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1 julio 2011 5 01 /07 /julio /2011 19:41

 

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Suena a chocolatina adolescente y parece un producto cutre manufacturado para amantes de lo "freake", algo comercial con poco gusto y ninguna pretensión. Pues se equivocan. A pesar del desafortunado título y el póster confuso y una promoción no demasiado atractiva, esta película francesa, interpretada por el Dani Boon de "Bienvenidos al norte" o "Nada que declarar", es una cinta divertida, bien realizada, imaginativa, llena de corrosivo humor y con una acttiud critica ante el armamentismo y los traficantes de armas en la estela de un comic con mala baba o una de esas diatribas humorísticas de buena ley pese a la factura aparentemente  casposa y exagerada, de trazo gordo y vulgar pero con segundas lecturas bastante ejemplares. "Micmacs, a tire-larigot", de Jean Pierre Jeunet ha tardado dos años en llegar a nuestras pantallas y lo ha hecho con discreción y como con mala conciencia de subproducto de serie b. Oigan, nada de eso. No se la pierdan, con su vestimenta de tebeo tremendista y estrafalario nos dice más verdades que nuestros periódicos más serios en forma de imagenes surrealistas y llenas de ingenio y humor.

Con un sentido de la narrativa cinematográfica que para si quisieran muchos directores más consagrados, Jeunett  ("Amelie" o la genial "Delicatessen") nos habla de u n pringado con mala suerte que debe sus desgracias a la explosión de una mina antipersona (en su padre) y de una bala perdida (en él) y se encuentra un día enfrente de los edificios de las corporaciones que fabrican las armas que le han deshecho la vida. Si al pringado (magnifico Dani Boon) se le junta toda una compañía de seres estrafalarios, marginales y entrañables que viven en y de los residuos de la gran ciudad (literalmente) y están dotados de habilidades sorprendentes y desternillantes, pues ya tenemos la comedia construida, gags magníficos, un ritmo sabiamente mantenido y una realización que borda el preciosismo. Oigan, me lo he pasado de rechupete. Parece una película surgida de la Ealing de los cincuenta, sólo nos falta Alec Guinnes, o una secuela de los Monthy Python con tanta  o más cómica agresividad.

La venganza del bueno de Boon, con su bala alojada en el cerebro y sus compañeros inenarrables contra los fabricantes de la mina que le dejó huérfano y de la bala que tiene en su cabeza, es de lo más cachondo e imaginativo que he visto en mucho tiempo. Por supuesto dentro de las limitaciones del género y sin pedir peras al olmo. Es una pelicula de humor y de critica cómica de una realidad nada divertida y cumple perfectamente su función: divertir, entretener y dejar un cierto poso de crítica humanística al patético  y trágico absurdo armamentista. Nada más y nada menos. El reparto, impecable, y el rejuego del director con la realidad francesa del momento incluido Sarkozy, implacable. Vayan a verla antes de que desaparezca de las carteleras.

 

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29 junio 2011 3 29 /06 /junio /2011 18:37

 

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Dirigida por Alex Provas, uno de los grandes innovadores del cine con  el denostado (injustamente) "estilo MTV" en los ochenta y noventa, muestra en esta película que el avanzadísimo estilo cinematográfico de la televisión no sólo producía videoclips con valores planos que no fueran los de la imagen, sino que eran capaces de vestir un argumento con imágenes de impacto, llenas de imaginación y sensibilidad.

El "Dark City", una película que quedó lamentablemente relegada a la serie B, Provas es capaz de alertar nuestra inteligencia y proponer dentro del género de la ciencia ficción una historia y unas ideas que no desmerecen el de otras joyas como "Blade Runner" o "2001, una odisea espacial", por citar solo dos de ese género, es decir una película con poca prensa y mejor respeto de los que aman el cine. Eso ya lo consiguió con una obra anterior "The Crow" ("El Cuervo" a la que aupó la muerte prematura de su intérprete Brandon Lee, pero que aparte de eso tenía suficientes merecimientos para ser aplaudida y formar parte de las ell cine de primera categoría.

Cuatro años después, en 1998, Provas da a luz esta "Dark City" donde no sólo mejora el tratamiento de la atmósfera gótico-orínica de la anterior sino que nos sumerge en una historia obsesiva y estremecedora que el espectador haría bien en disfrutar al menos dos veces para empaparse de lo que dice y de lo que sugiere entre lineas, ambas cosas servidas con unas imágenes impactantes, (a las que sin duda deben mucho la serie de los Matrix).

¿Cual es la idea fuente de la que surge la apasionante historia que nos cuenta?: ¿qué es lo que forma nuestra personalidad? ¿Son los recuerdos los que nos hacen ser como somos? Si se fijan hay una relación directa con la novela de Philip S.Dick, "Sueñan los androides con ovejas eléctricas" que todo el mundo conoce como Blade Runner. Son los recuerdos -falsos, injertados- lo más preciado de los replicantes, eso les da una sensación y un sentido a su corta e intensa vida. Pues bien en Dark City, los "malos" buscan la esencia de los seres humanos, la razón de su diferencia, de su capacidad de sobrevivencia y para ello usan los recuerdos. Y no les digo más.Un ambiente de novela negra americana es el inicio sombrío de la película, un asesinato, un presunto asesino que no recuerda nada y un misterioro doctor que le dice que hay mucho más de lo que parece y que todos están en peligro. El actor Rufus Sewell con su inquietate estrabismo y Kieffer Sutterland apenas reconocible en su papel de un doctor Mengele atenazado entre el miedo a los extraños y el deseo de ayudar a los humanos, verdaderas marionetas de los extraterrestres, forman una pareja eficaz, que se unirán para desbaratar los manipuladores planes de los extraños en la aún más extraña ciudad, cuyas transformaciones a voluntad de los dominadores resultan de una plasticidad inolvidable (copiadas hasta la saciedad en el cine y la publicidad más recientes). John Hurt en un sobrio y matizado papel de policía y Jennifer Connely como esposa de Murdoch, completan un elenco en estado de gracia, dando una calidad extra a una película que debió tener mejor recorrido.

