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16 abril 2019 2 16 /04 /abril /2019 19:09

Excelente libro del profesor madrileño David Hernández de la Fuente, una monografía que se suma a los cientos que se han publicado sobre el dios griego amigo de los hombres, Dioniso, el dios de la alegría y el vino pero también de la locura salvaje de las ménades y los extravíos de la pasión, el dios de los "misterios", el que conoce y ampara los caminos que llevan al "despertar del alma"(virtud que comparte con los de Démeter, Eleusis o Perséfone), inspirador del teatro y la máscara. La abundancia de textos relativos a lo dionisíaco y de grandes autores que lo han estudiado y analizado hasta la saciedad, no resta mérito alguno a este estudio que nos presenta Ariel en su elegante y excelente forma acostumbrada. Casi cien páginas de referencias, notas y bibliografía hablan a las claras de la competencia, el rigor y la seriedad académica del trabajo de este joven autor que aún no llega al medio siglo y ya posee una envidiable hoja de ruta en publicaciones.

El papel de Dioniso y Ariadna en el proceso del despertar del alma lo aclara el autor en este párrafo de la página 197: "La metáfora de Ariadna como el camino  del alma es demasiado tentadora en elplano religioso y filosófico y es posible rastrear las fuentes planteadas, desde antes del siglo IV a.C., matices salvíficos en la pareja formada por Dioniso y Ariadna, que configura su leyenda como el mito por excelencia de la salvación del alma en la antigua Grecia y en su posteridad".

Aquí se trata la figura del dios"dos veces nacido", el mito y el símbolo literario y poético en consonancia y relación con la figura de Ariadna, la joven abandonada dormida por Teseo y "despertada" en Naxos por Dioniso que se casa con ella (aunque luego caería en los infiernos y sería rescatada y llevada al Elíseo por el dios), la traidora de su patria que por amor causó la muerte del Minotauro y el desvelamiento del misterio del Laberinto.

Dioniso está implícito en la divinidad platónica y epicúrea, en la figura cristiana de Jesús (es notable la capacidad de los antiguos cristianos para asimilar e integrar los símbolos religiosos y espirituales del mundo greco latino u oriental) y luego caería en el silencio y la oscuridad de los siglos medievales bajo el control feroz de la Iglesia, para renacer  a partir del siglo XVIII,  con Hölderlin, Nietzsche y otros. O resurgiendo literariamente junto a Ariadna,  en obras de Vargas Llosa, Julio Cortázar, Sender, Borges, Azpeitia y Espriu, ciñéndonos al mundo hispano.

Precisamente nuestro autor se basa en la figura de Ariadna para diseñar su ensayo y llama a las seis partes en las que divide el tratado en "despertares". Así comienza con el análisis del mito dionisíaco utilizando icónicamente el cuadro de Tiziano que refleja el encuentro de Dionisos con Aridna en Naxos. En el segundo será el tema de la Edad de Oro, la evocación utópica de Platón. La ópera de Monteverdi sobre Ariadna será el hilo conductor del tercero que se centrará en el mito de la joven y su curso de muerte y resurrección. El cuarto nos habla de la cristianización del dios, a partir de un poema de Holderlin. La recepción del mito en la modernidad y el hilo de Ariadna de Espriu, sirven de estímulo al análisis de lo dionisíaco hoy y de la figura de la mujer bajo esa influencia en los años sesenta del pasado siglo, seá el quinto "despertar". Por último, Strauss y su "Ariadne auf Naxos" permite a De la Fuente "presentar un panorama de las interpretaciones de Dioniso que lo han convertdio en pieza esencial en la historia del pensamiento, especialmente desde el fin de siglo XIX cuando con Nietzche, Harrison, Evans y otros se cambia la noción de la antigua religión griega" (pág 23).

Fue precisamente Nietzsche el que en  1872 con su "Nacimiento de la tragedia" causaría el interés de estudiosos como Frazer, Otto, Burket y Vernant sobre el hombre dionisíaco como réplica al apolíneo del pensador alemán. A partir de ahí nuestro autor rastrea a través del análisis de los signos, mitos, símbolos, obras de arte, la presencia de de pareja divina que se refleja en Cristo-Virgen María y la huella que ambos han dejado en la poesía y la filosofía alemana del siglo XIX.

Un libro pues que interesará a todos los que sientan curiosidad por rastrear la influencia de los mitos y símbolos de la antigüedad griega en la cultura actual, manteniendo una vigencia "subterránea" permanente en las costumbres, motivaciones, actitudes y comportamientos de las personas, tal como diría Jung, pues en el fondo somos los mismos y eso es la ventaja evolutiva de la especie. Y es que nuestra vida se sigue sustentando en la influencia inconsciente del dios del hedonismo, la sexualidad y la confusión, de la búsqueda de lo espiritual como camino de mejora personal y de excelencia en el caos de la nueva sociedad tecnológica e individualista.

FICHA

EL DESPERTAR DEL ALMA.-Dioniso y Ariadna:mito y misterio.- David Hernández de la Fuente.- Ed Ariel.-453 págs.- 23,90 euros.-ISBN 9788434425835

 

 

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1 abril 2019 1 01 /04 /abril /2019 09:00

 

 

Estamos viviendo una época especialmente complicada. Necesitamos un compromiso dinámico e incesante con la cultura con mayúsculas. Es decir, yendo a la raíz etimológica de la palabra, con el cultivo del conocimiento de la realidad y las formas de preservar los saberes, las técnicas y la historia de la humanidad, los valores genuinos de la personalidad humana y el amparo y cuidado de las condiciones en las que es posible prosperar como género y preservar el conjunto del hábitat en el que vivimos, nuestro bastante esquilmado planeta. Todo eso es Cultura. Ella nos define y nos hace crecer. Pues bien, la Cultura está en peligro apocalíptico una vez más. Como lo estuvo en varias ocasiones en el malhadado siglo XX y en el XXI tiene todos los números para superar aquella marea terrorífica de muertes y destrucción. De eso trata este artículo -ojalá no tenga nada de profético-  y también de dos visiones optimistas que ponen entre paréntesis el horror y ofrecen varios "remedios" o cautelas para frenar esa dinámica de la mayor barbaridad que podría cometer la humanidad: la guerra global. Una hecatombe que podría desencadenarse en cualquier momento tras un análisis objetivo de la situación mundial, el inestable equilibrio entre las grandes potencias y los líderes más poderosos y peligrosos que hemos tenido la mala suerte de traer simultáneamente a esta misma época.

Para comprender y reflexionar sobre esta ecuación de realismo, pesimismo y optimismo, les sugiero la lectura de tres libros, cada uno de ellos de un valor documental, lógico, científico y político de primer orden. "La guerra futura" de Lawrence Freedman, un experto británico en historia de los conflictos bélicos, catedrático universitario y alto funcionario de gabinetes estatales dedicados al estudio de posibles escenarios bélicos, es el primero de ellos. "En defensa de la Ilustración" de Steven Pinker, es el segundo. Pinker es un defensor de los valores de aquél movimiento histórico: la razón, la ciencia y el humanismo. En su libro nos envía un cauteloso pero optimista mensaje de esperanza. Y el tercero es "Fact Fulness", donde el trío familiar sueco compuesto por Hans Rosling, Ola Rosling y Anna Rosling nos demuestra cómo los prejuicios y el mal uso de los datos y estadísticas, de la información en suma, condicionan una visión del mundo errónea que facilita una deriva peligrosa hacia el desastre cuando, como ellos demuestran con datos comprobables, "las cosas está mucho mejor de lo que piensas".

Por razones metodológicas (y simbólicas) empecemos por la "cruz" de la situación. La cruz en la que se puede estar clavando el mundo que conocemos y sobre todo al mundo al que aspiramos. El libro de Freedman es brillante, pero también alarmante y desazonador. Ya en la primera parte, analiza las actitudes de británicos, estadounidenses y franceses ante las brutales amenazas de Hitler y peor aún hacia sus actos de expansión bélica territorial.  La guerra que se anunciaba con tanta evidencia y salvajismo era "demasiado horrible para imaginársela". Los políticos y gobiernos prefirieron en general aceptar  una política de apaciguamiento y tolerancia hacia Hitler, porque la alternativa de la guerra generalizada era como dijo el inglés Chamberlain "horrible, descabellado e increíble". Parece ser un estereotipo humano, vemos llegar el huracán pero siempre pensamos que nos vendrá hacia nosotros, aunque la evidencia (y la historia) muestran que había suficientes señales como para saber que nos arrasaría. Este es el nudo de la cuestión que Freedman demuestra en su libro: realmente, ¿nos sorprendería que Trump y Corea del Norte, la China emergente y expansiva y un Putin agresivo, el fanatismo yihadista y algunos otros conflictos con la espoleta dispuesta, hicieran cabalgar los jinetes del Apocalipsis? Y si es así de qué manera ocurriría, cómo serán las guerras que se avecinan, el género de la ciberguerra y el papel de los robots y los drones en el escenario de destrucción localizada o masiva. Todo ello explicado en un contexto realista, lógico y horriblemente plausible.

