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11 noviembre 2013 1 11 /11 /noviembre /2013 08:14

15-anos-y-un-dia-cartel-1.jpg

De vez en cuando la cartelera permite, entre el fárrago habitual de estrenos hollywoodienses y otras flores extranjeras, recuperar muestras del buen cine español que se hace en estos tiempos de crisis generalizadas en el mundo de la cultura. La nueva película de Gracia Querejeta no es para lanzar cohetes, desde luego, pero tiene un tono general de calidad que no deja de estar a la altura de las comedias o dramas cotidianos que nos vienen de otras latitudes. Esta realizadora (hija del productor Elías Querejeta) logra en sus obras un ambiente intimista, cotidiano, con elementos poéticos y bastante ternura en los personajes, piezas tan destacables como "Una estación de paso", 1992, "Cuando vuelvas a mi lado", 1999 o "Siete mesas de billar francés", 2007, que intercalan a veces obras menores (alguna con polémica incluída como "El último viaje de Robert Ryland", que provocó los procesos judiciales con el escritor Javier Marías por llevar al cine una novela de éste cuya versión soliviantó al novelista).

En "15 años y un día", Querejeta nos habla de una historia mínima, anécdota de crecimiento de un muchacho, Jon (Arón Piper), un adolescente problemático que complica la vida de su madre separada (Maribel Verdú, excelente como siempre) hasta el punto que ésta decide enviarlo a pasar una temporada con su abuelo (Tito Valverde, en el mejor papel de su carrera a juicio de este crítico). Película bien planteada, aunque resuelta de una forma en la que la sencillez se convierte en una cierta atonía emocional y desemboca en una suerte de thriller casero que no se resuelve con la fuerza que sería de desear.

Lástima porque los ritos de paso que suelen hacer interesante el difícil curso de la pubertad a la juventud (acordémonos de "Los cuatrocientos golpes" del maestro Truffaut, por ejemplo), aquí se banalizan en exceso, aunque los elementos complementarios de la narración nos atraen y nos interesan a partes iguales. El guión de Santos Mercero es excelente incluso en detalles tan marginales y algo excesivos para la verosimilitud general de la trama como la relación entre la inspectora de policía y Tito Valverde, o la muerte del perro del vecino que molestaba a la mamá Verdú y que el chico decide propiciar. No obstante, todo sería permisible excepto, como ya apunté, el final y la resolución de la trama con el asesinato del joven quinqui en unas circunstancias poco claras.

El tono general, en contra de otras película de Gracia Q., no logra crear empatía entre los personajes principales y el espectador, salvedad hecha del personaje del abuelo, cuya actitud y comportamiento entronca con  algunos grandes secundarios del cine español, como José Bódalo o Estanis González, por ejemplo.

Así pues, película que roza el notable y muestra una vez más la salud y el vigor del cine español, siempre tan menospreciado en líneas generales y con las debidas excepciones. Un análisis más pormenorizado del filme podría darnos las claves de lo que falla en  esta película para alcanzar mayor calidad, pero dejemos aquí el comentario con esa nota y la espera de que el siguiente trabajo de Gracia Q. esté a la altura de su indudable talento.

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6 noviembre 2013 3 06 /11 /noviembre /2013 08:33

capitan-phillips-cartel-1.jpg

 

En 2009 ya se habían puesto de triste "moda" los ataques de piratas a los indefensos cargueros en las costas del cuerno de África, principalmente en las aguas de la levantisca y caótica Somalia, patria de los señores de la guerra, herederos nada románticos de los piratas berbericos y de los legendarios bucaneros de la bandera negra con calavera y tibias cruzadas que en el siglo XVII buscaban los galeones españoles cargados del oro de América. Posteriormente, ya en nuestra época, los cargueros tuvieron autorización para llevar a bordo soldados de compañías privadas de seguridad convenientemente armados y las marinas de guerra aliadas comenzaron  a destinar unidades a la defensa de las lineas comerciales y persecución de los piratas. Pero antes, en la primera década del siglo XXI, se habían convertido en una lamentable y frecuente noticia los abordajes de piratas a cargueros y naves de pasajeros  con la consiguiente sangría económica en forma de rescate que enriquecían a los señores de la guerra de esos países sin revertir en modo alguno en la pobreza, miseria y hambrunas de esa zona depauperada.

