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24 noviembre 2018 6 24 /11 /noviembre /2018 09:48

El libro del poeta y narrador ibicenco Vicente Valero (1963) ha sido una muy agradable sorpresa. Sujeto al hilo conductor de su afición al ajedrez y su tendencia lúdica a viajar, el autor sale de su retiro personal subyugado por las sombras literarias y filosóficas de cuatro escritores esenciales en el pasado siglo y finales del XIX, Nietzsche, Rilke, Kafka y Brecht. , cuyas estelas biográficas van formando entre sí un tapiz de cruces, desencuentros, casualidades y sincronicidades, entre los que Valero introduce su propia avidez de conocimiento y re-conocimientos. Cuatro viajes a lugares distintos de la geografía europea donde las sombras fantasmales de esos hombres han coincidido en algún momento, lugar , paisaje o circunstancia histórica que se imbrica en la propia, actual, del autor que vive ese "encuentro" como una búsqueda azarosa: Walter Benjamin en la localidad danesa de Svendborg (donde Benjamin y Brecht fueron fotografiados jugando una partida de ajedrez), cercana a Elsinor, el castillo de Hamlet, el príncipe condenado a la necesidad de pensar, quizá como trasunto del propio Valero. Kafka en Munich donde hace una lectura ¿premonitoria? de "En la colonia penitenciaria" quizá despertando la cercana presencia futura de Hitler y el nazismo. El Turin de Nietzsche donde la devastadora locura le alcanzaría y donde Valero gracias al ajedrez conoce a una pareja que le llevará a otras pistas y otras vivencias relacionadas con el entramado evocador y literario de su libro. O Rilke en Berg, cerca de Zurich, donde una serrería impidió que  el poeta acabara sus "Elegías de Duino".

Hay una entrecruce de rastros, aparecen y desaparecen otros autores de la época, Zweig, Kraus, en una época en la que el mundo está cambiando y preparándose para un Holocausto no sólo judío, sino humano, social y económico de extensión y profundidad inimaginables. Todo podría quedar en un exceso intelectual y cultural, pero Valero tiene la habilidad de poner una pieza esencial -él mismo- que relativiza la rigidez erudita que amenaza estos trabajos para convertirse en un libro de viajes de una persona común y muy informada, que ironiza sobre sus propios viajes y nos lleva a pie de calle por los lugares,  con una sencillez que desarma el fetichismo que esos grandes hombres suelen suscitar.  

Las reflexiones de Valero sobre ciertos aspectos de algunos de sus admirados autores logran una altura considerable, como la referida a  Benjamín sobre las altas expectativas sobre su obra en curso que este escritor solía  crear entre amigos y conocidos para implicarles  y comprometerles  en la importancia del trabajo y la necesidad de ayudarle a terminarlo "por razones superiores", o aquella más amplia referida a la tendencia de los creadores a buscar un refugio para realizar su trabajo supremo, a "encastillarse", y los obstáculos que el artista ha debido afrontar: "Y esa lista de obstáculos que todo artista ha anotado en su cuaderno de pérdidas...nos revela que la vida ha dado sus frutos...ha hecho lo que tenía que hacer, en perjuicio de la soledad creativa y la contemplación absoluta...esa amada monomanía de los artistas que no es la vida misma en sus formas naturales sino una violencia misteriosa y un poco patética que ejercemos, sin llegar a saber la razón,  contra el flujo potente y finito de la vida".

La habilidad del autor en dar una imagen discreta y rodearse de detalles cotidianos informales que incumben al ejercicio del viajar, equilibra la balanza con la seriedad de sus indagaciones y las descripciones de los lugares y las personas. Hay una simpática madurez estilística y narrativa en Valero que hacen interesante y divertida le lectura. La espontaneidad de los viajes, ese dejarse llevar por las circunstancias o el capricho, ese amoldarse estoico pero también epicúreo a lo que acontece, aumenta la delicia del lector, que termina asociando el juego del ajedrez y sus reglas y sus movimientos a la búsqueda de sombras legendarias en los lugares reales donde estuvieron en otro tiempo, cosa que Valero nos recuerda en ocasiones repetidas con la frase: "Como afirman los grandes maestros del ajedrez, hasta dónde te puede llevar la partida siempre es un misterio".

Valero es un "viajero real que desayuna, se baña, pasea, conduce o entabla conversaciones", pero su afán confesado es hacer un recorrido con las cartas marcadas por la literatura de una convulsa y crucial época, sacudida por el arte expresionista, el dadaísmo y las vanguardias, una visión secular del mundo en la que  Dios había muerto y había dejado un hueco para que se instalaran los totalitarismos, la guerra, la crueldad absoluta y la banalidad del mal. 

FICHA

DUELO DE ALFILES.- Vicente Valero. Periférica.163 págs. ISBN 9788416291717

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20 noviembre 2018 2 20 /11 /noviembre /2018 09:32

A partir del siglo XVIII surge un movimiento filosófico, social, político y humanista que barre radicalmente con el oscurantismo y el dogmatismo de raíz religiosa del pasado: es la Ilustración y sus ideales, la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. Hay quien considera que en el siglo XXI los ideales de la Ilustración han sido masacrados y tergiversados o manipulados por los medios de  pseudo comunicación tecnocrática y globalizada. El libro que hoy les comento y recomiendo encarecidamente: "Historia reciente de la verdad", apuesta y argumenta en ese sentido de forma convincente. El científico Steven Pinker, por el contrario hace una defensa optimista de un futuro regido de verdad por esos valores. Dejamos Pinker para otro día y analizamos el mensaje crítico, desolador y documentado de Roberto Blatt, un pensador uruguayo con formación filosófica y experto en medios de comunicación.

Como reacción a ese optimismo utópico de la Ilustración, una vez lograda la relativización de los dogmatismos religiosos, las situaciones políticas y sociales se mantenían tan lejos de los ideales ilustrados que los pensadores decidieron atenerse a la realidad objetiva común. Nacerían el utilitarismo inglés, el pragmatismo norteamericano y el racionalismo postkantiano hasta desembocar en Heidegger y el existencialismo. Triunfaba una posibilista  postura: el realismo que defendía la verdad supuestamente objetiva, profana, laica, universal y ponía en otro nivel aparte a la sagrada. De la degradación de la primera, nacería en nuestros días de los"post", la "posverdad" que es una forma "in" de llamar a una "casi mentira" circunstancial y sometida al dominio de los intereses de quienes la ostentan. Una entelequia que a través de los medios de comunicación globalizados (la Red  de redes) se convertía en la doctrina no de una élite iluminada, sino a representar la realidad de una mayoría social creciente.