Y en estos escenarios lo único que sobra son los pronósticos de los "especialistas", critica Freedman, como cuando se habla de la eficacia del "primer golpe por sorpresa" (que nunca puede ser seguro) como manera de evitar guerras extensas, pasando por el papel de las sociedades civiles ante una guerra prolongada o brutalmente sanguinaria. La historia pasada nos muestra que desde las guerra coloniales europeas, a la guerra fría y su secreta virulencia, a las espadas en alto entre las grandes potencias, la lucha contra el terrorismo y la proliferación de bandas urbanas brutales en las megaciudades, los panoramas descritos por los "especialistas", generales, espías y estrategas y sus explicaciones, en ningún momento sirvieron para algo positivo. Freedman nos relaja un poco hablándonos de las obras literarias en las que se vaticinaban los horrores de la guerra del futuro, desde Orwell a Conan Doyle, Verne y H.G. Wells (que acertaron en varios aspectos de la tecnología bélica, aunque no en el sueño de que habría un futuro sin guerras en el horizonte). Pero no tarda en mostrarnos su convicción de que ese sueño es absurdo dada la condición humana y las circunstancias económicas y sociales en que vivimos. Para ello carga contra el psicólogo Steven Pinker que en su obra "Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones" sostiene que "el declive que se aprecia a largo plazo en las tasas de homicidio intencional, en los indices de crueladad estatal y en la incidencia de conflictos bélicos es un reflejo del paulatino triunfo de "nuestros mejores ángeles", la empatía, el autocontrol y la moralidad sobre los "demonios internos" de la violencia, la dominación, la venganza, el sadismo y la ideología". Freedman califica de utópica y poco cientifica la obra de Pinker y aporta datos y estadísticas que muestran un escenario nada optimista, en el que crece la comprensión de las dificultades que presenta la contención de la guerra (en el sentido de limitar potencialidad destructiva tanto en el tiempo como en el espacio) y, en segundo lugar, la existencia de investigaciones en todos los paises enfrentados sobre un tipo de fuerza decisiva capaz de asestar un mazazo inapelable al enemigo y poner fin a las contiendas de forma rápida y victoriosa. Con lo cual se olvida un principio histórico básico: una vez empezada la guerra nadie puede saber cuál va a ser su curso y menos su resultado final. Y una consecuencia lógica: dada la apabullante potencia de las nuevas tecnologías bélicas, lo más seguro es que acabemos todos metidos en una catástrofe global.

Freedman parece dominar las previsiones estratégicas de Estados Unidos y Gran Bretaña pero no tiene el mismo caudal de datos respecto a rusos, chinos o coreanos del Norte. Por tanto su análisis es tan discutible, a nivel absoluto, como lo es la teoría del "golpe aplastante" que acabará con la rendición del enemigo y una paz negociada. Pero lo más preocupante es que el escenario actual está siendo dirigido por líderes que parecen surgidos de "1984"  de Orwell. La realidad podría ser peor con gente como Trump, Putin o Kim Yong. Sin embargo, como dice Pinker en su obra, el catastrofismo es un riesgo que hay que desechar pues nos lleva al pánico y oculta posibilidades y hechos que pueden variar los desenlaces catastróficos.

Su libro "En defensa de la ilustración" escrita después de la obra criticada por Freedman, se basa en la idea de que  aunque la vida humana nunca será  perfecta, siempre podemos mejorar en algunos de sus aspectos y para ello qué mejor receta que aplicar los principios básicos de la Ilustración que en el siglo XVIII llevó a una parte de la Humanidad a "un baño de purificación moral" como escribió Alfred North Whitehead: la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. El objetivo era "llevar al máximo el auge de todo lo humano, ya sea la vida, la salud, la felicidad, la libertad, el conocimiento, el amor o la riqueza de las experiencias".

Pinker trata de convencernos de que tal vez ha llegado el momento dorado (a pesar de las circunstancias y las apariencias terroríficas que nos muestra Freedman) para que la Humanidad despegue de los temores, engaños y esclavitud de la Caverna platónica en la que nos ha metido el siglo XX. Como argumentos y pruebas nos va ofreciendo estadísticas, gráficos, pruebas documentales donde se demuestra el aumento de esperanza de vida en casi todos los paises del mundo, un abultado descenso de mortalidad por enfermedad acompañado de signos cientificos esperanzadores de curación de flagelos como el cáncer o el Sida o las ETS (también según qué parte del mundo cubre los datos), un nivel educativo creciente y las facilidades increíbles hace solo diez o veinte años en el campo de la información, el ocio y la formación, de las nuevas tecnologías. Tal vez Pinker tiene demasiado focalizado el mundo occidental y el norteamericano y canadiense en especial, pero ello no quita interés al esfuerzo del autor por  ofrecernos motivos de esperanza en estos tiempos difíciles. Y para mostrarnos que no vive de espaldas a la realidad en su fascinante discurso positivista, Pinker recuerda que el advenimiento de Trump podría suponer un paso atrás en el progreso anunciado y no sólo para Estados Unidos, también para el resto del mundo dada la globalización de los peligros que el aludido sujeto es incapaz de valorar: el cambio climático, la paz, la conciencia clara de que las armas nucleares (mejoradas y ampliado su poder dese 1945) no deben ser utilizadas otra vez.

En el polo opuesto de Pinker, lo líderes populistas que comienzan a surgir en todo el mundo como una peste y ofrecen el autoritarismo y las dictaduras disfrazadas como solución, sólo ven y propagan un escenario mundial en el que "todo va mal": delincuencia, mafias, bandas urbanas, terrorismo, inmigrantes no deseados creando mayor pobreza, inseguridad y desconcierto. Y sin percatarse de que ellos forman parte del problema no de la solución aseguran con voces destempladas que ya no hay conciencia moral en el mundo. 

El optimismo de Pinker apuesta por una mayor mentalización de las sociedades y sugiere un esfuerzo para tratar de ver que los problemas del mundo, con nuestros medios y tecnologías, tienen solución y que hay que ponerse a ello. Cita una metáfora del economista Paul Romer que distingue el "optimismo complaciente" del niño que espera que todo lo que ansía le llegue como llovido del cielo, del "optimismo condicional" del niño que sueña con tener una cabaña en el árbol de su jardín y consigue primero la madera y los clavos para construirla y se ponga a ello inmediatamente. 

Precisamente algunos de los ataques más duros de Pinker también conciernen a ciertos comentaristas notables que, asustados ante la situación mundial, ya en 2016 comenzaron a certificar el bajón ético de los países de occidente, del mundo árabe y el oriental, principalmente China y Japón. Y en general consideraron que los valores de la Ilustración habían quedado en un residuo histórico nostálgico. Parece que a Pinker la "conciencia crítica"  de ciertos filósofos, profesores y pensadores, le parece excesivamente negativa.

Para callar a estos "augures de malas noticias" (con la vista muy buena, razonable  y realista, por otra parte), Pinker nos va desgranando citas y estadísticas de mejora mundial en ámbitos de cultura, ciencia. movimientos ciudadanos humanistas y recomienda una página web de periodismo económico, Quarz, que ofrece una lista de links de "buenas noticias del año 2017", como "la retirada del leopardo de las nieves de las especies en peligro de extinción, la provincia de Pakistán que había plantado 1.000 millones de árboles a lo largo de los dos años anteriores en respuesta a la inundaciones de 2015, el espectacular descenso del número de afectados por la dracunculiasis, enfermedad parasitaria invalidante causada por ingerir agua en mal estado, (de 3,5 millones de casos en 1986 a solamente 30 en 2017), y el lento pero constante aumento del número de mujeres diputadas en todo el mundo, desde el 12% de 1997 al actual 23%."

Bueno, precisamente para valorar el sesgo informativo de parcialidad o manipulación que supone el uso de datos, estadísticas y noticias, entra en liza el tercero de los libros recomendados: "Fact Fulness" de Hans Rosling y familia en el que a base de gráficos, tablas, analogías, estadísticas comparadas y demás herramientas de la información, se nos ofrecen diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo y por qué las cosas están mejor de lo que piensas". Lo cual en realidad supone que este comentarista apuesta por el optimismo, ya que este libro es la constatación de muchos de los puntos que Pinker ofrecía en sus dos libros citados. La guinda la pone el mismísmo Bill Gates que después de leerlo se comprometió a regalar un ejemplar a cada graduado universitario de su país.

Lo que Rosling pretende es enseñarnos a valorar e interpretar los datos numéricos informativos que se nos ofrecen de manera masiva, aceptando de entrada los problemas y dificultades que el mundo tiene (negarlos sería absurdo), enseñándonos a asimilar de forma correcta las estadísticas y la tendencia tan humana de prestar más atención a las historias dramáticas o alarmantes que a las positivas y esperanzadoras. Y así "los diez instintos que nos impiden ver el mundo objetivamente, tienen que ver con el miedo, el pesimismo, los tamaños desmesurados en la presentación de algunos datos o hechos, muy lejos de su justa medida, la tendencia binaria que se salta el espacio intermedio de las cosas y la polarización hacia sesgos educativos o ideológicos o religiosos. Estos instintos no nos permiten poner los hechos en perspectiva y relativizarlos.

Comienza con presentarnos un test que nos muestra de manera sorprendente los errores de interpretación más comunes en las que casi todo el mundo cae. Pero eso sólo es el principio, luego leerán datos y noticias absolutamente notables que han estado a nuestra disposición y no hemos sabido ver ni calibrar. Los autores Rosling han buscado información relevante, observan con rigor y seriedad los hechos ( a eso se refiere el título del libro, difícil de traducir) y nos explican lo que debimos leer, con una claridad meridiana y unos gráficos de gran calidad y exactitud. Tanta que, como en el caso que nos muestran los gráficos de la páginas 40 y 41, cambia sustancialmente nuestra manera de considerar el problema de la mortalidad infantil en el mundo.

Se nos dice que miles de millones de personas han salido de las cotas de pobreza total  que históricamente se mantenían casi inalteradas (aunque quedan bolsas de pobreza extrema en diversos paises), pero la regla general lleva a familias con menos hijos, más sanidad y más enseñanza, un nivel modesto de bienestar que va creciendo sin cesar (pero no es noticia relevante para casi ningún medio de comunicación). El mensaje de los Rosling no es complaciente, reconocen la gravedad de los problemas a los que debemos enfrentarnos, sino activista: en el sentido de que debemos esforzarnos en ir reparando las deficiencias y aprovechando los recursos científicos para mejorar la situación del mundo más desfavorecido, ese que según datos revelados en este libro, está formado por personas que deben vivir con menos de un euro al día, una de cada diez personas (hace cincuenta años era una de cada dos).