El cliché de cine de detectives en una trama negra, en una ciudad oscura y amenazadora dan idea de la calidad del diseño de producción, muy superior al elogiado de Gotam City, con un uso moderado de efectos especiales que en ningun momento se hacen inecesarios o gratuitos.

Aunque parezca una redundacia, Dark City no es solo una buena pelicula de ciencia ficción, es una pelicula de ideas y se centra en algo tan esencial como qué cosa es la identidad humana y cuales son los elementos que la conforman.

A mi entender Dark City cumple la misión más necesaria  de la CF, la de constituir un espejo distorsionado pero real de nuestros problemas psicológicos y sociales mas acuciantes .

Sugiero una busca por los anaqueles de los mejores dvdclubs, hay una versión del director que podría ser definitiva. Una pelicula para que forme parte de nuestra videoteca más preciada.

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27 junio 2011 1 27 /06 /junio /2011 18:02

Asegura mi amigo que suele presentarse de forma sospechosamente leve, enmascarada, casual, como el que no quiere la cosa. Es un dolorcillo que aparece de pronto, timido y nada amenazante. Nos percatamos de su llegada, pero no le hacemos mucho caso. Dicen en mi tierra que a partir de los cincuenta años, si una mañana te despiertas y no te duele nada, harías mal en alegrarte, seguramente es que estás muerto.

En el caso de este buen amigo, ya hace tiempo que dejó atrás los cincuenta pero se esfuerza en parecer joven y sin duda lo es, la edad no está solo en los huesos y el organismo, también está en la mente, aportando ilusiones y alegría de vivir. Mientras los achaques te dejan en paz eso es fácil de hacer, otro gallo nos cantara si algo empieza a fallar o a mostrar la desvencijada y temible faz de una enfermedad.

Pero volvamos a mi amigo, el maduro devorador de kilómetros, facedor de cimas, ocupadísimo jubilado cuya actividad hace sonrojar a sus amigos "en activo" (aunque en el fondo, cuando no los mira, hacen a menudo el gesto universal de barrenarse la sien con el dedo índice pensando en él). Ha gozado mi amigo de una existencia razonablemente equilibrada desde el punto de vista de la salud: deportista hasta la médula desde niño, respetado por los dioses de la suerte clínica, apenas ha sumado un par de incidentes médicos de los que obligan a trsspasar las puertas de los hospitales y siempre "por sus pecados" es decir por algo que ha hecho mal durante demasiado tiempo y acaba surgiendo en forma de sintoma y más tarde estructurándose como una dolencia. Ambos episodios fueron resueltos de forma satisfactoria para el sujeto. Una artroscopia de la rodilla derecha por sus excesos tenísticos y  una infección grave de las llamadas nobles vías bajas por pretender usar la terapia de "aquí no pasa nada" en vez de avisar al urólogo de que algo iba mal a la hora de hacer pipí y pretender vivir en este mundo sin aceptar que los hombres tienen próstata y que conviene comprobar su estado regularmente a partir de cierta edad. Tratamiento y suerte. La temida "C" no se presentó.

¿Creéis que nuestro amigo aprendió de esas lecciones? Faltaría más. Siguió fiel a su norma no escrita de que "tipo que hace vida sana, come bien y equilibra su mente, no tiene por qué padecer de nada", saltándose alegremente más de treinta siglos de medicina y, mas recientes, las enseñanzas de eso llamado estadística. O aquello que sugiere el dicho popular: donde menos se espera salta la liebre.

Así que lo primero que hace nuestro sujeto cuando el dolor asoma su peluda oreja es ignorarlo. Incluso se le desprecia un poquito y a veces se piensa aquello de "no sabe usted con quién está hablando". Aquí el macho-man, defensor de causas perdidas, héroe de la insensatez andante: esto no es nada. Adelante con los faroles.

Bien, pues el dolor se comporta como quien es: un perfecto hideputa al que uno le parece ver como sonrie taimadamente y se frota las manos como el viejo Shilock y con las mismas malas intenciones. Así que nuestro desprevenido amigo sigue haciendo lo que le gusta: caminar horas bajo el sol, leer y escribir compulsivamente (siempre con una utilidad en mente, ¿donde quedó el amor per se a la lectura y a la escritura?), llenarse de obligaciones que nadie te ha solicitado y seguir contra todo pronóstico pensando que la abundacia de quehaceres borrará del mapa a ese dolor estúpido que se empeña en consolidarse.

El hombre empieza un timido ataque defensivo, un ibuprofeno por allí, una aspirina por allá, un paracetamol a los postres. Pero el dolor (que se va aposentando en la cabeza, en el hemisferio derecho) va tomando cuerpo, persistencia y rebeldía.

De pronto, una noche (como todos los malhechores, el dolor es amigo del sosiego nocturno pues es allí cuando su protagonismo no es discutido por ninguna otra actividad) el dolor se hace opresión angustiosa, latido obsesivo y doloroso, angustia por su origen y su feroz actividad. El uso de los medicamentos corrientes es como echar margaritas a los cerdos. Se ríe de ellos. El berbiquí de su inquina comienza a funcionar y la noche se convierte en una eterna, inacabable sinfonía del horror, donde nuestro amigo maldice en arameo, ruega a todos los santos, promete lo que sea y persigue avidamente cualquier instante en el que parece cesar (siempre es un engaño): el dolor es el rey y se comporta como una diva presumida y vengativa.

A la mañana siguiente mi amigo comienza el viacrucis de médicos y especialistas. De pronto se le ha descabalgado de golpe de su rocín. Helo aquí, en el santo suelo, quebrantado, aunque aún dueño de sí, pero eso durará poco.No hay nada como las salas de espera, las consultas con los especialistas, las miradas friamente profesionales de las enfermeras que parecen preguntarse, "pero bueno ¿que habra hecho éste?" y la uniformadora inclusión en un colectivo al que se tutea de entrada y se le ordena que haga o deje de hacer cosas sin demasiadas explicaciones. "Si estas aquí es porque lo necesitas, asi que apechuga y haz lo que se te dice". El hombre ha perdido su apostura deportiva, se va comvirtiendo lentamente en un guiñapo al que, en el colmo de la degradación, en algún momento se le despoja de su vestimenta y se le embute en el unforme de la humanidad doliente: una espantosa y humillante bata con la parte trasera abierta por el que asoma la parte trasera del individuo. Patético instante en el que el sujeto es nombrado caballero de la insigne orden de los Pacientes.

