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10 diciembre 2018 1 10 /12 /diciembre /2018 10:23

Publicada hace 13 años, "Nutrir la vida" que tiene el subtítulo de "Más allá de la felicidad", no ha perdido ni un ápice de su lucidez y de su oportunidad filosófica. Su autor, Francois Jullien, viejo conocido nuestro, es uno de los sinólogos más preparados y sagaces de la amplia nómina de universitarios franceses especializados en la ancestral cultura china.

De Jullien hemos visto su "Un sabio no tiene ideas" y su "Filosofía del vivir" y nos queda pendiente "Del Tiempo" y  "De la esencia o del desnudo". De las tres leídas, quizá la más esclarecedora para mí  y  para el estudioso de la filosofía oriental y sus ecos e influencias en la occidental, sea la que hoy recomendamos. En "Nutrir la vida. Más allá de la felicidad", Jullien  usa un estilo cuyo listón de esfuerzo preciso para leerlo con aplicación y eficacia es muy superior al que exige un Pierre Hadot,  aunque no tan complejo como el de Giorgio Colli, hablando de eruditos en filosofía clásica oriental y occidental (sin duda lo justifica la complejidad y esfuerzo que exigen  las traducciones del chino o del griego antiguo al francés o italiano y luego a nuestra lengua).

Por otra parte la singularidad de la percepción de la vida y el individuo, de la sabiduría enraizada en el pueblo chino a través de maestros legendarios como Lao Tsé o Zuang Zi, Confucio o el budismo chan (zen), dio frutos tempranos de gran vigor intelectual y energís espiritual, que Jullien desgrana a partir del concepto que el segundo de los maestros citados más arriba denominó "nutrir la vida". Sus comentarios enriquecen a cualquier lector que lea con paciencia y sin ideas preconcebidas, tal como quiere Zuang Zi, sin buscar eso llamado felicidad, sin pretender objetivo alguno, sin finalidad, sólo conectando con la calma y la serenidad del "qi" de la energía primordial de la que disponemos (y malgastamos los humanos) todos los seres vivos.

No es este lugar para analizar los diferentes puntos que glosa el erudito francés, desde las técnicas para nutrir el cuerpo y superar la dicotomía del alma en la operación, recordarnos que el apego a la vida se vuelve contra ella, cómo encontrar la fuente de la energía (que no nos pertenece) que circula por la linea vertical del cuerpo desde el vientre a la nuca, para nutrirla y reforzarnos con ella...Jullien, muy en sintonía, con nuestra época nos habla del estrés (palabra que procede del latín "stringere" que significa apretar, comprimir, ahogar) y de las técnicas de moda para reequilibrar a la persona afectada, la psicología profunda, el estoicismo, el zen, la meditación, la relajación, para al final recordarnos lo esencial que se esconde en el pensamiento de los maestros chinos taoístas (tan perseguidos y olvidados en la actual China): la posibilidad que tenemos todos de seguir un proceso no-filosófico, ni utilitarista o pragmático, pero profundamente sabio que se da de bofetadas con la manera occidental -trasplantada ya a oriente- de considerar la vida como un objetivo de progreso, consumo y distracción.

Sólo como muestra o "aperitivo", les recuerdo dos ejemplos activos de lo que nos falta para seguir la "vida buena" que Jullien explicita al final de su libro. El primero es el concepto de "flotar" o "Fluir" como estilo de vida ante los acontecimientos y vivencias que nos salen continuamente al paso. Y dos, tratar de ser como el hombre sabio sabe ser, como un espejo:

"Acoge pero no retiene/

refleja todo lo que pasa/

y lo deja pasar sin apegarse./

Ni rechaza ni guarda para sí/

todo aparece y desaparece/

sin que él fije nada./

Su facultad se ejerce indefinidamente/

sin nunca salir dañado."

Si esto no les parece una tontería banal y saben leer la sabiduría que destila, no se pierdan este libro. Si no es así, olvídense del tema.

FICHA

NUTRIR LA VIDA.-Más allá de la felicidad.- François Jullien.- Trad. Margarita Polo.- Ed. Katz.-239 págs.- ISBN 9788496859067

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8 diciembre 2018 6 08 /12 /diciembre /2018 10:30

José J. de Olañeta, ese editor que publica libritos deliciosos, de pequeño tamaño pero gran interés, ha sacado la segunda edición del ensayo que Harry Oldmeadow dedicó a analizar las figuras convergentes de Mircea Eliade, el rumano especializado en historia de las religiones y de Carl G. Jung, el psicólogo suizo, seguidor díscolo y rebelde de Sigmund Freud, en el que la psicología profunda se unía a un profundo espiritualismo que estaba en la raiz de los esenciales desacuerdos con el genio del psicoanálisis.

El librito se subtitula "Reflexiones sobre el lugar del mito, la religión y la ciencia en su obra". Nos ilustra sobre la vida y la obra de Eliade y su encuentro con Jung a partir de las conferencias Eranos, congresos de estudiosos y pensadores sobre la  psicología, las religiones y la espiritualidad, organizadas por Jung. Eliade acudió desde 1950 hasta 1962. Las inquietudes intelectuales y espirituales de ambos hombres eran muy coincidentes, principalmente en el análisis de la naturaleza de las experiencias místicas. Durante esas conversaciones Eliade destaca no sólo la deriva mística de Jung, sino el rechazo y la crítica hacia el establishment científico que le desautoriza e ironiza sobre su obra y su práctica espiritualista. Esoterismo, alquimia, misticismo oriental, chamanismo, los sueños y las  patologías de la civilización moderna, son algunos de los temas en los que los dos pensadores solían converger o se respetaban mutuamente en sus divergencias (sobre todo en lo que concernía a la preeminencia de la cultura europea de Jung sobre cualquier otra, mientras que Eliade se habia decantado casi desde el principio por oriente). Para Jung el "primitivismo" de Eliade era una cuestión antropológica aceptable, en tanto el suizo cultivaba un sincretismo en el que la base sólida, la cultura básica que "admitía" o se "enriquecía" de las orientales era la cultura europea y su  "firme y racional" identidad histórica.

.El autor nos muestra la ruptura de Jung y Freud (que aseguraba no poder aceptar la "indeferencia de Jung hacia la lógica científica") y la casi total toma de partido por el lado de Freud de la comunidad científica (que no tardaría tampoco en colocar a Freud en un cesto diferente pero en el mismo container de los "misticos, ocultistas, simbolistas" donde anteriormente colocaran a Jung).

Una vez colocadas ambas figuras en el contexto histórico intelectual que les corresponde, el autor acaba su análisis con una mirada en perspectiva de la importancia de ambos hombres, a los que se coloca en una suerte de "humanismo con atavíos cuasireligiosos", para terminar haciendo una encendida defensa de su importancia: "El hecho de que no puedan estar --ambos-- a la altura de las pretensiones de sus admiradores más exagerados no es ninguna razón para rechazar o ignorar su obra, que posee una riqueza y una profundidad que raras veces encontramos entre los autodenominados sabios de nuestro tiempo". Y añade: "Deberiamos estar agradecidos a Jung y Eliade por rescatar sus disciplinas respectivas de las garras de los materialistas y sus cómplices, y por sus intentos de salvar el aparente abismo que existe entre la religión tradicional y la ciencia moderna".

