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27 mayo 2012 7 27 /05 /mayo /2012 15:51

Salimos de Palas del Rei por la ermita de San Tirso, de escaso interés artístico y bajamos las escaleras que llevan hasta la carretera N-547 a la que acompañamos unos 100m y nos desviamos a la derecha, cruzamos el rio Ruxian y pasamos por Carballal hasta pasar por una corredoira bajo el palio de los árboles y llegar a San Xulian del Camiño. El día amenaza lluvia y el camino va pasando de corredoiras umbrías o andaderos protegidos por setos de la carretera, a pistas de cemento o  barro endurecido entre sembrados y casas humildes en aldeas pequeñas y solitarias.

En Leboreiro dejamos la provincia de Lugo y entramos en la de A Coruña. Santiago está como quien dice a la vuelta de la esquina, que en términos de caminante es bastante más trabajoso.

En Casanova decidimos buscar un lugar para desayunar (hemos salido del hotel antes de la siete y no hemos tomado nada). Llevamos dos horas y pico de caminata, caen gotas aisladas y nos apetece comer algo. Desechamos un figon aleman por exceso de caminantes y nos aposentamos en un albergue de muy buen aspecto llamado Somoza. Un camarero de media edad y aspecto nervioso nos canta las excelencias y categoría del establecimiento ante la pregunta inocente de Jaime sobre si el pan es de ayer (hoy es domingo) que provoca una respuesta casi indigmada del personaje, herido nen su honrilla profesional. Luego trata de ser demasiado amable y nos srive unos huevos con panceta y a la hora del cafe nos obsequia con sendos trozos de tarta de santiago.

Algo repuestos llegamos a Leboreiro donde disfrutamos del portico romanico de la Iglesia de la Virgen de las Nieves y el original cabeceiro, hórreo con forma de cesta de mimbre, hechos con ramas. Despues pasaremos junto a un poligono industrial, con unas curiosas placas de roca con nombres grabados en bronce de los caballeros de la Orden de Santiago y sus capítulos celebrados en los últimos dos siglos, hasta bajar hacia el rio Furelos que atravesamod sobre un bellísimo puente romanico de cuatro ojos, que nos llevará a Melide.

Despues deberemos atravesar un bosque de pinos, robles y eucaliptos, hasta cruzar el rio Barreiros. Castañeda,Doroñas y Ribadioso, entre carreteras y tajos, hasta llegar a Arzúa, nuestro final de etapa. Han transcurrido más de ocho horas, treinta y un km, de los cuales más de dos gastados en cruzar el pueblo bajo una lluvia fina y persistente, porque el hotel escogido está muy a las afueras de un pueblo particularmente extenso. Llegamos empapados y bastante cansados.

La jornada ha sido agotadora pero interesante desde un punto de vista historico y artistico. (hemos pasado a pocos kilometros del famoso Pazo de Ulloa, inmortalizado por la novela de Emilia Pardo Bazán) pateado las venerables losas romanas de la calzada de Cornixa, y en Boente vemos en la iglesia una imagen de Santiago en majestad, lo cual solo acontece en Compostela. El camino ha oscilado entre desneveles no excesivos pero si continuos y nos ha dado ocasión de atesorar en el desván de la memoria a personajes como el hospedero de Boente, Mariano Dios, escalador, fotrógrafo y aventurero (conocido por los montañeros del Pirineo con su sobrenombre escrito en los libros de casi todas las cumbres: "El Yeti") que vino a hacer el Camino y quedóse en él. El hombre pàrece un motorista de Harley de los sesenta, de la banda de Brando, reciclado en orondo y feliz hotelero. Y la otra imagen, la de una anónima mujer madura con la cabeza canosa y aspecto y figura de gran dignidad que, sentada en una roca junto al rio Iso, con los pies descalzos sumergidos en el agua, parecía absorta en la contemplación del bello recodo del puente romanico, una bella estampa bucólica llena de delicadeza y poesía, y que cuando se dio cuenta de que la mirabamos nos sonrió y  agitó la mano diciendo; "buen camino". Claro que aún quedaba el paso bajo la lluvia de Arzúa con 31 kms en las piernas. Por cierto, el famoso LIber sancti Jacobi, cuenta que en este pueblo apareció un peregrino que se detuvo frente a una casa del pueblo en la que una mujer tenía pan  en el horno. El olor era magnifico y el peregrino pidió a la mujer que le diera algo de su pan cuando estuviera. La señora contestó que se equivocaba que su horno estaba vacío. Que debia ser de alguna vecina.El peregrino se lavantó y al marcharse dijo: "Espero que tu pan sea como una piedra". Cuando la mujer estimó que el pan ya estaba horneado fue a buscarlo y encontrro en su lugar una piedra. Salio espantada a buscar al peregrino pero no lo encontró. Cosas de nuestra madre Iglesia que se preocupaba por espantar al pueblo y así convencerlño de que tratara bien a los peregrinos. El negocio espiritual.

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26 mayo 2012 6 26 /05 /mayo /2012 15:50

Salimos de Portomarín con la amanecida. Cada día nos levantamos más pronto e iniciamos el Camino, quizá un poco escarmentados por las horas de sol que acaban multiplicando las fatigas de la caminata. Sin embargo, hoy, el sol que se levanta sobre el Miño también ilumina hacia el oeste un cielo amenazador, con nubes esponjosas de vientre negro y un horizonte tormentoso hacia los Montes de Vacaloura que habremos de superar por los desniveles escasos pero de buena pendiente de la Sierra de Ligonde.

