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25 junio 2012 1 25 /06 /junio /2012 14:23

route-irish-cartel 

 

Dicen que la primera víctima de la guerra es la verdad. Cada uno tiene la suya. Pero yo creo que la primera victima es la compasión. En esta película del comprometido realizador británico Ken Loach, "Route Irish", hay una evidente actitud de denuncia, de irritada crítica, de vocinglera reacción contra la violencia innecesaria, contra la suma ingente de "víctimas colaterales", de la maldad y estupidez humana. Y para ello se ha escogido un lugar que ha sido, y sigue siendo, uno de los paradigmas actuales de la brutal bestialidad del hombre contra el hombre: Iraq.

Sin la fuerza aséptica del discurso antibelicista de la magnífica "En tierra hostil" de Katrhyn Bigelov, la "Route Irish" de Loach está muy en la línea de su habitual actitud como director, a menudo panfletaria, siempre apasionada y muchas veces emocionalmente desbordada, un tipo de cine militante, comprometido social e ideológicamente y demasiado apegado a un discurso político por encima del discurso humano y cinematográfico (recordemos "Tierra y libertad", Agenda oculta, Lady Bird o "Lloviendo piedras").

En Iraq el concepto de "victima colateral" toma un sentido vergonzante: casi todos los iraquíes lo son, no sólo los soldados o los políticos. Tras la invasión norteamericana de 2003 ese país y esa guerra urbana se ha cobrado más de un millón de víctimas, la mayoría ciudadanos simples, alejados de los intereses bélicos. "Route Irish", nombre que se da a la carretera que une el aeropuerto de Bagdad con la zona verde, se convirtió en el ejemplo de una pesadilla recurrente: la carretera más letal del planeta.

En la cinta, dos amigos, Franquie y Fergus, jovenes ingleses de Liverpool, se enrolan en una de las empresas de "contratistas", nombre con el que se conocen a ex soldados enrolados en compañías privadas de seguridad que funcionan al margen de la policia y los ejércitos y de cuyos metodos , generalmente bestiales e inmunes, ha habido muchas denuncias internacionales, con escasos resultados legales.

Asistimos a la sospechosa muerte de uno de ellos, Franquie, que se habia convertido en un peligroso estorbo por su deseo de denunciar el asesinato de una familia iraquí, por "error". Más o menos el esquema que Stone usó en "Platoon". Una salvajada despierta la conciencia de un soldado que quiere denunciar a sus compañeros. Esa es su sentencia de muerte. En este caso, su amigo del alma, en ese momento en Inglaterra, decide investigar y ver qué ocurrió de verdad. La película se convierte en un "trhiller", en el que lamentablemente las ganas de denunciar y la violencia beligerante y aleccionadora con la que se hace, desvirtúan el sentido de la película, que pasa a convertirse en un hibrido entre documental y ficción.

Un ritmo trepidante, la dura interpretación de Mark Womack (que recuertda a Stanton por su contundencia, aunque supera a éste en exceso de rabia e implicación emocional) llega a crear un defensivo alejamiento del espectador que no logra empatizar con él o creer que su dolor es algo más que rabia homicida (demasiado evidente en la secuencia del asesinato del matón sospechoso de haber acabado con su amigo, "no hay sangre, no hay falta", el torturador se pone del lado de los que persigue). Y no  se justifica con la evidente situación traumática psicologica de los que han vivido ese infierno --"incapaces de pasear por un supermercado"dice el protagonista-- y uno acaba pensando que en esas tesituras lo difícil de creer es que semejante especímen de "soldado" no esté en el borde psicopático. Cosa que se suaviza con el suicidio final.

El uso de material documental, imágenes de una crudeza enorme, tampoco está justificado. El evidente "mensaje" ideológico que se nos mete con calzador no precisa de eso. En fin, amigo Loach, trate de templarse un poco y no nos confunda más el género de ficción con el de denuncia pnafletaria, más cercano a su denostado, y con razón, tipo de cine soviético de las primeras epocas.

