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8 julio 2016 5 08 /07 /julio /2016 17:16
Nunca es tarde

Lo cierto es que no está mal, aunque si lo que uno busca es ver a un Pacino superior o una historia dramática bien tensada, con diálogos inteligentes y eventos que te hacen pensar, mejor váyase a ver otra del viejo actor en la filmoteca. Todos actúan correctamente y la historia nos interesa de entrada, el viejo cantante que se ha abonado al éxito fácil, al estilo Sinatra aunque sin su altura de gigante, en el final de su carrera vital y profesional, que recibe una carta de John Lennon enviada en el inicio de su carrera, cuarenta años antes. Es tal el impacto anímico y psicológico que recibe que decide cambiar de vida y... bueno véanla, pero con los "peros" apuntados y la admonición: es una gran película frustrada (y frustrante). .Si uno quiere pasar un rato entretenido, sin ganas de pensar mucho, es recomendable. Además hay un grupo de actores en estado de gracia, Annette Bening, Jennifer Garner, Bobby Cannavale, o Christopher Plummer. Al Pacino se parodia de si mismo como lo hizo en "La sombra del actor".

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6 julio 2016 3 06 /07 /julio /2016 12:27
Dos buenos tipos

Shane Black dirige con considerables notas de humor (a veces se pasa) y de nostalgia a dos buenos actores, Russell Crowe y Ryan Gosling, en una comedia detectivesca del tipo "buddiy film", es decir película de colegas, generalmente una pareja de policías o detectives dentro de la tónica de las parejas humorísticas en el cine norteamericano desde Bud Abbot y Lou Costello, al Gordo y el Flaco -Stan Laurel y Oliver-, las parejas de detectives guaperas de los años setenta o los cómicos Jerry Lewis y Dean Martin, pasando por muchos más. Con una ambientación primorosa a la que no falta detalle, Black recrea el Los Angeles de finales de los setenta. En ese ambiente, un detective "oficial" y un matón por encargo, muy divertidamente recreados el primero por un Gosling absolutamente inédito y un Crowe retenido y eficaz, el tonto y el listo. La historia comienza con el aparente suicidio de la actriz porno Misty Mountains y se complica de manera absurda con elementos como una Fiscal del distrito interpretado por una rubia muy capacitada en este tipo de películas, Kim Bassinger, la industria porno y la del automóvil, matones por doquier y una jovencísima actriz que hace de sufrida hija adolescente de Gosling. Un caso complejo para un inútil descerebrado interpretado por Gosling y un matón sin muchas neuronas -pero más que las de su compañero- eficientemente interpretado por Crowe. Me gustaría arrancar con la sublime ambientación que le insufla el director al filme. Es ostensible que le guarda mucho respeto y mimo a esta época y a esta ciudad en especial. Es tanto el nivel de detalle que te transporta al ambiente de aquellas calles, garitos y fiestas. Los coches, looks y guiños al cine y a la cultura de los 70 son elementos que nutren a Dos buenos tipos de nostalgia y carisma. Por supuesto, como olvidarse de la banda sonora, que cuenta con artistas como Earth, Wind & Fire, Kool and The Gang, The Temptations o los Bee-Gees. Todos estos pequeños detalles funcionan como un perfecto engranaje para sacar a relucir la nostalgia del público. El guión elaborado por Shane Black con tremendo esmero y meticulosidad durante años es una auténtica joya, no tanto por su historia que quizá pueda resultar algo estereotipada sino por sus situaciones inolvidables e ingeniosos a la par que divertidos diálogos. Tampoco se olvida de darle cierta profundidad a sus personajes, sobretodo al de Ryan Gosling, cuyo arco narrativo fue el más completo de todos. Al término de la cinta, mientras los créditos finales salen y suena el tema “Love and Happiness” de Al Green, no pude evitar esbozar una sonrisa, evocando los mismos sentimientos a los cuales el propio Green dedica la canción. Pero, sin lugar a duda, lo que más brilla en esta historia son sus personajes especialmente el carismático dúo protagonista que pasan desde ya a ocupar un espacio entre los grandes. Sin embargo tampoco está exenta de errores y muchos de ellos vienen precisamente por lo ambiguo e impreciso de un guión que en ocasiones divaga mucho. Nada que no pueda pasarse por alto pero que probablemente haga que Dos buenos tipos no sea del gusto de todos. Es una historia tan atrevida que no gustará a los más puritanos pero, en mi opinión, ahí reside su mayor fortaleza. El director y guionista no tuvo reparos a la hora de plasmar su historia en el celuloide, no tuvo que ser políticamente correcto ya que tampoco pretende caer bien a todos. Habrá algunos que no entenderán su humor y habrá otros -entre los que me incluyo- que se lo pasarán en grande. Otro inconveniente que le encuentro es que no me pareció que el humor y el drama o la intriga estuvieran suficientemente balanceados y, aunque hay momentos profundos en la cinta, son tan aislados y están tan fuera de lugar que la balanza termina irremediablemente decantándose por la comedia. Pasando a las actuaciones de unos irreconocibles Crowe y Gosling que han sorprendido a propios y extraños con una relación de colegas, archiconocidos por encarnar a personajes dramáticos. Su tira y afloja, apoyado sobre el trabajo creativo de Shane Black, es perfecto y se agradece mucho en el apesadumbrado panorama cinematográfico actual. Es muy evidente que ambos actores están riéndose de sí mismos y de sus trayectorias profesionales, complementándose a las mil maravillas, como si de un dúo cómico se tratase. Pero, si bien el show les pertenece, hay un tercero en discordia que en ocasiones les hace sombra y no, no estoy hablando de Kim Basinger, cuyo peso en la cinta es prácticamente nulo. Estoy hablando de la hija de Holland March, una chiquilla muy entrometida con un intelecto y un desparpajo superior al de su padre. Entrañable y dulce interpretación de la joven Angourie Rice, la cual además cuenta con suficientes minutos para demostrar el talento que posee. Un nombre que oiremos mucho en el futuro, no me cabe duda. Continúo hablando de otro aspecto esencial como es el estilo de fotografía que, como no podría ser de otra forma, abunda en colores llamativos y está acompañado por unas tomas aéreas de L.A. que hacen su vez de homenaje a las películas de acción de los 80. Por último en el apartado musical, donde el Funk y la música Disco de los 70 cobran mayor peso, he de reconocer que habría preferido que fuera algo más variada y sorprendente. Muchos estarán de acuerdo en que aquella década supuso una revolución musical y pienso que un poco de Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, Bob Dylan o incluso Carlos Santana habrían encajado muy bien con el tono desenfadado y psicodélico del filme y habrían aportado mayor diversidad a la que ya de por sí es una gran banda sonora. Sin duda alguna si tuviera que recomendar una película para estas vacaciones sería Dos buenos tipos, ya que ofrece el paquete completo; originalidad, una historia y unos personajes llenos de carisma, gran música y diversión a raudales en compañía de estos dos detectives “sui generis” ¿Estáis cansados del género de superhéroes? ¿Añoráis los viejos tiempos, cuando las películas no tenían miedo de arriesgar, de ser diferentes? Pues aquí viene un torbellino dispuesto a agitar la cartelera mundial, a reírse de la formalidad imperante y amenazar a todos los productores conservadores con el regreso de un estilo cuya única norma es ofrecer diversión desenfadada sin necesidad de grandes efectos especiales ni escenarios fastuosos