Fue en ese año de 2009 cuando se hizo célebre el caso del carguero Maersk Alabama, bajo bandera norteamericana, cuyo capitán,  Rich Philipps (Tom Hanks, en la pelicula que nos ocupa) copó las portadas de los medios internacionales con su peripecia personal y sus grandes dosis de valor y frialdad al enfrentarse a unos piratas somalíes que abordaron su barco. Un drama singular servido con profesionalidad y tensión por un director avezado en las cintas de acción, Paul Greengrass. Los elementos humanos y personales del drama del carguero, perssnificados en la figura de su capitán, conmueve y fascina al espectador por partes iguales, a pesar de los defectos de ritmo y extensión entre los que se mueve una película trepidante que en algunas ocasiones se estanca y juega con la ambivalencia ética y el primitivismo de supervivencia y violencia en los que se mueven los piratas. Quizá ese sea su mayor defecto, la excesiva extensión de un relato magistralmente urdido y llevado hasta sus últimas consecunecias, con un vigor y una eficacia narrativa envidiables.

La puesta en escena es clara, sencilla y abierta positivamente a la complejidad y las limitaciones que suele conllevar una historia que transcurre en alta mar y  en los circuitos cerrados de un carguero y mas tarde de un bote salvavidas. Un montaje excelente y un diseño de producción ajustado permiten que la demasiado larga película no llegue en verdad a pesar demasiado en un espectador hipnotizado por la peripecia de unos personajes bastante lineales que se mueven entre el exceso y la impaciencia contrapunteando el drama personal intenso, el sufrimiento moral y físico de un Tom Hanks, como siempre superlativo, sobre todo en las secuencias finales, en las que la resistencia y sangre fría del capitán llegan a un punto  de derrumbe y claudicación.Unos 130 minutos de intensidad y ocasional reiteración de momentos de calma chicha que nos nos aporatn nada, acaban cansando un poco al espectador y limándole en alguna forma la entrega incondicional a lo que se nos narra y a los personajes que transitan desorientados, temerosos y enloquecidos ya por los tramos finales de la historia.

Después de aquélla muy digna, pero maltratada por crítica y público, "Green zone, distrito protegido", Paul Greengrass, logra un notable alto en "Capitán Philipps", cuya historia parece razonablemente adecuada para el formato de telefilm o el resumen literario de un Readers Digest, pero que en sus manos se convierte en una metáfora salvaje sobre una época y unas gentes --piratas y marineros, marina de guerra después-- que superan el simbolismo para convertirse en simples seres humanos llevados a una situación límite. Para agradecimiento del espectador, Greengrass no cede ante el sentimentalismo o las facilidades lacrimógenes del héroe y sus seres queridos o de los marineros y sus circunstancias o la de los somalíes y su trágica faena que solo enriquece a unos pocos...pasa por todo ello con cuatro pinceladas y se centra en los momentos terribles y casi apocalípticos que todos viven en el universo cerrado del buque rodeados por la soledad e inmensidad extenuante del océano. Muy lejos de Jason Bourne, que es uno de sus activos cinemastográficos principales en su carrera, Greengrass, ha facturado una película notable que merece una visión atenta y un aplauso algo condicionado por los defectos apuntados.

 

 

 

 

 

 

 

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30 octubre 2013 3 30 /10 /octubre /2013 08:05

El_medico_aleman_Wakolda-503371792-main.jpg

La argentina Lucia Puenzo dirige esta producción española que debería inscribirse en la nómina de buenas películas de género histórico hipotético. La historia tiene que ver con el médico de Auschwitz, el "ángel de la muerte", Josef Mengele, ese monstruo de la maldad indiferente, de la amoralidad esencial, de la anomia de sentimientos, de la emocionalidad nula, de la empatía inexistente, de la inhumanidad científica llevada al genocidio. Ha pasado a la historia como el exceso de la ciencia cuando olvida que experimenta con seres humanos. Hace años que ha terminado la segunda guerra mundial y estamos en el profundo sur argentino, esa Patagonia que últimamente la revisitamos a menudo de la mano de directores de ese país. En esta ocasión no importa el paisaje, no importan demasiado las vidas de esa familia que trata de poner a flote un establecimiento hotelero, sino la de un médico alemán que está "de visita" en esos lugares con objetivos poco claros.