MIRCEA ELIADE Y CARL G.JUNG.-Harry Oldmeadow. Trad. Esteve Serra.José J. de Olañeta, Editor.85 págs. 9788497167772

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2 diciembre 2018 7 02 /12 /diciembre /2018 10:36

 

Yasmina Khadra ("Jazmín verde" en árabe) es el seudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul, autor de la novela adaptada en forma de cómic por Löic Dauvillier y Glen Chapron. Durante muchos años en Francia donde sus libros triunfaban se pensaba que era la voz de una mujer argelina que denunciaba y criticaba la situación femenina -aunque también política y social-en Argelia. En el año 2000, Moulesssehoul reveló su verdadera identidad (causando un verdadero escándalo literario, aunque contaría sus razones para obrar así en el libro "El escritor" en 2001)) y abandonó el ejército argelino en el que militaba con el grado de comandante. También dejó su país y pasó a vivir en el extranjero hasta establecer su residencia permanente en el sur de Francia. Ha sido  denostado en Argelia por escribir únicamente en francés.

El cómic refleja a través de Amin Jaafari, un médico palestino que ha conseguido la nacionalidad israelí, reside en Tel Aviv, está plenamente integrado en la sociedad hebrea y trabaja con éxito profesional en un importante hospital.   Pero todo su mundo, tanto personal, como familiar o social y profesional da un dramático vuelco cuando se produce un atentado en un lugar público de Tel Aviv, en el que mueren 19 personas. Una de ellas es su esposa Sihem, quien resulta ser la terrorista suicida. El desconocimiento de Amín de esa faceta de su esposa, aumenta el dramatismo de la historia y lleva al médico a abandonarlo todo en busca de una explicación a lo ocurrido, mientras caen sobre él las sospechas, las denuncias  y la violencia incluso de sus vecinos.

El torbellino autodestructivo en el que se arroja Amin, le lleva a tratar de contactar con los terroristas en nombre de los cuales se autoinmoló su esposa y esa vida oculta que la mujer llevaba, agravado por la ocultación de sus ideas extremistas, de las que el pobre médico no tenía la menor sospecha. El ritmo narrativo del cómic, basándose en un dibujo dinámico de líneas simples y dibujo limpio y claro es excelente.  La acción, el deambular  por las calles de las ciudades palestinas, las palizas o las entrevistas con los líderes religiosos o paramilitares palestinos, la degradación física y moral, el empecinamiento suicida psicológico del médico, van llevando la historia a su final más lógico. 

El conflicto palestino- israelí queda expuesto con toda su violencia, crudeza, injusticia y abusos, el fanatismo, racismo, obcecación, desesperación y ansias de venganza de unos y otros, en ambos lados de un conflicto armado donde no hay trincheras. El arrasamiento por los israelíes del hogar de la familia de un palestino muerto en un acto terrorista tiene una contundencia visual magistral. Virtualmente el lector no puede dejar de admirar la trágica  deriva del médico y acompañarle casi adictivamente hasta su final, no por lógico menos inesperado. Como nota valorable al guión, los diálogos que se mantienen en el proceso de la acción no dan una sensación de maniqueísmo, de superficialidad: son intervenciones de una densidad conceptual considerable, en los que los argumentos esgrimidos, por ejemplo, por los lideres religiosos o militantes o los simples ciudadanos angustiados por la inseguridad y la violencia, tienen una lógica propia que hace pensar al lector. No es una lectura banal la que se nos propone, pero su propia profundidad emotiva hace que el desconcierto y el desequilibrio del médico le lleve de forma trágica a lo irreparable. En ningún momento se intenta hacer análisis políticos o históricos del conflcito, sino que se  intenta reflejar lo que ocurre en las calles, en los  hogares, en el campo, junto al muro que separa Israel de los palestinos.

Realmente es un cómic que nos inquieta y nos hace reflexionar. Un buen trabajo.

FICHA

El ATENTADO (cómic).- Yasmina Khadra (autor/a).-Löic Dauvillier (adaptador/a).-Glen Chapron (ilustrador/a).-M.ª Isabel Soto y.-Xavier Senín (traductor/a).- Alianza editorial.- 152 págs.- ISBN 9788491040088

 

 

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1 diciembre 2018 6 01 /12 /diciembre /2018 13:21

 No es una persona perteneciente a un género híbrido surgido de una leyenda náutica . No es un cruce mágico entre una sirena ("sireno" en este caso) y un profesor de Oxford, o un arquetipo procedente de un lío entre Neptuno y Minerva; no se le intuye ninguna psicopatología obsesiva: es un tipo que tiene el aspecto informal de la escuela punk londinense de los 70 y la curiosidad biológica poética y científica de un Darwin mezclado con Jonathan Swift y Daniel Defoe, Blake, Melville y Poe. Se llama Philip Hoare y está loco por el mar. Y su locura es contagiosa. Lo muestran sus tres libros, desde "Leviatán",  pasando por el "El mar interior" y ahora "El alma del mar". Y en conjunto me ha deslumbrado la trilogía. No por sus conocimientos científicos, ni sus  lecturas y citas literarias que rozan la erudición, sino por algo que como viejo psicólogo y  literato valoro mucho y no suelo  encontrar: una pasión tan profunda y fundamentada, tan activa y dinámica, que parece haber llenado la existencia de este hombre y darle un sentido esencial :  la conexión casi filogenética con el mar. 

Como ya escribí en mi reseña sobre "El mar interior", Philip Hoare pertenece a esa estirpe de escritores aventureros y eruditos que Inglaterra regala al mundo, desde T.E. Lawrence a Patrick Leigh Fermor, pasando por Lawrence Durrell o Robert Louis Stevenson. Tocado también por el "regalo de Pan" (la homosexualidad), característica que comparte con otros escritores y poetas ( y lo menciono sólo por el plus de sensibilidad y delicadeza personal que se suele reflejar en sus textos), desde Wilde a Lawrence de Arabia, T.S. Eliot, Forster, Foucault, Wilfred Owen, D.H.Lawrence  y algunos más de sus autores citados en su trilogía. Ya en "Leviatán", la primera de estas obras dedicadas al mar citaba en el prólogo la anécdota de su "casi" nacimiento bajo el agua (su mamá visitó un submarino de la Armada un día antes de dar a luz, aunque los dolores de parto le sobrevinieron mientras estaba "bajo la línea de flotación" del mar). Es una nota que repite en "El alma del mar" para enfatizar el hecho de que su "horror a las profundidades" y al agua, incluso de una bañera, ha sido convertido en una pasión tan absorbente que le hace bañarse cada día del año en el mar, con buen tiempo o en pleno invierno bajo cero.
Me parece verle reflejado en su referencia a Shelley, que murió ahogado al naufragar su barco "Ariel" (escritas por el amigo íntimo de éste, Trelawny): " Shelley nunca floreció lejos del agua. Cuando se vio obligado a vivir en una ciudad, cada mañana, empujado por el mismo instinto que guía a las aves acuáticas, huía hasta el lago, el río o la playa más cercana y no regresaba al hogar hasta bien entrada la noche " (pág. 239). o también en sus eruditas e intencionadas elucubraciones  sobre las "pistas evidentes " que Melville dejó en su última obra (tenía setenta años) sobre el "bello marinero",  "Billy Bud", que Britten convirtió en ópera años después y es un símbolo gay de una belleza poética y dramática incontestable. (págs  405 y sgtes.).