Ese sesgo catastrofista de los medios de comunicación (las buenas noticias no son noticia, la felicidad no nutre la historia, un periódico que sólo diera buenas noticias, cerraría al segundo número), forma parte de la condición humana y no de puede hacer  nada por remediarlo, aunque sí por suavizarlo con informaciones relevantes, honestidad  y moralidad social en los medios, mayor educación ética y en empatía  en las escuelas y universidades... Educar para que las personas decidan mejorar el mundo en la medida de sus posibilidades, porque sí hay maneras de combatir la pobreza o de evitar las guerras, si descartamos la pasividad o el pasotismo egoísta (mientras no me toque a mí). Las estadísticas nos confirman, según Rosling, que las cosas no van cada vez peor, hay que resaltar los progresos tanto como las medidas para sustentarlo. 

Destaquemos la ruptura que hace el libro de tópicos como "la brecha existente entre ricos y pobres", cuando lo cierto es que es un continuum que va desde los muy ricos a los muy pobres y está en su mayor parte ocupado por la gente que va de uno al otro. Así pues, los ingresos diarios por persona son para Rosling el indicativo principal de los modos materiales de vida, más que la cultura, la religión o el régimen político en el que viven las personas.

Hans Rosling murió el 7 de febrero de 2017 de un cáncer de páncreas. Hasta el último momento de lucidez estuvo corrigiendo las pruebas de este libro que no pudo ver publicado. Sus colaboradores, su hijo y su nuera, nos dicen al final del volumen: "El sueño de Hans de una visión del mundo basada en datos reales sigue vivo en nosotros y esperamos que siga vivo también en tí". Así sea.

 

FICHAS

LA GUERRA FUTURA.-Lawrence Freedman.-Traducción de Tomás Fernández Aúz. Crítica. Barcelona, 2019.- 592 páginas. 24,90 €.- ISBN 9788491990628

EN DEFENSA DE LA ILUSTRACIÓN.- Steven Pinker.- trad. Pablo Hermida.- En Paidós.-32 euros.-741 págs. ISBN 9788449334627

FACT FULNESS.- Hans Rosling, Ola Rosling y Anna Rosling.- Ed. Deusto. 345  págs. 22,50 euros. ISBN 9788423429967

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10 marzo 2019 7 10 /03 /marzo /2019 08:50

Se trata de breve ensayo de Hannah Arendt , hasta ahora desconocido, al menos en versión española. La ensayista judía, discípula y amiga íntima del  filósofo de historial nazi, Heiddegger, es suficientemente conocida, por la valentía y audacia de su pensamiento y por sus opiniones controvertidas.  Arendt escribió mucho y su pensamiento político, social e histórico resultan bastante difícil de ser encuadrados en una determinada corriente, leemos textos conservadores y otros de izquierda extrema, otros conformistas y algunos revolucionarios cuando no abiertamente polémicos como el de "Eichman en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal".

En el ámbito judío, este libro provocó contra la Arendt una radical y dura campaña de rechazo y descrédito, repitiéndose el "caso Spinoza", aunque por motivos distintos y sin que hubiera una interdicción religiosa, aunque sí social,  como tuvo que sufrir el gran filósofo del siglo XVII. La semejanza estriba en las actitudes ambos pensadores judíos, la valentía y honestidad con la que defendieron sus ideas y sobre todo la libertad de exponerlas. Los judíos no toleraron que criticara el secuestro ilegal de Eichmann en Argentina por los servicios secretos israelíes, la formación de un tribunal poco imparcial y, sobre todo, ver en Eichmann no tanto un sádico sino un pobre hombre que se limitó a obedecer órdenes. Desde Arendt, dicha idea de banalidad o frivolidad de tales individuos,  sin disminuir la responsabilidad de sus actos horribles, hace hincapié en  la estupidez malévola y rutinaria de tipos sin inteligencia moral que escudan su estulticia tras el sello de "obediencia a las órdenes recibidas".

El libro La libertad de ser libres, escrito a  finales de los 60  fue publicado póstumamente. Tiene un epílogo de Thomas Meyer y una amplia bibliografía y las traducciones al castellano de muchas de sus obras. Las cuarenta y pico páginas de este breve ensayo , estudian el concepto de revolución, las formas en que se produce históricamente y  la relación que este dramático hecho histórico tiene con un elemento básico de la humanidad: la necesidad esencial de libertad que el hombre tiene y que debe defender, creando un proceso revolucionario cuyo objetivo inexcusable es la libertad.  Las revoluciones políticas tienen su idiosincrasia propia, condiciones y características que son distintas a los cambios de paradigma de las revoluciones científicas.

Etimológicamente,  la revolución se define con una vuelta al principio, dar la vuelta sobre sí mismo como en un círculo. Lo cual no es lo indicado en las revoluciones políticas que suelen romper con lo antiguo para imponer algo nuevo. La libertad se equipara, según Isaiah Berlin, a la libertad negativa o repudio de lo anterior; y a la positiva, que hace que  la libertad influya en nuestra vida y la manera distinta de vivirla. Y ahí es donde la historia hace sus propios ensayos e interpretaciones: hay una gran diferencia entre la Revolución Francesa y la de Estados Unidos. La primera acaba con el Terror y la segunda con una cierta idea de la nueva libertad y los derechos de igualdad ciudadana (con defectos: los esclavos negros). Generadas por minorías ilustradas los que se aprovechan del vacío de poder , suelen desembocar en manipulaciones y abusos  que sin volver aparentemente a la situación anterior vcrean otras paralelas y tan destructivas como las que sustituyeron (¿recuerdan las "revoluciones" que manipularon Hitler o Stalin?). "Las revoluciones parten de cero si son tales. Y dice Arendt "Como nosotros, que somos lanzados al mundo desde la nada. Y desde ahí nos construimos con los demás. Cómo lo hagamos depende de nosotros. Es siempre una esperanza en unos seres que estamos dotados con la capacidad de recordar y actuar".

FICHA

LA LIBERTAD DE SER LIBRES.- Hannah Arendt.- Trad. Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda.- 87 págs.14,90 euros.- Taurus ediciones. ISBN 9788430622313

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3 marzo 2019 7 03 /03 /marzo /2019 10:21

Leer al neurólogo Oliver Sacks es un placer, que el libro sea póstumo ya no lo es tanto. Es como despedirnos de un buen amigo, un erudito  jovial, motero, deportista, escalador de montañas (tuvo un accidente practicando ese deporte que además de dañarle severamente una pierna le produjo una serie de fenómenos que le dieron material para uno de sus libros) divulgador de la ciencia desde la primera fila del asunto: siendo él mismo un investigador dotado con muchos aciertos: Si recuerdan la película "Despertares", con  Robin Williams encarnando al Dr. Sacks,   verán uno de sus experimentos (desgraciadamente fallido a la larga) en el que suministró un medicamento a unos veinte enfermos  afectados por una epidemia de encefalitis letárgica (una especie de catatónia) en los años sesenta, haciéndolos despertar durante unos meses, aunque luego casi todos volvieron al estado lamentable en el que vivían.

Sacks, que había nacido en Londres en 1933, emigró en los años sesenta a los Estados Unidos y trabajó como neurólogo en un hospital de Nueva York (donde tuvieron lugar los hechos que narra la película. Su afición a llevar registro literario de sus casos clínicos, sus investigaciones y sus estudios, le eocnvirtieron en un autor de referencia para los aficionados a la literatura médica de calidad, con éxitos de ventas para cada uno de sus títulos: "En movimiento" y "El tío Tugsteno" como biográficos, "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", "Un antropólogo en Marte" "Alucinaciones", "Migrañas", "Veo una voz" y otras, así como su propia Biografía terminada poco antes de morir a causa de la metástasis de un cáncer de ojo, supuestamente curado muchos años antes y que se le declaró en febrero de 2015- y que le afectó de forma fulminante el hígado, muriendo en agosto de ese año.

"El río de la conciencia" fue el último legado de Sacks. Es una colección de diez trabajos sobre distintos temas, desde Darwin y las plantas, Freud neurólogo, la memoria y su escasa fiabilidad, el yo creativo, el sistema nervioso autónomo, la conciencia (que encabeza con una cita de Borges) y el delicioso final con un título intrigante "El escotoma de la ciencia", es decir los puntos ciegos, los olvidos, distracciones y equivocaciones valorativas de la ciencia, pues como Sacks escribe: "el escotoma, sorprentemente común en todos los campos de la ciencia, implica algo más que la prematuridad; implica  una pérdida de conocimiento, un olvido de las ideas que antaño parecían firmemente establecidas y, en ocasiones, una regresión a explicaciones menos perceptivas".

Sus estudios clínicos de personas con trastornos neurológicos tenían una calidad literaria excelente y por todas partes se notaban los extensos conocimientos culturales del autor, desde la poesía, hasta los clásicos literarios.  Sin  olvida una característica muy peculiar, el protagonismo, nada narcisista, de muchos de sus libros, ya que se convertía en muchas ocasiones él mismo en el objeto de su observación clínica, indagando en sus experiencias, trastornos, pasiones y procesos de pensamiento, con tal honestidad y clarividencia que sólo eran posibles en un hombre profundamente entregado a su inagotable curiosidad científica  y su entrega absoluta a la tarea que le comprometía con sus pacientes presentes o futuros. mentales con el mismo asombro y la misma agudeza con que estudiaba a sus pacientes.