 

 

 

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24 junio 2012 7 24 /06 /junio /2012 09:09

"El espectro de Broquen", ese es el título de la novela que ayer dia 23 de junio del año en curso, 2012 de nuestro Señor, comencé a escribir. En ella hay retazos y personajes de "El árbol de los condenados", "Automoribundia", "A Telémaco no le sienta bien el luto" y otras de cuya memoria sólo guardo algún personaje, alguna situación, una descripción atractiva. Todas mías, naturalmente. Todas inacabadas excepto la primera, que fue rechazada tras largas discusiones por el director y factótum de una editorial de prestigio literario, un maravilloso editor, cultísimo y enamorado de su trabajo, judío de la diáspora, con un envidiable --pero bastante rígido-- sentido ético de la muerte, la culpa y el perdón. Él pretendía salvar en última instancia al protagonista de mi novela a través del arrepentimiento. Yo le condenaba sin remisión al infierno de una muerte sin consuelo posible. Supongo que era demasiado joven para ser comprensivo y tolerante y él era demasiado viejo para comprender a un joven autor en la treintena que no necesitaba de la literatura para vivir y no creía más que en su obra (y, en el fondo, ni siquiera en eso). O tal vez, simplemente, se cansó de mí y de mi novela. Cortó sin más la correspondencia que manteníamos (al estilo del editor de Lowry y el autor de "Bajo el volcán", con las debidas distancias) y me envolvió en el silencio de su rechazo implícito. Ahora, tres décadas más tarde, después de un sinfín de intentos más o menos malogrados (entre ellos "La mujer de arena", que busca editor) aprovechando que al fin he colgado la pluma de periodista, he comenzado una nueva singladura literaria. Que puede, sin duda, acabar como las otras, abortada. O puede alumbrar un feliz resurgimiento. En principio el verbo se ha hecho página. Páginas. Varias y con un saludable ritmo. Seguiremos en ello. (Espero)

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23 junio 2012 6 23 /06 /junio /2012 07:20

el-gran-ano-cartel-1.jpg

     Ya al comienzo la película tiene un detalle inteligentge y prometedor: una nota avisa al divertido espectador que "Esta es una historia real, sólo se han cambiado los hechos". Lástima que el tono irónico se pierde después de esta frase. Y pasamos a conocer a tres individuos muy diferentes pero con una pasión en común, un hobby que se convierte en obsesión y por fin en forma de vida. Tres actores de distintos registros pero los tres abocados a un género específico, el humor. Steve Martin, Jack Black y Owen Wilson, quizá el menos encasillado y de una comicidad menos visual y más discursiva. La pasión obsesiva es el avistamiento de pájaros. Eso por sí solo y de entrada no parece ofrecer muchas posibilidades para hacer una buena película.Y el hecho es que no hay una buena película y no precisamente por el tema que, con los debidos respetos, puede llegar a ser interesante desde un punto de vista ecológico y sobre todo paisajístico (desfilan ante nosotros imagenes espectaculares de Estados Unidos, desde Louisiana, los pantanos, el sur de New Mexico o la remota isla Attu en Alaska. Por tanto la carga de calidad está basada en los actores y la dirección. Y ahí es donde damos con hueso.

La comedia está servida, pero el asunto tiene una dificultad añadida a la originalidad o extrañeza del tema, la de convencer al espectador de la posibilidad de que ese hobby provoque una locura obsesiva que cambia la vida de los tres individuos, con especial virulencia en Wilson que compone un papel casi patológico y abusivo.

Es pues, una comedia sin demasiadas pretensiones que se estanca en la interpretación de los tres actores, poco convencidos de lo que ocurre y todos y cada uno fuera de los registros habituales de su humor. Un contenido Jack, lejos de su comicidad un tanto soez y de sal gorda, un pasado de vueltas Wilson y un Martin que parece a punto de morirse de modestia y contención gestual. Y para mayor abundamiento, se trata de una producción bastante cara (dadas las localizaciones y la especificidad del tema) que se va quedando estancada en cierto tono demasiado suave, blanco y reprimido. David Frankel, el director, no ha sabido sacarle punta a esos tres cafres del humor directo y aunque Wilson roza la mala uva constantemente, todo queda diluido en las idas y venidas de los protagonistas por todo el país y sus avatares domesticos no demasiado relevantes, a pesar de la esposa abandonada de Wilson y el padre agresivo y enfermo de Black.