A partir de ahí, solo hay que desearle suerte, nervio y paciencia a nuestro héroe.

El dolor se ha hecho dueño del individuo, de su presente, ha sepultado su pasado en el baúl de las siete llaves (y de paso no solo le quita cualquier mérito que pudiera tener, sino que le despersonaliza y le une a la grey de los sufrientes, donde la prioridad pertenece al que más sufre o mejor se queja) y solo ofrece un futuro imperfecto en el que reina un inmenso interrogante y en el que la esperanza tiene el nombre de una ausencia: cuando el dolor desaparezca.

En ese momento y durante el tiempo que dure esa batalla (la vida es una guerra permanente contra la falta de salud) se establece una curiosa relación entre el sujeto y su dolencia. Nunca hay una relación igual. Alguien debería escribir una fenomenología de ese tipo de relación un poco esquizoide entre la persona y el dolor que la agobia y desespera. Termina existiendo una suerte de antropomorfismo: el dolor toma casi una forma humana, un rostro al menos, pero también un carácter, unas intenciones (malignas por supuesto) y una forma de actuar cuya estrategia acaba perfilándose para el paciente como si correspondiera a un ser dotado de voluntad propia.

Nuestro amigo, dotado de una buena imaginación literaria, ha compuesto esa figura atrabiliaria, astuta y cruel. Mantiene con ella un trato cauto, cede en ocasiones, se enfrenta inutilmente en otras, siempre hace como si se rindiera y busca salidas continuamente. No entra en la pretensión ingenua de pactar, sabe que no hay pacto posible. El dolor tiene que hacer su papel está en su naturaleza, como la del alacrán salvado de ahogarse por la rana, a la que pica cuando están llegando a la orilla, ante el dolor y la sorpresa del batracio, "¿no me habias prometido que no picarías? ahora nos vamos a ahogar los dos", "lo siento, pero está en mi naturaleza". Pues bien, la naturaleza del dolor consiste en doler. Así que mi amigo, que ya lo ha aprendido, busca maneras para si no evitarlo, sí encauzarlo. Medita,se relaja, observa lo mas tranquilamente posible como se comporta, qué le irrita y qué le adormece, crea una rutina de aceptación, busca posturas y gestos que lo distraigan y, sobre todo, se niega a obedecer la insidiosa vocecita que se pierde en jeremiadas sin cuento, "¿qué he hecho yo para merecer esto?, "¿por qué a mí y no, por ejemplo, a mi mejor amigo" (que da la casualidad que soy yo, aunque no se lo tengo en cuenta, los sanos no lo confesamos pero siempre hay un vergonzante alivio en que se le toque a otro y no a nosotros, ergo...) "si te largas prometo ser más sensato, solo subire hasta montañas de 3000m, no mas", juro  abandonar la pipa de despues de cenar" "¿será todo esto el anuncio de un tumor, maldita sea?" "solo te pido que me dejes dormir un poco esta noche,¿maldito gilipollas tampoco puedes darme eso?", "se acabaron los trabajos extras, a partir de ahora vida de jubilata real, descanso y jolgorios montañeros leves, nada más"...

Evidentemente el doloso caballero de la cara pintada, el dolor, se rie de todo eso, hasta que un día, subita e inesperadamente, (y siempre que tengas suerte, claro está) pasa toda una hora en que el dolor no asoma su fea jeta. No te lo puedes creer, pero te comportas como un ladrón que pretende que nadie se percate que acabas de coger algo valioso. Disimulas, miras para otro lado, silbas una tonadilla mirando a la lejanía. Luego vuelve, pero más suave. Poco a poco en unos días, las visitas del maligno se van espaciando, su careto se desdibuja, sus inmensas pinzas se reblandecen, su presa se afloja. Una noche duermes de un tirón y te despiertas lleno de alegría. Poco a poco la normalidad comienza a cubrir con su manto de despropósitos su vida cotidiana. Vuelven las costumbres, los compromisos y los agobios.

No lo puedo creer: mi amigo parece haber olvidado su via crujsis. parece no comprender que ahí radica parte de la fuerza del dolor: el que nos olvidemos tan pronto de él. Mi amigo vuelve a sugerirme salidas montañeras y nada en su faz sonrosada y saludable recuerda al guiñapo que fue durante un tiempo, bajo la tiranía del dolor. Carpe diem...

