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14 mayo 2011 6 14 /05 /mayo /2011 15:53

978843060817.GIFDe vez en cuando en estas labores de lecto-escribidor aparece un libro que nos conmueve en forma especial por razones que a veces solo sospechamos o que no sabemos,  aparte del hecho incontrovertible de que suelen estar muy bien escritos. En esta ocasión se trata del libro póstumo de Tony Judt, un analista inglés de una lucidez a prueba de complejidades, que murió en agosto de 2010 de una feroz y trágica enfermedad degenerativa. El libro se titula "El refugio de la memoria" y ha sido editado por Taurus, en traducción de Juan Ramón Azaola.

Me lo leí prácticamente entero durante un viaje nocturno en tren desde Ponferrada a Barcelona, con una rodilla hinchada que me daba pinchazos y me impedía dormir. El libro fue un inesperado consuelo y una lección moral para sobrellevar la molestia y quitarle cualquier tipo de dramatismo. Comparado con la experiencia vital que cuenta Judt, mis dolores de rodilla y la incomodidad del viaje eran una chiquillada sin importancia alguna.

Pero vayamos por partes, ¿quién es Tony Judt? Era un profesor universitario inglés  titulado en Cambridge y en la famosa y elitista Ecole Normale Superieure de París y que impartió la docencia en su universidad, en Oxford, Berkeley y Nueva York (aquí llevó la cátedra, fundada por él,  de Estudios Europeos). Escribió trece libros, de los cuales conozco y admiro dos de ellos, "Sobre el olvidado siglo XX" (Taurus 2008) y "Postguerra" (2006), recibió multitud de premios y puso su firma a colaboraciones en medios tan prestigiosos como The New York Times, The New York review of books o el Times Literary Supplement.

En 2008 le diagnosticaron una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y comenzó a perder el uso de sus extremidades, quedó confinado a una silla de ruedas, le falló el aparato respiratorio (tuvo que ser sometido a un respirador artificial) y terminó perdiendo el habla y la vida, tras dos años de progresiva tortura, de la claudicación física de su cuerpo en el que unicamente funcionaba con desesperante lucidez un cerebro de alta calidad y una mente dotada de una gran formación. En este libro Judt, con un estilo absolutamente desprovisto de autoconmiseración y sentimentalismo emocional, incluso con notas de inesperado humor, nos narra sin aspavientos ni moralinas sus esfuerzos por conservar la lucidez y la razón y volver a gozar siquiera sea a través del pensamiento y la palabras de un pasado que él califica de feliz y gratificante.

No hay tragedia en lo que escribe ni en cómo lo escribe, sino aceptación honesta y firme de su desgracia y los frutos que su formación y su inteligencia le deparaban en ese regreso al pasado propio a través de la memoria, unico refugio que le quedaba en el horror cotidiano de la imposibilidad de ser quien habia sido, o simplemente de ser como cualquier otro ser humano.

El recurso a tecnicas nemotécnicas para recordar durante el día lo que había preparado mentalmente durante las interminables horas de soledad, en las que cualquier movimiento o consuelo le estaban vedados, es una de las páginas más brillantes de esta historia extremecedora. Como él mismo escribe, "imaginen que han sido obligados  a yacer absolutamente inmoviles boca arriba durante siete horas seguidas y limitados a inventarse formas de hacer tolerable ese calvario no solo para esa noche, sino para el resto de sus días".

Su infancia, las comidas judias de su abuela, el cine, el análisis de la vida política,  la austeridad en la Inglaterra de postguerra, su amor a los coches, a los diferentes barrios en los que vivió, sus mujeres y sus hijos, los autobuses de la infancia con las que solía escaparse por todo Londres, su estancia en un kibutz en sus juventudes de compromiso político judío, los desengaños ante los fanatismos, su estancia en un college inglés de prestigio y su maduración como individuo, su estancia en la ENS de Paris en los 70, las revoluciones juveniles y el desengaño posterior, que vivió con gran intensidad intelectual y física (el descubrimiento del sexo libre, más teórico que real para casi todos los que presumieron de ello), la meritocracia en la educación, tan manipulada por un equivocado progresismo, el amor a las palabras y el bien hablar y mejor escribir, (algo que la actual convivencia con los sms, los msg, los twiter, facebook y demás están convirtiendo en banal. Como dice: "cuando las palabras pierden su integridad, también lo hacen las ideas que expresan" y "hablamos y escribimos mal porque no nos sentimos seguros de lo que pensamos y nos resistimos a expresarlo de un modo inequívoco), su llegada a las universidades norteamericanas en pleno desastre conyugal, su crisis de la mediana edad y sus contactos con la Praga revolucionaria, su amor a Nueva York...

Es un libro lleno de energía interior, un canto  a la vida que realiza un condenado a muerte que se niega a aceptar psicológicamente ese papel,  aunque con el suficiente realismo para saber que esa es la realidad, para terminar como lo empieza: con un apasionado y enternecedor recuerdo a un hotelito suizo donde pasó unas vacaciones de su infancia. Son las habitaciones  de ese hotel las que le sirven de técnica nemotécnica para amueblar en ellas sus recuerdos y darles una coherencia que, a la postre, será el libro que el lector tiene en las manos, entre cautivado y conmovido.

Como guinda de este comentario déjenme regalarles este pensamiento de un Tony_Judt_callo_enfermedad_empezo_paralizarle.jpgpensador magnífico, muy certero  y oportuno para el momento y el país en que vivimos: "La seriedad moral en la vida pública es como la pornografía: aunque difícil de definir, sabes que lo es cuando la ves. Describe una  coherencia entre intención y acción, una ética de la responsabilidad política". ¿Ven algo de esto en los representantes políticos que en estos días luchan a mandoblazos entre sí para arañar votos en esta España que nunca deja de helarnos el corazón?

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12 mayo 2011 4 12 /05 /mayo /2011 07:33

Nemesis-TAPA-DURA_libro_image_big.pngPhilip Roth (78 años) es uno de los grandes de la novela norteamericana actual, uno de los selectos junto a  Bernard Malamud, De Lillo, Bellow, Updike, Pynchon, una generación por encima de los Franzen, Foster Wallace o Paul Auster . Comparte con alguno de ellos el hecho de ser judío, aunque la prosa irreverente y cáustica de Roth le ha valido el rechazo total de la comunidad judía norteamericana.