La lucha por lograr "El gran año" es decir el titulo al ornitólogo que haya realizado mayor numero de avistamientos durante un año, no logra importarnos lo mas minimo y a no ser que uno sea un adepto a los pájaros la cosa no nos produce más que un cierto estupor. La moraleja de la peli nos deja aún más sorprendidos por su banal obviedad: si solo te ocupas de tu pasión y olvidas a los que te rodean, a la familia, seguramente lo pasarás fatal. Y asi Wilson se queda solo y triste, aunque campeón y los otros dos viven felices y comen perdices, uno como abuelo feliz (uno no se cree las caras de bueno buenisimo que compone Martin) y el otro como pareja no menos feliz de una mujer que comparte la afición, siempre hasta cierto punto, claro. No hay soltura en la mezcla de elementos cómicos y dramáticos de la trama y todo queda bastante desangelado, a pesar de secundarios tan sólidos como Brian Dennehy, que compone el padre agresivo y gruñón de un Black tan descafeinado que parece otro actor, Anjelica Huston, una capitana de yate de armas tomar o el trio de damas de los protagonistas, Rosamund Pike, Rashida Jones y Dianne West, que tratan de aportar cierto encanto a unos papeles muy superficiales y tópicos.

En resumen, pelicula amable pero rutinaria, para ver un domingo por la tarde, en familia, con palomitas a poder ser.

 

 

 

 

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22 junio 2012 5 22 /06 /junio /2012 09:43

safe-cartel-1.jpg

Nueva película de Jason Statham, ese guerrero permanente, con su gesto seco pero de mirada humana, incluso tierna, una suerte de Clint Eastwood joven que es muchísimo mejor actor de lo que fue Clint a su edad (en la vejez Clint ha ganado tanto aplomo y calidad que aceptamos su eterno gesto avinagrado e imperturbable como marca de la casa) y tan duro y contundente. Boaz Yakin, un tipo muy singular, director y guionista, es el responsable de esta nueva entrega del guerrero semicalvo y lo hace con la misma eficacia artesanal con la que filmó  "El castigador" en 1989 o "Prince of Persia" en el 2010.

Aqui la novedad reside en la presencia capital de una niña, Catherine Chan, deliciosamente oriental, una niña prodigio que guarda en su cerebro privilegiado una combinación de números por la que matan, extorsionan, secuestran y asesinan desde la mafia rusa a los tangs chinos o a un grupo de letales policias corruptos. En ese ambiente mortal de necesidad, Jason, pasa de una indiferencia suicida, convertido en vagabundo, alelado por el dolor por el asesinato de su esposa, a convertirse en la eficaz máquina de matar, con traje de Armani, que funciona con precisión asesina en forma de golpes, estrangulamientos, roturas de cervicales, apuñalamientos, disparos y cualquier otra manera vistosa de matar a los malos que el guionista y director se inventa, y todo ello "sin despeinarse" (cosa que en Jason sería imposible aún sin mover un dedo).

Película de serie, al estilo de las inolvidables de Lino Ventura (¿se acuerda alguien de aquel tipo fornido con cara de ningún amigo y un encanto indescifrable, héroe de toda una serie de peliculas francesas de la serie B?), "Safe" tiene algo a su favor: es directa y honestamente una película de entretenimiento violento, pero suave y ironicamente paródico, es como si nos dijeran: "tranquilos, todo esto es de mentirijillas, lo importante es que se lo pasen bien, incluso que se rian ante tanta truculencia". El héroe es duro hasta la crueldad indiferente, pero tienen un corazoncito que se ablanda ante la niña. cuya mirada le rescata del suicidio en el metro.

La factura técnica de esta ensalada de violencia, corrupción y salvajadas por las calles de Manhattan, es tan buena que los espectadores olvidan incluso el guiño constante que supone tanta violencia absurda y aceptan como válido el combate de lucha libre americana que se nos ofrece en forma de chinos malos, rusos malisimos, policias canallas y niña inteligentísima y angelical. Pero ademas de exigir a Statham una dotes fisicas impresionantes, el director da a Jason una serie de diálogos absolutamente memorables, de esos del estilo de "Alégrame el día, provoca que te dispare".

Jason Statham muestra una curiosa versatilidad en sus composiciones de tipo duro. Que nadie espere una rutina interpretativa. Jason es distinto haciendo del ladrón apodado "El guapo" en el remake de "Un trabajo en Italia", "The Brasilian job", en el enloquecido protagonista de los tres "Crank", en el guerrero de "La espada del rey", el asesino de "The mecanic", soldado de Seal en "Asesinos de elite", y conductor de coches de alta gama como recadero de mafiosos. En todas ellas mantienen un tipo básico de héroe al que dota de elementos diferenciales que dan muestra de su calidad interpretativa. No me canso de decirlo, tenemos en Jason un gran actor británico y cuando la edad le vaya apartando de su estilo de atlético  guerrero, veremos la cantidad de registros que ofrece este hombre de aspecto honesto y muy humano e inteligente, haga el papel que haga.

