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20 abril 2013 6 20 /04 /abril /2013 09:25

una-pistola-en-cada-mano-cartel.jpg

Constituye un placer para este crítico poder reseñar una película española digna de ser recomendada con entusiasmo, si no excesivo, si suficiente. Poder afirmar que el guión es atractivo, imaginativo, chispeante en ocasiones y desde luego interesante para el espectador. Que las interpretaciones de un plantel de maduros y jóvenes actores españoles, con algún notable añadido hispanoamericano, como el soberbio Ricardo Darín, llegan a entusiasmar. Que los aspectos técnicos, fotografía, música, ambiente, son correctos y no desentonan en modo alguno con las excelencias del filme. Y que el ritmo de la  narración fílmica no decae en ningún momento. El director de esta excelente y ligera comedia es Cesc Gay que, a mi personal parecer, no ha acertado con el titulo, que parece desentonar respecto a la película: "Una pistola en cada mano". El secreto de éste titulo-remedo de película del oeste lo desvela Candela Peña en uno de los "sketchs" que componen este filme de episodios entrelazados, a la manera de los clásicos del cine italiano y frances de los setenta.

Se trata de una película de tesis tópica y de desarrollo también tópico pero con guiños pícaros y divertidos por todo el metraje: la "guerra" entre hombres y mujeres (tema que los italianos nunca dejan de frecuentar: en febrero de este año se estrenó "Hombres contra mujeres" una comedia desmadrada que habla de las relaciones) es el nudo gordiano del filme. Cuando acaba la película, si pudiéramos entrevistar a los espectadores en la sala, presumo que la estadística de identificaciones con algunos de los personajes rozaría el 90 por ciento. Y ahí está el acierto, ya que a diferencia de la citada cinta italiana, todo se mantiene en un tono de normalidad cotidiana y personajes como vecinos, amigos o parientes de cada uno de nosotros, sin gritos ni aspavientos, con una ironía amarga y un humor austero.

Por supuesto son los actores los que logran dar ese tono a las secuencias, en las que se producen auténticos duelos de robaescenas, de seductores de cámaras, rostros conocidos por  el espectador español  que se enfrentan entre sí, en una lucha fratricida por llevarse al espectador: Eduard Fernández, Candela Peña, Eduardo Noriega, Clara Segura, Javier Cámara, Luis Tosar, Ricardo Darín, Cayetana Guillen Cuervo, Alberto San Juan, Jordi Mollá, Leonor Wating, ¿quién da más? Hay, por supuesto, vencedores y vencidos con mucha dignidad, pero soy consciente de que eso es un juicio muy personal e invito al lector a que haga sus propios juicios y diagnósticos. Es un encanto añadido de la película. Solo por poner un ejemplo: ¿quién diria usted que gana en el duelo interpretativo entre un "monstruo" establecido como Darín y un "monstruo" español sólo para conocedores, Luis Tosar?.

¿Cuál es el único "pero" que se puede poner a "Una pistola en cada mano"? La poco ambición de Gay en el planteamiento de sus tesis relacionales y sus historias. Todo es esencialmente divertido, irónico, fácil, de esa dificil simplicidad, pero le falta una pizca de genio, de trascendencia, de solidez humoristica, quizá eso que algunos llaman el "toque Lubitsch" o el "guiño Wilder". Confidencias amorosas con diálogos inteligentes. Sí, pero un poco más  de sarcasmo, de autocritica, de ese humor duro y algo cruel que da la lucidez. Todo ello, en una Barcelona filmada con mimo de barcelonés. Ciento por ciento mejor y más agudamente brillante que la del premiado Woody Allen. Y no es baladí citar al norteamericano genial que cada vez lo es menos (genial), ya que hay mucho de Allen en esos personajes desencantados, confusos, mentirosos, tiernos o bellacos con simpatía, solitarios, de vuelta de todo pero al mismo tiempo vulnerables e inocentes esclavos de sus pulsiones. Hay personajes patéticos, inmaduros y...todos son hombres. Ellas son otra cosa. Esta es una película de hombres y de mujeres que juegan con ellos, los soportan, los aman y los detestan, porque se sienten incomprendidas y engañadas, aunque generalmente son las que llevan las riendas de todas las situaciones. Y así, vemos la película con simpatía aunque nos deje al final -- bastante previsible y también bastante patético-- con la sensación de que falta un detalle: quizá apretar el gatillo de esas pistolas que los varones suelen llevar en cada mano cuando se acercan a una  mujer (o a más de una a la vez).

