobbing, los abusos contra el trabajador por parte de sus superiores buscando que termine la relación laboral de la forma más económica y rápida posible. En este caso los norteamericanos se toman la cosa a guasa esperpéntica y se desmadran con una comedia desaforada y divertiida en la que tres amigos se enfrentan asus tres jefes, unos monstruos con síntomas patológicos cada uno de ellos (como, por otra parte, también los tienen, aunque en menor y mas simple medida los tres amigos). Es decir una película de compañeretes al estilo del humor pasado de rosca que tanto priva en los ultimos tiempos (qué nostalgia de Lubitsch, Wilder y otros directores para los que el sentido del humor no era un ejercicio de humor sin sentido).

Los tres amigos tienen un solo y parecido objetivo: librarse de sus jefes, por las buenas o por las malas. Esos tres angelitos se atreverán con todo con tal de eliminar a los tres jefes, desde contratar a un "profesional" (que no lo es tanto o nada en absoluto) a hacer una imitación barata del clásico de Hitchcok, "Extraños en un tren". Los tres jefes impotables son un psicópático Kevin Spacey, una desmesurada Jennifer Aniston y un sobreactuado Colin Farrell. Con estos tres divos en acción una cosa queda de manifiesto: se han debido divertir como locos los tres actuando en esta película un poco descerebrada. 

Los chicos buenos (aunque uno es un obsesivo sexual, medio lelo el otro y  demasiado ingenuo el tercero) son Jason Bateman (‘Todo incluido’), Charlie Day (‘Salvando las distancias’) y Jason Sudeikis (‘Carta blanca’). El producto está dirigido, por asi decirlo, por Seth Gordon que da unos minutos de metraje al gran Donald Sutherland en los  que se merienda con patatas a todo el que sale junto a él.

El "profesional", (Jamie Foxx) un estafador que toma el pelo a los tres infelices,(aunque poco fiables dada la endeblez de la moralidad de cada uno de ellos) da un poco la medida de todo el entramado argumental que juega una y otra vez con la previsibilidad en las actuaciones delirantes de los amigos y las no menos absurdas de sus jefes.

Quizá en esas figuras estriba el único mérito (relativo) de esta película que pretende ser divertida y se queda en una visión más bien pesimista de la estupidez humana. Así que nos encontramos como una nueva (y más mala) versión del "Cómo eliminar a su jefe" el clásico de los 80, con Jane Fonda.

Situaciones grotescas, poco transgresoras y nada críticas como cabía esperar de un tema tan jugoso. Se trata de una astracanada donde la dentista ninfómana (Aniston) persigue a su empleado creando situaciones patéticamente "excitantes", el hijo del jefe (Farrell) que hereda a su padre (Sutherland) muerto en un ataque al corazón y tiene todas las lacras de un descerebrado yonqui o el psicótico sádico (Spacey lo borda) que explota hasta la extenuación a un  empleado ambicioso. No hay medias tintas, extremos todos desmadrados y una curiosa tendencia a olvidarse de que hay otra solución que queda lejos del asesinato: dejar el trabajo. Pero la crisis es la crisis y los tres amigos prefieren los trazos gruesos de un crimen para el que no tienen la menor capacidad.

Todo acaba bien, como suele ser dictamen de la industria del (poco) entretenimiento. Asi pues una comedia negra al uso que arranca algunas carcajadase al respetable (supongo que debe haber muchos casos de autoidentificación en la platea) y que plantea un triple asesinato con el peregrino argumento de  que "Una mala persona puede motir en beneficio de la humanidad". Pero son, precisamente, esas tres malas personas las que se llevan el gato al agua: ellos dan categoría a la película, aunque se salgan de madre los tres, sobre todo la Aniston y Farrell, en el desempeño de sus abracadabrantes roles.

 

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2 octubre 2011 7 02 /10 /octubre /2011 07:33

Mammuth-269622816-large.jpg

El cine de Gustave Kervern y Benoit Delépine es un cine proletario, irreverente, provocador. Y "Mammuth" puede ser su obra más representativa, una película que seguramente gustará solo a unos pocos, pero que dificilmente olvidarán todos los que la vean, incluso los más disgustados,  con las peripecias del fondón, enorme y desmesurado Gerard Depardieu, un personaje border line que pasea  su patetismo por un escenario friqui donde abundan personajes del parecida sintomatología.