Los escritos poco conocidos de Darwin sobre las plantas y las flores o los trabajos iniciales de Freud como neurobiólogo (luego abandonados a favor del psicoanálisis) con intuiciones y trabajos tan sorprendentes como su concepción de la memoria como un "proceso de transformación y reorganización" lo cual era pura ciencia-ficción en 1890 y adelantaba en más de 50  años el concepto neurológico actual de la memoria como "un proceso esencialmente creativo en el que los recuerdos se revisan y se vuelven a categorizar permanentemente para conformar la identidad y fomentar la sensación de continuidad como individuo"..." que nuestra salud psicológica depende de nuestra capacidad de revisar y reconfigurar constantemente la memoria para permitir el crecimiento y el cambio".
Pero la memoria es falible y no se puede confiar en ella. Sacks lo comprobó tras la publicación del libro autobiográfico El tío Tungsteno, por la transcripción en primera persona de un episodio infantil durante la guerra que, en realidad, le había sido relatado por uno de sus hermanos. Y argumenta: “al parecer no existe ningún mecanismo en la mente o en el cerebro que asegure la verdad. (...) Nuestra única verdad es la verdad narrativa, las historias que nos contamos entre nosotros y a nosotros mismos".

Para terminar este breve repaso de un libro del todo aconsejable, me ha encantado sus reflexiones sobre la creatividad, la imitación y el plagio: "Todos nos apropiamos de elementos procedentes de los demás y de la cultura que nos rodea". Lo importante no es "tomar prestado" o imitar, sino lo que haces con lo que has tomado. Los libros de Sacks están cargados de referencias y citas, pero el uso que él les daba los enriquecía, y nos enriquecía a todos.

De hecho, como símbolo de lo que Sacks hacía con sus libros podría adjuntar la cita de Einstein que aparece en la página 198 del libro: "...podríamos decir que crear una nueva teoría no es como destruir un viejo granero y erigir en su lugar un rascacielos. Es más bien como subir una montaña, tener unas vistas nuevas y más amplias, descubrir conexiones inesperadas entre nuestro punto de partida y su rico entorno...pero el punto de partida sigue existiendo y aun se puede ver, aunque parece más pequeño y forma una parte diminuta de la amplia visión a la que hemos accedido...". 

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1 marzo 2019 5 01 /03 /marzo /2019 09:35

 

 

Fue la "Viena fin-de siglo", la "Viena 1900", una ciudad cosmopolita y burguesa donde   florecieron los genios como las margaritas en el campo, una capital que simbolizaba como ninguna otra en Europa el término de una época, la decadencia abrupta de una cultura y de un estilo de vida y anunciaba tras dolores de parto como jamás se habían dado en la historia humana , el caos inconcebible que sumió al mundo tras las dos guerras mundiales, pero también una nueva forma de concebir la vida, el arte, la filosofía, la literatura, la ciencia: en suma la existencia compleja del ser humano en occidente y todo ese entramado de conocimientos y belleza, de tragedia, comedia y sufrimiento, al que llamamos cultura, palabra que perdería su sentido  habitual tras la barbarie nazi.  En esta Viena y en aquélla época se forjaron las oscilantes estructuras de nuestro hoy, tan inseguro y cambiante como la tecnología que la ciencia ha brindado a unos hombres y mujeres que se desnaturalizan a la velocidad que marcan los prepotentes bits que sólo sabemos usar pero cuyo alcance y poder no alcanzamos a comprender. Pero eso es otra historia. En la Viena finisecular se plantaron las cañas que hoy ya se han convertido en lanzas.

En esa ciudad bullente donde se extinguía un imperio (al austro húngaro), genios como Nietszche, Wittgenstein, Freud o Kraus daban los aldabonazos a las puertas de un futuro desolador y al mismo tiempo  redoblaban las campanas que anunciaban los cambios, muchos de ellos asombrosos, que traían en sus alforjas los despiadados caballos de la guerra. Para el Imperio que se desmoronaba, la cuestión lingüistica y la de la identidad nacional serían, vinculadas estrechamente, no sólo el acicate de la caída sino el impulso creativo que renovaría la literatura, la filosofía  y el arte.

He escogido tres libros emblemáticos para analizar ese poderoso nido cultural, científico y político-bélico que se estaba fraguando: un clásico, "La Viena de Wittgenstein", que se publicó en inglés en 1973 y diez años después se tradujo al castellano. Sus autores, Allan Janik y Stephen Toulmin, norteamericano e inglés respectivamente, ambos conocedores a fondo de esa Viena (el segundo fue alumno de Wittgenstein en Cambridge) y de sus protagonistas. Y los otros dos, están dedicados a la figura de Karl Kraus, para mí el símbolo humano de las dinámicas y combativas contradicciones y fuerzas antagónicas que se dieron cita en la Viena de fin de siglo y de la I Gran Guerra hasta desfondarse en la II GM."Contra los periodistas y otros contras" un libro de aforismos del agresivo Kraus y "El laberinto de la palabra" de Sandra Santana, que es un trabajo excelente en el que se unen muchos de los elementos que los dos libros anteriores nos han resaltado. La lectura secuencial de estos tres libros dará al lector una idea compleja pero bastante completa de la importancia y la naturaleza de aquella Viena histórica de la que hoy apenas queda el recuerdo de su testimonio histórico.

Sesenta y dos años tenía uno de los más significados (y difíciles) filósofos nacidos a caballo entre los siglos XIX y XX, el austríaco Ludwig Wittgenstein, cuando murió en Cambridge debido a una gripe mal tratada. Su originalidad corre pareja con su influencia en la marcha de la filosofía, la ciencia y la lingüística hasta hoy en día donde sus proposiciones y hallazgos (y dudas y problemas planteados, pero no resueltos) aún forman parte del bagaje cultural dinámico de nuestra época. Su obra capital, el "Tractatus lógico-Philosophicus"  es una de las claves básicas para entender la situación actual de la relación entre la filosofía y la ciencia, dentro del pensamiento racionalista-lógico que forma parte del paradigma del pensamiento vigente.

La formación de W. es científica (ingeniería y arquitectura) y volcada en la epistemología y la linguística (bajo la dirección de Bertrand Russell en Cambridge). Pero justamente lo que interesa al lector de este libro es el "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una determinada época y en un lugar determinado) vienés que formó y fundamentó no solo la obra de W. sino su propia existencia (con los saltos habidos entre el "Tractatus" y sus dos obras posteriores "Investigaciones filosóficas" y "Notas sobre el fundamento de la matemática" (publicadas póstumamente en 1953 y 1956). El primero marca el "sello" de W. con la fuerza de una frase de Sócrates o un argumento de Descartes o Kant:  “El libro – escribe en el prefacio – trata de problemas filosóficos y muestra, según creo, que la formulación de los mismos se funda en la mala comprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Todo el sentido del libro podría resumirse en las siguientes palabras: todo cuanto puede decirse se puede decir con claridad; y sobre aquello de lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”. 

El largo camino del libro es esclarecedor y tiene un doble misión: por un lado nos muestran autores y movimientos, ideas y actitudes filosóficas o psicológicas que de alguna forma nos ayudan a comprender lo que Wittgenstein nos trataba de mostrar ya que le inspiraban y al mismo tiempo ello nos permite que sepamos cómo la música, la pintura y el pensamiento de la Viena de aquellos tiempos se enriquecía con las aportaciones de W. O como nos dicen los autores en el libro: “Los productos culturales del ambiente kakanio tenían en común ciertos aspectos característicos que hablan y pueden arrojar luz sobre el contexto social, político y ético de su producción” . El propio W. afirma en "Cultura y valor" "no haber tenido una idea original y haber desarrollado su filosofía a través de hombres (del Circulo vienés y aledaños) como Loos, Kraus, Weininger, Boltzman, Hertz, Schopenhauer, Spengler, Gottlob Frege, Rusell, Piero Srakka", aunque W. deja fuera del tintero a Nietzche (que como bien escribe Isidoro Reguera, "el ánimo nietzscheano que más cerca o al menos tanto como el de esos diez grandes pensadores de los que hablan los autores de este libro.

En lo estructural, el libro, dividido en nueve partes (junto a un prólogo de Carla Carmona, la excelente introducción del especialista en W. Isidoro Reguera, una nota de Allan Janik, la bibliografía y el índice onomástico) hacen de este libro una joya para entender no sólo las interacciones entre el W. filósofo y su obra con el temperamento y las actitudes y comportamientos del W. persona, sino la influencia de la sociedad y la política de ese momento histórico: La descomposición del imperio austro-húngaro, radicalizado brutalmente por la Primera Guerra Mundial. Y el papel que las ideas científicas, filosóficas y artísticas, de las actitudes éticas tendrían en el fin de una manera de entender la vida y la sociedad para dejar campo libre al caos tenebroso del siglo  XX.

En el prodigioso caldo de cultivo de las ideas que fluían por aquella sociedad se sumerge ese individuo  inteligente y refinado para producir su obra: en el fin de siglo vienés nacieron gran parte de los movimientos culturales e intelectuales que han conformado la historia de Europa del siglo XX.  Desde Karl Kraus: " el laboratorio de investigación para la destrucción del mundo", al sionismo/nazismo, Freud y su Psicoanálisis, Schönberg y la música atonal... todo bullendo en un estado de orden policial, la Viena de los Habsburgo, donde todos los ciudadanos eran iguales, pero no todos eran ciudadanos, bajo una censura rígida y operativa que imponía el principio: o eres del los mío o eres un enemigo a exterminar. Una sociedad `patriarcal, burguesa, estrictamente organizada en el sistema de clases, con un general  rechazo a toda conducta  o idea que se saliera lo más mínimo de las severas reglas de educación y conducta severamente reprimida. Y, naturalmente, esto se aplicaba a las relaciones sociales, pero sobre todo, de una forma hipócrita y mezquina, al sexo. Como escribió Stefan Zweig, "Viena era una sociedad enteramente preocupada por el sexo, pero nunca se hablaba o discutía sobre esa actividad tabú y pecaminosa, lo que generaba todo tipo de aberraciones cuidadosamente ocultas".
En ese ambiente surgen y triunfan ideas, tendencias y escuelas filosóficas y artísticas lanzadas al rechazo de lo escondido y vergonzante: el neo empirismo de Ernst Mach, el análisis de la representación por Kant y Schopenhauer, las alternativas éticas de Kierkergaard, la filosofía rompedora de Nietzche y las novelas revolucionarias de Tolstoi o Musil. Los filósofos llegan a la conclusión de que todos los problemas filosóficos son problemas relativos al lenguaje, auténtico supuesto creador de la realidad a través de las palabras...el terreno estaba propicio para W. Karl Kraus publica "Sexo y carácter" que constituye un símbolo de las tensiones intelectuales y morales del fin de siglo en que creció Wittgenstein.