 

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21 junio 2012 4 21 /06 /junio /2012 07:40

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No vi las dos primeras peliculas de Wes Anderson, "Ladrón que roba a otro ladrón" (1996) ni "Academia Rushmore"(1998), aunque de esta última mis contactos cinéfilos me advirtieron  que habia nacido un director a tener muy, muy en cuenta (de hecho esta pelicula devolvió al estrellato a un actor de primerísima calidad, normalmente desaprovechado, Bill Murray).  Pero ya desde  "Los tennebaums" (2001) me hice incondicional de un director que diseccionaba con frenético e irónico humor los tópicos familiares, sociales y sexuales, con una excelente factura visual y una enorme personalidad en el uso del color y el montaje, los encuadres y la música. La siguiente cinta "Life aquatic" ( 2004) me encantó a pesar del escaso éxito de público y una crítica que no acababa de percibir el mundo especialísimo de sus películas, su creación de personajes dotados de un irresistible encanto (maravilloso Murray, como una especie singular y paródica de Jacques Cousteau) para luego firmar un "Viaje a Daarjeling" que te dejaba clavado en el asiento, aunque no brillaba con la fuerza que estallaría en la pelicula de dibujos animados "Fantástico Mr. Fox" (2009) sobre un relato del inconcebible Roahl Dahl (que, como suele suceder en los libros de Dahl, bajo la vestimenta de cuento infantil resurge una historia crítica y ácida para adultos mentales, una especie de Swift -Gulliver- de nuestros días) y llegar a la maravilla que hoy comento: "Moonrise Kingdom".

Si ya en las dos últimas Anderson dejaba bien claro que había un niño travieso, divertido y muy inteligente dentro de su sensibilidad cinematográfica de director y de persona, en "Moonrise..."  logra dejarlo libre, feliz, divertido y encantador. Sin duda alguna, para este comentarista, estamos ante la mejor película de la temporada (y me atrevería a decir, una de las escasas obras cinematográficas que merecen un diez en los últimos años).

Se trata de una historia mágica, divertida, sin complejos, ingeniosa, nostálgica y tierna en la que, con la formalidad estética de encuadres equilibrados hasta el milímetro, colores chillones y personajes que parecen actuar para sí mismos pero que despiertan emociones y sentimientos en el espectador, nos lleva a un tiempo pasado (años 60) a una isla en la Norteamerica profunda rural, en un ambiente de boy scouts, donde se nos narra la aventura vital de dos adolescentes (increíble la naturalidad de los dos jovencisimos protagonistas, Jard Gilman y Kara Hayward, buscados durante seis meses con lupa por el equipo técnico de la película) que se juran amor eterno a pesar de las familias, las circunstancias y sus tempranas edades.

A partir de ese elemento argumental, Anderson nos sumerge en el seno de una familia tópica del país y la época, padre y madre abogados (Bill Murray y Frances McDormand, ahí es nada) cuatro hijos, entre ellos la chica enamorada, de una desternillante  imperturbabilidad, el jefe de policia del pueblo, Bruce Willis, el soberbio Edward Norton como jefe de scouts y la atildada y ordenancista Tilda Swinton como  la funcionaria de Servicios Sociales que pretende someter al niño Jard Gilman, un impopular scout huérfano, a electro shocks para terminar con su "rebeldía" y castigar su osadía de haber  planeado y realizado una huida con su "amor" por las costas de la isla donde se encuentran. Incluso otro monstruo de la interpretación, Harvey Keitel, hace un breve y jugoso papel como jefe absoluto de los boy scouts.

