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17 mayo 2012 4 17 /05 /mayo /2012 07:18

excursiones-2953.JPGMañana sosegada en la montaña. Subo a las Rocas de Benet, el soberbio macizo de conglomerado rojo, con paredes verticales de 300 m, aves rapaces surcando sus cielos como pequeños navíos dorados y negros, lentos, majestuosos. Desde la carretera que une Horta de San Juan con las primeras tierras de Aragón, el viajero las tiene a su izquierda, como una inmensa nave de piedra varada en el comienzo de los Puertos, una especie de enorme caja de angulos redondeados y precipicios que parecen cortados con el hacha de un gigante, una fortaleza natural aparentemente inexpugnable. La via de acceso es una torrentera en elevado ángulo de desnivel, una hendidura angosta entre dos roquedales, un corte de garganta, llena de vegetación, con un suelo desgastado de grandes pedruscos y gravilla resbaladiza entre árboies torturados y matorrales espinosos. Se requiere mucha atención en la subida y redoblada prudencia en la bajada. El premio es una gran planicie engastada entre los picos de cada una de las gigantescas torres de este castillo de piedra y vegetación, rodeada por todos lados por caidas de más de doscientos metros y un panorama a vista de pájaro de la planicie del Matarraña extendiéndose hacia el azul, los cercanos puertos que separan la zona del mar, donde a la altura de Alfara de Carles o Pauls hoy parecía extenderse un fuego forestal de considerables dimensiones. Esa es la maldición de las Tierras del Ebro y el Matarraña. raro es el año en que no hay que lamentar varios incendios.

Pero volvamos a la planicie de la cima de las Rocas de Benet. Habitualmente es fácil encontrar rebaños de cabras salvajes, compitiendo con las rapaces en el dominio del lugar, casi siempre sin presencia humana y profundamente silencioso. En esta ocasión, sin embargo, no veía ninguna. Durante un rato, apostado sobre unos relieves rocosos al sol, sacudido por un viento frío que barría las cimas de las peladas rocas, dediqué varios minutos a la silenciosa contemplación del paisaje, sin pensamientos, sin la cháchara mental que nos suele acompañar, relajado y feliz. De pronto, frente a mí, entre unos arbustos, muy lentamente, apareció una cabra  muy joven, casi una cria. Miró en mi dirección sin alarma alguna. Yo extremé mi quietud. La cabra me miró intensamente con sus grandes ojos atónitos. Después giró la cabeza como si hubiera perdido todo interés por mí. Se dio la vuelta y siguió su paseo mordisqueando las hierbas que alfombran el suelo o algunos arbustos tiernos.

excursiones-2968.JPGLa contemplé hasta que desapareció de mi vista. Me había llegado su fuerte olor, por lo que dada la dirección del viento, seguramente ella no me había olfateado.Tras unos minutos de silenciosa oración de amor a la Naturaleza, me levanté para iniciar la bajada. De pronto  de una balma o covacha bajo un reborde de roca, la cabra apareció subitamente. Nos miramos unos segundos. Ella dio un espectadular salto lateral y desapareció en un quiebro hacia lo más alto. Iba a comenzar una divertida experiencia entre la pequeña cabra y el humano: el animal parecía seguirme, como si jugara al gato y al ratón, al escondite, a ver si te pillo, me adelantaba dando saltos increíbles junto al abismo, desaparecía entre unos arbustos, mostraba la cabeza triangular junto a un recodo o insinuaba su cuerpo entre los arbustos salteados por el peligroso pedregal del descenso: los casi treinta minutos que dura la lenta y trabajosa bajada, el animal me acompañó desde las cortadas laterales. Cuando llegué al fondo de la garganta, donde sigue el sendero que lleva hasta la pista de subida, la cabra apareció sobre mí, en un picacho puntiagudo sin vias de acceso visibles. Asomó la cabeza y me miro largamente. Allí estuve un par de minutos, con la cara alzada hacia la roca, mirándonos. Luego, de im- proviso, desapareció y ya no la ví mas. Bajé hasta la pista donde estacioné el coche. El todoterreno de los forestales se detuvo para saludarme. "¿Qué tal allá arriba?", me preguntaron. "De fábula", dije. "Un poco solitario, ¿no?". Contesté: "He venido varias veces y nunca me he encontrado a nadie...excepto cabras y buitres" Los forestales añadieron: "Hoy desde luego, está más solitario que de costumbre. No nos hemos cruzado con coches en toda la mañana." Me despedí: "Yo he tenido mas suerte, he estado jugando al escondite con una cabra muy joven".

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16 mayo 2012 3 16 /05 /mayo /2012 07:05

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Sandor Márai (su verdadero apellido es Grosschmied) escritor húngaro de entreguerras, nació en 1900 y huyó de su país a Norteamerica en 1947, al ver las dificultades para escribir y trabajar que conllevaba el régimen comunista. Viejo y cansado, después de escribir un diario espeluznante sobre sus últimos días (“Diarios, 1984-1989″) se suicidó en San Diego, California, muy poco antes del derrumbe del imperio soviético que le hubiera abierto las puertas para volver a su tierra, y acaso asistir al renacimiento de su gran literatura. Mantiene en su obra una visión desencantada pero lúcida y elegante de la vida y la sociedad, la politica y la historia de su tiempo. Prohibida su obra por el régimen comunista (no llegó a vivir, por unos meses, la caida del muro de Berlín que seguramente le hubiera confortado) cayó en un largo periodo de olvido. Editado en España en los 50 y 60 por Destino, no alcanzó un éxito profundo y persistente de autor de culto, hasta la publicación por Salamandra de "El último encuentro" en 1999.

Desde el momento de su aparición en el mercado literario español, empezamos a ser legión los que descubrimos a un autor con la fuerza, el saber, la convicción y la potencia narrativa de un Thomas Mann o un Stefan Zweig por citar dos de los autores contemporáneos suyos con los que fue comparado (con el segundo comparte la depresión de raiz politica y humana que llevó a ambos al suicidio)

Después de su aparición en 1999, la editorial "Salamandra" ha publicado el resto de su obra, "La herencia de Eszter", "Divorcio en Buda", "La amante de Bolzano", "La mujer justa", "La hermana", "Las "Confesiones de un burgués" o los patéticos y duros "Diarios 1984-1989", entre otras. La publicación de "Liberación" ha alertado de inmediato a los admiradores de este escritor excepcional. Y no defrauda.