En "Némesis" este controvertido autor completa las cuatro novelas cortas que ha dedicado a aspectos relacionados directa o indirectamente con su vida en la ciudad de Newark. En este caso recuerda una grave epidemia de polio que diezmó a la población, infantil sobre todo, en los años cuarenta, antes de descubrirse la vacuna que detuvo esa angustiosa y terrible enfermedad. Nos cuenta u n periodo trágico de la vida de un joven, Eugene Bucky Cantor, atlético profesor de ejercicio fisico de los niños del barrio judío. A través de él conocemos la brutal aparición de la epidemia de polio y lo hace con el filtro de la compleja situación psicológica del joven: rechazado en el ejército por su vista, mientras que todos sus amigos van cayendo en el frente, combatiendo contra alemanes y japoneses, sometido a un angustioso complejo de culpa por ello y por creerse en cierta forma responsable de la polio que invade a sus niños, la novela transita por un  camino muy presente en las novelas de Roth, el sentido de  la culpa y el exceso de responsabilidad.

Con una gran maestria literaria, Roth nos oculta la identidad del narrador hasta la ultima tercera parte de la novela y asi nos ofrece un punto de vista aparentemente omnisciente  que luego desvela su subjetividad.

El amor sacrificado, la pobreza, la respetabilidad, el honor del muchacho se rinden ante un exacerbado sentido de la responsabilidad, equivocado desde luego, pero con cierta grandeza trágica. Entre "La peste" de Camus y la culpa destructiva de u n Lord Jim de Conrad, el personaje de Roth deambula por el pueblo exterior horrorizado por la epidemia y el desastre interior de una responsabilidad y una culpabilidad excesiva y desatada.Una lucha entre el pobre muchacho y un Dios inclemente al que convierte en su rival, en su "némesis".

Novela apreciable, aunque inferior a otras de Roth, "El lamento de Portnoy" o "Patrimonio".

 

"Némesis". Philip Roth.-Mondadori. Barcelna 2011.210 páginas. Traduccion Jordi Fibla.20 euros.

La nov

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11 mayo 2011 3 11 /05 /mayo /2011 17:07

 

thor.jpgBueno, aún no salgo de mi asombro. ¿Quién convencería al irlandés Kenneth Brannagh, bienamado por los incondicionales de Shakespeare, para que dirigiera este espectacular bodrio-comic, con guaperas culturista, Chris Hemsworth, un auténtico martillo del arte interpretativo, la bellísima Portdman (menos ella misma que nunca a pesar de sus gestos y miradas intensas) o al camaleónico Anthony Hopkins embutido como Odin en un reluciente traje que le sienta como un martillazo? ¿No lo saben? Supongo que el mismo argumento que hacía que Orson Welles diera su nombre para el reparto de películas petardo, Laurence Olivier terminara sus días haciendo de malo nazi, John Gilgud de mayordomo de un payaso o el gran Michel Caine como criado de confianza del Batman oscuro. Es decir, el vil metal, poderoso caballero.

La nota ambiental es lo único con personalidad de la película. El reino de Asgard, donde viven esos seres superiores que en las sagas vikingas se consideran dioses, está muy logrado --efectos especiales a porrillo-- y a los más cinéfilos les parecerá una mezcla del "Dune" de David Lynch en los 80 y del kitch "Flash Gordon" de Dino de Laurentis  de aquella misma época inocente y osada.

Basada en el cómic Marvel de los grandes héroes, que yo sepa esta es la primera versión del legendario Thor, hijo de Odin, desterrado a la Tierra sin poderes por haber desobedecido a su augusto padre. Alli el chico conoce a la chica (Portdam) y en el cielo el hermano de Thor se hace con el poder, con su compleja maldad digna de ser tratada por un psicoanalista. No hay mucha convicción en los personajes secundarios y todos parecen estar actuando en unos "Pastorets" con mucho ruido y diversión.

Que el director de "Hamlet", "Mucho ruido y pocas nueces", "Trabajos de amor perdidos" y "Enrique V " se embarcara en esta película es difícil de creer: la verdad es que se  ve su mano en solo una secuencia de una película bastante larga: el complejo personaje de Loki, el hermano traidor y su final. Un malo poco logrado que pertenece mas a una obra de Steinbeck, don John, como "Al este del Edén", que a una película para adolescentes y adultos sin complejos.

Efectos especiales aparte, el chico gustará mucho a las chicas (y a algunos chicos), el malo no convencerá a nadie, Odin nos dejará más frío que el malo del hielo (un Satán que se parece a muchos otros) y la Portdman llevara su descafeinado romance de una forma aburrida. ¿Saben lo que salva esta película de ser perseguida a gorrazos por enfurecidos espectadores? El humor. Un ramalazo de humor transgresor y socarrón que atraviesa todo el metraje como u n Guadiana a veces oculto --ironía-- y otras veces evidente.

 

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10 mayo 2011 2 10 /05 /mayo /2011 16:35
New_York_World_-_Twain.jpg

La editorial Sequitur acaba de sacar una edición de “Reflexiones sobre La religión”, un libro para hacer pensar. Su autor se llama Samuel Langhorne Clemens, es norteamericano, de Missouri, nació en 1835 y murió en 1910. Es conocido en todo el mundo y considerado –con bastante miopía --uno de los grandes “solo” de la literatura juvenil. Claro que si os digo que firmaba sus libros como Mark Twain  y que es el “padre” de Tom Sawyer  y del magnífico Huck Finn, que llevó a un yanqui a la corte de Rey Arturo y escribió las aventuras de un príncipe medieval confundido con un mendigo (seguro que habéis visto alguna de las películas que se han rodado sin parar, hasta musicales, con esos libros), aún no sabréis bien de quien os hablo. Dado que “Las aventuras de Tom Sawyer” acaba de ser reeditado por Ed.Hermes y por Ed. Siruela, que “Las aventuras de Huckelberry Finn” sale con sello Anaya, “Pasando fatigas”, por Interfolio y “Cuentos” por De Bolsillo, es momento de que entréis en la “Galaxia Twain”.