Con una paleta de colores estridentes pero armónicos, rojos, blancos, azules, verdes y una sabia y sugerente desproporción entre los tamaños de los ambientes según se fiilma a adultos o a niños, Anderson nos lleva a un País de Nunca Jamás del Primer Amor, que, vaya por Dios, está demasiado  cerca, incluido diria yo, en el realista, fraudulento, triste y desilusionado mundo adulto. Secuencias como el encuentro de los dos pequeños amantes, sus balbuceos sexuales, absolutamente inocentes y nostálgicos, la búsqueda de los niños por todos los adultos y el grupo adolescente de scouts comandados por Norton y la secuencia de la tormenta del siglo que cae sobre la pequeña isla en plena busqueda, amén de la secuencia final en el campanario de la iglesia, en la que todo es posible, incluso el milagro, van encantando progresivamente al espectador en una trama que sabe a poco y que te deja soñando con algo más. Uno sale del cine con la sensación de haber recibido un regalo.Un regalo que nos remite directamente a nuestra adolescencia, con sus claros luminosos y también sus zonas oscuras, la necesidad de afecto, la disparidad con el mundo adulto, el descubrimiento del amor y del dolor. Puerta abierta, pues, a una cierta melancolía, a la nostalgia de un tiempo que no volverá, a la inocencia de una mirada que aquí, en el discurso serio de los niños, está lejos de cualquier exceso, de la amenaza del ridiculo, de la falsedad de lo manipulado. Es una apuesta por la honestidad, por el sentido de la aventura infantil (que luego tan cruelmente se banaliza en la edad adulta), maravillosamente punteado por la musica de Alexandre Desplat, por la desproporción onírica de los encuadres pictóricos de la vida hogareña, por aquella casita de madera construida por los niños en un lugar imposible, en lo alto de un árbol aislado, como metáfora del talante visionario infantil, es una apuesta por el buen cine. Un cine personalísimo, concebido como una partitura o como un milimétrico y ajustado puzzle en movimiento, un cine distinto, honesto y refrescante. No se la pierdan.

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20 junio 2012 3 20 /06 /junio /2012 07:26

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Supongo que esta pelicula que pretende ser graciosa para quedarse sólo en patética, viene a las salas con tanta orquestina laudatoria porque uno de sus protagonistas Jean Dujardin, y uno de los directores, Michel Hazanavicius, se calzaron sendos Oscars por esa excelente película "The artist", una jugosa apuesta por el cine mudo realizada con imaginación, eficacia y talento.

Se trata de una peli de "episodios"  distintos, sin relación entre si, pero con los mismos actores en diferentes papeles. La cosa va de un par de salidos de encefalograma plano (Dujardin y Gilles Lellouche), quizá porque todo su "talento" lo tienen establecido en un lugar debajo del ombligo en lugar de en el cerebro. Los "infieles" del titulo son presentados como en un telefilme piloto y los vemos en acción, con diálogos de una banalidad sorprendente y secuencias que más bien dan pena.

Luego los episodios van sucediéndose, cortos, largos, minúsculos (a veces solo un chiste visual) y uno asiste crecientemente desinteresado y a veces incluso molesto, al desarrollo de un monotema, como acostarse con el mayor numero de mujeres y para ello todo vale, trucos, mentiras, actitudes despreciables, autenticas imbecilidades, cinismo a manta y, no se lo pierdan, con la diversidad de estilos y "gracias" de siete, si señores, siete directores, entre ellos el citado Hazanavicius, además del doblete de los dos protagonistas metidos a director. 

Película que  trata de recrear aquel cine de apisodios que solían llenar las carteleras en los setenta, aunque sin su frecuente gracejo o su habilidad crítica o ironica. Uno se pregunta qué opinan las esposas de los varones involucrados en esta cosa, aparte de sentir seguramente cierta compasión por el sexo masculino que se perfila en los episodios. Por favor, señoras, les aseguro que no todos somos así. Película para olvidar.

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19 junio 2012 2 19 /06 /junio /2012 07:56

  tocar libros

 

 De Jesús Marchamalo leí y comenté aquella linda obra sobre las bibliotecas de escritores conocidos que habia salido en forma de reportajes dominicales creo que en el ABC cultural. Marchamalo es periodista en activo y sumamente relacionado e interesado en el mundo del libro, desde los escritores pasando por editores, libreros, bilbiotecarios y lectores en general.

Ahora reedita (por tercera vez) un pequeño opúsculo "Tocar los libros" (en esta ocasión edita Fórcola) y cualquier miembro de los estamentos librescos antes mencionados se sentirá irremediablemente atraido por esta obrita de 78 páginas que destila amor a la letra impresa, a la novela y a esos objetos maravillosos llamados libros (apasionados del ebook, abstenerse) que crean una variadísima tipología de personas adictas. Se trata pues de un homenaje sentimental y emocional a la literatura en general y al objeto libro en particular, narrado como una confesión íntima o como un pliego de descargos sobre las patologías que engendra la afición demedida a los libros y a la lectura.

Jesús Marchamalo sabe bien de lo que escribe y uno otea rapidamente  que ese "lletraferit" se ha enfrentado a las mismas perplejidades que todo amante de los libros tiene que afontar en algún momento de su trayectoria vital, paralela a la de su bilbioteca.