En suma, un libro apasionante que fascinará por igual a lectores de historia como a los de filosofía. Y será una fuente de información (y gratificación) para el lector que pretende ampliar su visión de la cultura de este siglo.

Pasemos a ese Karl Kraus, ensayista, filósofo, lingüista y periodista con cuyas iniciales K.K.  juegan los adeptos a llamarse "kakanios" en homenaje a otro grande del momento Robert Musil, cuyo inconcluso "Hombre sin atributos" transcurre en un lugar llamado "Kakania". Karl Kraus es un polemista, un provocador nato que odia las imposturas del lenguaje y muchas otras cosas censurables de una ciudad que es testigo angustiado del fin de un imperio y el comienzo de un período estremecedor de inseguridad, muerte y horror. Busca la autenticidad, la sencillez, una cierta verdad. Y así Kraus ataca a los intelectuales de su ciudad con ironía: "Como no tenemos tiempo, no les queda a los autores otro remedio que decirnos con todo género de detalles lo que se hubiese podido expresar brevemente". Y para que no quede lugar a dudas de las maneras de K.K., sus intenciones, sarcasmo y mala uva, a veces irónico, a veces brillante o lúdico, quizá grosero e insultante cuando quiere, en otro lugar, asevera: "Quien sea capaz de escribir aforismos no debiera desparramarse en artículos".

Leer este libro del insigne Karl Kraus (1874-1936) es un ejercicio de paciencia, asombro, admiración, irritación y rechazo. Es una especie de Ramón Gómez de la Serna, pero menos divertido e ingenioso, más duro y más inteligente...y al contrario del gran Ramón con sus "greguerías", dispuesto a indignar , a veces hasta la respuesta violenta, a propios y extraños. Algo parecido a un Cioran, lúcido y depresivo.

Prescindamos del capítulo 3, dedicado a la mujer y a la moral: es de una misoginia vulgar y de fastidioso mal gusto, de puro machismo tabernario y violento, poco justificado por la excusa de la época que vivió, donde esas actitudes eran moneda corriente, dada la evidente inteligencia y cultura de K.K. De la que sin duda deja ejemplos suficientes en esta colección de aforismos, que goza del privilegio de ser prologados por un irónico Miguel Angel Aguilar (¿qué tal viejo amigo y compañero?) y editado y traducido  por el ya desaparecido, erudito y áspero, Jesús Aguirre.

Kraus, judío checo converso de lengua alemana,  fue una deslumbrante aunque incómoda personalidad  intelectual en la Viena de entreguerras(en el índice onomástico del soberbio libro "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, es el nombre más citado) y su revista "Die Fackel" (La antorcha) editada y escrita casi en su totalidad por él mismo durante 37 años,  era leída con devoción, asombro, irritación y denuncias por todo los que la amaban (Schömberg, Musil, Zweig, Canetti, Adorno y el mismo Wittgenstein) y muchísimos que la detestaban (aunque no dejaban de leerla) y los que solían ser blanco de los ataques inclementes, ingeniosos e inteligentes del autor.

A poco más de un mes de la guerra civil española, moría Karl Kraus, evitándose la considerable incomodidad de intentar huir de los nazis a los que les hubiera importado muy poco acabar con una inteligencia superior...pero judía de origen (se convirtió al catolicismo). Su obra, bastante extensa, es en España poco conocida, con algunas excepciones minoritarias de  la República, la Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Estudiantes de Madrid. Después de la guerra, silencio, ya en los ochenta, se publica una primera versión de este  libro de aforismos preparada por Jesús Aguirre y bautizada también Contra los periodistas. El resto de su obra, 17 volúmenes, más los 39 de su revista, más una larga correspondencia, que la guerra y los descuidos diezmaron considerablemente. 

Artículos, ocurrencias aforísticas al modo de las greguerías de don Ramón, o los "propos" de Alain, panfletos variados y polémicos, bastante poesía, algo de teatro fantástico y, en el fondo, uno de los periodistas más aclamados y destruídos por la profesión, de la historia del periodismo escrito. También se especializó en lecturas pública de poesía, comedias, operetas, auxiliado por un pianista y una puesta en escena minimalista, en plan hombre-orquesta, demiurgo mágico de un surrealismo "avant la lettre". Fue un modelo inalcanzable de periodista honesto y batallador. Y al margen de su a veces excesiva contundencia verbal, luchó contra el belicismo, la corrupción, la hipocresía sexual  y la violencia en todas sus formas

Era la Viena de Freud , Klimt y su expresionismo, Schönberg y su atonalismo, Wittgenstein y su formalismo lógico, Schnitzler y Hofmannsthal, Mahler y Kokoschka, Adolf Loos y Rainer María Rilke...y Adolf Hitler.  Pero también una época que ya preludiaba el salvajismo nazi-soviético, belicismo y exterminio de  la inteligencia, el arte y el humanismo. Kraus y su activa lucha contra todo ese huracán de odio y maldad que ya asomaba su feo rostro, influyó en gente  como Benjamin, Adorno, Horkheimer o Löwenthal, que lo consideraban como "el mayor satírico en lengua alemana del siglo XX".

Los que se esperen al leer el título y lo que he escrito hasta el momento de que se trata de una colección de aforismos contra el periodismo, el mal periodismo y sus asuntos, van errados. Kraus carga contra todo lo que a su juicio va mal, desde la moral a las mujeres, al tándem  Viena-Berlín, a la tontería y los cretinos llenos de soberbia, los funcionarios, los políticos, los psicólogos, la corrupción, los malos artistas, los estetas,  músicos y actores, escritores, eruditos y, por supuesto, la tendencia generalizada hacia la guerra como la manera más rápida de resolver problemas que no tienen nada que ver con las armas.

Libro pues ineludible. Pero con una muy seria advertencia: si quiere disfrutarlo, incluso aprender de él, por favor, no se le ocurra leerlo seguido, con prisas, de una tacada, o dos, o tres. Es un libro para leer durante unos meses, ni siquiera página a página, sino pensamiento, aforismo, comentario de uno en uno, por solitario. En caso contrario, le vaticino una indigestión y que acabe en la papelera, lo cual sería además de una lástima algo peor, un error.

Algunas perlas: "Te perdonarán la bajeza que han perpetrado en contra suya, antes que el favor que de tí recibieron". "No tener una idea y poder expresarla, eso hace al periodista" "El nacionalismo es un hervidero en el que se incrusta cualquier otra idea" "La nueva psicología es una doctrina que contrae la personalidad tras haber ensanchado la irresponsabilidad" Sobre el psicoanálisis (aunque Kraus era muy respetado por Freud): "Tienen la prensa, tienen la bolsa y ahora tienen también el subconsciente". "Las buenas opiniones carecen de valor. Lo que vale es quién las tiene" "La educación es algo que reciben los más, que muchos transmiten y pocos tienen" "Las gentes que han bebido de las fuentes del saber más de la cuenta son una plaga social"."No hay otro arte de la palabra si no es la capacidad de poner en claro una opinión". "El periodista está estimulado por el plazo. Cuando tiene tiempo, escribe peor" "El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres". "Los místicos olvidan a veces que Dios lo es todo, salvo místico". "El que plagia debería copiar cien veces al autor" "El diagnóstico es una de las enfermedades más extendidas" "La vida es un esfuerzo digno de mejor causa". En fin, sírvanse. Pero con mesura.

Para terminar pasemos al ensayo de  la madrileña Sandra Santana, poeta y profesora de Filosofía de la Universidad zaragozana, dedicado a "Karl Kraus en la Viena de fin de siglo". Es aquí, preferentemente, donde se actualiza el mensaje conjunto de los dos libros anteriores. Complejo y exigente, el texto de la Santana, se centra en los dos ejes que moverían el entramado del cambio casi copernicamos que daría el mundo desde finales del siglo del convulso siglo XIX, al apocalipsis global que causarían las dos guerras mundiales y otras periféricas igualmente sanguinarias y bochornosas: la dinámica destructiva de los nacionalismos y la creativa pero igualmente destructivas de  las distintas lenguas enfrentadas (como signos de estatus y poder) y el lenguaje como elemento catalizador del ser humano y de su producto más valorado: la cultura y las prolijas manifestaciones de su ejercicio.

El libro se centra en la controvertida figura de Kark Kraus (Bohemia, 1874-Viena 1936), en sus influencias propias y ajenas, en la Viene de su época, caldo de cultivo de una rebelión masiva en el amplio campo de la cultura y en el cuestionamiento del lenguaje como motor del pensamiento, como célula de identidad, como fuerza creativa y, por último pero no menos decisivo, su enorme poder de separar, enclaustrar y destruir a las personas. A  través de Kraus y coronándose en Wittgenstein el lenguaje se convierte en uno de los paradigmas que hicieron gemir a la filosofía en un estertor de muerte: cuando sólo queda el silencio y lo único razonable es callar.