Tanto en su "Leviatán", en el que el amor a las ballenas florece en un texto asombroso y un recorrido fascinante por la obra de Melville  y de otros escritores (desde la mismísima Biblia y su Jonás hasta Conrad. Thoreau o Hawthorne)  como las dos obras que le siguen,  son un pretexto literario para entrar en las experiencias personales de Hoare, que aprendió a nadar a los 29 años en una piscina y veinte años después lo hace rodeado de ballenas en las Azores, mientras hoy con 60 años se mete en el mar cada día desde hace diez años para nadar aunque sea rodeado de medusas o en una playa devastada por un huracán (experiencia que describe en el primer capítulo de "El alma del mar" y relaciona con "La Tempestad" de Shakespeare).

Hay algo tiernamente trágico en este escritor delgado, juvenil, amable y sonriente que parece muy lejano de la edad que tiene y muestra a través de sus experiencias personales que cuajan en su trilogía, una inesperada y admirable fortaleza personal. Es un T.E. Lawrence del mar, un "rey sin corona" de las profundidades marinas, que desprecia el dolor físico y todo lo subordina a un ideal que tiene que ver con el respeto al mar y a sus criaturas. En la trilogía, "un artefacto literario sobre animales, ideas y todo lo que me gusta"  (así definió su "Mar interior")  nos habla de sí mismo como un ejemplo más de los personajes que el mundo del mar ha cambiado e inspirado. Hay algo onírico en este libro (ya anunciado por los dos anteriores) que se despliega como un gigantesco tapiz oriental lleno de referencias literarias de hondo calado, Keats,  Shelley, el inevitable y sugestivo Shakespeare (que se refiere al océano más de 200 veces en sus obras), T.S. Eliot, Auden, Stevenson, Elizabeth Barret Browning, Conrad, Huxley, Thoreau, Iris Murdoch ("El mar, el mar"), la Wharton, Silvia Plath o Jack London, todos flotando en un ambiente glauco surcado por medusas iridiscentes, ballenas, delfines, gaviotas y cormoranes, gigantescas olas como en los dibujos japoneses, marinos y pescadores ahogados en un flotar perpetuo entre restos de naufragios, el  cadáver del almirante Nelson en un barril de brandy y la vigorosa anciana Pat de Groot , con sus dibujos de pájaros- "ella  misma parece un pájaro, con su mata de pelo plateado, sus intensos ojos castaños y sus altos pómulos"- y marinas, donde el tiempo parece congelado en tonos pastel, veinte páginas apasionadas dedicadas a Stephen Tennant (el "más brillante de los jóvenes brillantes" aristócratas ingleses) al que  Hoare dedicó una biografía en 1990...un tapiz mágico de prosa brillante a veces hiperbólica y siempre imaginativa que arrastra al lector a menudo a preguntarse qué diablos está leyendo, para a continuación olvidar la pregunta y seguir embrujado por esa larga canción de cuna que habla de tormentas y tempestades que arrasan puertos, diques y playas  "como una bestia rugiente que exigía su alimento", mareas que al bajar se llevan la vida de la gente (como dicen en "David Copperfield"), los cormoranes de Cape Cod y Provincetown, el  Titanic y el bello fin  de Isidor e Ida, una pareja anciana, los abuelos de Pat, que decidió ahogarse junto a 800 almas en el desastre, por no separarse. También nos habla, como en sueños, del disco de Roger Payne (1970) "Songs oh the Humpback Whale", que recogía la música de las ballenas o del rodaje del "Moby Dick" de Huston y del simbolismo oceánico de Kubrick y su "2001". Y de la ferocidad nívea de Bass Rock, una diminuta isla habitada por miles de cormoranes y albatros en la costa escocesa Y de los "sekies" criaturas híbridas entre pez y hombre.

El entramado de referencias personales. literarias e históricas que están al dorso del tapiz y le dan sentido, va revelando detalles poco conocidos al lector, como la descripción de las tres levitas de marino que se conservan en un museo dedicado al almirante y a  su navío Victory en Porstmout. El texto circula como una corriente marina, una de esas gigantescas corrientes que atraviesan los océanos y los continentes, como la que aquí atraviesa tres libros que, en el fondo, son un solo libro, cuyo motivo central es el océano y sus criaturas. Esa corriente  está dirigida por una energía concreta, muy humana, algo narcisista, a veces histriónica, la del autor, que enfoca  su curiosa y ávida mirada hacia los variados aspectos de sus experiencias y lecturas sobre el tema central.  A veces la implicación entre ambas actividades es tan sutil que el lector puede desconcertarse, aunque la fuerza del texto le empuja inevitablemente más allá, página tras página, libro tras libro. Como cuando nos habla de su accidente con la bicicleta y su estancia en el hospital, "un lugar de transición: un estado suspendido entre máquinas que emiten pitidos y burocracia, en el que los cuerpos son más importantes que las personas" (incorregible narcisista, aporta fotos de una radiografía y de sus heridas junto a un ojo).

Capítulo aparte es el dedicado a la hambruna irlandesa (Hoare pertenece a una familia de origen irlandés que emigró para evitar esa tragedia nacional histórica minimizada por los ingleses) en la que el autor alcanza un brío narrativo dramático empeñado en imágenes biográficas de una gran plasticidad (como su interés por los vitrales de la iglesia -muy proustiano en el fondo- que narraban la pasión de Cristo y especialmente en la figura de un legionario romano dotado de unas "piernas morenas" que asomaban bajo su falda acorazada.)

La editora, Ático de los Libros, podría unir los tres volúmenes en uno de esos cofres de cartón de regalo para obras completas, como otros editores hicieron, por ejemplo, con el Cuarteto de Alejandría de Durrell o "El hombre sin atributos" de Musil o las novelas de Jeeves escritas por el inimitable Wodehouse . Un estuche dedicado al mar, quizá publicitado por una frase de Hoare en su último volumen: "La ubicuidad del mar...es en sí misma interplanetaria y nos conecta con las estrellas...es una nada llena de vida, hogar del 90 por ciento de la biomasa del planeta, que aporta el 60 por ciento del oxígeno que respiramos. Es nuestro sistema de soporte vital, nuestro gran útero. Siempre está rompiendo sus fronteras, dando y tomando constantemente. Es la encarnación de todas nuestras paradojas. Sin él no podríamos vivir, dentro de él moriríamos. Al mar no le importa". Y en otro lugar añade:  "El mar es también el lugar al que va a parar todo el mal que hacemos”.

En "El mar interior", también un libro inclasificable como sus dos hermanos,  donde oscila entre los géneros de la autobiografía, el libro de viajes y aventuras o el ensayo científico, Hoare nos muestra su amorosa erudición sobre ballenas, delfines, focas o todo tipo de pájaros, arrullados por los "gemidos del vagabundo mar" que siempre es el auténtico protagonista de sus libros. Hoare nos recuerda las teorías de Callum Roberts, Desmond Morris y Elaine Morgan que sostienen que somos "simios acuáticos" y que estando formados por un 50% de agua, "todos tenemos nuestro mar interior" y estamos más dotados para la natación y el buceo que para las carreras o el volar. Pero también deja espacio para una dura y dolorida crítica a la actuación depredadora humana respecto a especies que se han extinguido o están en peligro de ello.  Amenizados con dibujos y fotografías (muchas de ellas del propio autor como protagonista), los tres libros de Hoare  son un placer y un reto. No sólo nos informan y atrae nuestra curiosidad e interés, también nos alecciona y nos reclama amor y respeto a la naturaleza. 