Desde la forma de ordenarlos, alfabetica, por autores o titulos, temas, escuelas, epocas, tamaños, géneros, editoriales, siglos, paises (sea cual fuere la fórmula, conlleva multiples problemas de coherencia) hasta el hecho amenazador de su cantidad creciente que va colonizando nuestro hogar creando problemas insolubles, hasta su destino final cuando nos sobrevivan y seamos incapaces de adivinar su destino. Marchamalo también nos habla del sindrome del espejo que muchos libros tienen en relación a sus dueños. Y así uno puede saber bastante sobre la peripecia vital del dueño de la biblioteca observando qué libros tiene, en donde están los más preciados, cómo lee o qué autores son los más leidos.

Si uno de nuestros amigos presume de cínico y antisentimental pero atesora "Los versos del capitán" de Neruda desde la adolescencia, creo que estamos en disposición de dudar de la careta que se pone.  Por otro lado Marchamalo nos recuerda la disposición "gatuna" de algunos libros: esos que uno acaricia, lleva consigo a la isla desierta, los lee una y otra vez, acaricia sus páginas y mira con nostalgia su portada o su lomo, como si el objeto latiera cálidamente y ronroneara cuando pasamos la vista por su interior.

El volumen va ilustrado con fotografías de diversas bibliotecas personales, entre los muchos amigos y entrevistados ilustres que Marchamalo ha coleccionado tras más de 30 años de ejercer el periodismo literario. Su confesa bibliofilia le acerca a esos autores y le hermana con todos los que amamos los libros.

Vemos rincones de las "cuevas de las maravillas" o bibliotecas, de Savater, Mateo Díez, Gastón Baquero (el hombre-biblioteca, un borgiano excesivo), Vila Matas, Sergio Pitol,Trapiello o  Luis Alberto de Cuenca, pero por encima de todo encanta el tono relajado, irónico y confidencial de Marchamalo, algunas de cuyas preguntas al lector, nada retóricas, constituyen un enigma sin respuesta posible. "¿Para qué conservar libros que sabemos que nunca vamos a volver a leer, que probablemente nunca vamos a volver a necesitar?"(pag.43) o mencionar de pasada algo que compartimos los de su generación: "años de educación y respeto reverencial a la letra impresa han determinado la aparición de un gen que nos impide tirar libros, no digo ya romperlos o quemarlos", (pag.50) . Y acaba con un canto a lo imposible, a la quimera del lector incansable, destinado a ser derrotado: "La humanidad publica un nuevo titulo cada treinta segundos, ciento veinte a la hora, dos mil ochocientos al dia, ochenta y seis mil al mes. Luego un lector medio lee en toda su vida lo que el mercado editorial produce en menos de ocho horas" (pag.55). Dios mio, qué mareo...

 

 

 

 

 

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18 junio 2012 1 18 /06 /junio /2012 09:05

the-big-bang-pos-b

Película inclasificable que no he visto anunciada en ningún lado y que quizá pase a engrosar directamente las listas de alquiler y venta de DVD sin ser estrenada en los cines. La cosa va de un thriller con aspiraciones y presunciones científicas, con un improbable detective encarnado por Antonio Banderas que investiga la desaparición de una mujer, amada por un delincuente de poca monta pero enorme e intimidante aspecto físico, ex boxeador, sólo a través de una más que improbable correspondencia íntima con resabios poéticos que despiertan la inconcebible sensibilidad del matón.

Bueno, pues esa dama si que existe y se esconde ern un remoto lugar de  México. Es la esposa de un billonario texano que ha construido un acelerador de partículas secreto, ahí es nada, bajo la superficie de un pueblo olvidado en Nuevo México, habitado por guardias de seguridad "sijk" (porque son muy fieles y muy duros, dice el millonario). Se trata de ser el primero en ver "la partícula de Dios" haciendo que dos neutrinos choquen a la velocidad de la luz y de este choque nazca el momento justamente posterior al big bang, la explosión primordial que dio origen a nuestro universo. Con ello, el tipo renovaría la fisica cuántica. ¿Y...?

Como ven la historia no puede ser más inconcebible y sino fuera por el ambiente bizarro de colores fuertes y simples, al estilo Tarantino y los personajes que quieren parecerse a los de la novela negra tipo Spade o Hammer y se quedan en algo que roza el ridículo, pensariamos que se trata de una broma del grupo de amigos formado por el citado Tarantino, los hermanos Cohen y Tim Burton.