Los "dramatis personae" de esta tragedia de la Viena finisecular, el nido de la serpiente que arrasará Europa y parte del resto del mundo, son como tristes y desahuciados personajes de Esquilo, de Sófocles, Eurípides o del mismísimo Shakespeare que danzan cogidos de la mano en una larga hilera bajo la música y el ritmo que les marca la muerte, la violencia, el hambre y la peste.Empezando con Karl Kraus, una especie de fáustico notario de la época y siguiendo por seguidores,admiradores y contrarios: Adorno, Walter Benjamín, Rilke, Elias Canetti, el pintor Gustav Klimt, la arquitectura desafiante de Adolf Loos, la música atonal de Arnold Schönberg, los filósofos Fritz Mauthner o Ludwig Wittgenstein, los poetas Stefan George o Hugo von Hoffmansthal (que certificaría la muerte del lenguaje como había sido considerado hasta entonces en su "Carta de Lord Chandos", el mismísimo Freud, el gran Nietszche  o el científico Ernst Mach, el provocador Otto Weininger con su "Sexo y carácter", los escritores Herman Bahr (la "bestia negra" de Kraus) y el malogrado Robert Musil cuyo "Hombre sin atributos" glosaría al tipo paradigmático de ese fértil pero desafiante momento histórico...

Santana nos hace partícipes de las filias y fobias de Kraus, de su misoginia galopante pero, al tiempo, de su sacralizada simbología de la madre nutricia y protectora (la lengua) y su contrafigura, la prostituta, de la que defiende la claridad de su función y la hipocresía burguesa que la explota y envilece. También aclara ciertos puntos que aparecen en el libro de "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, contrastándolos con la bibliografía  posterior y estudios más recientes sobre Kraus y su época, incluída la relación temática con Wittgenstein en lo referente al lenguaje.

Tres libros de un interés muy variado e intenso que relaciona entre sí temas como la historia, la filosofía, el arte, la linguística, la narrativa y la poesía, la psicología, el periodismo, las lacras sociales, el capitalismo, las religiones, la ética, la política y la ciencia. Una extensa urdimbre de intereses y conocimientos que aclara cómo fuímos, por qué ocurrieron los desastres que casi nos destruyen y con que materiales comenzamos a edificar el siglo XXI, es decir, tal como somos.

FICHAS

LA VIENA DE WITTGENSTEIN.- Allan Janik y Stephen Toulmin.- Ed. Athenaica. Trad. I.Gómez de Liaño.-Introd. Isidoro Reguera. 400 págs. ISBN 9788416230952

CONTRA LOS PERIODISTAS Y OTROS CONTRAS.- Karl Kraus.- Prólogo M.Ángel Aguilar. Edición de Jesús Aguirre. Ed. Taurus. 14,90 euros. ISBN 9788430622382

EL LABERINTO DE LA PALABRA.- Sandra Santana.- Ed. Acantilado.-361 págs.-ISBN 9788492649914

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25 febrero 2019 1 25 /02 /febrero /2019 10:42

Leo un delicioso compendio de charlas radiofónicas del escritor inglés  E.M. Forster en la BBC. De 1929 a 1958 Forster (que se ya se había labrado una sólida reputación como novelista con obras como "Howards End", "Una habitación con vistas" o "Pasaje a la India") realizó una serie de charlas literarias con periodicidad variable, en las que hablaba de libros y autores con una singularidad: las emisiones se hacían en una frecuencia de radio especial porque iban dirigidas al numeroso público que escuchaba la BBC en la India, aunque algunas eventualmente, se podían emitir en la madre patria. Como  la escritora Zadie Smith (inglesa de origen jamaicano), admiradora incondicional de Forster y autora del epílogo del libro, considero que este autor "convirtió en credo la sinceridad personal y se forjó una carrera en la doblez. Fue conservador entre modernistas y sin embargo en cuestiones como pacifismo, clase, educación y raza, fue un progresista decidido". En las charlas es agudo, amable, ético sin encarnizarse,  no se tomaba la crítica literaria muy en serio e  insistía en los mismos temas esenciales de sus novelas: la libre y fluida comunicación.entre las personas, las ideas, las naciones, el corazón y la cabeza, el corazón y el arte.. Sin eso las cosas nunca acaban de ir bien.

Debemos la selección y prólogo, a Gonzalo Torné (excelente), a  Alpha Decay la edición y a la escritora inglesa Zadie Smith, un epílogo chispeante sobre "su escritor preferido". El volumen recoge, sin orden cronológico, treinta y una de las casi ciento cincuenta charlas sobre libros y escritores que –entre 1929 y 1963, en diferentes programas y sin periodicidad fija– Forster  dirigió a oyentes, principalmente indios, de la BBC. En un lapso de tiempo tan largo no es que el escritor se prodigara demasiado pero,a tenor de lo leído, las charlas tenían una calidad literaria y crítica bastante considerable. 

El lector se sentirá gratamente sorprendido por la variedad de registros lectores de Fosrter, que solía terminar sus charlas indicando a sus oyentes cuánto costaba el libro y dónde podían pedirlo: recuerden que su público principal estaba en la India (país que Forster visitó varias veces en la época colonial y que amaba: de ahí su maravillosa novela "Viaje a la India", para mí superior a "Una habitación con vistas"). Acompañar a Forster en sus lecturas de Shakespeare, la Austen, Huxley, Melville, Auden, Zweig, Steinbeck, Kipling, Mann, Lawrence, Eliot, Twain, Strachey, Hardy, Dos Passos y otros grandes de la literatura clásica o contemporánea, es un privilegio. No tanto por lo mucho que sabía de sus estilos, sino por las anécdotas y por el talante crítica que le hacía comentar tanto lo que le gustaba como lo que rechazaba de esos autores encumbrados, usando una ironía carente de sarcasmo pero llena de guiños picarescos y críticas a pecho descubierto sin caer en la vulgaridad agresiva o la banalidad displicente. 

Capítulo aparte merece el epílogo firmado por Zadie, gran novelista y ensayista que nos brinda un texto en el que brilla el respeto por Forster pero también los "peros" que sin malicia y  con una franqueza y honestidad admirables, nos comenta, enriqueciendo humanamente la figura de este escritor de escasa pero relevante obra literaria, que provocó un escándalo mediático y literario en la puritana e hipócrita Inglaterra cuando se publicó tras su muerte una novela "Maurice" donde quedaba reflejada su secreta homosexualidad. La Smith comenta también las  versiones cinematográficas que James Ivory (tres) y David Lean (una) hicieron de sus novelas –en vida sólo publicó cinco–. El meollo de la cuestión radica en la valoración de nota media que Zadie da a su escritor admirado, no a su obra, sino a sus charlas, de las que se desprende  “un tono coloquial, banal y sin pretensiones académicas” (al contrario que Eliot, que arrugaba la nariz cuando pasaba por el pasillo del locutorio donde hablaba Forster camino de otro donde solía hablar él. Francamente creo que los "defectos" apuntados por Zadie son virtudes dado el medio comunicativo de que se trata y el público al que va dirigido. El prologuista es más generoso y certero cuando escribe de Forster: ..." tiene la capacidad de transmitir ideas complejas en un estilo sencillo”...sin  pedanterías ni guiños para entendidos… las charlas de Forster son serviciales en el sentido más noble del término”.

Lean este libro, amigos. Empiecen por la primera charla "¿Son útiles los libros?", que les invitará a sonreir y a reflexionar en el sencillo pero profundo calado de la inteligencia de Forster. Luego pueden ir saltando de autor analizado, o mejor presentado,  por el orden que ustedes deseen, e incluso evitarse algunos de los menos conocidos. Forster dice contestando a la pregunta de su primera charla que los libros son útiles "porque mejoran a las personas". Esta recopilación de algunas de sus charlas mejoran , sin duda, al lector.

 

FICHA

ALGUNOS LIBROS.- E. M. Forster.-Ensayo. Pról: G. Torné. Epílogo: Zadie Smith. Alpha Decay, 2018. 308 páginas. 18 euros.- ISBN:9788494821035

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23 febrero 2019 6 23 /02 /febrero /2019 10:50

 

Excelente ensayo de la profesora de la Universidad de Zaragoza, Sandra Santa. Es este un libro en el que queda clara la importancia de Karl Kraus, el combativo, ingenioso y duro polemista y poeta que vertebró en torno a su revista personal "La Antorcha", sus aforismos y su carácter crítico y ferozmente incisivo, todo un desafío a la Torre de Babel que era el Imperio austrohúngaro y su decadencia y muerte por los dos elementos, las lenguas y los nacionalismos que darían lugar a la Primera Guerra Mundial y unos años más tarde a la aún más horrible II guerra.

 Complejo y exigente, el texto de la Santana, se centra en los dos ejes que moverían el entramado del cambio casi copernicamos que daría el mundo desde finales del siglo del convulso siglo XIX, al apocalipsis global que causarían las dos guerras mundiales y otras periféricas igualmente sanguinarias y bochornosas: la dinámica destructiva de los nacionalismos y la creativa pero igualmente destructivas de  las distintas lenguas enfrentadas (como signos de estatus y poder) y el lenguaje como elemento catalizador del ser humano y de su producto más valorado: la cultura y las prolijas manifestaciones de su ejercicio.

El libro se centra en la controvertida figura de Kark Kraus (Bohemia, 1874-Viena 1936), en sus influencias propias y ajenas, en la Viena de su época, caldo de cultivo de una rebelión masiva en el amplio campo de la cultura y en el cuestionamiento del lenguaje como motor del pensamiento, como célula de identidad, como fuerza creativa y, por último pero no menos decisivo, su enorme poder de separar, enclaustrar y destruir a las personas. A  través de Kraus y coronándose en Wittgenstein el lenguaje se convierte en uno de los paradigmas que hicieron gemir a la filosofía en un estertor de muerte: cuando sólo queda el silencio y lo único razonable es callar.