Portomarín queda a nuestra espalda, con esa placidez ensimismada de los pueblos con un gran rio a los pies. La antigua pasarela sobre el embalse ha sido clausurada. Hay que dar la vuelta por el puente nuevo y coger el sendero que nos lleva hacia el Monte de San Antonio siguiendo el curso del arroyo Torres y ofreciéndonos un empinado paseo bajo castaños, robles, encinas y pinos que forman un tunel de verdor, todos rodeados de musgo como en un bosque encantado.

Durante casi toda la jornada vamos a caminar por andaderos que discurren paralelos a las carreteras comarcales y la nacional. Es un tipo de caminata mucho más pesada y dura y se agradecen los pocos desvios que te llevan por entre el bosque o atraviesan remotas aldeas con  intenso olor a pienso y postas de vaca, en las que raramente hay alguna persona que mira el paso de los peregrinos con expresión inexcrutable.

En Toxibo, tras el perfumado paso por las cercanías de fabricas de piensos y granjas vacunas, comienzan a caer gotas. En unos minutos la cosa se pone muy húmeda y decidimos parar y ponernos los ponchos de plástico que nos cubren a persona y mochila, convirtiéndonos en desgarbados bultos dotados de enormes jorobas.

Sembrados de grano, abedules, robles, eucaliptos, pinos. Alcanzamos y rebasamos a una pareja de media edad. Van cogidos de la mano. Forman una estampa tierna y poco habitual durante las largas caminatas.. El lleva la cabeza inclinada hacia su compañera, quiza para oirla mejor y van hablando en italiano muy animadamente. Rien con alborozo y nos miran con timidez cuando los dejamos atras. Ella sonríe y hace un comentario en voz baja a su compañero. El la mira y alza el rostro, entonces veo los ojos sin vida y la atención tensa en la expresión del rostro, formando como un gesto permanente. Mas tarde encontraremos al ciego y su compañera tomando tapas en una terraza., Ella me saluda con un gesto alegre y me pregunta por el nombre del plato que Jaime y yo tomamos con sendos vasitos de vino blanco. "Pulpo". Piden lo mismo.

Pero antes de eso debemos cruzar Gonzar, Castromaior, Hospital da Cruz  y Ventas de Narón, donde abundan los pinares y las tierras de cultivo, granjas y aldeas pequeñas y se comienza el ascenso a la sierra de Ligonde, elevación que pertenece a la Dorsal Gallega que separa el Miño del Ulla.

Tomamos un bocado en el Bar de Teresa a la salida de Ligonde. Ha empezado a llover de nuevo y hace frio. El bar esta repleto de extranjeros caminantes. Entre ellos, una pareja de ingleses o quizá canadienses que llevan a una niña de tres años en un carrito con ruedas que luce  una banderola de color rojo. La niña es preciosa, rubita y espabilada. En el bar se acerca a todo el mundo. Los padres, ufanos, calientan un biberón y comen bocadillos.

Salimos de allí y vuelve a aparecer el sol aunque el ascenso a Eirexe y Portos, también por andaderos junto a la carretera, menos mal que no muy transitada, ya muestra cielos oscuros y tormentosos hacia el oeste. Nos perdemos la iglesia románica de Vilar de Donas pues no me acuerdo de hacer el desvio hacia el pueblo, pero he disfrutado con la iglesia de Santa Maria en Gonzar y el pequeño templo románico de Castromaior.

En Lamiros habia un hospital para enfermos contagiosos (hoy un edificio particular) y un cementerio de peregroinos del que solo queda la cruz de término. Hay restos de dos castros célticos en Eirexe y Portos.

En el Liber Sancti Jacobi se habla expresamente de esta etapa, de Portomarin a Palas de Rei, avisando a los peregrinos de la abundancia de mujeres, sirvientas o prostitutas que buscan "la condena del alma de los peregrinos" ofreciendo sus artes amatorias a buen precio por lugares boscosos y hospederías.

Llegamos a Palas del Rei por su zona deportivo recreativa y entre campos de juego y merenderos (todo vacio) estalla una breve tormenta que nos deja mojados y mohínos. El nombre viene de una deformacion de "Palatium Regis" y n o se ha podido probar si existió tal palacio y de qué antiguedad hablamos, documentandose desde el siglo XII seguramente debido a la existencia de una iglesia milagrera dedicada a San Tirso de Ulloa.

Nos refugiamos en una gasolinera junto a dos chicas sudamericanas  que hacen el Camino en bicicleta. Los cuatro estamos empapados mientras fuera cae con fuerza un pequeño diluvio gallego que convierte la carretera en un riachuelo negro.

Portomarin-Palas de Rey

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25 mayo 2012 5 25 /05 /mayo /2012 15:49

La etapa de hoy, desde Sarria a Portomarín ha sido más corta: 22,5 km en los que hemos invertido seis horas, con una leve parada para reponer fuerzas en un pequeño refuigio de peregrinos en los que se oía todo tipo de idiomas, inglés, italiano, francés, excepto castellano. Nos dicen las chicas del figón que este es el mes de la abundancia de extranjeros. Luego la cosa se equilibra bastante.

Hemos salido por la parte alta de la ciudad, junto al convento de la Magdalena  y la torre medival, unico resto del castillo.

Atravesamos la carretera que lleva a Monforte  y Lugo que, un poco mas adelante, circulará por el inmenso y majestuoso puente de la autovía que se levanta sobre el valle un centenar y pico de metros en una orgullosa obra de la ingeniería  de esta época. Por debajo, mucho más modesto, pero también más bello,antiguo y recoleto, los viajeros cruzamos el cauce del rio Celeiro por el pequeño puente románico de un solo ojo, "Ponte áspera". Nos dirigimos por una umbría corredeira hacia la via de tren, le haremos compañía unos metros, hasta que el sendero jacobeo la cruza y la abandona dirigiéndose hacia las colinas que circundan Sarria. que nos dará entrada a la Meseta Lucense en su andadura incesante hacia el MIño embalsado de Portomarín.