El final de "El mar interior" podría cerrar el círculo entre los tres libros, cuando escribe: "Mi cuaderno de notas descansa en la mesita de noche de mi habitación. Allí está todo, invertido entre sus páginas: las postales y las hojas secas y los recibos que guardo, los pedazos de piel de ballena, los esbozos de plantas y animales desconocidos. En ausencia de todo lo demás, esto es mi hogar, mi vida entre espirales y tapas de cartón negro, el ancla que suelto en los mares por los que navego...Es hora de volver a casa "(pag 308).

FICHA

EL ALMA DEL MAR.- Philip Hoare. Traducción de Joan Eloi Roca. Ático de los Libros, 2018. 512 páginas. 22,50 euros

EL MAR INTERIOR.-Philip Hoare.-Traducción Joan Eloy Roca.-Ed. Ático de los Libros. 2013.-333 págs

LEVIATÁN.- Philip Hoare.- Trad. Joan Eloi Roca.-Ed. Ático de los libros, 2010.-510 págs.

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28 noviembre 2018 3 28 /11 /noviembre /2018 13:58

Parece ser que la edición que poseo de esta novela está descatalogada. La buena noticia es que ha salido una nueva edición en la editorial Salamandra, aunque no tengo datos de ella o de la traducción. La de Sandra Campos para RBA es bastante buena. También me  gustó la portada, que fue uno de los motivos por los que adquirí el libro en 2009 (había desaparecido, antes de leerlo,  en uno de esos traslados de bibliotecas donde se pierden o extravían misteriosamente algunos ejemplares. Este ha aparecido (¿casualmente?) en uno de los estantes dedicados a libros de viajes. La reciente aparición de una película basada en la novela me recordó que ese llamativo título yo lo conocía y fue el motor de búsqueda del libro en las dos bibliotecas de las que dispongo en dos ciudades distintas.

“La Sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernesy”  es una delicia literaria que recuerda por el género de narrativa -epistolar- a "84 Charing Cross Road" el libro de la norteamericana Helene Hanff que también tuvo una modélica versión para el cine en la película de 1987 "La carta final" (interpretada por Anthony Hopkins y Anne Brancoft) pero que no llega a superar la magia de la novela.

No conozco aún la película de "La sociedad literaria..." pero la novela la he devorado en unas horas, a pesar de las dificultades lógicas que supone la narrativa epistolar. Hay más coincidencias: las autoras, Mary Ann Shaffer y Annie Barrows son norteamericanas, libreras y editoras (como Helene Hanff, que además era traductora) y sus temáticas respectivas se refieren a Inglaterra y en la misma época más o menos, en torno a la segunda guerra mundial. Y mientras "84 Charing Cross Road" habla de una librería dedicada a la venta de libros antiguos y a una lectora compulsiva de clásicos ingleses, la que hoy nos ocupa habla de una escritora inglesa que de forma casual entabla relación con algunos habitantes de una de las islas inglesas del Canal de la Mancha,  Guernsey, frente a las costas francesas, que fue ocupada por los nazis.

Del curioso nombre de la sociedad literaria inglesa nacida bajo la ocupación nazi de las islas del Canal y de los avatares que la acompañan, algunos bastante trágicos, no les contaré nada para salvaguardar la previsibles y placenteras sorpresas que tendrán. La descripción de los personajes, principalmente de los lugareños, y la habilidad de presentar cartas cortas pero muy llenas de contenidos y observaciones agudas, hacen de la lectura un placer sin fisuras. Punto destacado para mí es la ética descripción que atañe a algunos -pocos- de los soldados alemanes cuyo comportamiento con la población civil mostraba una humanidad (peligrosa para ellos mismos)  de la que  como sabemos, carecía la gran mayoría de los nazis.

Los libros y unos determinados autores son los que dan contenido a ambos libros (más eruditos los de la primera y más populares pero también clásicos los de "La sociedad literaria...". Así leeremos cosas divertidas sobre lecturas de Wilkie Collins,  las hermanas Bronte,  Wilde o Charles Lamb, e incluso de  clásicos  romanos como Séneca o Cátulo.

La primera carta que leemos es de Juliet, la protagonista de la historia, fechada el 8 de enero de 1946, y dirigida a Sydney Stark, su amigo y editor. Desde aquí ya comenzamos a vislumbrar la ironía y el  fresco y sencillo humor que dominan el estilo de la novela, con unos detalles  sobre la vida cotidiana en Londres (y más tarde en la isla) recién acabada la guerra, con todas las dificultades e incomodidades y carencias que eran parte de la normalidad en esos días. El azar -un hombre de la isla compró de segunda mano un libro de Lamb que perteneció a Juliet, donde está su dirección y le escribe para que le ayude a conseguir una biografía de ese ensayista galés que murió tres años antes de empezar la época victoriana- es el motor que alimenta el desarrollo de una correspondencia que cada vez involucra a más personas y de donde sale la anécdota de la sociedad literaria y con ello, el deseo de Juliet de escribir un libro sobre los detalles y circunstancias --algunos muy divertidos y otros muy dramáticos-- de lo que ocurrió durante la guerra.

FICHA

LA SOCIEDAD LITERARIA  Y EL PASTEL DE PIEL DE PATATA DE GUERSNEY.- MaryAnn Shaffer y Annie Barrows.- Tra. Sandra Campos. Ed. RBA. 303 págs. ISBN 9788498673951                                                                                  

 

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24 noviembre 2018 6 24 /11 /noviembre /2018 09:48

El libro del poeta y narrador ibicenco Vicente Valero (1963) ha sido una muy agradable sorpresa. Sujeto al hilo conductor de su afición al ajedrez y su tendencia lúdica a viajar, el autor sale de su retiro personal subyugado por las sombras literarias y filosóficas de cuatro escritores esenciales en el pasado siglo y finales del XIX, Nietzsche, Rilke, Kafka y Brecht. , cuyas estelas biográficas van formando entre sí un tapiz de cruces, desencuentros, casualidades y sincronicidades, entre los que Valero introduce su propia avidez de conocimiento y re-conocimientos. Cuatro viajes a lugares distintos de la geografía europea donde las sombras fantasmales de esos hombres han coincidido en algún momento, lugar , paisaje o circunstancia histórica que se imbrica en la propia, actual, del autor que vive ese "encuentro" como una búsqueda azarosa: Walter Benjamin en la localidad danesa de Svendborg (donde Benjamin y Brecht fueron fotografiados jugando una partida de ajedrez), cercana a Elsinor, el castillo de Hamlet, el príncipe condenado a la necesidad de pensar, quizá como trasunto del propio Valero. Kafka en Munich donde hace una lectura ¿premonitoria? de "En la colonia penitenciaria" quizá despertando la cercana presencia futura de Hitler y el nazismo. El Turin de Nietzsche donde la devastadora locura le alcanzaría y donde Valero gracias al ajedrez conoce a una pareja que le llevará a otras pistas y otras vivencias relacionadas con el entramado evocador y literario de su libro. O Rilke en Berg, cerca de Zurich, donde una serrería impidió que  el poeta acabara sus "Elegías de Duino".

