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8 junio 2013 6 08 /06 /junio /2013 08:21

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Me encanta la buena ciencia ficción, la que se platea cuestiones importantes y no necesita de los efectos especiales y los tipos monstruosos o los alienígenas de Stark Treck para atraernos o fascinarnos, la que tiene guiones razonables, coherentes e imaginativos sin apelar a la fe extrema del espectador, la que reserva sorpresas sin hemoglobina a espuertas, sino con sutileza, con un respeto al espectador que admite los recursos del género pero no le gusta sentirse engañado por los excesos.

 

"Oblivion" (referencia al olvido que, con la memoria, es la lave de la película) es una discreta y entrenida muestra de la ciencia ficción que adoro. Dentro del sugénero apocalíptico, aquí el guionista y el director (Josep Kosinski, el artífice de "Tron") se atreven a dar una delicada vuelta de tuerca que trastorna todo el planteamiento inicial --bastante repetitivo en la Scf -- ya aceptado por el espectador. El mundo destruido por una guerra de invasión alienígena (ganada aparentemente) y los supervivientes luchando por volver a una cierta normailidad. Pero aquí habra sorpresa y de las buenas esperandonos al final, con una lamentable secuela o truco sentimental que podría haber sido evitada y hubiera convertido esta película en un producto redondo.

 

Los paisajes y las referencias al pasado --lugares emblemáticos destruidos, restos conocidos -- se nos ofrecen dotadas de una belleza enorme y desoladora. Casi como aquella inmejorable secuencia final del "Planeta de los simios", la primera versión con Charlton Heston, que se ha convertido en un símbolo del género: el plano cenital de los restos de la estatua de la libertad enterrada en las arenas de una playa, en un mundo que no sabíamos hasta ese momento que era el nuestro, tras el apocalipsis.

 

Entre la pulcritud estética de "2001, una oidsea espacial" y la dinámica rural y ucrónica del "Planeta de los simios" o la urbana caótica y multiracial de "Blade runner", la película transita por un tema obsesivo e interesante (también abordado en el filme de los replicantes protagonizado por Harrison Ford), los recuerdos y la posibilidad de que nos sean implantados. La tierra es un planeta desolado que aun conserva lugares maravillosos aunque están prohibidos presuntamente por su contaminación. En ese mundo agónico, una pareja, Jack (Tom Cruise) y Victoria (Andrea Riseborough) están encargados de la vigilancia y control de una zona, a través de drones, a la espera de ser repatriados a Titan donde está el resto de los supervivientes humanos de la destructiva guerra contra los invasores del espacio. Pero Tom ansía mantenerse en la Tierra donde cree que existe un paraíso personal a pesar de la presencia depredadora y salvaje de los "otros" supervivientes, los contaminados por los vencidos invasores. Pero todo esto es la historia que Tom y Victoria deben creer ya que están programados para ello a fin de que conserven la eficiencia en su labor...y no les cuento más. Vayan a verla y disfruten de las sorpresas que les esperan.

 

Tom Cruise sigue haciendo con gran habilidad de Tom Cruise, aunque he de reconocer que logra ser condenadamente convincente. Y uno simpatiza con él, pese a que mantiene los tics del protagonista de "La guerra de los mundos" o los de "Misión imposible", el adulto adolescente eterno, que resulta encantador haga lo que haga (y un poco irritante). Magnífica Andrea, con su belleza llena de frialdad y la acidez de su expresión y normalito el incombustible Morgan Freeman, los tres arropando en lo posible a la bellísima Olga Kurylenko que no logra superar el listón de su físico (y cuya química con Tom es basicamente inexistente).

 

Cine que se esfuerza en atraparte e intrigarte. Y cuando acabas de verla te hace pensar un poco en la propuesta y los giros de la acción, y ello nos demuestra que se ha desperdiciado la ocasión para hacer una película más sólida (en la línea de "El ultimo hombre vivo" o "Yo soy leyenda"). Pero bueno, en todo caso, en las antípodas de lo que uno suele esperar de este género, ay, tan manipulado. Lo importante es que seguramente no necesitará del cubo de palomitas para aguantar las dos horas de proyección. 