~~El homenaje a veces linda con la parodia… o quizás es que no haya mejor homenaje que una buena parodia. Aquí nos encontramos con una jugosa apoteosis a la estética entre cutre y pachanguera de los años setenta, entre luces de neón y música disco, entre fiestas con piscina y sirenas travestidas, peinados campanudos y pelis porno que podrían aún llamarse con retintín cine alternativo o independiente, violencia algo caótica y amor paterno filial. Cóctel de muchos y variados ingredientes que se puede degustar a sorbos o ingerir de una vez y disfrutar del subidón alucinógeno que proporciona sin por ello sentirse del todo culpable. Experimentar con la química son ecos contraculturales de la década precedente con coletazos de nubes sonrosadas y conspiraciones paranoicas del establishment tipo Escándalo Watergate o similares… Cine gamberro y sin complejos. Entretenimiento sin mala conciencia ni remordimientos. Puro divertimento chusco y bullanguero. Colores psicodélicos y sustancias psicotrópicas de variada índole. Una pareja dispar y ecléctica entre un joven detective privado pícaro – de cuestionables o inexistentes escrúpulos morales – y un matón fondón y resabiado – que no pasa su mejor momento profesional o quizás nunca lo tuvo – que tras un primer encontronazo algo desabrido acaban uniendo sus fuerzas en busca de una voluptuosa muchacha de rotundas curvas que quizás esté muerta o quizás guarde un secreto que convenga enterrar u ocultar, pero que en cualquier caso se convierte en un pretexto inmejorable para la desaforada trama de persecución, consecución y pérdida que se despliega ante nosotros de forma virtuosa y sin complejos, como las neumáticas mamellas de la estrella del porno que irrumpen en una nocturna y pacífica mansión suburbial. Encontrar el tono adecuado es la premisa ineludible de tan arriesgada propuesta, comedia intrascendente que bebe del pop, del camp y del cine comercial basura de aquellos años que festeja sin rubor, cultura mugrienta con minúsculas pero de reconocibles raíces pachangueras que algunos recordamos como ecos de una infancia pretérita y soterrada que nos recrea aquellos luminosos años del neón color melocotón y sabor a limones o cocos del caribe frondoso. El ejercicio de nostalgia tiene que ser férreo y milimétrico o yerra la diana por completo. Y en este caso existe el acierto de unos diálogos ingeniosos, unos actores entregados, una estética insuperable y un mundillo rancio, sinuoso y resbaladizo del todo adorable. Resuelto con solvencia, presentado con picardía, envuelto en celofán multicolor… Poco que objetar cuando el cine encuentra el equilibrio entre diversión y dispersión, entro locura y goce para ofrecer un suflé intrascendente pero entretenidísimo.Dos buenos tipos