Hay una entrecruce de rastros, aparecen y desaparecen otros autores de la época, Zweig, Kraus, en una época en la que el mundo está cambiando y preparándose para un Holocausto no sólo judío, sino humano, social y económico de extensión y profundidad inimaginables. Todo podría quedar en un exceso intelectual y cultural, pero Valero tiene la habilidad de poner una pieza esencial -él mismo- que relativiza la rigidez erudita que amenaza estos trabajos para convertirse en un libro de viajes de una persona común y muy informada, que ironiza sobre sus propios viajes y nos lleva a pie de calle por los lugares,  con una sencillez que desarma el fetichismo que esos grandes hombres suelen suscitar.  

Las reflexiones de Valero sobre ciertos aspectos de algunos de sus admirados autores logran una altura considerable, como la referida a  Benjamín sobre las altas expectativas sobre su obra en curso que este escritor solía  crear entre amigos y conocidos para implicarles  y comprometerles  en la importancia del trabajo y la necesidad de ayudarle a terminarlo "por razones superiores", o aquella más amplia referida a la tendencia de los creadores a buscar un refugio para realizar su trabajo supremo, a "encastillarse", y los obstáculos que el artista ha debido afrontar: "Y esa lista de obstáculos que todo artista ha anotado en su cuaderno de pérdidas...nos revela que la vida ha dado sus frutos...ha hecho lo que tenía que hacer, en perjuicio de la soledad creativa y la contemplación absoluta...esa amada monomanía de los artistas que no es la vida misma en sus formas naturales sino una violencia misteriosa y un poco patética que ejercemos, sin llegar a saber la razón,  contra el flujo potente y finito de la vida".

La habilidad del autor en dar una imagen discreta y rodearse de detalles cotidianos informales que incumben al ejercicio del viajar, equilibra la balanza con la seriedad de sus indagaciones y las descripciones de los lugares y las personas. Hay una simpática madurez estilística y narrativa en Valero que hacen interesante y divertida le lectura. La espontaneidad de los viajes, ese dejarse llevar por las circunstancias o el capricho, ese amoldarse estoico pero también epicúreo a lo que acontece, aumenta la delicia del lector, que termina asociando el juego del ajedrez y sus reglas y sus movimientos a la búsqueda de sombras legendarias en los lugares reales donde estuvieron en otro tiempo, cosa que Valero nos recuerda en ocasiones repetidas con la frase: "Como afirman los grandes maestros del ajedrez, hasta dónde te puede llevar la partida siempre es un misterio".

Valero es un "viajero real que desayuna, se baña, pasea, conduce o entabla conversaciones", pero su afán confesado es hacer un recorrido con las cartas marcadas por la literatura de una convulsa y crucial época, sacudida por el arte expresionista, el dadaísmo y las vanguardias, una visión secular del mundo en la que  Dios había muerto y había dejado un hueco para que se instalaran los totalitarismos, la guerra, la crueldad absoluta y la banalidad del mal. 

FICHA

DUELO DE ALFILES.- Vicente Valero. Periférica.163 págs. ISBN 9788416291717

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20 noviembre 2018 2 20 /11 /noviembre /2018 09:32

A partir del siglo XVIII surge un movimiento filosófico, social, político y humanista que barre radicalmente con el oscurantismo y el dogmatismo de raíz religiosa del pasado: es la Ilustración y sus ideales, la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. Hay quien considera que en el siglo XXI los ideales de la Ilustración han sido masacrados y tergiversados o manipulados por los medios de  pseudo comunicación tecnocrática y globalizada. El libro que hoy les comento y recomiendo encarecidamente: "Historia reciente de la verdad", apuesta y argumenta en ese sentido de forma convincente. El científico Steven Pinker, por el contrario hace una defensa optimista de un futuro regido de verdad por esos valores. Dejamos Pinker para otro día y analizamos el mensaje crítico, desolador y documentado de Roberto Blatt, un pensador uruguayo con formación filosófica y experto en medios de comunicación.

Como reacción a ese optimismo utópico de la Ilustración, una vez lograda la relativización de los dogmatismos religiosos, las situaciones políticas y sociales se mantenían tan lejos de los ideales ilustrados que los pensadores decidieron atenerse a la realidad objetiva común. Nacerían el utilitarismo inglés, el pragmatismo norteamericano y el racionalismo postkantiano hasta desembocar en Heidegger y el existencialismo. Triunfaba una posibilista  postura: el realismo que defendía la verdad supuestamente objetiva, profana, laica, universal y ponía en otro nivel aparte a la sagrada. De la degradación de la primera, nacería en nuestros días de los"post", la "posverdad" que es una forma "in" de llamar a una "casi mentira" circunstancial y sometida al dominio de los intereses de quienes la ostentan. Una entelequia que a través de los medios de comunicación globalizados (la Red  de redes) se convertía en la doctrina no de una élite iluminada, sino a representar la realidad de una mayoría social creciente.

La deformación y manipulación de la verdad tienen una larga historia pero a nivel estatal comenzó a ser conocida tras la Revolución rusa que dio un sesgo político  la "verdad" como instrumento del poder.En el siglo XX cualquier aficionado a la historia tiene un campo de investigación jugosamente amplio para seguirle la pista a los falsos rumores, noticias manipuladas, propaganda descaradamente errónea, desinformación en suma que hizo decir a alguien "en una guerra, la primera víctima suele ser la verdad". Ahora podríamos decir: en la supuesta "paz" del siglo XXI  la primera y más importante causa de desequilibrio y de conflicto se llama "posverdad". 

Pasen y vean, señores. Desde las elecciones norteamericanas a la absurda y ridícula fantasía nacionalista alicorta del "procés" en Cataluña, tienen la misma relación verdad-mentira, por ejemplo, que el famoso caso de Los Protocolos de los Sabios de Sión, cuyo origen es un libelo antinapoleónico de la policía secreta del zar de Rusia, que luego,sirvió de excusa para hilvanar un "complot mundial judío". Las "teorías de conspiración" son trágicamente el pan de cada día en el caos global de las redes, donde hay  "espacios" donde se niega la redondez de la tierra, el heliocentrismo, la matanza nazi de judíos o las verdades científicas más demostradas, incluida la llegada del hombre a la Luna, o las diferencias de inteligencia según el color de la piel o el sexo.

Paradójicamente,  la tecnología no ha facilitado la llegada de una democracia global  basada en información verídica y contrastada, universalmente accesible, con medios para comprobar las que evidencias existen y están al alcance de todos. Ha sido la puerta de entrada de una tendencia universal a la creación de falsedades y su inmediata difusión, a pesar de la falta de lógica o de simple sentido común de la mayoría de ellas.

Tampoco la práctica política ha salido ganando. Desde la elección de representantes a través de votaciones anónimas a los plebiscitos tipo l referéndum, "los votantes suelen expresar sus posiciones personales más extremas, subconscientes o secretas, con un regusto vengativo". Como dijo un clásico: Cuando un burro es votado por una mayoría para  el cargo de caballo de carreras, el triunfo electoral no le convierte en caballo de carreras".