El argumento, el jubilado que a la hora de gestionar su pensión descubre que muchas de las empresas en las que trabajó no le dieron de alta a la seguridad social y marcha por el país  a la busca de sus antiguos lugares de trabajo y compañeros, para que le ayuden a recuperar sus certificados de trabajo, es  algo que se vive cotidianamente por desgracia en esta Europa en crisis social, económica y de valores.

En el fondo es la misma desesperación, vulnerabilidad y abusos que se denuncian en "Inside Job", "Capitalismo, una historia de amor", "Up in the air", "A propósito de Schmidt" (un comienzo argumental parecido pero esta cinta muy bien dirigida por Michael Payne) o "The company men", los mismos collares para perros de distintas clases y pelajes. Personajes alineados o francamente patológicos para ilustrar una pretendida comedia de trazos groseros, surrealistas, crueles o simplemente patéticos. Y digo lo de pretendida, porque lo que acontece en la pantalla dificilmente puede  atraer ni la más desvaida sonrisa. Pelicula que debería convertirse en un clásico para el movimiento de los indignados o en un motivo de reflexión sobre la capacidad de ciertos actores para hacer creíbles los aspectos más trastocados de sí mismos. Depardieu, excelente actor, con sus greñas salvajes y su corpachón elevado al cubo, parece una versión triste de la figura golpeada de Mickey Rourque, una Bestia sin Bella a su alcance (sólo es hermosa la figura fantasmal, ensangrentada, de la novia que tuvo en su juventud, que falleció tras un accidente de moto con él) tan tierno  y vulnerable por dentro como lamentable en su aspecto físico que le asemeja a un orco simple y triste.

El final, supuestamente poético, con Depardieu ya no a lomos de su moto Mammouth, sino viajando en un ciclomotor con los brazos al aire y una sonrisa idiota en el rostro, se sale fuera de la coherencia del feísmo deliberado de la película (a no ser que se nos insinúe que ese viaje final es realmente el último viaje, con el inevitable accidente).

Compañeros y familiares del jubilado itinerante, cada vez más absurdos, patéticos y fuera de la más lineal normalidad, desfilan ante la cámara de estos dos directores franceses que se encuentran muy lejos de los hermanos Cohen aunque a veces parece que les intenten seguir los pasos.

En suma, una road movie pesimista, llena de asperezas y amargura crítica que trata de pasar como una comedia  de nuestro tiempo, insolidario, insensible y muy a menudo cruel. Secuencias como la fiesta de despedida desangelada que le dan al jubilado Depardieu (sus compañeros le regalan un puzzle!!), el encuentro con el buscador de monedas y metales en las playas desiertas, el intercambio onanista con el primo que mas que risas provoca un cierta repugnancia o la relación con su mujer, dejan un poso de emociones poco agradables en el espectador, que reconoce en la pintura burda de la cinta un universo de humor negro que podría pintar Goya, Buñuel o Valle Inclán, una especie de comedia maldita entre el esperpento, la locura y la mezquindad. Ni siquiera la bella Isabelle Adjani, cubierta de sangre, se escapa del negro tono general. Y uno acaba como el Kurtz de Apocalipsis Now musitando, "El horror, ah, el horror"

 

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1 octubre 2011 6 01 /10 /octubre /2011 09:36

arbol-vida-poster-b.jpg Es un director "de culto", es decir uno de esos como Allen, Kubrick, Houston, los Cohen y unos pocos más, vivos o desaparecidos, cuyo trabajo es una garantía si no de éxito inmediato --algunos ruedan para la posteridad-- sí de que sus películas formarán parte de esa no muy amplia nómina de "clásicos" de todos los tiempos.Terrence Malick  ha rodado muy pocas películas (cinco largometrajes en casi cuarenta años) pero basta que se sepa que va a rodar una para que las estrellas más rutilantes del Star System se ofrezcan al precio que sea para formar parte de los titulos de crédito. En esta ocasión, dos de los grandes, Brad Pitt y Sean Penn han sido los agraciados (el primero como protagonista, el segundo como secundario de lujo: sospecho que en el montaje final han debido caer muchas de las secuencias en las que intervino este excelente actor y de eso se resiente un poco la película).