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6 julio 2016 3 06 /07 /julio /2016 11:39
Bone Tomahawk

Magnífico western crepuscular, con un guión interesante y original (un poco exagerado y poco creíble, pero realista al fin) unas interpretaciones de lujo, una tensión tarantiniana llevada con excelente oficio, un desenlace inteligente y una ambientación, fotografía y diálogos de primera. "Suena" mucho a los "Los odiosos ocho" o "Django" de Tarantino, pero mantiene su propia personalidad. Excelente aunque puede disgustar a los que no gustan de la fantasía sangrienta y la casquería vomitiva, pese a que está bien medida y uno acaba aceptándola. Una mezcla de western y terror pocas veces intentada.

El director y escritor S. Craig Zahler presenta su ópera prima y vive Dios que apunta maneras y estilo. Ejemplar resultado de la unión de un bajo presupuesto y sentido de la libertad creativa, que parece haberse contagiado a los actores. Soberbia idea de un ritmo narrativo en el que las cosas ocurren despacio y en su momento. El secuestro de una joven doctora y el posterior rescate no deja de ser un tópico, la manera de resolverlo y los ingredientes utilizados es otra cosa. Desde los indios caníbales, al fugitivo, el pistolero remilgado y el cheriff con ayudante anciano (un guiño a esa pareja bastante corriente, en lugar de viejo, borracho, etc, ver el "Rio Bravo" de Hawks ) el marido de la secuestrada con una pierna rota, los personajes se pasan media película viajando por las praderas del oeste, a caballo o andando, con encuentros con bandidos mejicanos, como si de una road movie se tratara. Un Russell contenido se enfunda en el papel de sheriff, Matthew Fox de marido justiciero, y un grupo de secundarios que parecen pasarlo bomba con la película , exactamente como nosotros. La ambientación de primera a pesar de la escasez de dólares. Como de primera es la calificación a este filme. No se la pierda.

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4 julio 2016 1 04 /07 /julio /2016 13:09
Lo que no quise decir

Me recuerda profundamente Sandor Marai a otro gran escritor contemporáneo suyo, Stefan Zweig. Ambos escritores respetados, populares novelistas, intelectuales de referencia y figuras señeras de sus respectivos países, Austria y Hungría, unidos históricamente por un Imperio cuyo fin supondría el fin de toda una época, una manera de vivir y un corpus de pensamiento, literatura y filosofía. No hace mucho leí el libro de George Prochnik sobre las razones que seguramente impulsaron al escritor a suicidarse, con sesenta años, junto a su esposa en una casita en Petrópolis un pueblo cercano a Río de Janeiro. Aparte del miedo profundo, el terror, al triunfo del nazismo, una de las razones más profundas que confesaría el propio Zweig era la desaparición irremediable de un estilo de vida, una manera de vivir y de concebir la existencia que se hundía fatalmente con la II Guerra Mundial, fuese cual fuera su desenlace.

Pues bien en este libro de Sandor Marai que no es más que la edición de dos capítulos pertenecientes a las memorias de Marai, "Confesiones de un burgués III" (titulada, "Tierra, Tierra") que el escritor prohibió que se publicaran fuera de Hungría. Los textos recogen una época crucial para Marai, desde el 12 de marzo de 1938 cuando los nazis se anexionan Austria y el 31 de agosto de 1948, cuando el escritor acompañado de su esposa abandona Hungría, país satélite de URSS. Marái se suicidaría en 1989 en San Diego (California) no mucho después de que muriera su esposa, muerte anunciada indirectamente en uno de sus diarios y que, en el fondo, argumentaba su decisión no solo por la soledad en la que le había dejado el fallecimiento de su mujer, sino por la amargura, decepción y desencanto ante el curso de la historia y de la cultura, tan alejado del que había vivido antes de la guerra mundial, que provocaron el derrumbe "de los vestigios que quedaban de la vieja Europa". En sólo diez años, escribe Marai "desapareció toda una forma de vida y una cultura. Yo había nacido en el seno de esa forma de vida y cultura y cuando advertí que en mi patria se había extinguido ese modo de vida burgués, me invadió una extraña calma: sentí que había despertado de un sueño". Comenzaba una pesadilla que tendría dos polos semejantes de generación de desastres y pesares, el nazismo por un lado y el comunismo soviético por el otro. En medio, víctima de las dos presiones, el escritor (que había avisado del error europeo de polarizar nazismo como contrafuerte del comunismo: para Marai ambos son la misma cosa con símbolos y vestiduras diferentes) se sintió un poco al margen de la historia que es como decir de la vida social y cultural.