 

 

 

 

 

 

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16 abril 2013 2 16 /04 /abril /2013 09:34

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La Ilustración, las ideas nacidas tras la revolución francesa, tuvieron un fugaz éxito en la lejana Dinamarca debido a las caracteristica de la casa real, con un  monarca inestable y enfermizo, bordeando la locura y la presencia de un médico alemán, un ilustrado, que se convierte en el mentor del Rey y logra insuflar a través de la marioneta real la carga explosiva y revolucionaria de las ideas que cuestionaban el poder brutal de la nobleza y el clero sobre un pueblo miserable, empobrecido y sometido de todos los abusos del mundo en nombre de la Corona y la Iglesia.

La idea, basada en hechos reales que convirtieron a Dinamarca en una excepción boyante de la Ilustración a finales del siglo XIX por un efímero periodo de tiempo, es tan buena como mediocre el resultado en el filme que dirige Nikolaj Arcel e interpretan tres sólidos actores, Mads Mikkelsen (el eficaz "malo" del último Bond) Alicia Vikander, en el rol de la reina Carlota, cuyo romance con el médico convierte en un asunto de alcoba algo más profundo y sobre todo Mikkel Boe Folsgaard, que borda su papel del desdichado rey Cristian VII, un monarca ridículo, apayasado y caprichoso, con una enfermedad mental que le vuelve más patético que peligroso.

La historia se desgrana a través de la voz en off de la reina que escribe, cuando todo ha fracasado, una carta a sus hijos contándoles su versión de los hechos y pidiendoles que actúen en defensa de unos valores como los que ella y su amante trataron de mantener. Una fotografía excelente y una ambientación de época magnífica, hacen de esta película el envoltorio brillante de una historia de ideas que se banaliza por la cuestión sexual. No hay mucho sentimiento en el enfoque y el director parece mas atento a mostrar la formula de martires de una causa que la de unos amantes arrastrados por la pasión, aunque evidentemente no lo consigue y todo parece desvirtuarse, cuando el protagonista cede a los intereses de su pasión por encima de los de sus ideas y principios. Película que tenía elementos para haber sido memorable y se queda en un buen ejercicio fílmico totalmente chato de ambición y brillantez.

 

 

 

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14 abril 2013 7 14 /04 /abril /2013 09:31

tesis-sobre-un-homicidio-cartel

Al igual que el maestro Hitchcock, el argentino Hernán Goldfrid se deja tentar por el crimen intelectualizado. Como en "La soga", aún más que en "Crimen perfecto", se nos ofrece un sofocante thriller psicológico que podría haberse rodado con una sola camara y en un solo plano en un ambiente neutral como un despacho de profesor universaitario o el aula de una facultad de derecho. Precisamente se trata de un profesor (Ricardo Darín, un poco sobreactuado y cosa rara, poco convincente, sobre todo al final) que imparte un seminario en la Facultad de Derecho de Buenos Aires. Justamente en el aparcamiento debajo del aula donde se dan las clases una chica es barbaramente asesinada. El profesor metido a investigador se va percatando de cierta conexión entre el crimen y la "justificación" intelectualizada de un asesinato sin motivo aparente, que constituye el discurso rompedor de un alumno brillante y oscuro (Alberto Ammann) que clama contra la inutilidad de una Justicia, incapaz de evitar la supuesta invulnerabilidad que da la superioridad intelectual de ciertas personas sobre leyes o tabúes que condicionan a la mayoría pero no a los "seres superiores".

La publicidad de esta película interesante aunque fallida (y no sólo en la interpretación, sino también en el guión) basada en una novela de Diego Paskowski, nos informa que los productores de esta cinta son los de "El secreto de sus ojos". Muy bien. Pero allí estaba Campanella y un Darin en estado de gracia. En esta no. El desafío argumental, superado con brillantez por el viejo Hitch, supera con mucho a Gold, no ayudado por un Ammann acartonado y con pinta de pirado místico y un Darin al que parece habérsele atragantado la artificiosidad y el desplome emocional de su personaje. No hay hondura ni siquiera intelectual en los planteamientos, que rozan el absurdo y en las reacciones de los personajes secundarios que oscilan entre la histeria y el cuelgue ligérsico.