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7 junio 2013 5 07 /06 /junio /2013 09:12

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Película suavemente transgresora cuyo desarrollo parece avalar y valorar la "espontánea" vulgaridad y zafiedad de un Benoit Poelvoorde en la plenitud de su habilidad interpretativa. Dotada de momentos entretenidos y francamente divertidos a pesar de su mensaje implícito desorientador, "Mi peor pesadilla" ("Mon pire cauchemar"), dirigida por Anne Fontaine, desvela una quizá involuntaria admiración por la virilidad algo brutal del personaje de Benoit en menoscabo de la educada contención de su marido en la ficción, André Dussollier, un editor culto y algo estirado. La secreta pero evidente admiración de la protagonista, una gélida Isabelle Huppert, por la viritlidad agresiva de Benoit y su desprecio burlón hacia las buenas maneras y la discreción de su esposo, a pesar del clasismo inherente en toda la película hacia la baja clase social de Patrick, un desvergonzado y arribista albañil que trata de llevar a su hijo a coelgios de barrios de clase alta para tratar de acercarse a sus envidiados y despreciados busgueses.

La historia es simple: Agathe es una ejecutiva cerebral y elegante, ligeramente clasista. Recibe en su casa a un compañero de escuela de su hijo, cuyo padre, aunque ella lo desconoce es un simple albañil que se dedica a apaños y chapuzas mal viviendo con tal de habitar en un barrio elegante, aunque sea en un cuchitril. Marrullero y descaradamente amoral, Patrick logra engatusar al marido de Agatha y provoca indirectamente que éste inicie una relación con una joven, aprovechando para , con excusas de unas obras que realiza en el piso de Agatha, irse metiendo en la casa y terminar ocupando el lugar del marido de la mujer, que ha cedido ante el "encanto" vulgar y sexualmente excesivo de Patrick. Un poco como la seducción de "El sirviente" (The servant") llevado a las relaciones heterosexuales y con más zafiedad que en la pelicula de Losey.

El problema es la indefinición moral de Anne Fontaine que lleva a las ultimas consecuencias el supuesto (o real) encanto de la bestia que seduce a la bella, degradándola, por el imperativo de la libido femenina que a pesar de todos los aditamentos de la cultura y el refinamiento termina (según el tópico masculino) cediendo a la franca fuerza sexual ,cuanto mas evidente y grosera mejor. Lo curioso es que es una mujer quien la sustenta en esta ocasión.

Buenas las interpretaciones del trio protagonista y bien logrado el ambiente de comedia critica que suaviza un tanto el esquematismo poco ético de la propuesta argumental.

 

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5 junio 2013 3 05 /06 /junio /2013 15:59

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Película americana dirigida por Sean McNamara destinada al público familiar, con un magnífico diseño de producción y unos efectos digitales de movimientos del robot espectaculares. Basada en una historia de Avi Arad nos cuenta las aventuras de Cody, un robot de ultima generación, con emociones y sentimientos autogenerados, diseñado por un ingeniero robótico Allan Topher (David Eigensberg) que lo quiere destinar a operaciones de socorro y ayuda humanitaria. Sin embargo deberá enfrentrarse con  el jefe de la empresa de robótica, Kinetech, que tiene planes más lucrativos  y lo quiere reprogramar para ataque y destrucción, creando un ejército de pequeños robots para venderlos a un sospechoso militarista privado (papel alimenticio para el portugués Joaquim del Almeida, que presta su rostro impasible y hace desmañadamente su rol de "malo").

El ingeniero logra escapar de la empresa con su robot pero es perseguido y el robot queda averiado en un carro de basuras. Allí lo encuentra un jovençísimo inventor, un niño superdotado, que lo reparará y lo introducirá en su ámbito escolar y familiar con resultados óptimos u muy divertidos.

Película ingenua y sentimental, bienintencionada, que repasa todos los tópicos de ternura, crecimiento y conflictos adolescentes y adultos en los que el robot interactuará de forma creativa. Diversión y entretenimiento para la parte mas joven de la familia y guiños para los adultos.

La cinta se deja ver con agrado y algo de emoción en un recorrido muy previsible que pasa de puntillas por los conflictos personales de los protagonistas humanos. Bobby Coleman, el niño, resulta convincente, así como Penelope Ann Miller, su madre, y los malos de rigor, siempre un paso atrás de convertirse en matones desagradables. Final feliz garantizado con momentos de tensión que, la verdad, no creo que logren emocionar a nadie, aunque sí distraerles.