Centenar y medio de páginas en las que Marai cuenta el final anunciado de toda una época y las razones por las cuales se avergonzaba de la política interior y externa de su país primero bajo la bota nazi y más tarde bajo la rusa, haciendo referencia avergonzada al comportamiento de su gobierno con los judíos y el trasfondo de rapiña y avaricia con el que se forjó una política de exterminio cooperadora ("hasta cierto punto", no se cansa de advertir) con los nazis. Escritos veinte años después de la Trilogía transilvana y de sus grandes éxitos, "El último encuentro", "Divorcio en Buda", "La herencia de Eszter"...

Tras el fin de la I Guerra Mundial y la caída del imperio de los Habsburgo en Hungría los comunistas quisieron levantar un estado socialista, pero la reacción conservadora los derrotó y encumbró a Miklós Horthy, un viejo héroe de guerra, nombrado regente. Empezaban dos decenios de estabilidad y el bienestar de la clase media, los burgueses y los caballeros. Aunque no para todos los húngaros, comunistas o judío o de otras minorías. Todo cambió cuando Austria aceptó su anexión al Reich. Budapest inició una débil política de amistad y autonomía frente a Berlín, hasta el verano de 1944, cuando Hitler cruzó la frontera e intervino en el Gobierno. La primera consecuencia fue que Hungría dejó de ser un refugio más o menos seguro para los judíos (de ahí las reticencias de Marai a aceptar del todo el baldón antijudío de su tierra). En ese tiempo inquietante comienza "Lo que no quise decir". En esos dos capítulos Marai escribe el epitafio de la cultura burguesa que él amaba y en la que se sentía seguro, bajo las botas nazis primero y soviética después. Su historia, como la de Zweig, habla de burgueses pero son distintos. Los austriacos que pinta Zweig son caballeros cultos, los que describe Marai son pendencieros borrachos y arrogantes hasta el insulto.

Para Marai todo ese conjuntos de eventos vergonzantes no merecía formar parte de sus memorias, una mezcla afortunada de observaciones y reflexiones íntimas y personales engastadas en el relato minucioso y analítico de los sucesos históricos que le tocó vivir. Y escribió: "No dejaré que los dos primeros capítulos de "Confesiones de un burgués III" lleguen al público extranjero. No quiero que lean esta triste confesión, esta acusación entre húngaros. En húngaro, para los húngaros, sí... Pero que los extranjeros no lo sepan".

FICHA

"Lo que no quise decir".- Sándor Márai.- Traducción de Mária Szijj y J.M. González.- Ed. Salamandra.- 154 págs. ISBN: 9788498386783.

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2 julio 2016 6 02 /07 /julio /2016 09:48
Espías desde el cielo

Una película más sobre los drones y los guerreros del ordenador, tipos capaces de realizar asesinatos selectivos, situados cómodamente ante su pantalla y sus mandos a miles de kilómetros. la verdad es que pone los pelos de punta esa tecnología bélica que nos convierte a todos en personajes de juegos virtuales, aunque los destrozos u las muertes son muy reales y los verdugos están a miles de kilómetros "obedeciendo órdenes".

Buen cine de evasión si nos limitamos a seguir la acción y la trama y nos olvidamos de que estamos viendo algo que tiene una versión real que ahora mismo se está implementando sobre seres humanos en cualquiera de los conflictos abiertos de este `planeta violento y absurdo. La historia de los terroristas que deben ser eliminados en el país árabe donde se esconden, la eficacia de los drones para labor de seguimiento y eliminación, las trabas burocráticas de algunos gobiernos -que suenan a hipocresía patológica- y la presencia de una inocente niña en el lugar de los hechos, dan lugar a un ejercicio onanista de presuntas culpabilidades y más presuntas aun legalidades, que constituyen la parte más inmoral de la cinta.