"Liberación" fue escrita entre julio y setiembre de 1945 poco después de la ocupación nazi de Budapest, cuando la Gestapo y los fascistas de la Cruz Flechada húngara, persiguen a cualquier simpatizante con otras ideas más liberales que las que convenían al régimen de encefalograma plano de nazis y adláteres. Unos dias antes de la Navidad de 1944, la joven Erzsébet trata de buscar un refugio para su padre, un destacado intelectual perseguido por la Gestapo y otro para ella misma, entre bombardeos, miserias de supervivencia y razzias de la siniestra policia politica hungara. Encuentra un misero refugio en los sotanos de un vecino bloque de viviendas, hacinada con otros ciudadanos hungaros, mientras el Ejército Rojo asedia la ciudad y comienza a ganarla calle a calle.

Esa espera angustiosa y llena de privaciones de la "liberación" --que todos aspiran a que los rusos traigan-- va perfilando la novela, que se concentra en la descripción dura y nada complaciente de los comportamientos humanos en situaciones de privación y peligro...hasta que en la madrugada del 19 de enero, el primer soldado ruso aparece a las puertas del refugio y se desencadena un angustioso relato íntimo en el que la joven comprueba cómo el escenario deseado e imahginado dista mucho de parecerse al real. Pero la prueba será superada y asumida. La chica está dispuesta a sobrevivir, a luchar por un mundo mejor, aunque no tenga nada que ver con lo que el presuntamente traerían los soviéticos.

La conclusión, realista, desencantada pero esperanzada, brutal pero renovadora, aunque duramente irónica queda reflejada en las últimas palabras de la muchacha con la que acaba la novela: "Bueno , parece que al fin soy libre". Esas palabras son musitadas por la joven ante el cadáver del hombre que la ha violado, el representante primero de ese ejército ruso que habría de traer la justicia y la paz. La escena de la violación resulta una de las descripciones sobre ese tipo de salvajada realizada con más eficacia dramática, menos sentimentalismo y más naturalidad, delicadeza  y maestría a la que me he enfrentado en mi larga vida de lector.

Esta excelente novela de Márai, ha tardado 67 años en publicarse (en otros paises europeos se publicó el año 2000, centenario del nacimiento del autor), ¿por qué? Lo ignoro. Hay autores de gran calidad que tienen una especie de mal fario editor. Y Márai es uno de ellos. La novela tiene páginas descriptivas que parecen reportajes periodisticos (él era un gran periodista) y recuerdan al soberbio Ivo Andric o al Vasili Grossman de "Vida y Destino", pero también muestran que la devastación moral de la guerra no era sólo de una de las partes, la nazi, sino que concierne a todos los implicados, desde los soviéticos a los propios húngaros, incluyendo los perseguidos. Y eso puede ser una razón que justifica el silencio impuesto a Márai. Ni vencedores ni vencidos llevaban la bandera de la paz y la justicia. Eran los mismos perros con diferentes collares. Y esa es una visión que no agrada a los vencedores.

Al contrario que los escritores antes citados, Márai no se empecina en describirnos la situación militar, sino que se concentra en la vida, las rutinas miserables, privaciones, penurias y temores, en el hacinamiento del refugio, en las acttitudes de los refugiados, tan acobardados ante las arbitrariedades de sus autoridades y de los nazis como confuamente desesperados ante la posibilidad de que las cosas con los rusos no mejoren. Algo que la historia se encargaría de mostrar como inevitable, hermanando a todas las dictaduras con el mismo rasero de horror, destrucción, ignominia y crueldad.

FICHA DEL LIBRO: "Liberación".- Sándor Márai.Ediciones Salamandra.Traducción:Mária Szijj.Núm. páginas:160

 

  

 

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15 mayo 2012 2 15 /05 /mayo /2012 07:59

excursiones-0945.JPGHe aquí una propuesta de delicioso paseo por los alrededores del rio Tastavins. Salida desde la famosa ermita de la Virgen de la Fuente, río arriba por un sendero de poca inclinación entre bosques, llegada al pueblo tras unas dos horas de caminar, subida a las últimas casas del arracimado Peñarroya hasta encontrar el camino que lleva a las rocas de Masmut, casi una hora más por pista ascendente. Una vez frente a los rojizos cortados graníticos, subida a la cima --con unas pequeñas grimpadas sin mucho riesgo-- y regreso directamente a la ermita y santuario. En total unas seis horas sin contar paradas.

Salimos desde ldetrás de la ermita de Abajo (que merece una detenida visita como comentamos  un poco más abajo) dejando a una media hora de carretera arriba el caserío blanco de Peñarroya de Tastavins, arracimado sobre las laderas del Cerro de la Moleta. El sendero está marcado como GR (es el 8) en su comienzo, justo detrás de los edificios de la Hospedería . Cruzamos el rio y dejamos atras el recodo del puente viejo siguiendo un sendero estrecho que sube un poco para convertirse en una senda ancha, a veces pista, que va siguiendo el camino paralelo del cauce del río (en esta ocasión con poca agua, aunque en otros tiempos habia llegado a arrasar la antigua ermita, obligando a construir una nueva con grandes muros de piedra de contención).

Entramos y salimos de bosques, espacios de cultivos, ruinas de masías abandonadas, arboles frutales, pinos, carrascas, encinas, chopos. El sendero está bien marcado. Pasamos por el Moli Nou, un conjunto de casitas remozadas para turismo rural, ocupando la orilla izquierda del rio y hay que estar atento pues junto a unos grandes campos de cultivo y una explotación ganadera el sendero se bifurca, el GR8 sigue a la izquierda y el PR que debe llevarnos de nuevo al pueblo, tras dar un amplio círculo, se encamina hacia la derecha bordeando los grandes pastos y alguna construcción de adobe y piedra para guardar trastos de faenar. El sendero sigue rio arriba, acompañando el cauce, dejando a un lado muchos campos de cultivo. Encontramos un estrechamiento del cauce que se incrusta entre paredes graníticas de conglomerado gris, formando una especie de cañón de piedra con aguas  de color esmeralda  en donde se abren pequeñas pozas de poca profundidad. Al otro lado del rio van apareciendo viejas masías abandonadas, algunas incluso amuralladas, que dan un aspecto fantasmal a la zona. Cuando se camina junto a las gargantas pétreas que ha excavado el rio, es posible ver las laboriosas conducciones de agua que los antiguos pobladores han excavado y enmurado a cierta altura sobre la roca.