En este mundo vais a encontrar ni mas ni menos que la historia de un hombre, un sarcástico autor de vida emocionante, que bajo la vestimenta brillante de relatos de las aventuras de adolescentes, (Tom y Huck, están entre la infancia y la juventud), llenas de humor y de emociones, hay en todas sus obras una actitud crítica, inconformista, bondadosa pero firme, contra la hipocresía social, la corrupción política, los abusos inhumanos (como la esclavitud en todas sus formas), la injusticia, la codicia y también un voto por la nobleza, el valor, el afecto y la defensa a los más débiles. No importa la edad que tengáis, no os penséis que es un autor “para niños”. Corre la misma injusta suerte que otro grande de la literatura, el autor de “Los viajes de Gulliver”, Jonathan Swift, que es de todo menos una novela para niños (aunque muy censurada y mutilada ha pasado durante años como tal).tsaw.jpg

Leed cualquiera de las obras que os recomiendo con las ediciones apuntadas, fáciles de encontrar en cualquier buena librería. Ni siquiera son caros. Os garantizo una lectura apasionante…y divertida. Como dato interesante, sabed que “Mark Twain”, (marca dos) es el grito que los esclavos negros empleados en los barcos de vapor que surcaban el Mississipi lanzaban para dar a conocer su medición de los fondos del río. Nuestro novelista fue piloto de uno de sus barcos, periodista, viajero, escritor y conferenciante de fama en su país y en el resto del mundo.

En este momento además, M.T. es noticia, en Estados Unidos han publicado alguna de sus obras mayores con una carga tal de manipulación y censura que en el Congreso de ese país se está debatiendo la prohibición de esa práctica y se podrá exigir que se publique a Twain con toda su carga critica, dada la enorme lección de amor a la libertad, dignidad humana y principios éticos que destila su obra.

 

 

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10 mayo 2011 2 10 /05 /mayo /2011 12:13

Escribo en el café del Peregrino, en la cumbre de O'Cebreiro. Hace una tarde lluviosa y la niebla ocupa poco a poco las empedradas y empinadas calles del pueblo. La tele está puesta con el sonido muy alto y los parroquianos halan a gritos. Escucho al menos cuatro o cinclo lenguas distintas. Los más gritones son los gallegos de la tierra, españoles varios, fracese, ingless, americanos y dos otres nordicos taciturnos que beben en un rincón. Antes de que dos o tres clientes que me acechan comiencen a interesarse por el tiempo que llevo en el ordenador unico desde el que se puede conectar publicamente en el pequeño pueblo, decido hacer una análisis apresurado, una reflexión, sobre este fin de etapa por este año.

Seguir la sirga peregrinal durante seis días desde León a O'Cebreiro, a una media de 25 kilómetros al día, por incomodísimas sendas duras o andaderos, a la vera de las carreteras, de vez en cuando por auténticos senderos entre bosques, plantaciones, rios, viñedos, e incluso algunas -pocas- in cursiones montañeras, es una experiencia interesante incluso para una persona habituada a las largas caminatas de las travesías pirenaicas, por el Cadí o els Ports de Beceite. Para ser más exacto diré que tiene poco que ver aparte del indudable y semejante esfuerzo fisico. ¿Qué es lo que hace tan especial al Camino de Santiago? ¿Su antigüedad? ¿La riqueza cultural y artistica del recorrido?, ¿La belleza de los parajes por donde transcurre? ¿Las leyendas y tradiciones que lo enriquecen? ¿La variopinta humanidad que lo recorre? ¿Razones espirituales, deportivas, costumbristas, caprichosas, mágicas, religiosas, esotéricas, irracionales, de apuestas personales o colectivas, de afán de juerga, exploración sexual o amistosa, desafío interior, terapia psicológica? Todo eso lo comparte más o menos con el senderismo habitual.

Sinceramente no sé cual es el componente especial, distinto, peculiar, propio e intransferible que posee esta Camino tan denostado por muchos en estos dias como pretexto folklorico-comercial-superticioso. A través de los encuentros que propicia el Camino, de algunas charlas, de ciertos detalles, uno acaba pensando que es la suma de todos esos interrogantes cuya respuesta suele ser menos importante que el hecho en sí: la prodigiosa senda, la Via Láctea medieval, el misterio de Santiago, su sepulcro y su hallazgo, la utilización secular de la iglesia y el poder, los peligros que conllevaba en aquellos tiempos la caminata inmensa, inacabable, los abusos, las muertes...es como si el tiempo hubiera enriquecido el banal recorrido fisico, incómodo y sobreexplotado comercialmente, dándole una dimensión distinta no sólo a todo lo dicho, sino también diferente para cada persona.

Es como si el Camino dejara una semilla de significado en cada uno, que algún dia y en algún momento fructificará de forma imprevisible. Incluso el más superficial y caprichoso de los llamados peregrinos, muchos no pasan de ser deportivos caminantes, ciclistas o jinetes, hay algo que queda en evidencia o en suspenso y que le da un sentido a la gesta acometida.

Caminando durante horas con mi amigo Jaime, un andarín con el que he realizado travesías montañeras desde hace años, atento al camino –no tanto como en las montañas, aquí las señalizaciones son excelentes, es imposible perderse-- y sobre todo a su oferta histórica y cultural, he terminado entendiendo que el Camino ofrece una posibilidad que parece casi tópica pero que realmente no lo es si no te empeñas en que lo sea: es la causa posible de una experiencia iniciática (de tipo psicológico o espiritual, según el talante del sujeto). Y eso además de ser una fuente de citas con la historia y el arte de una edad bastante oscura en general, de los hombres y las gestas que lo jalonaron, un encuentro con cierto sentido del humor duro y sin contemplaciones o de escépticas cuestiones relacionadas con los milagros y cuestiones divinas pero siempre desde un punto de vista muy popular, poco institucional. Imagínense una historia religiosa narrada por los Hermanos Marx. (Ya se que suena un poco irreverente, pero después de tantas caminatas y con mi rodilla en estado de atención en la UVI, se me puede permitir, como un exvoto peresonal al Camino).