Un "videojuego" de guerra aséptico y letal (y, real). Lo demás puro teatro que irrita pues se le ve la peluda oreja de lobo aunque se disfrace de caperucita preocupada por la vida de una niña. No se imagina uno a esos bellacos deteniendo su máquina de extinción por achaques de filosofía moral. Lo cierto es que comprobamos como la tecnología deshumaniza, aún más si cabe, los usos y costumbres bélicos. Magnífica Helen Mirren interpretando a una coronel británica ocupada de eliminar a la célula terrorista que se refugia en Kenia y siempre eficaz Alan Rickman como su superior en el gabinete de guerra que supervisa la acción por televisión. La trama se complica con la presencia de una terrorista norteamericana primero y tras el cínico permiso de ese país, la aparición de una niña que vende pan en el lugar del ataque. Los políticos británicos debaten si la acción es ética, preocupados en realidad por la responsabilidad política que les atañe si las cosas salen mal y se averigua que ha muerto una niña inocente en el ataque. También el piloto del dron se atreve a plantarse cuando ve en su pantalla a la niña en su chiringuito de pan casero. Hora y media de metraje, bien dirigida por Hood, que nos arrebata con esas batallas llevadas a cabo desde la protección y la distancia que dan los kilómetros y las pantallas, sin olvidar una crítica a la política circense que se vive en todos los países. .

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1 julio 2016 5 01 /07 /julio /2016 18:07
El libro y la hermandad

Esa excepcional escritora irlandesa que fue Iris Murdoch, que tuvo un infeliz final a causa del Alzheimer (hace poco vi la impresionante película de Richard Eyre sobre su vida, "Iris", con dos soberbias actrices Judi Dench y Kate Winslet cubriendo su juventud y su vejez, sin olvidar a Jim Broadbent como su marido) escribió varias novelas y ensayos de formidable factura en general. Ahora se publica, creo que por primera vez en español, «El libro y la hermandad» , que vuelve a tratar uno de los temas predilectos de Iris, la amistad, el amor y el paso del tiempo, todo ello envuelto en una prosa irónica, afilada, inteligente, con unas reflexiones políticas y unos diálogos de gran categoría. Hay que felicitar a "Impedimenta" por su rescate de las obras de Murdoch y entre ellas no podía faltar la que nos ocupa, una obra maestra que ha traducido con garbo Jon Bilbao y que fue publicada unos años antes de que comenzara el radical y amargo decaimiento de la escritora a causa de su feroz enfermedad.

Como suele suceder con las obras que publica Impedimenta, se gratifica al lector con abundante información, en este caso de la mano del maestro Rodrigo Fresán, un experto en la literatura de habla inglesa, novelista él mismo, y de rara calidad y enjundia. El ambiente culto, filosófico, lúcido y de una sensibilidad vitalista llena de sensualidad, es una especie de constante en las obras de Murdoch, que en este caso se agudiza por la presencia de un elemento dinamizador oscuro, crítico y amoral. un personaje, un intelectual filomarxista amado, odiado y temido por el grupo de amigos, que le financian la redacción de un libro sobre el futuro político de su generación común. La dinámica de transgresión que provoca crea un choque de reacciones, fuerzas y desplantes que enturbia la gozosa vitalidad de los personajes, muestras variables del mundo elegante de la clase alta británica. Como elementos de una obra griega clásica, la Ibris o locura de los hados creará situaciones pasionales y actitudes que van forzando la trama en vueltas y revueltas inesperadas y desequilibradoras.

Como una especie de Wodehouse sin su humor disparatado y con más profundidad psicológica, política y filosófica, pero con su misma elegancia estilística, el lector asiste en los salones lujosos, los jardines y el confort refinado, a los dilemas que un grupo de hombres y mujeres de clase alta viven como marionetas de los dioses. Entre descripciones llenas de poesía o ironía, diálogos brillantes y reflexiones de una inteligencia afilada, el lector va siendo sacudido de vez en cuando por párrafos o comentarios de una belleza inesperada y fascinante. «Levantó la cabeza como un animal que, sobre la desierta cima de una colina, lanzara un rugido solitario e inarticulado, no triste pero sí provisto de un tono o un eco de tristeza; una declaración, profunda e irreprimible, de su existencia. Rugió en silencio al gélido aire nocturno y a las estrellas». No en vano Murdoch, estudió en Oxford y Cambridge, donde conoció a Wittgenstein, y enseñó Filosofía en Oxford de 1948 a 1963. Tiene 26 novelas publicadas, narraciones breves, obras de teatro, poesía y obras filosóficas, entre ellas la primera monografía en inglés sobre Sartre. Sus referencias al idealismo y el liberalismo marxista de los amigos, rozando la cincuentena, van sugiriendo la decadencia del mundo pequeño burgués al que se opone, con evidente inocencia, el paso del tiempo en esas personas incapaces de rechazar los privilegios de su clase social.