Es posible que pase directamente al circuito de televisión y dvd y eso sería una injusticia. Con su modestia, es una película aceptable y de nivel superior a la de muchas otras peliculas con más ambiciones y menos eficacia..

 

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3 junio 2013 1 03 /06 /junio /2013 09:06

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Una comedia ligera aunque poco estimulante. Hora y media de bromas procaces y subidas de tono  en las que están involucrados elementos tan carismáticos como Diane Keaton, la genial Susan Sarandon, el incombustible Robert de Niro (mas de Niro que nunca) y una papelillo patético del otrora magnífico Robin Williams (aqui una gastada y senil copia de sí mismo).

Asistimos a la boda  del hijo adoptivo  (Ben Barnes, que ilustra su presunto origen latino poco convincentemente) del personaje de De Niro y de Keaton, que hace diez años están separados y se vuelven a ver para el evento. Llega Keaton al antiguo domicilio conyugal para sorprender una escena erótica de alto voltaje aunque nula representación visual entre su ex marido y la compañera de este (Susan Sarandon, espléndida), que fue su mejor amiga y la traicionó llevándose a De Niro.

A partir de ese "delicado" reencuentro, los malentendidos, los enfrentamientos y los problemas se suceden sin solución de continuidad, con diálogos explícitos y contundentes de clarisimo contenido sexual (aunque es lo máximo "hard" que ofrece la película, absolutamente casta en sus imágenes). El nudo principal surge cuando la madre y la hermana biológicas del hijo adoptivo  llegan para asistir al evento. No sería nada del otro jueves si la  buena señora (Patricia Rae, todo el tiempo haciendo de brasileira indigesta y frunciendo el ceño de forma desaprobadora y tiquismiquis) no fuera una especie de integrista religiosa (aparentemente) y por ello su hijo había decidido no contarle que sus padres adoptivos se habían divorciado esperando que no asistiera a la boda y que no viera que ahora uno de ellos vivía en flagrante amancebamiento con su compañera, que, para complicar las cosas, ha sido como una madre para el chico.

Aquí las lealtades y los amores familiares se enfrentan a un formidable reto y cada uno trata de salir lo mejor que puede sin dejar mucha sangre en el intento. Hay unas anecdóticas e innecesarias pocas secuencias de Robin Williams haciendo de cura católico ex alcohólico anónimo (¿era preciso nombrar la soga en casa del ahorcado, señores guionistas?) que no logran ni hacer surgir una sonrisa y la cosa acaba de la mejor manera posible, tan forzada y ortodoxamente que uno termina cuestionándose porqué los grandes actores se prestan a estas bobadas.

Una especie de "El padre de la novia" pero con pareja separada y obligada a aparentar que están juntos para salvarle la cara a su hijo adoptivo el dia de su boda, aunque eso obligue a la tercera en discordia, Susan Sarandon, a hacer infames papelitos en el entorno.

Todo suena a aquello que alguien definió como "comedia sexy sin sexo" y que inventaron los grandes del cine en blanco y negro, en películas como "La fiera de mi niña", "Historias de Filadelfia" o "Sucedió una noche". El problema es que el director, Justin Zackham, no es Billy Wilder, Howard Hawks o Frank Capra, ni siquiera se les acerca. Se le escapa el asunto por todos lados, le falta la saludable ironía con sus gotas de mala leche de aquellos gigantes del cine y los papeles que dicta a sus grandes actores les obliga a exagerar los gestos y sobreactuar. Y el publico aguanta por tolerancia, en memoria de los buenos momentos que nos hicieron pasar en tantas otras peliculas.

Y todo esto para un "remake", es decir una versión nueva de otra película, la francesa "Mon frére se marie", que no he visto pero sospecho que sera un poco mejor que ésta. La falta de ideas en el cine norteamericano en el genero de la comedia tiene aquí uno de sus ejemplos más sólidos. Tirar del prestigio de sus actores a falta de un buen guión es una maniobra que casi nunca sale bien. Y "La gran boda" no deja de ser "La gran equivocación".