Acabemos la reflexión: esta larga etapa del Camino a Santiago me ha hecho comprender aquello tan viejo que ya mencionaba el príncipe Hamlet, hay más cosas bajo el cielo, mis queridos lectores, de las que es capaz de conocer y entender la razón. Y quizá esas cosas sean las que dan sentido a la vida. Hacer el Camino quizá no cambie nada en tu vida pero si eres capaz de analizarte sin prejuicios podrías encontrar ese algo tan especial que es como un grano de mostaza, pequeño pero contundente, si te lo comes, claro.

La dueña del bar, una matrona generosa en todo, me pide educadamente que vaya acabando, hay un alemán que comienza a ponerse sarcástico y me lanza miradas poco amistosas y dos italianos me hacen gestos sonrientes pero admonitorios. Cerremos la serie por el momento.

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8 mayo 2011 7 08 /05 /mayo /2011 16:41

Llegar a O'Cebreiro es como entrar en un mundo fantasmagórico, indiscutiblemente celta, con las pallozas como inmensos hongos de capucha negra, las ancestrales viviendas de los pobladores prerromanos de la zona, el perfil sereno y austero de la iglesia de Santa María la Mayor, las casas de piedra relucientes por la lluvia donde proliferan albergues y bares, todo tan indudablemente gallego como la queimada o el pulpo a feira, y envolviéndonos el sudario de una niebla que va y viene, fantasmal, fría, rasgándose entre los árboles verdes, subiendo perezosa por las laderas de las montañas con sus laderas tan verdes como sembradas de esmeraldas...

Un paseo poer el pequeño pueblo semimedieval y repleto de deerrengados peregrinos de todo tipo y condición, es una experiencia fraternal y muy literaria. La visita a la IGlesia es tan sugestiva como entrar en la iglesia del pueblo galés donde se rodó "El hombre tranquilo". Con un suplemento: se trata de una iglesia prerománica, con planta basilical y tres naves y sobre todo con el famoso "Caliz del Milagro", pieza del siglo XII en el que hubo una transsubstanciacion de carne y sangre para poner en su sitio a un cura que no creía en la eucaristía.

UN siglo mas tarde pasó por el lugar nuestra reina Isabel I, la de Fernando y el monta tanto tanto monta y decidió arramblar con ella para "protegerla", pero los caballos se negaron a bajar tozudamente de allí hasta que no se restituyó el cáliz a su lugar. Cosa muy comentada y que es lástima no se hubiera repetido por tanta iglesia romanica de Cataluña y otras regiones, expoliadas por propios y extraños a cambio de dineros, claro está.

Ha sido una etapa de 28 kilometros desde Villafranca hasta los 1300 metros de O´Cebreiro. El ultimo tramo de subida es por una correidoira gallega (desde el pueblo de Laguna de Castilla estamos en tierras galaicas) que son las anchas sendas por donde se sube y bajan los ganados, preferentemente de vacas,. El resto de la jornada, un  paseo por la historia y acompañanmdo al Valcarce por un andadero improvisado junto a la ya escasamente utilizada Nacional VI (gracias a las meigas ahora hay una autovía que ha vuelto obsoleta a la carretera y salvado a centenares de peregrinos de los sustos de antaño con una circulacion endiablada y los pobres mochileros, ya bastante tocados, deambulando por los margenes).

Todo consiste en el paso de León a Galicia, por el valle del rio Valcarce (Valle de la cárcel) llamado así por lo angosto, cerrado y estrecho del paso. JUstamente por eso desde el siglo XI hasta el XIV, epoca floreciente del Camino, ese paso se convirtió en lugar idoneo para asaltos, acechanzas, robos y deslomamientos varios en las personas de los peregrinos de la epoca, poco adinerados, sin moviles ni tarjetas de crédito, pero en fin, la codicia humana no tiene parangón.

La sarga peregrinal pasa por Trabadelo, Pereje, Portela, bajo un maravilloso bosque de castaños, Ambasmestas, donde el rio Valcarce se une al Balboa,  Vega de Valcarce, con su bella ermita de la Magdalena, el pequeño Ruitelan, Herrerías que tuvo fundiciones famosas en la Alta Edad Media y que conserva la fresca fuente de Quiñones (sí, aquel caballero matón que se erigía en reparte mandoblazos en el paso del puente de Orbigo, ¿se acuerdan?) y un poco más arriba, en La Faba, el comienzo de la subida en serio, cuyo nombre proviene de los brezos que jalonan toda la subida, en una palabra de etimología celta.

Toda esta zona a partir del Alfonso VI quedó en manos protectoras de los caballeros templarios que ajustaron las cuentas a malhechores y nobles abusones. El monarca dicto un decreto prohibiendo los derechos de pasos, aduanas y regalías que imponían a los ya de por sí empobrecidos peregrinos.

O'Cebreiro se encuentra entre Los Ancares y la sierra do Courel, es pequeño y agreste y domina un paisaje espectacular, entre las tierras de León y al otro lado de la carena, las de Galicia. En las cercanías del ultimo pueblo de Leon, Laguna de Castilla, el caminante encuentra ya el primer mojon gallego en el que se nos informa que para Santiago quedan 152, 3 kilometros. A partir de aquí cada 500 metros aparecerán esos indicativos con la cuenta decreciente de los kilometros que faltan para llegar al Obradoiro y terminar la peregrinación.

Mañana volveremos a detenernos en Villafranca y haremos una reflexión de lo que ha sido este recorrido por la sirga peregrinal santiaguesa.

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7 mayo 2011 6 07 /05 /mayo /2011 18:52

Abandonar Molinaseca con cielos de  tormenta y los verdes lujuriosos que rodean la cinta azul brillante de la carretera a primeras horas de la mañana, resulta ser un placer a pesar de la ominosa amenaza de lluvias. A eso de las nueve ya va cayendo intermitente una fina llovizna que hace brillar el entorno ante las apariciones breves del sol. No hace frío y son unos ocho kilómetros hasta Ponferrada (Puente de hierro, Pons Ferrata, desde el siglo XI, antes el puente topónimp era de madera) y cien años después se convertirìa en uno de los lugares de acuartelamiento de la Orden del Temple, según deseo de los monarcas de la época, indignados por la presencia abusiva de malhechores --más tarde fueron los propios nobles lugareños los que obligan al pago del paso por sus tierras, otro tipo de malhechores-- que aprovechaban las dificultades y la impunidad que propiciaban los difíciles pasos y perdidos parajes del paso de las tierras leonesas a las gallegas. En Ponferrada hay que dedicar un tiempo largo a la visita al famoso castillo templario que los aficionados a las ordenes medievales tienen como uno de los más misteriosos y a la vez explícitos, una especie de criptograma de piedra repleto de signos y simbolos de los  ritos templarios de iniciación, que esos aficionados, --una suerte de corriente social subterránea muy especializada que circula por todo el mundo-- tienen en gran aprecio.