Blatt advierte de que hemos entrado en un virtual libre mercado de la verdad en el que "la verdad, en lugar de ser el resultado de testimonios contrastados, se convierte en el veredicto de un referendo constante de audiencia" (resulta sugerente el párrafo que dedica a ciertas empresas que venden los "me gusta" de facebook  de manera que una determinada persona, un artista, un intelectual, un libro o una película, se puede convertir en un "fenómeno viral" por unos pocos cientos de euros).  Medios de comunicación y agencias de publicidad y promoción digital, van convirtiendo las mentiras o falsedades en verdades incontrastables según los intereses que convenga destacar. Las posibilidades de seguimiento y manipulación del individuo a través de algoritmos identificativos ya empieza a tener una literatura de denuncia aunque con poca proyección resolutiva (el caso del autor israelí Noah Yuval Harari, es un ejemplo de crítica que, de momento, solo queda en eso).

Tal vez uno de los elementos más indignantes de la crítica de Blatt sea el referente a la reciente crisis económica, una gran manipulación que sólo ha afectado a la las clases mas desfavorecidas y a la clase media, ya que a diferencia del crash del 29 , "ninguno de los cargos responsables la ha sufrido», más bien se han enriquecido aún más frente a una población que pierde el trabajo y los ahorros.  Una crisis que "nos ha conducido a  una conjunción de lo peor del capitalismo y del comunismo: se liberaliza lo que es rentable pero requiere una arriesgada inversión especulativa y, en caso de fracaso, se socializan las pérdidas».

Bien, léanlo. Pero antes, conviene recordar unas palabras de Blatt como resumen de su libro "Lo que está claro para mí es que estamos en un momento de transición y que no es un buen momento para la verdad en ninguna de sus versiones". Pero, "... ante el caos, la gente se siente desamparada y tiene la necesidad de, como mínimo, consolarse entendiendo que hay alguien que maneja todo esto. En función de las aversiones de cada cual, se le delega a un enemigo concreto la responsabilidad de todos los males del mundo... Hay muchos candidatos a ser el malo de la película, pero necesitamos un malo de la película, entre otras cosas para darle fuerza a la narrativa" que es la forma como percibimos la realidad, ya que si la percibiéramos en su totalidad no sabríamos cómo reaccionar, inundados por millones de  referencias sensoriales  al mismo tiempo. Por eso lo simplificamos todo en una narración, un conjunto de correlaciones que se generan en nuestra mente"...

FICHA

HISTORIA RECIENTE DE LA VERDAD.- Roberto Blatt.- Ed. Turner, Minor. 126 págs. 9,99 euros.- ISBN 9788417141639

 

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6 noviembre 2018 2 06 /11 /noviembre /2018 08:57

Leer al sinólogo francés François Jullien es una aventura intelectual dinamizadora. Su "Filosofía del vivir" ha sido en muchos  momentos no sólo un placer sino un desafío. Un poco menos oscuro que Giorgio Colli y un poco menos claro y diáfano que Pierre Hadot, por citar a  dos filósofos que coinciden en el amor. el respeto y la erudición en la filosofía clásica, Jullien presenta la interesante característica supletoria de su formación profunda en la filosofía china, sus conceptos y sus principios, desde el taoísmo al confucianismo pasando por Mencio y los budistas.

Vivir en el presente, en el "entre" que se origina entre dos sucesos consecutivos, negándonos a evitar la demora precisa para que el pensamiento compulse la situación y la elección de lo más correcto para uno (o simplemente asentarse en la epoché, la suspensión de juicio de los escépticos y dejar que la situación pase por sí misma) habitando ese espacio que se origina entre la vida y el pensamiento, ya que "todo comienza en el presente y en él termina", ese hacerse cargo de la presencia propia, forma parte del mensaje que encierra el libro de Jullien, en el que no se toma partido, se detiene uno o se da un paso atrás y luego contempla lo que ocurre. 

Jullien nos lleva por un recorrido en el que se opera una curiosa implicación  entre la filosofía griega y la sabiduría china sin desdeñar referencias a Nietzsche o Heidegger, Hegel y Husserl, hasta Proust (con el que comienza y acaba el libro), Agustin de Hipona o Montaigne como un caso especial de filósofo-puente entre las dos maneras de enfocar el pensamiento y la vida o más exactamente de reivindicar un arte de vivir basado en la filosofía.

Y es que la vida lo es todo, es el principio y el final del ser, en un rechazo total , al estilo de Nietzsche,  de la tendencia clásica a objetivar la vida a favor del pensamiento, superando también a Hegel con su "pensar la pura vida "pero subordinándola  a un Saber absoluto.  Jullien insiste en la superación de los opuestos a través de un saber vivir en el "entre", en una dialéctica donde los términos dialogan con sus opuestos, una oscilación que ya apuntaba en su obra "El sabio no tiene ideas", una postura ecléctica y serena que surge del pensamiento chino clásico. Y como dicen los maestros taoístas cuando uno de ve obligado por la circunstancia a elegir entre dos opciones, lo hace pero deja el espacio a la otra, tiene en cuenta su presencia, es dúctil, sensible, se acomoda, fluye, sin decantarse totalmente por y en nada. No hay completud monolítica y rígida, sino una incompletud dinámica y fluyente como lo es la existencia.

Y cito: "para  que el presente eclosione  hay que permitir a esa presencia tener lugar, dejar que se produzca un despertar...de hecho el presente será esa decisión, en virtud de la cual no desvío nada, no aplazo, sino que acepto esa abertura que se ha producido, y me atengo al carácter singular del momento, sin que ello suponga nada misterioso, mágico o trascendente".  Uno accede al presente y " permite la embriaguez del instante". Ya que el presente solo existe si asumimos lo que ocurre o, en el lado contrario, permitir la demora, dejar madurar las cosas, desarrollarse un proceso cuyo control que está fuera de nuestro alcance  y al tiempo, sin dejar de estar presente, inmerso en el continuum de la vida , un  movimiento fluctuante sin una finalidad determinada.

Una manera de vivir que busca la realización del sí mismo pero con una explícita renuncia a finalidades concretas, objetivos de conocimiento, que son espejismos del ego. Aunque el conocimiento deja de ser un fin en sí mismo y se enroca en una connivencia con el saber vital "tácito, no demasiado reflexivo ni explicable", una forma de saber armónica con el vivir, holística, la "cara oculta del conocimiento objetivo y digitalizado". 

FILOSOFÍA DEL VIVIR.-François Jullien.-Trad Elisenda Julibert.- ED. Octaedro. 188 páginas.-18 euros. ISBN 9788499212449

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2 noviembre 2018 5 02 /11 /noviembre /2018 10:13

El israelí Yuval Noah Harari, que acaba de cumplir cuarenta años, tiene la  loable ambición de mostrarnos en tres libros el nacimiento, desarrollo, auge y supuestamente declive y deterioro progresivo y cuasi apocalíptico de ese género o especie animal absurda, destructiva, genial, desdichada, patética aunque poética, ridícula y tan cruel como enternecedora que conforma al ser humano, el espécimen más letal de este planeta  tan hermoso como destruido y esquilmado que llamamos Tierra.