La deformación y manipulación de la verdad tienen una larga historia pero a nivel estatal comenzó a ser conocida tras la Revolución rusa que dio un sesgo político  la "verdad" como instrumento del poder.En el siglo XX cualquier aficionado a la historia tiene un campo de investigación jugosamente amplio para seguirle la pista a los falsos rumores, noticias manipuladas, propaganda descaradamente errónea, desinformación en suma que hizo decir a alguien "en una guerra, la primera víctima suele ser la verdad". Ahora podríamos decir: en la supuesta "paz" del siglo XXI  la primera y más importante causa de desequilibrio y de conflicto se llama "posverdad". 

Pasen y vean, señores. Desde las elecciones norteamericanas a la absurda y ridícula fantasía nacionalista alicorta del "procés" en Cataluña, tienen la misma relación verdad-mentira, por ejemplo, que el famoso caso de Los Protocolos de los Sabios de Sión, cuyo origen es un libelo antinapoleónico de la policía secreta del zar de Rusia, que luego,sirvió de excusa para hilvanar un "complot mundial judío". Las "teorías de conspiración" son trágicamente el pan de cada día en el caos global de las redes, donde hay  "espacios" donde se niega la redondez de la tierra, el heliocentrismo, la matanza nazi de judíos o las verdades científicas más demostradas, incluida la llegada del hombre a la Luna, o las diferencias de inteligencia según el color de la piel o el sexo.

Paradójicamente,  la tecnología no ha facilitado la llegada de una democracia global  basada en información verídica y contrastada, universalmente accesible, con medios para comprobar las que evidencias existen y están al alcance de todos. Ha sido la puerta de entrada de una tendencia universal a la creación de falsedades y su inmediata difusión, a pesar de la falta de lógica o de simple sentido común de la mayoría de ellas.

Tampoco la práctica política ha salido ganando. Desde la elección de representantes a través de votaciones anónimas a los plebiscitos tipo l referéndum, "los votantes suelen expresar sus posiciones personales más extremas, subconscientes o secretas, con un regusto vengativo". Como dijo un clásico: Cuando un burro es votado por una mayoría para  el cargo de caballo de carreras, el triunfo electoral no le convierte en caballo de carreras".

Blatt advierte de que hemos entrado en un virtual libre mercado de la verdad en el que "la verdad, en lugar de ser el resultado de testimonios contrastados, se convierte en el veredicto de un referendo constante de audiencia" (resulta sugerente el párrafo que dedica a ciertas empresas que venden los "me gusta" de facebook  de manera que una determinada persona, un artista, un intelectual, un libro o una película, se puede convertir en un "fenómeno viral" por unos pocos cientos de euros).  Medios de comunicación y agencias de publicidad y promoción digital, van convirtiendo las mentiras o falsedades en verdades incontrastables según los intereses que convenga destacar. Las posibilidades de seguimiento y manipulación del individuo a través de algoritmos identificativos ya empieza a tener una literatura de denuncia aunque con poca proyección resolutiva (el caso del autor israelí Noah Yuval Harari, es un ejemplo de crítica que, de momento, solo queda en eso).

Tal vez uno de los elementos más indignantes de la crítica de Blatt sea el referente a la reciente crisis económica, una gran manipulación que sólo ha afectado a la las clases mas desfavorecidas y a la clase media, ya que a diferencia del crash del 29 , "ninguno de los cargos responsables la ha sufrido», más bien se han enriquecido aún más frente a una población que pierde el trabajo y los ahorros.  Una crisis que "nos ha conducido a  una conjunción de lo peor del capitalismo y del comunismo: se liberaliza lo que es rentable pero requiere una arriesgada inversión especulativa y, en caso de fracaso, se socializan las pérdidas».

Bien, léanlo. Pero antes, conviene recordar unas palabras de Blatt como resumen de su libro "Lo que está claro para mí es que estamos en un momento de transición y que no es un buen momento para la verdad en ninguna de sus versiones". Pero, "... ante el caos, la gente se siente desamparada y tiene la necesidad de, como mínimo, consolarse entendiendo que hay alguien que maneja todo esto. En función de las aversiones de cada cual, se le delega a un enemigo concreto la responsabilidad de todos los males del mundo... Hay muchos candidatos a ser el malo de la película, pero necesitamos un malo de la película, entre otras cosas para darle fuerza a la narrativa" que es la forma como percibimos la realidad, ya que si la percibiéramos en su totalidad no sabríamos cómo reaccionar, inundados por millones de  referencias sensoriales  al mismo tiempo. Por eso lo simplificamos todo en una narración, un conjunto de correlaciones que se generan en nuestra mente"...

FICHA

HISTORIA RECIENTE DE LA VERDAD.- Roberto Blatt.- Ed. Turner, Minor. 126 págs. 9,99 euros.- ISBN 9788417141639

 

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6 noviembre 2018 2 06 /11 /noviembre /2018 08:57

Leer al sinólogo francés François Jullien es una aventura intelectual dinamizadora. Su "Filosofía del vivir" ha sido en muchos  momentos no sólo un placer sino un desafío. Un poco menos oscuro que Giorgio Colli y un poco menos claro y diáfano que Pierre Hadot, por citar a  dos filósofos que coinciden en el amor. el respeto y la erudición en la filosofía clásica, Jullien presenta la interesante característica supletoria de su formación profunda en la filosofía china, sus conceptos y sus principios, desde el taoísmo al confucianismo pasando por Mencio y los budistas.

Vivir en el presente, en el "entre" que se origina entre dos sucesos consecutivos, negándonos a evitar la demora precisa para que el pensamiento compulse la situación y la elección de lo más correcto para uno (o simplemente asentarse en la epoché, la suspensión de juicio de los escépticos y dejar que la situación pase por sí misma) habitando ese espacio que se origina entre la vida y el pensamiento, ya que "todo comienza en el presente y en él termina", ese hacerse cargo de la presencia propia, forma parte del mensaje que encierra el libro de Jullien, en el que no se toma partido, se detiene uno o se da un paso atrás y luego contempla lo que ocurre. 

Jullien nos lleva por un recorrido en el que se opera una curiosa implicación  entre la filosofía griega y la sabiduría china sin desdeñar referencias a Nietzsche o Heidegger, Hegel y Husserl, hasta Proust (con el que comienza y acaba el libro), Agustin de Hipona o Montaigne como un caso especial de filósofo-puente entre las dos maneras de enfocar el pensamiento y la vida o más exactamente de reivindicar un arte de vivir basado en la filosofía.