El argumento de "El Árbol de la Vida" acompaña la vida del hijo mayor, Jack,  (Sean Penn como adulto y el niño Hunter McCraken, una revelación, cada gesto y mirada contienen un mundo) de una familia de clase media de los años 50, con especial hincapié en la infancia y en las relaciones difíciles con su autoritario padre (Brad Pitt), la muerte de un hermano y sus consecuencias, en suma el desarrollo problemático del niño en un contexto  duro, desequilibrador y sin concesiones, donde surgen todas las paradojas de una educación  deficitaria y unas incógnitas sobre asuntos éticos y de comportamiento que el chico, como la mayoría, debe resolver por sí mismo, con escasa ayuda externa y nula ejemplaridad paternal.

Vístase esa trayectoria vital no muy original con una puesta en escena suntuosa donde el ritmo sigue la cadencia de las mareas, se nos invade constantemente con bellísimas imágenes espaciales y de la naturaleza, como si se nos recordara de continuo que todo está relacionado, ese nacimiento, desarrollo y muerte de estrellas, planetas, seres humanos, árboles y animales, es todo la misma canción con diferentes melodías. Y todo ello bajo la evocación de un música de lujo: Bach, Mahler, Smetana. Berlioz, además del compositor propio de la cinta, Alexander Desplat. Gozo visual, gozo intelectual, gozo auditivo.

Como suele ocurrir con Malick, el mensaje se repite una y otra vez, entre lineas, inducido, quizá intuido, y los personajes y las imágenes que les rodean siguen un proceso de escritura muy singular. Por eso este director gusta o no gusta, pero nunca aburre, nunca deja indeferente. La familia de los O’Brien (Brad Pitt y Jessica Chastain), se enfrentan desde el principio de la pelicula al doloroso trauma de la pérdida de un hijo y de ese terrible drama emocional surgen los recuerdos y las oniricas, simbólicas, intervenciones del hijo mayor ya adulto (Penn). Esta catarsis familiar toma una estructura no fácil para el espectador, ya que los recuerdos van mezcládose con las tomas no argumentales de las que les hablamos y articulándose en un discurso ético y religioso de altos vuelos, en los que las visiones espaciales o de la naturaleza parecen la epifanía del mensaje religioso. Por eso es laborioso conciliar en la mente del espectador ese nivel superior con los aconteceres en la vida cotidiana de una familia dominada  por la brutalidad de un padre excesivamente autoritario, la pasividad de una madre imbuida del sentido espiritual de la vida, los dramas de los chicos, el amor entre ellos, la compañía no siempre positiva de los amigos, las carencias paternales y la irritación hacia el papel de la madre.

¿Como evitar con esta abundacia de niveles de lectura, las caidas de ritmo? No las evita Malick. Yo creo que se refocila en ellas. Por eso su cine irrita a muchos, desconcierta a otros y fascina a unos pocos, aparte de los que cantan alabanzas por imitación o por repetición bobalicona ante el "genio" enaltecido por tantos. Las maravillosas secuencias "espaciales" parecen una reedición mejorada -- y sensible a raudales-- de las que ya vimos en la irrepetible "2001 una odisea espacial", de Stanley Kubrick. Y como en ella Malick recurre también a las épocas remotas presentándonos a unos animales prehistóricos en acción como muestra de lo que podría calificarse de "piedad" (lo que en Kubrick sería el elemento reflejado en su célebre secuencia de los homínidos, el origen del afán de conocimiento y la violencia contra los congéneres) y esa comparación entre todos los niveles  de la existencia en el planeta. Es la vida, pues, el árbol que forman los seres vivientes, desde las raíces hasta las ramas y los frutos, el elemento esencial de la ambiciosa película.

Los actores saben de sobras que están haciendo historia y asi nos regalan interpretaciones memorables, como la de Brad Pitt con su gesto facial calcado de "Malditos bastardos" y una brutalidad semejante aunque calibrada con estallidos de ternura y de amor reprimido, la Chastain llena de candor y sensibilidad, el soberbio Jack, Hunter Mc Cracken, que de adulto tomará las facciones atormentadas de Sean Penn. Las voces de todos ellos, las preguntas que lanzan al aire, sin respuesta posible "¿Donde estabas, Dios mio, cuando murió nuestro hijo?", ¿Por qué nos has hecho esto a nosotros, que siempre te hemos amado"?" "¿Por qué nuestro padre nos hace daño?" , Y las inquietudes que subyacen, sobre el origen del mal, la necesidad de que éste exista, qué sentido tiene la muerte, a quién beneficia la muerte de un joven, preguntas llenas de sentimiento que elevan el tono de la película en una sinfonía de emociones, color, música y sentimiento que llega a aturdir un poco al espectador, sobrepasado en muchos momentos.