 

 

 

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29 mayo 2013 3 29 /05 /mayo /2013 07:57

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 No entiendo cómo el director Andrew Niccol, que nos ofreció las interesantes"Gattaca" o "El señor de la guerra" ha podido filmar "The host", siguiendo los cantos de sirena de Stephanie Meyer (la autora de la serie "Crepúsculo") y rindiéndose a la simpleza y superficialidad argumental y humana de las historias de la bestsellerista norteamericana. Película floja, irrelevante, en la que volvemos a vivir las historias de bellos especímenes (vampiros en la famosa saga y alienígenas de ojos azules en ésta) que encandilan a adolescentes y jóvenes y aburren soberanamente a los adultos (no sólo cronológicos).

La Tierra ha llegado a vivir en completa paz. ¿Maravilloso? No. Siniestro, ya que es una paz ficticia que está manipulada por una civilización alienígena colonialista que va apoderándose de cuerpos y mentes de los terrícolas. Queda una minoría de terrestres resistente que trata de iniciar la reconquista y Meyer mete elementos amorosos entre medio para darle sal y pimienta a la cosa. Como en "La invasión de los ladrones de cuerpos" de la era clásica de la ciencia ficción, pero con menos intensidad y fuerza cinematográfica (a pesar del color, el montaje excelente y los paisajes bien filmados). Aburre y lo hace de forma completa y soberana, a no ser que tengas las hormonas en ebullición y sueñes con el primer amor. Y si además te has de enfrentar a una bipolaridad tan extrema como la de Gollum-Smeagol en "El señor de los anillos" en la persona de una damisela mentalmente anoréxica, pues bueno todo se desarbola y acaba irritando un poco. Película de relleno que hace unos años hubiera sido candidata para los populares programas dobles de los cines de barrio, ay, tan añorados.

 

       

 

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25 mayo 2013 6 25 /05 /mayo /2013 08:14

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No acaban de hacerle justicia a la magnífica y peculiar novela de Francis Scott Fitzgerald. Cinco versiones, cinco, de "El gran Gatsby" una obra icónica de la tópica "Gran novela americana" el sueño de realización literaria de todos los que escriben narrativa en el gran país americano del norte. La última que pude ver, la de 1974, dirigida por Jack Clayton e interpretada por un elegantísimo Robert Redford y Mia Farrow (mucho antes de casarse con el gran Woody), tuvo un enorme efecto de resonancia en la sociedad de aquellos lejanos años resucitando una "moda Gatsby" y provocando un "revival" de la música de los alocados años 20, principalmente del jazz. Recuerdo que en aquellos años me fastidió la manipulación que Clayton hacía de la novela, aunque en términos generales respetaba (como no podía ser menos) las líneas melodramáticas principales. La primera versión de la popular obra se hizo en 1926, un año después de publicarse la novela, fue dirigida por Warner Baxter, era muda y se ha perdido, excepto algunos fotogramas. La siguiente fue dirigida en 1949 por Elliot Nuggent, interpretada por Alan Ladd. La siguió la mencionada de Clayton y hace doce años, en 2001, se rodó una versión para televisión de la que no tengo noticia, hasta llegar a la actual.

La psicodélica versión de 2013 la dirige Baz Luhrmann, responsable de éxitos de taquilla (y alguno de crítica) como la versión de "Romeo y Julieta, de Skhakespeare" de 1996 protagonizada por un jovencísimo Leonardo di Carpio, "Australia" y "Moulin Rouge" (un asombroso musical sobre el famoso teatro de variedades parisino, trufado con canciones de los Beatles, Madonna, Nirvana y Queen).

Vuelve Leonardo di Caprio a ponerse a las órdenes de Baz y lo hace con esa gran calidad interpretativa que suele derrochar este actor de rostro aniñado y magnetismo y fuerza inesperadas. Él es el gran Gatsby y logra adueñarse de la pantalla desde su tardía aparición hasta el final. La versión sigue más o menos fielmente la novela, aunque se inventa la trasposición Nick Carraway (un ajustado Tobey Maguire, siempre eficaz en sus papeles de hombre sencillo, honesto y curioso) el narrador de lo que ocurre, con el supuesto autor de la novela, con una innecesari fórmula de confesión ante un psicoanalista como guión de la trama. Algunos cambios menores en el argumento ( en la película, Nick confiesa su admiración por Gatsby desde el principio, en la novela la cosa es distinta y más compleja) y desaparición de personajes secundarios (como el padre de Gatsby) no afectan esa linea de respeto que apuntábamos.