No hay, como hace Campanella, un recurso a la historia reciente del país, lo que legitima a veces ciertos excesos argumentales, aquí estamos en un ambiente universitario normal y corriente y en una lucha dialéctica entre dos personajes que no nos convencen, ni siquiera cuando las complejidades poco verosimiles del guión nos proponen reacciones edipicas incontroladas o némesis patológicas de obsesivos paranoides. La tesis es que la Justicia no puede llegar a cumplir las exigencias de su labor. Siempre hay cabos sueltos en los cuales la Justicia no llega a intervenir, permitiendose --incluso de forma legal-- que los criminales puedan escabullirse si todo ha sido montado con rigor inteligente y amoral. Podía haber sido una película notable, pero ha quedado en un fiasco que no logra convencer.

 

 

 

   

 

 

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12 abril 2013 5 12 /04 /abril /2013 11:43

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Dickens siempre es un recurso agradecido. El cine le debe mucho y muchas de las grandes películas de todos los tiempos están basadas en las novelas del imperecedero y sentimental escritor inglés. Quizá sea el personaje de "Pip", al margen de la naturaleza folletinesca del argumento de "Grandes esperanzas", el que muestra con mayor vehemencia el alma cándida, generosa y valiente del propio escritor, que solía reflejarse con mayor soltura en los niños y jóvenes, desde David Copperfield, a Oliver Twist o al citado Pip. Sus novelas (con gran contenido autobiográfico, especialmente las tres citadas) eran consideradas en su tiempo como duras denuncias y críticas de la estratificación social inglesa victoriana.  Su compasión y afecto hacia las clases mas desfavorecidas, el escepticismo con el que contemplaba la sociedad burguesa, quedan reflejadas en casi todas sus obras, aunque sea con el humor de "Los papeles póstumos del Club Pickwick" o el melodrama de "La pequeña Dorrit".

En "Grandes esperanzas", desde el mismo comienzo, cuando el pequeño Pip es asaltado por el presidiario fugado que luego será su benefactor, lo que se pone en cuestión es la rigidez social victoriana que condenaba a las clases más pobres a la humillación, el abuso y la explotación de por vida y a una muy escasa, casi milagrosa, posibilidad de promoción.. Y, con cierta ironía escéptica, el poder del amor para romper las convenciones y mantenerse a pesar de las dificultades y barreras. La película que nos ocupa está muy lejos de la versión que el gran David Lean dirigió con el título "Cadenas rotas". Mike Newell realiza una versión impecable en el  apartado de dirección artística, ambiente y vestuario, pero es una versión a la que falta alma y emoción. No hay una aportación destacada al imaginario del espectador informado y que conozca las otras versiones que se han realizado. Quizá atraerá y sorprenderá a los jóvenes que se enfrentan por primera vez a esta obra dickensniana.

Quizá lo más relevante de esta "Grandes esperanzas" sean los actores secundarios, más que los protagonistas. Ralph Fiennes como el huido Abel Magwitch y Helena Bonham Carter como Miss Havisham, la espectral dama que arrastra la amargura y el desvarío  de haber sido abandonada el dia de su boda (por cierto, compone un personaje que parece surgido de una de las peliculas de su marido, Tim Burton), superan en mucho a los dos jóvenes actores que representan a Pip (Jeremy Irvine) y a su amada "sin corazón", Estella (Holliday Gringer). Pero reconozco que el director ha acertado con la elección del niño Pip, de una expresividad encantadora.

El análisis de la variable y compleja naturaleza humana es uno de los aciertos literarios de Dickens. Y en este película se pasa de puntillas por encima de la mezquinad y la hipocresía de una sociedad viciosa y cruel y al tiempo se convierte en folletin la fuerza e integridad de algunos, la capacidad de superar obstáculos y redimirse de los propios errores, que era siempre el motivo clave de la novela dickensniana.

Quizá sea en la primera parte de la película donde el director logra mayores niveles de efectividad y poder de la imagen. El mundo rural que nos describe, la amistad del niño con el herrero, marido de su hermana, la presencia de la joven maestra, están muy bien reflejados en una fotografía de calidad. Quizá sobra el exceso melodramático de la colérica hermana, pero no importa, el espectador se siente cerca de esa belleza natural y esas almas sencillas (tal vez con ecos de "Jane Eyre" o "Cumbres borrascosas" dos peliculas recientes con alta finura en reflejar ambientes y paisajes de la campiña inglesa.