Los "dramatis personae" de esta tragedia de la Viena finisecular, el nido de la serpiente que arrasará Europa y parte del resto del mundo, son como tristes y desahuciados personajes de Esquilo, de Sófocles, Eurípides o del mismísimo Shakespeare que danzan cogidos de la mano en una larga hilera bajo la música y el ritmo que les marca la muerte, la violencia, el hambre y la peste.Empezando con Karl Kraus, una especie de fáustico notario de la época y siguiendo por seguidores,admiradores y contrarios: Adorno, Walter Benjamín, Rilke, Elias Canetti, el pintor Gustav Klimt, la arquitectura desafiante de Adolf Loos, la música atonal de Arnold Schönberg, los filósofos Fritz Mauthner o Ludwig Wittgenstein, los poetas Stefan George o Hugo von Hoffmansthal (que certificaría la muerte del lenguaje como había sido considerado hasta entonces en su "Carta de Lord Chandos", el mismísimo Freud, el gran Nietszche  o el científico Ernst Mach, el provocador Otto Weininger con su "Sexo y carácter", los escritores Herman Bahr (la "bestia negra" de Kraus) y el malogrado Robert Musil cuyo "Hombre sin atributos" glosaría al tipo paradigmático de ese fértil pero desafiante momento histórico...

Santana nos hace partícipes de las filias y fobias de Kraus, de su misoginia galopante pero, al tiempo, de su sacralizada simbología de la madre nutricia y protectora (la lengua) y su contrafigura, la prostituta, de la que defiende la claridad de su función y la hipocresía burguesa que la explota y envilece. También aclara ciertos puntos que aparecen en el libro de "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, contrastándolos con la bibliografía  posterior y estudios más recientes sobre Kraus y su época, incluída la relación temática con Wittgenstein en lo referente al lenguaje. La lectura del libro revela una excepcional y curiosa circunstancia: el simple hecho de que la censura del Imperio permitiera la labor de Kraus sin ponerle cortapisas (las reacciones contrarias, a veces en forma de palizas, se las propinaban los muchísimos enemigos que Kraus se buscaba con demasiada ligereza: incluso su muerte, tras las complicaciones causadas por el atropello de un ciclista que se dio a la fuga no tuvo nada que ver con la policía secreta vienesa). Ni juicios por desacato, ni ostracismo intelectual ni campañas de difamación en la prensa tan atacada por Kraus. Sorprendente. 

 Sugiere la autora que esta implacable crítica del sistema era un mal menor que la tambaleante república austríaca que sucedió al Imperio, no tuvo en cuenta ante el auge de sus problemas y el ascenso imparable del nazismo,  En realidad la crítica feroz de Kraus al lenguaje establecido, sólo era una vertiente más de un problema global: la naturaleza de un Babel social, étnico y linguístico que constituía la sociedad austríaca, en la que el alemán era un idioma más y no el mejor considerado, hasta que el golpe de timón nazi lo convirtió en el privilegiado.

De Kraus nos quedamos con su sarcasmo y su ironía, sus pertinentes ataques a la hipocresía sexual de una sociedad bastante corrompida, a una judicatura inicua y a los ecos que la prensa difundía contaminando a la opinión pública. Sorprende que la misoginia de Kraus no sea un inconveniente para las feroces diatribas que lanzaba contra unas leyes y una sociedad que convertían a la mujer en un objeto despreciable, cuando Kraus no se cansó de proclamar la supuesta inferioridad intelectual femenina. Aún teniendo en cuenta todos los contras de este escritor y poeta en perenne lucha activa por todas las causas perdidas, para cualquier pensador que se precie de amar la libertad de espíritu, la honestidad y la crítica sincera, Kraus es un referente. Léanlo. Pero antes pasen por el libro de Sandra Santana. 

FICHA

EL LABERINTO DE LA PALABRA.- Sandra Santana.- Ed. Acantilado.-361 págs.-ISBN 9788492649914



 

 

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17 febrero 2019 7 17 /02 /febrero /2019 08:50

Karl Kraus es un ensayista polemista, un provocador nato que odia las imposturas del lenguaje y muchas otras cosas censurables de una ciudad que es testigo angustiado del fin de un imperio y el comienzo de un período estremecedor de inseguridad, muerte y horror. Busca la autenticidad, la sencillez, una cierta verdad. Y grita: "Como no tenemos tiempo, no les queda a los autores otro remedio que decirnos con todo género de detalles lo que se hubiese podido expresar brevemente". Y para que no quede lugar a dudas de las maneras de Kraus, sus intenciones, sarcasmo y mala uva, a veces irónico, a veces brillante o lúdico, quizá grosero e insultante cuando quiere, en otro lugar, asevera: "Quien sea capaz de escribir aforismos no debiera desparramarse en artículos". Leer este libro del insigne Karl Kraus (1874-1936) es un ejercicio de paciencia, asombro, admiración, irritación y rechazo. Es una especie de Ramón Gómez de la Serna, pero menos divertido e ingenioso, más duro y más inteligente...y al contrario del gran Ramón con sus "greguerías", dispuesto a indignar , a veces hasta la respuesta violenta, a propios y extraños. Algo parecido a un Cioran, lúcido y depresivo.

Prescindamos del capítulo 3, dedicado a la mujer y a la moral: es de una misoginia vulgar y de fastidioso mal gusto, de puro machismo tabernario y violento, poco justificado por la excusa de la época que vivió, donde esas actitudes eran moneda corriente, dada la evidente inteligencia y cultura de K.K. De la que sin duda deja ejemplos suficientes en esta colección de aforismos, que goza del privilegio de ser prologados por un irónico Miguel Angel Aguilar (¿qué tal viejo amigo y compañero?) y editado y traducido  por el ya desaparecido, erudito y áspero, Jesús Aguirre.

Kraus, judío checo converso de lengua alemana,  fue una deslumbrante aunque incómoda personalidad  intelectual en la Viena de entreguerras(en el índice onomástico del soberbio libro "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, es el nombre más citado) y su revista "Die Fackel" (La antorcha) editada y escrita casi en su totalidad por él mismo durante 37 años,  era leída con devoción, asombro, irritación y denuncias por todo los que la amaban (Schömberg, Musil, Zweig, Canetti, Adorno y el mismo Wittgenstein) y muchísimos que la detestaban (aunque no dejaban de leerla) y los que solían ser blanco de los ataques inclementes, ingeniosos e inteligentes del autor.

A poco más de un mes de la guerra civil española, moría Karl Kraus, evitándose la considerable incomodidad de intentar huir de los nazis a los que les hubiera importado muy poco acabar con una inteligencia superior...pero judía de origen (se convirtió al catolicismo). Su obra, bastante extensa, es en España poco conocida, con algunas excepciones minoritarias de  la República, la Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Estudiantes de Madrid. Después de la guerra, silencio, ya en los ochenta, se publica una primera versión de este  libro de aforismos preparada por Jesús Aguirre y bautizada también Contra los periodistas. El resto de su obra, 17 volúmenes, más los 39 de su revista, más una larga correspondencia, que la guerra y los descuidos diezmaron considerablemente. 

Artículos, ocurrencias aforísticos al modo de las greguerías de don Ramón, o los "propos" de Alain, panfletos variados y polémicos, bastante poesía, algo de teatro fantástico y, en el fondo, uno de los periodistas más aclamados y destruídos por la profesión, de la historia del periodismo escrito. También se especializó en lecturas pública de poesía, comedias, operetas, auxiliado por un pianista y una puesta en escena minimalista, en plan hombre-orquesta, demiurgo mágico de un surrealismo "avant la lettre". Fue un modelo inalcanzable de periodista honesto y batallador. Y al margen de su a veces excesiva contundencia verbal, luchó contra el belicismo, la corrupción, la hipocresía sexual  y la violencia en todas sus formas

Era la Viena de Freud , Klimt y su expresionismo, Schönberg y su atonalismo, Wittgenstein y su formalismo lógico, Schnitzler y Hofmannsthal, Mahler y Kokoschka, Adolf Loos y Rainer María Rilke...y Adolf Hitler.  Pero también una época que ya preludiaba el salvajismo nazi-soviético, belicismo y exterminio de  la inteligencia, el arte y el humanismo. Kraus y su activa lucha contra todo ese huracán de odio y maldad que ya asomaba su feo rostro, influyó en gente  como Benjamin, Adorno, Horkheimer o Löwenthal, que lo consideraban como "el mayor satírico en lengua alemana del siglo XX".

Los que se esperen al leer el título y lo que he escrito hasta el momento que se trata de una colección de aforismos contra el periodismo, el mal periodismo y sus asuntos, van errados. Kraus carga contra todo lo que a su juicio va mal, desde la moral a las mujeres, al tándem  Viena-Berlín, a la tontería y los cretinos llenos de soberbia, los funcionarios, los políticos, los psicólogos, la corrupción, los malos artistas, los estetas,  músicos y actores, escritores, eruditos y, por supuesto, la tendencia generalizada hacia la guerra como la manera más rápida de resolver problemas que no tienen nada que ver con las armas.

Libro pues ineludible. Pero con una muy seria advertencia: si quiere disfrutarlo, incluso aprender de él, por favor, no se le ocurra leerlo seguido, con prisas, de una tacada, o dos, o tres. Es un libro para leer durante unos meses, ni siquiera página a página, sino pensamiento, aforismo, comentario de uno en uno, por solitario. En caso contrario, le vaticino una indigestión y que acabe en la papelera, lo cual sería además de una lástima algo peor, un error.

Algunas perlas: "Te perdonarán la bajeza que han perpetrado en contra suya, antes que el favor que de tí recibieron". "No tener una idea y poder expresarla, eso hace al periodista" "El nacionalismo es un hervidero en el que se incrusta cualquier otra idea" "La nueva psicología es una doctrina que contrae la personalidad tras haber ensanchado la irresponsabilidad" Sobre el psicoanálisis (aunque Kraus era muy respetado por Freud): "Tienen la prensa, tienen la bolsa y ahora tienen también el subconsciente". "Las buenas opiniones carecen de valor. Lo que vale es quién las tiene" "La educación es algo que reciben los más, que muchos transmiten y pocos tienen" "Las gentes que han bebido de las fuentes del saber más de la cuenta son una plaga social"."No hay otro arte de la palabra si no es la capacidad de poner en claro una opinión". "El periodista está estimulado por el plazo. Cuando tiene tiempo, escribe peor" "El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres". "Los místicos olvidan a veces que Dios lo es todo, salvo místico". "El que plagia debería copiar cien veces al autor" "El diagnóstico es una de las enfermedades más extendidas" "La vida es un esfuerzo digno de mejor causa". En fin, sírvanse. Pero con mesura.