El problema viene del exceso de secuencias e imágenes del circo social desenfrenado y enloquecido que monta el director para contarnos las descocadas fiestas que Gatsby monta en su mansión y el clima de derroche, corrupción, adulterios, lucha social y pura superviviencia amoral que es propio de aquéllos años veinte en los que como decía Gertrude Stein "América había pasado de la barbarie a la decadencia sin conocer la civilización". Demasiada filigrana visual que recuerda los picados increíbles de cámara de "Moulin Rouge" y una fantasmagórica Nueva York entrevista por virtualidades de ordenador, unidos a la terrible miseria gris de los barrios pobres, presididos por un par de ojos de un gigantesco anuncio de una óptica, que uno de los personajes de la película llama "los ojos de Dios".

Luzhrmann nos muestra la desvergonzada ascensión de una forma de vida plena de superficialidad y apariencias que en unos pocos años terminaría en el estallido terrible del crack de 1929. Pero lo hace fiándose más de la imagen que del mensaje, de la desmesura de las fiestas, el vestuario y los ambientes que del profundo sinsentido de una forma de vida opulenta a espaldas de una creciente sociedad de la miseria. Rozando lo grotesco, se nos propone una visión exaltada de aquellos hombres y mujeres pero se nos hurta lo que el novelista sí hace, magistralmente, en su obra: mostrarnos la inercia moral, el vacío existencial, la desorientación anímica de unos personajes entre los que solo se salva la inocencia sentimental y emocional de Gatsby, que suena a algo abrumador y absurdo. Es como el Heathclift de "Cumbres borrascosas", menos violento pero igualmente obsesionado hasta la muerte.

Y además está otro exceso, el de la duración. Dos horas y media de opereta ruidosa, de melodrama un poco desfasado y anacrónico, no se pueden sustentar sólo en las buenas interpretaciones de Tobey y Leonardo y el resto del elenco, incluida la bella y lánguida Carey Mulligan y el austero Joel Edgerton.

Por esta razón, la brillante inanidad de esta película, les recomiendo en esta misma página, la novela en que se basa. Después de ir al cine, dénse el placer de leerla. La cosa mejora sustancialmente.

 

 

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22 mayo 2013 3 22 /05 /mayo /2013 09:19

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Excelente melodrama costumbrista de la danesa Susanne Bier donde destaca la fina mirada de esta realizadora que gustó al mundo con su  "En un mundo mejor" (oscar 2011 a la mejor pelicula extranjera), que ya hemos comentado en estas páginas y que narraba el drama interior de una familia danesa desestructurada por la muerte de la madre, con un padre médico en una ONG africana y los problemas de éste con su hijo adolescente en Copenhague y el desequilibrio emocional del chico en el ambiente conflictivo del colegio. Aqui se planteaban temas de hondo calado como el verdadero valor, la violencia, la capacidad de empatizar, la atroz posibilidad cotidiana del terrorismo, la inocencia y el desencanto de la madurez.

En "Amor es todo lo que necesitas" (un título innecesariamente tópico que  resta fuerza a las previsiones sobre la película) la Bier juega con cartas seguras y no sólo en el aspecto tematico: las relaciones matrimoniales fallidas por una u otra causa, los corazones rotos con dífícil solución, el cáncer como reto de superación personal y los tópicos de las bodas como evento social y revolución personal (con tomas de posición vitales inesperadas  que fuerzan elecciones precisas y poco cómodas, pero necesarias y valientes).

Podríamos definir  de "tierno y empático " el carácter de la mirada de esta directora hacia sus intérpretes principales, tres parejas en diferentes momentos de su trayectoria, los jóvenes novios, los padres de ella  y el padre de él, Philip, un ingles resabiado interpretado con su habitual contención por el ex James Bond, Pierce Brosnan (que en todo momento parece remitir a un papel extrañamente semejante en " Mamma mía, la película", cinta delirante con más elementos de comedia loca que la que comentamos, mucho más ácida y melodramática).