Todo lo anterior configura una lectura que es de todo menos fácil, El estilo de la escritora es, como dije, inteligente, acertado y acerado con notas de humor, pero también premioso, exigente, demorado más que lento. Como dice Fresán en su postfacio : el lector no pasa por los libros de Murdoch, se va a vivir en ellos. Aunque uno se encuentre con perlas tan discutibles como este juicio sobre la filosofía emanado de un profesor de clásicas, bien amado por sus alumnos, "la filosofía, es el pensamiento vacío de hombres ignorantes y engreídos que se creen capaces de digerir antes de comer. ¡Creen que sus pensamientos insustanciales pueden conducir a conclusiones profundas!". Lo cual viniendo de una profesora de filosofía resulta de un sarcasmo delirante. O, más adelante, "la vieja mentira de la salvación cristiana, que nos dice que podemos enterrar nuestro antiguo ser y convertirnos en buenas personas con solo pensarlo; te acomodas, sueñas con ello y crees que ya has cambiado y que no tienes nada más que hacer y te sientes feliz con tu mentira". Demoledora. Pues bien, ármense de papel y lápiz. La Murdoch les deparará delicias como éstas con una frecuencia mayor que nuestra capacidad de disfrutarlas.

FICHA

EL LIBRO Y LA HERMANDAD.-IRIS MURDOCH.- Trad. de Jon Bilbao.- Ed. Impedimenta.-652 págs.-24,95 euros. ISBN: 9788416542338

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27 junio 2016 1 27 /06 /junio /2016 09:16
Secretos de guerra

Nueva película sobre la difícil época de la guerra mundial (II) vista desde la óptica infantil y las vivencias de los niños y adolescentes con el añadido trágico del cariz judío de algunos de los niños y el entorno hostil que los nazis lograron contagiar a la mayoría de las poblaciones de los países ocupados, Francia, Bélgica, Holanda (caso de esta cinta) etc. Dirige con bastante soltura Dennis Bots, adaptando la novela de Jacques Vriens. dado el carácter altamente emocional de estas historias, sólo hace falta un poco de acierto en la trama y la elección de personajes para convertir una película mediocre en una película digna de verse. Los chavales actúan de forma muy creíble, especialmente Maas Bronkhuyzen y Pippa Allen. Los juegos de los niños en plena guerra, la inconciencia feliz de las amistades y primeros amores y celos, tienen aquí correlatos dramáticos y hasta trágicos. Algunas secuencias tienen un alcance interesante, como la del tren aparentemente de ganado de uno de cuyos vagones sale una mano infantil y deja caer un osito de peluche o la actitud de uno de los niños -el hijo del alcalde colaboracionista nazi- entre los celos y el descubrimiento del horror de la muerte a la que parece condenar a sus amigos.

La modestia y sencillez del relato no evita, sino que amplía y da calidad humana, a la anécdota del argumento de amistades infantiles, en beneficio de la apreciación por los niños de lo que es correcto y de lo que no lo es, mostrándoles la crueldad, la desesperación y el filo de la navaja que separa un juego inocente de un disparo, de la muerte o de la tortura.

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25 junio 2016 6 25 /06 /junio /2016 08:53
Los Austrias, el vuelo del Aguila

Como dirían los clásicos, en este libro se practica la máxima "docere delectando" (instruir deleitando). Es como asistir a una clase de historia impartida por un buen profesor, documentado, con sentido del humor, sin erudiciones plúmbeas, con una pizca de picaresca. Alguien que domina el tema y se puede permitir ser un poco irreverente, divertido incluso. Alguien que logra que la clase pase como un rayo y que a los alumnos les quede el regusto de la carencia, la necesidad de saber más, el placer de volver a escuchar al profe mostrando el revés de la trama de la historia de siempre. Una especie de Indro Montanelli, de tan grata memoria, a la española. Pues bien, esa es la impresión principal que deja la laboriosa lectura del tomazo escrito por el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, Luis Corral, sobre los Austrias.

Supongo que algunos doctos profesionales de la Historia arrugarán un poco la nariz ante las libertades que se toma Corral en sus ficciones, aunque dada la popularidad -y las ventas y los lectores-- de sus libros, atemperarán sus prejuicios con la displicencia de un "lo importante es que divulga conocimientos y hechos históricos que la mayoría de la población no conocería si no fuera por sus novelas". Pues sí, y no es poco lo que consigue dada la galopante incultura que nos aflige (aunque a nadie parece afligirle demasiado en donde debiera hacerlo, ministerio de pseudocultura incluido, llamado como todo el mundo sabe de Educación, cultura y deporte, vaya por Dios).