El ascenso del Camino es entre un bosque encantado de robles, abedules  y castaños centenarios, retorcidos, inmensos, repletos de bultos informes y nervaduras, como si fuesen monstruos petrificados o gárgolas de un inmenso templo románico, caminando bajo el palio verde de las altas ramas que forman un soberbio artesonado vegetal catedralicio.

Pasamos por Vilei e inmediatamente Santiago de Barbadelo, donde encontramos la iglesia de Santiago, una pequeña ermita románica de torre cuadrada truncada, del siglo XII, construida en granito, de una sola nave y engastada en el pequeño, irregular y repleto camposanto de la localidad.

Nos quedamos unos minutos admirando las figuras que decoran los capiteles, medio comidas por el mal de la piedra, y la extraña figura humana con los brazos extendidos que está esculpida en el tímpano (parece una representación ritual masónica de los antiguos cofrades del triángulo y la plomada).

Parece que en Barbadelo (dice el Liber Sancti Jacobi) menudeaban los rufianes, estafadores, prostitutas, falsos tullidos y pícaros de toda ralea que trataban de robar a los peregrinos. Hay en el Libro del Camino medieval una descripción de uno de los sermones que usaban los amables y simpáticos embaucadores ofreciendo a los peregrinos que se alojaran en Santiago en sus hogares y que en prenda de ello  mostraran a su familia el objeto que él les daría para identificarse y ser tratados a cuerpo de rey.

Prados verdes, abundancia de arboles formando correderas o gruipos aislados, aldeas de pocas casas edificadas en granito oscuro, Renta, Xisto, Cortiñas y Lavandeiras, poca gente, pocos servicios. Corredeiras umbrías, caminos empedrados que pasan y cruzan las lomas bajo el sol, abundancia de peregrinos, la Pena do Cervo, con su pinar espeso entre robles, atravesando el arroyo Ferreiros.

En Couto paramos en una alquería repleta de derrengados peregrinos. Llama mi atención la presencia de dos muy maduras damas británicas, vestidas con esa falta de gracia peculiar que suelen adoptar las señoras inglesas de edad cercana a la Reina (por ejemplo el modelito florido de sombrero que lleva una de ellas, sobre la cabeza cana, protegiendo la lechosa piel con rosados rosetones en las mejillas y la nariz). Van charlando como cotorras entre risotadas y exclamacio nes. Las perdemos pronto en la caminata.  Va alternandose el asfalto y la piedra con el camino o sendero de tierra apisonada, pero abundan los tramos en los que se camina por el borde de la carretera, elevando la temperatura de los pies y el cansancio.

Despues de Parrocha y Vilalla llegamos a un recodo de una carretera desde donde se puede ver la superficie azulada del Miño y un poco mas tarde el gran puente que lo cruza y Portomarín e n la otra ribera, en la ancha boca del embalse de Belesar (en la orilla, oscuros restos de las viejas edificaciones del antiguo Portomarin). En el nuevo (1962) se pueden ver los monumentos restaurados piedra a piedra del viejo pueblo anegado por las aguas.

Portomarín fue un paso romano del rio Miño (porto en gallego es paso de rio) y lleva Marin en el patronimico, por el monasterio de Santa Marina que existio alli desde la Alta edad media y celebraba a la primera santa que se trasvestía en hombre para profesar sus votos religiosos segun consta en  el acta de su martirio, donde aun se le da nombre de  varon. Atravesamos el MIño y en la orilla ganada subimos la escalinata de los peregrinos ("lo único que nos faltaba", dice un obeso peregrino al comenzar a subir la escalinata que termina en una pequeña capilla dedicada a la Virgen de las  Nieves.

En la edad media en la cabecera del antiguo puente (1120) habia un hospital para peregrinos, bajo la protección de la Orden de San Juan, omnipresente en estas tierras, como el Temple en tierras leonesas,

Se dice que la actual iglesia de san N icolas fue edificada sobre la que existia de Santa Marina y que domina la colina donde se asienta el pueblo, sobre el cauce rápido y ancho del Miño.

Nuestro hotel está muy cercano al pétreo cubo de piedra almenado de San  Nicolás. Una iglesia fortaleza, con torreones y almenas, del siglo XII, una sola nave y abside semicircular con un enorme rosetón en el centro de su fachada.

Hemos caminado durante seis horas y el sol y la dureza del asfalto en varios tramos del camino nos hacen merecedores de un buen descanso. Perdonamos la hora de la comida en beneficio de la ducha y el descanso. Esta tarde cenaremos bien y disfrutaremos de la final de Copa. El amigo Jaime es partidario del Barça y el que esto suscribe lo es del buen juego, sea de quien sea. Disfrutaremos.

 

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24 mayo 2012 4 24 /05 /mayo /2012 17:48

Segunda etapa del Camino. Tras una noche movida por cumbias, donde una matrona de media edad--dueña del refugio-- era camelada por cuatro varones jóvenes de la Republica Dominicana y un cubano, sus empleados, en una inesperada repetición, corregida y aumentada, de las memoranbles secuencias de "La noche de la iguana" de John Houston, (con una Ava Gadner cuarentona, dueña de un hotel en la costa mexicana que se divierte con jovencitos rumberos), nos internamos de buena mañana en el Camino que nos llevará desde Fonfría y su hotel cutre-sabrosón hasta lares quizá más serios en un pueblo grande, limpio y ajetreado que se llama Sarria.