Una brillante interpretación de Alex Brendemühl, como el educado y gélido médico, pone el contrapunto a la normalidad cotidiana de esa familia argentina, bajo la mirada ingenua y empática de Lilit, una adolescente poco desarrollada para su edad, que se presta a las manipulaciones del doctor que le ha prometido un crecimiento normal, ante la desconfianza primero y la alarma después del padre de la niña. La directora imagina su historia (basándose en una novela homónima) sobre el dato histórico de la presencia del antropólogo y medico nazi en la zona de Bariloche. Varios jerarcas nazis obtuvieron asilo y ayuda para esconderse en Arhgentina tras la guerra. Y algunos con una impunidad inexcusable como el propio Mengele que abrió una farmacia en  el país y figuraba con su nombre en la guia telefónica.

La actividad israelí para encontrar y detener, incluso secuestrar, a los huidos nazis, como Adolf Eichmann, acaba con la apacible vida de Mengele en Argentina (parece que huyó a Paraguay: nunca fue detenido).

Puenzo imagina esta historia que bien pudo haber pasado y logra infundir el suspense de un horror profundo en la figura del médico y de sus actividades hasta el climax final de la película y las relevaciones que conlleva. Mucho menos costosa y glamurosa que "Los niños de  Brasil" de Franklin J. Schaffner, con Gregory Peck como improbable Mengele, "Wakolda" (nombre de la muñeca articulada, que imprime una muda y estremecedora metáfora en la película) logra inquietar y horrorizar al espectador mucho más que aquélla.

 

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29 octubre 2013 2 29 /10 /octubre /2013 08:27

el-mayordomo-cartel-1.jpgNuevamente los norteamericanos pasan revista a su historia reciente, sin edulcorar demasiado el pasado, sin justificarlo, pero sin ahondar en él. Una especie de Forrest Gump negro que también  se convierte en testigo privilegiado de una larga época de los Estados unidos, pero sin la gracia, la habilidad documental y el vigor de Robert Zemeckis. "El mayordomo" está basado --como se cuida muy bien de anunciarlo el director de la cinta, Lee Daniels-- en la vida de un trabajador negro, Cecil Gaines, que entra muy joven al servicio de la Casa Blanca y se convierte en el mayordomo preferido de una serie de presidentes, ocho, desde Eisenhower a Reagan (1952-1986). Al contrario que el sugestivo Forrest, este hombre, correcta pero cansinamente interpretado por Forest Whitaker (al que hemos visto con mayor soltura en otros papeles) va pasando por los distintos presidentes sin apenas variar el gesto silenciosamente servil, contraponiendo la sumisión de su carácter y empleo a unos presidentes  interpretados por actores conocidos que no acaban, ninguno, de recordarmos a quienes representan. Dado que la época mencionada fue justamente la de la toma de conciencia publica y política de los negros en Estados Unidos, la presencia del mayordomo podía haber añadido más fuerza y coherencia a la película, pero no es así. Solo al final de su vida como empleado de la Casa Blanca el bueno de Whitaker manifiesta alguna conciencia de clase. Lo demás es un recorrido casi de Reader Digest por las distintas presidencias y los hechos que ocurrieron en cada mandato, trufado de secuencias dedicadas a la vida personal y familiar del mayordomo que no logran provocar ninguna empatía en el espectador.

La película comienza en los años 20, en una plantación de algodón donde crece el futuro mayordomo, una melodramática narración que suena a "La cabaña del tio Tom" y no nos cuenta nada del desarrollo psicológico de nuestro hombre. Maniqueismo a tope, poca sutileza o como diría el clásico "manca finezza". Todo se cierra con un homenaje al mayordomo durante el advenimiento de Obama a la presidencia, lo que se muestra como un cierre circular de la grandeza del país que asume, tras injusticias, abusos, ku klux klan, asesinatos, barbarie blanca descontrolada y magnicidios, la lección humana del antiracismo. O es lo que cree haber conseguido este director con su película, que abunda en momentos algo bochornosos como el episodio --banalizado al máximo-- de los Panteras Negras.

No hay verdadera vocación de mostrarnos lo que realmente fue y todo se dirige a hacer que una serie de buenos actores hagan un poco el ridículo tratando de parecerse a los presidentes que interpretan. La blandenguería está servida en capsulas de caballo y la escasa sutileza de Daniels hace que el invento se le vuelva un poco en contra. No nos interesa la vida del mayordomo y no logramos aceptar que esos desvaidos retratos breves de los presidentes contengan algo de vida. Son más de dos horas de repaso histórico con un estilo de trazos gruesos y tópicos a manta, buscando de forma descarada la complicidad emotiva del espectador.