A partir de aquí, con la llegada a Londres del joven Pip, todo cambia para peor y se vuelve previsible. Ese Londres sucio, mugriento, con multitudes atareadas y miserables, ya lo hemos visto en otras películas. No hay nada nuevo aquí y todo lo que vemos, esa visión repelente de una ciudad monstruosa, resulta reiterativo. Tampoco en el diseño de interiores, brilla la inspiración, todo es reflejado como espacios sin alma  donde los personajes siempre rozan la sobreactuación y el argumento se deshilacha en un puro melodrama.

Lo siento, pero estas "Grandes esperanzas" se quedan en frustradas expectativas. Mejor leer el libro (acaba de salir una nueva edición--la enésima--aprovechando el tiron de la pelicula) y tratar de pillar una versión anterior en DVD, preferiblemente la de David Lean. Luego pueden ir a ver la actual y ya me dirán..

 

 

 

 

 

 

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8 abril 2013 1 08 /04 /abril /2013 14:42

 

comp-of-heroes.jpg

 Una película bélica bastante modesta en realización y con un argumento un tanto deslavazado, actores no muy conocidos y un ritmo irregular. Al principio me sorprendió el planteamiento argumental, un pelotón de soldados norteamericano lucha por destruir un nuevo tipo de arma que los nazis está experimentando. No se trataba de las reales U1 y V2, bombas volantes, que ya se han visto reflejadas en varias buenas películas, sino de algo indeterminado que suena a ficción y no muy bien hilvanada. Dudo mucho que esta película, en la que se producen algunos errores precisamente en armamento y uniformes, ya que presentan modelos  bastante alejados en el tiempo de los de la segunda guerra mundial, llegue a los cines, es más que probable que se quede en el circuito de DVD. Y no se pierden mucho, la verdad.

Mas tarde entendí lo que pasaba con  este filme. Se trata de la versión cinematográfica de "Company of Heroes" un video juego de estrategia militar que parece tener bastante exito entre los aficionados (de ahí mi ignorancia, jamas he jugado con esos artilugios). Se rodó en Bulgaria por eso de los costes y la protagonizan Tom Sizemore, Neal Mc Donough y Jurgen Prochnow (al que vimos en la genial "Das Boot").

Efectos especiales de segunda, interpretación en general buena y dirección mediocre (Don Michael Paul). Los T34 alemanes son posteriores a la batalla de las Ardenas donde se localiza la acción, y tampoco los yanquis llevaban el K98. En fin, una peli para pasar el rato.

 

 

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5 abril 2013 5 05 /04 /abril /2013 07:39
el-cuarteto-cartel1.jpg
Que Dustin Hoffman es un chico listo lo sabemos desde que en los setenta se dejaba seducir en "El Graduado" por la madura esposa de un amigo de sus padres, encarnada --y nunca mejor utilizada la palabra-- por la bellísima y turbadora Anne Brancfort. De ahí al "star system" de un salto, no excesivamente aprovechado por Hoffman, al contrario que sus compañeros de generación Al Pacino o Robert de Niro. Los tres ofrecen un tipo de interpretación bastante parecido, sólido, íntegro, hipnotizante. Y los tres están llegando a la última estación de sus vidas con un similar decaimiento, una insulsez en la elección de papeles bastante semejante, muy por debajo de lo que sus enormes talentos dejaban prever. Los tres también han coqueteado con la dirección y lo ha hecho con probidad y bastante acierto en general, sin grandes éxitos ninguno de ellos. Ahora le ha tocado a Hoffman que nos ofrece una primera obra muy profesional, aparentemente sencilla pero en realidad orquestada con minuciosidad de orfebre y apostando, como no puede ser menos, por el factor interpretativo en primer lugar.
"El cuarteto" es una obra de madurez en un principiante de casi setenta años. Y narra un tema de absoluta madurez vital: una anécdota en la vida apacible de una comunidad de ancianos, una residencia para músicos jubilados. Con un tono de comedia agridulce, se nos habla de que siempre hay tiempo para la esperanza, la ilusión, la creación y el amor, aunque los cuerpos ya renuncien al vigor y los achaques sean objeto de comentarios sardónicos que no los hacen, desgraciadamente, menos omnipresentes.
Hoffman recluta viejas figuras del cine y de la música británicas y nos lleva a un lugar paradisíaco, la residencia campestre donde está el hogar de musicos ancianos, donde revitaliza los sueños, los temores, los rencores de media  docena de personajes muy bien presentados y perfilados, con sus historias a cuestas y su presente limitado y a veces incómodo o doloroso. La música es el elemento clave que les une a todos y uno de los grandes aciertos de Hoffman, ya que es precisamente ese arte el que mejor puede trascender la amarga existencia cotidiana  para florecer en un presente sin tiempo y sin fisuras. Romance, picardía, guiños al espectador y unas interpretaciones magníficas de un elenco que borda sus papeles sin llegar en ningun momento a profundizar demasiado (ese es el único pero que le pongo a esta película: la sombra de la banalidad planea sobre el argumento, aunque, zorro Hoffman, la música lo salva todo en definitiva).
Los cuatro miembros del cuarteto, Maggie Smith, la "diva" renuente que atraerá publico a un festival necesitado de fondos para salvar la residencia, sólo si la convencen para volver a cantar; Billy Connolly, un divertido roba escenas que es el personaje mas vital; el magnifico Tom Courtenay (muy lejos ya del corredor solitario del "hungry cinema" británico del los 60) con su historia de amor frustrado por Maggie y para completar el cuarteto, Pauline Collins, que trata de ser el elemento cómico y no pasa de ser el elemento patético (amigo Hoffman, no se puede tratar de hacer reir con una mujer que entra en el Alzheimer).
Maggie y Tom Courtenay, ofrecen sendas actuaciones de primer orden. Ellos son los que salvan la calidad de la película, bien arropados por los otros dos y por un grupo de secundarios de lujo entre las artes interpretativas y las musicales. Y no se vayan cuando comiencen los titulos de crédito pues Hoffman nos regala imágenes de los personajes de la ficción junto a los reales, con fotos de sus "años jóvenes".
Melancolía, recuerdos del pasado pero tambien deseo de vivir, de gozar, de rodearse de musica. De los guiños pícaros y ligones de Billy, algo patéticos fuerza es reconocerlo, al amor otoñal entre los dos protagonistas después de cincuenta años de rencor y malentendidos, sólo destaca de verdad la música --casi siempre ópera-- que va llenando la proyección y que mantiene fascinado al espectador.
   
