28 marzo 2013
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El original italiano, "Shun Li y el poeta" se ha transformado por obra y gracia de los avispados distribuidores españoles en "La pequeña Venecia". Lamentable. Pero no nos quejemos, al menos la película ha pasado al circuito comercial y quizá siga la suerte de muchas otras modestas pero excelentes películas que gracias al boca-oreja o a la dinámica red social, se mantienen en cartel y permiten gozar a muchos espectadores de la sensibilidad de esta historia sencilla, elementalmente realizada, con una imagen bellísima y unas actuaciones sinceras, plenas de humanidad y tan discretas y hermosas como un poema de amor susurrado entre dos amantes imposibles.
Andrea Segre ha logrado realizar una película notable, con escasos medios, un entorno apacible, humilde y unos personajes que no desentonan y muestran autenticidad por los cuatro costados. Nuevamente es el choque de dos culturas, de dos maneras de entender la vida obligadas a complementarse, los inmigrantes chinos --dirigidos y explotados por las mafias de su país y el entorno laboral italiano, bastante semejante al nuestro. Desencuentos, incomprensiones, tópicos sin descifrar, abusos y esa brutalidad que se exhibe ante el diferente, incluso por las clase más humildes, que deberían ser más tolerantes con personas que viven en una pobreza un poco inferior a la suya.
De ese medio poco amable surge a veces alguna flor, como las bellas flores que nacen y viven en los barrizales y los pantanos. Y es un amor, una amistad profunda, intuitiva y sensible entre un pescador del este europeo que vive en Italia y una inmigrante china que espera conseguir algún dia el dinero suficiente para traer a su hijo pequeño a Italia.
Pero, ¿cómo puede sobrevivir un amor así en un medio desencantado, grosero e inculto que se niega a tomarse la molestia de entender a los explotados trabajadores chinos que trabajan junto a ellos? Sin embargo no se trata de una película sobre la dureza de las mafias chinas --ésta queda muy desdibujada y es casi amable-- sino sobre la inicuidad de la incomprensión cultural y los prejuicios.
Shun Li (Zhao Tao) la inmigrante, trabaja de camarera en un bar que controla un grupo mafioso, en un pequeño pueblo italiano cercano a Venecia, Chioggia. Es allí donde conoce a Bepi, "el poeta" (Rade Serbedzija), un marinero y pescador yugoslavo que lleva treinta años en Italia. La amistad entre ellos florece como las grandes flores de papel con una velita dentro que Shun Li coloca en el río en homenaje a un poeta de su pueblo que amaba los rios. Pero esa relación, inocente, serena, comprensiva, no es bien vista por los del pueblo y, a consecuencia de ello, tampoco por el jefe de Shun Li, que le prohibe que siga con ella. No hay maniqueísmo en el dibujo de los personajes, es como si la camara fuese un espejo colocado a lo largo de un camino real.
Magnifica interpretación de ambos actores, bien apoyados por secundarios que no desentonan, que parecen sencillos y elementales pescadores escogidos por el director. Ella se llevó el premio Devid di Donatello a la mejor actriz y lamento que él no se llevara otro. . Hay poesía y dignidad en los gestos de la muchacha y profunda humanidad en la mirada del maduro pescador y en la historia se prima la sencillez del mensaje sobre la morbosidad del tema. Quizá sea una de las películas que tratan con más humanidad y comprensión el fenómeno de la mano de obra barata china avalada por las mafias de visados. Un tema bastante recurrente que en otras manos quizá se hubiera banalizado y aquí, son esa modestia narrativa que es uno de sus encantos, se transforma en una pequeña joya, a la que tal vez sobre el precipitado final.
Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03
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cine - teatro - opera
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