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26 junio 2011 7 26 /06 /junio /2011 17:38
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Desde Beceite y como una nueva variante a la excursión a Penyagalera, sugiero visitar los parajes magníficos de la Mola de Lino que nos permitirá conocer toda la bellísima ribera del Ulldemó, el tercer gran río de la zona, con el Matarraña y el Algars.
Para ello se sigue la pista pavimentada que lleva desde las afueras de Beceite en los altos de cementerio, en dirección a la Pesquera, donde se  acompaña al río practicamente hasta el punto desde donde se inicia el sendero de subida a la Mola. Más o menos unos 10 km de incesante belleza, naturaleza en todo su esplendor, aguas cristalinas y parajes encantados.
Para evitarnos el paso por Beceite, que bien merece una visita pero esa no es hoy nuestra prioridad, al salir del pequeño túnel que en la carretera que viene de Valderrobres y antes de cruzar el puente sobre el rio, se coge, a la izquierda, inmediatamente,  la pista asfaltada que se aleja del pueblo. Esta pista nos lleva de nuevo a cruzar el barranco del coll d'en Selma más arriba y se llega la bifurcación que lleva a   Arnes a la izquierda y tuerce de nuevo a la derecha hacia Beceite, opción que seguimos. Justamente a la altura del cementerio (k.2,6) se vuelve a girar a la izquierda hacia La Pesquera y ya se sigue acompañando el cauce del Ulldemó, que allí forma una garganta  que se extiende por  unos diez kilómetros, plena de grandes pozas y lugares de baño y esparcimiento.
En el km. 4,9, se ve a mano izquierda el cartel indicador del sendero que sube a Peñagalera, que ya seguimos hace unos meses. Ahora lo dejamos atrás por la pista hasta el km. 6,5 donde hay un mirador de una zona especialmente bella por las formaciones rocosas que al otro lado del río crean una pared peculiar de grandes masas tubulares. Desde allí es posible percibir la acción erosiva impresionante del Ulldemó. Enfrente, en las paredes verticales de color dorado resulta fácil sorprender la presencia de rapaces como el buitre leonado, el águila real, si hay mucha suerte tal vez algún águila-azor perdicera o el bellísimo vuelo del búho real.
Mas o menos en el km. 7, se termina el asfalto y aunque se puede seguir bien en el coche, recomiendo que se aparque en uno de los numerosos lugares idóneos, para no molestar a los que prefieren evitarse caminatas, y seguir a pie. Son tres kilómetros de pista forestal, cómodos de caminar por el escaso desnivel ya que a partir de ahí, superadas  las alturas, se acompaña al rio casi a nivel de cauce.
En el km. 8,3 la pista atraviesa el cauce del rio y el camino cambia de ribera. Siguiendo la pista por ese otro lado, dejando el rio a la derecha se atraviesan parajes bellísimos de agua y verdor. En unos minutos, se llega a una planicie redondeada, la Pataquera, cerca de la cueva del Sinto y el Mas de les Oliveres, donde acaba la senda y los que van en coche deben dejarlo (desde aquí nace otra excursión, una variable fluvial que seguiremos otro día).
A la izquierda de la plazuela natural,  sube empinado el sendero señalizado que lleva a la Mola de Lino. Unas dos horas de subida permanente por lugares de auténtico arrobo paisajístico, con presencia ocasional de cabras montesas y una arboleda de cuento de hadas y gnomos. Nos encontraremos con algún que otro refugio de ganado y subiremos con fuerte desnivel y alguna bajada entre el olor del romero y  el tomillo, la sombra fresca de pinos, carrascas, sabinas y arces, rodeados de acebo, boj y enebro. Un auténtico festival para los sentidos. Sendero entre bosques, lugares de torrentera y piedras, roca viva que hay que salvar con cierto cuidado, mientras ascendemos sin cesar (casi 600 metros de desnivel he anotado desde la Pataquera hasta la cima de la Mola).,
Antes de llegar a la mole  mesetaria de paredes blancas y riscos verticales de la Mola de Lino se encuentra los Masets de Lino que es un pequeño caserío con cabañas remozadas que forman un idílico lugar de reposo (de propiedad particular). Frente a las casitas se yergue la Mola de Lino. Decidimos probar la subida por la parte más cercana a la punta (a la izquierda por la pista). Una subida de cuarenta minutos sin señalizar y con una grimpada en un paso aéreo no muy severo, que nos lleva a las alturas (1208 m). Después desandamos por la carena de la Mola hasta el extremo donde desciende hacia el valle del Ulldemó por superficies herbosas y pinares inclinados (que es la subida habitual). Parece que en esas alturas se encuentra una Cova del Maquis que, por cierto, no supe hallar. Aunque si nos tropezamos con cabras monteses y fuimos sobrevolados muy cerquita por varias águilas.
Volvemos a los Masets y detrás de ellos, con un cartel que pone Beceit, regresamos por donde subimos.
La bajada, en ciertos momentos muy fuerte, debido a terreno desgastado de piedras pequeñas y rocas en caos en algunos tramos, se puede hacer sin problemas en  una hora y media.
En total, una seis horas nos habrá costado subir y bajar de la cima de la Mola (contando con la pista )hasta la Pataquera. Una vez allí es recomendable, antes de volver al coche, buscar una de las pozas del rio para darnos un merecido chapuzón y con un poco de suerte ver a ese pájaro rechoncho que es el mirlo acuático, frecuente en estas aguas. Luego 30 minutos más hasta el coche. Sin embargo, calculo unas cinco horas de subida y bajada si llegamos con el coche hasta el punto de arranque del sendero.
Las vistas desde la Mola de Lino son soberbias y permiten una visión aérea de los valles del Ulldemó y del Algars, con los arracimados caseríos dorados de Vallderrobres, Cretas, Calaceite, Arnes y Horta de San Juan, en las azules lejanías
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24 junio 2011 5 24 /06 /junio /2011 10:57

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Me había cruzado en algunas ocasiones con Toni Orensanz en la sexta planta del edificio del Grupo Godó, sede de "La Vanguardia". Yo trabajaba como jefe de sección de Opinión y él era un colaborador de Cultura. Sabía que era guionista y escribía sobre el Camp de Tarragona y las tierras del Ebro. Alguna vez me propuse contactar con él para charlar sobre su zona que, siendo limítrofe con mis tierras del Bajo Aragón, formaba parten de mis intereses literarios. Pero al final no se presentó la ocasión y contacto con él ahora, a través de la  lectura de "L'omnibus de la mort: parada Falset", que edita Ara Llibres y ya va por su segunda edición.

He leido el libro como un magnífico reportaje en el que los hechos históricos están acompañados y complementados por entrevistas e impresiones de la mas rigurosa actualidad y de difícil acceso para cualquiera que no reúna ciertas caracteristicas que se dan en Toni. El libro analiza las actividades de una Brigada de la Muerte (esos terribles grupúsculos fuera de todo control que   llevaron la desgracia, el miedo y la desolación a las poblaciones civiles de los dos bandos de la lamentable e incivil guerra que nos enfrentó a unos españoles con otros) concretamente de la "dirigida" o liderada por un siniestro y patético personaje, Pascual Fresquet Llopis, que cometió sus sangrientas fechorías en la zona del Priorato y también el Bajo Aragón. En total están documentados más de 200 fusilados realizados por esa "brigada".

