PUBLICADO EN LA COMARCA 070223
Que los humanos, con toda nuestra soberbia de primates ilustrados, nuestro sentido depredador y nuestra cultura del consumo desmedido y el desperdicio formamos parte de un fondo común de transformación mutua con la Naturaleza, es una hipótesis que parece pintoresca. Aunque está racional y científicamente avalada por los más avanzados estudios de signo ecológico. Grupos multidisciplinares de técnicos, filósofos y científicos de todo el mundo, tratan de encontrar una fórmula de engarce hombre-naturaleza que acabe con el panorama desolador y apocalíptico al que nos está arrastrando el Antropoceno, la era geológica planetaria actual, en la que el hombre se considera capaz de moldear y gestionar a la Naturaleza.
El filósofo alemán Andreas Weber acaba de publicar “Vivificar. Una poética para el Antropoceno” (Kairós, 2022) donde se postula una “poética” (de momento utópica) donde todos los seres vivos que existen en este planeta forman un hogar común de materia, deseo e imaginación. Y sugiere una economía global de transformación metabólica y económica, en la que se aúnan el cuerpo, la mente y ese “alma” que contiene la vida en sí misma, desde los animales al mundo vegetal e incluso en un sentido nuclear las piedras y las montañas, los ríos, la lluvia y las nubes. Tiene ecos de un panteísmo clásico, sin dioses, razonado y argumentado de forma científica y accediendo a informaciones y datos con un alto nivel científico y tecnológico. Siguen la estela de filósofos y poetas desde Heráclito, Parmérides, Anaxímenes o Anaximandro o Emerson y Thoreau, hasta Einstein, Lovelock, Bateson , Heisemberg, Plank, Scrödinger, Wilber, Pauli, Bohm, Groff, Pribram o David Peat (que ya insinuaba una nueva postura perceptiva humana con sus estudios sobre la sincronicidad, como un puente entre la mente y la materia). Ellos y los actuales proponen al mundo un nuevo paradigma científico y sociocultural que podría convertirse en la salvación de nuestra especie y del planeta. Se trata de una perspectiva distinta de relación del humano con la Naturaleza, alejada de los abusos, destrucciones y depredaciones que el mercado neoliberal ha llevado hasta sus más duras consecuencias. Con la complicidad y el interés miope y egoísta de las sociedades humanas de los dos últimos siglos. La única posibilidad de promover un mundo mejor es reconciliar al ser humano con el mundo natural, todos sus miembros sintientes y los elementos que lo integran.
ALBERTO DÍAZ RUEDA