Chopos, encinas, sauces, van acompañando al caminante, que cambia de dirección tras pasar junto a un gran poblado de casas diseminadas, al fondo, en la oltra orilla del rio. Volvemos hacia el noroeste (donde intuimos que se encuentra Peñarroya) y avanzamos bajo bosque y sendero pedregoso con subidas y bajadas leves, hasta llegar a una gran explotación ganadera vallada con alambre de espino, que nos lleva tras una subida no muy acusada hasta la carretera  secundaria que une Peñarroya con  la carretera nacional a Fuentespalda y una pista al Pantano de Pena, por los Sucarrades y el Coll de Andreu, encima del rio de los Prados que hemos estado siguiendo. A la derecha, siguiendo la carretera, vemos nuevamente el pueblo de Peñarroya. Hemos de estar atentos pues el sendero, señales blancas y amarillas, cruza la carretera y se adentra por los campos de cultivo hacia la izquierda junto a una explotación ganadera y una granja porcina. El sendero nos lleva ahora hacia la espalda del pueblo, al que entramos por el Roquedal, frente al espacio abierto entre las rocas del fondo donde estaba el puente romano desaparecido, el "Pont chafat". Aqui podemos seguir la senda hasta el pueblo y alli la primera calle de subida hacia la pista de Masmut o subir directamente hasta la balsa de San Miguel, que está en el inicio de la pista que lleva a las grandes paredes de conglomerado rojizo. Una vez que llega la pista a las primeras paredes verticales del macizo, hay una confluencia de sendas y caminos. Un sendero de bajada dejando las rocas a la izquierda, por entre el bosque de encinas y pinares, una pista a la derecha que asciende hacia el mirador y un camino estrecho medio borrado a la izquierda del sendero que sube empinadamente hacia un lateral de las Rocas. Ese es el que hemos de subir. Al llegar a la base de las primeras rocas que forman parte del macizo, la subida se inicia de inmediato con una suave grimpada hacia la derecha, con algunos pasos aéreos. Hay que seguir las señales azules, que nos llevarán tras algunos momentos en que hay que usar manos y pies sobre las rocas, a la cima. Dado que ya hemos hablado en otra ocasión de las Masmut, comenzamos el regreso.

Salimos por la pista hacia el pueblo. Conviene una larga paseada por las calles estrechas y empinadas. Atención a algunos bellos edificios medievales o renacentistas, a la Iglesia de Santa Maria la Mayor (Monumento histórico-artístico desde 1984) y reponer fuerzas en, por ejemplo, el Hotel Tastavins, con un buen servicio de restaurante. Despues solo queda bajar dando un paseo hasta el Santuario (hay un senderito algo perdedor que lleva desde la explotación de los Jamones hasta detras del santuario, justo al comienzo de nuestra excursión, pero se pueden ahorrar, por una vez, el sendero y seguir tranquilamente la carretera.

 

 

 

ACCESOS Y DOCUMENTACION

 

Los mapas del Servicio Topohgrafico Nacional, 520, de Peñarroya de Tastavins, amén de los libros "Lo Port" de Joan J. Tirón y, Las "Rutas por el Matarraña y los Puertos" editado por Prames y el Gobierno de Aragón  y algun ejemplar para el recuerdo de cualquier de los muchos libros editados sobre las Rocas de Masmut (una maravilla tambien desde el punto de vista fotográfico),  justifican una visita a la librería de Octavi Serret en Valderobres, aunque por supuesto también suelen encontrarse en otras librerías especializadas

 

LA VIRGEN DE LA FUENTE, PATRIMONIO MUNDIAL

 

Solo por visitar este antiguo Santuario, declarado Patrimonio Mundial del Arte mudéjar aragonés en 2001, la excursión ya vale la pena, imagínense si sumamos los encantos deportivos y paisajísticos. El Santuario está formado por un coinjunto de edificios, unidos entre sí por escalinatas y paseos. Hay dos ermitas (la de Arriba y la de Abajo, no denotan mucha imaginación los que les pusieron los nombres) mas una hospedería (hoy en funcionamiento otra vez), la oficina de Turismo y el Centro de Interpretación del Porcino (una de las riquezas de la zona: reputados jamones con denominacion de origen). La ermita de Arriba tiene un estilo gótico-mudejar, es de finales del siglo XIV y tiene una techumbre del mudejar aragonés decorada con pinturas y motivos geometricos y naturales que causa verdadero asombro. La de Abajo es del siglo XVII (1638) con dos portales en los que campan las fechas 1658 y 1783. De 1341 data la Cofradía , cuyo primer cofrade fue el rey Pedro IV. La Virgen de la Fuente (ésta, muy hermosa, con quince caños) es una más de que gozan de una leyenda de itinerancia. Fue descubierta por el consabido pastor junto a la fuente en el siglo XIII, llevada al cercano pueblo y milagrosamente perdida y vuelta a encontrar en la misma  fuente. Una y otra vez. Hasta que se decidió construir la primera ermita en la zona. Cosas.

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14 mayo 2012 1 14 /05 /mayo /2012 07:35

sombras-tenebrosas-cartel.jpg

 

 Seguramente el director Tim Burton está envejeciendo mal.  Esta historia,"Sombras tenebrosas", basada en una serie de televisión de los años 60, realizada con el típico uso y disfrute de la perfecta dimensión técnica de las películas de Burton, es decir, música, montaje, efectos especiales, intérpretes, diseño de producción, todos ellos modélicos, rozando la excelencia en cada plano...no logra que el espectador supere sin impaciencia las dos horas largas de proyección, en las que todo tiene un cansino aire de "dejà vu", algo visto y paladeado en otras ocasiones, con o sin Burton.