Orensanz se centra en la parada que ese ómnibus siniestro (pintado de negro con calaveras blancas) hizo el 13 de setiembre de 1936 en Falset (precisamente el pueblo donde nació el autor, de ahí su acceso asombroso  a determinadas fuentes orales) en el que dejará, al dia siguiente un rastro de 27 vecinos fusilados. En torno a esa barbarie se ha edificado, en la postguerra y hasta nuestros días en forma subterránea pero viva, toda una casuística de responsabilidades, falsas unas, certeras otras, que no sólo llevaron la violencia de la guerra a la postguerra como un patético continuum de la falta de sensatez humana, sino que en el microcosmos bullente de los pueblos aun alimenta rencores y rencillas y malas famas.

Tony ha buceado en ese magma cada vez más lejano  pero aún candente para investigar sobre las fechorías de los 40 matones a las órdenes de Fresquet, un albañil de Sants afiliado a la FAI y con una personalidad psicopática (como cabía esperar) y sobre las personas que fueron masacradas y por qué. El autor nos regala incluso una confidencia familiar, pues un lejano tio abuelo conoció a Fresquet y aunque no intervino en los hechos, fue testigo privilegiado de su jactancioso anuncio público. Tampoco se nos revela el nombre de la persona que facilitó la lista de los fusilados y cuáles fueron sus razones. Aunque si concemos el origen de los hombres que  formaban la brigada de la muerte, su clase social, sus intereses.

La presencia en toda la zona comprendida entre la franja catalana y el Bajo Aragon de las  milicias  anarquistas tras sofocar la rebelión fascista en Barcelona, con su prepotencia, arrogancia violenta y su falta de control, será el hervidero de donde nazcan los grupos paramilitares de las brigadas de la muerte, empeñados en cercar con sangre y fuego a los grupos de derechas y personas afines, mezclando en un confuso tropel a gentes de la CEDA, falangistas, simples terratenientes o adinerados, curas y personas religiosas y bajo ese manto variopinto incluir venganzas personales o incluso mezquinas deudas o diferencias entre vecinos: un verdadero baúl de los despropósitos. .

Con estos datos en la mano, Orensanz nos narra, en la introducción del libro y de una forma literariamente eficaz, la añagaza que Fresquet realiza en la vecina Caspe, urgido por la razón de que los rebeldes se están acercando y ya dominan Zaragoza.  En el pueblo desierto, puertas y ventanas cerradas, todos los vecinos bajo el terror y la incertidumbre, monta una farsa haciendo pasar a sus hombres por rebeldes victoriosos, con gritos a la Virgen de Pilar y a la España no republicana. Los efectos de ese truco ladino llenan ese par de páginas, cuyo nervio y fuerza literaria nos ilustrará sobre la calidad de las páginas que siguen.

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23 junio 2011 4 23 /06 /junio /2011 19:25

angeles.jpgLa autora de esta novela se llama Marian Izaguirre (Bilbao, 1951). Pertenece a esa nómina no muy  extensa de escritores vocacionales y de andadura lenta que van resurgiendo de vez en cuando, un poco en sordina, al calor de los premios literarios y las escasas oportunidades mediáticas que les ofrecen, para ir atestiguando una carrera literaria sólida y un poco anónima, alejada de los focos de los grandes grupos. Los críticos que "suenan" nos les hacen mucho caso y las reseñas que aparecen aqui y allá, suelen ser esas vergonzantes gacetillas de contraportada en las que se reproduce lo que dice el libro del autor y a veces las frases promocionales de la editorial, con alguna honrosa excepción de alguien que se ha leido la novela y opina en consonancia. Vaya con esos autores, y esta autora en concreto, mi simpatía y solidaridad fraternal.

De Izaguirre leí "El león dormido" a sugerencia de un amigo y me gustó. Ahora ha caido en mis manos "La parte de los ángeles", libro premiado por un galardón literario con solera: Ateneo-Ciudad de Valladolid. En él, un narrador-a omnisciente, un deus et maquina literario, nos desvela todo lo que querríamos saber y no nos atrevíamos a preguntar sobre la vida íntima de una pareja, de sus hijos, sus amantes, sus desvaríos, sus amores y desamores, el recorrido emocional y vital de dos personas, Ricardo e Irene, cuyo amor deslumbra en sus inicios, conmueve en sus proceso de deterioro y emociona en los sinsabores del duelo y de la pérdida, hasta (nuestra autora es una romántica) volver a abrirse, ella, Irene, la auténtica protagonista,  a otro amor, se supone que el perdurable. Emociones y sentimientos bien narrados, caracteres definidos, situaciones bien descritas y verosímiles, proceso de cambio y evolución de los protagonistas sugeridos de una forma  coherente.

Además de eso, el uso muy bien orquestado -permitidme la metáfora oportuna-- del mundo de la música clásica desde el punto de vista de dos magníficos intérpretes, los protagonistas, violinistas ambos y luego él, director de orquesta (las paginas del "duelo" con el que será su marido en el Concurso inicial, son brillantes) y más tarde, por el no menos complejo mundo de la enología y la crianza del vino, que será el mundo personal de Mateo, el hombre que redimirá el paso del rencor al del amor en Irene.

Todo ello saltando de lugar fisico -Rotterdam, Madrid, Cabo de Gata, Siena, Nueva York-- en consonancia con los saltos del flash back narrativo, bien estructurados, aunque personalmente me sobran las intervenciones del narrador, adelantando y juzgando los hechos.

En la página 323 y siguiente el lector tendrá la posibilidad de entender el por qué del título y unas pocas antes (309) la clave argumental de la novela, en una frase que Irene recuerda le dijo otro día a su hija: "A tu padre y a mi se nos habia acabado el tiempo de estar juntos. Cada pareja tiene un tiempo para ser felices y un tiempo para ser desgraciados. Nosotros habiamos agotado los dos." A continuación se nos habla del cambio que supone Mateo. La novela es el desarrollo literario y factual de esa frase y nos muestra la puerta abierta para que entre "la normalidad" emocional y sentimental que proporciona el nuevo amor.