Complementado por una vigorosa Ophra Winfrey como su mujer y Cuba Gooding Jr, como su amigo, Forest Whitaker parece abrumado por la modestia de su papel y resulta tan poco convincente como Alan Rickman como Reagan, Jane Fonda como Nancy Reagan, John Cusack como Nixon (qué desperdicio de gran actor convertido en un muñeco ridículo), James Marsdem como John F. Kennedy, el cada vez más desvaido Robin Williams como un dudoso Eisenhower o Liev Schreiber como Johnson. En suma, una película fallida incluso para los nostálgicos del siglo XX en Norteamerica, desde la lucha por los derechos civiles, los asesinatos de politicos y presidentes, la guerra de Vietnam o el escándalo Watergate. Puestos a elegir, preferimos a Forrest Gump.        

 

 

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28 octubre 2013 1 28 /10 /octubre /2013 08:55

un-invierno-en-la-playa-cartel-1.jpg

 

Deliciosa y bastante banal película familiar de la factoría hollywoodense. Con un magnífico Greg Kinnear haciendo de escritor de éxito en horas bajas (la maldición de la página en blanco) hijos muy jóvenes con ínfulas de seguir el ejemplo de papá, Sam (Lily Collins) y Rusty (Nat Wolff) y mamá divorciada y en pleno amorío con su nueva pareja, como oscuro objeto del deseo del escritor, que no logra olvidar a su mujer y se permite la patética busca de una nueva oportunidad ante la incomprensión de sus retoños. La esposa reticente interpretada con escasa convicción por la habitualmente eficaz y bella Jennifer Connelly.

Dirigida con poco brío pero cierto encanto por Josh Boone, debutante en el menester, la película que ha sido libre y mal titulada en España como "Un invierno en la playa" (Stuck en love), tiene algunas secuencias divertidas pero se pierde casi siempre en un tratamiento poco realista y sentimentaloide con final previsiblemente feliz. Es agradable de ver y seguir pero no acaba de rascar las emociones de los personajes y por tanto no emociona tampoco al espectador. En definitiva una película blanda y simpática que no acaba de dejar huella en la memoria cinéfila del espectador. Buena para pasar un agradable rato en una tarde de domingo.

 

 

 

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23 octubre 2013 3 23 /10 /octubre /2013 07:58

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Buena película australiana sobre la Primera Guerra mundial. Con un excelente diseño de producción, sin grandes efectos especiales, como corresponde a un retrato con vocación de fidelidad de las horribles trincheras de los campos de batalla de Francia entre los aliados y los alemanes. La película, dirigida por Johan Earl y Adrian Powers, deja el previsible mal sabor de boca de la miseria y el horror de aquella guerra que inauguró la maldad de ese siglo para olvidar que fue el XX.

Johan Earl, que repite como protagonista además de codirector, Tim Pocock, Denai grace, Sarah Mawbey, y otoro ilustres desconocidos en estas tierras pero dotados de humanidad y autenticidad. La brutalidad y el sinsetido de la guerra de trincheras en aquellos tiempos, la ignorancia y soberbia de los mandos, la falta de compasión y lógica de las órdenes, llevan a diversas cargas suicidas de los ingleses contra las trincheras alemanas. Todas condenadas al fracaso y a la carnicería de los soldados mandados por incompetentes oficiales que no acompañaban a sus soldaddos y suboficiales en su salto hacia la muerte. Un suboficial, magnifico interpretado por Johan Earl, un cabo y un soldado quedan aislados en tierra de nadie entre las trincehras enemigas, a merced de los francotiradores alemanes y de la salvaje brutalidad prepotente deñl oficial británico al mando.

Magnifica descripción de aquellas horas desoladas y de los sentimientos y emociones de los tres combateinetes abandonados por sus compañeros y hostigados por el enemigo. Como recurso dramático contrapuesto la melodramática historia sentimental del protagonista, tal vez lo más flojo de la película, con casualidad casi increíble incluida. Demnasiado determinismo sentimental en la historia que se nos ofrece, que no añade nada a la película y de alguna manera incide negativamente en la excelente dinámica de la histoia bélica, muy en la linea de "La Delgada linea roja" de Malik o de "Gallipolis" del también australiano Peter Weir.