 
 
 
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2 abril 2013 2 02 /04 /abril /2013 17:02

los-croods-cartel1.jpg

 

Es como si los "Picapiedra" se hubieran aliado a los animalicos de Ice Age a fin de montarse una juerga cavernícola mientras que el planeta Tierra, en su niñez, se dedicaba a mover sus continentes y a dejar salir los fuegos artificiales de sus entrañas candentes para  divertir al público familiar en su aspecto más amplio.
"Los croods" es la apuesta de Dreamworks para repartirse el pastel de la animación buscando, al estilo y semejanza de la añorada Pixar ("Walli-e", "Up", "Toy Story", "Rattatouille") un argumento inteligente (aunque fuera de toda pretensión de ajustarse a un cierto realismo prehistórico) llevando las formas de vida, algunos utensilios y ciertos avances sino al descaro mimético de "Los Picapiedra", sí a un grupo de detalles carcajeantes como los personajes haciendo surf, comportándose como "rastas" o inventando la "piedrafotografía" o el "costillar-helicóptero". Por lo demás los mensajes y moralejas habituales, la unión hace la fuerza, los cambios hay que saber gestionarlos, la familia que lucha unida, permanece unida, el respeto a la libertad individual y el amor como desideratum universal.
Dicho esto, lo cierto es que "Los Croods" es una peli de animación divertida, con dos o tres ideas magníficas en su guión, con unos personajes llenos de acierto y humor y algunos momentos espectaculares y sumamente entretenidos, como la dinámica persecución por relevos, con un ritmo enloquecido,  del huevo gigante de una gallinácea plena de encanto.
Kirk DeMicco y Chris Sanders son los artífices de este nuevo invento familiar de Dreamworks: justamente la historia de una familia de cavernícolas--atenazados por el terror nocturno y el miedo a lo desconocido-- que en un mundo en formación con rios de lava, levantamiento de montañas y terremotos, realizan el encuentro clave para el progreso de la especie: el encuentro con un miembro de una raza más evolucionada que entre otras cosas vitales, sabe hacer fuego, tiene un proyecto de futuro, ama los cambios y sabe enfrentarse a ellos con imginación y osadía. El encuentro nace gracias a la llave  del amor entre dos adolescentes y el viaje está servido: no en busca del fuego como en aquella maravilla de pelicula seria y bien documentada que dirigió Jean-Jacques Ainaud, sino en la busca de un lugar donde reina el sol y se puede vivir mas o menos a salvo de una naturaleza absolutamente imprevisible y peligrosa.
Así que la familia de la adolescente pelirroja Eep, el enorme y primario pero bondadoso Grug, su mujer Ugga y los dos niños Thunk y Sandy (un encanto pequeñín de dientes afilados y el instinto agresivo y depredador de un pitt-bull) más la abuela Gran y su inseparable bastón (cuyas diferencias con su yerno Grug son desternillantes).
 Uno de los grandes aciertos del filme es, justamente la evocación de lo más primitivo del hombre, su amor a los relatos y los dibujos trogloditicos con los dedos, en negro y rojo, de las escenas familiares sobre las paredes de las cavernas. Magnifico respeto al equilibrio básico de este tipo de filmes: el porrazo y tentetieso que hace reir a los mas pequeños y los guiños acrónicos de los "inventos" y de las relaciones entre los adultos para que papá, mamá y la abuela se rían a su vez. Dos niveles muy bien urdidos para complacer a todos. Estupendo empleo del color, soberbia iluminación y una cámara dinámica en la presentación de personajes, sin dar un respiro al publico, excepto en los momentos en que se nos narra algo y todos los Croods guardan silenciolo, rodean al narrador y presentan su más completo, ingenuo y chispeante interés infantil.
Quizá habria que realizar una votación pública para pedir a los realizadores que no sigan las estelas de "Sherk" o "Madagascar", productos de la misma casa de los sueños. Es decir, llevar una buena historia y unos personajes magníficos a la extenuación y la rutina de las secuelas cada vez más aburridas. Los personajes son definidos y la cinta abunda en pequeños detalles que hablan bien a las claras del mimo con el que han sido diseñados. Creo que sería una pena que entraran en el mismo juego de sobreexplotación comercial al que tan aficionada es la industria de Hollywood. Pero, por el momento, vayamos a disfrutar con estos cavernícolas que descubren de la mano de un joven huérfano de otra de las subespecies humanas (¿Cromagnones y Neardhentales?) que la vida es algo más que miedo a vivir y terror a morir.
 