Serán ocho horas de caminata, casi 29 kilómetros, con paradas incluidas, una junto a un riachuelo para comer unas manzanas y otra en un bar del Camino para atacar una ración de tortilla de patatas y unas cervezas fría (muy de agradecer, debido a los más de 30 grados que caen sobre el Camino).

Hace una mañana despejada, un poco fría a estas horas (las 7.30) y el sendero va internándose por carenas de colinas, como si camináramos por un balcón que se abre ante un inmenso paisaje de colinas verdes, bosquecillos, sembrados y pastos. Abedules, robles, acebos, grandes matas de helechos, el pardo y persistente colonizador del enebro, el brezo y otro matorrales que se extienden por cimas peladas, dandoles una coloración muy característica

Pasamos Biduedo (llamado asi por su bosque de abedules) en un tramo del Camino muy auténtico (desde el medievo) y atravesamos por la parte superior de una ladera el monte Caldeiron, mientras a nuestros pies se despliega un enorme valle con una antiestetica cantera en el centro. Comienza un descenso suave que ya no cesará hasta Sarrias, pese a algunas subidas intercaladas, entrando el sendero en las famosas "correidoras" de robles y castaños, con ejemplares de centenares de años y mohosos muros de piedra limitando los dos márgenss del camino, que se desliza entre árboles centenarios como por túneles de verdor, húmedos y umbríos, generalmente de piso embarrado.

Entreamos en el concejo de Triacastela, tres castillos (no queda ninguno en pie) pasaremos por Filloval (llamado asi por el nombre de las trampas para lobos que los del lugar preparaban), As Pasantes y Ramil antes de internarnos en este pueblo, con u na calle mayor llena de refugios y restaurantes de peregrinos. Fue fundada por el conde Gatón del Bierzo en el siglo IX y ha sido considerada fin de etapa desde el medievo (segun el LIber sancti Jacobi). Parece ser que en aquellos tiempos habia la tradición de coger una piedra caliza de las que abundan en este pueblo para llevarla a Santiago y asi ayudar a la construccion de la catedral. (tradición cantera que continua en la actualidad en la zona). Otra historia relacionada con Triacastela habla de la picaresca delictiva de ciertos mesoneros de Santiago que enviaban a esta población (a 120 km de Santiago) a sus compinches para apalabrar con los peregrinos una estancia más económica en sus establecimientos de Santiago, donde eran esquilmados y sometidos a toda clase de abusos.

Nosotros nos demoramos en la visita a la iglesia parroquial dedicada a Santiago, una bellisima torre románica enclavada en el centrro del camposanto de la localidad con sus lápidas y sepulcros vistosos y de gran lujo como parece ser costumbre gallega.

En Triacastela hay que decidirse entre dos alternativas: ir a Sarria por el monasterio de Samos o, mas corta y también muy hermosa y con desniveles, ir por San Xil. Nos decidimos por esta segunda opción y avanzamos por la ribera del arroyo Valdoscuro, donde haremos un refrescante baño de pies. Luego el sendero sube hacia el Alto de Riocabo, entre valles escondidos y correidoras de enormes castaños y robles. Por pista se atraviesa Montán y Pintín, hasta llegar a Sarria.

Es una población con restos preromanos pero documentada desde su refundacion por Alfonso IX (en torno a 1200). Los peregrinos se encontraban al entrar en Sarria con  la Iglesia de Santa Marina (que fue románica, ahora no lo es), pero si se mantiene románica la de San Salvador. En lo alto del cerro que domina la poblacion quedan restos de un castillo. Y cerca de allí, el convento de la Magdalena, el mas grande y hermoso.

Nuestro hotel se encuentra al final del pueblo, casi en la salida hacia Lugo, por donde mañana iniciaremos la tercera etapa. Hoy nos espera la ducha y luego un  paseo por este bello pueblo, con sus merenderos junto al rio y su recoleto casco antiguo.

 

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23 mayo 2012 3 23 /05 /mayo /2012 15:47

A las siete y media de la mañana el tren hotel de Renfe, un modelo Avant aerodinámico nos deja en la dormida estación de Ponferrada. Debemos dejar las maletas en un pequeño hotel del centro de la ciudad para que un taxista las lleve al lugar donde dormiremos esta noche, un poblado insertado en la sierra do Rañadoiro, llamado Fonfria.

Cogemos un autobús que nos lleva hasta La Portela, un caserío en las faldas del O Cebreiro, allí comenzamos nuestra caminada hacia Las Herrerías, donde comienza el largo ascenso hacia el  cima ventosa del monte desde el que Galicia da la bienvenida al peregrino, la puerta del cielo como se llamaba en la edad media. Hogaño, aquí Galicia se abre, valles, bosques, cimas peladas y rojizas, perfiles redondeados en los que el verde estalla con fruición. Aldeas de piedra, desperdigadas, en un paisaje rural, ensimismado, silencioso, sin servicios, ni bullicio, ni gente. Una Galicia que se escribe en la rutina de los trabajos y los días como soñara Hesiodo, una tierra milenaria de relieves suaves.

Durante la trabajosa subida al O Cebreiro los peregirnos van quedándose rezagados, hay personas de edad que resuellan sonoramente y se detienen cada diez pasos, gente joven que camina presurosa con resoplidos poderosos, la mayoria gente de media edad que sube poco a poco pero sin detenerse, con la vista en el suelo, perdiendose por momentos en la contemplación del ancho paisaje de lomas y bosques que se despliega desde lo alto, una teoría de valles verdes y brochazos de amarillo y cardeno de las flores y las copas de los carvallos (robles) y el verde brillante de árboles de ribera, o los jaspeados colores de hayas, robles y encinas.