La escritura argumental es clara y decidida desde el principio cuando vemos en e, jhogar danés de los padres de la novia, la infidelidad del marido a su esposa, Ida, que acaba de terminar el tratamiento de un cáncer de mama que ha obligado a una mastectomía) y el arrojo personal y carácter positivo que ésta muestra en todo momento. Inmediatamente, en el aeropuerto para coger el vuelo a Italia, se produce el choque casual (y no es un término inadecuado) entre Ida y Philip, que comienzan con mal pie la  relación a pesar de descubrir que son los padres de los novios, que se casan en Italia donde Philip posee una hermosa finca. A partir de ahí asistimos a los preparativos de la boda, en la que aparece el marido de Ida con una joven que no deja de proclamar que es la prometida del padre de la novia. Con este desabarajuste casi vodevilesco la película entra en un terreno costumbrista crítico y bastante duro: descubrimos todas las miserias que flotan y se entrecruzan entre los asistentes principales, pero al mismo tiempo va despejándose la relación entre Ida y Philipp, ya que ambos descubren el otro aspectos de humanidad, empatía, fuerza y honestidad, alegría y humor que no sospechaban.

Un exceso de postales, puestas de sol, calas maravillosas, rincones llenos de encanto, frivolizan demasiado el tono dramático de los críticos momentos que nos narran (que no vamos a contar para dejar que el factor sorpresa no deje de existir) en los que hay estampas amargas y momentos patéticos, agresividades verbales y secuencias que rozan lo patético o el ridículo. Pero todo ello muestra sin ambages la dureza del drama familiar que se vive en el idílico lugar y la frescura espontánea y amable del amor que está naciendo en dos personas devastadas emocionaomente pero con maneras distintas de afrontarlo.

Tópicos arquetípicos en la narración, como la cuñada grosera, mal educada y pesadísima o el joven "amor" del maduro marido de Ida, una joven toda inconsistencia, frivolidad y vulgaridad a tope, acompañados de elementos de relleno como el hijo militar de Ida o la hija paranoica de la cuñada de Philip. 

Pierce me convencía más como James Bond o en la citada "Mamma mía" y quizá lo que me parece prematura y mal explicada sea su evolución de mísántropo despótico y antipático a amante virtuoso (mientras que el marido de Ida, su rival, es auténtico en su vulgaridad). Quizá la mejor baza de Susanne Bier sea la protagonsita elegida. Trine Dyrholm es un prodigio de sencillez, frescura, humor y fuerza interior (que parece desbordar en la ingenua mirada de sus grandes ojos azules). Me ha parecido una interpretación modélica que desde el principio logran meterse al espectador en el bolsillo y llena de humanidad y emoción todas las secuencias donde interviene, merendándose sin problemas la carismática presencia de Brosnan y de cualquier otro que se  pone junto a ella.

Hay tanta ternura en Trine Dyrholm (y en su directota por supuesto) que la película se convierte en un paradigma gozoso de cine realizado e interpretado por mujeres. La película deja un regusto amable en la boca y en el espírtu. Y eso es algo que difícilmente nos suele proporcionar el cine actual. Por tanto, bienvenida esta película .Y no se la pierdan.

 

 

 

 

 

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20 mayo 2013 1 20 /05 /mayo /2013 07:28

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El director de "Tierra prometida", Gus Van Sant, tiene calidad intrínseca, nervio narrativo y conocimiento profundo del cine, acierte o no acierte en sus propuestas. En esta película se apoya en el cada vez más sólido bagaje interpretativo, escueto y austero en su gestualidad, de Matt Damon, un todoterreno que ya ha demostrado que es muy capaz de hacer cine de calidad intelectual y ética enfundado en su sólido cuerpo del incombustible agente Bourne. Aquí, Matt transita por los difíciles y emocionales caminos de un Frank Capra, encarnando un personaje de una bondad visible y sincera, una especie de referencia a las películas memorables de ese director, como "Qué bello es vivir", "Caballero sin espada", "Horizontes perdidos" "Juan Nadie" o "Vive como quieras". Cuestiones éticas servidas generalmente con humor y una fina ironía y siempre con el drama enroscado en la vida de sus personajes, como otro clásico, King Vidor, en "Y el mundo marcha".