Y es que la vida lo es todo, es el principio y el final del ser, en un rechazo total , al estilo de Nietzsche,  de la tendencia clásica a objetivar la vida a favor del pensamiento, superando también a Hegel con su "pensar la pura vida "pero subordinándola  a un Saber absoluto.  Jullien insiste en la superación de los opuestos a través de un saber vivir en el "entre", en una dialéctica donde los términos dialogan con sus opuestos, una oscilación que ya apuntaba en su obra "El sabio no tiene ideas", una postura ecléctica y serena que surge del pensamiento chino clásico. Y como dicen los maestros taoístas cuando uno de ve obligado por la circunstancia a elegir entre dos opciones, lo hace pero deja el espacio a la otra, tiene en cuenta su presencia, es dúctil, sensible, se acomoda, fluye, sin decantarse totalmente por y en nada. No hay completud monolítica y rígida, sino una incompletud dinámica y fluyente como lo es la existencia.

Y cito: "para  que el presente eclosione  hay que permitir a esa presencia tener lugar, dejar que se produzca un despertar...de hecho el presente será esa decisión, en virtud de la cual no desvío nada, no aplazo, sino que acepto esa abertura que se ha producido, y me atengo al carácter singular del momento, sin que ello suponga nada misterioso, mágico o trascendente".  Uno accede al presente y " permite la embriaguez del instante". Ya que el presente solo existe si asumimos lo que ocurre o, en el lado contrario, permitir la demora, dejar madurar las cosas, desarrollarse un proceso cuyo control que está fuera de nuestro alcance  y al tiempo, sin dejar de estar presente, inmerso en el continuum de la vida , un  movimiento fluctuante sin una finalidad determinada.

Una manera de vivir que busca la realización del sí mismo pero con una explícita renuncia a finalidades concretas, objetivos de conocimiento, que son espejismos del ego. Aunque el conocimiento deja de ser un fin en sí mismo y se enroca en una connivencia con el saber vital "tácito, no demasiado reflexivo ni explicable", una forma de saber armónica con el vivir, holística, la "cara oculta del conocimiento objetivo y digitalizado". 

FILOSOFÍA DEL VIVIR.-François Jullien.-Trad Elisenda Julibert.- ED. Octaedro. 188 páginas.-18 euros. ISBN 9788499212449

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2 noviembre 2018 5 02 /11 /noviembre /2018 10:13

El israelí Yuval Noah Harari, que acaba de cumplir cuarenta años, tiene la  loable ambición de mostrarnos en tres libros el nacimiento, desarrollo, auge y supuestamente declive y deterioro progresivo y cuasi apocalíptico de ese género o especie animal absurda, destructiva, genial, desdichada, patética aunque poética, ridícula y tan cruel como enternecedora que conforma al ser humano, el espécimen más letal de este planeta  tan hermoso como destruido y esquilmado que llamamos Tierra.

Con "Sapiens. De animales a dioses" (2014) o "Homo deus. Breve historia del mañana" (2016) a "21 lecciones para el siglo XXI" (2108) Yuval no sólo ha conseguido hacerse razonablemente rico y ser bastante conocido en los medios informativos y académicos de todo el mundo occidental y tolerablemente  aceptado -con una sonrisa escéptica y algo irritada que se reserva a los "chicos traviesos"- por el estamento científico, sino que está conmoviendo y alertando conciencias por todo el mundo lector que se lee sus entretenidos mamotretos de centenares de páginas.

En un  principio este artículo iba a tratar sobre el último libro de Noha, confrontado   con el de Steven Pinker, "En defensa de la ilustración". Dos libros recién editados. Best sellers por una vez justificadísimos. Los dos nos hablan del mundo que tenemos y por lógica empírica del que nos viene ya. Pero YA. En realidad vivimos en este mismo momento bajo sus parámetros  tecnológicos, sociales, económicos, políticos y amorales. Ya han desaparecido, obsoletas, costumbres consolidadas durante siglos (algunas detestables sin  duda) y desde la cuna a la tumba se va diseñando un ser humano sutilmente diferente, distinto, extraño, que se amolda o trata de hacerlo a cambios que les afectan desde la familia a las relaciones sentimentales, las emociones o las formas de ganarnos la vida, divertirnos, pelearnos o situarnos frente  al futuro. La historia no ha muerto, como aventuró Fukuyama, ha  perdido su sentido.

Dado el interés y la envergadura de estos libros, he decidido optar por una  solución salomónica. Le dedicaré un artículo a cada uno de ellos por separado. Dado que mi conclusión, absolutamente personal y por tanto no solo discutible sino rechazable, es que la gente de las generaciones próximas a la mía, por delante y por detrás, seguramente apoyarán la broma imposible y marxista (sector Groucho) de que paren el mundo para "bajarse en la próxima" y seguir que todo siga su curso hacia la entropía, he preferido aligerar tal visión oscura con un próximo artículo en que hablaré del discutible pero razonable optimismo de Pinker. Y todo eso no por una visión apocalíptica sino filosófica: los que soñamos en la "vida buena" de epicúreos y estoicos, estamos fuera de lugar. Pero ustedes, la gente joven del siglo XXI serán los pioneros de un mundo nuevo, quizá mejor-es mi deseo más ferviente: tengo nietos- que el resto de la bastante lamentable historia anterior. Y ese es el otro aspecto de la cuestión. Más bien la cara oscura de la Luna. La posibilidad, no probable pero tampoco imposible, de que la vida y el ser humano tomen un sesgo inesperado que evite el apocalipsis que la lógica de la historia nos propone. La dialéctica está servida.

Yuval Hoha forma parte de una especie intelectual casi extinta que es la de los "ilustrados radicales", ya que no sólo defiende de los valores de la Ilustración que Kant en 1784 definía como "los principios básicos de la razón, la ciencia, el humanismo (y la libertad) y el progreso que harán salir a la humanidad de su autoculpable inmadurez", sino que a diferencia de grandes ilustrados como Locke, Voltaire o el mismo Kant, defiende esos valores hasta sus últimas manifestaciones, ya sea la homosexualidad, el catolicismo, el islamismo, los ateos y la libertad de conciencia. Más cercano a Spinoza que a esos otros y judío como él no muy aceptable por su comunidad debido a sus opiniones, nuestro autor nos ofrece la cara y la cruz del ser humano en tres tiempos, su pasado de primate dotado de la "chispa" divina enredada en sus neuronas, un posible, quizá probable, futuro en el que la chispa es tecnológica y las neuronas chips y seremos cualquier cosa impensable entre la IA y la Scf y un "presente" que si la neurofilosofía y la física cuánticas no nos engañan es una entelequia temporal, algo que ya no existe proyectándose en una existencia en movimiento permanente cuyo destino inescrutable va adaptándose como puede a un progreso que posee su propia dinámica incontrolable (aunque los ilusos mortales piensen que saben lo que hacen y hacia dónde van). 