Incluso los aficionados al cine que hemos vibrado con muchas películas del desmelenado Tim, en ésta su última producción sólo hemos gustado aquí y allá de algunos momentos  y detalles muy en la linea barroca y oscura, irónicamente siniestra y bastante gamberra y visionaria del realizador, pero sin llegar en ningun momento a deslumbrarnos o simplemente a apelar a nuestra complicidad de cinéfilos, hijos de aquellas peliculas de la serie B de la Universal, todo el gótico horror, sin maldad o retorcimiento ético, de los monstruos entrañables que conformaron nuestra adolescencia, prontamente horrorizada ante otros monstruos bien reales que viven y medran entre nosotros y que se realizan entre Hiroshimas y crisis financieras que empobrecen a naciones enteras.

Pero Tim Burton aun juega en la división de honor de los de antes y la historia que nos cuenta, la del vampiro Barnabás Collins (Johnny Depp, menos histriónico de lo habitual, pero siempre dentro de las caricaturas deliciosas que pergeña para su amigo Burton) y los habitantes de la tétrica mansión Collinwood (una delicia para los amantes de las mansiones tenebrosas)  nos divierte hasta cierto punto, nos atrae un poco menos, nos fascina poquísimo y acaba           haciéndonos mover la cabeza con cierto pesar para murmurar: no es esto, no es esto. Lo intentas, amigo Burton, pero parece que no lo haces con la debida energía (o sabiduría).

Se saca partido de un elenco excelente, desde la recuperada Michele Pfeiffer (lejos de la juguetona y letal Cat Woman del magnifico "Batman" de este director), Jackie Earle Haley, Helena Bonham Carter, menos truculenta que de costumbre en las peliculas de su marido, la chica Bond, Eva Green, que está muy convincente como la malvada bruja (la secuencia del acto amoroso entre Depp y ella, con grandes destrozos incluidos, resulta divertida) o Clöe Grace Moretz, con un sorprendente papel doble de adolescente pasada de vueltas y de... ya lo verán, sorpresa, hacen su cometido con bastante acierto. Quizá Bella Heathcote, como la angelical y oscura institutriz Victoria, no logra dar el tono preciso a su complejo papel, aunque quizá por eso mismo se perfile paradójicamente como el reflejo del defecto principal de esta película: falta de nervio y convicción. Todo está narrado con una cierta desgana, con alejamiento y frialdad.

Uno echa de menos la poesía implícita e imaginativa en "Big Fish", el gamberrismo crítico y demoledor de "Mars attack", el humor surrealista y transgresor de "Bitelchus", la siniestra eficacia de "Eduardo Manostijeras", patrón de los "freakes", la sentimental  y magistral "Ed Woods" donde Burton nos desnudó su alma de cinéfilo, su carácter de "raro" ya entonces en sintonía con su actor fetiche Johnny Depp, al que en "Sleepy Hollow" logró convertir en un paradigma del oscuro y entrañable héroe burtoniano, superando entre épicas difitcultades el atroz oscurantismo de la magia y el horror humano y sobrenatural, cosa que repetiría desde otro orden con su "Barbero diabólico  de Fleet Street".

Los forofos del universo Burton, tan diferente, inusual, distinto, encerrado en sí mismo, no acabarían de degustar las rarezas de su "Alicia", en el que pondria a prueba sin mucho éxito su fórmula de buscar siempre un equilibrio entre el horror y el humor, ni mucho menos las de "Charlie y la fábrica de chocolate".

En resumen: Tim Burton no ha logrado sacudirse  en "Sombras tenebrosas" el halo de escasa energía y poca convicción de sus últimas películas, en las que repite los excesos, marca de la casa. Pero aun acentuando las dosis de horror y de humor, no logra una dinámica que nos haga salir de la proyección con secuencias y personajes que se nos queden dentro. La última película de Burton que lo logró, en mi mente cinéfila personal, fue en "Big Fish" o en su sentida biografía del director mítico "Ed Woods", brillante retrato de un director medio sonado con sus películas artesanas de nulo presupuesto y su desverguenza supina, en el tiempo heroico del cine.

El universo personal de Tim, con todas sus carencias, problemas, sentimientos y emociones, ese niño grande que se sentía infeliz y raro, puede obtener ricas proyecciones artisticas, pero quizá es hora que Burton madure y supere, dandole otra forma, a su personal mundo del dislate y el asombro.

 

 

 

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12 mayo 2012 6 12 /05 /mayo /2012 07:36

Agost_639x756.jpg

  Imagínense que el Diablo Cojuelo de Quevedo, experto en fisgonear en las casas por el método de levantar el tejado y mirar dentro, le da por montarse un escenario semejante en una casa del profundo oeste norteamericano, mostrándonos la interacción áspera y a veces violenta de los miembros de una familia típica y tópica de la clase media, un padre desaparecido a la buena de Dios, una madre permanentemente drogada por pastillas a fin de aliviar el dolor que le  produce un cáncer de boca, tres hijas más o menos a la deriva de sus fracasos sentimentales, la hija adolescente de una de ellas, la hermana cotilla de la dueña de la casa y su marido, el hijo de ambos y el amante de otra de las hermanas, un tipo impresentable y chulesco.Se abre el telón y se nos presenta una casona, un hombre que filosofa en una hamaca al calor de agosto y al calor de un continuo ingerir de whisky. Una chica, de raza india, cheyenne, viene a emplearse como sirvienta y cuidadora de la esposa del hombre, enferma de cáncer.Tras un largo monólogo del hombre, este hace mutis y la chica entra en la casa, todo el armazón se desplaza por el escenario y el espectador tiene frente a sí la casa completa de tres niveles, como si la pared que la protege de nuestra mirada fuera de cristal o de aire. Comienza la acción...

