Bellísima historia de amor entre un Romeo y una Julieta de dos mundos distintos, uno del "de abajo" y otra del "de arriba". Dos planetas unidos y brutalmente separados por gravedades opuestas, formando una dicotomía de mundos contrarios, rico y materialista el de ella, pobre y explotado el de él. Una fábula de ciencia ficción, maravillosamente creada por la magia de la técnica virtual cinematográfica que saca en esta cinta todo su esplendor y un sueño de posibilidades expresivas de una estética apabullante.
Pura poesía visual, a pesar de las lógicas limitaciones y excesos de un argumento previsible que se acomoda a la moraleja del cuento, de todos los cuentos de amor: la superación de barreras imposibles por la fuerza del amor. Juan Solanas es, para mi, el desconocido director (argentino) de esta pequeña joya, que lleva con buen pulso la dramática historia de amor entre Don Sturgess y Kristen Dunst, las peripecias de una relación revolucionaria que atenta contra la férrea división de dos mundos. Romeo y Julieta llevados a un escenario de sueño y de pesadilla al mismo tiempo. Coproducción franco-canadiense con dos buenos actores y un argumento ingenuo y algo enrevesado que va desarrollándose con un ritmo excelente manteniendo el interés del espectador, clavado ante una pantalla de imágenes mágicas, oníricas, con momentos de cierto exceso. Una apuesta arriesgada que se resuelve de una forma tramposilla en busca de un final feliz que ya cae en lo estrafalario. Los dos mundos, el explotador y el explotado están unidos por una inmensa torre corporativa (una solución semejante a la de la nueva versión de "Desafío total") y sólo hay una substancia que soporta y vence la oposición esencial de las dos gravedades opuestas: el polen de unas abejas que polinizan las flores de los dos mundos. Eso da al director el elemento que faltaba para producir la ruptura de la situación y permitir el desarrollo argumental.
El problema es que se trata de un filme independiente, alejado de las "majors" de la industria del cine, por lo que es posible que se convierta en una de esas películas de culto (sin llegar a ser una gran película) sólo por su previsible condición de película "maldita". Persíganla en los dvdclubs en cuanto tengan noticia de su presencia en el mercado. Estén atentos a la presencia y actuación del gran Timothy Spall, ese actor secundario cuyo difícil físico le convierte en un actor generalmente desaprovechado pero magnífico en todas sus apariciones. Disfruten con ella, con sus momentos mágicos y sus imágenes increíbles. Incluso perdonen los fallos de guión y la precipitada busca del final feliz. La verdad es que merece la pena.
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