Con "Sapiens. De animales a dioses" (2014) o "Homo deus. Breve historia del mañana" (2016) a "21 lecciones para el siglo XXI" (2108) Yuval no sólo ha conseguido hacerse razonablemente rico y ser bastante conocido en los medios informativos y académicos de todo el mundo occidental y tolerablemente  aceptado -con una sonrisa escéptica y algo irritada que se reserva a los "chicos traviesos"- por el estamento científico, sino que está conmoviendo y alertando conciencias por todo el mundo lector que se lee sus entretenidos mamotretos de centenares de páginas.

En un  principio este artículo iba a tratar sobre el último libro de Noha, confrontado   con el de Steven Pinker, "En defensa de la ilustración". Dos libros recién editados. Best sellers por una vez justificadísimos. Los dos nos hablan del mundo que tenemos y por lógica empírica del que nos viene ya. Pero YA. En realidad vivimos en este mismo momento bajo sus parámetros  tecnológicos, sociales, económicos, políticos y amorales. Ya han desaparecido, obsoletas, costumbres consolidadas durante siglos (algunas detestables sin  duda) y desde la cuna a la tumba se va diseñando un ser humano sutilmente diferente, distinto, extraño, que se amolda o trata de hacerlo a cambios que les afectan desde la familia a las relaciones sentimentales, las emociones o las formas de ganarnos la vida, divertirnos, pelearnos o situarnos frente  al futuro. La historia no ha muerto, como aventuró Fukuyama, ha  perdido su sentido.

Dado el interés y la envergadura de estos libros, he decidido optar por una  solución salomónica. Le dedicaré un artículo a cada uno de ellos por separado. Dado que mi conclusión, absolutamente personal y por tanto no solo discutible sino rechazable, es que la gente de las generaciones próximas a la mía, por delante y por detrás, seguramente apoyarán la broma imposible y marxista (sector Groucho) de que paren el mundo para "bajarse en la próxima" y seguir que todo siga su curso hacia la entropía, he preferido aligerar tal visión oscura con un próximo artículo en que hablaré del discutible pero razonable optimismo de Pinker. Y todo eso no por una visión apocalíptica sino filosófica: los que soñamos en la "vida buena" de epicúreos y estoicos, estamos fuera de lugar. Pero ustedes, la gente joven del siglo XXI serán los pioneros de un mundo nuevo, quizá mejor-es mi deseo más ferviente: tengo nietos- que el resto de la bastante lamentable historia anterior. Y ese es el otro aspecto de la cuestión. Más bien la cara oscura de la Luna. La posibilidad, no probable pero tampoco imposible, de que la vida y el ser humano tomen un sesgo inesperado que evite el apocalipsis que la lógica de la historia nos propone. La dialéctica está servida.

Yuval Hoha forma parte de una especie intelectual casi extinta que es la de los "ilustrados radicales", ya que no sólo defiende de los valores de la Ilustración que Kant en 1784 definía como "los principios básicos de la razón, la ciencia, el humanismo (y la libertad) y el progreso que harán salir a la humanidad de su autoculpable inmadurez", sino que a diferencia de grandes ilustrados como Locke, Voltaire o el mismo Kant, defiende esos valores hasta sus últimas manifestaciones, ya sea la homosexualidad, el catolicismo, el islamismo, los ateos y la libertad de conciencia. Más cercano a Spinoza que a esos otros y judío como él no muy aceptable por su comunidad debido a sus opiniones, nuestro autor nos ofrece la cara y la cruz del ser humano en tres tiempos, su pasado de primate dotado de la "chispa" divina enredada en sus neuronas, un posible, quizá probable, futuro en el que la chispa es tecnológica y las neuronas chips y seremos cualquier cosa impensable entre la IA y la Scf y un "presente" que si la neurofilosofía y la física cuánticas no nos engañan es una entelequia temporal, algo que ya no existe proyectándose en una existencia en movimiento permanente cuyo destino inescrutable va adaptándose como puede a un progreso que posee su propia dinámica incontrolable (aunque los ilusos mortales piensen que saben lo que hacen y hacia dónde van). 

Harari nos dice al principio de su obra:"En esta obra mi plan es global. Observo las principales fuerzas  que modelan las sociedades del mundo y que es probable que influyan en nuestro planeta como un todo. El cambio climático quizá esté muy lejos de las preocupaciones de la gente que se encuentra en una emergencia de vida o muerte, pero puede que al final haga que los suburbios de Bombay sean inhabitables, que envíe nuevas y enormes oleadas de refugiados a través del Mediterráneo y que conduzca a una crisis global de la atención sanitaria”. Y de inmediato nos pregunta: "Qué implica el ascenso de Donald Trump? ¿Qué podemos hacer con la epidemia de noticias falsas? ¿Ha vuelto Dios? ¿Se aproxima una nueva Guerra Mundial?¿Qué civilización domina el  mundo, Occidente China o Japón, el Islam?¿Porqué está en crisis la democracia liberal? ¿Tendría que Europa abrir las puertas a los inmigrantes?¿Puede el liberalismo resolver los problemas de la desigualdad y el cambio climático?¿Qué debemos hacer con respecto al terrorismo?...

Más adelante asegura: "En su forma actual la democracia no sobrevivirá a la fusión de la  biotecnología y la infotecnología. O bien se reinventa a sí misma de una forma radicalmente nueva o bien los humanos acabarán viviendo esclavizados por dictaduras digitales." Y no hay ni ideologías, ni mentes, ni  mucho menos pueblos "elegidos" que puedan dar soluciones a estos problemas. Ni siquiera el suyo, del que puntualiza (un capítulo lúcido, el 12, que disgustará a Jerusalén:  el judaísmo “desempeñó sólo un papel modesto en los anales de nuestra especie” y realza su carácter esencialmente tribal en comparación a las religiones mundiales: islamismo, budismo, cristianismo. Aunque no ignora los indudables logros culturales y científicos de su mismo grupo etno-religioso (los judíos son el 0,2% de la población mundial, pero más del 25% de los premios Nobel de Física, Fisiología o Medicina), los atribuye a individuos concretos, no al “judaísmo” como tradición cultural suprema.

El libro es un canto al laicismo y al humanismo secular. Hasta los respetados principios de la Ilustración libertad, justicia e igualdad, podrían resultar anticuados en un mundo en el que “las biotecnologías podrían cambiar la naturaleza misma del género humano, y por tanto están mezcladas con las creencias éticas y religiosas más profundas de las personas…aunque lográramos evitar la guerra nuclear y el desastre ecológico, la gente tiene opiniones muy diferentes acerca del uso de la biogenética (o una ignorancia casi total la mayoría) y la IA para mejorar a los seres humanos o crear nuevas formas de vida. Si la humanidad no consigue concebir e impartir globalmente reglas éticas generales, aceptadas, supervisadas y controladas, se abrirá la veda a los presuntos doctores Frankenstein que crea el poder de las nuevas técnicas biológicas”. (Pág 144)

Como alivio a este anorama citaré una opinión menos radical, la del editor de la revista MIT Technology Review, “Estamos muy lejos del momento en que una inteligencia artificial sea capaz de entender el mundo sin una base previa de datos”.  Aunque como remata Noah "El peligro es que si invertimos demasiado en desarrollar la IA y demasiado poco en desarrollar y promover la conciencia humana, la sofisticada inteligencia de los ordenadores solo servirá para fortalecer la estupidez natural de los humanos".