FICHA

CONTRA LOS PERIODISTAS Y OTROS CONTRAS.- Karl Kraus.- Prólogo M.Ángel Aguilar. Edición de Jesús Aguirre. Ed. Taurus. 14,90 euros. ISBN 9788430622382

 

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12 febrero 2019 2 12 /02 /febrero /2019 12:29

Leo un libro sobre la posibilidad de hacer renacer los valores de la Ilustración (s.XVII) en nuestra descreída época. Aquí en mi estudio, rodeado de libros, me siento cómodo y seguro. Es el escenario casi permanente de mi vida desde la primera juventud. Para mí, la vida marcada por los valores humanísticos, libertad, igualdad, conocimiento, solidaridad, compasión, es un principio absoluto. Pero cuando salgo de mi torre de papel, silencio y amor a la sabiduría (me siento cómplice de Montaigne) y miro a mi alrededor, no puedo impedir que me invadan los mil tentáculos de la tecnología omnipresente, la información incesante y manipulada, la persistencia de la podredumbre en los asuntos políticos o financieros, la ausencia de un mínimo respeto público a principios y valores que nos fueron enseñados desde la infancia, la vulgaridad como compañera soez de la inmoralidad...y la evidencia en imágenes y periódicos, películas y televisión, en la vida social de todos los días, de que todo eso no es invención de una mente atormentada, cargada de años y de temores: todo eso es el día a día en éste, y en otros países.

Los supuestos valores de la cultura humanística en relación con la percepción moral del individuo y de la sociedad del siglo XXI ¿han dejado de ser tales valores y se han convertido en "supuestos" cómodos y manipulables para uso de retóricos y ambiciosos defensores del statu quo? Quizá el estudio y la transmisión de la cultura sólo tengan un "significado marginal" (como escribía Steiner hace décadas), para uso de curriculums o simplemente un lujo exótico y moribundo, acogido conmiserativamente por la sociedad tecnológica como los últimos residuos de un camino equivocado o una actividad para afectados y ridículos sujetos que lo viven como una forma de coleccionismo.

Se ha levantado Zaratustra de su tumba filosófica para exclamar, cansado y derrotado, ""Ahora, prescindid de mí". No sólo no hemos aprendido nada sublime o bueno, sino que nos rendimos a la bazofia que nos dan y consumimos. Parece que hemos heredado aquello de que la humanística dejó de tener razón de ser cuando más de setenta millones de hombres, mujeres y niños fueron eliminados de la faz de la tierra por el hambre o la violencia, durante sólo treinta años, de 1914 a 1945. No es posible hacer poesía después de Auschwitz, dijo alguien herido en el alma.

Quizá como escribe (y vive)  Wittgenstein en su "Tractatus" o Broch en "La muerte de Virgilio", ha llegado la hora del silencio. O no. No debo ser el único que identifica la vida con la conciencia de cierta plenitud, de cierta expansión y realización de uno mismo. Sin esas características, que te la ofrecen los libros, los ejemplos de tantos, la evidencia de la sabiduría como forma de pensar, la vida pierde su justificación inmanente y deja de ser la gratificante "vida buena" que aún conmueve desde los estoicos griegos o los maestros taoístas de cuatro siglos antes de la era crisitiana, para convertirse en una existencia sin más razón de ser que su conservación pura y simple, vulgar y grosera. Anodina.

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8 febrero 2019 5 08 /02 /febrero /2019 10:55

Leer a Emilio Lledó es un placer fructífero: no sólo alimenta tus ideas y te ofrece nuevos enfoques de las antiguas, sino que añade a la lucidez la elegancia expresiva. En esta ocasión voy a escribir de un libro con un subtítulo tan atractivo y actual como "La necesidad de la Literatura y la vigencia de la Filosofía". Se trata de una recopilación de antiguos artículos de Lledó - sorprendentemente actuales- de muy diversas fuentes pero con una temática común que enfoca la cultura con mayúsculas, los ataques y manipulaciones que debe sufrir por el poder y la política y, por último pero no menos importante, el papel que debe tener en la educación que impartimos a nuestros hijos desde la guardería a la Universidad. Estamos muy lejos de la noción griega de "padieia", pero no tanto del juicio de Kant sobre la cuestión que se resume en una frase antológica: "El hombre sólo puede ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él". Por favor, no confundir con titulitis crónica o con iletrados tecnológicos.

Las opiniones y percepciones de Lledó sobre todo lo que tiene que ver con la educación, habida cuenta de que se ha dedicado toda su vida (tiene 92 años y desde los veinte está involucrado activamente en la pedagogía) a la enseñanza y  a reflexionar y filosofar sobre los métodos y planes de estudio, sobre la política oficial de enseñanza superior y en torno a la deriva social utilitarista que va solidificándose en nuestros tiempos y está desvirtuando la enseñanza de las Humanidades y la preparación de los profesionales del futuro cercano. Y no hablamos sólo de España, también de Alemania, de universidades presenciales y de las virtuales.

Su compromiso personal con enseñanzas plenas empezando por los elementos de la "padieia" griega y formulando principios sobre la madurez y el amor al conocimiento en un compromiso honesto sobre el oficio de maestro y el respeto al alumno. Y ese compromiso encarna en la formación permanente, en la curiosidad científica que desde los primeros filosofos griegos marcaba la diferencia y en el mantenimiento de valores y principios que ennoblecen el trabajo y hacen del trabajador un ser digno y en proceso de buscar la excelencia como persona y la excelencia en su trabajo.

"Educar es crear libertad, dar posibilidades, hacer pensar". Es un proyecto que vincula la libertad al ejercicio de enseñar y al placer de aprender. ¿Se enseña esto en los institutos, en las escuelas, en la Universidad? Una fábrica de títulos, una visión "asignatural" de la enseñanza que ha convertido a la Universidad en un conglomerado de conocimientos «estancos e inútiles» y un sistema de exámenes ("chantaje ritual").  “El asignaturismo, hacer exámenes continuamente, es la muerte de la cultura” dice Lledó, es inapropiado y absurdo ya que que sólo exigen memoria y no ejercicio de la razón. En conjunto el sistema produce "el atontamiento, el fanatismo y la violencia de la competencia hacia uno mismo y hacia los demás". La globalización y la digitalización que es la marca del mundo actual, pone en circulación unas técnicas complejas de acceso engañosamente simple que van manipulado y sustituyendo el hábito de pensar y nos convierten en usuarios más que en personas libres. Ya que se nos enseña el pensamiento vigente  y   la obra de los pensadores, pero no lo más elemental y necesario: enseñar a pensar.

Los artículos y trabajos reunidos en este libro ya tienen  unos años aunque la lucidez del pensamiento de Lledó les mantiene de plena actualidad (o es que el mundo va progresando por un desvío que ya no tiene  en cuenta los derechos de libertad y autonomía del individuo ya que los convierte en secundarios). Eso podría explicar que la educación esté en manos de grupos politicos o económicos (o religiosos, aunque en franco declive) que privilegian la formación científico-técnica que va creando clases privilegiadas y una masa  ignorante pero satisfecha por el acceso infantilizado -simplemente de usuario- a las nuevas tecnologías. Esa minoría que asiste a escuelas privadas o instituciones para formar dirigentes de elite (muchas veces subvencionadas por el Estado) va creando una situación social más o menos visible de desigualdad y sigue siendo uno de los endémicos males de la educación en este país. Dice Lledó : "Los pueblos marcados por grandes diferencias entre sus clases sociales son los más amenazados por la destrucción y la aniquilación, los más vencidos".

El lector se siente atraido -e irritado por la falta de reacción oficial y académica- por la defensa que hace Lledó de la Filosofía y la Literatura como elementos educacionales del ser humano. Y cita a Bertrand Russell: "La Filosofía debe ser estudiada, no por las respuestas concretas a los problemas que plantee, puesto que, por lo general, ninguna respuesta precisa puede ser conocida como verdadera sino, más bien, por el valor de los problemas mismos; porque estos problemas amplían nuestra concepción de lo posible, enriquecen nuestra imaginación intelectual y disminuyen nuestra seguridad dogmática".

Los artículos destinados a la educación a distancia han quedado un poco obsoletos en su enfoque, no en su razonamiento,  aunque en su momento fueron puntales para el progreso de una enseñanza que daba una oportunidad a muchísimos estudiantes que debían conciliar el mundo del trabajo con el del estudio. Sin embargo la,lucidez de sus planteamientos y sus oportunas citas devuelven la adecuación a este trabajo, por el que desfilan citas de Platón, Aristóteles, Kant, Nietzsche, Wittgenstein, Russell, o el Juan de Mairena  de Machado, Schiller y Ortega.

En una entrevista que se le hizo al salir este libro, Lledó aseguró que "no es fácil especular hasta dónde aguantará la filosofía y la literatura, tan necesarias sin embargo, en los planes de estudio y en la sociedad. Yo no me encuentro muy cómodo en este presente. Es nuestro mundo, lo sé, aunque también sospecho que estamos cometiendo entre todos un grave error. Pensar que "las Humanidades son algo secundario de la vida humana. Es cierto que el aspecto utilitario en las Humanidades no parece tan inmediato como el de la tecnología, pero sin ellas no es posible nada. Nos aportan conocimiento y capacidad de reflexión crítica. La importancia y necesidad de los grandes conceptos (Justicia, Bien, Verdad) es algo que aprendemos de leer filosofía, de leer literatura".

 FICHA

SOBRE LA EDUCACIÓN.- Emilio Lledó.-  260 págs. Ed Taurus, 2018. 19,90 euros.- ISBN 9788430619269

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