Es una ciudad activa y muy moderna a la que hay que dedicar más espacio y atención, cosa que nos proponemos hacer a la vuelta del Camino antes del regreso a Barcelona.

Por ahora reseñemos los campos de vides, la sirga circulando entre flechas amarillas y pequeños bloques cuadrados blancos con un grabado del sol radiante amarillo sobre un fondo azul, el exceso de caminatas junto a la carretera y algunos desvíos encantadores por senderos de baja montaña, cortando entre sembrados y viñedos, algunos bosquecillos, o el cruce por el centro de poblaciones como Camponaraya (cuyo unico interés son las bodegas del Bierzo), Cacabelos (con un bello puente sobre el rio Cua), Columbranos, el cercano Castro de la Ventosa, que fue enclave primero celta y luego romano con el nombre de Bergidum Flavium y el paso ante el Santuario de la Virgen de las Angustias con su fachada barroca sobre un templo de origen románico.Y en Pieron, la ermita románica, deliciosa y solitaria.

Pero la piedra preciosa de la jornada es la meta ansiada, tras 34,2 kilómetros de caminata, unas siete horas y media, la hermosa villa de Villafranca del Bierzo. En ella confluyen dos rios, el Valcarce y el Burbia, de agua limpidas, cristalinas y llenas de truchas, aunque está declarado "tramo sin muerte" abundan los pescadores de caña, incluso en un dia como hoy con ràpidos y violentos aguaceros que alternan con un cielo de azul espectacular, el sol picante de mayo y las nubes incesantes en un desfile entre el blanco algodonoso y el panza de burra grisáceo. Fue Alfonso VI el que dio en el siglo XI caracter de ciudad a Villafranca al ordenar repoblaciones y el asentamiento en el lugar de la orden de Cluny (en 1120 se establecio el priorato de la orden en la ciudad)

Se entra en ella por el altozano donde se encuentra la bella iglesia de Santiago, con su portada del Perdón, curioso lugar donde por orden del papa Calixto III se ofrecía la posibilidad de alcanzar la indulgencia y privilegios de la peregrinación a Santiago para los peregrinos que por enfermedad no pudiesen traspasar los montes de O Cebreiro y llegar a Galicia y después a Santiago.

La portada es de una belleza serena y tiene relieves de una increible perfección, con unos personajes esculpidos con gran maestría.Tanto Jaime como yo nos extasiamos ante los detalles de la famosa portada y bromeamos que,  dado el estado de mi rodilla, igual me darían la compostela o certificado del peregrino sin  tener que caminar hasta Santiago.

Despues de hacer las fotos de rigor con gotas incluidas, buscamos en la bajada hacia la calle del Agua, sirga compostelana que atraviesa la población por calles principescas, con edificios bellísimos, grandes soportales, balconadas de una riqueza estética considerable, escudos nobiliarios, nobleza por todas partes y suelo adoquinado, hasta llegar al puente del Peregrino (con una estatua ad hoc de uno de ellos, con  su calabaza y un perfil austero y serio) y admirar los rincones que va descubriendo con sus aguas rápidas el rio Valcarcel, con los taludes y desvios con que la mano del hombre ha domesticado el curso veloz del rio, en estos dias muy nutrido.

Hemos pasado tambien junto al castillo templario que se levanta muy cerca de la IPortada del Perdon. Después de la ducha preceptiva en el mesón donde estamos, justo a la salida del Camino hacia O Cebreiro, etapa de mañana, hemos paseado por la plaza Mayor, la contundente y solida iglesia de san Francisco, la Colegiata de Santa María y la Alameda.

La tarde ha oscilado entre la lluvia leve y las caricias de un sol que parece agresivo por contraste. A la vuelta pasamos junto al Hostal del Comercio y comentamos con cierta sorpresa el detalle de que es un establecimiento en activo desde el siglo XV y tiene la caracteristica asombrosa de que sigue siendo administrado y cuidado por la misma familia de generación en generación. Eso se llama persistencia.

Mañana O,Cebreiro, la puerta al Camino gallego, la antesala a Santiago (màs de cien kms, todavía, objetivo dilatado hasta el pròximo año si Dios lo quiere y Santiago lo avala (muy impuestos, como ven, en el lenguaje religioso que a pesar de todo el folklore del camino, sigue estando presente por doquier).

 

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6 mayo 2011 5 06 /05 /mayo /2011 18:13

Desde Rabanal a Molina Seca, una etapa repleta de subidas y bajadas, caminos de sirga jacobea de lo más hermoso y andaderos en las márgenes del asfalto o en pleno asfalto que acaban dañando, espero que transitoriamente, mi castigada rodilla izquierda.

Además, el bautismo de agua del Camino. Una tormenta que nos va persiguiendo monte Irago hacia arriba y luego de bajada hasta El Acebo, a cuatro horas de la salida, donde paramos a tomar un bocado. Rompe a llover justo en el momento del café.

Son en total unos 26 kilómetros de constantes desniveles, en siete horas y media, una etapa montañera de belleza espectacular, a pesar de la lluvia, a pesar de las nieblas y el desfile de nubes amenazadoras. Para mi gusto la etapa más bonita y variada, que no hubiera supuesto demasiado esfuerzo en condiciones fisicas normales, pero ha sido un tanto fastidiosa por los cantes de la dichosa rodilla de San Menisco de los Dolores, patrón del gremio de los pinchazos senderistas.