Harari nos dice al principio de su obra:"En esta obra mi plan es global. Observo las principales fuerzas  que modelan las sociedades del mundo y que es probable que influyan en nuestro planeta como un todo. El cambio climático quizá esté muy lejos de las preocupaciones de la gente que se encuentra en una emergencia de vida o muerte, pero puede que al final haga que los suburbios de Bombay sean inhabitables, que envíe nuevas y enormes oleadas de refugiados a través del Mediterráneo y que conduzca a una crisis global de la atención sanitaria”. Y de inmediato nos pregunta: "Qué implica el ascenso de Donald Trump? ¿Qué podemos hacer con la epidemia de noticias falsas? ¿Ha vuelto Dios? ¿Se aproxima una nueva Guerra Mundial?¿Qué civilización domina el  mundo, Occidente China o Japón, el Islam?¿Porqué está en crisis la democracia liberal? ¿Tendría que Europa abrir las puertas a los inmigrantes?¿Puede el liberalismo resolver los problemas de la desigualdad y el cambio climático?¿Qué debemos hacer con respecto al terrorismo?...

Más adelante asegura: "En su forma actual la democracia no sobrevivirá a la fusión de la  biotecnología y la infotecnología. O bien se reinventa a sí misma de una forma radicalmente nueva o bien los humanos acabarán viviendo esclavizados por dictaduras digitales." Y no hay ni ideologías, ni mentes, ni  mucho menos pueblos "elegidos" que puedan dar soluciones a estos problemas. Ni siquiera el suyo, del que puntualiza (un capítulo lúcido, el 12, que disgustará a Jerusalén:  el judaísmo “desempeñó sólo un papel modesto en los anales de nuestra especie” y realza su carácter esencialmente tribal en comparación a las religiones mundiales: islamismo, budismo, cristianismo. Aunque no ignora los indudables logros culturales y científicos de su mismo grupo etno-religioso (los judíos son el 0,2% de la población mundial, pero más del 25% de los premios Nobel de Física, Fisiología o Medicina), los atribuye a individuos concretos, no al “judaísmo” como tradición cultural suprema.

El libro es un canto al laicismo y al humanismo secular. Hasta los respetados principios de la Ilustración libertad, justicia e igualdad, podrían resultar anticuados en un mundo en el que “las biotecnologías podrían cambiar la naturaleza misma del género humano, y por tanto están mezcladas con las creencias éticas y religiosas más profundas de las personas…aunque lográramos evitar la guerra nuclear y el desastre ecológico, la gente tiene opiniones muy diferentes acerca del uso de la biogenética (o una ignorancia casi total la mayoría) y la IA para mejorar a los seres humanos o crear nuevas formas de vida. Si la humanidad no consigue concebir e impartir globalmente reglas éticas generales, aceptadas, supervisadas y controladas, se abrirá la veda a los presuntos doctores Frankenstein que crea el poder de las nuevas técnicas biológicas”. (Pág 144)

Como alivio a este anorama citaré una opinión menos radical, la del editor de la revista MIT Technology Review, “Estamos muy lejos del momento en que una inteligencia artificial sea capaz de entender el mundo sin una base previa de datos”.  Aunque como remata Noah "El peligro es que si invertimos demasiado en desarrollar la IA y demasiado poco en desarrollar y promover la conciencia humana, la sofisticada inteligencia de los ordenadores solo servirá para fortalecer la estupidez natural de los humanos".

Y ahí el autor hurga en la llaga: "“La estupidez humana es una de las fuerzas más importantes de la historia, pero a veces tendemos a pasarla por alto…políticos, generales y eruditos ven el mundo como una gran partida de ajedrez, en la que cada movimiento obedece a meticulosos cálculos racionales. Podría ser así…hasta cierto punto. Pocos dirigentes en la historia se han vuelto locos y se han   puesto a mover piezas aleatoriamente (aunque los ha habido). La mayoría creen tener razones lógicas para mover sus piezas en un momento dado. El problema es que el mundo es mucho más complejo que un tablero de ajedrez y la racionalidad humana no llega a entender bien esas diferencias, ni las complejas variables que no obedecen reglas de juego. De ahí que incluso líderes racionales y lógicos acaben haciendo cosas muy estúpidas y dañinas. No hay dios ni ley de la naturaleza que nos proteja de la estupidez humana” “ pag. 202

Me ha gustado su defensa de la UE como experimento orientado a una sociedad global basada en la democracia, los mercados libres, la paz y los derechos humanos que podría compensarse, con un " Un "patriotismo benigno”, pero lejos del aislacionismo nacionalista, podría ser al menos una etapa intermedia antes de alcanzar soluciones verdaderamente globales. Aunque Harari teme que lo que llama “disrupción tecnológica”, vinculada a los hallazgos de la neurociencia y la revolución de la tecnología informacional, esté desfondando nuestros amados principios  sobre la libre elección de los votantes (incluso sobre el libre albedrío), y sobre la eficacia del gobierno ilustrado. "“La fusión de la biotecnología y la infotecnología es una amenaza para la libertad y la igualdad humanas. Cualquier solución al reto tecnológico tiene que pasar por la cooperación global. Pero los nacionalismos, las religiones y las culturas dividen a la humanidad y hacen imposible tal cooperación “(pag. 105)

Por ello el apoyo a una perspectiva laica de la existencia es otro de los logros de este autor: se trata de un ideal, un compromiso global con la Verdad, la Compasión, la Igualdad, la Libertad, el valor para luchar contra la opresión y la tiranía y la responsabilidad humana, de cada uno de nosotros, sobre nuestros actos y nuestro futuro y la capacidad de admitir nuestros errores y puntos ciegos (la “sombra” de nuestra humanidad) y la resolución de enmendarlos sin buscar paranoicamente entes, naciones o personas a las que responsabilizar.