Película pues para ver más de una vez (en el caso de que uno sea un saboreador del cine de Malick) y para estar atento a lo que va despertando su película en nosotros, atendiendo más a lo que se sugiere que al desarrollo anecdótico de la vida de la familia, ya que hay películas que tratan con más efectividad el tema de la muerte juvenil o el de la figura paterna brutal y odiosa, o dejarse llevar demasiado por el mensaje religioso que desprenden muchas de sus escenas. Descubrir la gloria de Dios por doquier puede ser una vivencia en muchas personas pero cuando pasa a mensaje para todos se convierte en algo que no convence. Y Malick es un director que ha dado muestras de una sabiduría y una humanidad que merecen un visionado de su trabajo con seriedad y sin prejuicios.

Personalmente el mensaje religioso  --salvando el espiritual- esa oferta incondicionada a Dios del dolor como parte del amor en un todo que suena a Antiguo testamento, no me convence demasiado, pero si lo hace el contexto cinematográfico en el que me lo presentan, esa visión deslumbrante de que la vida, en su conjunto, es pura e inexplicable trascendencia. Y ese es un mensaje espiritual, metafísico y por tanto universal. Y convierte "El árbol de la vida" en un poema visual con profundas ramificaciones éticas y filosóficas, metafísicas y humanas, de un director inescrutable y enigmático que va encadenando escenas y secuencias para ofrecernos un mensaje de una rara trascendencia en la que se pretende abordar, ahí es nada, el misterio de la vida. No importa lo que pasa, el hilo argumental, importa lo que sientes y lo que piensas mientras la ves y después de verla. Como ocurrió con "Malas tierras" (1973), "Dias del cielo" (1978), "La delgada linea roja" (1998) y "El nuevo mundo" (2005). Quizá sea esta la más redonda de todas a pesar de su mayor complejidad y de esa decisión personal de este incalificable director: tratar de contarnos de qué va esto de la existencia, la muerte y el dolor, la alegría del nacer y la angustia que provoca la muerte de una persona joven llena de vida. Y sobre todo ello, la presencia de Dios para los creyentes, y Malick sin duda lo es.

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30 septiembre 2011 5 30 /09 /septiembre /2011 11:20

boladefuegocartel.jpg"Ball of fire" o "Bola de fuego" de Howard Hawks es uno de los grandes clásicos de la comedia norteamericana, en la que resuena el ingenio y la ironía de ese ser irrepetible que fue Billy Wilder, coautor del guión junto con Charles Brackett y Thomas Monroe, sobre un cuento escrito por Wilder cuando aún era un director europeo, una visión corrosiva del famoso cuento de Blancanieves y los siete enanitos (si recordamos la película de Disney, los siete profesores de Hawks remedan a los de dibujos animados).

Lo cierto es que no es de las mejores comedias de Hawks ("La fiera de mi niña" o "Luna nueva" ) pero si una de sus mejores películas debido precisamente al hecho de la intervención del genio cáustico de Wilder en el guión y a su cinismo crítico. Con las presencias llenas de encanto de Bárbara Stanwyck y Gary Copper (al que Hawks logró imprimir una vis cómica del todo inesperada y sorprendente, a veces creemos estar ante una visión primeriza de Gary Grant)  y un magnífico elenco de secundarios, las aventuras de esa chica de cabaret que huye de la policía y el grupo de profesores incautos, inocentes y enternecedores, logra momentos de una comicidad insuperable, en la que pardójicamente se nos vende un engaño y un abuso de confianza como una comedia agridulce. Barbara Stanwyck and Gary Cooper in Ball of Fire trailer 2.jpg

La eficacia de esta película inspiró una segunda versión "Nace una canción" (1948) con Danny Kaye y Virginia Mayo (dirigida tambien por Hawks) y una visión distinta del arquetipo argumental de la mano del soberbio Ernest Lubicht  con "Ninotchka".

En "Bola de fuego" el argumento juega todo el rato con el doble sentido, los personajes que se hacen pasar por quienes no son y el juego entre una realidad dura, la de la "otra vida" de la chica, vida de cabarets, sexo,violencia, relaciones mafiosas y la vida real-ficticia de la casa aislada con los siete sabios inmersos en su trabajo, al margen de la sociedad y de los problemas y dificultades que existen al otro lado de la puerta.