Novela apreciable, con algunos momentos magníficos desde el punto de vista literario y que muestra un trabajo esforzado de documentación y una ambición de excelencia. Bravo Marian, sigue con tu paciente trabajo de novelista. La fama mediática no lo es todo. Y a veces es contraproducente.

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22 junio 2011 3 22 /06 /junio /2011 16:48

incendies-pic-b.jpgLa podía haber escrito Esquilo, o Sófocles o Eurípides...o Teeneesse Williams. Pero no, es la obra de un dramaturgo canadiense de origen libanés llamado Wajdi Mouawad. Aunque no se trata de teatro filmado, sino de cine puro y de una calidad tal que eleva el listón de las mejores películas del año. Dirigida por el director canadiense Denis Villeneuve, "Incendies" es cine denso, profundamente humano, trágico sin estridencias ni truculencias, realista, austero, con una cámara que pasa del movimiento sincopado de un reportaje de guerra a la morosidad y delicadeza, a la sensibilidad fílmica de un Bergson.

La historia nos la cuentan con una estructura de capitulos centrados en los protagonistas y un encadenamiento alternado de pasado y presente que va hilándose entre sí con la perfección de un tapiz que sólo al final nos permitirá tener la visión de conjunto de una historia llena de sangre, odio, dolor, perdón, sufrimiento, amor e indignación.

La historia comienza con la muerte en Canadá,  de Nawal, una extraordinaria Lubna Azabal, que fallece tras un episodio ignorado que la deja catatónica y ocurre en una piscina pública. La historia nos mostrará al final el porqué de ese episodio y esa muerte, cerrando con un broche trágico e inesperado un drama angustioso pero austero y contenido que deja al espectador amarrado a su asiento durante más de dos horas.

Pues bien, Nawal deja a sus dos hijos gemelos, Jeanne (magnífica Melissa Desromeaux-Poulin) y su hermano Simon (Maxim Gaudette, muy por detras de las dos actrices), el encargo testamentario de entregar dos cartas, una al padre desaparecido y la otra a un hermano de quien jamas habian sabido su existencia. Para ello deberán ir a Líbano (aunque nunca se nos dice dónde se centra la acción) aún lleno de cicatrices tras la guerra civil que enfrentó a cristianos y musulmanes y las posteriores  en las que intervinieron todos los piases que invadieron Libano, empezando por los sirios.

Los diferentes capitulos nos van mostrando la vida de Nawal, obligada a abandonar su aldea tras tener un hijo ilegítimo y su pesadilla personal en el país sometido a una de las últimas guerras fanáticas de religión, con asesinatos, barbarie, venganzas y atrocidades por ambos lados.

Sin embargo es preferible que no ahondemos más en la trama. Esta película se merece la máxima discreción. El perfecto guión, del mismo director, va desgranando la auténtica valía de Nawal, su terrible via crucis personal a la busca del hijo perdido y la camara nos ofrece unas imagenes de una crudeza y crueldad insólitas pero con una contención y una  serenidad que hace apreciar al espectador el horror que ve, sin obligarle a desviar la vista.

La historia de "la mujer que canta" (para no escuchar los gritos de otras mujeres torturadas en la cárcel, sólo por ser cristianas o musulmanas, que mas da, por ser amigas de otros o enemigas o indiferentes: hay quien escribió que las guerras son siempre más crueles para con las mujeres) y su historia de entereza y valor se nos cuenta con precisión de entomólogo, dejando al espectador que se conmueva sin acritud, sin cargar las tintas, con una camara que parece empequeñecerse para no mostrar mas de lo necesario. En la paciente y magnifica  búsqueda e investigación los gemelos descubren que...bien, no les digo más.

Sólo que logran cumplir el último deseo de su madre, encontrar al padre desaparecido y al hermano ignorado. Y con ello, como dice Nawal, "se rompe el hilo de la ira" y se deja entrar al perdón y al amor.

Gran película.

  

 

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21 junio 2011 2 21 /06 /junio /2011 17:49

Entre los aficionados a la montaña, más que en el montañismo entendido como deporte y como forma de vida, prima la idea descabellada, el principio absurdo, de que para pasear y caminar y ascender montañas sólo hay que tener buena forma física, buenas piernas y, en los últimos tiempos --en los que se mezclan la lógica de los hechos y el comercialismo--, cierto material específico para afrontar los innegables desafíos que supone el medio natural. Y nos referimos a ese medio concreto en el que la física, la geología y la biología interaccionan con la IMG 1428meteorología. Y a veces, pocas gracias a los dioses, con resultados lamentables.

Pues bien, dada la preparación y formación de la mayoría de los que transitan senderos, trochas, barrancos y subidas de grados diversos en el medio hermoso pero esencialmente hostil de las cumbres, esos "resultados lamentables" son muchísimos menos de los que cabría esperar. Señores, yo he visto a un grupo de ingleses subir al Mulhacen con chancletas de playa, en bañador y sin más abrigo que una camiseta, sin agua ni alimentos..sin nada excepto la insensatez y la resaca de litronas. He ayudado a un par de maduros "montañeros" a superar un glaciar calzados con zapatillas de tenis y he orientado a un grupo de jóvenes vociferantes que se habían perdido en Montserrat un dia con niebla espesa y se iban directos a una barranca de cien metros de caida vertical, pero eso si, sin mapas, sin brujula y sin el menor conocimiento del terreno. Necesitaría toda esta página para dar una idea de las insensateces que uno, solo hablo de experiencias propias, ha podido ver por esos senderos de Dios.

Viene esto a cuento por el repunte de rescates en montaña que se ha dado en las dos últimas semanas. Como publicaba el "Heralado" de hace unos días, la Guardia Civil ha hecho su enésimo llamamiento a la prudencia (cosa cíclica que se repite en cuanto empieza el buen tiempo, aunque también en invierno hay que lamentar más imprudencias que mala suerte). Sólo en la provincia de Huesca se habian realizado 13 rescates en quince días, con dos fallecidos y diez heridos. La siniestralidad en la montaña obedece mayoritariamente a causas que tienen que ver con la imprudencia, la falta de formación específica y los errores humanos y la falta de material adecuado, más que a los accidentes involuntarios y la meteorología inesperada o catastrófica.