Dicho esto, pasemos al libro que nos ocupa. Como suele ser tópico en el género, la novela histórica, se trata de armar una estructura narrativa en la que los hechos históricos contrastados conviven en rigurosa mezcla con personajes de ficción, buscando en todo momento una coherencia narrativa que no estorbe la obstinada relevancia de los hechos históricos. El tramo de época propuesto va desde la muerte de la reina Isabel, la Católica, en 1504 hasta la toma de poder de su nieto Carlos, primero de España y V de Alemania, emperador del Sacro Imperio romano Germánico. Corral se ha atrevido con una época bastante bien documentada y aprovecha ladinamente los episodios "oscuros" que suele haber en toda historia que se precie, pues la historia la hacen los hombres, aunque a menudo la deshagan o la manipulen por sus propios intereses. Hay un elemento clave, una piedra de toque de ficción que contrasta hábilmente con lo histórico, en este caso un personaje bien situado, un médico judío converso Pedro Losantos y su familia. El será una pieza importante en el desarrollo de la trama, agente activo o testigo pasivo de las complicaciones que genera el poder y el ansia de poseerlo o mantenerlo, el dinero, o el sexo, tres cartas de triunfo con el que se baraja la historia porque con ellas se juega la vida y la hacienda. Toda la urdimbre de enlaces reales, seducciones y alianzas o traiciones se despliega como fuegos de artificio (nunca mejor dicho) en ese escenario que nada menos concierne a toda Europa en general y a un reino que se hace, España, en particular. Asistimos al fin de los Trastámara y el advenimiento de la dinastía de los Austria que habría de perdurar durante doscientos años.

Para los exigentes en la ortodoxia histórica Corral adjunta una bibliografía extensa y una interesante relación de los entresijos que unen a personajes de ficción con los que existieron. La propuesta es amena y útil para los que gustan de acercarse a la historia de todos con el ropaje entretenido de la novela. Y episodios reales como la de la desdichada reina "loca" doña Juana que durante 45 años pagó con una inicua prisión en Tordesillas el haber nacido en una época equivocada (para ella y lo que representaba), dan una nota trágica que hace vislumbrar al lector la enorme fuerza de ese personaje real (en todos los sentidos) que parece paradójicamente surgido de las páginas de la tragedia shakesperiana. O el no menos pariente de Lear, Macbeth o Hamlet, Felipe el Hermoso, cuya muerte parece surgida de aquél último gran personaje del Bardo inglés, el príncipe de la duda, el siempre joven y siempre trágico Hamlet. O Fernando el Católico que alienta una osadía pragmática y falta de ética por la necesidad de consolidar el poder, ¿no les recuerda a Ricardo III?

Y es que, como dice el propio autor (y muchos antes que él) "la historia ha estado siempre condicionada por la política". Y el resultado de esta realidad es que la historia que se nos enseña acaba por aburrir hasta a las marmotas. Por ello, al margen de su posible calidad literaria, novelas como la de Corral, hacen una buena labor pues obligan a pensar, a repensar la historia oficial que nos venden. Y de esa crisis de conocimientos siempre surge algo sano. Al menos aprendemos a diferenciar el mito de la historia, el símbolo de los hechos. Y al fin, ¿no ha de ser la historia un reflejo de lo que han sido, son y serán los hombres afectos al poder, con todas sus debilidades, vicios, engaños, mezquindades y alguna que otra grandeza? Tengamos algo claro: como en la novela de "1984" de George Orwell (escrita en 1947) las actividades del Ministerio de Historia que va manipulando, a veces día a día, el pasado y los "hechos históricos" para justificar el presente o fundamentar las acciones del futuro inmediato, tienen un correlato menos "literario" en lo que hoy en día hacen muchas entidades oficiales -en todo el territorio español y más en las zonas que quieren dejar de serlo- a fin de dar una base a sus políticas actuales, a veces por pura comodidad ignorante y a menudo por intereses propios poco confesables.

FICHA

«Los Austrias. El vuelo del águila».- José Luis Corral.- Editorial Planeta.- 800 Páginas .- 21,90 euros

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23 junio 2016 4 23 /06 /junio /2016 10:22
Isla bonita

Desde aquélla "Tigres de papel" de los sesenta, Fernando Colomo ha seguido una carrera más o menos errática, con algunos aciertos y bastantes errores. Pero la edad y la experiencia para algunos es un grado de excelencia posible y así es en el caso de Colomo. Su "Isla bonita", particular homenaje de este director a la isla de Menorca, es una delicia, irónica y algo salvaje, con algunas obviedades y guión no demasiado elaborado ("espontaneidad" pide el realizador de cortos publicitarios que interpreta el propio Colomo) y lo que es peor, un final que desmerece la buena factura del filme. Estamos ante una película coral, como era de esperar en Colomo, que trata de reflejar la particular manera de concebir la vida que parece existir en la isla. La historia va evolucionando a través de la vivencia de una joven y sus amores, de su madre, una artista plástica viuda y aún joven, de un publicista jubilado y su poco firme relación con una más joven ejecutiva de su agencia y del citado Colomo, que hace el papel de un enamoradizo y ya casi anciano personaje (con tres divorcios a la espalda), al cual borda con su habitual simpatía el director.