Hay libros, muchos, en uno de los extremos, el hombre desaparecido es profesor universitario, hay el continuo tintineo de las pastillas que la dama trasiega sin cesar, cigarrillo tras cigarrillo, y hay una mesa de salón donde cenan cada noche, de verdad, once personas, en el segundo acto. Da igual que vea usted esta obra en Chicago, en Buenos Aires, en Paris o en Barcelona. Sólo cambia el idioma. Todo lo demás es semejante. Tres actos para una representación que abunda en momentos jocosos, la mayoría discutiblemente jocosos, en gritos, chillidos, denuestos, insultos, algo de música y una trama que circula por el abuso de drogas, el alcoholismo, la pedofilia, los enfrentamientos generacionales, el racismo, el incesto, la infidelidad, el suicidio y hasta el amor. Se estrenó el 28 de junio de 2007 en Chicago, seis meses mas tarde en Broadway con un éxito de año y medio en cartel. Ha obtenido el Pulitzer y otros siete premios en 2008. Su autor, Tracy Letts, actor y escritor, nacido en Tulsa, Oklahoma, (lugar donde acontece la acción de "Agost, osage County"), ha barajado con pericia componentes dramáticos y cómicos de la tradición teatral americana y europea, desde Eugene O' Neill y Miller por un lado, hasta Wilde (sin su elegancia) y De Filippo, pero sobre todo Tennessee Williams. Se nota también la huella perfeccionista de la Steppenwolf Theatre Company de Chicago. Esta compañía de Illinois, fundada en 1974, es hoy un grupo estable de 41 miembros, al que Tracy Letts pertenece como actor y dramaturgo. 

Hay una energía incesante en la acción y la obra resulta un desafío para los actores, que se ven obligados a hacer excesos de voz y gestos en los que suelen caminar en la cuerda floja entre el patetismo y el ridículo (cosa que provoca no pocas risas equivocadas e innecesarias entre el público). Uno no ve que sea cosa de mucha risa el farfullar dolorido de una enferma de cáncer de boca o la estúpida charlatanería de una adolescente. Lo asombroso de esta situación elevada al máximo desde el segundo acto es que acabamos aceptando esa dureza expositiva, esos gritos y nos parezca impostado y falso lo más auténticamente humano de la obra, las intervenciones y la persona de la india, la joven "nativa americana". Paradojas del exceso.

Desde los gritos de Violeta, la esposa del desaparecido profesor (se ha suicidado y se sabe muy pronto) delirante y excesiva, llena de dolor y rabia, hasta sus hijas o su nieta, esta es una obra de mujeres. Los hombres son meros comparsas que acompañan y provocan la acción de las mujeres, su rechazo o su amor.

Bajo la asfixiante atmósfera de la cerrada casona en pleno agosto, en las calcinadas llanuras de Oklahoma, se desarrollan los sentimientos de los personajes con unos diálogos incisivos, ingeniosos, duros y cortantes como navajas de afeitar. El desmoronamiento de la familia --y añadidos-- es atroz. La tragica desaparición del padre no es más que una excusa que lleva a la luz el desconcierto de todos y cada uno, en la que surgen las dos líderes familiares, Violet como reina destronada (una Anna Lizarán, gran trágica de la escena catalana, en pleno y a veces excesivo disfrute de su poder como actriz de carácter) y su hija Bárbara (Emma Vilarasau) que acaba el segundo acto con un desafiante "¿Aún no te has enterado? Yo soy ahora la que manda aquí".

Dicen que es la primera gran obra americana del siglo XXI (la manía de los norteamericanos por lo grande llega a sonar a guasa metafísica), yo no sé, pero si creo que es la consecuencia lógica --no muy distinta moralmente-- de obras como "Quién teme a Virginia Woolf" o "Un delicado equilibrio", que ya les comenté en su día. No hay nada excesivamente nuevo en "Agosto" como imagen de la decadencia ética de una familia norteamericana, impulsada por una manera de vivir y unos valores, o sus ausencias, que quedan muy lejos de los que se presentaban, por ejemplo, en "La muerte de un viajante", de Miller.

La obra, con una Sala Gran del TNC repleta de un público entregado y a veces inoportuno, ha sido dirigida por Sergi Belbel, el que fue "enfant terrible" de la escena catalana, y sostiene la fuerza de la historia con las contundentes interpretaciones --y sobreactuaciones--de dos mujeres, ya citadas, Lizarán y Vilarasau. Abel Folk, Rosa Renom, Clara de Ramon (necesita un hervor de saber estar en un escenario), Karen Westen, Manuel Veiga (un cheriff flojito) Almudena Lomba (la india), Maife Gil, la dicharachera metomentodo, Frances Luchetti como muy acertado cuñado de Violet y Charlie Aiken, que borda su monólogo del principio de la obra, sin olvidar a los dos añadidos varones, Albert Triola, el hijo desquiciado lleno de complejos y Oscar Molina, que hace odioso a su personaje, como era de esperar.

De todas formas hay que conceder a "Agost" un mérito, aquí y ahora, es una pieza de peso en un acontecer teatral lleno de materiales livianos, casi volanderos (sin contar, claro está, con los clásicos, siempre resultones). Y un defecto: falta una más habil dirección de actores que limite un poco el histrionismo de la mayoría de los actores. ¿O es un defecto de la escena catalana? Pero no, hemos visto este año obras donde tal histrionismo no existía y la obra resultaba. "Se de un lugar", "Els dolents", "El tipo de la tumba de al lado", meros juguetes escénicos si queréis, pero interpretaciones ajustadas a la naturalidad y la fuerza de los personajes y la trama. En fin...

 

 

   

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11 mayo 2012 5 11 /05 /mayo /2012 14:04

He aprovechado una visita corta a mi pueblo, la Torre del Compte, a pocos kilómetros de los Puertos de Beceite, que forman un "skyline" soberbio, moles dentadas recortadas en azul cobalto contra el cielo mediterráneo del Matarraña, para subir a Peña Galera. La mañana primaveral, con ese olor fresco a Naturaleza recién nacida que tienen las primeras horas de sol en tierras de solano, destacaba los perfiles de los picos y las tortuosas gargantas como si Gustavo Doré hubiese pintado todo durante la noche anterior (siempre he sostenido que por las solitarias cumbres, valles escondidos, bosques y rios de los Puertos de Beceite se podría rodar con propiedad una nueva versión del "Manuscrito encontrado en Zaragoza" o de las escenas de Don Quijote haciendo penitencias amorosas en Sierra Morena).