Hay que agradecer, a este tenor, la campaña "Montañas seguras" que se promueve desde el Gobierno de Aragón --Cataluña debería tomar nota-- con la que grupos itinerantes de especialistas montañeros irán a lugares de salida de senderismo,montañismo o baranquismo para informar a los deportistas de cómo llevar a cabo sus actividades en esas zonas en concreto. Facilitaran información visual de la zona y descargarán a quien lo pida los tracks del recorrido para GPS. Los lugares donde estarán pueden consultarse en www.euromide.info.

En el CEC (club Excursionista de Catalunya) al que estoy afiliado, se sigue tradicionalmente una política educacional que se basa en la premisa de que solo la formación del montañero en las materias específicas de su deporte puede asegurar su práctica (aun sabiendo la precariedad de todo ante una naturaleza desatada o un accidente imprevisto). El binomio seguridad igual a formación es reivindicado a todos los niveles en los cursillos y las actividades que promueve el Club y crea una suerte de segunda naturaleza al montañero. Estas dos actitudes, la de promover formación e información desde las instituciones oficiales y la de educar a la gente en el respeto a la montaña y el conocimiento de sus peligros asi como facilitarles una formación adecuada ahorraría muchas vidas y muchos sustos a la cada vez más numerosa grey de amantes de la montaña.

Conocimiento del terreno, experiencia, práctica informada, cautela ante los cambios, serenidad ante los problemas, formación para afrontar contingencias inesperadas, material adecuado y suficiente para la práctica concreta...la montaña no es una broma. Hay que tomársela en serio para así disfrutar de ella.

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20 junio 2011 1 20 /06 /junio /2011 12:21

montardo.jpg

Esta es la cima que teníamos previsto conquistar el pasado viernes por la mañana : el pico Montardo de 2833 metros. Acompañado de dos amigos, Jaime y Sergio, cumplía una de mis frustraciones montañeras: subir al Montardo, por cuyos aledaños había pasado en tres o cuatro ocasiones sin tener nunca ni tiempo ni oportunidad de "conquistarlo".

Esta vez dedicábamos la excursión en exclusiva al popular pico aranés que se levanta   majestuoso sobre el Circo de la Restanca, cuajado de lagos, como el de la Restanca (donde está el refugio), el de Cap de Port y el Estany de Monges, al pie del tuc del mismo nombre (2.707 m.). Pero ya la llegada a Arties, la tarde del jueves, nos mostró un tiempo lluvioso y con ocasionales neblinas, que se espesaban en nuestro acercamiento por la pista que lleva primero al parking del acceso al refugio y después, excepto en julio y agosto que está cerrado a coches particulares, la pista de montaña que nos deja en el nacimiento del sendero (GR 11) que lleva al refugio de la Restanca.

Ya cuando subíamos, mochila al hombro, por el empinado sendero, empedrado en algunos sitios, sólo veíamos claramente unos metros en  torno nuestro, inmersos en una especie de gasa gris fría y húmeda que se espesaba por momentos. En 50 minutos llegamos a la presa y caminamos por el borde semicircular de la construcción, sobre el lago por un lado y sobre la caída de la gran pared del desaguadero por el otro, sin ver ni lo uno ni lo otro, como en un sueño. Al final, en la punta este de la presa, el caserón austero, gris, del refugio, en el que apenas distinguíamos la débil luz de una ventana iluminada. Justo la hora de la cena, las siete de la tarde. Aparte de Susana y Luisa, las dos chicas del refugio, el encargado oficial no estaba, había un grupo de cinco montañeros más que estaban acabando el Carros de Foc, la célebre marcha entre refugios del parque de Sant Maurici.Sopa de ajo y lentejas, una escueta cena, y a tratar de dormir en las no muy cómodas salas dormitorios con sus colchones corridos en plataformas de madera de dos pisos. Si hay suerte sólo habrá concierto de ronquidos de uno o dos durmientes (yo he vivido un récord de roncadores en la Renclusa, el refugio del Aneto: todas las plazas ocupadas, más algunos en el suelo del comedor, conté catorce fuentes roncadoras) y a la mañana, cuando uno se levanta a las siete para desayunar algo caliente y comenzar la caminata, ha logrado dormir dos o tres horas.

Salimos de la Restanca e inmediatamente tenemos el inicio del GR-11 pirenaico que va elevándose en dirección sureste por la ladera de la montaña, dejando el lago abajo, marcando zig zags por pendientes pronunciadas con hierba y piedras y arbustos hasta acompañar  un riachuelo que baja, cantarino, desde el lago superior, el Estanh deth Cap deth Port (2.200 m), que bordeamos por la izquierda buscando las señales del sendero, entre la niebla cada vez más tupida que baja en lazadas enormes desde el invisible coll o puerto al que nos dirigimos.

Nueva subida por el Circo de la Restanca, entre grandes bloques, hasta alcanzar el Coll de Crestada (2.475m), desde donde debíamos ver el estany de Monges y el tuc del mismo nombre. Pero apenas si nos veíamos entre nosotros. Hubo un error de apreciación (que luego resultó que no era tal error). Primero seguimos un sendero no balizado que llevaba por la izquierda a la subida lógica donde estaba el Montardo (que no veíamos) y al no encontrar o ver señales, abandonamos y volvimos atrás para seguir el GR que va al refugio de Colomers pensando que la subida estaba más adelante. Despues de media hora de bajada y vuelta a subir por el sendero llegamos a otro Coll desde el que se abría un panorama enorme con dos lagos a sus pies, que solo podíamos ver unos segundos, cuando el viento levantaba el telón de niebla. Pero aquello ya estaba fuera de nuestro objetivo. Decidimos volver. El tiempo no presagiaba nada bueno y no veíamos nada de nuestro entorno. En la montaña una retirada a tiempo es una victoria.