Australia

Director
Johan Earl, Adrian Powers
Guión
Johan Earl, Adrian Powers
Música
Jason Fernandez
Fotografía
Glenn Hanns
Reparto
Johan Earl, Tim Pocock, Martin Copping, Denai Gracie, Sarah Mawbey, Barry Quin, Damian Sommerlad, Oliver Trajkovski, Igor Breakenback, Byron J. Brochmann, Alex Jewson, Steve Maxwell, James Shepherd
Productora
24/7 Films / Armzfx / Scarlet Fire Films
Género
Bélico | I Guerra Mundial
Sinopsis
Tres soldados británicos se encuentran varados en tierra de nadie después de una carga fallida en las trincheras alemanas. Situado en Francia 1916

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22 octubre 2013 2 22 /10 /octubre /2013 21:47

therese-d-cartel.jpg

 

 Se trata de la película póstuma del director francés Claude Miller, que murió poco antes de presentar la cinta en el pasado Festival de Cannes. Es una versión de la novela de François Mauriac, el escritor francés que obtuvo el Premio Nobel en 1952. Nacido en Burdeos en 1885 y muerto en Paris en 1970, Mauriac es definido erróneamente como el escritor católico de una época de escritores combativos con la Iglesia y humanistas laicos. Mauriac es, ciertamente católico y sus novelas suelen ilustrar, muy criticamente, un mundo dominado por la hipocresía religiosa y social y las grandes pasiones de la carne, rodeado todo por los remordimientos, la soledad y la represión sexual. Así que más bien, como él mismo decía, "solo soy un católico que escribe novelas", uniéndose a otro gran católico pendenciero, Graham Greene., mucho más dinámico y vitalista que él.

"Thérèse Desqueyroux" es una novela sobre la imposibilidad de conocer las auténticas motivaciones de nuestros actos, incluidos los más crueles. La perplejidad ante una moral difusa, incapaz de encontrar un camino claro. La película de Miller abunda en esos conceptos y para ello se sirve de la icónica Audrey Tautou, cuya falta de emotividad y "el caos de su mente" lastran la dinámica de la película, que se convierte en un continuo recital de miradas insondables y del plúmbeo transcurrir de una existencia provinciana marcada por las tradiciones familiares y la eternización de los roles, sobre todo el de la mujer-esposa. 

La película de Miller no sigue la estructura de la novela sino que la simplifica haciendo lineales y correlativos los escasos hechos que jalonan un argumento intimista, atento a los detalles de la vida cotidiana, perdiéndose la cárama en observar morosamente la casa señorial y burguesa, los grandes pinares de las Landas, el pueblecito cercano a Burdeos, las estrecheces morales de la sociedad burguesa rural. El elemento principal en torno al que pivota la excesiva duración de la cinta, es el homicidio por inacción que está a punto de cometer Therese al no impedir que su marido tome dos veces el mismo día un medicamento compuesto de arsénico. En la película hay una actitud activa por parte de Therese, no solo por facilitar que ingiera dosis altas sino por falsificar recetas parta disponer de más arsénico. Todo queda mal explicado pero Miller trata de compensar tratando de aclarar un poco más que Mauriac los motivos de la mujer, cosa que desvirtúa un poco el sentido de la novela. La impávida Tautou parece insinuar que es su amor a la libertad, a su propia identidad, la que le impelen al terrible acto. Mientras que la Therese de Mauriac afirma e insiste en que ella no sabe porqué lo hizo. La figura de la mujer, con su crueldad egoista hacia los demás y su abstracción casi autista, el ambiente cerrado, asfixiante, del entorno provinciano en los años veinte, están sin embargo muy bien reflejados por Miller.

    La actuación de Gille Lelleuche (el marido, Bernard), es la mejor de un drama romántico que parece pasar de puntillas por esos dos conceptos, demasiado estático como drama de pasiones y demasiado simple y terrenal para ser romántico. La forzada (e innecesaria, creo yo) linealidad del relato en la pelicula provoca ciertos saltos --sobre todo las dos o tres alucinaciones imaginadas por la protagonista-- e incoherencias, que crean cierta confusión en el espectador (sobre todo los que hayan leido la novela). La casi inexistente acción se diluye en largos tramos en los que el espectador asiste a descripciones, paisajes y rostros perplejos en la falta de emociones, hasta el punto que uno acaba por desear que aparezca Bernard, con su ingenua vitalidad, lo que acaba provocando cierto rechazo ante una Therese-Tautou que se aburre y nos aburre con su inapetencia emocional.