Ya que, nos recuerda, Intentamos negar la complejidad del mundo en que vivimos de varias maneras: minimizar los conflictos reduciéndolos a la lucha entre buenos y malos, centrarse en una historia o relato conmovedora como explicación para juzgar, montar teorías conspiratorias que explican “todo el problema”, un grupo de millonarios de elite, la CIA, los francmasones o los nazis ocultos o los Sabios de Sion y, por fin, crear un dogma y un jefe omnisciente que nos sacará del lío. Ya la tenemos armada.

Para suavizar el mensaje tan duro sobre lo que es nuestros mundo, sugiere una forma distintta de enfocar la educación de nuestros hijos:  “en las escuelas deberían dedicarse a enseñar las cuatro “ces”: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad". Se tendría que dar menos importancia a las habilidades técnicas y hacer hincapié en las habilidades de uso general para la vida, capacidad de gestionar los cambios, de aprender nuevas cosas y de mantener el equilibrio mental un una situación tan continuamente estresante, es decir reinventarnos otra vez como seres humanos, con un sistema de valores básicos y principios éticos. Para tener éxito en esa tarea tan abrumadora deberás volver a aceptar el consejo más antiguo y repetido por los filósofos y la sabiduría: conócete a ti mismo. Y deja de creer en los cuentos que las religiones y los nacionalismos se inventaron y no dejan de repetir. Simplemente recuerda que todo cambia sin cesar, que nada tiene una esencia perdurable y que nada es completamente satisfactorio. Ya en ese camino (un aire fresco a sabiduría budista es expande por las páginas finales del libro) Noah nos sorprende dedicando el capítulo final a la meditación. Una práctica personal para una revolución global. Sin no cambia la persona, el ser humano individual, ninguna revolución  tendrá éxito. Y esto es una verdad universal.

Libro, pues, para leer sin prisas, subrayar y reflexionar detenidamente en algunos parágrafos, aunque otros nos parezcan alarmistas, exagerados o utópicos. Hay mucha verdad y mucho sentido común (e información bastante fidedigna) en estas páginas. No se lo pierdan.

FICHA

21 LECCIONES PARA EL SIGLO XXI.- Yuval Noah Harari.- Trad. Joandomenec Ros.- 399 págs.- Ed. Debate, PVP 21,90 e. 

 

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9 octubre 2018 2 09 /10 /octubre /2018 09:38

Hay al menos tres Le Carré. Uno, el sus primeras novelas en plena guerra ría y aledaños, que me entusiasmaron. Después tras la Caida del Muro, La Carré parecía haber cedido a las tentaciones de los best seller y las versiones cinematográficas y yo fui perdiendo interés. Creo haber percibido en alguna novela un desesperado intento de acercarse a la trascendencia literaria de Graham Greene, segundo periodo, y ahora, con la respetabilidad y la supuesta sabiduría que ofrece la edad como daño o regalo colateral, parece dejar de importarle la fama o el prestigio, la critica o la capitalización cinematográfica de sus  obras. Me vuelve a interesar (aunque nosiempre) y creo que el principio aislado y prematuro de la postrera etapa comenzó con "Un  espía perfecto", que es de 1986 y de la que la BBC perpetró una serie mediocre.

Un accidente doméstico, tan absurdo e inesperado como suelen serlo todos, me ha confinado al encierro monástico obligatorio. Aunque mi interés de lectura más exclusivo es la filosofía y su añorada e imposible meta, la sabiduría, el dolorido cuerpo me pedía a veces una frivolidad literaria banal que le apaciguara un poco. Rebuscando en mi biblioteca policíaca, dí con "Un espía perfecto" y la leí de un tirón durante dos días de sorprendido placer.

La capacidad de análisis del protagonista, sus sondeos biográficos, la figura del omnipotente padre, un estafador de altos vuelos y baja estofa, la banalidad política y económica y la pertinencia psicológica del doble juego del espía, la solidez de los personajes secundarios y la ironía, sarcasmo, instrospección, sutilidad, inocencia e inteligencia del narrador, aunada a la estupidez práctica y la cretina burocracia del mundo secretista, han constituido un deleite tan profundo como las mejores novelas de Maugham o de Greene o algunos maestros de la escuela americana.

No les cuento nada de las desventuras del atractivo, sugestivo e inteligente, Magnus Pym, ni de sus motivos para ejercer de agente doble, ni de su obsesión por escribir sus memorias antes del fin, ni  de sus "dos" padres prodigiosamente diseñados...léanla.

FICHA

UN ESPÍA PERFECTO.- John Le Carré.- Trad. Jaime Zulaika.- Págs 445.- Ed. Plaza Janés.

 

 

 

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4 octubre 2018 4 04 /10 /octubre /2018 11:03

Lo primero que me atrajo de este libro es la aparente disparidad entre los pensamientos y la figuras humanas y filosóficas de esos dos hombres. coetáneos pero tan radicalmente diferentes: era como comparar a un Sócrates o un Pitágoras con un Montaigne  o un Heidegger. Con concepciones y tradiciones filosóficas en polos opuestos, Ortega y Wittgenstein han dado ocasión desde el 2010 a una serie de eventos académicos que ha buceado en sus respectivas obras para encontrar inesperadas resonancias intelectuales (insisto: no hay constancia de que ninguno de ellos conociera la obra del otro) en cuestiones tales como los conceptos de creencia, la autenticidad, la estructura del yo o la controvertida praxis del quehacer del filósofo en la vida, de la utilidad empírica de su labor. Era como hermanar a Epicuro con Saussure. A pesar de que supuse que el libro, editado por una editorial tan poco sospechosa como Tecnos, era una de esas entelequias endogámicas universitarias, lo he leído con atención y con creciente interés. Y lo  recomiendo sin reservas a cualquier interesado en algunos de los dos pensadores por separado o especialmente si existiera un erudito curioso que  lo esté en ambos.

Los coordinadores del libro  (que integran nueve capítulos de distintos autores, incluidos ellos mismos) son dos profesores universitarios, Jaime de Salas de la Complutense madrileña y José María Ariso, de la Universidad de La Rioja, ambos con un nutrido historial académico de investigaciones y publicaciones sobre Ortega, Leibniz, Hume,  Bergson y Habermas, el primero, y libros de filosofía psicológica, teoría del conocimiento y filosofía contemporánea, el segundo.