Realmente las soledades y la austera belleza dura y montaraz de la Peña Galera me han reconfortado, como sólo suele hacerlo la montaña para los que hemos nacido y vivido con su presencia o su nostalgia. Es, sin duda, una psicoterapia activa de gran eficacia para la mayoría de las personas. Con una condición expresa, que he desatendido --menudo psicoterapeuta soy-- y así me ha ido. Los largos paseos, con alguna que otra subida y correspondientes bajadas, por lugares de montaña tienen un largo prestigio terapéutico en la historia de la medicina (y de la literatura, ¿recuerdan "La montaña mágica" del genio de Lübeck, Thomas Mann?). Pero siempre con una advertencia que dicta el sentido común: nada de pasos difíciles, excesos físicos o terrenos peligrosos. En esos casos, aun siendo un montañero experto o experimentado, es bastante posible que uno tenga un percance. El que me ha correspondido, por no saber aplicarme lo que pregono y aconsejo, ha sido afortunadamente leve, unas raspadas aparatosas en el brazo y el codo. Y el susto. Uno no puede bajar una montaña por una "dresera" inventada, con la mente repartida entre el paisaje, el bienestar fisico, la bajada sobre terreno resbaladizo y rocas poco fiables y las cuestiones personales que ocupen su mente. ASÍ QUE, OJO AL DATO: vale la pena salir a caminar para tranquilizar el ánimo y ordenar las ideas o mejor aún para olvidarlas momentáneamente. Pero ¡no intente hacer una carrera de montaña o una subida a un pico! Y eso, ni aunque tenga treinta años...imagínese con el doble...

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10 mayo 2012 4 10 /05 /mayo /2012 07:15

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He aquí un libro para biblioerotómanos. Dícese de personas que aman los libros, los leen, los guardan y atesoran, los coleccionan, sienten extrañas afinidades con ellos, los convierten en objetos eróticos o se erotizan con su lectura o su posesión, los que rozan la psicopatología benigna del lector compulsivo, pero que no los suelen robar (bibliocleptomanía), no matan a nadie por ellos, no se los comen (bibliofagia), no sienten horror por el exceso, no son víctimas de la biblioclastia (irrefrenable pulsión de destruirlos en autos de fe o por insanía mental, a la manera nazi) y no padecen esa detestable pero generalizada manía de no devolver los libros que nos han prestado los amigos (conozco algún miserable carota que se jacta de tener una surtida biblioteca con "donaciones" involuntarias de amigos y conocidos)

 

 Jacques Bonnet es uj escritor y traductor que ha pasado, como él mismo confiesa, toda su vida enfrascado en los libros, las bibliotecas y toda esa sintomatología gozosa que configura a un lletraferit. En su ensayo Bibliotecas llenas de fantasmas (Anagrama), juega con el doble sentido de la palabra. En francés los fantasmas de biblioteca son las cartulinas que se ponen con los datos del libro, en lugar del libro --que se ha prestado, por ejemplo-- en el correspondiente anaquel de la estantería. Esos huecos que indican la presencia fantasmal del libro con su ausencia.  Pero aun analizando la casuística que rodea a la desaparición de volúmenes, ya sea por préstamo, robo o destrucción, Bonnet se ocupa también de la cuestión contraria: cómo llegan los libros a nuestro poder, como se agrupan muchas veces por extrañas afinidades, cuáles son las circunstancias que los ha llevado a nuestra biblioteca..

El libro que les comentamos es una atractiva cita de amigos para el lector aficionado. Incluso se nos habla de los libros electrónicos y el extraño tiempo de mudanza que se avecina. O no. La lectura tiene una justificación muy por encima de las modas que la facilitan. Bonnet crea una agradable complicidad con los lectores que poseen muchos libros, con los amantes de las bibliotecas, con los que pierden la cuenta de los libros que tienen y aun asi siguen cayendo dia a dia en la tentación de adquirir más. Y por eso las célebres preguntas que todos hemos sufrido, después de los consabidos "Oooh" y la mirada bovina dirigida a los atestados anaqueles, ¿cuántos tienes?, ¿los has leidos todos? ¿como encuentras un titulo determinado entre tantos? ,¿los tienes ordenados de alguna  manera? ¿Cómo? ¿Por fechas de publicación, por géneros, por autores, en orden alfabético, por tamaño, por afinidades de tiempo, tema, escuela, siglo?¿no te agobian tantos libros? ¿cómo sabes a simple vista los que has leido y los que no? ¿te acuerdas de todos? Y así "ad nauseam".

 Uno siempre regresa al "Laberinto" de Borges, a las bibliotecas míticas, a los autores endemoniados por los libros, al "Auto de fe" de Canetti, a las perversas bibliotecas de los Mitos de Culthu, al aposento fantasmal de Don Quijote tapiado por un muro de mampostería por el Cura, la Sobrina y el Barbero, a la de la "Casa de los Libros" del autor uruguayo Carlos María Dominguez, a las maravillas ordenadas de Vargas Llosa, a todos esos laberintos personales donde la personalidad del bibliómano va reflejándose  en la estructura de su biblioteca que siempre acaba ocupando la casa a la manera de Cortázar.

Por ello uno simpatiza con Bonnet y acaba entendiendo la frase de Charles Nodier: "Despues del placer de poseer los libros pocas cosas hay mas dulces  que hablar de ellos ". O la frase antológica de Borges: "La lectura de un libro de Cervantes,  Flaubert, Shopenhauer, Dickens, Stevenson o Spinoza,  es una experiencia tan fuerte como viajar o estar enamorado".