Y ahí el autor hurga en la llaga: "“La estupidez humana es una de las fuerzas más importantes de la historia, pero a veces tendemos a pasarla por alto…políticos, generales y eruditos ven el mundo como una gran partida de ajedrez, en la que cada movimiento obedece a meticulosos cálculos racionales. Podría ser así…hasta cierto punto. Pocos dirigentes en la historia se han vuelto locos y se han   puesto a mover piezas aleatoriamente (aunque los ha habido). La mayoría creen tener razones lógicas para mover sus piezas en un momento dado. El problema es que el mundo es mucho más complejo que un tablero de ajedrez y la racionalidad humana no llega a entender bien esas diferencias, ni las complejas variables que no obedecen reglas de juego. De ahí que incluso líderes racionales y lógicos acaben haciendo cosas muy estúpidas y dañinas. No hay dios ni ley de la naturaleza que nos proteja de la estupidez humana” “ pag. 202

Me ha gustado su defensa de la UE como experimento orientado a una sociedad global basada en la democracia, los mercados libres, la paz y los derechos humanos que podría compensarse, con un " Un "patriotismo benigno”, pero lejos del aislacionismo nacionalista, podría ser al menos una etapa intermedia antes de alcanzar soluciones verdaderamente globales. Aunque Harari teme que lo que llama “disrupción tecnológica”, vinculada a los hallazgos de la neurociencia y la revolución de la tecnología informacional, esté desfondando nuestros amados principios  sobre la libre elección de los votantes (incluso sobre el libre albedrío), y sobre la eficacia del gobierno ilustrado. "“La fusión de la biotecnología y la infotecnología es una amenaza para la libertad y la igualdad humanas. Cualquier solución al reto tecnológico tiene que pasar por la cooperación global. Pero los nacionalismos, las religiones y las culturas dividen a la humanidad y hacen imposible tal cooperación “(pag. 105)

Por ello el apoyo a una perspectiva laica de la existencia es otro de los logros de este autor: se trata de un ideal, un compromiso global con la Verdad, la Compasión, la Igualdad, la Libertad, el valor para luchar contra la opresión y la tiranía y la responsabilidad humana, de cada uno de nosotros, sobre nuestros actos y nuestro futuro y la capacidad de admitir nuestros errores y puntos ciegos (la “sombra” de nuestra humanidad) y la resolución de enmendarlos sin buscar paranoicamente entes, naciones o personas a las que responsabilizar.

Ya que, nos recuerda, Intentamos negar la complejidad del mundo en que vivimos de varias maneras: minimizar los conflictos reduciéndolos a la lucha entre buenos y malos, centrarse en una historia o relato conmovedora como explicación para juzgar, montar teorías conspiratorias que explican “todo el problema”, un grupo de millonarios de elite, la CIA, los francmasones o los nazis ocultos o los Sabios de Sion y, por fin, crear un dogma y un jefe omnisciente que nos sacará del lío. Ya la tenemos armada.

Para suavizar el mensaje tan duro sobre lo que es nuestros mundo, sugiere una forma distintta de enfocar la educación de nuestros hijos:  “en las escuelas deberían dedicarse a enseñar las cuatro “ces”: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad". Se tendría que dar menos importancia a las habilidades técnicas y hacer hincapié en las habilidades de uso general para la vida, capacidad de gestionar los cambios, de aprender nuevas cosas y de mantener el equilibrio mental un una situación tan continuamente estresante, es decir reinventarnos otra vez como seres humanos, con un sistema de valores básicos y principios éticos. Para tener éxito en esa tarea tan abrumadora deberás volver a aceptar el consejo más antiguo y repetido por los filósofos y la sabiduría: conócete a ti mismo. Y deja de creer en los cuentos que las religiones y los nacionalismos se inventaron y no dejan de repetir. Simplemente recuerda que todo cambia sin cesar, que nada tiene una esencia perdurable y que nada es completamente satisfactorio. Ya en ese camino (un aire fresco a sabiduría budista es expande por las páginas finales del libro) Noah nos sorprende dedicando el capítulo final a la meditación. Una práctica personal para una revolución global. Sin no cambia la persona, el ser humano individual, ninguna revolución  tendrá éxito. Y esto es una verdad universal.

Libro, pues, para leer sin prisas, subrayar y reflexionar detenidamente en algunos parágrafos, aunque otros nos parezcan alarmistas, exagerados o utópicos. Hay mucha verdad y mucho sentido común (e información bastante fidedigna) en estas páginas. No se lo pierdan.

FICHA

21 LECCIONES PARA EL SIGLO XXI.- Yuval Noah Harari.- Trad. Joandomenec Ros.- 399 págs.- Ed. Debate, PVP 21,90 e. 

 

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9 octubre 2018 2 09 /10 /octubre /2018 09:38

Hay al menos tres Le Carré. Uno, el sus primeras novelas en plena guerra ría y aledaños, que me entusiasmaron. Después tras la Caida del Muro, La Carré parecía haber cedido a las tentaciones de los best seller y las versiones cinematográficas y yo fui perdiendo interés. Creo haber percibido en alguna novela un desesperado intento de acercarse a la trascendencia literaria de Graham Greene, segundo periodo, y ahora, con la respetabilidad y la supuesta sabiduría que ofrece la edad como daño o regalo colateral, parece dejar de importarle la fama o el prestigio, la critica o la capitalización cinematográfica de sus  obras. Me vuelve a interesar (aunque nosiempre) y creo que el principio aislado y prematuro de la postrera etapa comenzó con "Un  espía perfecto", que es de 1986 y de la que la BBC perpetró una serie mediocre.

Un accidente doméstico, tan absurdo e inesperado como suelen serlo todos, me ha confinado al encierro monástico obligatorio. Aunque mi interés de lectura más exclusivo es la filosofía y su añorada e imposible meta, la sabiduría, el dolorido cuerpo me pedía a veces una frivolidad literaria banal que le apaciguara un poco. Rebuscando en mi biblioteca policíaca, dí con "Un espía perfecto" y la leí de un tirón durante dos días de sorprendido placer.

La capacidad de análisis del protagonista, sus sondeos biográficos, la figura del omnipotente padre, un estafador de altos vuelos y baja estofa, la banalidad política y económica y la pertinencia psicológica del doble juego del espía, la solidez de los personajes secundarios y la ironía, sarcasmo, instrospección, sutilidad, inocencia e inteligencia del narrador, aunada a la estupidez práctica y la cretina burocracia del mundo secretista, han constituido un deleite tan profundo como las mejores novelas de Maugham o de Greene o algunos maestros de la escuela americana.

No les cuento nada de las desventuras del atractivo, sugestivo e inteligente, Magnus Pym, ni de sus motivos para ejercer de agente doble, ni de su obsesión por escribir sus memorias antes del fin, ni  de sus "dos" padres prodigiosamente diseñados...léanla.

FICHA

UN ESPÍA PERFECTO.- John Le Carré.- Trad. Jaime Zulaika.- Págs 445.- Ed. Plaza Janés.

 

 

 

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