La presencia de Ortega queda justificada en la recuperación académica que se viene produciendo en los últimos diez años de su legado filosófico y de la originalidad y calado  de su pensamiento. La de Wittgenstein por se una contrafigura filosófica que opone al modelo de Ortega empeñado en salvar su circunstancia al del vienés tratando de superar sus propios errores a través de delimitar el significado del lenguaje y llegando a analizar las creencias como condiciones reguladoras de la vida, punto en el que Ortega articula parte de su pensamiento, apuntándose algunas coincidencias entre la creencia orteguiana y la certeza de Wittgenstein.

 Como se apunta en el prólogo, también se apuntan diferencias notables entre las actitudes de los dos pensadores y sus diferentes articulaciones teóricas: "mientras el pensamiento de Ortega ...afronta una coyuntura histórica concreta (la española), la actividad filosófica de W. se concreta en un esfuerzo por entender el sentido del quehacer humano tal y como lo transmite el lenguaje sin pretender hacer diagnóstico alguno del momento histórico en el que vive".

Ariso en concreto, en su aportación, copara el "imperativo de autenticiad" en la propia postura que ambos autores estudiados esbozan, desde "llevar una vida irreprochable desde un unto de vista moral" en W. hasta el planteamiento  de Ortega de su autenticidad como elemento ya supuesto y que articula como punto de partida para indagar en la realidad. Esa disparidad queda reflejada  en el articulo de Sanfélix que estudia los dos conceptos de la Filosofía "como forma de vida" en los dos autores, desde la concepción casi mística de W. como invitación a una "retirada del mundo" y al "silencio" hasta la fórmula platónica y estoica de que la Filosofía "en última instancia" debe servir para integrarse en y reformar el mundo".

No es objetivo de este trabajo analizar cada una de las excelentes aportaciones de especialistas como los dos coordinadores citados, ni las del resto: Vicente Sanfélix, Mariano Rodriguez (que compara la "creencia en el yo" de los dos autores), Mª del Carmen Paredes que habla de la creencia y forma de vida en los analizados, Rui Bertrand o Karsten  Schoellner que esbozan posibles aplicaciones actuales de determinados pensamientos de Ortega y W., Antoni Defez que presenta con gran originalidad el "problema de los animales desde un punto de vista ontológico en ambos y, para terminar el tema de las perspectivas etnológicas y antropológicas en Ortega y W. según Astrid Wagner y Ángeles  J.Perona.

FICHA

ORTEGA Y WITTGENSTEIN. eNSAYOS DE fILOSOFÍA  PRÁCTICA.- Jaime DE Salas y José Mª Ariso, coordinadores. Ed. Tecnos.-343 págs. ISBN 9788430971909

 

 

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8 septiembre 2018 6 08 /09 /septiembre /2018 08:02

La revista CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA en su número de julio/agosto de 2018 dedica su tema monográfico a una candente cuestión cultural: ¿Puede pasar de moda la lectura?, con artículos de Carlos García Gual, Emilio Pascual, Jorge Comensal y Fernando Hoyos. La monografía tiene el subtítulo de "Toma y lee", la frase que operó maravillas en la conversión del lujurioso Agustín en un asceta modélico que iba para erudito santo. Como nos cuenta la "Infovaticana",  San Agustín, atribulado por su rijosidad oraba : “¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre airado? ¡Olvida mis antiguos pecados!”  En tanto que se repetía esto y lloraba amargamente, oyó la voz de un niño que cantaba en la casa vecina : “Tolle lege, tolle lege” (Toma y lee, toma y lee). . Entonces le vino a la memoria que San Antonio se había convertido al oír la lectura de un pasaje del Evangelio. Interpretó pues, las palabras del niño como una señal del cielo, dejó de llorar y ...cogió el libro de las Epístolas de San Pablo. Inmediatamente lo abrió y leyó en silencio las primeras palabras que cayeron bajo sus ojos: “No en las riñas y en la embriaguez, no en la lujuria y la impureza, no en la ambición y en la envidia: poneos en manos del Señor Jesucristo y abandonad la carne y la concupiscencia”. Ese texto hizo desaparecer las últimas dudas de Agustín. Quizá los doctos redactores de Claves -dirigidos por Fernando Savater-  buscan una "conversión" semejante en los reacios ciudadanos poco motivados por el amor a la lectura pero con la suficiente curiosidad como para comprar la revista. Tolle lege: Toma y lee.

Tras este breve introito de guasa, pasemos al muy interesante contenido de la revista: No sólo disfrutamos de los artículos citados sobre la lectura, también hay trabajos de tipo político e histórico, como el dedicado al final de ETA tras medio siglo de actividades sangrientas y un análisis comparativo entre la organización, o banda, terrorista vasca y su homóloga irlandesa, el IRA. Más en la línea literaria, un excelente ensayo sobre el poeta venezolano Rafael Cadenas, otro, especialmente interesante sobre la vertiente poética -desconocida para mí- de la ensayista alemana Hanna Arendt. Y como guinda hispana nuestra María Zambrano en comentario a sus intentos de conciliar la poesía con la filosofía: esfuerzo literario con el que siempre he estado de acuerdo (en los fondos profundos del pensamiento filosófico acaba resonando la tendencia poética hacia lo absoluto, lo trascendente y la excelencia de los espiritual o lo emocional (y a la recíproca también: bástenos leer a Rilke o incluso al mismísimo Machado). Otro de los trabajos de este número de Claves nos regala una vertiente no muy conocida del pensador añorado, Eugenio Trías, su pasión por la música (conocíamos la persistente pasión de éste por el cine). Como presente de la revista a la actualidad candente de la vida política española, la "cuestión catalana",  a partir de reseñas contrastadas de tres títulos de libros recién publicados, presenta la cara y la cruz de las tesis sostenidas en los libros por autoras que presentahn puntos de vista contrapuestos cuando no enfrentados, como dice Savater, como "homenaje al pluralismo democrático y también un guiño al lector para que se implique en el debate. Y como despedida, un  trabajo bastante enjundioso sobre el escritor francés François -René, más conocido como Vizconde de Chateaubriand delk que se celebra el 250 aniversario de su nacimiento, firmado por Hugo Castignani.

De verdad, no la pierdan.