También nos habla este autor de los libreros, esa benémerita raza de seres que tratan de ganarse la vida vendiendo libros y algunos de ellos, los que cuentan, también los aman y respetan a los autores y los cuidan. Borges, García Márquez, Auster, Chesterton, Mailer, Hemingway, Faulkner, han dedicado páginas preciosas a los que ellos conocieron y respetaron. Muchos de nosotros, los bibliofilos y escritores, hemos tenido la suerte de dar con algún especímen de librero especial. Yo he disfrutado de cuatro ejemplares: en mi juventud, Claudia, la encargada de la Librería Bosch, don Ramiro, el dueño de la Carroggio en Paseo de Gracia, el librero de viejo de Tarrades, don Luis (en el Mercado de Sant Antoni) y ahora, el amigo Octavi Serret en Valderrobres. Loor y gloria a todos ellos.

   Y como último detalle a destacar en el libro que comento y mi propia vida personal enfocada al uso y disfrute de los libros: A Jacques Bonnet y a mí nos une también una experiencia cinéfila traumática común. Ambos vimos en nuestra juventud, lógicamente en paises distintos, Francia y España, aunque en la misma  época, los setenta, un episodio de una serie de televisión llamada "The twiligth zone" ("La cuarta dimensión"), en el que un empleado de banca de media edad, furibundo lector obsesivo como nosotros, se encierra en una cámara acorazada para leer a gusto. Al cabo de un cierto tiempo logra salir, sorprendido de no haber sido interrumpido y se encuentra con que una catástrofe o una guerra nuclear ha devastado todo su mundo. Camina por una ciudad semi derruida. La gente ha desaparecido, Hay un silencio total. Los supermercados están llenos, las tiendas también. Llega a la gran biblioteca nacional. Miles y miles de libros le esperan. No le faltarán viveres ni tiempo para leer. Buscando un libro en un alto anaquel resbala y cae. Se da un golpe y rompe sus gafas. Sin ellas no puede leer. Rodeado de libros que ya no podrá gustar, el hombre llora amargamente. Solo ve sombras. Y no existe nadie que le pueda proporcionar otras gafas. Esa historia impresionó al autor de "Bibliotecas llenas de fantasmas". Y ese es el fantasma indeseado que pobló mis miedos más ocultos en la época en que vi la película. Olvidémos esa pesadilla. Y volvamos a este libro para los amantes de los libros.

 

 

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9 mayo 2012 3 09 /05 /mayo /2012 07:53

No hay ningún amante de los libros que no se sienta aludido y hasta enfermizamente hermanado por las historias que emergen de este librito de poco más de cien páginas de letra generosa y tamaño de bolsillo, "La casa de papel". Como confirmación del ambiente libresco, bibliomano y bibliofilo de una de mis recientes lecturas ya reseñada "Los fantasmas de la biblioteca",  el argentino Carlos Maria Domínguez sacó a la luz esta pequeña joya que circula en España desde 2004, aunque creo que yo la conocí muchos años antes en una edición sudamericana (o quizá lo soñé, contagiado por el ambiente onírico y fantasmal que suelen compartir los libros que hablan de la pasión de leer, de poseer y coleccionar libros, de formar bibliotecas imposibles y de soportar la silenciosa invasión de las letras en forma de su preciado continente, los libros.

La actual edición en libro de bolsillo tiene unos cinco años (2007) y lleva el sello de la editorial Mondadori, en formato de pasta dura, guardas rojas, dibujos de Peter Sis y letra clara y grande, con la dedicatoria el "Gran Josep", es decir Conrad, cuya "Linea de sombra" tiene una esencial importancia en la narración.

No recuerdo haber leido mucho sobre esta novelita luminosa y también oscura y algo ominosa, pero OTRO DÍA hablaremos de ella in extenso aprovechando que pronto recibiré un librito sobre "Bibliopatología" de un profesor de la Universidad de Sevilla, para hablar de todas la historias que se ocultan en torno al mundo encantador y misterioso de las bilbliotecas y los bibliomaníacos.

 

 

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8 mayo 2012 2 08 /05 /mayo /2012 07:47

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Irregular novela de mi admirado Michael Ondaatje (canadiense nacido en Sri Lanka), en la que la narración basada parcialmente en circunstacias de su vida, atrapan y seducen al lector, y en la que sobran -por poco pertinentes e irregularmente resueltas- un par de historias laterales que no añaden mucho a la novela y quedan más o menos en el limbo de lo  fallido (siempre teniendo en cuenta el nivel de calidad al que nos tiene acostumbrados el autor de "El paciente inglés", "Divisadero" o "El fantasma de Anil").

En "El viaje de Mina", Ondaatje nos cuenta un largo viaje iniciático en barco, 21 dias, de un niño de once años (el propio autor, llamado "Mina", diminutivo de Michael) durante los años cincuenta entre Colombo, patria del escritor, hasta Inglaterra. El descubrimiento del mundo del amor, el deseo y la violencia de los adultos, los fingimientos, hipocresías, engaños y profundos miedos  que se despiertan en ese contacto, todo narrado magistralmente desde la mirada de un adulto que recupera al niño que fue, va perfilando el recinto cerrado de un buque, lugar mágico para las aventuras de tres niños, Michael y sus dos compañeros de parecida edad, Cassius y Rhamadin, a los que destierran junto a algunos adultos "especiales" (principalmente por el color de la piel y el "acento" que desprendía su inglés) a la llamada mesa de los gatos (The Cat's Table, titulo de este libro en inglés), es decir la más alejada de las mesas del capitán y los oficiales o los pasajeros con fortuna y "clase", las "mesas del poder" como las llama el autor cuando comenta la dinámica de fuerzas que se desarrolla en la nave.

Las costumbres del pasaje, las comidas, los juegos, los bailes, la presencia de un misterioso preso al que sacan a pasear por cubierta, encadenado, cuando todos los pasajeros reposan en sus camarotes, pero al que los niños espían fascinados por la fuerza y la violencia potencial del hombre, van nutriendo la infantil necesidad de asombro y aventura de los tres niños. Mina y sus dos amigos, encuentran en el  barco y su rutina, las escalas y el largo recorrido del navio por tres  mares, las personas a las que admiran, desean o temen que aportan su misterio y su destino a la narración, la mejor de las enseñanzas vitales posibles. Por tanto era previsible que las historias colaterales de tantos personanjes fueran una tentación para Ondaatje. Sin embargo los niveles de excelencia de su narración llega a altas cotas cuando se centra en los tres niños y en el sensual descubrimiento del sexo y el amor del protagonista hacia su prima, la encantadora y misteriosa Emily, las relaciones con algunos pasajeros excepcionales por sus conocimientos o su actuación, caso del Barón que desvalija camarotes, el profesor Fonseka enamorado del idioma, el especialista en plantas y flores, Ashunta la joven misteriosa amiga de Emily, el sastre silencioso, la presunta  debil y apocada damita,  señorita Lasqueti, de importancia clave en los acontecimientos dramáticos que se producirían casi al final del viaje...es decir Ondaatje tenía suficiente material para ahorarse el recurso de la larga carta explicativa de la señorita Lasqueti y algunos de los comentarios en los que nos ilustra de la deriva de algunos de los personajes muchos años después del viaje.