Pero bueno, pasemos a cosas más serias.  Salimos de Rabinal  a las ocho sonantes en la iglesia de Santa María y comenzamos a subir desde los mil y pico metros de este pueblo hasta los 1515 de la Cruz de Ferro, por un sendero montañero, intercalado con trozos de asfalto, entre autenticos macizos de flores silvestres, amarillas, lilas, blancas con centro dorado, el olor de la retama y el espliego y de vez en cuando manadas de árboles escuálidos, con ramas sin hojas y escuetos troncos invadidos por la lepra de liquenes y musgos en cabellera. Tenía una suerte de belleza patética. Al fondo los Montes de Leon, con sus laderas llenas de verdor. El agua hacia brillar todo como si estuviera recién estrenado.

Al fin, la cima del Camino Francés. La cima más alta que se debe superar. La Cruz de Ferro, una cruz ensartada a una larga pértiga sobre un montículo en el que los peregrinos,  en lugar de las tradicionales piedras o cantos rodados, lleva unos pocos años dejando cosas variopintas e inverosímiles que convierten la zona en un estercolero, con perdón. Desde botas viejas a calcetines, monederos vacios, sombreros, pañuelos, unas bragas, carnets, papeles, dibujos, paquetes de tabaco y encendedores usados, pèines, gafas rotas...por favor. Frente a ella la ermita de Santiago, pequeña y oscura, llena de candor y quizá de fervor. La niebla invade el lugar y algunos peregrinos , extranjeros of course, descansan bajo el portalón de la ermita.

Inciamos pronto la bajada hacia Manjarin, un pueblo abandonado, como muchos de esta zona que ha renacido gracias a la moda del Camino y sus multitudes. En este pueblo hay una comunidad de seguidores modernos de los templarios y un elemento medio hippy que regenta una especie de pequeña cueva santuario de tipo laico, con el habitual mezcla de mensajes desde la cultura de la autoayuda hasta las disciplinas orientales. Una especie del David ya mencionado, pero más sujeto a las leyes del marketing. Junto a la mesa de aguas, tes y galletitas, la mención "todo es gratis" y un poco mas lejos otro cartel recordando que el lugar se mantiene gracias a la generosidad voluntaria de los peregrinos.

Aun hemos de pasar por otra cima coronada por una larga antena de comunicaciones pero vedada al caminante por ser terreno militar. Comienza entonces la bajada, en la que menudean los tramos de carretera y por tanto mis cantos en arameo. Llegamos a El Acebo una hora más tarde. Otro pueblo abandonado hasta hace poco al que la corriente de personas y dinero del Camino ha revitalizado.

Despues vendra uno de los tramos más puramente montañeses en el que la cerretera corre no muy lejana pero no invasiva. Se baja al valle del arroyo de Prado Mangas y  minutos mas tarde, entre castaños, por la vega del rio Pretadura. Jaime fotografía macizos de flores como regalo visual para Ana, su mujer. Entre flores vamos dando término al recorrido por el monte  Irago, que según viejas cronicas del siglo XI, era "tierra áspera, pantanosa y espesa" muy afectada por bandoleros, atracadores, ladrones de todo fuste y demas gentes de mal vivir. Ahora el recorrido no necesita de los hombres de buena voluntad que los Concejos de la zona ponian a disposición de los  caminantes para que les guiaran por ella.

Desde los tiempos de la Baja Edad media el Camino no habia recuperado la caracteristica de ser motivo y ocasión de desarrollo y riqueza para toda la zona. Y ahora, desde hace unos años, como hemos tenido ocasion de comprobar y narrar, hay muchismos pueblos que han renacido de sus cenizas gracias a los peregrinos. Como Foncebadon que hemos cruzado hace unas horas y aun presenta las ruinas de lo que fue un gran pueblo medieval y llevaba decenios sin vida. La recuperacion comercial se hace evidente en los establecimientos jalonan la antigua calle mayor.

En El Acebo hemos entrado en la comarca del Bierzo, una miniregión bella y pacífica, con un microclima muy agradable, de sólo sesenta kilómetros de peculiaridad y tradiciones propias. La entrada en Molina Seca, nuestro  fin de etapa, desde lo alto del monte, es muy satisfactoria y nos vemos agradablemente sorprendidos por el precioso trazado del puente románico sobre el rio Meruelo, que baja pleno de aguas y la suntuosidad del Santuario de las Angustias y la señorial clase de una calle Real, que nace tras pasar el puente y tiene un trazado corto festoneado de casa nobiliarias, escudos y bellísimas balconadas de madera.

En el centro cívico del pueblo, una amable encargada, Nati, me facilita información y me da acceso libre e ilimitado a internet. Los niños del pueblo invaden la sala -biblioteca e internet, media docena de ordenadores de ultima generacion- y son  invitados a dejarla pronto con lo que se me regala la paz y la concentración precisas para dar cima a este escrito. Asi que hasta mañana.

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5 mayo 2011 4 05 /05 /mayo /2011 16:24

Tormenta sobre Rabanal del Camino. Desde el comedor de una casona de este pueblo dedicado en alma y cuerpo a los caminantes de Santiago (hay sesenta vecinos, cuatro albergues, dos tiendas de comestibles, una iglesia y una comunidad de monjes benedictinos que cantan gregoriano cuando anochece y bendicen a los peregrinos) escribo intermitentemente esta crónica cumpliendo el compromiso conmigo mismo y mi irreductible amor a la escritura y los viajes.

Salimos de buena mañana, acababa de sonar el segundo cuarto de las ocho en la catedral de Astorga, y cogimos el camino que desde la misma población conduce hacia el oeste en un jalonamiento incesante de conchas de Santiago, señales amarillas y carteles azules. Al principio se sigue la sirga por las aceras arboladas de la LE-142. El cielo está cubierto y llevamos las manos frías.

Antes de pasar sobre el rio para dirigirnos a Muria de Rechivaldo, nos encontramos con la ermita del Ecce Homo, pequeña y recoleta, con las puertas abiertas de par en par y un mostrador lleno de articulos del Camino. Un hombre de mediana edad, de mirada fija y hablares imprecisos vigila el negocio y atiende con amabilidad pero sin efectividad a unas peregrinas nórdicas.

Durante toda la jornada, como en las anteriores,  la relación entre extranjeros y nacionales deja un resultado abultado a favor de los de fuera. Una proporción de 9 a 1. Esto del Camino es un negocio floreciente que ha ganado mucho con los nuevos tiempos. Supongo que los pueblos de la ruta habrían quedado abandonados hace años, sobre todo por la zona que caminamos. Prueba de ello es que de Astorga al pueblo donde establecemos el fin de la etapa de hoy, Rabinal, hay más de 10 albergues. Eso es magnífico para estas bellas tierras sembradas por doquier de arte y arquitectura de mérito.