 

 

 

 

 

 

 

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30 marzo 2013 6 30 /03 /marzo /2013 08:33

las-flores-de-la-guerra-cartel-1.jpg

 

 

Reconozco mi debilidad por las películas de Zhang Yimou, como el soberbio e intimista "El camino a casa" o la bella "Amor bajo el espino blanco" o la sensible visión de la infancia de "Ni uno menos". La enorme calidad técnica de la fotografía, plena de sensibilidad y la delicadeza de la pintura de personajes o los escenarios naturales, quedan en el recuerdo de cualquier adicto al buen cine. Esta nueva producción de Yimou, "Las flores de la guerra" es, sin duda, otra cosa, quizá marcada por su carácter bélico y la dureza de los hechos narrados, durante la brutal ocupación por el ejército japonés de la ciudad china de Nanjing en 1937 . otra de las verguenzas de la humanidad, las ciudades mártires como Sarajevo, Saigón, Stalingrado, en las que la población civil paga con su sangre, brutalidades y violaciones, la inquina de los ejércitos.

La sangrienta violencia de los soldados nipones (de una atrocidad que se ha hecho legendaria en la historia de la guerra) queda difícilmente contrapesada por la sensibilidad espiritual y sensual de las protagonistas de la película, un grupo de inocentes adolescentes, estudiantes del convento católico de la ciudad y un grupo de jóvenes prostitutas de lujo, refigiadas en el monasterio y su catedral. Los dos grupos encerrados en el asfixiante entorno de la misión católica, rodeados por soldados japoneses en una ciudad destruida y brutalmente asediada.

"La flores de la guerra", título transparente, está basado en la novela de Geling Yan. Narrado --en pasado-- por una de las estudiantes, nos cuenta la heroica y tenaz resistencia de esos dos grupos, comandados por un hombre y un chico, para tratar de escapar de la ciudad destruida y de los asesinatos y violaciones que acompañaban la presencia japonesa en China.

El amortajador norteamericano, materialista y cinico, que trata de sacar tajada de la guerra, convertido en falso sacerdote, pero imbuido de su misión (una especie de general de La Rovere de De Sica, el hábito hace al monje), está interpretado por Christian Bale, experro en cine de acción, la trilogía de Batman, por ejemplo, pero también actor de registro sensible como demostró ya desde su infancia  (fue el niño protagonista de "El imperio del sol", la magnifica película de Spielberg).