 

 

 

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17 octubre 2013 4 17 /10 /octubre /2013 08:39

dias-de-pesca-en-patagonia-cartel-copia-1.jpg 

 

 

Excelente película argentina. como la mayoría de las que nos llegan de ese hermoso país. Aqui se trata de un drama intimista, familiar, pleno de lejanías y ausencias, resuelto con un tono ascético y esencialista, en el que se muestran poco las emociones pero brillan en sordina los sentimientos profundos, desde el amor al rechazo, desde la nostalgia al desasosiego de un  pasado no aceptado, el recuerdo y permanencia de esas heridas entre padres e hijos que el tiempo y la lejanía sólo cicatrizan, raras veces curan.

Dirige Carlos Sorin, que obtuvo un León de Plata en Venecia por su ópera prima, "La película del rey" y que consiguió llamar la atención de la crítica con aquellas "Historias mínimas" que ya comentamos en otra ocasión. Hay fidelidad de estilo en estas dos películas que ahora mencionamos con la que hoy nos ocupa. De la primera (el imposible rodaje de un película sobre un episodio histórico demencial: un oficial francés que viaja al sur de Argentina para proclamarse rey de la Patagonia) comparte el tema itinerante, el viaje que lleva por un paisaje desolado e inmenso a cumplir algun tipo de sueño. Aquí la reconciliación de un padre ya mayor con su hija que vive en un lugar remoto con su marido y un bebé. De la segunda, el tratamiento intimista, sentimental y mínimo de una historia familiar de desencuentros y reconciliación, en el mismo escenario impresionante de la Patagonia.

En ésta el protagonista (inmenso Alejandro Awada), un cincuenton solitario que se repone de una etapa de alcoholismo y de un pasado lamentable, viaja a la Patagonia, un lugar llamado Puerto Deseado, para pescar el tiburón y ver a su hija con la que no se trata desde hace años. 

Encuentros con gente de paso y del país que Carlos Sorin ha sacado de los propios pobladores del lugar, en un gratificante tono semidocumental que da verismo y autenticidad a la película (soberbios los personajes del entrenador de boxeo y de su joven pupila, dos perdedores llenos de realismo). Todo suena a cita en el fin del mundo, lugares remotos y grandiosos donde vive poca gente y la vida se reduce a los mínimos indispensables. Hay una enorme comprensión, y compasión, en la mirada que Sorín dedica a esas personas, entre las que el protagonista encaja con su buena voluntad y su resignación. Película de autenticidad en los sentimientos, en la búsqueda sencilla del perdón y la paz interior. No hay una acción propiamente dicha sino dos motivos centrales que se van uniendo y separando con la parsimonia del "tempo" vital casi al relantí de aquellas tierras, la pesca del tiburón, como coartada, y el reencuentro con la hija, motivo central pero pudorosamente mostrado. En los personajes, la austeridad y el conformismo de los antihéroes de Hemingway, de Faulkner o de Carver. Película para un público minoritario que busque en el cine la expresión delicada de profundas emociones humanas, casi susurradas..

   

   

 

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16 octubre 2013 3 16 /10 /octubre /2013 09:32
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Película destinada al consumo televisivo que aporta una visión sesgada y muy crítica sobre el director inglés de cine norteamericano Alfred Hitchcock. Con un Toby Jones algo envarado pero mucho más eficaz y oscuro que el que compuso Anthony Hopkins en la película de Sacha Gervasi "Hitchcock" de 2012, la película se ve con agrado. Narra las vicisitudes que rodearon la filmación de la película "Los pájaros" que dirigió el maestro inglés en 1962, tras un lago casting para elegir a la actriz protagonista. Al final fue elegida una modelo norteamericana Tippy Hedren que nunca había actuado ante las cámaras.
Rodada por el inglés Julian Jarrold, con las limitaciones lógicas del género, la narración, a veces un tanto irregular de ritmo, nos habla de los volcánicos sentimientos del obeso director hacia la muchacha, aunque no llegamos a esas emociones de manera coherente o gradual, sino que aparece de forma poco explicada y el hieratismo de Toby, obligado por su personaje, tampoco hace verosímil. Sienna Miller compone una Tippy bastante ajustada e Imelda Staunton, quizá la mejor del elenco, el poco agradecido papel de esposa de Hitch.
No llegamos a "sentir" o "ver" a Hitchcock en la visión que nos propone Jarrold. Es un intento fallido y un poco banal de psicoanalizar al mago del suspense, tratando de mostrarnos una serie de cartas que unidas no nos hacen ver a la persona. Como decía el propio Hitch y el director Jarrold no ha sabido aplicar: "El suspense es como una mujer. Cuanto más se deja a la imaginación, más emoción". Aun así, no me ha disgustado este "biopic", a pesar de sus indudables y visibles defectos. Seguramente Clint Eastwood hubiese bordado la historia haciendo más creíble al personaje. Y con Toby en el mismo papel, dirigido por un director de actores, hubiera brillado.
          