FICHA

CLAVES.- jULIO -aGOSTO DE 2018.- 8 EUROS. dIRIGIDA POR fERNANDO sAVATER.- vv.aa. 192 PÁGS.ISBN 978841130368200259

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6 septiembre 2018 4 06 /09 /septiembre /2018 08:11

Decía el poeta José Ángel Valente que la biblioteca "es el lugar en que se apaciguan las horas, el afán o la pena...en tal oscura morada, ni la pobreza se teme ni se padece la muerte". Esto pondría los pelos de punta a Mikita Brottman, una profesora de Oxford que imparte sus lecciones de Literatura en una Universidad norteamericana y que escribe libros como el que hoy les recomiendo. Se trata de "un ensayo dedicado a los lectores que no creen que los libros sean intocables". No es un libro brillante, aunque tiene elementos que pueden ser muy convincentes, siempre que prescindamos del decepcionante juicio sobre el Quijote (pág. 125) y de algunas páginas con juicios y temas poco alentadores. La autora reconoce paladinamente que ama profundamente la literatura, pero que no le gusta que se hagan hipérboles salutíferas y de presunta sabiduría casi por contagio o exageraciones psicológicas sobre los efectos de una actividad que, por encima de todo, debe ser placentera.. Desde el principio nos dice que su obra se apoya en dos argumentos: "la lectura en sí misma  no es necesariamente una actividad virtuosa: qué se lee y cómo se lee marcan la diferencia" y "Leer demasiado es una afección poco frecuente y no es un problema tan común como el de no leer nada de nada". 

Particularmente divertidas son las páginas donde Mikita glosa los eslóganes para difundir la lectura que suelen ser demasiado exagerados y simplistas como para propiciar un juicio sereno en torno a los reales beneficios de una  lectura ajustada a las circunstancias personales, sociales, culturales y, por qué no, pragmáticas o utilitarias, sin olvidar las meramente placenteras, que son las más gratificantes y en cuyo seno anida el amor a los libros.

Y así cuando de manera más o menos oficial, gubernamental o académica se nos grita por los "media": "Abre un libro, amplía tu mente", "Los libros son armas", “Los dinosaurios no leían y desaparecieron", "Un hogar sin libros es como un árbol sin pájaros", "Deja que los libros te transformen", "Si no lees no pasa nada. Si lees, pasa mucho"… el lector habitual echa una sonrisita escéptica y burlona y los lectores potenciales se encogen de hombros. No creo que nadie "pique", excepto algún inocente despistado. Con mucho sentido común la autora nos dice: "a lo que en realidad deberíamos prestar atención en un mercado abarrotado, no es a la muerte de la lectura, sino a la muerte del criterio sobre lo que leemos y por qué lo hacemos". Y a la necesidad obvia de que se nos forme -desde la guardería a la Universidad- con criterios válidos, lógicos y útiles a ser lectores cualitativos e informados, añado yo.

Como dice Mikita "no leáis libros porque sintáis que "debéis hacerlo" o porque sean buenos para ti. Hacedlo porque no podéis evitarlo" (aquí cae un poco en los defectos que critica: ¿realmente hay alguien que "no pueda evitar" leer un determinado libro, excepto si se ha de examinar de él o es un crítico al que pagan por hacerlo?

La verdad es que hay un derroche de sentido común y de racionalidad nada mágica en los argumentos que esgrime Mikita, que empieza muy prometedoramente cuando nos dice que leer es un vicio solitario como el masturbarse ya que "ambos suelen llevarse a cabo a solas y en privado, a menudo en la cama y por la noche, antes de dormir" (sic).

Las "confesiones" personales de la época infantil, adolescente y juvenil de la autora abonan su amor a los libros pero al mismo tiempo ponen alerta a cualquiera que sepa algo de psicología sobre las motivaciones de Mikita. Pero no entremos en ese espinoso asunto. Se trata de un libro apasionado por la lectura y los libros, escrito por una mujer apasionada por su intensa relación con la lectura y en el que más de diez páginas de bibliografía usada con referencias a clásicos y modernos suponen una cierta garantía de la probidad intelectual de la profesora  Brottman. Y en cualquier caso es un libro que se lee con cierta golosa delectación.

FICHA

CONTRA LA LECTURA.- Mikita Brottman.-Trad. de Lucía Barahona.- Ed. Blackie Books.-167 págs. ISBN 9788417059545

 

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4 septiembre 2018 2 04 /09 /septiembre /2018 08:04

Joaquín Rodríguez: Bibliofrenia o la obsesión irrefrenable por los libros (Melusina, 2010)

Tal vez, el libro "Bibliofrenia" de Joaquín Rodríguez sea uno de los más agudos e interesantes para lectores habituales y pique la curiosidad de los que no lo son pero podrían llegar a serlo. Bibliómanos, bibliófagos, bibliofrénicos, biblioclastas (incendiarios al estilo de Fahrenheit 451, tan literario o al estilo nazi, tan estúpido) , bibliofóbicos, bibliocleptómanos, van surgiendo de las páginas de este librito, glosando figuras como la del millonario Henry E. Huntington, norteamericano, cuyo legado se conserva en una enorme Biblioteca que lleva su nombre en Pasadena (California); el cura don Vicente que asesinó a varios bibliófilos para completar su biblioteca; el conde Libri-Carucci, profesor de matemáticas en la Sorbona, que robó miles de ejemplares valiosísimos  para pagarse una vida lujosa. Sabremos de la memoria prodigiosa de Magliabechi, bibliotecario del duque de la Toscana, que conocía el paradero y la situación cualquier libro importante no sólo en su biblioteca sino en muchas otras de Europa, detallando estantería, anaquel y clave. También la desmedida pasión de sir Thomas Phillips que reunió más de cien mil libros en sus mansiones, la historia de amor de Casanova repartida entre las mujeres y los libros (con triunfo de estos últimos en los postreros años de su vida). O el gran depredador de libros Antoine Marie-Henrie Boulard, que acumuló en varias casas de París medio millón de libros.

En otra de las veinticinco "sombras" bibliomaníacas esbozadas por Rodríguez, se cuela otra reflexión impagable de nuestro autor: Cuando escribe: "el amante de los libros es polígamo, su relación con cada ejemplar es íntima y por eso cuasi carnal, y no suele estar dispuesto a establecer uniones excluyentes o estrictamente conyugales". Delicioso, ¿no les parece?