Seguimos la senda peregrinal hacia Murias de Rechivago por un andadero junto al asfalto de la carretera, tras cruzar el rio Jerga.

El paisaje ha cambiado totalmente. El páramo monótono queda en el recuerdo y aquí vamos subiendo, permanentemente, hacia un horizonte de montes no muy agresivos, de pendientes suaves. Hay nieve en lo más alto de los montes leoneses y alrededor nuestro hay encinas, robles, coníferas y  retama.

La caminada va alternando la tierra prensada y el asfalto (mi pobre rodilla izquierda empieza a protestar). En Murias, que cruzamos por el centro, admiramos la iglesia de San Esteban, del siglo XVII, con la típica espadaña de estas tierras (lateral sobre la nave, que tiene una entrada pequeña en uno de los lados). En esta poblacion ya se entra en la Maragatería, la comarca natural cuyas tradiciones ancestrales parecen entroncadas con la simbología céltica. La caracteristica de lugar fronterizo de Murias queda aclarada por el hecho de que el topónimo Murias es una palabra de antiquisimo origen ibero que significa "montón de piedras", justamente la forma tradicional de crear límites.

Cerca de aqui, pero inaccesible para el cansado caminante, está Castrillo de los Polvazares que los aficionados a la novela de finales del siglo XIX recordarán como escenario de la novela de Concha Espina "La esfinge maragata". En Murias se puede admirar la iglesia de Santa Catalina (en honor, en origen, a Santa Catalina de Alejandría).

Si uno alza la mirada desde el pueblo ya se adivina la subida al monte Irago (que habremos de hacer mañana) lugar de fama medieval y no precisamente buena. El caso es que era uno de los lugares mas peligrosos del ya de por si peligroso Camino en aquellos años oscuros. Los caballeros del Temple que tenían presencia militar en Rabinal y en Ponferrada patrullaban los caminos pero se veian desbordados por los asaltantes, ladrones y demás que pululaban en torno al rio incesante  de los peregrinos.

En el siguiente pueblo, El Ganso, ya empezamos a ver las casas maragatas, de paredes de barro cocido, piedras pequeñas y cubierta de paja triangular. Allí,  tras unas tres horas de marcha sobre superficies exigentes, decidimos hacer una pequeña parada técnica de refrigerio. En la salida del pueblo hay dos mesones, El Cowboy y La Barraca. Uno de ellos, el Cowboy, repleto hasta la bandera de vociferantes alemanes e ingleses, nórdicos colorados como cangrejos, mochilas enormes, danesas rubias y silenciosas, parejas de bamboleantes armarios humanos con paso cansino y rostros apopléjicos que se derrumban sobre los bancos, jovencitos italianos o portugueses con shorts y camisetas entalladas tomando el sol con la birra en la mano, hasta el canadiense que conocimos en Mazarife y su pareja ocasional caminera, una inglesa muy joven de ojos asombrados, nos saludan con amabilidad.

El otro mesón está vacio completamente y solo la dueña, una matrona enorme que tiene una sonrisa pícara y no para de hacer faenas, parece ocupar un jardin delicioso con emparrada, lleno de mesas de tablero de pizarra y bancos corridos hechos con troncos enteros sobre piedras. Evidentemente y en contra del tópico (evita los lugares de comer donde no haya nadie) sacrificamos esa seguridad por el placer de sentarnos allí, a la sombra y darle al espalda al jolgorio caminero.

Lo cierto es que comemos una tortilla de patatas recién hecha magnifica y bebemos una cerveza fria a la que no se puede pedir más. Cuando nos vamos aparece una familia de un par de generaciones que hablan polaco y siembran la mesa de mapas y libros. "Buen camino" nos desean al marchar en un castellano cantarino.

La caminata ya es de un tirón hacia Rabanal que a una hora y pico de camino ascendente ya se divisa  a media ladera de la montaña que mañana coronaremos y que es la altura máxima del Camino Francés. En ella se alza la famosa Cruz de Hierro, de la que ya les hablaré. Un camino trazado junto a la carretera va endureciendo la respuesta de mi rodilla, pero el ambiente es fresco a pesar del sol y se camina con soltura hacia las montañas de León. A unos dos kilómetros de Rabanal comienza la última subida al pueblo y se hace por un sendero estrecho que sube limitado por una valla de alambre de unos dos metros de altura, En  ella los miles de peregrinos que pasan han ido colgando cruces realizadas con ramas y palos de los arboles circundantes. Da una extraña sensación caminar rodeados por un muro de cruces exiguas.

Superamos el desvio que lleva a Rabanal el viejo, antigua población cercana a una de las minas romanas más conocidas de aquellos tiempos, la Fucarona. Dejamos atrás un enorme robredal en cuyo seno parece ser que se encuentra un ejemplar gigantesco al que se llamó hace siglos "el robre del peregrino". No lo supìmos encontrar.

 Después de algo mas de cinco horas de caminata subimos por la empinada calle mayor del pueblo, tramo del Camino, con sus bellísimas casonas medievales, su iglesia recoleta con su espadaña y los refugios a uno y otro lado con peregrinos de otras tierras sentados en los bancos de las puertas en una especie de horizontal torre de Babel, colorista y relajada.

Hemos superado casi trescientos metros de desnivel desde la bella Astorga y en estos momentos  el hermoso pavimento de la calle principal de Rabanal, que miro desde la ventana junto al unico ordenador, brilla sobre las lineas verticales y en angulo de cantos rodados grandes y los rellenos con cantos pequeños, toda una geometrica sinfonía dorada sobre la que corre el agua que sigue desbordandose de los cielos.

Angeles, la encargada del refugio, una señora de media edad con expresión divertida y servicial, que nos ha ido reponiendo los euros que se tragaba el ordenador con cada apagón, sin dejar de sonreir, augura que mañana podremos caminar sin agua. Y nos dice: "esto es una tormenta, mañana saldra el sol". Ella vive en un pueblo cercano en plena sierra y aseguras que es feliz, que incluso este `pueblo donde trabaja es demsiado movido para ella.Beatus ille.