Como en Capra y Vidor estamos ante un personaje íntegro que roza el mal y cambia para superarse a sí mismos dentro de la fragilidad de la condición humana, servido el mensaje casi siempre optimista con una perfección narrativa considerable y una calidad técnica sin mácula. La historia es un ataque, no demasiado vitriólico, contra el mundo de las grandes corporaciones, multinacionales y holdings que juegan con el poder financiero haciendo gala de una ausencia de ética proverbial e indignante. El provecho propio es lo primero y la vida y hacienda de los ciudadanos, sómo material de especulación sin límites. Aquí nos llevan a un mundo rural, un pueblo, que será la víctima propiciatoria de una gran empresa petrolera que desea esquilmar sus tierras en pro de un supuesto futuro mejor y en realidad de una ruina ecológica bastante probable. Aquí el héroe está alienado con los "malos" pero vendrá el momento clave en que cambia su visión de las cosas y debe tomar partido. Y lo hace por el bien aunque ello le cueste su cargo y su seguridad profesional.

Dos actores de primera, Matt Damon y Frances Mc Dormand, forman el equipo de comerciales que debe "conquistar" las tierras del pueblo para su empresa a través de la embaucación del dólar fácil. John Krasinski hace el papel del ecologista joven que quiere frenar a la petrolera con medios tan poco éticos como los empleados por ésta. Este joven actor y Damon firman el guión de la película (sobre una novela de Dave Eggers), que reserva una sorpresa en su desarrollo que será la causa del cambio en la conciencia del héroe. Bien arropados por secundarios excelentes como Hal Holbrook (soberbia la  secuencia del alegato del viejo profesor ante el pueblo reunido para escuchar las promesas vacuas de Matt) o Rosemarie De Witt, la película que no deja de tener unas estructura de telefilme pero alza el vuelo gracias al director, para convertirse en mucho más que una cinta para ver en el sofá ante el televisor. De todos los actores, un poco por encima del mismisimo Matt, sorprende una vez más la apabullante naturalidad y encanto de Frances McDormand. Pelicula apreciable, por encima de la media.   

 

 

 

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17 mayo 2013 5 17 /05 /mayo /2013 14:42

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Película palomitera a tope. Prácticamente una copia de la serie de "La jungla de cristal" (cinco peliculas hasta el momento) que protagoniza Bruce Willis como el incombustible inspector John Mc Clane, sólo que cambiando los rehenes de una empresa japonesa, o de un avión en vuelo, una serie de bombas en Nueva York o un atentado al sistema informático mundial por un ataque terrorista norcoreano a la Casa Blanca y el presidente de los Estados Unidos, Aaron Eckhart, como rehenes masacrados (excepto el presidente, claro está) y la paz mundial en peligro de colapso sangriento. En este caso McLane toma el rostro de un agente del Servicio Secreto norteamericano (en el pasado de la escolta presidencial y separado de ese servicio), Gerard Butler, que, como Clint Eastwood en "En la linea de fuego" arrastra un injusta culpabilidad por haber perdido a la primera dama en un accidente (intento de dotar al plano personaje invicto del agente de una psicología más compleja).

Nuevamente el héroe solitario capaz de desbaratar las maquinaciones de un grupo violento y bien preparado dentro de la Casa Blanca, salavr al hijo del presidente y luego al augusto padre del niño, con un poco de efusión de sangre sin gravedad en éste héroe habitual. ¿Poco verosímil? Qué mas da. El cine palomitero norteamericano nos ha proporcionado mil y un ejemplos de ese tipo de héroe (desde el Gary Cooper de "Solo ante el peligro") que sufre y combate de manera prodigiosa y logra vencerlos a todos y desbaratar la destrucción del país y la paz del mundo libre

El director, Antoni Fuqua, hace posible, con gran despliegue de medios y una realización impecable, una dinámica de acción vertiginosa y numerosas secuencias de destrucción, muertes y acción disparatada, un tebeo de máxima intensidad que se ve con agrado (al que le gusten estas cintas) y un estado de suspensión del sentido común y la lógica realista para que el espectador derroche adrenalina en pequeñas dosis y se una a los aplausos que, inveteradamente, saludan el final. Sin  que falte como guinda el discurso presidencial de rigor y la modesta sonrisa magullada del héroe (aquí muy poco magullado).

Este turbulento disparate, bien filmado y atronador, sumamente ingenuo y patriotero elemental, como en los buenos tiempos de la serie B, que tanto ha alegrado las tardes de domingo a los amantes del género, resucita el temor a la insania comunista (esta vez, Corea del norte) como en los fatigosos tiempos de la guerra fría.