Realmente la espontaneidad y la franqueza son la norma de la película en la que todos los actores se interpretan a sí mismos, más o menos. La película no llega al astracán cómico y se queda en una intimista visión de los problemas sentimentales de una serie de personajes, muy reales en sí mismos, incluso demasiado humanos, con sus mezquindades, sus errores y su buena o mala fe, pero sin moralinas, con aire de comedia de situación, bastante amabilidad en el tratamiento y cierta tendencia a la buena fe y al positivismo, un humor sano, sin críticas tensas y cierta complacencia en la buena vida. Me ha llamado la atención lo poco que aprovecha Colomo los paisajes idílicos de la isla. Están claros sus objetivos. Es una película de personajes y de sus vivencias, que sólo se queda coja en el final, demasiado casual y rápido.

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23 junio 2016 4 23 /06 /junio /2016 08:01
El ascenso del hombre

Jacob Bronowski, matemático polaco de origen judío, británico nacionalizado, que llevó a la BBC a uno de sus mejores programas de divulgación científica que ha emitido esa ejemplar cadena de tv. Tras la Segunda Guerra Mundial hacía falta que alguien cambiara el signo de maldad y desconfianza que provocaba la ciencia tras la barbarie de las bombas atómicas. Había que equilibrar la balanza. No todos los científicos eran locos aprendices de brujo con entrada al apocalipsis, sino que había una mayoría "silenciosa" que se ocupaban en facilitar el progreso de la humanidad. La serie de tv de trece capítulos fue un aldabonazo para la opinión pública y eso fue posible gracias al genio sintetizador y a los conocimientos y curiosidad de un científico magnífico que, en palabras del gran Richard Dawkins tenía la estatura intelectual para ser llamado "el último hombre del Renacimiento". Once libros sobre materias como la física, el arte, la aciencia, la historia de la cultura, la paleontología y una buen conjunto de obras de teatro, poesía, biología y antropología, convirtieron a Bronowski en uno de los referentes humanistas del siglo XX hasta su muerte en 1974. Ahora la excelente editorial "Capitán Swing" publica, creo que por primera vez en castellano, la versión de aquella serie en libro.

Su trabajo y la espontaneidad y eficacia de su mensaje fueron la inspiración (reconocida) para que el gran Carl Sagan rodara su serie "Cosmos" de tan grata memoria. De hecho Sagan contrató incluso al mismo realizador que rodó para Bronowski). La prematura muerte de este científico (a los 66 años) un año después de terminar su serie con un enorme éxito, truncó de manera inevitable una carrera que podía haber sido deslumbrante. Más que por la extensión de sus conocimientos y su diversidad, por la capacidad enorme de interrelacionarlos entre sí, desde la historia a la filosofía, desde el arte a la literatura o la antropología e incluso el ajedrez. Un sabelotodo tan popular en Gran Bretaña que hasta los Monty Python lo parodiaron en uno de sus desternillantes "sketchs".

Tenemos con este libro un clásico de la divulgación, aunque los 40 años transcurridos desde su primera publicación se dejan notar principalmente en algunos de los datos y materias barajados. Recordemos que en aquél entonces no existía internet, se comenzaba a hablar de ingeniería genética, no existían los móviles y la neurología no había realizado los avances prodigiosos de hoy, aliada con la informática, ni la paleontología había pasado de los restos de Lucy en Etiopía. . Pero lo cierto es que el recorrido ambicioso de Bronowaki a lo largo de 13 capítulos, desde el paleolítico hasta la era nuclear, pasando los griegos, los grandes imperios, el nacimiento de la ciencia moderna, Newton y Galileo, Copérnico, Darwin, Pasteur, Mendel, la tabla periódica de los elementos, la revolución industrial, Einstein y la física cuántica, todo el progreso tecnológico, científico y artístico de la humanidad, siguen estando actual y, sobre todo, gracias al mensaje claro, sencillo y ameno de este divulgador genial, con sus puntos y ribetes de humor y de poesía. Sin olvidar también una especie de estilo provocativo que buscaba estimular la curiosidad de sus espectadores (y lectores) con una frase paradigmática : “Esa es la esencia de la ciencia: haz una pregunta impertinente, y estarás en camino hacia una respuesta pertinente”.

Como todos los grandes pensadores su actitud ante los gigantes sobre cuyos hombros se encaramaba (en frase de Newton) no era de respeto incondicional, sino un tanto irreverente y un mucho atrevida y cínica, cuestionando de principio todo saber, convicción o teoría, para llegar a la aceptación a base del propio pensamiento y una actitud crítica, esencia del científico. Un libro para enriquecer nuestra biblioteca.

FICHA

EL ASCENSO DEL HOMBRE.- Jacob Bronowski.- Trad. Pedro pacheco.- Ed. Capitán Swing.- 371 págs. ISBN: 9788494504334

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