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15 octubre 2013 2 15 /10 /octubre /2013 08:26

gravity-cartel-1.jpg

Durante un paseo de rutina realizado en el espacio por tres astronautas de una estación espacial, el comandante Kowalski (George Clooney), la doctora Stone (Sandra Bullock) y el tripulante Shariff (Paul Sharma), una avalancha de restos de una satélite espacial ruso que ha estallado muy lejos de allí parece haber entrado en su órbita y les amenaza. A partir de ese momento inicial, de una belleza apabullante, el director Alfonso Cuarón entra en una dinámica de tensión, habilidad técnica y espectacularidad estética que deja al espectador clavado en su asiento y embobado contemplando el soberbio espectáculo visual y la fuerza emotiva de cuanto transcurre en la pantalla.

Película para ver en una sala que disponga de 3D. Y esta vez sin engaños. Les puedo asegurar que si hay una película que merezca y aproveche el sistema tridimensional es ésta, por encima de cualquier otra de las que se han apuntado al carro de las gafitas sin ninguna necesidad y con poca honestidad.

La historia, con un guión firmado por el director y su hermano Jonas Cuarón es impecable dentro de su sencillez expositiva y del soberbio despliegue de efectos y de técnica (incluido el por otra parte discutible tramo de un Clooney, siempre divertido e irónico que aparece de la nada y nunca mejor dicho). Noventa mínutos de trepidante acción  "claustrofóbica", a pesar de la innegable infinitud del espacio, tan maravillosamente filmado que se produce una excitante tensión entre el drama de los astronautas enfrentados a la muerte y la grandeza inenarrable del espacio exterior que los rodea con su glacial indiferencia y su belleza extrema.

En un trabajo casi perfecto desde el punto de vista cinematográfico, ilustrado por una banda sonora magistral que subraya el misterio y el acongojante horror de la soledad absoluta y la grandiosidad sin limites, las actuaciones, forzadas por las exigencias del hábitat y las situaciones (casi siempre los actores están con la escafandra puesta, son también un prodigio de naturalidad y, en el caso de Clooney, de encanto y versatilidad (cada vez se parece más como actor al gran Gary Grant). En realidad se trata de una película que acaba basándose en el personaje de la doctora (Clooney apenas llega a la mitad del metraje y el otro actor desaparece pronto) y en otro "personaje" omnipresente, el espacio y su belleza sobrecogedora y su peligro permanente. Tanto es eso que, realmente, es una película de género ambiguo, ya que parece, como en algunos clásicos, unir el de ciencia ficción con el de terror, al igual que la saga de los "Alien", por ejemplo. Acompañando a este tipo de filmes en su estado de tensión casi permanente (cosa que a Cuarón le encanta como vimos en "Hijos de los hombres") en el que el espectador se ve afectado también por la gravedad y contundencia  letal de los obstáculos que van apareciendo, en la aventura de los tres astronautas. Como en "Náufragos" de Hitchock con el mar (con la que esta cinta guarda ciertas similitudes de estilo), Cuaron convierte al espacio  exterior en un protagonista absoluto que permite a los humanos (principalmente a Sandra Bullock, menos excesiva que de costumbre) escenificar la trágica y eterna lucha del hombre en una naturaleza hostil. En este caso tan bella y absorbente que a menudo por pocos segundos nos olvidamos que estamos contemplando una lucha épica por la supervivencia en un medio donde ésta es imposible. Gran película, pues. No se la pierdan...y en 3D si es posible. Es la primera vez que recomiendo el sistema (ni siquiera en "Avatar" estaba justificado).

 

 

 

 

 

 

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