Cuando regresábamos por el sendero de descenso del refugio al valle donde dejamos el coche, un bellísimo recital de árboles centenarios, flores silvestres, arbustos y un fragante olor a tomillo y romero, comenzó a aparecer, timidamente, el sol. Nubes y sol, pero la niebla huyendo hacia las cumbres. Habra que dejar el Montardo para otro día.

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19 junio 2011 7 19 /06 /junio /2011 17:19

olot.jpgLlegamos a Olot por el nuevo túnel de Bracons. Sobre la cumbre del Puigsacalm se establecía una cornisa negra de nubes, una guirnalda amenazante que cernía la ciudad desde el lado de los Pirineos no muy lejanos hasta el valle d'en Bas. Una luz gris, cenital, resbalaba sobre las altas copas de los árboles centenarios del paseo modernista y daba una apariencia victoriana a las señoriales mansiones que mandó construir el mítico indiano. Las que aún quedan desde el siglo XIX, con sus jardines silenciosos y sus ventanales cerrados, en ambos lados del paseo, están siendo arrinconadas por los nuevos edificios, carentes de gracia aunque quizá más funcionales.

Estuvimos donde en tiempos estuvo el Gran Hotel Montsacopa, en cuyos salones lujosos departían los tertulianos del poder económico de Olot, del renombre social, de los apellidos de la tradición, la tierra y los negocios, sentados en mullidos sillones de cuero, bajo lámparas labradas en cristal, lágrimas diamantinas destelleando sobre las alfombras doradas, los gruesos cortinajes burdeos y el silencio amable y cortés de un casino para señores que trataban de inventar un mundo a su medida a pesar del corsé de la realidad impuesta políticamente. Ahora hay un mundo diametralmente opuesto en el edificio. Es la sede de una residencia de ancianos. También esas personas tratan de evocar un mundo perdido a pesar del corsé de una realidad impuesta por el mantenimiento de una precaria salud y el personal sanitario, por las limitaciones búdicas de la vejez, la enfermedad y la muerte.

Visitábamos a un familiar. Mientras esperaba en una salita adjunta a las habitaciones particulares, reparé en un anciano menudo y pulcro, de expresión despierta e incluso astuta, piel tersa a pesar de la edad evidente, mejillas enrojecidas, sonrisa casi permanente,  gafas de culo de vaso y calva brillante y saludable que leía atentamente un periódico aunque de vez en cuando lanzaba rápidos vistazos alrededor cuando alguien se acercaba o pasaba por el pasillo aledaño. Para leer usaba una enorme lupa que ponía muy cerca de las paginas extendidas del diario.

Me senté junto a  él, ante la mesa cubierta de revistas y periódicos y le di las buenas tardes. Abrí mi libro y me dispuse a leer un rato. Pero sentí que el anciano habia dejado su lectura y me miraba con una sonrisa amable y los ojos, tras las gafas, de mirada intensa, uno de ellos velado totalmente por una catarata y el otro con la opacidad de los miopes avanzados.

--¿Es usted familiar de alguien de aquí? Oh, si, claro, o es familiar o es amigo o es un médico, no hay más opciones, ¿verdad? Es un mundo muy limitado este, aunque hay que acostumbrarse,  Y, ay del que no se acostumbre...--y siguió así durante un minuto o dos, con un catalán fluido.

Traté de recuperarme de la andanada de observaciones y preguntas retóricas y al final pude introducir una frase en el torrente verbal de ese anciano tan lleno de energía comunicativa.

--Me sorprende que con las evidentes dificultades que tiene para leer siga usted con esa buena costumbre de leer los diarios...

--Y otras cosas, libros, me encantan los de historia, ¿verdad?,-- pasó al castellano con la misma  fluidez con la que empezó en catalán-- saber las cotumbres de los antepasados, las culturas clásicas, de vez en cuando alguna novela, pero el periódico, uno o dos, lo que puedo pillar, cada día, eso que no falte, ¿verdad? , saber en qué mundo vivimos, es la manera de estar vivo y bien vivo, aunque a veces nos cuentan cada cosa, pero uno ha de estar a todo, lo bueno y lo malo, en realidad siempre ha sido así...

El filósofo casi ciego me dijo, entreverado con opiniones, citas, reflexiones, filosofías varias, sentido común y picardía, que tiene 86 años y que desde los 25 se le declararon dificultades en los dos ojos, que ha sufrido más de veinte operaciones y que las cosas se les pusieron mal en bastantes ocasiones, "eso de la salud es algo raro, a veces cuanto más la buscas y la deseas, menos te visita" y añadió con cierto humor:

--En realidad ya debía estar muerto. Como tantos otros compañeros de aquí que se me han adelantado. Pero --lanzó una risita--parece que yo no tengo prisa y cuanto mas viejo me hago parece que me endurezco. Yo creo que lo que me vacuna un poco de unirme a los que se van, es mi interés por todo lo que me rodea. ¿Sabe? Esto de leer con una lupa es de lo más pesado. Pero es lo que hay. Así que vamos a ello. Necesito conocer lo que está pasando, la política, la economía, esta crisis, tantísimo parado, la corrupción, oiga de eso ha habido siempre, uno acaba estando en el fiel de la balanza, pero todo pasa ante mi lupa.

Contemplaba a ese anciano animoso con una mezcla de emociones y sentimientos. Comprendí ese deseo anhelante de comunicarse, de compartir con un extraño sus reflexiones, sus pensamientos, lamenté las dificultades que la vida le habia impuesto y pensé que este señor X, cuyo mundo se ha reducido a una lupa, es paradójicamente más rico, actual y comprometido con su tiempo que la mayoría de sus contemporáneos, con sentidos corporales en buen uso, que pasan por la vida sin ganas ni deseos de conocer, de esforzarse en estar informado, de sentir curiosidad por todos los mundos posibles, y los imposibles, que revela el simple uso de la facultad de leer.

El pequeño agujero por donde el anciano, gracias a la lupa, avizoraba a duras penas la realidad virtual de la página impresa, era un gran ventanal frente al mundo de hoy por donde entraba el fluctuante, variopinto y ambivalente fluir de la vida, aquella experiencia vital que cantaba el gran poeta León Felipe. ¡Tres hurras por el viejo de la lupa!

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