La intromisión de un ser del lado duro, disfrazada de cordero, belleza angelical con mente y corazon de lobo, trastoca el orden establecido por la vida entre los libros, el conocimiento y los conceptos y simbolos de la cultura. ¿Qué puede surgir de esta incursión del lado salvaje de la vida en el sereno y filosófico del estudio? ¿Y si ademas se produce la chispa amorosa entre la intrusa y uno de los mas inocentes profesores? Pues eso, complicaciones a destajo. Con el añadido de que la otra parte del triángulo, el amante de la chica, es un conocido gangster que necesita a la chica como coartada legal.

Aqui ya  el guionista se compadece del espectador y decide ser fiel a la tradición de Hollywood de los finales felices. Pero bueno, mejor que la recuperen en cualquier video club y perciban lo buenos que eran los buenos directores de antes, en la época del nitrato de plata, cuando el blanco y negro resplandecía con un fulgor que nuestra época es incapaz de crear a pesar de todos los adelantos técnicos de la era digital.

 

 

 

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29 septiembre 2011 4 29 /09 /septiembre /2011 10:41

fragmentavega_142x190.jpg

 

El profesor Amador Vega nos ofrece en su librito editado por Fragmenta Editorial, "Tres poetas del exceso: le hermenéutica imposible en Eckhart, Silesius y Celan" una obra forzadamente minoritaria pero de una sugestividad y precisión tal que la considero una obra de referencia para el lector que quiera entrar en la obra de los tres grandes pensadores citados.

Según Vega los tres tienen un punto en común, su texto, muy poético las más de las veces, circula por un universo comunicativo difícil de captar, polisémico, de interpretación aleatoria, con un mensaje de múltiples siginificados que transita por niveles místicos y simbólicos elevados.

Me atrajo en principio el hecho de la diversidad y aparente lejanía entre el Maestro Eckhart, un teólogo dominico alemán que cabalga los siglos XII y XIV y que fue juzgado herético por la autoridad eclesiástica del momento y posteriores, Angelus Silesius, un místico polaco que se expresa en alemán y que vivió en el siglo XVII y Paul Celan, un poeta rumano de lengua alemana, judío, que vivió el convulso siglo XX. Aparte de su origen geográfico y por tanto de una cultura con sus propias caracteristicas diferenciales, se me escapaba antes de leer el librito de Vega esa esencia común del lenguaje y su contenido enigmático.

Como dice Vega,  «Los tres autores aquí reunidos, a pesar de su distancia en el tiempo, parecen tener una misma vocación: crear un lenguaje que escape a toda pretensión interpretativa. Cuando leemos sus textos poéticos no podemos dejar de pensar que ninguna imagen puede ser extraída de su contexto de escritura sin que con ello caiga rota en pedazos en su resistencia a ser trasladada a conceptos". Ese lenguaje que les une, el verbo que se convierte en instrumento de acercamiento a Dios, no solo a la idea o el concepto, sino a la esencia de lo absoluto, de lo inconmovible, de la raiz de todo, es el medio que se eleva en un vuelo de águila en busca de una intuición perceptiva que se nos niega una y otra vez. En esos momentos los poetas evocan el absoluto de la nada, del vacío, hermanándose con las disciplinas espirituales orientales y también en algo que forma parte de nuestra cultura espiritual, la evocación de la unión de todos en todo, de la uniformidad de lo creado.

Amador Vega (1958, Barcelona) es filósofo doctorado en Alemania y catedrático de estética de la UPF y se dedica al estudio de la mistica occidental. Entre sus libros destaco "Maestro Eckhart, El fruto de la nada y otros escritos" (Siruela 2010) y "Zen, mística y abstracción" (Trotta 2002), por mi familiaridad con el zen y mi afición a esta temática.

La lectura de su libro (124  densas páginas en formato pequeño, menos de medio folio) resulta amena aunque hay algunos fragmentos que es preciso  leer dos veces para captar la profundidad de lo que evoca. Su gancho estriba en esa expresión de la transgresión que el mismo autor considera característica de la literatura espiritual. Y así nos habla de la conversión mediante el abandono, "un conocimiento cuyo modo carece de modo" de Eckhart, a la metanoia del amor como principio y fin de la sabiduría. Cita:

Hazte como un niño

hazte sordo y ciego.