Con su elegante estilo, su técnica lenta, detallista, demorada, Ondatje logra envolvernos en una atmósfera propia, una gran habilidad para reflejar el estilo de una época o la historia de unas personas, engarzadas en la historia general de un determinado pais y una determinada época. Es fácilmente perceptible la formación de este autor en poesía por la contundencia y belleza de sus metáforas y descripciones de instantes o gestos, como si se tratara de haikus japonenes compuestas con gran sencillez y economía de medios.

La novela arranca con unas magnificas primeras páginas narradas en tercera persona, hasta que de inmediato pasa a la primera persona y nos va describiendo en un caprichoso ir y venir la historia de los dias de la travesía trufándola de referencias al presente y el pasado mas o menos inmediato (posterior al viaje) del protagonista y algunos de los personajes principales en su relación con él, que van configurando con su presencia --o la ausencia-- el carácter, los recuerdos y la realidad de Michael, que se ha convertido en un escritor adulto, que va a escribir "El viaje de Mina" para poner en orden su memoria y colocar a las peersonas que conoció en su verdadera dimensión, ya que dichas personas son importantes porque con su aportación nos hacen como somos. Como Ondaatje dice en su libro: "nuestras vidas podían crecer gracias a desconocidos interesantes con quienes nos cruzaríamos".

Hay un talento descriptivo casi cinematográfico en las páginas de Ondaatje y uno "puede ver" las escenas que nos narra como secuencias de una película, desde la descripción de una tempestad maritima que Mina y su amigo viven sobre la cubierta, atados con cuerdas, travesura que está a punto de costarles la vida, o la fantasmagórica proyección de "Las  cuatro plumas" sobre una sábana en plena cubierta del navio.

Novela apreciable, pese a sus defectos o al menos lo que yo he percibido como tales, que no me desencanta de la maestría narrativa de Ondaatje y reafirma la irregularidad dentro de la excelencia que le caracterizan. Como los objetos zen, las novelas de este autor de raíces asiáticas, siempre tienen alguna falla, alguna tara que hace más bello el resultado final.

 

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7 mayo 2012 1 07 /05 /mayo /2012 09:41

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      Magnífica y entretenida adaptación de alguna leyenda de la Alemania medieval, a través de la aventura de un príncipe en la sombra, un bastardo rodeado de una leyenda de magia desde el momento de su nacimiento. "Isenhart", dirigida por Hansjörg Thurn, es una trepidante narración oscura, correctamente ambientada en una de las épocas más sombrías de la historia europea y en la que los personajes se libran de la polaridad tópica en las narraciones lineales y oscilan entre el bien y el mal como todo hijo de vecino que habite la realidad.

La violencia y la crueldad de aquellos siglos en los que se decidía el futuro europeo entre luchas y calamidades naturales --en concreto nos hablan del siglo XII, aunque podía ser cualquier otro entre el X y el XVI-- permite --en un insólito toque de modernidad-- presentarnos a un asesino en serie que se dedica a destripar doncellas. Superticiones, sectas diabólicas, terror primigenio y la búsqueda del alma en el cuerpo humano, es el contexto donde tienen  lugar las aventuras de la pareja formada por Isenhart y su fiel compañero de armas, mujeriego y provocador,Laurin. Los dos esforzados caballeros tratan de dar caza al ¿místico? asesino, desplazándose por las muy peligrosas  tierras del continente desde Toledo hasta zonas francesas, inglesas y alemanas. Michael Steinocher recrea un convincente Isenhart y protagoniza una cinta que está muy por encima de sus modestas aspiraciones casi a telefilme. El guiño a formas de investigación criminal que no tendrían aceptación hasta el XIX de Holmes y Dupin, hace aún más atractiva y divertida la cinta. Así como las conclusiones a las que van llegando y la resolución del misterio, en el que a través de los caballeros de las Cruzadas entran en danza cuestiones esotéricas como la busca del Santo Grial o de la "Piedra filosofal" y la fórmula áurea, es decir la transformación del plomo en oro.

Con estos elementos de principio "Isenhart" debía haber tenido mejor carrera y a traves del boca-oido convertirse en una apreciable cinta guerrera-religiosa- medieval, pero la propia caracteristica de producto de serie B le ha traicionado y el ritmo se resiente de una especie de prisa y descuido por resolver los dilemas planteados. Eso deja en el espectador una cierta insatisfacción que daña a la película. Hay pues un desequilibrio evidente entre la gracia y idoneidad argumental, la buena interpretación y la forma de resolver los dilemas planteados en la misteriosa trama: no se respeta la coherencia gradual de los hechos y descubrimientos y se altera el ritmo de tal manera que uno llega al final con la impresión de que le han birlado --cortado-- secuencias enteras.

La discotomía entre la balbuceante ciencia de aquellos tiempos con la superstición y la doctrina religiosa oficial, defendida con crueldad y fanatismo,  encuadran el fundamento conceptual de la película. Como ven no se trata de cualquier fruslería. Y está bien planteada y desarrollada. ¿A qué viene ese desaprovechamiento de tan buen guión?

Seguramente algun avispado productor norteamericano podría sacar importantes frutos de esta cinta, en un remake que podría competir con "El nombre de la rosa". Quizá ya se esté rodando en alguna parte de Hollywood, con un rotundo star system en el reparto y un director habilidoso, aunque Rodrigo Cortés o Amenábar, harían una buena película de este material.






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