NO tan deliciosa es la historia que se nos cuenta sobre el historiador y erudito prusiano Theodor Mommsen, autor de unas 1.500 obras, entre ellas la legendaria Historia de Roma. Cuando en enero de 1903 tenía ochenta y cinco años de edad, se había convertido en el deprimido pero feliz (¿puede ser esto posible,?, pues sí, a ratos) habitante solitario de una mansión biblioteca con derecho a jergón para dormir y cocina para comer sus austeras colaciones. Los libros eran "su consolacione". Incluso estaba harto de la fama que la le había dado en todo el año anterior la concesión del premio Nobel de Literatura. Un dia de fines de enero de ese año, Mommsen subió a lo más alto de la escalera que terminaba en las estanterías superiores de su biblioteca. Sacó un libro y, mientras lo hojeaba con dificultad sosteniéndolo con una sola mano, con la otra sostenía una vela que le daba la luz suficiente para poder leer. En un momento dado acercó el fuego de la vela a su blanca y profusa cabellera y esta se incendió con las consecuencias trágicas previsibles. El viejo erudito logró apagar el incendio de su cabeza, pero su rostro quedó desfigurado y padeció una serie de complicaciones lógicas dada su venerable edad. Murió diez meses después.

La moraleja más jocosa, si se nos permite, es que la lectura no siempre es un remedio para casi todo y un placer en casi todos los casos. Puede constituir una severa carga y una causa de consecuencias bastante dolorosas para el lector. Basta recordar esta anécdota o aquéllas que conciernen a la "Santa" Inquisición o a determinados tiranos y psicóticos con poder. En todo caso, el repaso de Rodríguez a los 25 bibliomaníacos tiene un efecto no del todo desagradable sobre los que amamos los libros. De alguna manera sentimos que pertenecemos a una curiosa y altamente interesante comunidad, ¿no es cierto?
"Bibliofrenia" es, en cualquier caso, un oportuno homenaje al libro de papel que además es una prueba ocasional de que los augures del fin del libro harían bien en dedicarse a otras cosas: las predicciones, profecías y vaticinios no son lo suyo (de hecho no lo son de casi nadie, aunque los horoscopianos se ganen muy bien la vida con los incautos)

FICHA

BIBLIOFRENIA.-Joaquín Rodríguez.-Ed. Melusina. -140 págs.10 euros.-ISBN 9788496614864

 

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1 septiembre 2018 6 01 /09 /septiembre /2018 08:13

Con el mismo título que el libro de  James Salter que comentamos hace poco y otro de Henry James de principios del siglo XX, "El arte de la ficción" del escritor inglés David Lodge, uno de los maestros del humor británico de la generación de finales del siglo XX, ya se le considera un clásico. Fue publicado originalmente en el 92 y aquí lo tradujo Laura Freixas en el 98 para Ediciones Península. El ejemplar que he manejado es una edición de Austral en libro de bolsillo de 2017. A diferencia del ejemplar de Península, el de Austral esta acompañado y muy bien servido por un prólogo de Eloy Tizón que pone en guardia al lector del excelente libro y autor que va a leer. El final de ese prólogo interesante dice: "Leer bien con pasión y lucidez no es muy frecuente. Por eso necesitamos a maestros como Lodge, que nos instruyan sobre el arte o la ciencia de leer". Y añade: "Con inteligencia, sin engolamientos innecesarios, este libro ilumina sobre aspectos clave del proceso de construcción de la belleza literaria, esa capaz de transmutar un puñado de piedras falsas en emoción verdadera".

La prosa clara, aguda y levemente irónica de Lodge (impregnada de un sentido del humor, a veces sorprendente, que  estimula la sonrisa y la inteligencia) se emplea a fondo en contarnos datos y profundidades de una larga serie de escritores y algunas de sus obras fundamentales. En origen esos pequeños ensayos habían sido artículos publicados en una columna semanal del suplemento de libros del "The Independent on Sunday, apliados y corregidos por Lodge para formar con ellos y algunos más este libro de nada pretenciosa crítica literaria, que se lee con placer y provecho (y donde para mayor regocijo del lector menudean las "confesiones" del mismo autor sobre sus propias experiencias creativas en  la confección de sus novelas. Los artículos van acompañado como motivo y causa de fragmentos (muy bien escogidos) de los distintos autores comentados.

Lodge logra convertir la ficción en un arte y lisa y llanamente convierte sus comentarios sobre la ficción en otro arte mayúsculo. Por tanto vemos juntos a un comentarista literario académico (es profesor de Universidad) que ejerce como novelista a la hora de contarnos cosas del oficio de otros novelistas y de él mismo sin perder la agudeza teórica de un profesor.Miel sobre hojuelas. Y así nos habla de la Austen de Emma o el Ford Madox Ford de El  buen soldado o de Forster o Waugh para ilustrar los esenciales y difíciles de lograr comienzos de una novela (que generalmente influye y no poco en el exito total del libro).

Lodge nos porpone, pues, una serie de temas básicos a través del cual desarrolla su amplio y enundioso dominio de la creación literaria, suus mecanismos y engranajes y de los elementos  y recovecos de una lectura inteligente. Así desarrolla temas como el citado "Comienzo", "El autor omnisciente" o punta de vista narrativo (con ejemplos bastante interesantes) , “La novela epistolar”, “Los cambios temporales” y “La estructura narrativa”, "El lenguaje coloquial adolestcente" (naturalmente Salinger) " El flujo de conciencia"  (Virginia Woolf" o "El monólogo interior" (Joyce, claro), "El lector en el texto" (Sterne y su Tristam Shandy)  "La prosa retórica" (Nabokov) o "La intertextualidad (Conrad), "El sentido del pasado" (Fowles) o el del futuro (Orwell), "La ironía" (Bennet) o "Lo sobrenatural" (Poe) y así hasta 50 deliciosos ensayos literarios que acaban con "El final", según Jane Austen (que como dijimos también ilustra el principio novelesco).

La nómina de autores que nos presenta Lodge se limita a escritores británicos de solera o norteamericanos como los citados juntos a Charles Dickens, Henry James, Hemingway, D. H. Lawrence. También a escritores en inglés de otras tradiciones como Kipling, Joseph Conrad, Brontë y Nabokov. Y contemporáneos como Martin Amis, Paul Auster, Kazuo Ishiguro, John Updike y Anthony Burguess, Samuel Becket. Y acaba su libro con un genial gesto de prestidigitador literario, citando la palabra "Gestalt" (nombre que se da a una determinada especialidad psicológica sujeta a una serie de reglas y a una visión crítica del arte) para definir la intencionalidad de su libro y sus límites: "Una novela es un "Gestalt", una palabra alemana...que me diccionario define como "una estructura o modelo de percepción que posee cualidades en tanto que conjunto, el cual no puede ser descrito meramente como una suma de sus partes". Lo dicho, genial.

FICHA

EL ARTE DE LA FICCIÓN.- David Losge.- Trad. Laura Freixas. E, Austral.-8,95 euros.319 págs. ISBN 0788499425771


 

 
 

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