Tu propio yo

ha de ser nonada,

atraviesa todo ser

y toda nada...

abandona el tiempo

y tambien la imagen.

 

Es difícil no percibir el talante zen en estas palabras.

Se pregunta Vega "¿Hasta que punto los excesos del lenguaje de los misticos no responden en toda epoca a un exceso de significado de sus imágenes?" y analiza la obra y el estilo de Johannes Schefler (1624-1677) conocido como Angelus Silesius, en el que se percibe  la "topología del desasimiento" en un lenguaje a menudo críptico y de tan alto lirismo que merece y exige una y otra revisitación reflexiva.

 

Como dice Silesius "Amigo ya basta, si quieres leer mas

ve y conviértete tu mismo en la escritura y la esencia.

¿hay algo más actual que ese estilo frente al lector?

Y en Paul Celan, ese cripticismo, esa enigmática oferta al lector (escribía: leer es recoger  "el mensaje lanzado al mar en una botella". Sus poemas exigen, también en este poeta, una atención continua, un "leer una y otra vez, la comprensión llegará por si sola" como dice él mismo. Una atención que es como una "oración natural del alma" y que no está tan lejos de la atención permanente que postula el zen.

También la nada se expresa en este poeta angustiado que termina sus dias en las aguas del Sena tras escribir poemas como este

"Negra leche del alba te bebemos de noche

te bebemos en la mañana y al mediodia te bebemos,

al atardecer

bebemos y bebemos"

Esa leche negra del alba que acompañará los ultimos días del poeta, judio en la Alemania nazi, pierde su significado circunstancial para ajustarse al poemario -y a la via-- del desdichado Celan.

En suma, una obra breve pero densa y evocadora, sugestiva y sugerente.

 

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28 septiembre 2011 3 28 /09 /septiembre /2011 16:25

Roma-168313-full.jpg

roma__fellini_.jpgLa desmesura, pero también la fascinación, el asombro, el guiño, el revulsivo de la imagen, la fuerza onírica de los sueños filmados, la crítica esperpéntica, la sutileza inteligente y a veces poética, la grosería con letra gorda, el escándalo, el sexo más o menos evidente, el enorme erotismo de la exageración, el reflejo de cientos de años de represión, la mirada feroz de un hombre irónico y descreído que ha sufrido décadas de influencia religiosa, la Iglesia como objetivo de un misil nuclear en la mirada sin contención, la sarcástica y vitriólica chanza contra los eclesiásticos, contra la hipocresía de una moral supuesta y contra la maldad de los vicios ocultos y públicas virtudes.

Todo eso, pero engrandecido, hinchado, profundamente humano, demasiado humano a la postre, es Fellini. La desmesura. Y  "Roma" es el epítome de esa desmesura. Pero hay en ella imágenes que quedan para la memoria: las catacumbras encontradas cuando se perfora el subsuelo para hecer el metro y esa secuencia imborrable del aire del exterior que al entrar en un recinto sellado durante siglos va destrozando gradual y progresivamente todos los frescos maravillosos de la villa romana hallada.

Y para terminar, el caótico, avasallador, imponente atasco en la entrada de Roma del equipo de rodaje, carros, un caballo espantado, tanques, camiones de mjdanza con gente jugandio a las cartas en su interior a la luz de las velas, un accaidente con uncamion volcado, siernas de policia y ambulanciaas, bocinazos y una lluvia empepandolo todo de reflejos y de aires de pesadilla.

Las dos historias que se nos cuentan , la del niño Fellini en un pueblo del norte del país evocando la Roma imperial, fascista, lejana como un sueño y la Roma de los setenta, vcaótica,. imprevisible, viciosa, bullanguera y aún así habitable, aunque no tanto como la "otra" Roma, la de los recuerdos del Fellini joven provinciano llegando entren a la ciudad para iniciar su carrera, la pensión, las gentes, las comidas pantagruélicas en plena calle en las terrazas de los barees y restaurantes, el sexo de los burdeles, el anuncio del fascinsmo que triunfa.

Es una película se debe ver como lo que es, un híbrido entre reportaje critico y zumbón y una suerte de "Amarcord" (Me acuerdo") fellinesco que nos deja la miel en los labios para volver a la Roma inexpresable y algo histerica de los  setenta, con sus legiones de hippies ocupando la Piazza de España, los jovenes airados pidiendole mensaje politico a Fellini en su  película o la desmesura bufonesca del desfile de modas eclesiastica con los inamovibles nobles romanos, al que la Iglesia da su protección e inocula el inmovilismo y la decrepita decadencia.