En lo alto de O Cebreiro, azotados por los vientos, hay una ermita sencilla y hermosa y casas de piedra con fondas y bares, ademas de los pequeños edificios circulares con tejado cónico de paja, las antiguas viviendas rurales. Es un lugar turistico declarado de interés cultural, histórico y artistico.

Salimos de O Cebreiro por detras del refugio, entre los tendederos de la ropa recien lavada por los peregrinos. Caminamos por una senda que se desliza entre las laderas del Monte Pozo de Area hacia Liñares, cuatro casas, un bar y naves industriales al filo de la carretera. El sol cae de justicia. Seguimos hacia el alto de San Roque (1270m) donde destaca por su dura y exigente figura el monumento al peregrino, una estatua de hierro oscuro de un fornido caminante azotado por el viento y ofreciendo una épica resistencia fisica al vendaval, echado hacia delante con ferrea determinación.

Desde allí comienza otro de los andaderos, paralelos a la carretera, autentica cruz para los caminantes, monotonos, de piso duro que castiga las rodillas y acompañados por el ruido de coches y camiones, afortunadamente no muy abundantes por esta zona.

Pasamos por Hospital, que debe su nombre a un antiguo hospital fundado en el siglo IX por una condesa, hoy dia inexistente. Desde allí seguimos cada vez más empinada la caminata hacia el caserío de Podornelo, donde Jaime y yo nos regalamos con el agua de una fuente, helada, deliciosa, que nos libra del agobio del calor y el esfuerzo. Al final de la gran cuesta nos espera el Alto do Poio, una antigua encomienda de los caballeros de San Juan, con bares y restaurantes a ambos lados de la carretera.

Desde allí, nuevamente por el andadero, jun to a la carretera que serpentea por el valle y las verdes colinas, bajamos hacia Fonfria, destino de la jornada.

En total han sido 26, 8  kms, lo que con algunas paradas breves, han supuesto casi ocho horas en total. Llegamos cansados a Fonfría donde nos espera un pequeño y embarrado pueblo sin encanto alguno,rodeado de pastizales de vacas, calles sucias y un solo meson-fonda, donde nos alojamos. En los cielos las grandes nubes pasean morosamente. Quizá mañana probemos el chirimiri, el corballo de aquí, agua lenta y menuda quie cala hasta los huesos gracias al viento. Pero eso, en todo caso, nos preocupará mañana. Hoy basta con una ducha, una buena cama y una cena sencilla y nutritiva.

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22 mayo 2012 2 22 /05 /mayo /2012 15:44

excursiones-3409.jpgVuelta al Camino francés. Hace casi exactamente un año el amigo Jaime y yo nos echamos al Camino en busca de la cruz de Santiago y lo abandonamos en Ponferrada, con una pequeña incursión al lugar de O Cebreiro, el célebre monte que es la frontera y el anuncio de la última etapa del Camino. Quedan unos 170 kilómetros para besar la Pedra os Croques o abrazarse al hombro del Santo, mientras el Botafumeiro realiza su gigantesca danza fumígera.

En esta ocasión me llevo un pequeño ordenador portátil con un pen de Movistar, con la intención de no tener que indagar en cada etapa desde dónde puedo escribir mis pequeñas crónicas del Camino. Me pregunto sobre la utilidad de esa actividad que convierto en obligatoria quizá en recuerdo de mi pasado periodístico itinerante, mis añoradas experiencias de corresponsal.

Lo cierto es que las personas, amigos y conocidos, que siguen mi blog, me leyeron cada día cuando el año pasado, por primera vez, fui escribiendo las crónicas de lo que acontecía en el Camino. Eso por sí solo, en pago a tal fidelidad lectora, justifica hasta cierto punto mis desvelos. Pero es que hay otra razón, más poderosa y de índole íntima: no puedo evitarlo. Necesito poner negro sobre blanco los aconteceres de mi vida, sobre todo cuando se trata de situaciones en cierta forma excepcionales. He sido autor de diarios y crónicas personales, reflexiones por escrito y planteamientos literarios vitales desde que tengo uso del oficio de escribir y de pensar. Aun conservo alguna libreta de mi infancia con páginas garrapateadas con la sencilla caligrafía infantil narrando pequeños y elementales comentarios sobre hechos sin importancia, pero que de una forma u otra me afectaban o incluso un mero apuntar lo que hacía, lo que deseaba o lo que me frustraba.

De ahí, el paso natural sería a la escritura para el Otro, es decir cuando ya cuentas con un Lector ajeno a tí mismo, un Otro cuyo juicio positivo, complicidad o placer buscas. Y nace la literatura. Primero muy personal y testimonial, casi notarial, despues, un día mágico, interviene la imaginación. Un día fascinante alguien publica alguno de tus escritos, un cuento, un artículo. Y un día para recordar, alguien te paga por lo que te publica y te conviertes en profesional. A partir de ese momento, generalmente, oscilando con la magnitud de tu compromiso, de cuánto de tí mismo vendes, son más bien días y trabajos para olvidar. Hasta que, de pronto, inopinadamente, empiezas a escribir lo que deseas escribir, nuevamente como al principio, sin tener en cuenta al Otro (esto nunca de una forma total y pura, siempre está la sombra del Otro interfiriendo, quieras o no). En ese momento ya eres un artista, un escritor de verdad (te paguen o no por lo que escribes).  Usualmente pocos llegan a ese punto. La mayoría se quedan en la tierra de nadie que existe entre la pureza absoluta del outsider literario y los asalariados de las editoriales o de su fama y demás mercenarios de la pluma.