El enfrentamiento de formas de vida y sensibilidades entre estudiantes y prostitutas se salda con un sacrificio y una hermandad de sangre que constituye el símbolo real de la película (al parecer basada en hechos reales). Ni el amortajador es el borracho sin escrupulos como parece ser, ni las prostitutas son mercaderes insensibles de sexo: la guerra saca lo mejor de todos ellos, incluidas las aterrorizadas estudiantes.

Hay mucha crudeza en las imágenes que nos muestran el salvajismo de la guerra y de los soldados. La secuencia de la persecución, violacion y muerte de los dos prostitutas escapadas y cazadas por los,soldados, imprime horror y miedo al dinamismo de la preparación de la huida, cuyos detalles mantienen al espectador pendiente de la pantalla y clavado en su asiento. Yimou logra que la película, con secuencias dificiles de olvidar por su bárbaro salvajismo, también ofrezca una serie de secuencias de una belleza y sensibilidad poética y espiritual que agudizan el poder fascinador de la historia. Quizá falta profundidad a los dos personajes adultos enredados en un amor que las circunstancias vuelven trascendente, el americano y Mo, la más bella prostituta del grupo. Yimou no busca justificaciones en el pasado y se centra en el cambio dramático que las circunstancias provoca en los personajes y en la capacidad de sacrificio de unos y otros.

Quizá se eche de  menos la sensibilidad en el retrato de esos personajes, la sutileza en el dibujo de situaciones, el equilibrio en la imagen: aquí se trata más bien de mostrarnos un episodio vergonzoso de una guerra particulamente atroz como fue la chino-japonesa. Suena un poco a exceso de mensaje, a una cierta propaganda en la que los matices no son sutiles, sino brochazos espectaculares pero groseros, donde los extremos parecen fundirse, por ejemplo, en el personaje tambaleante del padre de una de las alumnas, un colaboracionista chino de los japoneses que trata de salvar a su hija. Y para terminar, sobran a mi entender las secuencias musicales danzantes de las bellas hetairas entre el "flou" de una estética de cabaret. En fin, nada es perfecto. Y esta película tampoco lo es. Pero aun asi, vale la pena verla. 

 

 

 

 

 

 

      

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28 marzo 2013 4 28 /03 /marzo /2013 08:50
la-pequena-venecia-cartel.jpg     
 El original italiano, "Shun Li y el poeta" se ha transformado por obra y gracia de los avispados distribuidores españoles en "La pequeña Venecia". Lamentable. Pero no nos quejemos, al menos la película ha pasado al circuito comercial y quizá siga la suerte de muchas otras modestas pero excelentes películas que gracias al boca-oreja o a la dinámica red social, se mantienen en cartel y permiten gozar a muchos espectadores de la sensibilidad de esta historia sencilla, elementalmente realizada, con una imagen bellísima y unas actuaciones sinceras, plenas de humanidad y tan discretas y hermosas como un poema de amor susurrado entre dos amantes imposibles.
Andrea Segre ha logrado realizar una película notable, con escasos medios, un entorno apacible, humilde y unos personajes que no desentonan y muestran autenticidad por los cuatro costados. Nuevamente es el choque de dos culturas, de dos maneras de entender la vida obligadas a complementarse, los inmigrantes chinos --dirigidos y explotados por las mafias de su país y el entorno laboral italiano, bastante semejante al nuestro. Desencuentos, incomprensiones, tópicos sin descifrar, abusos y esa brutalidad que se exhibe ante el diferente, incluso por las clase más humildes, que deberían ser más tolerantes con personas que viven en una pobreza un poco inferior a la suya.
De ese medio poco amable surge a veces alguna flor, como las bellas flores que nacen y viven en  los barrizales y los pantanos. Y es un amor, una amistad profunda, intuitiva y sensible entre un pescador del este europeo que vive en Italia y una inmigrante china que espera conseguir algún dia el dinero suficiente para traer a su hijo pequeño a Italia.
Pero, ¿cómo puede sobrevivir un amor así en un medio desencantado, grosero e inculto que se niega a tomarse la molestia de entender a los explotados trabajadores chinos que trabajan junto a ellos? Sin embargo no se trata de una película sobre la dureza de las mafias chinas --ésta queda muy desdibujada y es casi amable-- sino sobre la inicuidad de la incomprensión cultural y los prejuicios.
Shun Li (Zhao Tao) la inmigrante, trabaja de camarera en un bar que controla un grupo mafioso, en un pequeño pueblo italiano cercano a Venecia, Chioggia. Es allí donde conoce a Bepi, "el poeta" (Rade Serbedzija), un marinero y pescador yugoslavo que lleva treinta años en Italia. La amistad entre ellos florece como las grandes flores de papel con una velita dentro que Shun Li coloca en el río en homenaje a un poeta de su pueblo que amaba los rios. Pero esa relación, inocente, serena, comprensiva, no es bien vista por los del pueblo y, a consecuencia de ello, tampoco por el jefe de Shun Li, que le prohibe que siga con ella. No hay maniqueísmo en el dibujo de los personajes, es como si la camara fuese un espejo colocado a lo largo de un camino real.
Magnifica interpretación de ambos actores, bien apoyados por secundarios que no desentonan, que parecen  sencillos y elementales pescadores escogidos por el director. Ella se llevó el premio Devid di Donatello a la mejor actriz y lamento que él no se llevara otro. . Hay poesía y dignidad  en los gestos de la muchacha y profunda humanidad en la mirada del maduro pescador y en la historia se prima la sencillez del mensaje sobre la morbosidad del tema. Quizá sea una de las películas que tratan con más humanidad y comprensión el fenómeno de la mano de obra barata china avalada por las mafias de visados. Un tema bastante recurrente que en otras manos quizá se hubiera banalizado y aquí, son esa modestia narrativa que es uno de sus encantos, se transforma en una pequeña joya,  a la que tal vez sobre el precipitado final.