Bella, irritante, absurda, poética y vulgar, un esperpento con aires de trasvestismo y ambiciones líricas, en realidad  una provocación de ese gran falsario, genial embaucador que fue Federico Fellini.

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27 septiembre 2011 2 27 /09 /septiembre /2011 09:34

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  Lo primero que sorprende de esta escritora es su juventud (23 años) y el grado de madurez que ha alcanzado. Lo segundo, la calidad y vigor de su universo narrativo, tan propio y ajustado a una cosmovisión muy particular. Y lo tercero, que nadie haya evitado que surgieran en la novela tantos errores de estilo y tantos descuidos. Se sabe que una primera novela arrastra en sí misma defectos casi inevitables. Pero en el caso de "Belfondo" , los errores estilísticos y descuidos redaccionales hubieran sido subsanables con una buena corrección de estilo. Atentos pues a una nueva edición de la novela, amigos de la , por otra parte, excelente editorial "Principal de los Libros". Aquí no vale que lo achaquemos a un estilo rudimentario de primeriza: la fuerza y la potencia del universo creado por esta escritora justifica que el lector no reciba la negativa sorpresa de captar esos errores.

Y ahora pasemos a lo positivo de la novela de Jenn, que es mucho. Desde la habilidad en la creación de personajes, a la cadencia narrativa, voluntariamente demorada en detalles y sugerencias, pasando por el vigor en la composición de un espacio cerrado en sí mismo, repleto de elementos míticos, primitivos casi antropológicos, fuera de un tiempo y lugar identificables, una atmósfera que nos resulta familiar pero que mantiene sus propias dinámicas obedeciendo a leyes de comportamientos y actitudes que parecen surgidas del inconsciente colectivo de nuestro país.

La escritora logra comunicarnos la sensación de ahogo, de lugar sin salida, que padecen los personajes, un espacio mágico donde todos se encierran sin poder aspirar a visitar otros mundos, aunque estén a la vuelta de la esquina, sin saber con certeza qué es lo que les impide marcharse. Es como el salón de "El ángel exterminador" de Buñuel, ese grupo de personas que se ven encerradas en el salón de la casa, sin que nadie se atreva a salir aunque no hay nada ni nadie que se lo prohíba, reforzándose unos a otros el horror a eso desconocido que hay "fuera".

Los personajes paradigmáticos, encerrados en sus propias caracteristicas emblemáticas, el enterrador, el maestro, el falso "cura" ciego, la tocadora de campanas y "dueña" del tiempo, la fábrica y sus obreros, la viuda, la puta, van desplegando sus historias personales que son parte de una historia colectiva centrada en el "amo", el aglutinador de todo, el creador, el ¿dios? de una comunidad sin esperanzas, que crea un "dios" a su antojo, una diosa, su mujer, que dicta sus normas al "cura" ciego, pero que quedará cautiva de su engaño. Todos ellos hacia un final, un poco forzado, que queda abierto y en suspenso, como el despertar de una pesadilla. 

La novela, de  menos de doscientas páginas, engancha y sorprende.  Recuerda a uno los mundos propios, obsesivos, ambiciosos, de ciertos novelistas, Garcia Marquez, Roa Bastos, Alejo Carpentier, la Allende, mundos estrechos, cerrados en si mismos,  con una especie de universalidad que le dan sus personajes, la bravura literaria de una Región de Benet, la Vetusta de Clarín, o la terra ignota de Sanchez Piñol, pero "Belfondo" es sutilmente distinta, más primitiva, más elemental, diría que más banal, menos elaborada y al tiempo más entrañable. Es como si una niña nos contara un cuento. Detrás de lo narrado no está la voz poderosa, taumatúrgica de un creador omnisciente, sino la vocecita tímida pero sugestiva de una niña que nos narra un sueño.

No es una "obra maestra" como escriben algunos  en los panegíricos leidos en la red. Es una obra apreciable que hace evidente el surgimiento de una voz con fuerza y mérito en el mundo literario. Que tiene mucho camino por delante y muestra unos modos y maneras que, ciertamente, hacen esperar mayores alcances.