Una vez dilucidadas la sombras y realidades de mi pulsión de escribir, volvamos al Caminoo. 

Salimos de Barcelona en tren, con la anochecida. Hace un día nublado y frío. Serán siete días de ruta a una media de veintipocos kilómetros por jornada. Mañana por la mañana comenzamos la caminada desde antes de subir al O Cebreiro hasta Fonfría, lo que configura una jornada de unos 26 kms.

La subida a los poco más de 1400 m de ese monte legendario no es demasiado empinada y se hace con cierta comodidad. Desde allí el Camino va serpenteando por los pinares del Monte Pozo de Area, hay trozos de pista forestal hasta llegar a la carretera y marchar en paralelo hasta el Alto de San Roque, donde ya se coge sendero, gracias a Dios, hasta Hospital de Condesa. Nuevamente trozos de asfalto y alguno de sendero hasta divisar la torre de la Iglesia de Padornelo.

En ese pequeño pueblo se comienza la subida hacia el Alto de Poio y vuelta al asfalto, pero llegaremos a nuestro destino, Fonfría, tras dos kilometros y medio de sendero. De esta guisa cumplimos la primera jornada.

 

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21 mayo 2012 1 21 /05 /mayo /2012 07:53

excursiones-3265.JPGSalida senderista por el Montsant. El dia ha sido mal elegido: el tiempo no acompaña, en principio. Una niebla espesa se va enseñoreando de las cumbres rocosas de la Montaña Santa, refugio de eremitas, de cenobios religiosos, de oradores y frailes milagreros, de lugares que han santificado siglos de rituales y romerías, presencia religiosa y espiritual entre cipreses, inmensas rocas peladas, lugares píos escondidos, cuevas con fama y leyendas. El viento es frio, invernal, la sensación es de que van a caer chuzos de punta. Dudas. Cuando llegamos a Albarca, comienzo de la expedición, decidimos seguir y a ver qué pasa con el tiempo. Vamos bien pertrechados, goretex, buenas botas, chubasquero y pantalones largos impermeables. Salimos del solitario pueblo por el GR 171. A la altura del Grau Gran nos desviamos por una dresera empinadísima hacia el GR 174 que está doscientos metros más abajo, que nos llevará entre carenas hasta Sant Joan del Codolar, donde espero encontrar a mi amiga la monja Montserrat (setenta y pico de años con una lozanía y una energía espiritual sorprendentes: está al cargo del mantenimiento de la ermita). Hay un cartel en la puerta de su casita, adjunta a la ermita: "Estoy en Cornudella". Así que me quedo sin los consejos expertos de esta montañera espiritual. Nos preguntábamos si era adecuado subir por el Grau dels Tres Esglaons para llegar a a la Roca Corbatera, con el tiempo que hace, llovizna intermitente, rocas mojadas, niebla y amenaza de tormenta. Conciábulo montañero. Decidimos probar. Subida empinadísima por un terreno gradualmente más resbaladizo, conforme se va mojando. Llegamos a la via ferrata. El primer escalón, lo subimos sin problemas. El segundo es un poco mas enrevesado, pero lo pasamos. En el tercero pinchamos. Las clavijas están demasiado alejadas unas de otras y cuando intentamos subir buscando apoyo en la roca, ya hace rato que llovizna y están chorreando. Las suelas de las botas resbalan como si fuera hielo. Sopesamos la situación. Bajar es peligroso. El ultimo tramo de la ferrata no se deja atacar por la roca mojada. No llevamos cuerdas. Miramos altrededor e incluso tratamos de buscar una via distinta para superar las enormes rocas. Por fin se impone la prudencia. Es mucho mas peligroso intentar la subida por la ferrata o por una -seguramente inexistente-- via distinta (hemos resbalado varias veces y nos hemos arañado por todos lados). Así que nos queda la opción más razonable: volver a bajar por el empinado canal pedregoso y los dos escalones con ganchos de hierro (de bajada la cosa se pone inquietante si uno no logra superar la impresión de vértigo de la caída). Poco a poco y buena letra, nos decimos. Y así es. Bajamos extremando precauciones y cuando llegamos a la ermita, la niebla ha sumergido totalmente la montaña en un puré de guisantes a la londinense. Volvemos por el GR 171 hacia Albarca. La niebla se está retirando de las cumbres y sale el sol. En total, con el tiempo gastado en subir y volver a bajar por la dura dresera de los Tres Esglaons, cinco horitas de marcha con cuatro desniveles importantes de subidas y bajadas. La prudencia en la montaña es una de las pocas garantías de un regreso feliz.

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20 mayo 2012 7 20 /05 /mayo /2012 07:06

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Francesco Cilea compuso a principios del siglo XX una ópera basada en la vida de Adriana Lecouvreur,  gran estrella de la Comédie-Française, en el siglo XVIII. Se trata de una obra "verista", en la que sin abandonar del todo las exigencias del bel canto, se imponen unas voces intensas y melodiosas, amén de la visión realista de los hechos y los personajes. El libreto, en cuatro actos, es obra de Arturo Colautti, basado en un drama de E. Scribe y E. Legouvé. Se estrenó en el Teatro Lírico de Milán el 26 de noviembre de 1902. La versión definitiva, más breve, fue estrenada en 1930 en el teatro San Carlos de Nápoles. Pero es una ópera con escaso éxito entre las compañías internacionales de ópera. Después de escucharla y verla, uno no entiende el por qué.