Banderas se pasa la pelicula poniendo cara de saber mucho y pasarlo bastante mal intentando parecerse a Bogart. La chica, Sienna Gillery, ha hecho un curso acelerado de mujer fatal, pero sería incapaz de imitar a ninguna de las memorables damas negras del cine clasico, tipo Lauren Bacall. Y el millonario, interpretado por Sam Elliot,  se interpreta a si mismo y parece seguir en el plató del "El gran Lebowsky". Ninguno, ni la suma con los demás, entre ellos el negrazo Leroy, el único que muestra un poco de contención e inteligencia, pueden sacar la cinta de su categoría de pesadilla de luces de neón. Y asi la trama cabalga incoherentemente hacia un final  absurdo, con cientifico autista y amenaza de destrucción planetaria incluidos. Dirige la cosa, Tony Grantz, un artesano que ha logrado colocar dos pelis en el mercado de DVD directamente y me temo que esta, con tan pretencioso y poco adecuado titulo, acabará en las mismas. Don Antonio, vigile más los guiones que acepta protagonizar.

 

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17 junio 2012 7 17 /06 /junio /2012 07:32

Sacame_del_paraiso-914660333-large.jpg

 

El director David Wain (que en 2008 realizó la película "Mal ejemplo", una cinta que no fue valorada justamente) nos ofrece una comedia con mensaje envenenado en un recipiente de risas y excesos cómicos. Las experiencias de un matrimonio joven y encantador, George (Paul Rudd) y Linda (Jennifer Aniston) desde su aparentemente enrollada vida con empleos y un "microloft" en el West Village neoyorquino, pasando por el fracaso laboral de ella y el despido de él, hasta caer en una comuna hippy de vida aparentemente idílica y desenfrenada sexualmente (no se asusten es una película más casta que obscena, excepto en el dialogo), es un vivero de gags divertidos y algo excesivos y de una crítica feroz envuelta en papelines de colores.

Quizá el problema de esta película sea su evidente vocación comercial. Desde la elección de los protagonistas o los secundarios, hasta las situaciones que crea el guión y el lenguaje que se emplea, con una contundencia que busca sin frenos la complicidad y la diversión del público, incluso recurriendo a la escatología, el ridículo y la verguenza ajena.

Pero a pesar de esta vestimenta exterior que recurre al humor como un carnicero recurre al hacha para desmembrar una pieza de carne, lo que se nos ofrece es un retrato duro y sin concesiones de la mezquindad, el egoísmo, la rijosidad, los engaños y las miserias de todos, porque no hay ni un solo personaje que se salve, incluso los menos dañinos rozan la estupidez o la simpleza más bobalicona. Eso si, todo rodado en clave de humor. Hay secuencias como el monólogo autoterapéutico de Paul Rudd ante el espejo para convencerse de que debe hacer el amor con una despampanante hippy rubia, que produce verguenza ajena (supongo que el actor lamentará haber rodado semejante estupidez bochornosa) o la descampada de los miembros nudistas del club de los aficionados al vino, que lleva al espectador a reflexiones serias sobre la vejez y el ridiculo. Estas escenas hacen de contrapeso a frases tan memorables como la de Rudd al despertarse con el escritor nudista junto a la cabecera de su cama y dice "en esta casa uno siempre acba por tener un pene delante de la cara". Obscenidades a gogó y un final tipo "todo es maravilloso" absolutamente artificial, hacen de esta película un producto contradictorio y dificil de catalogar.

Los secundarios hacen un trabajo formidable, desde el increible Justin Theroux, como el líder de la tribu, Karthryn Hahn, la hippy angelical, Joe lo Truglio (magnífico nudista) y un Alan Alda que parece lleva muy bien su vejez y mantiene la chispa y la ironía en su papel de anciano santón fundador de la comuna (es el que mas parece haberse divertido en esta película en la que todos, sin excepción, parecen haberlo pasado requetebien, pasados de vueltas).

Las secuencias de la comuna son las mas lisergicas, divertidas y excesivas, pero donde al director se le va la mano es en las que transcurren con el hermano de Rudd, su familia y su trabajo y mansión. Aquí ya se destapa un poco el humor malvado que ha caminado disfrazado durante todo el metraje de la cinta. En el descerebrado, mezquino, absurdo y cruel hermano ya no hay disfraz y es dificil reirse ya con estas escenas.