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25 marzo 2013 1 25 /03 /marzo /2013 08:56

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 Me niego a titular esta reseña con el nombre que los distribuidores han puesto en España a "Words". No señores, no se trata de la vida de un  "Ladrón de palabras", sino de una triple historia que resulta ser una sola de la vida de un escritor que vive y muere (espiritualmente) por las palabras y su engañoso valor. Ficción y realidad, los dos extremos de la misma cuerda con la que cualquier escritor juega a colgar su propia alma, a veces con resultados letales y la mayoría de las veces con obras ni fu ni fa y pocas, muy pocas veces con obras de verdadera importancia y valor (no precio).

Aunque no lo parece, esta buena película es una "opera prima" y los autores son Brian Klugman y Lee Sternthal. ¿La historia? Un escritor de gran éxito al que aborda un anciano que resulta ser el ignoto autor del libro tan celebrado de dicho autor. ¿Que va a ocurrir ahora? Todo está siendo narrado por otro escritor de éxito como parte de una  ficción que acaba de publicar. Como tres muñecas rusas o tres cajas chinas conteniendose unas a otras, es el juego que se nos propone. Y la trama es importante, la verdad y la mentira, la ficción y la realidad, la culpa y el remordimiento. Y en el fondo, dos historias de amor (más en el fondo es una) que resulta frustrado por el mayor amor del escritor a las palabras que a la persona que las inspira. Y eso es un error que se paga con el desconcierto y la vaciedad. A pesar de todo el exito del mundo.

Catarsis y purificación, desvelar la verdad, asumir la derrota cuando todo sonríe, enfrentarse a la impotencia propia o aceptar el fraude y después ser capaz de vivir con ello. ¿A qué precio?

Un buen montaje hace bastante clara la triple trama que se nos propone, los plateamientos éticos están bien planteados y a pesar de algun fallo de detalle (¿como sabe el escritor plagiario, Brad Cooper, dónde trabaja el viejo plagiado, Jeremy Irons?) lo importante se nos narra con enjundia. Como de costumbre, un recital de Jeremy Irons en el papel del viejo escritor al que su esposa le asesta inocentemente en su joventud  el golpe de la pérdida del mecanoescrito, del original unico de la novela (tragedia que han vivido en las relaidad muchos escritores, algunos geniales y la mayoría...habria que dar gracias a Dios por la pérdida). Bradley Cooper trata de no resultar muy desmontado por la presencia del tremendo compañero de reparto y Dennis Quaid, el tercero en discordia, logra comunicar con pericia la decadencia y el cinismo que es el resultante de todo lo demás. Magnífica banda sonora y un resultado global bastante bueno a pesar de las criticas negativas cosechadas en Estados Unidos. Junto a los tres actores principales, destacaremos a las dos jovenes Olicia Wilde y Zoe Saldana que complementan a sus compañeros de reparto incidiendo en los momentos más emocionales de la narración (con algun exceso, como en el drama parisino). En suma, película agradable de ver aunque no deja inquietud intelectual alguna, cosa que sí lo haría, dado el tema, una película con mayor hondura.

 

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