Volvamos a Adriana. La actriz tuvo una justificada fama de revolucionaria en las tablas, al poner de moda una forma de actuación basada en la naturalidad y la sencillez, rompiendo con la moda pomposa y artificiosa que solía usarse en Francia. La Lecouvreur era una dama tan apasionada que, enamorada de Mauricio de Sajonia, hijo bastardo del ultimo rey de Polonia, sacrificó carrera, riquezas y popularidad por ayudar al noble a recuperar su trono. Al fracasar en sus pretensiones, Mauricio abandonó a la actriz por la duquesa de Bouillon. Poco después, Adriana fue hallada muerta en circunstancias más o menos misteriosas y, según la leyenda, fue envenenada por su rival.

El Gran teatro del Liceo despide prácticamente su temporada 2012 con ésta obra, que ha resultado ser un éxito formidable. Desde el vestuario, a los decorados, cambios escénicos, música (muy bien la Orquesta y el coro) y, sobre todo, cantantes, unas voces de lujo, la "Adriana Lecouvreur" que ha dirigido Maurizio Benini, ha logrado niveles de excelencia conjunta que últimamente no prodiga el Gran teatro de la Rambla.

Barbara Frittoli, como Adriana, ha cautivado al público, bien arropada por el dominio vocal del gran  Roberto Alagna (como Maurizio). Dolora Zajick, en el papel de Princesa de Bouillon, la rival y probable asesina de Adriana por el amor de Maurizio (en la ópera Maurizio vuelve  con Adriana y ésta muere envenenada al aspirar un ramito de flores), ha mostrado no sólo un perfecto dominio de su voz en los timbres más bajos sino una rara eficacia como actriz. Joan Pons ha hecho un dignísimo Michonnet, el director de escena enamorado sin esperanzas de Adriana.

Y otra sorpresa más: el ballet-pantomima del tercer acto (el Juicio de Paris) se ha respetado y ha sido excelentemente coreografiado por Jerónimo Forteza. Sesión de lujo, pues. Esta muestra de "teatro dentro del teatro", con sus razonables dificultades de credibilidad cuando se trata de ópera, ha quedado bien resuelta en el escenario del Liceo. Esperemos que no sea flor de un día.

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19 mayo 2012 6 19 /05 /mayo /2012 06:54
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Ni que decir tiene que admiro al viejo Moliére. Por eso al ver el título que le han puesto a  la película de Laurent Tirard, "Las aventuras amorosas del joven Molière", (el título original es, simplemente, "Moliere") dudé mucho en ir a verla (tanta fue la duda que he tardado 5 años en verla y sólo lo he hecho porque un amigo cinéfilo de cuyo parecer me fio, me la recomendó).
Tal como me suponía, el "biopic" no se aguanta como tal, la fidelidad de los hechos narrados, es más una recreación de una historia que permite al director contarnos las supuestas fuentes de algunos de los grandes personajes y argumentos de las comedias y dramas más famosos del genial escritor (incluso se permite el amigo Laurent que el actor -no muy acertado-- que encarna al dramaturgo grite en pleno furor etílico: "Cuando alguien en los siglos venideros habla de la lengua francesa, sólo dirá 'la lengua de Moliere'" ).
A pesar de lo dicho, se trata de un filme muy digno, respetuoso con la figura que ensalza, nada pacato, condescendiente o hagiográfico, una comedia romántica ágil, divertida, ingeniosa y chispeante. La verdad es que uno la pasa bien,  aunque  a veces le sobra la sobreactuación de Romain Duris, que suple con pasión y vehemencia su físico demasiado moderno y estilizado, así como unos rasgos que uno jamás dotaría de una inteligencia superior. Pero en fin, si olvidamos la cercanía en el tiempo de "Shakespeare in love" de la que parece ser deudora esta "Moliere", lo cierto es que el diseño de producción, el vestuario, las mansiones donde se rodó y los detalles de música, decoración, diálogos, fotografía  y ritmo narrativo y de montaje, la transforman en una película que si aún no han visto deberían localizarla en los mercados de DVD y dedicarle un par de horas. Las disfrutarán.
No siendo pues una histgoria fidedigna sino un amable y a veces divertido juego de enredos sentimentales, uno disculpa el atrevimiento de usar a Moliere en estos asuntos y gusta en suponer que si el genio francés pudiera ver por algun agujerito del Parnaso esta película, sonreiría con indulgencia y seguramente alabaría el gusto por las damas que muestra su no muy acertado trasunto cinematográfico. La bellísima y sensual Laura Morante, con un perfecto equilibrio entre la elegancia y la pasión, la inteligencia y la paciencia, la tolerancia y la fuerza, da la réplica a otro actor de verdadero mérito, Fabrice Luchini, en su bobo papel del burgués gentilhombre,  monsieur Jourdain, un fatuo que cuando se percata de las crueles burlas que provoca sus acciones y comportamientos, adquiere una  admirable y serena dignidad, en el polo opuesto de su humoristica estupidez. Entre esos dos pesos pesados de la escena francesa, el joven Romain Duris --que parece imitar al actor que encarnó al Shakespeare enamorado-- trata de mantenerse a flote y a veces lo consigue con la ayudita de sus dos compañeros, en escenas tan bien logradas como las clases de comportamiento que Moliere da a Jourdain, mostrándole cómo imitar a un caballo y los diferentes tipos de comportamiento y andadura que éstos tienen según su raza (ya que un actor debe aprender a meterse en la piel de lo que representa, y así el burgués fatuo podria lograr que la joven, bella y cruel marquesa se fije en él). "Tartufo", "El misántropo" o "Las preciosas ridículas" son algunas de las obras que nuestro director ha saqueado para dotar de realidad literaria su visión de Moliere.
La accion transcurre en París en 1644, con un Jean Baptiste Poquelin como actor de farsas, no demasiado bueno, asediado por los acreedores y obligado a cerrar su "Theatre Groupe" e ingresar en la cárcel. Cuando sale en libertad hay un lapso de varios meses en que no se tiene constancia de donde estuvo o lo que hizo. Es el periodo misterioso que escoge nuestro director para dar contenido a su pelicula, ya que cuando esta ausencia sin datos acaba, varios meses después, Moliere cambia de registro, hace una gira de trece años con su compañía por toda Francia y cuando regresa a Paris en 1658 ya es un dramaturgo conocido y comienza su edad de oro. En esos meses de misteriosa ausencia Moliere conocerá a muchos de los personajes que luego nutrirán su obra: esa es la gracia y justificación de la película.
En la vida real hay un detalle de la vida de Moliere que siempre me ha impresionado: la hemorragia cerebral que habria de producirle la muerte le ataca justamente cuando está en escena representado a su personaje "Argán" el hipocondríaco protagonista de "El enfermo imaginario". Era la noche del 17 de febrero de 1673.
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18 mayo 2012 5 18 /05 /mayo /2012 07:21