Los propios errores apuntados al principio hace que uno respete esa promesa de futuro que se desprende de "Belfondo". Es como el talante zen frente a los objetos. Sus pequeñas, casi inadvertidas, imperfecciones son las que dan la medida de su belleza.

Por eso, con cariño, Jenn, evitemos frases y construcciones como "no quería hacerle ningun tipo de cuestión a su mujer", "ola de aire calientisimo" (sic),"es la cuarta de cuatro hermanos que son", "no es que tuviera algo para merecer el puesto que el resto no","pero el amo ya no sabe de amar", "las veces que no se la ha hecho, la señal, ha sido...", "Arcadio aprovecha todas esas ausencias, que es que la mira y sabe que en ese momento no está, de su mujer para pensar en la lección que quiere darle a Monral" (pág.96) "Nadie podia arrancar de sus almas lo que Elpidio","Ella, que se basta de tantas cosas menos de analizar las cosas, que es tan así...tan que siempre parece muy viva, pues hay algo ahí que la frena".

Se me puede argumentar excusas de estilo propio, escasa importancia  de los errores y reiteraciones gramaticales o de estilo...sí, seguramente, pero una escritora como esta merece que el sendero de su narrativa esté limpio, o lo mas limpio posible, de esa broza o basurilla de estilo.

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26 septiembre 2011 1 26 /09 /septiembre /2011 09:40

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Ahí es nada, más de treinta años de charlas mas o menos informales con lamas budistas y sabios orientales sobre el sentido de la vida, las técnicas de meditación y, en una palabra, la mejora espiritual que en esos lares siempre está unida a una perfecta forma física y un control asombroso de nuestros recursos de fuerza, resistencia y flexibilidad. Una mezcla de yoga intenso y de filosofía espirtual, una especie de terapia del cuerpo y el alma, al alcance de todos sólo por el mísero importe de una entrada de cine o de una cañita con tapas. Editorial Kairós, esa benemérita editorial que nos ha hecho mejores a muchos de los que leemos sus libros con fidelidad, edita el último libro del orientalista Ramiro A. Calle, un meditador y maestro de yoga con toda una vida de ejercicio. Hablo de "Conversaciones con lamas y sabios budistas".

Ramiro es una especie rara en el variopinto mundo de los autores de la temática digamos filosófico-espiritual-autoayuda, donde hay mucho menos oro del que reluce. Se niega sistemáticamente a dar datos biográficos y mantiene una actitud combativa y exigente tanto en sus libros como en sus apariciones públicas. Su mensaje es claro aunque no original. Refleja bien las ambiguedades y tópicos de la espiritualidad libresca al uso, pero al mismo tiempo su mensaje operativo es claro y contundente, sus consejos, dentro de la ortodoxia de las técnicas zen y theravada (vipassana) , son correctos y nada exagerados y la sensación que da es de honestidad y afán de servicio. Y todo ello además del magnífico montaje mediático que se ha diseñado a través de los años convirtiéndose en una especie de leyenda viva de los ambientes del yoga hispano.

En esta obra, Ramiro Calle  nos narra sus encuentros con lamas y monjes, sabios que forman parte de la historia del budismo de hoy. Entre ellos, el Dalai Lama, Dudjom Rimponché, Sakya Trenzin, Trangu Rimponché, Chantral, Gurú Kunzan Grizing, Geshe Jampel Shangle o Akong Rimponché. Ramiro ha ido a buscarlos a Bhutan, Nepal,  Darjeeling, Kalimpong, Sikkim, Simla, Lebong o la ciudad santa de Almora Y no sólo nos narra los sistemas de meditación, los accesos espirituales de estos maestros sino ese mundo oculto de la superstición, la hechicería, los fraudes y supercherías de algunos, la esperanza de otros.

Es este un libro digno, interesante y lleno de ideas y sugerencias. Un poco especializado a los ámbitos de pro-budistas, se lee no obstante con interés y curiosidad crecientes. Para la gente joven es un libro que podría abrirles los ojos hacia ese sector de las enseñanzas budistas que no choca contra ninguna religión (incluso hay monjes y monjas y maestros budistas entre los católicos, con dispensa y apoyo de la propia jerarquía de la Iglesia) y aporta calma, serenidad mental, recursos para solventar los problemas cotidianos y una inmejorable salud si se siguen los parámetros físicos de las disciplinas que se citan en el libro. Un libro, pues, de lectura recomendable para la gente joven y para los muy maduros que tienen el alma joven.

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