Mientras, el comedor donde estoy se ha llenado de jovenes de todas las lenguas y algunos maduros especímenes silenciosos. Y, por fin, oimos hablar castellano a tres jóvenes que se han sentado en la gran mesa camilla.

En fin en cuanto escampe nos iremos a la Iglesia de Santa Maria, romanica del siglo XII, donde los monjes benedictinos dan sus bendiciones y entonan le maravilla acustica gregoriana.

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4 mayo 2011 3 04 /05 /mayo /2011 19:20

Esta etapa nos llevará, inch Alá, desde Villar de Mazarife, en cuyo albergue hacemos noche, hasta la bella ciudad leonesa de Astorga, la Astúrica Augusta de los romanos (en su origen Astorga fue un campamento de la X Legión  Génima). Pero anoche fuimos huéspedes de Pepe, el de Alicante, que nos promete una de sus conocidas paellas de verduras (las gentes del Camino se pasan boca-oreja informaciones tan suculentas como esta). "Pero no se dejen engañar por el refugio Tio Pepe, que en realidad no se llama Pepe, sino Lorenzo, el del pueblo de al lado, Chozas de Abajo, y se hace llamar así para quitarme a las personas que vienen buscándome a mi y a mi paella", nos dice. Bueno, no entramos en los celos vecinales de tan augustos caballeros, pero puedo certificar y certifico que la paella era magnífica, con un sabor inigualable y realmente sabrosa. El triunfo del Barça puso su toque de calidad a esa noche, a pesar de que en el bar del pueblo donde abundaba la hinchada madridista tuvimos algun momento delicado que al final quedó en nada.

Esta mañana, a buena hora, tras el café con churros y tostaditas que el bueno de Pepe nos ofreció, comenzamos la caminata en un dia limpio, algo frio pero soleado. Debemos caminar a la vera de una carretera comarcal, casi sin coches, pero igualmente molesta para la pisada. El páramo leonés nos rodea como un desafío de horizontes entre el verde resplandeciente de los sembrados y las hermosas nubes gigantescas que pasean perezosamente por un sky line dibujado a veces por ordenados grupos de robles o de chopos, cultivos de maiz y remolacha entre una lineal teoría de canales de regadío, pequeñas esclusas y acequias.

 Caminamos siguiendo una recta perfecta hasta Villasante, un linea de carretera sin desvíos durante seis kilómetros y pico, acompañados con el croar incesante de las ranas de las acequias.

En Villares de Órbigo tomamos un bocadillo gigantesco en el bar Pirris  y comenzamos a despedirnos del páramo y a acercarnos a las montañas que han aparecido como por arte de encantamiento. Pero antes hemos pasado por el bellísimo puente de Orbigo y el pueblo aledaño de Hospital de Orbigo. Los hospitales en el Camino eran los lugares donde se recibia a los peregrinos enfermos o menesterosos y tenían mas de posadas que de centros sanitarios. El puente está en obras y se remoza el pavimento de paso, poniendo cantos rodados como suelo (en toda esta zona los cantos rodados y las paredes de barro cocido forman parte de la arquitectura tradicional). El puente es una maravilla de austero aire medieval y tiene su propia leyenda: el caballero don Suero de Quiñones con nueve de sus amigos decidió, a causa de la promesa dada a una dama, provocar justas de hasta tres lanzas con cualquier caballero que pretendiera cruzar el puente, durante todos los martes de una temporada. O sea una gamberrada medieval que provocó varios heridos y la muerte de un caballero catalán que sufrió un percance letal: una astilla de una de las lanzas le atravesó el ojo y el cerebro. Le llaman el "passo honroso" y todavía se celebran justas para conmemorarlo.

A partir de Villares como decia comenzamos la subida, en la compañía de bosques  de robles, de encinas, incluso algunos pinares, hacia el Pico Telmo y los Montes de León. El camino es agradable y nos lleva hasta el pueblo de  Santibañez de Valdeiglesias (me encantan los nombres de los pueblos de esta zona) en ruta hacia el crucero de Santo Toribio, una cruz de término jacobea desde la que se contempla una bella vista de la catedral bellísima de Astorga y su centro urbano. El crucero está lleno de cantos rodados como los que abundan en estos parajes y que ha colocado allí cada uno de los peregrinos que coronan la montaña.

La bajada, bajo el sol del mediodía resulta un poco cansada, además de los casi treinta kilometros que llevamos  caminados. El cruce urbanita de San Justo de la Vega, junto a Astorga, nos lleva fin de nuestro viaje. Mientras buscamos el hostal-refugio por el montaraz callejero ciudadano, pasamos junto al Palacio Episcopal, llamado casa Gaudí, pues fue construida por el noble arquitecto catalán tras un encargo del arzobispo que quería sustituir la residencia que se quemó en 1866. Ahora hay un museo del Camino que solo tiene una pequeña sala con algunas piezas devocionales, tallas y cuadros sobre el Camino. Poca cosa.

Magnifica la catedral de Santa María, con sus torres picudas y su portada majestuosa con relieves de una fuerza prodigiosa. En el pináculo que corona el ábside la tradición asegura que la figura allí representada es un tal Pedro Mató, alferez maragato que intervino en la batalla de Clavijo.

Para los nostálgicos del Camino de los sesenta y setenta, hay un elemento nuevo que recuerda a los hippies que florecieron en el Camino en aquellos años que algunos llaman dorados. Se trata de David, un joven que en pleno sendero entre Santibañez y elcrucero de Toribio santo, ha dispuesto una especie de chiringuito donde ofrece gratuitamente (la voluntad pecunaria del caminante será bienvenida) agua de un pozo cercano, tes, zumos de toda clase de frutas, naranjas, plátanos y galletitas. Es un joven que ha circulado por esos mundos de Dios y ha visto la luz a través del vipassana y una vida de eremita generoso en el Camino de Santiago. Duerme al fresco sobre un sillón y si llueve en un coche que le sirve de almacén y despensa. Su discurso es místico y un poco antisistema y resulta peculiar y llamativo, incluso atractivo y refrescante, en estas soledades y en estos "lacrimabile tempus" en los que vivimos.

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