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El abuelo Hüseyin, un jubilado turco que vive y trabaja en Alemania desde los años sesenta, con una familia muy integrada en la forma de vida alemana, pretende volver a sus orígenes, Anatolia, y recuperar sus raíces culturales con su familia nacionalizada alemana. Para ello compra una "casa" en el pueblo de donde salió cincuenta años antes y pide a su familia que le acompañen durante las vacaciones de verano a fin de "arreglarla" y disponer toda la familia de un lugar propio donde impedir que se difuminen las señas de identidad turca.

Entre renuencias y rechazos, el abuelo se lleva a su reticente familia a Turquía. En el camino, una de sus nietas --embarazada de un inglés, vade retro Satanás-- va contando la historia de la familia a otro nieto más joven, para que comprenda el empeño del abuelo en que todos sigan considerándose turcos, aunque vivan en Alemania y ya bajo la ley sean alemanes.

Es un poco como aquellas películas, tipo "Vente a Alemania, Pepe" y todas las que protagonizó el inefable Alfredo Landa, un estereotipo de hispano, no ya feo, catolico y sentimental como el marques de Bradomin de Valle Inclán, sino en versión cutre "bajito, inculto y obsexo". Aunque en aquéllas solía brillar, más por carencias que por presencias, cierta mala uva crítica disfrazada de humor de trazo grueso. En la que ha dirigido Yasemin Sindereli se trata más bien de un producto buenista y complaciente, con aspiraciones sentimentales, a la manera de la francesa "Bienvenidos al norte" o de la clónica italiana "Bienvenidos al Sur".

No hay intención crítica alguna en la película turca, que recurre a los tópicos y clichés de nacionalismos, racismos desvaídos, tipismos varios y floklores de la parte más exótica (la vida rural turca en Anatolia y las paradojas que nacen en su contacto con una sociedad avanzada) aunque por vida del humor infantil nos hablen de "un pueblo sádico que adora a un hombre torturado hasta la muerte, come carne de cerdo y veranea en Mallorca", un pueblo disciplinado, sucio, grande y que los domingos hacen ritos de antropofagia comiéndose trozos del "cuerpo de Cristo".

Todo ello da para secuencias memorables, como el sueño lisérgico de uno de los niños. hijos del abuelo cuando era papa joven, en un paraiso de coca-colas y asaltado por un horripilante crucificado sediento de venganza. Hay una voluntad de conciliación e integración que llega a su cumbre con ese acto de homenaje a los antiguos inmigrantes en presencia de la canciller Angela Merckel. Esa voluntad positivista y un poco ingenua va contagiando toda la película de un buenismo que se abre por parte de los turcos a un deseo de integrarse y forzar una trasculturización sincrética poco probable. Asuntos como el embarazo no deseado, el trabajo de las mujeres o su independencia, la unión sexual con sujetos de otras etnias, no ya alemanes, mal menor, sino etnias tan rechazables historicamente como la inglesa para los turcos, van siendo reducidas a anécdotas ingenuas y sin malicia crítica, con la suavidad respetuosa que refleja la inculturación navideña, cuando los niños turcos piden a sus padres que celebren la Naviudad con un arbol navideño y la llegada del papa Noel.

Como en "La pequeña Miss Sunsine" un acontecimiento luctuoso ocurrido durante el viaje familiar en el pequeño bus alquilado por el abuelo, deberá reorientar toda la acción, las actitudes de los personajes y sus ideas frente a lo que fue y a lo que es o será. Ese cambio, positivo, tendrá su reflejo en la foto familiar con la que se cierra la película, en la que cada personaje adulto se encuentra con su réplica joven (a los dos los hemos conocido con los tres grandes flash back que va configurando la narración de la joven nieta) durante una fiesta que se celebra en la "casa" comprada por el abuelo en el pueblo de Anatolia, que apenas es más que una fachada con el interior, sin paredes, abierto hacia un paisaje idílico y bellísimo.

El simbolismo, tan apreciado por esta directora turca (no en vano está filmando su propia historia familiar), se completa: la casa, el hogar por construir entre todos, dados los muros y la tierra y el lugar y la confluencia armónica y coherente entre el pasado, el presente y el futuro que se debe construir desde la única realidad sólida que existe: la familia. Lo demás, el hogar de acogida, el buenismo con el que se contempla la autocomplacencia prepotente alemana (a años luz de la dureza del humorista judío Sacha Baron Cohen, en "Borat", fustigador de los estereotipos transnacionales). Todo en "Almanya" es políticamente correcto, incluso un poco untuosamente correcto.

 

 

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