Diversión a tope con muchos decibelios y una producción artística impecable. al servicio de un plantel de buenos actores (quizá el protagonista, Butler, sea el menos convincente) como Aaron Eckarth, un anciano Morgan Freeman siempre seguro en sus papeles, Rahda Mitchell, Angela Basset, Melissa Leo y Ashley Judd, tratando de hacernos creer que se toman en serio sus personajes estereotipados, dentro de la espectacular fiesta de fuegos artificales y panfletos militaristas y patrioteros que se nos sirve sin un ápice de humor o ironía.

A pesar de eso, entretenimiento de buena calidad cinematográfica y emociones a flor de piel. Tras los atentados de setiembre de 2001 la capacidad de los guionistas para imitar a la realidad se ha multiplicado por diez. Y eso es un "regalo" de nuestra deslabazada época. Ya no nos suena a disparate total y peliculero. Puede ocurrir y eso resta un poco de diversión a un espectador sensible a los males de nuestroi tiempo y a la trágica posibilidad de invención destructiva del terrorismo. Hay una extrema  y muy alejada posibilidad de que pueda ocurrir algo parecido a lo que nos cuentan y eso asusta un poco y da a las imágenes de "Objetivo la Casa Blanca" una pátina de verosimilitud adonde hasta hace  doce años sólo cabía el alejamiento de los imposible. Y, eso sí, el villano, Rick Yune, hace asoombrosamnte bien su odioso papel, aunque nos choca un poco la rapida y previsible manera de llegar a su esperado final.

 

 

 

 

 

 

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12 mayo 2013 7 12 /05 /mayo /2013 23:00

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Oscar Aibar es un director español de la nueva hornada, de esa que va buscando un lugar bajo el sol en un escenario practicamente dominado por el cine francés, italiano, alemán y, por supuesto, americano. Le hemos visto "Atolladero", "Platillos volantes" y "El gran Vázquez" un descacharrante "biopic" del dibujante de cómics "By Vázquez", retrato de una época y unos usos editoriales (la añorada Bruguera) que bordaba con su habitual desparpajo Santiago Segura. Todas ellas, propuestas realizadas con ambición e imaginación y con escasos medios.

Con "El bosque", basada en un relato de Alberto Sánchez Piñol, la idea motriz es interesante pero la realización, sobre todo al final deja mucho que desear, provocando involuntariamente que el espectador, por poco critico que sea, reaccione con risas o con rechazo a unas secuencias que pretenden todo lo contrario. Como cinta de género (lo fantástico tiene buena salud en este país), la película tiene un valor innegable: mezclar ese género de lo asombroso con un tiempo, la guerra civil en un pueblo catalán, pero inclinando la balanza contra --y eso es una novedad-- un sector de la izquierda republicana y dando una visión interesante y original de las brigadas internacionales. Se establece así una dicotomía algo artificial cuyo equilibro no se consigue en ningún momento: la historia de los habitantes de la masía y los del pueblo durante la hegemonía de la izquierda y la llegada de los nacionales y, como un pegote que no logra incrustarse en la narración, el fenómeno del acceso a otra realidad a través de las luces giratorias que aparecen en un bosquecillo diminuto en fechas muy señaladas ("Por San Lorenzo y San Blas de casa no saldrás"). Casi podriamos hablar de dos peliculas distintas y ni que decir tiene que es la primera la que nos interesa más. Además, la fantástica ofrece un final que roza el ridículo.

Es, resumiendo, un intento de crear algo parecido a "El laberinto del fauno", también con un "malo" tópico, en ésta un capitán sádico franquista y en la que nos ocupa, un jefecillo republicano supuestamente anarquista (un Pere Ponce muy seguro en su cabreado papel), mezquino, traidor y enamorado de la protagonista (una contenida y bella María Molins). Alex Brendemühl hace de masovero abducido y  el inglés Tom Sizemore creíble brigadista internacional.

A pesar de lo escrito y salvando ese final arriesgado --casi suicida-- la película de Aibar se ve con cariño y se aprecia sin duda el buen hacer técnico y la tensión mantenida por el director en una película fallida pero atractiva...

 

 

 

 

 

 

 

 

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