No es una pelicula más de Jennifer Aniston, edulcorada, semiprovocativa y en el fondo moderada y convencional...es una broma, a menudo de mal gusto, en la que se nos escapan algunas risas entre rachas de verguenza ajena y sorpresa ante el vitriolo critico que el director esparce aquí y allá. Y aun así, vale la pena verla.

 

 

 

 

 

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16 junio 2012 6 16 /06 /junio /2012 07:57

la-pesca-de-salmon-en-yemen-cartel-1.jpg

 Hay algo en esta película que no logra funcionar del todo bien. La idea inicial es magnífica y divertida, los intérpretes (Ewan McGregor, un poco fuera de lugar, y Emily Blunt, un poco excesiva, haciendo equipo con la mejor, Kristin Scott Thomas, divertidísima en su paródico rol de jefa de prensa del Ministerio británico de Asuntos Exteriores, aunque uno no acaba de verla en él, a no ser que ruede con estimulantes y a veces parece que así lo haga) se ajustan a sus irónicos papeles, el director sueco Lasse Halström sabe sin duda lo que se hace y filma con elegancia y un cierto alejamiento la historia de alta política internacional. Hay una sátira política inmersa en la trama, casi con la importancia humorística de la célebre "Noticia Bomba" de Amis padre, pero --y creo que aqui está el fallo-- Halstrom decide inclinar su atención (y la de la pelicula) hacia el romance entre los dos protagonistas, desperdiciando la jugosa carga satírica que podría haber hecho de "La pesca de salmón en Yemen" uno de esos filmes británicos de finísimo y demoledor humor.No ha sido así y no puedo juzgar por el libro en el que se basa el guión, escrito por Paul Torday, ya que hasta el momento no lo he leido. Cuando lo haga reformaré lo que haga falta de este reseña critica.

El asunto es encantadoramente provocativo: el jeque Mohamed ben Zaidi, un riquísimo líder político y religioso yemení, decide embalsar el agua de las montañas de su seco pais para crear un rio artificial y con él un corredor verde en el desierto para, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, que diría un clásico, usar ese neo-rio para cultivar su pasión deportiva: la pesca del salmón con mosca.

Para llevar a cabo ese faraónico y aparentemente descabellado proyecto el jeque (un místico Amr Waked, un poco estirado en su papel) cuenta con la ayuda de su agente financiera en Inglaterra, Harriet (Emily) y un funcionario del Fomento de la Piscicultura (Ewan). El Gobierno británico a través de la avispada y demoledora consejera del primer ministro (Kristin) se vuelca en apoyar el proyecto no sólo por los réditos económicos que dará a Gran  Bretaña sino por el hecho de que, al fin, un asunto entre arabes y británicos no tenga nada que ver con bombas y muertes (réditos políticos para la figura del primer ministro).

Una fotografía excelente, montaje adecuado, música magnífica y buenos intérpretes...si, pero no acaba de fiuncionar. A uno le sabe a poco el partido "político" que se le saca a la sorprendente puesta en imágenes de una idea no menos sorprendente. Ni siquiera el hecho de que los salmones, traidos en avión y depositados por gigantescos helicopteros militares en las aguas del embalse yemení, puedan o no remontar el río, logra interesar demasiado al guionista y con ello al espectador, ensarzado en la trama amorosa triangular entre Emily, Ewan y el novio recien estrenado de esta, un militar destinado a Afganistán que es dado por desaparecido y aparece al final. La subtrama política no logra perfilarse con habilidad y tanto las circunstancias internas politicas del Gobierno británico, como las actividades terroristas de la oposición yemení, no logran adquirir la importancia que deberían y acaban siendo anécdotas con cierto tufillo satírico no buscado y por tanto ridiculo.

Lo cierto es que uno no acaba de ver a Ewan como científico, no entiende demasiado el caos emocional de Emily, no entiende porqué se coge a una actriz dramática excelente, Scott Thomas, para un papel casi cómico. Y a ello se suma que uno no nota vibración amorosa alguna entre Ewan y Emily, por mucho que ambos se esfuerzan en mostrarla y seguir el guión. Y el jeque, pobre, parece incapaz de salir de la armadura tópica que le han puesto. Y no olvidemos a los actores que hacen de esposa de Ewan y de novio-amante de Emily: son auténticos convidados de piedra de una historia que se deshilvana como un frente de nubes bajo el sol. En suma, podía haber sido una buena película. 

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